Autor Tema: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )  (Leído 7937 veces)

ale_itati

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #15 on: Mayo 17, 2009, 02:40:55 am »
 :emot004: Chicas no pueden perderse lo que viene emot033

Roz

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #16 on: Mayo 17, 2009, 03:11:58 am »
Efectivamente, la que desarmó el celular fue Leliel  :emot002: Igual la queremos  :emot008:

Y sí, no se pueden perder el siguiente capítulo  emot033

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #17 on: Mayo 18, 2009, 01:29:18 am »
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Es perfecto. Quiero mássssss  emot026

Muy buen trabajo chicas  :emot018:

Desesperada

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #18 on: Mayo 18, 2009, 11:53:07 am »
Genial chicas, definitivamente genial  :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Siento haber tardado tanto en leerlo, aunque así me di un buen atracón.

Me encantan esas guerreras, tan distintas físicamente, pero tan iguales en su interior y hay que ver lo unidas que están.

Eso sí, tuve que cambiar el chip, pq al principio me molestó ver que se van a liar con los hermanos, comprenderlo, me caen muy bien
sus shellan, sobre todo Beth y Bella, pero ya me hice a la idea de que aquí no existen ellas.

Por cierto, vaya química que hay  emot038 

Muy divertida la escena con los móviles  :emot002: si en el fondo son como niñas, sólo había que verlas en la guerra con las almohadas

Estoy deseando leer el encuentro de Z con Nessa  :emot004: va a ser un encuentro muy interesante.

Que bien lo voy a pasar con esta historia  emot040 y que calores voy a pasar
  emot021

ale_itati

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #19 on: Mayo 18, 2009, 08:17:52 pm »
 emot024 Gracias Desesperada emot024
 :emot004: Si lo que viene esta genial :emot004:

Roz

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #20 on: Mayo 19, 2009, 12:49:11 am »
Que bueno que te guste, Desesperada, gracias por tus palabras  :emot008:

Y no te preocupes que ya no falta tanto para el encuentro entre Nessa y Z  emot033

Len

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #21 on: Mayo 19, 2009, 08:57:42 am »
Hola guapas, quiero felicitaros pq la verdad es que os está quedando genial!  emot040  emot040  emot040  emot040. Estoy totalmente enganchá y esperando el siguiente capitulo (que se está haciendo desear la verdad).

Un besote  emot024

macky37

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #22 on: Mayo 19, 2009, 11:49:50 pm »
 :emot003: :emot003: :emot003:Estoyn furiosa!!!!!!!
 Durante una temporada todos los fic estuvieron medio parados,¡ y ahora q mi maldita compu paso a mejor vida todas las historias estan q arden! Y ESTA ESTA MORTAL!!!!!!!!!!!!!!!
si siguen poniendo hembras asi en los fic mas vale q la Ward mejore las suyas porque dan pena.Bueno,ahora si q lo voy a volver loco a mi marido para comprar la pc nueva,él queria esperar 1PERO YO NI LOCA¿ :emot018: :emot018: :emot018: :emot020: :emot020:

ale_itati

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #23 on: Mayo 20, 2009, 03:58:56 am »
Muchas Gracias chicas por sus palabras. Es super emocionante saber que la historia que con tanto cariño hicimos tenga esta aceptacion. emot024
Y pronto habra mas y esto solo se pone mejor :emot004:

Gise

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #24 on: Mayo 21, 2009, 05:16:52 am »
Gracias chicas por las bellas palabras!!!  emot024

Y acá les dejo dos capítulos más emot040 emot040

Espero que sea de sus agrados!!  emot040 emot040

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CAPÍTULO 5

Nessa salió del vestíbulo y se encaminó hacia el gimnasio por el largo túnel. Iba al el encuentro de su “instructor”, Zsadist.
Habían pasado cinco días desde que las parejas habían sido asignadas y como desde ese primer y calamitoso encuentro en que la Virgen Escriba las presentó a la Hermandad aún no le había visto el pelo, estaba empezando a pensar que habían encargado su enseñanza a un ser imaginario.
No es que estuviera ansiosa por tener a un macho arrogante dirigiéndola y burlándose de ella, esos tiempos habían terminado hacía mucho, pero aceptaba que debido a su ignorancia de muchas cosas de ésta época, la instrucción se hacía necesaria. Por suerte, ella aprendía rápido y no duraría demasiado tiempo.
¿Hacia dónde debía ir ahora? Ah, sí, hacia la derecha, directo hacia las puertas dobles. Así se lo había señalado el hermano llamado Phury. Un hermoso macho con una hermosa cabellera. Parecía el más amable de los hermanos, con sus modales impecables y sus modos tan suaves. Claro que en el pasado, aquellos que más amables habían parecido, fueron los que peores vejaciones le habían infligido. Aun así, el vampiro no le inspiraba desconfianza.
Se detuvo en seco ante las puertas del gimnasio. Deja ir al pasado, Nessa, se dijo. Claro, como si fuera tan fácil. Tomó una profunda bocanada de aire y entró.
Allí estaba él. Zsadist.
Estaba levantando pesas. Cuando entró, se detuvo un momento, vio quien había ingresado y luego continuó con su trabajo.
Oh, sí, definitivamente debo pedirle un autógrafo a Miss Simpatía.
Sabía que él y Phury eran gemelos, lo habían dicho en la primera reunión cuando se les advirtió que se mantuvieran alejadas de él. Pero lo cierto era que no se parecían mucho a primera vista. Tal vez se debiera a que Zsadist se había rapado totalmente la cabeza o a aquella cicatriz que atravesaba su cara desde la sien hasta el labio superior, deformándolo. También se diferenciaban en los ojos. Mientras que los de Phury eran de un cálido amarillo como el del sol, los de su gemelo eran de un negro frío y profundo como el fondo de un lago a medianoche en mitad del invierno.
Pero incluso en las más negras profundidades se podían encontrar las más hermosas maravillas. Y Nessa se sorprendió queriendo descubrir lo que él escondía detrás de esa mirada furibunda.
Reprimiendo ese absurdo pensamiento, se acercó a Zsadist y le habló.
—Supongo que tú debes ser Zsadist.
Él se detuvo en medio de una flexión, le lanzó una mirada siniestra y continuó con lo suyo.
¡Vaya!, pensó molesta, el tipo empalaga de simpático que es. Intentó otra vez.
—Oye, no quiero molestarte…
—Entonces sal por esa puerta y deja de hacerlo —la interrumpió.
Ok, al diablo con los buenos modales.
—Mira, macho, a mí tampoco me agrada esto y por eso mismo quiero terminarlo de una vez, así que, por favor, levanta tu culo de ahí, enséñame lo básico de lo que necesito aprender y luego podremos seguir cada uno por su propio camino y no volveremos a vernos los rostros.
Mientras una repentina ola de frío la envolvía, Zsadist dejó las pesas en el soporte, se sentó y le clavó su negra mirada. Su instinto le exigía que retrocediera y se pusiera a buen recaudo de él. Pero bueno, nunca se había distinguido por ser la más sensata de sus hermanas.
—¿Tanto te molesta mi rostro?
Bien, ese había sido un comentario realmente afortunado de su parte.
—Te pregunté algo —dijo con voz siniestra—, ¿tanto te molesta mi rostro? Pues lo lamento si te asusta, niña aprensiva. Ahora deja de molestarme.
¿Niña? El mundo no le había permitido ser una niña.
—Tu rostro no me interesa, guerrero —repuso con calma—, y hace mucho que me arrancaron la capacidad de sentir miedo. Ahora deja de jugar a soy-tu-peor-pesadilla y enséñame lo que necesito aprender.
Zsadist se levantó y se acercó a la hembra que estaba fastidiándolo hasta que casi se tocaron. Casi.
Ella tuvo que alzar el rostro para poder seguir mirándolo a los ojos y aún así, podía olerlo, no se amedrentó, apenas si sentía un leve recelo proviniendo de ella, pero su mirada seguía siendo entre calculadora y desafiante. La pequeña hembra tenía agallas, le concedería eso.
—Lárgate —dijo de manera cortante.
—El Rey dijo…
—Me importa un comino lo que diga nadie —la cortó—. No pienso hacer de niñera de nadie. En lo que a mí respecta, las hembras tienen una única utilidad —dijo desnudando sus colmillos en una macabra sonrisa y avanzando un paso más. Apenas los separaba un espacio del tamaño de un cabello.
Pero ella no retrocedió.
—¿Y qué se supone que debería hacer ahora? ¿Tirarme sobre las colchonetas o salir corriendo?
—Puedes ponerte de cara a la pared.
—Oh, vamos guerrero, puedo hacerlo más divertido para ti.
Y cortó el delgado espacio que los separaba.
Cuando sus pechos se tocaron, Zsadist siseó y saltó hacia atrás descubriendo totalmente sus grandes colmillos en una mueca amenazadora.
Bien, pensó, si el tipo no sufre de una leve misoginia, yo soy la Virgen Escriba.
—No vuelvas a tocarme —gruñó mientras una nueva ola fría la envolvía.
—Eras tú quien me hacía propuestas indecentes, macho —retrucó.
—También he dicho que no pensaba hacerme cargo de ti y que dejaras de molestarme.
—Necesito que alguien me entrene y tú vas a hacerlo.
—No me provoques y no te lastimaré. No tendré consideración porque seas hembra —dicho esto, se volteó y se dirigió hacia un saco de arena y comenzó a golpearle con rápidos y efectivos movimientos.
Letales movimientos.
Elegantes movimientos llevados a cabo por esos músculos tan poderosos que podía ver flexionarse una y otra vez bajo su camiseta, mojada por el sudor.
Ya le gustaría tomar una toalla y secar el sudor de esa espal…
Nessa se pateó mentalmente para cortar el hilo de sus pensamientos y le gritó, más enfadada consigo misma que con él:
—¡Muy bien! ¡No me enseñes si no quieres, pero ten por seguro que yo aprenderé de ti!
Acto seguido, dio la vuelta y salió del gimnasio mientras Zsadist continuaba aporreando el saco.
Sólo cuando iba a mitad de camino hacia la mansión, se dio cuenta de que las bandas negras alrededor del cuello y las muñecas de Zsadist eran las de un esclavo de sangre.


