Autor Tema: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )  (Leído 8086 veces)

willow

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #75 on: Julio 10, 2009, 12:02:46 am »
Me a encantado chicas  emot027 emot027 por fin mi pareja faborita en accion aunque :emot017: sufro por lo que insinuasi sobrfe Nessa, no me digais que es mas o menos como Z pero en femenino que trauma.
Desenado el siguiente  emot024 emot024

Deppie

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #76 on: Julio 10, 2009, 11:30:15 pm »

 emot040 emot040 emot040 HOY ES EL DIA!!!  emot040 emot040 emot040

Chicas lo prometidoo ..... emot025

besitos  emot024


vichyta

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #77 on: Julio 11, 2009, 07:01:23 pm »
Disculpen la tardanza...
Tuve algunos problemas ayer y no lo pude subir... emot026

Pero ya esta... un capitulo más... subido de tono :emot009:



CAPÍTULO 13

Hacía una semana que Butch no veía a Kytara y eso lo tenía preocupado.
Le había mandado a decir con Fritz que no podría asistir a las prácticas.
Cada vez que se acercaba para hablarle, ella buscaba una excusa para irse; si no era una de sus hermanas que la necesitaba, era algo que no había entendido de las clases de Phury o Vishous.
Eso lo volvía loco. Desde la última vez que habían estado juntos, había tenido la sensación de que estaba haciendo avances con ella. Pero no, otra vez recibía un portazo en el rostro. Ya estaba cansado de las hembras.
Primero Marissa con su frialdad y su manera apasionada de entregarse, pero luego, cuando pretendía sacar a la luz aquella relación, escapaba y tenía por toda respuesta un "Lo siento".
Pero no pasaría otra vez por ese papel. La guerrera le debía una explicación.


Kytara se encontraba en el gimnasio practicando con la bolsa de boxeo un poco de Kick Boxing, era uno de los deportes que más le gustaba.
Se lo había enseñado Butch.
Maldición. Otra vez pensando en él.
¡Ya basta! Se dijo mentalmente, reanudando la práctica.
Estaba tan concentrada en sus ejercicios que no escuchó que la puerta del gimnasio había sido abierta y luego cerrada con una traba.
—Por fin te encuentro —Butch la miraba, no podía dudar que era hermosa, ese cabello negro que enmarcaban una cara ovalada y sus ojos que en ese momento no expresaban nada.
—Perdón…
—No, guerrera, quiero que me digas en este preciso momento por qué estás huyendo —lo dijo sin dejar de mirarla y sin aminorar la marcha hacia ella, quería que se lo dijera mirándole a los ojos.
—Yo no huyo de nadie, guerrero, que eso te quede claro —dijo clavándole un dedo en el pecho. Butch lo retiró de un zarpazo.
—Entonces dime, ¿por qué te escondes? —Preguntó tomándola de los brazos, no quería que escapara, quería tocarla.
—Primero y principal, quítame las manos de encima —sus ojos empezaron a pasar de su habitual azul a un violeta tormentoso—. ¿Quién te crees que eres para venir y hacerme preguntas? —Le gritó con rabia, ya cansada.
—Sé que no soy nadie para ti —le soltó él con rabia, pero no se iba a ir hasta que no aclararan todo—. No, que memoria la mía —miró hacia arriba como invocando a un ser divino—. Ahora lo recuerdo, soy sólo un híbrido, ¿no? Eso fue lo que me llamante la primera vez y eso es lo que soy.
—Se nota que tenía razón —gritó, el aire en la habitación se había empezado a cargar, estaba pesado como si de repente un volcán estuviera a punto de hacer erupción—. ¿Por qué no te vas y me dejas tranquila?
—No hasta que me contestes —solo quería eso, saber el por qué de su cambio para con él.
—Ok, si el señor lo quiere, se lo diré: He estado pensando y me doy cuenta que no estoy avanzando con tus enseñanzas, que no me siento cómoda contigo y que quiero a otro entrenador. ¿Ya estás feliz?
—Con que era solo eso. Pero no entiendo, ¿no te sientes cómoda con esto? —La tomó de los brazos y la acercó a su cuerpo—. Y quieres que otro te enseñe… ¿así? —Y tomando con una mano su nuca, unió sus labios, en un salvaje beso. Era para demostrarle que le pertenecía, que ningún otro macho la tocaría. Quería marcarla.
Kytara se podía resistir a todo pero no a los labios de Butch y se entregó gustosa a su boca, a esa lengua que entraba y salía. Lo quería más cerca, quería sentir su piel, recorrer con sus labios su cuello, sus pectorales, ese abdomen y tomar con sus manos su sexo, demostrarle cuanto lo deseaba, pero maldita fuera la Virgen Escriba.
Jamás podría ser. Dándose cuenta de esto, lo abrazó y lo acercó más a ella.
Butch, al sentir el cambio en Kytara, la alzó llevándola hacia los vestuarios donde se sentó en un banco con ella a horcadas. Quería tenerla más cerca, pero las ropas se lo impedían. Volvió a capturar sus labios, e introdujo su lengua comenzando una danza erótica, quería enloquecerla, sus manos recorrían sus piernas, subiendo por sus caderas yendo hacia su trasero firme y redondeado y lo acarició con sumo placer, luego recorrió su espalda por debajo de la camiseta que le quitó, quedando solo en sujetador, y ocultando esos senos que hacían un vaivén con la respiración agitada de Kytara. Con su boca trazó un recorrido desde su cuello hasta sus hombros, deteniéndose sólo unos segundos para saborear su piel, tan suave y tersa. Con sus dientes hizo a un lado la tira del sujetador, y con su mano lo deslizó hacia un costado, tomando posesión del seno con sus labios.
Kytara soltó un suspiro. Por el amor de la Virgen Escriba, esto era el paraíso. Ese macho sí que sabía hacer sentir a una mujer hermosa, sería un maravilloso hellren, pero no el suyo. ¡Stop! No ahora, no esos pensamientos, vive el momento, Aire.
Pero ya era demasiado tarde, algo se había enfriado y Butch lo sintió.
¡No! ¿Por qué? Si estaba tan cerca, por fin Kytara iba a ser suya y jamás la iba a dejar ir. La abrazó con fuerzas, esto no podía acabar.
—Déjame ir, Butch —su voz sonaba rara, como sosteniendo un sollozo.
—¡No! —Lo dijo de forma posesiva. Si la soltaba, ella se marcharía.
—Es lo mejor, ¡suéltame ya! —Le gritó y en su rabia convocó su poder.
Fue como si un tornado se hubiera metido en el vestuario. Las puerta de los casilleros fueron arrancadas de ellos, algunos volaban y se estrellaban contra las paredes, los bancos eran alzados siendo partidos en dos como palitos de brochet. Kytara fue alzada del regazo de Butch por una mano invisible, siendo mantenida en el aire, ella era el centro de todo, y todo ello giraba a su alrededor.
Poco a poco las cosas fueron cayendo, totalmente destrozadas, pero Kytara seguía suspendida.
—Por tu bien, no quiero que te acerques nunca más a mí —y con eso, desapareció.
No lo podía creer, se había ido y solo le había dicho eso. Pero no, esta era la última vez que jugaban con él.
—¡Maldita seas, Kytara!


