Autor Tema: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )  (Leído 8101 veces)

Deppie

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #90 on: Julio 19, 2009, 01:14:11 am »


GENIAL!!!!...............

Pero estoy es un maldito circulo vicioso!!!......osea ya me dieron lo que pedi....un super capi....y ahora quiero masssssssssssssssssssssssssssssssssssssss  emot030 emot030 emot030 emot030 emot030.....

chicas por favor!!!!...no nos dejen asi!!!......

que pasa kon Nessa y z???...apuesto a que la nalguea por desobediente jajajjajaja....y que ondas kon Rhage??...apuesto a que presencio lo de la pelea y fue a investigar...o a  hablar con la SV acerca de Leliel.....

hay nose....pero quiero saber que mas pasa porfitassssss

besos emot024



vichyta

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #91 on: Julio 21, 2009, 06:40:49 pm »

 :emot014: otro capitulo más...
Espero que les guste.

 emot024



CAPÍTULO 15

Después de haber meditado las palabras durante un buen tiempo, Leliel fue al encuentro de la Virgen Escriba, que se encontraba donde siempre, en su fuente con sus aves.
—¿Para qué acudes con preguntas de las que ya sabes las respuestas? —Inquirió la Virgen Escriba.
Leliel apretó los puños fuerte, debía contenerse si quería sacar algo bueno de esta conversación.
—Mi señora —dijo casi en un susurro—. Yo quisiera que usted reconsiderara la situación…
La Virgen Escriba la interrumpió.
—No entiendo.
—Por favor, déjeme continuar —pidió Leliel mordiendo cada palabra—. Entiendo que fue un pedido explícito de mis padres. Pero creo que le he brindado todo mi apoyo a la raza, creo merecer un poco de paz.
—Guerrera, no estás en condiciones de pedir nada. Has matado a mucha gente con tu poder, y desde que te desperté, lo único que has hecho fue herir a los que se encuentran a tu alrededor —dijo furiosa pero manteniendo esa postura de señora de la alta sociedad.
Leliel estalló en furia.
—¿Y usted cree que lo hice conscientemente? ¿Cree que a cada persona inocente que maté lo hice por placer? —Preguntó gritando, haciendo que de sus manos brotaran chispas de fuego—. Tanto usted como mis padres deberían cargar con ese peso, pero no, la única idiota que lo hace soy yo.
La Virgen Escriba elevó su mano, e instantáneamente, Leliel pasó a estar estrangulada por una fuerza superior.
—No me faltes el respeto, guerrera, porque te puede ir mal.
—¿Acaso piensa matarme? —Preguntó con dificultad—. Porque si es así, me estaría haciendo un favor enorme —dijo sincera, mirándola a los ojos.
La Virgen Escriba se sorprendió de la sinceridad y la crudeza de las palabras de Leliel, pero no mostró compasión.
—Tus padres te sentenciaron con estas palabras: “Estas maldita y maldita vas a morir… eres una deshonra para nosotros. Ningún macho se vinculara contigo, no permitiremos que un monstruo como tú tenga descendencia”.
Leliel cerró los ojos, todavía calaban hondo esas palabras. Tenía tan solo dieciséis años cuando buscó a sus padres para pedirles que levantaran la maldición. Ella se forzó para no llorar, pero al fin y al cabo todo su dolor, su odio, su ira debían salir por algún lado.
—Entonces vuélvame a dormir —pidió casi en forma de súplica.
—Fuiste despertada para luchar, no para hacer relaciones sociales, guerrera —dijo de forma rígida y firme.
Leliel iba a hablar cuando de repente apareció en su habitación.
—¡Maldición! —Gritó enfurecida, su cuerpo comenzó a elevar su temperatura. Pronto haría combustión y era malditamente seguro que no debía estar en la mansión al hacerlo, o quedarían todos expuestos a las llamas. Entonces recordó el refugio que tantas veces había usado con sus hermanas, sólo le bastó imaginarlo para materializarse dentro de él. Un grito ensordecedor invadió todo el lugar para dar paso a una gran bola de fuego. Luego, la paz dejando lugar a las cenizas. Pronto ella estaba acostada, adolorida y con el cuerpo sucio.
Odiaba tener que pasar por eso. Odiaba su vida y su maldición, pero mucho más odiaba a sus padres y a la misma Virgen Escriba.
No quería llorar, no quería ser débil… Pero no podría soportarlo mucho más y rompió en llanto. Estaba sola, nadie la vería en ese estado deplorable. Podría esperar las recuperar fuerzas y luego volver a la mansión.
Necesitaba un poco de soledad, se dijo a sí misma intentando auto convencerse que así estaba bien. Además ya pasaste tantas veces por esto que una vez más, lamentablemente, no te va a matar… se dijo divertida.
Poco a poco el sueño comenzó a vencerla…
Cuando de repente, Nessa se materializó en la cueva para encontrarse con el cuerpo acurrucado de Leliel. Sin decir palabra se arrodilló a su lado.
Le acarició el cabello mientras la llamaba:
—Leliel, déjame ayudarte e iremos a la mansión, ¿sí? Allí podrás reponerte más rápido —le dijo mientras trataba de ayudarla a incorporarse.
Se quitó el abrigo y se lo colocó a su hermana.
—Vamos Leliel, todos estábamos preocupados por ti, las demás están esperando que volvamos pronto a la mansión. Ya tendrás tiempo para reponer energía, solo haz un último esfuerzo —le susurró.
Leliel suspiró profundamente.
—Iremos directo a mi cuarto, Nessa —dijo casi murmurando—. Quiero estar sola.
Nessa se limitó a asentir.
—De acuerdo, haz este último esfuerzo y podrás estar en esa cama tan deliciosa que tienes.
Una vez en la habitación de Leliel, la ayudó a acostarse en su cama y la arropó.
—De verdad, ¿no quieres que me quede contigo a pasar la noche? —Preguntó preocupada.
Leliel negó.
—No, necesito estar sola y descansar —dijo dándose media vuelta para darle la espalda—. Sólo necesito estar sola, Nessa. Gracias por traerme —y no dijo nada más. Se limitó a cerrar los ojos, esperando quedarse dormida.


