Dicen que no hay mujer más recursiva que una regia, y Geo no era la excepción.
Sus ojos alertas, seguían a los gemelos al tiempo en que vigilaba la seguridad esperando a que la ocasión se diera.
Cuando la oportunidad se presentó, Geo saltó a la plataforma, aprovechando que la seguridad apenas se daba abasto para mantener el cerco.
Bajo la luz de los reflectores Phury y Zsadist se arrancaron de las camisas con los mismos poderosos y fluidos movimientos con los que se habían despojado de las chaquetas.
Verlos ahí, semidesnudos, con una ligera patina de sudor cubriendo sus cuerpos, hacía estragos en la temperatura de Geo elevándola a niveles peligrosos.
Decidida caminó hacia ellos, moviéndose con la misma gracia depredadora de un guerrero. En ese momento era una mujer dispuesta a correr riesgos, una mujer que deseaba a dos hombres.
Durante un breve segundo se vio así misma, desnuda en medio de sabanas negras de satén, siendo sostenida, tocada, acariciada por aquellos maravillosos hombres, pudo verse siendo poseída por la increíble fuerza de los gemelos.
Sintió el sonido áspero de sus respiraciones, el peso de sus cuerpos, incluso la textura de las sabanas bajo su cuerpo recalentado.
Colocándose en medio de los dos, el mundo entero dejo de existir mientras sus manos recorrían la piel marcada de Zsadist.
Sus uñas, trazaron los surcos, los intricados diseños de sus tatuajes, mientras dejaba caer la cabeza contra el macizo pecho de Phury
–Así es como se siente– pensó Geo. Su aliento escapaba en cortos jadeos como si estuviera corriendo una maratón.
–Hermoso – mumruró inclinadose a tocar esas marcas con los labios.
A un lado del escenario Lo, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Con los labios convertidos en una delgada línea, observaba como una de las asistentes pasaba de espectadora a colaboradora.
No debían haber sido Phury y Zsadist.
Este espectáculo le iba mejor a Raghe o a Butch y su vena de chulo.
Nunca se había considerado una persona celosa, pero verlas a todas desnudarlos con la mirada, ver a Geo tocar a su macho despertaba en su interior una veta asesina.
Era cierto que Zsadist era quien acaparaba casi todas las miradas, pero solo por que muy pocas esas mujeres comprendían a su gemelo.
Todo lo que podían ver era el salvaje pasado de Z, las marcas de esclavo de sangre, las huellas de los azotes.
Phury estaba tan o quizás más lastimado que su hermano. Si alguien pudiera ver su alma, como ella lo hacia seguramente vería cicatrices aun mas grandes.
Eso sin contar su imponente forma física.
Sus ojos se encontraron con los de Phury.
A través del espacio, sosteniendo la mirada de esos maravillosos ojos amarillos, supo que era en ella en quien pensaba, era ella quien deseaba.
Ella y solo ella.
Eso fue un segundo antes de que la seguridad colapsara y la marea de mujeres se precipitara tratando de alcanzar la fantasía. Tan cerca que casi era posible de tocar con la mano.