Author Topic: Los aeronautas capítulo 27  (Read 12 times)

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Los aeronautas capítulo 27
« on: October 29, 2020, 08:35:57 PM »
Capítulo 27
Aguja Albion, Habble Landing, Posada del Caballo Negro

Bridget caminaba un poco por detrás de Benedict, cuyos ojos escudriñaban constantemente las calles a su alrededor mientras caminaban desde el templo hasta la posada que el hermano Vincent había nombrado. En realidad no debía charlar con él mientras caminaban. Después de todo, era su deber vigilar el peligro y proteger al Maestro Ferus de cualquier ataque. ¿Cómo podría hacerlo de forma efectiva mientras ella estaba pululando a su alrededor?
-¿Qué descubriste, Folly? -le decía el maestro Ferus a su aprendiz.
La chica extrañamente vestida frunció el ceño durante medio minuto antes de hablar.
-Almas congeladas.
-¡Ah! -dijo Ferus, levantando un dedo- Sí, bastante cerca. Bien hecho, niña.
Folly sonrió y abrazó su frasco de cristales contra el pecho.
-¿Pero por qué nunca he sentido algo así en nuestro estudio?
-Es principalmente una cuestión de densidad -respondió Ferus-. Uno necesita más que un puñado de árboles para ver un bosque.
Folly frunció el ceño ante eso.
-Parecía como si... ¿se hablaran entre ellos?
-Nada tan complejo como eso, creo -dijo el eterealista-. Alguna especie de comunión, sin embargo, definitivamente.
Bridget se aclaró la garganta y dijo tentativamente:
-¿Disculpe, maestro Ferus?
El eterealista y su aprendiz volvieron la mirada hacia ella.
-¿Si?- preguntó.
-No quería entrometerme, pero. . . ¿de qué está hablando?
-Libros, querida -respondió Ferus-. Libros.
Bridget parpadeó una vez.
-Los libros no tienen alma, señor.
-Quienes los escriben la tienen -dijo Ferus-. Dejan tras de sí pedazos cuando ponen las palabras, algunos retazos y manchas de su naturaleza esencial. -Olfateó-. Muy desordenados, en realidad, pero reúne suficientes recortes y uno podría tener algo que se acerca a un todo.
-Cree que la biblioteca tiene alma- dijo Bridget con cuidado.
-No lo creo , jovencita-, dijo Ferus con cierta rigidez. -Lo sé.
-Yo... ya veo -dijo Bridget-. Gracias por responder a mi pregunta.
-De nada.
Continuaron, siguiendo a Benedict, y finalmente llegaron a la posada situada en una parte muy transitada de las calles que conducían a la galería en el exterior del puerto. Un letrero colgado fuera mostraba, como muchos de ellos, el dibujo de un animal fantástico que supuestamente había existido hacía mucho tiempo; la mayoría de las posadas en Habble Morning estaban decoradas de ese modo, Bridget lo sabía. Las letras debajo proclamaban que el edificio era la Posada del Caballo Negro.
Entraron y encontraron lo habitual en un lugar así... una sala común donde se servía comida y bebida, en esencia un pequeño pub o restaurante. El techo era bastante bajo. Benedict tuvo que agachar un poco la cabeza para evitar chocar contra las pesadas vigas que sostenían el segundo piso. El aire también era denso y estaba lleno de humo. Varios hombres y mujeres sentados acurrucados en las mesas sostenían pipas que ardían con la hierba que quemaban en su interior. Lo cual iba, estrictamente hablando, en contra de las pautas establecidas por los Constructores Misericordiosos en el Alto Manual. Al parecer, habían considerado que fumar era un pecado grave.
Pero claro, Habble Landing tenía cierta reputación como lugar poco inclinado a la santidad. Después de todo, era el hogar del Templo del Camino y solo tenía unas pocas capillas pequeñas para Dios en el Cielo. Aquí el principio rector era el beneficio empresarial. Y por lo que parecía en la Posada del Caballo Negro, el negocio iba muy bien.
Había al menos sesenta personas apiñadas en la sala común, ocupando cada una de las mesa. Dos mujeres se movían lo más rápido que podían por la habitación, llevando comida y bebida a las mesas y llevándose platos y tazas vacíos. Atrás en la cocina, los platos traqueteaban y las voces hablaban en voz alta pero sin ardor, evidencia de un negocio operando a su máxima velocidad.
-Un momento, un momento, damas y caballeros -gritó un hombre de mejillas redondas que vestía una chaqueta bastante sencilla de seda etérea gris plateada. Solo después de haber dicho eso, les echó un vistazo. Bridget vio que sus ojos brillantes y bastante juntos se fijaban en la excelente (y cara) ropa de Gwendolyn y Ferus de un vistazo, y se adelantó, frotándose las manos para sonreír ampliamente. -Estamos bastante ocupados, como pueden ver, pero les despejaremos una mesa en un momento.
