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La nariz es pequeñita, es una línea perfectamente estilizada que desciende desde la frente hasta la punta donde forma una especie de bolita carnosa del ancho perfecto para tentar los besos. Las cejas, ni muy gruesas ni muy finas están naturalmente delineadas para enmarcar los ojos. Son de un color indefinido, de un caoba cobrizo que parece café con destellos rojos. Los ojos son de un color que oscila entre el color del café suave y el de la miel, viéndolos de cerca son más oscuros en la periferia aclarándose hacia el centro con pepitas de oro que parecen flotar y dar sensación de profundidad. Las pestañas son oscuras, espesas y curvadas, descansan sobre las mejillas cuando entorna los ojos y parecen aletear alrededor como las mariposas cuando están por levantar vuelo.
Esos ojos son importantes, son encantadores, hipnóticos, fascinantes. Te compran, te convencen, te incomodan, te ponen nervioso y te inquietan. Son misteriosos, poseen la incógnita y también la respuesta.
Las orejitas son chiquitas, bien curvaditas con una vueltecita sola en el pabellón, no muy profunda, lo suficiente para formar un recoveco perfecto para las cosquillas.
El cuello fino y recto siempre derechito en esa típica posición impecable que asemeja el orgullo de un cisne. Los hombros tallados a tennis tienen esa dosis perfecta de músculos que los delinea y hace sexys. Se puede encontrar una promesa si se sigue la línea de la clavícula. Los pechos a mi medida, ni grandes ni muy pequeños, del tamaño exacto para llenarme las manos y que no sobre ni falte nada. Blancos como la crema de leche y coronados con pequeño botoncito rosa. La pancita con el laberinto soñado del ombligo, chiquito y casi chatito. Toda ella recubierta por un vello cortito, suavecito como espumita y clarito, casi rubio tirando a rojos que parece brillar al sol.
Muslos llenos, nalgas redondas y firmes, desafiantes y llamativas. Del tipo que piden ser acariciadas y también mordidas. Todo eso rematado en unas caderas redonditas, femeninas a más no poder.
Y las piernas, qué decir, llenitas, torneaditas, con la curva perfecta para hacer desear y soñar con besar detrás de las rodillas y el tobillo. Suele usar una tobillera que realza todo el efecto y cuando está descalza, te lleva a la luna. Los pies distan mucho de ser de catálogo, son raros y difíciles de describir, son como chatitos por delante y tienen un arco con una forma extraña, los piecitos de ballet. Para mi eran perfectos. Me harté de placer mordiéndole el empeine.
No es una modelo pero debería serlo. Tiene lo justo donde es necesario. Redondita y espigada. Fibrosa y blandita. Con unos rollitos sobre las caderas que acentúan esa redondéz tan femenina.
Sí, la hizo Dios pensando en lo más bello del arte de su creación. Remató el trabajo salpicando pequitas sobre la nariz. La hizo para inspirar placer y dolor, los sueños húmedos y los más tiernos. Ella, pervierte la mente y purifica el alma. Te pierdes en su esencia, endulza el oído, calienta los huesos. Es sabor, tacto, vista y olor. Es un elixir. Posee mi mente, tiene mi alma y se adueño de mi corazón.