Autor Tema: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )  (Leído 8050 veces)

Gise

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Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« on: Mayo 07, 2009, 04:20:43 pm »
PRÓLOGO

La Virgen Escriba miraba con cierto respeto la enorme puerta de madera labrada, como si al abrirla el fin del mundo se fuera a desatar.
Las había sumido en un sueño profundo hacia más de cinco siglos y sabía que cuando las despertara tendría que escuchar sus reproches e insultos.
Así y todo, no podía pasar por alto el hecho que debía hacerlo para ayudar a la Hermandad, ellas serían sus nuevos guerreros ante la nueva amenaza que presentaba el Omega y los lessers, las necesitaba ahora mismo.
Suspirando profundamente, empujó la pesada puerta y entró.
En el centro de la habitación, suspendidas en el aire como si estuvieran recostadas en una cama imaginaria, se encontraban cuatro mujeres vestidas con largas túnicas blancas.
Con un movimiento ligero de la mano, ellas comenzaron a caer suavemente sobre el suelo de mármol, una a una fueron despertando. Confundidas, sin comprender donde estaban, miraron a su alrededor.
Sus rostros denotaban confusión, intentaban encontrar algo que les resultara familiar, pero lo único que se limitaron a hacer fue retroceder hasta juntarse espalda con espalda como lo habían hecho tiempo atrás cuando batallaban contra sus enemigos.
Las cuatro guerreras se irguieron completamente, distintas físicamente, pero tan similares en todo lo demás.
Tenían la misma esencia, pero cada una llevaba una fuerza distinta. De aspecto juvenil, pero en sus ojos se notaba la antigüedad de sus almas.
Ellas miraron con desconfianza a la Virgen Escriba, una de ellas se adelantó y con tono ronco dijo:
—¿Qué deseas de nosotras? ¿Qué sucedió para que nos sacaras de nuestro sueño?
La Virgen Escriba sonrió levemente y se acercó a ellas.
—Acércate Fuego —dijo de modo suave.
Una joven de un metro ochenta y cinco de altura se acercó e hizo una reverencia. Su piel era dorada, lo cual era extraño ya que nunca había sentido la caricia del sol. El color de su cabello era rubio, muy claro con detalles en rojo fuego, lo lleva corto y lacio, destacando sus facciones. Sus ojos eran de un bonito color celeste, bordeados por largas pestañas.
—En esta época tu nombre será Leliel —dijo la mujer bajo la capa negra mientras le tendía la daga de empuñadura de oro blanco labrado que la guerrera utilizara en antiguas batallas.
Quien fuera entonces Fuego la miró sorprendida dejando ver sus ojos azul celestes. Todavía no comprendía cual era la razón para despertarlas, todas merecían descansar, habían sufrido demasiado, tanto en su vida como en sus batallas… por sobre todas las cosas en su última batalla.
—Que se haga su voluntad Virgen Escriba —dijo ella mientras tomaba la daga y escondía sus manos de las que brotaban chispas de fuego y algunos mechones de su cabello se hacían más rojizos, simulando se pequeñas llamas de fuego.
La Virgen Escriba observó a la otra guerrera y habló:
—Acércate Tierra —susurró.
Una joven de casi un metro noventa se acercó con paso seguro, su cabello era rubio con reflejos castaños, las suaves hebras se ondulaban en las puntas, su piel era blanca, etérea. La figura delgada y de suaves curvas. Fijó los ojos azul verdosos en la virgen escriba y dijo con voz profunda:
—Que se cumpla tu voluntad Virgen Escriba —con voz cargada de rencor, el suelo vibró mientras hablaba.
—Tu nombre en esta era será Raysa —la joven asintió, tomó su antigua daga y retrocedió y a pesar que sus ojos se oscurecieron hasta adquirir un tono marrón oscuro y despedían chispas de furia, el suelo dejó de vibrar.
La mirada de la Virgen Escriba pasó de la magnifica guerrera a su compañera.
—Es tu turno Aire, da un paso hacia mí.
La guerrera la miró con desconfianza recordando tiempos pasados.
Se la veía segura en su metro setenta y cinco, aunque era una de las mas pequeñas entre las guerreras, era tan letal como sus hermanas… algo que jamás se debía olvidar.
Se acercó a la Virgen Escriba e hizo una reverencia, su mirada azul chocó con la de ella. A diferencia de sus hermanas su cuerpo era etéreo, ágil, con unas piernas esbeltas y suaves a la vista, que acompañaba con una cabella negra larga rizada, que en ese momento lo llevaba recogido en una cola de caballo. Su piel era blanca como el marfil.
—Desde hoy tú te llamaras Kytara.
La guerrera arqueó una ceja, algo característico en ella, y dijo:
—Que sea su voluntad.
Habló mirándola directamente a los ojos y realizando una suave reverencia, tomó su daga, ocultando la rabia que sentía.
La virgen Escriba sintió la necesidad de bajar la vista y ansias de retirarse de la habitación, pero aún faltaba una guerrera y muchas cosas que discutir:
—Acércate a mi Agua…
Una joven de aproximadamente un metro sesenta se acercó a la Virgen Escriba.
Su largo cabello, negro como la noche y rizos perfectamente armados le acariciaba la espalda. Lo llevaba suelto apenas sujeto con una cinta. Su piel igual de blanca y tersa, sin marcas como la de sus compañeras.
Al igual que sus antecesoras fijó la mirada en la Virgen Escriba mientras se inclinaba en una reverencia, sus ojos grises destilaban rencor.
—Desde hoy te llamaras Nessa.
—Como dijeron mis hermanas… que sea tu voluntad —murmuró solemne y al igual que sus hermanas tomo su antigua daga, mientras se incorporaba y se unía a sus compañeras.
Una vez que las cuatro mujeres recibieron sus nombres nuevos y sus armas, la Virgen Escriba caminó hacia una ventana con paso ágil, su mirada vagó por el paisaje desabrido que se observaba desde la ventana
—Guerreras, fueron sacadas de su sueño porque ha llegado la hora de cumplir el destino para el que fueron creadas.
Por un segundo se quedó pensativa, o quizás reflexionaba sobre lo que acaba de hacer.
—Han estado dormidas por cinco siglos, nuestros enemigos se han hecho fuertes, las cosas han cambiado mucho, deberán aprender a usar las armas de esta época, de lo contrario serán blancos fáciles para ellos.
Algo que realmente dudaba al mirar a las guerreras, si alguien siquiera pensaba que por ser mujeres no podrían librar batalla… entonces las estaría subestimando enormemente. A simple vista era sumamente hermosas y de cuerpos esbeltos y ágiles. Cualquier macho caería rendido sus pies, eran simplemente perfectas físicamente.
—Además las costumbres… han cambiado bastante.
La Virgen Escriba deambuló por la habitación, dudaba en contarles toda la verdad.
—No pelearan solas, eso debo advertirles desde ahora… Sé que siempre lo hicieron, pero los tiempos para nuestra raza como les he dicho han cambiado.
La profunda voz de una de las Guerreras resonó en toda la habitación
—Todo muy bello hasta ahora… pero ¿cuál es la verdadera razón? —Dijo la que antes se había llamado Fuego—. Porque particularmente no quiero pensar que la razón por la cual nos despertaste es continuar peleando, ¿no crees que lo hicimos durante mucho tiempo? ¿Qué tal vez merecemos no participar? ¿Qué podríamos estar cansadas de tanta sangre, de tanta lucha?
—Los Guerreros de la Hermandad necesitan ayuda. Un nuevo poder ha despertado y ustedes deben ayudarlos a librar batalla, son las únicas que pueden ayudarnos, a todos, no solo a la Hermandad, sino a toda la raza….
—Nunca peleamos junto a un hombre —retrucó quién en otra vida había sido Tierra, apretando los puños en forma inconsciente.
—Todas pensamos de la misma manera con respecto a eso —dijo Nessa, muy seria—. Creo que los Guerreros seguramente son muy fuertes como para necesitar de nosotras. Ellos son hombres, ¿no fue esa la causa por la que nos sumergieron en este sueño? —recordó.
—Además de tercos y machistas —dijo Leliel mientras comenzaba a jugar con una pequeña llama que iba de una mano a la otra.
—Estoy de acuerdo con mis hermanas —dijo a la que se había llamado Aire y ahora había sido bendecida como Kytara, mientras apagaba la pequeña llama en la mano de su hermana y recibía una dura mirada a cambio.
—Jamás permitirán que nos unamos a ellos Virgen Escriba, y nosotras tampoco deseamos hacerlo —puntualizó Tierra.
—No nos interesa —continuó Agua.
—¡Basta! —dijo con un tono elevado de voz la Virgen Escriba, sabía muy bien donde iba a terminar todo—. No les pedí su opinión, jamás deben cuestionar mis órdenes y si lo hacen ya saben que serán castigadas, hasta este momento he sido paciente y permití faltas de respeto hacia mí que nadie ha tenido antes. No quiero sus opiniones en esto.
—Nunca lo hiciste, ¿para qué comenzar ahora, no? —dijo Fuego desafiante, respuesta que se ganó sonrisas satisfechas de las demás guerreras.
—Como les decía, antes de que me interrumpieran… —dijo mirando a Fuego directamente quién la enfrentó sin bajar la mirada—. Un nuevo poder ha despertado y los Hermanos solos no lo pueden manejar. El Omega se ha hecho más fuerte, por lo tanto los lessers también. Ahora han optado por atacar a los humanos para tratar provocar a la Hermandad y ellos sufrieron la pérdida de varios miembros, además de estar débiles y separados luego de la muerte de Darius, a lo que le sumamos la desaparición de Thor por la muerte de su Shellan, quién estaba esperando un hijo.
—O sea que además de tener que entrenarnos y aprender también debemos jugar a ser niñeras y cuidadoras —inquirió Nessa, incrédula, mirando a sus hermanas.
—Imposible Virgen Escriba, nada de niñeras, ni cosas que se le parezcan —habló firme y segura Leliel.
—¡Es lo último que nos falta! —replicó Kytara caminando de un lado a otro.
—Lo que me hace dar cuenta que además eso implicaría que debemos estar en el mismo lugar ¿no? —preguntó Raysa.
—¿Por favor me vuelven a dormir? —Kytara levantó una ceja con ironía.
—No, no y no… conmigo no cuenten, espero el castigo que tengas pensado para los desertores —Leliel se unía a Kytara—. Bastante de hombres tuve en mi pasado… —dijo Leliel sentándose en el suelo.
—Ni que lo digas —acompañó Raysa.
—¿Ellos quieren nuestra ayuda? —preguntó Nessa, a lo que todas miraron expectantes a la Virgen Escriba.
—Ellos no saben de su existencia —dijo casi susurrando.
El silencio se hizo eterno en la habitación.
—Como es posible eso, siglos de batallas y ¿no saben de nosotras? —preguntó decepcionada Raysa.
—¿Jamás fueron narradas nuestras hazañas, nuestras peleas? —preguntó furiosa Kytara.
—Perfecto… además tendremos que escucharlos chillar cuando sepan que un par de mujercitas los van a ayudar, sin saber que nosotras peleamos desde mucho antes que ellos —habló Leliel mientras se despeinaba a modo de frustración.
—¿Alguna otra buena nueva que tengas? —preguntó Nessa frustrada.
—Creo que definitivamente no quiero participar de esto —siguió lamentándose Raysa.
—Sangramos por nada, sufrimos por nada… Yo me voy —Kytara se encaminó hacia la puerta.
La Virgen Escriba la transportó nuevamente a su lugar con un movimiento de la mano.
—Sigo pensando, ¿cómo nos presentaras a los hermanos si ni siquiera saben quienes somos Virgen Escriba? ¿Nadie nos conoce, nadie sabe de nuestra existencia? —cuestionó Raysa, mientras ayudaba a recomponerse a Kytara.
—Estoy totalmente de acuerdo —dijo Kytara mirando a sus hermanas.
—¿Qué es lo que está sucediendo en esta época tan terrible para que nos despiertes, para que nos vuelvas a la vida y decidas unir nuestro poder a la hermandad? —indagó Raysa que comenzaba a ponerse nerviosa y eso no era bueno.
La Virgen Escriba lo meditó por un largo tiempo.
—Una cosa por vez. La presentación va a ser simple, les contaré la historia y tendrán que aceptarla, al igual que ustedes, por más que cuestionen lo que hago, ya es una decisión tomada —miró a cada una de las jóvenes mujeres—. Porque la situación es simple, la raza necesita del valor y la fuerza que ustedes tienen, la Hermandad por sí sola ya no nos puede proteger. Simplemente eso.
Leliel comenzó a aplaudir.
—Mis siglos de experiencia me dicen que hay algo detrás de todo esto, pero lo voy a dejar pasar, me criaron para esto y no voy a poner resistencia más tiempo.
—Una buena pelea siempre será bienvenida por mí —dijo alegre Raysa al imaginar lo que les esperaba.
—Seguimos teniendo muchas cosas que poner en claro Virgen Escriba, pero ahora no es momento… aún —agregó Nessa.
—Es hora, mis guerreras, de que conozcan a sus pares en esta lucha, pero antes dejenme aclararles que ustedes y solo ustedes tendrán la libertad de venir al Fade sin el ritual —finalizó la Virgen Escriba, sonriendo.
Las cosas resultaron más sencillas de lo que pensó.


