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LECTURAS: (eBooks en la red) => Hermandad de la Daga Negra => tweets Rom. SOBRENATURAL => Novela ROMÁNTICA => Rinconcito del Artista => Mensaje iniciado por: Gise en Mayo 07, 2009, 04:20:43 pm

Título: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Gise en Mayo 07, 2009, 04:20:43 pm
PRÓLOGO

La Virgen Escriba miraba con cierto respeto la enorme puerta de madera labrada, como si al abrirla el fin del mundo se fuera a desatar.
Las había sumido en un sueño profundo hacia más de cinco siglos y sabía que cuando las despertara tendría que escuchar sus reproches e insultos.
Así y todo, no podía pasar por alto el hecho que debía hacerlo para ayudar a la Hermandad, ellas serían sus nuevos guerreros ante la nueva amenaza que presentaba el Omega y los lessers, las necesitaba ahora mismo.
Suspirando profundamente, empujó la pesada puerta y entró.
En el centro de la habitación, suspendidas en el aire como si estuvieran recostadas en una cama imaginaria, se encontraban cuatro mujeres vestidas con largas túnicas blancas.
Con un movimiento ligero de la mano, ellas comenzaron a caer suavemente sobre el suelo de mármol, una a una fueron despertando. Confundidas, sin comprender donde estaban, miraron a su alrededor.
Sus rostros denotaban confusión, intentaban encontrar algo que les resultara familiar, pero lo único que se limitaron a hacer fue retroceder hasta juntarse espalda con espalda como lo habían hecho tiempo atrás cuando batallaban contra sus enemigos.
Las cuatro guerreras se irguieron completamente, distintas físicamente, pero tan similares en todo lo demás.
Tenían la misma esencia, pero cada una llevaba una fuerza distinta. De aspecto juvenil, pero en sus ojos se notaba la antigüedad de sus almas.
Ellas miraron con desconfianza a la Virgen Escriba, una de ellas se adelantó y con tono ronco dijo:
—¿Qué deseas de nosotras? ¿Qué sucedió para que nos sacaras de nuestro sueño?
La Virgen Escriba sonrió levemente y se acercó a ellas.
—Acércate Fuego —dijo de modo suave.
Una joven de un metro ochenta y cinco de altura se acercó e hizo una reverencia. Su piel era dorada, lo cual era extraño ya que nunca había sentido la caricia del sol. El color de su cabello era rubio, muy claro con detalles en rojo fuego, lo lleva corto y lacio, destacando sus facciones. Sus ojos eran de un bonito color celeste, bordeados por largas pestañas.
—En esta época tu nombre será Leliel —dijo la mujer bajo la capa negra mientras le tendía la daga de empuñadura de oro blanco labrado que la guerrera utilizara en antiguas batallas.
Quien fuera entonces Fuego la miró sorprendida dejando ver sus ojos azul celestes. Todavía no comprendía cual era la razón para despertarlas, todas merecían descansar, habían sufrido demasiado, tanto en su vida como en sus batallas… por sobre todas las cosas en su última batalla.
—Que se haga su voluntad Virgen Escriba —dijo ella mientras tomaba la daga y escondía sus manos de las que brotaban chispas de fuego y algunos mechones de su cabello se hacían más rojizos, simulando se pequeñas llamas de fuego.
La Virgen Escriba observó a la otra guerrera y habló:
—Acércate Tierra —susurró.
Una joven de casi un metro noventa se acercó con paso seguro, su cabello era rubio con reflejos castaños, las suaves hebras se ondulaban en las puntas, su piel era blanca, etérea. La figura delgada y de suaves curvas. Fijó los ojos azul verdosos en la virgen escriba y dijo con voz profunda:
—Que se cumpla tu voluntad Virgen Escriba —con voz cargada de rencor, el suelo vibró mientras hablaba.
—Tu nombre en esta era será Raysa —la joven asintió, tomó su antigua daga y retrocedió y a pesar que sus ojos se oscurecieron hasta adquirir un tono marrón oscuro y despedían chispas de furia, el suelo dejó de vibrar.
La mirada de la Virgen Escriba pasó de la magnifica guerrera a su compañera.
—Es tu turno Aire, da un paso hacia mí.
La guerrera la miró con desconfianza recordando tiempos pasados.
Se la veía segura en su metro setenta y cinco, aunque era una de las mas pequeñas entre las guerreras, era tan letal como sus hermanas… algo que jamás se debía olvidar.
Se acercó a la Virgen Escriba e hizo una reverencia, su mirada azul chocó con la de ella. A diferencia de sus hermanas su cuerpo era etéreo, ágil, con unas piernas esbeltas y suaves a la vista, que acompañaba con una cabella negra larga rizada, que en ese momento lo llevaba recogido en una cola de caballo. Su piel era blanca como el marfil.
—Desde hoy tú te llamaras Kytara.
La guerrera arqueó una ceja, algo característico en ella, y dijo:
—Que sea su voluntad.
Habló mirándola directamente a los ojos y realizando una suave reverencia, tomó su daga, ocultando la rabia que sentía.
La virgen Escriba sintió la necesidad de bajar la vista y ansias de retirarse de la habitación, pero aún faltaba una guerrera y muchas cosas que discutir:
—Acércate a mi Agua…
Una joven de aproximadamente un metro sesenta se acercó a la Virgen Escriba.
Su largo cabello, negro como la noche y rizos perfectamente armados le acariciaba la espalda. Lo llevaba suelto apenas sujeto con una cinta. Su piel igual de blanca y tersa, sin marcas como la de sus compañeras.
Al igual que sus antecesoras fijó la mirada en la Virgen Escriba mientras se inclinaba en una reverencia, sus ojos grises destilaban rencor.
—Desde hoy te llamaras Nessa.
—Como dijeron mis hermanas… que sea tu voluntad —murmuró solemne y al igual que sus hermanas tomo su antigua daga, mientras se incorporaba y se unía a sus compañeras.
Una vez que las cuatro mujeres recibieron sus nombres nuevos y sus armas, la Virgen Escriba caminó hacia una ventana con paso ágil, su mirada vagó por el paisaje desabrido que se observaba desde la ventana
—Guerreras, fueron sacadas de su sueño porque ha llegado la hora de cumplir el destino para el que fueron creadas.
Por un segundo se quedó pensativa, o quizás reflexionaba sobre lo que acaba de hacer.
—Han estado dormidas por cinco siglos, nuestros enemigos se han hecho fuertes, las cosas han cambiado mucho, deberán aprender a usar las armas de esta época, de lo contrario serán blancos fáciles para ellos.
Algo que realmente dudaba al mirar a las guerreras, si alguien siquiera pensaba que por ser mujeres no podrían librar batalla… entonces las estaría subestimando enormemente. A simple vista era sumamente hermosas y de cuerpos esbeltos y ágiles. Cualquier macho caería rendido sus pies, eran simplemente perfectas físicamente.
—Además las costumbres… han cambiado bastante.
La Virgen Escriba deambuló por la habitación, dudaba en contarles toda la verdad.
—No pelearan solas, eso debo advertirles desde ahora… Sé que siempre lo hicieron, pero los tiempos para nuestra raza como les he dicho han cambiado.
La profunda voz de una de las Guerreras resonó en toda la habitación
—Todo muy bello hasta ahora… pero ¿cuál es la verdadera razón? —Dijo la que antes se había llamado Fuego—. Porque particularmente no quiero pensar que la razón por la cual nos despertaste es continuar peleando, ¿no crees que lo hicimos durante mucho tiempo? ¿Qué tal vez merecemos no participar? ¿Qué podríamos estar cansadas de tanta sangre, de tanta lucha?
—Los Guerreros de la Hermandad necesitan ayuda. Un nuevo poder ha despertado y ustedes deben ayudarlos a librar batalla, son las únicas que pueden ayudarnos, a todos, no solo a la Hermandad, sino a toda la raza….
—Nunca peleamos junto a un hombre —retrucó quién en otra vida había sido Tierra, apretando los puños en forma inconsciente.
—Todas pensamos de la misma manera con respecto a eso —dijo Nessa, muy seria—. Creo que los Guerreros seguramente son muy fuertes como para necesitar de nosotras. Ellos son hombres, ¿no fue esa la causa por la que nos sumergieron en este sueño? —recordó.
—Además de tercos y machistas —dijo Leliel mientras comenzaba a jugar con una pequeña llama que iba de una mano a la otra.
—Estoy de acuerdo con mis hermanas —dijo a la que se había llamado Aire y ahora había sido bendecida como Kytara, mientras apagaba la pequeña llama en la mano de su hermana y recibía una dura mirada a cambio.
—Jamás permitirán que nos unamos a ellos Virgen Escriba, y nosotras tampoco deseamos hacerlo —puntualizó Tierra.
—No nos interesa —continuó Agua.
—¡Basta! —dijo con un tono elevado de voz la Virgen Escriba, sabía muy bien donde iba a terminar todo—. No les pedí su opinión, jamás deben cuestionar mis órdenes y si lo hacen ya saben que serán castigadas, hasta este momento he sido paciente y permití faltas de respeto hacia mí que nadie ha tenido antes. No quiero sus opiniones en esto.
—Nunca lo hiciste, ¿para qué comenzar ahora, no? —dijo Fuego desafiante, respuesta que se ganó sonrisas satisfechas de las demás guerreras.
—Como les decía, antes de que me interrumpieran… —dijo mirando a Fuego directamente quién la enfrentó sin bajar la mirada—. Un nuevo poder ha despertado y los Hermanos solos no lo pueden manejar. El Omega se ha hecho más fuerte, por lo tanto los lessers también. Ahora han optado por atacar a los humanos para tratar provocar a la Hermandad y ellos sufrieron la pérdida de varios miembros, además de estar débiles y separados luego de la muerte de Darius, a lo que le sumamos la desaparición de Thor por la muerte de su Shellan, quién estaba esperando un hijo.
—O sea que además de tener que entrenarnos y aprender también debemos jugar a ser niñeras y cuidadoras —inquirió Nessa, incrédula, mirando a sus hermanas.
—Imposible Virgen Escriba, nada de niñeras, ni cosas que se le parezcan —habló firme y segura Leliel.
—¡Es lo último que nos falta! —replicó Kytara caminando de un lado a otro.
—Lo que me hace dar cuenta que además eso implicaría que debemos estar en el mismo lugar ¿no? —preguntó Raysa.
—¿Por favor me vuelven a dormir? —Kytara levantó una ceja con ironía.
—No, no y no… conmigo no cuenten, espero el castigo que tengas pensado para los desertores —Leliel se unía a Kytara—. Bastante de hombres tuve en mi pasado… —dijo Leliel sentándose en el suelo.
—Ni que lo digas —acompañó Raysa.
—¿Ellos quieren nuestra ayuda? —preguntó Nessa, a lo que todas miraron expectantes a la Virgen Escriba.
—Ellos no saben de su existencia —dijo casi susurrando.
El silencio se hizo eterno en la habitación.
—Como es posible eso, siglos de batallas y ¿no saben de nosotras? —preguntó decepcionada Raysa.
—¿Jamás fueron narradas nuestras hazañas, nuestras peleas? —preguntó furiosa Kytara.
—Perfecto… además tendremos que escucharlos chillar cuando sepan que un par de mujercitas los van a ayudar, sin saber que nosotras peleamos desde mucho antes que ellos —habló Leliel mientras se despeinaba a modo de frustración.
—¿Alguna otra buena nueva que tengas? —preguntó Nessa frustrada.
—Creo que definitivamente no quiero participar de esto —siguió lamentándose Raysa.
—Sangramos por nada, sufrimos por nada… Yo me voy —Kytara se encaminó hacia la puerta.
La Virgen Escriba la transportó nuevamente a su lugar con un movimiento de la mano.
—Sigo pensando, ¿cómo nos presentaras a los hermanos si ni siquiera saben quienes somos Virgen Escriba? ¿Nadie nos conoce, nadie sabe de nuestra existencia? —cuestionó Raysa, mientras ayudaba a recomponerse a Kytara.
—Estoy totalmente de acuerdo —dijo Kytara mirando a sus hermanas.
—¿Qué es lo que está sucediendo en esta época tan terrible para que nos despiertes, para que nos vuelvas a la vida y decidas unir nuestro poder a la hermandad? —indagó Raysa que comenzaba a ponerse nerviosa y eso no era bueno.
La Virgen Escriba lo meditó por un largo tiempo.
—Una cosa por vez. La presentación va a ser simple, les contaré la historia y tendrán que aceptarla, al igual que ustedes, por más que cuestionen lo que hago, ya es una decisión tomada —miró a cada una de las jóvenes mujeres—. Porque la situación es simple, la raza necesita del valor y la fuerza que ustedes tienen, la Hermandad por sí sola ya no nos puede proteger. Simplemente eso.
Leliel comenzó a aplaudir.
—Mis siglos de experiencia me dicen que hay algo detrás de todo esto, pero lo voy a dejar pasar, me criaron para esto y no voy a poner resistencia más tiempo.
—Una buena pelea siempre será bienvenida por mí —dijo alegre Raysa al imaginar lo que les esperaba.
—Seguimos teniendo muchas cosas que poner en claro Virgen Escriba, pero ahora no es momento… aún —agregó Nessa.
—Es hora, mis guerreras, de que conozcan a sus pares en esta lucha, pero antes dejenme aclararles que ustedes y solo ustedes tendrán la libertad de venir al Fade sin el ritual —finalizó la Virgen Escriba, sonriendo.
Las cosas resultaron más sencillas de lo que pensó.

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: Gise en Mayo 07, 2009, 04:24:14 pm
CAPÍTULO 1

La Hermandad se encontraba reunida en el gran salón a pedido de la Virgen Escriba.
Todos se encontraban ansiosos, expectantes, ninguno de los duros guerreros sabía el por qué de esta reunión y más aún por qué la Virgen Escriba visitaría la mansión. Cuando dieron las doce de la noche una luz cegadora invadió la sala, para luego dejar ver cinco siluetas femeninas.
—Buenas noches, Guerreros —dijo con voz profunda la Virgen Escriba.
—Buenas noches, Virgen Escriba —se escucharon varias voces masculinas, las emociones variaban entre el desconcierto, la incertidumbre, el descontento.
Los Hermanos se arrodillaron e inclinaron la cabeza en muestra de respeto, pero aun así se notaba su curiosidad.
La tensión era palpable en el ambiente, y ella se sintió satisfecha con que fuera así.
—Seguramente se preguntaran a qué he venido y por qué la urgencia de la cita —dijo observándolos cuidadosamente—. Bien, hace muchos siglos atrás, cuando sus padres eran aún niños, hubo cuatro guerreros…
Ella hizo una pausa y observó a las mujeres que la acompañaban.
—Eran otros tiempos y también otros métodos de lucha, eran guerreros de la sangre más pura que la Hermandad alguna vez haya tenido. Pero estos guerreros tenían una particularidad… eran mujeres —los observó divertida cuando vio la cara de asombro de todos ellos.
—Perdón… ¿entendí bien? —Preguntó Butch a Vishous, que estaba a su lado—. Dijo mujeres ¿no? —continuó divertido.
—Idiota —susurró Nessa para sus hermanas, las cuales tuvieron que resistir el impulso de echarse a reír.
—Ni siquiera es de sangre pura, es un mestizo —murmuró Raysa mirándolo fijamente.
—¿Tienes algún problema con las mujeres, híbrido? —dijo Kytara con sorna.
—Suficiente —dijo la Virgen Escriba—. Como les decía, estas mujeres fueron la primer camada de Guerreros que hubo. Ninguna de las hembras que escogí para dar a luz a mis guerreros pudieron tener machos, todas tuvieron una hembra, por lo que tuvimos que entrenarlas y ellas se encargaron de luchar contra nuestros enemigos y defender nuestra raza hasta que la siguiente camada de machos nació.
—Es decir, pequeñines, que luchamos desde antes que nacieran siquiera —dijo con sorna Raysa.
—Por lo que veo los machos no llegaron todavía —murmuró Kytara.
—¿Y donde están escritas esas leyendas, "guerrera", que narran sus batallas? —preguntó despectivamente Rhage.
—Jamás hemos oído nada acerca de ellas —dijo Wrath—. Nunca en todo este tiempo oímos hablar de alguna de ustedes —finalizó desconfiado.
—Porque no hayan oído nada acerca de algo no significa que no exista —dijo Leliel divertida—. Supongo que su virilidad debe estar herida, pero tranquilos, sólo les patearemos el culo, a su amigo lo vamos a dejar intacto —dijo guiñándoles el ojo, momentos antes que las carcajadas femeninas resonaron en la sala.
—Hermanas, ¿estarán a nuestra altura? —dijo Kytara sonriéndole a Butch, prometiéndole el honor de patear su trasero.
—Pues me gustaría hacerle conocer algunas cosas a aquel que nunca oyó de nuestras historias —le dijo Raysa a sus hermanas.
La Virgen Escriba negó la cabeza en forma de resignación.
—Bien, van a tener que aprender a convivir, ustedes se van a encargar de enseñarles como usar las armas nuevas, ellas les corregirán algunas técnicas de lucha y les mostrarán algunos métodos, por decirlo así, que utilizaban en sus batallas. Los necesito unidos. Y por favor no se maten, la raza necesita a todos sus guerreros —dijo con severidad antes de desaparecer de la habitación.
Las jóvenes mujeres se tensaron al quedar frente a los guerreros. Quizas su apariencia era de simples hembras, pero cada una sabía como matar a alguien con el simple hecho de pensarlo. Las cuatro se colocaron en posición de pelea, mientras miraban con desconfianza y desafío a los machos que estaban en el cuarto.
Les harían tragar cada una de las palabras de burla que recibieron. Sus cuerpos podían no mostrar las marcas de esas batallas, sus corazones quizás estaban más marcados, sus mentes plagadas de recuerdos de las sangrientas luchas, pero no podían verlo.
Zsadist las miró cansado y sin el menor interés.
—Buenas noches —dijo, desapareciendo por uno de los pasillos.
Leliel negó con la cabeza.
—Me encantaría quedarme a patearles el culo, pero en estos momentos muero por salir a buscar algo más entretenido. Me apetece algo de alcohol en las venas. ¿Quién se une? —preguntó mientras conjuraba un pantalón de cuero bordó que destacaba sus largas y musculosas piernas que a pesar del trabajo físico no dejaba de ser muy sensual y llamativas, un top del mismo color que dejaba ver sus abdominales trabajados y marcados por los entrenamientos y unos borcegos en sus pies—. ¡Ops! Lo olvide —dijo haciendo aparecer unos guantes largos que cubrían sus manos y casi completamente su brazo.
—Yo te sigo, hermana —dijo Raysa, mientras su ropa cambiaba de la simple túnica a un pantalón de cuero color tierra que se pegaba como una segunda piel a sus infinitas piernas, un corset negro que se ajustaba a su cuerpo destacando su pequeña cintura además de un largo abrigo del mismo color que el pantalón y botas tipo motorista, se aseguró de tener su daga y se colocó al lado de Leliel.
—Vamos, quedaremos para más tarde, hay un mundo nuevo por explorar —dijo Kytara mientras reía.
Ella había optado por un pantalón de cuero negro y un top blanco con la leyenda "¿Jugamos?", una chaqueta de cuero negra, unas botas de caña alta negras hasta la rodilla de taco aguja, y llevaba la daga de su difunto padre, junto a la daga que le fue devuelta ese día. Kytara se concentró buscando un portal en el tiempo para poder viajar. El aire, su poder, lo sintió correr por sus venas ayudándola a buscar el destino elegido esta noche por las cuatro guerreras.
Nessa cambió su túnica por un pantalón de cuero negro, una musculosa roja y un largo abrigo negro. En sus pies, unas cómodas y sencillas guillerminas negras.
—Yo voto por un buen trozo de chocolate —miró a uno de los hermanos—. Sigue existiendo, ¿no? —preguntó mientras se colocaba la daga a un lado de la cadera.
—Chicas tengo ganas de sacudir la tierra —dijo Raysa frotándose las manos y mirando a sus hermanas.
Los guerreros las escuchaban hablar y no comprendían nada. No les cabía en la cabeza que hasta hace unos minutos tenían serios problemas para convivir entre ellos y a eso ahora debían agregar la carga de cuatro mujeres que no paraban de parlotear.
—Voto por transportarnos, chicas —dijo Nessa.
—¿A qué lugar podemos ir a quitarnos la tensión muchachos? —preguntó Raysa mirando en dirección a los machos.
Nessa giró hacia los hombres que todavía no decían una sola palabra
—Vaya… ¿ya se quedaron mudos? —preguntó.
Leliel negó con la cabeza resignada a una inevitable presentación.
—Supongo que vamos a vivir juntos un tiempo, ¿verdad? Soy Fuego… Perdón, Leliel y aquél que quiera dar una buena pelea, bien recibida será… Bueno, no vamos a entrar en detalles, lo odio —dijo divertida mientras se revolvía su cabello el cual cambiaba del rubio a rojo furia, en muestra de nerviosismo dejándolo despeinado.
—¿Tenemos que hacer esto ahora? —preguntó Raysa mientras se acercaba a regañadientes.
—¿Entonces los modales antes que todo, Leliel? —comentó Kytara levantando la ceja izquierda.
—Digamos que sería lo ideal. Creo que debemos demostrar y hacer honor a la educación que nos dieron —dijo un poco regañándolas.
—Demonios —protestó Raysa acercándose a Leliel y Kytara.
—Odio cuando se pone así —protestó Kytara—. Pero tiene razón.
Nessa refunfuñó.
—A mi no me la dieron —dijo cruzada de brazos.
—Y a mi me maldijeron, me abandonaron a la buena de Dios y no me quejo —retrucó Leliel con un poco de rencor y tristeza.
Raysa sacudió la cabeza y el largo cabello rubio acarició su espalda.
—De los míos no puedo quejarme ya que los asesinaron los malditos lessers y antes de eso siempre estuvieron para mí —soltó la joven.
Kytara retiró la mirada de Leliel. Por un segundo recordó a sus amados padres y lo feliz que fue en otros tiempos, o mejor dicho, en otra vida.
—Está bien. Yo soy Kytara y amo el aire —dijo mientras soltaba una risita.
Las hermanas la miraron como diciendo “no causa gracia”.
—Lo siento, no tengo problemas en aprender y trabajar con ustedes, pero sigo pensando que no los necesitamos.
—Soy Tierra, pero pueden llamarme Raysa si lo prefieren. Nací para luchar, me criaron para ello, no conozco otra cosa además de eso desde que mis padres murieron, pero también amo divertirme con mis hermanas. Lo único que jamás deben hacer si aprecian su vida es dañar a alguna de ellas, ni siquiera con el pensamiento. Créanme, no quieren verme enfadada.
La guerrera los miró a todos, uno a uno
—Soy Nessa, en el pasado fui conocida como Agua. Como ellas, nací y crecí con el único propósito de patear los traseros de nuestros enemigos. No me agrada esta situación más de lo que les gusta a ustedes pero como verán, no tenemos otra opción y mientras más rápido lo aceptemos todos mejor —finalizó mirando a sus hermanas.
Uno de los hombres más altos emergió entre los demás, su voz profunda resonó en la sala. Por lo que las guerreras enmudecieron al escucharlo.
Medía un metro noventa y cinco de puro terror ves¬tido de cuero. A diferencia de los demás hermanos, sus ojos estaban cubiertos por unos lentes oscuros.
—¿Cómo esperan que ante semejante despliegue podamos tomarlas en serio? Jamás se nos cruzó por la cabeza pelear al lado de unas hembras —finalizó profundamente—. Esto va en contra de todo lo que siempre conocimos.
—Lamentamos mucho haber herido tu hombría. Pensé que la raza había avanzado algo luego de tantos siglos —dijo Leliel, mirándolo incrédula.
—Creo que la situación ya es complicada Wrath, ¿no crees que deberíamos calmarnos un poco? ¿Por qué no nos presentamos? —dijo suavemente uno de los machos, sumamente atractivo y de cabello rubio.
—Bueno soy Butch, conocido por la hermandad con el nombre de Poli —miraba a la pequeña de cabellos negros y mirada azul cristal, que en ese momento curvó sus gruesos labios en una pequeña sonrisa burlona que él con todo el honor borraría de esa apetitosa boca—. Soy un híbrido, como dijeron por ahí, recientemente fui aceptado en la Hermandad y anteriormente fui oficial de policía, mejor dicho detective de homicidios y no tengo ningún problema en ayudarlas para lo que sea —esto último lo dijo clavando la mirada en Kytara.
El gigante rubio y de facciones perfectas volvió a hablar, con voz suave y una mirada pícara que posó en cada una de las guerreras, deteniéndose a observar el cuerpo de Leliel quién lo desafió con la mirada y dijo:
—Mi nombre, hermosas hembras, es Rhage. Yo puedo ayudarlas igual que mi compañero Butch en lo que necesiten. Es más, cada vez me agrada más la idea de que entrenemos juntos —dijo con una enorme sonrisa en los perfectos labios, y dio un paso atrás. Sin quitar la vista de Leliel.
Otro de los hermanos se acercó, era diferente a los anteriores.
Las guerreras pudieron notarlo, rengueaba de forma casi imperceptible y su cabello era largo de un color sumamente raro para ellas.
Pero lo que más las sorprendió fue la calma con que habló.
—Mi nombre es Phury y quién salió hace un momento es mi gemelo, Zsadist. Les ruego que tengan paciencia con él, o quizás sea mejor que lo eviten —dijo con un dejo de vergüenza—. Mis servicios para su entrenamiento están a su disposición.
Un gigante de cabello color azabache y de aproximadamente dos metros dio un paso adelante, con una mirada penetrante con la que trataba de intimidar a las guerreras, las observó en detalle a cada una.
Traía un guante en una de sus manos y su tono de voz fue cortante:
—Mi nombre es Vishous y sinceramente —volvió a recorrer con la vista a cada una de las mujeres—, no creo que sea de su agrado que pase mucho tiempo cerca de ustedes. Si quieren saber sobre la tecnología de esta época, sí pueden buscarme —dijo mientras retrocedía.
Los hermanos se separaron dando paso al ultimo macho que faltaba presentar, todas notaron el respeto que inspiraba al grupo de guerreros.
Inconscientemente, las mujeres se acercaron entre sí, como si se prepararan para batallar contra ellos.
—Creo que ya he dejado en claro mi punto de vista con respecto a esto, pero por respeto a mis hermanos y como una de ustedes dijo por respeto a la educación que mis padres llegaron a darme voy a presentarme —dijo con voz profunda semejante a un gruñido—. Mi nombre es Wrath, y mientras no nos compliquen las cosas, serán bienvenidas, de lo contrario pueden volver por donde vinieron. No estoy seguro que sea la situación más adecuada para todos, este siempre ha sido el refugio de la Hermandad y jamás ninguna hembra ha vivido aquí y mucho menos entrenado con nosotros, por lo que debería reunirme con su líder y hablar sobre los entrenamientos —dijo fijando la vista en una de las mujeres rubias, que se destacaba sin quererlo al ser la más alta.
Las guerreras se miraron entre sí y sonrieron:
—Cielo, somos hermanas —dijo firmemente Raysa—. Ninguna es líder, somos iguales.
—Somos un equipo y juntas actuamos muy bien. Sólo enséñanos lo que tengamos que saber y mucho antes de lo que piensan nos habremos ido —dijo Leliel fría y con postura firme—. Sabemos cuando no somos bienvenidas en un lugar —culminó la frase para luego salir de la habitación en largas zancadas y con paso firme.
Las demás mujeres se miraron y se encaminaron hacia la puerta, Raysa al pasar junto a Wrath se acercó imperceptiblemente a él y susurró:
—Cielo, no sabes a quién te has echado de enemiga —dijo sonriendo y saliendo de la habitación con paso felino.
Las cuatro caminaban decididas hacia la puerta de salida, en el preciso momento en que Leliel iba a abrirla se escuchó una suave voz y todas giraron, alertas.
—Disculpen señoritas —dijo un hombre mayor de aspecto servicial—, mi nombre es Fritz y luego de escuchar la conversación me tomé el atrevimiento de prepararles sus habitaciones. La Virgen Escriba me dejó ropa para cada una. Si desean pueden seguirme para que les muestre donde dormirán.
Las jóvenes se miraron entre sí y luego siguieron al anciano sin dudar escaleras arriba, olvidándose de la salida que habían estado planeando hasta hace unos instantes. Mientras recorrían los pasillos se asombraron con la bella decoración del lugar.
—Me tomé la libertad de prepararles habitaciones separadas, imaginé que querrían mantener su privacidad —les informó el mayordomo, un tanto dudoso.
—Está bien, muchas gracias —dijo Kytara sonriéndole y palmeándole la espalda.
—Son habitaciones distintas pero están cercanas. Los dormitorios de los amos están al final del corredor, salvo por el del amo Wrath, que está abajo.
—Es usted la persona más amable con la que he tratado hasta ahora, muchas gracias —dijo Raysa colocándose al lado del hombre.
Nessa lanzó una breve carcajada.
—Raysa, es la única persona amable con la que te has cruzado desde que despertaste.
—Definitivamente. Es que esos tipos se creen que porque nosotras vengamos a ayudar les van a crecer tetas o se les va a caer su amiguito —dijo refunfuñando Leliel—. Tremendos idiotas resultaron los Guerreros.
—No dejes que te pongan de mal humor, Lel —dijo Raysa—. Aunque tengo que reconocer dos cosas: Definitivamente quiero darle una paliza al creído de Wrath y segundo, admitámoslo, hermanitas… son tremendos ejemplares.
—¡Oh si!, tantos años sin ver un cuerpo y ellos están… mi dios… —dijo Kytara con las manos juntas sobre el pecho y haciendo ojitos.
Nessa comenzó a reírse.
—A ti cualquier ejemplar te viene bien.
Leliel negó.
—Yo por mi parte opto por seguir mi dieta, un buen saco de arena y soy feliz —hizo una pausa y miró a Raysa—. Creído o no, te gusta ese ejemplar.
—Ya quisiera que posara mis ojos sobre él. No podría conmigo, hermanita —agregó Raysa medio sonrojada—. Además Leliel, no creas que no me fijé en como te miraba uno de ellos, te clavó la vista desde que empezó a hablar. No recuerdo el nombre, Kytara ¿tú sí? Era el gigante rubio, el más alto…
—El amo Rhage —dijo Fritz divertido con la conversación de las chicas.
—Pues por mí que mire tranquilo, porque de querer tocar de esta damisela va a obtener patadas en el culo y una quemadura de tercer grado o morirá rostizado. —dijo con una sonrisa intentando disimular la angustia que le provocaba ser fuego
—Ay, hermanita —dijo Nessa—, nunca digas nunca. Por cierto, nos faltó conocer a uno.
—Seguro se trata del amo Zsadist, él prefiere evitar a la gente —dijo Fritz con un poco de tristeza.
—Creo que ese era el nombre —murmuró Nessa pensativa.
—Mejor las dejo para que vean sus habitaciones, espero que estén a gusto. Cualquier cosa que necesiten solo tienen que pedírmelo —dijo el mayordomo mientras se retiraba.
Cada muchacha entró en su habitación y todas quedaron estupefactas. Eran inmensas y finamente decoradas, con enormes camas y un montón de aparatos, que pronto preguntarían para qué servían.
Todas terminaron reuniéndose después de la inspección en el cuarto de Nessa, sentadas en el suelo contando los detalles y compartiendo sus opiniones de lo vivido hasta el momento.
Luego de un buen rato de conversación alguien llamó a la puerta:
—Disculpen, señoritas —dijo Fritz abriendo apenas la puerta—. El amo Wrath las quiere ver en su oficina.
Raysa bufó y murmuró algo inentendible.
Kytara sonrió y respondió:
—Bajaremos en un momento, pero sólo porque queremos hablar con él, no porque nos lo imponga.
Fritz se limitó a sonreírles y cerró la puerta.
—Bien, tenemos que tener una especie de plan o idea para que no nos agarren desprevenidas —dijo Nessa mientras caminaba de un lado a otro.
—Pues llevan la ventaja de conocer las armas de este tiempo —dijo Raysa—. Pero me resisto a que me mande alguno de ellos.
Leliel suspiró y se rascó la cabeza expresando su frustración.
—Otra no nos queda, hace mucho que no batallamos, chicas, y no sabemos en que situación estamos —hizo una pausa y frunció los labios—. Sólo necesitamos ayuda en armas y tecnología, ¿no es así?
—Así es —dijo Kytara.
—Bueno, hecho, no queremos que se metan en nuestro entrenamiento y nosotras no nos meteremos en el suyo. Que nos enseñen esas dos cosas y en menos de un mes estamos fuera de la casa —dijo Leliel muy segura.
—Hay un pequeño problema allí, hermana —le recordó Raysa—, la Virgen Escriba nos quiere luchando codo a codo.
Nessa asintió.
—Si, pero eso no significa que vivamos bajo el mismo techo —habló con una sonrisa triunfal.
—Es un punto que tendremos que aclarar con la Virgen Escriba, a mí tampoco me gusta la idea de que vivamos en el mismo lugar —dijo Kytara.
—Pues entonces, andando —dijo Leliel abriendo la puerta.

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: ale_itati en Mayo 07, 2009, 06:43:12 pm
 emot024 Ojala que les guste es nuestro bebe emot033
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: vichyta en Mayo 07, 2009, 06:46:01 pm

Que lindo, ya esta subido.
 emot027 emot027

Gracias por darnos el lugar.
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: Gise en Mayo 07, 2009, 06:50:08 pm
Yo también  emot040 y tengo unos nervios  emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: ^KenYa^ en Mayo 07, 2009, 07:30:48 pm
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Chicas ya estoy enganchada  emot027 asiq vais a tener que aguantarme  :emot002:

Un placer leerlas  emot024

Para cuando el próximo capítulo???  :emot009:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: Roz en Mayo 07, 2009, 11:15:55 pm
No puedo creer que ya hayamos empezado a subirlo... ¡Que emoción!  :emot003: emot040
Título: Re: Las Protectoras de la Noche ( actualizado 11/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 11, 2009, 06:45:31 pm
Acá les dejo un nuevo capitulo.  emot040

Espero que les guste.  emot024

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CAPÍTULO 2

La puerta del estudio se abrió de forma impetuosa, dando paso a las cuatro mujeres. Entraron en la habitación y se encontraron a un serio Wrath sentado tras un antiguo escritorio.
Con él se encontraba Phury, parado a su derecha, que se aclaró la garganta algo incómodo ante la entrada femenina. Le costaba digerir que tremendas hembras fueran guerreras. Aunque, mirándolas bien, se podía percibir el poder que emanaban de cada parte de sus cuerpos.
Los demás hermanos no habían querido participar de esta reunión. Todavía sentían rabia por la osadía de ellas, ya que no estaban acostumbrados a que las mujeres los insulten. A que nadie los insultara, de hecho.
Al verse analizada por los dos machos, Leliel juntó aire en sus pulmones, tanto como pudo, y luego habló:
—Con mis hermanas hemos llegado a la conclusión de que solamente necesitamos que nos pongan al día con la parte de tecnología y armas. El entrenamiento corre por cuenta nuestra. Me parece que es lo más correcto y así evitaríamos molestarlos en sus tareas.
—Creo recordar que la Virgen Escriba nos pidió que trabajemos juntos y eso vamos a hacer, “guerrera”—sentenció el vampiro de anteojos oscuros, imponiéndose ante las hembras—. No necesito decirles que no me agrada esta situación, pero si juntos podemos derrotar a los lessers, y si son tan buenas como dicen, no veo mayor inconveniente en lo que proponen, salvo por un pequeño detalle.
—¿Y cual es? —preguntó Kytara, totalmente enfurecida y empezando a perder la poca paciencia que le quedaba.
—Los entrenamientos los haremos por turnos, ni ustedes solas, ni nosotros solos.
—Se huele a kilómetros de distancia la incomodidad de ustedes —dijo Nessa que estaba recostada contra una pared—. Y por favor, no nos corras con eso de “si son tan buenas” porque nostras sabemos muy bien lo que rendimos, no nos hace falta alardear.
—Solo queremos saber de qué son capaces, y a qué atenernos en lo que respecta a sus métodos de lucha, ya que no manejan armas de fuego —puntualizó irónicamente Wrath.
—Pero sabemos manejar otras cosas que ustedes en su vida podrán siquiera intentar —dijo Leliel, usando el mismo tono que él.
—¿Para qué necesitamos armas cuando tenemos nuestros cuerpos? —dijo Kytara, mirando a los hermanos
—Porque los tiempos son otros, guerrera, y tendrán que aprender les guste o no —comentó Phury, un tanto molesto por la terquedad de las hembras.
Cuando Wrath lo convenció de participar en la reunión, no pensó que ellas se mantendrían en sus posturas caprichosas. Se había olvidado de que eran guerreras y que por sus venas corría la sangre más pura que había en la raza, a excepción de la de Wrath.
Un leve movimiento de una de ellas llamó su atención. En un momento, una de las guerreras rubias, la más alta, tenía una daga en la mano; y al siguiente, la había arrojado hacia una de sus compañeras.
La daga silbó en el aire deteniéndose a milímetros del rostro de Kytara, quién había detenido la trayectoria del arma y miraba enfadada a su compañera.
—Sabemos utilizar algunas armas —le dijo irónicamente Raysa y con un movimiento de la mano de Kytara, la daga volvió a su mano y la guardó en su abrigo nuevamente.
Phury y Wrath quedaron brevemente sin palabras, no la habían visto venir y eso hirió de cierta manera su orgullo.
—Bueno, señores guerreros, ¿ahora cómo sigue esto? —Preguntó la morena que estaba recostada contra la pared—. Tenemos un trabajo que cumplir y nos están retrasando —Nessa habló con tono de molestia y aburrimiento.
Wrath se aclaró la garganta, luego de meditar durante algunos segundos como iban a ser las cosas. Dejó caer la bomba.
—Del entrenamiento con las armas se hará cargo el hermano Phury aquí presente, y el instructor de tecnología será el hermano Vishous.
—Y el entrenamiento cuerpo a cuerpo será personal, uno de nosotros con una de ustedes. Ese será su instructor personal, se hará cargo de una exclusivamente —agregó Phury, quién de no ser porque las miradas no matan literalmente, habría sido fusilado en esa habitación en segundos.
—Ahora, debido a los roces que hay, hemos decidido que lo mejor será que la suerte lo decida, ya que ese instructor será responsable no solo de entrenarlas sino también de su conducta cuando nos encontremos fuera, en el campo de batalla —dijo Wrath, serio.
—Oh, fantástico —dijo Raysa con tono irónico—, chicas, tenemos niñeras.
Wrath resopló molesto y Phury se aclaró la garganta luego de que se le escapara una suave risita.
Una de las rubias se puso nerviosa y un calor comenzó a sentirse en el cuarto, era como si la chimenea cobrara vida, pero sin sus llamas.
Leliel negó con la cabeza.
—No me gusta la idea, no puedo estar en contacto con otra persona. Lo siento —dijo un tanto avergonzada escondiendo sus manos cubiertas, mientras llegaban a su mente los recuerdos de las quemaduras que le había provocado a todos los entrenadores que la Virgen Escriba le había asignado.
Luego del tercer entrenador, nadie más había querido ayudarla, todos tenían miedo de ser lastimados, o lo que era peor, de morir a causa de sus combustiones.
—Pues creo que podemos darle solución a ese problema, Leliel —dijo serio Phury, mientras buscaba la aprobación de Wrath, el cual le respondió con un leve movimiento de la cabeza—. Creo que Rhage es el instructor adecuado para ti. Él será responsable de todo lo que se relacione contigo.
—Ya dije que no. Y tengo mis razones —ella miró a sus hermanas en busca de apoyo—. Además, no creo conveniente que peleen cerca de mí, no los conozco y no me caen ni un poco bien, pero es lo mejor para ustedes si quieren seguir con vida.
Nessa se acercó a ella, pero se contuvo de tocarla. Eso le daría un aspecto débil a su hermana y sabía que luego Leliel se lo reprocharía. Sin mencionar que de acuerdo a la molestia o enojo del momento podría freírla ahí mismo.
—Creo que seria una buena opción de su parte hacerle caso en este detalle.
—No es para contrariarlas más, pero Rhage también es… digamos… especial. Por eso pensamos que es el mejor para ti, Leliel, y es un tema que no seguirá en discusión —dijo Wrath con voz firme—. Pues ahora deberíamos pensar en como elegir a los demás entrenadores.
—¿Por sorteo o tienes una mejor idea? –preguntó divertido Phury.
Era la primera vez en toda la noche que las jóvenes veían una sonrisa en los rostros duros de aquellos guerreros.
—¡Genial! —comentó Kytara—. ¿Ni siquiera en esto podemos dar nuestra opinión?
Phury la miró con una ceja arqueada.
—Bueno, ya que quieres opinar, te escuchamos. ¿Cómo crees que es mejor? —Hizo una pausa esperando una respuesta pero luego se arrepintió—Oh, espera, ya tengo una leve idea de quien puede entrenarte —dijo esto con una amplia sonrisa en el rostro—. Wrath, creo que nuestro Poli es el ganador indiscutido de esta pelea.
—Creo que tienes razón, Phury —dijo Wrath mirando a la guerrera que alzaba una de sus cejas en clara muestra de descontento—. Ahora ¿hay algo de lo que nos tengas que informar?
—Haber… no lo creo —dijo pensativa Kytara.
De repente al aire en la habitación se sintió pesado, las agujas del reloj de pie cada vez se movían más lentas, y por la ventana se podía apreciar que el viento se detenía. Mientras que los ojos de la guerrera cambiaban de color, iban del azul a un violeta tormentoso.
—Cualquiera me da lo mismo, todos los traseros son iguales cuando uno los va a patear —Kytara terminó esa frase y sus ojos volvieron a ser azules.
—Sigo manteniendo que este tema de instructores no sirve para nada, nosotras ya sabemos luchar y lo hacemos probablemente mejor que ustedes. Sólo necesitamos conocer las armas que son nuevas para nosotras —dijo con furia contenida Nessa, que ya estaba más que cansada de todo esto.
¿Quiénes se creían que eran para tratarlas como unas principiantes?
—Pues creo que tú serás bien difícil de tratar —murmuró Wrath volviendo la cabeza cuando vio que su hermano se había movido.
Phury se acercó a ella lentamente, midiéndola con la mirada. Esa guerrera era difícil y que mejor que un difícil para otro más difícil.
—No creo que ningún otro pueda hacerlo mejor… Guerrera, te has ganado a Zsadist —finalizó frente a Nessa un calmado Phury—Y que la Virgen Escriba tenga compasión de todos.
—¿Perdón? ¿Es que acaso se estaban rifando machos y no me enteré? —preguntó con sarcasmo.
—Así parece, hermana —comentó Leliel que estaba sentada en el suelo, cansada del pesado día que les estaba tocando y pensando en lo complicado que se pondría todo cuando comenzaran a entrenar.
El ambiente se puso pesado, un florero que estaba en la esquina de la habitación estallo y el agua instantáneamente se convirtió en miles de astillas congeladas que se dispararon por toda la habitación
—Nessa, acepta de una vez, no ganamos nada, salvo desperdiciar nuestros dones en una causa totalmente inútil —le murmuró Kytara tratando de calmar un poco a su hermana, la cual hizo caso con un leve movimiento de cabeza.
—Definitivamente no quiero oír lo que viene a continuación —dijo una despreocupada Raysa quién, para asombro de los machos, su cuerpo comenzó a desmaterializarse y formar una nube de tierra muy fina.
Las tres mujeres suspiraron resignadas cuando la vieron comenzar a desaparecer, sus pies ya no existían.
—No desaparezcas de nuevo —dijo dándole un codazo Kytara a Raysa—. Todas pasamos por esto, cuanto antes termine, mejor para todas.
Raysa solo suspiró cansada.
—Pues de todos ustedes muchachos y rudos guerreros —dijo irónica¬—, ¿el mundo de quien voy a sacudir? —finalizó mientras todos sentían el leve temblor del suelo y sus ojos se iba oscureciendo a medida que aumentaba su poder.
—El mío, guerrera —contestó antes de poder contener sus palabras un sorprendido Wrath.
Eso si que no se lo había visto venir, él pensaba que la que decía llamarse Raysa era la más calmada, por ese motivo la había elegido, pero por lo visto no era así. Ahora no podía negar que tenía ganas de descubrir hasta donde llegaría y de lo que era capaz.
Todavía, en el fondo de su ser, se resistía a estas guerreras. Mejor dicho, a toda hembra.
—¿Y a qué se debe semejante honor? Me asombra esta decisión —puntualizó Raysa un tanto sorprendida, ya que no esperaba que ni siquiera se acercara a alguna de ellas.
Él se envolvió nuevamente en esa coraza fría y distante que era su mejor escudo.
—En que prefiero tenerte vigilada, no quiero que luego termines por provocar un desastre natural —dijo levantándose—. Entonces, puestas las cosas en claro, las libero. Luego de la Primera Comida comienza el entrenamiento. ¿Algún otro asunto más por tratar?
Las mujeres se miraron, pero decidieron callar, todavía no era tiempo de revelar los secretos que cada una de ellas portaba y no estaba claro aún si debían tratarlos como aliados o enemigos.
—Creo que ya ordenaron, perdón, dijeron todo lo que tenían que decir —dijo Nessa, que seguía molesta.
Se dieron vuelta y fueron saliendo de la habitación, pero Wrath alcanzo a oír antes que cerraran la puerta:
—No has visto nada aún, guerrero —murmuró suavemente Raysa.


