Author Topic: Los aeronautas, capítulo 67  (Read 92 times)

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Los aeronautas, capítulo 67
« on: January 05, 2021, 08:23:23 AM »
Capítulo 67
AMS Depredadora

Gwen se sintió bastante ridícula mientras se trasladaba de la enfermería al puente. El procedimiento a bordo de una nave involucrada en una acción de combate era que cada tripulante mantuviera al menos una y preferiblemente dos líneas de seguridad aseguradas a los puntos de anclaje en todo momento. Fijar los clips de metal pesado a los anillos de seguridad no fue la tarea fácil que la tripulación de la Depredadora hacía que pareciera. Afortunadamente, las barras del corredor que se extendían a lo largo de la cubierta y algunos de los pasillos internos hicieron la tarea más simple, aunque no fácil, pero no obstante, le llevó varios minutos viajar a no más de veinticinco metros.
Llegó al puente justo cuando el comandante Creedy comenzaba a gritar órdenes a la tripulación del barco, y la cubierta se inclinaba ligeramente bajo sus pies a medida que la Depredadora comenzaba a virar.
Estaba a punto de subir la empinada escalera hasta el puente cuando la capitana de la inmovilizada Tiburón de Niebla se agarró a los pasamanos y simplemente se deslizó por ellos, aterrizando sin esfuerzo en la cubierta y casi derribando a Gwen en el proceso.
La mujer alta le lanzó una mirada impaciente, tomó nota de la grasa y la suciedad de su ropa y dijo:
-Dios mío, ¿ahora Journeyman permite que entren mujeres en su sala de máquinas? ¿Qué le está pasando al mundo?
-Disculpe -dijo Gwen.
-Supongo -dijo la mujer, y se movió deslizándose por la cubierta, al parecer indiferente a la forma en que el barco había comenzado a inclinarse y estremecerse, hacia donde una lancha había sido amarrada al flanco de la Depredadora. Saltó la barandilla hasta la lancha, asintió con la cabeza a los dos hombres de aspecto rudo que la tripulaban, y luego comenzó a desatar las amarras.
Gwen parpadeó ante tal comportamiento. ¿No era la mujer efectivamente una cautiva? ¿Estaba escapando? ¿Por qué diablos nadie estaba poniendo fin a esto?
-¡Alto! -dijo Gwen, en lo que esperaba fuera un tono autoritario. Comenzó a levantar su guantelete para apuntar a la fugitiva, luego recordó mientras levantaba el brazo que no llevaba el guantelete, habiéndose pasado la mayor parte del último día trabajando con componentes de los motores de la nave. En lugar de abortar el gesto por completo, lo que sintió habría parecido un gesto débil e indeciso, señaló con un dedo severo y dijo-: ¡Usted! ¡Deténgase!
La capitana enemiga la miró y soltó una carcajada. Luego tiró de una palanca que lentamente alejó la lancha de la Depredadora. La lancha comenzó a caer detrás de la Depredadora de inmediato, ya que no estaba siendo impulsada por ningún tipo de vela etérica. Antes de que la lancha se perdiera de vista a popa, la capitana enemiga gritó:
-¡Ahora tenéis mayores problemas que yo, niña!
Y en un instante la lancha se perdió de vista tras ellos.
Gwen se mordió el labio un segundo, luego se giró y ascendió laboriosamente hasta el puente.
Para cuando llegó allí, la Depredadora estaba completamente en marcha, navegando rápidamente hacia el sol de la mañana, por lo que tuvo que entrecerrar los ojos para ver su brillo mientras aseguraba sus líneas de seguridad cerca de donde estaba el capitán Grimm junto al puesto del piloto.
-Buenos días, señorita Lancaster -dijo Grimm-. ¿Qué puedo hacer por usted?
-Esa mujer, la capitana de la nave enemiga -dijo Gwen-. ¿La ha dejado en libertad?
-Sí -dijo Grimm. Un músculo se contrajo en su mandíbula.
-¿Por qué razón haría algo así? -preguntó ella.
-No vi ningún sentido en su muerte. -Hizo una pausa por un momento, se ajustó el sombrero con cuidado y luego dijo-: No vi ningún sentido en darle la oportunidad de distraernos durante una acción de combate.
Gwen sintió que sus ojos se ensanchaban.
-Oh, Dios ¿Es eso lo que estamos haciendo?
-Las probabilidades parecen excelentes -dijo Grimm-. Póngase las gafas, señorita Lancaster.
