CAPÍTULO 6
Cuando Kytara sintió el sufrimiento de Raysa pudo percatarse de que ninguna de ellas se había alimentado todavía.
Otra vez sentía ese dolor en la boca del estómago, ahora sabía que era… hambre.
Pero tenía un pequeño problema, o mejor dicho, un "gran problema".
En el pasado su madre había sido la mano derecha de la Virgen Escriba, cuando fue entregada a su padre nadie pensó que se fueran a enamorar y vivieran de forma tan apasionada ese amor. Todavía se le sonrojaban las mejillas al recordar cuando Kasim llegaba a casa e iba en busca de Shanna, esa adoración que se leía en sus ojos hacia su shellan, en esos momentos solo existían ellos dos.
Una lágrima cayó por su mejilla, no era justo que un ser tan despreciable e inmundo lo destruyera todo.
El Omega le había quitado a su padre y a la vez a su madre, porque ésta no pudo soportar seguir viviendo sin su amado Kasim, olvidándose de la hija que tanto los amaba.
Al morir ellos y no tener familia directa, la Virgen Escriba se hizo cargo de su educación, ya que era lo único que le quedaba de su vieja amiga.
Al principio de su educación se la instruía para ser una Elegida, como dictaban las reglas. Pero al cumplir los trece años algo cambió en Kytara e hizo que se truncara ese destino y acabara siendo entrenada para ser una guerrera.
Por esas cosas de la vida, una noche le presentaron a tres hembras, dos rubias y una con el pelo negro, una seguía siendo una adolescente según los cómputos de su raza y las otras dos ya eran adultas que habían pasado la transición. Todas eran diferentes entre sí, pero a la vez eran iguales.
Se les podían leer en los rostros diferentes niveles de odio, desconfianza y tristeza. No querían estar allí pero el destino había actuado con ellas igual que con Kytara, como descubrió más tarde.
Y la tomaron como si fuera su hermana menor.
Las cuatro compartían un camino que tenían que recorrer, debido a sus padres, ya que ellos habían sido los mejores guerreros de la Hermandad, elegidos para proteger el futuro de la raza.
La Virgen Escriba había estallado en ciega furia al ver el cambio producido en Kytara, ya que no quería a entregar a una futura Elegida así como así. Así fue como llegaron a un acuerdo.
En las manos de la Virgen Escriba estaba elegir al macho que la alimentaría y jamás sería tocada sexualmente, ya que su virginidad acabaría siendo consagrada a ella.
¡Menudo pedazo de porquería sagrada!, se dijo mentalmente.
—¿Kytara?
No podía ser, ya iban dos veces que se lo encontraba. ¡Joder!, pensó.
—¿Si? —Se giró para poder hablar mejor.
Gran error, sintió una patada en el estómago. Aliméntate.
—¿Te sucede algo? —Le pregunto Butch a una pálida guerrera.
—No, nada, todo está bien —y otra puntada más aguda.
—¿Estás segura? Entonces, ¿no hay ningún problema si me acompañas a ver a la Virgen Escriba?
—¿Acompañarte? ¿Es qué no conoces el camino?
—¡Ja! Graciosa…
—Sí, lo sé.
Butch se cruzó de brazos en señal de cansancio, no le gustaba discutir con ella, y menos ahora que la veía pálida y frágil.
—Bueno, no me has dicho por qué te tengo que acompañar.
—Lo pidió la Virgen Escriba, que fuéramos ambos lo antes posible.
—¿Y por qué tenemos que hacerlo? No veo el motivo.
—Yo tampoco pero fue lo que mandó a decir con Wrath.
—No en… ¡Ay!
Una fuerte puntada la dobló en dos, haciendo que cayera de rodillas tomándose con las manos el estómago.
¡No, ahora no!
Al ver esto Butch se arrodilló frente a Kytara agarrándola de los brazos y mostrando en su rostro la preocupación.
—¿Qué te sucede?
—Nada que sea tu incumbencia —le dijo mordiéndose los labios, podía oler su sangre llamándola, ya no lo podía soportar.
Trató de pararse pero sentía como gelatina las piernas.
Entonces Butch no lo aguantó más y la tomó en sus brazos.
—¡Bájame! ¿Qué te piensas que soy? ¿Una pobre Elegida indefensa?
