Todo había comenzado como un juego ingenuo. uno que lo hizo olvidar la seguridad de los gemelos, la gala, a todos.
Un coqueteó inocente, unos cuantos roces, nada muy descarado, un beso, delicado como una pequeña caricia en la mejilla.
Otro beso, este en los labios, tímido, casi temeroso.
En tercero ahogado, unas cuantos lametones.
El cuarto, quinto sexto ni siquiera podían distinguirse. Sus lenguas se enredaron buscando y chupando.
Fue cuando sus manos comenzaron a buscarse.
Tanteando sobre la ropa, jugando con los botones de la Abercrombie de Blay, con el cuello, las piernas, los pechos, la V entre las piernas de Antonietta, los pectorales, tirando de la ropa tratando de encontrar la carne.
El resultado final era que Blay estaba excitado.
Caliente y dolorosamente excitado.
Terminaron por encontrarse tumbados sobre los lujosos asientos traseros de un Mercedes GIT, sin realmente saber como habían llegado ahí, con los cristales blancos por la humedad condensada.
Entrelazados con manos y labios intentando mantenerse en contacto con cada centímetro de piel desnuda.
El pecho de Blay, subía y bajaba como un fuelle intentando meter aire a sus pulmones, su piel rielando con pequeñas gotas de sudor,
En medio de jadeos y gemidos, con sus bocas buscándose desesperadamente, las manos de ambos aferradas a sus pieles húmedas y calientes.
El corazón de Blay era una buena imitación de martillo neumático mientras golpeaba contra sus costillas.
Su erección presionaba contra la dura tela de sus jeans de diseño, vibrando como si intentara escapar de ahí.
Las manos le temblaban tanto que a duras penas había terminado de soltar la larga fila de diminutos botones de perla del corpiño de Antonietta.
Blay se preguntaba si realmente estaba sucediéndole.
Sus dedos separaron la suave tela para revelar un delicioso par de senos.
Dos maravillosas esferas color canela estremeciéndose con cada inhalación y exhalación femenina.
–¿Quieres seguir?- la voz del macho sonaba estrangulada.
–¿Y tu?-
Tumbada sobre el suave cuero del asiento, levantó la mano para tomar la de Blay, tras un momento de titubeo, la colocó sobre uno de sus pechos.
Tenían el tamaño perfecto para caber en la palma de su mano.
Eran suaves y firmes, era tan placentero tocarlos.
Le dio un ligero apretón.
−Si− murmuro gimiendo Antonietta− quiero seguir −
De alguna forma esto se sentía correcto.
Es decir estar con ella, tocarla, incluso la forma de su cuerpo absolutamente femenino era apropiada.
Blay se acomodó sobre ella, sus ojos azules en contacto con los oscuros.
Las manos de Antonietta fueron al broche de los jeans impaciente por sentir su fuerza contenida. Blay la dejo hacer.
Cuando las manos femeninas tocaron su miembro duro como acero supo que era coherente sentirse así.
Phury se materializo justo en estacionamiento del ZeroSun, intento llegar hasta la mansión pero para desmaterializarse había que estar totalmente concentrado y eso no era posible cuando estaba con Lo
Ya no importaba nada más que tocarla.