Capitulo 2
Todo estaba preparado. Beth observó los resultados de su esfuerzo, fina vajilla de la mejor porcelana sobre un hermoso mantel de lino, buen vino, la mejor cena que Fritz pudiera lograr y por si fuera poco la más maravillosa compañía.
Sería una hermosa velada, una de esas que de tanto en tanto ella planeaba, sólo por el placer de estar a solas con su Hellren.
Sólo hacía falta cambiarse de ropa y listo, una verdadera noche romántica.
Las puertas se abrieron de golpe y la imponente figura de Wrath entró con el porte del rey que era por derecho y la agresividad del guerrero que vivía en él.
-Leelan- susurro cadenciosamente al tiempo que la sujetaba para besarla.
Oh si, la noche prometía.
-¿Qué haces aquí?, has arruinado la sorpresa - pronunció en cuanto consiguió recuperar el aliento.
- ¿Sorpresa?- Bajo sus lentes oscuros las cejas de Wrath se unieron en un gesto de desconcierto. -Leelan, hablando de sorpresas…
Por primera vez y a pesar de su ceguera, Wrath reparó en la mesa puesta con detalle y titubeó. -¿tenemos visitas?- preguntó desconcertado.
-No tonto- Beth rodeo su cintura y apoyó el rostro en su pecho- esa es la sorpresa… estamos absolutamente solos, despache a todos esta noche.
-Si, sorpresa- Wrath titubeó -la sorpresa- escucha Leelan, quiero pedirte un favor.
-Lo que quieras.
-Leelan, me complaces sin fin- dijo satisfecho el Rey y volvió a besarla -pero antes escucha- dijo bajando la voz- una hembra de mi sangre me ha pedido quedarse una temporada.
-¿Cuál hembra de tu sangre?
Como respondiendo a su pregunta la puerta del comedor se abrió y una deslumbrante hembra entro con el paso de una reina y el descaro de una cortesana. Llevaba una hermosa túnica blanca y dorada que más que cubrir la envolvía, haciéndola lucir etérea y maravillosa, delgada pero curvilínea.
Su rostro era tan extraordinario como su ropa, delgado y armonioso, con labios llenos, ojos verdes con chispas doradas, nariz respingada y elegante.
Beth estaba acostumbrada a la belleza de las hembras de la raza, sin embargo la de esta la sorprendió.
Al instante se sintió desarreglada. Cuando Wrath habló de una hembra con su sangre había imaginado una anciana vampireza y no una mariposa social.
-Te dije que esperaras- gruñó Wrath frunciendo el entrecejo, Beth se apartó de él para saludar a la desconocida.
-Pero estabas tardando- respondió la hembra con un tono cantarín que le recordaba a una niña mimada, aunque su voz correspondía totalmente a su aspecto… suave, delicado, pero con un timbre absolutamente sensual.
Al acercarse a la reina, fue evidente la forma que observó en menos sus ropas sencillas y carentes elegancia y ejecutó una graciosa inclinación a modo de saludo.
-Beth, esta es Hipholita, mi…
-Princeps Hipholita –corrigió de inmediato la recién llegada, interrumpiendo al Rey- hija del Leahdyre Marlus, nieta del princeps Vithale, bisnieta del prínceps…
-Córtalo ya- Beth no deseaba sonar tan tajante pero no pudo evitarlo, “la hembra de sangre” de su Hellren resultaba tal como su él hubiera expresado “Un real dolor de culo” – En esta casa no importa el linaje, valemos por lo que somos.
Hubo un momento de desconcierto en las hermosas facciones de Hipholita, pero se recupero con sorprendente rapidez. Se enderezó con gracia y sonrió. Beth estaba segura de que su sonrisa quería decir “vete a la mierda” con mucha educación.
-Los deseos de mi Señora son ley para mi- respondió en el antiguo lenguaje – Si no la ofendo, ¿es posible retirarme a mis habitaciones? Wrath asintió complacido y haciendo una reverencia ante los reyes y salió por la misma puerta que entró como si se tratase de su propia casa.
