Autor Tema: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )  (Leído 8084 veces)

sahory

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #135 on: Agosto 29, 2009, 02:08:02 am »
 emot026 emot026 emot026 otra otra otra queremos otraaaaa  :emot015: :emot015:  :emot004: :emot004: :emot018:

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #136 on: Septiembre 03, 2009, 12:35:25 am »
Sois muy malas personas por hacernos esto  emot023

Deppie

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #137 on: Septiembre 03, 2009, 12:59:15 am »
 emot025 emot025 emot025 emot025 emot025 emot025 emot025

sahory

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #138 on: Septiembre 04, 2009, 08:08:51 pm »
 :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:
 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025

Deppie

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #139 on: Septiembre 04, 2009, 08:50:42 pm »
DEMACIADO.....YA ES MUCHA LA ESPERA .... emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026

Roz

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 06/09 )
« Respuesta #140 on: Septiembre 06, 2009, 05:15:36 pm »
Antes que nada, perdón por la espera...  emot024
No me entretengo y les dejo un nuevo capítulo.
Uno de mis favoritos, por cierto  emot037
Disfrútenlo.




CAPÍTULO 20

Volvía a encontrarse con Zsadist después de ese encuentro que había comenzado en la cascada. No podía evitarlo, a pesar de lo que él le había dicho, sentía vergüenza de enfrentarlo. Sólo sus hermanas sabían lo que había sido en su pasado y nadie más. Pero se lo había dicho, se lo había confiado. Nunca se lo había dicho a nadie, pero sí a él. E investigar el por qué de su acción ya le parecía demasiado.
Bueno, en realidad, se habían vuelto a ver en la reunión, pero las miradas que habían compartido la ponían tan nerviosa como el recuerdo de su conversación.
Esa noche iba vestida toda de negro. No quería que nada en ella resaltara, quería confundirse con la oscuridad de la noche.
Descendió la escalera, donde ya todos se encontraban. Incluyéndolo. Estaba sentado en suelo, con la espalda apoyada en una pared. Un fiero rubor se extendió por su rostro, pero lo disimuló colocándose la capucha que tenía su saco. Se paró a su lado y sólo se miraron una vez. Aún así, la cercanía de él hizo que un calor nuevo se extendiera, haciéndole ansiarlo.
Clavó su mirada en el reloj y no la alejó de allí hasta que el sol por fin se puso. Zsadist se puso de pie y todos salieron juntos. Una vez fuera, cada grupo se fue desmaterializando hacia la zona que le correspondía patrullar esa noche. Ellos dos eran los anteúltimos, antes de Wrath y Raysa. Se desmaterializaron en un callejón oscuro junto a Screamer’s. La zona aledaña al club era la que les correspondía esa vez.
Al obtener forma sólida de nuevo, Nessa sintió un tirón en su estómago. Más que acostumbrada a la sensación, no le hizo caso y siguió a Zsadist fuera de aquel horrendo lugar.
Por un breve momento, él la miró. Fue una mirada corta, que no duró lo que una chispa, pero la vio y supo lo que había en ella. Levantó la barbilla y caminó con tranquilidad y decisión. No iba a permitir que sus miedos la acosaran. O al menos, no iba a demostrárselo al macho.
Caminaron durante horas, sin encontrar absolutamente nada. No entendía qué era lo que pasaba, pero después del maldito ataque de esa cosa con sobredosis de esteroides, las calles habían estado casi tranquilas, salvo algún esporádico ataque.
La situación no sería tan mala sino fuera porque sabían que solo era la calma que anticipaba la tormenta. Algo se estaba cociendo para desencadenarse con todo su poder sobre ellos.
—Esto es condenadamente aburrido —se quejó.
Zsadist solo asintió y siguió. Se notaba que estaba tan molesto como ella. Aunque más que molesto, se lo notaba ansioso, inquieto, como si todo el cuerpo le picara.
Le picaba todo el maldito cuerpo. Y sabía exactamente por qué. Era por tener a esa hembra cerca. Quería algo, lo quería profundamente, pero no estaba bien ni dispuesto a ello. Era esa lucha interna la que hacía que la piel le hormigueara.
Continuó caminando, tratando de no prestarle atención. Nunca más.
Malditos asesinos sin alma. Cuando más los necesitaba, los bastardos parecían haberse desvanecido. Quería distraerse, y la sangre de sus enemigos corriendo por sus manos le parecía la mejor manera de hacerlo.
Estaba entrando en un estado de perpetuo mal humor. No es que tuviera otro, pero ahora se había incrementado y sentía la necesidad de atacar a cualquiera que solo lo mirara. Oh, sí, el sabía que las hembras nunca traían nada bueno.
De repente, lo que tanto ansiaba, apareció. El olor dulzón de talco para bebés les llegó desde atrás. Dos lessers se les habían aproximado desde atrás, pero la calle estaba demasiado iluminada y había algunas personas en ella.
Sonriendo diabólicamente, Zsadist caminó unas calles más, hasta encontrar un callejón especialmente oscuro. Si evitaban usar las pistolas, no llamarían la atención de ninguna forma. Se adentró en el callejón, intentando ignorar el pequeño temblar de Nessa al ingresar en él, lo que se le suponía más difícil, ahora que sabía el motivo de su reacción.