Gise

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #1 on: Mayo 07, 2009, 04:24:14 pm »
CAPÍTULO 1

La Hermandad se encontraba reunida en el gran salón a pedido de la Virgen Escriba.
Todos se encontraban ansiosos, expectantes, ninguno de los duros guerreros sabía el por qué de esta reunión y más aún por qué la Virgen Escriba visitaría la mansión. Cuando dieron las doce de la noche una luz cegadora invadió la sala, para luego dejar ver cinco siluetas femeninas.
—Buenas noches, Guerreros —dijo con voz profunda la Virgen Escriba.
—Buenas noches, Virgen Escriba —se escucharon varias voces masculinas, las emociones variaban entre el desconcierto, la incertidumbre, el descontento.
Los Hermanos se arrodillaron e inclinaron la cabeza en muestra de respeto, pero aun así se notaba su curiosidad.
La tensión era palpable en el ambiente, y ella se sintió satisfecha con que fuera así.
—Seguramente se preguntaran a qué he venido y por qué la urgencia de la cita —dijo observándolos cuidadosamente—. Bien, hace muchos siglos atrás, cuando sus padres eran aún niños, hubo cuatro guerreros…
Ella hizo una pausa y observó a las mujeres que la acompañaban.
—Eran otros tiempos y también otros métodos de lucha, eran guerreros de la sangre más pura que la Hermandad alguna vez haya tenido. Pero estos guerreros tenían una particularidad… eran mujeres —los observó divertida cuando vio la cara de asombro de todos ellos.
—Perdón… ¿entendí bien? —Preguntó Butch a Vishous, que estaba a su lado—. Dijo mujeres ¿no? —continuó divertido.
—Idiota —susurró Nessa para sus hermanas, las cuales tuvieron que resistir el impulso de echarse a reír.
—Ni siquiera es de sangre pura, es un mestizo —murmuró Raysa mirándolo fijamente.
—¿Tienes algún problema con las mujeres, híbrido? —dijo Kytara con sorna.
—Suficiente —dijo la Virgen Escriba—. Como les decía, estas mujeres fueron la primer camada de Guerreros que hubo. Ninguna de las hembras que escogí para dar a luz a mis guerreros pudieron tener machos, todas tuvieron una hembra, por lo que tuvimos que entrenarlas y ellas se encargaron de luchar contra nuestros enemigos y defender nuestra raza hasta que la siguiente camada de machos nació.
—Es decir, pequeñines, que luchamos desde antes que nacieran siquiera —dijo con sorna Raysa.
—Por lo que veo los machos no llegaron todavía —murmuró Kytara.
—¿Y donde están escritas esas leyendas, "guerrera", que narran sus batallas? —preguntó despectivamente Rhage.
—Jamás hemos oído nada acerca de ellas —dijo Wrath—. Nunca en todo este tiempo oímos hablar de alguna de ustedes —finalizó desconfiado.
—Porque no hayan oído nada acerca de algo no significa que no exista —dijo Leliel divertida—. Supongo que su virilidad debe estar herida, pero tranquilos, sólo les patearemos el culo, a su amigo lo vamos a dejar intacto —dijo guiñándoles el ojo, momentos antes que las carcajadas femeninas resonaron en la sala.
—Hermanas, ¿estarán a nuestra altura? —dijo Kytara sonriéndole a Butch, prometiéndole el honor de patear su trasero.
—Pues me gustaría hacerle conocer algunas cosas a aquel que nunca oyó de nuestras historias —le dijo Raysa a sus hermanas.
La Virgen Escriba negó la cabeza en forma de resignación.
—Bien, van a tener que aprender a convivir, ustedes se van a encargar de enseñarles como usar las armas nuevas, ellas les corregirán algunas técnicas de lucha y les mostrarán algunos métodos, por decirlo así, que utilizaban en sus batallas. Los necesito unidos. Y por favor no se maten, la raza necesita a todos sus guerreros —dijo con severidad antes de desaparecer de la habitación.
Las jóvenes mujeres se tensaron al quedar frente a los guerreros. Quizas su apariencia era de simples hembras, pero cada una sabía como matar a alguien con el simple hecho de pensarlo. Las cuatro se colocaron en posición de pelea, mientras miraban con desconfianza y desafío a los machos que estaban en el cuarto.
Les harían tragar cada una de las palabras de burla que recibieron. Sus cuerpos podían no mostrar las marcas de esas batallas, sus corazones quizás estaban más marcados, sus mentes plagadas de recuerdos de las sangrientas luchas, pero no podían verlo.
Zsadist las miró cansado y sin el menor interés.
—Buenas noches —dijo, desapareciendo por uno de los pasillos.
Leliel negó con la cabeza.
—Me encantaría quedarme a patearles el culo, pero en estos momentos muero por salir a buscar algo más entretenido. Me apetece algo de alcohol en las venas. ¿Quién se une? —preguntó mientras conjuraba un pantalón de cuero bordó que destacaba sus largas y musculosas piernas que a pesar del trabajo físico no dejaba de ser muy sensual y llamativas, un top del mismo color que dejaba ver sus abdominales trabajados y marcados por los entrenamientos y unos borcegos en sus pies—. ¡Ops! Lo olvide —dijo haciendo aparecer unos guantes largos que cubrían sus manos y casi completamente su brazo.
—Yo te sigo, hermana —dijo Raysa, mientras su ropa cambiaba de la simple túnica a un pantalón de cuero color tierra que se pegaba como una segunda piel a sus infinitas piernas, un corset negro que se ajustaba a su cuerpo destacando su pequeña cintura además de un largo abrigo del mismo color que el pantalón y botas tipo motorista, se aseguró de tener su daga y se colocó al lado de Leliel.
—Vamos, quedaremos para más tarde, hay un mundo nuevo por explorar —dijo Kytara mientras reía.
Ella había optado por un pantalón de cuero negro y un top blanco con la leyenda "¿Jugamos?", una chaqueta de cuero negra, unas botas de caña alta negras hasta la rodilla de taco aguja, y llevaba la daga de su difunto padre, junto a la daga que le fue devuelta ese día. Kytara se concentró buscando un portal en el tiempo para poder viajar. El aire, su poder, lo sintió correr por sus venas ayudándola a buscar el destino elegido esta noche por las cuatro guerreras.
Nessa cambió su túnica por un pantalón de cuero negro, una musculosa roja y un largo abrigo negro. En sus pies, unas cómodas y sencillas guillerminas negras.
—Yo voto por un buen trozo de chocolate —miró a uno de los hermanos—. Sigue existiendo, ¿no? —preguntó mientras se colocaba la daga a un lado de la cadera.
—Chicas tengo ganas de sacudir la tierra —dijo Raysa frotándose las manos y mirando a sus hermanas.
Los guerreros las escuchaban hablar y no comprendían nada. No les cabía en la cabeza que hasta hace unos minutos tenían serios problemas para convivir entre ellos y a eso ahora debían agregar la carga de cuatro mujeres que no paraban de parlotear.
—Voto por transportarnos, chicas —dijo Nessa.
—¿A qué lugar podemos ir a quitarnos la tensión muchachos? —preguntó Raysa mirando en dirección a los machos.
Nessa giró hacia los hombres que todavía no decían una sola palabra
—Vaya… ¿ya se quedaron mudos? —preguntó.
Leliel negó con la cabeza resignada a una inevitable presentación.
—Supongo que vamos a vivir juntos un tiempo, ¿verdad? Soy Fuego… Perdón, Leliel y aquél que quiera dar una buena pelea, bien recibida será… Bueno, no vamos a entrar en detalles, lo odio —dijo divertida mientras se revolvía su cabello el cual cambiaba del rubio a rojo furia, en muestra de nerviosismo dejándolo despeinado.
—¿Tenemos que hacer esto ahora? —preguntó Raysa mientras se acercaba a regañadientes.
—¿Entonces los modales antes que todo, Leliel? —comentó Kytara levantando la ceja izquierda.
—Digamos que sería lo ideal. Creo que debemos demostrar y hacer honor a la educación que nos dieron —dijo un poco regañándolas.
—Demonios —protestó Raysa acercándose a Leliel y Kytara.
—Odio cuando se pone así —protestó Kytara—. Pero tiene razón.
Nessa refunfuñó.
—A mi no me la dieron —dijo cruzada de brazos.
—Y a mi me maldijeron, me abandonaron a la buena de Dios y no me quejo —retrucó Leliel con un poco de rencor y tristeza.
Raysa sacudió la cabeza y el largo cabello rubio acarició su espalda.
—De los míos no puedo quejarme ya que los asesinaron los malditos lessers y antes de eso siempre estuvieron para mí —soltó la joven.
Kytara retiró la mirada de Leliel. Por un segundo recordó a sus amados padres y lo feliz que fue en otros tiempos, o mejor dicho, en otra vida.
—Está bien. Yo soy Kytara y amo el aire —dijo mientras soltaba una risita.
Las hermanas la miraron como diciendo “no causa gracia”.
—Lo siento, no tengo problemas en aprender y trabajar con ustedes, pero sigo pensando que no los necesitamos.
—Soy Tierra, pero pueden llamarme Raysa si lo prefieren. Nací para luchar, me criaron para ello, no conozco otra cosa además de eso desde que mis padres murieron, pero también amo divertirme con mis hermanas. Lo único que jamás deben hacer si aprecian su vida es dañar a alguna de ellas, ni siquiera con el pensamiento. Créanme, no quieren verme enfadada.
La guerrera los miró a todos, uno a uno
—Soy Nessa, en el pasado fui conocida como Agua. Como ellas, nací y crecí con el único propósito de patear los traseros de nuestros enemigos. No me agrada esta situación más de lo que les gusta a ustedes pero como verán, no tenemos otra opción y mientras más rápido lo aceptemos todos mejor —finalizó mirando a sus hermanas.
Uno de los hombres más altos emergió entre los demás, su voz profunda resonó en la sala. Por lo que las guerreras enmudecieron al escucharlo.
Medía un metro noventa y cinco de puro terror ves¬tido de cuero. A diferencia de los demás hermanos, sus ojos estaban cubiertos por unos lentes oscuros.
—¿Cómo esperan que ante semejante despliegue podamos tomarlas en serio? Jamás se nos cruzó por la cabeza pelear al lado de unas hembras —finalizó profundamente—. Esto va en contra de todo lo que siempre conocimos.
—Lamentamos mucho haber herido tu hombría. Pensé que la raza había avanzado algo luego de tantos siglos —dijo Leliel, mirándolo incrédula.
—Creo que la situación ya es complicada Wrath, ¿no crees que deberíamos calmarnos un poco? ¿Por qué no nos presentamos? —dijo suavemente uno de los machos, sumamente atractivo y de cabello rubio.
—Bueno soy Butch, conocido por la hermandad con el nombre de Poli —miraba a la pequeña de cabellos negros y mirada azul cristal, que en ese momento curvó sus gruesos labios en una pequeña sonrisa burlona que él con todo el honor borraría de esa apetitosa boca—. Soy un híbrido, como dijeron por ahí, recientemente fui aceptado en la Hermandad y anteriormente fui oficial de policía, mejor dicho detective de homicidios y no tengo ningún problema en ayudarlas para lo que sea —esto último lo dijo clavando la mirada en Kytara.
El gigante rubio y de facciones perfectas volvió a hablar, con voz suave y una mirada pícara que posó en cada una de las guerreras, deteniéndose a observar el cuerpo de Leliel quién lo desafió con la mirada y dijo:
—Mi nombre, hermosas hembras, es Rhage. Yo puedo ayudarlas igual que mi compañero Butch en lo que necesiten. Es más, cada vez me agrada más la idea de que entrenemos juntos —dijo con una enorme sonrisa en los perfectos labios, y dio un paso atrás. Sin quitar la vista de Leliel.
Otro de los hermanos se acercó, era diferente a los anteriores.
Las guerreras pudieron notarlo, rengueaba de forma casi imperceptible y su cabello era largo de un color sumamente raro para ellas.
Pero lo que más las sorprendió fue la calma con que habló.
—Mi nombre es Phury y quién salió hace un momento es mi gemelo, Zsadist. Les ruego que tengan paciencia con él, o quizás sea mejor que lo eviten —dijo con un dejo de vergüenza—. Mis servicios para su entrenamiento están a su disposición.
Un gigante de cabello color azabache y de aproximadamente dos metros dio un paso adelante, con una mirada penetrante con la que trataba de intimidar a las guerreras, las observó en detalle a cada una.
Traía un guante en una de sus manos y su tono de voz fue cortante:
—Mi nombre es Vishous y sinceramente —volvió a recorrer con la vista a cada una de las mujeres—, no creo que sea de su agrado que pase mucho tiempo cerca de ustedes. Si quieren saber sobre la tecnología de esta época, sí pueden buscarme —dijo mientras retrocedía.
Los hermanos se separaron dando paso al ultimo macho que faltaba presentar, todas notaron el respeto que inspiraba al grupo de guerreros.
Inconscientemente, las mujeres se acercaron entre sí, como si se prepararan para batallar contra ellos.
—Creo que ya he dejado en claro mi punto de vista con respecto a esto, pero por respeto a mis hermanos y como una de ustedes dijo por respeto a la educación que mis padres llegaron a darme voy a presentarme —dijo con voz profunda semejante a un gruñido—. Mi nombre es Wrath, y mientras no nos compliquen las cosas, serán bienvenidas, de lo contrario pueden volver por donde vinieron. No estoy seguro que sea la situación más adecuada para todos, este siempre ha sido el refugio de la Hermandad y jamás ninguna hembra ha vivido aquí y mucho menos entrenado con nosotros, por lo que debería reunirme con su líder y hablar sobre los entrenamientos —dijo fijando la vista en una de las mujeres rubias, que se destacaba sin quererlo al ser la más alta.
Las guerreras se miraron entre sí y sonrieron:
—Cielo, somos hermanas —dijo firmemente Raysa—. Ninguna es líder, somos iguales.
—Somos un equipo y juntas actuamos muy bien. Sólo enséñanos lo que tengamos que saber y mucho antes de lo que piensan nos habremos ido —dijo Leliel fría y con postura firme—. Sabemos cuando no somos bienvenidas en un lugar —culminó la frase para luego salir de la habitación en largas zancadas y con paso firme.
Las demás mujeres se miraron y se encaminaron hacia la puerta, Raysa al pasar junto a Wrath se acercó imperceptiblemente a él y susurró:
—Cielo, no sabes a quién te has echado de enemiga —dijo sonriendo y saliendo de la habitación con paso felino.
Las cuatro caminaban decididas hacia la puerta de salida, en el preciso momento en que Leliel iba a abrirla se escuchó una suave voz y todas giraron, alertas.
—Disculpen señoritas —dijo un hombre mayor de aspecto servicial—, mi nombre es Fritz y luego de escuchar la conversación me tomé el atrevimiento de prepararles sus habitaciones. La Virgen Escriba me dejó ropa para cada una. Si desean pueden seguirme para que les muestre donde dormirán.
Las jóvenes se miraron entre sí y luego siguieron al anciano sin dudar escaleras arriba, olvidándose de la salida que habían estado planeando hasta hace unos instantes. Mientras recorrían los pasillos se asombraron con la bella decoración del lugar.
—Me tomé la libertad de prepararles habitaciones separadas, imaginé que querrían mantener su privacidad —les informó el mayordomo, un tanto dudoso.
—Está bien, muchas gracias —dijo Kytara sonriéndole y palmeándole la espalda.
—Son habitaciones distintas pero están cercanas. Los dormitorios de los amos están al final del corredor, salvo por el del amo Wrath, que está abajo.
—Es usted la persona más amable con la que he tratado hasta ahora, muchas gracias —dijo Raysa colocándose al lado del hombre.
Nessa lanzó una breve carcajada.
—Raysa, es la única persona amable con la que te has cruzado desde que despertaste.
—Definitivamente. Es que esos tipos se creen que porque nosotras vengamos a ayudar les van a crecer tetas o se les va a caer su amiguito —dijo refunfuñando Leliel—. Tremendos idiotas resultaron los Guerreros.
—No dejes que te pongan de mal humor, Lel —dijo Raysa—. Aunque tengo que reconocer dos cosas: Definitivamente quiero darle una paliza al creído de Wrath y segundo, admitámoslo, hermanitas… son tremendos ejemplares.
—¡Oh si!, tantos años sin ver un cuerpo y ellos están… mi dios… —dijo Kytara con las manos juntas sobre el pecho y haciendo ojitos.
Nessa comenzó a reírse.
—A ti cualquier ejemplar te viene bien.
Leliel negó.
—Yo por mi parte opto por seguir mi dieta, un buen saco de arena y soy feliz —hizo una pausa y miró a Raysa—. Creído o no, te gusta ese ejemplar.
—Ya quisiera que posara mis ojos sobre él. No podría conmigo, hermanita —agregó Raysa medio sonrojada—. Además Leliel, no creas que no me fijé en como te miraba uno de ellos, te clavó la vista desde que empezó a hablar. No recuerdo el nombre, Kytara ¿tú sí? Era el gigante rubio, el más alto…
—El amo Rhage —dijo Fritz divertido con la conversación de las chicas.
—Pues por mí que mire tranquilo, porque de querer tocar de esta damisela va a obtener patadas en el culo y una quemadura de tercer grado o morirá rostizado. —dijo con una sonrisa intentando disimular la angustia que le provocaba ser fuego
—Ay, hermanita —dijo Nessa—, nunca digas nunca. Por cierto, nos faltó conocer a uno.
—Seguro se trata del amo Zsadist, él prefiere evitar a la gente —dijo Fritz con un poco de tristeza.
—Creo que ese era el nombre —murmuró Nessa pensativa.
—Mejor las dejo para que vean sus habitaciones, espero que estén a gusto. Cualquier cosa que necesiten solo tienen que pedírmelo —dijo el mayordomo mientras se retiraba.
Cada muchacha entró en su habitación y todas quedaron estupefactas. Eran inmensas y finamente decoradas, con enormes camas y un montón de aparatos, que pronto preguntarían para qué servían.
Todas terminaron reuniéndose después de la inspección en el cuarto de Nessa, sentadas en el suelo contando los detalles y compartiendo sus opiniones de lo vivido hasta el momento.
Luego de un buen rato de conversación alguien llamó a la puerta:
—Disculpen, señoritas —dijo Fritz abriendo apenas la puerta—. El amo Wrath las quiere ver en su oficina.
Raysa bufó y murmuró algo inentendible.
Kytara sonrió y respondió:
—Bajaremos en un momento, pero sólo porque queremos hablar con él, no porque nos lo imponga.
Fritz se limitó a sonreírles y cerró la puerta.
—Bien, tenemos que tener una especie de plan o idea para que no nos agarren desprevenidas —dijo Nessa mientras caminaba de un lado a otro.
—Pues llevan la ventaja de conocer las armas de este tiempo —dijo Raysa—. Pero me resisto a que me mande alguno de ellos.
Leliel suspiró y se rascó la cabeza expresando su frustración.
—Otra no nos queda, hace mucho que no batallamos, chicas, y no sabemos en que situación estamos —hizo una pausa y frunció los labios—. Sólo necesitamos ayuda en armas y tecnología, ¿no es así?
—Así es —dijo Kytara.
—Bueno, hecho, no queremos que se metan en nuestro entrenamiento y nosotras no nos meteremos en el suyo. Que nos enseñen esas dos cosas y en menos de un mes estamos fuera de la casa —dijo Leliel muy segura.
—Hay un pequeño problema allí, hermana —le recordó Raysa—, la Virgen Escriba nos quiere luchando codo a codo.
Nessa asintió.
—Si, pero eso no significa que vivamos bajo el mismo techo —habló con una sonrisa triunfal.
—Es un punto que tendremos que aclarar con la Virgen Escriba, a mí tampoco me gusta la idea de que vivamos en el mismo lugar —dijo Kytara.
—Pues entonces, andando —dijo Leliel abriendo la puerta.