Dos días después de la pelea, Leliel volvió a dar signos de vida por la mansión. Se encontraba débil, había pasado gran parte de la mañana con amenazas de vomitar.
—¡Mierda! —Se quejó por lo bajo cuando tuvo que sostenerse del pasamanos de la escalera para no caerse.
Cosa que pudo observar Vishous, que venía entrando a la mansión. Entonces la sostuvo por detrás.
—¿Estás bien? —Preguntó, ayudándola a sentarse a los pies de la escalera.
Ella asintió.
—Supongo —dijo un poco apenada.
—Tendrías que hablar con Rhage para alimentarte —dijo mucho antes de darse cuenta de que estaba hablando de más.
Leliel negó.
—No, yo sola puedo… Él debe tener sus cosas que hacer —dijo dolida. Desde hacía tres días que no lo veía, ella había estado recuperándose y Rhage ni siquiera había sido capaz de acercarse a ver como estaba.
Vishous negó en forma de desaprobación.
—No te adelantes a sacar conclusiones, hembra —dijo parándose—. No me corresponde meterme entre vosotros, pero él también estuvo tan complicado como tú. Quizás sería bueno que uno de los dos dé el brazo a torcer —le extendió una mano para ayudarla a levantarse—. Hay veces en las que hay que sentir que perdemos para darnos cuenta de lo que sentimos.
Ella bajó la mirada.
—Yo… No sé… Es todo… —pero Vishous la interrumpió.
—Sí, lo sé y apesta como un demonio. Pero es lo que nos tocó —dijo, sabiendo por propia experiencia lo que le pasaba a Leliel. Todavía seguía sujetando a la hembra, de los hombros, porque no se podía mantener en pie—. Creo que tendrías que alimentarte…
Un gruñido lo interrumpió.
Vishous levantó las manos.
—¡Hey! No malentiendas las cosas. Está mareada y no puede mantenerse en pie —dijo mirando a Rhage, que estaba casi preparado para saltar al cuello de su hermano—. Mejor os dejo solos.
Leliel tuvo que apoyarse contra la pared, ni sus piernas ni su cuerpo estaban funcionando como correspondía.
Rhage se acercó a ella, como un depredador acecha a su presa. La tomó de los hombros atrayéndola contra él. Cuando sus cuerpos chocaron, se podía sentir en el cuerpo de Leliel que el fuego estaba comenzando a ganar terreno. Sin perder más tiempo la besó. No fue nada tierno. No había amor en ese beso solo había celos.
Él se estaba quemando de la furia que sentía, quería que ella nunca mirara a otro. En su vida solo tenía que tener ojos solo para él, ser él. Ningún otro macho podría tocarla… y mucho menos besarla.
Su lengua se abrió paso entre los labios apretados de la guerrera, quería someterla a su pasión.
Leliel se resistía… Comenzaba a sentir miedo del macho. Nunca en todo este tiempo Rhage había actuado de esa manera. Ella tomó fuerza y lo alejó de un empujón lo que le valió terminar sentada en el suelo.
—¿Qué demonios te pasa, Rhage? —Preguntó sin entender nada.
—¿Quién besa mejor? —Preguntó levantándola del brazo. Leliel lo miró sin entender. Frunció el ceño—. Dime —dijo gritando y sacudiéndola—. Dejas de jugar conmigo y entonces vas y juegas con Vishous. ¿Después quién sigue? ¿Phury? —Preguntó con ironía.
Ella abrió mucho los ojos. Empujó a Rhage para que la soltara y sacó fuerzas de algún lado para darle una cachetada que resonó en toda la sala.
—¿Sabes lo que eres? Un maldito idiota, un estúpido… Eso es que lo eres.
Rhage no cabía dentro de su asombro por el golpe y toda la escena que acababa de hacer.
—¿Te preguntaste dónde mierda estuve estos casi tres días? —Preguntó histérica—. No, claro. Yo, señor macho, no pregunto, solo saco conclusiones y listo —dijo caminando de un lado a otro y sosteniéndose un poco en el pasamanos—. Estaba en mi cuarto. Sola porque había tenido uno de mis episodios —dijo bajando la voz, y sentándose a los pies de la escalera—. Tú también, ¿no es así? —Preguntó ella apoyando la cabeza entre las manos. No tenía ganas de pelear, estaba cansada de discutir… solo deseaba un poco de paz, tan solo un poco.
Rhage se sentó a su lado, se sentía terrible… Era un idiota. Todo por culpa de esa maldita cosa de macho vinculado. Pero él no la había marcado. Lo quería hacer, le deseaba con todo su ser.
—Lel… yo… —dijo intentado abrazarla.
Ella rechazó todo contacto con él.
—No, Rhage, no me toques. Ahora mismo quiero estacarte contra la pared —Leliel lo observó con los ojos llenos de lágrimas—. No entiendo el por qué de tu desconfianza. Jamás hice nada para que desconfíes de mí. Simplemente me estaba ayudando a estar en pie. Desde que desperté que no me alimento y quería pedirte que tú lo hicieras —susurró ella, con mucha vergüenza.
Rhage se sorprendió ante el pedido. Por un momento, creyó que eran las palabras más dulces que podría escuchar en toda su vida.
—Yo… no sé qué decirte.
Leliel sonrió.
—No hace falta que digas nada, solo quiero que sepas que no tenía planeado enamorarme. Jamás ningún macho me vio como tú me ves —Rhage seguía sin entrar en razón—. ¿Por qué te cuesta tanto creerme? —Preguntó acariciando su rostro—. Rhage, yo te amo. No hay otro macho que me haga sentir todo lo que me haces sentir. No quiero que dudes de mí, eres hermoso… Todavía no entiendo cómo es que estás interesado en mi, te lastimé muchas veces —ella bajó la vista. Era una de las primeras veces que decía de verdad lo que sentía y él no había emitido palabra alguna.
Rhage se armó de valor. Entonces hizo que ella lo mirara.
—Sería un placer alimentarte —susurró con su voz áspera—. Yo… no sé qué es lo que me hiciste —dijo un tanto abochornado—. Pero también te amo. Quiero hacerte mía y solo mía —dijo con los dientes apretados.
Ella suavizó esa expresión con una caricia.
Rozaron sus labios suavemente.
Se deseaban mutuamente, pero ninguno tenía prisa.
Leliel mordisqueó los labios de él. Rhage respondió tomándola de la cintura y colocándola en sus rodillas. Ella enredó sus dedos en su cabello, entonces profundizó el beso.
Rhage abrió la boca para aceptar con gusto aquel beso, que no era un simple beso. Había muchas más cosas escondidas dentro de ese acto. Él acaricio su espalda desnuda, tiene la piel más suave que jamás había tocado. Sintió que la bestia dentro de él quería tomarla, se presionó para que no saliera y así fue.
—Rhage… —llamó ella con la voz cargada de placer.
Él beso sus labios.
—Vamos, estás muy débil —dijo cargándola en brazos hasta el cuarto de ella.
Una vez dentro de la habitación la recostó sobre la cama suavemente.
Rhage dejó libre una de sus muñecas y se la acercó a ella para que pudiera alimentarse, pero Leliel negó con la cabeza. No dijo palabra. Se acerco a él, se sentó en sus rodillas y rodeó con sus piernas su cadera.
—Quiero que esto sea algo más que una alimentación, Rhage —susurró sobre sus labios.
Él gruñó ante la petición de ella. Capturó sus labios. Mordisqueó y alternó con suaves lamidas. Leliel se sentía morir con cada roce, sentía presionando la erección de Rhage. Deseaba con todo su ser que él la tomara, entregarle a Rhage lo más preciado que poseía.
Leliel apresuró el beso, introdujo su lengua y recorrió completamente la cavidad su boca. Dios… sabían tan rico sus besos. Eran dulces y fuertes.
Abandonó sus labios, para marcar un camino húmedo con su lengua hasta su cuello. Sentía su vena palpitar, tenía sed de él… de su sangre.
Rhage acomodó su cuello invitándola a beber de él, por lo que Leliel no dudó ni un segundo y así lo hizo. Hacía siglos que no se alimentaba, y las veces que lo hizo, jamás había probado un manjar tan exquisito como la sangre de aquel guerrero. Sentía como la sangre de él quemaba su garganta al beberla, todo su cuerpo estaba reaccionando a tal situación.
Nunca había sentido la necesidad de ir mucho más lejos de una alimentación, pero ahora mismo quería que él la hiciera suya. Poder sentirlo en lo más profundo de su ser.
Rhage sentía como Leliel tironeaba de su piel. También podía oler la excitación, y también la necesitaba. Poder marcarla, que todos los machos pudieran oler su aroma en ella.
Su excitación creció mucho más.
Ninguno de los dos pudo contenerse, entonces ella dejó de beber y lamió suavemente la herida. Rhage gruño ante la suavidad de su lengua sobre su piel.
Con prisa ambos se despojaron de sus ropas. Se deseaban, cada uno ansiaba las caricias del otro.
Rhage, la recostó sobre la cama, con sus labios fue acariciando el borde de los labios de Leliel con su lengua, consiguió que ésta entreabriera la boca y poder así profundizar el beso. Sin dejar de besarla, bajó uno de sus brazos hasta la cintura y la atrajo hacia su cuerpo, manteniéndola ahí. La otra mano pasó a acariciar suavemente su cuello, mientras su lengua recorría su cálida boca rozando y buscando la pequeña lengua de la hembra. La falta de aire les hizo separarse.
—Rhage —susurró.
Pudo ver el miedo en los ojos de ella. Entonces acarició suavemente sus labios, ahora un poco hinchados por sus besos y manteniéndola enlazada por la cintura se explicó.
—Leliel, fuiste sincera conmigo, por lo que voy a ser sincero contigo —dijo muy suavemente mientras acariciaba su hombro desnudo—. Eres la hembra más hermosa que jamás conocí en mi vida. Eres fuerte, muy fuerte y sabes defenderte sola. No te da miedo alguno enfrentarte a lo que sea y eso me encanta —dijo besando sus labios—. Pero lo que me enamoró de ti, fue ese miedo a mostrarte tal cual eres, esa inseguridad y esa necesidad urgente de protegerte. De amarte… Esa fue la causa de estar hoy aquí, contigo. Esperándote con mucho gusto… Te amo —dijo en un suave susurro.
Ella sintió como sus ojos se humedecían. Por más esfuerzo que hiciera las lágrimas brotaban sin control alguno.
—Te amo… Te amo, Rhage —dijo llenando su rostro de besos.
Leliel lo observó a los ojos y vio que había deseo en ellos. Estaba un poco asustada, pero amaba con todo su ser a ese macho.
Quería honrarlo entregándole lo más preciado de ella. Sonrió tímidamente y volvió a besarlo. Sus lenguas se encontraron esta vez y comenzaron a juguetear la una con la otra.
Rhage la hizo girar para dejarla sobre su cuerpo. Las manos de ella se perdieron en su pelo, mientras las de él recorrían una y otra vez la espalda de Leliel, dibujando cada vértebra que se le marcaba y pellizcando de vez en cuando sus nalgas.
La volvió a girar para dejarla sobre la cama y empezar a devorar su cuello, hacía mucho que no se alimentaba y la vena de ella lo llamaba por instinto.
Leliel comenzó a gemir suavemente al sentir la lengua de él sobre su piel, sintió su hambre, su sed. Entonces corrió la cabeza hacia un lado para dejarle el cuello a su merced.
Rhage ni lo pensó y clavó los dientes. Ambos sintieron como una ola de placer y lujuria los invadía. Sintió la sangre espesa bajar por su garganta y gruño ante el sabor. El fuego de ella recorría ahora por sus venas, se sentía invencible. Ahora más que nunca quería y deseaba emparejarse con esa hembra.
Leliel dejó escapar un gemido y se aferró a la espalda de él. Sentía cada tirón en su piel.
Su humedad pedía a gritos ser calmada, necesitaba tenerlo dentro de ella. Podía sentir como Rhage comenzaba a desprender el olor a vinculación, lo que hizo que se le formara un nudo en la garganta.
Con algo de timidez, empezó a rozar sus dedos sobre la espalda de él.
Rhage dejó de alimentarse y después de lamer la herida, la miró a los ojos. Ella observó el firme pecho de él, y no pudo evitar recorrer con sus dedos, el contorno de los marcados músculos de su pecho, de su abdomen. Rhage respondió con un gemido ronco ante las torpes caricias de ella, envalentonándola a recorrerlo de nuevo, pero esta vez con su lengua pintando húmedos dibujos en su pecho.
—Eres hermosa, Leliel —dijo delineando cada curva de su cuerpo, dejándola mucho mas ruborizada. Rhage volvió a besarla, sus besos cada vez eran más fogosos, se notaba las ansias y la pasión que había entre ellos. Él comenzó dejando un camino de besos desde su boca hasta terminar en el sensitivo pezón derecho, mientras cubría con su otra mano el otro seno.
Los gemidos de ella seguían siendo leves susurros, pero ya eran incontrolables, consiguiendo que Rhage se excitara aún más al escucharla. Sin dejar su preciosa labor en sus pechos, consiguió con su mano libre bajar trazando surcos en el vientre plano hasta la unión de sus muslos, para empezar a presionar con uno de sus dedos.
Ella soltó un respingo al notar el dedo casi en su interior.
—Shhh… tranquila nena —la tranquilizó, pero dejando la mano donde se encontraba. La volvió a besar en la boca, atrayéndola con su otra mano por la cintura, entrelazando el pequeño cuerpo contra el suyo.
Ninguno notó cuando el cuerpo de ella comenzó a elevar su temperatura. Ambos estaban muy concentrados en ese acto tan puro…
Rhage siseó ante el dolor en su piel.
Entonces Leliel observó la quemadura que le había provocado en el todo el brazo y en el pecho. Ambos quedaron estáticos. Ninguno supo qué hacer.
Entonces las palabras de la Virgen Escriba la hicieron volver: “Estas maldita y maldita vas a morir… eres una deshonra para nosotros. Ningún macho se vinculara contigo, no permitiremos que un monstruo como vos tenga descendencia”.
Él pudo sentir la confusión, el miedo. Intentó tocarla, pero ella esquivó todo contacto con él.
Leliel se paró. Materializo sobre su cuerpo una túnica negra.
—Yo… Lo siento —dijo intentando ser fuerte y no llorar, pero de lo que no se había dado cuenta era que sus ojos eran un mar de lágrimas—. Porque te amo me voy. No puedo hacerte más daño. Lo siento. Ella tenía razón, no merezco estar con nadie —dijo para luego desaparecer.
Rhage no entendía nada… Pero si había alguien que podía ayudarlo era la Virgen Escriba. Se vistió y estaba a punto de salir cuando entró Vishous.
—Hollywood —dijo respirando profundamente—. ¿Qué… demonios?
—No estoy de humor —gruñó—. ¿Qué quieres V? —Preguntó molesto. Tenía una gran confusión en su mente. Podría darle una gran cantidad de patadas en el culo a la guerrera. Estaba harto de la situación de mierda, pero la amaba y la iba a buscar para traerla devuelta a esta habitación
—Hollywood —llamó por cuarta vez—. Vamos, Rhage —dijo tomándolo del brazo. Rhage siseó al sentir la quemadura. No se había dando cuenta de la gravedad de la herida—. ¿Qué…?
Rhage se puso una camiseta.
—No jodas, V. ¿Qué pasó? —Preguntó evadiendo la gran cantidad de cuestionamientos que tenía su hermano en la cabeza.
—Hay reunión —dijo saliendo de la habitación.