Kytara se desmaterializó directamente hacia el otro lado. Esto tenía que terminar, el grito de Butch todavía la perseguía.
Solo si él entendiera su situación.
Pero ya era tiempo de ser feliz, de vivir, por fin había encontrado a un macho que la apreciaba. Ya no quería esperar más, ya no lo quería hacer esperar.
Era el tiempo de la verdad.
¿Dónde demonios se encontraba la Virgen Escriba? Miraba para todos lados, solo veía la soledad del lugar.
—Kytara, ¿qué haces aquí? —la voz vino desde su espalda, era ella—. Todavía estoy a analizando quien será el macho que te alimentará.
Solo la miró.
—No he venido a eso —escupió las palabras—. Vine a decirle que no quiero que sea otro el que me alimente, sólo quiero a Butch.
—El hermano Dhestroyer ha sido descartado —hizo un ademán con sus manos, rechazando las palabras de Kytara.
—¡No! ¡No quiero a otro! —Gritó desesperada—. ¿Por qué me lo haces tan difícil? —Sentía los ojos cargados de lágrimas.
—No tengo por qué contestar, Kytara —en su voz se notaba el descontento por la pregunta de la guerrera.
—Sí, me lo debe por la memoria de mi madre, por lo que ella hizo por usted.
Sus poderes estallaron, eso había sido demasiado, ya nada la podía controlar, el viento, el aire y la energía del lugar tomaron forma en su cuerpo, ellos se encontraron y se unieron en la pelea de Kytara, pero en este momento era Aire, la Hermana, una de las primeras.
La Virgen Escriba, al ver esto, temió lo peor. Tendría que ponerla a dormir o en el peor de los casos, destruirla, ya que si una de ellas se revelaba, las demás no tardarían en hacerlo y esto llevaría el exterminio de la raza ya que dudaba que los Hermanos las pudieran detener.
—Ya basta, Kytara, ¡te ordeno que te detengas!
—¿Tú me ordenas? Entiende esto, mi consagración hacia ti ya ha terminado —de repente, lo blanco se volvió gris. Una tormenta de proporciones bíblicas se estaba formando y ninguna sabía en qué terminaría—. De ahora en adelante, ya no tienes mi respeto, ¡ya no soy de tu propiedad! Voy a vivir mi vida como se me plazca —su voz eran truenos que resonaban en el caos que había armado.
—Desde el primer momento supe que el hermano traería problemas. Todo esto es por él, ¿no es así?
—¿Y a usted qué le importa?
—Pareces una perra en celo, digna hija de tu madre.
—¡No meta a mi madre en esto! —De su mano salió una ráfaga de viento, queriéndola herir por ese insulto.
—¡Aire, no! —Fue el grito de Nessa. Sus hermanas habían aparecido al sentir el cambio y temieron por su vida.
—Por lo que más quieras, contrólate —Raysa trataba de aminorarla con sus poderes.
—¡No vale la pena, hermana! —Le gritó Leliel.
En el fondo sabía que tenían razón, pero esta era una batalla que quería librar desde el momento en que permitió que Butch entrara a su vida. La esclavitud llegaba a su fin.
Sus hermanas siempre lograban tranquilizarla, y esta vez no fue la excepción.
Poco a poco sus poderes se fueron normalizando, haciendo que todo a su alrededor volviera a la normalidad. Sólo los rasgos desencajados en el rostro de Kytara eran el testimonio de su furia.
Respirando profundo, las miró.
—Tienen razón, no vale la pena —y así como apareció se pudo controlar, ya se sentía libre—. Pero quiero que sepa, “Su Santidad”, que ya no la voy a servir.
Dicho eso desapareció, ahora solo importaba encontrar a Butch.


Ya con esa, era la sexta vaso de vodka que tomaba y no le hacía efecto. Quería emborracharse y olvidar a Kytara.
Pidió otra ronda al barman del ZeroSum.
—Ey, poli, ¿qué haces por estos rumbos? —Preguntó Vishous—. Te hacía con tu guerrera.
—Ella no es mía —otro trago—, y dudo que le siga enseñando.
—¿Ahora tú? ¡Esto es una epidemia! —Se sentó al lado del hermano
—Ojala fuera eso, pero lo dudo, V —joder, como se terminaba la bebida y todavía la recordaba, la sentía como si estuviera en ese momento con él.
—¿Butch?
Hasta la oía. ¿Qué era lo que estaba tomando? ¿No habría estado mezclado con algo más?
—Butch.
—Poli, te hablan —V lo codeó y cayó en la cuenta de que era verdad, ella esta ahí. Se dio la vuelta para confirmarlo. Era verdad, allí estaba, había algo distinto en ella.
—Necesito hablar contigo.
Definitivamente algo había pasado.
—Creí que había quedado todo claro en el gimnasio.
¿Por qué tenía que venir ahora, justo cuando estaba logrando su objetivo?
Sintió que su rostro ardía, ya que miró a Vishous, y por su cara, sabía que entendía de lo que hablaba Butch.
Se armó de valor.
—Solo quiero explicarme y que me entiendas —sólo escúchame por favor. Esas palabras no las pronuncio, era demasiado. Ella jamás iba a rogar.
Butch sólo miraba su trago, mirarla a ella sería ceder. Recuerda a Marissa y su traición, ella es igual. En el fondo sabía que era mentira, no se parecían en nada, Kytara era todo lo contrario.
—No me quieres escuchar… ¿Es tu decisión? —Ella ya se había expuesto, y sería la última vez.
—Sí, sólo queda decirle a Wrath que ya no seré tu instructor —de un solo trago se vació el contenido del vaso.
Kytara sintió que su corazón se partía. Era lo que se merecía por haber jugado con él, por haberle permitido que la abrazara, la besara de esa manera, lo había perdido por seguir las órdenes de una perra frígida.
—Ok, lo entiendo —se dio la vuelta y se marchó, quería correr y esas malditas lágrimas, ya no las podía contener.
Salió del bar, empezó a caminar sin un rumbo definido. No quería ir a la mansión, sus hermanas seguro la estarían esperando. Las quería, pero ahora no podía hablar, solo quería alejarse de todo y olvidar.
Ya se había alejado unas cuantas cuadras, cuando escuchó un grito y olió ese aroma de talco de bebé, como le decían los hermanos, que solo significaba una cosa: Lessers.
Llamó al viento, pidiéndole que la guiara hacia ellos. Su hermano de batalla acudió a su llamado y la transportó hacia el civil.
Los lessers que lo estaban atacando eran tres, pero por lo que se veía eran unos novatos.
No la vieron venir y cuando les cayó encima entablaron una pelea, era la primera vez que Kytara podía implementar lo que aprendió con Butch y por la paliza que les estaba dando, era muy buena.
Tomó a uno de los lessers de la cabeza y con un rodillazo en pleno estómago, lo dobló en dos. No le dio tiempo a recuperarse, cuando le clavó la daga en pleno pecho, convirtiéndolo en cenizas.
Otro vino desde atrás, tratando de tomarla del cuello. Con un salto y una voltereta en el aire, pasó a un costado, poniéndose lejos del atacante. Por el rabillo del ojo, vio que el tercero le apuntaba con un arma. Cuando apretó el gatillo, la bala se dirigió directo hacia ella. Con un movimiento de la mano, desvió el proyectil, y lo hundió en el pecho del segundo lesser, provocando que se desintegrara, y usando su otra mano tiró su daga hundiéndola en el que faltaba.
Terminada su pelea, se encaminó hacia el civil que temblaba de miedo. De repente, sintió una picazón en su espalda. Cuando llevo la mano hacia la zona, tocó el proyectil: era un dardo con droga y estaba haciendo efecto de una manera rápida y efectiva.
Había apareció un cuarto lesser, y con lo último de sus fuerzas Kytara miró hacia donde había estado el civil, agradeciendo el que hubiera podido escapar.
Lo último que escuchó antes de desvanecerse fue:
—Es una de ellas. El Omega estará contento.


—¿No fuiste un poco duro? —Preguntó Vishous. No le había gustado nada ver las lágrimas en los ojos de Kytara.
—Si supieras todo lo que me hizo, no dirías eso —joder, la bebida ya sabía gusto a agua, ya no servía—. Por las dudas, ¿no tienes algo más fuerte?
—No, y fuiste una mierda, poli —no se daba cuenta lo que esta perdiendo al dejarla ir—. Ella sólo te pidió que la escucharas.
—Maldición, V, ¿desde cuándo eres un consultorio sentimental andante? —Muy en el fondo, sabía que su hermano tenía razón, pero por una vez quería que ella sintiera en carne propia lo que había sentido él con cada rechazo.
De repente la multitud en el bar se empezó a agitar, un civil había entrado corriendo pidiendo ayuda y fue directamente hacia ellos cuando los vio.
—Por favor, ¡ayúdenla! —Gritó desesperado.
Butch tuvo un mal presentimiento. No podía ser ella.
Salió corriendo del bar con el celular en la mano, tratando de marcar el número de Kytara, pero solo le respondía la casilla de correo. Por amor a la Virgen Escriba, que no sea ella.
 Ella te necesita, ¡corre!