ale_itati

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #2 on: Mayo 07, 2009, 06:43:12 pm »
 emot024 Ojala que les guste es nuestro bebe emot033

vichyta

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #3 on: Mayo 07, 2009, 06:46:01 pm »

Que lindo, ya esta subido.
 emot027 emot027

Gracias por darnos el lugar.
 emot024

Gise

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #4 on: Mayo 07, 2009, 06:50:08 pm »
Yo también  emot040 y tengo unos nervios  emot025

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #5 on: Mayo 07, 2009, 07:30:48 pm »
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Chicas ya estoy enganchada  emot027 asiq vais a tener que aguantarme  :emot002:

Un placer leerlas  emot024

Para cuando el próximo capítulo???  :emot009:

Roz

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #6 on: Mayo 07, 2009, 11:15:55 pm »
No puedo creer que ya hayamos empezado a subirlo... ¡Que emoción!  :emot003: emot040

Gise

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche ( actualizado 11/05 )
« Respuesta #7 on: Mayo 11, 2009, 06:45:31 pm »
Acá les dejo un nuevo capitulo.  emot040

Espero que les guste.  emot024

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CAPÍTULO 2

La puerta del estudio se abrió de forma impetuosa, dando paso a las cuatro mujeres. Entraron en la habitación y se encontraron a un serio Wrath sentado tras un antiguo escritorio.
Con él se encontraba Phury, parado a su derecha, que se aclaró la garganta algo incómodo ante la entrada femenina. Le costaba digerir que tremendas hembras fueran guerreras. Aunque, mirándolas bien, se podía percibir el poder que emanaban de cada parte de sus cuerpos.
Los demás hermanos no habían querido participar de esta reunión. Todavía sentían rabia por la osadía de ellas, ya que no estaban acostumbrados a que las mujeres los insulten. A que nadie los insultara, de hecho.
Al verse analizada por los dos machos, Leliel juntó aire en sus pulmones, tanto como pudo, y luego habló:
—Con mis hermanas hemos llegado a la conclusión de que solamente necesitamos que nos pongan al día con la parte de tecnología y armas. El entrenamiento corre por cuenta nuestra. Me parece que es lo más correcto y así evitaríamos molestarlos en sus tareas.
—Creo recordar que la Virgen Escriba nos pidió que trabajemos juntos y eso vamos a hacer, “guerrera”—sentenció el vampiro de anteojos oscuros, imponiéndose ante las hembras—. No necesito decirles que no me agrada esta situación, pero si juntos podemos derrotar a los lessers, y si son tan buenas como dicen, no veo mayor inconveniente en lo que proponen, salvo por un pequeño detalle.
—¿Y cual es? —preguntó Kytara, totalmente enfurecida y empezando a perder la poca paciencia que le quedaba.
—Los entrenamientos los haremos por turnos, ni ustedes solas, ni nosotros solos.
—Se huele a kilómetros de distancia la incomodidad de ustedes —dijo Nessa que estaba recostada contra una pared—. Y por favor, no nos corras con eso de “si son tan buenas” porque nostras sabemos muy bien lo que rendimos, no nos hace falta alardear.
—Solo queremos saber de qué son capaces, y a qué atenernos en lo que respecta a sus métodos de lucha, ya que no manejan armas de fuego —puntualizó irónicamente Wrath.
—Pero sabemos manejar otras cosas que ustedes en su vida podrán siquiera intentar —dijo Leliel, usando el mismo tono que él.
—¿Para qué necesitamos armas cuando tenemos nuestros cuerpos? —dijo Kytara, mirando a los hermanos
—Porque los tiempos son otros, guerrera, y tendrán que aprender les guste o no —comentó Phury, un tanto molesto por la terquedad de las hembras.
Cuando Wrath lo convenció de participar en la reunión, no pensó que ellas se mantendrían en sus posturas caprichosas. Se había olvidado de que eran guerreras y que por sus venas corría la sangre más pura que había en la raza, a excepción de la de Wrath.
Un leve movimiento de una de ellas llamó su atención. En un momento, una de las guerreras rubias, la más alta, tenía una daga en la mano; y al siguiente, la había arrojado hacia una de sus compañeras.
La daga silbó en el aire deteniéndose a milímetros del rostro de Kytara, quién había detenido la trayectoria del arma y miraba enfadada a su compañera.
—Sabemos utilizar algunas armas —le dijo irónicamente Raysa y con un movimiento de la mano de Kytara, la daga volvió a su mano y la guardó en su abrigo nuevamente.
Phury y Wrath quedaron brevemente sin palabras, no la habían visto venir y eso hirió de cierta manera su orgullo.
—Bueno, señores guerreros, ¿ahora cómo sigue esto? —Preguntó la morena que estaba recostada contra la pared—. Tenemos un trabajo que cumplir y nos están retrasando —Nessa habló con tono de molestia y aburrimiento.
Wrath se aclaró la garganta, luego de meditar durante algunos segundos como iban a ser las cosas. Dejó caer la bomba.
—Del entrenamiento con las armas se hará cargo el hermano Phury aquí presente, y el instructor de tecnología será el hermano Vishous.
—Y el entrenamiento cuerpo a cuerpo será personal, uno de nosotros con una de ustedes. Ese será su instructor personal, se hará cargo de una exclusivamente —agregó Phury, quién de no ser porque las miradas no matan literalmente, habría sido fusilado en esa habitación en segundos.
—Ahora, debido a los roces que hay, hemos decidido que lo mejor será que la suerte lo decida, ya que ese instructor será responsable no solo de entrenarlas sino también de su conducta cuando nos encontremos fuera, en el campo de batalla —dijo Wrath, serio.
—Oh, fantástico —dijo Raysa con tono irónico—, chicas, tenemos niñeras.
Wrath resopló molesto y Phury se aclaró la garganta luego de que se le escapara una suave risita.
Una de las rubias se puso nerviosa y un calor comenzó a sentirse en el cuarto, era como si la chimenea cobrara vida, pero sin sus llamas.
Leliel negó con la cabeza.
—No me gusta la idea, no puedo estar en contacto con otra persona. Lo siento —dijo un tanto avergonzada escondiendo sus manos cubiertas, mientras llegaban a su mente los recuerdos de las quemaduras que le había provocado a todos los entrenadores que la Virgen Escriba le había asignado.
Luego del tercer entrenador, nadie más había querido ayudarla, todos tenían miedo de ser lastimados, o lo que era peor, de morir a causa de sus combustiones.
—Pues creo que podemos darle solución a ese problema, Leliel —dijo serio Phury, mientras buscaba la aprobación de Wrath, el cual le respondió con un leve movimiento de la cabeza—. Creo que Rhage es el instructor adecuado para ti. Él será responsable de todo lo que se relacione contigo.
—Ya dije que no. Y tengo mis razones —ella miró a sus hermanas en busca de apoyo—. Además, no creo conveniente que peleen cerca de mí, no los conozco y no me caen ni un poco bien, pero es lo mejor para ustedes si quieren seguir con vida.
Nessa se acercó a ella, pero se contuvo de tocarla. Eso le daría un aspecto débil a su hermana y sabía que luego Leliel se lo reprocharía. Sin mencionar que de acuerdo a la molestia o enojo del momento podría freírla ahí mismo.
—Creo que seria una buena opción de su parte hacerle caso en este detalle.
—No es para contrariarlas más, pero Rhage también es… digamos… especial. Por eso pensamos que es el mejor para ti, Leliel, y es un tema que no seguirá en discusión —dijo Wrath con voz firme—. Pues ahora deberíamos pensar en como elegir a los demás entrenadores.
—¿Por sorteo o tienes una mejor idea? –preguntó divertido Phury.
Era la primera vez en toda la noche que las jóvenes veían una sonrisa en los rostros duros de aquellos guerreros.
—¡Genial! —comentó Kytara—. ¿Ni siquiera en esto podemos dar nuestra opinión?
Phury la miró con una ceja arqueada.
—Bueno, ya que quieres opinar, te escuchamos. ¿Cómo crees que es mejor? —Hizo una pausa esperando una respuesta pero luego se arrepintió—Oh, espera, ya tengo una leve idea de quien puede entrenarte —dijo esto con una amplia sonrisa en el rostro—. Wrath, creo que nuestro Poli es el ganador indiscutido de esta pelea.
—Creo que tienes razón, Phury —dijo Wrath mirando a la guerrera que alzaba una de sus cejas en clara muestra de descontento—. Ahora ¿hay algo de lo que nos tengas que informar?
—Haber… no lo creo —dijo pensativa Kytara.
De repente al aire en la habitación se sintió pesado, las agujas del reloj de pie cada vez se movían más lentas, y por la ventana se podía apreciar que el viento se detenía. Mientras que los ojos de la guerrera cambiaban de color, iban del azul a un violeta tormentoso.
—Cualquiera me da lo mismo, todos los traseros son iguales cuando uno los va a patear —Kytara terminó esa frase y sus ojos volvieron a ser azules.
—Sigo manteniendo que este tema de instructores no sirve para nada, nosotras ya sabemos luchar y lo hacemos probablemente mejor que ustedes. Sólo necesitamos conocer las armas que son nuevas para nosotras —dijo con furia contenida Nessa, que ya estaba más que cansada de todo esto.
¿Quiénes se creían que eran para tratarlas como unas principiantes?
—Pues creo que tú serás bien difícil de tratar —murmuró Wrath volviendo la cabeza cuando vio que su hermano se había movido.
Phury se acercó a ella lentamente, midiéndola con la mirada. Esa guerrera era difícil y que mejor que un difícil para otro más difícil.
—No creo que ningún otro pueda hacerlo mejor… Guerrera, te has ganado a Zsadist —finalizó frente a Nessa un calmado Phury—Y que la Virgen Escriba tenga compasión de todos.
—¿Perdón? ¿Es que acaso se estaban rifando machos y no me enteré? —preguntó con sarcasmo.
—Así parece, hermana —comentó Leliel que estaba sentada en el suelo, cansada del pesado día que les estaba tocando y pensando en lo complicado que se pondría todo cuando comenzaran a entrenar.
El ambiente se puso pesado, un florero que estaba en la esquina de la habitación estallo y el agua instantáneamente se convirtió en miles de astillas congeladas que se dispararon por toda la habitación
—Nessa, acepta de una vez, no ganamos nada, salvo desperdiciar nuestros dones en una causa totalmente inútil —le murmuró Kytara tratando de calmar un poco a su hermana, la cual hizo caso con un leve movimiento de cabeza.
—Definitivamente no quiero oír lo que viene a continuación —dijo una despreocupada Raysa quién, para asombro de los machos, su cuerpo comenzó a desmaterializarse y formar una nube de tierra muy fina.
Las tres mujeres suspiraron resignadas cuando la vieron comenzar a desaparecer, sus pies ya no existían.
—No desaparezcas de nuevo —dijo dándole un codazo Kytara a Raysa—. Todas pasamos por esto, cuanto antes termine, mejor para todas.
Raysa solo suspiró cansada.
—Pues de todos ustedes muchachos y rudos guerreros —dijo irónica¬—, ¿el mundo de quien voy a sacudir? —finalizó mientras todos sentían el leve temblor del suelo y sus ojos se iba oscureciendo a medida que aumentaba su poder.
—El mío, guerrera —contestó antes de poder contener sus palabras un sorprendido Wrath.
Eso si que no se lo había visto venir, él pensaba que la que decía llamarse Raysa era la más calmada, por ese motivo la había elegido, pero por lo visto no era así. Ahora no podía negar que tenía ganas de descubrir hasta donde llegaría y de lo que era capaz.
Todavía, en el fondo de su ser, se resistía a estas guerreras. Mejor dicho, a toda hembra.
—¿Y a qué se debe semejante honor? Me asombra esta decisión —puntualizó Raysa un tanto sorprendida, ya que no esperaba que ni siquiera se acercara a alguna de ellas.
Él se envolvió nuevamente en esa coraza fría y distante que era su mejor escudo.
—En que prefiero tenerte vigilada, no quiero que luego termines por provocar un desastre natural —dijo levantándose—. Entonces, puestas las cosas en claro, las libero. Luego de la Primera Comida comienza el entrenamiento. ¿Algún otro asunto más por tratar?
Las mujeres se miraron, pero decidieron callar, todavía no era tiempo de revelar los secretos que cada una de ellas portaba y no estaba claro aún si debían tratarlos como aliados o enemigos.
—Creo que ya ordenaron, perdón, dijeron todo lo que tenían que decir —dijo Nessa, que seguía molesta.
Se dieron vuelta y fueron saliendo de la habitación, pero Wrath alcanzo a oír antes que cerraran la puerta:
—No has visto nada aún, guerrero —murmuró suavemente Raysa.


