Continuación del cap 25 niñas. Logre avanzar emot024 emot024 emot024 emot024 emot024 emot024 emot024 emot024 emot024 emot024 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027 emot027
Que lo disfruten!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Skyler y Tiberius descendieron justo a la entrada de la casa de Dimitri. La nieve caía implacable sobre el terreno, sin embargo a ninguno de los dos le importó eso.
Por primera desde que habían abandonado el local, Skyler pudo respirar en paz. No podía creer lo que había hecho. Ella se había enfrentado sola a todo un grupo de Cárpatos y compañeras, incluyendo su propia familia. Sentía como su dragón ronroneaba de satisfacción mientras se acomodaba en su interior para descansar.
-Muchas gracias, Tiberius_agradeció ella, dándose media vuelta para quedar frente a él
-No tienes porque, Skyler_respondió él con voz grave_Eres una jovencita bastante valiente y fuerte. Y creo que ésta noche has demostrado que eres digna de llamarte mujer. Ya no eres una niña.
Skyler sonrió
-Ya no podía más. Todos creían que yo era lo suficientemente madura en mi interior, pero, nunca me comporté como una en realidad_su mirada se mantuvo en Tiberius_Siempre me he comportado como una niña. Mi familia y todos los demás siempre me han visto como una y ya era hora de dejar en claro que no lo soy.
-Y solo por eso te mereces mis respetos, Skyler_Tiberius se inclinó ligeramente haciendo una reverencia. No de saludo, sino de respeto_Ahora ve con él. En estos momentos es cuándo más te necesita.
Skyler simplemente amplió su sonrisa mientras veía a Tiberius desaparecer en la fría noche frente a sus ojos.
Entonces ella inspiró con firmeza e ingresó a la mansión. No quiso llamar a su compañero para perturbarlo en lo que fuera que estuviese haciendo, sino que decidida, se echó a correr por los silenciosos pasillos buscándolo ansiosamente. Siguió su inconfundible aroma masculino a bosque fresco y limpio de un lado para otro. No supo cuánto tiempo estuvo buscándole pero nada importó. Nada le importaba ya. Ni su trauma, ni su familia, ni los demás. Solo él. Su compañero. Su Dimitri.
Con la respiración agitada Skyler se detuvo frente a las puertas que le llevaban hacia el estudio, dónde hacia días atrás, ella había descubierto su horrible pasado. Pasado que ella compartía con él en cuerpo, corazón, mente y alma.
Sentía que él estaba ahí adentro. La pena que irradiaba llegaba hacia ella golpeándole como un látigo en el pecho.
Incapaz de seguir soportándolo más, Skyler empujó fuertemente las puertas del estudio.
Dimitri se sobresaltó cuándo escuchó las puertas abrirse estrepitosamente. Su mirada azul se encontró con la grisácea de Skyler por unos segundos. Se sorprendió al ver en ellos intenso amor por él mezclado con un crudo y ardiente deseo sexual.
Skyler le sonrió y cerró las puertas tras ella. Dimitri dejó el pendiente sobre su escritorio incapaz de creer que lo que había visto en su pequeña y amada Skyler haya sido verdad. Ella jamás le había mirado así. Siempre era él quién la miraba de ésa manera.
Skyler se sacó su chaqueta y la arrojó en cualquier parte sin importar dónde cayera. Dimitri tragó saliva al ver que solo vestía un pequeño vestido blanco que se aferraba a su cuerpo definiendo sus exquisitas curvas de mujer. Se le hizo agua la boca de solo mirarla y por un instante su pena pasó a segundo plano cuándo la excitación tomó su lugar.
Ahora se venía a dar cuenta de cuánto necesitaba tocarla, sentirla contra él, su piel caliente y suave como la seda o el terciopelo, los sonidos inarticulados que salían de su garganta cada vez que se enterraba en ella una y otra vez.
Skyler leyó sus pensamientos sin sentir temor de nada. Ni de él ni de nadie. Su deseo era el de ella. Su excitación el de ella y por primera vez ella sintió el ansia. El ansia salvaje y desesperada de un carpatiano de querer arder completamente junto a su pareja.
Ven a mí Susurró sensualmente en la mente de su compañero al igual que una hechicera que pone a prueba su magia. Te necesito. Siente cuánto te deseo.
Dimitri dio unos pasos hacia ella, deleitándose al escuchar ésas bellas y excitantes palabras salir de la boca de su compañera. Ésa boca que siempre le gritaba que la besara Ella siempre se había retraído, ella siempre era la que le esperaba a él, pero ahora era ella quién le atría, quién le buscaba, quién le mostraba cuánto le necesitaba y deseaba.