—No, eres una guerrera que en este momento se siente débil y que no puede valerse por sus propios medios.
Y echó a andar por los pasillos de la mansión sosteniendo a Kytara, que en sí no pesaba nada. Era como una muñeca en sus brazos, una sexy muñeca, con la que con gusto jugaría un buen rato. Ella nunca lo permitiría, no entendía esa aversión que sentía hacia él. Por un segundo sentía que le correspondía pero al siguiente lo detestaba como si fuera una rata.
La miró disimuladamente, tenía la cabeza apoyada en su hombro con los ojos cerrados, se veía tan tranquila, serena, con una mano apoyada en su estómago como tratando de controlar algo, ¿pero qué?
Por fin llegaron al jardín de la Virgen Escriba, la buscó con la mirada y la vio sentada al lado de una fuente rodeada de decenas de aves, parecía que ambas especies estaban cómodas entre sí.
Kytara abrió los ojos y vio el jardín.
Nada había cambiado.
El blanco de los árboles y el césped era el mismo que hace tanto tiempo atrás, la fuente en la que se sentaba y la ayudaba a serenarse contra la injusticia de su vida seguía igual, al contrario de su vida.
Butch la bajó.
Ella lo miró y con un gesto de la cabeza le agradeció su delicadeza, luego se encaminó hacia la Virgen Escriba, con él pisándole los talones.
—Aquí nos tienes, ¿qué deseas?
—Kytara, hija de Kasim y Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath. Bienvenidos, me alegra saber que mi mensaje fue recibido —dijo ignorando la pregunta de Kytara, ya que no era propensa a responderlas.
—Mi Señora —dijo Butch haciendo una leve inclinación en muestra de respeto, algo que le costaba recordar ya que era muy nuevo en todo esto.
Vishous lo estaba ayudando a aprender cada gesto o comentario que debía hacer frente a ella. Desviando la mirada vio a la guerrera cruzada de brazos en pose despreocupada y aburrida de la situación.
—Tus modales mejoran cada día que pasa, guerrero, los hermanos te aconsejan bien. En cambio, otros, al pasar los años se vuelven más impertinentes, ¿no es así, Kytara?
—Puede ser, nunca me lo planteé… no es algo que me quite el sueño —le dijo con una falsa sonrisa en el rostro.
Carraspeando disimuladamente Butch trató de desviar la atención de la Virgen Escriba, temeroso del daño que le pudiera hacer a Kytara.
—Kytara como te habrás empezado a dar cuenta, tus ansias de alimentarte se han despertado, ¿recuerdas lo que eso significa?
—Sí —dijo con veneno Kytara, con sus manos sosteniéndose el estómago, ya no lo soportaba más.
—Te tienes que alimentar.
—¿Y a quién has elegido? —Le dolía hacer esta pregunta, ya que demostraba que su libertad estaba cortada por los caprichos de Su Santidad.
—Eso ya lo has hechos tú, ¿no es verdad? —Atacó la Virgen Escriba.
Su condena ahuyentó a los pájaros que bebían y se bañaban en la fuente.
—¡No es verdad! —Contraatacó Kytara.
El aire a su alrededor se sintió pesado, el cielo que se veía de un límpido azul fue cubierto por nubes negras y sobre ellos empezaron a danzar truenos y relámpagos, que iluminaban la escena. Un viento empezó a azotar las plantas y los árboles como queriendo imponer su presencia.
Butch era un mudo testigo del intercambio de palabras, no podía creer lo que sucedía, miró a la pequeña guerrera, estaba lívida de furia, sus manos estaban cerradas en forma de puños, sus labios apretados y sus ojos… habían cambiado de color. Ya no eran los azules cristalinos que tanto le atraían, se habían transformado en unos violetas tormentosos como la vez anterior en la biblioteca. El aire, el viento, todo tenía una conexión con ella… ¡los controlaba!
—¡Mocosa impertinente! ¡No te atrevas a jugar conmigo! ¡Yo sé lo que pasó en esa cocina!
De repente el aire se congeló, como si nunca hubiera pasado nada.
—¿Cocina? —Lo había olvidado—. Esto… Bueno, en sí, no fue nada —dijo Kytara, mirando simultáneamente Butch y a la Virgen Escriba.
