Qhuinn aguardó durante horas frente al la puerta de la enfermería, pendiente de cada movimiento que hicieran Rowan y Manny.
No decían nada en concreto, lo más que pudo sacar fue la extraña frase de pronostico reservado.
¿Qué se suponía que significaba eso?
Ahí se quedó, de pie junto a Lo y a Phury, hasta estos se marcharon a cambiarse, y aun después de que Manny se fuera, sin poder ni siquiera moverse.
Era una larga espera, pero a la vez temía el momento en que Rowan saliera de la enfermería, así que cuando lo hizo y Qhuinn observó el rostro pálido de Rowan no supo bien como interpretarlo. Desesperación, abandono, dolor, miedo, no lograba definir que era lo que estaba sintiendo, solo sabía que le quemaba como acido a la vez que el corazón le golpeaba intensamente.
¡Oh Dios, no! Por favor no, pensó aterrado, que Willow este bien, que este bien, repitió mentalmente una y otra vez. Separó los labios para hablar, pero no logró decir nada, la garganta se le cerró, se la aclaró y lo intentó de nuevo.
-¿ella… Will,.. Esta?- las palabras se le atoraron en un apretado nudo, tragó antes de intentarlo de nuevo-¿Willow esta bien?
-Esta bastante golpeada, perdió mucha sangre y –Rowan quería decirle del bebé pero lo que salio de sus labios fue un-¿Cómo pudiste?- y Qhuinn se encogió.
-creí que estaría más segura así.- barbotó el macho
-¿no piensas?- le gruñó Rowan
-no fue mi intención, pensé. Creí que.
-No- lo corrigió Rowan, -estoy segura de que no pensaste, simplemente te dejaste llevar.
-tal vez- aceptó Qhuinn- pero fue con buena intención.
-estoy segura de que fueron las mejores intenciones- el sarcasmo de Row lo sacudió –¿no se te ocurrió que habría consecuencias?
-nunca quise que pasara esto, creí que ella estaría a salvo, que si rompíamos no habría razón para que estuviera en peligro- su disculpa se cortó ante la cara de asombro de Rowan.
-¿rompiste con ella?- la voz de Rowan se elevó..
-¿no hablabas de eso?- Qhuinn pareció sorprendido ante su reacción, aun más cuando Rowan lo empujó con sorprendente fuerza para alguien de su tamaño, lo tomó de la camisa con una expresión asesina en la mirada aun cuando lo miraba desde abajo.
-¿entonces de que hablamos? Alcanzó Qhuinn a preguntar
Rowan lo fulminó- no me corresponde a mi decírtelo-añadió misteriosa, con un aire de-ustedes-los-tíos-son tontos, permaneció un momento callada como si lo evaluara antes de preguntar a bocajarro –dime solo una cosa Qhuinn y mas te vale que sea la verdad.
Qhuinn asintió.
-¿la amas?
-más que a nada en el mundo-dijo el macho. Rowan supo que era verdad la sinceridad estaba en sus ojos disparejos por extraño que fuera
La voz de Qhuinn cambió se volvió segura, poderosa, comenzó a hablar en una lengua desconocida para Rowan una corta parrafada para después repetirla de modo que ella lo entendiera- juro por mi alma que amo a Willow y que nunca la dejare.
Rowan pareció un poco aplacada ante su respuesta, su expresión cambio antes de agregar –hombres, vampiros, machos, todos ustedes son iguales.
-¿Puedo verla?
-mejor aun- Rowan, se estiró un poco, y las huellas de tensión y cansancio fueron visibles- podrías quedarte con ella un momento, debo hacer unas cuantas llamadas telefónicas y comer algo.
-¿No habrá peligro?
-no voy muy lejos- dijo Rowan y le abrió la puerta para dejarlo pasar.
Qhuinn sabía que estaba golpeada, y herida, pero no había comprendido el grado exacto hasta que la vio tendida en aquella camilla bajo las frías luces fluorescentes.
¡Cristo! El hermoso rostro de Willow estaba casi irreconocible. Como un autómata sus piernas se movieron hasta ella, extendió la mano dudoso, para acariciar con mucha delicadeza el hombro y brazo.
Willow estaba cubierta por una sabana, sus hombros permanecían desnudos y en el izquierdo los apósitos blancos cubrían la herida. Las lágrimas se agolparon en los ojos de Qhuinn, pero las rechazó con energía. Él era un guerrero, no un niño, y los guerreros no lloraban, se vengaban.
Observando las heridas, la furia hirvió en sus venas con tal intensidad que no supo por que no estalló en llamas. Quería matar, salir y encontrar a Lash y destrozarlo, con sus propias manos, causarle todo el dolor que pudiera. Que pagara mil veces por cada sufrimiento de Willow.
No quería imaginar todo el terror que debía haber aguantado y cuan poco había necesitado Lash para dejarla así o si hubiera tenido más de tiempo a solas con ella.
Qhuinn uvo que recordarse que debía respirar. Concentrarse en meter y sacar aire de sus pulmones.
Ella no era una vampira, su cuerpo no se curaba mientras dormía, era frágil, esas marcas no desaparecerían de la noche a la mañana. No. tardaría semanas en volver a ser la misma si vivía.
En un cubo en el rincón Qhuinn observó los restos de su ropa manchados de sangre depositados en un cubo. !Dios había tanta!, las telas estaban rojas y apelmazadas.
La rabia escaló de nuevo, la contuvo, por el momento se concentraría en cuidar de ella, en reparar todo el daño que le había causado a Willow con sus decisiones precipitadas.
Se inclinó hacia ella y con mucho cuidado, tomó de la mano de Will, sintiendo el frágil latido de su corazón entre las yemas de sus dedos, su respiración se acompasó a la de ella intentando transmitirle toda su fortaleza.
-Willow- murmuró y sintió el escozor de las lagrimas –tienes que ponerte bien, me escuchas, amor- su voz enronqueció –no quiero vivir sin ti- levantó con cuidado la mano y la besó, manteniéndola contra su boca mientras hablaba- Yo te amo Will, es solo que soy un idiota que no te merece, por favor amor, no te rindas, déjame escucharte otra vez diciéndome que me amas, tal vez no quieras hacerlo otra vez y se que lo merezco, pero no puedo estar sin ti.
En respuesta a sus palabras y sintiendo su mirada Willow se agitó levemente, apenas unos cuantos movimientos, como si difícilmente tuviera fuerza, los dedos entre su mano se estremecieron, sus parpados se agitaron intentando abrirse enfocándose en él, movió los labios sin hacer un sonido y Qhuinn pudo ver su nombre formarse en ellos.
Cayó de rodillas junto a la camilla, esta vez no pudo evitar las lágrimas, ni siquiera lo intentó, lloró como un niño, sujetando la frágil mano de su mujer entre las suyas.