El estómago de Benedict hizo un ruido audible incluso por encima del parloteo de la habitación.
-Maravilloso -dijo.
-También necesitamos alojamiento, señor -dijo Gwendolyn-. Nos han dicho que su establecimiento puede satisfacer nuestras necesidades.
El posadero se frotó el cuello.
-Ah, señorita. Ya veo. Estaremos encantados de proporcionar una comida caliente a sus estómagos, viajeros, pero me temo que todas mis habitaciones están apalabradas.
-Le ruego me disculpe -dijo Gwen, sonriendo-. No estoy segura de haberle escuchado correctamente.
-Bueno, señorita -dijo el posadero-, los tiempos son los que son, con un ataque y tal vez una guerra y todo eso... no tenemos habitaciones para alquilar, me temo.
-¿Están ocupadas ahora mismo? -preguntó Gwendolyn-. ¿Cada una de ellas?
-Lo siento, pero así es -mintió el posadero. Era claramente obvio por la expresión de su rostro. Tal vez, reflexionó Bridget, rechazar dinero no era algo que un emprendedor de Habble Landing estuviera emocionalmente equipado para tomarse con calma. Pero, ¿por qué no les alquilaba las habitaciones, si ese era el caso? Ah, sin duda tenía que ver con...
 -¿Quién las alquila? -preguntó Gwen alegremente-. ¿Quizás podría hacer algún tipo de trato con esa persona?
-Eso no es asunto suyo, señorita. Es decir, sin ofender, pero no voy a parlotear sobre mis clientes o sus negocios.
-Estoy segura de que podemos llegar a algún tipo de acuerdo -declaró Gwendolyn.
-No hay habitaciones -dijo el posadero, con la mandíbula apretada obstinadamente.
Gwendolyn Lancaster entrecerró los ojos.

*****

Decidieron cenar en su suite, en lugar de abrirse camino hasta la sala común de la Posada del Caballo Negro. Una de las mujeres de la planta baja la entregó en varias bandejas apiladas. La comida llegó caliente y fresca, en los mejores platos que el Caballo Negro tenía para ofrecer, junto con cubiertos genuinos y varias botellas de vino de niebla bastante caras.
Una vez que la comida estuvo colocada en la pequeña mesa de la habitación, la sirvienta se fue, y Folly cerró y echó el pestillo con cuidado detrás de ella. La aprendiz del eterealista parecía pálida, como si no hubiera comido en días. Una vez cerró la puerta, la chica corrió inmediatamente a la esquina de la habitación más alejada de ella y se sentó en el suelo, sosteniendo su pequeño frasco de cristales con cuidado.
-Prima -dijo Benedict, abriendo la primera botella de vino de niebla-, me temo que puede que tengas una o dos cosas que aprender sobre cómo negociar el mejor precio posible.
-Mi tarea no es ahorrar dinero -respondió Gwen con bastante aspereza-. Estoy aquí para ahorrar tiempo.
-Imposible, imposible -dijo el Maestro Ferus-. El tiempo es tiempo. Apenas podemos verlo, y mucho menos alterarlo.
Benedict sirvió el vino en las copas con calma, a pesar de los ruidos de su estómago, antes de sentarse y comenzar a llenar su plato. Bridget notó que sus movimientos no eran apresurados, pero podía ver las cuerdas de su cuello sobresaliendo por el esfuerzo de su moderación.
-Tiempo no, entonces -dijo Gwen-. sino problemas. Sí, pagamos cinco veces el precio...
-Diez veces -intervino Benedict suavemente.
Gwen agitó la mano.
-El caso es que no perdemos horas yendo y viniendo del templo hasta que encontremos otra posada.
-Bien dicho, niña, muy bien dicho -dijo el Maestro Ferus.
-Ratoncito -dijo Rowl con bastante agudeza desde el suelo-, ¿dónde debería sentarme?
Bridget despejó tranquilamente un pequeño espacio en la mesa, puso un poco de pollo asado en un plato pequeño y levantó a Rowl hasta la mesa para sentarlo delante de él. El gato emitió un sonido gutural y complacido y comenzó a mordisquear.
-Si puedo preguntar -dijo Bridget vacilante-, ¿cuál es nuestro próximo movimiento?
-Aprovechar el medio ambiente -dijo el Maestro Ferus con un bocado de carne en la boca-. La sala de abajo es un lugar excelente para probar el clima local en busca de signos de actividad inusual. Señor Sorellin, ¿tal vez estaría dispuesto a emplear su talento para bajar y escuchar? Finga estar bebiendo, pero no se eche a perder.
