Author Topic: Los aeronautas, capítulo 56  (Read 99 times)

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Los aeronautas, capítulo 56
« on: January 04, 2021, 11:11:58 PM »
Capítulo 56
Aguja Albion, Habble Landing, Templo del Camino

Rowl, habiendo derrotado al ejército de tejedores de seda prácticamente sin ayuda, se sentó y observó cómo los humanos se tambaleaban tras la batalla.
Ratoncito, que era de lejos la humana más importante presente, ayudó a la humana Folly a ponerse en pie y le habló en voz baja y preocupada. Era ridículo, por supuesto. La humana Folly podía sostenerse en pie y hablar, por lo que la extraña chica estaba obviamente lo bastante bien. La humana Folly pareció bastante frenética por un momento, hasta que Ratoncito colocó varios pequeños cristales lumínicos en las manos de la otra chica, momento en el que la aprendiz de eterealista los acunó como si fueran más preciosos que gatitos.
Arboles de Barco Sombrío estaba visitando a sus guerreros caídos y heridos. Rowl aprobaba eso. Incluso ahora, Naun estaba haciendo las rondas entre los guerreros de los Nueve Garras heridos y caídos. El jefe del clan terminó con la tarea y se acercó a Rowl, con sus espuelas de batalla ensangrentadas chasqueando contra el suelo.
-Rowl.
-Naun.
-Mataste a tantos como yo -señaló Naun.
-¿De veras? -preguntó Rowl alegremente-. No estaba llevando la cuenta.
La cola de Naun se sacudió divertida.
-La amenaza a mi clan ha desaparecido. Tú fuiste fundamental para que eso sucediera.
-De nada -dijo Rowl.
Naun le observó en silencio por un momento. Luego dijo:
-Le perdonaste la vida a mi cachorro, cuando tenías razones más que suficientes para matarlo.
-Así es.
-¿Por qué?
-Por respeto -respondió Rowl. Levantó la pata trasera derecha y observó la hoja ensangrentada-. Sus espuelas de batalla son excelentes.
-Apenas usadas -gruñó Naun-. Quédatelas.
-A Neen no le gustará eso -señaló Rowl.
-Neen volverá a ganarse sus espuelas. Quizás esta vez asimile algo.
-Te deseo suerte con eso -dijo Rowl-. Si me disculpas. Las espuelas rozan.
Naun movió una oreja a modo de despedida.
-Transmite a tu padre mis respetos. Su enviado es bienvenido en el territorio de los Nueve Garras.
-Así lo haré -respondió Rowl.
Naun se levantó sin más comentarios y se fue.
Rowl volvió a mirar a Arboles de Barco Sombrío, y notó que el hombre estaba en proceso de asignar a algunos de sus guerreros sanos para ayudar al sanador humano a llevar a los heridos a algo más parecido a un lugar seguro.
Si pudiera oler el humo distante en el aire como Rowl, se movería más rápido. Pero así eran los humanos. Al igual que sus mentes, sus sentidos no eran particularmente agudos, y si eso no fuera lo bastante malo, pasaban una cantidad excesiva de tiempo ignorándolos o embotándolos aún más con su bebida y su supuesta música y su jabón. Así que no importa que estuvieran de pie en la única habble de toda la Aguja Albion atestada de edificios inflamables, y que todo el lugar pudiera convertirse en un horno gigantesco y cocinarlos a todos. Había asuntos humanos de los que ocuparse antes de entrar en acción.
Años de vivir cerca de humanos habían enseñado a Rowl que no tenía sentido intentar apresurarlos, y lo habían hecho más paciente aún que poderoso. Estarían listos cuando estuvieran listos. Mientras tanto, se acercó a Ratoncito, se puso cómodo y comenzó a trabajar en los cordones de sus nuevas espuelas de batalla. Los nudos eran creaciones incivilizadas. Su pata sin pulgar no era muy adecuada para deshacer la longitud del cordón de cuero que mantenía las espuelas firmemente en sus patas, razón por la cual generalmente se requería un par de escuderos para asegurar las espuelas en primer lugar.
-Rowl -preguntó Ratoncito, en gato-. ¿Me permitirías ayudarte?
-Sí -dijo Rowl rápidamente, y se acostó para relajarse mientras Ratoncito soltaba los nudos con sus dedos indecentemente largos y precisos. Cada criatura tenía algo en lo que sobresalía, supuso. Los humanos podían manejar los nudos fácilmente y los gatos podían hacer todo lo demás.
