Autor Tema: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )  (Leído 8069 veces)

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #150 on: Septiembre 23, 2009, 07:34:51 pm »
Son malas personas  :emot003:

Hay que cuidar más a los fans  emot023

Un capi  emot026  emot025

sahory

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #151 on: Septiembre 27, 2009, 08:15:57 am »
vamos chicas no nos hagan desear tanto  :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:
estoy que no doy mas  :emot017: emot033 emot033 emot033

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #152 on: Octubre 11, 2009, 08:30:58 pm »
Necesito más  :emot003: :emot003:

greta

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #153 on: Octubre 12, 2009, 06:34:17 pm »
pero qe ha pasado, porque tardan tanto, esto no puede seguir asi, nos estamos muriendo hace ya tiempo que lo esperamos, lo dogo con todo el buen rrollo del mundo :emot019:
pero que de verdad estoy impaciente :emot015:


podriamos hacer munekitos con protesta :emot020:


gracias emot037

sahory

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #154 on: Octubre 16, 2009, 07:26:57 am »
pero qe ha pasado, porque tardan tanto, esto no puede seguir asi, nos estamos muriendo hace ya tiempo que lo esperamos, lo dogo con todo el buen rrollo del mundo :emot019:
pero que de verdad estoy impaciente :emot015:


podriamos hacer munekitos con protesta :emot020:


gracias emot037
Necesito más  :emot003: :emot003:

chicas estamos desessssspppeeerrraaaaaaadasssss  :emot007: :emot001: emot030
quiero otro capi  emot026 emot026 emot026 emot026

Deppie

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #155 on: Octubre 16, 2009, 10:38:58 am »
NECESITAMOS MAS CAPISSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!  :emot007: :emot007: :emot007:

 emot024

Roz

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 18/10)
« Respuesta #156 on: Octubre 19, 2009, 12:54:17 am »
Sólo queremos disculparnos por no haber colgado un capítulos en tanto tiempo  emot025 Así que sin más, acá se los dejo  emot024



CAPÍTULO 21


Wrath se estaba preparando para salir. Estaba completamente armado, su cuerpo cubierto de cuero negro, sus armas protegidas de la vista por el largo sobretodo negro. Cuando terminó de revisar sus armas, las Beretta con sus respectivas balas, las dagas negras de la Hermandad y sus infaltables estrellas arrojadizas. Suspirando, molesto, se dirigió en busca de su hembra.
Sus hermanos hacía rato que se habían marchado en grupos como se había designado en la reunión, con la diferencia de que ellos se habían demorado a causa de la discusión que tuvieron.
Diablos, toda esta situación lo ponía de mal humor. No quería que ella saliera a patrullar con la amenaza del híbrido al que no sabían como eliminar pesando sobre sus cabezas. Pero claro, la hembra era tan malditamente terca y el que no saliera a patrullar estaba fuera de discusión para ella. Había probado todas las maneras posibles de convencerla: enfadándose, prohibiéndole, hasta casi se lo había rogado tratando de hacerle entender su miedo a perderla, pero no había logrado nada, solamente que lo mirara altiva y el ácido comentario que le lanzó antes de marcharse contoneando las caderas: Cuando tú ni siquiera estabas en la mente de tus padres, yo ya asesinaba lessers y protegía a la raza, Wrath. No me subestimes.
Y ahora allí estaba él, esperándola en  el vestíbulo, como el maldito macho emparejado que era, temeroso de que le sucediera algo a su hembra, y salir con ella esa noche era la única forma que tenía de asegurarse de que nada le sucediera. Confiaba en las habilidades de Raysa, pero el temor a perderla era tan grande que su corazón dolía y no quería ni siquiera pensarlo.

Arriba en su habitación, Raysa guardaba sus dagas y el celular. Recorrió con la mirada la hermosa habitación mientras sonreía. Ya no era su habitación, debido a que últimamente pasaba más tiempo en la habitación de Wrath. Sólo iba allí a cambiarse de ropa o prepararse como ahora para salir a luchar.
Estaba vestida de negro como la noche, pantalones de cuero que se adherían a sus piernas y a su redondeado trasero, una camiseta ajustada sin mangas, botas estilo motorista y un sobretodo que escondía las dagas de la mirada de los extraños. Su largo cabello rubio estaba sujeto en una trenza que acariciaba su espalda.
Miró la hora y maldijo mientras recorría la casa con paso presuroso hasta llegar a lo alto de la escalera. Allí pudo verlo. Se detuvo para mirarlo y el amor que sintió por él la golpeó de lleno en el pecho.
Sintiendo su presencia, Wrath se volvió a mirarla y se acercó al final de la escalera para esperarla, mientras la observaba bajar con gracia felina.
—¿Lista, leelan? —Preguntó con voz ronca, mientras su entrepierna latía de deseos de tumbarla allí mismo y poseerla.
Ella sintió su deseo y la necesidad de tenerlo dentro suyo casi la hace olvidar todo, pero la imagen del híbrido lastimando a sus hermanas pasó por su mente. Cuadró los hombros y pasó al lado del macho mientras le decía:
—Más que lista. Nos vemos en el ZeroSum —agregó mientras desaparecía.
Wrath apareció a su lado en un parpadeo.
En silencio fueron caminando por las calles vacías donde sólo se escuchaban sirenas de vez en cuando.
Estaban recorriendo un parque cercano cuando ambos giraron con brusquedad ante el inequívoco aroma de talco para bebés.
En seguida, entre las sombras de los árboles, pudieron divisar a cuatro lessers acercándose a ellos.
Wrath pudo sentir como su cuerpo se tensaba preparándose para la lucha y giró un momento para contemplar a Raysa.
La hembra estaba en posición de lucha. Una mano se encontraba perdida en su espalda, tanteando ya sus dagas, mientras no despegaba la mirada de los lessers. La observó con admiración y en ese momento comprendió su necesidad de luchar.
Los lesser se dividieron, dos de ellos se desviaron hacia Wrath y dos hacia la hembra.
En ese mismo instante uno de los que se acercaban al macho cayó con un gemido mientras se tomaba la garganta, tratando de detener la hemorragia que había causado la estrella arrojadiza al cercenar la vena. Quedó tendido en el asfalto, debilitado por la pérdida de sangre, pero sin duda aún con vida.
Con uno fuera de combate, embistió con fuerza contra el otro, pateándolo con fuerza, haciendo que se doblara, pero no notó que el lesser sacaba un cuchillo y se reponía rápidamente buscando lastimarlo. Wrath saltó hacia atrás evitando apenas que el cuchillo cortara su estómago. Hizo una barrida con sus largas piernas tomando desprevenido al lesser que no pudo apartarse a tiempo, tampoco demoró en agazaparse contra el débil cuerpo y enterrar la daga con saña, justo en donde alguna vez estuvo el corazón, haciendo brotar la negra sangre, acabando con su vida. Se acercó al primer lesser que había atacado y terminó con su trabajo.
Luego giró rápidamente para ayudar a su hembra pero se detuvo abruptamente ante lo que vieron sus débiles ojos. Era como si estuviera contemplando una danza antigua, Raysa se movía con tal rapidez que con cada movimiento sorprendía con un golpe a los lessers antes que pudieran atacarla.
Raysa se sentía viva, la adrenalina que corría por su cuerpo era increíble. Golpeó en el estómago a uno de los lessers, haciéndolo caer de rodillas mientras giraba y descargaba una fuerte bofetada sobre el otro, haciéndolo retroceder. Con furia, vio como sacaba un arma de fuego y le apuntaba. Sin dudar un segundo sintió su poder recorrer su cuerpo. La tierra tembló unos segundos.
Lo último que pudo ver el lesser armado fue como cambiaban los ojos de la guerrera, oscureciéndose antes de que la raíz saliente de uno de los árboles cercano lo perforara justo en el lugar donde debería estar el corazón, dejándolo caer sin vida mientras el arma chocaba contra el suelo emitiendo un seco sonido.