Phury silbó por lo bajo cuando la puerta se cerró.
—Interesantes especímenes, ¿no? —Preguntó mientras prendía uno de sus cigarros.
Luego de momentos como estos los necesitaba desesperadamente.
Wrath se recostó pensativo en la silla.
—Van a traernos problemas, mi hermano, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de eso —dijo, y de repente antes de que pudiera evitarlo soltó la pregunta—. ¿Cómo es? —habló antes de darse cuenta lo que estaba diciendo.
Phury medio sonrió antes de devolver la respuesta.
—¿Como es quién Wrath? ¿Quieres que te cuente como son todas o solamente ella? —preguntó sabiendo que se arriesgaba terriblemente a ser pateado y muy fuerte.
Wrath negó con la cabeza, tratando de deshacer su error.
—Olvídalo, habría que llamar al resto para comunicarles las instrucciones —dijo intentando cambiar de tema.
—Está bien, ya les informo, pero déjame decirte algo antes, mi señor —le dijo Phury—. Son dos hembras morenas —le soltó—, dos de ellas tienen cabellos claros, pero Leliel parece que de acuerdo con el humor algunas mechas prende a rojo fuego. Una de ellas tiene la piel dorada, el resto son todas de piel blanca, hermosas mujeres. Nessa es la más baja, mide alrededor de uno sesenta, Kytara debe medir un metro setenta y Leliel ronda el metro ochenta y cinco. Sus cuerpos son delgados, pero sus ropas no logran ocultar su fuerza. Si pudieras ver sus ojos y las expresiones de sus caras combinadas… Son un poema para todo guerrero.
—Te dije que lo olvides —habló con tono alto, mostrando su molestia.
Mientras, en su mente intentaba imaginarla. Es una estupidez, se dijo mentalmente.
Phury soltó unos últimos datos con una sonrisa.
—Sabes, Wrath, ella es alta, casi tanto como tú. Y cuando se enfada sus ojos cambian de color.
En el preciso momento en que Wrath iba a regañar nuevamente a Phury, Vishous entró acompañado de Rhage y Butch.
Tendrían que esperar a Zsadist para soltar la noticia, que no iba a ser del agrado de los guerreros.
—¿De quién hablan? —preguntó Butch, observando a los dos hermanos con curiosidad al notar que callaron cuando ellos entraron.
—Tenemos algunas noticias —dijo Phury ignorando la pregunta del Poli—, pero tenemos que esperar a que llegue Zsadist.
Rhage se recostó sobre la pared y sacó una piruleta.
—Entonces podemos hablar. ¿Qué opinan de todo esto? —Miró a los hermanos y por las expresiones de sus rostros, todos pensaban igual.
—Pues todavía no me permití pensar realmente en lo que va a suponer tener a cuatro hembras dando vueltas por aquí, suficiente tenía con los muchachos de la escuela en el complejo durante sus clases —soltó Vishous, muy molesto con toda esta situación.
Wrath y Phury se miraron. Cuando supiera la noticia completa se largaría inmediatamente y no lo volverían a ver por unos cuantos siglos.
—Yo creo que es un dolor de huevos —dijo Butch caminando hacia el pequeño bar—. Y hablo tanto metafórica como literalmente —dijo mientras se servía un whisky.
Rhage soltó una sonora carcajada
—A mí no me molesta realmente, quiero ponerles las manos encima, en especial a la rubia alta. ¿Cómo se llamaba? —preguntó mirando a los hermanos.
Algo en la cabeza de Wrath se encendió. Mía, dijo instintivamente, poniéndose tenso y posesivo. Se sorprendió al encontrarse así, como si fuera un macho emparejado, tanto que Phury, viendo la reacción de su señor, tuvo que colocar la mano sobre su hombro y apretar fuerte para que no se lanzara contra su hermano.
Basta, se reprendió mentalmente. Esto se está saliendo de control, se recriminó con furia.
Entonces hizo su entrada silenciosa Zsadist y se marchó a su rincón preferido.
Phury los miró a todos y dijo:
—Viendo que estamos todos, nuestro señor les va a comunicar lo que se decidió y lo que las hembras opinaron. Son todo tuyos —dijo, agradecido de pasarle el mando de la situación.
Wrath giró hacia su hermano. Realmente se había librado de la situación y le dejaba la tarea más difícil a él.
—Bueno —suspiró, por algo lideraba la Hermandad, o mejor dicho, lo obligaban a liderarla—. Hermanos, como se podrán imaginar las cosas no fueron para nada fáciles y las hembras fueron huesos duros de roer —con tan solo recordarlo sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Al grano, Wrath —dijo Zsadist impaciente, desde donde se encontraba en la oscuridad.
Wrath lo miró molesto
—Zsadist tu tendrás tu tarea especial, y este aviso es para todos los que hayan sido elegidos.
—¿Hablas de haber sido elegidos por ellas? —Preguntó ilusionado Butch, tomando otro trago de whisky.
—Nadie te quiere más que yo, Poli —dijo Vishous divertido, palmeándole la espalda.
—Muérdeme, vampiro —respondió el Poli, gruñendo.
—Por favor, hermanos, escuchemos a Wrath, esto no es broma —les dijo serio Phury.
—Como decía, Z eres el entrenador de una de las hembras y tu deber será entrenarla en la lucha y…
—No —dijo Z, interrumpiéndolo de manera brusca—. Me importa una mierda tu linaje y quién cuernos seas, mi respuesta a eso es no.
—Lo mismo dijo ella —le contestó un muy molesto Wrath.
—Porque es una hembra inteligente —dijo Zsadist.
—Lo digo por una única vez, esto no está en discusión, cada hermano que tenga a una de las hembras a su cuidado deberá aceptarlo.
Zsadist lo miró enfadado
—Cómo si tú hubieras aceptado a una —soltó entre dientes.
—Y lo hice, Z —dijo con pesadez—. Desde este momento estas a cargo de Nessa, por ella responderás y te lo advierto, no quiero problemas.
Wrath miró a lo que creía era Z, y comprendió el enojo del hermano.
Él era el que más problemas tenía para relacionarse con los demás, y ahora estar a cargo de una hembra, que además era una guerrera, era demasiado. Solo rogaba a la Virgen Escriba que esto terminara bien.
Se frotó los ojos por debajo de los lentes oscuros y cuando quiso volver a hablar con Z, se dio cuenta que ya se había marchado, algo que era propio de él.
—¿Cómo fue la elección? —preguntó Butch ansioso, terminando su bebida.
—Yo propuse un sorteo y uno de los primeros favorecidos fuiste tú —dijo Phury.
—Bueno, no voy a discutir sobre eso. ¿A qué hembra "cuidaré"? —preguntó Butch.
—Es una de las morenas, se llama Kytara.
El rostro de Butch se volvió púrpura. La recordaba, era la que lo había llamado híbrido, y ahora estaba en sus manos. Todavía la podía ver como si estuviera en ese preciso momento frente a él, esa melena larga negra ondulada, que enmarcaba un rostro ovalado con unos enormes ojos azules, que tranquilamente harían que otro macho se perdieran en ellos. Labios gruesos que prometían horas de placer y ese cuerpo hecho para el pecado. En ese momento se juró que seria suya.
No podía ser más perfecto, le haría tragar toda esa soberbia y orgullo que tenía. Sobornaría a Fritz para que le dijera cual era su habitación y luego haría un buen uso del lanza—patatas. Vishous ya se estaba aburriendo de bombardear la habitación de Phury.
—Está bien, no tengo problemas, ¿ella ya lo sabe?
Phury miró a Wrath como tratando de ver de qué manera le iba a comunicar lo que la hembra había dicho.
—Sí y está conforme —dicho esto giró la vista hacia Vishous.
—Bueno. El poli y Z ocupados, yo no cuento ahí así que… —dijo Vishous con un tono jocoso que fue interrumpido por Wrath.
—Te equivocas en eso, hermano, tú te harás cargo de las clases de tecnología de las hembras —dijo a modo de regaño.
Vishous se sintió sumamente contrariado y molesto por la decisión del rey
—¿Tengo que hacerme cargo de las cuatro a la vez? ¿¡Estás loco!? —preguntó enfadado.
—Mide tus reacciones, V. Recuerdas con quién estas hablando, mi hermano —dijo Wrath contenidamente, pero con un deje oscuro en la voz.
Vishous asintió, sabía que con Wrath no se podía discutir cuando se encontraba de ese humor, tan cerca de estallar.
Para sentirse mejor, fulminó a Phury con la mirada, mientras pensaba en volver a destruir su ventana esa misma noche.
Rhage miró a Wrath con sospecha.
—Bien, acabas de nombrar a dos guerreras. ¿Quién se encarga de las que quedan? —preguntó un poco ansioso—. Porque me encantaría ser su entrenador.
—Entrenarás a la hembra rubia, Rhage, a la que llaman Leliel. Ella es algo especial, ya te darás cuenta porqué. No hay otro hermano mejor que tú para hacerte cargo de su entrenamiento —dijo con tono neutro Wrath.
Rhage enseguida recordó el rostro de la joven. Tenía facciones suaves y hermosas pero a su vez era dura y de apariencia fría. También recordó su cuerpo y tuvo una visión de sus largas piernas alrededor de sus caderas. Demonios, tenía que alejar esos pensamientos de su mente, él más que nadie sabía que estaba maldito. Tarea difícil le estaban encomendando, pero algo debía haber detrás de todo, tanto misterio sólo hacia que ansiara descubrir más de la guerrera.
—¿Y la otra guerrera? —preguntó con curiosidad Rhage.
Wrath gruñó por lo bajo. Sabía que debía controlarse, así que respiró profundo para luego hablar con la mayor de las calmas.
—Lo mejor será que sea entrenada por Wrath —culminó Phury—. Puede provocar un desastre natural en un abrir y cerrar de ojos y no podemos arriesgarnos a que se descontrole y terminemos todos expuestos —dijo sintiéndose mal por ser tan sincero.
Rhage miró a Wrath y Phury.
—Puede que tengan razón en eso, pero yo no preguntaba… —echó una mirada desconfiada al macho de lentes oscuros.
—No es necesario que desconfíes —dijo Wrath golpeando la mesa enojado—. Es puro interés por la Hermandad —pero su enojo no era por la desconfianza de su hermano, estaba molesto porque alguien tuviera interés por ella.
Mía. Otra vez esa palabra lo sorprendió.
Rhage se sorprendió por la reacción.
—Está bien, no iba a discutir para nada la elección de alumnas, estoy ansiando empezar el entrenamiento, ya que me asignaron a la guerrera que más me gusta —dijo sonriendo.
—No te hagas ilusiones, mi hermano, tú tienes una gran tarea por delante con esa guerrera ¬—aclaró Phury.
—¡Ja! Pues mejor para mí. ¡Menuda guerrera me ha tocado entrenar! La hubiera elegido a ella si hubiera tenido la oportunidad —dijo risueño mientras recreaba en su mente la imagen de Leliel.
