Ando artístico hoy, escribí algo y sale compartir
Va!
Ana es una niña tierna con tendencia a los pucheros. Ella te mira como si fueras Dios con sus ojitos cafés. Anita es de las niñas que presentan a papá en la primera cita para que el Don aplique el tercer grado. Es importante que las cosas pasen a mayores y que la tomen en serio. Ella es la princesa virgen que tú, engendro del mal, pretendes corromper. De hecho, te mueres por corromper.
Clara es una mujer de piel marfileña y con las ideas claras. Firme en sus decisiones y con los objetivos claros avanza a paso raudo por la vida. En fin, Clara la tiene clara. Clarita tiene una mirada firme, transparente que no deja dudas de sus intensiones. Y tiene buenas intensiones. Ella quiere las cosas serias y mansas, sin problemas, sin complicaciones, sin malos entendidos.
Aunque se apellidan igual y provienen del mismo lado una reina en su castillo, la otra se esmera día a día para mantener su hogar y reina en la cocina, que declara, es su verdadera vocación.
La niña, profesora de ballet, profesora de inglés, profesora de piano, habla inglés y portugués, toda una artista. Camina con el contoneo digno de una diosa cuyo cuerpo, esculpido por el tenis y elástico a fuerzas de ballet, debe haber sido tallado en el más puro marfil. Y el cabello ondea al viento en una danza hipnótica que produce destellos de cobre entre las hebras. Son como rayos rojizos que bailan sobre las nalgas, para realzar el efecto de la retaguardia mejor esculpida que pueda recordar. Ella produce el "efecto masa" con síntomas como convertirse en masa deforme, derretida, babeante e insignificante.
La mujer, profesora de la vida da clases a los compañeros de curso sobre cálculo, álgebra y problemas de computación gráfica. Ella brilla en el ambiente académico gracias a su inteligencia y perseverancia aunque también destaca por lo único de sus vestiduras y el diseño artístico del cabello, teñido de colores varios con rayos blancos y amarillos hacia el centro, lo lleva suelto y atendido a plancha y ampollitas. Es su orgullo excéntrico y particular.
Una huele a perfume fino, la otra a jabón. Una promete el infierno, la otra promete una especie de limbo de paz. La primera pide que la sigas, juega a las escondidas, se muerde la boca, entrecierra los ojitos y se esconde juguetona. La segunda, la segunda te sigue franca y avasalladora.
Las dos llaman, una con su voz profunda y ronca, prácticamente la ves despeinada y recién levantada. Te abraza, más efecto masa. La otra, voz fina con acento y esa forma de hablar extraña, casi tiza en pizarrón.
A Ana la llevas a cenar a la luz de las velas. A Clara a la cervecería, ella sabe apreciar los placeres sencillos de la vida. La pizza, la cerveza buena, la alemana, la rusa y la artesanal hecha en casa. Ana no sabe de cervezas, ella quiere su coctail con frutillas, duraznos, menta. Aprecia los placeres más finos de la vida y nada de cervecería, pizzería ni bar.
A ambas las conoce mamá, una la encantó con sus modales finos y su forma de tomar el té, conversación suave e ingenua. La otra simplemente piensa que es muy inteligente y que está completamente loca.
Sin embargo, a la niña la juntas de la calle borracha post-juerga con el maquillaje corrido y los zapatos de tacones en la mano. A la mujer, no la juntas de ningún lado, ella toma y no se mama, ella estudia todo el fin de semana.
Clara es la roca firme de la cual te puedes agarrar, siempre está ahí con la mano tendida. Ana necesita una roca de la cual prenderse y la necesita urgente aunque no le da la mente para darse cuenta. Consentida, quiere jugar a dos puntas la princesa tan inocente, ella quiere fiesta los fines de semana conmigo y los días de semana manoseo con él.
Ana es mi ex, y Clara, Clara no se...