Sin darle tiempo al lesser que había golpeado primero, descargó una patada en su barbilla haciéndolo caer hacia atrás varios metros y en un parpadeo desenfundó una de sus dagas hundiéndola en el blando, abriéndolo, antes de que estallara en una voluta de humo.
Se irguió lentamente mientras limpiaba su daga, la enfundó mientras giraba lentamente.
Wrath se acercó a la hembra con el corazón latiendo furiosamente. Había dejado de respirar por un momento cuando había visto que la apuntaban con un arma… Estuvo a punto de actuar cuando el movimiento en la tierra lo frenó y pudo ver como terminaba con la vida del lesser con la ayuda de su poder.
Diablos, ahora comprendía cómo las hembras salieron victoriosas en tantas batallas. Si el poder de Raysa lo sorprendió, aún sin utilizarlo demasiado, el poder de las cuatro guerreras combinado debía ser algo impresionante y sumamente peligroso.
Raysa lo miró a los ojos mientras Wrath cerraba distancias y se acercaba a ella con grandes zancadas.
Antes de que pudiera hacer algún movimiento o articular palabra, el macho la tomó entre sus enormes brazos aplastándola contra su cuerpo, haciéndola consciente de lo mucho que la deseaba, aún más luego de verla luchar contra sus enemigos.
Gimió mientras entrelazaba los brazos por el grueso cuello masculino, abrió la boca para dejar entrar la lengua del macho que se hundió en ella, explorándola con pasión y a conciencia, mientras ella lo tentaba succionándola, llenándolo de promesas de largas horas de sexo.
Wrath se sacudió cuando sintió la respuesta de su hembra. Mía, la palabra llenó su mente mientras se separaba brevemente de su boca para mirarla, se quitó las gafas y la observó nuevamente. Mientras acariciaba su boca le daba breves besos, la lamía y daba mordiscos suaves, tentativos.
—Te amo, leelan. Demonios, ¡como te amo! —Dijo antes de tomar nuevamente su boca, pero con un beso distinto, penetrándola lentamente, retirándose y avanzando con ese ritmo tan familiar para sus cuerpos.
Estuvieron unos largos minutos besándose, disfrutando de la cercanía y la pasión.
Con renuencia se apartaron. Con una camaradería recién descubierta, los guerreros limpiaron la zona, juntaron los frascos. Borrando toda evidencia de lucha, dieron un último vistazo y destellaron a la mansión.


Wrath se encontraba sentado en su oficina muy pensativo.
Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo.
Maldición, se dijo a sí mismo. No podía seguir dando largas al asunto, tenían una nueva amenaza muy grande frente a ellos, debía asumir su responsabilidad, ocupar el lugar que le correspondía por nacimiento, aunque eso significara dejar de luchar junto a sus hermanos.
No había vuelta atrás… la decisión estaba tomada.
Con un hondo suspiro se puso de pie y desapareció de la habitación.
Destelló en el otro lado, se volvió y la vio, parada junto a la fuente.
Se acercó lentamente, pero con paso firme y se arrodilló ante la figura femenina, inclinando la cabeza.
La dulce voz sonó clara:
—Guerrero, es todo un honor tu visita. Sé a que has venido, pero aún así quisiera escucharlo de tu boca —le dijo en tono majestuoso.
Wrath cuadró los hombros, inspirando con fuerza. Tenía la decisión tomada y aún así le costaba que las palabras salieran.
—Virgen Escriba… —aspiró hondo nuevamente—. He decidido que ante las circunstancias adversas por las que está atravesando la raza, necesitan un líder…. Yo… He decidido hacer honor de mi linaje y asumir como rey para guiarlos —las últimas palabras salieron con un gruñido.
La pequeña figura se acercó un poco más, echó atrás la capucha descubriendo su cabeza, antes de soltar una risilla que hizo que el cuerpo del macho se tensara.
—¿Este cambio en tu actitud, guerrero, es sólo por eso? Hace siglos que no me buscas, ni tú ni tus hermanos. Haz roto tu compromiso con la shellan que eligieron tus padres para ti, te vinculas con otra hembra que no es adecuada ¿y piensas que tomando esta actitud no voy a decir nada con respecto a todo lo que hiciste o hagas de aquí en más? Estás equivocándote, guerrero —soltó enfadada.
El macho irguió la cabeza de un tirón cuando la Virgen Escriba mencionó a su hembra. Había acudido al Otro Lado para informarla de la decisión, no para que juzgara sus actos y menos aún a la hembra que había elegido como compañera.
—Por favor no malentienda mi visita, Su Santidad —gruñó Wrath mientras escuchaba el grito ahogado de la Virgen Escriba—. Vine hasta aquí para darle lo que pensé que sería una noticia que le alegraría. Quería contarle de mi decisión porque me gustaría que trabajemos juntos. En cuanto a Raysa, es la hembra que elegí como mi shellan, no hay ninguna otra para mí —le contestó mirándola fijamente. Su tono de voz, no dejaba nada a discusión sobre sus sentimientos, pero tampoco faltaba el respeto a la Virgen Escriba.
Con sus débiles ojos pudo notar como se esforzaba tratando de calmarse ante la notable falta de respeto del macho.
—No voy a hacer alarde de mis poderes ni voy a castigarte por esta actitud, pero eso no significa que esté de acuerdo con lo que haz hecho. No te acostumbres a esta faceta mía, porque no la volverás a ver —le reprochó con tono suave pero a la vez firme—. Sin embargo, si esas elecciones y esos cambios te trajeron hasta aquí ahora y te llevan a hacerte cargo de tu pueblo después de tantos siglos, que así sea —le dijo mientras retrocedía dejando en el aire un aroma a lilas.
Wrath no se incorporaba aún cuando soltó la última noticia:
—Voy a tomar a Raysa como mi shellan, Su Santidad. Será mi reina, si ella me acepta.
La figura se detuvo en seco ante sus palabras y giró lentamente volviendo su atención a él.
El macho pudo sentir su enojo, su furia, pero no iba a desdecirse. Amaba a Raysa, amaba a esa terca guerrera, se había apropiado de su corazón antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Si estaba allí en ese momento, aceptando sus responsabilidades, era por ella. Por el macho que quería ser para ella. Para vivir esta nueva etapa con ella a su lado para apoyarlo. No podía esperar para pedírselo como debía.
La Virgen Escriba soltó una irónica risita.
—Siempre y cuando acepte compartir la enorme responsabilidad que implica reinar a tu lado. ¿Estás totalmente seguro de que te ama bastante como para abandonar todo lo que conoce por emprender contigo este camino, guerrero? ¿Realmente, en lo profundo de tu corazón, crees que te ama lo suficiente? Yo que tú, se lo hubiera preguntado antes de presentarte ante mí en forma tan irrespetuosa. Pero ve, guerrero, habla con ella. Si te acepta, yo misma presidiré la ceremonia de unión —le respondió ahora seria y pensativa, antes de acercarse—. Levanta tu mano, quiero que ella lleve esto —dijo colocando en su mano un anillo de oro con un rubí engarzado del tamaño de una nuez.
El macho cerró su mano sobre la joya. El Rubí Saturnino.   
—Voy a tratar de ser un buen rey para nuestra raza, Analisse —le dijo suavemente—. Deseo que trabajemos juntos, que devolvamos a nuestra gente la esperanza. Me gustaría contar con tu ayuda —finalizó casi con un susurro.
La Virgen Escriba suspiró y la tensión la fue abandonando.
—Tienes mi ayuda, guerrero. Devolvamos la gloria a nuestra raza. Ahora márchate, hay mucho trabajo por hacer —le dijo mientras se dirigía nuevamente hacia la fuente dando por finalizada la charla.
Wrath se incorporó con agilidad y destelló hacia la mansión.


