Ojos azules, cabellos largos, rubios, rostro y cuerpo de modelo, corazón y alma de un chacal. Oculto entre las sombras esperaba, escondiéndose, encubriéndose.
Odio, ese era el único sentimiento que siempre había sido real para él, todos los demás parecían dormidos. Nunca había sentido amor, ni ternura, la tristeza le era desconocida y la alegría-si es que tal cosa existía- le parecía insulsa.
Para él solo existía al odio y el placer y nada mejor que la combinación de ambas.
Tomó un trago de Goose. Era bueno saber cuales eran los gustos de los hermanos y disfrutarlos, el calor le bajo por la garganta y se asentó en su estomago, inconciente se acarició el cuello. El odio latió en su interior como un ser vivo.
La venganza es un plato que se disfruta frió.
Levantó el vaso de Goose e hizo un brindis silencioso a la oscuridad. Por los placeres de los hermanos, por disfrutar de ellos, por combinar las mejores cosas de la vida.
Sonne se mordió un labio al comerse con la vista al Reverendo. El macho tenía otra vez esa apariencia de lobo feroz que le encantaba, miraba a Sonne como si fuera comestible, lo cual era acertado, como lo había comprobado el macho recientemente. Sin dudarlo Sonne hundió el dedo índice en su bebida para darle una larga chupada, el aullido en su mente fue absolutamente elocuente.
Butch sonrió al encontrar la mirada de Rowan, esta noche no llevaba esos lentes que le daban una apariencia seria, sus ojos marrones lanzaban chispas de excitación y el macho colocó un dedo en el cuello de la camisa para tirar de ella en un intento de aflojarla. No pretendía entender lo que estaba sucediendo entre ellos, pero lo aceptaría como el regalo que era.
Frente a la baranda Thorment atento al espectáculo exhibía un confuso aspecto de guerrero mezclado con niño perdido. Sus ojos azul marino no abandonaban la figura de Abrax , escuchar sus risas lo mantenía extrañamente feliz y celoso. Feliz por que el sonido le hacía cosquillas bajo la piel, celoso por que él no era el destinatario ni el causante.
Frustrado la miró devorando su cuerpo con los ojos. Abrax levantó los ojos hacía él con el caballito rebosante de tequila en los labios. Sus miradas se trabaron en duelo. Hechizado Thor observó la forma en que sus carnosos labios se amoldaban al borde de cristal, hubiera jurado que podía sentirlos ajustarse rodeando su dolorido y erecto sexo, cubriéndolo con la boca, la juguetona lengua de Abrax se dejo ver fugazmente al ritmo de un latido, mismo que pulsó exactamente en el mismo lugar en donde Thor sentía sus labios. Ella no bebió de golpe si no que fue deslizando el fuerte licor en largos tragos. El macho se movió inquieto. Su miembro dejo escapar una gota de humead aun confinado como estaba.
-Hermanos- escuchó la voz de Wrath.
-mi señor-respondió automáticamente Thor sin quitar los ojos de Abrax, perdido en la manera en la que las luces parpadeantes jugaban con la silueta de su cuerpo. El diáfano blusón straplees de gasa azul con diminutas flores doradas, trasparentaba sus curvas y dejaba ver de tanto en tanto la oscura hendidura de su ombligo y en cada ocasión al guerrero le faltaba el aliento.
Se hubiera quedado perdido en su contemplación de no ser por los doscientos años de condicionamiento. Thormet se dio cuenta de la repentina tensión que se adueñó de la mesa, las palabras del rey se fueron filtrando lentamente en su conciencia. Aunque bastó una sola para que su atención se volviera de nuevo al rey: Murhder.
La incredulidad y la furia se mezclaron en su interior como lixiviada en un cubo de basura.
El renegado estaba ahí. Cerca de sus mujeres, cerca de su Abrax.
El impulso de proteger fue angustioso, Thor deseaba en ese momento, saltar por la baranda, para aterrizar en el piso de abajo, tomar a Abrax y salir con ella al hombro lo más rápido que pudiera.
No creía que Abrax agradeciera ese comportamiento tipo hombre de las cavernas. Claro que pensándolo bien, era la clase de cosas que haría un vampiro vinculado.
Sin embargo, este era un asunto de la hermandad, algo que les atañía a todos y no solo por que se trataba de sus mujeres. Era un asunto de logística, Murhder era inestable en el menor de los casos.
Después de tantos años Thorment no esperaba que su errático comportamiento hubiera mejorado. De hecho no sabía que esperar y por ahora no deseaba pensar en como los años podría haber moldeado al guerrero. Todo lo que esperaba en ese momento era mantener a salvo a Abraxas. Lo demás, asuntos tales como delimitar el perímetro, mantener una discreta vigilancia, ubicar a Murhder, quedaban en segundo plano.
Recorrió las caras de los guerreros, Thor podía jurar que todos se sentían igual.
Lo peor era que no podían hacer nada de manera directa. Murhder no había cruzado la línea, de acuerdo con las palabras de Wrath.
El desterrado se acercó a Patty pero no la había tocado.
Con impaciencia, Thor esperó a que cada uno tuviera clara su tarea, antes de salir a toda prisa para la zona de pista.
En medio de las luces parpadeantes y música a todo volumen, Thor se concentró en reconocer el lugar, a su lado los guerreros se desplegaron formando un abanico, recorriendo los pasillos oscuros y llenos de humo de incontables cigarros, observando entre las mesas en busca de Murdher.
Podía estar oculto en cualquier parte, después de todo, alguna vez había sido un hermano. Conocía a la hermandad, sabía cuales eran sus tácticas, cuales sus debilidades y como aprovecharlas por si fuera poco había tenido tiempo mas que suficiente para descubrir la forma de aprovecharlas.
Thor se aproximó a una mesa donde un hombre de gran tamaño bebía. El tipo era enorme pero positivamente humado. No era él.
Por un momento se preguntó si reconocería el rostro del macho, parecía haber pasado una eternidad desde que la Virgen Escriba lo había expulsado. Lo había hecho en persona y aun que el castigo había resultado excesivo Thormet tenía que reconocer que se lo había buscado.
Este no era el momento para cavilar, era el momento de cumplir con sus obligaciones, las órdenes del Wrath eran claras, su principal preocupación era la seguridad de las mujeres y Thor estaba totalmente de acuerdo con él.
La sola idea de perder a Abrax le resultaba aterradora.