Raysa abrió un ojo y miró alrededor. ¿Las paredes no debían girar, no?
Cerró el ojo un momento y luego abrió los dos.
Estaba en su cama, en su grande y confortable cama. Y no quería salir de allí. En realidad, no podía. Se encontraba muy débil. Y odiaba sentirse tan patéticamente. Lo cierto es que uno tendía a sentirse así cuando se encontraba en un gran periodo de inanición. Simplemente necesitaba sangre.
Lamentablemente, ahora mismo no podía hacerse cargo de eso, ya que su Oh-Real-Y-Gran-Señoría la debía estar esperando en el gimnasio para su entrenamiento diario y no quería quedar mal ante él suspendiéndolo debido a su debilidad. Sabía bien que el ego de ese macho no necesitaba que lo alimentara aún más.
Alimentarse.
Tendría que dejar de pensar en eso.
Haciendo un incalculable esfuerzo, abandonó la cama. Un leve mareo la atacó, pero se dijo que se debía a que había estado demasiado tiempo acostada. Lo mejor solución sería un poco de movimiento.
Abandonó la habitación, pero no se apoyaba en la pared porque lo necesitara, solo lo hacía por gusto. Se enderezó lo más que pudo y se dirigió al complejo fuera de la mansión donde Wrath la estaría esperando.


