Capitulo 3
Bloodletter despertó en medio de un montón de basura y harapos a modo de colchón- colocado de cualquier modo- en el medio del sótano que se había convertido en su guarida desde hacía ya seis noches con sus J*d*d días, lo hizo al igual que lo había hecho desde el primer momento de su vida: preparado para lucha desde antes de abrir los ojos. Esta vez su iracunda mirada cayó sobre los restos de una botella rota a escasa distancia de su rostro.
Su cuerpo se tensó y destensó en un segundo, levantándose de un salto solo para dejarse caer de nuevo, ante la falta de estímulos para luchar. El escozor en su nuca le dijo que la noche no tardaría en llegar y podría abandonar el refugio para explorar de nuevo la ciudad.
Mierda No era algo que ansiara.
La cabeza le dolía como si alguien le hubiera aporreado el cráneo. Algo no muy lejano de la realidad. La verdad era que se había dado un buen golpe debido a un estúpido error de cálculo. ¿Quién hubiera imaginado que un humano tendría tanta fuerza? No es que le hubiera causado verdaderos problemas, pero la pequeña sorpresa había derivado en un traspiés y en su rostro aporreándose contra una pared de ladrillos con suficiente fuerza para mellarla.
El resultado había sido un buen bulto inflamado sobre la frente que le había durado casi una hora y una noche completa de humillación.
Al tipo le había ido peor, pero por lo menos aun podía contarlo, por supuesto después que le unieran la mandíbula.
Tras la pelea Bloodletter había ganado, ropa nueva y un par de grandes botas, fuertes y equilibradas, con punteras de metal muy interesantes, así que ya no parecía… ¿Cómo lo había llamado aquel humano antes de destrozarle los dientes? Ah si ya recordaba: refugiado del Mardi Grass, lo que fuera que eso significara.
Tumbado boca arriba y con la vista fija en el mugriento cielorraso, palpo el bolsillo de sus pantalones, al percatarse de que contenía objetos. Uno contenía un pequeño cuchillo retráctil, por el tamaño alguna clase de juguete. Del otro sacó algunas pequeñas bolsitas de harina y un rollo de papeles. Seguramente a eso se refería el tipo cuando ofreció darle su pasta a cambio de no seguir aporreándolo. Bloodletter supuso que esos papeles eran el sustituto de las monedas de oro, el cambio era en su opinión una tontería.
Otro más de la multitud a los que se había tenido que adaptar. Cuando la Virgen Escriba mencionó una nueva vida, había imaginado algo diferente.
Un nuevo comienzo.
Pero no así, sin ninguna clase de referencia a la cual sujetarse. Aunque conociéndola tampoco esperaba aparecer en el Otro Lado rodeado de Elegidas.
Al abrir los ojos esa primera noche se encontró en lugar extraño con luces parpadeantes que no provenían de antorchas, cajas con imágenes que se movían solas, cajitas que contenían música, grandes pinturas tan vividas que parecían reales y extraños carruajes sin caballos.
Por si fuera poco estaba rodeado de humanos que hablaban una extraña variación de un antiguo idioma que Bloodletter conocía. Lo más sorprendente era la gran cantidad de hembras que se paseaban solas, sin guardia no compañía, algunas de ellas semidesnudas a lo largo de calles especificas. Sus costumbres le habían parecido insólitas y definitivamente no estaba en el Antiguo País, era fácil deducirlo por el clima y la falta de montañas, pero al menos no hacía tanto frío.
Ese primer amanecer, se refugio del sol en el primer sitio que pudo encontrar, un sótano que más que eso tenía el aspecto y el olor de una letrina. Consiguió algo de comida como siempre lo había hecho: quitándosela a alguien más débil. Intentó pasar desapercibido pero cuando mides buenos 6 pies con 8 pulgadas es un poco muy difícil de lograr. Ahora gracias a sus puños por lo menos podía vestir sin resultar aun más notorio. Toda esas cosas le habían parecido un precio a pagar y estaba dispuesto a hacerlo, lo que verdaderamente lo cabreaba era tener que esconder su juego de blancos y afilados colmillos. Sentía que hacerlo era una deshonra.
Ahora estaba en un nuevo mundo, debía acostumbrarse e integrarse a el, aprender el idioma, las costumbres. Encontrar el propósito para el cual había nacido y una de las dos actividades que mejor había realizado en todos los siglos de su existencia: Matar lessers y sumergirse entre los muslos de una hembra dispuesta.
Eso era lo que realmente extrañaba de su antigua vida, la sensación de logro cada vez que acababa con los enemigos de la raza y el calor de una mujer envolviéndolo. Después de todo esa era la directriz de su existencia: servir a la raza lo mejor que pudiera y costara lo que costara.