Ratoncito deshizo los nudos y deslizó con cuidado los anchos puños de cuero fuera de sus patas. Rowl no hizo nada tan indigno como suspirar de alivio una vez esas cosas apretadas y restrictivas desaparecieron, pero un gato inferior a él podría haberlo hecho. Se sentía bastante sucio. Los malditos tejedores de seda no lo habían empapado con sus fluidos vitales como habían hecho con algunos de los guerreros más lentos del clan de Naun, pero su pelaje desde luego estaba manchado con esa cosa y olía.
Rowl bostezó y se puso de pie antes de golpear la cabeza contra la rodilla de Ratoncito.
Ratoncito se arrodilló para frotarle el punto detrás de las orejas, lo que admitió que también podría ser una habilidad particular de los dedos de estilo humano.
-Fuiste tan valiente en ese momento, Rowl -dijo Ratoncito. Su voz era muy suave y cálida-. Nos salvaste.
Habría sido indecoroso retorcerse de placer ante su tono, así que Rowl se contuvo para limitarse a levantarse y arquear la espalda bajo su mano para que bajara por su cuerpo y posiblemente limpiara algo de la suciedad.
-Lo sé -dijo.
-¿Cómo convenciste a los Nueve Garras para que te ayudaran? -preguntó Ratoncito.
-Salvé al cachorro del jefe de su clan.
-¿De qué?
-De mí -dijo Rowl. Se estiró y movió sus patas traseras una a una hasta que sintió que el pelaje estaba algo menos despeinado-. Derribaría una Aguja por ti, Ratoncito.
Ratoncito soltó un chillido, lo levantó con sus torpes brazos humanos y le dio un abrazo sofocante.
Rowl apoyó su mejilla contra la de ella y ronroneó. Después de todo, no podría considerársele a él indecoroso si un humano, incluso un ser humano tan excepcional como Ratoncito, se dejaba llevar por un arranque de afecto.
Y además, las mangas de Ratoncito le estaban limpiando el pelaje.
El momento duró hasta que el alto y joven guerrero que estaba junto a los Arboles de Barco Sombrío gritó:
—¡Todos los demás a formar! ¡Nos vamos!
Y al fin, solo una siesta o dos después terminada la última pelea, finalmente comenzaron a moverse.

* * *


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Re: Los aeronautas, capítulo 56
« Reply #1 on: January 04, 2021, 11:12:09 PM »
El olor a humo se hizo cada vez más fuerte a medida que los humanos resoplaban y resoplaban por las estrechas calles de Habble Landing. Rowl trotaba junto a ellos, divertido. De todo el grupo, solo su Ratoncito se movía de manera constante, pisando fuerte con las mismas botas que usaba cuando corría con la Guardia. Evidentemente, todas esas carreras sin sentido habían servido para prepararla para esta noche. Se movía muy bien en comparación con todos los demás del pequeño grupo. No tan bien como un gato, por supuesto, eso era simplemente imposible. Pero mejor que los demás humanos, incluso que el media alma.
Rowl observó al humano Benedict con curiosidad. A Rowl siempre le había parecido menos torpe que otros humanos, pero todo eso había desaparecido. Sus piernas se movían de manera desigual y estaba jadeando en busca de aire como el resto de ellos. Debía estar cansado, aunque cansado o no, tenía la suficiente inteligencia como para levantar la nariz en el aire e inhalar, notando finalmente el olor a humo que había sido obvio para Rowl desde antes de que comenzaran a correr.
Rowl oyó algo y se concentró en el sonido.
-Ratoncito -llamó.-. Fuego de guantelete por delante.
Ratoncito transmitió diligentemente el mensaje, o intentó hacerlo. El primer hombre al que le dijo que pasara el mensaje al capitán estaba jadeando demasiado fuerte como para hacerse entender por sus compañeros humanos. Ratoncito negó con la cabeza, aceleró el paso y corrió hacia Arboles de Barco Sombrío para informarle.
Los humanos se dispersaron mientras se acercaban al templo y desaceleraron el paso a un paso silencioso y más cauteloso... si es que uno podía considerar eso realmente silencioso. Para Rowl, sonaban como una máquina de vapor humeando y resoplando, excepto Ratoncito, quien, para su crédito, sonaba solo tan ruidosa como un gatito cojo y particularmente torpe.
Rowl no tenía tales preocupaciones. Solo lo verían si deseaba ser visto. Se lanzó hacia adelante.