—Hermanos, ya saben cuales son sus deberes desde este momento —dijo Phury intentado alivianar el ambiente—. Cada uno hablará con la hembra que sea de su responsabilidad y verán los horarios de entrenamientos. Vishous, encárgate de poner un horario para tus clases, y yo lo haré para las mías, que serán las de instrucción de armas.
—¿Alguien tiene alguna duda? —preguntó Wrath, más por compromiso que por interés.
Los hermanos se miraron unos a otros y hubo un coro de “No” en la habitación.
—Entonces nos veremos luego —soltó Wrath, cansado.
Todos salieron de la habitación, con más dudas que certezas, con más preguntas de lo normal y con algo mucho más preocupante: Con miedo a lo que el destino le tuviera preparado a cada uno de ellos.
Dentro del estudio el macho de lentes oscuros se recostó en la silla, pensativo. Todavía no le cabía en la cabeza como en tan solo unas horas todo su mundo había cambiado
A lo lejos se escuchó un trueno, un aviso de la tormenta que se avecinaba. Solo esperaba que la tormenta que comenzaba a vivir la Hermandad alguna vez tuviera fin. Algo que hoy realmente dudaba.


pauny

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Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #8 on: Mayo 12, 2009, 12:05:54 am »
 :emot018: :emot018: :emot018:

Me encanto el fic xD me tienen enganchada

Siganlo pronto que ya quiero leer los entrenamientos

 emot024 emot024

willow

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Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
« Respuesta #9 on: Mayo 12, 2009, 12:09:39 am »
 emot035 emot035 chicas esta definitvamente genial ya quiero mas jejeeje me encanta que ellas manejen los elementos muy al estilo de los Lord Storm pero con luz propia.
genial de verdad.
 emot024 emot024

Gise

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 11/05 )
« Respuesta #10 on: Mayo 16, 2009, 04:36:59 am »
Gracias Chicas por los comentarios!!!  emot024
Aquí les dejo dos capítulo mas.
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CAPÍTULO 3

Raysa bajaba completamente furiosa las escaleras.
Hacía unos minutos Fritz había ido a su habitación por segunda vez para decirle que bajara al estudio porque que al amo Wrath le urgía hablar con ella.
—No señor. Nada parecido a: “¿Puedes bajar por favor? ¿No es molestia que bajes? Necesito hablar contigo”. De eso nada. “Al amo le urge que baje a su oficina” —soltó por último imitando la voz nasal de Fritz.
No llevaban ni veinticuatro horas de convivencia y ya la había sacado de quicio completamente más de una vez y apenas estaba controlando sus poderes. ¡Maldición!
Ya frente a la puerta estuvo a punto de golpear, cuando sonrió pícara y la tensión desapareció junto con su cuerpo, que se desmaterializó y reapareció frente al escritorio de un sorprendido Wrath.
—Los modales son algo que todavía no logra despertarse, ¿verdad? —preguntó molesto Wrath.
—Perdón —dijo Raysa sin asomo de sentir realmente la disculpa—. Como necesitabas verme con tanta urgencia no quise hacerte esperar más —le soltó mientras se inclinaba sobre el escritorio.
—Quiero que hablemos respecto a los horarios de entrenamiento —dijo sentándose derecho—. Tengo muchas otras cosas de las cuales ocuparme —finalizó mientras llevaba a cabo una lucha interna para no cruzar el escritorio de un salto y tomarla allí mismo.
Raysa miró sorprendida al macho.
Podría jurar que sintió algo raro en él cuando le soltó la última frase.
Deben ser ideas tuyas, tonta, se dijo para sí misma.
—¿No son ustedes los que mandan y nosotras las que debemos obedecer, amo Wrath? —lo tentó irónica.
—Raysa, hay dos maneras de tratar el asunto, por las buenas o por la malas —dijo medio sonriendo—. Tú eliges —soltó desafiante, mirándola a los ojos, viendo como ella luchaba internamente por no sentirse pequeña ante su mirada penetrante a pesar de llevar lentes oscuros.
Media casi un metro noventa, seguramente era casi tan alta como él, pero sin embargo la hacía sentirse pequeña y odiaba eso.
—¿Qué propones? —dijo sentándose en el escritorio.
Wrath mostró una sonrisa triunfal, pero enseguida volvió a ser el guerrero letal que siempre era.
Pero se sentía extraño estando con ella, Raysa lo hacía sentir de una manera que ninguna otra hembra lo había echo sentir.
Sacudió la cabeza a modo de alejar sus pensamientos y concentrarse en la situación.
—Me gustaría saber cuáles son tus habilidades —declaró secamente mientras por su cabeza pasaban imágenes de ella en su cama, bajo su cuerpo, de él saboreando sus labios, su cuello, atrapándolo entre sus largas piernas.
Raysa lo miró y se paró bruscamente.
La había afectado demasiado verlo sonreír.
Además algo raro sucedía, sentía como si él estuviera soltando vibraciones muy raras.
Cada vez que se acercaba podía sentirlo. ¿Qué eran esas extrañas sensaciones? Venían de él, pero su cuerpo respondía de otra forma. ¿Qué rayos estaba pasándole?
¡Basta! Mantén la calma, se decía una y otra vez.
Sin embargo solo podía fijar la mirada en la boca masculina, en las enormes manos, si cerraba los ojos podía verlas recorriendo su cuerpo, acariciándola.
El piso se movió levemente y miró a Wrath enfadada.
Sus manos temblaban y trató de ocultarlas rápidamente antes de responder.
—En realidad tengo muchas habilidades, cielo, de verdad no sé por donde empezar —le dijo con una calma e ironía que estaba lejos de sentir.
—Quiero que aprendas a controlarlo —dijo enojado—. No quiero correr riesgos en medio de una batalla. No quiero que pase esto que está sucediendo ahora mismo —continuó—. Tu poder por algún motivo está fuera de control en este momento, ¿verdad? —finalizó enderezándose en la silla.
Ella se sobresaltó un poco ante la pregunta y por un momento se quedó sin saber qué responder. Entonces decidió llevar la conversación hacia otro lugar, uno donde sus sentimientos no estuvieran tan expuestos.
—Siempre tan correcto, siempre tan educado, siempre pensando en los demás. ¿Eres así realmente? Juraría que es una fachada, nadie puede ser tan serio, nadie puede mantener tanto tiempo un comportamiento así sin explotar y juraría que ya hay veces que simplemente quieres dejarte ir —dijo inclinándose nuevamente hacia él, mirándolo a la cara, buscando, insistiendo, tratando de encontrar un resquicio para poder descubrir las emociones del macho.
—Bajo mi responsabilidad está el que sobreviva o no una raza, son otros tiempos y te puedo decir que casi estamos cerca de la extinción. No tengo tiempo para juegos. No puedo darme el lujo de continuar con estas niñerías y tests de personalidad. Así que, ¿qué vas a hacer? —preguntó firme, serio y muy seguro de sí mismo—. Y por favor, no me juzgues sin siquiera conocerme. No sabes nada, absolutamente nada de mí.
—Tú lo hiciste conmigo, ¿por qué no debería hacer lo mismo? No sabes lo que pasé o lo que luché, no me conoces, pero de todas formas me juzgaste y te formaste una opinión solo porque soy una hembra. Te olvidas de que en mi época también pasamos tiempo difíciles y no había ningún macho allí que saliera a defendernos. Si la raza sobrevivió hasta ahora es gracias a mis hermanas y a mí. No te olvides de eso jamás —le gritó enfadada y dejando que el suelo vibrara cada vez más.
Wrath sentía que faltaba muy poco para que desatara totalmente su poder y necesitaba calmarla. Quería hacerlo, quería calmar el dolor de la hembra con sus caricias, con su cuerpo, hacerle olvidar todo lo que la lastimara, hasta que solo quedaran ellos dos.
—Entonces comencemos desde cero —dijo de la manera más suave que pudo, consciente más que nunca de lo que ella podía hacer.
—¿Me tienes miedo verdad? —Le dijo sonriendo, más tranquila—. Tienes miedo que dañe tu preciosa casa, a tus guerreros ideales…
—No, Raysa —la interrumpió.
Wrath se puso de pie y caminó hasta donde estaba ella.
—No te tengo miedo —dijo suavemente acariciando su mejilla y rozando suavemente sus labios, tan sorprendido como ella de estar teniendo un contacto tan íntimo como una caricia, gesto que nunca había compartido con nadie—. Sólo quiero un poco de paz —dijo esto último en un murmullo mientras se acercaba un poco más dejando sus bocas a escasos centímetros.
Sintiendo su aroma, tan suave y delicado, todo lo contrario a lo que esperaba de una hembra que había vivido casi toda su vida peleando.
Por un interminable momento se quedaron así.
Un aura de deseo los envolvía y se resistía a dejarlos ir.
Raysa jadeó sorprendida ante el contacto y se alejó como si la hubiera quemado.
Su rostro sentía aún el roce de los largos dedos, sus labios ardían pidiendo a gritos ser besados.
—No me pidas, guerrero, algo que jamás he conocido —le dijo con un susurro, se aclaró la garganta y más firme dijo—: Entrenaremos cuando me lo digas, elige los horarios. Esta vez ganaste, pero no te acostumbres, no suelo ceder tan fácilmente, Wrath.
—No es la idea —dijo despreocupado—. Luego del desayuno comenzaremos. Ahora puedes ir a descansar —dijo sin mirarla a la cara, mientras aprovechaba a observar lo ultimo que quedaba de la noche y tratar de descifrar lo que le pasaba realmente con esa hembra.
Raysa suspiró brevemente y antes de salir dijo:
—¿Wrath? Una cosa más.
—Te escucho —dijo mientras continuaba tercamente dándole la espalda.
No quería ver cuando se marchara, porque si se daba vuelta la atraería hacia sus brazos, y no la dejaría ir hasta que ambos estuvieran saciados por completo. Sentía como burbujeaba su sangre, quería beber de ella y que ella tomara de su vena, era un deseo tan primitivo que sacudió hasta lo más profundo de sus sentimientos.
Si Wrath hubiera prestado más atención habría notado el cambio en la voz de la hembra.
—Nunca más vuelvas a tocarme —dijo dolorida y desapareció de la habitación.
Wrath no sabía que le había pasado, jamás había actuado así con nadie. Abrió y cerró la mano, aún le ardía, aún tenia la sensación de la suave piel en contacto con la suya.
Maldición. Quitate la maldita hembra de la cabeza, estas destinado a otra cosa y ella jamás sería parte de tu mundo.
Si se dejaba llevar por impulsos tontos terminaría mal.
Definitivamente venían tiempos complicados, se dijo a sí mismo.


