Author Topic: Los aeronautas, capítulo 58  (Read 134 times)

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Los aeronautas, capítulo 58
« on: January 04, 2021, 11:14:15 PM »
Capítulo 58
Aguja Albion, muelles de Habble Landing, AMS Depredadora.

Gwendolyn hizo una mueca al ver su ropa prestada. La grasa que tenía encima simplemente no iba a salir, lo que difícilmente le parecía cortés para su dueño, quienquiera que fuera. Tal vez debería llamar al atuendo simplemente su ropa de sala de máquinas y reembolsar al pobre desafortunado. Después de todo, era de esperar que se ensuciara la ropa al ajustar la alineación de una jaula Haslett.
Era una tarea frustrante en el mejor de los casos, más aún por la insistencia del señor Journeyman de utilizar algún proceso descabellado que él mismo había desarrollado en lugar de la doctrina que estaba claramente publicada e ilustrada en el manual para cualquier jaula Haslett de cualquier fabricante que se mereciera ese nombre. Por supuesto, el hombre parecía obtener resultados. Era irritante.
Gwen salió de debajo del montaje de la jaula y dijo:
-Ya está, inténtelo.
Journeyman gruñó y ajustó los controles, reduciendo la jaula a una suave forma de huevo, en lugar de la esfera habitual. El núcleo de poder se enganchó a la jaula, un cordón de relámpagos se ramificó repentinamente partiendo del cristal del núcleo. Un zumbido dulce y musical llenó la habitación, un acorde que hizo vibrar y traquetear la cubierta bajo los pies de Gwen. El bullicio de los contratistas e ingenieros de la sala se detuvo mientras esperaban el resultado de la prueba.
Journeyman permaneció inmóvil como una roca y observó las lecturas a varios metros del panel de control.
-Bueno, ya está -dijo-. Bien bien. Eso no parece del todo terrible.
Gwen se acercó y estudió las lecturas.
-Son perfectas. Todo dentro de la tolerancia.
-Tolerancia -dijo Journeyman con el ceño fruncido-. Lo bastante bueno para tarugos de tienda y babosas de sala de máquinas de comerciantes vagabundos. No es lo bastante bueno para mi Preddy.
Gwen se burló y comenzaba a responderle cuando hizo una pausa. ¿Qué era ese sonido?
Alargó la mano y aceleró el motor, haciendo girar la rueda que dilataba la jaula a su posición original. Journeyman soltó un bufido de protesta y le apartó la mano de los controles, pero Gwen se llevó un dedo a la boca y gritó:
-¡Silencio! ¡Shhh! ¡Todo el mundo!
Se produjo un sobresaltado momento de silencio, y en ese espacio, todos en el compartimiento pudieron escuchar claramente lo que había escuchado Gwen.
El aullido de guanteletes descargados.
Gwen intercambió una mirada con Journeyman y luego subió los escalones que llevaban de la sala de máquinas hasta la cubierta de la Depredadora. Corrió hasta la barandilla y miró hacia el astillero. La niebla de la mañana era espesa, pero resplandecía con la cálida luz dorada del amanecer, y podía verse por encima de los astilleros de madera la entrada de Habble Landing.
Dos de los guardias de la habble yacían en la cubierta de madera, horriblemente quietos. Incluso mientras Gwen miraba, un tercero, agachado junto a la entrada, disparando su guantelete salvajemente, fue golpeado por un rayo de energía radiante que le hizo girar la cabeza hacia atrás como si fuera un golpe de un mazo al rojo vivo y que lo arrojó a la cubierta sobre los cuerpos de sus compañeros de la Guardia.
Un segundo después, varios hombres con uniformes grises entraron por la puerta, con espadas en una mano y guanteletes en la otra. Inmediatamente abrieron fuego contra varios estibadores que estaban descargando un carguero en el embarcadero más cercano, haciendo que los hombres corrieran a refugiarse.
-Maldito infierno -dijo Journeyman-. Esos son marines auroranos.
Más hombres salieron por la abertura a un trote rápido, docenas de ellos. Cuando comenzaron a asomarse cabezas desde los barcos y almacenes, los guanteletes aullaron, hiriendo y matando a unos pocos, haciendo que la mayoría corriera a cubrirse.
-Y vienen hacia aquí -señaló Gwendolyn. Oyó gritos y aullidos, y miró hacia la siguiente nave, una aeronave de aspecto abigarrado cuyas letras la proclamaban el Tiburón de Niebla. Los hombres corrían por cubierta con ordenada prisa-. ¿Qué están haciendo?