Se confundieron con las sombras del lugar, desenfundaron sus dagas y aguardaron. Un minuto después, los bastardos hicieron su aparición con sendas cuchillas en las manos. El pálido color de sus cabellos y su piel los delataban como asesinos experimentados. Las sonrisas de anticipación y seguridad, tan parecidas a la suya propia, dejaban en claro que eran realmente antiguos en el negocio.
Sin esperar un segundo más, se lanzaron hacia ellos. Zsadist trabó su daga con la cuchilla del lesser, como si de espadas se tratasen. Se alejó un paso y luego le lanzó una estocada mortal al pecho, pero el lesser reaccionó a tiempo y solo logró hacerle un pequeño corte. En respuesta, el bastardo se lanzó hacia delante tratando de cortarle el cuello, pero Zsadist se agachó y estirando una pierna, lo hizo caer. Cuando el tipo cayó al suelo, saltó sobre el para clavarle la daga en el pecho, pero logró tomarle la mano, al tiempo que con su mano libre, detenía el golpe que el tipo le lanzaba.
De pronto, sus sentidos le advirtieron que algo pesado volaba hacia ellos. Al mirar hacia su derecha, vio que Nessa había lanzado al otro lesser hacia donde se encontraban. Soltándose del agarre, giró hacia un lado justo a tiempo. El lesser de Nessa cayó sobre el suyo y ambos lanzaron un gemido de dolor por el impacto.
El tipo con el que había estado luchando, tomó a su compañero y lo empujón contra la pared, haciéndose que se golpeara la cabeza y cayera inconsciente.
Nessa se dirigió al sujeto inconsciente con cara de fastidio y lo eliminó, mientras que el otro se dirigía de nuevo hacia él.
Zsadist se lanzó contra él, dispuesto a atravesarle el pecho de una vez por todas, pero el sujeto lo esquivó y se puso a sus espaldas. Giró, al tiempo que trataba de alejarse, pero el lesser alcanzó a Zsadist en un brazo. El corte empezó a sangrar profusamente.
De repente, Nessa se detuvo, como alcanzada por un rayo. Fijó su vista en la sangre que manaba de la herida, caliente y espesa, deslizándose por su brazo, goteando hacia el suelo.
La hembra descubrió los colmillos, ahora sumamente largos y siseó, sus pupilas dilatadas.
Z se dio cuenta de lo que sucedía con ella, así que se apresuró, pues parecía que Nessa no se daba cuenta de que otro lesser, también con un cuchillo, se acercaba por detrás.
Ciegamente y con furia, se lanzó sobre su lesser, quien se sorprendió ante el repentino ataque. Lo tomó del cuello y golpeó su cabeza contra la pared del callejón, rompiéndole totalmente el cráneo. Detrás de él escuchó otra vez un siseo, pero esta vez de dolor. El asesino aún no había caído al suelo, cuando Zsadist le atravesó el pecho con la daga.
Al voltearse, vio que Nessa había sido herida en un brazo también, pero que esto le había devuelto la conciencia otra vez, ya que había vuelto a luchar contra lo que ahora eran dos lessers.
Sintiendo la presencia de otro asesino a sus espaldas, dejó que Nessa se encargara de sus oponentes. Él ya se encargaría más tarde de ella.
Tonta, tonta, tonta, ¡tonta!, pensaba mientras esquivaba los ataques de ambos lessers, ¿cómo puedes distraerte tan fácilmente por un poco de sangre?
Claro que sabía perfectamente la respuesta a eso. No  era sólo sangre, era la sangre de Zsadist. Y tenía sed. O sea, vamos, ella no habría reaccionado así ni aunque hubiera un enorme chocolate tirado en medio de ese apestoso callejón, que no cesaba de traerle espantosos recuerdos.
Pues claro, le dijo la molestita voz dentro de la cabeza, porque al chocolate no lo necesitas para vivir. En cambio la sangre de ese guerrero… Mmmm…
Muy bien, ¿y su subconsciente se seguía manifestando cuando estaba despierta? ¿No se daba cuenta que ahora mismo ella estaba luchando por su vida? ¿Y por la de toda su raza?
Oh, vamos, por favor, otra vez la voz, no te hagas la altruista ahora, hermana.
Maldito su subconsciente por ser tan inoportuno.
Maldito Zsadist por ser tan condenadamente irresistible.
Maldita ella por no haberle pateado el trasero cuando debió, ya que así sus relaciones ahora se limitarían meramente al hecho de querer matarse el uno al otro. Pero no, tuvo que mostrarle su parte más débil, tuvo que otorgarle su confianza.
—¡Nessa, deja de bailotear y mata a esos desgraciados de una maldita vez!
Hablando de Roma…
Tomando su otra daga de oro blanco en la mano izquierda, esquivó otro ataque y luego se lanzó hacia delante. Pasó entre medio de ambos lessers y se paró frente a sus espaldas. Era lo bueno de ser tan pequeña, todos subestimaban su fuerza y su velocidad.
Antes de que ninguno de esos malditos comenzara siquiera a pensar en voltearse, los degolló desde atrás.
Cayeron al piso sacudiéndose apenas. Dio vuelta a uno de ellos y comenzó a buscar en sus bolsillos hasta encontrar su billetera. Luego se dirigió al otro.
Cuando terminó, Zsadist ya se encontraba a su lado, con otras dos billeteras en la mano.
—Bien, podríamos empezar yendo a la casa de este que solo queda a unas pocas calles…
—De ninguna manera —la cortó.
—¿Disculpa? —Dijo ella, levantando una ceja.
—Volveremos a casa. Ahora.
Bien, de nuevo con el mismo cuento. Alzó la mirada del registro de conducir que tenía entre las manos hacia Zsadist. Sus ojos negros estaban más fríos que nunca.
Si se lo pedía de ese modo, ¿cómo podía resistirse?