 Había una gran cantidad de humo saliendo del Templo del Camino, probablemente debido a todo el fuego que podía verse brillando dentro de él. Al parecer, varios humanos habían intentado formar una línea, donde presumiblemente se habrían pasado cubos de agua entre sí para que el humano más tonto pudiera arrojarlos al fuego. Había cubos de metal esparcidos por todas partes, junto con varios cadáveres de los humanos que habían intentado usarlos.
Mientras Rowl observaba, un humano se asomó al refugio de la pared alrededor del templo, apareció en la puerta de entrada y descargó un guantelete, quemando un rastro ardiente de diminutas cenizas a través de la capa de humo. Rápidamente se agachó, justo cuando varias explosiones más golpearon contra la piedra de la pared cerca de él, enviando fragmentos de roca por los aires. Los humanos de Landing, al parecer, no se estaban tomando el asesinato de los suyos a la ligera.
Rowl echó a correr, cubriendo el terreno abierto entre el resto del habble y el territorio del templo a su mejor velocidad. A partir de ahí, encontrar una piedra conveniente que se proyectaba ligeramente desde la pared hizo posible que Rowl saltara a la cima y evaluara la situación. Había media docena de humanos dentro de la muralla del templo, todos ellos armados, todos posicionados para salir de su escondite y abrir fuego con los guanteletes sobre cualquiera que se acercara.
Rowl tomó nota de sus posiciones y saltó suavemente de la pared, corriendo de regreso hasta Ratoncito. Le contó en tono rápido lo que había visto, y Ratoncito transmitió sus palabras a Arboles de Barco Sombrío mientras el grupo se acercaba al templo.
Árboles de Barco Sombrío asintió una vez, con expresión dura.
-¿Por qué quemar un Templo del Camino? -preguntó el humano Creedy-. No lo entiendo.
-¿Por qué quemar una biblioteca? -respondió Ratoncito-. Debe haber algo de valor en ella. Algo que incitaría a los auroranos a asegurarse de que todo se quemara dejando hombres atrás para emboscar a la brigada de cubos.
-Si no dejan entrar a nadie -dijo el humano Benedict-, tampoco dejarán salir a nadie.
-No se van a salir con la suya -dijo Árboles de Barco Sombrío en voz muy baja-. Creo que armas largas, señor Creedy. Tenemos una extra con el señor Stern de baja. ¿Puede usarla usted?
-Tolerablemente bien, señor -respondió el humano Creedy.
-Entonces usted y los demás proporcionarán fuego de cobertura mientras yo dirijo la carga. -Árboles de Barco Sombrío miró a su alrededor-. ¿Sir Benedict? Agradecería su ayuda en esta entrada.
-Por supuesto, capitán Grimm -dijo el humano Benedict.
-Señor Kettle, usted conmigo -dijo Árboles de Barco Sombrío. Luego se giró para mirar a Ratoncito-. Señorita Tagwynn, si está usted dispuesta, acompañará a Sir Benedict.
Ratoncito tragó saliva, pero asintió con firmeza.
-Lo estoy.
El capitán se giró hacia el resto de sus guerreros y dijo:
-El resto en dos columnas, siguiéndonos. Atravesaremos la puerta y destruiremos cualquier objetivo hostil que veamos. Si el hombre frente a ti cae, sigue moviéndote y acaba con el tirador antes de que su guantelete pueda volver a disparar.
—Señor Rowl —dijo Árboles de Barco Sombrío, volviéndose hacia el gato-. No espero que corra riesgos indebidos en un tiroteo, pero sus sentidos son mucho mejores que los nuestros. Tomaría como una muestra de cortesía que nos acompañara, para ver y escuchar cualquier cosa que no nos demos cuenta de que está sucediendo. ¿Lo hará?
Rowl miró a Árboles de Barco Sombrío, divertido. Entraría en el templo, o no entraría en él, exactamente cuándo, dónde y como quisiera, o de lo contrario, ¿qué sentido tendría ser un gato? Pero Ratoncito iba, y eso significaba que él también iría, para guiarla y protegerla. Obviamente. Pero incluso aunque no hubiera pretendido ir, Árboles de Barco Sombrío siempre le había mostrado cortesía y respeto más allá de lo normal en la mayoría de los humanos. Ese mismo acto era una declaración de respeto en sí mismo. Rowl bien podría haberlo ayudado de todos modos, así que asintió lentamente hacia Árboles de Barco Sombrío.
-Gracias -dijo Árboles de Barco Sombrío- El resto, columnas de a dos. Manteneos juntos, muchachos. Dad a las armas largas tanto espacio para disparar como sea posible. -Luego, sin más preámbulos, sacó su espada y comenzó a correr hacia el templo, llevando a cuatro hombres armados con las extrañas armas humanas detrás de él.