Raysa aporreaba con energía el saco, descargó una serie de patadas mientras se movía con facilidad alrededor, girando y descargando patadas y puñetazos.
Hacía rato que estaba en el gimnasio. Había pasado por la oficina de Wrath para pedirle que se uniera a ella en el entrenamiento, pero no lo había encontrado. Nadie sabía donde estaba. Se sentía ansiosa, no sabía por qué. Además, ¿qué decir sobre la felicidad que estaba experimentando, nada normal en su vida? pensó, mientras fruncía levemente el ceño.
Sintió ese particular hormigueo en el cuerpo y giró con una sonrisa para encontrar a Wrath que la estaba observando.
El macho observó la silueta de la hembra, vestida sólo con un top de color oscuro y unos shorts del mismo color que apenas le cubrían el redondeado trasero, dejando las largas piernas al descubierto.
Su deseo se disparó aún más cuando sintió su aroma a jazmines. No tuvo tiempo de acercarse, ya que ella lo hizo corriendo frenando a último momento frente a él, insegura.
Estiró los brazos y la rodeó, acercándola a su cuerpo.
—¿Qué sucede, leelan? ¿No me echaste de menos? —Le preguntó mientras mordisqueaba sus labios, instándola a abrirlos para él.
Gimiendo, la hembra entrelazó un brazo por su cuello, mientras con la mano libre le acariciaba los sedosos cabellos, apretando su cuerpo contra el del macho, sintiendo como su erección presionaba contra su estómago.
Con un gruñido tomó su trasero y la levantó mientras sentía como la hembra le rodeaba las caderas con las piernas, se encaminó hacia una de las camillas de ejercicios que había en el lugar.
—Te extrañé, Wrath —gimió entre beso y beso. Sentía como las manos del macho recorrían su cuerpo, deteniéndose en sus pechos, masajeándolos.
 Wrath estaba totalmente fuera de control. Se quitó la chaqueta y al tirarla al suelo, el anillo que se encontraba en el bolsillo salió rodando, recordándole el motivo por el que estaba allí. ¡Demonios! Había ido con el propósito de hacer las cosas bien con la hembra y no pudo contener su deseo. Esta vez haría las cosas como debía.
Con un gemido, se apartó de Raysa, sorprendiéndola.
—¿Sucede algo malo, Wrath? —Le preguntó al sentir que se apartaba de ella.
Acarició su rostro mientras le sonreía de forma tranquilizadora. Se inclinó y tomó el anillo.
—Hay algo de lo que tenemos que hablar, Raysa. No te preocupes, no sucedió nada malo, te busqué porque hay algo que quiero pedirte… o más bien, preguntarte —le dijo con voz profunda.
Raysa se incorporó mientras lo miraba extrañada, ya que no lo había visto así nunca.
—Vine aquí a buscarte con una sola intención —le dijo mientras entrelazaba su mano libre con la de ella y la miraba fijamente, deseando con todo su ser poder verla con claridad—. Raysa, quería pedirte que fueras mi shellan —le dijo con un susurro.
Raysa boqueó por la sorpresa que le causaron las palabras del macho. Sintió un calor en el pecho y las lágrimas se agolparon en sus ojos, al mismo tiempo que una sonrisa amorosa se dibujaba en sus labios. Iba a contestarle cuando se dio cuenta que no había terminado de hablar.
—Hay más, leelan, hay más cosas que debes saber antes de darme una respuesta —le dijo mientras la preocupación surcaba su rostro—. Si me aceptas como tu hellren, hay obligaciones que vendrán junto con eso, obligaciones que cambiarían nuestras vidas para siempre. Debes saber que acepté liderar nuestra raza. No voy a pelear más junto a la Hermandad, ya mi deber será otro. Desde hoy y hasta el fin de mis días haré honor a mi herencia y seré el rey que debí ser desde hace tiempo —escuchó como contenía el aliento ante su noticia y se forzó a continuar con una calma que estaba lejos de sentir—. Y si tú aceptas, si aceptas acompañarme y compartir tu vida conmigo, estarás aceptando éstas condiciones, Raysa. Al ser el pilar de la raza deberemos desempeñar otras actividades y ser más cuidadosos con nuestra seguridad, mantenernos a salvo y eso implica que ya no podrás salir a pelear, leelan. Tendremos otras peleas, pero ya no más como las de ahora —le dijo mientras sentía que el aire desaparecía de su cuerpo, dejándolo exhausto. Nunca se había sentido tan expuesto o vulnerable como ahora, de pie frente a la hembra que amaba.
Raysa trataba de asimilar todo lo que había dicho Wrath. Le había pedido que fuera su shellan, pero las cosas no serían como antes. Su cuerpo se tensó al recordar su última frase, la que había frenado su rápida respuesta: Ya no podrás salir a pelear, leelan. Tendremos otras peleas, pero ya no más como las de ahora. Sacudió la cabeza tratando de aclarar su mente. Levantó la mirada y vio su cabeza baja. Incluso en esa postura, su porte era orgulloso. Su guerrero. No, no más su guerrero… Su Rey. Su corazón se detuvo mientras caía realmente en cuenta de toda la situación.
No podía hacerlo, pensó con pánico, no podía decirle que sí. Amaba a ese macho con toda su alma, pero… dejar de luchar… Era todo lo que sabía hacer, era todo lo que conocía, era en lo que realmente se destacaba. Dejarlo… y para siempre…
Inspiró nuevamente, tratando de hablar. Miró a Wrath nuevamente mientras sentía las lágrimas correr por sus mejillas, la garganta se le cerró ante el dolor que estaba experimentando. Cuando sintió que el macho levantaba la cabeza y clavaba la mirada en ella, su cuerpo se tensó aún más.
Wrath sintió el cuerpo de la hembra tan tieso que supo que la respuesta no era la que esperaba. Deseó no haberse apresurado, por un instante quiso volver el tiempo atrás y borrar todas las decisiones tomadas, anheló ser sólo el guerrero que ella conocía, el que no tomaba en cuenta su linaje ni sus obligaciones, al que solo le interesaba la lucha. Pero era en vano, se había convertido en otro debido a su amor y ver que ella no se sentía de la misma forma, que su amor no era tan profundo como el suyo, rompió su corazón en mil pedazos.
Se aclaró la garganta, sonrió tristemente y con voz ronca por la emoción murmuró mientras acariciaba sus labios suavemente con los dedos:
—Debí esperar algo así. la Virgen Escriba me lo anticipó y no quise tenerlo en cuenta. No debí asumir que todo saldría como quería, que tomarías las mismas decisiones que yo y aceptarías todo sin decir palabra. En parte, el hecho que discutas conmigo y que no aceptes todo lo que ordeno es una de las cosas que hizo que te amara como lo hago. Es tan irónica la situación — dijo mientras se iba alejando, con los hombros hundidos, arrastrando los pies como si el peso del mundo descansara sobre sus hombros.
Raysa gimió de dolor ante sus palabras y mientras lo veía marcharse ahogó un sollozo.
—Wrath, espera, por favor —dijo mientras corría y lo tomaba del brazo. Su corazón se negaba a dejarlo ir sin explicarle todo lo que sentía—. No entiendes, yo…
—No te preocupes, Raysa, esto pasará. No debí apresurarme.
La hembra tomó su rostro entre las manos y lo obligó a mirarla.
—No entiendes, Wrath. Necesito pensar. Por favor, no creas que no te amo. Todo esto me tomó por sorpresa, jamás imaginé que al despertar y venir aquí me sucederían tantas cosas, ni siquiera en sueños creí que alguien podría amarme como tú lo haces. Necesito poner en orden mi cabeza, todo es tan confuso… Lo único que tengo claro es que te amo, pero no puedo abandonar a mis hermanas, no puedo abandonar la lucha. Es todo lo que conozco, es lo que soy. Y sin embargo, la sola idea de renunciar a uno u otro hace añicos mi corazón.
Wrath gruñó con fiereza, sobresaltándola, mientras tomaba su rostro con sus enormes manos:
—No eres solo eso, Raysa. Eres una hembra íntegra, una hembra de valía, dulce y fuerte a la vez, terca, sincera, amorosa, tierna y podría seguir enumerando tus cualidades por un buen tiempo. Podría decirte cada detalle que hizo que te amara como lo hago, pero necesitas descubrir eso por ti misma. No voy a presionarte. Sabes lo que siento, sabes que quiero compartir mi vida contigo. Hice mi elección y ahora debes pensar que quieres para tu vida. Yo  te estaré esperando —le dijo antes de besarla posesivamente en los labios.
Raysa apoyó su frente contra la del macho unos segundos antes de que él se marchara con paso enérgico.
—Dame tiempo, Wrath —gimió antes de caer de rodillas mientras los suaves sollozos sacudían su cuerpo. Sentía su corazón totalmente dividido. Quería correr para alcanzar al macho y por otro lado no quería abandonar la vida que siempre conoció, dejar de ser la guerrera que siempre fue. Sacudió la cabeza nuevamente mientras pedía con desesperación a la habitación vacía—.  Por favor, dame tiempo, no quiero elegir —finalizó sabiendo que era imposible. Había llegado el momento de optar por una vida al lado del macho que amaba u otra vida llena de batallas al lado de sus hermanas…



