Disculpen la tardanza, tengo una gripe que parece doble, pero ahí les va.
Capitulo 3
Despues del show
Torh verdaderamente disfrutaba de la noche. Lejos de todos, fuera del tiempo sin ningún tipo de presión.
Era un consuelo, algo que verdaderamente necesitaba. Como la necesitaba a ella.
Abraxas
Sentado en una mesa en la zona VIP se encontraba totalmente a sus anchas, con las manos sobre las caderas de la mujer y la suavidad de su bien formado trasero, descansando exactamente donde deseaba.
Por esa noche, Wrath, Raghe, V y los gemelos bien podían haber estado tomando el te con los lesser y no le hubiera importado menos.
−¿Te gustaría que nos marcháramos?- susurró a la impresionante mujer en su regazo, quien fingía ver el espectáculo.
Abrax dejo caer la cabeza contra su pecho y respondió con otra pregunta −¿Tienes prisa?-
Las manos de Thor se deslizaron cinco centímetros hacia arriba y sus pulgares acariciaron la cuerva de sus senos.
La vibración de una risa masculina contra su espalda le produjo latigazo de lujuria que extendió a través de Abrax como un relámpago.
−¿Tú que crees?- murmuró Thor con voz ronca contra su oreja.
−que realmente no conocía esa faceta tuya −
−Hay muchas cosas de mi que no conoces −
Le tomó la barbilla con la mano para inclinarle la cara y poder besarla.
Abraxas contemplo un momento el rostro cruel e increíblemente hermoso de Thor, sus ojos azul profundo, la contemplaban como si fuera comestible.
Sus alientos se mezclaron suspendidos entre el breve espacio de sus bocas, sus labios se encontraron.
Los de Torn eran ávidos, increíblemente calidos, absolutamente seductores.
Del fondo de la garganta femenina surgieron pequeños gemidos, diminutos sonidos de goce y deseo.
Una de las manos de Torn subió unos centímetros más. La otra retrocedió acariciando la curva de las caderas.
El suspiro entrecortado que nació de los labios de Abrax fue codiciosamente bebido por el macho.
Aislados en su pequeña burbuja, solo importaba el calor de sus cuerpos, la sensación de sus pieles rozándose.
La terrible incomodidad de tener la ropa puesta.
Abrax se contorsionó girando para poder acomodarse sobre el regazo de Thor y tocarlo.
Fue turno de él para inhalar ásperamente.
Sintiéndose absolutamente femenina y poderosa, sus atrevidas manos abrieron la camisa para poder llegar hasta su cuerpo.
El tacto era calido y satinado, su pequeña mano se deslizó bajo la ropa, subiendo para recorrer la cuerva de sus hombros mientras la gran mano de Thor buscaba su propio camino bajo el ruedo de su falda con la palma.
La estaban pasando la mar de bien.
Justo cuando todo se convirtió en un autentico caos. Los gritos y aullidos subieron repentinamente de volumen y las mujeres se precipitaron hacia el escenario.
Thor no se preocupó por preguntar otra vez.
Simplemente se desvaneció llevándose a Abraxas con él.
Si cualquiera le hubiera dicho a Wrath que la noche sería un caos, nunca lo hubiera creído. Primero la rubia de ojos verdes, se había marchado, después la castaña con el vestido azul claro le dio un esquinazo con el pretexto de la gala y por último la otra rubia, la menuda había terminado por convencerlo de que debía colaborar con la seguridad.
En todos sus años de vida –que eran muchos – nunca había hecho más que lo que quería, donde y cuando lo deseaba.
¿Entonces por que se encontraba en ese momento en medio del gentío tratando de poner orden donde era seguro como el infierno no podría?
Su limitada visión y el amontonamiento de gente no se mezclaban bien.
En absoluto.
No tenía ningún detalle de las mujeres que lo rodeaban, para él era una simple marea a la que había que encauzar.
Hasta que la vio.
Si hubiera creído en los milagros, hubiera pensado que ella era uno.
En medio de esa noche de oscuridad y ruido, su silueta y voz destacaban.
Tan joven, tan sexy, con aquella cabellera oscura, lisa y larga.
No sabía gran cosa de moda, pero había que estar mal de la cabeza para no apreciar la forma en la cual el vestido breve y vaporoso se ceñía su cuerpo.
La gala, la gente, el ruido, todo desapareció y se movió hacia ella como un misil teledirigido.
Sil, estaba absolutamente molesta.
Estaba perdida en medio de un grupo de mujeres en estado de frenesí, Willow había desaparecido con Qhuinn y ya se estaba aburriendo.
La noche que se inicio como fiesta se estaba convirtiendo en una decepción.
Hasta que lo vio.
De pie, frente a ella, con sus dos metros, su salvaje cabellera cubriendo su rostro de líneas duras, sus eternos lentes oscuros estaba su propia fantasía.
Wrath.
Fascinada, observó el grosor de sus antebrazos, sus tatuajes, el tamaño de sus músculos.
Tuvo la absoluta sensación de su vulnerabilidad y extrañamente eso la excitó.
Y la estaba mirando.
No, esa era una descripción pobre.
Podía sentir sus ojos a través de los lentes negros desnudándola.
Se sintió acalorada.
Febril quizás.
No se resistió, negarse a algo así era casi una traición así mismo.
Cuando aquel macho, la sujetó con aquellos enormes antebrazos tatuados, levantándola del suelo y aplastando los labios contra los suyos, el mundo entero dejo de existir para Silmaril.