Volvían a la mansión en su auto. Ella sabía por qué estaba tan enfadado, así que un pesado silencio se extendía entre ellos, hasta que finalmente le habló.
—No entiendo como pudiste permitir que te sucediera eso —le espetó con furia.
—Es sólo un maldito corte en el brazo. No sé de qué te quejas si tú también tienes uno. Son gajes del oficio.
Vale. Ella sí que sabía ser inoportuna.
—Sabes que no me refiero a la herida, sino al hecho de que quedaras anulada sólo por ver un poco de sangre.
Hizo un mohín con la boca que le sentaba sumamente bien a sus labios rosados y con sus rizos tan negros.
—Vale, vale. Estoy hambrienta, ¿ok?
—No me digas —masculló.
El resto del viaje transcurrió en completo silencio. A medida que avanzaban, Zsadist iba notando un cambio en Nessa. Se había abrazado a ella misma y se había encorvado un poco hacia delante, como queriendo encogerse para protegerse de algo. Su mirada estaba perdida en un punto indefinido.
Al llegar, Zsadist salió inmediatamente del auto y se dirigió rápidamente hacia la mansión, cuando se dio cuenta de que se encontraba solo.
Al darse la vuelta, vio a Nessa que aún seguía en el auto, encogida.
Se dirigió hacia su lado del coche y abrió la puerta de un tirón. Ella ni siquiera se inmutó.
—Nessa, vamos.
—Déjame, por favor —dijo con la voz muy suave, tanto que tuvo que esforzarse para oírla. Se encogió aún más, abrazando sus rodillas.
—Hay que curarte esa herida, acompáñame.
—Déjame… —en ese punto, la voz se le quebró.
Zsadist no supo por qué lo hizo. Tendría que haberla dejado allí en el auto y que resolviera sola sus propios conflictos. A él no le importaba nadie, ni siquiera él mismo. Así que simplemente debía dejarla allí con su pena y si quería esperar al sol para que la achicharrara, pues allá ella. Pero no lo hizo. No pudo hacerlo.
Pasó su brazo bajo sus rodillas y la levantó. Ella no se resistió, solo se encogió un poco más, dificultándole la tarea de cargarla. Pero algo en la hembra lo sorprendió.
Sentía el miedo proviniendo de ella. Podía olerlo. Ese olor acre era muy tenue, casi podía decir que se lo estaba imaginando. Pero no era así, era real y provenía de Nessa.
Entendiendo su reacción y odiándose por ello, la llevó hacia su propia habitación, la más alejada de todas, en el pasillo de las estatuas.
No sabía porque la había llevado allí, nadie había entrado antes, ni siquiera su hermano Phury. Pero lo cierto es que sentía que debía protegerla, cuidarla, consolarla y allí nadie los molestaría.
Seguramente había alguna clase de veneno alucinante en el cuchillo con el que ese maldito lesser lo había herido. Eso o se había vuelto totalmente loco.
La colocó suavemente sobre la cama, pero seguía sin moverse. Simplemente se quedó allí, encogida en donde la dejó. Sus ojos eran turbios, sus pupilas dilatadas como en el callejón, pero esta vez era diferente, pues tenía la mirada perdida, como quién recuerda algo que preferiría olvidar. Veía su propia mirada en las profundidades gris plata de los ojos de Nessa. Y no quería eso.
Siguiendo un raro (y sumamente estúpido) impulso, se sentó en el borde de la cama, junto a ella. Alzó la mano y la pasó suavemente por esos rizos largos y oscuros. No estaba seguro de cómo era una caricia, pero suponía que la suavidad era necesaria. Su cabello, siempre tan rebelde, estaba totalmente desordenado, sus rizos enredados y erizados por la lucha. Le parecieron preciosos.
Siguió acariciando su cabello, hasta que sintió que ella comenzaba a aflojarse, a serenarse. Vaya, quien diría que él fuera capaz de calmar a alguien. Que alguien quisiera que él lo calmara.
Maldita hembra, lo estaba embrujando. Debía irse. Por su bien, debía irse ahora.
Pero sólo siguió acariciándola  y comenzó a tararear una canción.
Después de un rato, Nessa dejó de tener la vista perdida y su respiración de acompasó. Parecía estar saliendo de su ensueño.