—¡Perdón! ¿Cómo que no fue nada? —Dijo un ofendido Butch, esto era último que iba a soportar de Kytara.
—Eso… nada —remarcó la guerrera.
—Ok, Su Santidad, me retiro. Digamos que estoy cansado de soportar a una pequeña… comadreja.
—No, Dhestroyer, tu papel en esto recién comienza ya que al tocar a una guerrera que fue consagrada a mí, sellaste tu destino.
—¿Qué papel? —Preguntó sumamente preocupada Kytara, esto no le gustaba nada.
La Virgen Escriba miró fijamente a Butch y sentenció.
—Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath, desde hoy serás el encargado de alimentar a Kytara antes conocida como Aire hija de Kasim y la Elegida Shanna.
—¡No! —Gritaron a la vez los guerreros.
No, esto no puede estar pasando, pensaba desesperada Kytara, es una pesadilla. De todos los machos de la raza, tenía que ser él. Si le había sido difícil resistirse en la cocina no quería imaginarse cómo sería alimentarse.
La pequeña y luminosa figura vestida de negro continuó hablando como si no existieran esos dos guerreros con cara de haber visto un fantasma.
—Espero que recuerdes, Kytara, que se hará como fue acordado, frente a una de mis sirvientas, pero analizando la situación ya vivida por ambos, tendrá que ser frente a mi Directrix. Viendo que en cualquier momento te desmayarás sugiero que partan hacia la recámara donde ella los aguarda. Ya estoy cansada de sus presencias.
Y con esto los teletransportó a dicha recámara donde en una silla estaba sentada una mujer vestida con una túnica blanca.
La Directrix.
—Mi señora y mi señor, espero que la estancia sea de su agrado —dijo esto mientras hacía unas reverencias y mostraba con la mano toda la habitación.
Pero los guerreros lo que menos miraban era la habitación, cada uno estaba sumido en sus pensamientos.
Para Kytara esto no podía estar pasando, no quería que fuera él, pero en el fondo de su alma lo había sabido apenas lo tocó, todavía no había podido sacarse de la boca el sabor de su beso, su primer beso, y ahora tenía que alimentarse de él.
Butch estaba atónito, no podía creer su buena suerte, ahora más que nunca agradecía ser irlandés y tenerla.
Miró a la pequeña guerrera y por la expresión de su cuerpo no estaba muy conforme que digamos, mejor dicho, parecía que odiaba la situación. Bueno, mala suerte para ella, ya que la palabra de la Virgen Escriba era determinante y sagrada.
—Bueno, ya estamos aquí, ¿dónde quieres que lo hagamos?
—¿Que hagamos qué? —Preguntó confundida.
—Alimentarte… ¿O quieres otra cosa? Pero recuerda que va a ser con público. No soy mojigato pero de esa manera no me interesa.
—¿¡De qué demonios estás hablando!? —Se exasperó Kytara, cuando de repente entendió su comentario—. Pedazo de estúpido, ¿qué te piensas que soy, una ramera necesitada? —Y se lanzó sobre él tratando de lastimarlo, y esto fue demasiado para Butch, que la abrazó y la atrajo hacia su cuerpo, ahora más que nunca sentía su debilidad, su ansias de alimentarse, su cuerpo llamándolo. Mía.
—Bueno, Kytara, ya es hora, estás muy débil y por lo que te conozco detestas mostrarte de esta manera. Toma mi sangre, ¡ya!
Los dolores en la boca del estómago eran cada vez más fuertes, ya no aguantaba más, durante todo este tiempo trató de disimular, pero él tenía razón.
Ya era la hora.
Lo miró, sus colmillos se alargaron y su boca tomó el control por ella.
Se fue acercando lentamente al cuello de Butch.
Con la punta de su lengua tocó su tibia piel y lo sintió temblar, sus brazos se cerraron más en torno a ella, temiendo que escapara. Sus manos que estaban apoyadas en el pecho del guerrero se cerraron como garras, en señal de no querer soltar a su presa.
Ella estaba jugando a atormentarlo, retrasando el momento. Quería descubrir hasta donde llegaría.
Un fuerte gruñido, le hizo saber que al guerrero no le gustaba.
Entonces soltando una risita lo mordió y comenzó a emanar el alimento tan vital.
