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FANTASTICA / Re: Fin del proyecto de traducción de "Los aeronautas" de Jim Butchet
« Last post by alescofet on January 05, 2021, 12:42:28 PM »
Bueno, primero de todo, gracias a a Alexcorf, que contribuyó con por lo menos un tercio de los capítulos, demostrando lo que yo decía, que es más importante tener un buen nivel de español que un buen nivel de inglés, porque el traductor de google es actualmente muy bueno.

Segundo, perdón por tenerlo todo de sopetón, pero no me parecía justo tenerlo y no ponerlo porque a partir de mañana entraré en la espiral de los exámenes universitarios que durará hasta el 10 de febrero y vete tú a saber el tiempo libre que tendré en este mes. Estando ya terminada la traducción me parecía cruel tener a ronubeco a la espera, con la fiel seguidora que ha sido.

Tercero, el libro está lejos de estar TERMINADO como para ponerlo a disposición de nadie, así que por favor, no lo peguéis sin más. Necesitamos un corrector voluntario al que tengo que soplarle algunas instrucciones y la misma persona u otra tiene que montar el documento word siguiendo la plantilla que ya tenemos más que puesta a prueba y queda bien para cualquier formato.

Cuarto, después del tercero, necesitaremos al menos un lector de prueba.

El libro vale la pena. Es cierto que es el primero de una saga que aún está inconcluso, es cierto que tiene un final inconcluso que te deja esperando la segunda parte, pero por Dios que es bueno. Es mejor que el primero de Codex Alera, y solo puedo suponer que no se ha publicado porque aún no tiene segunda parte, porque sino no hay excusa para los editores españoles.

Cris, has acertado la mitad del nombre... jajajajajaja
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FANTASTICA / Re: Fin del proyecto de traducción de "Los aeronautas" de Jim Butchet
« Last post by jgtbooks on January 05, 2021, 11:11:14 AM »
Como en otras ocasiones, si lo consideras yo puedo encargarme de la corrección.
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FANTASTICA / Fin del proyecto de traducción de "Los aeronautas" de Jim Butchet
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:35:43 AM »
Bueno, primero de todo, gracias a a Alexcorf, que contribuyó con por lo menos un tercio de los capítulos, demostrando lo que yo decía, que es más importante tener un buen nivel de español que un buen nivel de inglés, porque el traductor de google es actualmente muy bueno.

Segundo, perdón por tenerlo todo de sopetón, pero no me parecía justo tenerlo y no ponerlo porque a partir de mañana entraré en la espiral de los exámenes universitarios que durará hasta el 10 de febrero y vete tú a saber el tiempo libre que tendré en este mes. Estando ya terminada la traducción me parecía cruel tener a ronubeco a la espera, con la fiel seguidora que ha sido.

Tercero, el libro está lejos de estar TERMINADO como para ponerlo a disposición de nadie, así que por favor, no lo peguéis sin más. Necesitamos un corrector voluntario al que tengo que soplarle algunas instrucciones y la misma persona u otra tiene que montar el documento word siguiendo la plantilla que ya tenemos más que puesta a prueba y queda bien para cualquier formato.

Cuarto, después del tercero, necesitaremos al menos un lector de prueba.

El libro vale la pena. Es cierto que es el primero de una saga que aún está inconcluso, es cierto que tiene un final inconcluso que te deja esperando la segunda parte, pero por Dios que es bueno. Es mejor que el primero de Codex Alera, y solo puedo suponer que no se ha publicado porque aún no tiene segunda parte, porque sino no hay excusa para los editores españoles.
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FANTASTICA / Re: Los aeronautas, capítulo 69
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:28:01 AM »
Rowl se acurrucaba en su guarida recién reclamada y contemplaba cuál sería el mayor mal: regresar a su hogar en su condición actual o arrojarse por el costado de la aeronave. Que no pudiera discernir fácilmente la respuesta a su pregunta decía mucho sobre su situación.
Quizás terminar con todo sería lo mejor. No podía enfrentarse a su clan como estaba. Humanos tontos, por hacer su aeronave de tal manera que mutilara a un gato que estaba allí solo para guiarlos y protegerlos. Era un milagro que no se hubieran exterminado a si mismos hacía siglos.
Se movió y se movió con considerable dolor para levantarse y acostarse del otro lado. El interior de esta caja olía a aserrín, pero su boca abierta miraba hacia una de las paredes de la aeronave, por lo que al menos su horror paralizante no estaba a la vista de todos los humanos que pudieran pasar.
Escuchó cuando Ratoncito se acercó a la caja por cuarta vez.
-Rowl -dijo-. Esto es una tontería. Tienes que salir.
-Vete, Ratoncito -respondió Rowl-. Estoy contemplando el suicidio.
-No puedes hablar en serio -dijo Ratoncito.
-Totalmente en serio -respondió-. No puedo ir a casa así.
-Oh, por el amor de Dios -suspiró Bridget. Sus pesadas botas se alejaron, y Rowl volvió a sus cavilaciones.
Casi lo había perfeccionado cuando las botas se acercaron de nuevo y alguien levantó la caja y la giró noventa grados hacia un lado. Ratoncito se inclinó y miró dentro de la caja, frunciendo el ceño.
-Rowl, llevas ahí dos días y hemos aterrizado en la Aguja Albion. ¿Estás listo para salir ya?
-Nunca saldré -dijo Rowl malhumorado-. Soy un bicho raro.
-Constructores Misericordiosos -suspiró Ratoncito-. ¿Podrías salir y hablar conmigo?
Rowl se estremeció. Ratoncito era su amiga, pero no le debía todo. No debería tener que mostrar su rareza para entretenerla.
-Por favor -dijo-. Rowl, estás empezando a asustarme.
Rowl puso los ojos en blanco. Era una estratagema. Y además una barata. Intentaba ganarse su simpatía porque su extraño rostro humano estaba contorsionado por la preocupación y el afecto. Pero... era una de las estratagemas de Ratoncito.
Se levantó, rígido e incómodo, y luego comenzó con su cojera asimétrica, vacilante y espantosa hasta salir de la caja. La cosa horrible de su pata delantera derecha chocaba contra la plataforma de madera con cada paso repugnante, corto y desequilibrado.
-Si te lo pido -dijo Rowl-, ¿me matarías, por favor?
-No lo haría.
-Eres una amiga terrible -dijo Rowl. Intentó mover la pata, que le picaba horriblemente, pero la deformidad le impedía rascarse. Lo había intentado.
-Por el amor de Dios, Rowl -dijo Ratoncito- Es solo un yeso. El hueso sanará. ¿Por qué estás tan molesto por eso?
-Míralo -dijo Rowl con rencor-. Es espantoso. Es la cosa más espantosa que jamás haya existido.
En respuesta, Ratoncito levantó su brazo roto, con un yeso similar, y no dijo nada.
Rowl bajó un poco las orejas.
-Eso no viene al caso. Los seres humanos siempre parecen tontos y torpes. Yo soy un gato y el príncipe de los Patas Silenciosas. No se puede hacer ninguna comparación. Y mi cabeza -dijo Rowl. La habría sacudido para enfatizarlo, pero sacudirla no haría que la tela que el carnicero humano había sujetado allí se soltara, y sentía las patas extrañamente inestables cuando lo intentaba- Mira mi cabeza. Y debajo de esto me afeitó el pelaje. Parece que tuviera sarna.
-No tienes... Ay, Rowl -dijo Ratoncito- No necesitas a nadie que te ayude a suicidarte. Necesitas comida y descanso adecuados.
-Ya no tengo que interesarme por la comida -dijo Rowl. Reunió todo lo que pudo de su destrozada dignidad y se volvió para comenzar a caminar deliberadamente hacia la popa de la aeronave, que sobresalía en el vacío.
-No -dijo Ratoncito con firmeza. Lo alcanzó en dos zancadas y lo atrapó. Rowl intentó esquivarla, pero el monstruoso yeso de su pierna lo hacía más lento, y Ratoncito lo levantó, hizo una cuna con sus brazos y lo abrazó suavemente. Eso le proporcionó una breve y brillante oleada de deleite, que era una trampa.
-Ratoncito -dijo Rowl-, estás aplastándome el pelaje.
Ella lo abrazó un poco más y dijo:
-Sí. Eres mi amigo más antiguo. Estaría perdida sin ti.
Rowl no había considerado el asunto desde ese ángulo.
-Por supuesto.
-Si quieres, puedes quedarte conmigo hasta que el doctor Bagen diga que puede quitarse el yeso. Así no será necesario que te vea nadie de la tribu.
-Estás intentando sobornarme para que me olvide de tener una muerte honorable -dijo Rowl en tono severo.
-Acabo de enviar a un mensajero a comprar tus bolas de masa preferidas.
Con la sola mención de la comida, el estómago de Rowl gorgojeó hambriento, lo que también era una trampa.
Dejó escapar un profundo suspiro.
-Bien -dijo-. Pero sabes, Ratoncito, que no soportaría esta humillación por nadie más.
Ella frotó la cara contra el pelaje de su espalda y Rowl sintió que ronroneaba, lo cual habría sido hacer trampa si todavía hubiera estado intentando suicidarse, cosa que ahora ya no hacía. Lo había decidido.
Así que se dio la vuelta en los brazos acunados de Ratoncito para poder acariciarla en respuesta mientras ella lo acariciaba a él, aunque sólo fuera por un momento, rozándole el rostro con la pata delantera ilesa. Luego dijo:
-¿Dónde?
Ratoncito parpadeó.
-¿Dónde qué?
-¿Dónde están mis bolas de masa?