Continuará...

Deppie

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #92 on: Julio 22, 2009, 02:00:20 am »

AINSSSS!!!!....

no me dejen asi........ pliz pliz plizz emot025....no me dejen con este pesar mucho tiempo.......

 emot040 emot040 emot040 emot040 Chistoso que V la este haciendo de cupido  emot039 emot039 emot039 emot039


Nessa y Z.!!!...ya siguen??.....ke paso kon ellos?

willow

  • Veteranos
  • ¡Que alguien le haga callar!
  • *
  • Mensajes: 1281
  • Karma: +12/-2
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #93 on: Julio 22, 2009, 11:27:26 pm »
 emot037 me encanta sigan asi chicas.
 emot024 emot024

sonne

  • Moderador
  • ¡Que alguien le haga callar!
  • *****
  • Mensajes: 9749
  • Karma: +125/-12
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #94 on: Julio 23, 2009, 09:55:40 am »
 emot030 no podeis dejarlo así, y ahora que va a pasar

sahory

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #95 on: Julio 23, 2009, 07:59:12 pm »
hola chcas:

realmente estoy enamorada de esta serie  emot022me facinaron sus personajes de la hermandad emot024 pero esta historia paralela con dialogo chispiante, humor, escenas flikitis  :emot013:flikitys me ennnncccaaannntaronnnnnn  emot027y ahora me quedo con las ganas de seguir leyendo mas capitulos. :emot017:.... me como las uñas ja ja ja
realmente hay que agradecerte vichyta Y a las demas por esta emocionante historia felicitaciones y adelant e:emot018:e!!!! :emot018:
beso

vichyta

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #96 on: Julio 24, 2009, 05:17:24 am »

 :emot015: gracias chicas... fue creado todo en conjunto y en un momento de aburrimiento.
Ya pronto subiremos otro capitulo.

 emot024

Deppie

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #97 on: Julio 24, 2009, 06:30:34 am »

 :emot015: gracias chicas... fue creado todo en conjunto y en un momento de aburrimiento.
Ya pronto subiremos otro capitulo.

 emot024

Porfitas que sea prontoooooooooooo!!!...que me muero de la curiosidad!!!

Roz

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 25/07 )
« Respuesta #98 on: Julio 25, 2009, 11:30:11 pm »
Hey, gente! Gracias por sus palabras, chicas, nos alegra mucho que les guste el fic  emot040
Acá les dejamos un nuevo capítulo, uno de mis favoritos, por cierto.
Espero que les guste.



CAPÍTULO 16

    Kytara no cabía en sí de gozo. Desde que había estado con Butch, se sentía otra.
     Lo peor había sido cuando sus hermanas se dieron cuenta. Mejor dicho, cuando sintieron el olor de la vinculación.
     Tarde o temprano se iban a enterar, otra vez ese escalofrío, lo sentía cada vez que pensaba en la reacción de la Virgen Escriba, sabía que estaba condenada, se merecía un castigo. Lo que la extrañaba era que todavía no la hubiera mandado a llamar. Y era mejor no tentar a al destino.
     Iba al gimnasio donde se había olvidado el mp5. Sin su música no podía estar un segundo, la ayudaba a despejarse, pero con Butch alrededor se olvidaba hasta de si era de noche o de día.
     El primer entrenamiento, si se lo podía llamar así, después de estar juntos, fue una lucha entre, dejar de besarse, y pedirle por favor que dejara las manos quietas y que se concentrara en la clase,  a lo que él respondió llevándola a los vestuarios. Era incorregible… Pero no cambiaria nada de su manera de ser.
     ¡Joder! Y desde esa vez, llegaron a un acuerdo: Los juegos para las habitaciones, y en los horarios de cacería y entrenamientos nada de besos, para no terminar cocinados por los lessers.
     Empezó a sonar su móvil… llamada de Butch.
     —¡Hola, pequeña! —su voz era música para sus oídos.
     —Hola, guerrero, ¿qué necesitas?
     —A ti, desnuda y en mi cama o en la tuya. En la que te quede más cerca.
     —Butch, dijimos que nada de juegos, tenemos que salir de caza.
     —Pero nos vendría bien para despejarnos —dijo imitando a un chico al que han dejado sin su juguete preferido.
     —No, Butch. Por favor, compórtate —dijo regañándolo—. ¿Dónde estás?
     —En el despacho Wrath, me mandó a llamar junto con los demás, ¿y tú?
     —En el gimnasio, olvidé algo. ¿Dentro de dos horas nos vemos?
     —Dalo por hecho, pequeña.
     —Bye.
     Sin darse cuenta, ya estaba en el gimnasio. Lo empezó a recorrer con la vista, tratando de encontrar el aparato. Al verlo fue hacia el, pero en el momento en que lo iba recoger sintió un escalofrió, su sexto sentido la puso alerta. Lessers. Era imposible, el sistema de seguridad de Vishous era infranqueable. Pero entonces, ¿qué era?
     —Kytara.
     Se dio la vuelta, pero acompañando el movimiento sacó su  daga y  la apuntó al intruso. En cuestión de segundos se la había apoyado en la garganta, solo necesitaba un movimiento en falso para degollarla.
     —¿Quién eres? Y no me mientas.
     —Soy Sheila, una elegida. Me envía la Virgen Escriba, con un recado para su señora.
     Oh dios… no.
     La soltó, mirándola. Sí, era una elegida, no cabía duda, su vestimenta y su forma de dirigirse la proclamaban como tal.
     —¿Y cuál es? —Todavía no había guardado la daga, clara señal de defensa contra ella, o más, bien el mensaje.
     —La espera a usted y a sus hermanas en La Tumba. Dijo que usted lo estaba esperando.
     Si lo esperaba, sabía que tarde o temprano llegaría. La había desafiado y ahora tenía que pagar las consecuencias de sus actos. ¡Maldición!


