Más clichés:
Los dientes: son perfectos, blancos, deslumbrantes, rectos, tienen el tamaño adecuado y están todos en su sitio. Da igual la época, medieval, regencia, actual. En el mundo romántico no existen los dentistas, están todos muertos de hambre los pobres, nadie necesita ortodoncia o braquets. Y por supuesto ni una sola caries ni ninguna pieza perdida por los avatares del camino. Porque mira que en medieval después de las palizas de las guerras que no venga el prota mellado ya es una hazaña digna de elogio.
El aliento: también es perfecto. Da igual que acabes de comer, que te levantes por la mañana, el aliento es a frescor del caribe con reminiscencias de menta o hierbabuena o rosas fragantes, y eso que no se lavan los dientes.
La piel: también es perfecta. En todas partes. Ellas no la tienen reseca, ni tienen granitos de estrés ni nada de nada. Ellas son blancas blanquísimas y ellos tienen un moreno dorado hasta en el trasero, a mi que me lo expliquen.
La altura: para hacer una pareja protagonista tienes que llegarle como mucho por los hombros a tu partenaire sino nada. Y encima con esa diferencia de altura, de por lo menos 15 cm el tío se las apaña para, mientras está en la postura del misionero tocar los pechos de ella con la lengua. Eso es una hazaña y lo demás son tonterías. Claramente los protagonistas son contorsionistas todos que se han escapado del Circo del Sol.