Rowl se apresuró para alcanzar a Ratoncito, que corría con un movimiento extraño y espasmódico, como si su cuerpo deseara lanzarse a una carrera loca hacia el peligro... o para alejarse de él. Sin embargo, su mejor velocidad habría dejado atrás a los cansados aeronautas, por lo que mantuvo el ritmo lento y cuidadoso. Luego fue todo sonido de botas golpeando el suelo con ritmo, olor a humano sudoroso, y el resplandor de los guanteletes siendo cebados.
Entonces, el hombre de la entrada asomó la cabeza por la esquina nuevamente. Los cañones largos detrás de ellos aullaron, enviando rayos de calor y luz chisporroteando hacia un brazo de distancia de la columna. Se estrellaron contra la piedra de la entrada que protegía al soldado enemigo, pero no fueron meros golpes de guantelete. Los rifles largos eran un orden de magnitud más poderosos que un guantelete, y en lugar de hacer volar trozos de piedra de la pared, arrancaron piedras de la misma y las enviaron volando en todas direcciones. Tres explosiones más golpearon solo medio segundo después, y la roca salió volando como una lluvia mientras un metro cuadrado de muro de piedra —y el enemigo que se escondía agachado detrás de él— se desvaneció en un torrente de energía radiante y un grito estruendoso de piedra al romperse. Las armas largas comenzaron a aullar repetidamente, haciendo agujeros en la pared cerca de las posiciones que Rowl había descrito a Árboles de Barco Sombrío.
Ah, entonces eso era lo que significaba cobertura de fuego. Significaba que sus humanos dispararían a los otros humanos y harían que se acobardaran mientras la verdadera amenaza llegaba corriendo a la puerta principal, junto con todos sus humanos y su media alma.
Mientras se acercaban a la puerta, Rowl se encargó de facilitar las cosas a las pobres criaturas que había estado rescatando durante todo el día, bajo la teoría de que una onza de prevención valdría una libra de cura. Se lanzó por delante de Árboles de Barco Sombrío, irrumpió a través de la puerta moviéndose tan bajo y rápido como un gato podía, y dejó escapar el aullido desafiante de su grito de batalla mientras lo hacía.
Voces humanas gritaron de sorpresa, y un guantelete descontrolado hizo pedazos una maceta de ladrillos a varios metros por detrás de él mientras otro golpeaba inofensivamente el suelo de piedraguja que los separaba.
Árboles de Barco Sombrío y Benedict, el media alma, atravesaron la puerta casi en el mismo instante, corriendo, con los guanteletes preparados. Ambos hombres lanzaron ráfagas a sus oponentes sin disminuir la velocidad, y Árboles de Barco alcanzó a uno de los enemigos con un disparo en el esternón que derribó al hombre y le rompió la caja torácica con un chasquido audible de huesos. Ratoncito y el humano Kettle entraron pisándoles los talones, también disparando.
El rayo de Ratoncito no llegó a dañar a ningún otro ser, pero antes de que pudieran producirse más explosiones, los guerreros enemigos estaban levantando las manos sobre las cabezas y cayendo de rodillas. Eso habría hecho que fuera mucho más fácil despacharlos a todos, pero por alguna razón, Árboles de Barco y los demás humanos dejaron de luchar.
Rowl se quedó perplejo un momento mientras el resto de los guerreros de Árboles de Barco entraban corriendo por las puertas. El humano Kettle se hizo cargo, les quitó los guanteletes y las espadas a los guerreros enemigos y les ató los brazos, lo que a Rowl le pareció un exceso de preparación antes de cortarles el cuello. Durante las siguientes respiraciones, Rowl pensó que los humanos no iban a cortarle el cuello a nadie. ¿Qué sentido tenía tanta pelea con guanteletes si iban a dejar de luchar en el momento en que los tontos superados en número decidieran que la pelea había terminado?
Rowl movió la cola con exasperación. Humanos.
Tan cerca del fuego, el calor era palpable y el fuerte olor a humo resultaba casi nauseabundo. El fuego era un rugido constante en el interior del templo. Ahora que tenía tiempo para mirar a su alrededor, Rowl vio varias formas muy quietas con túnicas color azafrán teñidas de carmesí que yacían aquí y allá en los jardines, como macizos de flores particularmente morbosos.