     Las cuatro se encaminaron juntas con sus túnicas blancas, las mismas con las que habían despertado, hacia la piedra negra. Ninguna de ellas quería estar allí, sabían de qué se trataba.
     Cuando fueron acercándose la vieron. Con su tradicional manto negro cubriéndola completamente, se alzaba la Virgen Escriba, aguardando. Fue la primera que habló.
     —Guerreras —lo dijo en forma de saludo.
     Se fueron alineando una al lado de la otra, completamente cubiertas y en una perfecta sincronización hicieron una reverencia.
     —Su santidad —dijeron al tiempo.
     Las miró una a una, así cubiertas y en esa posición eran iguales pero ella sabía quien era quien.
     Mirando a la última, la llamó.
     —Kytara, acércate.
     Esta se levantó y avanzó hacia ella, en ningún momento levantó la cabeza. [i[¿Ahora quieres clemencia?[/i], pensó.
     —Kytara, antes conocida por el nombre de Aire, hija de Kasim con la elegida Shanna, fuiste convocada para sufrir el castigo por tu falta hacia mí y hacia la causa por la que tu madre se sacrificó.
     Se escucho un no. Una de las hermanas había protestado, pero al ver que Kytara no se defendía, se calló.
     —Sí, Su Santidad —tarde o temprano tenía que pasar.
     —Por tu osadía, serás castigada con sesenta latigazos dados por las hermanas.
     Tenía que reconocer que tenía miedo. Era la primera vez que iba a ser castigada. Jamás le habían pegado, ella era la que daba los golpes. Se juró en ese momento resistir y la maldita perra sagrada no la iba a escuchar gritar, se quedaría con las ganas.
     Kytara ya se encaminaba hacia la gran piedra negra donde estaban escritos los nombres de los guerreros, entre los que se encontraba el de su padre, con el del hombre que amaba. Sangraría por amor como lo hizo su madre.
     Cuando se estaba quitando la túnica, la Virgen Escriba la detuvo.
     —Espera, bájatela sólo hasta las caderas, los hermanos no tienen que ser testigos de tu deshonra.
     ¿Los hermanos? No podían estar aquí.  Dios, que Butch no esté, rogó en silencio.
     —Disculpe, Su Santidad, pero no entendemos por qué ellos tienen que presenciar esto —Leliel habló con total autoridad, ella nunca se iba por las ramas y tenía que darle crédito, todavía no se había consumido en llamas. Conociéndola, ya debería haber incendiado casi toda La Tumba—. Ya es suficiente que tengamos que ser partícipes de esto, para tener más testigos —no disimulaba nada la rabia que sentía hacia esta injusticia.
     Se escucharon unos pasos y todas se dieron vueltas para verlos acercarse. Venían en fila, vestidos en túnicas negras, cubiertos desde la cabeza a los pies. Eran un espectáculo intimidante. No se podía distinguir los rostros, pero estaban los cincos. Butch.
     Cuando llegaron hasta ellas, se colocaron detrás de las tres guerreras que quedaban, e iguales que ellas saludaron a la Virgen Escriba.
     —Hermanos. Están aquí para ser testigos del castigo que recibirá la guerrera Kytara.
     Ahora fue el turno de ellos de quedar atónitos, pero el primero en soltar una queja fue Butch, al quitarse la capucha que le cubría una parte de la cabeza.
     —¡No! —Soltó en medio de un rugido. Nadie la iba a tocar.
     Wrath puso una mano sobre su brazo, para que se quedara quieto y no saltara hacia la plataforma. Con una mirada le pidió paciencia.
     —Mi señora, quisiéramos saber cual fue la falta cometida por la hermana —pidió humildemente Phury, ya que estaba totalmente en contra de ese castigo.
     —¿Por qué no se lo preguntas al bastardo de tu amigo? Él lo debe saber —le escupió Nessa. No sabía con quien estaba más enojada, si con el poli o con Aire. ¿Por qué fue tan estúpida de entregarse a él?, pensó con dolor. Entonces, sintió la mirada de Zsadist sobre ella. Su rostro no demostraba nada, como siempre.
     —Kytara ha cometido una falta contra un juramento sagrado, al que fue concedida, y por ello recibirá sesenta latigazos —dijo la Virgen Escriba y con eso puso silencio a la discusión que estaba a punto de empezar en su presencia.
     Todos se quedaron callados.
     —Raysa, antes conocida por el nombre de Tierra, toma el látigo y aplícale veinte latigazos a tu hermana.
     Raysa tenía los ojos llenos de lágrimas, no lo quería hacer, tenía el cuerpo paralizado.
     —No voy a ser participe de esto, Su Santidad. Mi hermana se entregó por amor.
     —¿Te atreves a desobedecerme guerrera? Tómalo o recibirás el doble que Kytara —la Virgen Escriba estaba ya alterada, no entendía que pasaba con todos ellos, ni desde cuando se habían vueltos tan irrespetuosos hacia ella. Con tan solo un movimiento de su mano la empezó a asfixiar. ¿Quién se creía que era?—. No volveré a dar la orden, ¡toma el látigo, Raysa!
     Un no estrangulado salió de sus labios. Wrath ya no soportaba el maltrato hacia la guerrera. Como todo macho vinculado saltó en su defensa.
     —Yo tomaré su lugar, Su Santidad.
     A su lado, estaba Butch insultándolo, siendo sostenido por Vishous y Rhage, que a duras penas lo estaban logrando.
     De repente, Raysa volvió a respirar normalmente. Sus ojos no podían creer lo que veían. Wrath tomó el látigo colocándose detrás de Kytara, si llegaba a golpearla jamás se lo podría perdonar. Una lágrima rodó por su mejilla.
     Cuando le iba a dar el primer latigazo, Butch se soltó del agarre de sus hermanos, saltando hacia Wrath. De un manotazo, le quitó el látigo de la mano. Estaba ciego de furia. Fue hacia Kytara, pero una fuerza invisible lo detuvo.
     —¿Qué crees que estas haciendo, Dhestroyer? —Habló la Virgen Escriba.
     —Deteniendo esta locura. Kytara no es culpable de nada. Si alguien tiene que ser castigado, seré yo —trató de luchar contra ese agarre, pero no podía.
     —¡No! —Grito Kytara dándose vuelta, tratando de caminar hacia él pero le pasó lo mismo, algo la detuvo. Sus ojos cambiaron a violeta, estaba luchando contra eso—. No voy a permitirlo, yo cometí la falta, no tú.
     —Me importa un demonio, Kytara, y grábate en la cabeza que no permitiré que la pequeña figura vestida de negro te haga ningún daño.
     —Por favor, Butch. No lo hagas más difícil —trataba por todos los medios de acercarse, pero no podía contra el agarre de la Virgen Escriba. Ni sus poderes podían ayudarla.
     Todos eran mudos testigos de esa escena. Nadie decía nada, pero contemplaban el amor que se tenían, la una dispuesta a dar la vida por el otro y el otro dispuesto a recibir el castigo. La vida nunca iba a ser justa y todos lo sabían.
     —Butch, ¿tomarías el lugar de Kytara, y recibirías el castigo por ella? —El que habló fue Vishous, odiaba verlo así, pero era una alternativa para que todo terminara en un grado de paz.
     —Sí —lo dijo con total convicción. Daría su vida por ella, por su shellan.
     —Entonces que así sea —dijo la Virgen.
     Y en un segundo Butch tomó su lugar y Kytara fue trasladada a los brazos de sus hermanas que la rodeaban, protectoras.
     No podía creer este giro del destino. ¿Por que la Virgen Escriba lo hizo tan simple? Parecía como si fuera lo que esperaba desde el principio, ¿pero por qué?
     Uno a uno, fueron dando los latigazos a Butch, hasta las hermanas.
     Raysa parecía que pedía perdón por ese acto, Leliel trataba de disimular y Nessa directamente le azotaba la espalda a Butch. Para ella el culpable era él y tenía que pagar.
     El último turno era de Kytara. Fue como si el tiempo se detuviera. Tomó el látigo y miró la espalda ya totalmente marcada de su guerrero. No podía hacerlo, no podía lastimarlo, porque al hacerlo, sería como golpearse ella misma. Cada uno de esos latigazos que recibió, ella los había sentido en el alma. Jamás se lo podría perdonar, por querer ser libre de una sentencia, condenó a un ser amado por ella.
     —No puedo, Butch —susurró su nombre pidiéndole perdón.
     —Hazlo, pequeña, no es nada.
     Una lágrima corrió por la mejilla de ella.
     —Deja el látigo, guerrera, ya fue suficiente —dijo la Virgen, por primera vez hablaba desde que el castigo comenzó—. Hermanos, tomen al hermano y márchense con las hermanas. Tú, Kytara, cuidarás de él —dicho esto, desapareció.
     Kytara no entendía nada. ¿Qué había dicho? Pero no importaba, corrió hacia Butch antes que este se desplomara contra el suelo, colocó su cabeza sobre su regazo, boca abajo, haciéndole soltar un suspiro.
     —Mi pequeña, ¿estás llorando? —Preguntó entre susurros.
     —No, es una basurita, tonto —en verdad estaba sollozando. Pero no quería que supiera cuanto había sufrido por él, sintiéndose culpable de todo eso.
     —Mentirosa —le dijo, y se desmayó.
     Los hermanos se acercaron para tomarlo en brazos. Rhage iba a seguir a Leliel, pero Vishous se interpuso con su brazo e hizo señas. Al ser el más fuerte, se encargó de la tarea de llevarlo hasta el coche. No hizo falta decir que Kytara iría con ellos.
     Nessa y Raysa habían decidido desmaterializarse directamente a la mansión. Ya tendrían tiempo de preguntarle a Leliel sus razones para haber huido.
     En el asiento trasero del auto, Kytara iba acariciando el cabello de Butch. Lo habían colocado boca a bajo, para que las heridas no le molestaran.
     —Te amo, Butch —murmuró dándole un suave beso en sus cabellos.
     —Díselo cuando despierte —comentó Vishous.
     Todos iban callados, ya que había sido una experiencia muy fuerte lo que habían vivido en el templo.
     —Lo haré —dijo muy segura de ella misma. Habían desafiado juntos a la Virgen Escriba y habían salido vencedores.
     Vishous miro por última vez a los amantes. En el fondo siempre había sabido que ella lo protegería, tenia que ser así.


     Cuando llegaron a la mansión, Kytara los guió hacia su habitación. Ninguno de los hermanos protestó o dijo algo, ya que sabían de sobra que el poli lo querría así.
     Pero antes de retirarse, Vishous se dirigió hacia ella y le dijo:
     —Cualquier cosa que necesites...
     No lo dejó terminar la frase.
     —Lo sé, V, y gracias.
     —Quiero que sepas, guerrera, que no estoy de acuerdo con lo que se hizo a Butch. Pero lo comprendo.
     —No esperaba menos de ti, y por eso te respeto.
     Vishous le hizo un gesto con la cabeza y se retiró cerrando la puerta.
     Kytara no perdió el tiempo y fue hacia Butch, su espalda estaba cortada en jirones, y tenia una buena cantidad de sangre seca. El proceso de curación iba a ser doloroso, pero ella se encargaría de que fuera soportable.
     Fue hacia el baño y tomó unas toallas a las que humedeció, sacando aparte medicamento y gasas para las curaciones.
     Cuando volvió, se colocó detrás de él, con la toalla le fue limpiando muy suavemente las heridas, por cada toque, el cuerpo del guerrero daba un salto y soltaba un gruñido. Todavía no había abierto los ojos. Después de terminar de limpiar la espalda, le puso los medicamentos que le harían bien a las heridas, cubriéndolas con gasas.
     Su guerrero, ella lo cuidaría. Le acarició los cabellos tan suaves, recorriendo su mejilla, luego su mandíbula que tantas veces había besado, y por último su brazo, que estaba doblado debajo de su cuerpo.
     Todavía tenía la túnica puesta. Con un movimiento de la mano convocó al aire y con su ayuda se la quitó, dejándolo desnudo sobre la cama.
     Viéndolo bien arropado se dirigió hacia el baño, para darse una ducha. Cuando se quitó la túnica y se metió bajo la ducha, recordó cada momento vivido, cada latigazo que recibió en su lugar, sin darse cuenta que las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas. Él no se merecía eso, había sido tan bueno con ella, tan considerado. Dios, ¡cuanto lo amaba!
     Y ya no quedaron dudas, Butch la amaba. No le alcanzaría la vida para agradecerle lo que había hecho por ella. Y se juró jamás volver a dudar de él.
     Lloró durante mucho tiempo, hasta que ya no le quedaron más lágrimas. Entonces, envuelta en una toalla, volvió junto a Butch. Se acostó a su lado, tomando su cabeza, la apoyó sobre su pecho, comprobando su comodidad y la de ella. Apagó con ayuda de su mente las luces y corrió las cortinas. Con la quietud del amanecer se durmió.


