Author Topic: Los aeronautas capítulo 26  (Read 23 times)

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Los aeronautas capítulo 26
« on: October 27, 2020, 11:44:03 AM »
Capítulo 26
 
Aguja Albion, Habble Landing, Templo del Camino

Gwendolyn observó a Bridget devolver las armas a su primo, con cuidado de no sonreír. Por amor de Dios, Gwen había estado de pie igual de cerca de él, y con los brazos vacíos también, y sin embargo Benny se había vuelto hacia la chica del gato casi instintivamente cuando comenzó a desarmarse.
Benedict había expresado a Gwen en términos inequívocos su determinación de evitar enredarse con una esposa en un buen número de ocasiones. Incluso había sido casi grosero con Madre cuando ella le había presionado con demasiadas parejas en un baile dos años atrás.
No es que no hubiera ninguna jovencita interesada en él. Oh, claro, ninguna de las damas elegibles del más alto nivel habría considerado una unión con un joven nacido guerrero, ni aunque hubiera sido miembro de pleno derecho de la Casa Lancaster... bueno, tal vez si hubiera sido el heredero, suponía. Pero las damas de las Casas menores podrían muy bien mejorar su posición mediante una unión con Benedict.
También estaba, pensó, Esa Clase de Persona, que con gusto buscaría una cita con un nacido guerreros simplemente por la emoción de algo extravagante. Por supuesto, Benedict era un joven apuesto. Muchas viudas jóvenes (y no tan jóvenes) habían empezado a perseguirle al alcanzar la mayoría de edad, pero él las había ignorado a todas con una firme y cortés reserva.
Ahora hablaba en voz baja con Bridget y el monje del Camino, y Gwendolyn se sintió inmensamente complacida por él. Conocía a Bridget lo suficiente como para estar segura de que no tenía ningún interés en Benedict que tuviera que ver con su herencia, monetaria o de algún otro tipo. Y aunque Bridget parecía tener muy pocas gracias sociales, esas cosas se podían aprender. De todos modos, el coraje y la integridad eran más importantes, y la chica los tenía en exceso. El nombre de Tagwynn todavía tenía peso en algunos rincones de la habble. Se podría convencer a Madre para que bendijera tal unión.
Por supuesto, Benedict se aseguraría de estropear las cosas si lo dejara a su suerte. Gracias a Dios que tenía a alguien que le allanaría el camino... cuando fuera el momento oportuno, naturalmente.
Gwendolyn sonrió satisfecha y siguió al monje al templo con el resto de su grupo.
No estaba en absoluto preparada para lo que encontró en el interior del templo. Había esperado un arreglo bastante simple, y de hecho lo era, en extremo. Pero los monjes habían transformado el patio que había tras la pesada puerta del templo en un jardín tan frondoso y tupido que ni siquiera los de las propiedades de su familia se podían comparar con él.
Cada metro cuadrado aprovechable se había dedicado a maceteros de mampostería llenos de rica tierra negra transportada con esmero desde la superficie. Cada maceta sostenía una fina red de hilos de seda sobre ella, salpicada de pequeños cristales luminosos que brillaban como mil estrellas, bañando todo el patio con un rico resplandor plateado. Debajo de las redes de luz tejidas crecían árboles frutales, vides, hileras de verduras y cereales, así como flores, árboles pequeños, helechos y frondosos arbustos que ella no pudo identificar. Productos alimenticios que creían en el suelo sucio de la superficie, en lugar de en un jardín de agua adecuado tratado con tinas de arena con nutrientes. La sola idea era algo nauseabundo. ¿Por qué hacer tal cosa?
El olor del lugar era simplemente impactante. El aire estaba lleno de un derroche de olores, agudos y pungentes, pútridos y dulces, y sobre todo, muy, muy vivos. El aire mismo parecía diferente, denso e hinchado por la humedad. La impresión del conjunto era la de una vida desenfrenada, tan salvaje como el mortífero infierno verde que cubría la superficie del mundo, y sintió que su corazón se aceleraba en una reacción inmediata e irracional de miedo instintivo.
