Capitulo 5
Dahnger silbó cuando estuvo seguro de que la mujer no podía escucharlo. –Esa, es lo que llamó una hembra de valor- dijo con los ojos calvados en el movimiento de las caderas de la hembra.
-no está nada mal- Sahvage observó a la mujer, una verdadera hembra de sangre azul.- aun que no es mi tipo.
Dejándose caer indolentemente de nuevo sobre las delicadas sillas ambos machos se acomodaron en la misma posición.
-¿crees que ese puñetero Leahdyre avise al rey?- preguntó Dahnger aunque lo dudaba sinceramente.
-En realidad creo que ha ido a esconderse en el primer armario que encontró- Sahvage estiró su enorme cuerpo sobre la silla y cerró los ojos, las delicadas patas crujieron con su peso.
-mierda, no tenemos tiempo para jugar a las escondidas.- Sahvage se enderezó y tamborileó impaciente sobre la mesa.
El golpeteo de un bastón y el repentino oscurecimiento de la sala desde lo hizo voltear el rostro en busca de la causa.
J*d*r, en medio del umbral se encontraba uno de los machos más grandes que hubiera visto. Si no era un hermano por lo menos lo parecía, usaba los cabellos a lo mohawk, un impresionante traje de tres piezas de Ralph Lauren, un inusual abrigo de visón aunque el aura de crueldad contenida en sus ojos púrpura fue lo que le dijo a Dahnger que era un macho al que se debía tratar con cautela, sin embargo a Sahvage su aspecto le tenía sin cuidado, tras una breve mirada el macho se acomodó de nuevo, y sin levantar la vista de la punta de sus shitkikers colocados sobre la mesa y dijo con aspereza –se te ofrece algo.
El desconocido sonrió con los colmillos desplegados, como si la intimidación fuera su segunda naturaleza.
-nada- dijo, -en realidad creó que es a ustedes a quienes se les ofrece algo.
-tal vez- concedió Dahnger –depende de lo que costará.
El macho de los ojos púrpura rió ruidosamente, varias cabezas se dieron la vuelta para mirarlo.-que tal un poco de buena voluntad, dirijo un negocio, caballeros y en mi negocio siempre es bueno mantener relaciones apropiadas.
Dahnger se levantó y le tendió una mano a modo de saludo.-soy Dahnger– dijo señalando al otro rubio-y ese gruñón de ahí es Sahvage..
-Revhenge- respondió el macho de los ojos purpura, aceptando la mano que le ofrecían.
-¿sabes como contactar al rey?- preguntó a bocajarro Dahnger.
- se donde puede encontrarse esta noche y podría llevarlos ahí.
-¿puedes decirnos donde?- Sahvaje se incorporo de donde estaba sentado mostrando interés.
-podría hacer algo mejor, si quieren seguirme los llevaré ahí.
-¿no estaban en medio de la reunión?-Dahnger señaló hacia el salón adjunto.
-están demasiado perturbados por ustedes como para lograr sentarse y discutir, de cualquier manera ya se están marchando.
Sin ver si lo seguían o no, Revh se dio la vuelta y enfiló hacia la entrada de la casa, el par de machos no tardaron en seguirlo y los tres avanzaron en medio de los estirados aristócratas de la Glymera en retirada que se dividió a su paso como un variopinto mar rojo, no había palabras ni cuchicheos, solo el sonido del bastón de plata de Revh al golpear el suelo
-¿Qué? –le espectó Dahnger a un estirado y flacucho macho con aspecto de huron.
Savhaje busco entre la gente en busca de la elegante rubia, no estaba ahí, tras esa fachada fría y refinada, el macho creyó ver el mismo fuego que sentía dentro de él. Tal vez fuera mejor así.
Un auto esperaba frente a la entrada un elegante Aston Martín plateado con un hombre casi tan impresionante sosteniendo la puerta, antes de entrar el macho de los ojos púrpura le lanzó un fugas vistazo a un par de imponentes motocicletas Kawasaki Ninja: una negra, la otra verde oscuro, Revh sonrió con aprobación eran maquinas rápidas y potentes, exactamente lo que un hermano hubiera elegido.
Sahvaje salio a la noche y respiro profundamente. Odiaba la sensación de encierro, sentirse atrapado, no había nacido para estar en un salón luciendo como pingüino y hablando, él era un macho de acción, estiró el cuerpo para desperezarse, observó frente a él al macho de los ojos amatista quien entró al Aston Martín, el auto partió a penas el chofer entró en él, tras este siguió, un elegante Bentley negro.
Sahvage montó en la moto, sus musculosas piernas sostuvieron el peso de la maquina manteniéndola en equilibrio mientras se colocaba el casco, antes de bajar la visera lanzó una última mirada al interior de la casa sólo para quedar sin aliento. La mujer estaba ahí, su delgada figura recortada contra la luz que hacía resplandecer sus cabellos rubios. Etérea, exquisita, delicada, la clase de mujer a la que un macho como él no podía aspirar, ella lo miró a los ojos sin titubear y Sahvege encontró esa misma chispa que había visto antes esperando a convertirse en un incendio, era una pena que sus caminos no volvieran a juntarse, tras una última mirada Sahvage arrancó. la potente Ninja rugió cuando partió perdiéndose en la noche tras el Aston Martín, en busca de su misión.
Estaban ya muy lejos cuando la casa del Leahdyre cuando la elegante mansión se convirtió en una sucursal del infierno de Dante, con todos los aderezos: una gran explosión, gritos, fuego, muerte y agonía.
La noche se convirtió en una enorme bola de fuego naranja y el sonido fue tal que rompió los cristales de las residencias más próximas, sin importar que estas estuvieran a más de dos kilómetros de distancia.
Un lesser escondido observó los resultados de su obra. Una verdadera obra maestra. En ese momento W se sintió un J*d*d* Leonard Bernstein de mierda dirigiendo una sinfónica de explosiones. Una autentica obra maestra, era una pena que el Omega no estuviera ahí para verlo, pensó cuando la última de las cargas explotó y terminó de destruir la impresionante residencia Victoriana, estaba casi seguro de escuchar los acordes de Carmina Burana mientras el cielo de la noche se teñía de rojo, dorado y naranja.