Sentándose en su remedo de colchón y rodeado de decadencia se dijo que era insólito no tener que pensar el las necesidades de otros y concentrarse en las suyas.
Necesidades como el hambre, tomó una de las bolsas de esa extraña harina. La razón para colocarlas en aquellos pequeños paquetes de resistente papel transparente en porciones así era un misterio, no se podía hacer pan con cada una de esos paquetitos, pero al menos era comida. Abrió el primero y dio una tentativa probada, al instante la escupió al sentir que su lengua se entumía. En ese lugar no servía ni la comida, los lanzó todos al piso. Estaba tan cabreado que le hubiera gustado encontrarse cara a cara con un par de lessers para dar rienda suelta a su frustración
-mierda necesito alimentarme- dijo en el momento en que su estomago rugió y sus largos caninos se alargaron sin que pudiera evitarlo. Le dolía la cabeza, y la sed estaba creciendo en su interior, se levantó intentando no pisar nada a su alrededor.
Necesitaba una hembra y la necesitaba ahora.
Tal vez pudiera encontrar a una dispuesta a alimentarlo si usaba dinero, total siempre había usado putas. Siempre había podido ubicarlas, esa noche saldría de cacería, esta vez no serían lessers, ¡sino el más tierno de los bocados! ¡Diablos! justo ahora mataría por un baño. Al tomar la chaqueta de aquel hombre sintió el peso en uno de los bolsillos.
Seguramente más de esa nefasta harina.
Para su sorpresa encontró un sobre de cuero abierto en medio que contenía más de aquella pasta y pequeños rectángulos de colores, con símbolos y letras.
Uno de ellos le llamó la atención, tenía una pequeña pintura del tipo, una excelente miniatura, comenzó a leer con lentitud interpretando cada vocal en voz alta para poder comprender. Sonriendo se dio cuenta de que se trataba de una dirección, la del tipo. Seguramente no esta ahí, Bloodletter pensó en buscarla, a lo mejor podría encontrarla. No perdía nada con intentarlo, si lo lograba quizás tendría más ropa y algunas cosas más que podía aprovechar y tal vez hasta un mejor lugar para dormir, por lo menos por un día y si encontraba algo de resistencia, pues mejor. Después de todo solo los más fuertes debían sobrevivir.
Se levantó de un salto pero se detuvo antes de llegar a las escaleras.
-¿A dónde vas guerrero?- la voz flotó pacíficamente, pero eso no engañó a Bloodletter. Se inclinó respetuosamente ante la brillante figura cubierta por oscuros velos que frotaba frente a él.
-Debo alimentarme, si tal cosa no la ofende- su voz sonó un poco más ronca de lo que fue su intención.
-Veo que has encontrado un lugar para ti, y me parece apropiado.
-Es temporal- dijo antes de pensar y de inmediato se arrepintió, no deseaba ofender a su “Santidad”
-No me cabe la menor duda, pero no he venido a hablar de tu alojamiento. La figura flotó hasta acercarse a él.
De inmediato Bloodletter fue conciente del tremendo poder que la rodeaba, así que no preguntó si no espero pacientemente a que ella decidiera seguir hablando.
Una risa cantarina semejante al gorjeo de las aves se extendió en aquel repugnante lugar y por incongruente que fuera algo de la sordidez desapareció.
-Cuanto control, guerrero, me impresionas, sigue así y tal vez algún día veras el Fade. Pero de eso he venido a hablarte. No toleraré nuevamente tu conducta.
-No es mi intención atraer su enojo hacia mi- cada palabra le costó a Bloodletter un enorme esfuerzo al pronunciarla, cuando todo lo que deseaba era mandarla a la mierda.
-Lo has hecho guerrero y he sido increíblemente blanda, pero no se repetirá, vigilare cada uno de tus pasos. Deberás comportarte, en cada aspecto de tu caminar en especial en lo que respecta a las hembras.
-¿Qué… -no terminó la pregunta, repentinamente se encontró de rodillas sobre el inmundo piso, con la mirada clavada en los restos de la harina envenenada.
-¡No te atrevas a interrogarme! la cantarina voz estalló en cólera y lugar completo vibró. -Escucha bien guerrero, te someteré a mi voluntad y deberás ser todo lo que no has sido jamás y si lastimas a una hembra, la tomas por la fuerza o por pequeño que sea el daño, nuestro acuerdo terminará y te garantizo guerrero -dijo arrastrando esa palabra con ironía - que desearas haber muerto ese día en el bosque. ¿Lo has comprendido?
Bloodletter solo pudo asentir.
- Como me gusta verte de rodillas… Hasta nuestro nuevo encuentro, que estés bien.
Apenas la virgen escriba desapareció Bloodletter se levanto de un salto, arremetiendo a golpes contra el muro.