Una voz apareció de la nada, quería guiarlo, pero no había nadie.
¿Quién eres? Preguntó mentalmente, ya que por el rostro de Vishous, solo él la estaba escuchando.
Eso no importa, solo confía.
Y así lo hizo. Cuando llegaron, la vio desvanecida en los brazos de un lesser, que con ayuda de otro, la estaban subiendo a un auto.
Preso de una ferocidad, emprendió la pelea. Nadie se la iba a llevar, y menos esos sucios bastardos. Luchó como si el diablo se hubiera apoderado de su cuerpo, desgarró, destrozó, ellos la habían tocado, y eso jamás se los iba a perdonar.
Sólo por un segundo paró la carnicería. Kytara estaba despertando, a su lado se encontraba Vishous, cuidando que no llegaran más lessers, y sabiendo que esta era pelea de Butch para defender lo suyo.
Una vez estuvieron todos acabados e inmovilizados, los absorbió.
—¡Hey, poli! Está despertando.
Kytara había abierto los ojos en el preciso instante en que Butch absorbía a los lesser. Era algo que no sabía y no entendía. Pero eso no importaba, él estaba allí. Sintió su caricia en el rostro.
—¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? —Kytara trató de hablar, pero no podía, solo negó con la cabeza—. ¿Quieres que llamemos a tus hermanas? —Otra negación.
Tragó saliva y solo articuló:
—Quiero estar contigo.
Sintió que el alma se le llenaba de dicha. La tomó en sus brazos y le dijo a Vishous:
—Nos vemos en la mansión —y se fue con la guerrera en brazos, solo ellos dos sabían lo que les deparaba la noche.

—¿Segura que estás bien? —Ella sólo volvió a asentir con la cabeza. La colocó sobre la cama en su cuarto del Pit, la había llevado directamente a su casa, que compartía con Vishous—. Voy por un vaso con agua —se fue y Kytara se dedicó a inspeccionar la habitación. Nunca había estado en el cuarto de un macho y no quería perderse ni un detalle.
—Aquí tienes, toma… —sólo le dio un sorbo, ya los efectos de la droga estaban pasando, y por como estaba respondiendo su cuerpo, se dio cuenta que no habían usado mucha sustancia en ella, tal vez porque no pensaron que era una guerrera.
—Es… —su voz sonaba rara—. ¿Es tu cuarto?
—Sí, fue el primer lugar al que se me ocurrió traerte —y donde quería que estuviera siempre—. Pero si quieres, te llevo al tuyo.
Dejó el vaso sobre la mesa de noche.
—No, aquí estoy bien —lo miro y sintió que era la hora de la verdad—. Butch. En el bar yo… solo quería decirte… Lo siento —ya estaba, se lo había dicho.
Lo que menos esperaba Butch en ese momento fueron esas palabras, lo tomaron por sorpresa, y lo dejaron más confundido.
—¿Qué es lo que sientes?
Kytara bajó la mirada.
—El haberme comportado contigo de esa manera. Sé que estuvo mal pero…
—¿Pero qué, Kytara? —Por la Virgen Escriba, quería saber la verdad de una vez por todas.
Lo miró.
—No sabía como actuar hacia lo que me hacías sentir, esas ganas de besarte, de entregarme a tí, de ser tuya. Butch, yo nunca estuve con un macho.
Nunca unas palabras lo habían puesto tan a mil, sin embargo, ella lo logró.
Pero rápidamente cayó en la cuenta de lo que nunca había creído posible. Era virgen, su pequeña guerrera era una virgen.
El macho en el se llenó de orgullo. Sería suya, de nadie más, le enseñaría a amar, a desear sus caricias y que solo él la penetrara, para que jamás pensara en otro. Solo mía.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque tenía miedo a la replica de la Virgen Escriba —bajó la mirada.
—¿Y qué tiene que ver ella en todo esto? —Ahora sí que no entendía nada de nada.
—Fui consagrada a ella cuando nací. Mi madre fue una Elegida muy querida y fue dada a mi padre. Cuando me tuvieron, quedó escrito que yo tomaría el lugar de Elegida, pero el destino decretó otra cosa: al morir mi padre y yo ser su única descendiente, fui convertida inmediatamente en guerrera y entrenada para la causa. Fui hija de unos de los mejores guerreros de nuestra raza y tenía que tomar su lugar al igual que mis hermanas. Lo que ayudó más fueron estos poderes que vinieron como plus.
Ahora la entendía y se sentía una bestia por haberla tratado de la manera en que lo había hecho. Si solo hubiera sabido, las cosas serian distintas.
—¿Y ahora esto en qué cambió? —Se acercó a ella, ya no podía estar alejado.
—Que quiero ser tuya y no me importa nada más, ya soy libre.
Se levantó de la cama acercándose a él, ya era el momento y no podía arrepentirse.
Tocó con una de sus manos una de las mejillas de Butch. Le encantó su tacto, recorrió su cara deteniéndose en sus labios, los que tanto la hacían suspirar y querer que la recorriera por todo el cuerpo. Poniéndose de puntillas reemplazó su mano por sus labios, dándole un casto beso. Luego se retiró.
Mirándolo fijamente, tomó la iniciativa quitándose la camiseta, solo hizo falta esa señal para que Butch entendiera su decisión.
Se acercó a ella, tomándola por el rostro la besó, demostrándole todo lo que la deseaba, con sus manos recorrió su espalda, deteniéndose en su cintura, y luego subiendo había su sujetador corriéndolo lo suficiente para dejar sus pechos al descubierto, dedicándose a degustarlos con sus labios. De la boca de Kytara solo salían suspiros, ya no podía tener las manos quietas. Se tomó la tarea de descubrir el cuerpo de Butch, y allí donde tocaba solo encontraba músculos. Ya desesperada, rasgó la camisa que cubría el torso del guerrero, quería lamerlo por entero y así descubrir el sabor de su piel. Con sus labios fue recorriendo su cuello, su sangre era tan deliciosa. Pero bebería más tarde. Apartándose un poco, fue bajando hasta llegar a su cintura, se podía apreciar sobre su pantalón el deseo que sentía Butch. Esto le hizo agua la boca, pero ahora era más interesante descubrir el cuerpo del macho. Desabrochó su pantalón y tomándolo de la cintura junto con su boxer, se los fue bajando lentamente, dejando al descubierto su masculinidad. ¡Por la Virgen Escriba, era enorme! Un temor recorrió su cuerpo, ¿y si no cabía? No quería decepcionarlo. Lo tocó con su mano, recorriéndolo. El cuerpo de Butch se estremeció. Soltó un gruñido que la atemorizó.
Viendo el temor en los ojos de Kytara, la volvió a besar, penetrando con su lengua su boca y tratando de transmitirle confianza, él se encargaría de que todo fuera perfecto.
—Todo saldrá bien, Kytara, confía en mí.
Ella lo besó, entregándose por entero, entonces Butch la terminó de desnudar, bajándole los pantalones junto con la ropa interior, sacándole las botas y dejándole un sendero de besos desde la cintura hasta la cadera.
Desesperado, la levantó a horcajadas, envolviéndose la cintura con sus piernas, tomando con sus manos su trasero, fue hacia la cama.
La recostó, no podía dejar de admirarla, le parecía increíble que ella estuviera allí.
—No te imaginas las veces que te soñé aquí, conmigo —con su mano recorrió su rostro.
—Entonces hagámoslo realidad —tomó su cara besándolo.
Con sus manos y boca se tomó la tarea de recorrer el cuerpo de Kytara; por donde pasaba dejaba un pequeño mordisco marcándola como suya. Fue bajando lentamente, bañándola de besos. Se detuvo sobre su cintura, le rindió tributo a su piel suave y lisa, el aroma que desprendía era el de una mañana de primavera, como si todas las flores se hubieran juntado en su piel. Con una de sus manos separo sus piernas, internándose en el centro mismo del placer de la guerrera. Al sentir esto, Kytara arqueó su cuerpo rindiéndose a sus caricias, a la maestría de su lengua que jugaba con ella.
—¡Oh! ¡Butch! —Suspiró Kytara.
—¿Qué pasa, pequeña? ¿Quieres que me detenga? —Dijo juguetón y se internó en sus muslos continuando con sus caricias.
Enterrando sus manos en sus cabellos, tirándolos, lo amenazó.
—¡Si llegas a detenerte ahora, juro que te mataré! —Le gritó, presa del orgasmo que sentía explotar en su cuerpo.
El muy engreído soltó una risita, orgulloso de haberle provocado su primer orgasmo, el cuerpo de Kytara se sacudía en pequeños espasmos.
Entonces tomándose su tiempo, empezó a ascender hasta quedar cara a cara. El rostro de su guerrera era el vivo retrato de la felicidad. Depositando un beso en sus labios y acariciándola la volvió a encender, ahora sí seria suya.
Para Kytara esto era un sueño hecho realidad, por fin lo iba a sentir dentro de su cuerpo, por fin sería suya.
Abrió las piernas para darle espacio a Butch, quien se acomodó, sentía la entrada de la vagina con la punta de su pene. Estaba mojada, esperándolo, dándole permiso para ser parte de ella.
Con un movimiento muy suave entro solo su punta en ella, para ir preparándola, Kytara soltó un suspiro, otra envestida más, y entró otro poco, ahora sus muslos se tensaron.
—Tranquila, bebé —salió de ella y volvió a entrar un poco mas.
—¿Falta más? —Preguntó entre jadeos. La estaba matando, no creía que fuera capaz de resistir más.
Otra envestida más, esta vez lo sintió más dentro de ella.
—Bebé, esto te va doler, te juro que no quiero —dijo Butch entre dientes, estaba haciendo un gran esfuerzo por ser delicado con ella, era su primera vez, quería que la recordara por siempre.
Kytara al oírlo, sintió los ojos llenos de lágrimas, se lo agradeció con un beso, moviendo con una leve ondulación su cadera para poder sentirlo más adentro. Con una embestida más fuerte, rompió el himen, símbolo de su virginidad. La recorrió un dolor, pero no pudo aminorar su deseo.
Estaba quieto, esperando que el cuerpo de su pequeña se acostumbrara a él, ya no creía poder soportar más, entonces Kytara empezó a mover las caderas pidiendo más. Quería que él alcanzara su placer.
Butch comenzó un vaivén de caderas, entrando saliendo y en cada acometida ella lo acompañaba con delicados jadeos y suspiros, se besaban, se acariciaban y volvían al ritmo, en ningún momento se detuvieron. Entonces arqueando su cintura, se descargó dentro de Kytara, soltando un alarido de macho, marcó su territorio. Mía, ¡por fin!
Y a su vez Kytara lo admiraba, ella había sido la causante de su orgasmo. Una sonrisa cruzó su rostro antes de que llegara el suyo.
Cayó sobre su cuerpo, aplastándola, pero extendió un brazo para no ahogarla. La miró. Era hermosa, sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios hinchados, muestra de haber sido torturados por sus besos; sus ojos estaban cerrados, tenía las pestañas mojadas por las lágrimas derramadas al momento de alcanzar su orgasmo. Le provocó tanta ternura que no pudo resistir el depositarles un beso sobre cada uno, provocando que los abriera, una sonrisa asomó por ellos.
—Eres mía.
Kytara tomó su cara entre sus manos, su guerrero. Sus cabellos estaban mojados por el sudor, pegados a su rostro, tan amado por ella, en sus ojos se leían su orgullo de haber sido el primero.
—Soy tuya.
Y él comenzó a moverse otra vez.
Esa noche era solo de ellos.