* * *

Grimm se sentó en silencio frente a Addison Orson Magnus Jeremiah Albion, Spirearch de Albion, hasta que este terminó de escanear las páginas del informe escrito de Grimm. El Spirearch, notó Grimm, leía muy, muy rápido.
-Ya veo -dijo Albion-, que no se hace mención a haber hecho encadenar a la tripulación capturada de la Itasca.
-No lo fueron -respondió Grimm.
Albion arqueó una ceja y miró a Grimm por encima del borde de sus gafas.
-El Capitán Castillo nos dio su palabra y la de su tripulación.
La otra ceja del Spirearch se arqueó.
-¿Así sin más?
-Más o menos -dijo Grimm-. Podríamos haberlos derribado. No lo hicimos.
Albion frunció los labios, pensativo y luego se volvió hacia el informe con una leve sonrisa.
-Háblame de nuestras pérdidas.
-La Tormentosa fue derribada. Sufrió muchas bajas, ciento cincuenta y tres muertos, incluidos todos sus oficiales subalternos menos uno, y cuarenta heridos, pero se las arregló para mantenerse a flote sobre sus cristales auxiliares hasta que las lanchas de rescate pudieron encontrarla en la niebla.
-Aquí dice -dijo Albion-, que se le debe dar un reconocimiento especial al Capitán Castillo y sus marines, quienes ayudaron en el esfuerzo de rescate.
-La Itasca tenía más lanchas funcionales que todos nosotros juntos -dijo Grimm-. Ningún marine o aeronauta quiere ver a nadie caer a la superficie.
-¿Y eso por qué?
-Porque todos tenemos pesadillas al respecto -dijo Grimm-. La batalla había terminado. Así que ayudaron.
-¿Y ninguno intentó escapar? -preguntó Albion.
Grimm negó con la cabeza una vez, con firmeza.
-Habían dado su palabra.
-Ya veo -murmuró Albion-. En su opinión, ¿la Tormentosa se puede salvar?
Las operaciones de salvamento siempre eran asuntos terriblemente arriesgados. Nunca se sabía a qué horrores podría enfrentarse uno en una simple misión para recuperar los preciosos cristales de elevación y el núcleo de una nave derribada. Después de todo, había que arriesgar una nave para intentar recuperar otra, y la tasa de éxito de tales recuperaciones siempre fluctuaba precariamente entre la sostenibilidad y arrojar cristales buenos tras otros en mal estado.
-No soy un experto en salvamento, señor -dijo Grimm-. Pero ahora estamos en guerra con Aurora. No podemos darnos el lujo de ir a lo seguro.
Albion dio unos golpecitos con el pulgar en su escritorio, meditando sobre la declaración.
-¿Señor?
-¿Sí, capitán?
-¿Qué va a pasar con los auroranos?
-Son prisioneros de guerra -dijo Albion-. Me imagino que se les pondrán a trabajar en la base de la Aguja.
Grimm apretó la mandíbula.
-No señor.
-¿No?
-No, señor -dijo Grimm-. He visto ese lugar. Bien podría atarles una soga al cuello y ponerlos sobre bloques de hielo, si quiere que mueran lentamente. Sería más limpio.
-No estoy seguro de por qué eso le preocupa, capitán -dijo Albion.
-Porque se rindieron ante mí -dijo Grimm-. Me dieron su palabra, señor. Podrían haber luchado sin ninguna posibilidad real de victoria, y habría sido una matanza. Pero esa rendición salvó la sangre y la vida de albiones y auroranos por igual. No veré recompensado al capitán Castillo con un trato tan grosero.
-Mmmm -dijo Albion. Asintió con la cabeza hacia el informe y dijo-: Continúe.
-La Victoriosa sufrió bajas moderadas entre su tripulación, con once muertos y cuarenta y un heridos. Sufrió graves daños en el casco y los mástiles, pero se puede reparar en diez días. La Valiente solo sufrió daños leves, sin muertos y con media docena de heridos, y el comodoro Bayard ya la tiene de vuelta en condiciones de lucha.
-¿Y la Depredadora?
-Veintidós hombres muertos, en total -respondió Grimm, con cuidado de pensar sólo en números-. Treinta y tres heridos.
-Perdimos un solo crucero pesado -reflexionó Albion-, y capturamos la Itasca.
-Lo que queda de ella -dijo Grimm.
-En el informe de Bayard -dijo Albion-, señala que la única razón por la que la Itasca pudo ser capturada fue porque usted la atrajo para que persiguiera a la Depredadora.
-Era lo correcto -dijo Grimm.
-Sí -dijo Albion-, y muchos hombres reconocen lo correcto. Pero cuando significa ponerse en peligro, relativamente pocos lo hacen.
Grimm sintió un repentino estallido de rabia en su pecho.
-Rook -dijo.
-Su informe -señaló Albion-, lo acusa de cobardía frente al enemigo.
-Así es -dijo Grimm- Se asustó. Huyó. Si la Gloriosa se hubiera mantenido firme, no habríamos perdido la Tormentosa, y bien podríamos haber tomado la Itasca completa y en funcionamiento.
-Eso dice en su informe -dijo Albion-. El informe del comodoro Rook al Almirantazgo se lee de manera algo distinta. Afirma que el impacto provocó un cortocircuito temporal en los cables de su cristal de elevación y que no pudo mantener la altitud.
-Es un maldito mentiroso -dijo Grimm-. Pregúntele a Bayard.
-Lo hice -dijo Albion-. El comodoro Bayard informa que estaba demasiado lejos del combate y con un ángulo de visibilidad demasiado pobre para ver claramente lo que sucedía y no puede jurar en conciencia la veracidad de ninguno de los dos los informes. Sin su testimonio, me temo que es su palabra contra la del comodoro Rook.
Grimm apretó los dientes. Él era un paria en la Flota. Rook era el favorito de una de las muchas facciones dentro de su estructura de mando.
-¿Le solicitó al capitán Castillo la cortesía de un informe?
Albion echó la cabeza hacia atrás y soltó una breve carcajada.
-Le creo, capitán. Estoy seguro de que el buen capitán respaldaría su informe. Pero me temo que su palabra tampoco tendrá mucho peso en el Almirantazgo de la Flota.
La columna vertebral de Grimm se sentía como hierro rígido revestido de cobre.
-¿Así que se sale con la suya, señor?
-Se sale con la suya -dijo Albion-. Por ahora.
Grimm escuchó sus nudillos estallar cuando apretó su mano en un puño frustrado.
-Sí, señor.
Albion lo miró fijamente por un momento y luego dejó a un lado el informe y juntó las manos en un campanario puntiagudo.
-Entre nosotros -dijo-, ¿cómo evaluaría el desempeño de Albion en esta crisis?
-Fallamos, señor -dijo Grimm.
-¿En qué manera?
-No detuvimos el ataque a Landing. Nuestros enemigos escaparon, después de quemar una colección de conocimiento de valor incalculable. Murieron inocentes. El muelle de Landing fue destruido. Solo hay un punto brillante en todo este lío.
-¿Que sería?
Grimm sacó dos volúmenes idénticos del bolsillo de su abrigo y los dejó sobre el escritorio de Albion.
-Esto es lo que buscaban Cavendish y los auroranos. Tomó una copia y quemó todas las demás que pudo encontrar. Uno de los monjes logró sacar uno del fuego y yo le quité el libro robado antes de la llegada de la Itasca.
Albion puso sus dedos sobre los libros muy, muy lentamente. Los atrajo ambos hacia él y los separó de modo que quedaran uno al lado del otro.
-No mencionó esto en tu informe.
-No, señor. Los auroranos se tomaron muchas molestias para conseguir este libro. Me pareció mejor no mencionarlo en ningún tipo de registro.
Albion asintió lentamente.
-De hecho, capitán. Hizo exactamente lo correcto. -Cogió ambos libros y los guardó en el cajón de su escritorio-. Todo este incidente ha sido extremadamente lamentable.
-Podría haber sido peor -dijo Grimm.
-¿Ah?
—Los gremios criminales de Landing, señor. Si no hubieran intervenido y coordinado los esfuerzos de extinción de incendios y la evacuación, habría muerto mucha más gente. Podríamos haber perdido toda la habble.
-Sí -dijo Albion-. Tuvimos suerte de que reaccionaran tan rápido.
-S í-dijo Grimm-. Fue casi como si alguien les advirtiera de lo que se avecinaba. Señor.
Albion parpadeó una vez, lentamente, y le dedicó a Grimm una mirada suave.
-¿Qué está insinuando, capitán?
-No podía confiar en su propia Guardia -dijo Grimm-. Pero necesitaba a alguien con el personal, la fuerza y ​​la organización para hacer el trabajo, y aunque la motivación de los gremios puede ser desagradable, es absolutamente constante. Dinero.
-Es una teoría muy interesante, capitán Grimm -dijo Albion-. Pero me temo que no es terriblemente creíble. Soy un testaferro del gobierno y poco más. Todos saben eso.
-Oh -dijo Grimm-. Un error por mi parte.
Ninguno de los dos sonrió. Pero Albion inclinó levemente la cabeza hacia Grimm, como un esgrimista reconociendo un toque.
-¿Por qué, señor? -preguntó Grimm-. ¿Por qué querrían ese libro?
-No estoy seguro -dijo Albion-. Supongo que podríamos preguntar.
-Los oficiales y la tripulación de la Itasca no sabrán nada al respecto, más allá de sus órdenes de movimiento y objetivos -dijo Grimm-. Es seguridad militar básica.
-Entonces debemos preguntar a madame Cavendish, supongo. -Albion lo miró-. ¿Podemos atrapar a la Tiburón de Niebla?
-En el momento en que la capitana Ransom regresó a su nave, la habrá conducido hasta la niebla y habrá izado velas -dijo Grimm-. Es una contrabandista. Podría enviar a la mitad de Flota a cazarla, señor, y nunca vería ni su sombra.
-¿Y esa es su opinión profesional? -preguntó Albion, entrecerrando ligeramente los ojos.
-No, señor. Es un hecho.
-Mmmm -dijo Albion-. Bien. Al menos no consiguieron el libro.

* * *

La tormenta golpeaba a la Tiburón de Niebla. Vientos impredecibles azotaban la aeronave de forma aleatoria y violenta, a veces empujándola de un lado a otro, y más a menudo lanzándola violentamente hacia arriba o hacia abajo. Espira estaba echado en el suelo, con el arnés de seguridad atado fuerte y firmemente, con la espalda contra el casco. Sus hombres eran marines auroranos, acostumbrados al mal tiempo en las aeronaves, pero aun así, después de tres días de propulsión impulsada por el viento, más de unos pocos se habían visto obligados a agarrar un balde en el que perder el contenido de sus estómagos.
Espira cerró los ojos y se hundió en el limbo hasta que, una cantidad de tiempo no especificada después, Ciriaco le tocó el hombro y lo despertó.
-Otra vez -dijo el sargento.
Suspiró y se puso de pie. Se desabrochó el arnés de seguridad y comenzó el laborioso proceso de atravesar la Tiburón de Niebla para llegar al camarote de madame Cavendish.
Espira estaba cansado. No tenía ganas de llamar, pero simplemente irrumpir habría sido de mala educación, y quería vivir para ver Aguja Aurora de nuevo. Llamó y, un momento después, Sark abrió la puerta. El gran nacido guerrero parecía más delgado, como un gato medio muerto de hambre, pero estaba de pie y moviéndose de nuevo a pesar de las terribles heridas que había sufrido. Gruñó y se apartó de la puerta cuando entró Espira.
Madame Cavendish parecía asustada. Su cabello estaba revuelto. Tenía las mangas arremangadas y la tinta le manchaba los dedos y salpicaba al azar sus delgados antebrazos. Agarraba con gravedad una pluma, como si los músculos de su mano se hubieran bloqueado desde hacía mucho tiempo por el uso excesivo, y estuviera escribiendo furiosamente en un trozo de papel.
Una pila de varios cientos de trozos de papel más se encontraban en la mesa junto a ella, con los bordes alineados con precisión maníaca, y cada uno de ellos estaba cubierto con su escritura audaz y angular.
Terminó la página en la que estaba, la última, la sopló suavemente para ayudar a secar la tinta, y luego la colocó con cuidado encima de la pila. Se sentó lentamente, sus ojos brillaban y solo después de un momento de silencio reconoció a Espira.
-Mayor -dijo.
-Señora.
-Necesito el uso de algunos de sus hombres. Deben hacerse copias de estas páginas.
Espira frunció el ceño. Tenía la mujer...
-¿Señora? -preguntó Espira-. ¿Ha escrito esto... de memoria?
-¿Por qué cree que llevo aquí sentada escribiendo los últimos tres días? -dijo Cavendish en tono mordaz-. ¿Por qué cree que cedí el libro a la capitana Ransom cuando los albiones nos abordaron?
-Yo... Ya veo -dijo Espira-. Señora, preguntaré cuál de mis hombres sabe leer y escribir, pero debe saber que no son elegidos como marines auroranos por su caligrafía.
-Reconocido -dijo Cavendish-. Debe hacerse.
-Si puedo ser tan audaz -dijo Espira-, ¿puedo preguntar qué había en el libro que era tan importante?
-Nombres, Mayor -dijo Cavendish, sus ojos brillaban con hambrientas chispas fantasmales-. Nombres.

* * *

Folly se sentó gritando y siguió gritando hasta que se dio cuenta de lo incómodo que era. Sus gritos se extinguieron en pequeños gemidos y luego se estremeció y sintió lágrimas en las mejillas.
El maestro Ferus subió a trompicones por la escalera hasta su ático, con su salvaje cabello blanco ondeando, y el rostro preocupado.
-¿Folly?
Intentó hablar, pero su voz salió muy queda.
-De nuevo, maestro. Lo soñé de nuevo.
-Dime -dijo.
Folly se estremeció.
-Soñé con una Aguja, rodeada de oscuridad, con la Muerte entrando a raudales a través de sus paredes. Soñé con miles de naves como cristales que se elevaban de la tierra, y dondequiera que fueran, la gente moría. -Se estremeció y respiró hondo antes de terminar en un susurro-. “Vi caer un Aguja. Colapsarse como si estuviera hecha de arena. Y soñé con la Depredadora en llamas. Ardiendo. Rota. Hombres cayendo de ella como pequeños juguetes...
El recuerdo de sus gritos de pánico hizo que las lágrimas volvieran a brotar de los ojos de Folly. Cuando parpadeó para liberarlas, el maestro la miraba con compasión.
-Maestro -dijo Folly en voz baja-. Estos no son sueños, ¿verdad?
-No -dijo él con voz ronca.
-Es el futuro.
-Sí.
Folly se estremeció.
Él le puso una mano en el hombro y apoyó la frente contra la de ella, con los ojos cerrados. Ella se apoyó contra él, agradecida por su simple proximidad.
-¿Por qué estoy teniendo estos sueños?
-Porque está comenzando.
-¿Qué está comenzando?
-El final -respondió Ferus.
Su tono era pesado, cansado.
-¿Maestro?
-¿Sí, Folly?
-Tengo miedo
-Yo también, niña -dijo el eterealista-. Yo también.

 FIN DEL PRIMER LIBRO
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FANTASTICA / Los aeronautas, capítulo 69
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:27:49 AM »
Capítulo 69
AMS Depredadora

