Capitulo 40
Nina decidió levantarse de la cama. Llevaba casi toda la semana tumbada mirando el dosel blanco, comiéndoles la cabeza sin saber bien que hacer. Por una parte no deseaba arriesgar su vida ni la de la gente que amaba, por otra esta el bien de la raza.
Sin embargo una semana de pasar hambre y ver la realidad de lo que sería la vida con Claude, se decidió a actuar
Tomar la decisión la había llenado de calma. De un modo u otro saldría de esto aun cuando fuera bajo la luz del sol.
Levantándose de la cama sin hacer ruido se dirigió a su vestidor.
Quien me iba a decir que extrañaría tanto mi pobre armario lleno de viejos jeans pensó mientras se adentraba el perfectamente ordenado vestidor por el que no parecía haber pasado tres años desde la última vez que entró.
Todo en su habitación estaba tan pulcro y ordenado que le causaba escalofríos. Era como si nunca se hubiera marchado.
Excepto por que ahora estaba gorda, en comparación con la Nina que escapara de la casa. En ese tiempo era casi hueso y pellejo, apenas había logrado desmaterializarse a causa de la debilidad y no pensaba dejar que las cosas llegaran a ese extremo.
Mirando los vestidos pulcramente colgados en sus perchas Nina se decidió por una creación de Carolina Herrera, era un poco atrevido con el cuello de barco y la espalda descubierta, en un vibrante tono rojo. El color era un toque de rebeldía. Calzándose con unos Manolos en el mismo color Nina suspiró cansadamente. Como extrañaba sus botas planas y sus playeras cómodas. Sin embargo al Imperial no se asistía si no era de estricta etiqueta.
Un leve mareó la hizo comprender que actuaba a tiempo. Un día más sin alimento, ni de comida ni sangre y no sería capaz de llevar a cabo el plan.
Lo tenía todo calculado, en cuanto saliera del hotel se alimentaría de quien pudiera, ya se había servido de animales así que meter desconocidos en la dieta era todo un adelanto, por que estaba decidida a morir de inanición antes de volver a probar un a gota de sangre de Claude.
No, Nina prefería morir. Eso la llevaba a Jade y a la razón para encontrarse con ella. Tenía que hacer algo y lo único que se le ocurría era poner al tanto a su amiga y volver antes que notaran su ausencia. Confiaba que jade y su macho llevaran al rey la información. Le habría gustado ver a Dangher pero no se fiaba de si misma. Temía no tener la fuerza para regresar a casa de su padre si volvía a verlo.
Dándose una última mirada al espejo de cuerpo completo, Nina se sintió satisfecha con los resultados. Mentalmente repasó el plan: Tendría que deslizarse furtivamente hasta el exterior evitando la cocina y de ahí desmaterializarse para trasladarse cerca del hotel, ya vestida y con todos sus complementos, con el cabello recogido en un intrincado moño, Nina abrió la puerta de su habitación usando una horquilla, agradeciendo que las cerraduras interiores fueran tan fáciles de abrir, si se tratara de la puerta principal no lo lograría ni con un curso intensivo de cerrajería.
Al poner un pie en el pasillo un crujido procedente de la suela la convenció que lo mejor era descalzarse. Avanzando pegada a la pared, con los zapatos sujetos en la mano Nina agradeció que la falda a media rodilla le facilitara el movimiento.
No convenía que ningún doggen la viera. Eran tremendamente fieles a su padre a quien por lo visto se le había ido completamente la cabeza.
La segunda noche de su cautiverio con los moratones aun frescos Nina pidió hablar con su padre, cuando intento contarle todo lo que había pasado, que Claude no era quien creía, su padre simplemente no la escucho, al contrario se puso furioso y humillándola la sujetó del brazo causándole nuevos morados para arrastrarla de regreso a su cuarto al tiempo que enumeraba sus fallos tanto de etiqueta como de conducta y alababa la buena educación de Claude para la encerrarla en su cuarto con la promesa de nada de comida hasta que se retractara de sus palabras. No importó que Nina llorara y suplicara rogando que alguien la escuchara, que lo que tenía que decir era de suma importancia. Todos en la casa parecían sordos y ciegos.
Dando gracias al mármol alfombrado por evitar que hiciera ruido se dirigió a la sala de música donde había una terraza de piedra con una escalera en arco que daba al jardín de atrás.
