Vestida con un femenino y veraniego vestido rosa, Rowan salio de la habitación de Qhuinn y Willow, se sentía optimista, la herida parecía estar cerrando a buen ritmo y no había señal alguna de que algo estuviera mal con el bebe. Con la ayuda del estetoscopio podía seguir los latidos del crío, parecía fuerte, pero no estaba segura si era uno o dos.
En cuanto Willow estuviera más recuperada le diría lo del embarazo
Por primera vez en una semana Rowan pudo relajarse un poco, comer con calma y hasta dormir. Las chicas se habían turnado para ayudarla con Willow, además de eso, Manny acudía todos los días a ayudarle y en cada ocasión le robaba besos y algunas caricias.
Rowan estaba confundida. Deseaba a Butch, más que eso, estaba loca por él, pero también deseaba a Manny con la misma intensidad y no podía decidirse por ninguno, además de tener pendiente una larga platica con las chicas, su mente era un caos y solo tenerlos a ambos la mantenía entera.
Esa noche tras dejar a Qhuinn con Willow en una de las habitaciones de la mansión, se dirigió hasta su cuarto, mismo que compartía con Butch, quería tumbarse un rato a descansar, cambiarse el vestido y ponerse la pijama. Los últimos días estaban cobrando su cuota, se sentía agotada, adormilada y si era sincera preocupada, ya no podía posponer hacerse la prueba.
Necesitaba estar un rato a solas, no pensar en perder a alguno de ellos por el otro. O quedarse sin Butch, ni Manny
Supo que no podía evadir más el problema, cuando las voces sosegadas de los dos hombres mientras discutían sobre ella se filtraban por la puerta entreabierta. Era extraño escucharlos así, sin intentar matarse entre ellos.
-¿Crees que puedes hacerla feliz?- Butch preguntó con sarcasmo y un fuerte acento irlandés de Boston.
-se que puedo- Manny indicó con convicción, la he hecho feliz antes, podría hacerla feliz de nuevo.
-ella me quiere- la voz de Butch tenía convicción y un rastro de dolor.
-Lo se, Butch, créeme que lo se, pero también me quiere.
-¿Qué vamos a hacer? ¿Obligarla a elegir?- Butch sonó extrañamente calmado-no puedo hacerle eso - agregó-, no a ella, debo estar loco solo por pensar en compartirla, diablos ni siquiera se como puedo considerar que te quiera sin desear matarte, es solo que la amo exactamente cono es y tu eres parte de ella. Me aterra obligarla a elegir, temo a su respuesta, la verdad es que prefiero tenerla a medias que no tenerla en mi vida,
-Si te sirve de consuelo estoy igual, Rowan es simplemente perfecta para mi, es todo lo que deseo en una mujer- dijo Manny miró hacia la puerta entreabierta, para toparse con la mirada castaña de Rowan si se sorprendió al encontrarla ahí, no lo demostró, Manny venía del hospital, aun llevaba el pijama de cirugía sin la consabida bata.
Ella entró en la habitación y cerró la puerta, los observó un largo momento, demorando en cada uno de ellos, acariciándolos con la mirada.
Butch, era un macho impresionante, todo poder y fuerza. De pie junto a la cama, vestido únicamente con unos viejos y cómodos pantalones de chándal y con una toalla alrededor del cuello, estaba arrebatador. Sus cabellos desordenados y húmedos por la ducha, el cuerpo era un despliegue músculos cubierto por piel dorada y lampiña, en la que brillaban pequeñas gotas de agua.
Era un amante maravilloso, un tanto rudo, ardiente y absolutamente entregado a darle todo el placer que fuera posible. Rowan comprendió que no podía renunciar a él.
Y Manny… ¡Cristo!
Manny aun usando el pijama de cirugía se veía increíble, sus grandes hombros se destacaban, junto con sus formidables bíceps, ni hablar de sus antebrazos, tan musculosos. El pijama se le tensaba contra los hombros, haciendo notar la diferencia entre estos y sus estrechas caderas, resultaba increíblemente sexy y era sin duda la fantasía de cualquier mujer y si alguien lo sabía era ella.
Manny dominaba con maestría el arte de hacerla gemir y gritar de placer. Esas manos, grandes y en apariencia toscas eran capaces de tocarla con mucha delicadeza, de elevarla al cielo. Rowan tampoco podía renunciar a él.