Phury silbó por lo bajo cuando la puerta se cerró.
—Interesantes especímenes, ¿no? —Preguntó mientras prendía uno de sus cigarros.
Luego de momentos como estos los necesitaba desesperadamente.
Wrath se recostó pensativo en la silla.
—Van a traernos problemas, mi hermano, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de eso —dijo, y de repente antes de que pudiera evitarlo soltó la pregunta—. ¿Cómo es? —habló antes de darse cuenta lo que estaba diciendo.
Phury medio sonrió antes de devolver la respuesta.
—¿Como es quién Wrath? ¿Quieres que te cuente como son todas o solamente ella? —preguntó sabiendo que se arriesgaba terriblemente a ser pateado y muy fuerte.
Wrath negó con la cabeza, tratando de deshacer su error.
—Olvídalo, habría que llamar al resto para comunicarles las instrucciones —dijo intentando cambiar de tema.
—Está bien, ya les informo, pero déjame decirte algo antes, mi señor —le dijo Phury—. Son dos hembras morenas —le soltó—, dos de ellas tienen cabellos claros, pero Leliel parece que de acuerdo con el humor algunas mechas prende a rojo fuego. Una de ellas tiene la piel dorada, el resto son todas de piel blanca, hermosas mujeres. Nessa es la más baja, mide alrededor de uno sesenta, Kytara debe medir un metro setenta y Leliel ronda el metro ochenta y cinco. Sus cuerpos son delgados, pero sus ropas no logran ocultar su fuerza. Si pudieras ver sus ojos y las expresiones de sus caras combinadas… Son un poema para todo guerrero.
—Te dije que lo olvides —habló con tono alto, mostrando su molestia.
Mientras, en su mente intentaba imaginarla. Es una estupidez, se dijo mentalmente.
Phury soltó unos últimos datos con una sonrisa.
—Sabes, Wrath, ella es alta, casi tanto como tú. Y cuando se enfada sus ojos cambian de color.
En el preciso momento en que Wrath iba a regañar nuevamente a Phury, Vishous entró acompañado de Rhage y Butch.
Tendrían que esperar a Zsadist para soltar la noticia, que no iba a ser del agrado de los guerreros.
—¿De quién hablan? —preguntó Butch, observando a los dos hermanos con curiosidad al notar que callaron cuando ellos entraron.
—Tenemos algunas noticias —dijo Phury ignorando la pregunta del Poli—, pero tenemos que esperar a que llegue Zsadist.
Rhage se recostó sobre la pared y sacó una piruleta.
—Entonces podemos hablar. ¿Qué opinan de todo esto? —Miró a los hermanos y por las expresiones de sus rostros, todos pensaban igual.
—Pues todavía no me permití pensar realmente en lo que va a suponer tener a cuatro hembras dando vueltas por aquí, suficiente tenía con los muchachos de la escuela en el complejo durante sus clases —soltó Vishous, muy molesto con toda esta situación.
Wrath y Phury se miraron. Cuando supiera la noticia completa se largaría inmediatamente y no lo volverían a ver por unos cuantos siglos.
—Yo creo que es un dolor de huevos —dijo Butch caminando hacia el pequeño bar—. Y hablo tanto metafórica como literalmente —dijo mientras se servía un whisky.
Rhage soltó una sonora carcajada
—A mí no me molesta realmente, quiero ponerles las manos encima, en especial a la rubia alta. ¿Cómo se llamaba? —preguntó mirando a los hermanos.
Algo en la cabeza de Wrath se encendió. Mía, dijo instintivamente, poniéndose tenso y posesivo. Se sorprendió al encontrarse así, como si fuera un macho emparejado, tanto que Phury, viendo la reacción de su señor, tuvo que colocar la mano sobre su hombro y apretar fuerte para que no se lanzara contra su hermano.
Basta, se reprendió mentalmente. Esto se está saliendo de control, se recriminó con furia.
Entonces hizo su entrada silenciosa Zsadist y se marchó a su rincón preferido.
Phury los miró a todos y dijo:
—Viendo que estamos todos, nuestro señor les va a comunicar lo que se decidió y lo que las hembras opinaron. Son todo tuyos —dijo, agradecido de pasarle el mando de la situación.
Wrath giró hacia su hermano. Realmente se había librado de la situación y le dejaba la tarea más difícil a él.
—Bueno —suspiró, por algo lideraba la Hermandad, o mejor dicho, lo obligaban a liderarla—. Hermanos, como se podrán imaginar las cosas no fueron para nada fáciles y las hembras fueron huesos duros de roer —con tan solo recordarlo sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Al grano, Wrath —dijo Zsadist impaciente, desde donde se encontraba en la oscuridad.
Wrath lo miró molesto
—Zsadist tu tendrás tu tarea especial, y este aviso es para todos los que hayan sido elegidos.
—¿Hablas de haber sido elegidos por ellas? —Preguntó ilusionado Butch, tomando otro trago de whisky.
—Nadie te quiere más que yo, Poli —dijo Vishous divertido, palmeándole la espalda.
—Muérdeme, vampiro —respondió el Poli, gruñendo.
—Por favor, hermanos, escuchemos a Wrath, esto no es broma —les dijo serio Phury.
—Como decía, Z eres el entrenador de una de las hembras y tu deber será entrenarla en la lucha y…
—No —dijo Z, interrumpiéndolo de manera brusca—. Me importa una mierda tu linaje y quién cuernos seas, mi respuesta a eso es no.
—Lo mismo dijo ella —le contestó un muy molesto Wrath.
—Porque es una hembra inteligente —dijo Zsadist.
—Lo digo por una única vez, esto no está en discusión, cada hermano que tenga a una de las hembras a su cuidado deberá aceptarlo.
Zsadist lo miró enfadado
—Cómo si tú hubieras aceptado a una —soltó entre dientes.
—Y lo hice, Z —dijo con pesadez—. Desde este momento estas a cargo de Nessa, por ella responderás y te lo advierto, no quiero problemas.
Wrath miró a lo que creía era Z, y comprendió el enojo del hermano.
Él era el que más problemas tenía para relacionarse con los demás, y ahora estar a cargo de una hembra, que además era una guerrera, era demasiado. Solo rogaba a la Virgen Escriba que esto terminara bien.
Se frotó los ojos por debajo de los lentes oscuros y cuando quiso volver a hablar con Z, se dio cuenta que ya se había marchado, algo que era propio de él.
—¿Cómo fue la elección? —preguntó Butch ansioso, terminando su bebida.
—Yo propuse un sorteo y uno de los primeros favorecidos fuiste tú —dijo Phury.
—Bueno, no voy a discutir sobre eso. ¿A qué hembra "cuidaré"? —preguntó Butch.
—Es una de las morenas, se llama Kytara.
El rostro de Butch se volvió púrpura. La recordaba, era la que lo había llamado híbrido, y ahora estaba en sus manos. Todavía la podía ver como si estuviera en ese preciso momento frente a él, esa melena larga negra ondulada, que enmarcaba un rostro ovalado con unos enormes ojos azules, que tranquilamente harían que otro macho se perdieran en ellos. Labios gruesos que prometían horas de placer y ese cuerpo hecho para el pecado. En ese momento se juró que seria suya.
No podía ser más perfecto, le haría tragar toda esa soberbia y orgullo que tenía. Sobornaría a Fritz para que le dijera cual era su habitación y luego haría un buen uso del lanza—patatas. Vishous ya se estaba aburriendo de bombardear la habitación de Phury.
—Está bien, no tengo problemas, ¿ella ya lo sabe?
Phury miró a Wrath como tratando de ver de qué manera le iba a comunicar lo que la hembra había dicho.
—Sí y está conforme —dicho esto giró la vista hacia Vishous.
—Bueno. El poli y Z ocupados, yo no cuento ahí así que… —dijo Vishous con un tono jocoso que fue interrumpido por Wrath.
—Te equivocas en eso, hermano, tú te harás cargo de las clases de tecnología de las hembras —dijo a modo de regaño.
Vishous se sintió sumamente contrariado y molesto por la decisión del rey
—¿Tengo que hacerme cargo de las cuatro a la vez? ¿¡Estás loco!? —preguntó enfadado.
—Mide tus reacciones, V. Recuerdas con quién estas hablando, mi hermano —dijo Wrath contenidamente, pero con un deje oscuro en la voz.
Vishous asintió, sabía que con Wrath no se podía discutir cuando se encontraba de ese humor, tan cerca de estallar.
Para sentirse mejor, fulminó a Phury con la mirada, mientras pensaba en volver a destruir su ventana esa misma noche.
Rhage miró a Wrath con sospecha.
—Bien, acabas de nombrar a dos guerreras. ¿Quién se encarga de las que quedan? —preguntó un poco ansioso—. Porque me encantaría ser su entrenador.
—Entrenarás a la hembra rubia, Rhage, a la que llaman Leliel. Ella es algo especial, ya te darás cuenta porqué. No hay otro hermano mejor que tú para hacerte cargo de su entrenamiento —dijo con tono neutro Wrath.
Rhage enseguida recordó el rostro de la joven. Tenía facciones suaves y hermosas pero a su vez era dura y de apariencia fría. También recordó su cuerpo y tuvo una visión de sus largas piernas alrededor de sus caderas. Demonios, tenía que alejar esos pensamientos de su mente, él más que nadie sabía que estaba maldito. Tarea difícil le estaban encomendando, pero algo debía haber detrás de todo, tanto misterio sólo hacia que ansiara descubrir más de la guerrera.
—¿Y la otra guerrera? —preguntó con curiosidad Rhage.
Wrath gruñó por lo bajo. Sabía que debía controlarse, así que respiró profundo para luego hablar con la mayor de las calmas.
—Lo mejor será que sea entrenada por Wrath —culminó Phury—. Puede provocar un desastre natural en un abrir y cerrar de ojos y no podemos arriesgarnos a que se descontrole y terminemos todos expuestos —dijo sintiéndose mal por ser tan sincero.
Rhage miró a Wrath y Phury.
—Puede que tengan razón en eso, pero yo no preguntaba… —echó una mirada desconfiada al macho de lentes oscuros.
—No es necesario que desconfíes —dijo Wrath golpeando la mesa enojado—. Es puro interés por la Hermandad —pero su enojo no era por la desconfianza de su hermano, estaba molesto porque alguien tuviera interés por ella.
Mía. Otra vez esa palabra lo sorprendió.
Rhage se sorprendió por la reacción.
—Está bien, no iba a discutir para nada la elección de alumnas, estoy ansiando empezar el entrenamiento, ya que me asignaron a la guerrera que más me gusta —dijo sonriendo.
—No te hagas ilusiones, mi hermano, tú tienes una gran tarea por delante con esa guerrera ¬—aclaró Phury.
—¡Ja! Pues mejor para mí. ¡Menuda guerrera me ha tocado entrenar! La hubiera elegido a ella si hubiera tenido la oportunidad —dijo risueño mientras recreaba en su mente la imagen de Leliel.
—Hermanos, ya saben cuales son sus deberes desde este momento —dijo Phury intentado alivianar el ambiente—. Cada uno hablará con la hembra que sea de su responsabilidad y verán los horarios de entrenamientos. Vishous, encárgate de poner un horario para tus clases, y yo lo haré para las mías, que serán las de instrucción de armas.
—¿Alguien tiene alguna duda? —preguntó Wrath, más por compromiso que por interés.
Los hermanos se miraron unos a otros y hubo un coro de “No” en la habitación.
—Entonces nos veremos luego —soltó Wrath, cansado.
Todos salieron de la habitación, con más dudas que certezas, con más preguntas de lo normal y con algo mucho más preocupante: Con miedo a lo que el destino le tuviera preparado a cada uno de ellos.
Dentro del estudio el macho de lentes oscuros se recostó en la silla, pensativo. Todavía no le cabía en la cabeza como en tan solo unas horas todo su mundo había cambiado
A lo lejos se escuchó un trueno, un aviso de la tormenta que se avecinaba. Solo esperaba que la tormenta que comenzaba a vivir la Hermandad alguna vez tuviera fin. Algo que hoy realmente dudaba.

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: pauny en Mayo 12, 2009, 12:05:54 am
 :emot018: :emot018: :emot018:

Me encanto el fic xD me tienen enganchada

Siganlo pronto que ya quiero leer los entrenamientos

 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (nuevo fic)
Publicado por: willow en Mayo 12, 2009, 12:09:39 am
 emot035 emot035 chicas esta definitvamente genial ya quiero mas jejeeje me encanta que ellas manejen los elementos muy al estilo de los Lord Storm pero con luz propia.
genial de verdad.
 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 11/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 16, 2009, 04:36:59 am
Gracias Chicas por los comentarios!!!  emot024
Aquí les dejo dos capítulo mas.
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CAPÍTULO 3

Raysa bajaba completamente furiosa las escaleras.
Hacía unos minutos Fritz había ido a su habitación por segunda vez para decirle que bajara al estudio porque que al amo Wrath le urgía hablar con ella.
—No señor. Nada parecido a: “¿Puedes bajar por favor? ¿No es molestia que bajes? Necesito hablar contigo”. De eso nada. “Al amo le urge que baje a su oficina” —soltó por último imitando la voz nasal de Fritz.
No llevaban ni veinticuatro horas de convivencia y ya la había sacado de quicio completamente más de una vez y apenas estaba controlando sus poderes. ¡Maldición!
Ya frente a la puerta estuvo a punto de golpear, cuando sonrió pícara y la tensión desapareció junto con su cuerpo, que se desmaterializó y reapareció frente al escritorio de un sorprendido Wrath.
—Los modales son algo que todavía no logra despertarse, ¿verdad? —preguntó molesto Wrath.
—Perdón —dijo Raysa sin asomo de sentir realmente la disculpa—. Como necesitabas verme con tanta urgencia no quise hacerte esperar más —le soltó mientras se inclinaba sobre el escritorio.
—Quiero que hablemos respecto a los horarios de entrenamiento —dijo sentándose derecho—. Tengo muchas otras cosas de las cuales ocuparme —finalizó mientras llevaba a cabo una lucha interna para no cruzar el escritorio de un salto y tomarla allí mismo.
Raysa miró sorprendida al macho.
Podría jurar que sintió algo raro en él cuando le soltó la última frase.
Deben ser ideas tuyas, tonta, se dijo para sí misma.
—¿No son ustedes los que mandan y nosotras las que debemos obedecer, amo Wrath? —lo tentó irónica.
—Raysa, hay dos maneras de tratar el asunto, por las buenas o por la malas —dijo medio sonriendo—. Tú eliges —soltó desafiante, mirándola a los ojos, viendo como ella luchaba internamente por no sentirse pequeña ante su mirada penetrante a pesar de llevar lentes oscuros.
Media casi un metro noventa, seguramente era casi tan alta como él, pero sin embargo la hacía sentirse pequeña y odiaba eso.
—¿Qué propones? —dijo sentándose en el escritorio.
Wrath mostró una sonrisa triunfal, pero enseguida volvió a ser el guerrero letal que siempre era.
Pero se sentía extraño estando con ella, Raysa lo hacía sentir de una manera que ninguna otra hembra lo había echo sentir.
Sacudió la cabeza a modo de alejar sus pensamientos y concentrarse en la situación.
—Me gustaría saber cuáles son tus habilidades —declaró secamente mientras por su cabeza pasaban imágenes de ella en su cama, bajo su cuerpo, de él saboreando sus labios, su cuello, atrapándolo entre sus largas piernas.
Raysa lo miró y se paró bruscamente.
La había afectado demasiado verlo sonreír.
Además algo raro sucedía, sentía como si él estuviera soltando vibraciones muy raras.
Cada vez que se acercaba podía sentirlo. ¿Qué eran esas extrañas sensaciones? Venían de él, pero su cuerpo respondía de otra forma. ¿Qué rayos estaba pasándole?
¡Basta! Mantén la calma, se decía una y otra vez.
Sin embargo solo podía fijar la mirada en la boca masculina, en las enormes manos, si cerraba los ojos podía verlas recorriendo su cuerpo, acariciándola.
El piso se movió levemente y miró a Wrath enfadada.
Sus manos temblaban y trató de ocultarlas rápidamente antes de responder.
—En realidad tengo muchas habilidades, cielo, de verdad no sé por donde empezar —le dijo con una calma e ironía que estaba lejos de sentir.
—Quiero que aprendas a controlarlo —dijo enojado—. No quiero correr riesgos en medio de una batalla. No quiero que pase esto que está sucediendo ahora mismo —continuó—. Tu poder por algún motivo está fuera de control en este momento, ¿verdad? —finalizó enderezándose en la silla.
Ella se sobresaltó un poco ante la pregunta y por un momento se quedó sin saber qué responder. Entonces decidió llevar la conversación hacia otro lugar, uno donde sus sentimientos no estuvieran tan expuestos.
—Siempre tan correcto, siempre tan educado, siempre pensando en los demás. ¿Eres así realmente? Juraría que es una fachada, nadie puede ser tan serio, nadie puede mantener tanto tiempo un comportamiento así sin explotar y juraría que ya hay veces que simplemente quieres dejarte ir —dijo inclinándose nuevamente hacia él, mirándolo a la cara, buscando, insistiendo, tratando de encontrar un resquicio para poder descubrir las emociones del macho.
—Bajo mi responsabilidad está el que sobreviva o no una raza, son otros tiempos y te puedo decir que casi estamos cerca de la extinción. No tengo tiempo para juegos. No puedo darme el lujo de continuar con estas niñerías y tests de personalidad. Así que, ¿qué vas a hacer? —preguntó firme, serio y muy seguro de sí mismo—. Y por favor, no me juzgues sin siquiera conocerme. No sabes nada, absolutamente nada de mí.
—Tú lo hiciste conmigo, ¿por qué no debería hacer lo mismo? No sabes lo que pasé o lo que luché, no me conoces, pero de todas formas me juzgaste y te formaste una opinión solo porque soy una hembra. Te olvidas de que en mi época también pasamos tiempo difíciles y no había ningún macho allí que saliera a defendernos. Si la raza sobrevivió hasta ahora es gracias a mis hermanas y a mí. No te olvides de eso jamás —le gritó enfadada y dejando que el suelo vibrara cada vez más.
Wrath sentía que faltaba muy poco para que desatara totalmente su poder y necesitaba calmarla. Quería hacerlo, quería calmar el dolor de la hembra con sus caricias, con su cuerpo, hacerle olvidar todo lo que la lastimara, hasta que solo quedaran ellos dos.
—Entonces comencemos desde cero —dijo de la manera más suave que pudo, consciente más que nunca de lo que ella podía hacer.
—¿Me tienes miedo verdad? —Le dijo sonriendo, más tranquila—. Tienes miedo que dañe tu preciosa casa, a tus guerreros ideales…
—No, Raysa —la interrumpió.
Wrath se puso de pie y caminó hasta donde estaba ella.
—No te tengo miedo —dijo suavemente acariciando su mejilla y rozando suavemente sus labios, tan sorprendido como ella de estar teniendo un contacto tan íntimo como una caricia, gesto que nunca había compartido con nadie—. Sólo quiero un poco de paz —dijo esto último en un murmullo mientras se acercaba un poco más dejando sus bocas a escasos centímetros.
Sintiendo su aroma, tan suave y delicado, todo lo contrario a lo que esperaba de una hembra que había vivido casi toda su vida peleando.
Por un interminable momento se quedaron así.
Un aura de deseo los envolvía y se resistía a dejarlos ir.
Raysa jadeó sorprendida ante el contacto y se alejó como si la hubiera quemado.
Su rostro sentía aún el roce de los largos dedos, sus labios ardían pidiendo a gritos ser besados.
—No me pidas, guerrero, algo que jamás he conocido —le dijo con un susurro, se aclaró la garganta y más firme dijo—: Entrenaremos cuando me lo digas, elige los horarios. Esta vez ganaste, pero no te acostumbres, no suelo ceder tan fácilmente, Wrath.
—No es la idea —dijo despreocupado—. Luego del desayuno comenzaremos. Ahora puedes ir a descansar —dijo sin mirarla a la cara, mientras aprovechaba a observar lo ultimo que quedaba de la noche y tratar de descifrar lo que le pasaba realmente con esa hembra.
Raysa suspiró brevemente y antes de salir dijo:
—¿Wrath? Una cosa más.
—Te escucho —dijo mientras continuaba tercamente dándole la espalda.
No quería ver cuando se marchara, porque si se daba vuelta la atraería hacia sus brazos, y no la dejaría ir hasta que ambos estuvieran saciados por completo. Sentía como burbujeaba su sangre, quería beber de ella y que ella tomara de su vena, era un deseo tan primitivo que sacudió hasta lo más profundo de sus sentimientos.
Si Wrath hubiera prestado más atención habría notado el cambio en la voz de la hembra.
—Nunca más vuelvas a tocarme —dijo dolorida y desapareció de la habitación.
Wrath no sabía que le había pasado, jamás había actuado así con nadie. Abrió y cerró la mano, aún le ardía, aún tenia la sensación de la suave piel en contacto con la suya.
Maldición. Quitate la maldita hembra de la cabeza, estas destinado a otra cosa y ella jamás sería parte de tu mundo.
Si se dejaba llevar por impulsos tontos terminaría mal.
Definitivamente venían tiempos complicados, se dijo a sí mismo.


Leliel, no podía tener la cabeza tranquila desde que la Virgen Escriba la había despertado. Ni siquiera el baño la había calmado. Definitivamente, no iba a cambiar más. Siempre necesitaría de una buena pelea para calmarse.
Salió de la habitación, pasó frente a la habitación de Raysa y no la sintió en ella.
—Seguramente debe estar peleando —dijo divertida.
Pero toda diversión se esfumó cuando pasó por la habitación de Kytara. Podía sentir su angustia y tristeza.
Entonces le vino a la mente aquel día cuando tuvieron su primera batalla importante. Estaban las cuatro solas y se juraron salir vivas de todas las batallas que tuvieran que enfrentar.
Fue un juramento de sangre, un pacto, y mediante esa unión enlazaron sus vidas, lo que les permitía sentirse entre ellas, saber que le sucedía a cada una y si se encontraban en peligro. Estuvieran cerca o lejos, alguna de ellas, sino todas, acudirían en ayuda de la hermana que estuviera en dificultades.
Llamó a la puerta y luego entró.
—¿Qué haces despierta tan tarde? —dijo mientras se sentaba en un sillón.
Kytara se recostó en los almohadones que adornaban una enorme cama.
—No puedo dormir, es todo tan raro en esta época. ¿Por qué tenemos que aceptar órdenes de estos machos, Fuego?
—Supongo que las cosas no cambiaron mucho, recuerdo que antes ningún macho nos dirigía la palabra por creer que éramos extrañas —dijo mientras jugaba a hacer malabares con algunas llamas—. Es todo un logro que nos insultaran —dijo riéndose—. Aunque particularmente prefiero la indiferencia.
Aire le sonrió, era verdad. Recordaba como los machos en la antigüedad las miraban como si fueran bichos raros.
—Fuimos las primeras guerreras, las primeras en proteger nuestra raza. No éramos como las sumisas elegidas o las copetudas de la glymera.
—Por Dios —hizo una mueca de asco—. Eso jamás… Prefiero ser confundida con un macho a ser una hembra criada para solo traer hijos al mundo —había un halo de tristeza, sabía mejor que nadie lo maldita que estaba y se había jurado mucho tiempo atrás no engendrar hijos. Además de que jamás había tenido un celo y por lo tanto no creía que pudiera tenerlos, no quería pasar la maldición a alguien más—. No me imagino lo que será ahora mismo la glymera… y la cara que van a poner al vernos —dijo muy emocionada.
—En verdad, no me interesa, lo único que quiero es pelear, hace tiempo que dejé de ser uno de ellos. Recuerda que nos dieron la espalda cuando más los necesitamos —replicó con odio Aire.
Leliel asintió en forma distraída.
—¿Cómo será todo ahora mismo? —Preguntó mirando por la ventana.
—No lo sé, hermana, todo es tan distinto. ¿Y si cambiaron? —Miró hacia Fuego, esperando que esto fuera verdad.
—No lo creo —dijo Fuego, dándose vuelta para mirarla—. No lo creo. Ellos no nos aceptan, ¿qué nos queda esperar de la glymera o de lo que queda de nuestra raza? —Se contuvo de hacer un fogón en medio de la habitación—. ¿Para qué demonios nos despertó la Virgen Escriba? ¿No bastó con todo lo que nos jodieron en su entonces? —Dijo molesta caminando de un lado a otro.
—Eso es lo que más me molesta —comentó Aire levantándose de la cama—. Al fin y al cabo nos dijo: “Nuestra raza esta en peligro se las necesita. ¡¡¡Buuuu!!!” —imitándola con vos fantasmal y acompañando el comentario con un aire escalofriante que jugó con las cortinas de la ventana.
Leliel dejó escapar una carcajada.
—Bien, me voy. Tengo intenciones de buscar algo que golpear para no terminar incinerada. Es muy doloroso cuando me ocurre y lo que me consuela es que para los lessers que están a mi alrededor es mortal —dijo divertida, ocultando su molestia.
—Seguro, sobretodo para esos angelitos, que terminan como pollos chamuscados. Suerte, hermana, yo trataré de encontrar mi sueño —Kytara se rió—. Parece que cinco siglos no fueron suficientes.
—Hasta mañana —dijo mientras cerraba la puerta y se encaminaba por el pasillo en busca del gimnasio.
—Hasta luego —dijo Aire y fue corriendo hacia la puerta, abriéndola—. Y cualquier cosa solo llama… —pero Fuego ya había desaparecido.
Se dio la vuelta y regresó a la comodidad de la cama, tratando de encontrar la paz que le habían quitado.
Leliel llegó rápidamente al gimnasio.
—Me niego rotundamente a entrenar con otro hombre —decía mientras se desquitaba con un saco de arena.
Hacía más de media hora que estaba entrenando, o descargándose. Muchas imágenes de su pasado habían invadido su mente cuando apoyó la cabeza en la almohada y por más esfuerzo que hizo no logró dormirse. Así que luego de un buen rato de vagar por la habitación había salido en busca del gimnasio, pero antes se había entretenido con su hermana para luego seguir su camino.
No podía quitarse de la cabeza ni la imagen, ni las palabras de su último entrenador…

—¬Leliel, eres débil —dijo tirándola al suelo sin miramientos.
Llevaban más de una hora entrenando y ella sentía que pronto iba a desfallecer, lo cual era bueno porque hacia tiempo que lo esperaba.
—Así no podrás defender a nadie. Ahora entiendo por qué te abandonaron tus padres —dijo él mientras le asestaba golpe tras golpe.
Esas palabras habían hecho que ella hirviera de furia y con el simple roce de su mano, el vampiro estuvo envuelto en llamas.
—¡Bruja! ¡Maldita bruja! —Gritaba mientras se revolcaba por el suelo intentando apagar el fuego—. ¡Estás maldita! ¡Jamás nadie te va a ayudar! —dijo el vampiro antes de convertirse en cenizas.

No había sabido que hacer. Ese día se dio cuenta de que su maldición iba más allá de quemar a la gente si la tocaba cuando estaba enojada, también podría matar a alguien con tan solo el roce de su piel con la del otro. Al final sus padres habían hecho muy bien en abandonarla, no era un vampiro común, era un monstruo.
Leliel abrió grandes los ojos cuando llegó a esa conclusión, estaba sorprendida por lo que acababa de decirse a si misma: Era un monstruo. De repente el saco de arena fue envuelto por una llama ardiente y Leliel se quedó paralizada por el miedo.
—Tengo que salir de aquí —dijo en un susurro.

Hacía unos minutos que Rhage había entrado al gimnasio y estaba sorprendido por la escena con la que se había encontrado. Leliel estaba teniendo una dura pelea con el saco de arena y era perfectamente evidente que el saco llevaba todas las de perder. Le parecía admirable como se movía la hembra, tenía estilo, se dijo, era completamente letal en sus movimientos y aún así no perdía su femineidad y lo encontró sumamente excitante. Se paralizó por un instante y se sintió vulnerable ante esos pensamientos.
Leliel quedó sorprendida al ver ahí al macho que sería su entrenador. No le había prestado atención cuando la Virgen Escriba las dejó en la mansión. Debía admitir que el guerrero era pura belleza, por demás atractivo. Su cabello rubio estaba corto atrás y algo más largo al frente. Los ojos azules de mirada intensa podían dejar a cualquier mujer con las defensas bajas y mucho más sentirse intimidada ante su dos metros diez de altura.
Sacudió la cabeza intentado alejar todo pensamiento y volvió a esconder sus sentimientos bajo esa actitud agresiva y sarcástica que siempre mantuvo con extraños.
Rhage continuaba mirándola fijamente sin decir palabra.
—Discúlpame —dijo mientras señalaba con la mirada los restos del saco de arena que yacían en el suelo—. Definitivamente como podrás ver soy un peligro para ustedes. Pero no deben preocuparse, voy a marcharme de aquí. No tiene sentido alguno que ponga en peligro a todos —dijo tratando de no mirarlo.
—Tienes que aprender a controlarlo, de otra manera te puedes lastimar. Entiendo lo que te pasa más de lo que te imaginas. Digamos que convivo con algo similar todos los días, por eso consideraron que sería una buena idea que te entrenara —dijo mientras sacaba de un bolsillo un chupetín para llevárselo a la boca.
Leliel intentó no seguir el movimiento, pero el macho tenía unas manos hermosas, grandes, fuertes, de dedos largos y ágiles. La mirada femenina quedó momentáneamente fija en la boca de Rhage. Una boca que prometía besos ardientes, unos labios que le encantaría que se deslizaran por su cuerpo.
¿Que diablos me sucede?, se preguntó a sí misma, molesta por el rumbo que estaban tomando sus pensamientos. Jamás se había interesado por tener contacto con ningún macho, nunca se había sentido atraída, y menos aún con tanta fuerza.
—No necesito ayuda de nadie —habló con tono soberbio mientras trataba de borrar sus anteriores pensamientos—. Siempre me las pude apañar sola, por lo que no necesito de tu ayuda. Si pude sobrevivir durante mis días de batallas, creo que puedo hacerlo ahora mismo. Y no me digas que debo hacerlo porque la Virgen Escriba lo manda, porque me tiene sin cuidado lo que diga o deje de decir —Leliel se paró al lado de Rhage, y a pesar de que era alta, el guerrero lo era más—. Si me disculpas me voy a dormir, tanta plática sin sentido me agotó —intentó pasar rápidamente a su lado y salir, pero él fue más rápido. La tomó suavemente de la muñeca, que estaba cubierta por sus guantes, y se colocó frente a ella, intimidándola con su altura y su físico.
Leliel no había notado que la temperatura que hace minutos atrás iba a llevarla a convertirse en cenizas ahora había bajado considerablemente cuando tuvo contacto con Rhage.
Él también estaba sorprendido, no porque nunca hubiera tocado a una mujer, sino porque en su mente sola rondaba la frase “Quiero que seas mía”. La observó con una mirada hambrienta.
Rhage estiró la mano para acariciar la delicada piel de la guerrera. ¿Quién hubiera pensado que esa hembra había estado en cientos de batallas siglos atrás? Apretó fuerte los dientes al sentirla suave como la seda pero caliente como las brasas, y eso hizo que se preguntara si aquella temperatura sería normal en ella. Si todo su cuerpo sería igual de delicado y suave, y sin embargo, fuerte a la vez.
Se puso tenso de solo pensarlo. Sentía un deseo tan intenso que no podía ni quería aplacar de otra manera más que haciéndola suya.
Ninguno supo quién había dado el primer paso. Poco a poco fueron acortando distancias hasta que sus cuerpos estaban pegados, el cuerpo de Leliel era uno con el cuerpo de Rhage. Ninguno se dio cuenta de que la temperatura de la habitación había subido considerablemente, ni mucho menos que los cabellos de ella eran completamente rojos sin dejar rastros de su rubio original.
El guerrero inclinó la cabeza acercando su boca a la de la hembra sin detenerse hasta sentir el roce de sus labios.
Rhage cubrió con hambre y pasión la boca femenina, la devoraba como si fuera el manjar más exquisito.
Mordisqueó suavemente sus labios. La sintió jugar con su lengua. Dentro de sus bocas se desató una batalla por ganar territorio, ninguno de los dos dio tregua.
Leliel sintió que todo su cuerpo reaccionaba ante su primer beso. Por todos los cielos… ¡es mi primer beso!, se gritó mentalmente y él no estaba siendo carbonizado, ni estaba en llamas… ¿Por qué él?, se preguntó confundida.
Entonces se separó bruscamente.
Rhage notó como la confusión surcaba su rostro antes de que pudiera disimularlo.
¡Demonios!, se dijo. Estaba hermosa, si no la hubiera visto por sí mismo, hubiera pensado que era imposible que se viera más bella, pero mirándola ahora con las mejillas rosadas y los labios hinchados por su beso, la respiración acelerada…
Una sonora mano se estrelló en su rostro sacándolo sorpresivamente de sus cavilaciones, haciendo girar su rostro por la fuerza del golpe.
Enfocó la vista nuevamente en ella, que lo miraba fijamente.
Leliel estaba completamente confundida y asustada ante lo que había ocurrido recién. Ocultó esas emociones tan intensas dejando solo a la vista el enojo.
—Jamás vuelvas a tocarme —dijo furiosa, mientras sentía como de sus manos brotaban chispas de fuego a pesar de llevar los guantes como precaución.
Lo empujó hacia atrás y con ese toque le grabó una quemadura de alto grado en su pecho, y salió casi corriendo del gimnasio, dejando al macho totalmente confundido.
Rhage se miró el pecho, sorprendido por la herida causada. No era grave, en unas horas sería historia. Sacudió la cabeza sin terminar de comprender lo que había pasado.
Sacó un chupetín de su bolsillo y salió sonriente del lugar. Podía costarle mucho o poco pero aquella guerrera sería suya y de nadie más.
Él sería quien domaría a esa fiera.

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 16, 2009, 06:34:39 am
CAPÍTULO 4

—Que linda cama, cómoda y confortable —decía Kytara mientras saltaba en la cama como si tuviera diez años.
Un golpe ligero en la cabeza la hizo volver a lo único en que debía ocupar su mente en este momento: La nueva misión.
Por un lado se encontraba feliz por estar de nuevo con aquellas mujeres que había adoptado como sus hermanas, luego de que su familia fuera destrozada por el Omega.
Bajó lentamente de la cama y con pasos suaves caminó por la habitación.
Paró súbitamente y se plantó delante del enorme espejo de pie y forzó un reflejo suyo. Lamentablemente, ése era el único recuerdo que le quedaba de su madre. Kytara era un vivo retrato de ella, las facciones tan definidas, los rasgos tan bellos y amados… Tenía recuerdos felices.
El maldito desgraciado que la asesinó lo pagaría, se juró cumplir esa promesa.
Volvió lentamente a la cama, se arropó y trató de dormir.
Daba vueltas y vueltas sin lograr su cometido.
Haciendo a un lado las mantas y tras aceptar que no podría conciliar el sueño, decidió salir del cuarto y recorrer la mansión. Una buena caminata siempre la ayudaba a despejarse, mientras pensaba detenidamente sus pasos a seguir ante esta nueva situación.
Pasó frente a las habitaciones de sus compañeras y hermanas y bajó la escalera. Por lo que veía, a los miembros de la Hermandad les gustaba vivir bien, cada rincón de la mansión era un derroche de fortuna. Todavía no le gustaba estar allí, le asustaba el no poder definir si los machos eran amigos o enemigos.
Aunque desde que habían pisado la mansión sentía que no era bienvenida, estaban las reacciones de los machos y con ellas sólo podía llegar a la conclusión de que estaban más cerca de ser enemigos, porque nunca iban a poder aceptar que cuatro mujeres podían pelear a su lado como iguales.
Tanto caminó que no se dio cuenta que había llegado a la cocina.
Un trago de algo siempre es bienvenido y si contiene alcohol, mucho mejor, se dijo mentalmente.
Empujó la puerta y al levantar la vista, se encontró con la última persona que esperaba ver.
La inmensa figura masculina en la oscuridad era intimidante y la profunda voz resonó en la vacía habitación sobresaltándola aún más.
—¿Qué? ¿Acaso la gran guerrera es tan auto suficiente que no necesita descansar ni dormir? —dijo Butch en forma socarrona mientras masticaba con calma un sándwich.
La joven se acercó con paso lento y dijo en forma brusca mientras trataba de controlarse.
—¿No te enseñaron tus padres que no se habla con la boca llena?
Butch soltó una breve carcajada ante la infantil e inesperada pregunta.
Esta hembra se comportaba de manera juvenil y fresca, y eso le dejaba sorprendido siempre y era un sentimiento que no estaba acostumbrado a sentir.
—Algo me dijeron, pero preferí no darle importancia —dijo mientras agarraba la botella de cerveza que estaba sobre la mesada y le daba un generoso trago.
—Se nota que no hiciste caso de muchas cosas, sobre todo aquellas que tenían que ver con la educación y los modales, ¿verdad? —dijo mirándolo de arriba a abajo.
Kytara seguía sintiendo esa rara sensación en la boca del estómago y eso la molestaba ya que no podía entenderla.
Miró nuevamente la figura masculina y se estremeció levemente cuando se animó a observar sin pudor al macho.
Por la bendita sabiduría de la Virgen Escriba, hacía tiempo que no veía a un macho con tremendo físico, y éste era un buen espécimen, un muy buen espécimen. Con un metro noventa y cinco de altura era imponente, el cuerpo era atlético, una masa de puro músculos bien definidos y firmes.
Su cabello era oscuro y caía despreocupado, sus ojos de color avellana que antes habían brillado con algo parecido a la picardía, ahora estaban serios. Todo en él era tosco y rudo, en verdad era de temer.
—Veo que estoy interrumpiendo tu cena, mejor te dejo —comentó Kytara dando la vuelta y tratando de escapar de su presencia.
No sabía porqué realmente, pero sentía la necesidad de huir lejos de él, de alejarse hasta no sentir más nada.
—¿Estás feliz con la situación, Kytara? —Preguntó Butch con voz grave.
¡Demonios! La pregunta escapó de su boca antes de que su mente pudiera registrarlo siquiera. No le gustaba para nada lo que sucedía. Parecía un adolescente nervioso. La pregunta no tenía dobles intenciones. Sólo intentaba acercarse más a ella.
Tenía tantas ganas de extender los brazos, tomarla entre ellos y acercarla a su cuerpo hasta que se derritiera de placer y su nombre escapara de su tentadora boca.
La pregunta hizo que ella se quedara parada en la puerta totalmente congelada y sin volverse a mirarlo.
—¿Qué situación? —No iba a demostrar debilidad ante él—. Todavía lo estamos pensando, desde que el tal Phury y Wrath nos dieron la noticia… —la risa de él hizo que ella se quedara en silencio.
No era tonto, lo había juzgado mal.
Sintió en la espalda la presencia masculina.
¿En qué momento se había movido? No lo había escuchado. No lo había sentido.
Eso quería decir que sus poderes estaban fallando y por primera vez en la vida se sintió pequeña, vulnerable, y le dio miedo.
Un macho con ese poder sobre ella no tenía que existir, eso no podía ser posible.
No ahora, no dentro de la Hermandad, rogó para sus adentros cerrando los ojos por un momento.
Respiró hondo y giró para mirarlo.
Kytara dejó de respirar. Estaba muy cerca, más cerca de lo que esperaba. Se fundió en su mirada sin poder evitarlo, peor, sin querer evitarlo.
—Sé a lo que juegas —susurró el poli casi sobre sus labios, sin llegar a tocarlos.
Butch sentía como se escapaba de él todo control, cualquier otra idea que no fuera tenerla en su cama, debajo de él y gritando su nombre, no entraba en su cabeza.
Un escalofrío recorrió a Kytara, provocando sensaciones que no tenían que existir. Ella no se podía permitir eso.
Entonces lo sintió, con inmenso alivio, sintió el aire llamándola. Su poder la protegía y su hermano, el viento se hizo sentir en el exterior dándole su apoyo para escapar de Butch y ponerse a salvo.
—¿De verdad? ¡Qué raro! Yo nunca juego —le dijo mientras simulaba indiferencia ante el macho y lo miraba a los ojos.
¡Sí que era alto!
—A no ser que lo haga con una de mis presas.
Una sonrisa socarrona cruzó por los labios masculinos, llegando hasta sus ojos.
—Qué lástima que no juegues, belleza, de esa manera te pierdes toda la diversión —dijo sacudiendo levemente la cabeza—. Está bien, si así van a ser las cosas las acepto —dijo Butch acercando su cuerpo un poco más, haciendo que ella sintiera el calor que irradiaba, haciéndola consciente de su fuerza, de sus ansias, de su deseo.
El cuerpo de Kytara empezó a sentir el deseo que el macho le provocaba, su piel sentía cada corriente de aire de la habitación, haciendo que sus pezones se endurecieran y un mar de lujuria la recorrió como una cascada de miel resbalando por su cuerpo como las manos de un amante.
Se humedeció los labios resecos y pudo ver como cambió brevemente la mirada en los ojos de Butch, sus respiraciones se hicieron cada vez mas pesadas. Si cualquiera de los dos se movía, no habría vuelta atrás, solo un movimiento y que la Virgen Escriba los salvara de lo que podía suceder. Ya que había sido ella quien le puso esa maldición.
La joven mujer buscó en su mente algo que la sacara de esa situación tan peligrosa.
Echó mano de lo único que podía salvarla.
—Qué fácil te domina el deseo, híbrido —soltó casi en un suspiro.
Kytara pudo observar cuanto había herido a Butch, su rostro se desencajó momentáneamente.
Esa era la intención, era la manera en que se manejaba, desde ahora tenía que cortar todo. Estuvo demasiado cerca de rendirse a la pasión, demasiado cerca de olvidar todo.
—¿Tú crees? —Se acercó más a su rostro, casi al punto de que sus narices se rozaban, la estaba provocando. Pero su mirada había perdido toda calidez, ya no había pasión, el deseo se había desvanecido—. A mí también me gusta jugar con mi presa —continuó mientras tomaba lo que quedaba de su cerveza y pasaba junto a ella—. Claro que me gusta hacerlo antes de matarla.
La hembra se estremeció visiblemente.
—Ah, me olvidaba, te espero a las siete en punto en la puerta de entrada de la mansión, iremos al campo de tiro, quiero probar que puntería tienes, guerrera —diciendo esto, se marchó de la habitación.
La dejó con la boca abierta
¿Quién se cree que es?, se preguntó, molesta, Kytara. Miró el reloj de pared, faltaban tres horas, el tiempo suficiente para controlar sus poderes.
No lo quería admitir pero el encuentro con Butch la había dejado muy sensible, y con los nervios a flor de piel.
Miró alrededor buscando esa maldita bebida.
Quizás de esa forma olvidara de todo esto.


Las cuatro mujeres observaban asombradas el pequeño aparato que les estaba enseñando Phury.
Miraron al vampiro, desconfiadas.
—¿Dices que con esto podemos estar siempre en contacto con ustedes? ¬—Dijo Leliel con un deje de incredulidad.
—Tiene que ser una broma —dijo Raysa mientras tomaba entre sus manos el dichoso artefacto.
—Nosotras podemos estar en contacto y no necesitamos esto —le dijo Nessa a Phury.
Phury sonrió ante la ingenuidad de las guerreras. Ésta, en definitiva, era la clase de Vishous y por las infecciones que había sufrido una de las computadoras de la mansión, no había podido dictar la clase, ya que sin él la seguridad de la Hermandad estaría perdida. Así que ante el pedido de su hermano, había aceptado hacerse cargo de ellas por esa tarde. Por alguna extraña razón, lo estaba disfrutando.
—Pueden estar en contacto entre ustedes, pero no con nosotros. Este aparato, llamado "celular", lo hará posible.
—¿Y por qué queremos estar en contacto con ustedes? —Preguntó Kytara, displicente.
—La Virgen Escriba ordenó que lucháramos juntos, y hasta que se hayan acostumbrado totalmente al mundo de ahora, lo mejor es que usen este artefacto.
—Entonces, una vez acostumbradas, ya no lo necesitaremos —afirmó Nessa.
—Por supuesto que sí —la contradijo Phury—. Solo que dejarían de ser tan necesarios. Cuando se acostumbren lo entenderán.
—¿Estás realmente seguro de que funcionan? —Preguntó Leliel desconfiada.
—Haremos una prueba para que lo veas. Desmaterialízate hacia tu habitación y lleva este teléfono contigo. Cuando sientas que hace ruido y vibra, presiona el botón verde de aquí, llévatelo al oído como les indiqué y verás como puedes oírme perfectamente.
Leliel hizo lo que Phury le dijo. Cuando lo sintió sonar y vibrar, presionó el botón verde, se llevó la cosa hacia la oreja y esperó, sintiéndose como una tonta.
—Leliel, ¿me escuchas? —Preguntó Phury.
La vampira se sorprendió al oír la voz del hermano saliendo de la cosa. Para cerciorarse, buscó su presencia en la habitación, pero no estaba allí. Sacudió el aparatito, para saber si el hermano no podía encogerse hasta poder meterse allí adentro, pero no lo escuchó quejarse. Era extraño.
—¿Me escuchas? —La voz salió de nuevo de la cosa.
—Eeehhh… sí —respondió confundida.
—Perfecto —dijo el hermano.
Funcionaba. ¡La cosa funcionaba!
Volvió a la habitación en donde la clase era impartida, totalmente sorprendida. Miró a sus hermanas, que también tenían caras de sorpresa. Seguramente, la habían oído responder.
—Funciona —dijo Kytara, como si no pudiera creerlo.
—¡Ahora yo! ¡Ahora yo! —Exclamó Raysa, emocionada.
—¡Oye, no, me toca a mí! —Se quejó Nessa.
Phury solo podía sonreír ante el entusiasmo y la inocencia de esas feroces guerreras.
Leliel le pasó el móvil a Kytara, quién se desvaneció. Nessa se acercó a él y con una sonrisa, le extendió la mano, mientras las otras dos lo miraban expectantes.
Como si pudiera resistirse a ese silencioso pedido.
Le entregó el celular a la pequeña morena y las tres ensayaron la misma sonrisa entusiasta. Luego les recitó la secuencia de números que debían marcar.
Así fueron turnándose una a una con el mismo aparato, hasta que Raysa hizo un puchero.
—¿Tendremos que compartirlo entre las cuatro? —Parecía auténticamente contrariada.
Al mismo tiempo, voltearon su mirada hasta él, aguardando su respuesta.
—Por supuesto que no —les sonrió—. Cada una tendrá el suyo.
Ellas en verdad gritaron de alegría. Y pensar que había creído que esto sería como una tortura.
Recuperó su propio móvil, sacó otros tres, se los entregó, y en un segundo el pandemónium se armó otra vez.
—Pero… —dijo Leliel enojada—, la clave que nos dijiste ya no funciona.
—Eso es porque cada uno de los aparatos tiene su propio número. Si van a la agenda —les mostró como—, encontraran los nombres de sus hermanas y los nuestros. Seleccionen con el que deseen comunicarse y presionen la tecla “llamar”.
Cuatro melodías distintas empezaron a sonar sin interrupción. Volvían a aparecer y desaparecer para aprobar los aparatos a la distancia, e incluso una de ellas lo abrió para asegurarse de que adentro no había alguien con la habilidad de hacerse pequeño y de imitar voces que las estuviera engañando. Esto, por supuesto, ameritó un nuevo celular.
Phury intentó llamar su atención, con nulos resultados.
Ellas solo recurrían a él cuando lo necesitaban.
Después de tres cuartos de horas gritando, silbando y haciendo señas para captar su atención, se dio por vencido. Y entonces se dedicó a admirar el espectáculo.
Se suponía que esas cuatro mujeres allí reunidas, aprendiendo a usar un simple celular, eran las guerreras más fuertes y feroces de la raza en la antigüedad, aquellas que tenían recorriendo por sus venas la sangre más pura. Eran las más fuertes y las más sanguinarias, las únicas capaces de pelear codo a codo con la Hermandad de la Daga Negra. Y sin embargo, allí mismo, Phury solo veía inocencia y bondad.
Una inocencia y una bondad tan puras como no había visto antes y que lo conmovían hasta lo más profundo de su atribulada alma. En silencio, agradeció el haber podido presenciar este espectáculo.
Al ver a esas cuatro muchachas allí, Phury se sintió tranquilo por el futuro de su raza.


Luego de la clase de tecnología las cuatro guerreras se encontraban descansando en la habitación de Nessa. Cada una con ese nuevo artefacto que tanto las sorprendió.
Leliel dejó el aparato a un lado y miró a Nessa.
—¿Entonces sigues sin tener novedades de… —hizo una pausa intentando recordar el nombre—, Zsadist? —preguntó, un tanto confundida aún por los nombres.
—Sep —miró a sus hermanas, confundida—. ¿O será que me lo imaginé aquél primer día? Ustedes también lo vieron, ¿no es así?
—Sí —dijo Raysa mirando a lo lejos—, pero no recuerdo muy bien su rostro, sí recuerdo que tenia cicatrices. Tenía, ¿verdad, Leliel?
—Y era muy raro —recordó Kytara mirando su artefacto, cansada lo dejó a un lado.
—Se, se… —dijo Leliel mientras deambulaba por la habitación buscando algo que hacer—. ¿Falta mucho para el atardecer? —Preguntó distraída, para encontrarse con la mirada desaprobatoria de Kytara—. Perdón. ¿Entonces sigues sin entrenar?
—¿No se apareció ni una sola vez, Nessa? —preguntó sorprendida Raysa, sacando de un bolsillo un chocolate.
Kytara se levanto del piso enfurecida.
—¿Te dejó plantada?
—Bueeeno… En realidad, en ningún momento arreglamos un encuentro, así que técnicamente, no me dejo plantada —dijo encogiéndose de hombros, robó el chocolate que Raysa estaba por llevarse a la boca y miró a las demás, pensativa, mientras masticaba—. Supongo que si Mahoma no va a la montaña, la montaña deberá ir a Mahoma… aunque a él le queda mejor el papel de montaña que a mí —finalizo divertida, intentando calmar los ánimos de sus hermanas.
Leliel largo una carcajada.
—En este caso serías un proyecto de montaña —dijo mientras saltaba sentándose sobre la cama de Nessa—. No vale, tu colchón es más cómodo que el mío para saltar —dijo haciendo puchero.
—¿Cómo que es más cómodo? —Preguntó Kytara, subiéndose a la cama y empezando a saltar también—. ¡No es justo! ¡Es mejor!
—¿Acaso las almohadas también serán mas cómodas para golpear? —Preguntó Leliel antes de pegarle con una a Kytara.
Kytara cayó de la cama indignada, tomó un almohadón y se lo tiró en la cabeza a Nessa, quien sintió el golpe, pues su hermana había dado impulso a la almohada con una ráfaga de aire. En respuesta, ella hizo que el agua del florero que estaba en la repisa detrás de Kytara, saltara de allí a la cabeza de su hermana.
—Ah, ¿si? —Kytara tomó la almohada del piso y fue por Nessa, que la estaba aguardando con otra y empezaron una pelea de almohadas.
Raysa las miró, riéndose.
—No van a durar mucho si siguen haciendo eso —dijo mientras tomaba otra almohada y golpeaba a Leliel.