Bridget se despertó casi instantáneamente cuando Benedict se movió en su lecho de enfermo.
Se sentó en su silla y se secó la boca con la mano, como siempre hacía. Tenía una lamentable tendencia a babear cuando dormía profundamente. Pero se olvidó, y estuvo a punto de romperse los dientes cuando el yeso sobre su antebrazo y muñeca le golpeó los labios.
Soltó una maldición y se llevó el brazo ileso a la boca para frotar la magulladora. Lo que le faltaba, que Benedict se despertara y viera su labio abierto e hinchado.
El joven nacido guerrero se movió y dejó escapar un suave gemido. Su cuerpo se contrajo y luego sus brazos se movieron, solo para verse sujetado por las correas del catre de enfermería que ocupaba. Abrió los ojos y miró adormilado a su alrededor.
La enfermería estaba abarrotada, con hombres atados a catres que cubrían casi todos los centímetros libres del suelo. El doctor Bagen, después de trabajar durante casi un día seguido a raíz de la batalla, estaba en una hamaca colgada en un rincón de la enfermería, roncando con la fuerza de una tormenta que se avecinaba. Una segunda hamaca había sido colgada en la otra esquina, y el maestro Ferus yacía en ella, con los brazos cruzados sobre el vientre, durmiendo con una pequeña sonrisa de satisfacción en el rostro. Folly yacía acurrucada en el espacio abierto debajo de la hamaca de su mentor, entre las dos carretas del eterealista, durmiendo con la boca abierta.
-No intentes sentarte todavía -le dijo Bridget a Benedict-. Vale. Vale. Déjame desabrocharlo.
Se inclinó y desabrochó las correas que sujetaban a Benedict a su catre, y él respiró hondo después de que lo hiciera y levantó las manos para frotarse la cara. Luego las bajó, sus ojos se enfocaron de golpe, y por un momento hubo algo salvaje y peligroso en ellos. Cuando se fijaron en ella, Bridget sintió que apenas lo reconocía.
Afortunadamente, Bagen la había preparado de antemano para el tipo de respuesta que un nacido guerrero herido podía mostrar tras una batalla seguida de casi dos días de inconsciencia. El metabolismo acelerado de Benedict había ardido ferozmente durante todo ese tiempo, y parecía más delgado y peligroso que en cualquier otro momento en lo que llevaba de haberle conocido.
Sin una palabra, ella le pasó una jarra grande que tenía preparada, y él casi se la arrebató de las manos, agarrándola con torpeza debido a las quemaduras y las gruesas vendas de las manos, pero se tragó el agua con tanta sed que parte de ella se le derramó por las comisuras de la boca. Cuando bajó la jarra, ella había descubierto el cuenco grande de estofado espeso y la pequeña barra de pan que había estado esperando junto al agua. Benedict se sentó, se lo quitó con un gruñido y un destello de dientes, y comenzó a comer el guiso directamente del cuenco, como si no pudiera llevárselo a la boca con la suficiente rapidez. Complementó tragos de estofado con enormes mordiscos de la hogaza de pan, casi sin masticarlos antes de tragar.
Bridget siguió las instrucciones del doctor Bagen y se sentó muy quieta mientras Benedict comía, sin hablar, sin moverse ni ofrecerse a coger el cuenco cuando pareció haber terminado.
Fue solo después de que hubo terminado el cuenco y el pan por igual que la locura pareció desaparecer de sus ojos. Parpadeó varias veces y luego de repente se centró en Bridget de nuevo. La mitad inferior de su rostro estaba manchada por la comida. Se llevó la mano a la boca en un gesto corto y abortivo, y algo parecido a la vergüenza tocó sus ojos.
-Ah -dijo, con voz baja y áspera-. Estoy... Le ruego me disculpe, señorita Tagwynn. No era yo mismo.
-Está bien -le aseguró-. ¿Cómo te sientes?
-Horrible. -Algo profundo y oscuro parpadeó en sus ojos por un momento, pero luego desapareció-. ¿Dónde estamos? -preguntó.
-A bordo de la Depredadora, en la enfermería.
Él miró a su alrededor.
-Ah. ¿Cómo llegamos aquí? Estábamos en el templo, es lo último que recuerdo.
-Te derrumbaste por el veneno de tejedor de seda -dijo Bridget en voz baja-. Sabíamos que el maestro Ferus podía ayudarte a ti y a los demás que habían sido envenenados, así que el capitán nos llevó a todos a bordo y se dispuso a recuperar el equipamiento del maestro Ferus.
-Con éxito, obviamente -señaló Benedict-. ¿Que pasó? -Parpadeó y de repente se enderezó-. Bridget, ¿qué te ha pasado en la cara? ¿Tu brazo? -Levantó una mano y le tocó la mejilla magullada.
Las yemas de sus dedos eran ligeras, calientes y un poco ásperas. Bridget pensó que su corazón podría detenerse. Sintió que sus ojos se abrían de par en par.
La columna vertebral de Benedict pareció ponerse rígida en el mismo momento. Luego bajó la mano bruscamente y se aclaró la garganta.
-Um. Es decir, si quieres contármelo.
-Me golpearon en la cara mientras el templo se derrumbaba a nuestro alrededor -dijo Bridget, lo cual era técnicamente cierto. Levantó su yeso-. Esto sucedió cuando comenzó la batalla.
-¿Qué batalla?
-Oh, perseguimos y luchamos con la Tiburón de Niebla, la nave campeona de las Pruebas Olímpicas, luego luchamos contra algo llamado Itasca junto a varias naves de la Flota. La capturamos, lo que aparentemente es algo muy importante, y ahora llevamos a todos los de la batalla de regreso a casa -Bridget sonaba para sí misma como una niña terriblemente nerviosa recitando poesía por primera vez frente a sus compañeros de clase, hablando demasiado rápido pero incapaz de detenerse.
Benedict parpadeó y negó con la cabeza.
-Yo... ¿Cómo dices que te lastimaste la muñeca?
-La nave estaba maniobrando y yo estaba intentando sujetar a Rowl. No tenía idea de que el movimiento pudiera ser tan violento. -Sacudió la cabeza y sintió que se sonrojaba-. No es nada, honestamente.
-¿Dónde está Rowl?
-No me habla en este momento -dijo-. Me temo que su orgullo está herido. Pero volverá. Tarde o temprano.
Benedict sonrió levemente.
-¿Y Gwen?
-Ella está bien -dijo Bridget-. Es buena.
El joven nacido guerrera enarcó una ceja ante el tono pensativo de la voz de Bridget.
-Sí, lo es -dijo en voz baja-. Arrogante, testaruda, ocasionalmente descuidada y lenta para considerar que podría estar equivocada, pero tiene buen corazón. Debajo de todas las partes molestas. De vez en cuando a una buena distancia por debajo.
Bridget soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza.
-Siempre te burlas de ella.
-Alguien debe hacerlo. De lo contrario, tendría una cabeza de Lancaster enorme e hinchada. -Sonrió y la estudió un momento. Luego, moviéndose muy deliberadamente, Benedict Sorellin tomó la mano de Bridget y la apoyó sobre sus dedos calientes por la fiebre. Apretó la mano entre las suyas. El corazón de Bridget se aceleró y sintió que se sonrojaba de nuevo, sonreía y miraba fijamente sus propios pies.
Pero cerró los dedos suavemente contra los de él, y sintió su firme y cuidadoso agarre apretarse en respuesta.
Era asombroso, pensó. No sentía necesidad de decir nada. Y al parecer él tampoco. Su mano estaba en la de él, y eso era suficiente y más que suficiente. Estaba exhausta y los últimos días habían sido terribles, pero ahora estaba sentada en silencio junto a Benedict, le tomaba la mano y se sentía más feliz de lo que se había sentido en meses.

* * *

Gwen estaba de pie en silencio en la cubierta ventosa, con las gafas puestas, y mirando por encima de la barandilla hacia donde se había levantado una gran plataforma de carga desde la Itasca con el coste de los primeros días de la guerra.
No había lugar donde pudieran yacer los cuerpos de los que habían muerto. En su lugar, habían sido envueltos en tela y apilados como leña, tanto albiones como auroranos. La plataforma ahora flotaba a cien metros de la Depredadora, atada con un tramo de cuerda.
La cubierta de la Depredadora estaba abarrotada. Los oficiales de la rendida Itasca estaban de pie, desarmados, con sus uniformes de gala, al igual que los oficiales de la Valiente y la Victoriosa, y el único oficial superviviente de la Tormentosa.
-Ya que ha agradado a Dios en el Cielo sacar de este mundo las almas de estos hombres -entonó el capitán Grimm, con voz tranquila y firme, y el sombrero en las manos- entregamos sus cuerpos a los vientos, tierra a la tierra, cenizas a las cenizas y polvo al polvo, albergando la esperanza bienaventurada de que el propio Dios en el Cielo descienda a la tierra con un grito, con las voces de los arcángeles y con la trompeta divina, y que entonces lo que es volverá a ser. Entonces los que estemos vivos y los que quedamos veremos un mundo nuevo nacido de este velo de lágrimas, y nos reuniremos con ellos en paz. Amén.
-Amén -se escuchó un rugido general de los oficiales reunidos y los aeronautas de la Depredadora.
-Salva fúnebre -dijo Creedy desde su lugar a la derecha de Grimm-. Adelante.
Uno de los cañones de la Depredadora había sido ajustado para la tarea en cuestión, y lo que salió de su cañón no fue el habitual cometa de luz, sino un sol pequeño y brillante. Navegó con gracia hacia la plataforma flotante, expandiéndose rápidamente, y cuando la golpeó se produjo un destello de luz, una tos atronadora y una repentina nube de tormenta hecha de puro fuego, tan brillante que Gwen tuvo que protegerse los ojos contra ella, incluso llevando gafas.
Cuando parpadeó, sus ojos se aclararon de nuevo, la plataforma y los cuerpos que había sobre ella habían desaparecido, reemplazados por una nube de ceniza y hollín que se disipaba rápidamente, ya siendo arrastrada por la fuerte brisa.
Hubo un largo momento de silencio, durante el cual nadie se movió. Entonces, como por una señal tácita, de repente decenas de hombres se volvieron a poner el sombrero, y la quietud del servicio fúnebre terminó. Hubo un breve período de mezcla entre los oficiales, en el que los auroranos capturados hablaron tranquilamente con sus contrapartes de Albion, diferenciándose solo en sus uniformes, y en que ninguno de ellos llevaba guanteletes o espadas.
Luego, los hombres comenzaron a abordar lanchas y regresar a sus naves, a la Valiente y la Victoriosa, ambas arrastrando la forma destrozada e inutilizada de la Itasca tras ellas. Luego, las tres naves comenzaron a regresar lentamente hacia Aguja Albion, moviéndose a solo una fracción de la velocidad que los había alejado de la Aguja él.
Gwen esperó varios minutos después de que la nave se pusiera en marcha, y luego observó cómo el capitán Grimm regresaba a sus habitaciones. Lo siguió y llamó a su puerta.
-Entre -dijo.
Se quitó las gafas y entró para encontrarlo sentado en la mesita de su camarote con un montón de páginas en blanco frente a él, junto con una pluma y tinta. Los dejó a un lado y se levantó cortésmente cuando ella entró.
-Capitán. Buenas tardes.
-Señorita Lancaster -dijo Grimm-. ¿Qué puedo hacer por usted?
Gwen se encontró apretando los puños en el dobladillo de su chaqueta y se obligó a detenerse.
-Yo... Necesito hablar con alguien. Pero no hay nadie que parezca apropiado. Si estuviera en casa, hablaría con Esterbrook, pero...
Grimm inclinó la cabeza ligeramente hacia un lado. Luego le hizo un gesto para que se sentara en la otra silla y se la acercó. Gwen se sentó agradecida.
-¿Té? -le preguntó el capitán.
-Yo... No estoy segura de que sea una conversación para el té -dijo Gwen.
Grimm frunció el ceño.
-Le ruego, señorita Lancaster, que diga lo que tiene en mente.
-Eso mismo es -dijo-. Yo... No estoy segura de qué es. Tengo una sensación horrible.
Grimm respiró hondo por la nariz y dijo:
—Ah. ¿Como de horrible?
Gwen sacudió con la cabeza.
-Maté a un hombre hace unos días. Un oficial aurorano. Elegí hacerlo. Él nunca tuvo una oportunidad.
Grimm asintió lentamente.
-Y vi a esa matriarca tejedora de seda. Yo la vi... hacer cosas.
Grimm dijo en voz baja:
-Continúe. -Se volvió hacia un armario, lo abrió y sacó una botella y dos vasos pequeños.
-Y... y yo estaba aquí durante la batalla. Vi... -Gwen descubrió que se le cerraba la garganta. Se obligó a hablar con más claridad-. Fue terrible. Cuando cierro los ojos... No estoy muy segura de tener que estar dormida ya para tener pesadillas, capitán.
-Sí -dijo Grimm. Volvió a la mesa, sirvió un poco de licor en cada vaso y le pasó uno antes de sentarse.
Gwen miró el cristal sin verlo realmente.
-Es solo que... Yo estaba en medio de todo eso. Vi todo eso. Y ahora...
-Ahora está en camino de regreso para estar entre gente que no lo ha visto -dijo Grimm en voz baja.
Gwen parpadeó y sintió que sus ojos se ensanchaban levemente mientras lo miraba.
-Sí. Sí, eso es exactamente. Yo... No tenía idea de cómo podría ser el mundo hasta que lo vi. Lo sentí. -Negó con la cabeza, incapaz de continuar.
-¿Cómo va a hablar con alguien que no tiene idea? -dijo Grimm, asintiendo-. ¿Cómo puedes explicar algo para lo que no encuentras palabras? ¿Cómo puedes hacer que alguien más comprenda algo para lo que no tienen un marco de referencia?
-Sí -dijo Gwen. Su garganta se cerró de nuevo-. Sí. Eso es exactamente.
-No puedes -dijo Grimm simplemente-. Ha visto usted las fauces de niebla. Ellos no lo han hecho.
Gwen parpadeó levemente ante eso.
-Yo... Oh. ¿Eso es lo que significa esa frase? Porque no he visto una bruma literal.
Grimm sonrió levemente.
-Eso es lo que significa -dijo-. Puede describirles todo lo que quiera. Puede escribir libros sobre lo que sintió, lo que experimentó. Puede componer poemas y canciones sobre cómo fue. Pero hasta que no lo vean por sí mismos, no podrán saber realmente de qué está hablando. Algunas personas verán claramente el efecto que tuvo en usted, al menos lo entenderán. Pero no lo sabrán.
Gwen se estremeció.
-No estoy segura de querer que lo hagan.
-Por supuesto que no -dijo Grimm-. Nadie debería tener que pasar por eso. ¿Por qué luchar, si no para proteger a los demás?
Gwen asintió.
-Pensé que tal vez me estaba volviendo loca.
-Posiblemente -dijo Grimm-. Pero si es así, no estará sola.
Se sintió sonreír un poco.
-¿Qué debo hacer?
En respuesta, él levantó su copa y extendió el brazo. Ella hizo lo propio y tocó su copa con la de él. Ambos bebieron. El licor era dorado, dulce y fuerte, y le quemó mientras descendía.
-Hábleme de ello, si lo desea -dijo Grimm-. O a Benedict. O a la señorita Tagwynn. O al señor Kettle, si no le importa oir maldiciones. Todos han visto las fauces de la niebla.
-¿Y saben cómo vivir con esto? -preguntó Gwen.
-No estoy seguro de que nadie sepa hacer eso -dijo Grimm-. Pero la entenderán. Ayuda. Lo sé. Y con el tiempo no es tan difícil de soportar.
-Lo que hemos hecho -dijo Gwen en voz baja-. La violencia. La muerte. -Sacudió la cabeza, incapaz de articular lo que sentía.
-Lo sé -dijo Grimm en voz muy baja-. Hay una pregunta que debe hacerse.
-¿Oh?
El asintió.
-Si pudiera volver exactamente a esos momentos, con exactamente el conocimiento que tenía en ese momento, ¿haría algo diferente?
-¿No quiere decir, si hubiera sabido entonces lo que sé ahora?
-No -dijo él con firmeza-. Quiero decir exactamente lo contrario a eso. No puede ver el futuro, señorita Lancaster. No puede ser consciente de todo en todo momento. En situaciones de combate, sus elecciones se pueden juzgar basándose únicamente en lo que sabía en ese momento. Esperar algo más de un soldado es exigir que sea sobrehumano. Lo que me parece irrazonable.
Gwen frunció el ceño, pensando, girando el vaso vacío entre sus dedos.
-Yo... Si hubiera hecho algo diferente, creo que ahora mismo estaría muerta.
-Ahí lo tiene -dijo Grimm simplemente.
-Pero me siento horrible -dijo Gwen.
-Bien -dijo Grimm-. Debe hacerlo. Cualquiera debería hacerlo.
-Eso no parece muy militar.
Él sacudió la cabeza.
-En el momento en que pueda ver las fauces de la niebla sin sentirse horrible, ya no será un soldado, señorita Lancaster. Será usted... algo así como un monstruo, tal vez.
-Usted parece estar muy bien -dijo Gwen.
-Lo parezco. Sí. -Grimm le dedicó una sonrisa con un matiz amargo y se sirvió otro trago. Levantó la botella y ella negó con la cabeza. Volvió a dejar la botella y se tomó la bebida de un solo trago-. No lo estoy. Pero todavía no puedo permitirme el lujo de desmoronarme. Seré un desastre balbuceante más tarde, se lo aseguro, pero por el momento hay trabajo por hacer. Sé lo que está sintiendo.
Gwen asintió y sintió un escalofrío recorrerla, y luego abandonar su cuerpo sintiéndose una fracción menos tensa, una fracción menos dolorida.
Él estaba en lo cierto. Esto ayudaba.
-Es curioso -dijo.
-¿Perdón?
-Después de la forma en que me marché, de repente me encuentro con muchas ganas de volver a casa. Pero... no será lo mismo cuando regrese. ¿Verdad?
-Será lo mismo -dijo Grimm-. Será usted la que habrá cambiado.
-Oh -dijo ella en voz baja. Se sentaron en silencio un momento. Entonces Gwen se levantó y dejó su vaso sobre la mesa. Grimm se levantó con ella.
-Capitán Grimm -dijo-. Gracias.
Él inclinó la cabeza hacia ella y dijo:
-Por supuesto.