Un ruido metálico despertó a Kytara. Trató de levantarse, pero algo pesado tenía sobre el pecho, que le impedía moverse. Se giró un poco y se encontró de lleno con el rostro de Butch.
Estaba dormido, su rostro en reposo era una postal que nunca podría borrar de su mente. Bebió ese rostro hasta que cada centímetro quedó grabado en su memoria.
¡Dios! No lo podía creer, había hecho el amor con él. Todavía sentía en su piel las caricias, los besos, los mordiscos, aunque esto último fuera solo de ella. ¡Cielos, se había comportado como una perra en celo! Pero había sido feliz en cada momento.
Es más, ahora quería despertarlo para continuar…
Muy lentamente, fue moviendo el brazo de Butch para no despertarlo. Cuando por fin estuvo libre de él, se sentó en la cama.
Querida Virgen, ese cuerpo es un pecado. Se le hizo agua la boca. ¡Y todo mío!
Pensar que se dedicó toda la noche con su amanecer a conocerlo, recorrerlo con las manos, los labios, a degustarlo y conocer cada sabor de su piel y cuando por primera vez montó a horcajadas… el rostro lo tenía en llamas.
—Mejor una ducha —se bajó de la cama buscando el baño, al no ver otra puerta más que la del cuarto, supuso tenían baño compartido, lo que no recordaba era si vivía solo o compartía el Pit con alguien más.
Se envolvió el cuerpo con una camisa de Butch y se dirigió hacía la puerta. Cuando la abrió y descubrió el vestíbulo vacío, suspiró de alivio. Entonces se dedicó a buscar el baño, que resulto ser la primera puerta que abrió.
Se dio una ducha muy vigorizarte. Se estaba secando el cabello con una toalla cuando al salir se dio de bruces contra Rhage. Ambos quedaron mudos del asombro.
—Uf, disculpa, Kytara, no sabía que estabas en el baño —se dio la vuelta para marcharse y cayó en la cuenta de que la guerrera salía del baño después de pegarse un ducha. Cuando la volvió a mirar, ella le soltó:
—A ti no te importa y pobre de ti si abres la boca —y muy orgullosa, se marchó al cuarto de Butch.
¿Butch y Kytara? Pensó Rhage. Ver para creer…
—¡Joder! —Dijo Kytara, apoyándose en la puerta luego de escapar de la mirada del hermano—. Lo que me faltaba… Ahora seguro le va a contar a las hermanas.
—¿Quién va a contar a quién? —Se sobresaltó, Butch estaba despierto—. ¿Se puede saber dónde estabas?
—¡Epa! ¿Esa es un interrogatorio o solo me pareció? —Seguía en la cama, completamente destapado, pecaminosamente destapado—. ¿Te puedes cubrir un poco?
—No, gracias, y no sé de qué te avergüenzas si anoche estabas muy feliz de tenerme así —lo dijo muy sonriente, le encantaba ver como se ruborizaba su guerrera. Es más, le encantaban otras cosas. Por ejemplo, en este momento, su cabello mojado, sus ojos brillantes como si lo estuviera viendo a través de un cristal, sus labios gruesos, sonrientes. Inmediatamente tuvo una erección al recordar lo que le habían hecho esos labios… y ese cuerpo, todo curvas, líneas bien definidas, que en este momento se dejaban ver a través de la camisa que le llegaban a los muslos, esas piernas que lo envolvieron en plena pasión negándose a soltarlo.
—Anoche era otra cosa. Por favor, ¿te puedes cubrir? —Cada vez estaba más ruborizada—. ¡Butch!
—De acuerdo, mi señora pudorosa —se tapó con la sábana—. Conste que lo hago por ti.
—Lo sé, gracias.
—Ahora contestarás mi pregunta —dijo acercándose a ella.
—No.
—Kytara, ¿quién te vio? ¿Uno de los hermanos? —Se estaba enojando, no quería que nadie la viera, ella era de él… solo de él.
—Olvídalo, guerrero, no te lo diré —se acercó a él, moviendo seductoramente las caderas—. ¿Para qué quieres saberlo? —Ya estaban frente a frente. Estiró la mano y empezó a jugar con el borde de la sábana.
Butch la acercó a su cuerpo, para que sintiera su erección.
—Por nada, es solo que no me gusta que te miren otros machos —le dio un beso que demostraba su posesión hacia ella—. Eres mía, Kytara, y mataré a cualquiera que te toque —la volvió a besar y de un tirón le arrancó la camisa, la levantó en brazos, cayendo contra la puerta.
Ella le devolvía los besos de manera feroz, igualándolo en la pasión. ¡Virgen Escriba, lo que le hacía sentir! Estaban pecho contra pecho, vientre contra vientre, sus sexos se tocaban, pidiendo ser acariciados, saciados por el otro. La mano de Butch recorrió su sexo, elevando la temperatura de su cuerpo a niveles infernales. Con un dedo la penetró, imitando el acto de penetración.
—Butch… ¡Oh, Dios!
Kytara quería que sintiera la misma pasión que la consumía, entonces bajando una mano hasta su pene, lo tomó. Aunque anteriormente lo había tenido que hacer con ambas porque en con una no cabía, empezó un vaivén que hacían soltar gruñidos a Butch.
—Oh, pequeña… Sigue así… No pares…
Entonces cuando sintió que alcanzaba un orgasmo, la penetró. Sintió las piernas que lo envolvían y lo encerraban, como una prisión.
Con las manos la agarró del trasero, comenzando a entrar y salir de ella, en cada envestida, Kytara suspiraba y rogaba pidiendo más.
Con sus manos le recorría la espalda, los brazos, el pecho, esos músculos que tanto la fascinaban, su boca hacía un recorrido desde sus labios por su garganta hasta llegar a sus hombros, que parecían poder sostener a la humanidad entera.
Entonces sintió que un espiral iba recorriendo sus entrañas, con cada envestida de su guerrero iba creciendo, y llegó explotando en un tremendo orgasmo, clavándole las uñas en los hombros de Butch, soltó un grito, a la vez que él alcanzaba su propio clímax.
Ambos quedaron contra la puerta sudorosos, con las respiraciones agitadas, en sus cuerpos quedaban las marcas del amor compartido.
Cuando Kytara lo quiso soltar, Butch no se lo permitió. La abrazó más fuerte, llevándola a la cama, donde la depositó. Se acostó a su lado, atrayéndola hacia su cuerpo, acomodándola sobre su hombro y entrelazando sus piernas, la abrazó.
Kytara soltó un bostezo, esos ejercicios la cansaban de manera alarmante. Acomodándose un poco más, cruzó un brazo por la cintura de él, quería estar lo más cerca posible de Butch.
Él depositó un beso sobre su frente.
—Duerme, pequeña, que yo cuidaré tu sueño.
Ella sonrió adormilada.
—¿Lo harás? Entonces ten cuidado con mis fantasmas —bostezó.
—Por ti, me enfrentaré a todos.
Un escalofrío recorrió la espalda de Kytara ante sus palabras, un presagio de los tiempos malos que se avecinaban.
Antes de dormirse elevó un oración a los cielos: Por favor, que alguien escuche mi ruego, no permitan jamás que Butch se enfrente a la Virgen Escriba, ¡no lo quiero perder!
 Y se durmió envuelta en sus brazos.