Journeyman gruñó.
-Preparándose para soltar amarras.
Gwendolyn frunció el ceño cuando la tripulación del Tiburón de Niebla comenzó a tirar dos tablones de embarque adicionales y respiró hondo.
-Son el transporte de los auroranos.
-Sí -dijo Journeyman-. Será mejor que bajemos la cabeza, muchacha. Estarán dentro del alcance en breve.
Gwendolyn emitió un chasquido impaciente con la lengua y se subió a la barandilla para tener una mejor vista.
-Esos hombres detrás de las puertas. ¿Qué están haciendo?
Journeyman observó con atención.
-Están colocando cargas -gruñó. De repente, los hombres se alejaron a toda velocidad de varios barriles pequeños. Se oyó un fuerte rugido y, al instante, los barriles fueron reemplazados por brillantes bolas de luz que arrojaron gotas de fuego en una amplia franja. El fuego comenzó a masticar brillantemente las cubiertas de madera donde las tocaba la lluvia ardiente.
-Dios misericordioso en el Cielo -jadeó Gwendolyn-. ¿Cuánto tiempo aguantará el embarcadero?
-No mucho -dijo Kettle con gravedad-. Y entonces...
El estómago de Gwendolyn se hundió a un abismo impensable cuando se imaginó el muelle, la Depredadora, al equipo de ingenieros y a ella misma cayendo por el costado de la Aguja, para quedar aplastados en la superficie muy por debajo.
-Tenemos que volver a poner en funcionamiento el cristal de elevación -dijo Gwen.
-Tenemos que hacer más que eso -dijo Journeyman, y señaló hacia el Tiburón de Niebla.
Gwen no experta en el funcionamiento real de las aeronaves, más allá de los detalles técnicos de sus motores, pero incluso ella podía ver claramente lo que estaba sucediendo, y eso hizo que sus tripas caídas se convirtieran en hielo.
La nave que se preparaba para transportar a los enemigos de la Aguja Albion estaba preparando sus armas.
-Si no alzamos el sudario -dijo Journeyman-. Estamos acabados.
Y sin una palabra más, los dos se lanzaron hacia la sala de máquinas.

 
Capítulo 58
Aguja Albion, muelles de Habble Landing, AMS Depredadora.

Gwendolyn hizo una mueca al ver su ropa prestada. La grasa que tenía encima simplemente no iba a salir, lo que difícilmente le parecía cortés para su dueño, quienquiera que fuera. Tal vez debería llamar al atuendo simplemente su ropa de sala de máquinas y reembolsar al pobre desafortunado. Después de todo, era de esperar que se ensuciara la ropa al ajustar la alineación de una jaula Haslett.
Era una tarea frustrante en el mejor de los casos, más aún por la insistencia del señor Journeyman de utilizar algún proceso descabellado que él mismo había desarrollado en lugar de la doctrina que estaba claramente publicada e ilustrada en el manual para cualquier jaula Haslett de cualquier fabricante que se mereciera ese nombre. Por supuesto, el hombre parecía obtener resultados. Era irritante.
Gwen salió de debajo del montaje de la jaula y dijo:
-Ya está, inténtelo.
Journeyman gruñó y ajustó los controles, reduciendo la jaula a una suave forma de huevo, en lugar de la esfera habitual. El núcleo de poder se enganchó a la jaula, un cordón de relámpagos se ramificó repentinamente partiendo del cristal del núcleo. Un zumbido dulce y musical llenó la habitación, un acorde que hizo vibrar y traquetear la cubierta bajo los pies de Gwen. El bullicio de los contratistas e ingenieros de la sala se detuvo mientras esperaban el resultado de la prueba.
Journeyman permaneció inmóvil como una roca y observó las lecturas a varios metros del panel de control.
-Bueno, ya está -dijo-. Bien bien. Eso no parece del todo terrible.
Gwen se acercó y estudió las lecturas.
-Son perfectas. Todo dentro de la tolerancia.
-Tolerancia -dijo Journeyman con el ceño fruncido-. Lo bastante bueno para tarugos de tienda y babosas de sala de máquinas de comerciantes vagabundos. No es lo bastante bueno para mi Preddy.
Gwen se burló y comenzaba a responderle cuando hizo una pausa. ¿Qué era ese sonido?
