- Tienes que entrar en el agua o realmente te sentirás magullada. - La levantó como si no pesara más que una pluma, acunándola donde su pecho, y cargándola hasta el agua humeante. Se detuvo, la misma sonrisa sensual jugueteó con sus sentidos. - A menos que prefieras que te lama. Mi saliva actúa como un agente sanador.
*** le rodeó el cuello con los brazos.
- Podrías acabar gustándome cuando actúas así, ***. - Le besó la garganta, mordisqueando el camino hacia su barbilla. - ¿Por qué no te portas así todo el tiempo? Dulce y gentil.