Su mente racional le decía que claramente no había peligro aquí. Varios monjes se movían silenciosamente entre las plantas con su atuendo color azafrán, recortando y cuidando y desyerbando. Los insectos zumbaban por el aire, muchos de ellos con rayas amarillas y negras. ¿Abejas? Dios mío, no sabía que nadie hubiera podido trasplantar con éxito una colonia a Aguja Albion. Hasta donde ella sabía, solo los pikers habían logrado administrar con éxito las colmenas, y su casi monopolio del mercado de la miel y el hidromiel suponía la piedra angular de su economía.
Bueno. Si este jardín podía dar cobijo algo tan frágil como las abejas, seguramente el lugar no podría ser tan amenazante, sin importar cuán de pesadilla pudiera parecer. Respiró hondo, se tranquilizó y avanzó a través de la vegetación, siguiendo a su primo y al hermano Vincent.
Debía haber setenta y cinco metros de extraños jardines entre la puerta y el templo propiamente dicho, que se elevaba a una altura de cuatro pisos y estaba construido con excelente mampostería. El edificio parecía casi tan cuadrado, tan sólido y tan fijo como si los mismos Constructores lo hubieran hecho de piedraguja. A pesar de su altura, se las arreglaba para parecer rechoncho y grueso, como si estuviera decidido a resistir la mera idea de cualquier asalto, mucho más el ataque real que pudiera surgir de tal noción. Dos monjes más, armados como había estado el hermano Vincent, estaban de pie en las puertas principales del templo y observaron en estoico silencio mientras el grupo de Gwendolyn seguía a su guía al interior.
Gwen esperaba que el interior del templo coincidiera con su exterior pedregoso, pero para su sorpresa descubrió que estaba iluminado con calidez y decorado con pinturas y pancartas con proverbios en escritura del Camino. Algunas de las pinturas, aunque representaban figuras icónicas de la fe del Camino, se habían realizado con maestría. A su manera, se podían comparar con la colección que habían visto en el palacio del Spirearch.
El suelo estaba formado de bloques de piedra, pero estaba pintado de un color verde intenso, excepto por un camino marrón que se movía de un lado a otro por el pasillo. Tantos pies habían recorrido el camino pintado, que en su centro la pintura se había desgastado y la piedra misma se había desgastado junto con ella. Con los demás, Gwen se encontró siguiendo naturalmente la depresión a lo largo del pasillo, con las plantas de sus pies a una pulgada por debajo del nivel adecuado del suelo.
-¿El comedor? -preguntó Benedict.
-Parece lo más simple -dijo el hermano Vincent. El monje miró por encima del hombro y sonrió a Gwen-. Parece sorprendida, señorita.
-Esto es muy... bonito, en realidad -se encontró respondiendo Gwen-. No es en absoluto como parece desde el exterior.
-¿Pasa algo? -preguntó el hermano Vincent con una pequeña sonrisa.
-Allá vamos -dijo Benedict entre dientes.
Gwen arqueó una ceja hacia su primo y se giró hacia el hermano Vincent.
-¿No sería más rápido caminar en línea recta en lugar de deambular de un lado a otro de esta manera? Este camino no parece sensato.
La sonrisa del monje se ensanchó.
-¿Alguien le ha prohibido hacerlo?
-Bueno, no -dijo Gwen.
-¿Y por qué no está caminando de la forma en que le parece sensata, entonces?
Gwen parpadeó.
-Bueno... obviamente es la forma en que todo el mundo camina aquí, supongo.
-¿Quería evitar ofender nuestra sensibilidad?
-No. No exactamente -dijo Gwen-. Es solo... parecía lo correcto.
El hermano Vincent asintió.
-¿Por qué?
-Porque . . . bueno, mírelo. Las piedras están gastadas donde todo el mundo ha caminado.
-¿Siente que debe caminar por el mismo camino porque muchos lo han recorrido antes de que usted llegara, señorita?
Gwen miró a Benedict, pero su primo se limitó a devolverle la mirada en silencio, al parecer interesado en su respuesta.
-No claro que no. Solo que sí, en cierto modo. En realidad no lo había pensado.
-Pocos lo hacen. -El hermano Vincent inclinó la cabeza y se volvió para seguir guiándolos por el pasillo, y Gwen tuvo la impresión repentina, por su lenguaje corporal, de que era un maestro que acababa de concluir una lección.
Sintió que su espalda se tensaba un poco.
-Hermano Vincent -dijo, en lo que sentía que debía ser un tono atemprado pero férreo-. ¿Está intentando engatusarme para que me convierta al Camino?