La hembra ya tendría que haber llegado y se sentía como un tonto esperando solo en el gimnasio. Definitivamente no pensaba seguir interpretando ese papel.
Con la furia a flor de piel se encaminó hacia la puerta del gimnasio.
Iría a buscarla y la traería a la fuerza si era necesario. Le enseñaría quién mandaba aquí. Después de todo, los tatuajes en sus antebrazos no eran meramente decorativos. Alzó la cabeza por un momento y frenó abruptamente al distinguir la figura femenina que se acercaba. Wrath agudizó sus sentidos. Podía notar algo raro en la hembra, algo que no estaba del todo bien.
Aún así, no frenó su duro comentario.
—Que suerte tengo que la gran guerrera se haya dignado a aparecer —soltó Wrath, irónico.
Raysa se erizó al escuchar las duras palabras del macho. Así se le fuera la vida en el entrenamiento, no iba a dejar que se diera cuenta de lo mal que se sentía.
—Es que me apetecía tan poco verte que no pude evitarlo —le dijo irónica.
Wrath apretó los puños, más furioso aún por la impertinente respuesta de ella.
—No voy a seguir tolerando esta actitud tuya, Raysa —le respondió apretando los dientes.
—¿Entonces qué te parece si empezamos el entrenamiento y dejamos la conversación para otro momento? —Le dijo mientras trataba de dirigirse con paso firme al centro de la habitación.
A duras penas estaba conteniendo el malestar. Necesitaba movimiento y cuanto antes, cualquier cosa que la distrajera sería bienvenida.
Wrath se acercó con paso felino a donde ella estaba, sin sentirse del todo conforme y se puso en guardia.
—Bueno, comencemos con unos movimientos sencillos como siempre —le dijo sin apartar la mirada de la figura que se encontraba enfrente.
Se acercó a ella lentamente, como una animal que acecha a su presa, la rodeó tratando de encontrar su punto débil y hacerla caer.
Raysa se alejó a tiempo y evitó el ataque del macho.
Maldición. Sus pies le pesaban una tonelada. Y apenas podía moverse.
Quiso girar para ponerse nuevamente frente a él y atacarlo, pero no fue lo suficientemente rápida y Wrath la tiró con fuerza al piso dejándola sin aliento. La miró sorprendido, definitivamente ésta no era la guerrera que le había hecho frente noches atrás.
—¿Estás bien? —Preguntó ligeramente confuso mientras se apartaba un poco.
Raysa trató de levantarse rápidamente y le respondió con acritud:
—Tan bien como podría estarlo con un macho como tú encima —le dijo provocándolo—. Recuerdo haberte dicho que no quería que me tocaras, no es de mi agrado tener tu cuerpo encima del mío.
Wrath se levantó rápidamente y se contuvo de ofrecerle la mano para ayudarla.
—Perfecto —dijo embistiéndola por sorpresa una y otra vez hasta hacerla caer tantas veces como quiso—. ¿Vas a admitir que te sientes mal? —Preguntó en tono serio y molesto. Odiaba que no compartiera lo que le sucedía, él necesitaba saber qué iba mal en ella.
—No me siento mal —le dijo con los dientes apretados. Aunque sabía que era una mentira enorme, jamás admitiría su estado, eso era para los débiles, no era propio de una guerrera de siglos.
Wrath, molesto por su terquedad, intensificó los ataques y la fuerza. Maldita hembra soberbia y orgullosa. Una y otra vez atacó, haciéndola trastabillar. Haciendo que Raysa se sintiera más enferma y cansada, pero él no iba a detenerse hasta que admitiera que estaba débil y que algo le ocurría, en los entrenamientos anteriores lo había sorprendido con su fuerza y rapidez.
Raysa simplemente ya no sentía nada. Trató de resistir los ataques durante el tiempo que le fue posible, pero el desgaste de energía la había llevado al extremo. Sin darse cuenta realmente de lo que pasaba, sus piernas dejaron de sostenerla y cayó de rodillas. Todo se estaba volviendo negro y los oídos le zumbaban.
Wrath se maldijo y la tomó en brazos antes que cayera completamente al suelo. No pensó.
—Raysa, ¿estás bien? ¿Me escuchas? ¿Qué te sucede? Necesito saber que tienes para poder ayudarte —preguntó asustado.
Demonios, no debería haberla forzado, se reprendió mentalmente.
Ella escuchó la voz a lo lejos, se sentía fatal y apenas podía contener el malestar, así que responderle estaba fuera de sus posibilidades definitivamente.
Su estómago estaba cerrado, gimió tratando de recuperar la conciencia. Por un momento todo pareció aclararse y trató de incorporarse, pero las náuseas volvieron con mayor intensidad.
Si tuviera la suficiente energía se habría desmaterializado hacia su cuarto, pero no podía moverse sin descubrir su situación aún más.
Wrath estaba aturdido, no sabía qué le ocurría y por alguna razón le afectaba verla así.
—Raysa, te voy a llevar a tu cuarto —dijo lo más calmado que pudo.
Cuando llegaron allí, la recostó en la cama lo más suavemente que pudo, como si fuera de cristal y se pudiera romper en cualquier momento. La arropó con una manta y se sentó a su lado. Le acarició el cabello.
—Raysa, necesito que me digas qué es lo que te pasa. Si no lo haces, no te podré ayudar —le murmuró suavemente.
Raysa no se molestó en abrir los ojos cuando murmuró con voz ronca:
—Quiero que te vayas, quiero que me dejes sola. Márchate.
Odiaba que la viera así, jamás se había mostrado vulnerable con nadie. Solamente sus hermanas la habían visto alguna vez de esa forma, pero era algo de lo que ninguna de ellas hablaba.
Trató de incorporarse para ir hasta el baño, pero su cuerpo se negaba a responder adecuadamente.
Con un esfuerzo gigantesco, logró sentarse en la cama y apoyar los pies en el suelo.
—Márchate, Wrath, no te necesito aquí. Vete —dijo, mientras se forzaba a levantarse.
De no ser por los reflejos de él, hubiera terminado en el suelo.
—Te tengo —dijo Wrath haciendo que la cabeza de Raysa se apoyara en su hombro.
Podía sentir como sus colmillos empezaban a crecer. Juntó las pocas fuerzas que le quedaban y lo empujó mientras caminaba tambaleante hacia el baño apenas conteniendo las arcadas. No voy a lograrlo, pensaba para sus adentros.
Leliel irrumpió en el cuarto de Raysa, seguida por Nessa y Kytara.
—¿Dónde estás? —Preguntó Leliel en medio de un mar de confusiones.
Siempre le había costado controlarse y mucho más si una de sus hermanas estaba en peligro.
En sus rostros se veía la preocupación que sentían. Kytara empezó a mirar por el cuarto buscando en donde se había metido Raysa, si había desaparecido.
Wrath miraba confundido a las guerreras.
—No la veo —dijo Nessa inspeccionando la habitación.
Entonces enfocó su mirada en el guerrero. ¿Qué hace aquí?, se preguntó.
Leliel se enfrentó a Wrath, quien las miraba sin entender nada.
—¿Cómo mierda no la has alimentado todavía? ¿Qué estás esperando? ¿No te das cuenta de que se está muriendo? —Dijo apuntándolo con el dedo en el pecho, dejándolo aún más sorprendido, mientras los cabellos de ella iban del rubio al rojo fuego
—Eso lo que quieres, ¿verdad? Una menos de nosotras, ¿no? —Gritó con odio Kytara, sus ojos habían empezado a cambiado de color y el viento en el exterior rugía enfurecido.
Los temblores del suelo comenzaron a ser cada vez más fuertes, alertando a las guerreras de que la situación era peor de lo que pensaban.
—Un momento. Mejor nos calmamos y buscamos a Raysa —dijo Nessa que contemplaba la escena sin entrometerse hasta ese momento—. ¿Sabes dónde se metió? —Preguntó mirando a Wrath
Éste le devolvió la mirada sin expresión en el rostro.
—En el baño —dijo pasando rápidamente entre las dos guerreras y yendo a donde estaba Raysa.
En un segundo volvió con ella en brazos y la depositó suavemente sobre la cama. Se paró y se dirigió rápidamente hacia la puerta.
Estaba a punto de llegar a ella cuando las tres guerreras se colocaron ante la salida.
—Debes alimentarla —demandó una de ellas.
—Sabemos que es terca, pero la necesitamos y la queremos, es nuestra hermana —agregó otra guerrera.
Wrath se encontraba entre la espada y la pared. Quería ser él quien la alimentara, era un deseo totalmente irracional y egoísta que tenía desde que la había conocido, y sin embargo sabía que no debía involucrarse con ella de esa manera, pero su hambre lo llamaba. Sólo duró un segundo su indecisión. Se dio media vuelta y se dirigió nuevamente hacia la cama.
Miró a las tres guerreras por detrás de las gafas oscuras. No hizo falta que hablara ni mucho menos que vieran los ojos del guerrero. Se podía oler en el aire el deseo reprimido del macho, que ya no se molestaba en ocultarlo. Las tres desaparecieron como por arte de magia.