* * *

26
FANTASTICA / Re: Los aeronautas, capítulo 68
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:25:06 AM »
Grimm la miró con el ceño fruncido por un segundo y luego inclinó una oreja en el aire, escuchando. Su oído aún resonaba por la furia de la batalla reciente, pero... sí, había un sonido proveniente de las alturas.
Un sonido como de trompetas lejanas.
Y venía directamente del cegador sol de media mañana.
Grimm se giró para mirar a la Itasca, que tronaba con el traqueteo de sus máquinas de vapor, el rugido de sus turbinas, y se dio cuenta de que la nave enemiga estaba efectivamente ensordecida por su propia propulsión. ¿Habría tiempo?
Sí. Sí, podría haberlo.
Grimm sintió que una sonrisa se le escapaba entre dientes y gritó:
—¡Viraje duro a babor a toda máquina, señor Kettle! ¡Manténgase por delante de su giro! ¡Armas! ¡Andanada de fuego sobre el puente de la Itasca!
-¿Señor?-volvió a llamar Creedy. Grimm pudo escuchar la incredulidad en la voz del joven oficial. No solo apuntaba deliberadamente al puente de un enemigo, una táctica indigna y generalmente poco gratificante, sino que el fuego ondulado (disparos de un cañón tras otro) no lograría nada contra el pesado sudario de la Itasca a esa distancia. De hecho, haría poco más que proporcionar un espectáculo de fuegos artificiales.
-¡Es una orden, señor Creedy! -tronó Grimm-. ¡Fuego!
La voz de Creedy repitió la orden y, en cuestión de segundos, el cañón de la Depredadora comenzó a lanzar un desafío a los dientes de la Itasca. Ráfagas de fuego explotaron contra el sudario cerca de la proa de la Itasca, borrando su puente de la vista en intermitentes oleadas de llamas.
-¡Capitán! -llegó el grito casi furioso de Journeyman desde el tubo parlante-. ¡La matriz de cristales auxiliares del costado de babor está a punto ceder! ¡Tenemos que llegar a un lugar tranquilo y estable y cortar la energía!
-¡Entendido! -respondió Grimm-. ¡Prepárese para cortar la energía la matriz auxiliar!
-¿Qué? -soltó Journeyman.
Grimm se volvió hacia la señorita Lancaster y comenzó a apretarle las correas de seguridad, revisando cada una con cuidado.
-Disculpe, señorita.
La joven lo miró fijamente con los ojos muy abiertos.
-¿Capitán?
-Sujete las correas con fuerza con ambas manos y no las ajuste, por favor -dijo Grimm.
la Itasca continuó su giro, apuntando la aniquilación de su andanada, aunque Kettle mantenía a la herida Depredadora corriendo por delante de ella, inclinándose en un arco que rodearía a la otra nave. El gesto era inútil a largo plazo. la Itasca ya estaba reduciendo ligeramente su velocidad de avance para enviar más energía a los propulsores laterales de sus turbinas, para hacerla girar más rápido y atrapar a la Depredadora en el arco de disparo de sus propios cañones de babor.
El primer trío de armas de la disposición de la Itasca logró alcance suficiente como para colocar a la Depredadora en su mira y escupió furiosas esferas de llamas. Su pesado cañón era considerablemente más grande que los que llevaba la Depredadora, y el fuego enemigo saltó por el cielo para golpear el sudario de la Depredadora. Esta se iluminó en una brillante esfera de luz verde, y el rugido de las cargas de los cañones se sintió como si sacudieran los mismos huesos de Grimm. Grimm casi podía sentir la determinación de su barco de perseverar, sentir su obstinada resistencia, pero también podía sentir algo del calor de los proyectiles enemigos que se filtraban a través del sudario, enviando un fuerte olor a ozono por la cubierta.
La Depredadora siguió golpeando constantemente el área alrededor del puente de la Itasca, y Grimm sabía que parecería la táctica de un hombre verdaderamente desesperado, con la esperanza de acabar con la amenaza a su barco cortando efectivamente la cabeza de su enemigo. Las historias y los dramas a menudo se basaban en esa táctica, pero en la práctica desordenada de una batalla real, apuntar con tanta precisión era problemático, los sudarios no se penetraban tan fácilmente y un enemigo decidido por lo general podía atravesar el sudario de un enemigo en el centro de la nave con mayor precisión y rapidez que intentando golpear directamente el puente.
Pero, pensó Grimm, su objetivo no era causar estragos en la Itasca con su cañón. Tenía algo mucho más peligroso en mente. Después de todo, la Itasca ya estaba sorda.
Grimm también la quería ciega.
la Itasca redujo aún más su velocidad para agudizar su giro, sus flancos blindados brillaban al sol mientras luchaba por atrapar la nave más pequeña y ágil en los arcos de disparo de sus armas, como un gato girando sobre un ratón veloz. Grimm pudo sentir su corazón latir con puro y frenético terror cuando sintió que los ángulos de las naves cambiaban, sintió que más cañones del enemigo comenzaban a alcanzar a la Depredadora, y supo que a él y a su nave le quedaban solo unos segundos de vida. la Itasca estaba decidida a terminar lo que había comenzado semanas atrás, y estaba totalmente concentrada en la destrucción de la Depredadora.
Y debido a que lo estaba, no se enteró de nada hasta que el sonido de trompetas estridentes de repente se elevó incluso por encima del trueno de sus propios motores y el fuego de los cañones de la Depredadora.
La AFS Valiente del comodoro Alexander Bayard bajó estrepitosamente desde el sol, el crucero pesado cayó en un descenso que fue casi tan brusco como el picado de combate de un barco mucho más ligero, su grito de guerra era un toque de clarín. A sus flancos estaban sus compañeras de división, la AFS Tormentosa, rugiendo como una tormenta, y la AFS Victoriosa, con sus palos temblando como el retumbar constante de un enorme tambor de guerra.
Un rugido de ferocidad sin adulterar se elevó desde la tripulación de la Depredadora cuando los tres cruceros pesados ​​de Albion giraron con la coordinación de un grupo de bailarines, alineando sus andanadas para atacar a la Itasca, y desataron la furia de cuarenta y cinco cañones en un destello casi simultáneo de luz y sonido.
La distancia era brutalmente cercana: Bayard había colocado sus naves entre la nave de Grimm y la Itasca.
Los disparos de los cañones de Albion se estrellaron contra el ya puesto a prueba sudario de la Itasca, lo atravesaron y perforaron el casco mismo. El pesado blindaje de la Itasca había sido diseñado para resistir armas exactamente como las que ahora se usan contra ella, en situaciones exactamente como las que enfrentaba ahora, pero ni siquiera la Itasca pudo ignorar los comentarios iniciales de Bayard. Los cañonazos de sus naves atravesaron la armadura de la Itasca, abriendo grandes agujeros en su casco exterior y prendiendo fuego a todo en los compartimentos que había tras ellos. En un instante, casi la mitad del casco de babor de la Itasca simplemente se desvaneció, convertido en nubes de cenizas y llamas y un sudario ardiente y destrozado.
Y, sin embargo, la tripulación de la Itasca era demasiado disciplinada para quedarse impotente, a pesar de la velocidad de la ejecución casi perfecta de Bayard de un ataque clásico. Incluso mientras la división de cruceros abría fuego, la Itasca aulló su desafío a sus enemigos, su cañón gritó, y el peso de toda su andanada cayó sobre la Tormentosa.
El pesado cañón del crucero de batalla alcanzó el sudario ligero de la Tormentosa, y la enorme densidad del fuego de la Itasca significó que Tormentosa nunca tuvo una oportunidad. Aunque su casco exterior estaba blindado con acero revestido de cobre, a esa distancia y contra esos cañones, bien podría haber estado protegida por vidrio. Las cargas de cañón estallaron contra el exterior blindado del crucero pesado, abrieron un agujero en su interior lo bastante grande como para que un yate navegara a través de él, y salió por el lado opuesto del casco de la Tormentosa en una lluvia de blindaje destrozado, fuego y madera incinerada, destripándola con una sola salva.
Grimm vio que el cristal de estribor de la Tormentosa fallaba con una lluvia de pequeñas explosiones, y su cristal de popa cedía, de modo que se desplomó abruptamente a popa y estribor, su cubierta se inclinó en un ángulo precario y comenzó a descender rápidamente. La tensión en sus vigas fue demasiado, y con un crujido tan fuerte como un cañón, su espalda se rompió. La mitad trasera de la aeronave simplemente se hundió y se enredó en los largos tramos de red de seda etérea, tirando de la sección delantera de la aeronave condenada y en llamas hacia abajo, hacia abajo, hacia abajo. Se desvaneció en la niebla, pero no antes de que un aeronauta de pensamiento rápido desplegara una boya de emergencia, básicamente nada más que un diminuto cristal elevador unido a un banderín de colores.
-¡Cambie el fuego a sus redes! -gritó Grimm gritó-. ¡Démosle al comodoro la oportunidad de agotarla!
-¡Fuego en la red enemiga, entendido! -respondió Creedy, y el cañón de la Depredadora comenzó a rastrillar la red de la Itasca, impidiéndole ganar velocidad más allá de la proporcionada por sus turbinas.
la Itasca mantuvo su giro original, intentando proteger su flanco devastado de sus enemigos, pero la Valiente y la Victoriosa se separaron como un par de lobos rodeando un macizo de madera. Las dos naves de Albion no habían podido detener por completo su descenso a una distancia tan corta, y se deslizaron bajo el nivel de la Itasca y a ambos lados de ella, cada nave inclinándose sobre su eje para mantener la posibilidad de una andanada sobre el enemigo. En respuesta, la Itasca mostró su costado de estribor sin daños hacia la Victoriosa, exponiendo su vientre a la Valiente.
La nueva andanada de la Itasca se disparó primero, y esta vez todo su cañón se centró en la Victoriosa. Las tripulaciones de los cañones del crucero de batalla de la Aguja Aurora conocían bien su oficio, pero tenían un ángulo de disparo deficiente y sus golpes fueron más dispersos. El sudario de la Victoriosa resplandeció con un verde esmeralda brillante, apagando gran parte del fuego, pero aun así lo que atravesó hizo astillas sus mástiles dorsal y de estribor y abrió agujeros irregulares en la cubierta de estribor, cobrándose un precio horrible entre sus artilleros y haciendo que gran parte el lado de estribor del barco ardiera en llamas.
La Victoriosa y la Valiente dispararon de nuevo, pero la andanada de la Victoriosa estaba a la mitad de su potencia. Entre el sudario de la Itasca y su pesada armadura, el crucero de batalla se encogió de hombros ante los impactos, aunque sonó como un gran gong cuando la furia de la Victoriosa golpeó su casco.
La Valiente, mientras tanto, rodó casi hasta la horizontal mientras se deslizaba por debajo de la Itasca, y luego disparó directamente hacia su vientre.
El sudario de la Itasca resistió la primera media docena de impactos, pero luego los artilleros de Bayard comenzaron a arrancar grandes pedazos del casco blindado, destrozando sus mástiles ventrales delanteros y empujando cada vez más profundamente hacia el interior de la nave, como un cuchillo fino y delgado presionado contra el vientre de un hombre por debajo de las costillas, buscando el corazón.
la Itasca se estremeció y simplemente aceptó los golpes, manteniendo sus cañones de estribor sobre la Victoriosa hasta que su cañón completó el ciclo y aulló de nuevo.
La segunda salva no fue de gran importancia en términos de precisión, con Bayard golpeando a sus tripulaciones con impactos regulares desde abajo, pero contra la herida Victoriosa, fue suficiente. Aunque el crucero intentó apartar sus flancos destrozados de los cañones de la Itasca, lo único que pudo hacer fue rotar su lado herido hacia abajo, exponiendo su única cubierta ligeramente blindada al fuego enemigo. Su sudario falló en un catastrófico estallido de chispas, y el pesado cañón del barco aurorano golpeó su cubierta, abriendo enormes secciones y prendiendo docenas de incendios en los compartimentos no blindados de su interior.
La Victoriosa vaciló y cayó como un hombre golpeado con un mazo. Una oleada de energía debía haber golpeado su matriz de cristal de estribor, porque de repente rodó, giró y comenzó a caer mientras se hundía, girando una y otra vez sobre su eje longitudinal, enredándose desesperadamente en su propia red.
la Itasca se estremeció y continuó su giro, descendiendo con demasiada gracia para ser un barco tan grande, las máquinas de vapor resoplando, girando su costado de estribor intacto hacia la Valiente con una pesada sensación de finalidad, un gigante listo para aplastar al último de sus oponentes más pequeños.
Lo correcto para Bayard habría sido aumentar su ritmo y mantenerse por delante del giro de la Itasca, tal como había hecho Grimm solo unos momentos antes, pero en lugar de eso, Bayard rompió en la otra dirección, como si buscara soltarse.
Fue un movimiento aparentemente tonto, uno que podría haberse esperado de un capitán mercante cegado por el pánico o de un capitán verde en su primera acción. Solo llevaría a la Valiente hacia el punto de mira de la Itasca mucho más rápido, y posiblemente no podría ganar suficiente alcance para entorpecer la precisión la de los artilleros de Itasca con una diferencia significativa. Peor aún, el movimiento exponía una mayor parte de la popa del barco, donde el blindaje era más delgado y la superestructura del barco más vulnerable. Grimm casi podía ver el repentino entusiasmo de la Itasca por usar su cañón y destruir al último de sus oponentes serios.
Y al hacerlo, exponer el enorme agujero en su armadura del vientre a la Depredadora.
-¡Kettle! -gritó Grimm.
-¡Sí! -respondió el piloto. Él también había visto la abertura, y la ágil Depredadora se ladeó y se hundió más, deslizándose hacia la sombra del casco de la Itasca en la zona muerta donde sus armas no podían alcanzarla, y donde, si giraba, la Depredadora quedaría aniquilada en un glorioso destello de trueno luminoso.
-¡Creedy! -llamó Grimm-. ¡Prepare fuego de salva!
-¡Fuego de salva, entendido! -gritó Creedy.
-¡Señor Journeyman! -llamó Grimm por el tubo de comunicación-. ¡Corte la matriz de auxiliares de babor!
Grimm sintió cuando se cortaba la energía de los cristales de babor. De repente, la plataforma de la Depredadora se colocó completamente en vertical, el movimiento fue un golpe contra su arnés de seguridad, un golpe en la caja torácica. La señorita Lancaster dejó escapar un agudo grito de sorpresa, su voz tensa con un terror que rápidamente ahogó.
Y los cañones de estribor de la Depredadora se colocaron contra el vientre de la Itasca a una distancia de cincuenta metros.
-¡Fuego! -rugió Grimm.
Los cañones de estribor de la Depredadora aullaron como uno solo.
No quedaba ningún sudario que se opusiera a las cargas más ligeras que podían lanzar las armas de la Depredadora, y las armas más pesadas de la Valiente se habían cobrado un precio desastroso tanto sobre el casco blindado como sobre la armadura interior de la Itasca. En el espacio abierto del cielo, las rondas de la Depredadora no podrían haber causado mucho más que abolladuras al rojo vivo en el casco exterior de la Itasca, pero dentro de los espacios contenidos de sus compartimentos interiores, la salva de los cañones más ligeros explotó con salvaje furia, un chorro de fuego penetrando en la relativamente pequeña abertura de su armadura.
la Itasca se tambaleó violentamente y la salva enviada hacia el barco de Bayard navegó salvajemente en todas direcciones. El rugido de los propulsores de la nave aurorana se detuvo de repente y durante unos segundos los únicos sonidos en el cielo fueron el crujir de la madera, el crepitar del fuego y el distante traqueteo de los motores de la Valiente.
Y luego, con un sonido parecido a un trueno furioso, la caldera de la Itasca explotó.
La onda de choque se estrelló contra la Depredadora como una mano enorme y carnosa, y sacó el aire de los pulmones de Grimm. Intentó dar una orden a Kettle, pero no salió ningún sonido de sus labios. Sin embargo, Kettle ya estaba descendiendo y continuaba hacia adelante, saliendo de debajo de la Itasca.
La enorme nave blindada había quedado completamente deformada por el impacto, el casco blindado abollado hacia afuera por la fuerza de la explosión, desgarrado en docenas de lugares. Sus mástiles estaban destrozados, por completo, y varias matrices de cristales habían fallado, por lo que estaba inclinada hacia un lado y a la deriva, girando lentamente. Aeronautas indefensos colgaban de las líneas de seguridad. Toda su cubierta de armas del lado de babor había sido consumida por el fuego, y los aeronautas gritaban mientras luchaban por escapar del incendio, muchos murieron cuando los arneses de seguridad destinados a protegerlos los atraparon ahora dentro de las llamas.
El silbato de vapor de la Valiente aulló triunfalmente cuando se dio la vuelta, tomando un rumbo que la llevaría de regreso a la Itasca sin cruzar el arco de disparo de la cubierta de armas que le quedaba, y uno de los cañones de persecución de Bayard envió un solo disparo a través de la proa de la Itasca...
-¡Alto al fuego! -ordenó Grimm.
-¡Alto al fuego, entendido! -repitió Creedy en la cubierta de armas.
Durante un largo momento, la Itasca quedó suspendida en el cielo como una gran bestia aturdida, demasiado aturdida para comprender lo que la rodeaba. Grimm podía oír órdenes frenéticamente gritadas arriba y abajo en la nave más grande.
Y luego sus colores salieron aleteando de los pocos mástiles que quedaban y se alejaron girando con la brisa.
La Depredadora se desplazó lo suficientemente cerca de la Itasca para que Grimm pudiera ver al capitán en su puente inclinado, apoyado contra la inclinación de su barco, sostenido en su lugar por tres líneas de seguridad impecables y tensas. Parecía de la misma edad que Grimm, un hombre alto y delgado con la piel curtida y un brillo plateado en su cabello por lo demás negro como el carbón. El hombre devolvió la mirada a Grimm, luego asintió con la cabeza, desenganchó la espada envainada del costado y extendió el mango hacia la Depredadora.
Grimm se enderezó tanto como pudo en la posición casi vertical de la que pendía en sus propias líneas de seguridad. Se quitó la gorra y asintió en respuesta al capitán aurorano.
la Itasca se había rendido.
La batalla había terminado.
27
FANTASTICA / Los aeronautas, capítulo 68
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:24:52 AM »
Capítulo 68
AMS Depredadora