No podía ver su rostro, pero desde donde estaba pudo ver sus mejillas redondearse mientras sonreía.
-En el vacío, no hay ninguna distinción entre el este y el oeste.
Gwen parpadeó levemente ante eso.
-Conozco todas esas palabras y, sin embargo, cuando se combinan así, no tengo idea de lo que significan.
El monje asintió.
-Quizás elige no escucharlas.
Gwen suspiró exasperada.
-¿Benedict?
Su primo se volvió para caminar hacia atrás unos pasos y sonrió.
-Él es así, prima. Yo tampoco sé lo que quiere decir. Es su camino.
El monje no se moletó en girarse, y Gwen de repente sintió que el hombre podía estar riéndose de ella. Así que olfateó una vez, levantó la barbilla con firmeza y comenzó a caminar en línea recta, maldita fuera la costumbre del Camino.
Tropezó en la superficie irregular unos segundos más tarde y casi se cayó. Después de eso, bajó la barbilla lo suficiente para asegurarse de que podía ver dónde ponía los pies.
-Perdóname, hermano -dijo el maestro Ferus un momento después-. Pero, ¿puedo molestarlo para que nos muestre la colección, si no es demasiado problema? Mi aprendiz nunca la ha visto.
El rostro del hermano Vincent se iluminó como si el etérealista se hubiera ofrecido a cocinarle un manjar.
-Por supuesto señor. Después de todo, está en el camino.
El Maestro Ferus sonrió.
-Excelente. Atiende, Folly.
-Sí, maestro -dijo la aprendiz.
-¿Colección? -preguntó Gwen-. ¿Qué colección?
Los ojos de Vincent brillaron. Se detuvo ante una puerta muy grande y pesada y la abrió con un suave empujón de la mano. La enorme cosa se abrió de par en par silenciosa y suavemente para revelar una inmensa cámara más allá.
-Damas y caballeros -dijo en un tono tranquilo y vibrante-. La Gran Biblioteca de la Aguja Albion.
 Gwen sintió que sus ojos se abrían de par en par.
La Gran Biblioteca era enorme... debía ocupar las tres cuartas partes del espacio de todo el templo por sí sola. La planta baja estaba llena de estanterías y mesas de trabajo, y cada centímetro del espacio de las estanterías estaba abarrotado de libros, libros de todos los tamaños, formas y colores. La colección que había aquí dejaba en vergüenza a la de su academia, que había sido una biblioteca de casi tres mil volúmenes, y no habría ocupado una décima parte del espacio de la planta baja de la biblioteca, y había tres niveles de estantes que rodean la pared exterior de la biblioteca por encima de la planta baja, a cada uno se accedía por medio de balcones y múltiples series de escaleras. Más monjes se movían por los pisos superiores, quitando el polvo y ordenando los estantes. En general, Gwen estaba segura de que había más libros en la biblioteca de los que había visto en toda su vida fuera de ella.
Una docena de monjes con túnicas color azafrán estaban sentados en las mesas, copiando volúmenes a mano, mientras que los iniciados más jóvenes llevaban papel, rociaban arena sobre las páginas para secar la tinta todavía húmeda y realizaban otras tareas para apoyar el esfuerzo global. Flotaba una música suave en el aire, de un par de monjes tocando flautas de madera en melodías elegantemente entrelazadas.
Gwen miró durante varios segundos en silencio y luego se dio cuenta de que estaba intentando calcular el valor aproximado de los libros, basándose únicamente en los materiales que los formaban. El papel de cada libro era representativo de más madera de lo que sugería su volumen. La casa Lancaster tenía una biblioteca de varios cientos de volúmenes, pero era una de las casas más ricas de toda la Aguja Albion. La academia de Habble Morning había reunido casi mil volúmenes durante dos siglos, algunos de ellos bastante antiguos y valiosos. Pero este lugar...
La Gran Biblioteca difícilmente podría haber sido más costosa, en un sentido puramente monetario, si sus paredes y pisos hubieran estado revestidos de oro.