Fue entonces, en ese momento cuando él la tomó en sus brazos, la sentó sobre su falda y acarició su mejilla de forma suave, besó su frente para luego dejar su cuello a disposición de Raysa para que se alimentara, para que saciara su hambre, para que bebiera de él.
Raysa seguía envuelta en una especie de bruma.
Podía sentir como bullía la sangre del macho, la llamaba y sentía que era inútil negarse más tiempo. De todas formas hizo un último intento de retirarse, no quería depender de él en ese aspecto tan importante.
Wrath gruñó por lo bajo. Si me va a rechazar, que sea con justa razón, se dijo a sí mismo. La tomó suavemente del mentón obligándola a que lo viera. Entonces hizo la cosa menos esperada de todas, inclusive para él. Cubrió con su boca los labios femeninos, suavemente. Fue un beso tierno, gimió cuando sintió el sabor de ella, se lo había imaginado así, pero era mucho más dulce, más femenino, más sensual, mucho más excitante.
Raysa sintió la suave pero firme caricia.
Abrió levemente los ojos, un extraño calor se estaba adueñando de su cuerpo sin fuerzas. Levantó con dificultad una mano y pudo sentir la piel masculina suave bajo su tacto.
La llamada de la sangre era cada vez más poderosa.
Se apartó levemente para poder mirarlo. Estaba tan indecisa, no quería depender de nadie y menos de él, las cosas que sentía eran nuevas y demasiado intensas, sensaciones que ella siempre se había negado a sí misma. Él estaba más cerca de ella de lo que ningún macho había estado antes.
Pero lo peor de todo, lo que hacía que realmente se sintiera mal, era que Wrath lo estaba haciendo por obligación y no quería que fuera de ese modo.
—Raysa —ronroneó Wrath notablemente excitado—, bebe de mí —dijo lamiendo su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja, besándola allí, provocándola, excitándola—. Deseo que lo hagas, quiero ser el único que te alimente —susurró en su oído.
Lo miró, sorprendida a pesar de su malestar.
—Tú no quieres realmente esto, Wrath, ¿sabes lo que esto significaría? ¿Las complicaciones que acarrearía a tu vida? No puedes estar hablando en serio —le dijo con la voz ronca deseando internamente que sus palabras fueran verdad, porque eran las más bonitas que alguien le había dicho jamás.
Desde que había llegado al complejo de la Hermandad había sentido cosas nuevas. Cuando habló con él, cuando la tocó por primera vez, sintió que realmente despertaba, que su cuerpo volvía a la vida después de un largo letargo.
Una lágrima se deslizó por su mejilla, conmoviéndolo más de lo que se imaginó.
Wrath limpió con su pulgar la solitaria lágrima.
—No sé que puede venir después de esto,  tampoco puedo explicar por qué has despertado en mí este deseo, me resisto a esto que siento con todas mis fuerzas y tú debes saberlo; debo ser honesto contigo, tampoco puedo hacerte promesas de ningún tipo ni creo que tú las necesites… Somos tan diferentes, pero necesitas alimentarte y yo estoy aquí para ti, ahora, en este momento. Las complicaciones que surjan las enfrentaremos cuando lleguen.
Raysa se acercó nuevamente a Wrath, pasó la nariz por el hueco de su cuello y dejó de resistirse, la sed era demasiado fuerte. Sintió como sus colmillos crecían nuevamente, cerrando los ojos y pasando una mano por el cuello del macho, hundió sus colmillos, soltando un gemido al sentir la sangre de él entrando en ella, llenándola con su fuerza, era como fuego entrando en su cuerpo, colmándola de poder.
Era una situación profundamente íntima, sentada en su regazo, sintiendo los fuertes brazos que la sostenían y bebiendo de un guerrero como él era más de lo que hubiera imaginado. Succionaba con fuerza mientras pasaba la mano libre por el suave cabello masculino. Su fuerza poco a poco iba volviendo.
Él acarició su cabello, resistiéndose a llegar más allá, llevando a cabo una lucha interna contra su deseo de tomarla en ese mismo instante. Reclamarla como suya era lo único que tenía en su mente, aún cuando sabía que eso no debía suceder jamás.
Cuando estuvo satisfecha, Raysa se separó de su cuello y lamió la herida que había provocado, demorándose más de lo necesario.
Wrath, que tras la experiencia se encontraba vulnerable, ansioso y excitado, no pudo resistirse más y la besó con deseo.
La recostó en la cama y comenzó a trazar un camino de besos húmedos desde sus labios hasta su ombligo, donde dejó escapar un leve suspiro haciendo que ella gimiera con deseo y sin oponer la menor resistencia a sus caricias.
Ella sentía arder su cuerpo. Con sus fuerzas totalmente recuperadas y esa extraña y desconocida sensación que provocaban las caricias de Wrath, se encontraba mareada y no precisamente por tener sed, ya que ésta había sido saciada por completo.
La boca del macho dejaba senderos ardientes en partes de su piel que eran totalmente sensibles. El top de entrenamiento no cubría mucho y todo en lo que ella podía pensar era en tenerlo encima suyo. Estiró los brazos y lo atrajo nuevamente hacia sus labios, rozando con los suyos la boca masculina, tanteando con deseo.
Wrath sintió como su erección aumentaba en sus pantalones, mordisqueó sus labios y con una mano delineó las curvas del cuerpo femenino. Centró toda su atención en sus pechos; levantó su top dejándolos al descubierto y comenzó a lamerlos como si de un dulce se tratara. Mordisqueó suavemente los pezones y sonrió cuando la escucho gemir. Por todos los cielos… podría pasar el resto de mi vida haciendo esto una y otra vez, pensó.
Raysa susurró con vos ronca:
—Por favor, Wrath… —levantó su rostro y lo atrajo hasta tenerlo frente al suyo, acarició la fuerte mandíbula, los labios, el cuello y luego llevó su mano a los anteojos.
Necesitaba ver sus ojos, ver su expresión cuando lo besara, cuando se rindiera completamente a ese guerrero, cuando se entregara como nunca antes.
—Necesito verte por completo —susurró llevando nuevamente las manos hacia los lentes.
Él cubrió las manos de ella con las suyas y cuando iba a hablar escucharon un fuerte golpe en la puerta del dormitorio. Raysa dio un respingo e intentó cubrirse.
Wrath se incorporó al escuchar la voz de Vishous a través de la puerta llamándolo.
—Wrath necesito decirte algo, señor, es bastante urgente. No te interrumpiría si no fuera algo de suma importancia.
Raysa sentía como ardían sus mejillas y trataba de vestirse nuevamente con rapidez, mientras el macho se dirigía con paso firme hacia la puerta. ¿Qué diablos le pasaba? Si no fuera por esa interrupción, ella se habría entregado sin reservas a Wrath.
Nunca había estado con nadie en todos los siglos de vida que tenía y en pocos días ya no podía apartarse de este macho y se entregaba tan fácilmente. ¿Que tenía él que la hacía actuar de esta forma? ¿Qué poder tenía sobre ella que hacía que se olvidara de todo?, se preguntaba mientras observaba como desaparecía de la habitación.
—¿Se puede saber que es tan importante, V?
—Tuve una visión y está relacionada con las guerreras. Fue muy contundente Wrath: “Si el equilibrio de las cosas se quieren mantener, ellas tendrán que poseer calma interior. Las horas están contadas si no logramos contenerlas".
Wrath miró a Vishous y sin dudarlo le dijo:
—Quiero que nos veamos abajo en la oficina, reúne a los hermanos. Con lo que me dices y con lo que ha sucedido hace un momento, es de vital importancia que hablemos. Estaré allí en unos minutos —Añadió Wrath antes de entrar nuevamente en la habitación.
Cuando entró nuevamente encontró a la hembra mirando por la ventana completamente vestida.
Raysa lo sintió entrar pero se rehusó a mirarlo.
—Tengo que reunirme con mis hermanos en unos momentos, Raysa —dijo serio, mientras se acercaba a ella.
Raysa se encogió cuando sintió la mano del macho deslizarse por su espalda, acariciando su cabello.
—No necesitas darme explicaciones, Wrath, me has alimentado y te estaré agradecida…
Soltando un leve gruñido, tiró de ella y la acercó a su cuerpo, antes de decirle suavemente en el oído:
—Fue más que eso y lo sabes. Si no nos hubieran interrumpido ahora estarías gritando mi nombre. Las cosas no serán iguales Raysa, aunque lo quieras, las cosas no volverán a ser como antes— besó su cuello antes de desaparecer de la habitación dejando a una muy confundida Raysa.