Leliel, no podía tener la cabeza tranquila desde que la Virgen Escriba la había despertado. Ni siquiera el baño la había calmado. Definitivamente, no iba a cambiar más. Siempre necesitaría de una buena pelea para calmarse.
Salió de la habitación, pasó frente a la habitación de Raysa y no la sintió en ella.
—Seguramente debe estar peleando —dijo divertida.
Pero toda diversión se esfumó cuando pasó por la habitación de Kytara. Podía sentir su angustia y tristeza.
Entonces le vino a la mente aquel día cuando tuvieron su primera batalla importante. Estaban las cuatro solas y se juraron salir vivas de todas las batallas que tuvieran que enfrentar.
Fue un juramento de sangre, un pacto, y mediante esa unión enlazaron sus vidas, lo que les permitía sentirse entre ellas, saber que le sucedía a cada una y si se encontraban en peligro. Estuvieran cerca o lejos, alguna de ellas, sino todas, acudirían en ayuda de la hermana que estuviera en dificultades.
Llamó a la puerta y luego entró.
—¿Qué haces despierta tan tarde? —dijo mientras se sentaba en un sillón.
Kytara se recostó en los almohadones que adornaban una enorme cama.
—No puedo dormir, es todo tan raro en esta época. ¿Por qué tenemos que aceptar órdenes de estos machos, Fuego?
—Supongo que las cosas no cambiaron mucho, recuerdo que antes ningún macho nos dirigía la palabra por creer que éramos extrañas —dijo mientras jugaba a hacer malabares con algunas llamas—. Es todo un logro que nos insultaran —dijo riéndose—. Aunque particularmente prefiero la indiferencia.
Aire le sonrió, era verdad. Recordaba como los machos en la antigüedad las miraban como si fueran bichos raros.
—Fuimos las primeras guerreras, las primeras en proteger nuestra raza. No éramos como las sumisas elegidas o las copetudas de la glymera.
—Por Dios —hizo una mueca de asco—. Eso jamás… Prefiero ser confundida con un macho a ser una hembra criada para solo traer hijos al mundo —había un halo de tristeza, sabía mejor que nadie lo maldita que estaba y se había jurado mucho tiempo atrás no engendrar hijos. Además de que jamás había tenido un celo y por lo tanto no creía que pudiera tenerlos, no quería pasar la maldición a alguien más—. No me imagino lo que será ahora mismo la glymera… y la cara que van a poner al vernos —dijo muy emocionada.
—En verdad, no me interesa, lo único que quiero es pelear, hace tiempo que dejé de ser uno de ellos. Recuerda que nos dieron la espalda cuando más los necesitamos —replicó con odio Aire.
Leliel asintió en forma distraída.
—¿Cómo será todo ahora mismo? —Preguntó mirando por la ventana.
—No lo sé, hermana, todo es tan distinto. ¿Y si cambiaron? —Miró hacia Fuego, esperando que esto fuera verdad.
—No lo creo —dijo Fuego, dándose vuelta para mirarla—. No lo creo. Ellos no nos aceptan, ¿qué nos queda esperar de la glymera o de lo que queda de nuestra raza? —Se contuvo de hacer un fogón en medio de la habitación—. ¿Para qué demonios nos despertó la Virgen Escriba? ¿No bastó con todo lo que nos jodieron en su entonces? —Dijo molesta caminando de un lado a otro.
—Eso es lo que más me molesta —comentó Aire levantándose de la cama—. Al fin y al cabo nos dijo: “Nuestra raza esta en peligro se las necesita. ¡¡¡Buuuu!!!” —imitándola con vos fantasmal y acompañando el comentario con un aire escalofriante que jugó con las cortinas de la ventana.
Leliel dejó escapar una carcajada.
—Bien, me voy. Tengo intenciones de buscar algo que golpear para no terminar incinerada. Es muy doloroso cuando me ocurre y lo que me consuela es que para los lessers que están a mi alrededor es mortal —dijo divertida, ocultando su molestia.
—Seguro, sobretodo para esos angelitos, que terminan como pollos chamuscados. Suerte, hermana, yo trataré de encontrar mi sueño —Kytara se rió—. Parece que cinco siglos no fueron suficientes.
—Hasta mañana —dijo mientras cerraba la puerta y se encaminaba por el pasillo en busca del gimnasio.
—Hasta luego —dijo Aire y fue corriendo hacia la puerta, abriéndola—. Y cualquier cosa solo llama… —pero Fuego ya había desaparecido.
Se dio la vuelta y regresó a la comodidad de la cama, tratando de encontrar la paz que le habían quitado.
Leliel llegó rápidamente al gimnasio.
—Me niego rotundamente a entrenar con otro hombre —decía mientras se desquitaba con un saco de arena.
Hacía más de media hora que estaba entrenando, o descargándose. Muchas imágenes de su pasado habían invadido su mente cuando apoyó la cabeza en la almohada y por más esfuerzo que hizo no logró dormirse. Así que luego de un buen rato de vagar por la habitación había salido en busca del gimnasio, pero antes se había entretenido con su hermana para luego seguir su camino.
No podía quitarse de la cabeza ni la imagen, ni las palabras de su último entrenador…

—¬Leliel, eres débil —dijo tirándola al suelo sin miramientos.
Llevaban más de una hora entrenando y ella sentía que pronto iba a desfallecer, lo cual era bueno porque hacia tiempo que lo esperaba.
—Así no podrás defender a nadie. Ahora entiendo por qué te abandonaron tus padres —dijo él mientras le asestaba golpe tras golpe.
Esas palabras habían hecho que ella hirviera de furia y con el simple roce de su mano, el vampiro estuvo envuelto en llamas.
—¡Bruja! ¡Maldita bruja! —Gritaba mientras se revolcaba por el suelo intentando apagar el fuego—. ¡Estás maldita! ¡Jamás nadie te va a ayudar! —dijo el vampiro antes de convertirse en cenizas.

No había sabido que hacer. Ese día se dio cuenta de que su maldición iba más allá de quemar a la gente si la tocaba cuando estaba enojada, también podría matar a alguien con tan solo el roce de su piel con la del otro. Al final sus padres habían hecho muy bien en abandonarla, no era un vampiro común, era un monstruo.
Leliel abrió grandes los ojos cuando llegó a esa conclusión, estaba sorprendida por lo que acababa de decirse a si misma: Era un monstruo. De repente el saco de arena fue envuelto por una llama ardiente y Leliel se quedó paralizada por el miedo.
—Tengo que salir de aquí —dijo en un susurro.