Los amaba a ambos, no importaba cuanto tiempo permanecieran en su vida, por ahora eran suyos. La humedad le empapó las bragas y se escurrió entre sus muslos solo con el pensamiento de tomarlos a ambos.
Los dos hacían su vida completa, cada uno de ellos llenaba un aspecto de su vida y la hacían mejor al tenerlos. -No quiero elegir- dijo, caminando hasta colocarse entre ellos.
Eran tal altos y magníficos y estaban tan cerca él uno del otro, que al extender los brazos pudo colocar ambas manos sobre sus pechos, justo en el centro, entre sus pectorales, saboreando con los dedos la calida piel de Butch y la firmeza de Manny. Maravillada se dio cuenta de que era bello sentir ambos corazones latiendo contra sus palmas.
Rowan miró a ambos alternadamente intentando que ambos comprendieran.-no podría hacerlo, los amo a los dos, no podría elegir a uno de ustedes.
Se acercó a Butch, se sintió delicada frente a él. La miraba con amor y quizás algo de dolor, Rowan deseaba borrarlo, quería hacerle sentir cuanto lo amaba. Parándose de puntas y tirando un poco de la toalla para acercarlo a ella, lo besó, pegando su cuerpo para mostrarle lo que sentía. Él macho correspondió como siempre, con fiereza, dominándola con sus labios, tan suaves y a la vez firmes, acoplándose a su boca y forzándola a abrirla para alcanzar su interior, la lamió con largas pasadas, se introdujo en ella una y otra vez, en una imitación de la forma en que la seducía.
Tras ella escuchó el rumor inquieto de Manny, debía cortar el beso si no quería perderlo. Renuente se separó de Butch, sus ojos avellana, estaban nublados y oscurecidos por el deseo.
Rowan no habló, lo miró a los ojos pidiéndole comprensión, con la mano aun sobre su pecho giró para encarar a Mannello.
Él no esperó la invitación, se inclinó para tomar de ella también, seduciéndola con maestría. Su beso fue dulce y firme, no la dominaba como Butch, pero la hechizaba con la juguetona presión de sus dientes, dándole ligeros mordiscos en los labios, alternando el goce y el dolor. Al besarlo Rowan comprendió cuanto lo había extrañado. Rompió el beso para mirarlos.
Eran tan parecidos y a la vez tan diferentes. Altos, fuertes, de hombros anchos, firmes y esculpidos pechos, manos grandes y firmes, ambos con cabellos oscuros, el de Butch un poco más largo y tal vez algo más claro, el de Manny muy corto, espeso, sedoso, casi aterciopelado, tanto que Rowan sentía la urgencia de acariciarlo. El parecido se extendía a sus rostros. De hecho, bien podrían ser hermanos, solo la nariz rota del Brian les daba un punto de diferencia, haciendo que tuviera un aspecto más salvaje y como indicaba su sobrenombre: el Duro, un delicioso contrapunto con la rudeza contenida de Manny.
Sin poder evitarlo Rowan acarició con sus labios los duros músculos del pecho lampiño de Butch. Su lengua rodeó un pezón plano al tiempo que su otra mano bajaba, rodeando los dedos la rígida longitud de la salvaje erección de Manny, que crecía, empujando sus pantalones.
-¡Rowan! -las caderas de Manny se estremecieron ante la sensación de esos dedos frotando su miembro.
Butch elevó las manos para sujetarle la cara y volver a probar sus labios, se hundió en ella, la saboreó sintiendo el deseó crecer como un incendio. Sabía que acariciaba a Manny y la idea en lugar de enfurecerlo lo excitó, tal vez no era correcto, pero era parte de Row y solo por eso, lo aceptaba, por que el placer de ella estaba por encima de cualquier cosa.
Rowan deslizó los dedos sobre su lisa y perfecta piel, se introdujo en sus pantalones y llegó hasta rodear su endurecido miembro. No quería pensar en nada más que en lo que su cuerpo sentía al tenerlos a los dos.
Fue ella quien rompió el beso, un poco renuente, les había dicho lo que sentía, ahora les tocaba a ambos decidir, si podía aceptarlo.