Primera vez
Tampoco es que fuera todo malo, el resto todo seguía siendo el cielo y ella seguía siendo coqueta y jugueteando conmigo. De hecho, estaba cada vez más pícara. Sabía que el sweter rojo me volvía loco y se lo ponía cada vez más seguido. Me hacía ojitos, se mordía los labios, se los lamía. La sangre me bullía, me chisporroteaba la piel. Prometía y después se retraía. Me estaba volviendo completamente loco. Pasó unas semanas en eso y yo perdí completamente la cordura.
Un día fuimos a su casa. Iba descentrado tocándola en el auto y empecé a quitarle la ropa mientras subíamos al apartamento. Por suerte a nadie se le antojó tomarse el ascensor. Me la llevé en brazos al cuarto, directamente a la cama. Tengo mi venita romántica, pasé años leyendo esas novelitas rosas que nadie quiere admitir que alguna vez vio. Era de asumir que iba a ser dulce, tierno, paciente y suave. Que iba a saber tratar a una dama. Bueno, no fue así. Iba enceguecido y no pensé en nada. Nunca me había pasado algo así. Para mí fue hermoso, fue el paraíso, la cumbre, el éxtasis total. Para ella no tanto, si bien llegó a ese lugar donde todos queremos llegar cuando todo terminó se metió en el baño a llorar. Y yo no entendía nada...
Empecé a sentir miedo ¿Será que la lastimé? ¿Me dijo que no en algún momento? ¿Cuándo dejó de disfrutar y yo no me di cuenta? ¿No la estimule lo suficiente? ¿No llegó? No encontraba respuestas. No conseguía que saliera del baño. Me pegué tremendo susto y el paraíso pasó demasiado rápido al infierno. Quizás entre toda la euforia me dijo que no y yo no me di cuenta, no me podría perdonar a mi mismo algo así. Yo no soy así. Esperaba más de mi mismo. Ahora quiero encerrarme a llorar en el baño yo también pero no puedo. Apareció mi cuñada y está preocupada, me pregunta a mí qué está pasando. Yo no sé qué está pasando. Sé qué pasó antes pero no le pienso decir.
Salió del baño y se fue con la hermana. ¡Genial! Me quedé ahí desconcertado y espantado de mí mismo y mi propia brutalidad. No hago nada bien.