¡Por lo más sagrado! Nunca había bebido una sangre tan dulce, tan espesa, seductora al paladar, en ese momento se olvidó todo.
Sus manos cobraron vida y recorrieron el pecho de Butch, subiendo lentamente, memorizando esos músculos duros, y tomando el pelo de la nuca lo atrajo más hacia su boca, no lo quería soltar jamás.
Butch sintió que estaba en el paraíso, su cuerpo se endureció de pasión cuando le clavó los colmillos. Mía. Él se encargaría de que fuera de esa manera, sabía que iba a tener un largo camino, pero esto se realizaría, sería suya. Con unas de sus manos tocó el cuello de Kytara, sintió el lento ritmo de su garganta tomando su sangre, alimentándola, saciando esa sed. Se prometió que pronto ella tomaría su lugar. Muy pronto.
Con un suspiro, Kytara dejó de beber, paso su lengua lentamente para que cicatrizara los pinchazos, miró a Butch.
—Gracias, Butch.
Era la primera vez que lo llamaba por su nombre y no sonaba tan raro.
Una sonrisa cruzó por el rostro de Butch.
—Cuando quieras, Kytara.
Entonces se percató que una gota de sangre había quedado en sus labios, lo estaba llamando y no se podía resistir.
Bajó sus labios lentamente, y cuando estaban por hacer contacto con los de Kytara, se escuchó una voz.
—Amos, ¿han terminado? —Pregunto la Directriz, interrumpiéndolos.
Butch levantó la cabeza y la liberó.
—Sip —dijo una colorada guerrera.
Se sentía desilusionada por el beso que no fue. ¿Desilusionada?
—Muchas gracias por aguardarnos.
—Es mi deber —dijo humildemente.
—Entonces nos retiramos, hasta la próxima.
Tomó del brazo a Kytara y se desmaterializaron hacia la mansión.
—Bueno, llegamos —comentó Kytara tratando de recuperar su brazo.
—Sí… pero tenemos algo pendiente.
Tiró de ella y le plantó el beso que había quedado pendiente.
Con su lengua abrió la boca de la guerrera y empezó a recorrer cada parte de su paladar, sus brazos la encerraron por precaución por si quisiera escapar, sus manos recorrieron la espalda bajando hasta su trasero firme, y con una leve presión lo tiró para adelante, para que se percatara del deseo que había despertado. Ella no se resistía. Mía, gritó su alma. Una de sus manos empezó a subir, necesitaba tocar sus pechos, sentir como con sus caricias se endurecían sus pezones, clamando por sus labios.
Kytara solo se dejó llevar, no le importó que la Virgen Escriba se enterara de esto, no le importó más nada.
Acercándose más a Butch, empezó a recorrer su pecho, sus manos subían y bajaban, deteniéndose en sus abdominales, ¡por la Virgen!, era todo músculo.
Cuando sintió la mano sobre uno de sus pechos, se creyó morir y profundizó el beso.
¡Detente!, gritó su alma.
Con temor, se soltó del apasionado abrazo.
—¡No! Lo siento, pero no puedo.
—Como que no p… —la frase fue cortada por la llegada de las demás guerreras, que los miraban de forma extraña.
—Aire nos vamos a un bar, ¿quieres venir? —Preguntó Leliel algo divertida.
—¡Ok! Vamos, tengo ganas de tomar algo esta noche —agradeció en silencio a sus hermanas el haberla rescatado, todavía era muy pronto para analizar lo que acababa de pasar.
Entonces las cuatros guerreras se fueron caminando, dejando a un sorprendido Butch.
—¡Pero a qué demonios juega! —Le gritó a la nada de una manera frustrante.
—Hermanas, hemos llegado —anunció sonriendo Raysa.
—¿Y a dónde hemos llegado, si es que se puede saber? —Preguntó Nessa, recorriendo con la mirada la fachada del edificio.
—ZeroSum —Kytara señaló el cartel brillante de la entrada del bar.
—Bueno, ¿y qué esperamos para entrar? ¿Una invitación? —Leliel se frotaba las manos sobre los pantalones, reprimiendo sus ansias de jugar con sus pequeñas llamas.
Las cuatro guerreras se dirigieron hacia la entrada del bar, no les costó nada ingresar.