Estaba ahogándose bajo el peso de los recuerdos. Por dios, nunca la abandonarían, siempre estarían con ella, atormentándola, agobiándola. De nuevo estaba cayendo por ese largo agujero negro, la oscuridad la envolvía, la engullía, la hacía parte de ella. Otra vez se volvía simple escoria. De nuevo, una y otra vez.
Por favor, por favor, ya no quería, ya no quería.
Otra vez la estaban tomando, la arrastraban hacia donde querían, la dejaban donde querían, le harían lo que querían. Lo sabía. Y tendría que someterse, pues sino, no sobreviviría.
Era su destino. Era una perdida en el mundo. Una olvidada. No era nada.
Por favor, por favor, despacio. Otra vez no.
Otra vez no.
Allí estaba la mano, la veía, se alzaba, se dirigía a ella, allí estaba, podía verla, iba a doler, iba a doler…
Pero no dolía. No dolía en absoluto. Era suave e indecisa. Era amable.
Y no cesaba, y no cambiaba.
Pero sí, sí cambiaba, se hacía más decidida, pero no menos suave. Quizá incluso más. Y la suavidad le transmitía… Tranquilidad. Confianza. Seguridad.
Cariño.
Eran caricias. Caricias de verdad.
Y un ángel cantaba.
A duras penas, Nessa emergió a la superficie.