Continuará...

^KenYa^

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #78 on: Julio 11, 2009, 11:28:11 pm »
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Mil gracias por el capítulo nuevo ainsss cada día estoy más enganchada

buffff no se si podré esperar para saber más  :emot015:

Pedazo escritoras  emot035

 emot024

NádiaEirenye

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #79 on: Julio 12, 2009, 12:12:10 am »
Woooooooooooow me encanta emot027 emot027

Sois excepcionales  :emot008:

alathea

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #80 on: Julio 12, 2009, 01:54:40 am »
 emot035 emot035 emot035 emot035 emot035 emot035 emot035

Me encanta la historia, seguid asi 

emot024

Deppie

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #81 on: Julio 12, 2009, 05:17:28 am »

por fin!!!!!!  emot040 emot040 emot040 emot040 emot040

Gracias chicas!1....estuvo genial.....

ahora ke pasa con las demas parejas?? emot033

Mi nessa y z?? emot022 emot022

esperare los demas capis!!!  emot025
besos emot024

vichyta

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #82 on: Julio 12, 2009, 04:15:10 pm »

Me alegro mucho que les guste...
Lamentablemente hay que esperar para las demás parejas... poco a poco van armando las historias o no :emot009: ya lo veremos.

 emot024

willow

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #83 on: Julio 12, 2009, 08:24:29 pm »
 emot027 emot027 genial me encanta aunque me pereja favorita es la de Nessa y Z pero esta genial como todo lo que habeis publicado.
 emot024 emot024

sonne

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #84 on: Julio 13, 2009, 09:32:02 am »
 :emot020: genial el capitulo

macky37

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #85 on: Julio 13, 2009, 08:39:26 pm »
Yo ya estaba loca por los hermanos,pero estas nuevas versiones estan fabuloxax!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! emot037 emot037 emot037

pauny

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #86 on: Julio 14, 2009, 04:34:21 am »
Son geniales, me faltaban capitulos por leer  xDDD
Amo la pareja de Nessa y Z
y con quien se queda Vishous y Phury??? xDDDD
aaa quiero seguir leyendo

Deppie

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #87 on: Julio 18, 2009, 10:55:36 pm »

emm....hola??...alguna nueva??....no??..nada???...ni un fragmento de capi???.... emot025 emot025 emot025

pliss...no nos abandonen a nuestra suerteeeee!!!......  :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:

Publiquen algoooooo......... emot030 emot030 emot030



vichyta

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 18/07)
« Respuesta #88 on: Julio 18, 2009, 11:30:43 pm »
Lo siento...  emot025
Acá les dejo el otro capitulo...
Juro que estamos cortas de tiempo y por eso nos estamos atrasando.

Gracias por esperarnos y leernos siempre.
 emot024


Espero que les guste el capitulo.