Hacía unos días, Fritz les había dado unas tarjetas con sus respectivos nombres, explicándoles para qué servían y en qué situaciones debían usarlas.
Tuvieron que esforzarse para acomodar la visión dentro del lugar, la música sonaba muy fuerte y las luces lastimaban un poco sus ojos.
—Por todos los cielos, ¿la gente se divierte en este lugar? —Preguntó Leliel frotándose la cabeza y despeinando su cabello.
—Además, definitivamente este sitio es muy pequeño —dijo Nessa mientras luchaba para evitar todo contacto posible con la gente.
El lugar estaba atestado de personas, no se sabía cuáles eran humanos y cuáles vampiros.
—¿Se puede saber en dónde están las bebidas? —Soltó Kytara, corriéndose del camino de un par de borrachos.
—Supongo que por ahí —dijo Raysa señalando la barra.
—Ni modo… Olvídate de que me meta en ese tumulto de gente —dijeron Nessa y Leliel juntas, quiénes se miraron divertidas y comenzaron a reírse.
—Es igual, sigo con la idea de volver a la mansión —dijo Leliel superada por la situación.
—¿Necesitas ayuda? —Preguntó una voz masculina detrás de Kytara.
Otra vez, ya con esta era la tercera vez que la tomaba desprevenida.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Le preguntó desconfiada.
—Nada en especial. Vine con algunos de los hermanos para distendernos un poco —dijo Butch encogiéndose de hombros como si nada.
—¿Distenderse? En nuestros tiempos no teníamos ese privilegio ya que nuestra raza dependía de nosotras —dijo con burla Nessa.
—Pobre de ti, ya comienzo a sentir lástima —dijo Zsadist, para luego seguir hasta la zona VIP, le jodía como mil demonios venir al lugar, pero necesitaba tener un poco de acción esa noche.
—Como sea —dijo Leliel—. Me voy… Es demasiado para mí todo esto.
Raysa la agarró del brazo.
—No te vas a ningún lugar. Vinimos por algo para tomar, y así lo vamos a hacer.
Phury se rió ante la escena
—¿Por qué no vienen con nosotros?
—Vengan y compartiremos unos tragos como muestra de paz —comentó un sonriente Rhage, que llevaba colgando de uno de sus brazos una pelirroja bastante exuberante, que parecía tener problemas con sus manos, ya que no dejaba de toquetear al guerrero.
Y el muy idiota se dejaba hacer complacido, ya que su rostro mostraba la dicha de los machos que disfrutaban del lujo de haber tenido sexo… porque era eso, sexo, nada de hacer el amor, ese sentimiento no cabía en un revolcón de un momento.
—Prefiero ser extra crujiente al amanecer antes que compartir la mesa con un híbrido —dijo Leliel desafiante mientras pasaba al lado de Rhage.
Todos se quedaron con la boca abierta. Las demás hermanas la siguieron. Nadie entendía nada. Por un momento, todos creyeron que habían llegado a una especie de tregua. Butch quiso ir detrás de Kytara, pero el brazo de Wrath lo detuvo.
—Déjalas.
—¿Por qué? —Preguntó el poli sin entender nada.
Vishous que se estaba acercando a la pequeña reunión alcanzó a escuchar el comentario de Leliel y la partida de ellas y solo contestó:
—Es simple, ¿cómo te sentirías si te durmieran por cinco siglos y te despertaras en un tiempo que no es el tuyo?
—Supongo que… —hizo una pausa, meditando la situación—. Bien, bien, me rindo —dijo mientras se internaba en el bar junto con los demás.
—A menos que alguien haya jodido por demás la situación, solo queda esperar que se acostumbren a estos tiempos —dijo Wrath mientras seguía con detalle cada movimiento de Raysa.
—No que sepamos, aunque Z no está manejando bien la situación —comentó preocupado Phury, en este poco tiempo, Zsadist no se había encontrado con Nessa para darle su entrenamiento y esto ponía en riesgo la paz de la mansión, dudaba mucho que las demás guerreras no estuvieran al tanto de la situación y pudieran interpretar como un desaire hacia su hermana.
—¡Demonios! Tendrías que hablar con Z.
Los hermanos tomaron la mesa de siempre, mientras que Phury había desaparecido para hablar con Rehvenge, el dueño del lugar.