Hacía unos minutos que Rhage había entrado al gimnasio y estaba sorprendido por la escena con la que se había encontrado. Leliel estaba teniendo una dura pelea con el saco de arena y era perfectamente evidente que el saco llevaba todas las de perder. Le parecía admirable como se movía la hembra, tenía estilo, se dijo, era completamente letal en sus movimientos y aún así no perdía su femineidad y lo encontró sumamente excitante. Se paralizó por un instante y se sintió vulnerable ante esos pensamientos.
Leliel quedó sorprendida al ver ahí al macho que sería su entrenador. No le había prestado atención cuando la Virgen Escriba las dejó en la mansión. Debía admitir que el guerrero era pura belleza, por demás atractivo. Su cabello rubio estaba corto atrás y algo más largo al frente. Los ojos azules de mirada intensa podían dejar a cualquier mujer con las defensas bajas y mucho más sentirse intimidada ante su dos metros diez de altura.
Sacudió la cabeza intentado alejar todo pensamiento y volvió a esconder sus sentimientos bajo esa actitud agresiva y sarcástica que siempre mantuvo con extraños.
Rhage continuaba mirándola fijamente sin decir palabra.
—Discúlpame —dijo mientras señalaba con la mirada los restos del saco de arena que yacían en el suelo—. Definitivamente como podrás ver soy un peligro para ustedes. Pero no deben preocuparse, voy a marcharme de aquí. No tiene sentido alguno que ponga en peligro a todos —dijo tratando de no mirarlo.
—Tienes que aprender a controlarlo, de otra manera te puedes lastimar. Entiendo lo que te pasa más de lo que te imaginas. Digamos que convivo con algo similar todos los días, por eso consideraron que sería una buena idea que te entrenara —dijo mientras sacaba de un bolsillo un chupetín para llevárselo a la boca.
Leliel intentó no seguir el movimiento, pero el macho tenía unas manos hermosas, grandes, fuertes, de dedos largos y ágiles. La mirada femenina quedó momentáneamente fija en la boca de Rhage. Una boca que prometía besos ardientes, unos labios que le encantaría que se deslizaran por su cuerpo.
¿Que diablos me sucede?, se preguntó a sí misma, molesta por el rumbo que estaban tomando sus pensamientos. Jamás se había interesado por tener contacto con ningún macho, nunca se había sentido atraída, y menos aún con tanta fuerza.
—No necesito ayuda de nadie —habló con tono soberbio mientras trataba de borrar sus anteriores pensamientos—. Siempre me las pude apañar sola, por lo que no necesito de tu ayuda. Si pude sobrevivir durante mis días de batallas, creo que puedo hacerlo ahora mismo. Y no me digas que debo hacerlo porque la Virgen Escriba lo manda, porque me tiene sin cuidado lo que diga o deje de decir —Leliel se paró al lado de Rhage, y a pesar de que era alta, el guerrero lo era más—. Si me disculpas me voy a dormir, tanta plática sin sentido me agotó —intentó pasar rápidamente a su lado y salir, pero él fue más rápido. La tomó suavemente de la muñeca, que estaba cubierta por sus guantes, y se colocó frente a ella, intimidándola con su altura y su físico.
Leliel no había notado que la temperatura que hace minutos atrás iba a llevarla a convertirse en cenizas ahora había bajado considerablemente cuando tuvo contacto con Rhage.
Él también estaba sorprendido, no porque nunca hubiera tocado a una mujer, sino porque en su mente sola rondaba la frase “Quiero que seas mía”. La observó con una mirada hambrienta.
Rhage estiró la mano para acariciar la delicada piel de la guerrera. ¿Quién hubiera pensado que esa hembra había estado en cientos de batallas siglos atrás? Apretó fuerte los dientes al sentirla suave como la seda pero caliente como las brasas, y eso hizo que se preguntara si aquella temperatura sería normal en ella. Si todo su cuerpo sería igual de delicado y suave, y sin embargo, fuerte a la vez.
Se puso tenso de solo pensarlo. Sentía un deseo tan intenso que no podía ni quería aplacar de otra manera más que haciéndola suya.
Ninguno supo quién había dado el primer paso. Poco a poco fueron acortando distancias hasta que sus cuerpos estaban pegados, el cuerpo de Leliel era uno con el cuerpo de Rhage. Ninguno se dio cuenta de que la temperatura de la habitación había subido considerablemente, ni mucho menos que los cabellos de ella eran completamente rojos sin dejar rastros de su rubio original.
El guerrero inclinó la cabeza acercando su boca a la de la hembra sin detenerse hasta sentir el roce de sus labios.
Rhage cubrió con hambre y pasión la boca femenina, la devoraba como si fuera el manjar más exquisito.
Mordisqueó suavemente sus labios. La sintió jugar con su lengua. Dentro de sus bocas se desató una batalla por ganar territorio, ninguno de los dos dio tregua.
Leliel sintió que todo su cuerpo reaccionaba ante su primer beso. Por todos los cielos… ¡es mi primer beso!, se gritó mentalmente y él no estaba siendo carbonizado, ni estaba en llamas… ¿Por qué él?, se preguntó confundida.
Entonces se separó bruscamente.
Rhage notó como la confusión surcaba su rostro antes de que pudiera disimularlo.
¡Demonios!, se dijo. Estaba hermosa, si no la hubiera visto por sí mismo, hubiera pensado que era imposible que se viera más bella, pero mirándola ahora con las mejillas rosadas y los labios hinchados por su beso, la respiración acelerada…
Una sonora mano se estrelló en su rostro sacándolo sorpresivamente de sus cavilaciones, haciendo girar su rostro por la fuerza del golpe.
Enfocó la vista nuevamente en ella, que lo miraba fijamente.
Leliel estaba completamente confundida y asustada ante lo que había ocurrido recién. Ocultó esas emociones tan intensas dejando solo a la vista el enojo.
—Jamás vuelvas a tocarme —dijo furiosa, mientras sentía como de sus manos brotaban chispas de fuego a pesar de llevar los guantes como precaución.
Lo empujó hacia atrás y con ese toque le grabó una quemadura de alto grado en su pecho, y salió casi corriendo del gimnasio, dejando al macho totalmente confundido.
Rhage se miró el pecho, sorprendido por la herida causada. No era grave, en unas horas sería historia. Sacudió la cabeza sin terminar de comprender lo que había pasado.
Sacó un chupetín de su bolsillo y salió sonriente del lugar. Podía costarle mucho o poco pero aquella guerrera sería suya y de nadie más.
Él sería quien domaría a esa fiera.


Gise

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #11 on: Mayo 16, 2009, 06:34:39 am »
CAPÍTULO 4

—Que linda cama, cómoda y confortable —decía Kytara mientras saltaba en la cama como si tuviera diez años.
Un golpe ligero en la cabeza la hizo volver a lo único en que debía ocupar su mente en este momento: La nueva misión.
Por un lado se encontraba feliz por estar de nuevo con aquellas mujeres que había adoptado como sus hermanas, luego de que su familia fuera destrozada por el Omega.
Bajó lentamente de la cama y con pasos suaves caminó por la habitación.
Paró súbitamente y se plantó delante del enorme espejo de pie y forzó un reflejo suyo. Lamentablemente, ése era el único recuerdo que le quedaba de su madre. Kytara era un vivo retrato de ella, las facciones tan definidas, los rasgos tan bellos y amados… Tenía recuerdos felices.
El maldito desgraciado que la asesinó lo pagaría, se juró cumplir esa promesa.
Volvió lentamente a la cama, se arropó y trató de dormir.
Daba vueltas y vueltas sin lograr su cometido.
Haciendo a un lado las mantas y tras aceptar que no podría conciliar el sueño, decidió salir del cuarto y recorrer la mansión. Una buena caminata siempre la ayudaba a despejarse, mientras pensaba detenidamente sus pasos a seguir ante esta nueva situación.
Pasó frente a las habitaciones de sus compañeras y hermanas y bajó la escalera. Por lo que veía, a los miembros de la Hermandad les gustaba vivir bien, cada rincón de la mansión era un derroche de fortuna. Todavía no le gustaba estar allí, le asustaba el no poder definir si los machos eran amigos o enemigos.
Aunque desde que habían pisado la mansión sentía que no era bienvenida, estaban las reacciones de los machos y con ellas sólo podía llegar a la conclusión de que estaban más cerca de ser enemigos, porque nunca iban a poder aceptar que cuatro mujeres podían pelear a su lado como iguales.
Tanto caminó que no se dio cuenta que había llegado a la cocina.
Un trago de algo siempre es bienvenido y si contiene alcohol, mucho mejor, se dijo mentalmente.
Empujó la puerta y al levantar la vista, se encontró con la última persona que esperaba ver.
La inmensa figura masculina en la oscuridad era intimidante y la profunda voz resonó en la vacía habitación sobresaltándola aún más.
—¿Qué? ¿Acaso la gran guerrera es tan auto suficiente que no necesita descansar ni dormir? —dijo Butch en forma socarrona mientras masticaba con calma un sándwich.
La joven se acercó con paso lento y dijo en forma brusca mientras trataba de controlarse.
—¿No te enseñaron tus padres que no se habla con la boca llena?
Butch soltó una breve carcajada ante la infantil e inesperada pregunta.
Esta hembra se comportaba de manera juvenil y fresca, y eso le dejaba sorprendido siempre y era un sentimiento que no estaba acostumbrado a sentir.
—Algo me dijeron, pero preferí no darle importancia —dijo mientras agarraba la botella de cerveza que estaba sobre la mesada y le daba un generoso trago.
—Se nota que no hiciste caso de muchas cosas, sobre todo aquellas que tenían que ver con la educación y los modales, ¿verdad? —dijo mirándolo de arriba a abajo.
Kytara seguía sintiendo esa rara sensación en la boca del estómago y eso la molestaba ya que no podía entenderla.
Miró nuevamente la figura masculina y se estremeció levemente cuando se animó a observar sin pudor al macho.
Por la bendita sabiduría de la Virgen Escriba, hacía tiempo que no veía a un macho con tremendo físico, y éste era un buen espécimen, un muy buen espécimen. Con un metro noventa y cinco de altura era imponente, el cuerpo era atlético, una masa de puro músculos bien definidos y firmes.
Su cabello era oscuro y caía despreocupado, sus ojos de color avellana que antes habían brillado con algo parecido a la picardía, ahora estaban serios. Todo en él era tosco y rudo, en verdad era de temer.
—Veo que estoy interrumpiendo tu cena, mejor te dejo —comentó Kytara dando la vuelta y tratando de escapar de su presencia.
No sabía porqué realmente, pero sentía la necesidad de huir lejos de él, de alejarse hasta no sentir más nada.
—¿Estás feliz con la situación, Kytara? —Preguntó Butch con voz grave.
¡Demonios! La pregunta escapó de su boca antes de que su mente pudiera registrarlo siquiera. No le gustaba para nada lo que sucedía. Parecía un adolescente nervioso. La pregunta no tenía dobles intenciones. Sólo intentaba acercarse más a ella.
Tenía tantas ganas de extender los brazos, tomarla entre ellos y acercarla a su cuerpo hasta que se derritiera de placer y su nombre escapara de su tentadora boca.
La pregunta hizo que ella se quedara parada en la puerta totalmente congelada y sin volverse a mirarlo.
—¿Qué situación? —No iba a demostrar debilidad ante él—. Todavía lo estamos pensando, desde que el tal Phury y Wrath nos dieron la noticia… —la risa de él hizo que ella se quedara en silencio.
No era tonto, lo había juzgado mal.
Sintió en la espalda la presencia masculina.
¿En qué momento se había movido? No lo había escuchado. No lo había sentido.
Eso quería decir que sus poderes estaban fallando y por primera vez en la vida se sintió pequeña, vulnerable, y le dio miedo.
Un macho con ese poder sobre ella no tenía que existir, eso no podía ser posible.
No ahora, no dentro de la Hermandad, rogó para sus adentros cerrando los ojos por un momento.
Respiró hondo y giró para mirarlo.
Kytara dejó de respirar. Estaba muy cerca, más cerca de lo que esperaba. Se fundió en su mirada sin poder evitarlo, peor, sin querer evitarlo.
—Sé a lo que juegas —susurró el poli casi sobre sus labios, sin llegar a tocarlos.
Butch sentía como se escapaba de él todo control, cualquier otra idea que no fuera tenerla en su cama, debajo de él y gritando su nombre, no entraba en su cabeza.
Un escalofrío recorrió a Kytara, provocando sensaciones que no tenían que existir. Ella no se podía permitir eso.
Entonces lo sintió, con inmenso alivio, sintió el aire llamándola. Su poder la protegía y su hermano, el viento se hizo sentir en el exterior dándole su apoyo para escapar de Butch y ponerse a salvo.
—¿De verdad? ¡Qué raro! Yo nunca juego —le dijo mientras simulaba indiferencia ante el macho y lo miraba a los ojos.
¡Sí que era alto!
—A no ser que lo haga con una de mis presas.
Una sonrisa socarrona cruzó por los labios masculinos, llegando hasta sus ojos.
—Qué lástima que no juegues, belleza, de esa manera te pierdes toda la diversión —dijo sacudiendo levemente la cabeza—. Está bien, si así van a ser las cosas las acepto —dijo Butch acercando su cuerpo un poco más, haciendo que ella sintiera el calor que irradiaba, haciéndola consciente de su fuerza, de sus ansias, de su deseo.
El cuerpo de Kytara empezó a sentir el deseo que el macho le provocaba, su piel sentía cada corriente de aire de la habitación, haciendo que sus pezones se endurecieran y un mar de lujuria la recorrió como una cascada de miel resbalando por su cuerpo como las manos de un amante.
Se humedeció los labios resecos y pudo ver como cambió brevemente la mirada en los ojos de Butch, sus respiraciones se hicieron cada vez mas pesadas. Si cualquiera de los dos se movía, no habría vuelta atrás, solo un movimiento y que la Virgen Escriba los salvara de lo que podía suceder. Ya que había sido ella quien le puso esa maldición.
La joven mujer buscó en su mente algo que la sacara de esa situación tan peligrosa.
Echó mano de lo único que podía salvarla.
—Qué fácil te domina el deseo, híbrido —soltó casi en un suspiro.
Kytara pudo observar cuanto había herido a Butch, su rostro se desencajó momentáneamente.
Esa era la intención, era la manera en que se manejaba, desde ahora tenía que cortar todo. Estuvo demasiado cerca de rendirse a la pasión, demasiado cerca de olvidar todo.
—¿Tú crees? —Se acercó más a su rostro, casi al punto de que sus narices se rozaban, la estaba provocando. Pero su mirada había perdido toda calidez, ya no había pasión, el deseo se había desvanecido—. A mí también me gusta jugar con mi presa —continuó mientras tomaba lo que quedaba de su cerveza y pasaba junto a ella—. Claro que me gusta hacerlo antes de matarla.
La hembra se estremeció visiblemente.
—Ah, me olvidaba, te espero a las siete en punto en la puerta de entrada de la mansión, iremos al campo de tiro, quiero probar que puntería tienes, guerrera —diciendo esto, se marchó de la habitación.
La dejó con la boca abierta
¿Quién se cree que es?, se preguntó, molesta, Kytara. Miró el reloj de pared, faltaban tres horas, el tiempo suficiente para controlar sus poderes.
No lo quería admitir pero el encuentro con Butch la había dejado muy sensible, y con los nervios a flor de piel.
Miró alrededor buscando esa maldita bebida.
Quizás de esa forma olvidara de todo esto.


