Author Topic: Los aeronautas, capítulo 62  (Read 98 times)

Offline crislibros

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Los aeronautas, capítulo 62
« on: January 05, 2021, 08:17:05 AM »
Capítulo 62
Aguja Albion, Habble Landing, Antiguo muelle

La luz cegadora de la explosión que había consumido a la Depredadora dejó una mancha brillante en lugar de la visión normal de Grimm. Se protegió los ojos y parpadeó rápidamente, buscando su nave. La visión que recibieron sus ojos fue casi impensable.
El Tiburón de Niebla, acabado su trabajo, había desplegado su red de babor y estaba escorando cuidadosamente. De un momento a otro extendería sus redes para atrapar las corrientes etéricas y comenzaría a ganar velocidad, dirigiéndose de oeste a suroeste, directamente hacia Aguja Aurora.
Grimm negó con la cabeza y bajó los ojos al suelo delante a él.
Las pesadas vigas del muelle sobresalían de la piedraguja tal vez uno o dos metros, y luego terminaban bruscamente en bordes tan rugosos como dientes rotos. Más allá de eso no había nada más que viento, niebla y vacío donde la bulliciosa industria había estado solo unos momentos antes.
El muelle de Landing había desaparecido.
Y la Depredadora había desaparecido con él.
Desaparecido.
Grimm intentó levantarse, pero solo consiguió ponerse de las rodillas. Sintió que se le hundían los hombros y, de repente, su cráneo pareció una carga insoportablemente pesada para su cuello. El mundo comenzó a caer en espiral. Extendió una mano hacia la pared de piedraguja para evitar que el mundo lo arrojara al suelo.
La Depredadora había desaparecido. Su hogar había desaparecido.
Journeyman, sus ingenieros y sus contratistas habían estado en el barco. También el maestro Ferus. Y la señorita Gwendolyn.
Todo había estado a bordo de la Depredadora.
Había voces que le hablaban, pero significaban poco. Unas manos lo ayudaron a levantarse. Se puso de pie, aunque ya no veía ninguna razón convincente para hacerlo. Una mancha púrpura brillante aún empañaba su visión, el residuo del destello que había consumido su nave, a sus hombres y su futuro.
-... lejos de la entrada, señor —decía Kettle con voz ronca-. El Tiburón de Niebla aún podría dispararnos.
-No, no lo hará -se oyó decir Grimm a sí mismo con una voz débil y rígida-. Los muelles, los emplazamientos de armas y los buques mercantes que transportan suministros hasta Albion son objetivos legítimos de guerra. Por el momento Calliope ha hecho lo que vino a hacer. Ahora todo lo que queda es largarse. Huirá.
La mano de Kettle se mantuvo firme en su brazo.
—Entonces salga de la abertura, señor. No sea que sus pies resbalen y se caiga.
Grimm sintió algo parecido a la ira por la pronunciación cuidadosa de la voz del piloto. Era algo distante, muy lejano, pero lo sintió, como un calor subiendo por su columna. Tuvo el poder suficiente para hacerle alzar la cabeza y dejar que fulminara al piloto con la mirada.
-¿Qué está sugiriendo exactamente, señor?
Los ojos grises y firmes de Kettle parpadearon con inquietud y luego se inundaron con una especie de profundo alivio.
-Oh, patrón. Nada señor. Nada en absoluto.
Grimm evaluó la expresión del hombre y de repente sintió que todo se volvía a juntar detrás de sus ojos, se produjo una implosión, que dejó su mente y voluntad restaurada a una apariencia de funcionamiento. Había dolor, por supuesto. Había un dolor horrible, horrible, un dolor que él sabía que, en algún momento en un futuro cercano, lo dejaría hecho un desastre.
Pero por el momento, sus hombres lo necesitaban. Puede que ya no tuviera una nave, pero aún tenía tripulación. Lo estaban mirando ahora, en este momento de desesperación y duda. Así que se enderezó el abrigo, dio la espalda al cielo horriblemente vacío detrás de él y miró a sus hombres.
-Bueno, señor Kettle. Parece que hemos hecho todo el daño posible. No estoy seguro de cómo estarán mis cuentas después de pagar las indemizaciones por muerte a las familias de los caídos, pero pueden estar seguros de que les compensaré a todos lo mejor que pueda, además de poner una buena palabra en uno o dos oídos que todavía podrían mostrarse amistosos conmigo en la Flota. Sin duda, se necesitarán manos experimentadas en las próximas semanas. Creo que ninguno de ustedes debería carecer de un trabajo remunerado.
-¿Patrón? -preguntó Kettle, con tono incierto.