Continuará...

Roz

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 18/10)
« Respuesta #157 on: Octubre 19, 2009, 12:54:45 am »
CAPÍTULO 22



Sabía que estaba desobedeciendo a Wrath, pero esto lo tenía que hacer solo.
No quería poner en riesgo las vidas de sus compañeros, sobretodo la de Kytara, ya que si algo le pasaba... iban a perder al Poli, como había pasado con Thor.
Desde hacia unos días que no le perdía el paso a un grupo de cuatro lessers que trabajaban en conjunto en un edifico de oficinas abandonadas a unas cuadras de la autopista.
Se encontraba agazapado a un costado de un Chevi del ‘69 abandonado, totalmente destrozado por las pandillas de las zonas.
De la nada, apareció una camioneta 4x4 negra, que estacionó frente al edificio, de ella salieron los lessers e ingresaron en él.
Entonces llegó la hora de actuar. Mirando a los costados y viendo que no había ningún humano a la vista, se materializó frente la puerta del edificio, se fue adentrando en total silencio y recorriendo pasillos hasta que dio con unas voces.
Al final, había resultado ser un centro de información. Tres de los lessers se encontraban en frente de unas máquinas y el cuarto pasaba información por el teléfono móvil, que estaba leyendo de unos informes.
—Sí, señor K, los informes revelaron que la sangre administrada lo está alimentando perfectamente. Déjeme ver mejor… —pasó algunas hojas hasta dar con lo que quería—. Sí, la que mejor tolera es la de aquellos que han pasado por la transición. Parece que tiene un compuesto de total vitalidad. No, no quedan con vida ya que son drenados por él.
—¡Malditos desgraciados! —Vishous intentaba controlarse, quería lanzarse al ataque y exterminarlos en ese momento… pero todavía no.
Y de la nada se escucho una explosión, seguida de una picazón en la espalda.
—¡Uno de ellos está aquí!—Gritó un lesser detrás de él.
Y se desató el infierno.
Ruido de detonaciones se comenzaron a oír desde distintas direcciones. Si éste iba a ser su final, no lo encontraría escondido como una rata. Con un rugido de guerra, los enfrentó en una pelea cuerpo a cuerpo.
Para cuando terminó, sabía que estaba mal y que no faltaba mucho para que llegaran más enemigos. Tomó su celular y marcó el número de la última persona que quería molestar.
—Poli… estoy en problemas.