Antes de desmaterializarse se dio un momento para observar el jardín. De todo cuanto había en la casa de su padre, ese jardín era lo que más había extrañado. Diseñado por su madre – y por lo tanto lo más cuidado de la mansión − usando únicamente capullos que florecían de noche− tenía una disposición laberíntica que ocupa toda la parte trasera de la casa.
Un ruido proveniente del interior le dijo que todos los Doggens estaban ocupados en la cocina. Su padre no estaba, había salido para reunirse con Claude pero Nina sabía que el personal los esperaba antes del amanecer.
Calzándose los Manolos, con el bolso que contenía únicamente el estuche de maquillaje en la mano, debido que todos sus documentos habían sido confiscados por Claude en prevención.
De todos modos lo único que Nina precisaba en ese momento era lo que el bolso contenía. Gracias al maquillaje podía ocultar lo peor de sus morados y evitar llamar la tención sobre su persona. Si bien la mayor parte de sus lesiones había desaparecido, los peores eran aun visibles, además de tener ojeras tan oscuras que avergonzarían a un panda.
Caminado como si el mundo fuera suyo, con la espalda bien recta Nina se aproximó a la entrada principal, el corazón le golpeaba con fuerza mientras el botones le abría la puerta. Conocía el sitio y sabía que no era raro que la gente se apareciera sin coche, el Imperial tenía uno de los mejores restaurantes de Calwell con una amplia clientela de hombres de negocios y citas románticas.
Como siempre la recepción del hotel se le antojó deslumbrante, su piso entero cabría en el vestíbulo, de hecho toda la planta del edificio en donde vivía. Nada había cambiado en años, ni las elegantes columnas de mármol blanco, ni las impresionantes lámparas de araña cuyos cristales brillaban como pequeños arcoíris.
De pequeña Nina había acudido a cenar muchas veces con sus padres al Imperial, buenos tiempos en los que su madre la consentía y su padre la levantaba en brazos para que ella intentara capturar los colores. Esos tiempos habían terminado y ya no era más esa niña pequeña tratando de capturar el arcoíris.
Absorta en sus recuerdos Nina bajó la guardia.
−hmmm, culo bonito− dijo una voz familiar a sus espaldas – casi no te reconocí, menos mal que te diste la vuelta.
Sorprendida Nina giró bruscamente para caer en los fuertes brazos de Dangher. Dios, cuanto había anhelado su toque, sin darse cuenta se encontró besando los labios con los que había soñado durante días. Su cuerpo se amoldó al del macho y la sensación de seguridad que le proporcionó su presencia fue embriagadora. Pese a eso Nina interrumpió el beso siseando.
−¿Estás loco? Estamos dando un espectáculo, nos va a echar si seguimos − empujándolo se separo apenas lo suficiente en un intento de evitar la tentación de seguir besándolo, Nina se las arregló para componer una expresión neutral mirando hacia todos lados antes de preguntar −¿Qué haces aquí, dónde está Jade y de dónde sacaste ese traje?
Dangher tiró del cuello como si lo agobiara y preguntó a su vez −¿me queda mal? Me lo prestó Phury, somos más o menos de la misma talla.
Nina tuvo que reconocer que no le quedaba nada mal, lo que era más el macho lucía imponente con aquel Armani negro, camisa de seda blanca y fina corbata negra, los cabellos rubios peinados hacia atrás añadía un toque se sofisticación que la dejaba sin aliento, aun así sólo dijo a regañadientes –no te ves mal, pero no has respondido a mi pregunta ¿Qué haces aquí?
La expresión azorada del macho se volvió tremendamente seria. El alivio inicial de verla sana y salva remitió un poco dando paso a la necesidad de exigirle explicaciones, hacer que se comprometiera y marcarla como suya.
−te lo diría, pero mejor vamos a la habitación− sin otra palabra la tomó del codo arrastrándola por los pasillos hacia el elevador consciente de que Nina no se atrevería a resistirse por temor a montar una escena en público.
Aun así Nina hizo su mejor esfuerzo por oponerse− No tengo tiempo para eso− siseó indignada –tengo que regresar.
−veremos− fue la escueta del macho, quien permaneció en un obstinado silencio hasta que las puertas del elevador se cerraron dejándolos solos. Un escalofrío de miedo y deseo se deslizó por la espalda de Nina cuando él la arrinconó contra los espejos que cubrían las paredes del cubículo y le murmuró con voz ronca.