Todos estaban intrigados, ya que ninguno estaba seguro de qué trataba la reunión, aunque pensaban que tenía que ver con las guerreras. Desde que aparecieron, eran el tema de conversación de todos, y sobre todo de algunos más que de otros.
Wrath ingresó a su estudio. Se dirigió directamente hacia su escritorio Luis XIV, apoyó los codos en él y la barbilla sobre las manos entrelazadas, tratando de olvidar las escenas en la habitación de Raysa. Tras unos minutos en silencio, se dirigió a todos.
—V tuvo una visión, que me gustaría que compartiera con todos ustedes —miró a Vishous—. Bien, hermano, ¿qué tienes que decirnos?
Vishous se alejó de la chimenea, sobre la que estaba inclinado junto a Butch y se enderezó. Miró a cada uno de sus hermanos con sus diamantinos ojos escrutándolos, deteniéndose un segundo más en aquellos que tenían una guerrera asignada.
—Bueno, ¿vas a hablar o no? —Preguntó Butch con impaciencia.
Lanzando un suspiro, Vishous comenzó a hablar, con el ceño fruncido.
—Estaba terminando de instalar los chips GPS en los móviles de las hembras cuando una visión me asaltó.
—¿Qué es lo que te mostró? —Preguntó Wrath al ver que el silencio de su hermano se prolongaba.
—Pues… —frunció aún más el ceño y sus ojos comenzaron a brillar—. Había cuatro figuras que parecían mujeres: una estaba hecha de llamas, otra de agua, otra de tierra y la última apenas se la veía, pues estaba hecha de aire.
Estaban flotando sobre un agitado mar de lágrimas y sangre, y desde la orilla, cuatro figuras negras se les acercaban. Pero cuando éstas tocaron el agua, se desvanecieron. Entonces las figuras se unieron formando una gran masa de Caos que descendió hasta el mar y cuando se hundieron en él, la muerte cubrió todo. Pero un punto de luz vino desde lejos y habló: “Si el equilibrio de las cosas se quieren mantener, ellas tendrán que poseer calma interior. Las horas están contadas si no logramos contenerlas”.
Un gran silenció siguió al relato. Todos los hermanos se quedaron pensando en lo que la visión estaba tratando de comunicarles.
—Pues hay algo obvio —dijo Rhage—, ellas están involucradas.
—Sí, pero según parece, traen la muerte, además de un mar de lágrimas y sangre —dijo Butch, lacónicamente.
—No, no exactamente —lo contradijo Vishous.
— ¿Qué es lo que piensas de la visión, V? —Le preguntó Phury.
—Verán, mientras las figuras negras se iban acercando, los elementos se alejaban del mar y se iban definiendo, pero cuando las figuras se desvanecieron, justo en ese momento se unieron y se hundieron, trayendo la muerte.
—¿Quiénes son las figuras negras? —Intervino Zsadist.
Vishous no respondió en seguida.
—Creo que las figuras son alguien a quienes ellas necesitan para mantener la calma interior de la que la luz habló, y así evitarían hundirse en el mar agitado.
—¿Pero qué tiene que ver eso con mantener el equilibrio de las cosas? —Preguntó Butch.
—Es obvio que cada una de ellas maneja uno de los cuatro elementos a su antojo: Kytara el aire, Leliel el fuego, Nessa el agua y Raysa la tierra —respondió Wrath—. Estos son los constituyentes elementales de la materia. Por lo tanto, creo, ellas son el equilibrio. Si no logramos contenerlas, se destruirán y el equilibrio se destruirá con ellas, trayendo así el Caos y la muerte —miró a Vishous, como pidiendo una confirmación de lo que acababa de decir.
—Eso es lo que pienso yo también. Es obvio que las cuatro juntas tienen un inmenso poder que, descontrolado, puede traer la ruina de todos, y ellas ya demostraron caracteres fuertes que les facilita la pérdida de control. Dependerá de esos cuatro el “contenerlas”.
—Y noto que aún no has respondido a esa pregunta, mi hermano —acotó Phury—, ¿quiénes son esos cuatro?
La diamantina mirada de Vishous se apartó de la de Phury y se posó sobre el resto de los hermanos.