-Hacedor de Caminos -jadeó el humano Benedict, pasando su mirada por los cadáveres. Sus ojos brillaban con lágrimas no derramadas-. Oh, Gran Hacedor, muéstrame el Camino, porque estoy perdido y no puedo encontrarlo.
Rowl se acercó a Ratoncito y saltó a sus brazos, para poder ver mejor a través de la multitud de humanos.
-Patrón -dijo el humano Kettle, señalando con la cabeza a Árboles de Barco-. Cuatro prisioneros, ninguno herido de gravedad. Dicen que el resto de los auroranos ya se han ido. Se ofrecieron voluntarios para quedarse y no dirán nada sobre su misión o adónde van sus oficiales.
Árboles de Barco gruñó y sacudió a la cabeza, observando el templo en llamas.
-Quemar una biblioteca. Maldito desperdicio. -Se volvió hacia uno de sus guerreros y le dijo-: Ve a informar al señor Creedy de lo que ha pasado y pídele que dirija a la brigada de bomberos hasta aquí de inmediato.
—Sí, patrón —dijo el hombre, y se apresuró a marcharse.
-Estos tipos podrían ahorrarnos muchas molestias si comienzan a hablar. ¿Quiere que los persuada, patrón? -preguntó el humano Kettle. Golpeó con los nudillos de un puño la palma opuesta.
-No hay tiempo -dijo Árboles de Barco-. Los auroranos ya están en movimiento. ¿Por qué quemar una biblioteca?
-Una distracción -sugirió el humano Kettle-. ¿Para alejarnos de su objetivo real?
-Va a provocar mucha atención -admitió Árboles de Barco-. Pero... -Entrecerró los ojos-. ¿Y si esto no fuera una distracción? Solo enviaron a treinta hombres a por la maldita Fábrica Lancaster. Trajeron toda su fuerza aquí. ¿Por qué?
-Todo el asunto de la infiltración y el ataque -preguntó el humano Benedict, con voz tensa y amarga por el dolor-. ¿Solo para quemar libros?
-Los libros son conocimiento y el conocimiento es poder -dijo Árboles de Barco.
-¿Más poder que una fábrica de cristales? -preguntó el humano Kettle dubitativo
-Alguien parece pensar que sí -dijo Árboles de Árbol, con voz pensativa.
Rowl escuchó un leve sonido y giró la cabeza hacia la dirección correcta en la que dirigir su atención. Un momento después volvió a oír el sonido: una voz, débil, ahogada por el humo.
Rowl se volvió hacia Ratoncito y dijo:
-Por si importa, todavía hay alguien vivo allí. Puedo oírlo.
Ratoncito lo miró parpadeando por un momento de esa manera tan encantadoramente tonta que tenía, y luego barbotó una traducción de sus palabras al humano Benedict.
Los ojos del humano Benedict se fijaron en Rowl.
-¿Dónde?
Rowl inclinó la cabeza hacia el templo y dijo:
-¿Soy un oráculo? No, no lo soy. Dentro.
El humano Benedict se acercó a Rowl e inclinó la cabeza hacia un lado con los ojos cerrados. Se abrieron de nuevo un momento después.
-Tiene razón. Tenemos que hacer algo.
-El humo podría matarle a usted fácilmente -dijo Árboles de Barco-. Ya no digamos el fuego.
El humano Benedict apretó la mandíbula. Y luego se dio la vuelta y corrió hacia el templo en llamas.
-¡Benedict! -lloró Ratoncito. Dejó caer a Rowl como un saco de tubérculos rancios y fue corriendo tras él. Mientras lo hacía, una cuarta parte del techo de la parte trasera del templo cedió con un estruendo de piedra cayendo y una nube tormentosa de chispas ascendentes bailando locamente en el torbellino.
El corazón de Rowl se volvió absolutamente loco, latiendo tan fuerte que amenazó con obstruir su garganta. El edificio estaba en llamas. ¿En qué estaba pensando Ratoncito? Tales cosas eran mortales. ¿No tenía ninguna consideración en absoluto? ¿Quién le iba a dar a Rowl sus masajes favoritos en las orejas si Ratoncito se quemaba y acababa carbonizada? El solo pensamiento le hizo desear agacharse contra el suelo y hacerse un ovillo.
Era una descortesía verdaderamente impactante. Debería dejar que se quemara si iba a tratarlo de forma tan arrogante... pero la sola idea de que Ratoncito se estuviera quemando hizo que el pelaje de Rowl comenzara a enredarse consigo mismo.
Sin más vacilaciones, el gato gruñó y corrió hacia el edificio en llamas.