− no vas a ningún lado− su macizo cuerpo la prensó, y una musculosa pierna se deslizó entre los muslos de la hembra –por lo menos hasta que me hayas dado algunas explicaciones. Mirándola con ojo crítico el macho se dio cuenta de su delgadez extrema así como las huellas de golpes disimuladas con maquillaje.
Debatiéndose entre el deseo de besarla hasta perder la conciencia o sacudirla para poner algo de sentido común en esa cabecita adorable, se contentó con inclinarse sobre su cuello para olfatearla, gruñó con aprobación al sentir únicamente el aroma limpio de la hembra.
−Estás loco− jadeó ella entre asombrada y excitada.
−Y tú hambrienta- murmuró Dangher enterrando la nariz en la curva del esbelto cuello puedo oler tu hambre.
−¿Y qué?- Nina intentó empujarlo pero fue inútil, exasperada no pudo evitar reaccionar a la defensiva −¿No es tu maldito problema, siempre me las he apañado sola y en cuanto salga de aquí me encargare.
−No vas a irte maldita sea− rugió el macho dando un puñetazo a la pared mellando la pulida superficie. Respirando profundamente Dangher intentó calmarse, aunque lo cierto era que esa hembra lo sacaba de quicio luchando a cada paso del camino contra él.
Nina saltó a causa de la sorpresa aun cuando no sintió ninguna clase de miedo, sólo deseo, puro, simple deseo.
Se miraron un largo rato, con las respiraciones agitadas y los corazones agitados, hasta que las puertas del elevador se abrieron y sin perder tiempo Dangher la arrastró hacia una habitación que previamente había reservado.
Al entrar en la lujosa y amplia habitación no pudo evitar que sus ojos se fueran directo a la enorme cama recordando aquella mañana que había pasado juntos, el olor de la piel del macho al frotarse contra la suya, sus labios chocantemente suaves haciéndole toda clase de cosas pecaminosas, sus orgasmos salvajes. Se excito a causa del recuerdo y a la hembra le tomó un minuto comprender que Dangher le estaba gritando.
−tienes la menor idea de lo que he pasado esta semana− rugió – un maldito infierno sin dormir pensando si estabas viva o muerta o peor aun en manos de nuestros enemigos y tu como si nada llamas y te citas con tu amiga.
Nina lo miró con los ojos desenfocados y Dangher la zarandeó intentando que le prestara un poco más de atención.-maldita sea, porque no llamaste antes, o porque a Jade y no a mí y porque estas libre después de haber sido capturada por nuestros enemigos.
Dangher sabía que eran muchas preguntas sin darle tiempo para responder pero estaba muy enfadado. Enfadado y asustado tras haber pasado toda la semana pensando que la había perdido para siempre sólo para encontrarla esa noche, vestida elegantemente vestida con aquel traje que marcaba sus deliciosas curvas, sus maravillosos ojos castaños que lo miraban confusos. El corazón de Dangher se aceleró al igual que su respiración no pudo resistirlo más, Nina tenía que ser suya de una vez y para siempre así que de forma un poco violenta fue directo a por la piel expuesta de su frágil cuello y la mordió. Sus colmillos se hundieron entrando limpiamente en la suave carne. Ella era suya y tenía que entenderlo− Mía –gruñó mientras se alimentaba de ella encerrándola entre sus brazos pegándola a su cuerpo desde las rodillas hasta los hombros.
Virgen del Fade… el cuerpo femenino se derritió como mantequilla al sol, ese macho era…
Infructuosamente Nina busco una palabra para describirlo. Dangher era grande, fuerte, era tan grande como la vida. La sensación de esos labios contra su cuello, bebiendo de ella, alimentándose de su sangre, marcándola con el especiado aroma de la vinculación, la estaban volviendo loca.
Sin conciencia Nina se acomodó contra sus piernas, montando el muslo masculino, cabalgándolo al ritmo de cada una de las húmedas succiones de esa boca malvada. Sin poder evitarlo la hembra frotó su centro contra el muslo cubierto por el fino género.
Dios… la sensación era perversa, erótica, simplemente demasiado profunda para soportarla. Su vientre se anudó en un espasmo que casi resultó doloroso antes de estallar en un repentino orgasmo que la dejó sin fuerzas.