Gwen lo miró parpadeando, luego recordó y se maldijo por parecer una idiota que nunca antes había viajado en una aeronave. Dejar los ojos sin protección a esta altitud era una invitación a una serie de trastornos mentales etéricos, así como a una eventual ceguera. Colocó sus gafas polarizadas en posición.
-Me temo que no entiendo. ¿Por qué no retenerla?
-Si lo hubiera hecho, su barco, al ver ayuda en el camino, sin duda habría activado sus armas y se habría enfrentado a nosotros. Probablemente podríamos haberlos destruido, pero hacerlo nos habría costado un tiempo precioso de demora, y es poco probable que lo hubiéramos hecho con nuestro sudario intacto. -El capitán miró hacia la parte trasera de la nave y dijo-: Necesitamos toda la energía que tenemos para mantenernos en movimiento y alimentar el sudario si queremos tener posibilidad de sobrevivir. Liberar a la capitana Ransom fue una tregua implícita y la opción menos malvada disponible para mí.
-Ya veo -dijo Gwen-. ¿Estoy interfiriendo con el funcionamiento de la nave estando aquí?
De nuevo Grimm comenzó una respuesta rápida y de nuevo se contuvo durante unos segundos antes de responder.
-No en este momento -dijo-. Actualmente estamos en marcha. Queda por ver si podemos escapar de la Itasca.
-Ah -dijo Gwen-. Pensé que debería saber, capitán, que el equipamiento del Maestro Ferus le ha sido devuelto. Él y la señorita Folly están ahora en la enfermería.
Grimm arqueó una ceja y se volvió completamente hacia ella por primera vez desde que había llegado al puente.
-¿Podrá ayudar a mis hombres?
-Dijo que lo intentaría -dijo Gwen. Sacudió un poco la cabeza-. El pobre anciano tenía un aspecto horrible.
-Ha pasado un momento difícil en las últimas horas -respondió Grimm. Bajó el telescóptico montado en sus gafas y miró más allá de Gwen durante varios segundos antes de hacer una mueca y decir-: Están sacando sus armas de persecución.
Kettle volvió la cabeza y entrecerró los ojos para ver la forma de una aeronave a popa. La Itasca, asumió Gwen.
-¿Desde allí? -dijo el piloto con tono molesto-. Deben tener los cañones de arco del nuevo modelo.
-Demasiado para esa ventaja -dijo Grimm.
-¿Entonces vamos a presentar batalla, capitán? -preguntó Gwen.
-No por mucho tiempo -dijo Kettle sombríamente desde su puesto de control.
-La Itasca es un crucero de batalla, señorita Lancaster -dijo Grimm, a modo de explicación-. Es mucho más grande y está más armada y blindada que la Depredadora. No podemos sobrevivir de manera realista a una batalla campal con ella.
-¿Entonces estamos huyendo de ella? -preguntó Gwen.
-Lo estamos intentando -dijo Kettle.
-No sé nada de combate aéreo, capitán -dijo Gwen-. Pero... ¿No sería prudente descender a la niebla y evitar la acción de esa manera?
-En la mayoría de las circunstancias, señorita Gwen, eso es exactamente lo que haría -respondió Grimm.
Gwen miró por el costado del barco.
-Y, sin embargo, parece que estamos ascendiendo.
Grimm asintió.
-La Itasca estaba completamente en marcha cuando la vimos, mientras nosotros estábamos parados. Era necesario que pusiéramos entre nosotros la mayor distancia posible lo más rápido posible, y somos más ligeros que la Itasca. Toda esa armadura de placas la lastra. La Depredadora necesita relativamente menos energía para ascender, así que, para seguirnos el ritmo, tiene que reducir el poder de sus otros sistemas para mantener una ascensión a medida que avanza.
-¿Al correr tanto hacia arriba como hacia adelante, la Depredadora es más rápida? -preguntó Gwen.
Grimm asintió con aprobación.
-Justo. Al hacerlo evitamos que Itasca nos alcance y nos abrume de inmediato.
-Y una vez que esté seguro de que estamos fuera del alcance de su cañón, ¿volverá a sumergirse? -preguntó Gwen.
-Normalmente, sí -dijo Grimm con una mueca-. Pero Journeyman no ha terminado de acondicionar la nave. No está pasando por su mejor momento y todavía no es capaz de manejar una inmersión de combate. Podríamos descender lentamente, pero si lo hacemos, la Itasca podrá usar su peso e impulso para recuperar distancia y ponernos dentro del alcance de sus armas.
-Entonces, ¿qué vamos a hacer? -preguntó Gwen.
-Correr como el infierno y rezar -dijo Kettle.
Grimm se puso rígido de repente y dijo:
—Está disparando sus presas. Evasión a estribor.