Supuso que en eso coincidía con el resto de Habble Landing. Aquí se habían construido edificios enteros de madera, en su loca división del espacio de trabajo. Sabía que la economía local era vigorosa, pero no tenía ni idea de que el nivel de comercio que se desarrollaba allí empequeñecía al de Habble Morning. Toda esa construcción habría requerido el fresado de la madera, y como resultado de ello montañas de aserrín. Quizás esa había sido la fuente de materia prima para el papel en los volúmenes que tenía ante ella. Eso podría haber bajado el precio... pero de todos modos, los libros representaban una verdadera fortuna, entre un grupo de hombres y mujeres que eran conocidos por evitar patológicamente el exceso o la ganancia material.
También era muy útil para explicar por qué los monjes desaconsejaban tanto las visitas casuales al templo, supuso. Las fábricas de su propia familia tampoco estaban abiertas al público.
-Oh -exhaló Folly en voz alta. La chica extrañamente vestida estaba mirando la biblioteca con ojos redondos como platos-. Oh, ¿es eso...?
-Oh, sí -respondió el Maestro Ferus.
-Yo nunca . . . Nunca sentí esto en nuestra biblioteca, maestro.
-¿Sentiste qué? -preguntó Ferus. Su voz era suave pero sus ojos, pensó Gwen, eran bastante agudos.
Folly guardó silencio un momento antes de decir:
-No estoy segura.
-Piensa en ello -sugirió Ferus. Se volvió hacia el hermano Vincent y le preguntó-: ¿Podría quedarse aquí, en silencio, mientras tomamos el té, hermano? Te doy mi palabra de que no te ofenderá de ningún modo..
El hermano Vincent se inclinó por la cintura. Luego se hizo a un lado y murmuró algo a uno de los aprendices antes de moverse hacia el grupo.
-Señorita, por favor no toque ninguno de los volúmenes sin consultar con un miembro de mi orden.
Folly se puso tensa cuando el monje le habló y acunó su frasco de pequeños cristales cerca de la barbilla.
-Oh, él me ha hablado. ¿Debo decirle que lo entiendo? No, por supuesto que no... ahora lo sabe, porque os lo he preguntado a vosotros.
-Ahí tienes -dijo el Maestro Ferus, con una sonrisa de satisfacción-. Ahora, ¿sobre ese té?
El hermano Vincent estudió a la aprendiz del eterealista durante un momento especulativo, luego sonrió al maestro Ferus y dijo:
-Por aquí.
El monje los condujo a un comedor modesto con mesas bajas y redondas hechas de hierro revestido de cobre rodeadas de cojines resistentes en lugar de sillas. Gwen no estaba segura de la dignidad de tal. . . asientos novedosos, pero logró sentarse en uno de los cojines con lo que estaba segura era una gracia aceptable, y en unos momentos estaban bebiendo tazas de excelente té caliente, endulzado con escandalosas porciones de miel. Rowl tenía su propio cuenco pequeño. El gato no quedó satisfecho hasta que Bridget le hubo puesto el doble de miel que a cualquier otra persona.
Una vez que todos estuvieron bebiendo (o lamiendo), el hermano Vincent asintió y se volvió hacia Benedict, que estaba sentado a su derecha.
-Muy bien entonces. Dime.
Benedict hizo una ronda de presentaciones y dio un relato conciso de los eventos de los últimos días, incluido el propósito de su propia visita a Landing.
-En resumen -dijo-, necesitamos un lugar donde quedarnos que esté libre de cualquier influencia indebida de los gremios. Tenía la esperanza de que se pudiera convencer al Caminante para que nos permitiera operar desde aquí, hermano. Es el lugar más seguro que podríamos pedir.
-¿Caminante? -preguntó Gwen.
-El hermano o hermana más importante del templo -dijo el hermano Vincent, sonriendo. Se volvió hacia Benedict y negó con la cabeza calva-. Lo siento, hijo. Las leyes de nuestra orden son precisas en eso. Los templos del Camino no toman partido en disputas políticas de ningún tipo.
-Pero esta es vuestra casa  -espetó Gwen-. Si los auroranos conquistan Albion, también os conquistarán a vosotros.
-El Templo del Camino en Aguja Aurora funciona de manera bastante pacífica -dijo el hermano Vincent en un tono suave-. Lamentaríamos profundamente la pérdida de vidas que requeriría tal conquista. Ayudaríamos a los heridos y a los desamparados en todo lo que pudiéramos. Protestaremos pacíficamente por cualquier inhumanidad perpetrada por cualquiera de las partes y aceptaremos las consecuencias de esa protesta. Pero aquí no somos soldados ni guerreros, señorita Lancaster. Ese no es nuestro camino.