El macho estaba abrumado, nunca antes se había sentido así, sus propios actos lo sorprendían y pese a todo no podía dejar de beber, su sabor era adictivo, se le metía en los huesos y se enredaba en su corazón. Nina tenía que entender que era suya y que nadie los iba a separar costase lo que costase.
Cerrando con la legua los pinchazos gemelos la cogió las mejillas entre sus manos y mirando a esos hermosos ojos nublados por la pasión le dijo- Mía entiendes, eres mía y es hora de que te enteres- dicho esto bajo su cabeza para cubrirle los labios empezar a besarla violentamente, sus dientes pellizcaron el labio inferior de Nina hiriéndola ligeramente para obligarla a abrir la boca cuando ella protestó Dangher aprovecho para invadir su boca con la legua donde comenzó un duelo de lenguas.
Las manos de Nina cobraron vida y subieron hasta el nudo de la corbata de Dangher. El guerrero por su parte la levantó de suelo haciendo que las largas piernas femeninas se enredaron en su cintura, sin pensar bien en lo que hacía buscó a tientas el sofá más cercano para sentarse con ella montada en su regazo.
Las manos de ambos buscaban la piel desnuda, sus labios no se soltaban devorándose con un hambre feroz de aquellos privados de alimento por mucho tiempo.
El olor de la vinculación se metía por las fosas nasales de Nina atrapándola en una hoguera de erotismo, sin desear −o poder –contenerse la hembra deslizó los labios sobre la recia musculatura del cuello de Dangher, besando la piel que rebelaban sus manos al desabotonar la camisa, traviesa dedicó especial atención en los pezones del macho capturándolo con los dientes para enseguida calmarlo con pequeños golpes de lengua.
Dangher estuvo a punto de tirar a Nina al sentir el delicioso tormento al que era sometido. Su miembro−duro como el acero− pulsaba con cada movimiento de esa boca. A ese paso no estaba seguro de durar mucho, no cuando aun podía sentir el sabor de la hembra en su propia boca, pero aun debía marcarla, cubrir su cuerpo con el aroma del emparejamiento para que ningún macho dudara que ella le pertenecía. Las grandes manos de Dangher tocaron la tersa curva de las rodillas, sus ásperas palmas recorrieron la delicada superficie de la piel para ascender hasta la cadera levantando la falda, al llegar hasta ahí el macho sintió el delicado encaje que bordeaba unas increíbles bragas de seda roja, sus dedos siguieron buscando el núcleo cálido de la hembra. Los colmillos del macho salieron de sus vainas cuando una callosa yema se deslizó hacia el paraíso mojándose con la prueba del orgasmo que la hembra había experimentado momentos antes, sin poder evitarlo Dangher rió con masculina presunción.
Nina levantó la cara abandonando momentáneamente el pezón para preguntar -¿Qué?
-Nada- murmuró dándole un suave beso en los labios -Es sólo que eres tan sensible cuando te toco- el malvado dedo sondeó más profundamente adentrándose en el calor de Nina, el cuerpo de ella se arqueó ayudándola a penetrarla más, pero el macho sacó la mano mostrándole la prueba en el brillante glas que lo cubría antes de metérsela a la boca y saborearla
-Delicioso- murmuró – sabe a ambrosía, quizás eso quiera decir que eres mía.
El nucleó de Nina se convulsionó de deseo al verlo devorar sus jugos.
- oh, cállate--dijo sonrojándose como un tomate, enseguida volvió a besarlo acallando toda risa y saboreándose a si misma en sus labios.
El rostro de Dangher adquirió nuevamente una expresión de tensa concentración.
Nina desplazó sus propias manos de su magníficos six hasta la hebilla del cinturón, sus dedos agiles tiraron de los botones y bajaron la cremallera liberando su miembro del confinamiento de sus pantalones.
-hmmm- gimió Nina contra los labios del macho al tiempo que tomaba su virilidad entre las manos, rompiendo el beso, fue bajando por el mismo sendero que ya había recorrido pero sin detenerse en el pecho, lamiendo cada centímetro de suave piel que cubría los perfectos músculos masculinos, bajándose de su regazo la hembra se arrodilló entre las piernas abiertas de Dangher, levantó el rostro hacia él diciendo –creo que también eres muy sensible a mis caricias- sacando una pícara lengua rosa la hembra capturó la gota de humedad de la cabeza del miembro antes de llevársela a la boca.