Alargó la mano y aceleró el motor, haciendo girar la rueda que dilataba la jaula a su posición original. Journeyman soltó un bufido de protesta y le apartó la mano de los controles, pero Gwen se llevó un dedo a la boca y gritó:
-¡Silencio! ¡Shhh! ¡Todo el mundo!
Se produjo un sobresaltado momento de silencio, y en ese espacio, todos en el compartimiento pudieron escuchar claramente lo que había escuchado Gwen.
El aullido de guanteletes descargados.
Gwen intercambió una mirada con Journeyman y luego subió los escalones que llevaban de la sala de máquinas hasta la cubierta de la Depredadora. Corrió hasta la barandilla y miró hacia el astillero. La niebla de la mañana era espesa, pero resplandecía con la cálida luz dorada del amanecer, y podía verse por encima de los astilleros de madera la entrada de Habble Landing.
Dos de los guardias de la habble yacían en la cubierta de madera, horriblemente quietos. Incluso mientras Gwen miraba, un tercero, agachado junto a la entrada, disparando su guantelete salvajemente, fue golpeado por un rayo de energía radiante que le hizo girar la cabeza hacia atrás como si fuera un golpe de un mazo al rojo vivo y que lo arrojó a la cubierta sobre los cuerpos de sus compañeros de la Guardia.
Un segundo después, varios hombres con uniformes grises entraron por la puerta, con espadas en una mano y guanteletes en la otra. Inmediatamente abrieron fuego contra varios estibadores que estaban descargando un carguero en el embarcadero más cercano, haciendo que los hombres corrieran a refugiarse.
-Maldito infierno -dijo Journeyman-. Esos son marines auroranos.
Más hombres salieron por la abertura a un trote rápido, docenas de ellos. Cuando comenzaron a asomarse cabezas desde los barcos y almacenes, los guanteletes aullaron, hiriendo y matando a unos pocos, haciendo que la mayoría corriera a cubrirse.
-Y vienen hacia aquí -señaló Gwendolyn. Oyó gritos y aullidos, y miró hacia la siguiente nave, una aeronave de aspecto abigarrado cuyas letras la proclamaban el Tiburón de Niebla. Los hombres corrían por cubierta con ordenada prisa-. ¿Qué están haciendo?
Journeyman gruñó.
-Preparándose para soltar amarras.
Gwendolyn frunció el ceño cuando la tripulación del Tiburón de Niebla comenzó a tirar dos tablones de embarque adicionales y respiró hondo.
-Son el transporte de los auroranos.
-Sí -dijo Journeyman-. Será mejor que bajemos la cabeza, muchacha. Estarán dentro del alcance en breve.
Gwendolyn emitió un chasquido impaciente con la lengua y se subió a la barandilla para tener una mejor vista.
-Esos hombres detrás de las puertas. ¿Qué están haciendo?
Journeyman observó con atención.
-Están colocando cargas -gruñó. De repente, los hombres se alejaron a toda velocidad de varios barriles pequeños. Se oyó un fuerte rugido y, al instante, los barriles fueron reemplazados por brillantes bolas de luz que arrojaron gotas de fuego en una amplia franja. El fuego comenzó a masticar brillantemente las cubiertas de madera donde las tocaba la lluvia ardiente.
-Dios misericordioso en el Cielo -jadeó Gwendolyn-. ¿Cuánto tiempo aguantará el embarcadero?
-No mucho -dijo Kettle con gravedad-. Y entonces...
El estómago de Gwendolyn se hundió a un abismo impensable cuando se imaginó el muelle, la Depredadora, al equipo de ingenieros y a ella misma cayendo por el costado de la Aguja, para quedar aplastados en la superficie muy por debajo.
-Tenemos que volver a poner en funcionamiento el cristal de elevación -dijo Gwen.
-Tenemos que hacer más que eso -dijo Journeyman, y señaló hacia el Tiburón de Niebla.
Gwen no experta en el funcionamiento real de las aeronaves, más allá de los detalles técnicos de sus motores, pero incluso ella podía ver claramente lo que estaba sucediendo, y eso hizo que sus tripas caídas se convirtieran en hielo.
La nave que se preparaba para transportar a los enemigos de la Aguja Albion estaba preparando sus armas.
-Si no alzamos el sudario -dijo Journeyman-. Estamos acabados.
Y sin una palabra más, los dos se lanzaron hacia la sala de máquinas.