-Leelan- dijo Wrath antes de ser interrumpido por la mirada furiosa de Beth.
-¿Cómo pudiste traerla a mi casa sin antes preguntar… o por lo menos advertirme?
-No tuve tiempo, leelan, el concejo de princeps la sentencio.
-A saber por qué- gruñó Beth
-la Glymera desea que todas las hembras con linaje comprobado se emparejen, sea o no su voluntad y el suyo es envidiable, para ellos es un maldito premio en su escala de mierda- Wrath se tocó el puente de la nariz en un gesto de cansancio que cada vez era más frecuente.
-¿Y?- dijo Beth.
-Será por poco tiempo, Leelan, sólo hasta que encuentre una solución, es mi sangre y no puedo abandonarla… ¿que sería de ella a merced de un macho? Dijo el rey imaginando a la frágil Hipholita satisfaciendo las ansias de poder, sangre y sexo de un desconocido. No, jamás la desampararía.
Beth suspiró, no podía negarle nada a Wrath y menos el derecho a alojar a lo que posiblemente sería la única familia que le quedaba, enterrando el rostro en su pecho asintió, preguntándose si no terminaría por arrepentirse se esa decisión.
Hipholita se desmaterializo lejos de la puerta del comedor justo a tiempo para evitar ser sorprendida espiando, no era algo que le gustara, pero odiaba tener que acogerse a la misericordia de alguien, así que no tenía remedio que saber a que se enfrentaba.
Maldita fuera la Glymera.
No tenía el menor deseó de volver a emparejarse con un macho. La mayor parte de ellos eran bastardos insufribles y egoístas interesados en usarla, y esa era la mejor parte, muchos otros solo querían su dinero, tratarla como yegua de cría o en presumir de ella como un trofeo. Además... ¿para que sufrir bajo el yugo de un macho si ahora era dueña de su vida? ¿Emparejarse? No gracias, no estaba segura de poder pasar por otro emparejamiento sin intentar matar a su Hellren, sólo para tener que aguantar la risa cuando lo lograra. No es que estuviera en contra de deleitarse con algún macho joven y fuerte, pero nunca más volvería a someterse con uno cuya idea de sexo sea montarla y resoplar hasta correrse, mientras ella debía soportar y esperar que acabara lo antes posible.
-Por aquí ama- dijo Fritz apareciendo repentinamente junto a las escaleras. Eficiente como siempre ya había subido su equipaje.
Gracias a su santidad por la clase servil.
Estaba cansada, quería su casa, sus cosas, sus propios Doggens.
Casi había llegado al segundo piso cuando un macho salió de una de las habitaciones arrastrando los pies, sus largos cabellos desgreñados y la evidente falta de alimento no escondieron el hecho de que se trataba de un guerrero.
¡Thorment!
No le sorprendió su estado, conoció a Wellisandra en el antiguo país y supo de su muerte a manos de un lesser mientras esperaban su primer hijo. Ellos había estado verdaderamente emparejados e Hipholita lamentó la perdida del macho. Tuvo el repentino deseo de abrazarlo y consolar su dolor, pero se contentó con detenerse y dedicarle un saludo dándole un suave beso en la mejilla.
El guerrero pareció entrar en shock, pero por lo menos hubo algo de vida en sus ojos vacíos.
Fritz abrió la puerta para Hipholita y tuvo que admitir que la casa estaba decorada con un espléndido gusto. Paredes tapizadas en seda crema, cortinas rojas y autenticas antigüedades como mobiliario de uso corriente. En las paredes cuadros de Monet, uno en especial captó su atención, una versión del cuadro Madame Monet pero con otra modelo., tuvo que admitir que el padre de la Reina Elizabeth tenía clase y gusto, era una lástima que su hija y ella no congeniasen.