Nessa parpadeó, su mirada otra vez clara. Cerró los ojos un momento, disfrutando de sus caricias. Luego los abrió de nuevo y lo miró. Dejó de cantar y de acariciarla, pero dejó su mano sobre su cabello.
—¿Zsadist?
—¿Ya estás bien?
—Yo… yo, sí, estoy bien. Estem… Gracias.
—Creo que lo mejor será que no te levantes, duerme aquí. Lo del brazo no parece de gravedad, así que podrás esperar hasta mañana para ir a ver a Havers. Descansa.
—Pero tú…
—Yo no uso la cama.
Vio como dirigía una rápida mirada al delgado jergón que había en una esquina.
—Yo… Está bien, puedo levantarme. Iré a mi habitación.
Por alguna razón, le molestó que ella no quisiera quedarse. Por Dios, estaba acostumbrado a que todos huyeran despavoridos de él como si fuera a saltarles al cuello de un momento a otro. Pero simplemente le enfadó muchísimo que ella también quisiera huir. Creyó que habían llegado a un entendimiento, a una cierta confianza.
Se levantó de la cama y le dio la espalda.
—Haz lo que quieras, no me importa —le espetó con acritud.
Comenzó a quitarse las armas, mientras seguía dándole la espalda. Sentía su mirada que lo seguía mientras se movía, pero no se la devolvió.
Finalmente, ella comenzó a levantarse. Se sentó en la cama y sacó sus pies afuera. Pero cuando quiso pararse, se tambaleó.
Fue rápidamente hacia ella y evitó que cayera de cara al suelo. Era un idiota, no tenía que importarle si se hacía daño o no. Pero, maldito fuera, le importaba. La volvió a colocar sobre la cama y ella se volvió encoger, pero esta vez abrazando su estómago, como si le doliera.
Conocía ese dolor, convivía con él. La sangre humana de la que se alimentaba no era suficiente para mitigarlo, apenas si era un leve atenuante.
—Estás hambrienta —no era una pregunta.
—Sep, ¿no tienes un chocolate por ahí? —Lanzó una breve risita.
—No entiendo de qué te ríes.
—Yo tampoco —y volvió a reír.
—Creo que deberías ir a hablar con Wrath para que pueda conseguir un macho del que puedas alimentarte. Y debes hacerlo rápido, creo que lo has dejado llegar muy lejos.
—Estoy acostumbrada al hambre, nunca me había pasado esto. Aún puedo aguantar más si quiero —se detuvo y lo miró—. ¿Conseguir un macho?
—Sí.
—Claro, por supuesto, un macho. ¿Cualquier macho? —Preguntó, como repentinamente iluminada. Se sentó de nuevo, pero esta vez lentamente.
Por alguna razón, volvió a sentarse a su lado. Su olor era delicioso. Lo había sentido antes, pero hasta ahora no le había prestado atención. Era dulce y… fresco. Como una brisa marina. Y lo puso instantáneamente duro.
Ah, maldición, ahí estaba otra vez. Odiaba como reaccionaba su cuerpo. Disimuladamente, trato de taparse con el abrigo que aún sostenía en las manos.
—Cualquier macho que Wrath y la Virgen Escriba aprueben, sí.
—Supongo que en tal caso, debe ser un macho de valía, no cualquier mequetrefe.
—Eh, sí —respondió con cautela. No sabía a donde quería llegar ella.
—¿Y cómo sabrán que es un buen macho?
—Me aseguraré de que así sea —dijo con fiereza.
Ella extendió la mano y la posó sobre la suya. Esta vez no la alejó. La sonrisa que le dedicó literalmente resplandecía. Su erección dio un doloroso tirón.
—Gracias, Zsadist.
De repente, en su mente vio la imagen de los dos juntos, sobre su cama. Él encima de ella, tocándose, acariciándose, sintiéndose, se vio llenándola…
Eso estaba mal. Eso estaba malditamente mal. Se levantó y volvió a darle la espalda, tratando de ignorar el maldito montón de brasas que había entre sus piernas.
Lo sabía, tendría que haberla dejado en el auto.
—Pero, ¿sabes? Yo sé como podrías hacer para procurarme un macho adecuado ahora mismo.
¿Cómo podía ella ignorar lo que le estaba pasando en su cuerpo? ¿Es que no se daba cuenta de que quería…? Dios, no podía ni siquiera pensar esa palabra. Tal vez se estuviera haciendo la que no sabía.
—¿Cómo podría hacerlo, Nessa? —Preguntó, ignorante.
—Aliméntame tú.
Nunca podría haber predicho una reacción tan exagerada.
Zsadist se dio la vuelta y la fulminó con la mirada, mientras una furia helada exhalaba de él como una ola.
Se acercó rápidamente a la cama, apoyó las manos a cada lado de su cabeza y acercó su cara, obligándola a recostarse otra vez.
No entendía la razón por la que reaccionaba de esa forma. Era totalmente innecesario y… los malditos tatuajes en su cuello y muñecas significaban algo.
