Ira
Me la encontré en la puerta del fondo, estaba ahí parada, sola sin el macho y sin nadie mirando. Creo que simplemente cortocircuitó algo en mi cabeza, me dio rabia. Auténtica ira. Me le fui encima y traté de besarla de prepo, de pesado. Pensando que así iba a hacer un daño, que la iba a ofender o lastimar de alguna manera. Sin embargo no, fue bien recibido. Me enojé aún más.
-¿A qué mierda estás jugando?
-No estoy jugando
-¿Me estas jodiendo? ¿Quién te piensas que soy? No soy tan imbécil. Me podrías haber dicho que te ibas con este hijo de puta que te agarraste en vez de ponerme como un pelotudo. ¿Y encima me dices que no estás jugando?
-Yo no me fui, yo no te dejé.
-Andate a la mierda, vos y el hijo de puta ese. Ojalá te pudras.
Ella decía cosas, hablaba, yo ya no escuchaba. Perdí completamente el control, no fue hasta que levantó las manos y vi el miedo en sus ojos que me di cuenta lo que estaba pasando. Había cerrado el puño y lo había levantado al aire. Y le iba a pegar. De verdad le iba a pegar.
Me di media vuelta y me fui.
Yo nunca le pegué a una mujer, es algo que nunca cruzó mi mente y para mí siempre han sido despreciables aquellos seres que caen tan bajo. Por suerte todavía puedo decir que nunca le pegué a una mujer. De hecho tampoco le pegaba a hombres. Alguna vez me fui a las manos con algún otro compañero en el liceo hacía muchos años ya. La onda de ir por la vida embocando gente fue a raíz de ella y porque el idioma español parece no funcionar con los amigos de ella. Si hubieran comprendido el español tampoco. Y me encontré a mi mismo a punto de pegarle en la puerta del fondo de la universidad. ¿En qué momento dejé de ser yo? ¿Cómo me convertí en esto? Yo era incapaz de hacer esto, yo no soy así. No puedo ser así. ¿En qué momento me perdí a mi mismo?
No puedo caer tan bajo, no puedo perderme a mí mismo, no me puedo convertir en un ser despreciable. ¿Por qué? ¿Por ella? ¿Por una puta?
No sé dónde se fue la niña de mis ojos, aquella que era inocente, dulce, que me hizo esperar nueve meses. Aquella pudorosa que sabía lo que era la vergüenza y comía algodón de azúcar en el parque. Se fue y dejó este elemento que no reconozco. ¿Es mi culpa? ¿Le hice algo que la cambió tanto? Yo la quise. Quería que la gente la respetara y le dieran su lugar. Esperé, fui paciente y siempre la traté como lo mejor del mundo. ¿Siempre fue una puta? ¿Soy único boludo que no se dio cuenta?
Sea como sea esa noche decidí afeitarme, ponerme coqueto. Había dejado de afeitarme y ya que estaba ni siquiera me acordaba qué día me bañe por última vez. No merecía la pena perder mi dignidad, que ya era lo único que me quedaba porque de orgullo no me quedaba nada, por una cualquiera. Al día siguiente fui a estudiar con mis mejores ropas y traté de pintarme mi mejor sonrisa.
Los días pasaron y la gente volvió a hablar conmigo. Nos cambiamos de lugar con Clara para que por lo menos pudiera ponerme de espalda a ellos. Trataba de no verlos aunque seguía sintiendo esa sensación en la piel cuando ella llegaba. Continuaba usando aquel perfume que yo le regalaba cosa que me ofendía y cabreaba. El tipo la dejó bien acomodada, la abrazaba en clase, le babeaba encima y ocicaba. En los recreos ni siquiera tenían la vergüenza suficiente para irse donde no tuvieran que verlos todos. Se quedaban ahí contra la pared frente al salón. Llegó el punto en donde hasta el profesor se paró a conversar de espaldas a ellos. Mis compañeros no los soportaban, hacían comentarios soeces sobre ella abiertamente, la imitaban, se burlaban. La excluyeron de todo.