-Dioss- siseó Dangher luchando con el deseo de verterse de golpe en esa pecadora boca, trabando las mandíbulas aguanto una, dos, tres agónicas chupadas. Buscando algún modo de distraerse Dangher le bajo la pequeña cremallera del Carolina Herrera y libero los pechos del vestido para poder capturar uno de esos maravillosos pezones femeninos color rosa que lo tentaban.
La boca de Nina lo tomó una cuarta vez y el macho decidió que era suficiente, sin miramientos tiró de ella para subirla nuevamente y montarla entre sus piernas, sus dedos volvieron a penetrarla, empalando su calor húmedo. Actuando por instinto las caderas femeninas oscilaron mientras ella se frotaba hacia adelante y atrás contra su mano.
No era suficiente, ni de cerca, la boca de Dangher chupo lamiendo todo en su camino hacia el pecho izquierdo-ahora a la altura de su boca- buscando el lugar en donde su corazón latía cerca de superficie. Sus dientes se cerraron una vez más, marcando nuevamente su pie y carne.
La hembra gimió en voz alta, incapaz de hacerle frente a la multitud de sensaciones, mientras los dedos de Dangher empujaron con más fuerza al tiempo que su pulgar frotaba el sensible capullo oculto entre los labios de Nina.
Un nuevo orgasmo la sacudió, el placer se mezcló con el hambre, sus gritos de indefenso placer estallaron dejando ver sus blancos y hermosos colmillos. Estaban tan expuestos que el guerrero se maravilló que no se hubiera cortado ella misma. Su hembra era toda una visión, y en su arrobamiento Dangher olvidó cerrar correctamente el mordisco.
Su instinto de macho emparejado lo impulsaba a darle lo que precisaba, y ahora Nina tenía la necesidad de alimentarse, el macho se las arregló para desembarazarse de la camisa, exponiendo el cuello al tiempo que la toma con una mano del cabello y con la otra guiaba su erección hacia la húmeda entrada, arrancando la delicada tela que lo separaba de su destino.
La hembra al sentir el miembro de Dangher en su entrada no pudo hacer otra cosa que dejarse caer empalándose hasta la empuñadura, gimiendo al sentirlo dilatar su núcleo sin embargo eso no era suficiente para el guerrero, poseerla no era todo, necesitaba marcarla, dejan en ella su esencia y alimentarla con su sangre, con un movimiento implacable y quizás con algo más de fuerza de la necesaria empujó la cabeza de Nina contra su garganta.
Dangher gritó al sentir los dientes de su hembra clavándose en él, su gritó de placer no se debió a que hubiera llegado al orgasmo -aunque a apenas lo evitó- sino el hecho de ser la primera hembra a la que alimentaba. Involuntariamente sus caderas empezaron a bobear al ritmo frenético con el que Nina se alimentaba, su cuerpo entero comenzó a desprender el aroma de la vinculación con mayor fuerza, si es que eso era posible.
Nina no podía parar. Subía y bajaba empalándose en el miembro de Dangher mientras saboreaba su fuerza de su sangre, sus células débiles por la falta de alimento absorbieron ávidas la fuerza indescriptible que le proporcionaba.
En un momento asombrosamente claro en medio de la vorágine Nina comprendió cuanto amaba a ese macho, supo que Dangher tenía toda la razón, ella le pertenecía de la misma forma en que él le pertenecía, desde hoy y para siempre. Lucharía por su derecho a estar juntos contra Claude y el mundo entero si fuera necesario.
Sin embargó no pudo alimentarse mucho, la forma en la que él bombeaba aumentaba segundo a segundo su excitación. Tuvo que detenerse y cerrar la herida.
Los profundos gruñidos del macho eran un contrapunto con sus frenéticos gemidos, esta vez no había ternura en él, la ocasión anterior Dangher había sido tierno y controlado, ahora su necesidad de ella lo impulsaba a mostrarse cada vez más feroz, como si no pudiera evitarlo.
Dangher se sintió levemente frustrado, en la posición en la que se encontraba no podía encontrar el ritmo duro que su necesidad de marcarla le exigía, con manos rudas sujetó a Nina por las cadera y se lanzo al suelo con ella, aplastándola un poco bajo su peso, tal vez estaba siendo rudo pero sentía la urgencia de empujar más y más fuerte, de enterrarse más profundo si eso era posible.