Gwen se volvió para mirar detrás de ellos. Se vio un destello brillante de luz escarlata y blanca proveniente de la nave que lo perseguía, y un pequeño puntito brillante como una estrella diminuta apareció y creció rápidamente, inquietantemente más grande. Mientras lo veía, la nave se agitó debajo de ellos cuando Kettle la condujo a una maniobra lateral rápida, luego la volvió a colocar casi de inmediato en su curso original. El estómago de Gwen dio un vuelco y se tambaleó, y a pesar de sus líneas de seguridad aseguradas, se vio lanzada al suelo.
No podía apartar los ojos del fuego entrante mientras caía. Dejó una estela entre las dos naves, recorriendo la distancia en solo un suspiro, creciendo y creciendo a medida que se acercaba. La esfera de energía detonó a unos cincuenta metros por delante del barco y muy lejos a babor, estallando en una nube de fuego puro, llamas turbulentas de docenas de metros de diámetro. La explosión fue lo suficientemente fuerte como para hacer vibrar las tablas de la cubierta. Gwen sintió que se estremecía tanto por el sonido como por la intensidad de la luz.
-Dios en el Cielo -suspiró-. ¿Qué pasa si eso nos golpea?
-Estamos en el límite de su alcance -respondió Grimm-. Cuando la energía de la explosión se dispersa, nuestro sudario es más que capaz de absorberla. La Depredadora puede recibir numerosos impactos directos desde esa distancia.
-Pero nuestra red no tendría tanta suerte -dijo Kettle.
-No lo entiendo -dijo Gwen.
-Fuego enemigo -dijo Grimm de nuevo-. Maniobra evasiva.
Una vez más, el estómago de Gwen dio un vuelco cuando Kettle se movió en la dirección opuesta durante unos segundos sin aliento, luego recortó cuidadosamente. Una vez más, una nube de fuego estalló junto al barco, pero esta vez hubo destellos de luz en el borde mismo de las telarañas traslúcidas de su red de seda etérea de estribor.
-Como puede ver -dijo Grimm-, nuestra red de seda etérea se extiende más allá de la protección ofrecida por el sudario de energía de la Depredadora. La red es vulnerable al fuego enemigo.
-¿No podría acortarla para ponerla dentro de la protección del sudario? -preguntó Gwen-. ¿No protegería eso la red?
-Y reducir nuestra velocidad proporcionalmente como resultado -respondió Grimm-. Reduciríamos nuestra velocidad a un gateo. Fuego enemigo. Ascensión evasiva.
Gwen fue arrojada a la cubierta cuando la Depredadora subió bruscamente. Estaba segura de que su estómago estaba haciendo todo lo posible por compartir su cráneo con su cerebro antes de que Kettle se nivelara de nuevo. Se encontró agarrándose desesperadamente a la barandilla para mantener el equilibrio. Esta vez la explosión explotó un poco más adelante del barco, si bien mucho más abajo. Lo que significaba que la Itasca estaba más cerca de la Depredadora de lo que había estado en el disparo anterior. Que significa...
-Entonces por eso la Itasca nos está disparando -dijo Gwen-. Está intentando quemar lo bastante de nuestra red para ralentizarnos, para poder matarnos.
-Lo llamamos rastrillar la red, señorita Gwen -dijo Grimm cortésmente-. Y eso es exactamente lo que tiene intención de hacer. Podemos mantener la distancia si continuamos ascendiendo, obligándola a correr cuesta arriba detrás de nosotros durante un tiempo.
-¿Por qué? -preguntó Gwen-. ¿Qué pasa entonces?
-Nos quedamos sin arriba -dijo Kettle con una risa sombría-. Sube demasiado y el aire es demasiado fino para respirar.
Gwen ya se sentía un poco de falta de aliento.
-Entonces, ¿qué esperanza tenemos?
-La Itasca está sobrecargada de armamento, incluso para su tamaño -dijo Grimm-. Está exprimiendo tres cristales de núcleo al máximo para mantenernos el ritmo, y también pondrá en marcha su turbina de vapor al máximo. Eso significa que sus sistemas son más complejos, más propensos a sobrecalentarse, a que fallen componentes y otros problemas técnicos.
-Puede correr tan rápido como podamos nosotros -aclaró Kettle-. Pero nosotros podemos mantener este ritmo durante días seguidos. Es para lo que estamos hechos.
Grimm asintió.
-Cuanto más tiempo podamos mantener esta carrera, más probable es que algo ceda en la Itasca. Fuego enemigo, evasión a estribor.
Kettle giró el barco hacia un lado, y esta vez el cañón de proa de la Itasca reclamó una pequeña parte de la red de la Depredadora en el lado de babor.
-¿No puede agacharse más hacia un lado? -preguntó Gwen.
-Cuanto más nos alejamos de lado a lado mientras Itasca corre en línea recta, más distancia nos gana -dijo Grimm-. El señor Kettle conoce su oficio.
-Desafortunadamente -dijo Kettle con amargura-. Si no tenemos suerte, vamos a terminar con el asunto antes del almuerzo, patrón.
-Aceptaré suerte si podemos encontrar alguna -reconoció Grimm-. Pero tenga esperanzas, señor Kettle. La red de la Itasca también es vulnerable. Ellos no pueden esquivar. Y deberían estar dentro de nuestro alcance. Se volvió hacia un tubo parlante y gritó:
-Cubierta de artillería de popa, aquí puente.
La voz de Creedy volvió a salir del tubo de habla, pequeña y distante.
-Cañones de popa, listos.
-Rastrille su sudario, primer oficial -dijo Grimm-. Fuego a discreción.
-Fuego a discreción, entendido -dijo Creedy.
Un segundo más tarde se oyó el aullido de un cañón disparado, y una esfera de fuego blanquiazul se precipitó hacia la nave aurorana. La explosión pareció diminuta en la distancia, y hubo una extraña y larga demora antes de que un trueno lejano llegara a la Depredadora. Gwen notó un tenue brillo en el aire y se dio cuenta de que estaba viendo una gran sección de la red de seda etérea aurorana que se estaba quemando.
—Excelente tiro, Creedy —gritó Grimm por el tubo parlante, mientras Kettle lanzaba el barco hacia otra ascensión brusca para evitar el fuego enemigo-. Alto el fuego.
-¡Sí, señor! -dijo la voz de Creedy-. ¡Gracias Señor!
-¿Por qué? -dijo Gwen-, si seguimos disparando así, los perderemos en poco tiempo.
-Excepto que tienen muchas más redes que nosotros, señorita -dijo Kettle- Tienen mucha más red en sus carretes que la Depredadora. Y tiene tres veces más armamento de persecución que nosotros.
Gwen se sintió algo indignada por estos hechos.
-Bueno. Eso no parece justo.
El Capitán Grimm serio entre dientes.
-La Itasca está hecha exactamente para este tipo de tareas -dijo.
-Entonces, ¿cómo va a derrotarla? -preguntó Gwen.
Grimm aguantó mientras Kettle realizaba otra maniobra evasiva. Los dos aeronautas se lo tomaban con calma, evidentemente manteniéndose erguidos por un acto de pura e inconsciente voluntad. Gwen sintió como si su estómago había decidido abandonar su cuerpo hacia climas más cálidos, y luchó desesperadamente por no vomitar frente al capitán y el señor Kettle.
-Sin capacidad de inmersión, no puedo -dijo Grimm-. Seguiré rastrillando su red, pero tarde o temprano, probablemente dentro de la próxima media hora, habrán derribado lo suficiente de la nuestra como para alcanzarnos y hacernos pedazos.
-Yo... ya veo... -dijo Gwen. Tragó saliva-. ¿Supongo que su capitán no se rendirá?
-¿Por qué lo iba a hacerlo? -preguntó Grimm. Sus dientes mostraron una repentina y salvaje sonrisa-. Sabe tan bien como yo lo que está pasando, después de todo. Salvo un acto de fortuna a nuestro favor, el resultado de esta persecución es inevitable.
-Oh -dijo Gwen-. Tiene un plan de algún tipo, entonces.
-Por supuesto -dijo Grimm. Puso una mano en la barandilla mientras la nave se balanceaba salvajemente hacia un lado de nuevo, y el calor de una ráfaga mordía más de la red. Un estallido distante marcó la detonación de un disparo del único cañón de popa de Depredadora.
Gwen frunció el ceño y consideró sus palabras por un momento.
-Capitán Grimm -dijo-. Sabía usted que escapar era casi inútil desde el principio.
-Sí.
-Entonces, si su objetivo era simplemente escapar, y permanecer a la vista de Itasca era una muerte segura, se deduce que arriesgarnos a sumergirnos era nuestra opción más sensata. Es posible que la nave no pueda soportar el esfuerzo, pero parece que incluso ese terrible riesgo ofrece mejores probabilidades de supervivencia que esta persecución.
Grimm asintió de nuevo.
-Muy cierto.
Gwen le frunció el ceño.
-¿Una táctica, entonces?
-Hemos estado marcando nuestro camino con cohetes de señales desde que abandonamos la Aguja Albion. Actualmente, estamos siguiendo nuestro curso original de regreso hacia la Aguja. Si nuestras señales han sido detectadas, y si algún barco de la Flota ha optado por seguirnos, es posible que tengamos apoyo, y si es así, podremos tomar la Itasca.
-Hay muchos "si" en esa declaración, capitán -señaló Gwen.
-Así es.
-Está arriesgando la vida de todos en un esfuerzo por tomar una sola nave enemiga.
Grimm arqueó una ceja y su actitud se volvió intensa.

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Re: Los aeronautas, capítulo 67
« Reply #1 on: January 05, 2021, 08:23:45 AM »
-No solo una nave. Una nave enemiga histórica, señorita Lancaster. Ya se hayan hecho declaraciones oficiales o no, ahora estamos en guerra con Aguja Aurora, una guerra que están ganando, cómodamente, dado el daño que han infligido a los muelles de Landing.
-¿Y cree que la pérdida de una sola nave contrarrestará ese tipo de golpe?
-Objetivamente, no -dijo Grimm-. Pero las guerras no son simplemente medidas objetivas. Se trata de voluntad, señorita Lancaster, de fe. La interrupción que los auroranos causarán en nuestra economía no será ni remotamente igual a la pérdida de una sola nave, pero si podemos contrarrestarlo derribando una nave como la Itasca, podríamos reducir por completo el daño causado al espíritu de lucha de todo Albion. Es vital que no parezcamos totalmente indefensos en los momentos iniciales de la guerra. Una vez una nación deja de creer que puede ganar una guerra, esa guerra está perdida.
Gwen frunció el ceño.
-Y... está dispuesto a arriesgar la vida de su tripulación ante tal perspectiva.
-Y la suya, señorita -dijo él en voz baja.
-Por la remota posibilidad de que una nave amiga pueda haber visto sus cohetes de señales.
-Es más un lanzamiento de dados que una táctica -dijo Grimm. Se había vuelto para mirar por delante del barco, que se balanceaba con facilidad mientras Kettle la llevaba a otra maniobra evasiva-. Pero son mis dados.
-¿Y si Itasca se rinde? Seguramente saben que está usted corriendo hacia Albion, hacia nuestra Flota.
Grimm inclinó la cabeza, como si nunca antes hubiera considerado tal pregunta.
-Hmm. Entonces supongo que regresaremos a casa con daños menores, fácilmente reparables. Pero no lo harán.
-¿Por qué no?
-A su capitán le encargaron derribar a la Depredadora el mes pasado, para hacer una declaración. Nos escapamos. Un capitán al mando de una nave como la Itasca será un profesional, brillante, ambicioso y hambriento, señorita. No querrá irse a casa sin ensuciarse la gorra con los restos de la Depredadora.
Se oyó un silbido agudo desde abajo, y un momento después el tubo parlante del puente traqueteó con una voz metálica.
-¡Puente, mirador ventral!
El capitán Grimm se giró hacia el tubo de habla.
-Aquí puente, proceda.
-¡Contacto, patrón! -llegó la voz emocionada de un aeronauta-. Cinco millas por delante de nosotros, en la línea de nubes. Patrón, ¡creo que es La Gloriosa! Ha descendido a la niebla y está lista para aparecer.
-¡Hah! -Grimm dijo, sonriendo ferozmente-. Buenos ojos, señor MacCauley. Señor Kettle, ¿cuándo?
Kettle entrecerró los ojos frente a ellos y luego volvió a mirar a la Itasca, llevando a la Depredadora a otro amago lateral mientras consideraba la pregunta-. Empiece ahora un descenso gradual, capitán -dijo Kettle-. Ellos acumularán velocidad e impulso sobre nosotros. Cerrarán la distancia, pero mantendrán sus ojos sobre nosotros y eso hará que les sea mucho más difícil escapar cuando vean a la Gloriosa.
Grimm asintió bruscamente y cruzó las manos enguantadas a la espalda.
-Concuerdo. Adelante.
Kettle asintió con la cabeza y, tras su siguiente maniobra evasiva, colocó la nave en un ángulo descendente que hizo que el estómago de Gwen se sintiera un poco inquieto, ya que todo el cielo parecía abrirse ante su vista sin las restricciones que ofrecía el puente de la nave.
-La Gloriosa -dijo Gwen, luchando por contener las vueltas de su estómago-. Esa es la nave del comodoro Rook, ¿no?
-Sí -dijo Grimm en un tono severamente educado y rígidamente neutral-. Creo que lo es.
-No puedo creer que estemos puliendo la manzana que está a punto de recoger -murmuró Kettle.
-Vamos, vamos, señor Kettle -dijo Grimm. Hay una gran cantidad de Itasca enojada detrás de nosotros. Me alegra mucho tener la ayuda de cualquier barco de la Flota, dadas las circunstancias.
Kettle murmuró algo oscuramente entre dientes y Gwen observó al piloto con el ceño fruncido.
-¿Capitán? ¿Hay algún motivo de preocupación aquí?
Que Grimm se detuviera un momento pensativo antes de responder decía mucho en contraste directo con sus palabras, pensó Gwen.
-No particularmente -dijo-. La Gloriosa también es un crucero de batalla, a la altura de la tarea de enfrentarse a la Itasca, y el comodoro Rook tiene una tripulación de la Flota sólida y competente.
-Observo, señor -dijo Gwen-, que no dice usted que el comodoro Rook sea sólido y competente.
-No es cosa mía juzgar -respondió Grimm con firmeza-. Ha avanzado bastante hábilmente a través del escalafón de mando.
Kettle resopló con fuerza, elevándose en otro arco para evitar la forma en rápida expansión de una esfera de explosión enemiga.
—Es un idiota pomposo y lujurioso —observó Gwen con calma—, sin el ingenio que Dios en el Cielo le da a un simplón, pero supongo que tiene cierta astucia similar a la de una rata. También se ve bastante guapo con el uniforme.
Grimm giró bruscamente la cabeza hacia ella y luego la apartó de nuevo. Ella pudo decir por la tensión en su mejilla, vista de perfil, que estaba sonriendo.
-No me atrevería a contradecir su opinión, señorita Lancaster -dijo.
-Eso es porque el capitán no pelea batallas que no puede ganar, señorita Gwen -señaló Kettle.
El trueno regular de la munición enemiga detonando se hizo un poco más fuerte.
-Patrón -dijo Kettle, con un tono de advertencia en la voz-, si la Itasca se acerca, no habrá tiempo para evadir. Tendré que empezar a tejer. Puede que no lleguemos hasta la Gloriosa.
Grimm se volvió hacia el tubo de habla.
-Puente a Ingeniería.
La voz de Journeyman resonó por el tubo parlante.
-¿Sí, capitán?
-Si queda algo más de red, señor Journeyman, la necesitamos ahora mismo.
-Estoy sorprendido de que no se nos haya acabado ya, patrón -respondió el ingeniero-. Algunos de estos carretes se mantienen unidos con un hilo ensangrentado. Pero veré qué se puede hacer. Sala de máquinas fuera.
Los siguientes momentos fueron, pensó Gwen, singularmente aterradores. No había ningún tipo de acción violenta sucediendo cerca de ella, ni un enemigo a ser visto como algo más que el modelo de aeronave de un niño, elevándose en la distancia detrás de ellos. No había nada contra lo que pudiera prepararse para luchar. En lugar de eso, había simplemente truenos regulares y rugientes y fuego hirviente que rasgaba el aire cercano, enviando ráfagas de aire caliente con olor a ozono a través de la cubierta de la Depredadora, prometiendo una muerte repentina y violenta. El barco se balanceaba en maniobras evasivas cada vez más severas, cada una necesaria para preservar sus vidas, pero que también permitían que el enemigo se acercara un poco más.
Pensó que iba a volverse loca con los contrastes desconcertantes de la brillante luz del sol, la brisa fresca y fría en el aire y la violencia atronadora de la batalla aérea. La hacía sentirse completamente indefensa.
Porque, se dio cuenta, lo estaba. No había absolutamente nada que pudiera hacer para salvarse de compartir cualquier destino que la Depredadora encontrara, aparte de arrojarse por la borda de inmediato. No tenía ningún entrenamiento, ningún instinto, ningún conocimiento que la ayudara a sobrevivir en esta circunstancia. Se dio cuenta de que su destino estaba completamente en manos de otra persona.
El capitán Grimm se mantenía firme en su lugar en el puente, con las manos cruzadas a la espalda, sus líneas de seguridad apretadas y ordenadas, la imagen misma de lo que se suponía que era un capitán de aeronave, sosteniendo las vidas de todos en sus manos y haciéndolo sin encorvarse bajo la carga o quejarse del peso.
Era una forma de coraje que Gwen nunca antes había tomado en consideración.
No había forma en el Cielo ni en la Tierra de que este hombre fuera un cobarde que mereciera ser expulsado de la Flota, dijeran lo que dijeran los registros.