Vishous se había cansado de golpear la puerta, por lo que respiró hondo y entró… y se quedó sorprendido con la escena que tenía frente a sus ojos.
Las cuatro guerreras, supuestamente, más temidas de toda la historia estaban teniendo una ¿guerra de almohadas?, se preguntó mentalmente, para luego comenzar a reírse. Si no lo hubiera visto con sus propios ojos no lo hubiera creído.
Carraspeó un poco para llamarles la atención y entonces habló:
—Lamento interrumpir la diversión, pero quisiera ver sus dagas —con esto último ganó la atención de las cuatro hembras, que en seguida cambiaron los semblantes.
—¿Para qué necesitas nuestras armas? —Preguntó Leliel desconfiada, mientras ponía las manos sobre las dagas como si fuera a desenfundarlas ante cualquier movimiento en falso del macho.
El guerrero dejó escapar un sonoro suspiro.
—Para ver de qué material están hechas —dijo extendiendo la mano. Al ver que ninguna atinaba a entregarlas, agregó—: Por más que no quieran, debo revisarlas. No había nacido hace quinientos años atrás. Ustedes tienen poderes que nosotros no tenemos, por lo que debo saber si les van a ser de utilidad para los enfrentamientos de hoy en día.
Nessa y Kytara lo observaron desconfiadas. Habían optado por mantener ña misma pose que Leliel.
Raysa respiró profundamente, desenvainó la daga y se la entregó, sosteniendo el filo muy suavemente.
—Cuidado, son muy filosas.
Vishous arqueó una ceja y la observó divertido.
—Gracias por el consejo —dijo con sarcasmo mientras observaba detalladamente la daga—. Esto no es… —la frase quedó suspendida en el aire, sorprendido por el trabajo que tenía el arma: llevaba tallado un intrincado símbolo de la Tierra.
—La daga en sí está hecha de oro blanco —acotó Kyatara mientras desenvainaba la suya.
—¿Todas tienen un símbolo grabado? —Preguntó V mientras le devolvía la daga a Raysa y tomaba la de Kytara.
—Efectivamente, cada una tiene su propio símbolo —respondió Nessa, que no había hecho además de desenfundar la suya.
—Pero el filo es de acero, por lo que sirve perfectamente para matar lessers. Porque siempre se hizo de la misma forma, con o sin poderes —Leliel comenzó a jugar con unas bolas de fuego, mientras evitaba que Kytara las apagara.
Vishous asintió.
—Entonces nada más me retiene aquí. Pueden continuar con su guerra de almohadas —le entregó la daga a Kytara y se dirigió hacia la puerta—. Cualquier cosa que necesiten, no duden en pedirlo.
Las guerreras no le respondieron.



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Espero que le hayan gustado estos capítulos y muy pronto subiere los demás.
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: preciousmele en Mayo 16, 2009, 06:43:29 am
amo la escena de los celulares
a que fue Leliel la esceptica del enanito ¿verdad?
verdad emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: willow en Mayo 16, 2009, 07:46:41 pm
 emot035 emot035 emot035 genial jajaja una pelea de almoadas y estoy deseando el encuentro de Nessa que lee las mentes y Z
 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 17, 2009, 01:36:21 am
amo la escena de los celulares
a que fue Leliel la esceptica del enanito ¿verdad?
verdad emot025

Gracias!!!  emot024 Y esa es Leliel!!  :emot016:
Besos!!!

emot035 emot035 emot035 genial jajaja una pelea de almoadas y estoy deseando el encuentro de Nessa que lee las mentes y Z
 emot024 emot024

Te prometo que pronto estará  emot037 emot037

Besos!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: ale_itati en Mayo 17, 2009, 02:40:55 am
 :emot004: Chicas no pueden perderse lo que viene emot033
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Roz en Mayo 17, 2009, 03:11:58 am
Efectivamente, la que desarmó el celular fue Leliel  :emot002: Igual la queremos  :emot008:

Y sí, no se pueden perder el siguiente capítulo  emot033
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: ^KenYa^ en Mayo 18, 2009, 01:29:18 am
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Es perfecto. Quiero mássssss  emot026

Muy buen trabajo chicas  :emot018:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Desesperada en Mayo 18, 2009, 11:53:07 am
Genial chicas, definitivamente genial  :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Siento haber tardado tanto en leerlo, aunque así me di un buen atracón.

Me encantan esas guerreras, tan distintas físicamente, pero tan iguales en su interior y hay que ver lo unidas que están.

Eso sí, tuve que cambiar el chip, pq al principio me molestó ver que se van a liar con los hermanos, comprenderlo, me caen muy bien
sus shellan, sobre todo Beth y Bella, pero ya me hice a la idea de que aquí no existen ellas.

Por cierto, vaya química que hay  emot038 

Muy divertida la escena con los móviles  :emot002: si en el fondo son como niñas, sólo había que verlas en la guerra con las almohadas

Estoy deseando leer el encuentro de Z con Nessa  :emot004: va a ser un encuentro muy interesante.

Que bien lo voy a pasar con esta historia  emot040 y que calores voy a pasar  emot021
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: ale_itati en Mayo 18, 2009, 08:17:52 pm
 emot024 Gracias Desesperada emot024
 :emot004: Si lo que viene esta genial :emot004:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Roz en Mayo 19, 2009, 12:49:11 am
Que bueno que te guste, Desesperada, gracias por tus palabras  :emot008:

Y no te preocupes que ya no falta tanto para el encuentro entre Nessa y Z  emot033
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Len en Mayo 19, 2009, 08:57:42 am
Hola guapas, quiero felicitaros pq la verdad es que os está quedando genial!  emot040  emot040  emot040  emot040. Estoy totalmente enganchá y esperando el siguiente capitulo (que se está haciendo desear la verdad).

Un besote  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: macky37 en Mayo 19, 2009, 11:49:50 pm
 :emot003: :emot003: :emot003:Estoyn furiosa!!!!!!!
 Durante una temporada todos los fic estuvieron medio parados,¡ y ahora q mi maldita compu paso a mejor vida todas las historias estan q arden! Y ESTA ESTA MORTAL!!!!!!!!!!!!!!!
si siguen poniendo hembras asi en los fic mas vale q la Ward mejore las suyas porque dan pena.Bueno,ahora si q lo voy a volver loco a mi marido para comprar la pc nueva,él queria esperar 1PERO YO NI LOCA¿ :emot018: :emot018: :emot018: :emot020: :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: ale_itati en Mayo 20, 2009, 03:58:56 am
Muchas Gracias chicas por sus palabras. Es super emocionante saber que la historia que con tanto cariño hicimos tenga esta aceptacion. emot024
Y pronto habra mas y esto solo se pone mejor :emot004:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 21, 2009, 05:16:52 am
Gracias chicas por las bellas palabras!!!  emot024

Y acá les dejo dos capítulos más emot040 emot040

Espero que sea de sus agrados!!  emot040 emot040

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CAPÍTULO 5

Nessa salió del vestíbulo y se encaminó hacia el gimnasio por el largo túnel. Iba al el encuentro de su “instructor”, Zsadist.
Habían pasado cinco días desde que las parejas habían sido asignadas y como desde ese primer y calamitoso encuentro en que la Virgen Escriba las presentó a la Hermandad aún no le había visto el pelo, estaba empezando a pensar que habían encargado su enseñanza a un ser imaginario.
No es que estuviera ansiosa por tener a un macho arrogante dirigiéndola y burlándose de ella, esos tiempos habían terminado hacía mucho, pero aceptaba que debido a su ignorancia de muchas cosas de ésta época, la instrucción se hacía necesaria. Por suerte, ella aprendía rápido y no duraría demasiado tiempo.
¿Hacia dónde debía ir ahora? Ah, sí, hacia la derecha, directo hacia las puertas dobles. Así se lo había señalado el hermano llamado Phury. Un hermoso macho con una hermosa cabellera. Parecía el más amable de los hermanos, con sus modales impecables y sus modos tan suaves. Claro que en el pasado, aquellos que más amables habían parecido, fueron los que peores vejaciones le habían infligido. Aun así, el vampiro no le inspiraba desconfianza.
Se detuvo en seco ante las puertas del gimnasio. Deja ir al pasado, Nessa, se dijo. Claro, como si fuera tan fácil. Tomó una profunda bocanada de aire y entró.
Allí estaba él. Zsadist.
Estaba levantando pesas. Cuando entró, se detuvo un momento, vio quien había ingresado y luego continuó con su trabajo.
Oh, sí, definitivamente debo pedirle un autógrafo a Miss Simpatía.
Sabía que él y Phury eran gemelos, lo habían dicho en la primera reunión cuando se les advirtió que se mantuvieran alejadas de él. Pero lo cierto era que no se parecían mucho a primera vista. Tal vez se debiera a que Zsadist se había rapado totalmente la cabeza o a aquella cicatriz que atravesaba su cara desde la sien hasta el labio superior, deformándolo. También se diferenciaban en los ojos. Mientras que los de Phury eran de un cálido amarillo como el del sol, los de su gemelo eran de un negro frío y profundo como el fondo de un lago a medianoche en mitad del invierno.
Pero incluso en las más negras profundidades se podían encontrar las más hermosas maravillas. Y Nessa se sorprendió queriendo descubrir lo que él escondía detrás de esa mirada furibunda.
Reprimiendo ese absurdo pensamiento, se acercó a Zsadist y le habló.
—Supongo que tú debes ser Zsadist.
Él se detuvo en medio de una flexión, le lanzó una mirada siniestra y continuó con lo suyo.
¡Vaya!, pensó molesta, el tipo empalaga de simpático que es. Intentó otra vez.
—Oye, no quiero molestarte…
—Entonces sal por esa puerta y deja de hacerlo —la interrumpió.
Ok, al diablo con los buenos modales.
—Mira, macho, a mí tampoco me agrada esto y por eso mismo quiero terminarlo de una vez, así que, por favor, levanta tu culo de ahí, enséñame lo básico de lo que necesito aprender y luego podremos seguir cada uno por su propio camino y no volveremos a vernos los rostros.
Mientras una repentina ola de frío la envolvía, Zsadist dejó las pesas en el soporte, se sentó y le clavó su negra mirada. Su instinto le exigía que retrocediera y se pusiera a buen recaudo de él. Pero bueno, nunca se había distinguido por ser la más sensata de sus hermanas.
—¿Tanto te molesta mi rostro?
Bien, ese había sido un comentario realmente afortunado de su parte.
—Te pregunté algo —dijo con voz siniestra—, ¿tanto te molesta mi rostro? Pues lo lamento si te asusta, niña aprensiva. Ahora deja de molestarme.
¿Niña? El mundo no le había permitido ser una niña.
—Tu rostro no me interesa, guerrero —repuso con calma—, y hace mucho que me arrancaron la capacidad de sentir miedo. Ahora deja de jugar a soy-tu-peor-pesadilla y enséñame lo que necesito aprender.
Zsadist se levantó y se acercó a la hembra que estaba fastidiándolo hasta que casi se tocaron. Casi.
Ella tuvo que alzar el rostro para poder seguir mirándolo a los ojos y aún así, podía olerlo, no se amedrentó, apenas si sentía un leve recelo proviniendo de ella, pero su mirada seguía siendo entre calculadora y desafiante. La pequeña hembra tenía agallas, le concedería eso.
—Lárgate —dijo de manera cortante.
—El Rey dijo…
—Me importa un comino lo que diga nadie —la cortó—. No pienso hacer de niñera de nadie. En lo que a mí respecta, las hembras tienen una única utilidad —dijo desnudando sus colmillos en una macabra sonrisa y avanzando un paso más. Apenas los separaba un espacio del tamaño de un cabello.
Pero ella no retrocedió.
—¿Y qué se supone que debería hacer ahora? ¿Tirarme sobre las colchonetas o salir corriendo?
—Puedes ponerte de cara a la pared.
—Oh, vamos guerrero, puedo hacerlo más divertido para ti.
Y cortó el delgado espacio que los separaba.
Cuando sus pechos se tocaron, Zsadist siseó y saltó hacia atrás descubriendo totalmente sus grandes colmillos en una mueca amenazadora.
Bien, pensó, si el tipo no sufre de una leve misoginia, yo soy la Virgen Escriba.
—No vuelvas a tocarme —gruñó mientras una nueva ola fría la envolvía.
—Eras tú quien me hacía propuestas indecentes, macho —retrucó.
—También he dicho que no pensaba hacerme cargo de ti y que dejaras de molestarme.
—Necesito que alguien me entrene y tú vas a hacerlo.
—No me provoques y no te lastimaré. No tendré consideración porque seas hembra —dicho esto, se volteó y se dirigió hacia un saco de arena y comenzó a golpearle con rápidos y efectivos movimientos.
Letales movimientos.
Elegantes movimientos llevados a cabo por esos músculos tan poderosos que podía ver flexionarse una y otra vez bajo su camiseta, mojada por el sudor.
Ya le gustaría tomar una toalla y secar el sudor de esa espal…
Nessa se pateó mentalmente para cortar el hilo de sus pensamientos y le gritó, más enfadada consigo misma que con él:
—¡Muy bien! ¡No me enseñes si no quieres, pero ten por seguro que yo aprenderé de ti!
Acto seguido, dio la vuelta y salió del gimnasio mientras Zsadist continuaba aporreando el saco.
Sólo cuando iba a mitad de camino hacia la mansión, se dio cuenta de que las bandas negras alrededor del cuello y las muñecas de Zsadist eran las de un esclavo de sangre.


Raysa abrió un ojo y miró alrededor. ¿Las paredes no debían girar, no?
Cerró el ojo un momento y luego abrió los dos.
Estaba en su cama, en su grande y confortable cama. Y no quería salir de allí. En realidad, no podía. Se encontraba muy débil. Y odiaba sentirse tan patéticamente. Lo cierto es que uno tendía a sentirse así cuando se encontraba en un gran periodo de inanición. Simplemente necesitaba sangre.
Lamentablemente, ahora mismo no podía hacerse cargo de eso, ya que su Oh-Real-Y-Gran-Señoría la debía estar esperando en el gimnasio para su entrenamiento diario y no quería quedar mal ante él suspendiéndolo debido a su debilidad. Sabía bien que el ego de ese macho no necesitaba que lo alimentara aún más.
Alimentarse.
Tendría que dejar de pensar en eso.
Haciendo un incalculable esfuerzo, abandonó la cama. Un leve mareo la atacó, pero se dijo que se debía a que había estado demasiado tiempo acostada. Lo mejor solución sería un poco de movimiento.
Abandonó la habitación, pero no se apoyaba en la pared porque lo necesitara, solo lo hacía por gusto. Se enderezó lo más que pudo y se dirigió al complejo fuera de la mansión donde Wrath la estaría esperando.


La hembra ya tendría que haber llegado y se sentía como un tonto esperando solo en el gimnasio. Definitivamente no pensaba seguir interpretando ese papel.
Con la furia a flor de piel se encaminó hacia la puerta del gimnasio.
Iría a buscarla y la traería a la fuerza si era necesario. Le enseñaría quién mandaba aquí. Después de todo, los tatuajes en sus antebrazos no eran meramente decorativos. Alzó la cabeza por un momento y frenó abruptamente al distinguir la figura femenina que se acercaba. Wrath agudizó sus sentidos. Podía notar algo raro en la hembra, algo que no estaba del todo bien.
Aún así, no frenó su duro comentario.
—Que suerte tengo que la gran guerrera se haya dignado a aparecer —soltó Wrath, irónico.
Raysa se erizó al escuchar las duras palabras del macho. Así se le fuera la vida en el entrenamiento, no iba a dejar que se diera cuenta de lo mal que se sentía.
—Es que me apetecía tan poco verte que no pude evitarlo —le dijo irónica.
Wrath apretó los puños, más furioso aún por la impertinente respuesta de ella.
—No voy a seguir tolerando esta actitud tuya, Raysa —le respondió apretando los dientes.
—¿Entonces qué te parece si empezamos el entrenamiento y dejamos la conversación para otro momento? —Le dijo mientras trataba de dirigirse con paso firme al centro de la habitación.
A duras penas estaba conteniendo el malestar. Necesitaba movimiento y cuanto antes, cualquier cosa que la distrajera sería bienvenida.
Wrath se acercó con paso felino a donde ella estaba, sin sentirse del todo conforme y se puso en guardia.
—Bueno, comencemos con unos movimientos sencillos como siempre —le dijo sin apartar la mirada de la figura que se encontraba enfrente.
Se acercó a ella lentamente, como una animal que acecha a su presa, la rodeó tratando de encontrar su punto débil y hacerla caer.
Raysa se alejó a tiempo y evitó el ataque del macho.
Maldición. Sus pies le pesaban una tonelada. Y apenas podía moverse.
Quiso girar para ponerse nuevamente frente a él y atacarlo, pero no fue lo suficientemente rápida y Wrath la tiró con fuerza al piso dejándola sin aliento. La miró sorprendido, definitivamente ésta no era la guerrera que le había hecho frente noches atrás.
—¿Estás bien? —Preguntó ligeramente confuso mientras se apartaba un poco.
Raysa trató de levantarse rápidamente y le respondió con acritud:
—Tan bien como podría estarlo con un macho como tú encima —le dijo provocándolo—. Recuerdo haberte dicho que no quería que me tocaras, no es de mi agrado tener tu cuerpo encima del mío.
Wrath se levantó rápidamente y se contuvo de ofrecerle la mano para ayudarla.
—Perfecto —dijo embistiéndola por sorpresa una y otra vez hasta hacerla caer tantas veces como quiso—. ¿Vas a admitir que te sientes mal? —Preguntó en tono serio y molesto. Odiaba que no compartiera lo que le sucedía, él necesitaba saber qué iba mal en ella.
—No me siento mal —le dijo con los dientes apretados. Aunque sabía que era una mentira enorme, jamás admitiría su estado, eso era para los débiles, no era propio de una guerrera de siglos.
Wrath, molesto por su terquedad, intensificó los ataques y la fuerza. Maldita hembra soberbia y orgullosa. Una y otra vez atacó, haciéndola trastabillar. Haciendo que Raysa se sintiera más enferma y cansada, pero él no iba a detenerse hasta que admitiera que estaba débil y que algo le ocurría, en los entrenamientos anteriores lo había sorprendido con su fuerza y rapidez.
Raysa simplemente ya no sentía nada. Trató de resistir los ataques durante el tiempo que le fue posible, pero el desgaste de energía la había llevado al extremo. Sin darse cuenta realmente de lo que pasaba, sus piernas dejaron de sostenerla y cayó de rodillas. Todo se estaba volviendo negro y los oídos le zumbaban.
Wrath se maldijo y la tomó en brazos antes que cayera completamente al suelo. No pensó.
—Raysa, ¿estás bien? ¿Me escuchas? ¿Qué te sucede? Necesito saber que tienes para poder ayudarte —preguntó asustado.
Demonios, no debería haberla forzado, se reprendió mentalmente.
Ella escuchó la voz a lo lejos, se sentía fatal y apenas podía contener el malestar, así que responderle estaba fuera de sus posibilidades definitivamente.
Su estómago estaba cerrado, gimió tratando de recuperar la conciencia. Por un momento todo pareció aclararse y trató de incorporarse, pero las náuseas volvieron con mayor intensidad.
Si tuviera la suficiente energía se habría desmaterializado hacia su cuarto, pero no podía moverse sin descubrir su situación aún más.
Wrath estaba aturdido, no sabía qué le ocurría y por alguna razón le afectaba verla así.
—Raysa, te voy a llevar a tu cuarto —dijo lo más calmado que pudo.
Cuando llegaron allí, la recostó en la cama lo más suavemente que pudo, como si fuera de cristal y se pudiera romper en cualquier momento. La arropó con una manta y se sentó a su lado. Le acarició el cabello.
—Raysa, necesito que me digas qué es lo que te pasa. Si no lo haces, no te podré ayudar —le murmuró suavemente.
Raysa no se molestó en abrir los ojos cuando murmuró con voz ronca:
—Quiero que te vayas, quiero que me dejes sola. Márchate.
Odiaba que la viera así, jamás se había mostrado vulnerable con nadie. Solamente sus hermanas la habían visto alguna vez de esa forma, pero era algo de lo que ninguna de ellas hablaba.
Trató de incorporarse para ir hasta el baño, pero su cuerpo se negaba a responder adecuadamente.
Con un esfuerzo gigantesco, logró sentarse en la cama y apoyar los pies en el suelo.
—Márchate, Wrath, no te necesito aquí. Vete —dijo, mientras se forzaba a levantarse.
De no ser por los reflejos de él, hubiera terminado en el suelo.
—Te tengo —dijo Wrath haciendo que la cabeza de Raysa se apoyara en su hombro.
Podía sentir como sus colmillos empezaban a crecer. Juntó las pocas fuerzas que le quedaban y lo empujó mientras caminaba tambaleante hacia el baño apenas conteniendo las arcadas. No voy a lograrlo, pensaba para sus adentros.
Leliel irrumpió en el cuarto de Raysa, seguida por Nessa y Kytara.
—¿Dónde estás? —Preguntó Leliel en medio de un mar de confusiones.
Siempre le había costado controlarse y mucho más si una de sus hermanas estaba en peligro.
En sus rostros se veía la preocupación que sentían. Kytara empezó a mirar por el cuarto buscando en donde se había metido Raysa, si había desaparecido.
Wrath miraba confundido a las guerreras.
—No la veo —dijo Nessa inspeccionando la habitación.
Entonces enfocó su mirada en el guerrero. ¿Qué hace aquí?, se preguntó.
Leliel se enfrentó a Wrath, quien las miraba sin entender nada.
—¿Cómo mierda no la has alimentado todavía? ¿Qué estás esperando? ¿No te das cuenta de que se está muriendo? —Dijo apuntándolo con el dedo en el pecho, dejándolo aún más sorprendido, mientras los cabellos de ella iban del rubio al rojo fuego
—Eso lo que quieres, ¿verdad? Una menos de nosotras, ¿no? —Gritó con odio Kytara, sus ojos habían empezado a cambiado de color y el viento en el exterior rugía enfurecido.
Los temblores del suelo comenzaron a ser cada vez más fuertes, alertando a las guerreras de que la situación era peor de lo que pensaban.
—Un momento. Mejor nos calmamos y buscamos a Raysa —dijo Nessa que contemplaba la escena sin entrometerse hasta ese momento—. ¿Sabes dónde se metió? —Preguntó mirando a Wrath
Éste le devolvió la mirada sin expresión en el rostro.
—En el baño —dijo pasando rápidamente entre las dos guerreras y yendo a donde estaba Raysa.
En un segundo volvió con ella en brazos y la depositó suavemente sobre la cama. Se paró y se dirigió rápidamente hacia la puerta.
Estaba a punto de llegar a ella cuando las tres guerreras se colocaron ante la salida.
—Debes alimentarla —demandó una de ellas.
—Sabemos que es terca, pero la necesitamos y la queremos, es nuestra hermana —agregó otra guerrera.
Wrath se encontraba entre la espada y la pared. Quería ser él quien la alimentara, era un deseo totalmente irracional y egoísta que tenía desde que la había conocido, y sin embargo sabía que no debía involucrarse con ella de esa manera, pero su hambre lo llamaba. Sólo duró un segundo su indecisión. Se dio media vuelta y se dirigió nuevamente hacia la cama.
Miró a las tres guerreras por detrás de las gafas oscuras. No hizo falta que hablara ni mucho menos que vieran los ojos del guerrero. Se podía oler en el aire el deseo reprimido del macho, que ya no se molestaba en ocultarlo. Las tres desaparecieron como por arte de magia.
Fue entonces, en ese momento cuando él la tomó en sus brazos, la sentó sobre su falda y acarició su mejilla de forma suave, besó su frente para luego dejar su cuello a disposición de Raysa para que se alimentara, para que saciara su hambre, para que bebiera de él.
Raysa seguía envuelta en una especie de bruma.
Podía sentir como bullía la sangre del macho, la llamaba y sentía que era inútil negarse más tiempo. De todas formas hizo un último intento de retirarse, no quería depender de él en ese aspecto tan importante.
Wrath gruñó por lo bajo. Si me va a rechazar, que sea con justa razón, se dijo a sí mismo. La tomó suavemente del mentón obligándola a que lo viera. Entonces hizo la cosa menos esperada de todas, inclusive para él. Cubrió con su boca los labios femeninos, suavemente. Fue un beso tierno, gimió cuando sintió el sabor de ella, se lo había imaginado así, pero era mucho más dulce, más femenino, más sensual, mucho más excitante.
Raysa sintió la suave pero firme caricia.
Abrió levemente los ojos, un extraño calor se estaba adueñando de su cuerpo sin fuerzas. Levantó con dificultad una mano y pudo sentir la piel masculina suave bajo su tacto.
La llamada de la sangre era cada vez más poderosa.
Se apartó levemente para poder mirarlo. Estaba tan indecisa, no quería depender de nadie y menos de él, las cosas que sentía eran nuevas y demasiado intensas, sensaciones que ella siempre se había negado a sí misma. Él estaba más cerca de ella de lo que ningún macho había estado antes.
Pero lo peor de todo, lo que hacía que realmente se sintiera mal, era que Wrath lo estaba haciendo por obligación y no quería que fuera de ese modo.
—Raysa —ronroneó Wrath notablemente excitado—, bebe de mí —dijo lamiendo su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja, besándola allí, provocándola, excitándola—. Deseo que lo hagas, quiero ser el único que te alimente —susurró en su oído.
Lo miró, sorprendida a pesar de su malestar.
—Tú no quieres realmente esto, Wrath, ¿sabes lo que esto significaría? ¿Las complicaciones que acarrearía a tu vida? No puedes estar hablando en serio —le dijo con la voz ronca deseando internamente que sus palabras fueran verdad, porque eran las más bonitas que alguien le había dicho jamás.
Desde que había llegado al complejo de la Hermandad había sentido cosas nuevas. Cuando habló con él, cuando la tocó por primera vez, sintió que realmente despertaba, que su cuerpo volvía a la vida después de un largo letargo.
Una lágrima se deslizó por su mejilla, conmoviéndolo más de lo que se imaginó.
Wrath limpió con su pulgar la solitaria lágrima.
—No sé que puede venir después de esto,  tampoco puedo explicar por qué has despertado en mí este deseo, me resisto a esto que siento con todas mis fuerzas y tú debes saberlo; debo ser honesto contigo, tampoco puedo hacerte promesas de ningún tipo ni creo que tú las necesites… Somos tan diferentes, pero necesitas alimentarte y yo estoy aquí para ti, ahora, en este momento. Las complicaciones que surjan las enfrentaremos cuando lleguen.
Raysa se acercó nuevamente a Wrath, pasó la nariz por el hueco de su cuello y dejó de resistirse, la sed era demasiado fuerte. Sintió como sus colmillos crecían nuevamente, cerrando los ojos y pasando una mano por el cuello del macho, hundió sus colmillos, soltando un gemido al sentir la sangre de él entrando en ella, llenándola con su fuerza, era como fuego entrando en su cuerpo, colmándola de poder.
Era una situación profundamente íntima, sentada en su regazo, sintiendo los fuertes brazos que la sostenían y bebiendo de un guerrero como él era más de lo que hubiera imaginado. Succionaba con fuerza mientras pasaba la mano libre por el suave cabello masculino. Su fuerza poco a poco iba volviendo.
Él acarició su cabello, resistiéndose a llegar más allá, llevando a cabo una lucha interna contra su deseo de tomarla en ese mismo instante. Reclamarla como suya era lo único que tenía en su mente, aún cuando sabía que eso no debía suceder jamás.
Cuando estuvo satisfecha, Raysa se separó de su cuello y lamió la herida que había provocado, demorándose más de lo necesario.
Wrath, que tras la experiencia se encontraba vulnerable, ansioso y excitado, no pudo resistirse más y la besó con deseo.
La recostó en la cama y comenzó a trazar un camino de besos húmedos desde sus labios hasta su ombligo, donde dejó escapar un leve suspiro haciendo que ella gimiera con deseo y sin oponer la menor resistencia a sus caricias.
Ella sentía arder su cuerpo. Con sus fuerzas totalmente recuperadas y esa extraña y desconocida sensación que provocaban las caricias de Wrath, se encontraba mareada y no precisamente por tener sed, ya que ésta había sido saciada por completo.
La boca del macho dejaba senderos ardientes en partes de su piel que eran totalmente sensibles. El top de entrenamiento no cubría mucho y todo en lo que ella podía pensar era en tenerlo encima suyo. Estiró los brazos y lo atrajo nuevamente hacia sus labios, rozando con los suyos la boca masculina, tanteando con deseo.
Wrath sintió como su erección aumentaba en sus pantalones, mordisqueó sus labios y con una mano delineó las curvas del cuerpo femenino. Centró toda su atención en sus pechos; levantó su top dejándolos al descubierto y comenzó a lamerlos como si de un dulce se tratara. Mordisqueó suavemente los pezones y sonrió cuando la escucho gemir. Por todos los cielos… podría pasar el resto de mi vida haciendo esto una y otra vez, pensó.
Raysa susurró con vos ronca:
—Por favor, Wrath… —levantó su rostro y lo atrajo hasta tenerlo frente al suyo, acarició la fuerte mandíbula, los labios, el cuello y luego llevó su mano a los anteojos.
Necesitaba ver sus ojos, ver su expresión cuando lo besara, cuando se rindiera completamente a ese guerrero, cuando se entregara como nunca antes.
—Necesito verte por completo —susurró llevando nuevamente las manos hacia los lentes.
Él cubrió las manos de ella con las suyas y cuando iba a hablar escucharon un fuerte golpe en la puerta del dormitorio. Raysa dio un respingo e intentó cubrirse.
Wrath se incorporó al escuchar la voz de Vishous a través de la puerta llamándolo.
—Wrath necesito decirte algo, señor, es bastante urgente. No te interrumpiría si no fuera algo de suma importancia.
Raysa sentía como ardían sus mejillas y trataba de vestirse nuevamente con rapidez, mientras el macho se dirigía con paso firme hacia la puerta. ¿Qué diablos le pasaba? Si no fuera por esa interrupción, ella se habría entregado sin reservas a Wrath.
Nunca había estado con nadie en todos los siglos de vida que tenía y en pocos días ya no podía apartarse de este macho y se entregaba tan fácilmente. ¿Que tenía él que la hacía actuar de esta forma? ¿Qué poder tenía sobre ella que hacía que se olvidara de todo?, se preguntaba mientras observaba como desaparecía de la habitación.
—¿Se puede saber que es tan importante, V?
—Tuve una visión y está relacionada con las guerreras. Fue muy contundente Wrath: “Si el equilibrio de las cosas se quieren mantener, ellas tendrán que poseer calma interior. Las horas están contadas si no logramos contenerlas".
Wrath miró a Vishous y sin dudarlo le dijo:
—Quiero que nos veamos abajo en la oficina, reúne a los hermanos. Con lo que me dices y con lo que ha sucedido hace un momento, es de vital importancia que hablemos. Estaré allí en unos minutos —Añadió Wrath antes de entrar nuevamente en la habitación.
Cuando entró nuevamente encontró a la hembra mirando por la ventana completamente vestida.
Raysa lo sintió entrar pero se rehusó a mirarlo.
—Tengo que reunirme con mis hermanos en unos momentos, Raysa —dijo serio, mientras se acercaba a ella.
Raysa se encogió cuando sintió la mano del macho deslizarse por su espalda, acariciando su cabello.
—No necesitas darme explicaciones, Wrath, me has alimentado y te estaré agradecida…
Soltando un leve gruñido, tiró de ella y la acercó a su cuerpo, antes de decirle suavemente en el oído:
—Fue más que eso y lo sabes. Si no nos hubieran interrumpido ahora estarías gritando mi nombre. Las cosas no serán iguales Raysa, aunque lo quieras, las cosas no volverán a ser como antes— besó su cuello antes de desaparecer de la habitación dejando a una muy confundida Raysa.


Todos estaban intrigados, ya que ninguno estaba seguro de qué trataba la reunión, aunque pensaban que tenía que ver con las guerreras. Desde que aparecieron, eran el tema de conversación de todos, y sobre todo de algunos más que de otros.
Wrath ingresó a su estudio. Se dirigió directamente hacia su escritorio Luis XIV, apoyó los codos en él y la barbilla sobre las manos entrelazadas, tratando de olvidar las escenas en la habitación de Raysa. Tras unos minutos en silencio, se dirigió a todos.
—V tuvo una visión, que me gustaría que compartiera con todos ustedes —miró a Vishous—. Bien, hermano, ¿qué tienes que decirnos?
Vishous se alejó de la chimenea, sobre la que estaba inclinado junto a Butch y se enderezó. Miró a cada uno de sus hermanos con sus diamantinos ojos escrutándolos, deteniéndose un segundo más en aquellos que tenían una guerrera asignada.
—Bueno, ¿vas a hablar o no? —Preguntó Butch con impaciencia.
Lanzando un suspiro, Vishous comenzó a hablar, con el ceño fruncido.
—Estaba terminando de instalar los chips GPS en los móviles de las hembras cuando una visión me asaltó.
—¿Qué es lo que te mostró? —Preguntó Wrath al ver que el silencio de su hermano se prolongaba.
—Pues… —frunció aún más el ceño y sus ojos comenzaron a brillar—. Había cuatro figuras que parecían mujeres: una estaba hecha de llamas, otra de agua, otra de tierra y la última apenas se la veía, pues estaba hecha de aire.
Estaban flotando sobre un agitado mar de lágrimas y sangre, y desde la orilla, cuatro figuras negras se les acercaban. Pero cuando éstas tocaron el agua, se desvanecieron. Entonces las figuras se unieron formando una gran masa de Caos que descendió hasta el mar y cuando se hundieron en él, la muerte cubrió todo. Pero un punto de luz vino desde lejos y habló: “Si el equilibrio de las cosas se quieren mantener, ellas tendrán que poseer calma interior. Las horas están contadas si no logramos contenerlas”.
Un gran silenció siguió al relato. Todos los hermanos se quedaron pensando en lo que la visión estaba tratando de comunicarles.
—Pues hay algo obvio —dijo Rhage—, ellas están involucradas.
—Sí, pero según parece, traen la muerte, además de un mar de lágrimas y sangre —dijo Butch, lacónicamente.
—No, no exactamente —lo contradijo Vishous.
— ¿Qué es lo que piensas de la visión, V? —Le preguntó Phury.
—Verán, mientras las figuras negras se iban acercando, los elementos se alejaban del mar y se iban definiendo, pero cuando las figuras se desvanecieron, justo en ese momento se unieron y se hundieron, trayendo la muerte.
—¿Quiénes son las figuras negras? —Intervino Zsadist.
Vishous no respondió en seguida.
—Creo que las figuras son alguien a quienes ellas necesitan para mantener la calma interior de la que la luz habló, y así evitarían hundirse en el mar agitado.
—¿Pero qué tiene que ver eso con mantener el equilibrio de las cosas? —Preguntó Butch.
—Es obvio que cada una de ellas maneja uno de los cuatro elementos a su antojo: Kytara el aire, Leliel el fuego, Nessa el agua y Raysa la tierra —respondió Wrath—. Estos son los constituyentes elementales de la materia. Por lo tanto, creo, ellas son el equilibrio. Si no logramos contenerlas, se destruirán y el equilibrio se destruirá con ellas, trayendo así el Caos y la muerte —miró a Vishous, como pidiendo una confirmación de lo que acababa de decir.
—Eso es lo que pienso yo también. Es obvio que las cuatro juntas tienen un inmenso poder que, descontrolado, puede traer la ruina de todos, y ellas ya demostraron caracteres fuertes que les facilita la pérdida de control. Dependerá de esos cuatro el “contenerlas”.
—Y noto que aún no has respondido a esa pregunta, mi hermano —acotó Phury—, ¿quiénes son esos cuatro?
La diamantina mirada de Vishous se apartó de la de Phury y se posó sobre el resto de los hermanos.

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 16/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 21, 2009, 05:18:43 am
CAPÍTULO 6

Cuando Kytara sintió el sufrimiento de Raysa pudo percatarse de que ninguna de ellas se había alimentado todavía.
Otra vez sentía ese dolor en la boca del estómago, ahora sabía que era… hambre.
Pero tenía un pequeño problema, o mejor dicho, un "gran problema".
En el pasado su madre había sido la mano derecha de la Virgen Escriba, cuando fue entregada a su padre nadie pensó que se fueran a enamorar y vivieran de forma tan apasionada ese amor. Todavía se le sonrojaban las mejillas al recordar cuando Kasim llegaba a casa e iba en busca de Shanna, esa adoración que se leía en sus ojos hacia su shellan, en esos momentos solo existían ellos dos.
Una lágrima cayó por su mejilla, no era justo que un ser tan despreciable e inmundo lo destruyera todo.
El Omega le había quitado a su padre y a la vez a su madre, porque ésta no pudo soportar seguir viviendo sin su amado Kasim, olvidándose de la hija que tanto los amaba.
Al morir ellos y no tener familia directa, la Virgen Escriba se hizo cargo de su educación, ya que era lo único que le quedaba de su vieja amiga.
Al principio de su educación se la instruía para ser una Elegida, como dictaban las reglas. Pero al cumplir los trece años algo cambió en Kytara e hizo que se truncara ese destino y acabara siendo entrenada para ser una guerrera.
Por esas cosas de la vida, una noche le presentaron a tres hembras, dos rubias y una con el pelo negro, una seguía siendo una adolescente según los cómputos de su raza y las otras dos ya eran adultas que habían pasado la transición. Todas eran diferentes entre sí, pero a la vez eran iguales.
Se les podían leer en los rostros diferentes niveles de odio, desconfianza y tristeza. No querían estar allí pero el destino había actuado con ellas igual que con Kytara, como descubrió más tarde.
Y la tomaron como si fuera su hermana menor.
Las cuatro compartían un camino que tenían que recorrer, debido a sus padres, ya que ellos habían sido los mejores guerreros de la Hermandad, elegidos para proteger el futuro de la raza.
La Virgen Escriba había estallado en ciega furia al ver el cambio producido en Kytara, ya que no quería a entregar a una futura Elegida así como así. Así fue como llegaron a un acuerdo.
En las manos de la Virgen Escriba estaba elegir al macho que la alimentaría y jamás sería tocada sexualmente, ya que su virginidad acabaría siendo consagrada a ella.
¡Menudo pedazo de porquería sagrada!, se dijo mentalmente.
—¿Kytara?
No podía ser, ya iban dos veces que se lo encontraba. ¡Joder!, pensó.
—¿Si? —Se giró para poder hablar mejor.
Gran error, sintió una patada en el estómago. Aliméntate.
—¿Te sucede algo? —Le pregunto Butch a una pálida guerrera.
—No, nada, todo está bien —y otra puntada más aguda.
—¿Estás segura? Entonces, ¿no hay ningún problema si me acompañas a ver a la Virgen Escriba?
—¿Acompañarte? ¿Es qué no conoces el camino?
—¡Ja! Graciosa…
—Sí, lo sé.
Butch se cruzó de brazos en señal de cansancio, no le gustaba discutir con ella, y menos ahora que la veía pálida y frágil.
—Bueno, no me has dicho por qué te tengo que acompañar.
—Lo pidió la Virgen Escriba, que fuéramos ambos lo antes posible.
—¿Y por qué tenemos que hacerlo? No veo el motivo.
—Yo tampoco pero fue lo que mandó a decir con Wrath.
—No en… ¡Ay!
Una fuerte puntada la dobló en dos, haciendo que cayera de rodillas tomándose con las manos el estómago.
¡No, ahora no!
Al ver esto Butch se arrodilló frente a Kytara agarrándola de los brazos y mostrando en su rostro la preocupación.
—¿Qué te sucede?
—Nada que sea tu incumbencia —le dijo mordiéndose los labios, podía oler su sangre llamándola, ya no lo podía soportar.
Trató de pararse pero sentía como gelatina las piernas.
Entonces Butch no lo aguantó más y la tomó en sus brazos.
—¡Bájame! ¿Qué te piensas que soy? ¿Una pobre Elegida indefensa?
—No, eres una guerrera que en este momento se siente débil y que no puede valerse por sus propios medios.
Y echó a andar por los pasillos de la mansión sosteniendo a Kytara, que en sí no pesaba nada. Era como una muñeca en sus brazos, una sexy muñeca, con la que con gusto jugaría un buen rato. Ella nunca lo permitiría, no entendía esa aversión que sentía hacia él. Por un segundo sentía que le correspondía pero al siguiente lo detestaba como si fuera una rata.
La miró disimuladamente, tenía la cabeza apoyada en su hombro con los ojos cerrados, se veía tan tranquila, serena, con una mano apoyada en su estómago como tratando de controlar algo, ¿pero qué?
Por fin llegaron al jardín de la Virgen Escriba, la buscó con la mirada y la vio sentada al lado de una fuente rodeada de decenas de aves, parecía que ambas especies estaban cómodas entre sí.
Kytara abrió los ojos y vio el jardín.
Nada había cambiado.
El blanco de los árboles y el césped era el mismo que hace tanto tiempo atrás, la fuente en la que se sentaba y la ayudaba a serenarse contra la injusticia de su vida seguía igual, al contrario de su vida.
Butch la bajó.
Ella lo miró y con un gesto de la cabeza le agradeció su delicadeza, luego se encaminó hacia la Virgen Escriba, con él pisándole los talones.
—Aquí nos tienes, ¿qué deseas?
—Kytara, hija de Kasim y Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath. Bienvenidos, me alegra saber que mi mensaje fue recibido —dijo ignorando la pregunta de Kytara, ya que no era propensa a responderlas.
—Mi Señora —dijo Butch haciendo una leve inclinación en muestra de respeto, algo que le costaba recordar ya que era muy nuevo en todo esto.
Vishous lo estaba ayudando a aprender cada gesto o comentario que debía hacer frente a ella. Desviando la mirada vio a la guerrera cruzada de brazos en pose despreocupada y aburrida de la situación.
—Tus modales mejoran cada día que pasa, guerrero, los hermanos te aconsejan bien. En cambio, otros, al pasar los años se vuelven más impertinentes, ¿no es así, Kytara?
—Puede ser, nunca me lo planteé… no es algo que me quite el sueño —le dijo con una falsa sonrisa en el rostro.
Carraspeando disimuladamente Butch trató de desviar la atención de la Virgen Escriba, temeroso del daño que le pudiera hacer a Kytara.
—Kytara como te habrás empezado a dar cuenta, tus ansias de alimentarte se han despertado, ¿recuerdas lo que eso significa?
—Sí —dijo con veneno Kytara, con sus manos sosteniéndose el estómago, ya no lo soportaba más.
—Te tienes que alimentar.
—¿Y a quién has elegido? —Le dolía hacer esta pregunta, ya que demostraba que su libertad estaba cortada por los caprichos de Su Santidad.
—Eso ya lo has hechos tú, ¿no es verdad? —Atacó la Virgen Escriba.
Su condena ahuyentó a los pájaros que bebían y se bañaban en la fuente.
—¡No es verdad! —Contraatacó Kytara.
El aire a su alrededor se sintió pesado, el cielo que se veía de un límpido azul fue cubierto por nubes negras y sobre ellos empezaron a danzar truenos y relámpagos, que iluminaban la escena. Un viento empezó a azotar las plantas y los árboles como queriendo imponer su presencia.
Butch era un mudo testigo del intercambio de palabras, no podía creer lo que sucedía, miró a la pequeña guerrera, estaba lívida de furia, sus manos estaban cerradas en forma de puños, sus labios apretados y sus ojos… habían cambiado de color. Ya no eran los azules cristalinos que tanto le atraían, se habían transformado en unos violetas tormentosos como la vez anterior en la biblioteca. El aire, el viento, todo tenía una conexión con ella… ¡los controlaba!
—¡Mocosa impertinente! ¡No te atrevas a jugar conmigo! ¡Yo sé lo que pasó en esa cocina!
De repente el aire se congeló, como si nunca hubiera pasado nada.
—¿Cocina? —Lo había olvidado—. Esto… Bueno, en sí, no fue nada —dijo Kytara, mirando simultáneamente Butch y a la Virgen Escriba.
—¡Perdón! ¿Cómo que no fue nada? —Dijo un ofendido Butch, esto era último que iba a soportar de Kytara.
—Eso… nada —remarcó la guerrera.
—Ok, Su Santidad, me retiro. Digamos que estoy cansado de soportar a una pequeña… comadreja.
—No, Dhestroyer, tu papel en esto recién comienza ya que al tocar a una guerrera que fue consagrada a mí, sellaste tu destino.
—¿Qué papel? —Preguntó sumamente preocupada Kytara, esto no le gustaba nada.
La Virgen Escriba miró fijamente a Butch y sentenció.
—Dhestroyer, descendiente de Wrath hijo de Wrath, desde hoy serás el encargado de alimentar a Kytara antes conocida como Aire hija de Kasim y la Elegida Shanna.
—¡No! —Gritaron a la vez los guerreros.
No, esto no puede estar pasando, pensaba desesperada Kytara, es una pesadilla. De todos los machos de la raza, tenía que ser él. Si le había sido difícil resistirse en la cocina no quería imaginarse cómo sería alimentarse.
La pequeña y luminosa figura vestida de negro continuó hablando como si no existieran esos dos guerreros con cara de haber visto un fantasma.
—Espero que recuerdes, Kytara, que se hará como fue acordado, frente a una de mis sirvientas, pero analizando la situación ya vivida por ambos, tendrá que ser frente a mi Directrix. Viendo que en cualquier momento te desmayarás sugiero que partan hacia la recámara donde ella los aguarda. Ya estoy cansada de sus presencias.
Y con esto los teletransportó a dicha recámara donde en una silla estaba sentada una mujer vestida con una túnica blanca.
La Directrix.
—Mi señora y mi señor, espero que la estancia sea de su agrado —dijo esto mientras hacía unas reverencias y mostraba con la mano toda la habitación.
Pero los guerreros lo que menos miraban era la habitación, cada uno estaba sumido en sus pensamientos.
Para Kytara esto no podía estar pasando, no quería que fuera él, pero en el fondo de su alma lo había sabido apenas lo tocó, todavía no había podido sacarse de la boca el sabor de su beso, su primer beso, y ahora tenía que alimentarse de él.
Butch estaba atónito, no podía creer su buena suerte, ahora más que nunca agradecía ser irlandés y tenerla.
Miró a la pequeña guerrera y por la expresión de su cuerpo no estaba muy conforme que digamos, mejor dicho, parecía que odiaba la situación. Bueno, mala suerte para ella, ya que la palabra de la Virgen Escriba era determinante y sagrada.
—Bueno, ya estamos aquí, ¿dónde quieres que lo hagamos?
—¿Que hagamos qué? —Preguntó confundida.
—Alimentarte… ¿O quieres otra cosa? Pero recuerda que va a ser con público. No soy mojigato pero de esa manera no me interesa.
—¿¡De qué demonios estás hablando!? —Se exasperó Kytara, cuando de repente entendió su comentario—. Pedazo de estúpido, ¿qué te piensas que soy, una ramera necesitada? —Y se lanzó sobre él tratando de lastimarlo, y esto fue demasiado para Butch, que la abrazó y la atrajo hacia su cuerpo, ahora más que nunca sentía su debilidad, su ansias de alimentarse, su cuerpo llamándolo. Mía.
—Bueno, Kytara, ya es hora, estás muy débil y por lo que te conozco detestas mostrarte de esta manera. Toma mi sangre, ¡ya!
Los dolores en la boca del estómago eran cada vez más fuertes, ya no aguantaba más, durante todo este tiempo trató de disimular, pero él tenía razón.
Ya era la hora.
Lo miró, sus colmillos se alargaron y su boca tomó el control por ella.
Se fue acercando lentamente al cuello de Butch.
Con la punta de su lengua tocó su tibia piel y lo sintió temblar, sus brazos se cerraron más en torno a ella, temiendo que escapara. Sus manos que estaban apoyadas en el pecho del guerrero se cerraron como garras, en señal de no querer soltar a su presa.
Ella estaba jugando a atormentarlo, retrasando el momento. Quería descubrir hasta donde llegaría.
Un fuerte gruñido, le hizo saber que al guerrero no le gustaba.
Entonces soltando una risita lo mordió y comenzó a emanar el alimento tan vital.
¡Por lo más sagrado! Nunca había bebido una sangre tan dulce, tan espesa, seductora al paladar, en ese momento se olvidó todo.
Sus manos cobraron vida y recorrieron el pecho de Butch, subiendo lentamente, memorizando esos músculos duros, y tomando el pelo de la nuca lo atrajo más hacia su boca, no lo quería soltar jamás.
Butch sintió que estaba en el paraíso, su cuerpo se endureció de pasión cuando le clavó los colmillos. Mía. Él se encargaría de que fuera de esa manera, sabía que iba a tener un largo camino, pero esto se realizaría, sería suya. Con unas de sus manos tocó el cuello de Kytara, sintió el lento ritmo de su garganta tomando su sangre, alimentándola, saciando esa sed. Se prometió que pronto ella tomaría su lugar. Muy pronto.
Con un suspiro, Kytara dejó de beber, paso su lengua lentamente para que cicatrizara los pinchazos, miró a Butch.
—Gracias, Butch.
Era la primera vez que lo llamaba por su nombre y no sonaba tan raro.
Una sonrisa cruzó por el rostro de Butch.
—Cuando quieras, Kytara.
Entonces se percató que una gota de sangre había quedado en sus labios, lo estaba llamando y no se podía resistir.
Bajó sus labios lentamente, y cuando estaban por hacer contacto con los de Kytara, se escuchó una voz.
—Amos, ¿han terminado? —Pregunto la Directriz, interrumpiéndolos.
Butch levantó la cabeza y la liberó.
—Sip —dijo una colorada guerrera.
Se sentía desilusionada por el beso que no fue. ¿Desilusionada?
—Muchas gracias por aguardarnos.
—Es mi deber —dijo humildemente.
—Entonces nos retiramos, hasta la próxima.
Tomó del brazo a Kytara y se desmaterializaron hacia la mansión.
—Bueno, llegamos —comentó Kytara tratando de recuperar su brazo.
—Sí… pero tenemos algo pendiente.
Tiró de ella y le plantó el beso que había quedado pendiente.
Con su lengua abrió la boca de la guerrera y empezó a recorrer cada parte de su paladar, sus brazos la encerraron por precaución por si quisiera escapar, sus manos recorrieron la espalda bajando hasta su trasero firme, y con una leve presión lo tiró para adelante, para que se percatara del deseo que había despertado. Ella no se resistía. Mía, gritó su alma. Una de sus manos empezó a subir, necesitaba tocar sus pechos, sentir como con sus caricias se endurecían sus pezones, clamando por sus labios.
Kytara solo se dejó llevar, no le importó que la Virgen Escriba se enterara de esto, no le importó más nada.
Acercándose más a Butch, empezó a recorrer su pecho, sus manos subían y bajaban, deteniéndose en sus abdominales, ¡por la Virgen!, era todo músculo.
Cuando sintió la mano sobre uno de sus pechos, se creyó morir y profundizó el beso.
¡Detente!, gritó su alma.
Con temor, se soltó del apasionado abrazo.
—¡No! Lo siento, pero no puedo.
—Como que no p… —la frase fue cortada por la llegada de las demás guerreras, que los miraban de forma extraña.
—Aire nos vamos a un bar, ¿quieres venir? —Preguntó Leliel algo divertida.
—¡Ok! Vamos, tengo ganas de tomar algo esta noche —agradeció en silencio a sus hermanas el haberla rescatado, todavía era muy pronto para analizar lo que acababa de pasar.
Entonces las cuatros guerreras se fueron caminando, dejando a un sorprendido Butch.
—¡Pero a qué demonios juega! —Le gritó a la nada de una manera frustrante.