     Era una noche un poco fresca para esa época del año en que se encontraban. Aún así, Zsadist se encontraba en los jardines de la mansión. Faltaban sólo un par de horas para el amanecer y se dirigía hacia uno de sus lugares favoritos.
     Se trataba de una pequeña cascada que caía a un estanque, perdida en alguna parte de esos inmensos jardines. Era un lugar lleno de calma, una especie de santuario para él. Pero nunca lograba calmarlo del todo.
     De todos modos, esa noche había sentido una gran necesidad de dirigirse hacia allí.
     Había sido una noche terrible. Los sucesos vividos en La Tumba lo habían inquietado demasiado, apenas si había contado con la fuerza necesaria para sujetar el látigo con el que tenía que golpear a su hermano.
     Se sentía inquieto, con mucha energía contenida que no había podido liberar, pero no tanto como otras veces. Pero solo había querido dirigirse allí. Nada más.
     Una suave brisa sopló, trayéndole el aroma del agua y el sonido de esta cayendo por la cascada.
     Atravesó los últimos árboles del bosquecillo, hasta llegar al fin al claro. Todo allí brillaba bajo la luz de la luna.
     Se acercó al pequeño estanque y se acuclilló en sus orillas. Estuvo un largo rato observando el reflejo de la luna en la superficie del agua. Su color plateado como el acero le recordaba unos ojos. Un par de ojos que observaban a su gemelo, aunque también lo observaban a él, le había dicho, cosa que lo sorprendía. Pero lo que más sorpresa le causaba, era darse cuenta de cuanto había estado observando esos ojos. Los había visto llenos de alegría y diversión, en especial cuando estaba con sus hermanas; había visto preocupación en ellos, también en sus hermanas; llenos de precaución, cautela y desafío, como en la primera reunión; los había visto brillar de expectación durante las luchas en las calles y crudos de dolor y rabia en La Tumba. Y muchas veces fijos en él. Eso no era bueno, lo último que necesitaba era llamar la atención de una hembra.
     Suprimió un escalofrío al recordar brevemente al ama.
     Pero lo que menos le gustaba de esos ojos era que le gustaba tenerlos sobre sí.
     Ése, era un pensamiento de mierda, en más de un sentido. Era malo porque significaba anhelar algo sumamente lejano y a lo que no tenía ningún derecho; y también porque significaba que algo andaba mal en él.
     Bien, en realidad, todo andaba mal en él, pero ese deseo en particular se colocaba a la cabeza de la lista.
     Una hoja cayó al agua, distorsionando el reflejo de la luna y sacándolo de sus cavilaciones. Lentamente, estiró una mano y tocó la superficie del agua.
     Un ruido como algo emergiendo del agua se escuchó. En un ágil movimiento, Zsadist se puso de pie, en posición de ataque y desenfundó una de sus dagas. Se quedó de piedra al ver el torso que asomaba a la superficie del estanque.
     —¿Zsadist? —Preguntó con una suave voz.
     Nessa estaba allí, flotando, con su suave piel brillando por las gotas de agua que aún rodaban por ella, al igual que su cabello, que a pesar de estar empapado, seguía perfectamente rizado.
     —¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Le preguntó ácidamente.
     —Tomo un baño —le respondió tranquilamente—. Ya puedes guardar eso —señaló su daga.
     Sin hacerle caso, volvió a acuclillarse, mientras lanzaba su daga y la volvía a atrapar.
     —Para eso están las duchas de la casa.
     —Oh, vamos, necesitaba un baño con agua de verdad, no con eso que cae de esas regaderas de metal.
     Formó una cuenca con sus pequeñas manos y tomó un poco de agua en ella. La acercó a su rostro, la olió y sonrió, como si fuera altamente satisfactorio. Luego, dejó caer el agua de poco, escuchando atentamente el sonido que hacía, como si fuese la melodía más hermosa del mundo.
     —Este lugar es casi mágico —dijo, mientras acariciaba la superficie del agua, como si de un amante se tratara.
     Fue en ese momento que Zsadist recordó que ese estanque no tendría más de un metro de profundidad, y eso sólo en su centro. Ella estaba a centímetros de la orilla.
     —¿Dónde está el resto de tu cuerpo? —Le preguntó extrañado.
     Eso fue, realmente, una mala cosa. Al hacer esa pregunta, no pudo evitar fijarse en la parte del cuerpo de ella que sí era visible. Su rostro ovalado, el fino cuello, los hombros como de marfil, el nacimiento de sus senos. Al llegar a ese punto pudo sentir como un extraño calor se extendía por todo su cuerpo, para concentrarse finalmente en su entrepierna. Desvió la mirada hacia la cascada,  que se encontraba a su izquierda.
     La hembra, al darse cuenta del escrutinio, se sumergió aún más, dejando visible solo su rostro, mientras el resto desaparecía. Un suave rubor cubrió sus mejillas.
     —Esto… —tuvo que aclararse la garganta—. Olvídalo —le dijo por fin.
     —Fundido —le respondió con voz suave a causa del bochorno.
     —¿Fundido? —La confusión hizo que volviera a mirarla, y al hacerlo, deseó que ella volviera a emerger. Supuso que la siguiente cosa que debería hacer era meter la cabeza en el agua durante una hora.
     —Sí, fundido. Ya sabes, con el agua. Es parte de mí —dijo con voz vacilante mientras lo miraba a los ojos con decisión.
     Aunque pareciera increíble, esa expresión hizo que su miembro se pusiera aún más duro. Gracias al cielo, la posición en la que estaba ocultaba la evidencia de su deseo.
     Asintió brevemente y continuaron observándose un largo rato, ella perdida en su propias cavilaciones, él maldiciéndose por no largarse de allí en ese mismo instante. No podía negar que algo en él reaccionaba cada vez que estaba con ella y no entendía el por qué. Cada vez que salían a patrullar las calles, no podía evitar quedarse observándola embelesado, tal era su gracia asesina. Y así mismo, no podía impedir que una furia negra se alzara en él cada vez que la golpeaban. Pero había algo que sabía con certeza, y era que nada bueno podía salir de todo eso.
     Fue ella quien rompió el silencio.
     —Hoy a sido una noche difícil.
     —Lo sé —le escupió.
     —Y sin embargo la luna brilla tan pura y brillante...
     Zsadist levantó la mirada unos momentos, dirigiéndola a la delgada luna y luego volvió a encontrar los ojos de la hembra.
     —Si tú lo dices.
     —Puede que se trate de un buen augurio, habernos encontrado bajo esta luz.
     Le sostuvo la mirada, mientras apretaba fuertemente el mango de su daga. Corre, le decía su cabeza, sabedora del peligro que encerraban esas palabras, pero se sentía incapaz de romper el contacto visual. Mientras tanto, esa sensación de calidez volvía a expandirse a través de su cuerpo, tocando esta vez partes que ignoraba que aún poseyera, como su corazón, su alma.
     Y como si esa mala idea no fuera suficiente, tenía a la cosa entre sus piernas gritándole qué sería exactamente un buen augurio. Inmediatamente, una imagen de Nessa levantándose y poniéndose de pie, dejando al descubierto todo su cuerpo, le vino a la mente. El impacto que le causó fue tal que podía jurar que había sentido el golpe en la parte posterior de su cabeza.
     Rompiendo por fin el contacto con sus ojos, se puso de pie rápidamente y envainó su daga. Sacudiendo levemente la cabeza para alejar todo pensamiento de ella, levantó la vista al cielo, donde la luna ya estaba descendiendo.
     —El amanecer está cerca, ¿te quedarás a freírte?
     —No, gracias. Me gusta mi piel clara como es.
     A él también le gustaba, le encantaba, y eso estaba mal.
     —Bien, eh…
     —Dejé mi ropa junto a ese arbusto —señaló a la orilla contraria—. Ya vengo.
     Se levantó, dejando a la vista otra vez sus pequeños hombros y un poco más. Por más que intentó, no pudo apartar la vista ni evitar sentir calor. Ella pareció darse cuenta de eso. Se detuvo, se ruborizó y se giró.
     —Por favor, no mires cuando salga —dijo suavemente, mientras comenzaba a avanzar.
     Lo cual era una excelente idea. Se dio la vuelta y volvió a mirar a la luna, que estaba menguando, y no tenía más grosor que el de una uña.
     Oyó el ruido del agua cuando ella salió completamente y después oro más suave, como el de hojas siendo movidas. Cinco minutos después, Nessa se aclaró la garganta. Miró sobre su hombro y la encontró a su espalda. Tenía puesta una camiseta sin mangas blanca que parecía sucia ante la pureza de su piel, y una amplia falda negra y roja que le llegaba a los tobillos. Sus pies estaban descalzos.
     —Vamos —le dijo comenzando a avanzar.
     Como siempre, ella se mantuvo a su altura. Se suponía que no debiera hacerlo, pero podía oír el suave sonido de sus pies rozando el césped y su respiración, un poco más rápida de lo normal, ya que debía andar algo ligero. Pensó que si pudiera escuchar esos sonidos durante el día, tal vez por fin consiguiera dormir en paz. Maldito fuera.
     —¿Por qué…? —Comenzó a preguntar, pero se detuvo, suponiendo que la cura era peor que la enfermedad.
     Nessa levantó la mirada como esperando que terminara de formular la pregunta, pero no lo hizo. Esperaba que no se lastimara los pies por ir descalza.
     —Anda, Zsadist, pregúntame. No me molesta.
     Y él que creía que era una hembra inteligente.
     —¿Por qué te molestan tanto los callejones?
     No había podido dejar de notarlo. Se estremecía cada vez que pisaba alguno, y una muesca de asco deformaba sus labios. Sabía que prefería perseguir a los lessers no solo porque disfrutaba el juego, sino porque no soportaba estar más tiempo del necesario en esos rincones oscuros de Caldwell, y se escabullía de ellos apenas terminaba su trabajo.
     Nessa dudó al dar el siguiente paso, pero luego continuó con su andar firme. Su expresión se volvió completamente neutra.
     —Dijiste que no te molestaba —ahora le urgía saber.
     Ella le lanzó una mirada fulminante antes de volver a mirar al frente y borrar toda expresión de su cara.
     —Antes… Antes estuve mucho tiempo en lugarejos como esos y… no era bueno. No lo era.
     —¿Antes?
     —Antes de mi transición.
     —¿Por qué no era bueno?
     Un olor sucio comenzó a emanar de ella. Tardó dos segundos en darse cuenta de que se trataba de vergüenza. Y dos segundos más en encadenar lo poco que ella le había dicho.
     Se detuvo, asqueado e impresionado. No podía ser…
     —¿Eras una pros…?
     —¡Callate! —Le gritó interrumpiéndolo.
     Su largo cabello caía hacia delante, ya que tenía la cabeza gacha, ocultándola de su vista. Se había detenido también y apretaba fuertemente sus puños.
     —Nessa… —quizo decir.
     —Por favor —levantó una mano con el dedo índice alzado—. Por favor. No lo digas. Sólo no lo digas.
     ¿Cómo podía explicarle? ¿Cómo podía decirle que no la juzgaba? ¿Cómo explicarle que, al contrario de lo que creía, la entendía?
     —Yo… —intentó otra vez.
     —¡Sólo no lo digas! —Volvió a gritar—. Yo… yo… ¡Tenía hambre! Tenía hambre, tenía frío, me lo ofrecieron y… Sólo quería comer. Yo, yo… Soy fuerte, soy muy fuerte, soy una gran guerrera. Sí puedo estar junto a mis hermanas, si puedo luchar junto a ellas. Me he limpiado, me he purificado, de veras, ¡de veras! No soy indigna, solo quería comer. Estaba sola y tenía hambre… Por favor…
     Había comenzado a temblar violentamente, tanto que le sorprendía que aún pudiera mantenerse en pie. Un hilo de sangre caía de sus manos, que se había lastimado debido a la fuerte presión que ejercía con sus dedos.
     Su dolor le dolía. No entendía por qué, ni que tenía esta guerrera, pero no podía negarlo. Le dolía terriblemente verla así. Pero no quería, no quería que ella le importara. Estaba mal, muy mal y él sabía el por qué mejor que nadie. Y ahora que sabía parte de su pasado, sabía que lo que menos merecía Nessa era algo como él.
     Aún así, elevó su mano y con su dedo, colocándolo bajo su barbilla, elevó su mirada hacia la de él.  Su estómago dio una sacudida cuando por fin la tocó. Silenciosas légrimas trazaban un surco por sus mejillas.
     —Nessa, no te juzgo.
     —Por favor, no me compadezcas, no puedo…
     —No lo hago —la interrumpió—. Debes entender que entiendo tu necesidad y no podría juzgarte.
     Rompiendo el contacto, ella miró hacia otro lado.
     —Mientes —dijo con un gruñido. Había dejado de temblar.
     —No podría. Mírame a lo ojos y dime si te estoy mintiendo.
     Soltando una risa amarga le respondió sin mirarlo.
     —Tus ojos están vacíos, Zsadist. No hay nada en ellos.
     Bien eso era verdad y no tenía por qué dolerle, pero lo hacía. Maldita hembra.
     —Mírame —esta era una orden en una voz baja y peligrosa.
     Ella aún se resistía, pero cuando alargó de nuevo para tomarle el rostro, lo miró directamente a los ojos. La tristeza que dibujó su rasgo le llegó al corazón. Su cuerpo comenzó a temblar otra vez y esta vez, cuando comenzó a sollozar, se tapó la cara con las manos. Había visto la verdad en él.
     —Nessa, no llores.
     —¿Por qué? ¿Por qué no me juzgas? Todos lo hacen —dijo entre sollozos—. Y si no lo hacen se compadecen de mí, ¡y odio eso! Prefiero que me odien por lo que fui. Mis hermanas me compadecen. No soy digna de ser una guerrera, lo sé, pero no puedo aceptar que me admitan por lástima.
     —Si tus hermanas te aceptan, estoy seguro que lo hacen por tu valía y porque te aman, no porque te tengan lástima.
     —¿Y tú que sabes de amor? —Le espetó sin descubrirse el rostro.
     Podía entender que estuviera mal, con miedo y atravesando una crisis, pero de ninguna manera podía seguir admitiendo que siguiera atacándolo sin razón, en especial, porque lo hacía con la verdad que él ya sabía y a pesar de todo, por salir de sus labios, le dolía como nunca le había dolido.
     Se acercó a su pequeña figura y se irguió amenazador sobre ella.
     —Puedo consentir lo que quieras, pero no permitiré que me ataques sólo por que tú te sientes desgraciada.
     Nessa sólo siguió llorando un largo rato. Quería acercarse y calmarla, consolarla pero, ¿qué sabía de eso? Sus palabras le dolieron aún más y reprimió un gruñido de furia.
     De a poco, ella comenzó a calmarse. Cuando su llanto casi había cesado, se limpió el rostro y lo miró.
     —Lo siento —le dijo con voz forzada—. Yo… Tienes razón.
     —Ya, da igual.
     Se quedaron en silencio un minuto, sin mirarse y luego, sin consultarlo, ambos comenzaron a andar otra vez hacia la mansión.
     Ambos tenían un caminar lento, suave. Miraban al frente, hacia los lados, el cielo, pero nunca cruzaban la mirada entre ellos.
     Se detuvieron a cien metros de la mansión, aún protegidos por las sombras que cada vez eran más tenues.
     —Créeme, no te juzgo ni te considero indigna. Eres una gran guerrera. Te repusiste de todo lo que te sucedió y probaste tu fuerza ante el mundo. Eres valiente —sentía que era necesario que ella lo supiera.
     —Gracias. Yo… No quería hacerlo, Zsadist, no me gustaba. Pero… El hambre duele.
     —Lo sé, Nessa. Buscaste sobrevivir y triunfaste en donde muchos no lo hicieron. Eres una guerrera, en todo sentido.
     —Mis hermanas me lo han dicho también.
     —Pero no les crees —así como él no le creía a Phury.
     —No. Pero a ti sí.
     No respondió a eso. No tenía una respuesta y aunque la tuviera, igual no lo habría hecho. No sería prudente. Simplemente, volvió a mirar hacia el cielo, otra vez.
     —Ya es tarde. Vámonos.
     Avanzaron unos cincuenta metros cuando ella le habló.
     —Zsadist, yo… —ambos se detuvieron—. Quería agradecerte.
     —No lo hagas, no hice nada.
     —Bueno, yo creo que sí. Por eso te lo agradezco.
     —Ya, bueno.
     Nessa se acercó lentamente, con la mirada clavada en su pecho y alzó una mano. Lenta, muy lentamente, fue acercándola hasta posarla suavemente en su brazo.
     La calidez de su mano se extendió desde allí hacia el resto de su cuerpo, haciéndole sentirse de una manera que jamás lo había hecho, haciéndole desearla más que nunca, pero no queriendo follarla, sino… sentirla cerca, para que lo aliviara, para aliviarla.
Agobiado por todos esos sentimientos, suavemente, se alejó un paso, separando su brazo de su mano.
     Ella lo miró a los ojos y luego le regaló una débil sonrisa. Sabía que no la había despreciado, que sólo necesitaba un poco de espacio.
     —Volvamos a la casa —le dijo con la voz ronca.
     Siguieron caminando hasta que entraron, con el sol ya amenazándolos con sus primeros rayos. Después, sin una palabra más, pero con la cabeza llena de cosas, cada uno se dirigió hacia su habitación, no sin antes compartir una última mirada antes de tomar caminos contrarios.
[/size]