 emo 039



CAPÍTULO 14

Las cuatro hembras se encontraban en la cocina charlando de una gran cantidad de cosas sin sentido alguno. Desde que las despertaron habían tenido muchos problemas para compartir algunos minutos juntas y eso las estaba poniendo de muy mal humor, a algunas más que otras.
—Definitivamente creo que tendríamos que escaparnos —dijo Leliel mientras destapaba otra botella de cerveza—. No puede ser que si no es con ellos, no se pueda salir. ¿Quién mierda se creen que son para venir a prohibirnos salir? —Dijo muy molesta.
—¿Los reyes de su universo? —Kytara estaba cansada, hacía mucho que se debían una salida las cuatro—. ¿Creerán que somos unas idiotas? ¿Qué no nos sabemos defender? ¿Cuándo vamos a dejar de depender de ellos? —Le tendió su vaso a Leliel para que lo volviera a llenar—. Joder, yo quiero salir.
—Yo también —dijo Nessa, quien se puso de pie—. Vamos a buscar un poco de diversión. Que se jodan todos ellos —dijo más que segura de sí misma y encarando hacia la salida, mientras hacía que su ropa cambiara por un pantalón de cuero negro bien ceñido a su cuerpo, una camiseta sin manga gris y las típicas guillerminas en sus pies.
Leliel sonrió ante la actitud de su hermana.
—Por alguna razón te quiero tanto. Me gusta como piensas —dijo Leliel mientras con su mente cambiaba su camisón por una minifalda gris, un strapless negro y en sus pies conjuraba un par de botas tipo militar—. Andando. ¿Ustedes vienen? —Preguntó a Kytara y a Raysa, que todavía estaban sentadas.
Raysa sacudió la cabeza mientras contestaba:
—Pues salgamos entonces. Noche de hembras en el ZeroSum —dijo mientras un minishort negro y un corset rojo acompañados por unas botas negras aparecían en lugar de su ropa de entrenamiento. Esto definitivamente va a traer cola, pensó para sus adentros.
Kytara vació su vaso y miró fijamente a su hermana antes de contestar.
—Déjamelo pensar… Sí, voy —se cambió su pantalón pijama por uno de cuero negro, con una línea roja en los costados y suplantando la parte de arriba del pijama por una camiseta ajustada, marcando su silueta, en los pies se puso una botas texanas negras, y el cabello se lo recogió en una cola—. Y conste que no le pienso dar parte a Butch. Él cuando sale no me da explicaciones de sus actos, ya que la confianza está ante todo —lo dijo con una convicción que despertó la risa en sus hermanas.
Leliel dejó escapar una sonora carcajada.
—Más te vale. Después de esto, nos van a poner un GPS en el culo —dijo riéndose—. Total, sólo ustedes deben rendir cuentas, ¿no, Ness?
Raysa la miraba mientras decía con fingido tono ofendido:
—Disculpa, pero no tengo que rendirle cuentas a nadie —le retrucó mientras alternaba la mirada entre Leliel y Nessa, quienes la miraban con expresión sardónica en el rostro.
—No sé —dijo Nessa arqueando una ceja—. Yo no estoy vinculada con nadie —habló como orgullosa de su libertad.
—Tal cual —dijo Leliel, sacándole la lengua—. Se puede decir que somos dos hembras libres —dijo mientras la miraba con sorna.
Nessa se paró en seco.
—Ah… —la miró incrédula—. Si eres tan libre, ¿por qué Rhage duerme contigo todas las noches?
—Bueno, no sé de qué te quejas, si andas persiguiendo a cierto macho —la encaró Raysa con una sonrisita, con lo que se ganó como respuesta el dedo anular de su hermana.
Leliel sintió que su cara se volvía de miles de colores. Sacudió su cabeza y carraspeó.
—Estem… ¿Vamos a salir o a sacar trapitos al sol? —Preguntó mientras se rascaba la nuca.
—Vamos, antes de que empecemos a cavar nuestras propias tumbas —dijo Kytara mientras se ponía una campera.
—Totalmente de acuerdo contigo, Kytara —contestó Raysa mientras se cubría con una chaqueta larga negra.
Las cuatro iban caminando sigilosamente, de puntillas para que nadie se diera cuenta de que estaban escapando.
—¿Y si en vez de hacer el ridículo con estos pasitos de mierda, nos trasladamos hasta allá? —Preguntó Leliel, que no podía dejar de reírse por como todas caminaban.
—Es que esto parece más de complot —soltó una risita Kytara—. Aunque, ¿alguien aprendió ya a conducir? —Las cuatro se miraron entre sí, y comenzaron a reírse—. Mejor nos desmaterializamos.
En un parpadeo, las cuatro se encontraban en la puerta del ZeroSum.
—Bueno, esto realmente comienza a gustarme. ¿Entramos? —Les dijo Raysa mientras sonreía con picardía.
Cuando entraron las golpeó el sonido estridente de la música, aunque enseguida se acostumbraron sus sensibles oídos y se encaminaron a la mesa de la Hermandad, en el sector VIP.
Cada una tomó un lugar, llamaron a un camarero y pidieron las bebidas.
—Bueno es hora de ponernos al corrientes de las cosas que nos pasaron, ¿no? —Dijo Raysa, mientras miraba a sus hermanas.
—Bueno, es verdad, en este tiempo han pasado muchas cosas —dijo Kytara—. Te cedo el honor, Raysa. ¿Qué tal la relación con Wrath? —Tomó un trago, todas estaban pendientes de lo que iba a contestar su hermana.
Raysa las miró con los ojos entrecerrados prometiéndose vengarse por la jugarreta de Kytara.
—¿Por dónde quieren que empiece? —Preguntó mientras bebía de golpe su cerveza y sus mejillas se sonrojaban.
—No, no, por favor, ni se te ocurra contar detalles —dijo Leliel que simulaba taparse los oídos—. Con un “Todo bien” soy feliz —dijo para luego tomar de un trago su tequila.
—Todo bien —contestó Raysa, riendo.
—Obvio que los detalles del lecho quedan aparte —comentó Nessa, tomando su bebida—. No quiero tener pesadillas.
—Ya en serio, las cosas van bastante en serio, hermanas —dijo Raysa mientras las miraba por encima de su bebida.
—¿Qué tan bastante en serio? —Tiró su hermana tomando otro trago, mientras tiraba hacia atrás sus rebeldes rizos…
—¿De verdad lo preguntas? —Dijo incrédula Leliel—. Se vinculó en la primera noche, ¿qué tan en serio puede ir la cosa? —Exclamó aun sorprendida por el suceso. Dos de sus hermanas ya estaban vinculadas y se veían muy felices. Era una verdadera lástima que ella no corriera con esa suerte, pensó mientras le daba un sorbo a su cerveza.
Raysa miró atentamente a Leliel y a Nessa.
—Leliel, tú también lo harás, Nessa y tú realmente encontrarán la paz. No me preguntes como lo sé. Simplemente lo siento
—Muy bellas tus palabras, pero conmigo no van —dijo Leliel sin hacerle caso a Raysa. Ella más que nadie sabía de su imposible—. Ya vuelvo, voy al baño —dijo dejando a sus hermanas en la mesa.
—Ojala se cumpla, Raysa, pero sólo es un deseo, solo queda esperar —apurando su trago Kytara se levantó como un resorte del asiento—. Tengo ganas de menear el trasero, ¿alguna se une? —Y se encaminó hacia el centro del bar, donde una multitud de gente aclamaba a una banda local.
Raysa miró a Nessa, que no se había movido del lugar y tampoco había dicho una sola palabra.
—¿Quieres unirte, Nessa? —le preguntó, escudriñándola con la mirada.
Nessa negó.
—Vayan ustedes, yo paso —dijo, y volvió a su bebida, que sólo era un simple refresco. No le gustaba consumir cosas que atontaran sus sentidos. Aunque para eso, tenía a su hermana. Las palabras de Raysa habían calado muy profundo en ella. Podía sentir el frío en su interior, que era como el mar ártico. Oh, sí, ella era un estanque helado, que además estaba sumamente contaminado. Lo más parecido a la paz que podría llegar a tener jamás, era la felicidad de sus hermanas—. Anda, ve —le insistió.
Raysa miró la pista con añoranza. Hacía tanto tiempo que no bailaba… Con una risita, se unió a Kytara.
Ambas en la pista sobresalían, tanto por su belleza como por sus movimientos, que iban al compás de la banda, aunque a su vez eran un contraste de seducción, una rubia, alta, glamurosa pero a la vez irradiaba un aire de peligro. La otra castaña, más baja, sus movimientos seducían al espectador, pero a la vez manteniéndolos lejos de su mundo.
Leliel volvió del baño y se sentó junto a Nessa.
—¿Ya las perdimos? —preguntó, viendo como Kytara y Raysa bailaban muy entusiasmadas, mientras bebía de un solo trago su vodka.
—Sip, estaban muy entusiasmadas por bailar —dijo Nessa encogiéndose de hombros. Jamás había entendido la idea de bailar, cuerpos sudados, pegajosos… Sacudió su cabeza, alejando todo pensamiento—. ¿Te molestó el comentario?
Leliel negó.
—Nop. Supongo que después de tantos siglos ya me hice la idea, Ness.
Kytara y Raysa estuvieron un rato bailando en la pista y disfrutando. Volvieron a la mesa, las dos sedientas y muy sonrientes, hicieron señas para que les trajeran de beber.
—Hey, ¿van a quedarse aquí toda la noche? —Preguntó sonrojada por el baile Raysa.
Leliel la miró sin entender.
—¿Preguntas aquí por sentadas aquí o aquí por el lugar?
—Ambas cosas, Lel —le retrucó Raysa.
Leliel sonrió divertida.
—Oka, Ray —dijo siguiéndole el juego y dejando escapar una carcajada—Sip… A menos que quieran salir a divertirse un rato —comentó mirando a sus hermanas con ilusión de poder pelear.
—Cualquier cosa que no sea volver a la mansión, es bienvenida por mí, Leliel. Kytara, ¿qué dices? —Dijo mirando a su hermana—. ¿Y tú, Nessa?
Nessa sonrió.
—Todo sea por ustedes, saben que matar es mi pasatiempo favorito —dijo sonriente.