—Hermanas, hemos llegado —anunció sonriendo Raysa.
—¿Y a dónde hemos llegado, si es que se puede saber? —Preguntó Nessa, recorriendo con la mirada la fachada del edificio.
—ZeroSum —Kytara señaló el cartel brillante de la entrada del bar.
—Bueno, ¿y qué esperamos para entrar? ¿Una invitación? —Leliel se frotaba las manos sobre los pantalones, reprimiendo sus ansias de jugar con sus pequeñas llamas.
Las cuatro guerreras se dirigieron hacia la entrada del bar, no les costó nada ingresar.
Hacía unos días, Fritz les había dado unas tarjetas con sus respectivos nombres, explicándoles para qué servían y en qué situaciones debían usarlas.
Tuvieron que esforzarse para acomodar la visión dentro del lugar, la música sonaba muy fuerte y las luces lastimaban un poco sus ojos.
—Por todos los cielos, ¿la gente se divierte en este lugar? —Preguntó Leliel frotándose la cabeza y despeinando su cabello.
—Además, definitivamente este sitio es muy pequeño —dijo Nessa mientras luchaba para evitar todo contacto posible con la gente.
El lugar estaba atestado de personas, no se sabía cuáles eran humanos y cuáles vampiros.
—¿Se puede saber en dónde están las bebidas? —Soltó Kytara, corriéndose del camino de un par de borrachos.
—Supongo que por ahí —dijo Raysa señalando la barra.
—Ni modo… Olvídate de que me meta en ese tumulto de gente —dijeron Nessa y Leliel juntas, quiénes se miraron divertidas y comenzaron a reírse.
—Es igual, sigo con la idea de volver a la mansión —dijo Leliel superada por la situación.
—¿Necesitas ayuda? —Preguntó una voz masculina detrás de Kytara.
Otra vez, ya con esta era la tercera vez que la tomaba desprevenida.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Le preguntó desconfiada.
—Nada en especial. Vine con algunos de los hermanos para distendernos un poco —dijo Butch encogiéndose de hombros como si nada.
—¿Distenderse? En nuestros tiempos no teníamos ese privilegio ya que nuestra raza dependía de nosotras —dijo con burla Nessa.
—Pobre de ti, ya comienzo a sentir lástima —dijo Zsadist, para luego seguir hasta la zona VIP, le jodía como mil demonios venir al lugar, pero necesitaba tener un poco de acción esa noche.
—Como sea —dijo Leliel—. Me voy… Es demasiado para mí todo esto.
Raysa la agarró del brazo.
—No te vas a ningún lugar. Vinimos por algo para tomar, y así lo vamos a hacer.
Phury se rió ante la escena
—¿Por qué no vienen con nosotros?
 —Vengan y compartiremos unos tragos como muestra de paz —comentó un sonriente Rhage, que llevaba colgando de uno de sus brazos una pelirroja bastante exuberante, que parecía tener problemas con sus manos, ya que no dejaba de toquetear al guerrero.
Y el muy idiota se dejaba hacer complacido, ya que su rostro mostraba la dicha de los machos que disfrutaban del lujo de haber tenido sexo… porque era eso, sexo, nada de hacer el amor, ese sentimiento no cabía en un revolcón de un momento.
 —Prefiero ser extra crujiente al amanecer antes que compartir la mesa con un híbrido —dijo Leliel desafiante mientras pasaba al lado de Rhage.
Todos se quedaron con la boca abierta. Las demás hermanas la siguieron. Nadie entendía nada. Por un momento, todos creyeron que habían llegado a una especie de tregua. Butch quiso ir detrás de Kytara, pero el brazo de Wrath lo detuvo.
—Déjalas.
—¿Por qué? —Preguntó el poli sin entender nada.
Vishous que se estaba acercando a la pequeña reunión alcanzó a escuchar el comentario de Leliel y la partida de ellas y solo contestó:
—Es simple, ¿cómo te sentirías si te durmieran por cinco siglos y te despertaras en un tiempo que no es el tuyo?
—Supongo que… —hizo una pausa, meditando la situación—. Bien, bien, me rindo —dijo mientras se internaba en el bar junto con los demás.
—A menos que alguien haya jodido por demás la situación, solo queda esperar que se acostumbren a estos tiempos —dijo Wrath mientras seguía con detalle cada movimiento de Raysa.
 —No que sepamos, aunque Z no está manejando bien la situación —comentó preocupado Phury, en este poco tiempo, Zsadist no se había encontrado con Nessa para darle su entrenamiento y esto ponía en riesgo la paz de la mansión, dudaba mucho que las demás guerreras no estuvieran al tanto de la situación y pudieran interpretar como un desaire hacia su hermana.
—¡Demonios! Tendrías que hablar con Z.
Los hermanos tomaron la mesa de siempre, mientras que Phury había desaparecido para hablar con Rehvenge, el dueño del lugar.
Wrath y Butch solo enfocaban la mesa donde estaban aquellas guerreras que les quitaban el sueño, mientras Vishous los observaba muy divertido.
—¿Y si tan solo van hasta allá, las ponen sobre sus hombros y se las llevan a su cuarto?
Ambos lo miraron con desaprobación
—¡Oh! Disculpen si no me parece para nada entretenido verlos babear sobre la mesa.
Butch lo miró.
—Muérdeme el culo —dijo bebiendo de un solo trago su whisky.
—Creo que no es a mí a quien tienes que pedírselo —dijo V divertido.
—Hermanos, calma, ¿por qué no va uno y trata de ver si necesitan ayuda? —Dijo Wrath, ya que quería saber cómo estaba tomando todo esto Raysa, la guerrera lo preocupaba.
—Si tanto les interesan, por qué no van los dos, mean a su alrededor para marcar el territorio y listo —dijo Z.
Wrath gruño.
—¿Qué? Ustedes están comportándose como si estuvieran en celo, no yo.
Rhage volvió a la mesa con la camisa desarreglada fuera del pantalón, se sentó en una silla al lado de Wrath y bebió su Red Bull.
—¿De qué hablan? —Preguntó tranquilo.
—Los chicos se pelean por quién va a ir a ver como están las hembras —dijo Vishous revolviendo su vodka.
Él sonrió y se levantó.
—Entonces voy yo.
En el camino, se volvió a topar con la mujer con la que había estado antes, cosa que no paso desapercibida para Leliel, quien comenzó a sentir como todo su cuerpo empezaba a quemar.
—Lel… ¡Lel! —Llamó por tercera vez Kytara.
—Vamos, mujer, no puedes vivir distraída siempre —se quejó Nessa.
—¿Eh? Perdón, lo siento… Ya les dije que tendría que haberme quedado en la mansión —dijo despeinándose su corto cabello que comenzaba a tornarse rojo furia.
—Otra vez con lo mismo —dijo exasperada Raysa—. Dijimos que esta salida la necesitábamos después de todo lo que nos ha pasado.
—Pero al final resultó mal —respondió Nessa tomando un trago—. Para la próxima nos vaciamos las cervezas en la mansión.
—Basta. Ya les pedí perdón —dijo Leliel un tanto molesta, entonces vio que Rhage volvía a desaparecer con aquella pelirroja—. ¡Maldición! —Gritó cuando una de sus manos, a pesar de tener los guantes de protección, dejó una marca en la mesa—. Me voy… —dijo saliendo lo más aprisa que pudo del lugar, evitando el contacto con cualquier persona para no lastimarla.
Estaba tan ciega en su furia que no escuchaba los gritos de sus hermanas llamándola, solo pensaba en salir y volver a la mansión. No le importaba como, pero quería irse. Y perder de vista a ese estúpido.
—Idiota… eso es lo que soy… una completa idiota —se reprendía en voz alta Leliel mientras caminaba con paso presuroso. Había salido del bar, donde estaba con las demás guerreras, después de haber visto como Rhage hablaba con una humana que se le había insinuado—. Porque yo he podido estar algunos siglos dormida, pero a mí nadie me va a quitar de la cabeza la maldita idea de que el muy estúpido es un Don Juan —dijo mientras caminaba de un lado a otro. Había desistido de tomar una cerveza tranquila cuando se dio cuenta que si seguía en ese lugar terminaría convirtiéndolo en llamas.
Leliel necesitaba calmarse o acabaría siendo cenizas y eso le traería problemas, ya que cuando volviera a tomar forma nuevamente tardaría días en volver a recuperar toda su energía. Agradecía el hecho que era fuerte y no necesitaba alimentarse tan seguido como el resto, pero en algún momento tendría que ver de quién iba a hacerlo.
—¡Maldición! —Gritó nuevamente exasperada—. ¿Por qué demonios no me dejaste durmiendo? —Preguntó al aire.
—Con que aquí estabas —dijo una voz masculina—. Te estaba buscando, no te vi cuando te fuiste —dijo un tranquilo Rhage.
Todo su cuerpo reaccionó al escucharlo, había una mezcla de sentimientos que ni ella misma podía entender. Él la dejaba indefensa
—Supongo que si no hubieras estado entretenido con esa humana, te habrías dado cuenta que ya no estaba en el lugar —las palabras salieron mucho antes de que cayera en la cuenta de la escena que le estaba haciendo.
Él mostró una sonrisa triunfadora, ahora sabía la verdad de los sentimientos de ella, pero eso no le hacía el trabajo más simple. Después de su primer encuentro había estado distante, con una actitud muy fría y aislada frente a él.
—¿Me parece a mí o me estás haciendo una escena de celos? —Preguntó mientras se acercaba lentamente como si fuera un depredador a punto de cazar a su presa.
Leliel ya no tenía control sobre su cuerpo, mucho menos sobre su temperatura corporal. Le quemaban las manos y la ropa comenzaba a molestarle… lo agarró del hombro por lo que Rhage sintió como la quemadura traspasaba la ropa y llegaba a su piel, entonces lo hizo a un lado para darle batalla a los lessers que habían aparecido en el callejón.
—Cuando dejes de pensar en ti mismo, podrías echarme una mano, ¿no? —Dijo mientras carbonizaba a dos lessers a la vez tan solo tocándolos con las manos.
Rhage se mantuvo a un lado, habían quedado que él no interferiría en su primera batalla para saber cuánto podía tolerar.
Observó en detalle cada movimiento, jamás pensó que ver una mujer peleando podría llegar a excitarlo de tal manera.
Leliel sentía como su temperatura comenzaba a sobre pasar los límites, estaba muy próxima a hacer una combustión, lo sabía porque su ropa era bastante resistente a sus olas de calor, pero ya pronto o bien quedaría desnuda porque su ropa habría sido consumida por el calor de su cuerpo, o bien terminaría echa un montón de cenizas.
Tan solo le faltaba matar al lesser que tenía en sus manos, pero sabía que después de él, terminaría ella. Por lo que se giró en busca de Rhage y le dijo:
—No permitas que las cenizas se esparzan —él la miró sin comprender.
De pronto su cuerpo se convirtió en una llama viviente, el lesser que estaba por matar se desintegró en el aire. De su garganta escapó un fuerte chillido, como si un halcón estuviera sufriendo.
Rhage observó la escena desconcertado, sin poder creer lo que estaba viendo. Jamás había sido espectador de sus transformaciones pero sabía lo desgarrador que se sentía. Ahora se preguntaba cómo se sentiría ser quemado vivo cada vez que perdiera el control.
Podía observar en el rostro de ella el dolor, y quiso acercarse para intentar ayudarla, pero ella levantó la mano y lo envió directo hacia una pared haciendo que se estrellara contra ella.
Con éste último esfuerzo hizo combustión iluminando el callejón con llamas tan altas como el edificio, para luego darle paso nuevamente a la oscuridad habitual del lugar. Cuando su visión nocturna se volvió a acomodar, encontró tal como ella había dicho un montículo de cenizas.
La furia se apoderó de él, hacía días que no peleaba ni mucho menos podía descargar su energía con una mujer. Debía mantenerse lo más calmado posible si quería ayudar a lo que quedaba de ella.
Rhage no notó siquiera que ya no estaba solo en el callejón, hasta que Kytara tocó su hombro
—¿Qué le pasó? —Preguntó asustado y confundido. Tenía miedo de saber la verdad, de saber que la única mujer que le había interesado en todos estos siglos estuviera muerta.
—Observa y entenderás —dijo Nessa que estaba junto a Raysa. Las cuatro sabían cuanto le dolía a Leliel hacer combustión, y el hecho de que siempre quedara débil y algunas veces necesitara días para volver a sentirse bien. Pero eso era algo que solo ellas sabían.
Las cenizas comenzaron a tomar vida nuevamente, se estaban encendiendo poco a poco. De entre ellas una bola de fuego se elevó, en la que se podía observar el cuerpo inerte de Leliel. La bola destelló y el cuerpo de la mujer se estrelló contra el suelo del callejón.
Rhage corrió a donde había caído, se quitó el abrigo que traía puesto y cubrió el cuerpo desnudo de ella, apenas si respiraba lo que era un muy mal signo.
Las tres guerreras se miraron entre sí preocupadas, sin saber qué hacer.



Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: pauny en Mayo 21, 2009, 04:41:58 pm
Esta genial  emot037 emot037 emot037 emot037 amo el fic  emot022
Wrath/Raysa es amor  emot035
 porque V tenia que interrumpirlos :emot001:

  emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 21, 2009, 06:24:21 pm
Gracias Pauny!!!  emot024

Eso es lo que pasa cuando convives en una casa tan colmada... siempre hay alguien que interrumpe  :emot002: :emot002: :emot002:

Besos!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: Roz en Mayo 21, 2009, 11:12:52 pm
Y no es la única interrupción si no me equivoco  :emot002:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 23, 2009, 04:24:26 am
No...  emot040
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: Roz en Mayo 23, 2009, 04:28:04 am
 emot033
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: ^KenYa^ en Mayo 24, 2009, 10:05:40 pm
Cada vez me gusta más  :emot018:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 25, 2009, 01:34:16 am
Gracias KenYa!!!  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: willow en Mayo 25, 2009, 07:45:41 pm
 :emot020: :emot020: :emot020: no habia tenido tiempo hasta ahora para leerlo pero ha merecido la pena esperar.
Chicas de verdad me quito el sombrero esta genial me encanta todas las guerreras son geniales aunque por ahora todavia me hago un poco de lio con los nombres y describciones.
 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: Roz en Mayo 25, 2009, 07:47:54 pm
Que bueno que te guste  emot024 Y no te preocupes que tenemos capítulos de sobra para que te acostumbres  :emot002:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: willow en Mayo 25, 2009, 09:53:31 pm
 :emot014: :emot014: eso esta genial por que asi vendran con mas frecuencia. No como el mio y de Carilola que comenzamos con unos cuantos hechos y ahora nos esta  pillando el toro cada semana vamos a contrarelog

 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 21/05 )
Publicado por: Gise en Mayo 29, 2009, 12:07:35 am
Hola!!! emot040
Acá les dejo un nuevo capitulo y gracias chicas por los comentarios, nos pone muy  feliz que les haya gustado cada capitulo del fic  emot024 emot024

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CAPÍTULO 7

Rhage la tomó en sus brazos y giró para mirar a las guerreras.
—Vuelvan al bar, la voy a llevar conmigo a la mansión —dijo aún aturdido por lo que acababa de ver, pero sin perder la postura firme.
Raysa iba a protestar, pero Kytara le tocó el brazo de modo que cerró la boca.
—Simplemente necesita descansar —se limitó a decir Nessa para luego enviarle una mirada de desaprobación a su hermana.
Rhage la tomó en brazos, la metió en su coche y la llevó a la mansión.
Una vez allí, entró a su cuarto, la colocó sobre la cama y fue hasta el baño. Dejó correr el agua hasta que estuvo a una temperatura adecuada.
La observó dormir, su rostro demostraba lo agotada que estaba. Era hermosa. Tenía la apariencia de estar tranquila y relajada, todo lo contrario a lo que era verla en acción frente a los lessers o cuando estaban entrenando.
—Simplemente perfecta —susurró con sus labios acariciando sus mejillas.
La tomó en brazos y la llevó al baño. Ahora disfrutaría bañándola, pero mañana tendría que escucharla reprochándoselo y eso en estos momentos no le interesaba.
La colocó dentro de la bañera. Comenzó a enjabonarle la piel, se sentía tan suave. Tenía el cuerpo más hermoso que jamás hubiera visto, era una mezcla de sensualidad y fuerza. Sus piernas trabajadas, su abdomen marcado. Tenía unos pechos hermosos, no eran grandes ni pequeños, simplemente tenían el tamaño perfecto para él. Rhage podía sentir como su erección apretaba en sus pantalones, sacrificaría todo lo que tenía por tomarla, por hacerla suya, alimentarla.
Tomó fuerzas para seguir con el baño, pero esta vez solo se limitó a observarla, alejó todo pensamiento de su mente.

Nessa se dirigió, directamente al cuarto de Leliel, habían quedado preocupadas después de que el gigante se la hubiera llevado, todavía era muy pronto para confiar en uno de ellos, aunque no se le escapó ese aire posesivo que mostró con su hermana.
Golpeando la puerta del cuarto, entró.
—¿Fuego? —No la veía por ningún lado, la cama estaba desarreglada—. Leliel, ¿estás aquí? —Preguntó entrando a la habitación.
¿Donde se metió? Pensó. Estaba girando sobre sus talones cuando escuchó ruidos en el baño, y se dirigió hacia allí.

Una vez que el baño hubo terminado, Rhage la envolvió en una toalla y la tomó en sus brazos. Cuando abrió la puerta se llevó una sorpresa. Ahí se encontraba parada atónita la guerrera del agua, pero él no se dejó intimidar. Secó con mucho cuidado el cuerpo de Leliel y luego la recostó abrigándola con el edredón. A pesar de que manejaba el fuego, estaba tiritando de frío.
—Ella queda así después de la combustión —Nessa habló mirando cada movimiento que hacía Rhage.
—¿Maneja el fuego? —Replanteó la pregunta—. O mejor dicho, ¿el fuego la maneja a ella?
Nessa se acercó a la cama y miró a Leliel, le rompía el alma a cada una de ellas cada vez que la veían sufrir de esa manera.
Levantó la mirada y le dijo:
—Eso pregúntaselo a ella —y se dirigió hacia la puerta—. Pero recuerda esto guerrero: La haces sufrir y te juro que te perseguiremos hasta el mismísimo infierno para destruirte.
Rhage no llegó a responderle nada ya que Nessa desapareció, dejándole las palabras en la boca.
—Guau, sí que son mortales —dijo un poco en serio y un poco con ironía.
Mirando la habitación cayó en la cuenta de que solo había una cama, y él tenía toda la intención de pasar la mañana cuidando a Leliel.
Entonces, tras meditarlo por un segundo, Rhage se acomodó a su lado, pero la habitación de ella era muy fría, supuso que se debía a las altas temperatura del cuerpo de Leliel. Entonces se acobijó debajo del edredón y dejó una distancia razonable entre ellos. Por alguna razón sabía que la guerrera del fuego no iba a estar muy conforme al despertarse junto a un macho sin su permiso. Así que mañana cuando anocheciera, se iría de ahí, simplemente quería pasar la mañana cuidándola.
Leliel se acomodó entre las sábanas, sintiendo nuevamente el calor de su cuerpo. Medio adormecida abrió sus ojos y sonrió cuando vio a Rhage a su lado.
—¿Quieres que me vaya? —Preguntó suavemente acariciándole la mejilla.
Negó con la cabeza y besó la palma de su mano.
—No me dejes sola —pidió en un susurro, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Shhh… no llores, te prometo que no me voy a ir —dijo besando suavemente sus labios—. Descansa —dijo, ella sonrió y volvió a cerrar los ojos.
No lo había echado, ni le había gritado… simplemente le había pedido que se quedara con ella, que no la dejara sola.
Rhage sonrió, acababa de romper una barrera.
Entonces se acomodó y acarició su cabello, hasta quedarse dormido.


Wrath miró nuevamente hacia la puerta. Se sintió muy inquieto cuando notó que Raysa no estaba. Si no volvía pronto saldría a buscarla, no se habían marchado porque sus cosas continuaban en la mesa.
Frustrado, bebió de un trago el whisky y dejando a Butch hablando solo, se encaminó hacia la puerta, estaba a medio camino cuando la vio entrar nuevamente. Aun así no aminoró la marcha hasta encontrarse con ellas y tomar suavemente a Raysa del brazo.
Raysa estaba con la mente en otro lado, lo que pasó con Leliel la había dejado muy preocupada. La salida que había sido para distenderse estaba lejos de lograr su cometido, ya que ahora todas estaban nerviosas y preocupadas.
Se sobresaltó cuando sintió que le tomaban el brazo, pero sin mirar reconoció el tacto de Wrath. Se giró y lo miró conteniendo el aliento. Estaba muy guapo. Sin poder evitarlo recordó sus palabras: “Las cosas entre nosotros no volverán a ser iguales por más que lo quieras”. Cerró los ojos mientras las escuchaba en su mente.
—Vamos a hablar —le dijo, acercando su rostro al de ella.
Wrath inhaló profundamente, sintiendo su aroma y eso lo excitó rápidamente.
Raysa miró a Kytara y en el preciso momento en que se iba a negar, la guerrera le hizo señas para que fuera. Demonios, no le daba más alternativa que seguir al macho.
Odiaba tener que acatar órdenes y eso era lo que estaba haciendo. Frenó en seco, provocando que Wrath se detuviera abruptamente al encontrar resistencia.
—No tengo ganas de hablar ahora, Wrath.
El macho se giró y continuó su camino tirando de ella como si nada mientras le respondía:
—No creo que te lo haya preguntado en ningún momento. Además tenemos que hablar, la situación no puede continuar de esta manera —finalizó mientras se paraba y le hacía señas para que se sentara.
Observó rápidamente a su alrededor, en unos segundos la había llevado, por decirlo suavemente, hacia una de las mesas más apartadas del VIP.
Suspiró resignada mientras se sentaba algo nerviosa. No le gustaba que la mesa estuviera tan apartada del resto, ya que el ambiente de cierta forma se volvía muy íntimo y después de lo que había pasado entre ellos no se sentía cómoda, no se sentía segura de sus reacciones, ya que cuando estaba con Wrath se volvía una madeja de emociones, y eso nunca le había pasado.
Cuando el macho se sentó a su lado, se inquietó aún más. Cuando pasó el musculoso brazo por la parte trasera de su silla se tensó levemente y cuando puso una de sus enormes manos de forma descuidada sobre su pierna, guerrera o no, quiso escapar. Sintió como su piel se empezaba a ruborizar en respuesta a su cercanía y, peor aún, sabía que él lo sentía.
Wrath sonrió levemente cuando sintió el cambio en ella, hacía un momento estaba discutiendo con él, y ahora podía sentir como la sangre bullía en el cuerpo femenino, el deseo era tan fuerte como el suyo, y esto lo ponía más duro aún.
Carraspeó incómoda.
—Dijiste que teníamos que hablar. Tú dirás sobre qué —le espetó mientras buscaba por todos los medios la forma de alejarse un poco.
Wrath la miró y se acercó más a ella, aprovechando la ventaja que le brindaba su nerviosismo.
—Te dije que las cosas no volverían a ser iguales, Raysa, no voy a hacer como si no hubiera pasado nada entre nosotros cuando te alimentaste, no voy a ignorar el hecho de que me siento atraído por ti como tú te sientes atraída por mí, simplemente no quiero —le dijo con firmeza mientras deslizaba su mano por la pierna femenina y la acariciaba con movimientos sensuales.
Raysa boqueó ante la ardiente caricia.
—No podemos, Wrath. El hecho de que me alimentara de ti… —no pudo continuar porque el brazo que se encontraba sobre el respaldo de su silla fue utilizado para acercarla más a él, hasta que sus bocas estuvieron a escasos centímetros de distancia.
Wrath miró la boca femenina con anhelo y con el poco control que le quedaba le respondió:
—¿Quién dijo que no podemos, Raysa? Que te alimentaras de mí fue algo que simplemente tuvo que pasar. Es solo cuestión de tiempo hasta que estés en mi cama y con mi esencia en tu cuerpo y cuanto antes lo asimiles mejor para ambos —dijo tomando sus labios y deslizando su lengua con hambre en la boca femenina, explorando, exigiendo.
Raysa gimió mientras le devolvía el beso. Sabía que el macho tenía razón, se sintió tan bien cuando se alimentó de él, era como si hubiera llegado a su hogar, al lugar al que pertenecía. Sus caricias y sus besos hacían que su cuerpo cobrara vida, nunca se había sentido así, ninguna batalla le había provocado eso, ninguna victoria. Mientras le devolvía el beso con ansias, sintió que había encontrado su lugar. Que la Virgen Escriba perdonara sus pensamientos, pero estaba donde siempre debió estar.
No se sorprendió ante la apasionada respuesta de la hembra, eso solo lo excitó más llevándolo al límite.
Mía, gruñó para sus adentros. Pronto…


Esta ya era la primera noche sin Leliel, y la extrañaba. Aunque a estas alturas ya tendría que estar acostumbrada a la combustión de su hermana, Kytara sentía su dolor como si fuera propio, cada una de ellas lo sentía así y el lento proceso de recuperación lo llevaban a cabo cada una de ellas.
Pero ella a cada minuto le mandaba fuerzas y estaba pendiente del gigante que en ese momento había tomado el lugar de enfermero. Desde lo más profundo de su alma deseaba que Fuego al fin encontrara a su otra mitad, que encontrara la fuerza para confiar en el macho, aunque esto último fuera casi imposible.
Apagó el MP5 que le había regalado Fritz un día que la encontró tratando de subir a su cuarto un aparato al que llamaban equipo de música, y que de allí salía un sonido muy bonito y delicado, aunque para él Tarja Turunen no lo fuera.
Empujó la puerta que tenía en frente y se encontró con el exterior de la mansión. No podía negar que era un lugar muy hermoso, caminó bordeándola hasta dar con un campo.
De repente se escucho una explosión. Se tiró al suelo y gateó tratando de encontrar un lugar seguro, en el proceso sacó su daga preferida y se lanzó hacia el enemigo.
—¡Eh! Tranquila, guerrera, guarda esa daga que podrías herirte —le reprochó Butch tomándola por un brazo y tratando de guardar la nueve milímetros que llevaba en la mano.
Se soltó del agarre.
—Ah, eras tú —guardó su daga en la campera—. Pensé que nos atacaban.
—¿Estás de broma, no? —Estalló en carcajadas.
En ese momento reconsideró volver a sacar la daga y usarla con Butch, sentía que su mano en cualquier momento cobraría vida propia.
—¿Qué es lo gracioso, Dhestroyer? —Le preguntó de una manera agresiva y levantando esa ceja que lo volvía loco. Pero ese "Dhestroyer" le cayó como un balde de agua fría.
Se aclaró la garganta.
—¿Empezamos con la práctica? —Ella solo asintió con la cabeza—. Bueno en esta clase puliremos un poco tu habilidad de lucha.
La siguiente hora se trató solo de eso y quedaron de acuerdo que para la próxima le iba a enseñar algo de boxeo. No es que ella no supiera defenderse, al contrario, pero le encantaba eso de la lucha cuerpo a cuerpo.
Cuando Kytara se dirigía hacia la mansión, Butch la tomó del brazo.
—¿Cuándo tienes que volver a alimentarte?
Eso la tomó desprevenida.
—Este… No lo sé, depende del donador, creo —no quería tocar este tema con él, todavía estaba muy fresca en su memoria la alimentación y el beso que compartieron—. Si la sangre es muy pura me dura más de tres semanas, en cambio si no lo es tendría que ser una vez por semana.
—¿De cuántos te alimentaste? —No se dio cuenta de lo que dijo, pero imaginársela tomando de otro macho lo mataba.
Kytara lo miró extrañada.
—¿Perdón… que dijiste? —Y estaba enojada—. ¡¿A ti que te importa?!
—Lo siento, la pregunta estaba de más —más tarde le sacaría la información o no podría vivir tranquilo.
—¿Entonces salimos? —Así sin más, todavía no la quería dejar ir y tenía que buscar una excusa.
—No lo creo, mis hermanas me necesitan —lo dijo apenada, no entendía el motivo de querer pasar más tiempo con él.
Y a él también se lo veía apenado, cosa que la confortó.
—Está bien. Pero no me vas a negar ser tu custodio y acompañarte hasta la mansión.
Lo miró disimulando una sonrisa.
—¿Te parece que necesite uno? Bueno, en estos momentos hasta tu compañía me es grata.
Él hizo una mueca.
—Ese fue un golpe bajo.
Kytara rió.
—Es para que recuerdes que no soy una hembra débil como a las que seguro estás acostumbrado —¿De dónde había salido eso? Y sin esperar una respuesta emprendió el camino hacia la mansión.
—¿Y por qué la Virgen Escriba tiene que seleccionar el macho del cual te alimentarás? —Iba detrás de ella admirando su andar, era orgullosa y pequeña, pero se defendía con una fiereza que en otras hembras nunca había visto.
Pasaron varios minutos y no creyó que le fuera a responder.
—Es por mi madre.
Sintió en su voz el dolor, esas cuatro palabras parecían arrancadas del alma de Kytara. Quería abrazarla, besarla y decirle que ya todo había pasado, que él la protegería, pero todavía era muy pronto, cuando se dio cuenta ya habían llegado a la mansión.


Leliel se despertó con un terrible dolor de cabeza, apenas intentó abrir los ojos sintió una punzada.
—Dios… ya había olvidado lo que se sentía volver… Gracias mamá y papá por este regalo —dijo recordando la maldición que sus padres le habían entregado por ser una mujer. Se despeinó el cabello como era su costumbre y sintió como la seda negra de las sábanas rozaban su piel. Extrañada levantó las sabanas y vio que estaba desnuda.
Desnuda… ¿yo? Se preguntó mentalmente.
—Mierda… Debo haber terminado muy mal —salió de la cama, se levantó y tuvo que volver a sentarse cuando sus piernas flaquearon—. Un baño, tan solo un baño, Lel, y vas a sentirte mejor —dijo dándose ánimos, pero un ruido extraño la sacó de la concentración que estaba teniendo para llegar al baño. Cuando se giró, quedo atónita al ver a Rhage con los ojos abiertos mirándola sonriente.
—Que… Pero… Pero qué… Mierda, ¿qué demonios haces en mi cama? —Gritó Leliel enfurecida—. ¿Quién cuernos te invitó a entrar a mi cuarto? —Gritó aun más fuerte.
—Mmm… enojada eres muy hermosa, pero enojada y desnuda te ves tremendamente sexy —dijo Rhage con voz muy sensual mientras se sentaba en la cama.
Ella no hizo caso, pero luego se dio cuenta que estaba desnuda y buscó algo para taparse.
—¡Por todos los demonios!, ¿es que no hay nada en esta mierda de habitación para cubrirme? —Preguntó desesperada, intentando sacar el edredón.
Rhage sonrió dejando ver sus colmillos.
—¿Por qué cubrirte si podemos hacer cosas mucho más interesantes? —Dijo mientras se acercaba cubierto solo con un salto de cama.
Acarició sus brazos desde su hombro hasta llegar a su mano, a lo que Leliel reaccionó tomándole la mano y comenzando a quemarle sin quitarle la vista de los ojos.
—Nunca más me toques. Jamás me vuelvas a tocar si no quieres terminar rostizado —soltó su agarre y sonrió feliz al ver la herida que le había provocado—. No soy tu hembra, no soy cualquier hembra y mucho menos una hembra que pueda estar con alguien como tú —dijo seria, con todas las intenciones de herirlo a flor de piel.
Rhage cambió su pose relajada a una defensiva, podía sentir como el aire de la habitación se condensaba.
—No tengo intenciones de tocarte siquiera, no podría estar cerca de una bastarda como tú, porque por alguna razón estás maldita con tal castigo —dijo él caminando hacia la puerta—. No sé para qué cuernos perdí el tiempo cuidándote —dijo en un murmullo que fue inaudible para ella.
Leliel sintió su sangre hervir de furia. Dolor. Odio.
El aire de la habitación estaba denso y pesado, como si estuvieran en medio del desierto con el sol del mediodía.
Por un momento le había gustado el macho, podría haber intentado abrirse con él. Mostrarle lo que en realidad era ella. Pero después de esto, definitivamente estaba muerto para ella. Claro que no se iba a llevar gratis aquel insulto. De su mano hizo crecer una flecha de fuego que lanzó directo a la nuca del macho, pero en el último segundo la hizo desviarse haciendo que casi le rozara la oreja.
—¡Jamás vuelvas a dirigirme la palabra! Si mis padres sintieron asco porque tuvieron una hembra y no un macho fue cosa de ellos. ¡Muchas gracias por recordarme lo maldita que estoy! ¡Es tremendamente reconfortante saber que en cualquier momento puedes estallar en medio de la muchedumbre o cuando estás en la cama con otra persona o que todos los entrenadores se nieguen a entrenarte por haber matado a uno de ellos ya que no sabía controlar mis poderes! —Ella luchaba para que las lágrimas no salieran de sus ojos—. Pensé que me entendías, Rhage, confié en que entendías la mierda de tener que vivir con una maldición… Pero me equivoqué. Ahora ten la maldita gentileza de irte antes que termines siendo cenizas… y ahórrate las disculpas —dijo para luego encerrarse en el baño.
Rhage se quedó parado, observando como la flecha se evaporaba sin siquiera marcar la madera de la puerta. La había insultado, le había hecho sentir como si estuviera terriblemente mal… Había traicionado la poca confianza que habían logrado obtener.
Todavía le resonaban en la cabeza sus palabras: “Pensé que me entendías, Rhage, confié en que entendías la mierda de tener que vivir con una maldición… Pero me equivoqué. Ahora ten la maldita gentileza de irte antes que termines siendo cenizas… y ahórrate las disculpas”.
Sacudió la cabeza tratando de alejar aquellos pensamientos y se encaminó hacia su cuarto. Supuso que más tarde tendría que escuchar a Wrath reprendiéndole, ahora solo necesitaba…
Necesito hablar con ella, pedirle disculpas… Poder reconfortarla.
Giró sobre sus talones para volver al cuarto de Leliel, pero vio como las otras tres guerreras entraban. Perfecto, no solo tendré que escuchar a Wrath, también a ellas, se dijo mentalmente. Esto definitivamente iba a apestar. Solo esperaba que la bestia se quedara tranquila durante este tiempo o no sabía lo que podría ocurrir.

Leliel estaba a medio vestir cuando sus hermanas irrumpieron de repente en su habitación.
—¿Estás bien? —Preguntó Nessa, asustada.
—¿Pasó algo con Rhage? —Dijo Raysa, intentando aparentar calma.
—¿Te hizo algo? —Inquirió Kytara entrecerrando los ojos con desconfianza.
—Wow, wow… Un momento —dijo Leliel alzando las manos, tratando de detener la avalancha de preguntas—. Estoy bien, pero estaría mejor si ese imbécil no se hubiera metido en mi habitación mientras dormía… desnuda —concluyó enojada.
—¿Si no se hubiera metido a tu habitación? ¿Qué quieres decir? —Preguntó Raysa, confundida.
—Por cierto, gracias por cuidarme mientras me encontraba mal, son un encanto —les dijo sarcásticamente.
—Wow, wow… Un momento —la imitó Nessa ante el rencor en las palabras de su hermana—. ¿Qué estás queriendo decir, Fuego?
—Estoy queriendo decir que si yo no me hubiera encontrado bien, ese idiota hubiera hecho lo que quisiera conmigo mientras ustedes estaban holgazaneando por ahí —gritó.
Podía soportar cualquier cosa, pero no que sus hermanas la dejaran de lado.
—¡Eres una…! —Empezó Nessa, pero Kytara la cortó.
—Lel, ¿estás diciendo que echaste… a Rhage de tu habitación?
—Me defendí de él.
—Oh, Dios… —Kytara se frotó la sienes, como si le doliera la cabeza.
—¿Cuál es el problema? ¿Qué pasa con ustedes?
—¿Qué pasa contigo, hermana? ¿Es que no recuerdas lo que pasó durante estos dos días? —Preguntó Nessa, exasperada.
—Desde que estaba inconsciente, por supuesto que no —respondió Leliel, tratando de no encenderse.
—Tranquilízate, Nessa —espetó Kytara—. Lel, creo que te has equivocado y mucho. Él estuvo cuidándote todo este tiempo.
—¿Cómo dices? —Preguntó, Leliel, confundida.
—Rhage te recogió cuando volviste a tomar forma humana en ese callejón y te trajo inmediatamente aquí —explicó Raysa—. No se ha movido de esta habitación en todo este tiempo, te ha estado cuidando. Incluso aceptó darte de su vena para alimentarte si tú querías. Fue muy bueno contigo, nosotras veníamos a verte en todo momento. Nunca te hubiéramos dejado sola. Es sólo que sabíamos que estabas en excelentes manos.
Leliel estaba confundida. En realidad estaba aturdida, había maltratado al único hombre que no había salido corriendo cuando la vio incinerarse. Se sentía una estúpida por haber creído que él quería aprovecharse de ella mientras estaba indefensa, mientras no podía defenderse. No podía creer como se había equivocado.
Era cierto que no había sentido ningún tipo de maldad viniendo de él. Pero la forma en que la había mirado, el tono de su voz y cómo la había acariciado, la habían puesto nerviosa entonces lo malentendió todo… Lo había insultado y hasta agredido sin siquiera saber algo de él.
Pero enseguida las palabras de Rhage la hicieron volver a la realidad, la llamó bastarda y le insinuó que merecía el castigo que había recibido. Bueno, particularmente sentía eso todos los días, pero que alguien lo creyera era total y completamente distinto a que lo pensara ella. Leliel se reprendió mentalmente por divagar en un tema sin sentido. Ese macho no merecía que le pidiera perdón, porque no tenía ningún derecho a decir eso. Por Dios, había sido una estúpida por volver a confiar en alguien, pero por suerte no había pasado nada. Sacudió la cabeza alejando todos esos pensamientos y terminó de calzarse los borcegos.
—Como sea, nadie le pidió que me cuidara —dijo volviendo a ser fría y distante.
—¿Eso le dijiste? —Interrumpió Nessa de pronto.
Chispas saltaron desde sus manos. Hacía muchos años que habían convenido en no leerse las mentes las unas a las otras, ya que todas tenían recuerdos que las atormentaban en todo momento y de los que no querían que nadie más fuera testigo. Pero parecía que Nessa lo había olvidado y eso le disgustó mucho.
—Sabes que no debes leérmela mente, maldita sea.
—¿Cómo pudiste decirle esas palabras tan hirientes después de lo que hizo por ti? —Le reclamaba.
—¡Él también me hirió con lo que dijo! —Le respondió, alzando la voz.
—¿Es que esperabas que arrojara rosas a tus pies? Lo heriste y él te ayudó. Eres muy injusta.
—Ya déjame en paz, Agua. Nadie le pidió que me ayudara y ustedes no tendrían que haberlo dejado.
—¿Y también quieres que te traigamos cualquier perro que encontremos en la calle para que puedas alimentarte? ¿O es que le has tomado el gusto a eso de incinerarte y planeas hacerlo varias veces por día, solo por deporte?
Las palabras de su hermana terminaron de sacarla de quicio. Ya sin poder controlar las llamas en sus manos, le lanzó una bola de fuego, a la que ella respondió rápidamente con una de agua.
—¡Basta! —Gritaron Raysa y Kytara, pero no las escucharon.
—Eres una idiota. Tienes a un gran macho muriendo por ti y tú solo te esfuerzas por alejarlo lo más posible.
Leliel arrojó otra bola de fuego, pero esta vez no fue directamente hacia su hermana, sino que pasó cerca de su hombro izquierdo.
—Mira quien me viene a dar consejos, aquella quien no le pasaría la hora ni a su sombra —replicó.
—¿Sabes, Fuego? Podremos ser poderosas, pero ni por asomo somos inmortales, también podemos caer en cualquier momento. Puede que llegue el día en que ya no estemos, ¿qué harás entonces?
Acto seguido, Nessa se dio la vuelta y salió rápidamente de la habitación.
Raysa y Kytara se miraron entre ellas y asintieron. Kytara salió de la habitación tras Agua, mientras Raysa se acercaba a Leliel, pero sin llegar a tocarla. Sabía que la piel de su hermana estaría ardiendo.
—¿Sabes? Tú y Agua tendrán que aprender algún día a controlar esos temperamentos suyos —dijo suavemente.
—Primero ella tendría que aprender a controlar esa bocaza que tiene.
Raysa suspiró.
—No le pedirás disculpas a Rhage —no era una pregunta.
—No tengo por qué hacerlo —le respondió—. Ahora, por favor, déjame sola, Raysa, quiero descansar.
Su hermana levantó la mano, como en un amago de acariciarla, pero después la bajó y se dirigió hacia la puerta.
—Llámame si necesitas algo —dijo antes de irse.
Leliel terminó de vestirse y salió corriendo de la habitación… solamente una buena sesión con el saco de arena iba a calmarla ahora mismo, pero luego se arrepintió y volvió a su habitación.


Nessa salió del cuarto de Leliel echando humo. Literalmente.
En realidad, no era humo, sino vapor de agua.
Estaba muy enojada y solía “evaporarse” cuando se encontraba así. Y tenía razones para estarlo, pues su hermana, su testaruda hermana, estaba desperdiciando una gran oportunidad. Le mataba verla sola y dolida, alejada de todo y de todos. Quería verla con alguien que la hiciera feliz, que la sanara. Quería ver así a todas sus hermanas, pues temía el día en que ella ya no estuviera, que no hubiera nadie allí para asegurarse de que estuvieran bien. Quería estar segura de que estaban protegidas. Así ella por fin podría descansar en paz.
Sintió a Kytara, que venía detrás de ella, seguramente para intentar calmarla y luego para sermonearla por haber peleado con Fuego. Otra vez. Ni que fuera una novedad.
Como no quería escuchar el largo discurso que le esperaba y en verdad deseaba estar sola, se desvaneció hacia el túnel que la llevaría al complejo fuera de la mansión.
Y se llevó por delante a Phury.
Desde que el hermano era medio metro más alto, tres veces más ancho de hombros y aproximadamente cuarenta kilos más pesado, la que terminó despatarrada en el piso fue ella, mientras que él apenas sufrió un leve sobresalto.
—¿Te encuentras bien? —Preguntó, apresurándose a ayudarla a levantarse.
Por lo general, no le hubiera permitido que lo hiciera, pero este hermano le caía particularmente bien, y olía muy bien también, como a chocolate y a café, así que se lo permitió. Además, descubrió que era agradable ser tratada con cortesía.
Aceptó la mano que le ofrecía y se incorporó.
—Sí, estoy bien. Gracias.
—¿Estás… humeando? —Preguntó extrañado.
—Oh, yo, eh… sí. Dame un segundo.
Él asintió aun con la mirada perpleja. Cerró los ojos e intentó relajarse. Tranquila, tranquila… ¿Qué podría tranquilizarla?
Chocolate, dijo una voz en su cabeza. Cuanta inteligencia escondida en esas profundidades. Inspiró profundamente para captar de nuevo el aroma que provenía del macho frente a ella. Mmm, sí, rico. Abrió los ojos y por la mirada de Phury, supo que ya había terminado de dar un espectáculo.
Se fijó por primera vez en su ropa. Llevaba unos pantalones deportivos negros y una camiseta sin mangas que dejaba ver el dorado de la piel de sus fuertes brazos.
—¿Vas al gimnasio? —Le preguntó.
—Así es. Iba a moverme un poco.
—¿Puedo acompañarte? —Le dijo antes de darse cuenta de lo que hacía.
—Por supuesto —le respondió con una gran sonrisa.
Nessa se puso a su lado y juntos caminaron hacia el gimnasio. Sí, había querido estar sola, pero de repente allí estaba, acompañando a Phury.
Llegaron ante las puertas del gimnasio y Phury abrió una de ellas y se apartó para dejarla pasar.
Vaya, cuanta caballerosidad, pensó.
No te acostumbres, le respondió la misma voz que le había recomendado el chocolate. Así que tenía dos caras.
Pero ella no era ninguna idiota, sabía que esto era apenas un débil rayo de sol que había logrado colarse entre las oscuras ramas del marchito bosque que la apresaba, que la consumía.
—Bien, ¿qué quieres hacer? —Le preguntó.
Se sentó en el piso, sobre una colchoneta, ignorando la pregunta que le había hecho. Tal vez pudiera ayudarla.
—Zsadist es tu gemelo, ¿no es así?
—Sí.
—Pero no se parecen.
—Antes nos parecíamos —respondió, con cierta cautela en la voz.
—Fue esclavo de sangre.
—Sí —esta vez el tono de su voz fue cortante. Era obvio que era un tema del que no quería hablar.
Era una suerte que ella no entendiera de sutilezas.
—¿Es por eso que es tan… asocial?
—Ese es un tema que deberías hablar con él, no conmigo.
—Desde que no quiere tenerme cerca ni como blanco de sus puños, dudo que se sentara tan tranquilamente a tomar el té conmigo mientras hablamos de su vida. En todo este tiempo lo vi solo una vez y no fue un intercambio agradable. Estoy a su cargo —dijo, ahora con fastidio—, y no entrenaré o saldré a luchar hasta que él se digne en brindarme un poco de su atención. Creí que podría contar con tu ayuda.
Phury se quedó mirándola un momento, como no sabiendo que hacer con ella. Luego se acercó y se sentó en la colchoneta a su lado, apoyando los antebrazos sobre las rodillas flexionadas. Suspiró.
—Tú también eres un poco asocial —no era una pregunta.
—No siempre, solo a veces —dijo en voz baja; por alguna razón se sentía como una niña pequeña que estaba siendo regañada.
—Algo me dice que solo te relacionas con tus hermanas.
—Tal vez —le contestó evasiva.
Tampoco era cuestión de darle la razón así como así. Phury solo sonrió mirando hacia cualquier parte ante su tozudez.
—Entonces, ¿por qué estás aquí conmigo?
—No lo sé —respondió después de un momento—. Eres bueno, eso es lo que siento, por eso estoy contigo. Siento que está bien que esté aquí. Y mi instinto nunca me ha fallado antes, no veo por qué habría de ignorarlo ahora.
Phury asintió ante esas palabras, ahora con su rostro serio.
—Yo también seguí mi instinto —declaró.
—¿Qué quieres decir? —preguntó algo confundida.
—Sí, Zsadist fue un esclavo de sangre, lo puedes ver por tu misma. Fue raptado de la casa por una niñera cuando era un bebé y estuvo desaparecido durante cien años, hasta que logré hallarlo. Tiene una razón para ser como es —su hermoso rostro se llenó de tristeza—. Pero no me corresponde a mí decirte nada. He hecho todo lo que estaba a mi alcance por ayudar a mi hermano, pero no es suficiente, hay todavía muchas heridas abiertas en Zsadist. Es mi hermano y lo amo y daría mi vida por él, así como ya he dado otras cosas —se subió el pantalón para dejar al descubierto su pierna izquierda, revelando la pantorrilla ortopédica que reemplazaba a la real—, pero no es suficiente, no lo es.
Phury calló y de repente pareció sumamente cansado y agobiado.
Nessa no sabía que decir, podía sentir el dolor que emanaba del hermano, un dolor muy profundo. De repente tuvo miedo de saber qué es lo que le había sucedido a Zsadist para que tanta ira se acumulara dentro de él, tanto desprecio hacia otros.
—En aquella primera reunión me recordaste a él —continuó—, tu impaciencia, como estabas un poco más apartada, en el rincón más oscuro, el ceño en tu rostro. Pero también te vi acercarte a tu hermana para apoyarla. Vi luz en ti, Nessa. Y te asigné a mi mellizo.
Calló otra vez y la miró directamente a los ojos, con sus orbes amarillos brillantes, no de lágrimas, sino de esperanza.
Ahora estaba aterrada. La aterraba el pasado de Zsadist, el dolor de ambos gemelos, la mirada en los ojos de Phury. Se levantó de golpe.
—Yo también seguí mi instinto, Nessa —repitió, antes de que ella saliera corriendo del gimnasio.