—Oh.
Que grandísima falta de tacto la de ella.
—Zsadist, lo siento…
—¿Crees que estoy obligado a darte de mi vena?
—No, no… No quise…
—Maldita seas si lo crees, hembra.
—¡No creo eso, Zsadist!
—No me digas, pequeña embustera.
Ahora, eso logró enojarla de veras. Puso las manos sobre el pecho de Zsadist y lo empujó. Él retrocedió unos pasos y ella aprovechó para levantarse y enfrentarlo. Gracias al cielo, no se cayó. Eso habría arruinado el efecto.
Le clavó el dedo índice en el pecho y le habló con dureza, tratando de ignorar las lágrimas que se estaban juntando debajo de sus párpados.
—Tú, pedazo de… No estaba tratando de aprovecharme de ti, no quiero aprovecharme de ti, sólo…
Él solo la fulminaba con la mirada, y aunque no fuera literal, ella sentía los dardos que sus ojos lanzaban clavándose en su piel. Un segundo de estupidez y había echado a perder la confianza que había logrado conseguir. No sabía con quien estaba más enojada, si con él o con ella misma.
—No lo dije para molestarte, sé que esos —señaló los tatuajes—, no son precisamente un souvenir de un lugar feliz… Lo dije por… Yo, yo…
—¿Por qué, Nessa? ¿Por qué lo dijiste? —Preguntó filosamente.
—Porque… ¡Porque para mí sería un honor alimentarme de ti! —Gritó cerrando los ojos y apretando los puños.
Zsadist refrenó su furia un momento, debido a la imagen que Nessa presentaba en ese momento. Parecía una niña pequeña pidiendo algo que, sabía, estaba muy por encima de ella, y aún así, quería.
Su erección llegó a un punto realmente doloroso mientras un extraño sentimiento lo invadió. No le encontraba sentido, era cálido… Sentía una enorme ternura hacia esa hembra.
Se quedó allí, quieto, mirándola, sin saber qué decir o qué hacer a continuación.
Nessa suspiró, aflojó los puños y dijo con apenas un hilo de voz:
—Lo siento.
Comenzó a caminar hacia la puerta, pero cuando pasó por su lado, la tomó del brazo, deteniéndola. La hizo girar hasta quedar frente a él, pero seguía con la mirada baja. Con su otra mano, le tomó el mentón e inclinó su rostro hacia arriba. Grandes lágrimas surcaban sus mejillas y veía en sus ojos grises que se encontraba horrorizada por estar llorando, por haber expuesto otra vez tan abiertamente lo que sentía.
Sin darse cuenta de lo que hacía, le limpió el llanto con sus dedos.
—No llores —fue casi un ruego.
—Oh, no, si no estoy llorando. Es la cebolla. Fritz debe estar cocinando algo con cebolla. Tal vez debería decirle que no la use tanto, porque detesto la cebolla, no me gusta, tampoco me gusta el tomate y el…
Apoyó el dedo índice sobre sus labios para interrumpir ese discurso tan absurdo. Se arrepintió al instante. La suavidad de esa boca envió una descarga por toda su espina dorsal. No entendía porqué lo hacía, pero debería admitirlo ante sí mismo: La deseaba. Profundamente.
Pero sabía que nunca la tendría, ella no querría y aunque quisiera… no podría mancillarla de esa forma.
Mía, pensó sobresaltándose. Quería, ansiaba, necesitaba estar dentro de ella. Y si no podía hacerlo de una forma, por Dios que lo haría de otra.
—Está bien, de acuerdo. Te daré de mi vena.
Ella se alejó un paso, negando con la cabeza. Los dedos le dolieron ante la lejanía de aquellos labios.
—Está bien, Z, no lo hagas. Fue muy desconsiderado de mi parte pedírtelo, sé que hay marcas que son imposibles de borrar, marcas que nos se ven y que son más perpetuas que esos tatuajes.
Lo miró a los ojos otra vez, y vio en ellos vejez y dolor. Otra vez, vio su mirada en los ojos de ella y detestó eso.
—Ven aquí —le dijo suavemente.
Quería borrar esa mirada de ella, quería su risa y su desfachatez, quería que se enojara y peleara con él. Pero no quería ver en ella a un igual.
La tomó del brazo otra vez y la arrastró, mientras caminaba hacia atrás, hacia una silla abandonada en una esquina. Se sentó en ella y luego atrajo a Nessa hacia su regazo. Su excitación no había remitido, pero no le importó. Quería sentirla cerca.
Ella se puso rígida e intentó levantarse, pero la retuvo con un apretón suave.
—Bebe de mí.
—Z, no seas idiota, no tienes porqué hacerlo, tienes tazón, hablaré con la Virgen Escriba y ella me conseguirá a otro macho…
—¡No! —Gritó.