Deja de resistirte más. Estoy aquí. Miráme. Quiero esto, Dimitri. Quiero ser completamente tuya a tú manera y quiero que tú seas solo mío igualmente. Ven a mí de una vez. Sus delgados y finos dedos sostuvieron los bordes del vestido y comenzó a bajarlo lentamente, dejando al descubierto la suave piel de sus blancos hombros. Ya no había forma de que se arrepintiera ahora que estaba haciendo lo que hacía para tentar a Dimitri. Pero ella sabía que no se arrepentiría ahora que sentía el ansia de una mujer de los carpatos de querer a su compañero.
Skyler retrocedió y se apoyó de espaldas contra la pared mientras Dimitri seguía avanzando hacia ella a paso lento sin dejar de mirarla con sus ojos hambrientos. Ésa hambre que solo ella saciaría.
Sus manos acariciaron su propio rostro para luego deslizarse por toda la plenitud de su garganta. Se tocó los hombros, con ambos ojos cerrados sintiendo la caricia que ella misma se estaba entregando para sentirla mejor. Su piel tan sensible ante el toque le hizo sacar un pequeño gemido que solo Dimitri pudo escuchar.
Dimiri gruñó en voz baja al ver como Skyler se tocaba a sí misma para él. Alimentando su deseo, su ansia salvaje, así como su lujuria y su intenso amor por ella. Su cuerpo se endureció al igual que una roca junto con su miembro que ahora le exigía saciar sus ardientes demandas. Toda cordura o restricción fue enviada literalmente al diablo. Ya no importaban los vampiros, ya no importaban los mensajes tontos en clave. Solo le importaba una cosa: Su Skyler, su compañera.
Te quiero Dimitri. A ti y a nadie más. Hazme el amor como solo tú sabes hacerlo. No me hagas esperar más. ¡Estoy ardiendo por ti!
Esto era todo lo que Dimitri necesitaba. Sin poder soportarlo más, él se lanzó como un animal hacia su compañera manteniéndola acorralada contra la pared mientras su boca reclamaba la suya.
Skyler le cogió el cuello de la camisa negra que usaba con sus dedos atrayéndolo hacia su cuerpo lo más que podía mientras su boca, tan hambrienta y dominante, devoraba la suya e iniciaba una exploración desenfrenada que por un instante creyó que no sería capaz de igualarle. Ni ahora ni nunca.
Su piel ardía bajo las fuertes manos de Dimitri aún con la fina tela blanca del vestido que cubría su delgada figura y que ahora se le estaba haciendo tan incómoda como si estuviese usando una prenda hecha con ortigas. Sus pechos presionaron contra el duro pecho de él, pesados, sensibles e hinchados debido a la poderosa excitación que se levantaba al interior de su cuerpo y que no paraba de aumentar.
Dimitri deslizó su boca por la garganta de ella, saboreando la exquisitez de su piel, la dulzura de aroma y el calor de su cuerpo. Ya no habían límites. No habían restricciones.
La amaba y la deseaba más que a su vida y por primera vez desde que la había reclamado, la tomaría a su manera. Solo esperaba que ella estuviese preparada tal como le hizo ver y que luego no decidera echarse para atrás.
Él gruñó en voz baja al sentir las manos de ella deslizándose por debajo de la tela de la camisa que usaba, tocando los músculos de su estómago con suavidad y luego con rudeza. Dejando en claro que él le pertenecía solo a ella y que por ende ninguna otra mujer le pondría la mano encima. Si él era capaz de ser posesivo con ella,
¿Por qué ella no podría hacer lo mismo con él?
Skyler gimió contra su hombro mientras él seguía besando y lamiendo su garganta. Su piel tan sensible incrementó lo que sentía hasta el punto en que pareció no haber cordura en su cuerpo. Amaba a Dimitri más que a su vida. Su corazón se derretía por él y su cuerpo lo deseaba con la locura que solo un enfermo mental entendería. Siempre se ponía tan caliente y húmeda cuándo él la tocaba. Dimitri había revivido su cuerpo muerto después de tanto tiempo frío y estéril. Nunca se había sentido más viva que en los momentos en los que hacia el amor con él. Su cuerpo parecía chillar de júbilo en cada lugar dónde su boca y manos le reclamaban ansiosamente como si fuera la mujer más maravillosa y hermosa sobre la faz de la tierra. La única que sería capaz de saciarlo. Solo él. Siempre lo había sido. Y siempre lo sería. Por toda la eternidad.
Ella deslizó la lengua por la piel del cuello de él y arañó los pesados músculos ligeramente con sus uñas, lo que provocó que el fuego que viajaba a través de las venas de él avanzara a una mayor velocidad.