Grimm observó cómo la Itasca se inclinaba hacia ellos, las máquinas de vapor traqueteaban, las turbinas rugían, y alineaba el disparo que dispersaría a la Depredadora y su tripulación a los vientos.
Como todo lo demás que había hecho la Itasca, la maniobra se realizó sin problemas. Grimm solo podía ver, a esta distancia, los contornos de los oficiales de pie en el puente de la Itasca, incluido el sombrero de copa alta de su capitán. El uniforme rojo oscuro del hombre estaba estropeado por una mancha blanca, ¿un cabestrillo para su brazo, tal vez? Parte de la explosión de la salva inicial de la Gloriosa debía haber atravesado el sudario de la ltasca, y el calor o la metralla del impacto sobre el blindaje del barco debía haber herido al hombre. Sin embargo, permanecía donde debía estar un capitán, haciendo lo que debía hacer un capitán. Grimm podía respetar eso.
Al menos si iba a morir, no sería a manos de un nepotista cobarde y bobo como Rook, o por las armas de algún pirata harapiento, descuidado y desesperadamente violento. Había algo de consuelo en el pensamiento.
Aunque era un hecho, por supuesto, que él y la Depredadora tampoco se echarían y morirían sin más.
No podía dejar atrás a la Itasca, no ahora. La mitad de la red de la Depredadora había quedado destruida, limitando severamente su velocidad, mientras la nave más grande podía simplemente desplegar más seda etérica de sus carretes expansivos. Grimm podía ordenar a sus hombres que izaran velas, pero los vientos no eran favorables en su posición actual, y la Itasca, impulsada por turbinas, terminaría la cuestión antes de que se pudieran desplegar las velas de lona.
No podía escapar de modo tradicional; estaban demasiado lejos de la niebla para intentar otra cosa que no fuera una inmersión suicida casi con certeza, dado que uno de los cristales auxiliares ya había cedido. De hecho, incluso un ascenso brusco podía ser igualmente peligroso.
Ponerse en pie y disparar contra la Itasca sería un gesto completamente inútil. Oh, un disparo afortunado podía golpear un punto debilitado en el sudario de la ltasca (después de todo , había estado implicada en un fuerte intercambio a corta distancia con la Gloriosa), pero era poco probable que un solo disparo afortunado de las armas de la Depredadora infligiera un daño grave contra el sudario del crucero de batalla con algo menos que suerte guiada por las manos de los Constructores Misericordiosos, los Arcángeles y el mismísimo Dios en el Cielo. Por el contrario, se necesitaría un golpe de suerte similar para que la Depredadora sobreviviera a la destrucción de la andanada de la Itasca.
Grimm giró la cabeza para observar la bandera de Albion, que se enderezaba con el viento frío del mástil dorsal principal. Podría rendir sus colores. La señal universal de rendición en la batalla aérea sería casi seguro honrada por un profesional del calibre del capitán de la Itasca. Por supuesto, hacerlo significaría la pérdida de la Depredadora, ya fuera tomada como premio o destruida y enviada a la superficie como un acto de guerra, y el alma de Grimm gritaba contra ese curso de acción.
Pero, ¿qué otra opción tenía?
-¿Capitán Grimm? -preguntó la señorita Lancaster-. ¿Qué es ese sonido?
28
FANTASTICA / Re: Los aeronautas, capítulo 67
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:23:45 AM »
-No solo una nave. Una nave enemiga histórica, señorita Lancaster. Ya se hayan hecho declaraciones oficiales o no, ahora estamos en guerra con Aguja Aurora, una guerra que están ganando, cómodamente, dado el daño que han infligido a los muelles de Landing.
-¿Y cree que la pérdida de una sola nave contrarrestará ese tipo de golpe?
-Objetivamente, no -dijo Grimm-. Pero las guerras no son simplemente medidas objetivas. Se trata de voluntad, señorita Lancaster, de fe. La interrupción que los auroranos causarán en nuestra economía no será ni remotamente igual a la pérdida de una sola nave, pero si podemos contrarrestarlo derribando una nave como la Itasca, podríamos reducir por completo el daño causado al espíritu de lucha de todo Albion. Es vital que no parezcamos totalmente indefensos en los momentos iniciales de la guerra. Una vez una nación deja de creer que puede ganar una guerra, esa guerra está perdida.
Gwen frunció el ceño.
-Y... está dispuesto a arriesgar la vida de su tripulación ante tal perspectiva.
-Y la suya, señorita -dijo él en voz baja.
-Por la remota posibilidad de que una nave amiga pueda haber visto sus cohetes de señales.
-Es más un lanzamiento de dados que una táctica -dijo Grimm. Se había vuelto para mirar por delante del barco, que se balanceaba con facilidad mientras Kettle la llevaba a otra maniobra evasiva-. Pero son mis dados.
-¿Y si Itasca se rinde? Seguramente saben que está usted corriendo hacia Albion, hacia nuestra Flota.
Grimm inclinó la cabeza, como si nunca antes hubiera considerado tal pregunta.
-Hmm. Entonces supongo que regresaremos a casa con daños menores, fácilmente reparables. Pero no lo harán.
-¿Por qué no?
-A su capitán le encargaron derribar a la Depredadora el mes pasado, para hacer una declaración. Nos escapamos. Un capitán al mando de una nave como la Itasca será un profesional, brillante, ambicioso y hambriento, señorita. No querrá irse a casa sin ensuciarse la gorra con los restos de la Depredadora.
Se oyó un silbido agudo desde abajo, y un momento después el tubo parlante del puente traqueteó con una voz metálica.
-¡Puente, mirador ventral!
El capitán Grimm se giró hacia el tubo de habla.
-Aquí puente, proceda.
-¡Contacto, patrón! -llegó la voz emocionada de un aeronauta-. Cinco millas por delante de nosotros, en la línea de nubes. Patrón, ¡creo que es La Gloriosa! Ha descendido a la niebla y está lista para aparecer.
-¡Hah! -Grimm dijo, sonriendo ferozmente-. Buenos ojos, señor MacCauley. Señor Kettle, ¿cuándo?
Kettle entrecerró los ojos frente a ellos y luego volvió a mirar a la Itasca, llevando a la Depredadora a otro amago lateral mientras consideraba la pregunta-. Empiece ahora un descenso gradual, capitán -dijo Kettle-. Ellos acumularán velocidad e impulso sobre nosotros. Cerrarán la distancia, pero mantendrán sus ojos sobre nosotros y eso hará que les sea mucho más difícil escapar cuando vean a la Gloriosa.
Grimm asintió bruscamente y cruzó las manos enguantadas a la espalda.
-Concuerdo. Adelante.
Kettle asintió con la cabeza y, tras su siguiente maniobra evasiva, colocó la nave en un ángulo descendente que hizo que el estómago de Gwen se sintiera un poco inquieto, ya que todo el cielo parecía abrirse ante su vista sin las restricciones que ofrecía el puente de la nave.
-La Gloriosa -dijo Gwen, luchando por contener las vueltas de su estómago-. Esa es la nave del comodoro Rook, ¿no?
-Sí -dijo Grimm en un tono severamente educado y rígidamente neutral-. Creo que lo es.
-No puedo creer que estemos puliendo la manzana que está a punto de recoger -murmuró Kettle.
-Vamos, vamos, señor Kettle -dijo Grimm. Hay una gran cantidad de Itasca enojada detrás de nosotros. Me alegra mucho tener la ayuda de cualquier barco de la Flota, dadas las circunstancias.
Kettle murmuró algo oscuramente entre dientes y Gwen observó al piloto con el ceño fruncido.
-¿Capitán? ¿Hay algún motivo de preocupación aquí?
Que Grimm se detuviera un momento pensativo antes de responder decía mucho en contraste directo con sus palabras, pensó Gwen.
-No particularmente -dijo-. La Gloriosa también es un crucero de batalla, a la altura de la tarea de enfrentarse a la Itasca, y el comodoro Rook tiene una tripulación de la Flota sólida y competente.
-Observo, señor -dijo Gwen-, que no dice usted que el comodoro Rook sea sólido y competente.
-No es cosa mía juzgar -respondió Grimm con firmeza-. Ha avanzado bastante hábilmente a través del escalafón de mando.
Kettle resopló con fuerza, elevándose en otro arco para evitar la forma en rápida expansión de una esfera de explosión enemiga.
—Es un idiota pomposo y lujurioso —observó Gwen con calma—, sin el ingenio que Dios en el Cielo le da a un simplón, pero supongo que tiene cierta astucia similar a la de una rata. También se ve bastante guapo con el uniforme.
Grimm giró bruscamente la cabeza hacia ella y luego la apartó de nuevo. Ella pudo decir por la tensión en su mejilla, vista de perfil, que estaba sonriendo.
-No me atrevería a contradecir su opinión, señorita Lancaster -dijo.
-Eso es porque el capitán no pelea batallas que no puede ganar, señorita Gwen -señaló Kettle.
El trueno regular de la munición enemiga detonando se hizo un poco más fuerte.
-Patrón -dijo Kettle, con un tono de advertencia en la voz-, si la Itasca se acerca, no habrá tiempo para evadir. Tendré que empezar a tejer. Puede que no lleguemos hasta la Gloriosa.
Grimm se volvió hacia el tubo de habla.
-Puente a Ingeniería.
La voz de Journeyman resonó por el tubo parlante.
-¿Sí, capitán?
-Si queda algo más de red, señor Journeyman, la necesitamos ahora mismo.
-Estoy sorprendido de que no se nos haya acabado ya, patrón -respondió el ingeniero-. Algunos de estos carretes se mantienen unidos con un hilo ensangrentado. Pero veré qué se puede hacer. Sala de máquinas fuera.
Los siguientes momentos fueron, pensó Gwen, singularmente aterradores. No había ningún tipo de acción violenta sucediendo cerca de ella, ni un enemigo a ser visto como algo más que el modelo de aeronave de un niño, elevándose en la distancia detrás de ellos. No había nada contra lo que pudiera prepararse para luchar. En lugar de eso, había simplemente truenos regulares y rugientes y fuego hirviente que rasgaba el aire cercano, enviando ráfagas de aire caliente con olor a ozono a través de la cubierta de la Depredadora, prometiendo una muerte repentina y violenta. El barco se balanceaba en maniobras evasivas cada vez más severas, cada una necesaria para preservar sus vidas, pero que también permitían que el enemigo se acercara un poco más.