Las cuatro mujeres observaban asombradas el pequeño aparato que les estaba enseñando Phury.
Miraron al vampiro, desconfiadas.
—¿Dices que con esto podemos estar siempre en contacto con ustedes? ¬—Dijo Leliel con un deje de incredulidad.
—Tiene que ser una broma —dijo Raysa mientras tomaba entre sus manos el dichoso artefacto.
—Nosotras podemos estar en contacto y no necesitamos esto —le dijo Nessa a Phury.
Phury sonrió ante la ingenuidad de las guerreras. Ésta, en definitiva, era la clase de Vishous y por las infecciones que había sufrido una de las computadoras de la mansión, no había podido dictar la clase, ya que sin él la seguridad de la Hermandad estaría perdida. Así que ante el pedido de su hermano, había aceptado hacerse cargo de ellas por esa tarde. Por alguna extraña razón, lo estaba disfrutando.
—Pueden estar en contacto entre ustedes, pero no con nosotros. Este aparato, llamado "celular", lo hará posible.
—¿Y por qué queremos estar en contacto con ustedes? —Preguntó Kytara, displicente.
—La Virgen Escriba ordenó que lucháramos juntos, y hasta que se hayan acostumbrado totalmente al mundo de ahora, lo mejor es que usen este artefacto.
—Entonces, una vez acostumbradas, ya no lo necesitaremos —afirmó Nessa.
—Por supuesto que sí —la contradijo Phury—. Solo que dejarían de ser tan necesarios. Cuando se acostumbren lo entenderán.
—¿Estás realmente seguro de que funcionan? —Preguntó Leliel desconfiada.
—Haremos una prueba para que lo veas. Desmaterialízate hacia tu habitación y lleva este teléfono contigo. Cuando sientas que hace ruido y vibra, presiona el botón verde de aquí, llévatelo al oído como les indiqué y verás como puedes oírme perfectamente.
Leliel hizo lo que Phury le dijo. Cuando lo sintió sonar y vibrar, presionó el botón verde, se llevó la cosa hacia la oreja y esperó, sintiéndose como una tonta.
—Leliel, ¿me escuchas? —Preguntó Phury.
La vampira se sorprendió al oír la voz del hermano saliendo de la cosa. Para cerciorarse, buscó su presencia en la habitación, pero no estaba allí. Sacudió el aparatito, para saber si el hermano no podía encogerse hasta poder meterse allí adentro, pero no lo escuchó quejarse. Era extraño.
—¿Me escuchas? —La voz salió de nuevo de la cosa.
—Eeehhh… sí —respondió confundida.
—Perfecto —dijo el hermano.
Funcionaba. ¡La cosa funcionaba!
Volvió a la habitación en donde la clase era impartida, totalmente sorprendida. Miró a sus hermanas, que también tenían caras de sorpresa. Seguramente, la habían oído responder.
—Funciona —dijo Kytara, como si no pudiera creerlo.
—¡Ahora yo! ¡Ahora yo! —Exclamó Raysa, emocionada.
—¡Oye, no, me toca a mí! —Se quejó Nessa.
Phury solo podía sonreír ante el entusiasmo y la inocencia de esas feroces guerreras.
Leliel le pasó el móvil a Kytara, quién se desvaneció. Nessa se acercó a él y con una sonrisa, le extendió la mano, mientras las otras dos lo miraban expectantes.
Como si pudiera resistirse a ese silencioso pedido.
Le entregó el celular a la pequeña morena y las tres ensayaron la misma sonrisa entusiasta. Luego les recitó la secuencia de números que debían marcar.
Así fueron turnándose una a una con el mismo aparato, hasta que Raysa hizo un puchero.
—¿Tendremos que compartirlo entre las cuatro? —Parecía auténticamente contrariada.
Al mismo tiempo, voltearon su mirada hasta él, aguardando su respuesta.
—Por supuesto que no —les sonrió—. Cada una tendrá el suyo.
Ellas en verdad gritaron de alegría. Y pensar que había creído que esto sería como una tortura.
Recuperó su propio móvil, sacó otros tres, se los entregó, y en un segundo el pandemónium se armó otra vez.
—Pero… —dijo Leliel enojada—, la clave que nos dijiste ya no funciona.
—Eso es porque cada uno de los aparatos tiene su propio número. Si van a la agenda —les mostró como—, encontraran los nombres de sus hermanas y los nuestros. Seleccionen con el que deseen comunicarse y presionen la tecla “llamar”.
Cuatro melodías distintas empezaron a sonar sin interrupción. Volvían a aparecer y desaparecer para aprobar los aparatos a la distancia, e incluso una de ellas lo abrió para asegurarse de que adentro no había alguien con la habilidad de hacerse pequeño y de imitar voces que las estuviera engañando. Esto, por supuesto, ameritó un nuevo celular.
Phury intentó llamar su atención, con nulos resultados.
Ellas solo recurrían a él cuando lo necesitaban.
Después de tres cuartos de horas gritando, silbando y haciendo señas para captar su atención, se dio por vencido. Y entonces se dedicó a admirar el espectáculo.
Se suponía que esas cuatro mujeres allí reunidas, aprendiendo a usar un simple celular, eran las guerreras más fuertes y feroces de la raza en la antigüedad, aquellas que tenían recorriendo por sus venas la sangre más pura. Eran las más fuertes y las más sanguinarias, las únicas capaces de pelear codo a codo con la Hermandad de la Daga Negra. Y sin embargo, allí mismo, Phury solo veía inocencia y bondad.
Una inocencia y una bondad tan puras como no había visto antes y que lo conmovían hasta lo más profundo de su atribulada alma. En silencio, agradeció el haber podido presenciar este espectáculo.
Al ver a esas cuatro muchachas allí, Phury se sintió tranquilo por el futuro de su raza.


Luego de la clase de tecnología las cuatro guerreras se encontraban descansando en la habitación de Nessa. Cada una con ese nuevo artefacto que tanto las sorprendió.
Leliel dejó el aparato a un lado y miró a Nessa.
—¿Entonces sigues sin tener novedades de… —hizo una pausa intentando recordar el nombre—, Zsadist? —preguntó, un tanto confundida aún por los nombres.
—Sep —miró a sus hermanas, confundida—. ¿O será que me lo imaginé aquél primer día? Ustedes también lo vieron, ¿no es así?
—Sí —dijo Raysa mirando a lo lejos—, pero no recuerdo muy bien su rostro, sí recuerdo que tenia cicatrices. Tenía, ¿verdad, Leliel?
—Y era muy raro —recordó Kytara mirando su artefacto, cansada lo dejó a un lado.
—Se, se… —dijo Leliel mientras deambulaba por la habitación buscando algo que hacer—. ¿Falta mucho para el atardecer? —Preguntó distraída, para encontrarse con la mirada desaprobatoria de Kytara—. Perdón. ¿Entonces sigues sin entrenar?
—¿No se apareció ni una sola vez, Nessa? —preguntó sorprendida Raysa, sacando de un bolsillo un chocolate.
Kytara se levanto del piso enfurecida.
—¿Te dejó plantada?
—Bueeeno… En realidad, en ningún momento arreglamos un encuentro, así que técnicamente, no me dejo plantada —dijo encogiéndose de hombros, robó el chocolate que Raysa estaba por llevarse a la boca y miró a las demás, pensativa, mientras masticaba—. Supongo que si Mahoma no va a la montaña, la montaña deberá ir a Mahoma… aunque a él le queda mejor el papel de montaña que a mí —finalizo divertida, intentando calmar los ánimos de sus hermanas.
Leliel largo una carcajada.
—En este caso serías un proyecto de montaña —dijo mientras saltaba sentándose sobre la cama de Nessa—. No vale, tu colchón es más cómodo que el mío para saltar —dijo haciendo puchero.
—¿Cómo que es más cómodo? —Preguntó Kytara, subiéndose a la cama y empezando a saltar también—. ¡No es justo! ¡Es mejor!
—¿Acaso las almohadas también serán mas cómodas para golpear? —Preguntó Leliel antes de pegarle con una a Kytara.
Kytara cayó de la cama indignada, tomó un almohadón y se lo tiró en la cabeza a Nessa, quien sintió el golpe, pues su hermana había dado impulso a la almohada con una ráfaga de aire. En respuesta, ella hizo que el agua del florero que estaba en la repisa detrás de Kytara, saltara de allí a la cabeza de su hermana.
—Ah, ¿si? —Kytara tomó la almohada del piso y fue por Nessa, que la estaba aguardando con otra y empezaron una pelea de almohadas.
Raysa las miró, riéndose.
—No van a durar mucho si siguen haciendo eso —dijo mientras tomaba otra almohada y golpeaba a Leliel.

Vishous se había cansado de golpear la puerta, por lo que respiró hondo y entró… y se quedó sorprendido con la escena que tenía frente a sus ojos.
Las cuatro guerreras, supuestamente, más temidas de toda la historia estaban teniendo una ¿guerra de almohadas?, se preguntó mentalmente, para luego comenzar a reírse. Si no lo hubiera visto con sus propios ojos no lo hubiera creído.
Carraspeó un poco para llamarles la atención y entonces habló:
—Lamento interrumpir la diversión, pero quisiera ver sus dagas —con esto último ganó la atención de las cuatro hembras, que en seguida cambiaron los semblantes.
—¿Para qué necesitas nuestras armas? —Preguntó Leliel desconfiada, mientras ponía las manos sobre las dagas como si fuera a desenfundarlas ante cualquier movimiento en falso del macho.
El guerrero dejó escapar un sonoro suspiro.
—Para ver de qué material están hechas —dijo extendiendo la mano. Al ver que ninguna atinaba a entregarlas, agregó—: Por más que no quieran, debo revisarlas. No había nacido hace quinientos años atrás. Ustedes tienen poderes que nosotros no tenemos, por lo que debo saber si les van a ser de utilidad para los enfrentamientos de hoy en día.
Nessa y Kytara lo observaron desconfiadas. Habían optado por mantener ña misma pose que Leliel.
Raysa respiró profundamente, desenvainó la daga y se la entregó, sosteniendo el filo muy suavemente.
—Cuidado, son muy filosas.
Vishous arqueó una ceja y la observó divertido.
—Gracias por el consejo —dijo con sarcasmo mientras observaba detalladamente la daga—. Esto no es… —la frase quedó suspendida en el aire, sorprendido por el trabajo que tenía el arma: llevaba tallado un intrincado símbolo de la Tierra.
—La daga en sí está hecha de oro blanco —acotó Kyatara mientras desenvainaba la suya.
—¿Todas tienen un símbolo grabado? —Preguntó V mientras le devolvía la daga a Raysa y tomaba la de Kytara.
—Efectivamente, cada una tiene su propio símbolo —respondió Nessa, que no había hecho además de desenfundar la suya.
—Pero el filo es de acero, por lo que sirve perfectamente para matar lessers. Porque siempre se hizo de la misma forma, con o sin poderes —Leliel comenzó a jugar con unas bolas de fuego, mientras evitaba que Kytara las apagara.
Vishous asintió.
—Entonces nada más me retiene aquí. Pueden continuar con su guerra de almohadas —le entregó la daga a Kytara y se dirigió hacia la puerta—. Cualquier cosa que necesiten, no duden en pedirlo.
Las guerreras no le respondieron.



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Espero que le hayan gustado estos capítulos y muy pronto subiere los demás.
 emot024

preciousmele

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #12 on: Mayo 16, 2009, 06:43:29 am »
amo la escena de los celulares
a que fue Leliel la esceptica del enanito ¿verdad?
verdad emot025

willow

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #13 on: Mayo 16, 2009, 07:46:41 pm »
 emot035 emot035 emot035 genial jajaja una pelea de almoadas y estoy deseando el encuentro de Nessa que lee las mentes y Z
 emot024 emot024

Gise

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #14 on: Mayo 17, 2009, 01:36:21 am »
amo la escena de los celulares
a que fue Leliel la esceptica del enanito ¿verdad?
verdad emot025

Gracias!!!  emot024 Y esa es Leliel!!  :emot016:
Besos!!!

emot035 emot035 emot035 genial jajaja una pelea de almoadas y estoy deseando el encuentro de Nessa que lee las mentes y Z
 emot024 emot024

Te prometo que pronto estará  emot037 emot037

Besos!!!

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