Los dientes de Dimitri rasparon la piel de su garganta y entonces se hundieron profundamente en su suave carne.
Al instante, Skyler gritó casi desvergonzadamente cuándo se cuerpo se sacudió recibiendo la ardiente mezcla del placer-dolor de aquello. Le entregó su vida a Dimitri. Permitió que bebiera vorazmente todo lo que quisiera. Sin embargo, ella no sabía que lo que él intentaba hacer era aumentar la excitación que crecía entre ellos. No tenía intención de debilitarla bebiendo de su sangre más de lo que debería.
Rápidamente cerró los pinchazos con una pasada de su lengua y volvió a su boca para que ella pudiera saborearse a si misma. Su sabor tan adictivo y sensual igual que la miel caliente. Su droga personal.
Skyler lo separó de él unos instantes para deslizar las manos fuera de su cuerpo para colocarlos nuevamente sobre la camisa. Dimitri hizo lo mismo pero con el vestido de ella.
Mientras sus bocas danzaban juntas en perfecta sincronía los ansiosos dedos de ambos revelaban su necesidad, cobrando autonomía propia, abriéndose paso.
Ellos solo podían escuchar el fuerte sonido de la tela al romperse bajo sus dedos expectantes y deseosos, junto con sus jadeos y gemidos unidos sin poder detener nada. Sin poder retroceder. Viéndose obligados a avanzar hacia delante.
Pronto estuvieron expuestos, piel con piel, sin ninguna barrera en medio que les impidiera la exploración que tanto ansiaban.
La luz de la luna ingresaba por la enorme ventana, vistiéndolos a ambos con sus rayos y proyectando sus sobras en la pared. La única testigo del acto que estaban por ejecutar.
Las manos de él le sujetaron los pechos sin dejar su boca un solo instante mientras deslizaba la rodilla entre las piernas de Skyler, separándole los muslos para que el dulce aroma de su deseo fluyera libre a su alrededor. Ella gimió al sentir la rodilla de él deslizándose hacia delante y hacia atrás rozando su punto sensible bañándola de un placer ardiente. Dimitri podía sentir la palpitación y el calor en su piel. La dulce crema de mujer que se formaba entre sus piernas. Algo que él se moría por saborear.
Dimitri entonces cayó de rodillas frente a ella, manteniendo la separación de sus piernas con sus manos. Dios, cuánto la amaba. Cuánto la necesitaba. Cuánto la deseaba. Tanto que tenía por agradecerle. Tanto que tenía para darle. Quería que ella fuera tan feliz para que nunca se arrepintiera de estar con él.
Al momento en que Dimitri iba a deslizar su cabeza entre los muslos de ella, Skyler lo detuvo con sus manos y lo obligó a alzarse.
Los glaciales ojos azules de él bañados de deseo, lujuria y amor se clavaron en los de ella con una mezcla de curiosidad y frustración.
-Porque me detienes _ exigió saber él mientras trataba de controlar su agitada respiración.
Skyler le besó ardientemente, entreabriendo su boca para encontrar la lengua con la suya. Al mismo tiempo, lo forzó a darse vuelta para que él quedase apoyado de espaldas contra la pared.
-¿Qué te hace pensar que tú tienes el control en esto?_preguntó ella cuándo se separó de él. Sus pequeñas manos se deslizaron hacia su bajo vientre para coger la dura evidencia de su deseo por ella entre sus dedos cálidos, comprobando su peso.
Dimitri gimió roncamente y echó la cabeza hacia atrás mientras ella seguía acariciando su erección con sus manos, deslizando la palma de arriba abajo una y otra vez, tanto que creyó que se iba a volver loco.
Ella acercó su cuerpo al de él, haciendo que sus pechos presionaran contra su musculoso pecho sin dejar de sostener su miembro entre sus manos. Sus labios se acercaron hacia su oído y susurró:
-Mereces sufrir un poco. Quédate quieto y no te atrevas a tocarme mientras hago esto. Deseo ver que tanto resistes_la sensualidad en su voz hizo que el cuerpo de Dimitri se endureciera aún más casi al punto del dolor.
Entonces observó lo que nunca creyó que vería. Al menos no después de un largo tiempo.
Skyler había caído sobre sus rodillas. Sus manos ahora se deslizaron por las piernas de él hasta que alcanzó sus caderas. Sostuvo con fuerza, arañando ligeramente la piel expuesta.
Sus grisáceos ojos le dedicaron una última mirada a su guapo rostro excitado antes de enfocarse en su nuevo y excitante objetivo.
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