Pensó que iba a volverse loca con los contrastes desconcertantes de la brillante luz del sol, la brisa fresca y fría en el aire y la violencia atronadora de la batalla aérea. La hacía sentirse completamente indefensa.
Porque, se dio cuenta, lo estaba. No había absolutamente nada que pudiera hacer para salvarse de compartir cualquier destino que la Depredadora encontrara, aparte de arrojarse por la borda de inmediato. No tenía ningún entrenamiento, ningún instinto, ningún conocimiento que la ayudara a sobrevivir en esta circunstancia. Se dio cuenta de que su destino estaba completamente en manos de otra persona.
El capitán Grimm se mantenía firme en su lugar en el puente, con las manos cruzadas a la espalda, sus líneas de seguridad apretadas y ordenadas, la imagen misma de lo que se suponía que era un capitán de aeronave, sosteniendo las vidas de todos en sus manos y haciéndolo sin encorvarse bajo la carga o quejarse del peso.
Era una forma de coraje que Gwen nunca antes había tomado en consideración.
No había forma en el Cielo ni en la Tierra de que este hombre fuera un cobarde que mereciera ser expulsado de la Flota, dijeran lo que dijeran los registros.
La respiración de Gwen se quedó atascada de repente en su garganta. En los últimos momentos, la Depredadora había navegado cerca de la mesosfera brumosa, con la Itasca ganando terreno todo el tiempo. Allí, por delante de ellos en la niebla, había divisado la forma sombría de la Gloriosa, lista para golpear al enemigo en los dientes.
-No nos interpongamos en el camino del comodoro Rook. Prepárese para una ascensión evasiva, señor Kettle —observó Grimm, con voz completamente tranquila—. Con calma. Con calma...
Pasó un segundo interminable.
Y la suerte de la Depredadora se acabó.
Una esfera en llamas del cañón de proa de la Itasca explotó exactamente en medio de su red del lado de babor, prendiendo todo en llamas en una única hoja de seda etérea que ardió violentamente.
La reacción de la nave fue inmediata. Redujo la velocidad, lanzando a Gwen hacia adelante contra el tirón de las líneas de seguridad que se esforzaban por mantenerla en su lugar, el pesado cinturón de cuero alrededor de su cintura pellizcó con fuerza contra su carne, cortándola. La nave giró pesadamente a estribor, desequilibrada por la preponderancia de la red en funcionamiento en ese lado, sus vigas gimieron y crujieron ante el repentino cambio de fuerzas.
Gwen vio de verdad como una de las baterías de uno de los puertos de cristales auxiliares estallaba en una lluvia de chispas, finalmente colapsando bajo la tensión del uso duro sin los sistemas de estabilización sólidamente establecidos para soportarla. El costado de babor del barco cayó abruptamente medio metro de golpe, sacudiendo a Gwen y llevándola brutalmente a clavar una rodilla en cubierta. El dolor estalló en su pierna.
Grimm también se arrodilló en la cubierta, pero nunca perdió la concentración del momento, su voz se convirtió en un bramido.
-¡Ascensión evasiva ahora, señor Kettle! ¡Reef la red de estribor! ¡Kettle, dele la vuelta para poner nuestra matriz de estribor en posición de apoyar a la Gloriosa!
Kettle, sostenido por los tirantes de la posición del piloto, apretó los dientes y lanzó a la Depredadora a una subida repentina y desigual, incluso mientras la nave perdía más velocidad, lo que permitió que la Itasca se lanzara a dar un golpe mortal.
Justo entonces la Gloriosa surgió de la mesosfera, con el costado hacia la Itasca, disparando sus treinta cañones en rápidas y sucesivas salvas de diez cañones cada una.
El ruido fue demasiado fuerte, la luz simplemente demasiado brillante para creerlo. Gwen se encontró levantando las manos hacia sus ojos, oídos y cara mientras truenos y relámpagos golpeaban contra ellos. La Depredadora giró con una gracia borracha alrededor de su eje vertical, hasta que su propio costado, más delgado pero aún mortal, se derramó sobre la nave enemiga y se abrió en un trueno aullante.
La Itasca desapareció tras un muro de llamas, un sonido ensordecedor y un humo turbulento. A Gwen le parecía increíble que alguna nave pudiera hacer cualquier cosa que no fuera quedar destruida por semejante derramamiento de poder.
Pero la Itasca lo hizo.
La nave salió navegando con gracia a través del trueno y el fuego, su red ardiendo como un enorme halo a su alrededor, su velo de energía brillando con más intensidad que mil cristales luminiscentes. Algunas de las ráfagas habían dado en el blanco y su proa había quedado aplastada y deformada como si un titán le hubiera arrojado un enorme mazo, y dos de los tres cañones de su cubierta de artillería de proa habían quedado reducidos a ruinas humeantes, pero la nave estaba de una pieza y ya giraba su popa con más gracia de la que debería poseer una nave tan grande, incluso mientras ascendía.
La salva de fuego de la Gloriosa se estrelló contra el sudario de la Itasca, pero al girar la nave presentó porciones frescas e intactas de su sudario protector para soportar el fuego, ignorando los golpes como un luchador veterano. Al cabo de unas pocas respiraciones, había utilizado su propia andanada de babor y disparado una única salva titánica de su parte media sobre la Gloriosa.
El sudario de la Gloriosa, sobrecargado en un punto de impacto relativamente más pequeño, proporcionó menos protección que el de la Itasca. El caso sonó, se partió y chilló cuando un cañón desgarró su flanco, arrasando con media docena de sus armas y destrozando uno de sus tres mástiles de babor. Explosiones secundarias, probablemente de uno de los cañones, abrieron un agujero en sus entrañas desde el interior del casco, enviando astillas de cubierta destrozada y tablas girando y aullando a través de los compartimentos cercanos.
Pero la Itasca no había terminado. En lugar de reducir la velocidad, siguió corriendo hacia adelante, y su ángulo agudo de ascensión la llevó justo por encima del velo brillante de la Gloriosa. La Itasca logró el balanceo de una nave mucho más liviana a medida que avanzaba, y apuntó su andanada de estribor con un bamboleo, apuntando a la cubierta de la Glorioosa a quemarropa. Disparó con furia titánica, y no había mucho que tanto el sudario como el casco pudieran hacer a tal distancia, desde ese ángulo relativamente vulnerable.
Secciones de la Gloriosa de diez metros de ancho simplemente desaparecieron, carbonizadas en nubes de hollín. Su mástil dorsal principal quedó cortado por la mitad y cayó en picado hacia la cubierta. Los gritos humanos no se podían oír en medio de esa destrucción, pero la imaginación de Gwen los colocó para ella cerca de las pequeñas figuras que podía ver consumidas por la violencia que convertía incluso la forma mortal más atrevida en una estatuilla de vidrio.
La Gloriosa se inclinó a un lado, gimiendo y chillando de dolor, pero aun así, increíblemente la nave resistió la horrible destrucción que le había infringido el enemigo, herida pero no destruida, su pesado sudario le permitió sobrevivir al castigo impuesto sobre ella.
La Itasca, mientras tanto, se balanceó de nuevo colocándose a nivel, sus turbinas de vapor resoplaban y rugían, proporcionándole algo de maniobrabilidad mientras sus aeronautas trabajaban para desplegar más tramos de su red de seda etérea desde sus mástiles, para aprovechar el mayor poder y gracia que ofrecían. Si bien no estaba intacta, solo la habían marcado ligeramente en comparación con el barco que parecía tener toda la ventaja sobre ella al comienzo del combate, y estaba lista para seguir luchando.
-Dios del Cielo -maldijo Kettle, sin rastro de burla en su tono-. Eso sí que es forma de manejar una nave.
-Manténganos en movimiento, señor Kettle -espetó el capitán Grimm-. Circúndenos hacia la Gloriosa y manténgase en su sombra. Levantó la voz para gritar-: ¡Armas! ¡Sigan rastrillando la red de la Itasca! ¡Tenemos que mantenerla coja para que no pueda meter más fuego en los agujeros que ha abierto en la armadura de la Gloriosa!
-¡Rastrillar su red, entendido! -repitió la voz del comandante Creedy. El cañón de la Depredadora chilló, y secciones de la red de la Itasca se incendiaron a medida que los carretes de la gran nave la desplegaban. El impulso de la Itasca se frenó, la nave flotó lentamente por un momento, un momento en el que la enorme potencia de fuego de la Gloriosa podía dar una respuesta adecuada al saludo de la Itasca de un momento antes.
-¡Hah! -dijo Grimm, apretando el puño-. Aún podemos tenerla.
-¡Tripas y podredumbre! -gruñó Kettle, brusco y furioso-. Capitán, ¡mire a la Gloriosa!
La cabeza de Grimm se dio la vuelta para observar al crucero de batalla de la Flota. A lo lejos, el aturdido oído de Gwen apenas podía distinguir un sonido fuerte y frenético. Le llevó solo uno o dos segundos reconocerlo como la misma cadencia de campana que la propia Depredadora había utilizado para señalar maniobras de emergencia.
Y segundos más tarde vio como la Gloriosa se sumergía de nuevo en la niebla, moviéndose en un rápido descenso con tintes de pánico.
Gwen se quedó mirando al leviatán herido, atónita. Solo quedaban las brumas arremolinadas, girando en un vórtice circular lento donde la Gloriosa se había desvanecido.
-¡El muy cobarde! -aulló Kettle-. ¡Maldito seas, Rook, cobarde de entrepierna podrida! ¿Creíste que podías tomar a una luchadora como la Itasca sin unos cuantos baches en el camino?
Gwen negó con la cabeza, aturdida, sus ojos se movieron hacia el capitán Grimm.
El hombre estaba mirando a la desaparecida Gloriosa, tal como ella había hecho, y podía ver la verdad en el horror enfermizo de sus ojos.
La Gloriosa había dejado a la Depredadora atrás para morir.
Vagamente, Gwen pudo oír a los aeronautas de la Itasca aullar en salvaje desafío y júbilo, como bien podían hacer, tras haber lanzado una emboscada a sus atacantes para hacerlos abandonar el cielo azul en busca de la cobertura de la niebla.
Y luego la Itasca comenzó a girar, para lanzar su andanada sobre una Depredadora frágil y coja.