-Por ahora, por supuesto, localizaremos al doctor Bagen, al señor Creedy y a nuestros heridos y nos aseguraremos de que tengan la mejor atención disponible. Creo que es su grupo el que viene por la avenida en estos momentos, de hecho. Y, naturalmente, prestaremos nuestra ayuda en el esfuerzo de extinción de incendios aquí en Habble Landing.
- Oh -dijo la aprendiz del eterealista-. Oh, Dios mío.
—Señor Kettle —dijo Grimm—, designe un equipo de cuatro para ayudar al buen doctor a trasladar a los hombres a un hospital de algún tipo. El resto de nosotros procederemos a ayudar al esfuerzo de contención del fuego y nos uniremos...
Bridget parpadeó como una lechuza, mirando más allá de él.
—Capitán Grimm —comentó ella con un tono confuso y curioso—, soy bastante nueva en este tipo de cosas, pero... ¿está seguro de que no deberíamos subir a su nave?
Grimm miró fijamente a la señorita Tagwynn. Luego a Kettle, estudiando la expresión del hombre. Luego, el rostro de la aprendiz de eterealista, la señorita Folly, y los semblantes de su tripulación.
Luego tensó la columna en la alineación adecuada, se ajustó el sombrero y se giró, con mucha calma.
Surgiendo de la niebla, a no más de treinta metros de la abertura en la pared de Habble Landing, estaba la forma absolutamente hermosa, completamente impecable, prístina y muy real de la Depredadora.
Grimm observó fijamente la nave mientras se elevaba, firme y majestuosa, hasta que quedó flotando al mismo nivel que la abertura en la pared de la Aguja. Su forma se volvió borrosa un momento, pero se aclaró la garganta, parpadeó una vez y la ilusión pasó. Estaba completa. Su sudario había aguantado.
-Dios en el Cielo -susurró-. Gracias por tu gracia.
Hubo un revuelo en el barco y el señor Journeyman apareció desde debajo de la cubierta. Miró a su alrededor y dejó escapar el aliento en un silbido cuando vio los restos rotos de los muelles que todavía se aferraban, aquí y allá, a la pared exterior de la Aguja.
-¡Señor Journeyman! -gritó Grimm.
El ingeniero enderezó la espalda como un escolar atrapado en medio de alguna travesura y lanzó un apresurado saludo hacia el Aguja.
-¡Patrón! ¡Ahí está!
-Tú tú tú... -comenzó Grimm. Apretó los dientes y gritó-: ¡Qué le ha hecho a mi nave!
Journeyman repitió su saludo.
-Le ruego que me perdone el capitán, señor, pero la conectamos y la llevamos a una inmersión de prueba. -Tosió y dijo-: -Parecía la mejor opción, señor.
-Ah. Una inmersión solo con cristales de elevación y auxiliares, sin piloto -dijo Grimm. Respiró hondo y preguntó casualmente-: -¿Qué tal ha ido?
Journeyman agitó una mano.
-Vendría bien un ajuste fino -respondió.
-Muy bien -dijo Grimm, asintiendo con la cabeza y cruzando las manos a la espalda-. ¡Si alguna vez vuelve a hacer algo tan imprudente y cabezahueca con mi nave, le haré pasar un infierno, señor Journeyman! ¿He sido claro?
La cara de Journeyman palideció un poco. Se puso firme y soltó un saludo.
-¡Sí señor!
-¡La Depredadora no es su juguete personal, colocado allí por Dios en el Cielo para su diversión!
-¡No, señor!
-¿Me ha oído, Journeyman?
-¡Sí, señor!
-Bueno. ¡Ahora acerque mi nave lo suficiente para arrojarnos algunas líneas para que podamos asegurar y bajar las planchas! ¡Muévase, Journeyman!
-¡Sí señor! -dijo Journeyman, haciendo un último saludo, y corrió de regreso a la cubierta, gritando órdenes.
Grimm se giró hacia el resto de la tripulación y los encontró sonriendo a su espalda.
-Señorita Folly -preguntó Grimm, ignorándolos por el momento-. ¿Puedes confirmar la ubicación de la colección del Maestro Ferus?
Los ojos de la joven extrañamente vestida se desenfocaron un instante y luego frunció el ceño indignada, murmurando a su cristal:
-Se está alejando de la Aguja con bastante rapidez. Esa horrible mujer títere la tiene en ese barco.
-¿Puede seguirla, señorita?
Folly frunció el ceño.
-Si la colección del maestro no se aleja demasiado de nosotros, creo que podría seguirla.
Grimm asintió una vez, se volvió hacia sus hombres y alzó la voz hasta que se convirtió en un rugido autoritario.
–¿Qué estáis mirando boquiabiertos? -les gritó Grimm-. Tenemos hombres que sufren por el veneno de tejedor de seda. El doctor Bagen no puede ayudarlos, pero el eterealista sí puede. Para hacerlo, necesita su equipamiento, que actualmente navega alejándose de nosotros en la Tiburón de Niebla, junto con los marines auroranos que han causado tanto daño a nuestros compatriotas albiones.