Dos horas hacían que estaban en la clínica de Havers,  esperando saber cómo se encontraba Vishous.
Fue trasladado de urgencia luego de una pelea con unos lessers, que lo descubrieron cuando se encontraba tratando de averiguar el paradero del híbrido.
Butch se paseaba por el pasillo frente a la habitación.
Kytara entendía su preocupación.
En este corto tiempo que los conocía, se había admirado de la relación entre Butch y Vishous, eran muy buenos compañeros, unos grandes camaradas.
No se asombró cuando Butch le contó que una vez V lo engañó dándole de tomar  una copa con su sangre y gracias a esto lo pudieron encontrar luego de  ser tomado como prisionero por lessers bajo la orden del Omega.
Estuvo apunto de perder la vida, pero el Omega tenía otros planes para él.
Durante el cautiverio, éste había experimentado con Butch, suplicio del cual salió con vida.
Cuando lo descubrieron, estaba muy mal herido y fue llevado de urgencia al sanatorio y puesto en cuarentena. Sobrevivió a este percance, pero más tarde descubrieron que el Omega había puesto un trozo de su cuerpo dentro de Butch.
Haciendo una especie de conexión que a la vez le trajo como consecuencia que cada vez que pelearan y exterminaran a uno de ellos, los absorbiera como si  fuera una aspiradora y de ese modo, no volvieran a su creador al ser eliminados.
Cumpliendo de este modo la profecía escrita en  los libros sagrados, donde decía que un enviado vendría trayendo la llave para destruir al Omega. El Destructor.
Aunque en este momento el enviado estaba por traspasar la puerta, muerto de preocupación.
—Butch…  —se tuvo que levantar del asiento—. Nullum, irrumpiendo en la habitación como un loco no vas a ayudar a V —se acercó abrazándolo por detrás.
—Lo sé, pero le dije que no fuera solo, ¿y él qué hizo? —Se sentía muy reconfortado por tener a Kytara a su lado, ella lo calmaba.
—Irse solo sin decirle nada a nadie, sobre todo sin avisarte, ¿no? —Butch giró para abrazarla mejor—. Te entiendo, pero recuerda que a V le gusta trabajar solo. Lo sé, a ti no te gusta, pero él creyó que hacía lo mejor.
—¡Joder! Lo sé, lo sé, pero te juro que si el bastardo llega a morirse… lo mato —soltó un gruñido—.  ¿Qué demonios hacen que no dicen nada? ¡Esto me exaspera! ¡Maldición!
 —Nullum, tranquilo, no grites porq… —sus palabras fueron cortadas cuando se abrió la puerta de la habitación, de donde salieron un médico con tres enfermeras. Una de ellas llevaba toda clase de instrumentos ensangrentados. Otra guiaba un carrito con gasa y tubos de suero.
Havers se acercó a ellos quitándose el estetoscopio del cuello y llevándolo al bolsillo del delantal.
—Bueno, el paciente presenta cuatro orificios de bala en su espalda que le produjeron una importante pérdida de sangre. Gracias a que ustedes lo trasladaron rápidamente, no hubo nada que lamentar. Las balas pudieron ser sustraídas —se llevó una mano a las gafas y se las quitó para limpiarlas, su rostro reflejaba cansancio—. Tuvimos que sedarlo para que se recuperara. Llamaré a Wrath para decirle que se quedará internado por unos días para chequear su mejoría.
—De acuerdo, no se preocupe, esta noche me quedaré para que cumpla las ordenes —conociéndolo a V, eso iba a ser lo ultimo que haría—. Gracias, Havers —cuando quiso darle la mano, el doctor lo miró con cara de pocos amigos. Lo mismo había pasado la vez que revisó a Kytara luego del ataque.
— Cualquier cosa, busque a la enfermera. Con permiso —y pasó a su lado, mirándola a Kytara y al hacerlo, su mirada se suavizó. La guerrera era tan hermosa como habían dicho. Se quedo viéndola, era la primera vez que le pasaba desde que había muerto su compañera. Carraspeó para disimular, e inclinó la cabeza a modo de saludo—. Señorita.
—Doctor —se hizo a un lado para que pasara. Se giró hacia su nullum—. Que dulce, ¿no? —Y soltó una risita, al descubrir que Butch, no opinaba lo mismo—. Bueno, me dijo señorita.
—Sip, un ejemplo de buen comportamiento y modales —no le gustó nada la forma en que miró a su guerrera. Y encima a ella le causaba gracia—. Un buen ejemplo, ¿no?
—Sí, podría decirse que sí —tenia ganas de soltar una carcajada que a duras penas se estaba reprimiendo. Si sus hermanas pudieran ver la cara del guerrero, ya estarían en el piso destornillándose de la risa—. Pero por suerte esa clase de personas me agradó demasiado. Son demasiado… copetudos.
La tomó de la cintura acercándola nuevamente hacia él.
—Que suerte la mía —Inclinó la cabeza para darle un beso.
Kytara le devolvió en beso, envolviéndole el cuello con los brazos. Luego de unos minutos le dijo:
—En verdad, sí la tienes  —le dio un breve beso—. Voy por café.
Se marchó hacia la cafetería. No le pasó desapercibida una mujer que venía caminando por el pasillo y que, al verlos, se giró y volvió sobre sus pasos.
Cuando llegó al mostrador, pidió los cafés con unas rosquillas. Cuando les fueron entregados, volvió al pasillo cónde estaba la habitación de V. Iba muy tranquila, pero antes de doblar en la esquina escuchó unas voces y se detuvo al comprender que pertenecían a Butch y a otra persona que no conocía.
—No sé qué quieres, Marissa, pero entendí muy bien el mensaje cuando te fuiste —su voz sonaba enfadada, pero a la vez era como si tratara de hacer entender a una criatura su mala acción.
—Lo sé, Butch, y no te imaginas como lo lamento. Cada segundo que pasé alejada de ti me hizo comprender que te amaba y que no me importa lo que piense mi hermano —la voz de la mujer estaba cargada de lágrimas de un llanto nada reprimido.
Al escuchar esta declaración, Kytara quiso arrancarle la cabeza del cuello a la mujer. ¿Quién se creía que era para hablarle de esa manera a Butch? Su Butch. Pero antes de hacer nada, quería saber más acerca de ella.