A Nina la rechinaban los dientes de la fuerza con la que la penetraba el macho, su peso la comprimía contra la alfombra pero a ella no le importaba, todo cuanto pudo hacer fue afianzarse a la espalda de Dangher con las uñas intentando sujetar un poco de la cordura que se le escapaba con cada embestida hasta que simplemente su vientre se convulsionó un instante antes de estallar en rítmicas contracciones mientras ella llegaba gritando el nombre del macho con voz ronca.
Ese sonido roto, fue la perdición para el macho, escuchar la clara voz de Nina destrozada por el placer al tiempo que sus músculos internos lo sujetaban envolviendo, reteniendo con su fuego, extrayendo su esencia masculina como si lo ordeñara hizo detonar su propio placer. Sin control ni cordura e incluso sin medir su fuerza Dangher se impulsó una vez más queriendo enterrarse lo más profundo que pudiera en ella para correrse llenándola con su semilla en un orgasmo que no parecía tener fin.
Cuando todo terminó el macho apenas tuvo la energía suficiente para moverse un poco, consciente de la diferencia de tamaños. Sus respiraciones agitadas y sus murmullos de amor llenaron el silencio, mientras las manos ásperas del macho acariciaban la piel mojada de sudor de su hembra.
-me he quedado ciego-Dangher murmuró, a pesar de todo le lanzó un vistazo al recientemente arruinado traje de Phury que aun llevaba a medias.
Una risita tonta de Nina hizo que la mirase.
¡Dios era preciosa!
Tumbada ahí con el peinado desecho y el vestido hecho un desastre en torno a su cintura era la encarnación de todas sus fantasías masculinas.
-¿Que quieres hacer?- preguntó acariciándole la espalda- Podemos quedarnos aquí todo el día o ir a la mansión. ¿Qué te parece?
Las palabras del macho hicieron que Nina aterrizara bruscamente en la realidad, su buen humor se esfumó de golpe. Lo ocurrido minutos atrás había sido lo mejor de su vida pero tenía que volver, muchas vidas dependían de ello.
Aun así tuvo que hacer un enorme esfuerzo por arrancarse de los cálidos brazos de Dangher para comenzar a vestirse.
Una punzada de frio miedo le recorrió el vientre al macho al sentir como Nina se alejaba mentalmente de él.
-¿Qué coño haces?- gruñó al verla vestirse -¿A dónde crees que vas?- rugió poniéndose de pie para seguirla.
-Tengo que volver- fue la escueta respuesta de Nina.
-¡No!- las palabras de Dangher sonó horriblemente deformada por su rugido –no iras a ninguna parte en donde no pueda defenderte.
El nudo en el pecho de Nina se hizo tan grande que amenazaron con ahogarla, bajando los ojos intentó no llorar, al tiempo que acomodaba la falda arrugada del vestido.
-No puedo quedarme- la voz se le rompió – no lo entiendes Dangher, tengo que irme.
-Explícate- el macho se aproximó tenso como una cuerda a punto de romperse- no entiendo una palabra de lo que dices y estoy comenzando a cabrearme- sus manos grandes sujetaron la delicada barbilla para levantar el rostro de Nina y descubrir sus ambarinos ojos arrasados en lágrimas, la idea de que ella sufriera le resultó tan atroz que tuvo que luchar contra el impulso de consolarla. Por ahora necesitaba explicaciones, a pesar, su voz resultó sorprendentemente tierna al preguntar -¿Por qué lloras?
-Porque te amo- confesó Nina– pero tengo que volver o Claude matara a Jade y a mi padre.
Ya estaba lo había dicho, incapaz de detenerse Nina siguió su enloquecida explicación -no sabes lo que ese maldito traidor es capaz de hacer.- endureciéndose la hembra liberó el mentón bruscamente, dándose la vuelta para que Dangher no viera su agudo sufrimiento.
-Quien es Claude- preguntó bruscamente Dangher como si no hubiera escuchado nada más.
-un traidor a la raza que está aliado con los Lesser- dijo Nina sin contestar lo que de verdad quería saber Dangher, aun que le doliera tenía que hacerlo enfocarse en algo que no fuera su estado de macho vinculado.
-Un traidor – el macho ató cabos en su mente -así que es eso lo que pasó, esa es la causa por la que estás aquí y no muerta o con los lesser.