Nessa se sobresaltó e intentó alejarse otra vez, pero de nuevo la retuvo, aunque no tan suavemente. La imagen de ella alimentándose de otro macho le repugnó, lo enfureció.
Mía.
Gruñó.
—Sólo aliméntate, ¿sí? —Le dijo sin demasiada cortesía.
Lo miró un momento, todavía dudando. Entonces tomó su muñeca.
Suspiró. Interiormente, le agradeció el gesto, ya que a pesar de que quería alimentarla, aún no estaba preparado para tener a una hembra alimentándose de su cuello.
Nessa le dio vuelta el brazo, dejando hacia arriba la cara posterior de la muñeca. Luego, con los ojos cerrados, comenzó a pasar dos dedos por el área del tatuaje.
—¿Qué estás haciendo? —Le preguntó cuando sintió un cosquilleo en la zona y como si se… mojara.
Abrió los ojos, pero no lo miró.
—Mi elemento es el agua, y los cuerpos están compuestos en un setenta por ciento por ella. Sólo estoy acumulando una mayor cantidad en esta zona para hacer la piel más suave, más frágil. Así no te dolerá cuando te muerda.
Quedó sorprendido y aterrado por sus actos. Quiso abrazarla. Quiso quitarla de un empujón y salir corriendo de allí. Quiso agradecerle, quiso protegerla. Pero por sobre todo quiso gritarle que se fuera de allí y lo dejará en paz, que no volviera a molestarlo, que se alejara de él para siempre. Esa hembra estaba salteando las barreras que había impuesto entre él y el mundo hacía mucho, barreras que ni siquiera a su gemelo le había permitido franquear.
Pero no pudo hacer nada, porque en ese momento ella lo mordió.
Era cierto, no sintió dolor. Pero sentía el tirón cada vez que ella chupaba y la deseó más que nunca.
Mía, mía, mía.
Y ella que creía que el chocolate era lo más delicioso que había probado en la vida.
Claro que eso fue hasta que probó su sangre.
La sangre de Zsadist tenía un sabor intenso, que le quemaba la boca con su calor y la llenaba de un poder inconmensurable. Era la sangre de un guerrero. De su guerrero.
El dolor que la sed le provocaba se iba borrando poco a poco y una alegría inmensa lo sustituía. Era así de simple. Bebiendo de la vena de Zsadist, ella se sentía feliz y dichosa como nunca se había sentido. Le había permitido alimentarse de él, la había acercado a su cuerpo, la estaba sosteniendo. Quería reír, pero ahora mismo tenía algo más importante que hacer: Llenarse de él.
Chupó con fruición, degustando el exquisito manjar que era su vena, queriendo que ese momento no acabase nunca y mantenerse ahí de por vida, bebiendo de él.
Sabiendo cuán escasa era la dicha en su vida, se dedicó a disfrutar del momento.
Diez minutos después, ella terminó. Separó la boca y le lamió la herida. Sabía que lo hacía para que cicatrizara más rápido, ¿pero cómo explicárselo a la cosa que tenía dentro de los pantalones?
Finalmente, Nessa se separó de él y se quedó parada en medio de la habitación, mirando hacia el suelo, balanceando un poco hacia atrás y hacia delante sobre sus pies. Tenía las mejillas sonrosadas. De nuevo le parecía solo una niña.
—Yo… Te lo agradezco, Zsadist, hijo de Ahgony. Agradezco el regalo de tu vena —dijo en  el idioma antiguo.
Sólo atinó a hacerle un gesto con la cabeza, y a continuación comenzó a ordenar las cosas que habían quedado esparcidas por ahí. Necesitaba un poco de distancia para calmarse, para centrarse de nuevo. Había estado demasiado cerca de ella, había cedido demasiado.
Cuando terminó de guardar sus armas, se volteó hacia ella, que seguía allí.
—¿Ya te sientes bien?
—Sep.
—¿Necesitas algo más?
—Nop.
—Bien.
—Bien.
Seguía allí, balanceándose y  sin mirarlo. El olor de ella le llegó de nuevo, más fuerte que antes. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ronronear. Ya la había alimentado, ¿no? Tenía que sacarla de allí ahora.
—¿Sucede algo? —No quería sonar grosero, pero lo estaba poniendo nervioso.
—Nop.
—¿Y por qué sigues aquí?
—Yo, estem…
—¿Quieres que te acompañe a tu habitación?
—No, no. Está bien, tienes razón, ya me voy.
Se dirigió hacia la puerta y la acompañó hacia allí, para abrírsela.
Cuando cruzó el umbral, se volteó y lo miró directamente a los ojos. Antes de que pudiera darse cuenta de sus intenciones, ella se puso en puntas de pie, estiró su cuello y le plantó un suave y casto beso en lo labios.
—Adiós —susurró, y luego se alejó corriendo sin mirar atrás.