—¿Amor, Marissa? ¿Tú qué sabes del amor? No me hagas reír —estaba realmente enfadado—. De veras, no sé para qué volviste. Y para que te quede claro, no me interesa.
—Lo sé, te vi... —la voz de la mujer reflejaba un profundo lamento—. Es una de las guerreras, ¿no?
—¿Qué sabes de ellas?
—Todos sabes que las despertaron de un largo sueño, aunque nunca se había oído hablar de ellas. Dicen que son una leyenda, que son las primeras guerreras de la raza y que fueron sumidas en un sueño cuando por fin una camada de machos nació para protegernos en los primeros tiempos. Que son grandiosas. ¿Es verdad?
—Sí, es verdad. Son únicas. Valientes, decididas y no dudan ni un segundo cuando tienen que dar la vida por la Hermandad —Su voz estaba cargada de orgullo. Lo que provocó una sonrisa en Kytara.
—Todo lo que no fui... Ella... ¿Es igual? —Se notaba que lo que preguntaba la mujer no era por malicia o resentimiento al haber perdido a su hombre por otra contrincante que supo jugar mejor sus cartas.
—No tengo por qué hablar de Kytara contigo. Y ahora, si me disculpas, tengo que cuidar de Vishous.
—Butch, por favor, necesito saberlo.
—No, Marissa. No lo necesitas.
—Sí, necesito saberlo. Quiero saber…
Se escuchó un suspiro de Butch, lo estaba meditando.
—Ella... es mi otra mitad. La amo —en su voz se notaba la seguridad que una persona siente cuando sabe que sus sentimientos son compartidos.
—Era lo que necesitaba saber. Sólo… espero que te cuide como yo no supe hacerlo. Adiós, Butch.
—Adiós, Marissa —se escuchó que una puerta se abría y se cerraba.
Unos tacos anunciaban que la hembra se estaba acercando. Cuando dobló, se encontró con Kytara.
Se miraron, analizándose la una a la otra. En otros tiempos podrían haber sido rivales, pero por la decisión de una, nunca llegaron a hacerlo.
La mujer era rubia, delicada, elegante, aristocrática. No podía negarse que era hermosa, fácilmente se la podía imaginar al lado de Butch. Es más, podía entender por qué se había fijado en ella.
Marissa miraba a la guerrera. Era media cabeza más baja que ella. Do pudo dejar de admirar el color antinatural de sus ojos, eran de un azul profundo, tirando a violetas. El contraste que formaban con su piel tan blanca era maravilloso. De ella emanaba un aire de seguridad que electrizaba el ambiente. En su rostro no se podía leer nada y no podía asegurar que hubiera oído la conversación con Butch.
—Disculpe, no la vi —toda ella la ponía nerviosa.
—Está bien, estaba en medio del paso —era increíble que estuviera hablando como si nada con esta hembra, cuando hacía unos segundos la quería lejos de Butch. Y si era posible, con un mar de por medio. Es más, gustosa la habría acompañado hasta el aeropuerto más cercano.
Marissa se hizo a un lado para que siguiera su camino. Ambas entendieron la señal: le dejaba el camino libre y no se iba a meter en medio de ellos.
Aunque no era necesario, ya que con gran placer le haría ver su posición a la civil, pero antes tenía que saber más de esta relación que habían compartido.
Como Kytara no avanzó, Marissa le tocó brevemente el brazo.
—No sé si escuchaste, pero quiero que sepas que no me voy a meter entre ustedes. Él es especial.
—Lo sé y por eso lo amo. Pero aclárame un punto. Si es especial, ¿por qué no lo quieres recuperar? —Kytara la miró a los ojos para que supiera que era sincera y que no se andaba con medias tintas—. Que te quede claro, por lo mío lucho a muerte y no voy a permitir que nada ni nadie lo separe de mí. No lo digo para que me temas, es sólo mi postura.
Marissa retiró la mano.
—Lo sé y les deseo lo mejor. Sé que no me ama y al verlos juntos… —la voz de Marissa se distorsionó, conteniendo un sollozo—. Quiero que sepas que me alegra que sea feliz. Te sonará raro, pero él se lo merece. Fui una tonta y no luché por lo que tuvimos, me dejé dominar por el temor y lo perdí. Ya no seré parte de su vida, pero me conformo con saber que es feliz —sus ojos estaban brillaban por las lágrimas contenidas—. Adiós, y que la felicidad siempre los acompañe.
Kytara supo que Marissa era sincera, se notaba que era un ser noble sin maldad, que por miedo perdió a su amado. Si sólo hubiera sido valiente, tal vez ahora estaría con Butch… Pero, ¿qué estaba diciendo? ¡Gracias al cielo que había sido una cobarde! Si no, ahora la que no estaría con Butch seria ella. ¡Cielo Santo! ¿Qué le estaba pasando?
Desde hacía días que estaba distinta, hasta su cuerpo estaba cambiando. Sabía que era por el entrenamiento intensivo que tenía con sus hermanas.
Sacando el pensamiento de su cabeza, emprendió la marcha hacia el cuarto de V. Cuando abrió la puerta, encontró a Butch en los pies de  la cama mirando a su amigo, que estaba dormido debido a los sedantes.
Cuando Butch sintió a Kytara se dio la vuelta. Debió advertir algo en su  rostro ya que enarcó una ceja, un hábito que había tomado de ella.
—¿Pasó algo? —Vio que dejaba los cafés con las rosquillas en una mesa y se acercó a él.
—Nada importante —se quedó mirándolo, y sonriendo le dijo—: ¿Te dije que te amo?
—Mmm... Creo que hoy no —trató de leer sus ojos—. ¿Por?
—Por nada —apoyó las manos en el pecho del guerrero y poniéndose en puntas de pie, le dio un beso—. Te amo, Nullum.
Sí, algo había pasado. Lo sintió en Kytara. Era muy mala tratando de engañarlo, ya que era ir contra ella misma. Una vez se lo había confesado luego de una fogosa tarde que pasaron cumpliendo cada uno la fantasía del otro.
Sintió que su cuerpo cobraba vida. Quería volver a repetir la experiencia. Se obligó a controlarse y recordando la visita de Marissa, sintió la necesidad de contarle esa parte de su pasado para que no hubiera secretos entre ambos.
—Ky, tengo algo que decirte…
—Luego, Butch. Tenemos que cuidar a V.
Y ambos se acomodaron en un sillón que había en la habitación.