Wrath y Butch solo enfocaban la mesa donde estaban aquellas guerreras que les quitaban el sueño, mientras Vishous los observaba muy divertido.
—¿Y si tan solo van hasta allá, las ponen sobre sus hombros y se las llevan a su cuarto?
Ambos lo miraron con desaprobación
—¡Oh! Disculpen si no me parece para nada entretenido verlos babear sobre la mesa.
Butch lo miró.
—Muérdeme el culo —dijo bebiendo de un solo trago su whisky.
—Creo que no es a mí a quien tienes que pedírselo —dijo V divertido.
—Hermanos, calma, ¿por qué no va uno y trata de ver si necesitan ayuda? —Dijo Wrath, ya que quería saber cómo estaba tomando todo esto Raysa, la guerrera lo preocupaba.
—Si tanto les interesan, por qué no van los dos, mean a su alrededor para marcar el territorio y listo —dijo Z.
Wrath gruño.
—¿Qué? Ustedes están comportándose como si estuvieran en celo, no yo.
Rhage volvió a la mesa con la camisa desarreglada fuera del pantalón, se sentó en una silla al lado de Wrath y bebió su Red Bull.
—¿De qué hablan? —Preguntó tranquilo.
—Los chicos se pelean por quién va a ir a ver como están las hembras —dijo Vishous revolviendo su vodka.
Él sonrió y se levantó.
—Entonces voy yo.
En el camino, se volvió a topar con la mujer con la que había estado antes, cosa que no paso desapercibida para Leliel, quien comenzó a sentir como todo su cuerpo empezaba a quemar.
—Lel… ¡Lel! —Llamó por tercera vez Kytara.
—Vamos, mujer, no puedes vivir distraída siempre —se quejó Nessa.
—¿Eh? Perdón, lo siento… Ya les dije que tendría que haberme quedado en la mansión —dijo despeinándose su corto cabello que comenzaba a tornarse rojo furia.
—Otra vez con lo mismo —dijo exasperada Raysa—. Dijimos que esta salida la necesitábamos después de todo lo que nos ha pasado.
—Pero al final resultó mal —respondió Nessa tomando un trago—. Para la próxima nos vaciamos las cervezas en la mansión.
—Basta. Ya les pedí perdón —dijo Leliel un tanto molesta, entonces vio que Rhage volvía a desaparecer con aquella pelirroja—. ¡Maldición! —Gritó cuando una de sus manos, a pesar de tener los guantes de protección, dejó una marca en la mesa—. Me voy… —dijo saliendo lo más aprisa que pudo del lugar, evitando el contacto con cualquier persona para no lastimarla.
Estaba tan ciega en su furia que no escuchaba los gritos de sus hermanas llamándola, solo pensaba en salir y volver a la mansión. No le importaba como, pero quería irse. Y perder de vista a ese estúpido.
—Idiota… eso es lo que soy… una completa idiota —se reprendía en voz alta Leliel mientras caminaba con paso presuroso. Había salido del bar, donde estaba con las demás guerreras, después de haber visto como Rhage hablaba con una humana que se le había insinuado—. Porque yo he podido estar algunos siglos dormida, pero a mí nadie me va a quitar de la cabeza la maldita idea de que el muy estúpido es un Don Juan —dijo mientras caminaba de un lado a otro. Había desistido de tomar una cerveza tranquila cuando se dio cuenta que si seguía en ese lugar terminaría convirtiéndolo en llamas.
Leliel necesitaba calmarse o acabaría siendo cenizas y eso le traería problemas, ya que cuando volviera a tomar forma nuevamente tardaría días en volver a recuperar toda su energía. Agradecía el hecho que era fuerte y no necesitaba alimentarse tan seguido como el resto, pero en algún momento tendría que ver de quién iba a hacerlo.
—¡Maldición! —Gritó nuevamente exasperada—. ¿Por qué demonios no me dejaste durmiendo? —Preguntó al aire.
—Con que aquí estabas —dijo una voz masculina—. Te estaba buscando, no te vi cuando te fuiste —dijo un tranquilo Rhage.