Pasó de ser una chica popular y bien querida a ser la puta. Los más suaves la clasificaban como la pelotuda que se deja hacer cualquier cosa en cualquier momento en cualquier parte y delante de quien sea.
No me hacían sentir mejor esos comentarios, al contrario. Si me van a dejar prefiero que sea por alguien mejor que yo. No alguien que no te quiera bien, que no te respete y que te pinte así ante todos aquellos que tienen la desgracia de presenciarlo. Me molestaba muchísimo que él hiciera eso tan bajo con ella. Me cabreaba que ella se dejara como una idiota sin darse cuenta de nada. La gente dejó de saludarla y las amigas de soportarla. Le huían, trataban de no sentarse cerca de ella en clases.
Yo sentía tanta, tanta rabia, me cocinaba las entrañas de asco y de ira.
Cerca del parcial a Clara le llegó a dar pena. Se notaba que ella no había estudiado nada, que no entendía ni lo más básico y él, que andaba bien, ni la ayudaba. La invitó a estudiar con el resto de nosotros y todos compelimos a fuerzas de lástima. No fue. Se quedó esperando unos tipos en la casa de él, sola, porque a la hora que iban a ir él no estaba y ella en lugar de ir a estudiar, que era lo que necesitaba, prefirió quedarse ahí haciéndole de sirvienta. Bárbaro. Todos se cabrearon. Clara, que es de corazón maricón también, le dio una segunda oportunidad en la misma semana. Tampoco fue. ¿Porqué? "No voy a ir a estudiar con todos esos tipos". En resumen cavó el agujero y se echó tierra encima. Por supuesto que nadie la volvió a invitar y la cuestión pasó a ser qué tan profundo podría llegar a ser el nivel de mongolismo que tenía. Si en algún momento podría parar de pensar con la de abajo y arrancar a pensar con la de arriba. Y así siguió.
A partir de ese tiempo también empecé a desearle de todo corazón que le fuera mal. Que perdiera la materia, esa y todo el resto que estaba cursando.
Por supuesto cuando se vio con el culo al fuego vino a llorarme por ayuda y no, con mucho orgullo puedo decir que no la ayudé. La dejé a que se jodiera y disfruté verla penar y rogar por ayuda. Disfruté que el mundo le volviera la espalda, hasta el macho que se consiguió.
El día que el macho no apareció a clases intentó bajar conmigo que siempre salgo a fumar. Me estuvo esperando y yo me quedé en el salón esperando a que me dejara de esperar. Ella entró y yo salí con Clara como siempre. Cuando volvimos estaba el grupo en una ronda conversando en el pasillo. Ella quiso integrarse en la ronda y nadie le hizo espacio. Hasta preguntó si es que no era bienvenida y el pibe que estaba delante de ella se seguía dando vuelta de espalda para que ella no se pudiera sumar. La conclusión general al día siguiente: "El día que el macho no viene a calentarla que no nos venga a joder a nosotros". Fue incómodo en el momento pero luego cómo lo disfruté.
A todo se acostumbra el hombre, hasta a no comer. Cierto. Me acostumbré a no comer. Bajé unos 10kg porque la comida me daba un asco tremendo. Tuve gastritis, bronquitis y volvía con vómitos de la universidad. Generalmente después de tener clases con ella. Tuve que abandonar el mate y el café y no podía con la comida pero no lloré, nunca lloré. No se me cayó una sola lágrima por ella. Me acostumbré a no comer pero nunca me pude acostumbrar a verla así y eso que oportunidad de verla con el macho me sobró, creo que lo único que me pude librar de verlos hacer fue coger. El resto lo hicieron todo en el salón, hasta manosearle el culo.
Yo sólo podía sentir rabia, hacia ella y más que nada hacia aquel que me robó lo que yo más adoraba para convertirla en eso. Mi ex novia, la puta.