Continuará...

sahory

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #99 on: Julio 26, 2009, 02:09:19 am »
HAY CHICAS ESPECTACULAAAARRRRR :emot014:.... ME PUSIERON LA PIEL DE GALLINA...... :emot017: QUE DOLOR  :emot003:QUE EMOCIONNNNNN.
 ME ENCANTO. :emot020:
 SIGAN ASI QUE NO ME QUEDAN MAS DEDOS DE TANO COMERME LA UÑAS JA JA .
 ADELANTE CHIKYS.
 QUE LA HISTORIA ESTA BUENISIMA!!!!

Deppie

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #100 on: Julio 26, 2009, 09:40:09 am »


NO nos pueden dejar asi!!!!.........

TMI sin concluir...osea......nose ni que decir.........solo se que necesito  ++++++++++++++++++++++++++++++++++++


^KenYa^

  • Veteranos
  • Charlatán
  • *
  • Mensajes: 267
  • Karma: +6/-1
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #101 on: Julio 27, 2009, 12:18:55 am »
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Esté capítulo es IMPRESIONANTE, para mí el mejor hasta ahora  emot035 emot035 emot035

Mil gracias chicas por este fic  emot024

Deppie

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #102 on: Julio 27, 2009, 12:59:16 am »
No es justo que me tengan es anscuassss!!!!!.......

publiquen algo  emot030 emot030 emot030 .... lo que sea ...plissss emot025 emot025 emot025

macky37

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #103 on: Julio 27, 2009, 11:44:47 am »
 emot022 emot022 emot022 :emot020:

Roz

  • Visitante
Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #104 on: Julio 31, 2009, 03:53:34 am »
¡Buenas noches a todas! Como siempre, muchísimas gracias por sus palabras  :emot008:
Acá les dejo un nuevo capítulos de Las Protectoras...
¡Que lo disfruten!  emot024