Gise

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
« Respuesta #25 on: Mayo 21, 2009, 05:18:43 am »
CAPÍTULO 6

Cuando Kytara sintió el sufrimiento de Raysa pudo percatarse de que ninguna de ellas se había alimentado todavía.
Otra vez sentía ese dolor en la boca del estómago, ahora sabía que era… hambre.
Pero tenía un pequeño problema, o mejor dicho, un "gran problema".
En el pasado su madre había sido la mano derecha de la Virgen Escriba, cuando fue entregada a su padre nadie pensó que se fueran a enamorar y vivieran de forma tan apasionada ese amor. Todavía se le sonrojaban las mejillas al recordar cuando Kasim llegaba a casa e iba en busca de Shanna, esa adoración que se leía en sus ojos hacia su shellan, en esos momentos solo existían ellos dos.
Una lágrima cayó por su mejilla, no era justo que un ser tan despreciable e inmundo lo destruyera todo.
El Omega le había quitado a su padre y a la vez a su madre, porque ésta no pudo soportar seguir viviendo sin su amado Kasim, olvidándose de la hija que tanto los amaba.
Al morir ellos y no tener familia directa, la Virgen Escriba se hizo cargo de su educación, ya que era lo único que le quedaba de su vieja amiga.
Al principio de su educación se la instruía para ser una Elegida, como dictaban las reglas. Pero al cumplir los trece años algo cambió en Kytara e hizo que se truncara ese destino y acabara siendo entrenada para ser una guerrera.
Por esas cosas de la vida, una noche le presentaron a tres hembras, dos rubias y una con el pelo negro, una seguía siendo una adolescente según los cómputos de su raza y las otras dos ya eran adultas que habían pasado la transición. Todas eran diferentes entre sí, pero a la vez eran iguales.
Se les podían leer en los rostros diferentes niveles de odio, desconfianza y tristeza. No querían estar allí pero el destino había actuado con ellas igual que con Kytara, como descubrió más tarde.
Y la tomaron como si fuera su hermana menor.
Las cuatro compartían un camino que tenían que recorrer, debido a sus padres, ya que ellos habían sido los mejores guerreros de la Hermandad, elegidos para proteger el futuro de la raza.
La Virgen Escriba había estallado en ciega furia al ver el cambio producido en Kytara, ya que no quería a entregar a una futura Elegida así como así. Así fue como llegaron a un acuerdo.
En las manos de la Virgen Escriba estaba elegir al macho que la alimentaría y jamás sería tocada sexualmente, ya que su virginidad acabaría siendo consagrada a ella.
¡Menudo pedazo de porquería sagrada!, se dijo mentalmente.
—¿Kytara?
No podía ser, ya iban dos veces que se lo encontraba. ¡Joder!, pensó.
—¿Si? —Se giró para poder hablar mejor.
Gran error, sintió una patada en el estómago. Aliméntate.
—¿Te sucede algo? —Le pregunto Butch a una pálida guerrera.
—No, nada, todo está bien —y otra puntada más aguda.
—¿Estás segura? Entonces, ¿no hay ningún problema si me acompañas a ver a la Virgen Escriba?
—¿Acompañarte? ¿Es qué no conoces el camino?
—¡Ja! Graciosa…
—Sí, lo sé.
Butch se cruzó de brazos en señal de cansancio, no le gustaba discutir con ella, y menos ahora que la veía pálida y frágil.
—Bueno, no me has dicho por qué te tengo que acompañar.
—Lo pidió la Virgen Escriba, que fuéramos ambos lo antes posible.
—¿Y por qué tenemos que hacerlo? No veo el motivo.
—Yo tampoco pero fue lo que mandó a decir con Wrath.
—No en… ¡Ay!
Una fuerte puntada la dobló en dos, haciendo que cayera de rodillas tomándose con las manos el estómago.
¡No, ahora no!
Al ver esto Butch se arrodilló frente a Kytara agarrándola de los brazos y mostrando en su rostro la preocupación.
—¿Qué te sucede?
—Nada que sea tu incumbencia —le dijo mordiéndose los labios, podía oler su sangre llamándola, ya no lo podía soportar.
Trató de pararse pero sentía como gelatina las piernas.
Entonces Butch no lo aguantó más y la tomó en sus brazos.
—¡Bájame! ¿Qué te piensas que soy? ¿Una pobre Elegida indefensa?
—No, eres una guerrera que en este momento se siente débil y que no puede valerse por sus propios medios.
Y echó a andar por los pasillos de la mansión sosteniendo a Kytara, que en sí no pesaba nada. Era como una muñeca en sus brazos, una sexy muñeca, con la que con gusto jugaría un buen rato. Ella nunca lo permitiría, no entendía esa aversión que sentía hacia él. Por un segundo sentía que le correspondía pero al siguiente lo detestaba como si fuera una rata.
La miró disimuladamente, tenía la cabeza apoyada en su hombro con los ojos cerrados, se veía tan tranquila, serena, con una mano apoyada en su estómago como tratando de controlar algo, ¿pero qué?
Por fin llegaron al jardín de la Virgen Escriba, la buscó con la mirada y la vio sentada al lado de una fuente rodeada de decenas de aves, parecía que ambas especies estaban cómodas entre sí.
Kytara abrió los ojos y vio el jardín.
Nada había cambiado.
El blanco de los árboles y el césped era el mismo que hace tanto tiempo atrás, la fuente en la que se sentaba y la ayudaba a serenarse contra la injusticia de su vida seguía igual, al contrario de su vida.
Butch la bajó.
Ella lo miró y con un gesto de la cabeza le agradeció su delicadeza, luego se encaminó hacia la Virgen Escriba, con él pisándole los talones.
—Aquí nos tienes, ¿qué deseas?
—Kytara, hija de Kasim y Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath. Bienvenidos, me alegra saber que mi mensaje fue recibido —dijo ignorando la pregunta de Kytara, ya que no era propensa a responderlas.
—Mi Señora —dijo Butch haciendo una leve inclinación en muestra de respeto, algo que le costaba recordar ya que era muy nuevo en todo esto.
Vishous lo estaba ayudando a aprender cada gesto o comentario que debía hacer frente a ella. Desviando la mirada vio a la guerrera cruzada de brazos en pose despreocupada y aburrida de la situación.
—Tus modales mejoran cada día que pasa, guerrero, los hermanos te aconsejan bien. En cambio, otros, al pasar los años se vuelven más impertinentes, ¿no es así, Kytara?
—Puede ser, nunca me lo planteé… no es algo que me quite el sueño —le dijo con una falsa sonrisa en el rostro.
Carraspeando disimuladamente Butch trató de desviar la atención de la Virgen Escriba, temeroso del daño que le pudiera hacer a Kytara.
—Kytara como te habrás empezado a dar cuenta, tus ansias de alimentarte se han despertado, ¿recuerdas lo que eso significa?
—Sí —dijo con veneno Kytara, con sus manos sosteniéndose el estómago, ya no lo soportaba más.
—Te tienes que alimentar.
—¿Y a quién has elegido? —Le dolía hacer esta pregunta, ya que demostraba que su libertad estaba cortada por los caprichos de Su Santidad.
—Eso ya lo has hechos tú, ¿no es verdad? —Atacó la Virgen Escriba.
Su condena ahuyentó a los pájaros que bebían y se bañaban en la fuente.
—¡No es verdad! —Contraatacó Kytara.
El aire a su alrededor se sintió pesado, el cielo que se veía de un límpido azul fue cubierto por nubes negras y sobre ellos empezaron a danzar truenos y relámpagos, que iluminaban la escena. Un viento empezó a azotar las plantas y los árboles como queriendo imponer su presencia.
Butch era un mudo testigo del intercambio de palabras, no podía creer lo que sucedía, miró a la pequeña guerrera, estaba lívida de furia, sus manos estaban cerradas en forma de puños, sus labios apretados y sus ojos… habían cambiado de color. Ya no eran los azules cristalinos que tanto le atraían, se habían transformado en unos violetas tormentosos como la vez anterior en la biblioteca. El aire, el viento, todo tenía una conexión con ella… ¡los controlaba!