Continuará...

willow

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #141 on: Septiembre 06, 2009, 09:48:11 pm »
 emot037 emot037
me encanta sigan asi
 emot024

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #142 on: Septiembre 06, 2009, 10:20:20 pm »
  Como me gusta  emot024

pauny

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #143 on: Septiembre 06, 2009, 10:36:02 pm »
Ha valido la espera, esta muy bueno

Deppie

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #144 on: Septiembre 07, 2009, 08:43:35 am »
emot021 emot021 emot021 emot021....sigan asi  emot040 emot040 emot040

me encanto!!...

no tarden mucho para le siguiente  emot025 emot025 emot025 emot025

Besos  emot024

sonne

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #145 on: Septiembre 07, 2009, 10:41:01 am »
me ha encantado, ha merecido la pena la espera  emot040

sahory

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #146 on: Septiembre 07, 2009, 08:50:01 pm »
me encantoooooooooooooooooooooooooo  :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: emot031 emot031 emot031 emot031 emot031 emot031 emot031
lo habia esperado tanto a este capitulo... no se tarden tanto con el proximo que la paciencia ya deje de cultivarla  :emot015: :emot015: :emot015: :emot015: :emot015: :emot015:
besos  emot024
yyyyyy muchisimas gracias!!  :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:
continuen asi!!1  :emot020: :emot020:

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #147 on: Septiembre 16, 2009, 12:38:18 am »
Necesito más  emot026 emot026 emot026 emot026

Me ha dicho el médico que es necesario para mi bien funcionamiento neuronal  emot025 emot025

Ayudarme en mi dolor y poner más  :emot003:

sahory

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #148 on: Septiembre 16, 2009, 06:29:46 am »
ohhhh si ...chicas... necesitamos medicación permanente  :emot015: :emot015: :emot015:
 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
como dijo kenya el doctor es muy estricto sin medicacion no hay cura  :emot015: :emot015: :emot015: :emot019: :emot019: :emot019:
queremos otra otra otra  emot026 emot026 emot026 emot027 emot027
desde ya muchas gracias por deleitarnos con sus relatos  :emot018: :emot018:
besos  emot024 emot024

sahory

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #149 on: Septiembre 21, 2009, 06:43:58 am »
gente linda necesitamos  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
nuestra dosis diaria  :emot011: :emot011: :emot011: :emot011: :emot011: :emot011:
 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot008: :emot008:

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