CAPÍTULO 17



     Después del castigo que Butch recibió por Kytara en la mansión las cosas estaban bastantes tranquilas. Nessa avanzaba a paso lento, muy lento con su entrenador. Raysa estaba como en una luna de miel con Wrath. Kytara seguía pidiéndole perdón a Butch por lo que tuvo que pasar, pero ninguna de ellas se olvidaba que su hermana, la más temperamental de las cuatro estaba en el otro lado.
     Ninguna de las tres sabían con exactitud que es lo que había ocurrido, Rhage no hablaba del tema... es más casi que no se lo veía por la mansión.
     Una mañana, por casualidad las tres coincidieron en la cocina.
     Raysa estaba sentada en el taburete con una taza de café, pensativa, miró a sus hermanas y dijo con tono suave:
     —Esto no puede seguir así, no sé qué pasó exactamente pero tenemos que hablar con Leliel —dijo mirando a Nessa y Kytara.
     —Si no quiere explicarnos bien, pero igualmente, opto por traerla a patadas en el culo— dijo Nessa mientras comía una porción de torta.
     —Y luego la atamos a una silla, y hasta que no nos cuente que pasó no la soltamos —comentó señalando con la cuchara a sus hermanas.
     —Estoy contigo —Kytara estaba haciendo una bandeja para llevarle a Butch que ya pronto iba a despertar—. Es más si quieren nos ponemos en marcha.
     Raysa asintió mientras terminaba su café:
     —Sería buena idea, Rhage tampoco está comunicativo.
     Nessa le señaló la bandeja.
     —¿Le vas a llevar eso? —Preguntó extrañada.
     —Era la idea, pero no, se la haré llegar por Fritz con un mensaje, Butch entenderá.
     Terminó de armar la bandeja, y llamó al mayordomo dándole las indicaciones y el mensaje para Butch.
     —Próxima parada, el Otro Lado —dijo Raysa desapareciendo.
     Las tres aparecieron en la fuente. Después de buscar por algunos minutos y no dar con el paradero de Leliel, le preguntaron a una Elegida que estaba caminando por uno de los pasillos.
     —Disculpa, no viste a... —pero la joven mujer no la dejó terminar la oración.
     —Sí, desde que llegó que está en la sala de meditación —dijo para luego seguir su camino.
     —Bueno, si mal  no recuerdo, queda por este pasillo. Vamos.
     Después de caminar unos minutos llegaron frente a una puerta alta y maciza. levantando la mano Kytara la abrió, no tardaron mucho en encontrar a su hermana que se encontraba sentada contra un ventanal con la mirada pérdida.
     Las guerreras se frenaron un momento al ver a su hermana, la tristeza que emanaba las golpeó fuertemente.
     Leliel había sentido la presencia de sus hermanas desde que pisaron el lugar, sabía que tarde o temprano iban a venir a buscarla, pero eso no significaba que ella fuera a volver.
     Dejó escapar un suspiro cargado de tristeza y melancolía. Lo extrañaba más que a nada en el mundo. Cuando lo vio días atras, se había muerto por besarlo o siquiera tocarlo, pero no, se dijo mentalmente.
     No iba a volver a tocarlo, ya le había lastimado una vez y no iba a volver a hacerlo nunca más, sentenció firmemente.
     La voz de Raysa le obligó a interrumpir sus pensamientos.
     —Leliel —la llamó Raysa que fue la primera en reaccionar mientras se acercaba a ella. Se arrodilló frente a ella mientras buscaba su mirada.
     Leliel negó.
     —No, no pienso volver —dijo levantándose y saliendo al pequeño balcón que había—. Y no, Nessa, no me lastimó —dijo habiendo roto el pacto que había entre ellas de no leer la mente de la otra—. Pueden contar con mi ayuda, siempre voy a pelear a su lado, pero no voy a volver a la mansión, no me despertaron para eso.
     Nessa gruñó fuerte.
     —¡Oh, por todos los cielos, Leliel! Déjame de joder —quiso ir hasta su hermana pero Kytara la retuvo de un brazo—. Sabes donde puedes meterte toda esa mierda, ¿no? —Dijo casi gritando.
     Raysa le envió una mirada penetrante, los gritos de Nessa no ayudaban.
     —¿Porque te marchaste Lel? Por favor, confía en nosotras —le dijo mientras apoyaba su mano sobre su hombro.
     —Nessa, por favor, contrólate, no es el momento ni el lugar —Kytara soltó el brazo de su hermana, ella la entendía, pero de esta manera no iban a llegar a nada—. Lel, sólo quiero que sepas que estamos, hermana, recuerda el pacto que hicimos. “Siempre juntas, siempre unidas, tu dolor es el nuestro” y no nos pensamos marchar de aquí hasta no tener una respuesta.
     Leliel se revolvió el corto cabello en muestra de frustración.
     —No puedo volver, entiendan que no puedo —cómo hacerles entender algo que jamás iban a sufrir en carne propia, debía controlarse, no podía volver a combustionar otra vez. Respiro profundamente y las observó en detalle—. Kytara desafiaste a la Virgen Escriba por Butch y él termino recibiendo un castigo por ti. Sufriste con cada latigazo que él recibió por ti.
     Kytara bajó la vista, todavía le dolía el alma de solo pensarlo.
     Entonces Leliel observó a Raysa.
     —Y tú, tú te vinculaste mucho antes de comenzar la verdadera pelea, estás todo el maldito día detrás de él y él esta todo el madito día detrás de ti. Ya casi ni sales a patrullar.
     La hembra sintió vergüenza por el reclamo de su hermana.
     —Y Nessa no quieres admitir todo lo que te está pasando con Zsadist, toda esa mierda de seguirlo o no seguirlo. Que él te huye, que lo acosas.
     Nessa abrió la boca para comenzar a discutir con su hermana, pero Leliel levantó un dedo de su mano haciéndola callar.
     —Entonces, ¿Por qué demonios me jode? ¿Por qué no puedo yo estar con alguien? —Preguntó entre lágrimas—. Quiero estar con él, lo amo, no quiero estar más sola. No quiero que ustedes me cuiden cuando me convierta en cenizas y vuelva a la vida —rompió en llanto, no estaba enojada, no estaba molesta con sus hermanas simplemente estaba dolida, dolida por la maldición que tenía que cargar, todo era difícil para ella—. Sí, la respuesta es sí a todas las preguntas. No puedo estar con él sin lastimarlo. Ella... —le dolía tener que decirlo—. Ella no quiere levantar mi maldición —dijo casi en un susurro.
     —Lo siento, Lel, en verdad lo siento —dijo Raysa. No quería ver sufrir a su hermana, Leliel era la fuerte, no esto—. Es verdad cada palabra que dijiste, pero recuerda que son dos los que sufren, y los sentimientos de Raghe, ¿no cuentan?
     La mirada de ella se suavizó al escuchar el nombre de él.
     —¿Y para que voy a volver? ¿Para vivir un imposible? —Leliel negó con la cabeza—. Así no se puede, va a sufrir un tiempo, y luego se va a olvidar de mí. Merece algo mucho mejor que esto —dijo señalándose a ella misma.
     —Leliel ¿cómo puedes decir eso? ¡Maldita sea! No hay nadie mejor para Rhage que tú. Él no va a dejar de sufrir por más que el tiempo pase, él te ama —le dijo Raysa con enojo al escuchar las palabras de su hermana.
     Nessa por primera vez en siglos no tenía nada para decir, podía entender la frustración de su hermana, porque la frustración de Leliel también era la suya. En esos momentos quería ir y decirle unas cuantas cosas a esa maldita Virgen, pero no podía, si quería ayudar a su hermana debía pensar algo para poder ayudarla.
     —Me decepcionas, siempre fuiste de ir al frente —habló con enojo.
     —A ver, y ¿qué mierda quieren que haga? —Preguntó exasperada—. ¿Qué parte de No puedo estar con él, no están entendiendo? —Cerró los ojos y respiró hondo—. Véanlo ustedes mismas si quieren, tiene todo el pecho y los brazos quemados —dijo bajando la mirada por la vergüenza—. Además, ella lo dejó todo muy claro, “Estas maldita y maldita vas a morir, eres una deshonra para nosotros. Ningún macho se vinculará contigo, no permitiremos que un monstruo como tú tenga descendencia” —dijo citando las palabras de la Virgen Escriba.
     Kytara dio un paso y con un movimiento hizo volar a Leliel.
     —Nessa, inmovilízala. Raysa, estate atenta.
     Leliel estaba sorprendida. nunca esperó un ataque de sus hermanas. Trató de combustionarse usando su poder pero Nessa la tenía en jaque.
     —Ahora escúchame, Fuego —dijo enfadada Kytara—. Vas a volver. Vas a hablar con Raghe, que está como alma en pena.
     Leliel abrió los ojos sorprendiéndose de la confesión.
     —Sí, lo que escuchaste, y si necesitas ayuda para tirar todo este lugar abajo con gusto lo hacemos, pero por lo que más quieras vuelve.
     La puerta se abrió de golpe, dejando ver a la Virgen Escriba furiosa.
     —¿Quiénes se creen que son para irrumpir la paz de mi lugar? —Dijo resaltando cada una de las palabras.
     Todas las guerreras quedaron paralizadas, contra la pared.
     —No quiero escucharlas hablar. No quiero saber nada de ustedes hasta que no las mande a llamar —dijo con furia haciendo desaparecer a Kytara, Nessa y Raysa.
     Entonces se volvió contra Leliel.
     —En cuanto a ti —dijo mordiendo cada una de las palabras—. Espero que comiences a controlarte, porque si vuelves a combustionar en el lago, el fuego va a ser el menor de tus problemas —dijo para luego desaparecer del lugar.
     Leliel quedó tirada en el suelo del cuarto llorando. Todo iba de mal en peor. ¿Por qué simplemente no la volvía a dormir o, mejor aun, la hacía desaparecer? Estaba cansada de todo esto. Si tan solo pudiera borrarle todos los recuerdos de ella a Rhage... Pero no, eso era tan posible como que pudiera vincularse con él.


     Kytara no podía creer lo que había pasado, habían ido con la convicción de traer a Leliel y habían vuelto con las manos vacías.
     Y cada minuto que pasaba le preocupaba el destino de ella. Lel, espero que pronto entres en razón, fue su pensamiento.
     Cuando llegó a su cuarto, desde el exterior se escuchaba unas voces, todas de hombres.
     —¿Por qué no me muerdes, vampiro? —Butch estaba de buen humor lo que provocó una sonrisa en su rostro,  la primera desde que habían vuelto.
     —No, gracias, poli, no creo que a Kytara le guste.
     Risas.
     —Por tu cara se nota que quieres que sea ella, ¿puedes creerlo, Hollywood? otro macho que se pierde por el encanto de estas guerreras.
     Más risas.
     —Raghe está con ellos.
     Pegó más el oído a la puerta para saber qué contestaba.
     —Sí, ¿no?, pero bueno, ya nos vamos.
     Se escucharon unos pasos, al segundo la puerta fue abierta.
     —Nos vemos, poli.
     Y casi se llevó por delante a la guerrera.
     —Raghe, ¡quítale las manos de encima! —Gritó Butch desde la cama.
     —¡Oh! ¡Ya basta guerrero! solo me sujetó.
     Kytara se acomodó para que viera que Rhage ya no la tenía agarrada de los brazos.
     —¿Ya estás feliz? Entonces ahora voy a hablar a solas con él y por favor, Vishous, si Butch se llega a mover, duérmelo de un derechazo.
     Dicho esto cerró la puerta quedando a solas con Raghe en el pasillo del ala de la mansión.
     Raghe la miraba raro, no entendía qué pasaba, pero por la expresión en la cara de Kytara se trataba de algo de suma importancia.
     —Te voy a ser clara y precisa. ¿Qué vas a hacer por Leliel? —Se cruzó de brazos y levantó una ceja—. Y por lo que más quieras piensa bien la respuesta, porque de no ser así, llamaré a mis hermanas, y dudo mucho que alguien te extrañe.
     —Wow, guerrera, ¿qué es esto? —¿Quién se creía que era para interrogarlo y amenazarlo? No se lo podía creer—. Casi me haces pelear con mi hermano por tu acción, y ¿ahora me interrogas?
     —Dejemos mis acciones de lado por favor, y contesta mi pregunta. Raghe, estoy desesperada por Leliel.
     —Es que no se qué decirte, Kytara, hace días que no la veo, creo que me huye, no sé.
     —¿No lo sabes? —Al ver la incertidumbre en él, no dudo un segundo y le soltó—. Raghe, Leliel hace días que está en el Otro Lado con la Virgen Escriba, es más fue a hablar con ella para que le levantara la maldición —sus ojos se llenaron de lagrimar al recordar la pena de su hermana—. Ella se lo negó.
     —Tengo que ir por ella —dijo y se desmaterializó a su habitación, volviendo a aparecer al segundo—. ¿Dónde está específicamente?
     —En la sala de meditación.
     —Gracias —contestó y se volvió a ir.
     —Espero que Leliel no te mate por eso.
     Era Vishous que había escuchado lo último.
     —No lo creo —lo pensó mejor—. Las quemaduras que deja son curables.
     Haciéndolo a un lado entró en el cuarto.
     Vishous miró hacia el cielo y dijo.
    —Gracias, Madre, por despertarlas.
    Y se marchó hacia la cocina.