-No recuerdo haberle pedido que peleara con nadie por mí, hermano Vincent -respondió Gwendolyn-. Recientemente he descubierto que tengo algo de habilidad para hacerlo yo misma.
-Si les permitimos utilizar el templo como base de su investifación , daría la impresión de partidismo por el Spirearch. Respetamos profundamente su autoridad y su moderación, pero el propósito de nuestro templo es servir a toda la humanidad, no solo a los habitantes de una Aguja.
Benedict sonrió sin mucho humor.
-Es la respuesta que esperaba que dieras, hermano. Quizás tengas una sugerencia sobre dónde podemos hospedarnos con relativa seguridad. Ha pasado un tiempo desde la última vez que estuve aquí, e incluso entonces no conocía la habble tan bien como la conoce la orden.
El hermano Vincent tomó un sorbo largo y lento de su té, con los ojos entrecerrados, pensativo.
-Si estáis buscando un propietario completamente honorable en esta habble, espero que hayáis traído recursos considerables para pagarlo. -Respondió a la leve sonrisa de Benedict con una propia-. Todo es cuestión de dinero, creo. El dinero hace cosas raras a algunas personas.
-Seguramente algunos deben ser mejores que otros -dijo Benedict.
-Algunos ciertamente parecen serlo -respondió Vincent-. Si la verdad coincide con la apariencia es otro asunto. A menudo he oído decir que cualquier cosa en Landing tiene un precio, especialmente la lealtad.
Gwendolyn bajó su taza y dijo:
-No necesitamos un posadero honorable, Benny.
Su primo la miró parpadeando.
-¿No?
-De ningún modo. Simplemente necesitamos a alguien que venda su lealtad con la integridad adecuada -Se volvió hacia el hermano Vincent-. ¿Hay un posadero que, cuando se le compra, se queda comprado?
El monje arqueó las cejas.
-¿Un posadero mercenario?
-Es la forma más rápida y tenemos algo de prisa -dijo Gwen.
Vincent pareció reflexionar sobre eso un momento antes de decir:
-Darle incluso una cosa tan pequeña como nuestro consejo pone a prueba la neutralidad que la orden se ha esforzado por cultivar.
-¿Y si no le preguntamos al hermano Vincent? -dijo Gwen-. ¿Supongamos que pedimos una recomendación al antiguo maestro de mi primo, Vincent?
-Sofismo -dijo el monje-. Y cogido por los pelos, además.
-Simplemente estamos conversando mientras tomamos el té -señaló Gwendolyn con firmeza-. No es como si el Spirearch hubiera escrito solicitando su ayuda.
El hermano Vincent frunció los labios.
-Debo considerar cuidadosamente el impacto que mis acciones podrían tener en la orden y los demás seguidores del Camino.
-Ya que está en eso -dijo Gwen-, tal vez debería considerar el impacto que su falta de acción podría tener sobre los seguidores del Camino de Aguja Albion, junto con todos sus vecinos. Seguramente están incluidos en la lista de la humanidad a la que dice que desea servir.
El hermano Vincent parpadeó varias veces. Luego dijo en un tono suave:
-No capta muy bien las indirectas, ¿verdad, señorita Lancaster?
-Quizás elijo no escucharlas -respondió Gwen en un tono meloso.
Algo que se parecía sospechosamente a una sonrisa renovada bailó de repente en los ojos del monje.
Gwendolyn le devolvió la sonrisa alegremente.

 

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Re:Los aeronautas capítulo 26
« Reply #1 on: October 27, 2020, 02:31:01 PM »
  06a 06a
¿Un monje guerrero? Madre mia.
Mi destino es no dejarme someter

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Re:Los aeronautas capítulo 26
« Reply #2 on: October 27, 2020, 10:41:40 PM »
Este libro no tiene desperdicio.
Vamos a ver si el final está a la altura.
Son 69 capítulos, pero en primera traducción ya vamos por el 56, así que no creo que tardemos mucho.

Offline ronubeco

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Re:Los aeronautas capítulo 26
« Reply #3 on: October 28, 2020, 07:43:29 PM »
La historia y los personajes prometen. A ver si no nos defrauda
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