 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/05 )
Publicado por: ^KenYa^ en Mayo 29, 2009, 06:54:06 pm
 emot025 Quiero saber más entre Z y Nessa  emot026
 emot025 Y entre Rhange y Leliel  emot026

Os está quedando Per-fec-to  :emot018:

 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/05 )
Publicado por: willow en Mayo 30, 2009, 07:38:48 pm
 emot037 emot037 emot037 genial os esta quedando precioso.
 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/05 )
Publicado por: Eleanil en Junio 04, 2009, 10:36:25 am
Me encanta! y aunque al principio me crispaban las chicas ahora las adoro!! volver a colgar el capi siguiente!!!

bravo, es genial!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/05 )
Publicado por: Gise en Junio 09, 2009, 01:12:49 am
Gracias chicas por todo!!!  emot024 emot024

Acá les dejo tres nuevos capitulo, espero que sean de su agrado emot040

 emot024

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CAPÍTULO 8

¡Crack!
—¡Oh, rayos! Vishous va a matarme.
Nessa se encontraba recostada en su habitación, sin nada que hacer. Había estado jugueteando con su móvil, hasta que finalmente lo había partido por la mitad. Bieeeeeen. Ahora tendría que ir por uno nuevo (el tercero, de hecho) y se ganaría una buena reprimenda por parte de Vishous. Como si fuera culpa suya que esas cosas fueran tan ridículamente frágiles.
Al menos ahora tenía algo que hacer. Era increíble, en todo este tiempo habían pasado bastantes cosas dignas de mención. Ya casi se habían adaptado a esta nueva era gracias a la ayuda de Phury y Vishous. Dos de sus hermanas ya se habían alimentado y habían desarrollado cierto nexo potente (podía sentirlo, después de todo) con sus instructores; otra de ellas se había calcinado cual ave fénix al morir en medio de un sombrío callejón y ella… Pues otra vez nada. Había comido mucho (que se bien se comía aquí), había tratado (y fallado) de entablar cierta relación con los habitantes de la casa, se pasaba el rato  hablando con sus hermanas (después de todo, eran mujeres) y las acompañaba cada vez que alguna quería entrenar fuera del horario de sus clases individuales (cosa que era cada vez menos frecuente. ¿Celosa ella? Naaaaaa.) Nada más.
No eres más que un potus, le dijo una voz en su cabeza.
Frunció el ceño. En realidad, sí había hecho algo. Se había peleado con su hermana (se habían agredido) y había hablado con Phury en el gimnasio (y había salido huyendo de ahí).
Zsadist no había cambiado su postura y ella seguía sin hacer nada al respecto. Menos aún después de la charla con su gemelo. No sabía por qué, pero la había perturbado.
Tú sí que vas por buen camino, le dijo la voz.
—Oye, no me vengas con verdades, ¿no ves que no estoy de humor? Además, ¿no se supone que siendo mi subconsciente deberías demostrármelo mediante extraños sueños o actos involuntarios? —Le respondió en voz alta.
¿Ahora te llamas Freud?
—Cállate. Se supone que no debo hablar contigo. Estoy cuerda.
—Si estás cuerda, eso es lo que exactamente debes hacer —dijo Leliel, quién se había asomado a su cuarto.
Nessa levantó una ceja inquisitiva y Leliel solo sonrió. Cerró la puerta detrás de ella y se dirigió a la cama, donde se sentó.
Siempre había sido así con su hermana, cada vez que peleaban, sólo lo olvidaban, como si no hubiera pasado nada. No era una actitud muy adulta, ambas lo sabían, pero ése era su código. Algún día, tal vez, crecieran.
—¿No deberías darte un baño y cambiarte de ropa antes de sentarte sobre mi precioso edredón? —Le preguntó, al ver las pintas de su hermana.
Su ropa estaba húmeda por el sudor y su pelo completamente despeinado.
Ahora fue el turno de Leliel de levantar una ceja y el de Nessa de sonreír.
—En todo caso, ¿ya te encuentras bien? ¿No tendrías que estar haciendo reposo?
—Nos curamos rápido, lo sabes bien —respondió evasiva.
—Sí, pero también sé que para eso es necesario estar bien alimentada —acotó, como quien no quiere la cosa. Ella sí que sabía lo que era ser sutil, ¿no?
—No me fastidies, Agua.
—No te fastidio, hermana, sabes que tengo razón. Aún no te has alimentado.
—Tú tampoco.
—¿Puedes oler la sed en mí?
—No —respondió después de un momento.
—Pues yo puedo oler la tuya desde que diste la vuelta a la esquina del corredor. Podrías haberte alimentado de Rhage.
—No pienso volver a acercarme a él después de lo que hizo.
—Eso solo fue un malentendido. Jamás te habríamos dejado a solas si no hubiéramos confiado en que cuidaría apropiadamente de ti.
—Ya basta. No pienso seguir hablando de este tema.
—Estás humeando.
—Yo no humeo, tú humeas.
—Yo me evaporo.
—Pues no soy yo.
—Maldita sea, ¡estás quemando mi edredón!
Leliel se levantó de un salto de la cama, y en el lugar donde se había sentado ahora había una pequeña llama que empezaba a consumir el cubrecama.
—¡Mi cama! ¡Mi cama! —Gritaba Nessa como una niña.
—¡Apágala, idiota! ¿O es que tienes el nombre de adorno?
Enrojeciendo, Nessa lanzó un chorro de agua al pequeño incendio, extinguiéndolo.
—Lo has arruinado —le recriminó a Leliel.
—Porque tú me sacaste de quicio. Sabes que no puedo controlarme. Y no pongas esa cara, Fritz estará encantado de reponértelo.
—Si no hubieras reaccionado de la forma en que lo hiciste seguramente Rhage estaría encantado de…
—¡Basta! —La cortó—. ¿No entiendes que no es por ? Ya he matado a muchos por no poder controlarme. El solo hecho de verlo tan cerca de mí, saber que había dormido a mi lado y que pude haberlo matado… ¿No entiendes que no es por mí? —Repitió. Sus ojos brillaban por las lágrimas no derramadas. Haciendo fuerza por contenerlas, se dio vuelta y salió hecha una furia de la habitación, dejando una quemadura en la parte en que sus manos tocaron la puerta.
Lo había arruinado otra vez. Tal vez fuera cierto que tenía una gran bocaza que le era imposible cerrar o actuaba irreflexivamente demasiado seguido, sin pararse antes a pensar en los porqués o las consecuencias.
Lo que la llevaba de vuelta a Phury. Tendría que explicarle por qué había reaccionado como lo hizo y que decirle que entendía sus esperanzas, pero que eran vanas. Y también tendría que pedirle ayuda, pues ya era hora de arreglar su situación.
Se le acababa de ocurrir una idea excelente. Dejaría las explicaciones para más tarde.
Tal vez, algún día, creciera.


Phury acababa de salir del baño. Había tenido una noche bastante activa y cuando llegó a la mansión, había estado cubierto por un montón de sangre negra y apestaba a talco para bebés.
Solo tenía puesto unos pantalones de color claro, estaba descalzo y con el torso desnudo, y en una mano sostenía una toalla con la que se estaba secando el cabello, cuando golpearon la puerta.
Arrojando la toalla hacia la cama, se dirigió hacia la puerta y la abrió. Del otro lado se encontraba la pequeña guerrera. Y cuando decía “pequeña”, lo decía en serio. Por lo general, las mujeres de su raza solían ser más altas, como sus hermanas. Pero ella apenas alcanzaba el metro sesenta, y aún así, un poder innato emanaba de su cuerpo.
Estaba parada con las manos detrás de la espalda y se balanceaba hacia atrás y hacia delante sobre sus pies. Había notado que ese era un gesto habitual en ella.
—Hola, Nessa —le dijo con una sonrisa.
—Hola —le respondió ella, y siguió balanceándose.
—¿Necesitas algo? —Le preguntó.
—Bueno… Sí.
—¿Quieres pasar? —Le dijo mientras se hacía a un lado al ver que ella no decía nada más.
Al principio notó cierto recelo en sus ojos debido a su ofrecimiento, pero luego respiró hondo y levantó la barbilla, como si estuviera frente a un desafío. Y por lo que había vislumbrado en ella, seguramente así era.
¬—De acuerdo —aceptó y entró caminando con un andar digno de una reina.
Cerró la puerta detrás de ella, meneando la cabeza mientras sonreía. Era una hembra muy particular. Estaba seguro de que no se había equivocado al escogerla.
—Bien, ¿qué deseas?
—Antes que nada, quiero aclarar lo que pasó la última vez. No huí, no lo hice. Sólo… Mira, entiendo que quieras que tu hermano se “salve” —marcó las comillas de la última palabra con un ademán de sus dedos—, pero no entiendo por qué creíste que yo podría hacer tal cosa. Deseo de todo corazón que tus esperanzas se cumplan, pero en la parte en que a mí respectan, déjame aclararte que son totalmente vanas.
—De acuerdo —le dijo con un pequeño asentimiento de su cabeza.
Ella frunció el ceño y lo miró enojada.
—No hagas eso —le reprochó.
—¿Qué no haga qué? —Le preguntó, confundido.
—No me trates con la condescendencia con la que tratarías a una niñita que no entiende lo que sus mayores planean para ella.
—No lo hago.
—Sí, maldita sea, sí lo haces.
—En tal caso, te ruego que me disculpes. No era mi intención.
—¿Lo ves? ¡Ahí está! ¡Es el jodido tono que usas al hablar! —Exclamó mientras lo señalaba con un índice acusador.
Phury intentó con todas sus fuerzas mantener una expresión de lo más seria. Era todo lo que podía hacer para no largar una gran carcajada, así que solo la miró expectante, mientras alzaba una ceja interrogante.
Nessa respiró hondo. Ya había discutido con Leliel (por segunda vez). No necesitaba otra discusión más, al menos por el momento. Además, había venido con un propósito.
—Como sea… Necesito que me ayudes —dijo casi en un murmullo.
Phury solo delató su sorpresa con un imperceptible agradamiento de sus ojos, que solo duró una fracción de segundo. Pero aún así, lo había visto.
—¿En qué puedo ayudarte? —Preguntó con actitud seria.
Maldición, estaba siendo condescendiente, aunque intentara lo contrario. No le gustaba nada esta situación y no le ayudaba en nada que él hiciera eso.
Se sentía… Como siempre se había sentido antes de conocer a sus hermanas. Como si fuera simple escoria, como si no sirviera. Maldito Zsadist, que con su desprecio estaba haciendo que sus antiguos temores emergieran de nuevo.
Otra vez estaba teniendo que rebajarse a apelar a la bondad de otros para poder obtener lo que necesitaba. Por lo menos esta vez Phury la ayudaría solo porque lo necesitaba, no tendría que venderse más. O al menos eso esperaba.
—¿Nessa? ¬—Insistió el macho.
Saliendo de sus sombrías cavilaciones, Nessa le habló.
—Verás, como bien sabes, tú y Su Majestad me asignaron a Zsadist como entrenador, pero él no ha querido hacerse cargo de mi entrenamiento. De hecho, solo lo he visto una vez —para ser una situación totalmente bochornosa para ella, se sentía orgullosa de lo firme que sonaba su voz.
—Sí, somos conscientes de eso. Lo hemos hablado con Wrath y él me ha pedido…
—No terminé de hablar —dijo levantando una mano y enseñándole la palma.
—Lo siento.
—No hay problema. Cómo te decía, sólo lo he visto una vez. Y no puedo permitir que porque él sea un maldito testarudo misógino antisocial, aunque tenga razones para serlo —añadió con intención al ver que Phury abría la boca para acotar algo—, sea lo que sea, por el motivo que sea, no puedo permitir que por su culpa (y es su maldita culpa, no quieras contradecirme) yo vea perjudicado mi entrenamiento y no pueda salir a cumplir con mi deber. ¿Estás de acuerdo conmigo?
—Lo estoy. Por eso decidí que yo iría…
—Ah, ah —volvió a interrumpirlo—. Aún no terminé —lo miró, esperando que volviera a disculparse.
—Lo siento —repitió.
Le parecía a ella o… ¿el muy desgraciado estaba haciendo esfuerzos por no sonreír?
Entornó los ojos, pero lo dejó pasar. Tal vez solo se lo estaba imaginando.
—Bien —prosiguió—. Es por eso que decidido actuar en consecuencia.
—Me parece perfecto —dijo muy serio. Demasiado serio.
—¿Te estás riendo de mí?
Él parpadeó como si estuviera sorprendido y le dedicó una esplendente sonrisa.
—No, Nessa, no lo hago. De hecho, quiero ayudarte con esto. Es por eso que tenía la intención de ir a hablar con mi hermano para que deponga su actitud para contigo. No es algo digno de un guerrero de la Hermandad.
Era increíble las cosas que una debía escuchar. Hombres. Nunca entendían nada.
—¡Oye, oye! Me estás ofendiendo —se cruzó de brazos y lo miró entrecerrando los ojos—. No vine aquí a llorarte, por si te dio la impresión de que estaba haciéndolo. No estoy llorando y no pretendo que soluciones mi situación aquí, solo vine a solicitar tu colaboración en algo, ¿de acuerdo? —Se acercó a él y le clavó el índice en medio del pecho—. Soy perfectamente capaz de valerme por mí misma, llevo haciéndolo toda la vida. No quiero tu compasión, Phury.
Se alejó unos pasos hacia atrás y lo miró de arriba a abajo. No quería su compasión, nunca la había tenido de nadie y no creía que pudiera soportarla. Pero tampoco quería su desprecio. Desprecio por ser una hembra, por ser débil, por ser menos que él. Ya había tenido suficiente de desprecio en toda su vida, y para la siguiente también. Sólo quería que la comprendiera.
—¿Me entiendes? —Le preguntó con un tono de voz más suave.
Phury quedó sorprendido por su ataque. De verdad, no había pensado en ningún momento que ella hubiera venido aquí para llorarle pidiendo auxilio y era comprensible el miedo que sentía de que así lo creyera, ya que desde siempre las hembras habían sido la parte frágil de la raza, la que había que cuidar y proteger a como diera lugar. Claro que no era tan tonto como para mencionárselo.
—Por supuesto que te entiendo, Nessa. Sé que eres una guerrera de valía, al igual que tus hermanas.
—Gracias —a pesar de su expresión tan seria, sonó realmente agradecida.
—Entonces, ¿cómo quieres que te ayude?
Al principio, el recelo destelló en sus ojos grises como el acero, pero luego sonrió con ironía.
—En realidad, no es nada del otro mundo, ni mucho menos. De hecho, es bastante infantil.
—¿Infantil? —Dijo sin comprender. No entendía a donde quería llegar ella.
—Sep. Pienso acosar a tu hermano.
Phury quedó completamente helado ante su declaración. Pensaba… ¿Se había equivocado? Esa hembra estaba loca.
No, no podía ser, debía de haber entendido mal. Maldita sea, necesitaba un poco de humo rojo.
—¿Qué quieres decir con eso de que acosarás a Zsadist? —Le preguntó tratando de aparentar tranquilidad.
—Ey, tranquilo, no te sulfures. ¿Acaso tengo pinta de violadora? —Le sonrió descubriendo sus colmillos—. Solo pretendo seguirlo adonde vaya… Aunque no tan literalmente.
—Explícate mejor, por favor —aun no estaba seguro de sus intenciones.
—Es simple. Él no quiere enseñarme, lo que no significa que yo no pueda aprender. Lo que pretendo es que tú simplemente me avises cada vez que sepas que Zsadist está entrenando. De esa forma, yo podré observarlo mientras trabaja y así es como asimilaré su forma de pelea y podré complementar la mía.
Bien, gracias al cielo no era ninguna violadora o algo por el estilo. Por la Sagrada Virgen, eso era lo último que su hermano de sangre necesitaba.
—De acuerdo, lo haré —concedió—. ¿Pero cómo harás para que te lleve a cazar fuera?
La guerrera lo miró y frunció los labios, en una mueca mitad de frustración, mitad de meditación.
—Eso es más difícil y no estoy seguro de cómo encararlo… aún —le aclaró—. La última vez me dejó muy en claro que no quería tener a nadie cerca, pero no puedo dejarlo así, simplemente no puedo. Solo espero que de alguna forma, se avenga a hacer lo correcto —lo miró con súplica en los ojos—. Y si no lo hace, tendré que recurrir al Rey y a la Virgen Escriba. Lo siento.
Demonios, no quería a Z metido en líos con nadie. A él seguramente no le importaría, y eso era justamente el motivo de su preocupación. Quisiera Nessa o no, hablaría con su mellizo.
—Entonces, ¿me avisarás cada vez que sepas que Zsadist está en el gimnasio entrenando, o en cualquier lugar en que lo haga? —Le urgió.
—Sí, lo haré.
—Muchas gracias —le dijo con un suspiro.
—Te llamaré cada vez que sepa algo.
—De acuerdo. Pero yo te llamaré antes, para que así sepas mi número.
Haciéndole una pequeña reverencia, dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta para salir de la habitación. La miró, extrañado.
—Ya sé cuál es tu número, Nessa. ¿Recuerdas que los móviles almacenan los números de otros móviles? —Tal vez no recordara las lecciones de tecnología.
Se detuvo con la mano sobre el picaporte y lo miró por encima del hombro, sonriendo con picardía.
—Ya lo sé, tonto. Pero esta mañana he vuelto a romper el mío. ¿Podrías conseguirme uno nuevo? Quisiera ahorrarme la reprimenda de Vishous —le dijo y salió de la habitación, dejándolo parado allí, riéndose solo.


Phury miraba detenidamente a Zsadist.
La cena había terminado hacía un rato y todos se habían juntado en la sala de billar, ya que Butch y Vishous habían propuesto enseñarles a las guerreras a jugar. Había mucho ruido, con la música rap sonando a todo volumen y las risas y los gritos de todos tratando de hacerse escuchar por encima de todo aquel barullo.
Una de las hembras estaba demostrando tener mucha habilidad con el juego, mientras que las otras aún demostraban cierta dificultad. De hecho, a Nessa ni siquiera le gustaba el juego, pero participaba debido a la insistencia de sus hermanas.
Y era por esa hembra que Phury observaba a su gemelo.
Sorprendentemente, Zsadist se había unido a todos en la sala, pero como siempre se mantenía apartado en una esquina oscura mientras comía una manzana y no prestaba ninguna atención a todo a lo que allí sucedía.
De hecho, acaba de fijar su atención en él.
—¿Qué? —Le preguntó con su habitual gruñido.
Bien, puesto que le había dado pie, le hablaría. Sabía que había dicho que no lo haría, pero su lealtad era en primer lugar para con su gemelo. Aunque el agobio de salvarlo de sí mismo se tornaba cada vez más insoportable. Se acercó hasta él, para asegurarse de que nadie más los oyera.
—Necesito hablar contigo, Z.
—Conozco esa mirada tuya, vas a empezar de vuelta con uno de tus sermones. Ahórratelo, no me interesa.
—Zsadist, por favor.
—Jódete —le escupió, y se dio la vuelta para salir de allí.
Pero no podía permitirlo. Lo siguió al vestíbulo y lo tomó del brazo para detenerlo, soltándolo inmediatamente, cuando se dio la vuelta y le enseñó los colmillos con un siseo. A Zsadist no le gustaba que lo tocara, a menos que quisiera que lo lastimara.
—Z, por favor —repitió—, solo escúchame un momento, ¿sí?
—No me dejarás en paz hasta que te escuche, ¿no es cierto? —Entrecerró sus ojos—. Bien, escúpelo de una maldita vez —dijo mientras daba un mordisco a la manzana y alzaba una ceja.
—Se trata de Nessa —le dijo.
—¿Qué hay con ella? ¿Te gusta? Pues bien, ya era hora de que dejaras esa estupidez del celibato. Y por cierto, me da igual, así que no entiendo por qué tienes que hablarlo conmigo. Adiós —comenzó a voltearse otra vez.
—¡Espera! —Le gritó.
Zsadist se envaró ante su grito y lo miró con malicia. Phury sintió que un escalofrío le recorría la espalda, pero no era por el peligro que emanaba de esa mirada, sino porque, una vez más, se daba cuenta de que esos fríos hoyos negros sólo devolvían una mirada sin alma. Todavía le dolía no haber podido rescatar otra cosa que sólo el cuerpo de su hermano.
—Zsadist, ella no me interesa. Pero a ti, debería hacerlo. Déjame terminar, por favor —agregó al ver que quería acotar algo—. Z, es tu pupila, debes encargarte de ella. Esa orden no es un capricho, se dispuso así por necesidad, ellas necesitan ayuda y Wrath ha decretado que tu debías dársela a la guerrera Nessa —bien, eso no era del todo verdad, puesto que fue él quien, siguiendo un estúpido impulso, había propuesto a Zsadist para enseñar a Nessa.
—Me importa una mierda lo que Wrath, o cualquiera, diga. No quiero a nadie cerca de mí, y menos a una hembra.
Oh, sí, eso Phury lo tenía muy claro.
—Z, ella podría quejarse ante él, y entonces Wrath tendría que tomar medidas.
—¿Qué parte de “Me importa una mierda” es la que no entiendes?
—Zsadist, esto no solo atañe al Rey, sino también a la Virgen Escriba. Sabes cuales son las consecuencias de desobedecer una orden de ella.
La boca de Zsadist se curvó en una sonrisa burlona, que parecía más aterradora que cualquier otra cosa. Phury sabía lo que estaba queriendo decirle con ese gesto. Sintió una sacudida y que el suelo bajo sus pies se bamboleaba. No. Ni siquiera podía soportar esa idea. Él solo vivía por su gemelo, si algo le sucediera…
Necesitaba un porro. Urgentemente.
—Ella no dirá nada —dijo Zsadist de repente.
—¿Qué? —No podía decir más, aún estaba tratando de mantenerse en pie.
—La hembra pequeña. No dirá nada —repitió mientras le lanzaba una mirada aburrida, como si supiera la razón por la que estaba así y lo encontrara totalmente absurdo. Probablemente, así fuera.
—¿Por qué crees que Nessa no acudirá a nadie? Le estás privando de su entrenamiento.
—Me sigue.
Oh, así que ya había puesto en práctica su plan.
—Te sigue.
—Síp. Se aparece en el gimnasio cuando estoy allí entrenando. Imita mis movimientos.
—Ya veo.
Pero eso aún no era suficiente. Sabía que Nessa quería salir a cazar. Y que Zsadist no le permitiría seguirlo fuera de los muros de la mansión.
—Tienes que llevarla contigo a las calles —le dijo.
—Sabes, deberías sentirte atraído por ella —le dijo, ignorando sus palabras—, según parece, también tiene complejo de héroe.
—Yo más bien creo que es testaruda.
—Ya lo creo —dijo Zsadist con un tono de voz sombrío que no pudo entender.
—La cosa, Z, es que…
—Como bien dijiste, ella es mi pupila —lo interrumpió—. Así que, mi hermano, métete en tus asuntos.
—Tú eres asunto mío —le respondió ya enojado.
—Y desearía dejar de serlo. No haces más que fastidiarme.
—¿Todo está bien por aquí? —Los interrumpió la voz de Rhage.
Hasta ese momento, Phury no se había dado de que Zsadist y él estaban casi nariz contra nariz. Se alejó un paso sin dejar de mirar fijamente a su gemelo.
—¿Phury? ¿Z? —Insistió Rhage.
—Todo está bien, mi hermano —le respondió Phury sin voltearse.
—Ya ¬—dijo Rhage, pasando la vista de unos a otro—. Porque aquí no —continuó—. ¿A alguno le interesa ver como Wrath le arranca la cabeza a ese diminuto demonio que no deja de desafiarlo a una partida de billar?
—¿Diminuto demonio? ¿A qué te refieres, Hollywood? —Preguntó Phury confundido, mirando por fin al vampiro rubio.
—A Nessa, por supuesto —respondió Rhage con una sonora carcajada.
Una ola de frío alcanzó a Phury, sorprendiéndolo. Miró a Zsadist, que ahora miraba fijamente hacia algún punto detrás de Rhage. De repente, se giró hacia él.
—Ve, hermano, e interpreta el papel de héroe que tanto te gusta.
—Sí, creo que será mejor que vayamos, Hollywood. No debemos dejar a una dama indefensa.
—No te preocupes, mi chica de fuego no se le despega de encima, mientras amenaza con matarla ella misma si no cierra el pico de una vez.
Riendo fuertemente, volvió a la habitación.
Phury se dio la vuelta para volver con sus hermanos, no sin antes decirle a Z:
—No olvides lo que te dije.
Zsadist vio a su gemelo desaparecer dentro de la sala de billar.
Dio un fuerte mordisco a su manzana, luchando aún con la necesidad de volver a aquella habitación. No le habían gustado las palabras de Rhage.
Nadie debía hacerle daño al diminuto demonio. Nadie.
Y por eso, no podía ser su jodido tutor o lo que fuera que pretendieran de él.
Incluso dudaba que estuviera bien que ella lo siguiera a los entrenamientos. Pero bueno, en realidad, no tenían ningún tipo de intercambio. Así que no estaba tan mal.
Ahora mismo, Phury velaría por ella. Así que tampoco había de qué preocuparse.
Se dirigió a las escaleras, mientras su humor formaba un sombrío velo que caía a su alrededor.


Había pasado una semana desde que Leliel tuvo aquella fuerte discusión con Rhage. Desde entonces, había estado evitando todo tipo de contacto con él, llegando al extremo de cenar en su dormitorio o en la cocina. No asistió a ningún entrenamiento y se escapó alguna que otra vez para cazar lessers. En su condición no podía quedarse en la mansión a la espera de convertirse en cenizas, al final Nessa tenía razón… era demasiado terca, pero esto le pasaba por confiar en alguien.
Y como si todo el lío que se había armado ese día no le bastara, ahora mismo tenía una reunión con el macho mayor, porque Wrath era eso, hasta que no asumiera como rey. Claro que si sigo divagando, por ahí le encuentro la solución a mis problemas, pero como vivo con ellos hace más de quinientos años, ¿por qué iba a cambiarlo ahora mismo? Que se olviden, antes prefería ser achicharrada.
Se paró frente a la puerta de la oficina de Wrath y dejó escapar un largo suspiro para luego volver a ser la guerrera fría que siempre pretendió ser. Golpeó suavemente y después abrió la puerta encontrándose con Wrath sentado detrás del escritorio distendido, y a Rhage en un lado. Leliel se dio cuenta de que antes de entrar al cuarto, él había estado haciendo un chiste con… ¡Basta! Se gritó a sí misma.
—Me mandó a llamar, Señor —dijo observando a Wrath.
—Así es, Leliel —dijo asumiendo una postura más firme—. Me comentó Rhage que no estás asistiendo a los entrenamientos y creo que habíamos quedado que, más allá de toda diferencia entre ustedes, los ibas a respetar.
Leliel sonrió y tomó una postura más relajada.
—Mmm… Si mal no recuerdo, lo que dije fue que iba a seguir entrenando, lo que no significa que lo vaya a hacer con eso —dijo resaltando la última palabra letra por letra—. Tengo miedo de que luego él tenga que hacer terapia por haber tenido que entrenar a una… ¿Cómo es que me dijiste? —Preguntó mirando a Rhage, quien hasta ahora se mantenía callado.
—¡Oh! Por favor, dejemos las chiquilinadas, hembra —dijo molesto Rhage.
Ella hizo un gesto burlón y levanto las manos agitándolas.
—Oh, oh, disculpe señor maduro, no quise molestarlo, ¿por qué mejor no vas a tirarte alguna humana en el club y me dejas a mi tranquila? ¿Para qué cuernos necesitas entrenarme? Me sé defender muy bien sola. ¿Para qué mierda quieres meterte donde nadie te llamó? —Dijo Leliel mientras comenzaba a elevar la voz.
—Si pudiera elegir lo haría, pero resulta que yo sí acato las órdenes —dijo él subiendo el tono de voz un poco más alto que ella.
—Pues es muy triste entonces, porque en lo que a mí respecta las ordenes me las paso por…
—¡Suficiente! —Gritó Wrath ya harto de escucharlos gritar—. O comienzan a llevarse bien por las buenas o lo van a tener que hacer por las malas.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a encerrar en una habitación con el súper macho? —Hizo una pausa—. Porque de ser así, seguramente otras mujeres, mucho más cualificadas que esta hembra bastarda y maldita, van a estar más que felices de que lo hagas —dijo haciendo énfasis en las dos palabras que tanto la habían herido.
Rhage bajó la mirada, sabía que se había equivocado al decirle eso, pero ella lo había llevado al límite. Y ni siquiera quería recordar todo lo que estuvo rebajándose para pedirle disculpas, pero claro, la muy terca no quería ni verlo. Todavía le ardía uno de sus muslos, que sufrió una gran quemadura cuando se encerró con ella en el gimnasio para obligarla a hablar con él.
—Ya intenté por todos los medios…
—No me interesa —dijo Leliel interrumpiéndolo—. Te lo dije antes y te lo vuelvo a decir ahora: Ahórrate todas las disculpas, porque de esta boca jamás va a salir la frase “Estás perdonado”.
Wrath negó con la cabeza, había que darle crédito a la guerrera, mantendría su postura hasta las últimas consecuencias. Una sonrisa se formó en sus labios, claro que aquellos dos vampiros no pudieron notarla porque estaban muy entretenidos peleando.
—Está bien —dijo elevando la voz para que ambos lo escucharan—. Dije que está bien, ganaste Leliel —Rhage lo miró sorprendido, pero no más que la misma Leliel—. Sólo te pido una cosa.
—Lo que sea si al fin y al cabo van a dejar de molestarme —dijo ella feliz por su triunfo.
Wrath asintió.
—Tienes mi palabra, lo único que te pido es que esta noche salgas con él —la sonrisa desapareció automáticamente de la boca de Leliel, pero antes que pudiera protestar Wrath habló—. Necesito que salgas con él y mañana a primera hora tendrás un nuevo compañero de salida y entrenarás sola. A cambio te pido que salgas esta noche con Rhage.
Rhage miraba a Wrath sin entender nada. Iba a protestar, pero el macho le hizo una seña que Hollywood aceptó sin chistar, algo debía tener planeado… lo único que esperaba es que funcionara.
—Está bien —Leliel estiró la mano para estrecharla con la de Wrath—. Tenemos un trato, Señor —se giró y miró a Rhage—. Andando molestia, que cuanto más rápido lo hagamos, más rápido te liberarás de la bastarda —dijo saliendo del cuarto seguida por él.



 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/05 )
Publicado por: Gise en Junio 09, 2009, 01:18:30 am
CAPÍTULO 9

Raysa seguía dando vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. No sabía el motivo, pero por más que lo intentaba, no se relajaba completamente. Se sentía ansiosa, expectante, como si algo fuera a suceder en cualquier momento.
Apartó las mantas y se levantó de la cama, quizás si daba un paseo o encontraba algo que le entretuviera, el cansancio la vencería y podría dormir.
Tomó la bata blanca que estaba a los pies de la cama y se la puso encima del pijama, no creía que hubiera nadie por la casa a esas horas, pero de todas formas no estaba de más cubrirse un poco.
Dudó unos segundos más y sacudiendo levemente la cabeza salió de la habitación.
Caminó sin rumbo fijo, bajó lentamente las escaleras y se encaminó hacia la biblioteca, que se encontraba en el estudio de Wrath.
La casa estaba en silencio.
Entró al estudio y se dirigió hacia los estantes con libros, pero algo la hizo volverse con sorpresa.
Wrath la miraba fijamente desde uno de los sillones mientras fumaba.
Demonios, dijo el macho para sus adentros. Era como si la hubiese llamado. Desde la noche en el ZeroSum, la hembra estaba en sus pensamientos. Cada entrenamiento se estaba convirtiendo en una tortura, tener su cuerpo cerca, tocarla, sentir su aroma. Gruñó por lo bajo molesto.
—Wrath, pensé que no había nadie… Yo…
El macho se incorporó lentamente y se acercó con calma mientras la interrumpía con voz profunda.
—¿No puedes dormir, Raysa? —Preguntó mientras se paraba a su lado, aspirando su perfume.
Raysa se cerró instintivamente la bata, mientras sentía como su traicionero cuerpo respondía a la cercanía del macho.
—Vine a buscar un libro, pero ya me marcho, no quise interrumpirte —dijo con una firmeza que estaba lejos de sentir mientras se encaminaba hacia la puerta.
El macho sonrió levemente, divertido por la incomodidad de la guerrera.
—Si quieres, puedes tomar cualquier libro de la biblioteca, ¿no viniste a eso, acaso? Además, puedes estar tranquila, no interrumpiste nada —dijo suspirando profundamente—. Yo tampoco puedo dormir, me siento algo inquieto esta noche.
Raysa se acercó con cierta cautela.
—Pues sí, gracias, me llevaré un libro si no te molesta —sin pensarlo se estiró para tomar un ejemplar que se encontraba a un lado, rozando con su cuerpo a Wrath, quien enseguida se tensó.
Wrath se movió rápidamente arrinconándola contra los libros. Apoyó los brazos a los lados del cuerpo femenino cerrándole el paso.
Acercó su rostro al de ella y susurró contra sus labios:
—¿No vas a preguntarme por qué no puedo dormir, Raysa? ¿No te preguntas por qué tú tampoco puedes dormir? —Dijo mientras le hacía notar su excitación acercando su cuerpo aún más.
Raysa miró al macho. Como le gustaría ver sus ojos en este momento, pensó, mientras levantaba la mano como en trance y la acercaba al rostro masculino.
—No, no me lo he preguntado, pero de todas formas, eso no interesa ahora ¿verdad? —Dijo mientras le rozaba los labios con suavidad y tocaba las gafas—. Quiero ver tus ojos, Wrath —le susurró con voz ronca, olvidando toda cautela.
Se sintió tentado de darle una brusca respuesta y alejarse, era lo que siempre hacía cuando algo no le gustaba o le incomodaba, pero sin entender completamente por qué, no quería alejarse de ella. Todo lo contrario, quería tenerla tan cerca que su cuerpo se fundiera con el suyo. Deliberadamente, ladeó el rostro alejándose de su mano.
Acercó los labios a su cuello mientras murmuraba;
—¿Para qué quieres ver mis ojos cuando puedes ver otras partes de mi cuerpo que serían de tu agrado? —Finalizó mientras raspaba con los colmillos la piel y sentía los estremecimientos de la hembra, el rugido de su sangre, el deseo. Mía, resonó en su mente. Lo estaba volviendo loco, lo estaba dejando sin control, y el no podía permitirse eso. La guerrera le gustaba, quería poseerla, pero no podía permitirse nada más.
Raysa quería dejarse ir, quería dejarse llevar por esas sensaciones nuevas que recorrían su cuerpo, pero en el fondo le molestaba que no la dejara mirarlo.
Con un esfuerzo inmenso, apartó a Wrath, se liberó de su cuerpo y murmuró con la voz ronca por la pasión no satisfecha:
—Creo que mejor voy a descansar, mañana tenemos entrenamiento —dijo mientras lo miraba.
Wrath estaba sorprendido. Estaba convencido que esta vez terminarían con ella donde la quería, que esta vez sería suya. Sin embargo podía percibir que algo la había molestado, la había dejado inquieta.
—Raysa, no es necesario que te recuerde…
La hembra no lo dejó continuar, ya que le contestó con rapidez:
—Ya sé, Wrath, me recordarás la pequeña charla que tuvimos. Pero no es necesario, la recuerdo, simplemente voy a ignorarla.
—No puedes ignorar por siempre esto, guerrera, está allí y cada vez es más fuerte, cuanto más te resistes, más haces crecer mi deseo —gruñó por lo bajo—. Pero no soy un animal, esta noche dejaré que duermas sola, anhelando mi cuerpo como yo estaré anhelando el tuyo.
Raysa no supo qué responder. ¿Qué se suponía que debía contestar? Nunca había estado en una situación así, nunca un macho había deseado yacer con ella. Nunca nadie le había dejado tan en claro su deseo.
Wrath se acercó a ella y la joven retrocedió instintivamente.
—Sólo voy a acompañarte a tu cuarto, no tienes nada que temer —soltó molesto mientras salían de la oficina y en silencio se dirigían hacia el cuarto de ella.
Ambos eran conscientes de la tensión que se había hecho presente entre ellos.
Antes de lo que pudieran imaginar, estaban frente a la puerta de la habitación de Raysa, quien suspiró suavemente y lo enfrentó:
—Bueno, supongo que nos veremos en un rato —dijo con un hilo de voz. Quédate, pensaba dentro suyo. Por favor no te vayas, clamaba la voz suplicante. ¿Le dolía el corazón? ¿Por qué sentía esas ganas de llorar? ¡Demonios! Se dijo, entra ya, antes de humillarte más.
Wrath la miraba fijamente a través de las gafas y realmente deseó poder ver su expresión, su voz sonaba rara, deseaba quedarse, deseaba hacerla suya.
—Nos veremos en el entrenamiento, no llegues tarde, no acepto excusas —dijo serio y altivo mientras observaba como desaparecía dentro de la habitación.
Raysa cerró suavemente la puerta y se apoyó en ella un momento. Sentía una opresión muy grande en el pecho, y le estaba costando controlar sus poderes, los sentimientos eran muy fuertes, muy nuevos. Deseaba a Wrath como nunca se había permitido desear a algo o a alguien. Era como si otra persona hubiera tomado su lugar desde que llegó a la mansión. Cerró los ojos. Él tenía razón, dormiría sola, pero ya anhelaba su cercanía. Se dirigió con pasos cansados hacia la cama.
Wrath observaba la puerta cerrada. En su interior, estaban librando una batalla colosal la razón y el deseo.
Con un gruñido bajo, sólo dijo “Mía” antes de abrir con fuerza la puerta que lo separaba de su hembra.
Raysa estaba dejando la bata sobre la cama cuando el sonido de la puerta la sobresaltó haciéndola girar bruscamente para enfrentar al extraño. Sólo que no era un extraño, delante de ella estaba un excitado Wrath que la observaba como un depredador que acecha a su presa. Apenas notó que la puerta se cerraba nuevamente y el cerrojo haciendo lo mismo.
Wrath dio un respingo cuando vio a Raysa cubierta sólo por el pijama blanco. La seda acariciaba su cuerpo. Abrió y cerró las manos, podía sentir ya la suave textura de la piel. Dejó de pensar y guiándose por sus instintos más básicos, cruzó la distancia que los separaba y la abrazó tan estrechamente que sus cuerpos parecían uno. Tomó la boca femenina con hambre, como si fuera la última vez que probara sus labios.
Ella gimió y se abrazó a su cuello dejando atrás toda resistencia, todo temor. Acarició los suaves mechones y le devolvió el beso con ansias.
Wrath avanzó hacia la cama sin dejar de besarla.   
La habitación estaba en penumbras. Aún así llegaron a la cama y la hizo recostar sin separar sus labios de su boca.
Su sabor era dulce, su lengua atormentaba la de ella, mostrándole, enseñándole. Cuando la escuchó gemir, sonrió para sus adentros.
Por fin la haría suya.
Se separó un momento, mientras se quitaba la chaqueta y de un tirón los botones salieron disparados al igual que la camisa.
Recostada en la cama, Raysa observaba maravillada el cuerpo del macho, y sin pensar, extendió sus manos hasta apoyarlas en el pecho masculino y deslizarlas acariciando su torso.
Wrath jadeó cuando sintió la caricia, quería ir despacio pero estaba muy cerca de perder el control.
Lamió el contorno de su boca, la curva del cuello, sintiendo como latía su vena. Siguió bajando y besó uno de los pechos a través de la seda, regocijándose al escucharla gemir.
Raysa sentía su cuerpo lleno de sensaciones dulces, sensuales, un calor creciente la recorría e iba en aumento.
Wrath la hizo incorporar un poco para liberarla de la parte superior del pijama.
El primer instinto de ella fue cubrirse con vergüenza, ningún macho la había visto de esa forma.
Cubrió las manos de la hembra, deslizándolas para que se descubriera ante él.
Acarició los pechos con reverencia. Buscó su boca nuevamente, penetrándola con la lengua, lamiendo sus labios. Dejó un reguero de besos húmedos por su mandíbula, su cuello y bajó hacia sus pechos nuevamente, succionando los pezones, rozándolos con los colmillos, provocando estremecimientos en la hembra.
Deslizó la boca hacia su estómago, atormentando su ombligo, sintiendo las ondulaciones del vientre, cuando se topó con la otra parte del pijama lo deslizó por las caderas, dejando al descubierto la minúscula ropa interior de seda, mientras le sacaba el pantalón acarició las suaves y largas piernas de la hembra. Tiró la prenda con descuido.
Quería besarla nuevamente, no se cansaba de su sabor, cuando sintió el contacto de los pechos femeninos contra su torso perdió el control.
Se extendió sobre ella, mientras se colocaba entre sus piernas, sus manos vagaban por todo el cuerpo de la hembra que yacía casi desnuda bajo él, haciéndolo sentir poderoso como nunca antes, y sin embargo vulnerable a la vez.
Raysa se sentía perdida, el calor en su vientre y más abajo iban creciendo y era casi insoportable, dulcemente insoportable, jamás había experimentado algo así, debería sentirse avergonzada, pero en su interior lo sentía correcto. Sintió como el cuerpo del macho se apretaba contra el suyo, la piel de ambos estaba cubierta por una leve capa de sudor. La excitación de Wrath presionaba contra su centro, lo único que deseaba era tenerlo dentro.
—Tengo que saborearte por completo Raysa —gruñó abandonando su boca y deslizándose hacia abajo.
Se quitó las gafas, las dejó sobre la mesa de noche y cubrió su cuerpo nuevamente.
Desgarró la minúscula prenda que se interponía en su camino, deslizó las enormes manos abriéndole las piernas con cuidado, colocó la boca sobre su centro y besó la delicada piel provocando gemidos en la hembra, el orgasmo llegaría en cualquier momento. Su miembro palpitaba por las ansias de hundirse en ella.
Raysa sentía que algo la arrastraba, el placer era demasiado y por un momento se asustó.
—Déjate ir, Raysa, estoy aquí, nada va a pasarte. Sólo siente, libérate para mí —dijo con voz ronca, mientras volvía a tomarla con la boca.
Ella sintió que su mundo estallaba en pedazos, su cuerpo se convulsionaba mientras, su cabeza caía hacia atrás, de sus labios salía el nombre de Wrath con un gemido profundo.
La llevó a la cima una y otra vez, no se saciaba de su sabor, era tal y como lo había imaginado, pero necesitaba estar dentro de ella, poseerla por completo.
Se incorporó tomando su boca e introduciendo la lengua, mordisqueó los labios, la tentó una y otra vez, sintiendo como las manos de Raysa vagaban por su espalda. Rápidamente se apartó el tiempo necesario para quitarse los pantalones.
Raysa contuvo el aliento cuando lo vio completamente desnudo y vio por primera vez su excitación. Era enorme. El miedo visitó su mente unos segundos.
Wrath acarició su rostro suavemente, recorrió su cuerpo con las manos, besó los labios despacio, tratando de controlar su deseo para no lastimarla.
Sintió como su miembro presionaba contra la entrada de su cuerpo y susurró contra la boca masculina:
—Serás el primero, por favor sé cuidadoso —le dijo mientras lo besaba nuevamente, tomando la iniciativa, provocándolo. Envolvió sus caderas con las piernas, acercándose más aún. Deslizó una mano tocando la suave longitud, maravillándose ante su suavidad.
Wrath gimió cuando sintió el contacto de la hembra.
—Trataré de ser lo más cuidadoso que pueda —dijo mientras se posicionaba mejor entre sus piernas.
Sintió la erección dura, grande, presionando su entrada.
—Simplemente hazlo, por favor, necesito tenerte dentro mío, Wrath, quiero que estés en mi interior de todas las formas posibles —dijo acercando más su cuerpo y bajándole la cabeza para besarlo con fuerza.
Con un rápido movimiento empujó hacia delante y se deslizó en su interior rompiendo la barrera.
El dolor la dejó sin aire, era crudo. Su primera reacción fue tensar su cuerpo y tratar de separarse, pero fue solo un momento. La emoción de tenerlo por fin dentro de su cuerpo borró toda molestia, todo dolor.
Wrath se quedó muy quieto. Sin moverse, la acarició, tomó su boca nuevamente, mientras sus manos vagaban por sus pechos, dándole placer nuevamente. Cuando notó que la hembra se relajaba y respondía a sus caricias, comenzó a moverse lentamente.
Raysa sentía como el placer la embargaba, cerró los ojos ante la fuerza de las sensaciones, sus pelvis unidas. Con cada embestida el placer aumentaba, se sentía plena, colmada por el macho, abrumada por su plenitud.
Wrath gruñó ante el goce que estaba experimentando, Raysa se ceñía a él como un guante, era como si estuviera hecha a su medida.
Reclamó su boca con un beso salvaje, jugando con su lengua, penetrándola. Mía, por fin rugió la voz en su interior mientras aceleraba las embestidas.
Abandonó su boca y siguió el camino por la garganta hasta capturar uno de sus pechos.
Raysa sentía que iba a estallar de nuevo, estaba en el límite nuevamente, jamás se imaginó que estar con un macho le daría tanto placer, que el sexo sería de esta forma. No es sólo sexo, dijo una vocecita dentro de ella, es por él, no estarías haciendo esto con otro macho que no fuera él.
Gimió y abrió los ojos ante la revelación. Sin pensarlo, tomó el rostro masculino y lo miró por primera vez sin lentes. Tenía los ojos cerrados, las negras y gruesas pestañas acariciaban sus mejillas. Acarició su boca con los dedos antes de acercarlo y besarlo profundamente, no se cansaba de hacerlo, le gustaba su sabor. Deslizó la lengua por los labios y se introdujo en su boca, rozando los colmillos, acariciando su paladar, penetrando en su boca como él lo hacía con su cuerpo, imitándolo, haciéndolo gruñir de placer.
Wrath estaba perdido, no tenía control, las arremetidas eran cada vez más potentes, no sabía cuánto iba a durar, el orgasmo estaba casi sobre él. La boca de la hembra lo estaba volviendo loco. Sintió el momento justo en que a ella le golpeó nuevamente el orgasmo. El cuerpo femenino se arqueó debajo de él, mientras Raysa gemía su nombre. Aceleró las embestidas buscando su liberación, el ritmo se volvió urgente, la velocidad aumentó, estaba fuera de control. Quería marcarla, quería su olor sobre ella, quería que todos supieran que era suya, que había sido el primero.
Con un rugido alcanzó el éxtasis. Espasmos violentos recorrieron su cuerpo, el caliente líquido salió disparado dentro de ella en temblores que sacudían todo su cuerpo. Antes de que pudiera detenerlo, el aroma de la vinculación invadió la habitación, mientras se desplomaba sudoroso y jadeante sobre ella.
Raysa recibió el peso de su cuerpo, envolviéndolo con los brazos y las piernas, lo sostuvo mientras sentía el roce de los labios contra su cuello. Olisqueó el aire y el aroma a oscuras especias llenó su nariz y sus pulmones. Aspiró profundo, deleitándose con el aroma del macho en su piel. Acarició con las yemas de los dedos la musculosa espalda, deleitándose con la firmeza de la piel, deslizó las manos suspirando tranquilamente.
Wrath no quería alejarse. Demonios, la había marcado, su deseo fue más fuerte, y a pesar de las dificultades que le iba a acarrear este despliegue de machismo de su parte, se sentía bien allí, entre sus brazos. ¿Qué te pasa idiota? Deja de comportarte como un tonto. Aléjate. Ya tuviste lo que querías. Déjala.
Gruñó por lo bajo tratando de liberarse de la maldita voz en su cabeza. Se incorporó un momento antes de suspirar, cuando sintió su boca en su mejilla y la caricia sobre su cabello. Jamás imaginó que la guerrera fuera capaz de ser tan tierna, de calmarlo con solo una caricia, de acallar la voz que lo torturaba.
Se inclinó y la besó sin presiones, solo con ternura, con agradecimiento. Deseó poder verla, grabarse en la memoria su expresión. Se separó y deslizó la enorme mano por su rostro, estudiándolo. Abrió los ojos fijando su pobre vista en su rostro.
Raysa suspiró y amoldó su rostro a la caricia, lo miró y contuvo el aliento cuando vio sus ojos. Eran de un color verde tan claro como nunca había visto, bordeados por gruesas y tupidas pestañas negras. Algo en ella se encendió, no supo por qué, pero la pregunta escapó de sus labios en un murmullo ronco:
—¿No puedes ver verdad? —Le dijo mientras acariciaba su rostro suavemente—. Todo este tiempo me estuviste ocultando eso, ¿no es cierto, Wrath?
Wrath se tensó intentando apartarse sin conseguirlo, ya que ella había tomado su rostro entre las manos. Frunció el ceño y dijo bruscamente:
—¿Te molesta? ¿Temes que no pueda entrenarte? ¿Estás decepcionada, verdad? Tú…
Raysa apoyó la mano sobre su boca haciéndolo callar:
—¿Cómo podría molestarme eso? Tú me ves Wrath, me has visto más de lo que nadie lo ha hecho nunca.
Sacudió la cabeza en forma terca:
—Pero estoy ciego, Raysa. ¿Eso no te molesta? Mis ojos son inútiles. ¿No me hace menos a tus ojos?
Ella lo miró incrédula mientras le respondía:
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Por qué habría de molestarme? Es todo lo contrario, hace que te admire, Wrath. Eres un guerrero aún más fuerte de lo que imaginé, me sorprende que pienses que tendría otra reacción. ¿Qué te sucedió?
Wrath se relajó levemente mientras le respondía aún con un deje de tensión:
—Nací con poca visión y luego de la transición solo empeoró, y seguirá empeorando a medida que pase el tiempo —dijo mientras acariciaba su cabello.
—Eso quiere decir que puedes ver algo. ¿Puedes verme?
Wrath asintió mientras deslizaba la mano por las suaves ondas.
—Puedo ver tu cabello desparramado en la almohada, me gusta cuando acaricia tu espalda. Sé que eres hermosa, más hermosa de lo que imaginé al principio —dijo deslizando las dedos por el contorno de su rostro, estudiándola, memorizando sus rasgos. Se inclinó y la besó brevemente y sonrió cuando ella se estremeció—. No necesito mis ojos para sentirte, Raysa.
Se inclinó y rozó su cuello con los labios, raspó con los colmillos la vena, deseando hundir sus colmillos en ella.
Raysa gimió arqueando su cuerpo bajo él, sintiendo su erección presionar nuevamente contra su centro.
—Tu olor me excita de una manera que ni te imaginas, me pongo duro solo de sentir tu aroma. También me gusta cuando dices mi nombre. Dilo, Raysa, di mi nombre —dijo mientras besaba sus pechos.
—Wrath, por favor… —gimió, envuelta en deseo nuevamente.
El macho sonrió con satisfacción mientras gruñía en forma primitiva ante la respuesta de la hembra.
—Te deseo tanto, que no creo que me sacie nunca de ti —mientras decía esto, dejó todo pensamiento atrás. Estaba donde quería estar y tenía a su hembra donde quería, bajo su cuerpo y diciendo su nombre. Lo abrumó el sentimiento de posesión que sentía hacia la hembra.
Mía, pensó antes de sumergirse nuevamente dentro de ella.


Butch se encontraba en el gimnasio haciendo sus ejercicios de calentamiento. Había quedado con Vishous para practicar un poco, todavía le costaba manejar ese cuerpo.
—¡Hey! Poli tranquilo… solo es un saco de boxeo.
Hizo un gesto con la boca, era increíble el grado de amistad que compartía con el hermano, desde un primer momento hubo una conexión, como si él fuera una extensión suya, había algo los conectaba.
Después de tres horas completas de artes marciales, boxeo e insultos, los dos terminaron agotados.
Vishous tomó unas toallas y le paso una.
—¿Y cómo va todo con Kytara?
—Bien, es muy buena con las armas de fuego y ni te cuento con las artes marciales, parece que por momentos ella es la que me enseña —dijo muy orgulloso de su guerrera.
—¿Es orgullo lo que percibo, poli, u otra cosa?
En el fondo, Vishous sabía la respuesta, pero necesitaba escucharlo de sus labios y confirmar sus sospechas, su compañero estaba metido mucho más de lo que dejaba ver.
Butch largó un suspiro, pasando una mano por sus cabellos transpirados.
—Te juro, hermano, que no lo sé. En un momento determinado siento que está conmigo pero al siguiente, no quiere saber nada —otro suspiro—. Ella es especial.
Con eso ya estaba todo dicho. Iba a perder a su hermano, él siempre lo había sabido, pero igual dolía.
En ese momento se abrieron las puertas del gimnasio.
—Lo siento, no sabía que estaba ocupado —Kytara miró a los guerreros. Por la Virgen Escriba, que perfectos que eran.
—No, está bien Kytara, quédate —soltó Butch con un tono de ansiedad.
Vishous fue testigo mudo de ese encuentro. Se notaba que ambos se buscaban, que querían estar uno cerca del otro, pero algo los separaba, o alguien. Se veía en los ojos de Kytara un juego de emociones, desde felicidad hasta el pesar y en los del hermano, solo dicha mezclada con deseo.
—¿No han visto a Nessa? —Preguntó mirándolos. Cuando de repente sintió en su pecho dolor, sólo vino a sus labios el nombre de Leliel. Estaba herida y tenía que ir por ella…
—¿Que pasa Kytara? —Preguntó Butch al ver el cambio en los ojos de la guerrera.
—Leliel está herida y tengo que ir por ella —se preparó para desmaterializarse, cuando la voz de Vishous la detuvo.
—Espera, por lo que sé, está con Rhage y puede que nos necesiten.
Los tres se desmaterializaron al garaje, donde subieron al auto de Vishous, y fueron en busca de ellos.


 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/05 )
Publicado por: Gise en Junio 09, 2009, 01:21:08 am
CAPÍTULO 10

Hacía una hora que habían abandonado la mansión. Desde entonces Leliel no había pronunciado palabra, por el contrario, Rhage intentaba que hablara de algo. Pero si había que reconocerle algo a la guerrera, era su terquedad. Suspiró, ya cansado y molesto por la situación.
—Creo que se nos haría mucho más corta la noche si habláramos de algo —Dijo intentando aminorar la tensión entre ellos.
—No me gusta conversar mientras patrullo —dijo ella muy seca—. Si quieres hacer relaciones sociales, puedes irte a buscar a otra persona, nadie se va a enterar de que no estabas conmigo —habló Leliel mientras apresuraba el paso intentando dejarlo atrás, lo cual era bastante complicado debido a las zancadas que él daba.
—¿No puede haber una tregua? —Dijo tomándola del brazo, que estaba cubierto por un guante, y girándola para que lo viera de frente—. Vamos, Lel, una tregua —habló en un tono bajo y seductor.
Ella se soltó de su agarre de manera brusca.
—Punto número uno —dijo marcando con su dedo—, para ti soy Leliel. Y punto número dos —dijo volviendo a marcar con su otro dedo—, ¿qué parte de “No”, no has entendido? —Preguntó con ironía—. ¿Es que acaso quieres que te empareje la otra nalga?
Rhage siseó recordando el dolor.
—Mmm… voy a comenzar a pensar que estás cortejándome —dijo divertido—. Siempre te comportas así con los machos, ¿no? Ahora entiendo por qué estás sola —habló antes de poder frenar sus palabras. Definitivamente seguía cagando la situación entre ellos.
Se preparó, esperando que lo atacara con algo, pero no recibió nada de eso… Ella solamente se limitó a adelantarse para caminar sola.
Leliel sintió una punzada de dolor por la realidad que le había hecho ver. Era verdad, ella estaba sola porque tenía un carácter de mierda, porque jamás había sido una hembra muy social. No tenía un físico atractivo, tenía el cuerpo muy trabajado para ser una hembra. Y sobre todo estaba maldita.
Hacía quinientos años atrás era un guerrero y nunca nadie habría estado tan demente como para fijarse en ella como una hembra. Era muy respetada, pero solo por ser un guerrero y defender a la raza. Jamás había sentido el cariño de un macho, jamás ninguno había querido emparejarse con ella. Siempre le tuvieron miedo… Por supuesto que no los culpaba, ¿quién querría estar cerca de alguien que podía explotar, literalmente, en cualquier momento?
—El hecho de que esté sola es una decisión mía, pura y exclusivamente mía —giró sobre sus talones y lo miró a los ojos—. Comienza a controlar esas palabras, porque no siempre puedo contener mis ganas de convertirte en extra crujiente.
Rhage iba a hablar, pero ella lo tiró hacia un lado. La observó, tirado en el suelo, mientras abría batalla contra dos lessers.
—¿Es que no te cansas de que te salve el culo? —Preguntó mientras con su mano transformada en una antorcha y se encargaba de pulverizarlos.
De la nada aparecieron cuatro más, entonces Rhage dio batalla junto a ella.
Un ruido extraño la desconcertó y eso le costó caer con una herida en el abdomen. Maldijo por lo bajo cuando vio la sangre en sus manos. Leliel levantó la vista para ver donde estaba Rhage, intentó levantarse para hacerle saber que estaba bien, pero un dolor agudo la hizo flaquear y caerse nuevamente. Jadeó y respiró profundamente, sabía que con algo del calor de su cuerpo pronto sanaría.
De repente, hubo un destello de una brillante luz blanca y Leliel se vio obligada a cerrar los ojos por la claridad repentina. El terror la atravesó cuando el rugido de una bestia retumbó a través de la noche y mucho más cuando vio en lo que Rhage se había convertido. Era una especie de dragón cubierto de iridiscentes escamas moradas y verde lima. La cosa tenía una cola acuchillada con lengüetas, garras amarillentas y una negra melena salvaje.
Leliel se olvidó de su herida y observó con asombro la escena que se estaba desarrollando a metros de ella. Vio como la bestia desgarraba el cuerpo de los lessers y de pronto comprendió porque él la entendía… Claro que ahora mismo no era momento de comprender nada. Lo siguió con la mirada mientras buscaba más cosas para destrozar, y entonces tuvo la loca idea de acercarse.


Kytara había llegado junto a Vishous y el poli. Como siempre, la unión entre sus hermanas le había dejado sentir cuando Leliel había sido herida.
Cuando llegaron al lugar, quiso correr a ayudarla pero Butch se lo impidió y la oculto detrás de unos arbustos.
—No podemos ir —dijo él casi susurrando.
—¿Estás loco? —Dijo gritando Kytara—. No pienso dejarla con eso.
—No creo que esté en peligro —dijo V, sorprendido—. Nunca nadie se había podido acerca a Raghe mientras estaba la bestia, no hay forma de que reconozca a nadie.
Kytara observó de lejos como Leliel se acercaba al dragón. Desde allí parecía que estaba hablando. Los tres veían como ella se acercaba con cautela, la posterior confusión de la bestia y por último una especie de redención por parte de él.


Leliel estaba a escasos metros de Rhage, o lo que fuera que sea.
—Tranquilo, muchacho —dijo cuando la bestia gruñó—. No te voy a hacer nada, no tengo intenciones de terminar como los chicos malos —ella extendió su mano muy lentamente para acariciar su piel, se sentía suave. Después de todo no era feo siendo una especie de dragón. Por alguna razón, tuvo la necesidad de abrazarlo y cuidarlo—. ¿Por qué no terminamos con esto y te ayudo a volver a casa, sí? —Preguntó de una manera suave y dulce. Jamás hubiera imaginado que podía existir una faceta dulce dentro de ella. Pero sin embargo ahí estaba, intentando calmar al dragón.
La bestia ronroneó, y frotó su hocico suavemente en un costado de ella para luego dejar su cabeza descansando sobre sus patas delanteras. Hubo un brillante destello de luz tras el que se pudo ver a Rhage de nuevo, cubierto de sangre negra y temblando de frío.
Leliel jadeó ante el brusco cambio, antes de que pudiera darse cuenta siquiera de lo que estaba haciendo, se quitó el abrigo que tenía e intentó cubrirlo, claro que su metro ochenta y cinco quedaba muy atrás de los dos metros diez de Rhage.
Concentró toda su temperatura en las manos de forma cuidadosa para poder darle calor.
—¿Cómo cuernos te llevo a la mansión, Rhage? —Dijo en voz baja. Él siseó cuando sintió el calor de ella sobre su piel—. Shhh… Tranquilo —dijo suavemente Leliel, concentrándose para que el calor solo calentara su cuerpo y no lo lastimara—. Soy yo, Leliel, estás a salvo.
—¿Estás bien? —Preguntó, adolorido, intentado enfocar la vista, pero sin ningún resultado.
Sintió como se oprimía su pecho, él había pasado de ser un vampiro a un dragón y de vuelta a ser un vampiro, pero estaba preocupado por ella.
—Sí, grandote, estoy bien —dijo intentando disimular la gran confusión que sentía dentro suyo.
—Lel, ¿estás bien? —Preguntó Kytara que llegaba junto con Vishous y Butch. Intentó corroborar si tenía alguna herida, pero su hermana se negó.
—Luego, Kytara, hay que llevarlo a la mansión —dijo Leliel sujetándose la herida que tenía en el abdomen. Dolía como la mierda, pero poco le importaba.
Mientras, los dos machos ayudaron a cargar a Rhage. Kytara y Leliel los seguían de cerca mientras se dirigían hacia el auto.
Leliel no despegaba la vista del macho.
—Yo… —hubo un silencio—. Yo…
—Lel, está todo bien, pero tendrías que dejarme ver la herida —dijo Kytara intentado no hablar muy alto y con calma, sabía que podría ser catastrófico hacerla enojar ahora mismo. Podía sentir la confusión, el miedo, y la angustia de su hermana. Quería ayudarla, poder decirle que todo iba a estar bien. Pero no estaba muy segura de lo que iba a pasar.
Leliel sonrió.
—Estoy bien, todavía camino —dijo guiñándole un ojo.
Rhage gruñó cuando Butch y Vishous lo colocaron en el auto.
—Tranquilo, Hollywood, te llevaremos a casa.
—Leliel —llamó con poca fuerza—, ¿dónde está? —Preguntó agarrando de la camisa a Vishous.
Los machos se miraron entre sí y sonrieron.
—Vuelve con Kytara, no entramos todos en el auto, Rhage —dijo Vishous, a lo que Rhage respondió con un gruñido—. Tranquilo. No estás en condiciones de pelear —hizo una pausa—, pero si quieres que venga, seguro que al poli no le va a molestar acompañar a Kytara —dijo con un alto grado de sarcasmo y por qué no, un poco de celos.
Leliel se acomodó en el asiento del acompañante a pesar de las protestas de Rhage. Se sentó en el asiento de manera tal que podía estirar su mano. Desde algún lado de su consciente o inconsciente, le brotaron ganas de acariciar su cabello, y lo hizo, a pesar de la extraña mirada que le había dedicado Vishous. Tenía una gran cantidad de preguntas y muchas dudas, pero no podía pensar en ninguna de ellas ahora mismo.
Cuando llegaron a la mansión, ayudó a Vishous a cargar el peso muerto de Rhage. A pesar de tener una gran complexión, le estaba costando demasiado cargarlo, sobre todo, debido a la herida en el abdomen, que había comenzado a sangrar nuevamente.
—¡Mierda! —Dijo cuando vio que la mancha de sangre se volvía fresca.
Vishous la miró y arqueó una ceja.
—¿Por qué no nos dijiste que estabas herida? —Preguntó serio.
Ella suspiró cansada.
—Porque puedo curarme sola —dijo de manera cortante—. Además, nuestro amigo, el grandote está en peores condiciones —dijo restándole importancia a su herida.
Entraron a la habitación de Rhage. Después de preparar el baño, Leliel con Vishous lo colocaron en la bañera.
—Muchas gracias. Ahora ve a curarte esa herida —ella iba a protestar pero él levanto la mano—. Así no puedes cuidar de nadie, y si tus intenciones son esas… —dejó un suspenso de segundos, para luego volver a hablar—. Porque sé que lo son, mejor que estés en buenas condiciones, tiene el mismo proceso de recuperación que tú.
Leliel no dijo nada, no supo si fue porque el macho tenía más claro sus sentimientos que ella o porque se sintió intimidada.


Definitivamente, no me sentí intimidada. ¿Entonces es porque el macho sabe más de lo que yo sé? Mierda, Leliel, era solo una batalla más del montón, no había necesidad de toda esta mierda de sentimientos, pensó mientras se terminaba de bañar.
No le había llevado nada de tiempo curar la herida, a pesar de haber usado mucha energía manteniendo caliente el cuerpo de Rhage.
Ella colocó una toalla alrededor de su cuerpo y salió del baño, secándose el cabello.
—Era hora de que salieras, mujer —dijo Kytara sentada a los pies de la cama.
Leliel dio un respingo y saltó hacia atrás.
—Dios, Ky, casi me matas de un susto —dijo mientras se dirigía hacia una cómoda—. ¿Pasó algo, que estás aquí? —Preguntó mientras se colocaba la ropa interior.
—Nop, solo vine a ver como estabas —dijo ella, observándola sin perder detalle.
Leliel le mostró el abdomen.
—¿Feliz? No hay marcas ni nada. Estoy bien, Ky, sólo fue un descuido mío —dijo mientras terminaba de colocarse unos pantalones tipo bermudas—. ¿Tú qué hiciste mientras volvías? —Preguntó picarona colocándose un top de entrenamiento.
—Nada que no se pueda esperar. Supongo que nos debemos una charla entre las cuatro —respiró profundamente—. Más que nada, después de que Raysa se haya vinculado —Kytara abrió la puerta y la miró—. Supongo que no vas a pasar la noche en tu habitación, ¿no?
Leliel bajó la vista.
—No es por sentirme culpable. Ky, yo… —pero Kytara la interrumpió.
—No pedí explicaciones, sólo era un comentario —le sonrió abiertamente—. Que descanses, Lel —dijo y luego salió del cuarto.
—¡Oh, perfecto! Ahora resulta que todo el maldito mundo sabe más que yo. Sólo falta Nessa diciéndome: "Si no fueras tan terca, te darías cuenta de las cosas" —dijo imitando la voz de la guerrera, antes de salir de la habitación.
Respiró profundamente antes de llamar a la puerta. Se sentía como una estúpida teniendo miedo. No, no era miedo, era vergüenza.
Por favor, ¿justo tú, vergüenza? Se reprochó a sí misma. Estaba por irse cuando alguien abrió la puerta.
—Ah, eras tú —dijo Vishous dándole paso—. Te estaba llamando, quería saber cómo estabas —dijo señalando a Rhage, que estaba recostado en la cama. Ella sintió como sus mejillas se ruborizaban, estuvo a punto de bajar la mirada—. Me voy a dormir, cualquier cosa, llámanos. De todos modos, va a dormir largo y tendido —dijo para luego cerrar la puerta tras él, dejándola ahí parada sin saber qué hacer, otra vez sorprendida.
Ella se giró y lo vio descansando. Dudó en decirle que estaba ahí, pero prefirió no molestarle. Entonces se dirigió al sofá que había en un rincón de la habitación y se acurrucó ahí mismo, intentando despejar su mente.
Desde la penumbra, observaba el cuerpo del macho. Su vientre estaba algo abultado y no había recuperado del todo su color habitual. Leliel estaba tratando de ordenar sus pensamientos, esa noche habían pasado demasiadas cosas y estaba tratando de asimilarlas de la mejor manera posible.
Definitivamente era todo demasiado extraño, nunca le había pasado… O sea, jamás nadie se había preocupado por su bienestar. ¿Y ella? Sólo sufría si alguna de sus hermanas sufría.
No, Leliel… no…, dijo comprendiéndolo. Vete de la habitación, abandona la mansión antes de que él lo sepa. Jamás podrías emparejarte, no tienes permitido enamorarte. Pero a pesar de las suplicas de su mente, se quedó ahí. Sentada. Esperando que él reaccionara.
No supo cuanto tiempo había pasado, hasta que Rhage se movió y dejó escapar un gruñido. Saltó del sofá y fue hasta un lado de la cama.
—¿Estás bien? ¿Necesitas algo? —Preguntó suavemente.
Él sonrió cuando escuchó su voz. A pesar de estar dolorido de pies a cabeza, su cuerpo reaccionó a su voz y se tensó.
—Sí, a ti desnuda y debajo de mí —dijo mientras a tientas buscaba tener contacto con ella.
Leliel tomó su mano, y mucho antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, había besado la palma de la mano de Rhage.
—Mmm… No creo que estés en condiciones de pedir esas cosas —dijo sorprendida por su comentario.
Rhage dejó escapar una pequeña risa.
—Eso significa que… —ella lo silenció posando un dedo en los labios de él—. Eso significa que no estás en condiciones de pedir nada —dijo peinando su cabello—. De verdad, Rhage, ¿qué necesitas?
Él dejó escapar un suspiro de cansancio.
—Sólo recuéstate conmigo.
Leliel sintió como su pecho se oprimía y en su estómago comenzaban a danzar mariposas. Se rió ante el pensamiento tan al estilo de Raysa. Entonces hizo lo más sorprendente de todo: Corrió las sábanas y se acurrucó sobre el pecho de él.
Ninguno de los dijo nada, simplemente se limitaron a hacerse compañía. Mañana sería otro día y hablarían de todo lo que ellos quisieran.


Horas más tarde, Leliel se despertó por un golpe molesto.
Abrió los ojos y le costó un poco reflexionar respecto a donde estaba.
Se sonrojó cuando vio el torso desnudo de Rhage. Se veía hermoso cuando dormía. A pesar de haber tenido los cambios que tuvo la noche anterior y el extraño color en su piel, se podía ver que estaba descansando.
Volvió la vista a la puerta cuando esta se abrió y dejó ver a Nessa con algunas ropas de ella, a lo que Leliel sonrió.
—¿Buenos días? —Dijo dudando de la hora que era. Supuso que era de día porque las persianas todavía seguían bajadas—. Gracias por la ropa —dijo cuando las dejó sobre un sillón.
—Es un placer. Cuando quieras —respondió Nessa, que se quedó plantada allí, junto al sillón.
Leliel se sonrojó, la situación era un poco… bochornosa.
—¿Necesitas algo? —Le preguntó, ya que su hermana seguía allí.
—¡Oh! No, nada.
Y no se movió.
Leliel, con graaan esfuerzo, salió de su refugio bajo las sábanas y dentro de los brazos de Rhage. Por suerte, estaba vestida.
Nessa sólo la observaba, con una gran y estúpida sonrisa que apenas cabía en su pequeña cara.
—¿Sabes, Ness? Me estás poniendo nerviosa, ¿qué quieres?
—Oh, nada. Sólo quería saber cómo se encontraba Rhage.
—Está cansado, pero se encuentra bien. Durmió tranquilamente toda la noche.
—Oh, y tú lo sabes de primera mano, ¿no es así?
Así que ya se estaban acercando al meollo de la cuestión. No importaba lo cerca del milenio que estuvieran, su hermana era una auténtica mocosa.
—Sí, estoy segura al decir que durmió tranquilamente.
—Dijiste que no le pedirías perdón —comentó como quien no quiere la cosa, mientras observaba el techo de la habitación.
—No, no lo hice —le respondió Leliel.
—Oh, no, estoy segura que no le dijiste "Discúlpame, Rhage".
—¿Entonces por qué preguntas? —Su tono se estaba volviéndo algo cortante.
—Bueno, ya sabes lo que dicen, que algunas personas se expresan mejor con actos que con palabras.
—¡Como tú, maldita sea! —Maldita chiquilla irritante, se merecía que la asara a fuego leeeeeento—. ¿Por qué no dices lo que viniste a decir y ya?
—Hermana, tu desconfianza me hiere —le dijo con una mueca que seguramente pretendía parecer afligida—. Sólo vine a asegurarme que todo estuviera bien y que no necesitaras ayuda con algo.
Leliel la tomó del brazo, quemándola, haciéndole saber lo malditamente enojada que estaba y la sacó de la habitación.
—¡Con un demonio, Nessa! ¿Qué mierda estás insinuando? Es lo único que te faltaba… Ahora me tratas de puta —dijo mientras su cuerpo comenzaba a chispear.
El rostro de su hermana pasó en un segundo de ser divertido a totalmente inexpresivo.
—Sabes, yo había venido con la mejor de las intenciones y tú como siempre tomas todo para cualquier lado, siempre a la defensiva.
Leliel se quedó asombrada y luego pasó a estar avergonzada. Como siempre había cagado la situación entre ellas una vez más.
—Yo… Yo lo siento, Ness —dijo apenada.
—Está bien, no te molestes. Pero en algún momento tendremos que hablar. Ahora ve, no lo descuides por mi culpa.
Nessa se dio la vuelta y desapareció por el corredor.
Maldita sea, si se lo hiciera más simple y dijera las cosas de una maldita vez, ella no tendría que estar interpretando todas esas idioteces.
Sacándose a su hermana de la cabeza por el momento, volvió a entrar en la habitación.
Rhage estaba despierto, su piel aún tenía mal aspecto, pero al verla entrar todo malestar desapareció y una gran sonrisa iluminó su rostro. No pudo menos que sonrojarse.
—¿Pasó algo? Oí que discutías con alguien —le preguntó.
—Buenos días, ¿cómo te sientes? —Se acercó a la cama y se sentó a su lado.
—No evadas mi pregunta, Leliel —dijo estirando la mano para acariciarla, a lo que ella respondió levantándose, dejándolo un tanto confundido.
Dudó por unos instantes antes de comenzar a hablar.
—Sabes, yo… Yo siempre atino a mal entender las cosas, las situaciones. Desde que tengo uso de razón que vivo a la defensiva y eso son muchos… demasiados años. De mis hermanas, con quien más enfrentamientos tengo, es con Nessa —dijo mientras se le dibujaba una sonrisa en el rostro—. La quiero muchísimo, pero supongo que es porque somos muy… —hizo una pausa para encontrar la palabra indicada—, volátiles. Siempre solemos terminar peleando —dejó escapar una risa recordando muchas cosas—. Nunca existe la paz entre nosotras. Igual, supongo que todo te marca. Como creo que alguna vez te grité, mis padres fueron convocados por la Virgen Escriba para que dieran a luz un macho. La camada en aquel entonces era grande, pero no había machos fuertes como para hacer las rondas, defender a los civiles. Por lo que unieron a mi padre que era un excelente guerrero y a mi madre que era una de las hembras que mejor sabía defenderse. Cuando nací yo, supongo que se llevaron una pequeña desilusión, la Virgen Escriba rechazo el bebé… ni como elegida quiso tomarme —se rió con amargura, pero siguió divagando por la habitación, su cuerpo comenzaba a tomar calor y no podía quedarse en un lugar sin dejar una pequeña quemadura—. Entonces la Virgen Escriba tuvo una increíble idea: Maldecirme. Claro, si iba a tener una niña que criar lo iba a hacer sacándole provecho. Pero la muy… —ella se mordió las palabras—. Me maldijo y me dejó a la buena de Dios. ¿Sabes? Para cuando cumplí quince años había matado a tres personas y había quemado a mucha gente, nadie quería saber nada de mí, ni mucho menos estar conmigo. Hasta que estuve cercana a la transición y entonces vino por mí.
Rhage se acercó a ella y la sujetó suavemente de ambos brazos. Leliel lo miró confundida, hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie de esto.
—No importa lo que seas o lo que hagas, estamos en igualdad de condiciones —dijo un poco en broma.
Leliel negó, mientras luchaba por no derramar una sola lágrima.
—No Rhage, no entiendes. Yo maté a mucha gente. Gente que no merecía morir. Hace tan solo minutos atrás le quemé el brazo a Nessa. Nunca sé cómo voy a reaccionar, nunca sé que voy a soñar sin que las chicas me despierten porque hice combustión. No puedo tan solo siquiera saber lo que puede pasar el día que tenga sexo con alguien, yo…
Rhage interrumpió toda palabra de ella colocando un dedo sobre sus labios.
—Te diría que podríamos intentarlo, pero supongo que recibiría alguna especie de castigo de tu parte —dijo divertido, a lo que Leliel asintió sonriendo—. Pero quizás… —dijo rozando sus labios con los de ella, que simplemente se quedó ahí quieta como si estuviera hipnotizada. No podía dejar de mirarlo a los ojos. Si tan solo pudiera alejarse de él y evitar todo esto… pero él volvió a hablar—. Podríamos comenzar… —rozó suavemente sus labios y los mordisqueó—, de a poco —dijo para luego profundizar el beso.
Ella estaba fuera de sí, quería poner espacio entre ellos. En cambio, colocó sus brazos alrededor del cuello de él y hundió sus manos en el cabello.
Rhage con sus manos delineó las curvas de su cuerpo y se aferró a la cintura de ella.
Sus bocas se buscaban, sedientas y hambrientas la una de la otra. Ella mordisqueó sus labios. Él introdujo la lengua en su boca, explorando cada rincón. Leliel siguió su ritmo, y pronto se comenzó a debatir una batalla por ganar territorio.
Un escalofrío de excitación recorrió el cuerpo de ambos.
Los dos eran conscientes de que pronto no habría vuelta atrás, pero ambos se negaban a abandonar los labios del otro.
La puerta se abrió dejando ver a Fritz, que se quedó inmóvil.
—Disculpe, amo, como no bajaron a desayunar, me tomé el atrevimiento de traerles algo para que coman aquí —dijo un poco incómodo.
Rhage sonrió al ver la expresión de vergüenza en el rostro de Leliel, sus labios rojos, hinchados y sus mejillas color carmesí la hacían ver hermosa.
—Está bien, Fritz, muchas gracias por todo —dijo sin apartar la mirada de ella.
—Cualquier cosa que necesiten, háganmelo saber —dijo, para luego cerrar la puerta tras él.
Leliel no podía emitir palabra. Sentía que su cuerpo no le pertenecía y sólo respondía ante Raghe. Estaba enojada consigo misma por ser débil ante el macho, pero se sentía tan bien que podría estar junto a él tanto tiempo como él demandara. Se sorprendió ante la manera en que su mente había reaccionado.
Rhage elevó una mano para rozar la mejilla de ella.
—Me gustas, Leliel, y si fuera por mi te tomaría ahora mismo y…
Ella colocó un dedo sobre sus labios.
—Tienes que alimentarte y yo definitivamente necesito un baño —dijo mostrando una hermosa sonrisa. Cuando él iba a protestar por los planes de ella, Leliel presionó sobre sus labios un pequeño beso y entró al cuarto del baño, dejando a Rhage sorprendido. Sonrió al darse cuenta el avance que había logrado.
Después de algunos minutos bajo la lluvia del baño y sin poder acomodar siquiera una idea en limpio, salió de la bañera y se secó el cuerpo para luego colocarse la ropa que le había traído Nessa. Definitivamente después se acordaría de matarla por haberle llevado una minifalda habiendo una cantidad importante de pantalones en su ropero.
Leliel aspiró profundamente el aroma de las toallas hasta embriagarse con el olor a Rhage.
Se dijo a sí misma que no le molestaría llevar el olor de él en su piel, después de la vinculación, lo que la llevó a sonreír como una tonta. Pero el miedo la invadió, cuando le vinieron a la mente las palabras de la Virgen Escriba: Jamás podrás vincularte, Fuego, limítate a defender a la raza, le había dicho cuando le pidió que retirara la maldición con la que cargaba.
Sacudió la cabeza como queriendo alejar aquellos recuerdos y después salió del cuarto de baño. Por una vez, tan solo por una vez, no iba a recordar su pasado.
La voz de Rhage la sacó de aquellos pensamientos.
—Te estaba esperando —dijo con voz sensual y observándola en detalle, fijando la vista en sus piernas, largas y contorneadas—. Ven, siéntate junto a mí. Quiero alimentarte, Leliel.
Ella frunció los labios.
—¡Oh! Muchas gracias por la oferta, pero por suerte aprendí a comer yo solita hace algunos siglos atrás.
Rhage negó con la cabeza.
—Leliel, déjame alimentarte —dijo con la voz cargada de sensualidad, una sensualidad a la que ninguna hembra cuerda podría negarse, pero, ¿quién dijo que yo estaba cuerda? Se preguntó a sí misma.
Leliel tomó un trozo de fruta, desafiándolo, como si fuera a llevárselo a la boca pero él le sujeto la mano.
—Sabes que negarte es una ofensa, que si lo quiero hacer…
Pero ella lo interrumpió.
—No, no sé si es una ofensa o no. Nosotras antes no teníamos tiempo para esto. Además ya te lo expliqué, los machos me tenían miedo, jamás me vieron o nos vieron como hembras —dijo ella dándole la espalda, nunca había llorado frente a nadie, excepto sus hermanas.
—Entonces déjame demostrarte que para mi eres la hembra más sexy que he conocido, que no te tengo miedo más que cuando estás un poco molesta y amenazas con freírme —dijo rozando con su mano uno de los brazos de ella, la obligó a que lo viera a los ojos y de la manera más dulce y sensual le habló—. Tan solo déjame alimentarte. No quiero nada más que demostrarte lo que eres para mí.
Rhage la invitó a tomar el trozo de fruta que tenía entre los dedos, pero ella movió la cabeza a un lado, esquivándolo.
Leliel caminó molesta por la habitación.
—Explícame: ¿Qué tienes? —Preguntó, a lo que Rhage frunció el ceño sin entender la pregunta—. ¿Qué es lo que haces? ¿Por qué no puedo resistirme? ¿Por qué siempre me estás buscando? —Él iba a responder, pero ella lo interrumpió—. Esto no está bien, Rhage, no es la idea. Me despertaron con un propósito y no es exactamente para estar de novia con nadie. No puedo estar contigo, no con esta maldición. Con un demonio, Rhage, ¿por qué tuviste que aparecer? Estaba más que bien sola, sin ti. Por todos los cielos, no lo tomes a mal, pero no tenía que preocuparme por si hería a alguien o no…
Rhage la interrumpió.
—Bien, perfecto. Si es lo que piensas, ahí tienes la puerta. Absolutamente nadie te retiene aquí dentro —dijo molesto—. Mierda, Leliel, ¿qué más quieres que haga para que confíes en mí? Hice todo lo humanamente posible y sigues ahí, encerrada en ti misma. Entiendo que pasaste por momentos de mierda, pero… Pero… Nada, olvídalo —dijo decepcionado y enojado con ella de tal manera que estaba muy tentado en darle una buena patada en el culo por terca. Pero se limitó a meterse en el baño y abrir el grifo para llenar la bañera, necesitaba despejar su mente.
Ella se quedó rígida. Otra vez había cagado la situación con Rhage. Respiró hondo para calmarse y no incinerar la habitación. Había estado todo mal, ella estaba mal. Había sido, perdón, era muy injusta con él. Siempre que había intentado acercarse, hacerla sentir bien, ella sólo se había limitado a espantarlo, atacarlo, amenazarlo.
—No es que no te quiera cerca, sólo quiero protegerte de mí —dijo casi en un susurro y por eso se dio cuenta que estaba más que perdidamente enamorada de él.
Leliel tenía dos opciones: Una era salir huyendo y nunca más volver, cosa que no haría porque no nacía de ella el hecho de huir. O bien quedarse y afrontar la situación.
Con este pensamiento sonrió y sintió como sus mejillas se cubrían de un color carmesí.
Se levantó muy decida y entró al baño sin siquiera pensarlo, para encontrarse con Rhage que recién salía de la bañera. Se quedó asombrada con la maravilla que sus ojos veían, claro que no era la primera vez que lo veía. Pero sí era la primera vez que le prestaba atención al macho. Tenía la mandíbula perfectamente cuadrada. Sus labios llenos pedían a gritos ser besados hasta saciarse de ellos, si es que alguna vez ocurría. Su cabello grueso y ondulado caía mojado sobre sus hombros de gran complexión.
Rhage era muy musculoso. No tenía absolutamente un gramo de grasa. Su piel dorada despedía sexo y sensualidad.
Tenía el cuerpo más hermoso y perfecto que alguna vez había visto. Se preguntaba cómo se sentiría estar bajo ese cuerpo, rodeada por sus brazos, ser penetrada por él. Se mordió los labios cuando vio su sexo. Es grande, se dijo mentalmente. Muy grande… y estás haciendo el ridículo, se recordó cuando pudo observar la cara de satisfacción de Rhage. Vamos mujer, di algo.
—Eeehhh… Estem… —¡Oh! Perfecto, siempre funciona algo estúpido como eso. Gruñó por lo bajo y respiró profundamente—. Yo… —frunció los labios—. Mejor espero afuera —dijo dando media vuelta para salir.
La tomó del brazo y la hizo girar para dejarla frente a él.
La miró con deseo. La besó de manera desenfrenada. Mordisqueó sus labios e invadió la boca de ella con su lengua. Pronto Leliel comprendió el ritmo de su beso, entonces sus lenguas danzaron con un ritmo propio.
Sintió su erección crecer y golpear en su vientre. Esto la excitó mucho más. Con sus manos delineo cada músculo de su espalda y arañó suavemente la piel.
Enredó sus dedos en el cabello de él, tironeando suavemente.
Rhage acariciaba como un poseso la suave piel de Leliel, delineó cada curva de su cuerpo. Desesperado, abandonó su boca para realizar un camino de besos hasta su cuello, mordió y tironeó la piel, lo que hizo que Leliel gimiera. Bajó un poco más para encontrarse con sus pechos, mordisqueó sus pezones por encima de la ropa.
Ella estaba entregada, a su merced.
Él no pudo contenerse mucho más, entonces la tomó de las caderas y la subió al mármol del lavabo. Hizo que ella rodeara sus caderas con sus piernas. Leliel sintió profundamente su erección, sintió como su cuerpo reaccionaba ante su miembro.
Rhage quiso retirar su ropa interior.
Ella sintió como su cuerpo hervía, tenía la sensación de que pronto iría a estallar. Entonces el miedo la invadió.
—Rhage, no —dijo tirándolo hacia un costado. Abrió con torpeza el grifo de agua fría y se metió bajo la lluvia del baño.
Él observo incrédulo la escena, pero se obligó a reaccionar. Se colocó un pantalón de gimnasia.
—Leliel —llamó de manera suave—. Lel —dijo acercándose un poco a ella y tocando su brazo. Estaba hirviendo. Lo sentía hervir pero no le hacía daño alguno. Entonces entró a la bañera con ella y la abrazó, a pesar de las protestas de la hembra—. Shhh, estoy aquí. No me va a pasar nada, leelan, porque tú no quieres lastimarme —dijo con un suave tono, mientras acariciaba su cabello.
Ella asintió con los ojos llenos de lágrimas.
—Perdón… yo… no… Perdón —dijo escondiendo su cabeza en el pecho de él.
Rhage acarició su corto cabello rubio.
—Voy a buscar algo para secarte —dijo besándola en la mejilla.
Después de unos minutos ambos estaban en la cama. En silencio. Haciéndose compañía mutuamente.
Ninguno había emitido palabra cuando salieron del baño. Fue Leliel quien rompió el silencio.
—Sabes, es la primera vez que estoy tan cerca de alguien. No quise arruinarlo todo, pero no sabía si te estaba quemando. Tuve miedo de herirte —dijo ella que tenía el mentón apoyado sobre el pecho de Rhage, mirándolo con los ojos vidriosos.
Rhage sonrío, besó la palma de su mano.
—Soy más que consciente que jamás me harías daño. Bueno, exceptuando cuando te encerré en el gimnasio, entre otras situaciones como…
Ella lo interrumpió.
—Bien, bien, entendí —Leliel besó el torso desnudo de él—. Eres muy bueno —dijo acariciando su rostro—. ¿Qué es lo que hiciste para merecer tal castigo? —Preguntó un tanto curiosa.
Rhage sonrío con melancolía. Se tensó cuando los recuerdos lo golpearon en su mente. Ella sintió como su estómago se encogía al sentir la cantidad de emociones que invadían a Rhage. Quería observar en su mente todos aquellos recuerdos, pero se limitó a esperar a que él le contara.
—Maté a un búho.
Leliel arqueó una ceja.
—Sabía de su pasión por los pájaros, pero nunca llegue a pensar que fuera a tal extremo.
Rhage le sonrió y besó sus labios.
—En verdad, hice algo más, pero digamos que matar un pájaro fue la gota que derramó el agua del vaso —ella lo observó expectante. Rhage hizo una pausa durante largo rato—. Cuando era joven, después de mi transición, digamos que era incontrolable. Tenía mucha fuerza y energía, pero lamentablemente era estúpido cuando la utilizaba —él volvió a meditar las palabras—. O sea, no era malo solo… era muy tonto. Además de mujeriego —dijo un tanto avergonzado—. Dormía con mujeres que eran las shellans de otros hombres. Jamás fue la intención joder a nadie, sólo tomaba lo que se me ofrecía —él negó con la cabeza—. Era un desastre, me alegra que no me conocieras entonces.
Leliel sintió como se formaba un nudo en su estómago, sabía de primera mano lo que era ser un desastre en la vida.
—Antes de entrar a la Hermandad me encontré con una mujer. Digamos que la quería, pero ella no quería saber nada de mí hasta que fui alistado por la Hermandad. Entonces cambió. Los guerreros la excitaban. Sólo quería estar con alguno de los hermanos. Entonces una noche la llevé al bosque y para impresionarla le mostré mis dagas y armas. Ella jugaba con mi rifle y de repente se le cayó de las manos. Escuché que algo golpeaba sobre el suelo. Era un búho, y cuando lo tomé en mis manos pude sentir su ligero peso. Siempre me decía que porque no quería hacer daño, nada de lo que pasara era culpa mía, pero en realidad me di cuenta de que por mi descuido, el pájaro había muerto, yo era responsable aún cuando no fui el autor de la muerte —se aclaró la garganta—. El búho era tan frágil y pequeño comparado conmigo que se desangró y murió. Estaba buscando donde enterrarlo, cuando la Virgen Escriba llegó. Estaba lívida. Tomó el cuerpo de mis manos y le devolvió la vida al pájaro. El alivio que sentí cuando aquel pájaro voló fue enorme, pero ese alivio duró muy poco tiempo, porque entonces ella me miró. Me maldijo y desde entonces, cuando me descontrolo, la bestia sale. Con el paso del tiempo le fui encontrando el lado positivo, o sea, me ha enseñado a regular mi energía, mis caprichos, a respetar las consecuencias de todas mis acciones —se rió un poco—. Sé que ella me odia, pero al final me hizo un favor —dijo guiñándole un ojo—. Igual, creo que tendría que aprender a negociar, ¿no? Porque maté un pájaro y conseguí una bestia.
Leliel negó divertida por el buen humor de él.
—Digamos que no estás tan equivocado. ¿Y tiene fecha de caducidad el castigo o te acompaña hasta los últimos días como el mío?
Rhage sintió una punzada de dolor, sabía lo molesto que era tener que convivir con el dragón, pero al final ya se había acostumbrado y hasta podría decir que lo tenía un poco controlado, pero ella tendría que vivir siempre así.
—Mmm… Me quedan noventa y un años más de convivencia. Luego desaparecerá —estas últimas palabras sonaron a melancolía.
Ella iba a hacer una acotación, pero prefirió callar.
—Descansa Rhage, que en unas horas tendremos que salir de la habitación —dijo sonriéndole.
Él besó suavemente sus labios.
—Quiero dormir contigo las noches siguientes —dijo casi en forma de suplica—. Poder sentir tu aroma cada noche. Tan solo dormir, Leliel —aclaró cuando sintió la confusión arremolinarse en la mente de Leliel—. Sólo quiero tenerte siempre conmigo, no me molesta esperar.
Ella sintió que podía morir en ese mismo momento. Rhage era el macho más dulce que jamás había conocido. Iba a buscar la forma de poder complacerlo…
—Después lo hablamos, ¿sí? —Dijo besando sus labios—. Ahora descansa, mi pequeño grandote.


 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: willow en Junio 09, 2009, 09:49:03 pm
 :emot003: :emot003: :emot003:  y la historia de nessa que????????

Bueno mil gracias seguir asi.
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: Gise en Junio 10, 2009, 12:48:44 am
 :emot009: Paciencia... paciencia ya llegara  :emot016:

Besos!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Junio 14, 2009, 02:20:40 pm
Que envidia me dá lo bien que escribis  :emot003:

Os está quedando preciosa  :emot018:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Junio 16, 2009, 04:36:36 am
(http://www.darkhunterlove.org/foro/Smileys/default/42.gif) Eso por no haberme avisado que lo estaban colgando.emot029

 :emot018: :emot018: Y eso porque me encantaaaaaaaaaaa  emot040
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: Roz en Junio 16, 2009, 04:48:32 am
En la cabeza no, Nádia, aver si nos atontamos y no podemos seguir con el fic  :emot002:

Muchas gracias por sus palabras, chicas  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Junio 16, 2009, 05:04:43 am
En la cabeza no, Nádia, aver si nos atontamos y no podemos seguir con el fic  :emot002:

(http://img31.imageshack.us/img31/6640/024v.gif) Ups. Es verdad. No os atonteis emot026.

Besos  :emot016:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: sonne en Junio 16, 2009, 10:31:51 am
 emot037 emot037 como me gusta ese grandote
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Junio 18, 2009, 01:29:27 pm
Hoy es jueves....  :emot004: pondreis otro capítulo o capítulos????  :emot016:

 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Junio 18, 2009, 03:54:17 pm
:emot002: :emot002: :emot002: Esa es Kenya en estado puro  :emot002:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: rebe en Junio 19, 2009, 08:14:27 pm
hay chicas disculpen pero estoy tan pero tannnnnn confiundida  de que se trata estos cap  osea , no se  :emot019:  :emot019: que alguien me explique por fis y los hermanos donde estan sus shellan????????????????????? ........... :emot019:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Junio 21, 2009, 09:55:24 pm
hay chicas disculpen pero estoy tan pero tannnnnn confiundida  de que se trata estos cap  osea , no se  :emot019:  :emot019: que alguien me explique por fis y los hermanos donde estan sus shellan????????????????????? ........... :emot019:

Es un fanfic Rebe, una historia escrita por fans (Mis queriidissimas amigas  emot040).

Hablando de eso:

TOC TOC donde están estos lindos capítulos ?  :emot009: 
 emot023 No no eso no se hace  emot023 dejar un lectora así en ascuas  :emot003: como me haceis sufrir
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: ale_itati en Junio 22, 2009, 03:45:56 am
Nadiaaa emot024 un pequeño retraso pero ya prontito estaremos colgando el cap emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Junio 26, 2009, 08:53:58 pm
 :emot009: con pronto quieres decir....

Lo siento, es que me gusta mucho y quiero másssssssssssssssssssss  emot025

 :emot016:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: greta en Junio 27, 2009, 10:01:08 am
porfavor no nos podeis dejar asi  :emot017: :emot017:
quiero mas :emot014: :emot014:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: Deppie en Junio 28, 2009, 07:43:03 am

HERMOSOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!! :emot008: :emot008: :emot008: :emot008:

Necesito mas chicas....necesito saber que pasa con Nesse y Z!!!!  emot033

me Identifico con ella.....sera por que las 2 somos pequeñas y morenas????.....

es que lo mejor de lo mejor simpre viene en presentaciones pequeñas  emot040 emot040

chicas plis  emot025 emot025 emot025 emot025 emot025... publiquen algo .....se los ruegoo!!!

besitos  emot024

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/06 )
Publicado por: Gise en Junio 30, 2009, 03:36:43 am
A pedido del publico  emot024 y perdón por haberlas hecho esperar  emot025  :emot008:

Un nuevo capítulo.....
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CAPÍTULO 11

Raysa suspiró adormilada y se desperezó lentamente, dio un suave respingo al sentir sus músculos algo doloridos.
Un sonrojo general cubrió su cuerpo al recordar el por qué. Se dio vuelta en la enorme cama y encontró el otro lado vacío, todavía podía sentir el aroma de Wrath, pero sabía que no estaba en la habitación.
Frunció el ceño al sentir una puntada en el corazón al darse cuenta de que a pesar de lo sucedido anoche, se había marchado sin despertarla.
Unos golpes en la puerta la sacaron bruscamente de sus pensamientos.
—Raysa, ¿estás? —Otro golpe más, sabía que su hermana no se iría hasta saber de ella, Kytara simplemente era así.
—Pasa, Kytara —dijo suspirando y cubriéndose más con las sábanas.
—Permiso. ¿Cómo estás, hermana? —Se acercó a la cama y se sentó a su lado.
Raysa se sonrojó levemente y algo incómoda le respondió:
—Bien, por supuesto. ¿Por qué lo preguntas?
—Tu… cama desarreglada… Perfume raro… Y hace un rato vi salir a Wrath —sonriendo le dijo—: Suéltalo ya.
—¿Viste salir a Wrath? ¿Sabes a dónde fue? —Preguntó antes de darse cuenta de las tontas preguntas que salieron de su boca. Demonios, ¿qué me pasa? Me estoy comportando como una tonta hembra en vez de como la guerrera que soy.
—Sí para la primera pregunta y no para la que queda —Kytara se destornillaba de la risa, jamás a Raysa la había visto así—. ¿Qué pasa, hermanita? ¿Wrath caló hondo en ti?
—No seas tonta, Kytara, somos guerreras, no nos interesamos por ese tipo de cosas. Pregunté sólo por curiosidad, por mí puede irse a cualquier lado, nos despertaron para pelear y no para divertirnos. Además sabes que no dejo que nadie se acerque tanto a mí como para que me importe realmente, sólo ustedes tienen lugar en mi corazón, hermana —dijo mientras trataba de callar la voz que internamente gritaba muy fuerte ¡Mentirosa!, estaba dolida porque se hubiera marchado sin decirle nada como si lo de ellos no hubiera sido más que un simple revolcón.
—Lo que tú digas, pero no te engañes —Kytara empezó a mirar la habitación—. ¿Has cambiado el perfume que usas? Porque es un extraño olor el que siento en tu recámara.
Raysa la miró sonrojada mientras le decía:
—¿Eso es con doble sentido? Sabes que no uso perfume, Kytara.
—Es mi manera de preguntarte si estás segura de esto —quería que Raysa supiera que siempre iba contar con ella, para lo que fuera, que era una de sus hermanas, al no haber tanta diferencia de edad, la consideraba una compañera de juegos.
Raysa suspiró mientras miraba a los ojos a su hermana:
—¿Si te contesto con otra pregunta no vas a parar hasta que lo diga fuerte y claro, verdad? Pero sí voy a responder tu pregunta con otra, hermana, ¿qué piensas que pasó anoche?
—Si quieres que te lo diga, hecho. Te acostaste con Wrath, ¿o me equivoco? —levantó la ceja que tanto la caracterizaba, retándola a que la desmintiera.
—No, no te equivocas —dijo avergonzada mientras una lágrima corría por su mejilla—. No sé qué me pasa, Kytara, no soy la de antes. Desde que llegué me siento distinta y no quiero cambiar, quiero ser la de antes. Odio sentirme así, nunca había llorado por sentimientos como estos y desde que estoy aquí ya lo he hecho dos veces. Quiero volver a ser la fría guerrera a la que no le importaba nada más que sus hermanas y las batallas —finalizó.
Kytara observaba el sufrimiento de su hermana, a ella también le pasaba lo mismo.
—Lo sé, hermana, algunas veces creo que no ha sido bueno el que nos hayan despertado, pero por el otro, nada más nos queda que servir a nuestra raza.
—¿Y nosotras? Sabes, hace unas horas no te hubiera hecho esta pregunta pero, ¿cómo puedo hacer para seguir adelante como si nada hubiera pasado? Él se vinculó a mí, Kytara, y sin embargo me dejó sola sin una explicación. No puedo creerlo, Wrath fue… No tengo palabras para describir la forma en que me sentí. Y sin embargo cuando desperté, lo hice sola, como si todo hubiera sido un sueño, no tengo nada, me siento vacía. Creo que me enamoré, Kytara, este sentimiento tan fuerte en mi corazón, no puede ser otra cosa que amor. Sé que él no siente de la misma manera, pero yo me enamoré como una tonta —las lágrimas se deslizaron por sus mejillas con más fuerza.
Se acercó a su hermana y la abrazó.
—Lo siento, Raysa, no lo sabía, si estuviera en tu lugar, gritaría y lo maldeciría para que se le caigan los testículos y jamás vuelva a sentir una erección —ante la mirada espantada de Raysa aclaró—. Pero como no eres como yo, te puedo decir que esperes, no conozco a Wrath, pero si es como los demás, es honorable y algo habrá pasado para que actuara así.
Raysa sacudió la cabeza mientras hacía un gesto de dolor.
—El siempre fue claro, Kytara, los dos sabíamos que no estaba bien cualquier tipo de acercamientos entre nosotros. Pero era muy duro pelear contra eso, así que nos dimos por vencidos y cedimos a la pasión, solo yo cometí el error de confundir las cosas. Es más, estoy casi segura que tiene una shellan y ni siquiera eso me detuvo —dijo mientras sonreía con tristeza—. ¿Nunca te habrías imaginado que podría ser tan sensiblera, verdad? ¿Qué podría enamorarme de una macho tan rápido?
—Creo que tarde o temprano todas lo somos, hasta la chispita de Nessa y la ruda de Leliel, pero no se lo digas. Quiero preguntarte algo: ¿Te arrepientes de alguno de los momentos que pasaste anoche?
Raysa miró la cama revuelta, cerró los ojos por un momento mientras recordaba.
—No quiero arrepentirme, hermana, me entregué por amor, aún sin saber que lo era. Pero si lo pienso fríamente, creo que fue un error, le di a alguien una ventaja enorme sobre mí, una ventaja que ninguna guerrera debe dar.
—No lo mires de esa manera, la ventaja la tendrá si tú se lo permites, no de otra manera. Somos guerreras, las primeras de nuestra raza, nadie puede tener ventajas sobre nosotras si no se los permitimos —odiaba ver sufrir a Raysa, no era justo. ¿Y si era eso lo que le esperaba con Butch? Sacudió la cabeza, eso jamás podría pasar.
Raysa cuadró los hombros y sus ojos brillaron por un momento antes que hablara con decisión:
—No voy a ceder más, Kytara, desde este momento la guerrera ha dejado atrás a la mujer. Lo que pasó entre Wrath y yo ha quedado atrás, él mismo ha tomado la decisión por los dos. Los sentimientos quedarán guardados como siempre. Y para demostrarlo ¿qué te parece si salimos de caza? Necesito entrar en acción de nuevo. Faltan dos horas para el anochecer.
—Lo que tú digas, guerrera. Te cambias, me buscas y nos vamos. ¿Qué te parece?
—Completamente bien, sólo dame un rato para darme un baño, ¿sí? Supongo que no necesito explicarte, ¿verdad? —dijo sonrojada Raysa.
Kytara estalló en carcajadas.
—¡Oh, por favor! Demasiada información entrando a mis oídos… ¡Ve a bañarte! —Se encaminó hacia la puerta riéndose—. Te espero en mi habitación.
Raysa se envolvió en la sábana y corrió hacia el baño con una sonrisa en los labios.
Después de estar casi una hora en la bañera relajando sus músculos, disfrutando de la caricia del agua, evocando los sucesos de hacía unas horas, se levantó de golpe tratando de sacudirse esos recuerdos.
Después de todo, Wrath se había marchado sin decir una palabra mientras ella dormía, eso debía ser suficiente muestra de cómo estaban las cosas entre ellos, un momento de pasión, nada más. Ella estaba allí para luchar junto a sus hermanas, cualquier otro pensamiento que no fuera referente a eso, ni bien se pusiera sus armas, sería desterrado de su mente para siempre, se prometió. Para siempre.
Ella actuaría desde este momento como la fría guerrera sin sentimientos que le habían enseñado a ser. Pero dolía como el demonio.
Tomó una toalla y envolvió su cuerpo y se dirigió al armario.
Miró la ropa con ojo crítico, seleccionó un pantalón de cuero negro que se adhería a sus largas y esbeltas piernas con unas fundas encubiertas para poner sus dagas y el nuevo instrumento llamado celular, una musculosa negra corta que dejaba ver una parte de su plano estómago y una chaqueta de cuero también negra. Como mi humor, pensó para sus adentros de forma irónica.
Esta noche los lesser no tendrían oportunidad contra ella. Hacía mucho tiempo que no iba de cacería, pero podía sentir la adrenalina correr por su cuerpo. Estaba lista.
Con paso firme salió de su habitación y se dirigió a la de Kytara que ya la estaba esperando.
Kytara estaba vestida con un pantalón de cuero marrón regalo de Butch, con unas botas tipo militar negras, arriba llevaba una sudadera de color crema con la leyenda "Muere" escrita en negro. El cabello se lo había levantado en una cola de caballo alta y se había calzado una chamarra de cuero que le iba al cuerpo. Dentro de ella iban sus dos dagas y en la cintura la pistola glock con su nombre grabado y al lado un trébol, símbolo de Butch, para que le diera suerte, todo escrito en la antigua lengua.
—¿Llevas armas de fuego, Kytara? —Preguntó una sorprendida Raysa al verla—. La verdad que prefiero solo mis dagas. El solo hecho de tener que cargar además con el celular me molesta —finalizó.
—Sí, es que me la regalaron y me hicieron jurar que no saldría sin ella, aunque con mis dagas nunca he tenido problemas —ambas se encaminaron hacia el pasillo para salir.
Bajaron en silencio las escaleras. Ya en el hall, Raysa se volvió hacia su hermana y le preguntó:
—¿Nos desmaterializamos a algún lugar en especial? No tenemos chofer —le dijo mordiéndose el labio inferior.
—Desmaterialicémonos, es más fácil. Además, esta noche no quiero chofer, ¿y tú? —Le preguntó a su hermana. Algo en el fondo le decía que Raysa quería escapar de la mansión.
—¿Vamos al ZeroSum y partimos desde allí? —Dijo satisfecha.
—Partamos desde allí, los alrededores siempre están llenos de lessers.
Ambas se desmaterializaron frente a la salida del bar, y comenzaron a caminar buscando a sus presas. En la actualidad, el olor que desprendían se lo llamaba talco de bebé. Antes, para ellas, era a yuyos quemados.
—Raysa, ¿me vas a decir qué te molesta? —Preguntó Kytara sin dar más vueltas.
Raysa volvió el rostro, agudizó su oído y el sonido de un grito amortiguado llegó a ella.
—Alguien está en problemas, Kytara, no está lejos —le dijo mientras corría por el callejón con su hermana pisándole los talones.
Y así fue como se encontraron con un civil siendo atacado por seis lessers, dos de ellos estaban tratando de ponerle una inyección y los otros trataban de inmovilizarlo. Sin pensarlo dos veces, las guerreras sacaron sus dagas y fueron al ataque.
Raysa, dándole una patada al más cercano, lo sacó del lugar y en unos cuantos movimientos le clavó la daga donde tendría que estar el corazón.
Kytara fue por uno de los que tenía una de las jeringas. De un golpe lo sentó en el suelo y cuando iba a estacarlo, fue tomada desde atrás por otro lesser. Al ver esto, Raysa se lo quitó de encima, y con un golpe seco le atravesó el pecho.
Kytara, no perdiendo tiempo, tomó con su otra mano la daga de su padre y se metió de lleno en una batalla con dos de los lessers restantes. Verla parecía una danza sagrada, empleaba los movimientos antiguos con las artes marciales recientemente aprendidas. Clavó una de las dagas en el pecho del lesser que tenia agarrado del cuello y la otra se la lanzó al que estaba escapando, inmovilizándolo en el sitio.
Cuando iba a por un tercero, sintió una energía extraña.
—Oh, Santa Mierda, ¿y ahora qué quiere? —Era la Virgen Escriba, llamándola, y tenía que ir de inmediato. Buscando a Raysa la vio en medio de una pelea cuerpo a cuerpo con el lesser que quedaba y al ver que ya terminaba, decidió acudir a la llamada.
—Raysa, debo irme, la Virgen Escriba me convoca.
Raysa sin dejar de pelear le dijo entre gruñidos:
—Ve, Kytara, yo me encargo de la basura que queda —dijo mientras hundía con saña su daga en el pecho del lesser.
—Ok, pero antes llamo a uno de los muchachos para que te ayuden a limpiar toda esta porquería —tomando su celular, marcó el primer número que le vino en mente. Por algún motivo, sabía que a Raysa no le caería nada bien ver a Wrath, así que llamó a Vishous, era uno a los que más confianza le tenía.
—¿Vishous? Hola, te pido un favor, ¿podrías venir y darle una mano a Raysa? Nos encontramos con lessers, peleamos un poco y no me puedo quedar a ayudarla en la limpieza —cortó la llamada.
—V viene en camino. Nos vemos, hermana. —dijo y desapareció.
Raysa estaba dirigiéndose para ver el estado del civil, que seguía inmóvil en el suelo, cuando el aroma a talco de bebe inundó su nariz. Se giró bruscamente y se encontró con cuatro lessers más que se acercaban. Maldijo en voz baja, sacó sus dagas y se preparó para luchar.
Los lessers atacaron con fuerza y al mismo tiempo, poniéndola en aprietos.
La estaban acorralando. Uno de ellos sacó un arma y le disparó, haciéndola retroceder cuando la bala impactó en su brazo haciendo caer la daga de su mano.
Vishous, que acababa de llegar, observó con horror como se abalanzaban sobre Raysa. Sin esperar un segundo, se colocó detrás de los lessers y los golpeó haciéndolos retroceder liberando a la hembra del ataque. Los lesser los observaron mientras retrocedían con una sonrisa en los labios. Vishous y Raysa giraron con un mal presentimiento por la actitud de los asesinos.
—Los bastardos se llevaron al civil, Vishous —le soltó con un gruñido Raysa, mientras trataba de detener la hemorragia de su hombro.
Sin poder hacer nada vieron como la camioneta se alejaba.
—Ya los encontraremos, Raysa, no te preocupes. Déjame ver tu herida —dijo mientras se acercaba a ella.
Justo cuando iba a revisar el hombro de la hembra, sintió una presencia detrás de él.
—No pongas un solo dedo sobre ella —gruñó un muy enfadado Wrath, mientras se acercaba a ellos.
Raysa dio un respingo cuando escuchó la profunda voz, levantó la vista. Él ya estaba a su lado.
Vishous retrocedió mientras le respondía con calma:
—Tranquilo, hermano, sólo iba a ver como estaba. Pero ahora que estas aquí, dejaré que la cures mientras investigo que pasó con el muchacho —dijo desapareciendo.
Wrath estaba furioso, apenas podía controlarse. Casi había golpeado a su hermano cuando vio que iba a tocarla, y estabas más furioso aún con ella.
—¿Por qué saliste Raysa? No quiero que vuelvas a salir sola de nuevo, ¿me oíste? —Le dijo mientras palpaba la herida. Sus manos temblaban ya que el olor de la sangre de la hembra le recordaba que debía alimentarse—. Nos vamos a casa en este momento.
La hembra se apartó de él y le dijo enfadada:
—Puedo salir cuando quiera, Wrath, no necesito tu permiso. Además, no tengo ganas de volver contigo.
Se movió con rapidez, apretándola contra su cuerpo, manchando su ropa con la sangre de la guerrera.
—No me desafíes, Raysa. Volvemos en este momento a la mansión para curarte, no se discute más —murmuró con los dientes apretados y la mandíbula tensa.
Raysa mantuvo la boca cerrada con enfado mientras se materializaban en un cuarto de la mansión. Confundida miró el lugar tratando de reconocer donde se encontraba.
—Estás en mi cuarto, Raysa, te traje para curarte —le dijo mientras entraba al cuarto de baño y al segundo salía con un botiquín y paños húmedos.
La hembra estaba sentada en la cama sumamente callada. Estaba algo pálida. Se inclinó y empezó a limpiar la herida. Ella seguía en silencio y eso ya le estaba molestando.
—¿Qué te sucede? ¿Por qué estas tan callada? Tú no eres así —le dijo molesto. Cada vez le costaba más controlarse, su cabeza estaba llena de problemas, estaba hambriento y quería beber de ella. Además, estaba casi seguro del motivo de la actitud de la hembra. ¡Maldición! No debería haberse marchado de esa forma, debió quedarse y explicarle cómo estaban las cosas. ¿Pero qué iba a explicarle?
—Te deseo como nunca deseé a una hembra, te deseo tanto que me vincule a ti. Pero hay un pequeño problema. En realidad, hay varios y no sé por dónde empezar.
Lo sobresaltó la voz femenina y la frialdad que había en ella.
—No tengo ganas de hablar esta noche, Wrath, y para ser sincera, menos aún contigo. Creí que estaban claras las cosas, en el fondo tú tampoco deseas hablar. Ya obtuviste lo que querías, de cierta forma también yo, así que, ¿por qué no dejamos el tema en paz? Cada uno por su lado —le dijo mientras se incorporaba y se alejaba de él, dirigiéndose a la puerta.
Con un rugido y en un parpadeo, Wrath se interpuso en su camino mientras la apretaba contra su cuerpo con fuerza. Estaba totalmente fuera de control, la hembra era suya, a pesar de todos los problemas que esta afirmación le traía ya no había vuelta atrás, la había marcado y no se arrepentía, maldita sea. No se arrepentía de haber estado con ella.
—No voy a permitir que te marches, Raysa. Eres mía —le dijo antes de tomar su boca con fuerza. Mordía, lamía, reclamaba.
Raysa gimió mientras, como si tuvieran vida propia, sus brazos se enroscaban en el cuello del macho y lo atraía más hacia su traicionero cuerpo.
El guerrero dejó que sus manos vagaran por el cuerpo de la hembra hasta que se posaron sobre su trasero y la atrajo con fuerza hacia su excitación, frotándose contra ella con lujuria.
—¿Realmente me deseas, Wrath? —Dijo al separarse por un momento y mirarlo a los ojos—. Porque no entiendo por qué te marchaste. ¿Estás buscando sólo acostarte conmigo? ¿Es sólo eso lo que quieres? Porque estoy muy confundida en este momento, nunca viví algo así —despacio le quitó los lentes y sus ojos verdes se fijaron en su rostro.
El macho deshizo su abrazo, su expresión cambió, se suavizó. Tomó su rostro con las manos y la besó suavemente.
—Sé que te confundí con mis actos, yo también me sorprendí con lo que sentí cuando estuvimos juntos, pero hay muchas cosas que no sabes, que debo solucionar para estar en paz. Ahora sólo puedo decirte que no puedo mantenerme lejos de ti, que no quiero que te alejes. En este momento no estoy en condiciones de prometer nada, Raysa, no quiero mentirte, no voy a mentirte —dijo mientras apoyaba la frente contra la suya y respiraba pesadamente.
—Acepto lo que me ofreces, Wrath, aún sin saber qué es exactamente. No voy a preguntar nada, lo que siento es muy fuerte como para seguir peleando en contra. No sé en qué momento te has vuelto tan importante para mí, no sé cuando dejé atrás a la guerrera y se hizo cargo la hembra. No tengo orgullo en lo que a ti respecta —gimió avergonzada Raysa.
El macho la abrazó con fuerza nuevamente, acercándola a su cuerpo.
—No se trata de orgullo, Raysa, se trata de cómo nos sentimos cuando estamos cerca —le dijo mientras tomaba su boca con pasión.
La alzó en brazos como si no pesara nada y la llevó hasta la cama, donde la depositó con suavidad, sin dejar de besarla en ningún momento.
Se incorporó un poco para quitarse rápidamente la ajustada camiseta negra y se tendió sobre ella acomodando su cuerpo entre las piernas de la hembra, frotando su erección contra su sexo, haciéndola gemir de placer y arquearse bajo su cuerpo.
Raysa deslizaba ansiosa las manos por la musculosa espalda de Wrath mientras se frotaba con descaro contra su cuerpo.
El macho le quitó rápidamente la ropa, en un instante su pantalón, su top y sus botas eran una pila desordenada en el suelo.
Una ráfaga de deseo sacudió el cuerpo de la hembra cuando él tomó un pezón con la boca y lo atormentó con la lengua. Su sabor lo trastornaba. Su olor lo volvía loco, todo en esta hembra lo desequilibraba, siempre lo dejaba queriendo más.
Con una mirada diabólica fue descendiendo mientras sus manos masajeaban los pechos, soltó un gruñido de placer cuando su boca encontró su sexo. Estaba húmeda ya, preparada para recibirlo. Pero primero quería saborearla, quería que tuviera un orgasmo en su boca.
Raysa sentía como el conocido calor en su vientre iba creciendo, Wrath no le daba tregua y su boca la llevó al clímax en poco segundos mientras gritaba su nombre con voz ronca.
Wrath la hizo alcanzar dos orgasmos más que la dejaron sin respiración y su cuerpo brillante de sudor.
El macho se incorporó y fue subiendo mientras dejaba un reguero de besos por su estómago, después lamió sus pechos, mordisqueando hasta que los pezones quedaron duros y frotó su torso contra ellos. Sus cuerpos comenzaron a frotarse y a moverse imitando el acto sexual. La besó en los labios, lento, introdujo su lengua en la boca, provocándola, le dio pequeños mordiscos en el labio inferior mientras las manos de la hembra luchaban con su pantalón.
Raysa gimió junto con Wrath cuando sus manos bajaron los pantalones liberando su excitación.
Tomó la gruesa longitud entre sus manos y lo acarició rítmicamente. El macho gimió mientras su cuerpo se sacudía. Tomó sus manos tratando de detenerla y mientras lamía su cuello, le dijo con voz ronca:
—No tienes que hacer esto, Raysa, quiero tener mi orgasmo dentro de ti, quiero que me envuelvas por completo.
Raysa siguió acariciándolo mientras aceleraba el ritmo haciendo que el macho arqueara la espalda.
Wrath penetró la boca femenina con su lengua imitando la unión que tendrían sus cuerpos en unos momentos, haciendo que Raysa lo soltara mientras movía su cuerpo de manera que su pene quedara justo en la entrada del cuerpo de ella, que lo esperaba húmeda y ansiosa.
De un solo movimiento se metió en su cuerpo. Ella estaba apretada, caliente y lo tomó por completo. Se deslizó dentro y fuera de ella, cada vez más rápido, cada vez más fuertes los embates, cada vez más poderosos, los hacían gemir a ambos llevándolos al borde.
—Wrath, por favor —lloriqueó cerca de su clímax mientras hundía su cara en el grueso cuello y apoyaba sus labios contra él, abriendo las piernas lo más que pudo. Mientras el orgasmo la sacudía con fuerza dejándola sin respiración echó la cabeza hacia atrás exponiendo su cuello.
Wrath no sabía cuánto más iba a aguantar, las contracciones de ella sólo lo dejaron más cerca de la culminación, podía sentir como la energía se estaba concentrando a su alrededor. Al ver su cuello expuesto, sintió ganas de alimentarse de ella. No debes, le dijo una voz interna en medio de la locura y el deseo. Ella merece que seas honesto, se ha brindado a ti en forma pura y sincera, merece lo mismo de ti, finalizó la voz. Con un rugido y haciendo acopio de todas sus fuerzas para no morderla, aceleró el ritmo, la velocidad aumentó, su cuerpo entero se tensó mientras se liberaba en el interior de la hembra con fuerza, el líquido caliente se disparó dentro de ella, inundándola junto con el aroma a vinculación, mientras los espasmos sacudían su cuerpo. Se derrumbó sobre ella.
Raysa lo envolvió con los brazos y con las piernas, mientras sentía que los estremecimientos iban disminuyendo. Lo besó con ternura mientras acariciaba su rostro y con deleite notó como le devolvía el beso con reverencia, mientras acariciaba su cuerpo con suavidad.
—Peso demasiado —le dijo mientras intentaba moverse a un costado.
Raysa tomó su rostro entre las manos nuevamente y lo miró a los ojos mientras le respondía:
—Me encanta que estés así, tu peso no me molesta —dijo mientras suspiraba en forma soñadora y satisfecha, mientras le recorría la espalda con los dedos.
Wrath hizo una mueca que se asemejó a una sonrisa mientras rodaba para ponerse de espaldas y la arrastraba pegada a su costado haciéndola reír por el rápido movimiento.
La apretó contra él, mientras respiraba agitado al sentir que colocaba una pierna sobre la suya y se frotaba contra él como un gatito satisfecho. Acarició su cabello hasta que ella se durmió.
Suspiró resignadamente mientras se deshacía de su abrazo, se levantó muy despacio y se vistió. Había llegado el momento de hacerle frente al primero de sus problemas, debía romper el compromiso que tenía con Beth, la shellan que sus padres habían elegido para él. Se acercó por última vez a la cama y acarició el rostro femenino, Raysa abrió los ojos somnolienta.
—Tranquila, bebé, sigue durmiendo, en un momento vuelvo —le dijo mientras desaparecía.


Otra vez haciendo ese recorrido, yendo a ver a la Virgen Escriba. Seguro para recibir otra llamada de atención.
La vio sentada en la fuente con uno de sus pájaros, una mancha negra con un fondo blanco.
—Mi señora —lo dijo con un dejo de respeto, y haciendo un pequeña reverencia. Aunque nunca la hubiera aceptado como su mentora, no quería decir que la tenía que insultar cada vez que la veía. Con respeto llegamos a lugares inimaginables, Aire, siempre recuérdalo. Esas palabras las llevaba grabada a fuego sobre su corazón, su padre se las había dicho.
—Kytara, hija de Kassim, ¿alguna novedad de la que me quieras hablar?
—No, mi señora.
—Algo te inquieta, guerrera, y no quiero que se interponga con tu deber, ¿o tengo que recordarte cuál es?
—No, mi señora, lo conozco muy bien —un dolor sintió en su corazón. Jamás en su vida iba a culpar a sus padres el haberse amado.
—Entonces estarás de acuerdo con que cambie de donador.
No supo qué contestar, sentía un nudo en la garganta, pero no se lo iba demostrar, jamás le vería llorar.
—Será su voluntad, Su Santidad.
—Puedes marcharte, pronto te diré quien será tu nuevo encargado. Es por tu bien, Kytara.
¿Por mi bien? Le quería gritar, ¿cómo sabe cuál es mi bien?
Se marchó con pasos lentos, asumiendo esta nueva realidad que con rabia rechazaba.
En el fondo, sabía que la Virgen Escriba tenía razón. Butch estaba transformándose en alguien importante, y eso no se lo podía permitir, era un lujo que a ella le había sido negado hacía muchos siglos.
Sintió rodar por su mejilla una lágrima. Que estúpida, llorar por un macho no era honorable. Se limpió la lágrima con odio, era mejor dedicarse a lo que había sido encomendada y no a soñar con algo que nunca podría ser.


Wrath se materializó nuevamente en la habitación. Habían pasado unos cuarenta y cinco minutos, más o menos, desde que se había ido. No era mucho tiempo, pero fueron los minutos más largos de su vida.
No había sido fácil explicarle a Beth que ya no sería su hellren. La hembra lo había tomado con relativa calma, sin hacer escenas, pero él sabía cómo se sentía realmente.
Se quitó la chaqueta y se sentó mientras observaba a la hembra que dormía pacíficamente en su cama. Tenía que hablar con ella, tenía que contarle la verdad, era lo justo. Solo deseaba que ella lo comprendiera y lo aceptara. ¡Demonios! Esta hembra había calado tan hondo en él que por primera vez había considerado la idea de una compañera, de compartir su existencia con alguien. Sacudió el cabeza aturdido cuando la verdad de sus sentimientos lo golpeó dejándolo sin aliento. Se había enamorado de la guerrera. Estaba perdida y totalmente enamorado de Raysa.
Raysa se estiró en la cama, dejando que las sábanas resbalaran por su piel. Se dio la vuelta y se encontró con Wrath que la miraba con una expresión de sorpresa en el rostro.
—Volviste —le dijo mientras le sonreía y le tendía la mano para que se acercara. Al ver que no se movía frunció un poco el ceño—. ¿Qué te sucede, Wrath? ¿Pasó algo malo? —Le preguntó mientras sujetaba las sábanas contra su cuerpo intentando cubrirse.
Wrath acercó una silla a la cama, se sentó, se quitó las gafas y se pasó las manos por el rostro con un dejo de preocupación.
—Tengo algo que decirte, Raysa, yo… ¡Diablos! Esto no es fácil, así que simplemente lo diré —gruñó, para nada acostumbrado a estas situaciones—. Yo tengo, o mejor dicho, tenía una shellan —cuando vio que la hembra se puso mortalmente seria y su cuerpo se tensó, levantó una mano—. Déjame explicar todo antes de que saques conclusiones erróneas.
Raysa sentía como si le hubieran dado un golpe. Todo el aire escapó de sus pulmones ante la confesión del macho, ella sospechaba que dado su linaje, debía tener una shellan, pero escuchar la confirmación de sus labios le dolió.
—No tienes que explicar nada, te acepté sin preguntar nada —dijo con voz ronca bajando la cabeza para que no viera sus lágrimas.
Wrath se levantó, se acercó y se sentó en la cama, mientras ponía una mano sobre su barbilla y la hacía mirarlo.
—Raysa, detente —le ordenó mientras acercaba su rostro al de ella. Quería verla, podía sentir el dolor en su voz, pero sus pobres ojos no dejaban ver su expresión por completo—. Escucha mis palabras, mujer, déjame terminar. Como te decía, tuve una sellan. Nunca estuvimos juntos como lo estuvimos tú y yo, nunca yací con ella, sólo se alimentaba de mí y yo de ella. Mis padres la eligieron para que me ayudara cuando llegara el momento de la transición. Nunca hubo nada romántico entre nosotros. Hace unos minutos fui y le dije que nuestro compromiso estaba roto, que no podía, ni quería estar con ella porque me había vinculado con otra hembra, una hembra que se había apropiado de mi mente y mi corazón sin que me diera cuenta —le dijo suavemente mientras la besaba con toda la ternura que fue capaz.
Raysa sintió que su pecho explotaba de amor cuando escuchó las palabras de Wrath. Él me ama, pensó para sus adentros. Wrath sentía lo mismo que ella. Rodeó su cuello con los brazos mientras lo arrastraba con ella hacia la cama.
Con un movimiento, se giró para ponerse sobre él sin dejar de besarlo. Ahondó el beso, mordisqueó sus labios y lo penetró con su lengua, tentándolo, trabando una lucha de voluntades con el macho, dando, exigiendo. Levantó la cabeza, lamió el contorno de sus labios, besó su mandíbula, lamió su cuello y tomó su rostro entre las manos mientras se incorporaba suavemente hasta quedar sentada sobre él, con su erección presionando su humedad.
Llevó la cabeza masculina hasta la curva de su cuello, sintió como el macho acariciaba con suavidad su clavícula, se estremeció ante el contacto de las enormes manos sobre su cuello.
—Bebe de mí, Wrath. Déjame entrar en tu cuerpo, déjame ser tu fuerza, como tú eres la mía —le dijo mientras lo conducía hacia su garganta.
Wrath soltó un gruñido, lamió su garganta, justo donde latía acelerado su pulso. Sintió como sus colmillos crecían, y sin pensar nada más, los hundió en el cuello de la hembra, mientras succionaba con fuerza de su vena, sintiendo con satisfacción como la fuerza de ella entraba en su cuerpo. Llenándolo por completo.
Estuvieron unos minutos así mientras el macho se alimentaba, acunándola contra su cuerpo. Saciado, lamió la herida hasta casi hacerla desaparecer. Se apartó un momento mientras miraba a los ojos a su hembra. Tomó su rostro entre las manos y acarició las mejillas, deslizó los dedos por su rostro, memorizándola, grabándose en la mente las delicadas facciones de Raysa y de sus labios salieron las palabras más inesperadas:
—Te amo, leelan —le susurró antes de besarla con suavidad y ternura.


Una sombra se deslizaba furtivamente por el complejo de la Hermandad, moviéndose silenciosamente, ocultándose en cada esquina sombría que hallaba en su camino, para no delatar su presencia a la inocente e ignorante víctima…
¿A eso llamas imaginación? Además, él debe estar esperando el momento en que aparezcas, le dijo la voz.
—No, a eso le llamo pasar un excesivo tiempo viendo películas con Rhage. Y creo que aun no se ha enterado de que presencio cada entrenamiento suyo —respondió Nessa.
Nunca había tenido mucha imaginación y el por qué estaba recurriendo a ella en ese momento, pues no lo sabía.
Oh, ¡por favor!
Bien, de acuerdo, sí lo sabía. En parte, estaba aburrida con “A” de aburrimiento mayúsculo. Ya habían pasado varias semanas de esta nueva, pero no menos irritante rutina de aparecer allí donde fuera que Zsadist estuviera entrenando para poder imitar movimiento por movimiento todo lo que hacía. Era cierto que era la mejor forma que había encontrado de aprender algo de él, pero también había tenido la esperanza de sacarlo de quicio y provocar nuevos enfrentamientos con él.
Y le había prestado la misma atención que a una mancha en la pared.
Ése era el motivo de su aburrimiento.
La otra razón por la cual recurría a su endeble imaginación, era aquella que no quería admitir, ya que no entendía el por qué se sentía así.
Cuando Phury la había llamado por primera vez para comunicarle que acababa de dejar a Zsadist y que antes de despedirse, éste le había mencionado que iría al gimnasio un rato a entrenar, le había agradecido la llamada y que la ayudara, le aseguró que se dirigiría hacia allí inmediatamente, le volvió a agradecer y luego le cortó.
Y luego se había puesto sumamente nerviosa, cosa que no había cambiado en todo este tiempo.
No entendía por qué reaccionaba de esa forma cada vez que debía encaminarse hacia donde el macho se encontraba. La primera vez podría haber sido medianamente compresible y tal vez incluso la segunda. Pero después de todo este tiempo en que la había ignorado, no había de qué preocuparse. Además, podía ser una hembra y podía ser pequeña, pero era una guerrera de probada calidad y trayectoria, podría con cualquiera de los hermanos si tuvieran que llegar a enfrentarse. Pero Zsadist la ponía nerviosa.
Se detuvo frente a las puertas del gimnasio. Siempre dudaba un poco antes de darse a conocer. Dios, era patética.
Tú sabes por qué estás así.
Ignorando esas palabras, entró.
Oh. Dios.
Allí estaba él, tan perfecto como siempre en su danza, apaleando una pobre bolsa. Sus pies y sus manos eran sumamente ligeros en el vaivén de la lucha, sus ojos expresaban una gran concentración, sus músculos reflejaban toda la fuerza contenida que en él había.
Suspiró y se ubicó frente a la bolsa más cercana a él y comenzó a imitar sus movimientos. Después de tantas semanas, podía seguirlo a la perfección, segundo por segundo sin adelantarse o retrasarse. Estaban completamente coordinados.
Bueno, en realidad, ella estaba coordinada con él, solo ella era el títere, el espejo, la que lo seguía a uno y otro lado para poder aparentar que hacía algo en este mundo, que era medianamente útil, que se afanaba tratando de cumplir su deber para con su raza, el deber de proteger a su gente imitando cada uno de los malditos movimientos de vaivén sin sentido de un macho totalmente indiferente en un aséptico gimnasio una y otra vez mientras en las calles los civiles morían a manos de los lessers volcando esta interminable guerra sin cuartel a favor del Omega.
Maldito Zsadist.
Creía que después de un par de veces, se hartaría y comenzaría a entrenarla. Luego había esperado que aunque fuera le marcara algo que hacía mal. Finalmente había rogado porque le exigiera que dejara de fastidiarlo.
¿Qué gran ironía, no? Ella, que se había pasado gran parte de su jodida vida rogando que los hombres dejaran de mirarla, de perseguirla, de buscarla, de usarla y soportándolo a pesar de todo para poder sobrevivir, estaba ansiando que un macho de lo menos indicado la mirara de reojo aunque sólo fuera para confirmar que sabía que se encontraba allí.
A fin de cuentas, con o sin su atención, todo lo que recibía de los machos era desprecio.
Sintiendo como la furia se instalaba fuertemente en su interior, supo que pronto comenzaría a evaporarse otra vez, y desde que no había una fuente de agua cercana, eso era una mierda.
Comenzó a golpear la bolsa para descargar toda su frustración, olvidándose de que estaba imitando al macho que se encontraba a su lado y aún así, ambos seguían realizando los mismos movimientos como si fueran uno. Golpeaban y golpeaban, sus pies se movían raudos y ligeros sobre el suelo de madera pulida, sus puños colisionaban contra el suave pero resistente cuero, una y otra vez, sin cejar, sin detenerse.
El movimiento era necesario. Muévete, muévete, muévete.
Incapaz de soportar por más tiempo la furia, Nessa se volteó y le arrojó una patada al objeto de su frustración… quién la esquivó hábilmente logrando que terminara despatarrada en el suelo a causa del impulso. Zsadist sacó una de sus dagas de la pechera que según parecía nunca se quitaba y con ágil movimiento se agachó y la clavó en el suelo junto a su cabeza.
—¿Qué demonios pretendes? —Siseó en un tono bajo y peligroso.
Nessa lo fulminó con la mirada desde el suelo antes de responderle.
—Oh, no me digas que olvidé ponerme mi traje de invisibilidad antes de venir aquí.
—Repito: ¿Qué pretendes? —Dijo mientras recuperaba su daga y se levantaba.
—Que cumplas con tu deber, maldita sea.
—Deja de interrumpirme.
—Zsadist, debes entrenarme, así te lo ordenaron. ¡Cúmplelo de una vez!
Zsadist solo entrecerró los ojos aún más. Bien, tal vez porque era capaz de mirarte de esa manera que te helaba hasta la médula era una buena razón para ponerse tan nerviosa.
—Vete.
Pensando que una posición algo más digna podría ayudar, Nessa se levantó para poder hacerle frente. Si es que podía llamarse “hacerle frente” a alguien estando medio metro por debajo.
—No quiero. Y en realidad, no puedo. Nos ordenaron que entrenáramos juntos y que saliéramos a cazar juntos. Quiero cumplir con mi deber.
El macho la miró peligrosamente mientras arrojaba su daga hacia arriba y cuando bajaba, la agarraba por el mango para volver a arrojarla. Una y otra vez.
—Haz lo que quieras, no me interesa. Solo deja de molestarme —le dijo.
Respira… profundo… No permitas… que… te saque… de quicio.
—Nos ordenaron hacerlos juntos, ¿entiendes lo que te digo? Juntos. Puedo entrenar sola si es necesario, pero no tengo permitido salir a cazar si no lo hago bajo tu supervisión. Por favor.
Mierda, le había costado mucho decir esas dos últimas palabras, pero lo había hecho, maldita fuera. Era demasiado.
Refrenando la ira y la vergüenza que sentía en su interior, dio media vuelta y se dispuso a salir del lugar. Por Dios, como si sus hermanas no tuvieran suficientes motivos para avergonzarse de ella, como si no fuera ya un milagro que le permitieran combatir a su lado. Se detuvo de repente al escuchar la voz a sus espaldas, pero no se volteó.
—No me importa como entrenes. Saldré hoy después de que se oculte el sol. No llegues tarde. Te llevaré en mi vehículo. Cuando lleguemos al centro, haz lo que creas mejor, solo no me importunes.
Genial, era lo único que le faltaba.
—No quiero tu lástima, guerrero. No la necesito —le espetó, aun si voltearse.
—Ven o no. No me importa.
Escuchó el suave sonido de una daga al ser enfundada y luego Zsadist pasó a su lado y sin mirarla, salió del gimnasio.
La humedad en sus mejillas no significaba nada. Después de todo, ella era Agua.



Espero que les haya gustado  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Junio 30, 2009, 04:40:04 am
Geniaaaaaaaaaaaal  emot037 :emot018:

Dioses que escenas  emot021
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Junio 30, 2009, 04:45:38 am

MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS  emot030 emot030 emot030 emot030

No me dejen asiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026

CHICAS USTEDES TIENE LA CULPA POR HACERLO TAN EMOCIONANTE  :emot003: :emot003: :emot003:

besos  emot024

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ale_itati en Junio 30, 2009, 05:05:06 am
 emot024 Gracias chicas por las palabras
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Junio 30, 2009, 10:49:10 pm
Pero que bien os está quedando chicas  :emot018: :emot018:

Quiero más, quiero saber de Z y Nessa  emot022
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 01, 2009, 11:59:28 pm

Hoy es miercoles   emot033 y necesito midesestrezon plis  emot026 emot026 emot026

chicas apiadenseeeeee emot025

besos  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Julio 05, 2009, 10:01:42 pm
Hola guapas, pasaba por aqui y me dije...  :emot009: fijo que han subido otro capítulo, porque ellas son buenas y saben que me encanta su historia y quiero saber más .... pero  :emot017: no hay nada, ningún capi nuevo  :emot017:

Pero pronto vais a subir otro no????  emot026 emot026

Seré buena  emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Julio 06, 2009, 12:09:12 am
Y yo prometo no pensar planes maleficos durante una semana  emot025 porque se me es imposible portarme bien  :emot013: pero no mataré a nadie ni lo planearé siquiera ( :emot003:) :emot016:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 06, 2009, 12:11:43 am

Yo prometo.....ser buena..y prestarles a mis angelitos de covet  emot040......
pero por el amor de dios publiquen algo ya  :emot003:

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: vichyta en Julio 08, 2009, 12:32:29 am
 emot025 Disculpen la tardanza... pero andamos cortitas de tiempo.
Espero que pronto subamos el capítulo 13.

Gracias a todas por los comentarios.