     —Butch tienes que comer, ¿me puedes decir que hay de malo en que yo sea la que te dé el alimento?
     Desde hacia horas que estaban despiertos y hacía una que Kytara trataba de alimentarlo.
     Ambos estaban en la cama, Butch recostado contra la cabecera de la cama  y Kytara sentada en canasta frene a él con una bandeja de comida, gentileza de Fizt.
     —¿Quieres que te recuerde la deshonra que es para nosotros? ¡Kytara por favor! —Sabía que se estaba comportando como un niño y en el fondo le encantaba que su pequeña lo alimentara pero para los machos de la raza esto era una deshonra, él era el que la tenía que alimentar, no al revés.
     —Otro macho en tu lugar estaría feliz —ya no soportaba ese orgullo tonto que demostraba. Al ver que esa comparación lo había ofendido, trató de arreglarlo—. Sabes muy bien que jamás va a ser mi intención probarlo, es solo un comentario —se adelantó y le dio un beso en los labios—. Te amo.
     Se quiso apartar y Butch la retuvo envolviéndola con sus brazos y volviéndola  a besar.
     —Si no fuera que estoy todavía débil te tumbaría en la cama —le dijo besándola en el cuello. Su perfume era cautivante y envolvente, el latido de su vena lo atraía como una fruta prohibida. Hacía tiempo que no se alimentaba. Desde que en su camino se cruzó esta guerrera, su vida había dado un giro.
     La primera vez que se alimentó fue de Marissa, luego cuando esta lo dejó para irse a Europa, conoció a una civil con la que de tanto en tanto se veía. Pero desde la primera vez que probó los labios de Kytara ya nadie existió para él. Siguió alimentándose de la civil pero nunca más fue lejos de esa función.
     Dios, tenía todos los síntomas de falta de alimento y tarde o temprano lo tendría que hacer, además esto no ayudaban mucho a la pronta recuperación de su cuerpo.
     —Butch siento tu dilema, te tienes que alimentar —Kytara se apartó de sus labios.
     —Pero me dejarás que lo haga solo, amor —trató de convencerla.
     —Está bien, tú ganas, pero sólo por ahora —dijo con una sonrisa pícara y frotándose contra él.
     —Eso es jugar sucio —le dijo tratando de controlarse.
     —Lo sé —saltó de la cama al ver que estiraba el brazo para atraerla contra él. Se alejó riendo.
     Giró para dirigirse al baño y dio de lleno con la última persona que esperaba encontrarse.
     —Kytara —miro hacia la cama y vio al hermano—. Dhestroyer.
     Quedó de piedra, tenía ganas de correr hasta la cama y ponerse delante de Butch para protegerlo.
     —Su santidad —dijo a la vez que hacia una reverencia. Butch desde la cama, trató de levantarse pero un movimiento de la mano de la Virgen Escriba se lo impidió.
     —Su santidad —sólo logró decir.
     —Por lo que veo, Kytara, has seguido mis órdenes —miraba las bandejas, las gasas, las cintas y medicamentos que recetó Havers para la rápida cicatrización. Ya que sabía del pequeño problema que tenia Butch con su alimentación.
     —Bien por ti, hermana.
     —Gracias, Mi Señora —todavía le costaba respirar y calmarse
     —Ella me cuida como una gran enfermera, Su Santidad —dijo Butch desde la cama.
     —Lo sé, guerrero, no tienes que defenderla. Kytara, aunque ella no lo quiera reconocer tiene mucho de su madre.
     Tiró de la capucha de la túnica que la cubría hacia atrás y una luz resplandeciente iluminó la estancia.
     —Fue mi mejor elegida, delicada, eficiente y entregada a la causa. Cuando la perdí, fue como si una parte de mí me hubiera dejado, pero nunca me arrepentí de habérsela entregado a tu padre, ya que él la protegió y amó más que a nada en este mundo —suspiró alejando esos recuerdos—. Fue muy injusta el destino con el final de sus vidas y al dejarte sola en este mundo —se acercó a Kytara—. No te voy a mentir diciéndote que no me hizo muy feliz tenerte a mi cargo. ¿Qué iba a hacer con una criatura a mi cargo? Pero cuando te vi, fue verla a Shanna y te tomé bajo mi ala —con su mano toco una mejilla de la guerrera—. Y cuando me di cuenta de tu poder, del destino que ibas a tener, no me pareció justo que la historia se repitiera en ti, por eso la consagración hacia mi persona. Te tenía que proteger —volviendo su rostro a Butch volvió a hablar—. Ella sabía desde un principio que iba ser castigada si alguien profanaba su cuerpo, entregando algo que me fue dado. Al tomar su lugar, guerrero, demostraste hasta que punto la amas y que al lado tuyo va a estar amada y protegida.
     Tomando la mano de Kytara, fue hacia el lecho y con su otra mano tomó la de Butch, uniendo las dos delante de su persona, en una clara señal de que les daba su bendición.
     Unas lágrimas rodaron por el rostro de la guerrera, no sabía qué decir, era todo muy fuerte.
     —Ahora alimenta a tu hellen, que te necesita.
     Se subió  la capucha, pero antes de irse se acercó a la cama.
     —Dhestroyer, dejo a tu cuidado la joya de unos amigos, era su bien más preciado —dicho esto,  desapareció con un destello.
     Ambos quedaron mirando el hueco donde antes había estado la Virgen Escriba y sus manos que seguían unidas. Kytara giró para mirar  Butch, su cara lo decía todo, y era tan graciosa que le provocó una risa. Más que nada por la felicidad del momento.
     Butch tiró de ella hacia él, provocando que cayera sobre sus rodillas.
     —¿Se puede saber cuál es la gracia?
     Esta era la primera vez que su pequeña estaba tan feliz. Y se notaba en cada uno de sus rasgos.
     —Tú.
     Butch la miró sin entender.
     —Tú me causas gracias, tú me haces feliz, tú me haces llorar y tú me haces amarte —cerró estas palabras con un beso, que gracias a todo lo vivido se fue haciendo muy íntimo. Llevándolos a quedar abrazados sobre la cama, las manos de Butch recorriendo el cuerpo de Kytara, que era tan conocido por él. Cada centímetro había sido explorado y catado por su paladar.
     Kytara tampoco había perdido tiempo, sus manos recorrían suavemente los surcos dejados por el látigo, con cada una de ellas se tomó su tiempo, dándose cuenta que eso no era suficiente se levantó de la cama poniéndose de rodillas y dijo:
     —Date la vuelta.
     Él viéndola así, y tan deseoso de saber qué quería, le hizo caso.
     Boca abajo sintió que ella se sentaba a horcadas a  la altura de sus muslos sin apoyarse sobre él, sintió sus manos recorrer cada una de las marcas.
     —Me sentí morir cuanto tomaste mi lugar.
     Él quiso hablar pero no lo dejó.
     —Tu piel fue marcada por mi causa y es mi deber curarla —entonces sus labios tomaron el lugar de las manos.
     Recorrieron la primera cicatriz suavemente, logrando que los ojos de Butch se llenaran de lágrimas, nunca creyó que ella fuera capaz de semejante ternura y que él fuera el destinatario.
     Cada una de sus heridas tuvo el mismo tratamiento y cuando estaba por la última a la altura de la cadera, Kytara fue más allá y le dio un mordisco en el trasero, haciendo que diera un respingo sobre la cama y que soltara una risita. Logrando que en un rápido movimiento Butch se diera vuelta cambiando de posiciones.
     —Que te puedo decir, siempre quise hacerlo —soltó otra risita al ver la cara de circunstancia de Butch y el estado en que lo había dejado.
     —Así, entonces no te sorprenderás cuando yo te haga lo mismo —contestó él, y la besó muy fuerte, su lengua la recorrió como siempre le gustaba hacerlo, logrando que ella se excitara. Su miembro la penetró sin consideración, pero no se preocupó, ya que ella estaba más que lista, esperándolo. Lo recibió con un jadeo, envolviendo sus caderas con las piernas para retenerlo.
     —Te tienes que alimentar —logró decir entre las embestidas que iba recibiendo—. ¡Oh Dios! —Tomó su rostro entre sus manos y se miraron a los ojos—. Lo tienes que hacer.
     Viendo la resolución en los ojos de ella, Butch buscó su cuello, que tantas veces había besado deseando poder beber de él.
     Con sus labios recorrió la vena principal, luego con la punta de la lengua, la recorrió anticipando lo que ambos deseaban, entonces sintió crecer sus incisivos el triple de su tamaño habitual.
     Con un movimiento de cadera se hundió más en ella, logrando que Kytara arqueara más su cuello, ofreciéndoselo como una dulce copa de vino. Entonces bebió de ella, primero con desesperación, ya que su sangre al ser tan antigua y pura era un néctar de los dioses. Cuando sintió en su cuello la suave mano de Kytara, aflojó su agarre, haciendo de esta experiencia lo más erótico que había vivido en su vida. En ningún momento había dejado de moverse haciendo de cada penetración una nueva experiencia para ella. Cuando ella estaba por el tercer orgasmo, terminó de beber pasando su lengua para que cortara el flujo. La miró viendo en sus ojos la felicidad de su pequeña.
     —Te amo, Kytara —y con una fuerte embestida, ambos alcanzaron el clímax.
     Butch cayó con todo su peso sobre Kytara. Después de unos minutos se quiso retirar, pero ella no se lo permitió.
     —Quiero dormir así, como estamos, contigo dentro de mí y sentir que no te apartas de mi lado.
     Butch sonrió y le dio un tierno beso sobre los ojos que ya estaban medios cerrados por el sueño.
     —Tus deseos son órdenes, pequeña —y con una mano tomo la sábana que estaba sobre los pies tapándolos a ambos, se acomodó mejor para que ella estuviera cómoda.
     Y ambos se durmieron.


Continuará...

Tags: