:emot018: :emot018: :emot018:
Adoro la Kinsale, alguien tiene Luna de Agosto para prestar????
:emot016: :emot016: :emot016:
:emot008: Te la presto, Zaira. emot024
Os doy las gracias a todas por las opciones de lectura que estáis dando.
Ni que decir tiene que estoy tomando buena nota de todo... :emot011:
Gracias amiga Mariad!!!! Siempre atenta con esta amiga distante!!! emot022 emot022 emot022
Soy una mujer de mucha suerte pues solo tengo muy buenas amigas!!!
emot040 emot040 emot040
Ni decir que tambiém anoto todo!!! :emot011:
A mi el único argumento de historica donde me suena que sale una cientifica es Dulce enemigo de Heather Snow
Argumento:
Un joven idealista y una misteriosa científica protagonizan una historia de amor en la que la química es clave
en todos los sentidos.
Shropshire, Inglaterra, 1817. Geoffrey Wentworth debe convertirse en Conde de Stratfordal regresar de la guerra contra Napoleón. Y una de las obligaciones del título es encontrar esposa. Para ello, su madre organiza a sus espaldas unos festejos que durarán varios días. Una de las invitadas a esta recepción es Miss Liliana Claremont, quien no gusta a la madre de Geoffrey. Liliana ha acudido a la fiesta con la intención de investigar la supuesta relación entre los Wentworth y la muerte de su padre. A Geoffrey le llama la atención y por eso la invita a ser su acompañante durante las celebraciones. Ella acepta, pero no porque él le interese sino porque lo ve como una oportunidad de investigar el asesinato de su padre.
Poco a poco irán conociéndose. Liliana verá en Geoffrey a alguien muy diferente de quien pensaba y por su lado, Geoffrey descubrirá en Liliana a una mujer valiente, inteligente y con una pasión por la química que la hace brillar entre las demás damas que ha conocido, lánguidas, aburridas y con un único objetivo en la vida: casarse.
Lo empece a leer y ojala y no me decepcione porque hasta la fecha estoy que me muero de la risa. Este es el tipo de novela histórica que me encanta leer. Ya les comentare cuando termine pero por ahora vamos por buen camino.
Esto da una idea de los pensamientos de ella
Haría todo lo posible por indignarlo tanto que saliera corriendo la próxima vez que la viera aparecer. Pero ¿cómo podía hacerlo? Liliana pensó en las cosas que más detestaba de su propio sexo. ¿Las risitas tontas? ¿Los llantos? ¿El pestañeo acompañado de debilidad y desamparo?
Resopló. No, no. Aunque odiaba esas cosas, no sabría fingirlas. Al fin y al cabo, no era actriz.
Sería ella misma, o casi. Compartiría sus pensamientos. Sería terca y presumiría de inteligencia. Y, por supuesto, criticaría todos los movimientos de Stratford y le diría cómo podía haberlo hecho mejor.
Los hombres odiaban eso.
Antes de que anocheciera, Stratford desearía no volver a verla nunca más.
Y esto de la reacción de el
Aun así, la ira de Geoffrey se desató de nuevo en cuanto se volvió hacia Liliana. Condenada mujer. Desde que había caído en sus brazos la noche anterior, lo tenía hecho un lío. Por un lado, lo atenazaba el deseo; por otro, la necesidad de darle unos azotes hasta que admitiera que ella sentía lo mismo; por último, el interrogante de quién era. Pero, sobre todo, ¿por qué le preocupaba tanto aquella muchacha grosera e irritante? Dios, demasiadas cosas. Tendría que ser la diosa Kali para descifrar su extraña conducta con Liliana Claremont.
Por su parte, ella lo esperaba correcta pero sin entusiasmo, con una cinta lavanda en la mano. Parecía aburrida. No le extrañaba no haberla visto antes en actos sociales. Aquella mujer tenía los modales de un caballo. Quizá incluso mordiera.