Todo su cuerpo reaccionó al escucharlo, había una mezcla de sentimientos que ni ella misma podía entender. Él la dejaba indefensa
—Supongo que si no hubieras estado entretenido con esa humana, te habrías dado cuenta que ya no estaba en el lugar —las palabras salieron mucho antes de que cayera en la cuenta de la escena que le estaba haciendo.
Él mostró una sonrisa triunfadora, ahora sabía la verdad de los sentimientos de ella, pero eso no le hacía el trabajo más simple. Después de su primer encuentro había estado distante, con una actitud muy fría y aislada frente a él.
—¿Me parece a mí o me estás haciendo una escena de celos? —Preguntó mientras se acercaba lentamente como si fuera un depredador a punto de cazar a su presa.
Leliel ya no tenía control sobre su cuerpo, mucho menos sobre su temperatura corporal. Le quemaban las manos y la ropa comenzaba a molestarle… lo agarró del hombro por lo que Rhage sintió como la quemadura traspasaba la ropa y llegaba a su piel, entonces lo hizo a un lado para darle batalla a los lessers que habían aparecido en el callejón.
—Cuando dejes de pensar en ti mismo, podrías echarme una mano, ¿no? —Dijo mientras carbonizaba a dos lessers a la vez tan solo tocándolos con las manos.
Rhage se mantuvo a un lado, habían quedado que él no interferiría en su primera batalla para saber cuánto podía tolerar.
Observó en detalle cada movimiento, jamás pensó que ver una mujer peleando podría llegar a excitarlo de tal manera.
Leliel sentía como su temperatura comenzaba a sobre pasar los límites, estaba muy próxima a hacer una combustión, lo sabía porque su ropa era bastante resistente a sus olas de calor, pero ya pronto o bien quedaría desnuda porque su ropa habría sido consumida por el calor de su cuerpo, o bien terminaría echa un montón de cenizas.
Tan solo le faltaba matar al lesser que tenía en sus manos, pero sabía que después de él, terminaría ella. Por lo que se giró en busca de Rhage y le dijo:
—No permitas que las cenizas se esparzan —él la miró sin comprender.
De pronto su cuerpo se convirtió en una llama viviente, el lesser que estaba por matar se desintegró en el aire. De su garganta escapó un fuerte chillido, como si un halcón estuviera sufriendo.
Rhage observó la escena desconcertado, sin poder creer lo que estaba viendo. Jamás había sido espectador de sus transformaciones pero sabía lo desgarrador que se sentía. Ahora se preguntaba cómo se sentiría ser quemado vivo cada vez que perdiera el control.
Podía observar en el rostro de ella el dolor, y quiso acercarse para intentar ayudarla, pero ella levantó la mano y lo envió directo hacia una pared haciendo que se estrellara contra ella.
Con éste último esfuerzo hizo combustión iluminando el callejón con llamas tan altas como el edificio, para luego darle paso nuevamente a la oscuridad habitual del lugar. Cuando su visión nocturna se volvió a acomodar, encontró tal como ella había dicho un montículo de cenizas.
La furia se apoderó de él, hacía días que no peleaba ni mucho menos podía descargar su energía con una mujer. Debía mantenerse lo más calmado posible si quería ayudar a lo que quedaba de ella.
Rhage no notó siquiera que ya no estaba solo en el callejón, hasta que Kytara tocó su hombro
—¿Qué le pasó? —Preguntó asustado y confundido. Tenía miedo de saber la verdad, de saber que la única mujer que le había interesado en todos estos siglos estuviera muerta.
—Observa y entenderás —dijo Nessa que estaba junto a Raysa. Las cuatro sabían cuanto le dolía a Leliel hacer combustión, y el hecho de que siempre quedara débil y algunas veces necesitara días para volver a sentirse bien. Pero eso era algo que solo ellas sabían.
Las cenizas comenzaron a tomar vida nuevamente, se estaban encendiendo poco a poco. De entre ellas una bola de fuego se elevó, en la que se podía observar el cuerpo inerte de Leliel. La bola destelló y el cuerpo de la mujer se estrelló contra el suelo del callejón.
Rhage corrió a donde había caído, se quitó el abrigo que traía puesto y cubrió el cuerpo desnudo de ella, apenas si respiraba lo que era un muy mal signo.
Las tres guerreras se miraron entre sí preocupadas, sin saber qué hacer.