 
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FANTASTICA / Los aeronautas, capítulo 67
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:23:23 AM »
Capítulo 67
AMS Depredadora

Gwen se sintió bastante ridícula mientras se trasladaba de la enfermería al puente. El procedimiento a bordo de una nave involucrada en una acción de combate era que cada tripulante mantuviera al menos una y preferiblemente dos líneas de seguridad aseguradas a los puntos de anclaje en todo momento. Fijar los clips de metal pesado a los anillos de seguridad no fue la tarea fácil que la tripulación de la Depredadora hacía que pareciera. Afortunadamente, las barras del corredor que se extendían a lo largo de la cubierta y algunos de los pasillos internos hicieron la tarea más simple, aunque no fácil, pero no obstante, le llevó varios minutos viajar a no más de veinticinco metros.
Llegó al puente justo cuando el comandante Creedy comenzaba a gritar órdenes a la tripulación del barco, y la cubierta se inclinaba ligeramente bajo sus pies a medida que la Depredadora comenzaba a virar.
Estaba a punto de subir la empinada escalera hasta el puente cuando la capitana de la inmovilizada Tiburón de Niebla se agarró a los pasamanos y simplemente se deslizó por ellos, aterrizando sin esfuerzo en la cubierta y casi derribando a Gwen en el proceso.
La mujer alta le lanzó una mirada impaciente, tomó nota de la grasa y la suciedad de su ropa y dijo:
-Dios mío, ¿ahora Journeyman permite que entren mujeres en su sala de máquinas? ¿Qué le está pasando al mundo?
-Disculpe -dijo Gwen.
-Supongo -dijo la mujer, y se movió deslizándose por la cubierta, al parecer indiferente a la forma en que el barco había comenzado a inclinarse y estremecerse, hacia donde una lancha había sido amarrada al flanco de la Depredadora. Saltó la barandilla hasta la lancha, asintió con la cabeza a los dos hombres de aspecto rudo que la tripulaban, y luego comenzó a desatar las amarras.
Gwen parpadeó ante tal comportamiento. ¿No era la mujer efectivamente una cautiva? ¿Estaba escapando? ¿Por qué diablos nadie estaba poniendo fin a esto?
-¡Alto! -dijo Gwen, en lo que esperaba fuera un tono autoritario. Comenzó a levantar su guantelete para apuntar a la fugitiva, luego recordó mientras levantaba el brazo que no llevaba el guantelete, habiéndose pasado la mayor parte del último día trabajando con componentes de los motores de la nave. En lugar de abortar el gesto por completo, lo que sintió habría parecido un gesto débil e indeciso, señaló con un dedo severo y dijo-: ¡Usted! ¡Deténgase!
La capitana enemiga la miró y soltó una carcajada. Luego tiró de una palanca que lentamente alejó la lancha de la Depredadora. La lancha comenzó a caer detrás de la Depredadora de inmediato, ya que no estaba siendo impulsada por ningún tipo de vela etérica. Antes de que la lancha se perdiera de vista a popa, la capitana enemiga gritó:
-¡Ahora tenéis mayores problemas que yo, niña!
Y en un instante la lancha se perdió de vista tras ellos.
Gwen se mordió el labio un segundo, luego se giró y ascendió laboriosamente hasta el puente.
Para cuando llegó allí, la Depredadora estaba completamente en marcha, navegando rápidamente hacia el sol de la mañana, por lo que tuvo que entrecerrar los ojos para ver su brillo mientras aseguraba sus líneas de seguridad cerca de donde estaba el capitán Grimm junto al puesto del piloto.
-Buenos días, señorita Lancaster -dijo Grimm-. ¿Qué puedo hacer por usted?
-Esa mujer, la capitana de la nave enemiga -dijo Gwen-. ¿La ha dejado en libertad?
-Sí -dijo Grimm. Un músculo se contrajo en su mandíbula.
-¿Por qué razón haría algo así? -preguntó ella.
-No vi ningún sentido en su muerte. -Hizo una pausa por un momento, se ajustó el sombrero con cuidado y luego dijo-: No vi ningún sentido en darle la oportunidad de distraernos durante una acción de combate.
Gwen sintió que sus ojos se ensanchaban.
-Oh, Dios ¿Es eso lo que estamos haciendo?
-Las probabilidades parecen excelentes -dijo Grimm-. Póngase las gafas, señorita Lancaster.
Gwen lo miró parpadeando, luego recordó y se maldijo por parecer una idiota que nunca antes había viajado en una aeronave. Dejar los ojos sin protección a esta altitud era una invitación a una serie de trastornos mentales etéricos, así como a una eventual ceguera. Colocó sus gafas polarizadas en posición.
-Me temo que no entiendo. ¿Por qué no retenerla?
-Si lo hubiera hecho, su barco, al ver ayuda en el camino, sin duda habría activado sus armas y se habría enfrentado a nosotros. Probablemente podríamos haberlos destruido, pero hacerlo nos habría costado un tiempo precioso de demora, y es poco probable que lo hubiéramos hecho con nuestro sudario intacto. -El capitán miró hacia la parte trasera de la nave y dijo-: Necesitamos toda la energía que tenemos para mantenernos en movimiento y alimentar el sudario si queremos tener posibilidad de sobrevivir. Liberar a la capitana Ransom fue una tregua implícita y la opción menos malvada disponible para mí.
-Ya veo -dijo Gwen-. ¿Estoy interfiriendo con el funcionamiento de la nave estando aquí?
De nuevo Grimm comenzó una respuesta rápida y de nuevo se contuvo durante unos segundos antes de responder.
-No en este momento -dijo-. Actualmente estamos en marcha. Queda por ver si podemos escapar de la Itasca.
-Ah -dijo Gwen-. Pensé que debería saber, capitán, que el equipamiento del Maestro Ferus le ha sido devuelto. Él y la señorita Folly están ahora en la enfermería.
Grimm arqueó una ceja y se volvió completamente hacia ella por primera vez desde que había llegado al puente.
-¿Podrá ayudar a mis hombres?
-Dijo que lo intentaría -dijo Gwen. Sacudió un poco la cabeza-. El pobre anciano tenía un aspecto horrible.
-Ha pasado un momento difícil en las últimas horas -respondió Grimm. Bajó el telescóptico montado en sus gafas y miró más allá de Gwen durante varios segundos antes de hacer una mueca y decir-: Están sacando sus armas de persecución.
Kettle volvió la cabeza y entrecerró los ojos para ver la forma de una aeronave a popa. La Itasca, asumió Gwen.
-¿Desde allí? -dijo el piloto con tono molesto-. Deben tener los cañones de arco del nuevo modelo.
-Demasiado para esa ventaja -dijo Grimm.
-¿Entonces vamos a presentar batalla, capitán? -preguntó Gwen.
-No por mucho tiempo -dijo Kettle sombríamente desde su puesto de control.
-La Itasca es un crucero de batalla, señorita Lancaster -dijo Grimm, a modo de explicación-. Es mucho más grande y está más armada y blindada que la Depredadora. No podemos sobrevivir de manera realista a una batalla campal con ella.
-¿Entonces estamos huyendo de ella? -preguntó Gwen.
-Lo estamos intentando -dijo Kettle.
-No sé nada de combate aéreo, capitán -dijo Gwen-. Pero... ¿No sería prudente descender a la niebla y evitar la acción de esa manera?
-En la mayoría de las circunstancias, señorita Gwen, eso es exactamente lo que haría -respondió Grimm.
Gwen miró por el costado del barco.
-Y, sin embargo, parece que estamos ascendiendo.
Grimm asintió.
-La Itasca estaba completamente en marcha cuando la vimos, mientras nosotros estábamos parados. Era necesario que pusiéramos entre nosotros la mayor distancia posible lo más rápido posible, y somos más ligeros que la Itasca. Toda esa armadura de placas la lastra. La Depredadora necesita relativamente menos energía para ascender, así que, para seguirnos el ritmo, tiene que reducir el poder de sus otros sistemas para mantener una ascensión a medida que avanza.
-¿Al correr tanto hacia arriba como hacia adelante, la Depredadora es más rápida? -preguntó Gwen.
Grimm asintió con aprobación.
-Justo. Al hacerlo evitamos que Itasca nos alcance y nos abrume de inmediato.
-Y una vez que esté seguro de que estamos fuera del alcance de su cañón, ¿volverá a sumergirse? -preguntó Gwen.
-Normalmente, sí -dijo Grimm con una mueca-. Pero Journeyman no ha terminado de acondicionar la nave. No está pasando por su mejor momento y todavía no es capaz de manejar una inmersión de combate. Podríamos descender lentamente, pero si lo hacemos, la Itasca podrá usar su peso e impulso para recuperar distancia y ponernos dentro del alcance de sus armas.
-Entonces, ¿qué vamos a hacer? -preguntó Gwen.
-Correr como el infierno y rezar -dijo Kettle.
Grimm se puso rígido de repente y dijo:
—Está disparando sus presas. Evasión a estribor.
Gwen se volvió para mirar detrás de ellos. Se vio un destello brillante de luz escarlata y blanca proveniente de la nave que lo perseguía, y un pequeño puntito brillante como una estrella diminuta apareció y creció rápidamente, inquietantemente más grande. Mientras lo veía, la nave se agitó debajo de ellos cuando Kettle la condujo a una maniobra lateral rápida, luego la volvió a colocar casi de inmediato en su curso original. El estómago de Gwen dio un vuelco y se tambaleó, y a pesar de sus líneas de seguridad aseguradas, se vio lanzada al suelo.
No podía apartar los ojos del fuego entrante mientras caía. Dejó una estela entre las dos naves, recorriendo la distancia en solo un suspiro, creciendo y creciendo a medida que se acercaba. La esfera de energía detonó a unos cincuenta metros por delante del barco y muy lejos a babor, estallando en una nube de fuego puro, llamas turbulentas de docenas de metros de diámetro. La explosión fue lo suficientemente fuerte como para hacer vibrar las tablas de la cubierta. Gwen sintió que se estremecía tanto por el sonido como por la intensidad de la luz.
-Dios en el Cielo -suspiró-. ¿Qué pasa si eso nos golpea?
-Estamos en el límite de su alcance -respondió Grimm-. Cuando la energía de la explosión se dispersa, nuestro sudario es más que capaz de absorberla. La Depredadora puede recibir numerosos impactos directos desde esa distancia.
-Pero nuestra red no tendría tanta suerte -dijo Kettle.
-No lo entiendo -dijo Gwen.
-Fuego enemigo -dijo Grimm de nuevo-. Maniobra evasiva.
Una vez más, el estómago de Gwen dio un vuelco cuando Kettle se movió en la dirección opuesta durante unos segundos sin aliento, luego recortó cuidadosamente. Una vez más, una nube de fuego estalló junto al barco, pero esta vez hubo destellos de luz en el borde mismo de las telarañas traslúcidas de su red de seda etérea de estribor.
-Como puede ver -dijo Grimm-, nuestra red de seda etérea se extiende más allá de la protección ofrecida por el sudario de energía de la Depredadora. La red es vulnerable al fuego enemigo.
-¿No podría acortarla para ponerla dentro de la protección del sudario? -preguntó Gwen-. ¿No protegería eso la red?
-Y reducir nuestra velocidad proporcionalmente como resultado -respondió Grimm-. Reduciríamos nuestra velocidad a un gateo. Fuego enemigo. Ascensión evasiva.
Gwen fue arrojada a la cubierta cuando la Depredadora subió bruscamente. Estaba segura de que su estómago estaba haciendo todo lo posible por compartir su cráneo con su cerebro antes de que Kettle se nivelara de nuevo. Se encontró agarrándose desesperadamente a la barandilla para mantener el equilibrio. Esta vez la explosión explotó un poco más adelante del barco, si bien mucho más abajo. Lo que significaba que la Itasca estaba más cerca de la Depredadora de lo que había estado en el disparo anterior. Que significa...
-Entonces por eso la Itasca nos está disparando -dijo Gwen-. Está intentando quemar lo bastante de nuestra red para ralentizarnos, para poder matarnos.
-Lo llamamos rastrillar la red, señorita Gwen -dijo Grimm cortésmente-. Y eso es exactamente lo que tiene intención de hacer. Podemos mantener la distancia si continuamos ascendiendo, obligándola a correr cuesta arriba detrás de nosotros durante un tiempo.
-¿Por qué? -preguntó Gwen-. ¿Qué pasa entonces?
-Nos quedamos sin arriba -dijo Kettle con una risa sombría-. Sube demasiado y el aire es demasiado fino para respirar.
Gwen ya se sentía un poco de falta de aliento.
-Entonces, ¿qué esperanza tenemos?
-La Itasca está sobrecargada de armamento, incluso para su tamaño -dijo Grimm-. Está exprimiendo tres cristales de núcleo al máximo para mantenernos el ritmo, y también pondrá en marcha su turbina de vapor al máximo. Eso significa que sus sistemas son más complejos, más propensos a sobrecalentarse, a que fallen componentes y otros problemas técnicos.
-Puede correr tan rápido como podamos nosotros -aclaró Kettle-. Pero nosotros podemos mantener este ritmo durante días seguidos. Es para lo que estamos hechos.
Grimm asintió.