Continuará...

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #158 on: Octubre 19, 2009, 01:45:20 am »
 emot024 emot024 emot024 emot024 emot024

Gracias por poner mas  emot035

sahory

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #159 on: Octubre 19, 2009, 06:00:36 am »
hay chicas me dejaron  emot036 emot031 :emot003: queriendo massssss  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot038 emot038 emot038
para cuando otra??? y con nessa que paso??? pensaba que el capi 21 era otro mas de ella???
bue es que me encanta esta historia.
 sigan asi. las felicito. :emot020: :emot020:
 emot024

macky37

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #160 on: Octubre 19, 2009, 11:32:31 am »
   ¡¡¡ AL FIN!!!! emot035 emot035 emot035 emot035

Roz

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #161 on: Octubre 26, 2009, 01:14:51 am »
Chicas, muchas gracias por seguirnos  emot024 Acá les dejo otro capítulo.
¡Disfrútenlo!



CAPÍTULO 23


Nessa miraba hacia el techo, recostada en su cama. Ya eran las cinco de la tarde y en unas horas anochecería. Había dormido profundamente toda la noche y la herida del brazo se había curado casi por completo, gracias a que se había alimentado.
Se había alimentado.
De Zsadist.
De repente, se sintió como si estuviera volando y algo en su estómago cosquilleaba sin cesar, causándole un curioso placer.
Frunció el ceño y la sensación se acabó.
Las palabras que Leliel le había dicho en el otro lado, las palabras que había logrado erradicar de su mente porque no tenían sentido, habían vuelto con fuerza a atosigarla en este manso despertar: “No puedes negar lo que te pasa con Zsadist”.
La verdad, era que le gustaría poder hacerlo, pero a las pruebas debía remitirse. Esa encuentro en los jardines, las miradas durante la reunión, cuando se alimentó.
Jamás había sentido esa necesidad por la sangre de un macho. Se había acostumbrado desde siempre a soportar la sed por largos periodos y solo se alimentaba cuando la Virgen Escriba la llevaba hasta el Primale de turno o al macho que hubiera seleccionado para la ocasión y la obligaba a ello. No es que no le gustara alimentarse, era solo que… no quería hacerlo. Pero había pasado mucho, mucho tiempo desde la última vez que hizo y estaba tan acostumbrada a ese tirón en su estómago, a la extraña sensación en la cabeza, que no se había dado cuenta de cuán al límite estaba, hasta que vio la sangre de su guerrero derramándose en ese callejón oscuro.
Su guerrero.
¿Qué maldita locura se había apoderado de ella?
No podía negarlo, ya no podía negarlo más. Debía aceptar lo que su hermana había dicho, pero de sólo pensarlo una angustiosa desesperación se apoderaba de ella.
¿Por qué él? ¿Por qué Zsadist?
No podía negar que Zsadist le gustaba.
Siempre había sabido que era una maldita loca irracional, pero esto ya era el colmo. ¿Cómo podía gustarle Zsadist?
Le gustaba enfrentarse con los otros y él se le había enfrentado.
Le fascinaba afrontar nuevos retos, y él se lo había brindado.
La persecución era su juego favorito, y eso era lo que había hecho con él.
Necesitaba confiar en alguien, y él la había escuchado.
Tenía hambre, y él la había alimentado.
La pregunta era: ¿Cómo podía no gustarle?
Se dio la vuelta, escondió la cabeza bajo la almohada y suspiró. Era una idiota.
En realidad, me gusta todo esto, le dijo la voz en su cabeza.
—Eso es porque eres mi torturador auto—incorporado —le respondió molesta.
Se puso boca arriba de nuevo, volviendo a suspirar. Le lanzó una mirada envenenada al techo, ya que era lo único que tenía para mirar.
Si lo reconocieras… comenzó la voz en su cabeza.
—¡Cállate! —Le espetó.
No era tan fácil, de ninguna manera era soplar y hacer botellas. ¿Por qué Zsadist? Phury hubiera sido mejor, con toda su caballerosidad y su buena presencia y esos preciosos ojos amarillos. Incluso Vishous con su problemita de la mano soy—más—efectiva—que—el—sol—del—mediodía hubiera sido una opción más apropiada. Pero no, de todos los hermanos, a ella tenía que gustarle el único loco, traumado, misógino, psicótico, asesino sin lealtades, oscuro y sin alma.
Sobre gustos no hay nada escrito, sentenció la voz con aire de superioridad
Genial, ni siquiera ella misma apoyaba su propio razonamiento. Zsadist era peligroso, era un gran riesgo que le gustara porque… ¿qué hacer para convencerlo de que…?
Cortó el hilo de sus pensamientos abruptamente mientras se sentaba de golpe con una mirada horrorizada dibujada en el rostro. ¿Estaba haciendo planes? ¿Acaso estaba… enamorada?
¡Tin, tin, tin! ¡Te has ganado la licuadora!
—Si fueras un ente sólido, juro que te metería el sarcasmo por el…
El sarcasmo tampoco es sólido.
—Buscaría un buen sustituto.
Supéralo, niña.
Se dejó caer contra el colchón. ¿Cómo no iba a estarlo? Todo ese tiempo en el gimnasio… Para ser un vampiro que odiaba la compañía de cualquiera, no había ni chistado por la suya. La había aceptado. ¿Y en las calles, luchando? Por favor, la protegía. Y ella a él. No la había juzgado cuando supo su pasado, sólo la había exaltado. Y le había dado de su vena cuando lo necesitó, a pesar de que debía resultarle una tortura.
Y como para no dejar lugar a dudas, estaba ese estúpido impulso que había tenido la última vez antes de despedirse. Y es que el contacto entre con sus labios le había sabido a gloria…
Tal vez estuviera equivocada, no sabía nada acerca de esos sentimientos. Tal vez debiera consultar con sus hermanas…
He dicho: SU—PÉ—RA—LO.
Estaba tan jodidamente enamorada de Zsadist.
Y entonces, por un momento, por un dichoso y breve momento, la felicidad de sentir algo nuevo, algo bueno, lo mismo que sus hermanas, embargó cada rincón de su cuerpo y su alma, abrumándola. Pero luego, todo se volvió negro, frío, vacío. ¿Qué clase de futuro le esperaba a ella?
Nessa se dio la vuelta, enterró la cara entre las almohadas y lloró.