—Lo que sea —dijo Kytara tomando el último sorbo de su bebida y dejándolo con un sonoro ruido sobre la mesa—. Las sigo a donde vayan.
Leliel entrecerró los ojos.
—Ah, no. No, no. Señorita, volvemos a la mansión, dejamos el paquete —dijo señalando a Kytara—, y volvemos a salir.
—¿Qué paquete? ¿Tienes algún regalo para tu Rhage? —Dijo Kytara, encaminándose hacia la puerta del bar—. De acuerdo, vamos, pero yo no entro, no tengo ganas de que nos atrapen por tu regalo —le sacó la lengua a su hermana—. Además, la noche es joven y de seguro hay lessers que cazar.
Raysa sacudió la cabeza mientras todas iban empujando a Kytara.
—¿Cómo puede subirte tan rápido la bebida? —Le preguntó a su hermana.
Leliel le sacó la lengua también.
—Ningún paquete para Rhage. Tenía uno para el poli, pero supongo que él se lo pierde, ¿no? —Dijo siguiéndola hacia la calle.
—Primero y principal, nada de entrega para mi poli de ninguna de ustedes. Segundo, la que me empuja… ¿Qué? ¿No tiene estabilidad? Y tercero… ¿En verdad creen que ya me empedé? Joder de la santa Vieja Escriba, ¿no me conocen? —Dijo, provocando las risas de sus hermanas.
Se encaminaron las cuatro derecho hacia la calle, tan absortas estaban en su discusión que no vieron que un grupo de lessers que se bajaban de una camioneta GM negra, totalmente polarizada. En total eran unos ocho individuos.
Nessa fue la primera en reaccionar. Tomando su daga, dio la voz de alerta, y fue contra el primero del grupo. Por su constitución física y apariencia, se notaba que era un avanzado. La tomó contra ella en una pelea brutal, en la que se valía todo.
En un momento, el poder de Nessa cobró vida: Partículas de agua cargadas en la atmósfera tomaron vida en forma de pequeñas dagas de hielo y fueron por el lesser, hiriendo sus ojos y dejándolo ciego. Era el momento de atravesarle el pecho con su daga. Dio en un tiro certero en el hueco en el que había estado el corazón, desintegrándolo en el aire. Sonrió ante el placer de la aniquilación.
Nessa miró a sus hermanas. Kytara la había tomado contra dos de ellos, uno era alto y su cabello estaba en plena transición y el otro era más blanco que marrón. Los dos a la vez estaban recibiendo una paliza. En un momento, Kytara fue sujeta de unos de los brazos y le insertaron un puñetazo en pleno estómago, haciendo que se doblara en dos, cuando el que estaba libre la quiso rematar con una daga, un viento fuerte empezó a soplar y fue alzada por los aires terminando a la espalda del primer atacante.
—Hey, bebé, ¿me perdiste? —Le dijo de forma sarcástica, clavándole por la espalda la daga y traspasándolo, se desintegró. El otro le fue con odio. La quiso matar, pero ella le propinó un puñetazo en plena cara que le hizo saltar los dientes de adelante, y con el otro brazo le insertó una trompada en el estómago y cuando por fin quedó acabado, le clavó la daga en pleno pecho, una nube de polvo quedó en su lugar.
Leliel fue a por dos lessers que iban a atracar a Kytara. Dudó unos momentos sobre sacar o no sus dagas, pero se decidió por hacerlo. Hace mucho que no tienes una buena pelea, Lel, se dijo a sí misma.
Se batió a duelo con ambos hombres. Le gustaba la idea de pelear, pero si hablábamos de una pelea justa y no de un tres contra uno.
—¿Acaso sus madres no les enseñaron que debían batir duelos justos? —Gruñó ella cuando el tercero se unió a la pelea.
Las dagas desaparecieron de sus manos y fueron reemplazadas por una especie de espada de fuego.
—Mmm… me olvide de presentarles a mi mejor amiga —dijo clavándola en el medio del pecho de uno.
Uno de ellos estaba escapando, pero de su mano libre salió una especie de látigo.
—Ops, esta otra amiga, también me olvidé de mencionarla —dijo liquidándolo con una descarga de fuego.
Ella hizo contacto visual con el otro lessers que estaba espantado por la escena que había visto. Casi pudo sentir lástima por su destino, pero bien… Siempre decía lo mismo: Cosecharás tu siembra. Sin piedad alguna, le clavó la daga en el pecho, entonces se convirtió en cenizas.
Raysa se acercó con paso felino a dos de los lessers mientras desenfundaba sus dagas, dejó que se acercaran lo suficiente a ella, para luego desaparecer en una nube de tierra, reapareciendo tras ellos, mientras hacía perder el equilibrio a uno con una patada en la espalda, dando la vuelta para clavarle en el pecho la daga al otro lesser que recibió el golpe con sorpresa total, bajó la mirada a la daga clavada en su pecho y cayó de rodillas. Aprovechando esta situación lo empujó y terminó de hundir su daga haciéndolo desaparecer. Cuando quiso voltear, el lesser al que había atacado primero, le propinó un golpe en el rostro que la hizo enfurecer.
Arremetió contra el lesser dándole una patada en el pálido rostro haciendo manar líquido negro.
—Esto es por pegarle a una hembra, bastardo —le dijo mientras giraba y le daba un codazo en la espalda haciéndolo caer nuevamente. Con una sonrisa de triunfo se acercó al pálido lesser que la miraba sorprendido por la rapidez de sus movimientos.
—¿Quienes son ustedes, malditas? —Susurró el lesser.
Se arrodilló sobre el cuerpo, clavando profundamente la daga de la Hermandad en el blando torso, hablándole antes de hacerlo desaparecer.
—Somos tu peor pesadilla, idiota —le dijo mientras guardaba sus dagas.
Ninguna se percató de que uno de los lessers había dado la voz de alerta, antes de salir por ellas.
Después de terminar con ellos y empezar con la limpieza del lugar, sintieron una corriente eléctrica extraña, un poder que nunca antes habían sentido. Era algo indescriptible, en todos sus siglos de vida, jamás habían sentido algo como eso. Era una mezcla de un civil que había pasado por la transición, pero algo oscuro lo rodeaba.
Lentamente, las cuatro empezaron a buscar la fuente de ese poder. Cuando lo vieron venir, ninguna estaba preparada para conocer tremenda monstruosidad.
Era un macho de más de dos metros quince de altura, musculoso. Su tono de piel iba de un morado a un verde, sus ojos eran totalmente blancos y su dentadura era una hilera de dientes en formas de colmillos. Sus brazos eran como garrotes dispuestos a aplastar, y venía directamente hacia ellas.
A la primera que alcanzó fue a Raysa. Cuando se puso en posición de defensa, fue alzada desde el cuello y lanzada por los aires.
Al ver esto Nessa y Kytara fueron por él. Utilizando cada una sus poderes, quisieron inmovilizarlo, pero fallaron en el intento. Algo lo protegía.
Con una patada, dobló en dos a Nessa, y con una trompada en pleno rostro, tiró a Kytara contra una pared, dejándola mareada.
Entonces fue el turno de Leliel. Ella lo estaba aguardando. En una mano estaba su látigo, con un chasquido trató de lastimarlo, pero el fácilmente lo enroscó en su brazo. El fuego le quemaba la piel, pero era como si este no existiera. Enroscándolo más, la atrajo hacia él. Cuando la guerrera se quiso librar, la tomó de los cabellos y la hizo rebotar contra el suelo.
Nadie podía creer que esto estuviera pasando. No era posible.
Entonces las cuatro, recuperándose, la emprendieron contra él a un tiempo. Cada golpe, cada patada, cada descarga de poder fue rechazada.
—¿Qué demonios es esto? —Gritó en medio de la pelea Leliel. Esto no es posible, se dijo mentalmente.
—¿Cómo infiernos lo destruimos? —dijo Kytara, atajando un cabezazo del individuo y girando hacia un costado.
—Una llave de prendido y apagado no tiene —dijo Raysa, luego de insertarle una patada en pleno rostro, consiguiendo solo una pequeña sacudida.
Nessa entonces sacó su pistola y la descargó contra él, pero sólo logró hacerle cosquillas.
—Valía la pena intentarlo —dijo encogiéndose de hombros, al tiempo que arrojaba el arma y volvía a unirse a la lucha cuerpo a cuerpo.
Así estuvieron por lo menos quince eternos minutos, hasta que Raysa sintió el olor del civil que los lessers habían raptado.
—No —la protesta salió de sus labios, no podía ser posible—. Hermanas, creo saber lo que es, o mejor dicho, lo que era.
—¡Habla ya! ¿Cómo lo exterminamos? —Dijo Kytara tratando de clavarle la daga.
—Es el civil que raptaron la otra vez, pero no sé qué le pasó para que terminara así.
—¿Qué? ¿Es una broma?
Solo fue un segundo el que Kytara se detuvo. Entonces fue el momento de dar un golpe certero. De una de las botas del civil transformado salió una pequeña daga, y quitándose a las demás de encima, la emprendió contra la guerrera que manipulaba el aire. Con una voltereta en el aire, le clavó la daga en el hombro. Sólo gracias a los reflejos de la guerrera, que se movió a último momento, no término en su corazón. Contento con su pequeña victoria, desapareció.
—¡Maldición! ¿Kytara estás bien? —Leliel se acercó corriendo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, vio la herida—. ¡Diablos!
—Estoy bien, no fue nada… —se cubrió la herida con la mano, tratando de detener el sangrado.
—¿Qué diablos era eso? —Gruñó una cansada e indignada Nessa—. ¿De dónde demonios salió? —Miró el hombro de su hermana. Un centímetro más y la habrían perdido. Solo de pensarlo, se enfurecía más.
—Era el civil, no tengo ninguna duda —dijo Raysa, poniéndose al lado de Kytara y tratando de examinar la herida—. Pero no entiendo como termino así.