La respiración de Gwen se quedó atascada de repente en su garganta. En los últimos momentos, la Depredadora había navegado cerca de la mesosfera brumosa, con la Itasca ganando terreno todo el tiempo. Allí, por delante de ellos en la niebla, había divisado la forma sombría de la Gloriosa, lista para golpear al enemigo en los dientes.
-No nos interpongamos en el camino del comodoro Rook. Prepárese para una ascensión evasiva, señor Kettle —observó Grimm, con voz completamente tranquila—. Con calma. Con calma...
Pasó un segundo interminable.
Y la suerte de la Depredadora se acabó.
Una esfera en llamas del cañón de proa de la Itasca explotó exactamente en medio de su red del lado de babor, prendiendo todo en llamas en una única hoja de seda etérea que ardió violentamente.
La reacción de la nave fue inmediata. Redujo la velocidad, lanzando a Gwen hacia adelante contra el tirón de las líneas de seguridad que se esforzaban por mantenerla en su lugar, el pesado cinturón de cuero alrededor de su cintura pellizcó con fuerza contra su carne, cortándola. La nave giró pesadamente a estribor, desequilibrada por la preponderancia de la red en funcionamiento en ese lado, sus vigas gimieron y crujieron ante el repentino cambio de fuerzas.
Gwen vio de verdad como una de las baterías de uno de los puertos de cristales auxiliares estallaba en una lluvia de chispas, finalmente colapsando bajo la tensión del uso duro sin los sistemas de estabilización sólidamente establecidos para soportarla. El costado de babor del barco cayó abruptamente medio metro de golpe, sacudiendo a Gwen y llevándola brutalmente a clavar una rodilla en cubierta. El dolor estalló en su pierna.
Grimm también se arrodilló en la cubierta, pero nunca perdió la concentración del momento, su voz se convirtió en un bramido.
-¡Ascensión evasiva ahora, señor Kettle! ¡Reef la red de estribor! ¡Kettle, dele la vuelta para poner nuestra matriz de estribor en posición de apoyar a la Gloriosa!
Kettle, sostenido por los tirantes de la posición del piloto, apretó los dientes y lanzó a la Depredadora a una subida repentina y desigual, incluso mientras la nave perdía más velocidad, lo que permitió que la Itasca se lanzara a dar un golpe mortal.
Justo entonces la Gloriosa surgió de la mesosfera, con el costado hacia la Itasca, disparando sus treinta cañones en rápidas y sucesivas salvas de diez cañones cada una.
El ruido fue demasiado fuerte, la luz simplemente demasiado brillante para creerlo. Gwen se encontró levantando las manos hacia sus ojos, oídos y cara mientras truenos y relámpagos golpeaban contra ellos. La Depredadora giró con una gracia borracha alrededor de su eje vertical, hasta que su propio costado, más delgado pero aún mortal, se derramó sobre la nave enemiga y se abrió en un trueno aullante.
La Itasca desapareció tras un muro de llamas, un sonido ensordecedor y un humo turbulento. A Gwen le parecía increíble que alguna nave pudiera hacer cualquier cosa que no fuera quedar destruida por semejante derramamiento de poder.
Pero la Itasca lo hizo.
La nave salió navegando con gracia a través del trueno y el fuego, su red ardiendo como un enorme halo a su alrededor, su velo de energía brillando con más intensidad que mil cristales luminiscentes. Algunas de las ráfagas habían dado en el blanco y su proa había quedado aplastada y deformada como si un titán le hubiera arrojado un enorme mazo, y dos de los tres cañones de su cubierta de artillería de proa habían quedado reducidos a ruinas humeantes, pero la nave estaba de una pieza y ya giraba su popa con más gracia de la que debería poseer una nave tan grande, incluso mientras ascendía.
La salva de fuego de la Gloriosa se estrelló contra el sudario de la Itasca, pero al girar la nave presentó porciones frescas e intactas de su sudario protector para soportar el fuego, ignorando los golpes como un luchador veterano. Al cabo de unas pocas respiraciones, había utilizado su propia andanada de babor y disparado una única salva titánica de su parte media sobre la Gloriosa.
El sudario de la Gloriosa, sobrecargado en un punto de impacto relativamente más pequeño, proporcionó menos protección que el de la Itasca. El caso sonó, se partió y chilló cuando un cañón desgarró su flanco, arrasando con media docena de sus armas y destrozando uno de sus tres mástiles de babor. Explosiones secundarias, probablemente de uno de los cañones, abrieron un agujero en sus entrañas desde el interior del casco, enviando astillas de cubierta destrozada y tablas girando y aullando a través de los compartimentos cercanos.