A pura fuerza de voluntad Danger se enfocó - quien es Nina y espero que no me mientas, mi paciencia se está acabando.
Derrotada Nina respondió -mi ex prometido, el macho que cree que me voy a emparejar con él para afianzarse el puesto de jefe en la Glymera- dijo sin mostrar ninguna emoción.
Nuevamente el instinto hizo que Dangher solo escuchara ex prometido y emparejar, sin miramientos tomó a Nina por los hombros y la volvió a besar. Cuando acabo los dos jadeaban queriendo más, el macho la miró y simplemente dijo– Mía entiendes, dilo Nina o no iras a ningún lado
-Soy tuya- Nina le acarició la barbilla, le dolía el pecho debido a todas las emociones que lo llenaban, tanto las dulces como las amargas, el amor dulce, profundo y desesperado que sentía por Dangher, el terror que le producía la presencia de Claude, el temor que sentía por la seguridad de Jade y su padre
–Lo sé-murmuró dejando que las lágrimas se desbordaran de los ojos- Odio a ese traidor y espero que muera –la voz se le quebró pero logró controlar sus emociones y continuar -Pero tengo que volver, Claude planea algo contra la Glimera y mi padre y Jade están en peligro.
Haciendo un nuevo esfuerzo Nina se alejó de Dangher, no confiaba en sí misma, para no lanzarse a sus brazos y continuar lo que estaban haciendo sin pensar en nada que no fuera la dureza de su cuerpo sobre y dentro de ella.
-Que tiene que ver tu padre con todo esto.
- Nada el está loco y cree que Claude será una pareja perfecta para su descarriada hija. Pero es mi padre Dangher tengo que volver. Claude prepara algo gordo para la fiesta de compromiso, sólo a invitado a los fieles al rey, lo sé, Nina se limpió de un manotazo la cara y siguió – tengo que volver y averiguar.
-¡No!- Dangher la sujetó de los brazos con fuerza y acercó el rostro hasta que casi sus bocas se tocaron – tu eres mía y entiende que no habrá fiesta de compromiso, porque no vas a casarte con ese tipo.
Nina se meso el cabello y sus ojos la brillaron de furia y pesar.
-¡Dios!- gritó dejando ver su dolor- es que no lo entiendes- una nueva oleada de lágrimas se agolparon en sus ojos - esto es más grande que tu complejo de macho- levantó los ojos fara fijarlos en él dejando que viera todo lo que ella sentía - si soy tuya-de nueva cuenta acarició el duro rostro de Dangher rogando con la mirada comprensión antes de seguir- pero si no vuelvo pasaran cosas malas a gente que quiero, y no podría vivir con eso, no cuando además se trata de nuestra raza y eso guerrero es más importante que tu y yo.
Mierda, ahora fue turno de Dangher de mesarse el cabello- pero… yo… pero- frenético el macho buscó algo que decir dividido entre su instinto de macho emparejado y su honor de guerrero haciendo que fuera imposible decidir algo
-Nada de peros Dangher, tengo que volver,-el miedo en su voz fue tenazmente abatido, tenía que hacer que el macho entendiera, tenía que ser valiente si seria algún día la shellan de un guerrero debía estar a la altura, darle confianza- en una semana es el compromiso entonces tu vendrás y me sacaras de ese infierno manteniendo a todos a salvo.
- si… pero- titubeó Dangher pensando en todas las cosas que podían salir mal, ¿Cómo dejaría meterse que su hembra se metiera sola en la boca del lobo? en una semana podría pasarle cualquier cosa, sobre todo ahora que llevaba su marca.
-Nada de peros- lo corrigió al tiempo que se acercaba a la puerta cuando la abrió se volvió hacia Dangher y dándole una última mirada preguntó- ¿vendrás a por mi verdad?
-Siempre – juro el macho, el corazón le latía con fiereza, todo su cuerpo temblaba por el esfuerzo de dejarla ir. No, no podía hacerlo todo su ser se rebelaba, era simplemente imposible pero antes de que pudiera acercarse para detenerla, Nina cerró la puerta dejándole solo debatiéndose entre lo que quería hacer y su deber.
Chicas siento el retraso como siempre lo he conseguido gracias a Carilola este es largisimo en compensacion por la tardanza y por lo que tardare en el siguiente lo siento emot024 emot024