—¡Mocosa impertinente! ¡No te atrevas a jugar conmigo! ¡Yo sé lo que pasó en esa cocina!
De repente el aire se congeló, como si nunca hubiera pasado nada.
—¿Cocina? —Lo había olvidado—. Esto… Bueno, en sí, no fue nada —dijo Kytara, mirando simultáneamente Butch y a la Virgen Escriba.
—¡Perdón! ¿Cómo que no fue nada? —Dijo un ofendido Butch, esto era último que iba a soportar de Kytara.
—Eso… nada —remarcó la guerrera.
—Ok, Su Santidad, me retiro. Digamos que estoy cansado de soportar a una pequeña… comadreja.
—No, Dhestroyer, tu papel en esto recién comienza ya que al tocar a una guerrera que fue consagrada a mí, sellaste tu destino.
—¿Qué papel? —Preguntó sumamente preocupada Kytara, esto no le gustaba nada.
La Virgen Escriba miró fijamente a Butch y sentenció.
—Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath, desde hoy serás el encargado de alimentar a Kytara antes conocida como Aire hija de Kasim y la Elegida Shanna.
—¡No! —Gritaron a la vez los guerreros.
No, esto no puede estar pasando, pensaba desesperada Kytara, es una pesadilla. De todos los machos de la raza, tenía que ser él. Si le había sido difícil resistirse en la cocina no quería imaginarse cómo sería alimentarse.
La pequeña y luminosa figura vestida de negro continuó hablando como si no existieran esos dos guerreros con cara de haber visto un fantasma.
—Espero que recuerdes, Kytara, que se hará como fue acordado, frente a una de mis sirvientas, pero analizando la situación ya vivida por ambos, tendrá que ser frente a mi Directrix. Viendo que en cualquier momento te desmayarás sugiero que partan hacia la recámara donde ella los aguarda. Ya estoy cansada de sus presencias.
Y con esto los teletransportó a dicha recámara donde en una silla estaba sentada una mujer vestida con una túnica blanca.
La Directrix.
—Mi señora y mi señor, espero que la estancia sea de su agrado —dijo esto mientras hacía unas reverencias y mostraba con la mano toda la habitación.
Pero los guerreros lo que menos miraban era la habitación, cada uno estaba sumido en sus pensamientos.
Para Kytara esto no podía estar pasando, no quería que fuera él, pero en el fondo de su alma lo había sabido apenas lo tocó, todavía no había podido sacarse de la boca el sabor de su beso, su primer beso, y ahora tenía que alimentarse de él.
Butch estaba atónito, no podía creer su buena suerte, ahora más que nunca agradecía ser irlandés y tenerla.
Miró a la pequeña guerrera y por la expresión de su cuerpo no estaba muy conforme que digamos, mejor dicho, parecía que odiaba la situación. Bueno, mala suerte para ella, ya que la palabra de la Virgen Escriba era determinante y sagrada.
—Bueno, ya estamos aquí, ¿dónde quieres que lo hagamos?
—¿Que hagamos qué? —Preguntó confundida.
—Alimentarte… ¿O quieres otra cosa? Pero recuerda que va a ser con público. No soy mojigato pero de esa manera no me interesa.
—¿¡De qué demonios estás hablando!? —Se exasperó Kytara, cuando de repente entendió su comentario—. Pedazo de estúpido, ¿qué te piensas que soy, una ramera necesitada? —Y se lanzó sobre él tratando de lastimarlo, y esto fue demasiado para Butch, que la abrazó y la atrajo hacia su cuerpo, ahora más que nunca sentía su debilidad, su ansias de alimentarse, su cuerpo llamándolo. Mía.
—Bueno, Kytara, ya es hora, estás muy débil y por lo que te conozco detestas mostrarte de esta manera. Toma mi sangre, ¡ya!
Los dolores en la boca del estómago eran cada vez más fuertes, ya no aguantaba más, durante todo este tiempo trató de disimular, pero él tenía razón.
Ya era la hora.
Lo miró, sus colmillos se alargaron y su boca tomó el control por ella.
Se fue acercando lentamente al cuello de Butch.
Con la punta de su lengua tocó su tibia piel y lo sintió temblar, sus brazos se cerraron más en torno a ella, temiendo que escapara. Sus manos que estaban apoyadas en el pecho del guerrero se cerraron como garras, en señal de no querer soltar a su presa.
Ella estaba jugando a atormentarlo, retrasando el momento. Quería descubrir hasta donde llegaría.
Un fuerte gruñido, le hizo saber que al guerrero no le gustaba.
Entonces soltando una risita lo mordió y comenzó a emanar el alimento tan vital.
¡Por lo más sagrado! Nunca había bebido una sangre tan dulce, tan espesa, seductora al paladar, en ese momento se olvidó todo.
Sus manos cobraron vida y recorrieron el pecho de Butch, subiendo lentamente, memorizando esos músculos duros, y tomando el pelo de la nuca lo atrajo más hacia su boca, no lo quería soltar jamás.
Butch sintió que estaba en el paraíso, su cuerpo se endureció de pasión cuando le clavó los colmillos. Mía. Él se encargaría de que fuera de esa manera, sabía que iba a tener un largo camino, pero esto se realizaría, sería suya. Con unas de sus manos tocó el cuello de Kytara, sintió el lento ritmo de su garganta tomando su sangre, alimentándola, saciando esa sed. Se prometió que pronto ella tomaría su lugar. Muy pronto.
Con un suspiro, Kytara dejó de beber, paso su lengua lentamente para que cicatrizara los pinchazos, miró a Butch.
—Gracias, Butch.
Era la primera vez que lo llamaba por su nombre y no sonaba tan raro.
Una sonrisa cruzó por el rostro de Butch.
—Cuando quieras, Kytara.
Entonces se percató que una gota de sangre había quedado en sus labios, lo estaba llamando y no se podía resistir.
Bajó sus labios lentamente, y cuando estaban por hacer contacto con los de Kytara, se escuchó una voz.
—Amos, ¿han terminado? —Pregunto la Directriz, interrumpiéndolos.
Butch levantó la cabeza y la liberó.
—Sip —dijo una colorada guerrera.
Se sentía desilusionada por el beso que no fue. ¿Desilusionada?
—Muchas gracias por aguardarnos.
—Es mi deber —dijo humildemente.
—Entonces nos retiramos, hasta la próxima.
Tomó del brazo a Kytara y se desmaterializaron hacia la mansión.
—Bueno, llegamos —comentó Kytara tratando de recuperar su brazo.
—Sí… pero tenemos algo pendiente.
Tiró de ella y le plantó el beso que había quedado pendiente.
Con su lengua abrió la boca de la guerrera y empezó a recorrer cada parte de su paladar, sus brazos la encerraron por precaución por si quisiera escapar, sus manos recorrieron la espalda bajando hasta su trasero firme, y con una leve presión lo tiró para adelante, para que se percatara del deseo que había despertado. Ella no se resistía. Mía, gritó su alma. Una de sus manos empezó a subir, necesitaba tocar sus pechos, sentir como con sus caricias se endurecían sus pezones, clamando por sus labios.
Kytara solo se dejó llevar, no le importó que la Virgen Escriba se enterara de esto, no le importó más nada.
Acercándose más a Butch, empezó a recorrer su pecho, sus manos subían y bajaban, deteniéndose en sus abdominales, ¡por la Virgen!, era todo músculo.
Cuando sintió la mano sobre uno de sus pechos, se creyó morir y profundizó el beso.
¡Detente!, gritó su alma.
Con temor, se soltó del apasionado abrazo.
—¡No! Lo siento, pero no puedo.
—Como que no p… —la frase fue cortada por la llegada de las demás guerreras, que los miraban de forma extraña.
—Aire nos vamos a un bar, ¿quieres venir? —Preguntó Leliel algo divertida.
—¡Ok! Vamos, tengo ganas de tomar algo esta noche —agradeció en silencio a sus hermanas el haberla rescatado, todavía era muy pronto para analizar lo que acababa de pasar.
Entonces las cuatros guerreras se fueron caminando, dejando a un sorprendido Butch.
—¡Pero a qué demonios juega! —Le gritó a la nada de una manera frustrante.