Pero la Itasca no había terminado. En lugar de reducir la velocidad, siguió corriendo hacia adelante, y su ángulo agudo de ascensión la llevó justo por encima del velo brillante de la Gloriosa. La Itasca logró el balanceo de una nave mucho más liviana a medida que avanzaba, y apuntó su andanada de estribor con un bamboleo, apuntando a la cubierta de la Glorioosa a quemarropa. Disparó con furia titánica, y no había mucho que tanto el sudario como el casco pudieran hacer a tal distancia, desde ese ángulo relativamente vulnerable.
Secciones de la Gloriosa de diez metros de ancho simplemente desaparecieron, carbonizadas en nubes de hollín. Su mástil dorsal principal quedó cortado por la mitad y cayó en picado hacia la cubierta. Los gritos humanos no se podían oír en medio de esa destrucción, pero la imaginación de Gwen los colocó para ella cerca de las pequeñas figuras que podía ver consumidas por la violencia que convertía incluso la forma mortal más atrevida en una estatuilla de vidrio.
La Gloriosa se inclinó a un lado, gimiendo y chillando de dolor, pero aun así, increíblemente la nave resistió la horrible destrucción que le había infringido el enemigo, herida pero no destruida, su pesado sudario le permitió sobrevivir al castigo impuesto sobre ella.
La Itasca, mientras tanto, se balanceó de nuevo colocándose a nivel, sus turbinas de vapor resoplaban y rugían, proporcionándole algo de maniobrabilidad mientras sus aeronautas trabajaban para desplegar más tramos de su red de seda etérea desde sus mástiles, para aprovechar el mayor poder y gracia que ofrecían. Si bien no estaba intacta, solo la habían marcado ligeramente en comparación con el barco que parecía tener toda la ventaja sobre ella al comienzo del combate, y estaba lista para seguir luchando.
-Dios del Cielo -maldijo Kettle, sin rastro de burla en su tono-. Eso sí que es forma de manejar una nave.
-Manténganos en movimiento, señor Kettle -espetó el capitán Grimm-. Circúndenos hacia la Gloriosa y manténgase en su sombra. Levantó la voz para gritar-: ¡Armas! ¡Sigan rastrillando la red de la Itasca! ¡Tenemos que mantenerla coja para que no pueda meter más fuego en los agujeros que ha abierto en la armadura de la Gloriosa!
-¡Rastrillar su red, entendido! -repitió la voz del comandante Creedy. El cañón de la Depredadora chilló, y secciones de la red de la Itasca se incendiaron a medida que los carretes de la gran nave la desplegaban. El impulso de la Itasca se frenó, la nave flotó lentamente por un momento, un momento en el que la enorme potencia de fuego de la Gloriosa podía dar una respuesta adecuada al saludo de la Itasca de un momento antes.
-¡Hah! -dijo Grimm, apretando el puño-. Aún podemos tenerla.
-¡Tripas y podredumbre! -gruñó Kettle, brusco y furioso-. Capitán, ¡mire a la Gloriosa!
La cabeza de Grimm se dio la vuelta para observar al crucero de batalla de la Flota. A lo lejos, el aturdido oído de Gwen apenas podía distinguir un sonido fuerte y frenético. Le llevó solo uno o dos segundos reconocerlo como la misma cadencia de campana que la propia Depredadora había utilizado para señalar maniobras de emergencia.
Y segundos más tarde vio como la Gloriosa se sumergía de nuevo en la niebla, moviéndose en un rápido descenso con tintes de pánico.
Gwen se quedó mirando al leviatán herido, atónita. Solo quedaban las brumas arremolinadas, girando en un vórtice circular lento donde la Gloriosa se había desvanecido.
-¡El muy cobarde! -aulló Kettle-. ¡Maldito seas, Rook, cobarde de entrepierna podrida! ¿Creíste que podías tomar a una luchadora como la Itasca sin unos cuantos baches en el camino?
Gwen negó con la cabeza, aturdida, sus ojos se movieron hacia el capitán Grimm.
El hombre estaba mirando a la desaparecida Gloriosa, tal como ella había hecho, y podía ver la verdad en el horror enfermizo de sus ojos.
La Gloriosa había dejado a la Depredadora atrás para morir.
Vagamente, Gwen pudo oír a los aeronautas de la Itasca aullar en salvaje desafío y júbilo, como bien podían hacer, tras haber lanzado una emboscada a sus atacantes para hacerlos abandonar el cielo azul en busca de la cobertura de la niebla.
Y luego la Itasca comenzó a girar, para lanzar su andanada sobre una Depredadora frágil y coja.