Una ronda de gruñidos, encabezados por el de Kettle, se alzó entre los hombres.
-Tengo intención de lanzar a la Depredadora tras la Tiburón de Niebla, alcanzarlo, acosarlo hasta que se rinda, y conseguirle al maestro Ferus su equipamiento para que pueda salvar a nuestros compañeros de tripulación. Dadas las pérdidas que hemos sufrido, vamos cortos de manos, pero no se equivoquen, de todos modos hablaremos con nuestro cañón. Cualquier hombre que desee quedarse atrás no será censurado.
Kettle estudió a la tripulación, midiendo sus posturas y expresiones, y asintió una vez.
-Estamos con usted, capitán.
-Entonces prepárense para asegurar la nave y colocar nuestra rampa de carga en posición tan pronto como Journeyman lance las cuerdas.
-¡Sí, capitán! -dijo Journeyman-. ¡Vosotros dos conmigo y el resto en dos filas a cada lado del pasillo!
Grimm dejó que el piloto se hiciera cargo de la situación y se volvió hacia la señorita Folly y su acompañante.
-¿Señorita Tagwynn? ¿Como se siente?
La joven alta parpadeó abriendo y cerrando los ojos y luego logró asentir levemente. Todavía se inclinaba ligeramente contra la aprendiz de eterealista en busca de apoyo, pero ahora acunaba al maestro Rowl en ambos brazos. El gato estaba despierto, aunque distante, su cuerpo flácido, sus ojos algo enfocados.
-Mejor, capitán.
-Ya ha hecho usted suficiente -dijo Grimm-. Enviaré a los hombres más gravemente heridos al cuidado de un hospital. Irá usted con ellos.
La señorita Tagwynn reflexionó un momento en sus palabras antes de negar con la cabeza y decir:
—No, gracias, capitán. Me quedaré con Sir Benedict.
-Soy el capitán de esta nave -dijo Grimm con suavidad-. Iremos a la batalla y no tiene usted entrenamiento o experiencia que la hagan útil para nuestra causa. La decisión no es suya.
La joven asintió con la cabeza y dijo:
-Estoy segura de que puede hacer que me golpeen hasta que no sea capaz de abordar la nave, señor. -Luego levantó la vista y lo miró a los ojos. Su mirada era firme, penetrante e inquietantemente felina-. ¿Es eso lo que piensa hacer?
Grimm sintió que su boca se contraía en la esquina.
—No, señorita Tagwynn. Desde luego que no lo es. Pero si insiste en venir, me dará su palabra de que aceptará mis órdenes como la misma voz de Dios en el Cielo una vez esté usted a bordo.
-Muy bien -dijo ella.
Grimm asintió con la cabeza.
-Lo que hizo usted, en el templo. Eso fue bastante notable -Sintió una sonrisa tocar sus ojos-. Sir Benedict es un hombre afortunado.
—Él habría hecho lo mismo por mí, señor —le aseguró la señorita Tagwynn.
-De eso no tengo ninguna duda.
Detrás de él, Journeyman había acercado la Depredadora lo bastante como para lanzar un par de cuerdas a Kettle y la tripulación. Los hombres comenzaron a tomarlas y trabajaron juntos para colocar con cuidado la nave en posición con la abertura de la pared exterior de la Aguja. Solo llevaría unos minutos más colocar la rampa de carga en su posición.
El señor Creedy se acercó a Grimm arrastrando los pies y lo saludó con cansancio. La tensión en su rostro, tras haber cargado con uno de los heridos, era evidente.
-Capitán -jadeó. -¿Qué me he perdido?
-El próximo día de paga, programe un bono adicional para el señor Journeyman y su equipo de ingenieros -respondió Grimm.
Creedy parpadeó. Luego miró más allá de Grimm, hacia la sombra de la Depredadora flotando donde el astillero de Habble Landing había estado solo unos momentos antes, y su mandíbula se abrió.
-Dios en el Cielo -jadeó.
-Fue la Tiburón de Niebla -dijo Grimm simplemente-. Los auroranos y esa mujer Cavendish están a bordo. Vamos a perseguirla y abordarla.
-Tenemos poco personal -dijo Creedy-. Y somos ligeros en cuestión de armamento.
-Sí -dijo Grimm.
-La Tiburón de Niebla es más grande y está más armada que la Depredadora.
-Sí.
-Muy bien, capitán -dijo Creedy-. ¿Cuáles son mis órdenes?
-Lleve a los heridos a bordo y asegúrelos; luego infórmeme en el puente.
Creedy asintió bruscamente y se giró para marcharse. Hizo una pausa.
-Capitán... si la Tiburón de Niebla ya está alejándose, ¿cómo vamos a alcanzarla? Es la nave más rápida del cielo.
Grimm sintió que su boca se estiraba en una sonrisa lobuna.

Offline ronubeco

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Re: Los aeronautas, capítulo 62
« Reply #1 on: January 05, 2021, 03:18:53 PM »
Vamos a saludar algunas cuentas pendientes
Mi destino es no dejarme someter