—Hermanas, hemos llegado —anunció sonriendo Raysa.
—¿Y a dónde hemos llegado, si es que se puede saber? —Preguntó Nessa, recorriendo con la mirada la fachada del edificio.
—ZeroSum —Kytara señaló el cartel brillante de la entrada del bar.
—Bueno, ¿y qué esperamos para entrar? ¿Una invitación? —Leliel se frotaba las manos sobre los pantalones, reprimiendo sus ansias de jugar con sus pequeñas llamas.
Las cuatro guerreras se dirigieron hacia la entrada del bar, no les costó nada ingresar.
Hacía unos días, Fritz les había dado unas tarjetas con sus respectivos nombres, explicándoles para qué servían y en qué situaciones debían usarlas.
Tuvieron que esforzarse para acomodar la visión dentro del lugar, la música sonaba muy fuerte y las luces lastimaban un poco sus ojos.
—Por todos los cielos, ¿la gente se divierte en este lugar? —Preguntó Leliel frotándose la cabeza y despeinando su cabello.
—Además, definitivamente este sitio es muy pequeño —dijo Nessa mientras luchaba para evitar todo contacto posible con la gente.
El lugar estaba atestado de personas, no se sabía cuáles eran humanos y cuáles vampiros.
—¿Se puede saber en dónde están las bebidas? —Soltó Kytara, corriéndose del camino de un par de borrachos.
—Supongo que por ahí —dijo Raysa señalando la barra.
—Ni modo… Olvídate de que me meta en ese tumulto de gente —dijeron Nessa y Leliel juntas, quiénes se miraron divertidas y comenzaron a reírse.
—Es igual, sigo con la idea de volver a la mansión —dijo Leliel superada por la situación.
—¿Necesitas ayuda? —Preguntó una voz masculina detrás de Kytara.
Otra vez, ya con esta era la tercera vez que la tomaba desprevenida.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Le preguntó desconfiada.
—Nada en especial. Vine con algunos de los hermanos para distendernos un poco —dijo Butch encogiéndose de hombros como si nada.
—¿Distenderse? En nuestros tiempos no teníamos ese privilegio ya que nuestra raza dependía de nosotras —dijo con burla Nessa.
—Pobre de ti, ya comienzo a sentir lástima —dijo Zsadist, para luego seguir hasta la zona VIP, le jodía como mil demonios venir al lugar, pero necesitaba tener un poco de acción esa noche.
—Como sea —dijo Leliel—. Me voy… Es demasiado para mí todo esto.
Raysa la agarró del brazo.
—No te vas a ningún lugar. Vinimos por algo para tomar, y así lo vamos a hacer.
Phury se rió ante la escena
—¿Por qué no vienen con nosotros?
 —Vengan y compartiremos unos tragos como muestra de paz —comentó un sonriente Rhage, que llevaba colgando de uno de sus brazos una pelirroja bastante exuberante, que parecía tener problemas con sus manos, ya que no dejaba de toquetear al guerrero.
Y el muy idiota se dejaba hacer complacido, ya que su rostro mostraba la dicha de los machos que disfrutaban del lujo de haber tenido sexo… porque era eso, sexo, nada de hacer el amor, ese sentimiento no cabía en un revolcón de un momento.
 —Prefiero ser extra crujiente al amanecer antes que compartir la mesa con un híbrido —dijo Leliel desafiante mientras pasaba al lado de Rhage.
Todos se quedaron con la boca abierta. Las demás hermanas la siguieron. Nadie entendía nada. Por un momento, todos creyeron que habían llegado a una especie de tregua. Butch quiso ir detrás de Kytara, pero el brazo de Wrath lo detuvo.
—Déjalas.
—¿Por qué? —Preguntó el poli sin entender nada.
Vishous que se estaba acercando a la pequeña reunión alcanzó a escuchar el comentario de Leliel y la partida de ellas y solo contestó:
—Es simple, ¿cómo te sentirías si te durmieran por cinco siglos y te despertaras en un tiempo que no es el tuyo?
—Supongo que… —hizo una pausa, meditando la situación—. Bien, bien, me rindo —dijo mientras se internaba en el bar junto con los demás.
—A menos que alguien haya jodido por demás la situación, solo queda esperar que se acostumbren a estos tiempos —dijo Wrath mientras seguía con detalle cada movimiento de Raysa.
 —No que sepamos, aunque Z no está manejando bien la situación —comentó preocupado Phury, en este poco tiempo, Zsadist no se había encontrado con Nessa para darle su entrenamiento y esto ponía en riesgo la paz de la mansión, dudaba mucho que las demás guerreras no estuvieran al tanto de la situación y pudieran interpretar como un desaire hacia su hermana.
—¡Demonios! Tendrías que hablar con Z.
Los hermanos tomaron la mesa de siempre, mientras que Phury había desaparecido para hablar con Rehvenge, el dueño del lugar.
Wrath y Butch solo enfocaban la mesa donde estaban aquellas guerreras que les quitaban el sueño, mientras Vishous los observaba muy divertido.
—¿Y si tan solo van hasta allá, las ponen sobre sus hombros y se las llevan a su cuarto?
Ambos lo miraron con desaprobación
—¡Oh! Disculpen si no me parece para nada entretenido verlos babear sobre la mesa.
Butch lo miró.
—Muérdeme el culo —dijo bebiendo de un solo trago su whisky.
—Creo que no es a mí a quien tienes que pedírselo —dijo V divertido.
—Hermanos, calma, ¿por qué no va uno y trata de ver si necesitan ayuda? —Dijo Wrath, ya que quería saber cómo estaba tomando todo esto Raysa, la guerrera lo preocupaba.
—Si tanto les interesan, por qué no van los dos, mean a su alrededor para marcar el territorio y listo —dijo Z.
Wrath gruño.
—¿Qué? Ustedes están comportándose como si estuvieran en celo, no yo.
Rhage volvió a la mesa con la camisa desarreglada fuera del pantalón, se sentó en una silla al lado de Wrath y bebió su Red Bull.
—¿De qué hablan? —Preguntó tranquilo.
—Los chicos se pelean por quién va a ir a ver como están las hembras —dijo Vishous revolviendo su vodka.
Él sonrió y se levantó.
—Entonces voy yo.
En el camino, se volvió a topar con la mujer con la que había estado antes, cosa que no paso desapercibida para Leliel, quien comenzó a sentir como todo su cuerpo empezaba a quemar.
—Lel… ¡Lel! —Llamó por tercera vez Kytara.
—Vamos, mujer, no puedes vivir distraída siempre —se quejó Nessa.
—¿Eh? Perdón, lo siento… Ya les dije que tendría que haberme quedado en la mansión —dijo despeinándose su corto cabello que comenzaba a tornarse rojo furia.
—Otra vez con lo mismo —dijo exasperada Raysa—. Dijimos que esta salida la necesitábamos después de todo lo que nos ha pasado.
—Pero al final resultó mal —respondió Nessa tomando un trago—. Para la próxima nos vaciamos las cervezas en la mansión.
—Basta. Ya les pedí perdón —dijo Leliel un tanto molesta, entonces vio que Rhage volvía a desaparecer con aquella pelirroja—. ¡Maldición! —Gritó cuando una de sus manos, a pesar de tener los guantes de protección, dejó una marca en la mesa—. Me voy… —dijo saliendo lo más aprisa que pudo del lugar, evitando el contacto con cualquier persona para no lastimarla.
Estaba tan ciega en su furia que no escuchaba los gritos de sus hermanas llamándola, solo pensaba en salir y volver a la mansión. No le importaba como, pero quería irse. Y perder de vista a ese estúpido.
—Idiota… eso es lo que soy… una completa idiota —se reprendía en voz alta Leliel mientras caminaba con paso presuroso. Había salido del bar, donde estaba con las demás guerreras, después de haber visto como Rhage hablaba con una humana que se le había insinuado—. Porque yo he podido estar algunos siglos dormida, pero a mí nadie me va a quitar de la cabeza la maldita idea de que el muy estúpido es un Don Juan —dijo mientras caminaba de un lado a otro. Había desistido de tomar una cerveza tranquila cuando se dio cuenta que si seguía en ese lugar terminaría convirtiéndolo en llamas.
Leliel necesitaba calmarse o acabaría siendo cenizas y eso le traería problemas, ya que cuando volviera a tomar forma nuevamente tardaría días en volver a recuperar toda su energía. Agradecía el hecho que era fuerte y no necesitaba alimentarse tan seguido como el resto, pero en algún momento tendría que ver de quién iba a hacerlo.
—¡Maldición! —Gritó nuevamente exasperada—. ¿Por qué demonios no me dejaste durmiendo? —Preguntó al aire.
—Con que aquí estabas —dijo una voz masculina—. Te estaba buscando, no te vi cuando te fuiste —dijo un tranquilo Rhage.
Todo su cuerpo reaccionó al escucharlo, había una mezcla de sentimientos que ni ella misma podía entender. Él la dejaba indefensa
—Supongo que si no hubieras estado entretenido con esa humana, te habrías dado cuenta que ya no estaba en el lugar —las palabras salieron mucho antes de que cayera en la cuenta de la escena que le estaba haciendo.
Él mostró una sonrisa triunfadora, ahora sabía la verdad de los sentimientos de ella, pero eso no le hacía el trabajo más simple. Después de su primer encuentro había estado distante, con una actitud muy fría y aislada frente a él.
—¿Me parece a mí o me estás haciendo una escena de celos? —Preguntó mientras se acercaba lentamente como si fuera un depredador a punto de cazar a su presa.
Leliel ya no tenía control sobre su cuerpo, mucho menos sobre su temperatura corporal. Le quemaban las manos y la ropa comenzaba a molestarle… lo agarró del hombro por lo que Rhage sintió como la quemadura traspasaba la ropa y llegaba a su piel, entonces lo hizo a un lado para darle batalla a los lessers que habían aparecido en el callejón.
—Cuando dejes de pensar en ti mismo, podrías echarme una mano, ¿no? —Dijo mientras carbonizaba a dos lessers a la vez tan solo tocándolos con las manos.
Rhage se mantuvo a un lado, habían quedado que él no interferiría en su primera batalla para saber cuánto podía tolerar.
Observó en detalle cada movimiento, jamás pensó que ver una mujer peleando podría llegar a excitarlo de tal manera.
Leliel sentía como su temperatura comenzaba a sobre pasar los límites, estaba muy próxima a hacer una combustión, lo sabía porque su ropa era bastante resistente a sus olas de calor, pero ya pronto o bien quedaría desnuda porque su ropa habría sido consumida por el calor de su cuerpo, o bien terminaría echa un montón de cenizas.
Tan solo le faltaba matar al lesser que tenía en sus manos, pero sabía que después de él, terminaría ella. Por lo que se giró en busca de Rhage y le dijo:
—No permitas que las cenizas se esparzan —él la miró sin comprender.
De pronto su cuerpo se convirtió en una llama viviente, el lesser que estaba por matar se desintegró en el aire. De su garganta escapó un fuerte chillido, como si un halcón estuviera sufriendo.
Rhage observó la escena desconcertado, sin poder creer lo que estaba viendo. Jamás había sido espectador de sus transformaciones pero sabía lo desgarrador que se sentía. Ahora se preguntaba cómo se sentiría ser quemado vivo cada vez que perdiera el control.
Podía observar en el rostro de ella el dolor, y quiso acercarse para intentar ayudarla, pero ella levantó la mano y lo envió directo hacia una pared haciendo que se estrellara contra ella.
Con éste último esfuerzo hizo combustión iluminando el callejón con llamas tan altas como el edificio, para luego darle paso nuevamente a la oscuridad habitual del lugar. Cuando su visión nocturna se volvió a acomodar, encontró tal como ella había dicho un montículo de cenizas.
La furia se apoderó de él, hacía días que no peleaba ni mucho menos podía descargar su energía con una mujer. Debía mantenerse lo más calmado posible si quería ayudar a lo que quedaba de ella.
Rhage no notó siquiera que ya no estaba solo en el callejón, hasta que Kytara tocó su hombro
—¿Qué le pasó? —Preguntó asustado y confundido. Tenía miedo de saber la verdad, de saber que la única mujer que le había interesado en todos estos siglos estuviera muerta.
—Observa y entenderás —dijo Nessa que estaba junto a Raysa. Las cuatro sabían cuanto le dolía a Leliel hacer combustión, y el hecho de que siempre quedara débil y algunas veces necesitara días para volver a sentirse bien. Pero eso era algo que solo ellas sabían.
Las cenizas comenzaron a tomar vida nuevamente, se estaban encendiendo poco a poco. De entre ellas una bola de fuego se elevó, en la que se podía observar el cuerpo inerte de Leliel. La bola destelló y el cuerpo de la mujer se estrelló contra el suelo del callejón.
Rhage corrió a donde había caído, se quitó el abrigo que traía puesto y cubrió el cuerpo desnudo de ella, apenas si respiraba lo que era un muy mal signo.
Las tres guerreras se miraron entre sí preocupadas, sin saber qué hacer.




pauny

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
« Respuesta #26 on: Mayo 21, 2009, 04:41:58 pm »
Esta genial  emot037 emot037 emot037 emot037 amo el fic  emot022
Wrath/Raysa es amor  emot035
 porque V tenia que interrumpirlos :emot001:

  emot024 emot024

Gise

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
« Respuesta #27 on: Mayo 21, 2009, 06:24:21 pm »
Gracias Pauny!!!  emot024

Eso es lo que pasa cuando convives en una casa tan colmada... siempre hay alguien que interrumpe  :emot002: :emot002: :emot002:

Besos!!!

Roz

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
« Respuesta #28 on: Mayo 21, 2009, 11:12:52 pm »
Y no es la única interrupción si no me equivoco  :emot002:

Gise

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
« Respuesta #29 on: Mayo 23, 2009, 04:24:26 am »
No...  emot040

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