Benedict tragó saliva apresuradamente y se aclaró la garganta.
-Maestro Ferus, me temo que las órdenes del Spirearch me impiden hacer tal cosa. Debo estar a menos de un brazo de usted.
El viejo eterealista parpadeó.
-Oh, supongo que sus órdenes podrían interpretarse de esa manera, ¿no es así?
-Interpretado literalmente -dijo Benedict-. Me temo que sí.
-Siendo ese el caso -dijo Ferus-, le acompañaré. Agregará verosimilitud tener a alguien que esté genuinamente borracho en la mesa. -Sacudió la cabeza con tristeza-. La muerte es ligera como una pluma, el deber tan pesado como una aguja, ¿no?
-Ah -dijo Benedict.
-Maestro Ferus, ¿eso es prudente? -preguntó Gwen.
-Es un antiguo proverbio, transmitido desde la época de los Constructores -respondió Ferus-. Hablando cronológicamente, es sabiduría del más alto nivel.
-No el proverbio -dijo Gwen-. Usted, borracho. A mí me parece que podría tener más dificultades para cumplir con su misión si está borracho.
-Preferiría estar borracho que ser comido, señorita Lancaster -dijo Ferus en tono serio-. Como todos. Muy bien, eso está arreglado.
Gwen parpadeó.
El eterealista tomó un sorbo lento de su vaso y asintió como un búho.
-El maestro Sorellin y yo confrontaremos y destruiremos varias botellas más de este excelente vino de niebla, y veremos qué noticias se pueden obtener pasivamente. Mientras tanto, el resto de ustedes irán con Rowl y Bridget para hacer contacto con los gatos locales. Si algo fuera de lo común está sucediendo en Habble Landing, ellos lo habrán notado.
Rowl levantó la vista de su comida para decir:
-Primero dijo mi nombre, Ratoncito. Tiene un excelente sentido de las prioridades.
Bridget miró a Rowl y luego volvió a mirar al anciano.
-Maestro Ferus, perdóneme, pero no estoy segura de cuánto tiempo nos llevará hacer contacto. Los gatos no son conocidos por su franca hospitalidad cuando se trata de conocer a extraños.
-Yo ayudaré -dijo Gwen con calma.
Bridget suspiró.
-Yo... creo que tu ayuda, en este esfuerzo en particular, podría ser contraproducente.
Gwen frunció el ceño.
-¿En qué manera?
Dios del cielo, realmente no se da cuenta de como se pone cuando está atacando a una pobre alma, pensó Bridget. En voz alta, dijo:
-Los gatos no reaccionan bien a, um, a la... -Vaciló y miró a Benedict, suplicando silenciosamente ayuda.
-Gwendolinencia-, dijo Benedict.
Gwen enarcó una ceja.
-¿En qué sentido debo tomarme exactamente ese comentario, primo?
-Precisamente en todos los sentidos -respondió Benedict-. Tus esfuerzos diplomáticos hasta el momento han consistido en instigar un duelo, amenazar a un destacamento de marines de la Flota con cargos de traición, desperdiciar una pequeña fortuna en sobornos y descargar abruptamente un guantelete en una situación que de otro modo no habría acabado siendo violenta.
-Pero…- comenzó Gwen.
-Dos veces-, dijo Benedict suavemente.
Gwen lo miró fijamente y le dio a su siguiente bocado de ave un golpe particularmente duro con el tenedor.
-No quiero insultarte, Gwen, pero... los gatos no reaccionan bien al tipo de presión que ejerces -dijo Bridget-, especialmente cuando se enfrentan a...
-Invasores -murmuró Rowl.
-... recién llegados -terminó Bridget con suavidad.
Gwen puso los ojos en blanco y dijo:
-Muy bien. Entonces me quitaré de en medio.
-Es solo para la primera reunión-, dijo Bridget rápidamente.
Benedict miró a Bridget con el ceño fruncido.
-No deberías ir sola.
-No lo hará -dijo el eterealista-. Folly irá con ella.
Bridget miró a Folly. La chica estaba meciendo su pequeño frasco de cristales suavemente y cantándoles una canción de cuna.
Benedict arqueó una ceja y dijo:
 -Ah.
-Está bien -dijo Bridget-. Cuanta menos gente, menos ruido. Rowl podrá escuchar las amenazas potenciales mucho antes de que se acerquen lo suficiente como para dañarnos.
Rowl se acicaló una de las patas delanteras con modestia.
-Bien, entonces -dijo el Maestro Ferus-. Eso también está resuelto. Adelante, buena caza. Señor Benedict, emborrachémonos.