-Cuanto más tiempo podamos mantener esta carrera, más probable es que algo ceda en la Itasca. Fuego enemigo, evasión a estribor.
Kettle giró el barco hacia un lado, y esta vez el cañón de proa de la Itasca reclamó una pequeña parte de la red de la Depredadora en el lado de babor.
-¿No puede agacharse más hacia un lado? -preguntó Gwen.
-Cuanto más nos alejamos de lado a lado mientras Itasca corre en línea recta, más distancia nos gana -dijo Grimm-. El señor Kettle conoce su oficio.
-Desafortunadamente -dijo Kettle con amargura-. Si no tenemos suerte, vamos a terminar con el asunto antes del almuerzo, patrón.
-Aceptaré suerte si podemos encontrar alguna -reconoció Grimm-. Pero tenga esperanzas, señor Kettle. La red de la Itasca también es vulnerable. Ellos no pueden esquivar. Y deberían estar dentro de nuestro alcance. Se volvió hacia un tubo parlante y gritó:
-Cubierta de artillería de popa, aquí puente.
La voz de Creedy volvió a salir del tubo de habla, pequeña y distante.
-Cañones de popa, listos.
-Rastrille su sudario, primer oficial -dijo Grimm-. Fuego a discreción.
-Fuego a discreción, entendido -dijo Creedy.
Un segundo más tarde se oyó el aullido de un cañón disparado, y una esfera de fuego blanquiazul se precipitó hacia la nave aurorana. La explosión pareció diminuta en la distancia, y hubo una extraña y larga demora antes de que un trueno lejano llegara a la Depredadora. Gwen notó un tenue brillo en el aire y se dio cuenta de que estaba viendo una gran sección de la red de seda etérea aurorana que se estaba quemando.
—Excelente tiro, Creedy —gritó Grimm por el tubo parlante, mientras Kettle lanzaba el barco hacia otra ascensión brusca para evitar el fuego enemigo-. Alto el fuego.
-¡Sí, señor! -dijo la voz de Creedy-. ¡Gracias Señor!
-¿Por qué? -dijo Gwen-, si seguimos disparando así, los perderemos en poco tiempo.
-Excepto que tienen muchas más redes que nosotros, señorita -dijo Kettle- Tienen mucha más red en sus carretes que la Depredadora. Y tiene tres veces más armamento de persecución que nosotros.
Gwen se sintió algo indignada por estos hechos.
-Bueno. Eso no parece justo.
El Capitán Grimm serio entre dientes.
-La Itasca está hecha exactamente para este tipo de tareas -dijo.
-Entonces, ¿cómo va a derrotarla? -preguntó Gwen.
Grimm aguantó mientras Kettle realizaba otra maniobra evasiva. Los dos aeronautas se lo tomaban con calma, evidentemente manteniéndose erguidos por un acto de pura e inconsciente voluntad. Gwen sintió como si su estómago había decidido abandonar su cuerpo hacia climas más cálidos, y luchó desesperadamente por no vomitar frente al capitán y el señor Kettle.
-Sin capacidad de inmersión, no puedo -dijo Grimm-. Seguiré rastrillando su red, pero tarde o temprano, probablemente dentro de la próxima media hora, habrán derribado lo suficiente de la nuestra como para alcanzarnos y hacernos pedazos.
-Yo... ya veo... -dijo Gwen. Tragó saliva-. ¿Supongo que su capitán no se rendirá?
-¿Por qué lo iba a hacerlo? -preguntó Grimm. Sus dientes mostraron una repentina y salvaje sonrisa-. Sabe tan bien como yo lo que está pasando, después de todo. Salvo un acto de fortuna a nuestro favor, el resultado de esta persecución es inevitable.
-Oh -dijo Gwen-. Tiene un plan de algún tipo, entonces.
-Por supuesto -dijo Grimm. Puso una mano en la barandilla mientras la nave se balanceaba salvajemente hacia un lado de nuevo, y el calor de una ráfaga mordía más de la red. Un estallido distante marcó la detonación de un disparo del único cañón de popa de Depredadora.
Gwen frunció el ceño y consideró sus palabras por un momento.
-Capitán Grimm -dijo-. Sabía usted que escapar era casi inútil desde el principio.
-Sí.
-Entonces, si su objetivo era simplemente escapar, y permanecer a la vista de Itasca era una muerte segura, se deduce que arriesgarnos a sumergirnos era nuestra opción más sensata. Es posible que la nave no pueda soportar el esfuerzo, pero parece que incluso ese terrible riesgo ofrece mejores probabilidades de supervivencia que esta persecución.
Grimm asintió de nuevo.
-Muy cierto.
Gwen le frunció el ceño.
-¿Una táctica, entonces?
-Hemos estado marcando nuestro camino con cohetes de señales desde que abandonamos la Aguja Albion. Actualmente, estamos siguiendo nuestro curso original de regreso hacia la Aguja. Si nuestras señales han sido detectadas, y si algún barco de la Flota ha optado por seguirnos, es posible que tengamos apoyo, y si es así, podremos tomar la Itasca.
-Hay muchos "si" en esa declaración, capitán -señaló Gwen.
-Así es.
-Está arriesgando la vida de todos en un esfuerzo por tomar una sola nave enemiga.
Grimm arqueó una ceja y su actitud se volvió intensa.
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FANTASTICA / Re: Los aeronautas, capítulo 66
« Last post by crislibros on January 05, 2021, 08:21:50 AM »
En un cuarto de hora, Calliope cruzaba hacia la Depredadora en su lancha, su motor de vapor traqueteaba, impulsando la pequeña embarcación desde la Tiburón de Niebla. Llevaba dos tripulantes con ella para manejar la lanzadera, además de las dos carretas perdidas del maestro Ferus y un volumen delgado que coincidía con el que estaba en el bolsillo del abrigo de Grimm, robado de la Gran Biblioteca.
Si Calliope acababa de ser derrotada por una embarcación más pequeña y menos armada, no se notaba en su arrogancia ni en su expresión de confianza. Si se sentía intimidada por la docena de guanteletes preparados que la apuntaban, no podía verse desde el exterior.
Se acercó a la proa de la lancha cuando esta atracó, con su habitual sonrisa en los labios.
-¿Permiso para subir a bordo, Francis?
Grimm se recordó a sí mismo que lo llamaba por ese nombre solo porque sabía que le molestaba y que no debía ceder a la manipulación.
-De acuerdo -dijo con calma.
Calliope saltó a la cubierta y recorrió la nave con la mirada con curiosidad, mientras caminaba hacia el puente y subía los escalones.
-Bueno, bueno, bueno -dijo-. Eso fue bastante sorprendente. ¿Con qué demonios la has estado alimentando?
-Enemigos.
Calliope echó la cabeza hacia atrás y se rio.
-El libro, por favor -dijo Grimm.
Ella le arrojó el volumen amablemente y él lo atrapó.
-No tienes idea de las miradas desagradables que recibí cuando fui a buscarlo.
-¿Los auroranos le dieron algún problema por rendir tus colores?
-Nada que no pudiera manejar -dijo alegremente—. Debo admitir, Francis, que haces un trabajo magnífico. Una maniobra excelente, aunque nunca me hubieras vencido en una pelea justa.
-Esas las evito -respondió Grimm-. Y tú también.
Los dientes de ella brillaron muy blancos cuando sonrió.
-Cierto.
Grimm asintió con la cabeza hacia Creedy, quien envió a varios hombres que se encargaron de recuperar las carretas de la lancha de la Tiburón de Niebla. Se apresuraron a llevar las carretas hacia el camarote del eterealista sin demora.
Calliope los vio marchar.
-Eso acaba con los preliminares, supongo -dijo-. ¿Qué piensas hacer con mi tripulación?
-Devolverlos a ellos, y a ti, a Aguja Albion para su arresto y juicio -dijo Grimm-. Los auroranos serán tomados como prisioneros de guerra y tratados en consecuencia.
Calliope negó con la cabeza.
-¿Quieres decir que juzgarán a mi tripulación como civiles por cometer un acto de guerra? Nunca se someterán a eso. Ningún tribunal de Albion les proporcionaría un juicio justo y ellos lo saben. Los tacharán de piratas y los colgarán.
-Posiblemente -dijo Grimm-. Por otro lado, si te niegas a rendirte, entonces, según los artículos de guerra, podría mandar tu nave a la superficie aquí y ahora. ¿Qué alternativa crees que encontrarán más atractiva?
El rostro de Calliope se oscureció y apretó la mandíbula un par de veces antes de responder.
-Mi tripulación son soldados que luchan como soldados. Van a ser tratados y juzgados como soldados en tiempos de guerra.
-¿O qué? -preguntó Grimm con suavidad.
Calliope lo miró fijamente, su boca trabajando en palabras que nunca se formaron del todo, sus ojos casi brillaban por el calor de su ira. Luego cerró los ojos y murmuró una maldición salvaje entre dientes.
-¿O qué? -preguntó Grimm de nuevo, exactamente en el mismo tono.
-Has dejado clara tu postura -dijo ella en tono amargo-. Has dejado clara tu postura, bastardo. No estoy en posición de exigirte nada.
-No, capitana Ransom, desde luego que no -dijo Grimm.
Calliope hizo una mueca como si acabara de morder un trozo de carne podrida de un tanque.
-Yo... solicito que los miembros de mi tripulación sean tomados como prisioneros de guerra y retenidos como tal, capitán Grimm. Por favor.
Grimm asintió lentamente varias veces.
-Quiero que sepas algo.
Ella frunció el ceño y lo miró.
-Sé que no tenías que usar el patrón de disparo que usaste en el Habble Landing -dijo-. Podrías haber apuntado a la Depredadora primero, en lugar de al final.
-Sí -dijo ella simplemente.
-También quiero que sepas que me doy cuenta de por qué me ofreciste ese contrato la última vez que subiste a bordo. No querías que estuviera presente en lo que iba a suceder. Querías a la Depredadora fuera de peligro.
Su cabeza se movió en lo que pudo haber sido la mínima fracción de un asentimiento.
-¿Por qué? -preguntó Grimm.
Calliope apartó la mirada. La pregunta flotaba pesada en el silencio. Después de un momento, dijo:
-Una vez, ella también fue mi hogar.
El estómago de Grimm se encogió con el pequeño eco de un dolor que pensó que había dejado atrás.
-Lo recuerdo -dijo en voz baja-. Capitana Ransom, por la presente declaro a su tripulación, a sus pasajeros y a usted misma prisioneros bajo los artículos de guerra. Señor Creedy, escriba una nota a tal efecto en el diario de abordo.
—Sí, capitán —dijo Creedy con firmeza.
Calliope cerró los ojos un momento y luego asintió una vez hacia él. Sus labios comenzaron a dar forma a las palabras varias veces, pero evidentemente no pudo obligarse a pronunciarlas
Grimm ya tenía su victoria. No tenía sentido alargarlo más.
—No es necesario su agradecimiento, capitana Ransom. Enviaré ingenieros con usted para abordar la Tiburón de Niebla y desactivar su cañón. Navegará con la Depredadora de regreso a Aguja Albion. Estará bajo mis armas todo el camino. Si se desvía de cualquier orden que dé, no importa cuán levemente sea, abriré fuego. ¿Lo ha entendido?
-No soy idiota, Francis.
Grimm luchó contra la molestia, pero sintió un músculo en la comisura de su boca contraerse a pesar de sus mejores esfuerzos. Calliope también lo vio, y una sonrisa se instaló en sus labios.
-Supongo que no -dijo Grimm-. De todos modos, Calliope, los últimos días han sido una prueba todopoderosa. No pongas a prueba m...
-¡Contacto! -gritó uno de los vigías en el mástil dorsal de la Depredadora-. ¡Capitán, contacto!
La cabeza de Grimm se giró hacia el mirador.
-¿Dónde?
-¡Nave entrando alto, oeste a suroeste, acercándose con rapidez!
¿Una aeronave procedente del oeste? Pero la Flota operaba exclusivamente al este de su posición actual...
El estómago de Grimm se tensó y sintió que sus rodillas se aflojaban un poco y se volvían inestables.
Se giró, colocando su telescóptico de nuevo y vio la aeronave entrante de inmediato, dirigiéndose hacia ellos a una velocidad vertiginosa. La estudió detenidamente a través del telescóptico e intentó ignorar la forma en que su corazón había comenzado a latir más rápido y sus manos habían comenzado a temblar.
-Calliope -dijo en voz baja-. No hace falta que estés aquí. Sube a tu lancha y márchate. Ahora.
La oyó soltar un pequeño y agudo jadeo al ver la nave que se acercaba.
-Supongo que no puedo convencerte de que te rindas.
Grimm la miró por encima del hombro.
La sonrisa de ella se volvió amarga.
-Ah. No, claro que no. El deber.
Sacudió la cabeza y, con unos pocos pasos tranquilos, salió del puente y regresó a su lancha.
—Cuartel general, por favor, señor Creedy. Pase la orden. Extienda la red al completo y pónganos en movimiento.
El primer oficial bramó las órdenes y una vez más la campana del barco comenzó a sonar. Los hombres se apresuraron a alcanzar sus puestos, renganchando rápidamente sus arneses de seguridad. Los aeronautas se lanzaron a los mástiles, desplegando la enorme longitud de la red de la nave y poniendo en marcha a la Depredadora.
Grimm permaneció inmóvil en el puente, observando la forma amenazadora de AAV Itasca crecer con inquietante rapidez, y se preguntó si ya era demasiado tarde para escapar.
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