Habían vuelto de patrullar más temprano de lo esperado. Leliel había tenido que auto—combustionarse cuando se vio rodeada por un grupo de ocho lessers.
Rhage estaba a unos metros de ella, junto con Phury revisando a los lessers que ya habían matado.
Leliel estaba comenzado a rastrillar la zona, cuando de la nada apareció un grupo importante de ellos, no tuvo tiempo de darles aviso a los machos. De repente se vio envuelta en una batalla donde llevaba todas las de perder, por lo que cuando una seguidilla de fuertes calambres la desestabilizó, no tuvo más remedio que llevar a cabo su brillante—show—muy—caliente, provocándole la muerte instantáneamente al grupo que la rodeaba.
 Esta explosión no pasó desapercibida para Rhage, quien en seguida sintió una opresión en el pecho y luego el grito de su hembra.
Intentó correr hasta donde estaba ella, pero Phury lo detuvo. “No es conveniente que se acerquen hasta que no vuelva”, le había dicho Leliel una de las primeras noches que salieron.
Rhage no tardó mucho en zafarse del agarre de su hermano y comenzó a correr, para llegar junto a ella.
Donde antes había estado Leliel, ahora había un montículo de cenizas.
La hembra no tardó demasiado en volver a surgir.
Pero tanto como para Phury, como para un extremadamente preocupado Rhage, fue una eternidad.
Por un momento tuvo mucho miedo de perderla. De no volver a sentir más sus besos, el calor de su cuerpo. No tendría con quien pelear, ni mucho menos quien lo peleara.
Tanto les había costado estar juntos, poder pelear contra la maldición había sido todo un logro para ellos. Rhage no podía sobrevivir a la idea de perderla, de tan sólo pensarlo… se le cerraba el pecho y no podía respirar.
Cuando Leliel volvió, la estrujo contra su cuerpo, haciendo que ella soltara varios jadeos. Luego de haberla arropado con su abrigo, la cargó en brazos hasta el auto.
Entonces habían vuelto a la mansión y ahora, luego de haberle proporcionado un baño, la veía descansar.
No cabía en sí de felicidad por la hembra que el destino le había enviado. A pesar de estar furioso con la Virgen Escriba por la maldición que sufría ella… le agradecía el haberle dado la vida que le dio, ya que de otra manera  jamás se hubieran conocido.
Leliel había pasado gran parte de la madrugada quejándose por algunos dolores y la temperatura de su cuerpo se había elevado notablemente por la noche, algo que Rhage atribuyó a la combustión. Siempre quedaba muy débil y sensible.
 No supo cuando se quedo dormido… pero se despertó sintiendo los besos de ella en su espalda.
—Mmm… ¿vas a tardar mucho más en despertarte, gràdh? —Preguntó mientras lamía suavemente su espalda, recorriendo el contorno del tatuaje.
En seguida, Rhage estuvo duro y listo para adentrarse en ella. Se giró para quedar acostado de espaldas, la tomó de la cintura y la colocó sobre su prominente erección. Acto al que Leliel respondió gustosa.
Estuvieron todo el día y la noche encerrados en la habitación.
Por suerte, ese día les tocaba descansar.
Leliel parecía nunca saciarse de él y Rhage estaba más que dispuesto a complacer a su hembra. A la guerrera que tanto amaba, con quien ya estaba vinculado… pero ahora quería mas.
Ella ya llevaba su aroma impregnado en todo su ser, ahora él debía llevar marcado su nombre en la piel.
Leliel estaba degustando una porción de pastel que le había traído Rhage, después de que lo dejara escapar unos minutos de entre sus brazos mientras se daba un baño.
Había sido un día muy activo para ambos.
Leliel supo el terror que sintió Rhage cuando ella se consumió en cenizas y debido a eso sufría por él, tenía miedo a nunca más surgir, de nunca más…
Pero Rhage interrumpió sus pensamientos.
—No pienses en eso, tahlly —susurró mientras se colocaba detrás de ella rodeando sus piernas con las de él. Besó su nuca y ella instintivamente reaccionó dejando escapar un sensual gruñido.
—Gràdh, ¿qué ocurre? —Preguntó. No era necesario verlo a los ojos para saber que algo tramaba. No hacía siglos o meses que estaban juntos, pero ambos sabían perfectamente leer lo que sentía el otro.
Era una conexión extraordinaria la que había entre ellos. No la comprendía, simplemente la aceptaba gustosa.
—¿A qué viene la pregunta? —Susurró en su oído mientras torturaba el lóbulo de su oreja.
Leliel negó divertida y se giró para quedar frente a él enredando también sus piernas en su cintura.
—Mmm… porque te conozco —besó sus parpados—, y sé cuándo tramas algo a mis espaldas —dijo mientras continuaba besando su rostro.
Rhage tomó una de las manos de ella y la besó suavemente.
—¿Sabes? Anoche sufrí mucho cuando… —ella lo silenció con un beso—. Sí, lo sé —dijo, entendiendo el mensaje—. Pero eso no quita que sufra cada vez que estás en peligro —Rhage besó su frente—. Leliel…  — dijo muy nervioso.
Ella entrecerró los ojos, divertida.
—Vamos, guerrero, suéltalo de una vez por todas —comentó impaciente, mientras le proporcionaba besos en su cuello, hombros y pecho.
Entonces él respiro profundo.
—Sabes… te prometo que tendremos épocas difíciles. Pero también te prometo que en algún momento uno de los dos o quizás los dos querremos dejarlo todo y huir lejos —besó nuevamente su mano y volvió a tomar valor—. Pero te puedo asegurar que si no te pido que seas mi shellan, me arrepentiré durante el resto de mi vida, porque sé en lo más profundo de mi ser que estás hecha para mí, y sólo para mí —dijo besando con recelo sus labios.
Leliel estaba sorprendida por las palabras del guerrero. De su guerrero, se dijo a sí misma sintiendo como el orgullo y la necesidad de reclamarlo como suyo completamente la invadía.
—¿Qué dices, tahlly? ¿Me aceptas como tu hellren? —Preguntó esperando con ansias la respuesta
Leliel sonrió y lo besó profundamente, esta vez con un sentimiento de posesión y necesidad. Dios, lo necesitaba dentro de ella. Quería estar llena de él.
Rompió el beso entre gruñidos.
—Sí, sí que acepto, Gràdh. Quiero que seas mi hellren, sólo mío —volvió a besarlo profundamente.
Rhage se separó de ella un momento.
—En seguida regreso, tahlly —dijo, sonriendo al ver su expresión de desolación cuando rompió el abrazo y comenzó a caminar hacia su cómoda. Volvió rápidamente con una pequeña cajita de terciopelo negro. Se acomodó delante de ella—. Sabes… hace algunos años atrás, cuando lo integrantes de la Hermandad ni siquiera teníamos la idea de unirnos, ni mucho menos el vivir juntos, le salvé la vida a un civil —habló con la mirada medio perdida y ella supo que estaba reviviendo ese momento una vez más.
Leliel se limitó a observarlo de manera dulce. Eso era lo que amaba de él, la pasión con la que hacía las cosas. Sonrió, feliz, al saber cuánto lo amaba.
—Como te decía, ésta era una hembra ya bastante mayor, iba caminando por la calle con sus dos nietos. Unos lessers quisieron atacarlos. Después del ataque, ella había quedado muy perturbada así que los acompañe a su casa y en agradecimiento por haberlos salvado, me hizo un regalo —se sonrió al recordar la situación—. No quería ningún regalo, pero ella insistió. Sus nietos eran lo más preciado que tenía porque su único hijo había muerto junto con su nuera por un ataque. Entonces me regaló este anillo —dijo, sacando una alianza de oro blanco. En el centro llevaba una piedra azabache y a su alrededor llevaba seis pequeñas piedras Alejandrita que parecían tener un extraño color, todo el conjunto formaba una hermosa flor—. Me dijo que algún día iba a encontrar a mi hembra, quien me ayudaría a estar en paz con mi bestia interior —Rhage tomó el anillo y se lo colocó en el dedo anular de su mano izquierda—. Sé que esa hembra eres tú, tahlly. Te amo —susurró.
Leliel no cabía en sí de felicidad, no sabía si llorar o abrazarlo o saltar… comenzó a reírse como tonta y se lanzó a sus brazos, llenándole la cara de besos.
—Te amo, te amo, Rhage. Eres quien calma mi maldición, pero no te amo por eso, lo hago porque eres un macho excepcional, de quien me enamoré aquel día en el gimnasio —dijo, adueñándose de su boca, mientras que con su mano tomaba su miembro y lo guiaba a su humedad.
Él sonrió gustoso, sabía lo que vendría luego…
El resto de la noche, siguieron amándose de mil formas distintas. Ambos se necesitaban más que nunca. Querían sentirse. Querían poder amarse y complacerse mutuamente.
Ya nada ni nadie los iba a separar…



Continuará...



sahory

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #162 on: Octubre 26, 2009, 05:59:24 am »
 :emot017: :emot017: NO NO NO SE VALE... COMIENZAN CON NESSA Y TERMINAN CON LELIEL.. OJO NO ME QUEJO PERO ME DEJAN CON LA ESPINA .... POBRE...  :emot015: :emot015: :emot015: :emot015: :emot015:
 ME ENCANTOOOOO
 SIGAN ASI..  :emot020: :emot020: :emot014:
 BESOTES

sonne

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #163 on: Octubre 26, 2009, 09:54:50 am »
Lo echaba de menos  :emot020:

alathea

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #164 on: Octubre 26, 2009, 09:16:53 pm »
 emot036 Gracias pero  :emot017: se me ha hecho corto y quiero maaaaaaaas  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
 emot024  emot024

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