Mientras tanto en la mansión…

Butch estaba como loco buscando por todos lados.
—¡Maldición! —Dijo, después de buscar por quinta vez en el cuarto de Kytara—. Le dije que no saliera sola —se quejó dando un golpe con su puño contra la pared.
Vishous lo miraba extrañado.
—¿Y cuál es el problema de que salga, poli? —Preguntó distendido.
Butch le devolvió una mirada letal. Por Dios, si las miradas mataran, seguramente Vishous estaría agonizando.
—Porque está herida, V —dijo caminando de un lado a otro.
Vishous se paró en medio del camino de su hermano, que estaba desorientado. Colocó sus manos sobre los hombros del macho.
—Poli, así no vas a lograr nada. Cálmate, concéntrate en su sangre y la vamos a buscar —dijo de manera suave y mirándolo a los ojos.
Por primera vez, Butch se detuvo e hizo caso a alguien. Cerró los ojos y se concentró, buscando a Kytara
—La encontré, está a unas cuadras del ZeroSum.
Sin pérdida de tiempo, se dirigieron hacia el auto V.
Iban como alma que lleva el diablo, pero para Butch no era suficiente.
—¿Le preguntaste a sus hermanas que hacía ella afuera? —Inquirió de repente Vishous.
—Ninguna estaba en la casa.
—¿Cómo que ninguna estaba en la casa?
—¿Qué crees que hice cuando no encontré a Kytara? Busqué a las otras, pero según parece, salieron juntas.
Vishous maldijo por lo bajo.
—Llama a Wrath y avísale. Esto nos concierne a todos.
Butch hizo la llamada, y Wrath le aseguró, blasfemias aparte, que se encontrarían allí.
No lo suficiente pronto, localizó a las hembras. Tres de ellas estaban inclinadas sobre otra, que estaba en el suelo, una morena no demasiado alta. Saltó del coche, antes de que se detuviera.
—¡Maldición, Kytara! ¿Por qué demonios saliste sola? —Apartó a las hermanas de su lado y la abrazó.
—Butch… me… ahogo —dijo con dificultad.
—Eso es lo de menos, ¿sabes el grado de desesperación en el que me tuviste? —Entonces la miró detenidamente. En su labio inferior se le estaba formando un cardenal—. ¡Lo voy a matar!
—Maldición, guerrero, ¡detente! Estoy bien… —tomó su rostro entre las manos—. Butch, mírame. Estoy bien, de verdad.
—Pero te hirieron, lo sentí. No sabes lo que fue, por un segundo creí que te perdía… ¡Mierda, Kytara! Parezco un idiota enamorado.
—Mi idiota —alzándose, le dio un beso en los labios—. Te amo, Butch.
—Puaj. Váyanse a un hotel —dijo asqueada Nessa. Ninguno se había dado cuenta del espectáculo que daban a las hermanas—. Oh, perfecto, más fuegos artificiales.
Todo miraron hacia el lugar que miraba la guerrera y vieron que se acercaba con poderosas zancadas un muy furioso e intimidante Wrath.
No desviaba la mirada de Raysa, su expresión no develaba nada. Sólo la miraba a ella. Todos fueron abriéndole paso hasta que estuvo frente a ella.
—¿Qué tal la salida, Raysa? ¿Se divirtieron? —Preguntó con voz dura.
Raysa tragó en seco mientras sentía una ola de rubor subir a su rostro.
—Estem… Sí, fue lindo —esa actitud de Wrath la desconcertaba, la ponía nerviosa.
—Oh, no sabes cuánto me alegro por ti. Es más, disculpa que te interrumpa con mis estúpidas preocupaciones, pero si la estaban pasando tan bien, ¿me puedes decir por qué diablos hace unos minutos sentí que tu vida corría peligro por segunda vez? Más aún cuando te ordené que no salieras sola —gruñó acercando su rostro al de la hembra.
Raysa quería mantenerse impasible, pero el enfado del macho era palpable.
Observando sobre el hombro de Wrath a sus hermanas y al resto de los machos, que por un segundo contuvieron el aliento, se mantuvo firme. Tenía ganas de besarlo hasta borrar esa expresión de enfado de su rostro, pero esta actitud no le gustaba nada, pensó frunciendo el ceño.
—Tú no me ordenas nada, Wrath —le dijo mientras clavaba un dedo en forma acusadora en el duro torso masculino—. Olvida la idea de que voy a hacer todo lo que quieras yo no…
No pudo continuar porque el macho la tomó posesivamente por la cintura, deslizando una de las enormes manos por el trasero de la hembra atrayéndola más a su cuerpo, mientras la besaba en forma posesiva haciendo que su cuerpo se convirtiera en fuego, haciéndola olvidar todo.
Con un gemido entrelazó los brazos en el cuello masculino mientras ahondaba el beso, hundiendo su lengua en la boca del macho que le respondió con el mismo deseo.
Alguien carraspeó incómodo.
Contra su voluntad, la pareja se separó sin dejar de mirarse.
—No quiero que nada te suceda, leelan —murmuró ronco contra su oído—. No vuelvas a irte sin avisar, por favor —casi gruñó las últimas palabras provocando una sonrisa en la hembra.
De un SUV bajaron Phury y Zsadist, éste último, en clara señal de no soportar nada de lo que veía.
—Bueno, ya estamos todos. ¡Ups! Lo siento, falta el grandulón —dijo con sarcasmo Nessa, y por reflejo miró a Leliel, pero la cara de ella no reflejaba nada más que tristeza—. Bien, ¿nos podemos ir o esperamos a alguien más?
—Deja el sarcasmo para otra ocasión, Nessa —la reprendió Phury.
—Muérdeme ¬—le respondió. Sintió un picor en la nuca y miró sobre el hombro. Zsadist la estaba observando fijamente, con los ojos más fríos y hondos que nunca. Por alguna razón, esa mirada logró lo que el reto de su gemelo, no.
Phury miró a cada una ellas, se notaba que habían tenido una pelea reñida por las condiciones en que se encontraban, muy ruda.
—¿Que fue lo que pasó?
—No lo sabemos, solo sentimos una presencia extraña y fuimos atacadas —le respondió Leliel—. Raysa sintió en el individuo la presencia de un civil que habían raptado, pero con la diferencia que ya había pasado por la transición.
—Pero no era solo eso, estaba genéticamente alterado, no sabemos con qué, pero se notaba —comentó Kytara, todavía tomada de la mano de Butch, que se negaba a soltarla.
—Bien, entonces esta noche habrá patrullaje. Phury, Z, Nessa y Leliel se encargaran de eso —dispuso Wrath, pero esta última no estaba, la buscó entre los hermanos, pero no la encontró.
—Se fue sola —se limitó a decir Vishous, observando a Leliel caminar calle abajo.
Wrath asintió.
—Butch, llévate a Kytara a la mansión y dile a Havers que la revise y por el amor de Dios, contrólate.
El grupo se dividió.


Desde lejos, Leliel observó a dos de sus hermanas siendo contenidas por sus machos.
Una punzada de dolor, y hasta de envidia, la invadió. Le hubiera encantado que Rhage hubiese acudido porque ella estaba en peligro. No porque ella necesitara ayuda, sino porque necesitaba sentirse querida. Por más que diera la apariencia de ser fuerte, ella deseaba poder sentirse como sus hermanas.
En un momento quiso buscarlo y echarle en cara el hecho de no haber ido con sus hermanos a verla, pero luego se dio cuenta de que no podía saber lo que le ocurría a ella si no había vinculación, si no había alimentación. Dios, amaba a ese macho y quería estar con él. Iba a hacer lo que fuera por estar con Rhage… pero ella no se lo iba a permitir. No porque tuviera algún poder sobre su vida como lo tenía sobre Kytara, sino más bien por una maldita promesa que hace mucho, demasiado tiempo sus padres le hicieron hacer.
—¿Estás bien? —Preguntó Vishous, que apareció de la nada a cierta distancia. No por miedo. Más bien por prudencia, sabía que quizás fuera mala idea tocarla ahora mismo.
Ella asintió con la mirada perdida, aun seguían divagando cantidad de pensamientos en la cabeza de Leliel.
—Sí, estoy bien —dijo casi susurrando—. Yo… Diles que tenía cosas que hacer —dijo dando media vuelta.
—¿Leliel? —Llamó Vishous. Ella solo lo miró. Él medito las palabras que iba a decir—. Suerte —le dijo, a lo que Leliel sonrió y siguió caminando.


Continuará...


greta

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Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
« Respuesta #89 on: Julio 18, 2009, 11:54:26 pm »
porfavor  emot026 emot026 emot026 no me podeis dejar asi , es cruel  :emot017:


YA SE QUE ESTAIS HACIENO LO MAXIMO muchas gracias por el capitulo :emot018: :emot018:

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