CAPÍTULO 12

Zsadist se encontraba en el vestíbulo de la mansión esperando a que el sol se pusiera, para lo que faltaban solo cinco minutos.
Allí se encontraba también el resto de la Hermandad y tres guerreras, las dos rubias y la morena alta. No había ni rastros de la pequeña hembra.
En parte, se alegraba de que no estuviera allí. Era extraña. Cuando cualquier mujer habría dado todo lo que tenía para alejarse de él, ella lo perseguía allí donde estuviera. Tal vez solo fuera obstinación, después de todo, se suponía que era el encargado de entrenarla y había pasado por alto ese deber olímpicamente. Pero por la Sagrada Virgen que ella se había encargado, a su manera, de hacérselo cumplir.
Pero claro, si era obstinada, él podía serlo mucho más. Había quedado demostrado en ese último entrenamiento. Había olido su furia y su frustración, ese olor se había hecho cada vez más denso hasta que por fin explotó y le había lanzado una patada.
Dios, había necesitado de todo su escaso autocontrol para no dañarla con su daga. La había desenfundado dispuesto a clavarla en lo más profundo de su corazón, pera al darse la vuelta y comenzar a caer, había fijado la vista en sus ojos grises y había desviado la trayectoria del arma.
Era una hembra muy extraña. No había sentido miedo. En ningún momento, desde la primera vez que la vio, no había sentido el miedo proviniendo de ella. No le temía, e incluso lo enfrentaba.
Ella era… sí, reiterativamente extraña.
Saliendo un poco de sus cavilaciones, Zsadist se dio cuenta de que la conversación a su alrededor había cesado de pronto. Al levantar la cabeza, supo el por qué.
Nessa estaba allí, parada en lo alto la escalera que bajaba hacia el vestíbulo, con un pantalón negro que se le ajustaba a las piernas, una blusa sin mangas de un rojo apagado y una chaqueta de cuero negro que le llegaba un poco más por debajo de las caderas. Tenía el largo cabello negro rizado recogido en un rodete en la parte de atrás de su cabeza, pero algunos rizos habían escapado de la fuerte sujeción.
Miró alrededor con las mejillas algo arreboladas debido a la atención que estaba llamando y dijo.
—Oh, no me digan, ¿acaso olvidé ponerme los pantalones?
Todos en el vestíbulo estallaron en carcajadas ante su comentario, incluso Wrath, que lanzó una pequeña risita.
Ella descendió rápidamente y saltó los tres últimos escalones, aterrizando sobre la alfombra suavemente.
—Bueno, supongo que te resultaría tremendamente útil con los lesser —dijo Vishous—, serán impotentes, pero no ciegos.
—Seguramente, pero cuando emplee ese método, me aseguraré de no pelear a tu lado. Ya sabes, no me gustaría que te lastimaran por mi culpa —dijo guiñándole un ojo.
—No pecas de vanidad, ¿no es cierto? —Le replicó el vampiro con ironía.
—Oye, fuiste tú quien en primer lugar elogió mis piernas —le respondió con un inocente encogimiento de hombros.
Todos allí volvieron a reír por el pequeño intercambio entre la guerrera y su hermano.
Aquel era otro aspecto que lo intrigaba. Se notaba que no le gustaba llamar la atención o que cualquiera, a excepción de sus hermanas, se le acercara. Aprovechaba su tamaño para pasar desapercibida, encogiéndose más incluso. Pero cuando a pesar de todo se convertía en el centro de atención, sabía salir del paso con agudos comentarios.
Todavía podía verla en el gimnasio, realizando los mismos movimientos que él hacía, como si de una coreografía se tratara. No le había molestado lo que hacía. Incluso, tal vez, lo divertiría, si supiera lo que era eso. Sería una buena compañera de lucha, pensó… si quisiera tener una, y seguro como la mierda de que no lo quería. Estaba mejor solo, alejado de todos. Tal vez cuando lo viera luchar esa noche, si es que se empeñaba en seguirlo, vería quien era en realidad y por fin sentiría miedo y se alejara. Sería una buena terapia para ella.
Sintiendo que el astro rey ya se había despedido por ese día, salió de la mansión y se dirigió a su Porsche. Esperaría dos segundos, si ella no llegaba, se desmaterializaría hacia el centro, solo. Pero no estaba a mitad de camino hacia su auto cuando escuchó unos suaves pasos corriendo hacia él.
Abrió la puerta del auto y estaba subiéndose cuando ella le habló.
—Puedes decirme donde debo materializarme, no hace falta que me lleves en el coche.
Tenía razón. No había ninguna razón para llevarla en coche hasta el centro. Pero lo cierto es que no se había dado cuenta de eso hasta que se lo dijo.
Obviándola, se subió al coche y lo arrancó. Por la comisura del ojo, la vio poner los ojos en blanco y suspirar. Luego se dirigió al coche.
Una vez abrochados los cinturones, Zsadist se dirigió hacia el centro. Ninguno de los dos habló en ningún momento, pero no era un silencio tenso. Simplemente… era silencio.
Nessa tenía apoyado un codo sobre la puerta y la cara sobre la mano, el viento que entraba por la ventanilla abierta tiraba hacia atrás los pequeños rizos sueltos alrededor de su rostro. Sus ojos expresaban aburrimiento.
Cuando se aproximaban al centro de Caldwell, el ceño de ella se fue pronunciando. Era obvio que no le gustaba lo que veía. Bien, allá ella y su sensibilidad. Si no podía soportar los callejones en que la lucha se desarrollaba normalmente, pues lo lamentaba. No pensaba ayudarla, de hecho, ni siquiera creía que fuera a estar cerca de la hembra. En primer lugar, necesitaba alimentarse de nuevo. La sangre humana era un alimento muy pobre y ya estaba casi al límite. Así que estacionó frente al ZeroSum y bajó.
—Iré al club en primer lugar, luego saldré —le informó.
—De acuerdo ¬—le respondió ella mientras cerraba la puerta de un golpe.
Cruzó la acera y al llegar a la altura del guardia que cuidaba la puerta, se dio cuenta de que ella estaba detrás de él.
—¿Qué haces? —Le preguntó filosamente, sin voltearse.
—¿Te acompaño? —Le dijo con burla.
—No te pedí que me acompañaras.
—No, dijiste que hiciera lo que se me diera la gana. Y ahora se me antoja acompañarte. Y antes de que objetes algo, también señalaste que no te importaba lo que hiciera, así que puedes seguir con lo tuyo tranquilamente.
Zsadist hizo un esfuerzo por no voltearse, cargarla sobre un hombro y encerrarla en el coche. La idea era tentadora, pero implicaba tocarla y ese definitivamente no era su camino.
—También recuerdo perfectamente que te dije que no me importunaras, y eso es precisamente lo que estás haciendo.
La pequeña hembra apretó sus labios, colocó las manos detrás de la espalda y retrocedió dos pasos.
—¿Así está bien? —Le dijo en un suave susurro.
Suspirando hondo, entró en el club. La gente se iba apartando a su paso y luego volvía a juntarse cuando él se alejaba, lo que le venía muy bien. De repente, sintió la presencia de la hembra justo detrás suyo. Había vuelto a acercarse. La ignoró hasta que ingresaron a la sección VIP.
Cuando se dio la vuelta para increparla, vio que se corría para evitar apenas que un hombre la rozara, y luego repitió el movimiento para esquivar a una de las prostitutas del lugar. Viendo esto, se tragó sus palabras. Evidentemente, a ella tampoco le gustaba el contacto.
Un macho humano se acercó a Nessa, con la lujuria brillando en sus ojos. Zsadist lo miró fijamente. Era un macho elegante, sin duda. Se preguntó si a ella, como a algunos de sus hermanos, le gustaría tener sexo ocasionalmente.
Cuando el tipo estuvo muy cerca, ella le dio la espalda, en un claro desplante. Sin darse por vencido, la rodeó y levantó tres dedos. Mierda santa, le estaba ofreciendo dinero.
Zsadist no sabía por qué, pero eso le molestó muchísimo. El estúpido humano estaba insultándola. Estaba por precipitarse hacia él, cuando una ola fría y un olor picante lo detuvo. Observó fijamente a Nessa. La mirada que le lanzó al humano fue realmente estremecedora. Por suerte, el tipo parecía tener el suficiente cerebro como para darse cuenta de que nada tenía que hacer allí y se largó. Nessa lo siguió con la mirada con una expresión neutra y una postura relajada, pero sus manos, apretadas en sendos puños temblaban casi imperceptiblemente.
Z se dirigió hacia donde se encontraba aún quieta, y mientras se acercaba se dio cuenta de que el frío que ella exhalaba era su furia y ese olor picante… era miedo. Aquello le extrañó. No se había amedrentado en su presencia, pero un simple humano lograba turbarla.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para que la oyera, ella le dijo.
—Esperaré afuera. Este lugar no me agrada.
Y salió por donde habían entrado.
Cuando se hubo perdido entre la multitud, Zsadist se dirigió hacia la mesa que habitualmente ocupaba la Hermandad. Ahora mismo estaba vacía, puesto que todos debían de estar patrullando en estos momentos, tal vez más tarde, algunos de sus hermanos fuera allí.
Se sentó y esperó. Las prostitutas fueron desfilando por allí, pero ignoró a todas. Demasiado vestidas, demasiado perfumadas, demasiado cabello, demasiado drogadas. Hasta que una rubia alta se acercó. Llevaba el cabello recogido y no sonreía estúpidamente. Llevaba el cuello completamente descubierto y el perfume que usaba no saturaba sus sentidos. Era perfecta.
Le hizo una seña y ella se acercó. Le marcó con los dedos la cantidad ofrecida, tal como el humano había hecho con la pequeña guerrera. Reprimiendo de nuevo su furia, se levantó.
—Vamos afuera —le dijo a la mujer, después de entregarle el dinero.
La humana no retrocedió cuando lo vio. Tal vez su cara no había quedado del todo iluminada, o tal vez ella estuviera más drogada de lo que había creído. O tal vez ya nada le importara.
Una vez afuera, comenzó a acercarse a él, pero la cortó diciendo:
—Quieta. Date la vuelta.
Ella entornó los ojos, mirándolo con desconfianza, pero le obedeció. Sabía que las reglas del club exigían satisfacer a los clientes.
—Muy bien. Adelante —dijo al posicionarse. Su voz sonaba pastosa.
Se colocó inmediatamente detrás de ella mirando su yugular. Los colmillos crecieron debido al hambre, alargándose hasta parecer lo de un tigre.
—Inclina la cabeza hacia un lado —le dijo con la voz ronca.
La mujer obedeció y bajó la cabeza hacia su cuello. Estaba a punto de morderla cuando una voz lo interrumpió.
—¿Humanas?
La voz de la pequeña guerrera destilaba incredulidad. Zsadist le lanzó un breve vistazo por encima del hombro, pero no le prestó más atención.
—¿Tu novia? —Preguntó la humana riendo suavemente.
—Haz lo que te dije y olvídate de ella —le ordenó.
La hembra humana volvió a inclinar la cabeza y sin perder un segundo, Zsadist la mordió. Ella lanzó un quejido y lucho un poco, pero Z usó sus poderes para tranquilizarla hasta que se quedó quieta. Siguió bebiendo, intentando ignorar a su público.
Una vez hubo terminado, le borró los recuerdos de él e hizo que se fuera de allí. Cuando se volteó por fin, fijó por un momento la mirada en
Nessa. Tenía una expresión neutra que nada revelaba, pero sus ojos lo analizaban atentamente, como si esperara que llegara a colapsar por haber tomado de la vena de una humana.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar para salir del callejón. Pudo oír los suaves pasos de la hembra detrás suyo, hasta que llegó a su lado. Debía andar a un ritmo bastante ligero, casi de trote, para estar a la par de sus grandes zancadas.
—Ahora ya sé en qué más se diferencian Phury y tú —dijo Nessa de pronto.
—¿Qué dices? —Le preguntó confundido.
—Que me acabo de dar cuenta en qué más se diferencian, además de los detalles obvios —lo señaló con una mano—. Phury tiene más músculo que tú. Él sí se alimenta de hembras de nuestra especia, ¿no es así?
—Observas mucho a Phury —dijo sarcástico.
—¿Por qué no lo haría? Mirar es gratis —dijo con un encogimiento de hombros.
—¿Y en qué otras cosas Phury es más bello que yo? —Le preguntó, ahora con malicia.
—No dije que uno fuera más bello que el otro, sólo enumeraba en qué se diferenciaban —pareció ofendida al decirlo.
—Sí, claro —exclamó con incredulidad.
—Oye —se detuvo—, no pongas en mi boca palabras que no he dicho, ¿de acuerdo? —   Sus ojos parecían de acero.
—No me fastidies —le dijo antes de continuar andando.
—Dime: ¿Eso de actuar como un completo idiota te sale naturalmente?
Zsadist se detuvo al escuchar sus palabras, aunque no podía terminar de decidir si era a causa del enfado o de la impresión.
Cuando se dio la vuelta y ella, que estaba con la manos apoyadas en la cadera, levantó una ceja como indicándole que aún esperaba una respuesta, decidió que el enfado era la mejor opción en este caso.
Se dirigió rápidamente hacia ella, dispuesto a hacer… algo, lo que fuera, cuando un aroma dulzón, como a talco para bebé, lo obligó a detenerse otra vez.
Nessa se tensó visiblemente. Era obvio que ella también lo había notado. Las ansias de lucha emanaban de su cuerpo en grandes oleadas.
Dos lessers caminaban por la acera de enfrente, siguiendo a un macho civil. Ambos asesinos tenían el cabello ya bastante decolorado, lo que significaba que no eran ningunos novatos. Al macho se lo notaba muy nervioso y parecía muy joven. Y por lo que Zsadist vio, era un estúpido, ya que se había adentrado en un callejón.
Los lessers aceleraron el paso con entusiasmo.
Desenfundó las dagas y se dirigió hacia el callejón. Pudo oír a Nessa detrás de él desenfundando sus propias dagas. Ah, sí, la adrenalina de la batalla. Esto era lo que necesitaba. Se comería vivos a aquellos bastardos.
Ah, la adrenalina. La sentía correr por su sangre, en un torrente caliente y poderoso. Después de quinientos años, volvía a sentir aquella sensación, que la imbuía de poder.
Nessa sintió como sus colmillos se alargaban ante la expectativa de la lucha. Oh, sí, tenía sed. Sed por derramar la sangre de aquellas abominaciones.
Hizo girar las dagas en sus manos y al tiempo que emitía un funesto siseo, comenzó a correr sobrepasando a Zsadist. No importaba que se hubieran dirigido a un oscuro callejón, era totalmente ajena al entorno que la rodeaba. Sus ojos brillaban de violencia contenida.
Los lessers estaban luchando con el vampiro, que se estaba defendiendo bastante bien para ser un civil, pero se agotaba rápidamente. Dando un gran salto, Nessa cayó sobre el más grande de ellos, arrojándolo contra el suelo. Sintió vagamente que el otro lesser era arrojado con fuerza hacia atrás, pero no prestó mucha atención. Tomó la cabeza del lesser y la golpeó con fuerza contra el pavimento, aunque no con la suficiente como para romperla. Quería que la batalla durara lo máximo posible.
Dio un salto hacia atrás y mientras esperaba que el maldito se pusiera en pie, enfundó una de sus dagas. Jugaría con él, lo rebanaría como a un jamón. Lentamente.
Puso los ojos en blanco cuando el cabrón se puso por fin de pie y la miró sorprendido. Sabía que su sorpresa ahora sería reemplazada por fanfarronería, seguridad de que acabaría fácilmente con ella. Después de todo, era sólo una hembra.
—¿Sabes, pequeña hembra? —Le dijo—. No deberías meterte en asuntos de grandes. No es bueno meterse en cosas que lo superan a uno.
Oh, la pequeña hembra disfrutaría enormemente haciéndole arrepentirse de cada una de esas palabras.
El macho se abalanzó sobre ella repentinamente. Sonriendo ampliamente, ella imitó su movimiento. Cuando estaban a punto de colisionar, Nessa se desmaterializó justo detrás de él, quien por la carrera, no pudo frenar y se estrelló contra unos cubos de basura.
Nessa se acercó por detrás y le hizo un profundo corte en la espalda, pero el bastardo era más rápido y fuerte de lo que ella creyó y en un único movimiento, de dio la vuelta y la tomó por la mano en que sostenía la daga y la estrelló contra una de las paredes del callejón.
La guerrera vio brevemente las estrellas y pudo sentir el sabor de la sangre en su boca. El asesino volvió a tirar de su brazo, seguramente para repetir la acción anterior, pero como pudo, ella se giró y clavó sus colmillos en el antebrazo de su atacante, quién chilló fuertemente, tratando de soltar su brazo del agarre de las mandíbulas de la vampira, que sólo las apretó aun más fuerte, hasta que sintió como los huesos se astillaron debajo de sus dientes.
Soltó por fin al lesser y dio un salto hacia atrás. El tipo se levantó torpemente, sujetando su brazo roto, que se torcía en un extraño ángulo, y la miró con odio.
—Dime, ¿quién es ahora el que está metido en un asunto que lo supera? —Se burló.
El lesser lanzó un grito de furia y se volvió a abalanzar sobre ella, quien no dudó en ir a su encuentro.
De pronto, en un rápido movimiento, el lesser sacó un arma con el brazo sano y disparó dos veces. Gracias a una tardía pero oportuna reacción, ambas balas solo alcanzaron a darle el hombro derecho.
A que habías olvidado que estabas en el siglo XXI, dijo esa molesta voz en su cabeza.
Dejó caer la daga debido al dolor y gruñó porque la voz tenía razón. Seguía creyendo que las batallas sólo se desarrollaban cuerpo a cuerpo, pero ya no era así. Ahora estaban esos malditos artilugios de metal.
Sintió tres explosiones más, pero que esta vez provenían desde su espalda, y el lesser al que se estaba enfrentando cayó al suelo, no muerto, pero sí abatido.
Se dio la vuelta sin dejar de sujetarse el hombro herido, y vio a Zsadist descendiendo con furia sobre el otro lesser para clavar su daga en el hueco en el que el asesino había tenido el corazón, haciéndolo esfumarse en medio de una explosión de luz.
Una vez erguido, le lanzó una mirada llena de ira.
—Podrías haber acabado con él de un solo golpe.
—Eso lo sé perfectamente, muchas gracias.
—Eso que hiciste fue una estupidez.
—Jódete —le replicó con acritud.
—Hace mucho tiempo que lo estoy —respondió en un susurró muy bajo y letal, pero no supo si le hablaba a ella o a sí mismo.
Se dirigió al lesser caído. Una de las balas le había dado en la frente, y las otras en la mandíbula y en el cuello.
—Tío, eso debe doler —le dijo.
El tipo la miró con los ojos dilatados por el dolor e intentó levantar el brazo sano, pero ella lo pisó y haciendo una mueca de dolor, descendió hacia él, para revisarlo en busca de alguna identificación.
—Lamento que no nos hayamos podido divertir más, me hubiera gustado hacerte pagar por esto —señaló el hombro herido con la barbilla mientras se guardaba las llaves, el carnet de conducir y un papel con una dirección que había encontrado—. Pero ni modo —sacó la daga que estaba guardada y envió al bastardo de vuelta hacia su creador.
Se puso de pie, sintiendo la fría mirada de Zsadist en su espalda.
—El difunto era Richard Swan. Tenía un papel con una dirección anotada. ¿Vamos hacia allí? —Le preguntó con un tono de voz neutro.
—Sí, iré hacia allí.
—¿Irás? —Le preguntó, esta vez con un tono de exasperación.
—Sí, iré —la miró duramente—. Tú deberías regresar a la mansión y hacer que alguien te quite las balas que tienes alojadas en el hombro.
Nessa se cubrió el hombro con la mano y se acercó a Zsadist, lista para discutir, cuando un nuevo disparo volvió a oírse. Pero esta vez, sus instintos reaccionaron a tiempo.
Tomó el brazo de Zsadist y lo hizo a un lado. El vampiro no tardó un segundo más y levantó su arma y la disparó repetidamente, hasta que el tercer lesser, salido de no se sabe dónde, cayó.
Se quedaron completamente quietos y sin respirar durante un eterno segundo, hasta que Zsadist, con un siseo que dejó al descubierto sus grandes colmillos, se desprendió de su agarre como si el de un leproso se tratara. Se la quedó mirando un momento con la respiración algo agitada y luego se dirigió al individuo para realizar el procedimiento habitual.
Nessa se levantó para alcanzar la daga que se le había caído, cuando algo le llamó la atención. Era el civil. Estaba encogido detrás de unos cubos. Era obvio que Zsadist le había indicado dónde esconderse.
Un enorme sentimiento de vergüenza la embargó. Se había olvidado completamente del joven vampiro, ansiosa como estaba por la sangre de sus enemigos. El macho estaba aterrorizado, había sido atacado ferozmente y encima también había tenido que presenciar toda esa puesta en escena. Arrepentida se acercó a él.
—¿Te encuentras bien? —Le preguntó suavemente.
Él vampiro civil solo asintió. Tenía la mirada fija en algún punto al frente de él.
—Ya puedes salir, ya no hay peligro —le dijo.
El joven volvió a asentir y comenzó a pararse lentamente. Le ayudó a correr los cubos de la basura para que pudiera salir, y luego lo llevó hacia la salida del callejón, donde Zsadist estaba parado, vigilando.
—¿Estás muy herido? —Le preguntó con su sombría voz.
—Sólo un poco —le respondió en un bajo murmullo. No desviaba la vista de la cara de Zsadist.
—¿Puedes desmaterializarte o tengo que hacer de chofer? —Le dijo esta vez más secamente. Era obvio que no le gustaba ese escrutinio.
El macho lo miró durante algunos segundos más, pero cuando Z entrecerró los ojos en él, pareció recuperar el sentido y le aseguró que podía desvanecerse. Le llevó algunos minutos poder hacerlo, pero al final lo logró.
Hubo un minuto de largo silencio que ninguno de los dos rompía, hasta que a lo lejos pudieron escuchar el inconfundible sonido de una patrulla de policía, lo cual era algo lógico. Zsadist maldijo por lo bajo y comenzó a moverse.
—Vámonos de aquí —le gruñó.
Salieron corriendo del callejón y subieron rápidamente al Porsche. Zsadist condujo como un loco hacia las afueras de la ciudad.
Una vez hubo dejado la zona céntrica, Zsadist aparcó y detuvo el coche. Dejó caer la cabeza sobre el asiento y fulminó con la mirada el techo.
—Z, ¿sucede algo? —Le preguntó Nessa, extrañada.
Bueno, en realidad, no sabría decirlo. Cuando llegaron a ese callejón y vio como ella se arrojó sobre ese lesser, estuvo todo un segundo sin saber qué hacer, observándola. La gracia letal con la que se movía y el entusiasmo por atacar a su oponente, le resultaron como impensables en una criatura como ella. Siempre le había parecido frágil e indefensa, era por eso que no quería hacerse cargo de ella en absoluto, no quería ser él quien la dirigiera a una muerte segura en las calles sombrías de Caldwell. Pero lo había dejado atónito, y él no era un vampiro que se sorprendiera muy a menudo. De hecho, no se sorprendía. Pero ella lo había logrado.
Cuando pudo reaccionar, sacó al otro lesser de encima del civil y hasta que se recuperara del golpe, ocultó al joven macho. Dejó al asesino fuera de combate, pero cuando iba a clavarle la daga, oyó esos dos disparos. El bastardo que había estado luchando con Nessa, le había disparado y le había dado en el hombro.
No supo que le pasó en ese momento, pero lo cierto es que de pronto, vio todo rojo. Había querido saltar a la garganta de ese hijo de puta y arrancársela con los dientes, pero se dio cuenta de que se prestaba a acabar con la guerrera, solo se estaba demorando porque la mano con la que sujetaba el arma no era a la que estaba habituado. Pero ese segundo de duda fue suficiente para él para sacar su propia arma y dispararle a aquel maldito. Con una amarga furia todavía recorriéndolo, se deshizo por fin de su propio lesser.
No le había gustado que Nessa fuera herida. Eso solo había demostrado que era tan frágil como había pensado. Ella era una hembra de alto linaje que debería ser resguardada de los asesinos de la raza a como diera lugar, no estar en las calles cazándolos. Era una pequeña hembra que debía ser protegida.
Suspirando pesadamente, la miró un breve momento y luego clavó la vista en la carretera.
—¿Estás bien? —Le preguntó al fin.
—Duele con el demonio, pero estoy bien. Había olvidado que existían esas cosas —dijo frunciendo el ceño.
—Apenas lleguemos podrás llamar a Havers para que venga a la mansión y te atienda.
—¿Qué haremos con las direcciones que conseguimos? Debemos ir a buscar sus frascos.
—Yo me encargaré de eso. Tú llamarás a Havers.
—¡De ninguna manera! Iré cont… —una funesta mirada cortó sus palabras—. Si me lo pides de ese modo —agregó con fastidio.
Sin una palabra más, puso el coche en marcha y se dirigió a la mansión. Una vez allí, la escoltó hasta el vestíbulo y llamó a Havers él mismo.
—El doctor viene hacia aquí —le dijo una vez cortó—. Espéralo en tu habitación, Fritz lo llevará hasta allí.
—Sí, mami, por supuesto —le respondió con voz chillona.
Sin hacerle caso, la vio subir los primeros escalones de la escalera. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta, con una extraña sensación recorriéndole, al saber que ella estaría el resto de la noche a salvo, en la mansión. Era una hembra frágil, pero si no fuera por ella, él también tendría que haberse quedado varado allí, esperando al doctor.
Podía oírla subir la escalera muy lentamente, mascullando por lo bajo, como si fuese un niño regañado al que enviaron a la cama sin cenar. Abrió la puerta y con la mano aún sobre el picaporte, se detuvo.
—Nessa —la llamó.
—¿Sí, mami? —Le dijo ella aún con la voz chillona.
Miró sobre su hombro. Allí estaba ella, con su peinado desordenado y múltiples bucles cayéndole alrededor del rostro. Tenía una sonrisa cínica en el rostro y pestañeaba los ojos rápidamente en son de burla, pero todo lo que él vio fue la mano que tapaba el hombro herido y la mancha oscura que arruinaba su abrigo.
—Por lo de ese lesser que no vi. Gracias —le dijo y salió, satisfecho de haberle borrado esa sonrisa de la cara.


Continuará...

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Julio 08, 2009, 12:35:44 am
Geniaaaaaaaaaaaaaaaal  emot027 emot027 a Z, Nessa ya se le colando bajo la piel  emot037 emot037
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Julio 08, 2009, 01:01:10 am
Quiero sexo entre ellos YA!!!!!!  emot026 emot026

Os está quedando genial chicas  :emot018: :emot018:

 MIL GRACIAS  emot024

Gracias por aguantar lo pesada que soy jiji todos los días preguntando cuando vais a subir más  :emot015:



mmmm para no perder la costumbre.... el próximo capítulo para cuando???  emot025  :emot015:

 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 08, 2009, 02:01:20 am

que hermosoooooooooo!!!!....

cada vez se pone mas interesanteeee  :emot004: :emot004: :emot004:

plis publiquen otro capi prontoooooooooooo!!!!! emot030 emot030


Nessa es mi heroinaaaa!!!.... emot027
besos  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Roz en Julio 08, 2009, 02:53:10 am
Chicas, en realidad nos halagan mucho rompiéndonos las pelotas de ese modo por los capítulos  :emot002: Sigan así  emot037

Disculpen la tardanza  emot025 Y muchísimas gracias por su paciencia y sus comentarios  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 08, 2009, 03:34:53 am

De nada roz... :emot016: :emot016:

ya sabes que nosotras las apoyamos con sus capis....que estan fabulosos!!!....

pero apurense con los capisssssss  emot030 :emot001: emot030 :emot001: que si no me sale mi lado bipolar!!!!!.....

la quiero besos  :emot008: emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: vichyta en Julio 09, 2009, 12:34:04 am

 :emot002: Gracias a todas por leer y molesta...
Es una verdadero placer. emot025


Si todo sale bien el viernes estaremos subiendo el capitulo 13 :emot004:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Julio 09, 2009, 02:42:04 pm
Solo queda un día  :emot019: solo queda un dia  :emot019: solo queda un dia  :emot019:
Solo queda un día  :emot019: solo queda un dia  :emot019: solo queda un dia  :emot019:
Solo queda un día  :emot019: solo queda un dia  :emot019: solo queda un dia  :emot019:
Solo queda un día  :emot019: solo queda un dia  :emot019: solo queda un dia  :emot019:
Solo queda un día  :emot019: solo queda un dia  :emot019: solo queda un dia  :emot019:
Solo queda un día  :emot019: solo queda un dia  :emot019: solo queda un dia  :emot019:

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: willow en Julio 10, 2009, 12:02:46 am
Me a encantado chicas  emot027 emot027 por fin mi pareja faborita en accion aunque :emot017: sufro por lo que insinuasi sobrfe Nessa, no me digais que es mas o menos como Z pero en femenino que trauma.
Desenado el siguiente  emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 10, 2009, 11:30:15 pm

 emot040 emot040 emot040 HOY ES EL DIA!!!  emot040 emot040 emot040

Chicas lo prometidoo ..... emot025

besitos  emot024

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: vichyta en Julio 11, 2009, 07:01:23 pm
Disculpen la tardanza...
Tuve algunos problemas ayer y no lo pude subir... emot026

Pero ya esta... un capitulo más... subido de tono :emot009:



CAPÍTULO 13

Hacía una semana que Butch no veía a Kytara y eso lo tenía preocupado.
Le había mandado a decir con Fritz que no podría asistir a las prácticas.
Cada vez que se acercaba para hablarle, ella buscaba una excusa para irse; si no era una de sus hermanas que la necesitaba, era algo que no había entendido de las clases de Phury o Vishous.
Eso lo volvía loco. Desde la última vez que habían estado juntos, había tenido la sensación de que estaba haciendo avances con ella. Pero no, otra vez recibía un portazo en el rostro. Ya estaba cansado de las hembras.
Primero Marissa con su frialdad y su manera apasionada de entregarse, pero luego, cuando pretendía sacar a la luz aquella relación, escapaba y tenía por toda respuesta un "Lo siento".
Pero no pasaría otra vez por ese papel. La guerrera le debía una explicación.


Kytara se encontraba en el gimnasio practicando con la bolsa de boxeo un poco de Kick Boxing, era uno de los deportes que más le gustaba.
Se lo había enseñado Butch.
Maldición. Otra vez pensando en él.
¡Ya basta! Se dijo mentalmente, reanudando la práctica.
Estaba tan concentrada en sus ejercicios que no escuchó que la puerta del gimnasio había sido abierta y luego cerrada con una traba.
—Por fin te encuentro —Butch la miraba, no podía dudar que era hermosa, ese cabello negro que enmarcaban una cara ovalada y sus ojos que en ese momento no expresaban nada.
—Perdón…
—No, guerrera, quiero que me digas en este preciso momento por qué estás huyendo —lo dijo sin dejar de mirarla y sin aminorar la marcha hacia ella, quería que se lo dijera mirándole a los ojos.
—Yo no huyo de nadie, guerrero, que eso te quede claro —dijo clavándole un dedo en el pecho. Butch lo retiró de un zarpazo.
—Entonces dime, ¿por qué te escondes? —Preguntó tomándola de los brazos, no quería que escapara, quería tocarla.
—Primero y principal, quítame las manos de encima —sus ojos empezaron a pasar de su habitual azul a un violeta tormentoso—. ¿Quién te crees que eres para venir y hacerme preguntas? —Le gritó con rabia, ya cansada.
—Sé que no soy nadie para ti —le soltó él con rabia, pero no se iba a ir hasta que no aclararan todo—. No, que memoria la mía —miró hacia arriba como invocando a un ser divino—. Ahora lo recuerdo, soy sólo un híbrido, ¿no? Eso fue lo que me llamante la primera vez y eso es lo que soy.
—Se nota que tenía razón —gritó, el aire en la habitación se había empezado a cargar, estaba pesado como si de repente un volcán estuviera a punto de hacer erupción—. ¿Por qué no te vas y me dejas tranquila?
—No hasta que me contestes —solo quería eso, saber el por qué de su cambio para con él.
—Ok, si el señor lo quiere, se lo diré: He estado pensando y me doy cuenta que no estoy avanzando con tus enseñanzas, que no me siento cómoda contigo y que quiero a otro entrenador. ¿Ya estás feliz?
—Con que era solo eso. Pero no entiendo, ¿no te sientes cómoda con esto? —La tomó de los brazos y la acercó a su cuerpo—. Y quieres que otro te enseñe… ¿así? —Y tomando con una mano su nuca, unió sus labios, en un salvaje beso. Era para demostrarle que le pertenecía, que ningún otro macho la tocaría. Quería marcarla.
Kytara se podía resistir a todo pero no a los labios de Butch y se entregó gustosa a su boca, a esa lengua que entraba y salía. Lo quería más cerca, quería sentir su piel, recorrer con sus labios su cuello, sus pectorales, ese abdomen y tomar con sus manos su sexo, demostrarle cuanto lo deseaba, pero maldita fuera la Virgen Escriba.
Jamás podría ser. Dándose cuenta de esto, lo abrazó y lo acercó más a ella.
Butch, al sentir el cambio en Kytara, la alzó llevándola hacia los vestuarios donde se sentó en un banco con ella a horcadas. Quería tenerla más cerca, pero las ropas se lo impedían. Volvió a capturar sus labios, e introdujo su lengua comenzando una danza erótica, quería enloquecerla, sus manos recorrían sus piernas, subiendo por sus caderas yendo hacia su trasero firme y redondeado y lo acarició con sumo placer, luego recorrió su espalda por debajo de la camiseta que le quitó, quedando solo en sujetador, y ocultando esos senos que hacían un vaivén con la respiración agitada de Kytara. Con su boca trazó un recorrido desde su cuello hasta sus hombros, deteniéndose sólo unos segundos para saborear su piel, tan suave y tersa. Con sus dientes hizo a un lado la tira del sujetador, y con su mano lo deslizó hacia un costado, tomando posesión del seno con sus labios.
Kytara soltó un suspiro. Por el amor de la Virgen Escriba, esto era el paraíso. Ese macho sí que sabía hacer sentir a una mujer hermosa, sería un maravilloso hellren, pero no el suyo. ¡Stop! No ahora, no esos pensamientos, vive el momento, Aire.
Pero ya era demasiado tarde, algo se había enfriado y Butch lo sintió.
¡No! ¿Por qué? Si estaba tan cerca, por fin Kytara iba a ser suya y jamás la iba a dejar ir. La abrazó con fuerzas, esto no podía acabar.
—Déjame ir, Butch —su voz sonaba rara, como sosteniendo un sollozo.
—¡No! —Lo dijo de forma posesiva. Si la soltaba, ella se marcharía.
—Es lo mejor, ¡suéltame ya! —Le gritó y en su rabia convocó su poder.
Fue como si un tornado se hubiera metido en el vestuario. Las puerta de los casilleros fueron arrancadas de ellos, algunos volaban y se estrellaban contra las paredes, los bancos eran alzados siendo partidos en dos como palitos de brochet. Kytara fue alzada del regazo de Butch por una mano invisible, siendo mantenida en el aire, ella era el centro de todo, y todo ello giraba a su alrededor.
Poco a poco las cosas fueron cayendo, totalmente destrozadas, pero Kytara seguía suspendida.
—Por tu bien, no quiero que te acerques nunca más a mí —y con eso, desapareció.
No lo podía creer, se había ido y solo le había dicho eso. Pero no, esta era la última vez que jugaban con él.
—¡Maldita seas, Kytara!


Kytara se desmaterializó directamente hacia el otro lado. Esto tenía que terminar, el grito de Butch todavía la perseguía.
Solo si él entendiera su situación.
Pero ya era tiempo de ser feliz, de vivir, por fin había encontrado a un macho que la apreciaba. Ya no quería esperar más, ya no lo quería hacer esperar.
Era el tiempo de la verdad.
¿Dónde demonios se encontraba la Virgen Escriba? Miraba para todos lados, solo veía la soledad del lugar.
—Kytara, ¿qué haces aquí? —la voz vino desde su espalda, era ella—. Todavía estoy a analizando quien será el macho que te alimentará.
Solo la miró.
—No he venido a eso —escupió las palabras—. Vine a decirle que no quiero que sea otro el que me alimente, sólo quiero a Butch.
—El hermano Dhestroyer ha sido descartado —hizo un ademán con sus manos, rechazando las palabras de Kytara.
—¡No! ¡No quiero a otro! —Gritó desesperada—. ¿Por qué me lo haces tan difícil? —Sentía los ojos cargados de lágrimas.
—No tengo por qué contestar, Kytara —en su voz se notaba el descontento por la pregunta de la guerrera.
—Sí, me lo debe por la memoria de mi madre, por lo que ella hizo por usted.
Sus poderes estallaron, eso había sido demasiado, ya nada la podía controlar, el viento, el aire y la energía del lugar tomaron forma en su cuerpo, ellos se encontraron y se unieron en la pelea de Kytara, pero en este momento era Aire, la Hermana, una de las primeras.
La Virgen Escriba, al ver esto, temió lo peor. Tendría que ponerla a dormir o en el peor de los casos, destruirla, ya que si una de ellas se revelaba, las demás no tardarían en hacerlo y esto llevaría el exterminio de la raza ya que dudaba que los Hermanos las pudieran detener.
—Ya basta, Kytara, ¡te ordeno que te detengas!
—¿Tú me ordenas? Entiende esto, mi consagración hacia ti ya ha terminado —de repente, lo blanco se volvió gris. Una tormenta de proporciones bíblicas se estaba formando y ninguna sabía en qué terminaría—. De ahora en adelante, ya no tienes mi respeto, ¡ya no soy de tu propiedad! Voy a vivir mi vida como se me plazca —su voz eran truenos que resonaban en el caos que había armado.
—Desde el primer momento supe que el hermano traería problemas. Todo esto es por él, ¿no es así?
—¿Y a usted qué le importa?
—Pareces una perra en celo, digna hija de tu madre.
—¡No meta a mi madre en esto! —De su mano salió una ráfaga de viento, queriéndola herir por ese insulto.
—¡Aire, no! —Fue el grito de Nessa. Sus hermanas habían aparecido al sentir el cambio y temieron por su vida.
—Por lo que más quieras, contrólate —Raysa trataba de aminorarla con sus poderes.
—¡No vale la pena, hermana! —Le gritó Leliel.
En el fondo sabía que tenían razón, pero esta era una batalla que quería librar desde el momento en que permitió que Butch entrara a su vida. La esclavitud llegaba a su fin.
Sus hermanas siempre lograban tranquilizarla, y esta vez no fue la excepción.
Poco a poco sus poderes se fueron normalizando, haciendo que todo a su alrededor volviera a la normalidad. Sólo los rasgos desencajados en el rostro de Kytara eran el testimonio de su furia.
Respirando profundo, las miró.
—Tienen razón, no vale la pena —y así como apareció se pudo controlar, ya se sentía libre—. Pero quiero que sepa, “Su Santidad”, que ya no la voy a servir.
Dicho eso desapareció, ahora solo importaba encontrar a Butch.


Ya con esa, era la sexta vaso de vodka que tomaba y no le hacía efecto. Quería emborracharse y olvidar a Kytara.
Pidió otra ronda al barman del ZeroSum.
—Ey, poli, ¿qué haces por estos rumbos? —Preguntó Vishous—. Te hacía con tu guerrera.
—Ella no es mía —otro trago—, y dudo que le siga enseñando.
—¿Ahora tú? ¡Esto es una epidemia! —Se sentó al lado del hermano
—Ojala fuera eso, pero lo dudo, V —joder, como se terminaba la bebida y todavía la recordaba, la sentía como si estuviera en ese momento con él.
—¿Butch?
Hasta la oía. ¿Qué era lo que estaba tomando? ¿No habría estado mezclado con algo más?
—Butch.
—Poli, te hablan —V lo codeó y cayó en la cuenta de que era verdad, ella esta ahí. Se dio la vuelta para confirmarlo. Era verdad, allí estaba, había algo distinto en ella.
—Necesito hablar contigo.
Definitivamente algo había pasado.
—Creí que había quedado todo claro en el gimnasio.
¿Por qué tenía que venir ahora, justo cuando estaba logrando su objetivo?
Sintió que su rostro ardía, ya que miró a Vishous, y por su cara, sabía que entendía de lo que hablaba Butch.
Se armó de valor.
—Solo quiero explicarme y que me entiendas —sólo escúchame por favor. Esas palabras no las pronuncio, era demasiado. Ella jamás iba a rogar.
Butch sólo miraba su trago, mirarla a ella sería ceder. Recuerda a Marissa y su traición, ella es igual. En el fondo sabía que era mentira, no se parecían en nada, Kytara era todo lo contrario.
—No me quieres escuchar… ¿Es tu decisión? —Ella ya se había expuesto, y sería la última vez.
—Sí, sólo queda decirle a Wrath que ya no seré tu instructor —de un solo trago se vació el contenido del vaso.
Kytara sintió que su corazón se partía. Era lo que se merecía por haber jugado con él, por haberle permitido que la abrazara, la besara de esa manera, lo había perdido por seguir las órdenes de una perra frígida.
—Ok, lo entiendo —se dio la vuelta y se marchó, quería correr y esas malditas lágrimas, ya no las podía contener.
Salió del bar, empezó a caminar sin un rumbo definido. No quería ir a la mansión, sus hermanas seguro la estarían esperando. Las quería, pero ahora no podía hablar, solo quería alejarse de todo y olvidar.
Ya se había alejado unas cuantas cuadras, cuando escuchó un grito y olió ese aroma de talco de bebé, como le decían los hermanos, que solo significaba una cosa: Lessers.
Llamó al viento, pidiéndole que la guiara hacia ellos. Su hermano de batalla acudió a su llamado y la transportó hacia el civil.
Los lessers que lo estaban atacando eran tres, pero por lo que se veía eran unos novatos.
No la vieron venir y cuando les cayó encima entablaron una pelea, era la primera vez que Kytara podía implementar lo que aprendió con Butch y por la paliza que les estaba dando, era muy buena.
Tomó a uno de los lessers de la cabeza y con un rodillazo en pleno estómago, lo dobló en dos. No le dio tiempo a recuperarse, cuando le clavó la daga en pleno pecho, convirtiéndolo en cenizas.
Otro vino desde atrás, tratando de tomarla del cuello. Con un salto y una voltereta en el aire, pasó a un costado, poniéndose lejos del atacante. Por el rabillo del ojo, vio que el tercero le apuntaba con un arma. Cuando apretó el gatillo, la bala se dirigió directo hacia ella. Con un movimiento de la mano, desvió el proyectil, y lo hundió en el pecho del segundo lesser, provocando que se desintegrara, y usando su otra mano tiró su daga hundiéndola en el que faltaba.
Terminada su pelea, se encaminó hacia el civil que temblaba de miedo. De repente, sintió una picazón en su espalda. Cuando llevo la mano hacia la zona, tocó el proyectil: era un dardo con droga y estaba haciendo efecto de una manera rápida y efectiva.
Había apareció un cuarto lesser, y con lo último de sus fuerzas Kytara miró hacia donde había estado el civil, agradeciendo el que hubiera podido escapar.
Lo último que escuchó antes de desvanecerse fue:
—Es una de ellas. El Omega estará contento.


—¿No fuiste un poco duro? —Preguntó Vishous. No le había gustado nada ver las lágrimas en los ojos de Kytara.
—Si supieras todo lo que me hizo, no dirías eso —joder, la bebida ya sabía gusto a agua, ya no servía—. Por las dudas, ¿no tienes algo más fuerte?
—No, y fuiste una mierda, poli —no se daba cuenta lo que esta perdiendo al dejarla ir—. Ella sólo te pidió que la escucharas.
—Maldición, V, ¿desde cuándo eres un consultorio sentimental andante? —Muy en el fondo, sabía que su hermano tenía razón, pero por una vez quería que ella sintiera en carne propia lo que había sentido él con cada rechazo.
De repente la multitud en el bar se empezó a agitar, un civil había entrado corriendo pidiendo ayuda y fue directamente hacia ellos cuando los vio.
—Por favor, ¡ayúdenla! —Gritó desesperado.
Butch tuvo un mal presentimiento. No podía ser ella.
Salió corriendo del bar con el celular en la mano, tratando de marcar el número de Kytara, pero solo le respondía la casilla de correo. Por amor a la Virgen Escriba, que no sea ella.
 Ella te necesita, ¡corre!

Una voz apareció de la nada, quería guiarlo, pero no había nadie.
¿Quién eres? Preguntó mentalmente, ya que por el rostro de Vishous, solo él la estaba escuchando.
Eso no importa, solo confía.
Y así lo hizo. Cuando llegaron, la vio desvanecida en los brazos de un lesser, que con ayuda de otro, la estaban subiendo a un auto.
Preso de una ferocidad, emprendió la pelea. Nadie se la iba a llevar, y menos esos sucios bastardos. Luchó como si el diablo se hubiera apoderado de su cuerpo, desgarró, destrozó, ellos la habían tocado, y eso jamás se los iba a perdonar.
Sólo por un segundo paró la carnicería. Kytara estaba despertando, a su lado se encontraba Vishous, cuidando que no llegaran más lessers, y sabiendo que esta era pelea de Butch para defender lo suyo.
Una vez estuvieron todos acabados e inmovilizados, los absorbió.
—¡Hey, poli! Está despertando.
Kytara había abierto los ojos en el preciso instante en que Butch absorbía a los lesser. Era algo que no sabía y no entendía. Pero eso no importaba, él estaba allí. Sintió su caricia en el rostro.
—¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? —Kytara trató de hablar, pero no podía, solo negó con la cabeza—. ¿Quieres que llamemos a tus hermanas? —Otra negación.
Tragó saliva y solo articuló:
—Quiero estar contigo.
Sintió que el alma se le llenaba de dicha. La tomó en sus brazos y le dijo a Vishous:
—Nos vemos en la mansión —y se fue con la guerrera en brazos, solo ellos dos sabían lo que les deparaba la noche.

—¿Segura que estás bien? —Ella sólo volvió a asentir con la cabeza. La colocó sobre la cama en su cuarto del Pit, la había llevado directamente a su casa, que compartía con Vishous—. Voy por un vaso con agua —se fue y Kytara se dedicó a inspeccionar la habitación. Nunca había estado en el cuarto de un macho y no quería perderse ni un detalle.
—Aquí tienes, toma… —sólo le dio un sorbo, ya los efectos de la droga estaban pasando, y por como estaba respondiendo su cuerpo, se dio cuenta que no habían usado mucha sustancia en ella, tal vez porque no pensaron que era una guerrera.
—Es… —su voz sonaba rara—. ¿Es tu cuarto?
—Sí, fue el primer lugar al que se me ocurrió traerte —y donde quería que estuviera siempre—. Pero si quieres, te llevo al tuyo.
Dejó el vaso sobre la mesa de noche.
—No, aquí estoy bien —lo miro y sintió que era la hora de la verdad—. Butch. En el bar yo… solo quería decirte… Lo siento —ya estaba, se lo había dicho.
Lo que menos esperaba Butch en ese momento fueron esas palabras, lo tomaron por sorpresa, y lo dejaron más confundido.
—¿Qué es lo que sientes?
Kytara bajó la mirada.
—El haberme comportado contigo de esa manera. Sé que estuvo mal pero…
—¿Pero qué, Kytara? —Por la Virgen Escriba, quería saber la verdad de una vez por todas.
Lo miró.
—No sabía como actuar hacia lo que me hacías sentir, esas ganas de besarte, de entregarme a tí, de ser tuya. Butch, yo nunca estuve con un macho.
Nunca unas palabras lo habían puesto tan a mil, sin embargo, ella lo logró.
Pero rápidamente cayó en la cuenta de lo que nunca había creído posible. Era virgen, su pequeña guerrera era una virgen.
El macho en el se llenó de orgullo. Sería suya, de nadie más, le enseñaría a amar, a desear sus caricias y que solo él la penetrara, para que jamás pensara en otro. Solo mía.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque tenía miedo a la replica de la Virgen Escriba —bajó la mirada.
—¿Y qué tiene que ver ella en todo esto? —Ahora sí que no entendía nada de nada.
—Fui consagrada a ella cuando nací. Mi madre fue una Elegida muy querida y fue dada a mi padre. Cuando me tuvieron, quedó escrito que yo tomaría el lugar de Elegida, pero el destino decretó otra cosa: al morir mi padre y yo ser su única descendiente, fui convertida inmediatamente en guerrera y entrenada para la causa. Fui hija de unos de los mejores guerreros de nuestra raza y tenía que tomar su lugar al igual que mis hermanas. Lo que ayudó más fueron estos poderes que vinieron como plus.
Ahora la entendía y se sentía una bestia por haberla tratado de la manera en que lo había hecho. Si solo hubiera sabido, las cosas serian distintas.
—¿Y ahora esto en qué cambió? —Se acercó a ella, ya no podía estar alejado.
—Que quiero ser tuya y no me importa nada más, ya soy libre.
Se levantó de la cama acercándose a él, ya era el momento y no podía arrepentirse.
Tocó con una de sus manos una de las mejillas de Butch. Le encantó su tacto, recorrió su cara deteniéndose en sus labios, los que tanto la hacían suspirar y querer que la recorriera por todo el cuerpo. Poniéndose de puntillas reemplazó su mano por sus labios, dándole un casto beso. Luego se retiró.
Mirándolo fijamente, tomó la iniciativa quitándose la camiseta, solo hizo falta esa señal para que Butch entendiera su decisión.
Se acercó a ella, tomándola por el rostro la besó, demostrándole todo lo que la deseaba, con sus manos recorrió su espalda, deteniéndose en su cintura, y luego subiendo había su sujetador corriéndolo lo suficiente para dejar sus pechos al descubierto, dedicándose a degustarlos con sus labios. De la boca de Kytara solo salían suspiros, ya no podía tener las manos quietas. Se tomó la tarea de descubrir el cuerpo de Butch, y allí donde tocaba solo encontraba músculos. Ya desesperada, rasgó la camisa que cubría el torso del guerrero, quería lamerlo por entero y así descubrir el sabor de su piel. Con sus labios fue recorriendo su cuello, su sangre era tan deliciosa. Pero bebería más tarde. Apartándose un poco, fue bajando hasta llegar a su cintura, se podía apreciar sobre su pantalón el deseo que sentía Butch. Esto le hizo agua la boca, pero ahora era más interesante descubrir el cuerpo del macho. Desabrochó su pantalón y tomándolo de la cintura junto con su boxer, se los fue bajando lentamente, dejando al descubierto su masculinidad. ¡Por la Virgen Escriba, era enorme! Un temor recorrió su cuerpo, ¿y si no cabía? No quería decepcionarlo. Lo tocó con su mano, recorriéndolo. El cuerpo de Butch se estremeció. Soltó un gruñido que la atemorizó.
Viendo el temor en los ojos de Kytara, la volvió a besar, penetrando con su lengua su boca y tratando de transmitirle confianza, él se encargaría de que todo fuera perfecto.
—Todo saldrá bien, Kytara, confía en mí.
Ella lo besó, entregándose por entero, entonces Butch la terminó de desnudar, bajándole los pantalones junto con la ropa interior, sacándole las botas y dejándole un sendero de besos desde la cintura hasta la cadera.
Desesperado, la levantó a horcajadas, envolviéndose la cintura con sus piernas, tomando con sus manos su trasero, fue hacia la cama.
La recostó, no podía dejar de admirarla, le parecía increíble que ella estuviera allí.
—No te imaginas las veces que te soñé aquí, conmigo —con su mano recorrió su rostro.
—Entonces hagámoslo realidad —tomó su cara besándolo.
Con sus manos y boca se tomó la tarea de recorrer el cuerpo de Kytara; por donde pasaba dejaba un pequeño mordisco marcándola como suya. Fue bajando lentamente, bañándola de besos. Se detuvo sobre su cintura, le rindió tributo a su piel suave y lisa, el aroma que desprendía era el de una mañana de primavera, como si todas las flores se hubieran juntado en su piel. Con una de sus manos separo sus piernas, internándose en el centro mismo del placer de la guerrera. Al sentir esto, Kytara arqueó su cuerpo rindiéndose a sus caricias, a la maestría de su lengua que jugaba con ella.
—¡Oh! ¡Butch! —Suspiró Kytara.
—¿Qué pasa, pequeña? ¿Quieres que me detenga? —Dijo juguetón y se internó en sus muslos continuando con sus caricias.
Enterrando sus manos en sus cabellos, tirándolos, lo amenazó.
—¡Si llegas a detenerte ahora, juro que te mataré! —Le gritó, presa del orgasmo que sentía explotar en su cuerpo.
El muy engreído soltó una risita, orgulloso de haberle provocado su primer orgasmo, el cuerpo de Kytara se sacudía en pequeños espasmos.
Entonces tomándose su tiempo, empezó a ascender hasta quedar cara a cara. El rostro de su guerrera era el vivo retrato de la felicidad. Depositando un beso en sus labios y acariciándola la volvió a encender, ahora sí seria suya.
Para Kytara esto era un sueño hecho realidad, por fin lo iba a sentir dentro de su cuerpo, por fin sería suya.
Abrió las piernas para darle espacio a Butch, quien se acomodó, sentía la entrada de la vagina con la punta de su pene. Estaba mojada, esperándolo, dándole permiso para ser parte de ella.
Con un movimiento muy suave entro solo su punta en ella, para ir preparándola, Kytara soltó un suspiro, otra envestida más, y entró otro poco, ahora sus muslos se tensaron.
—Tranquila, bebé —salió de ella y volvió a entrar un poco mas.
—¿Falta más? —Preguntó entre jadeos. La estaba matando, no creía que fuera capaz de resistir más.
Otra envestida más, esta vez lo sintió más dentro de ella.
—Bebé, esto te va doler, te juro que no quiero —dijo Butch entre dientes, estaba haciendo un gran esfuerzo por ser delicado con ella, era su primera vez, quería que la recordara por siempre.
Kytara al oírlo, sintió los ojos llenos de lágrimas, se lo agradeció con un beso, moviendo con una leve ondulación su cadera para poder sentirlo más adentro. Con una embestida más fuerte, rompió el himen, símbolo de su virginidad. La recorrió un dolor, pero no pudo aminorar su deseo.
Estaba quieto, esperando que el cuerpo de su pequeña se acostumbrara a él, ya no creía poder soportar más, entonces Kytara empezó a mover las caderas pidiendo más. Quería que él alcanzara su placer.
Butch comenzó un vaivén de caderas, entrando saliendo y en cada acometida ella lo acompañaba con delicados jadeos y suspiros, se besaban, se acariciaban y volvían al ritmo, en ningún momento se detuvieron. Entonces arqueando su cintura, se descargó dentro de Kytara, soltando un alarido de macho, marcó su territorio. Mía, ¡por fin!
Y a su vez Kytara lo admiraba, ella había sido la causante de su orgasmo. Una sonrisa cruzó su rostro antes de que llegara el suyo.
Cayó sobre su cuerpo, aplastándola, pero extendió un brazo para no ahogarla. La miró. Era hermosa, sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios hinchados, muestra de haber sido torturados por sus besos; sus ojos estaban cerrados, tenía las pestañas mojadas por las lágrimas derramadas al momento de alcanzar su orgasmo. Le provocó tanta ternura que no pudo resistir el depositarles un beso sobre cada uno, provocando que los abriera, una sonrisa asomó por ellos.
—Eres mía.
Kytara tomó su cara entre sus manos, su guerrero. Sus cabellos estaban mojados por el sudor, pegados a su rostro, tan amado por ella, en sus ojos se leían su orgullo de haber sido el primero.
—Soy tuya.
Y él comenzó a moverse otra vez.
Esa noche era solo de ellos.

Un ruido metálico despertó a Kytara. Trató de levantarse, pero algo pesado tenía sobre el pecho, que le impedía moverse. Se giró un poco y se encontró de lleno con el rostro de Butch.
Estaba dormido, su rostro en reposo era una postal que nunca podría borrar de su mente. Bebió ese rostro hasta que cada centímetro quedó grabado en su memoria.
¡Dios! No lo podía creer, había hecho el amor con él. Todavía sentía en su piel las caricias, los besos, los mordiscos, aunque esto último fuera solo de ella. ¡Cielos, se había comportado como una perra en celo! Pero había sido feliz en cada momento.
Es más, ahora quería despertarlo para continuar…
Muy lentamente, fue moviendo el brazo de Butch para no despertarlo. Cuando por fin estuvo libre de él, se sentó en la cama.
Querida Virgen, ese cuerpo es un pecado. Se le hizo agua la boca. ¡Y todo mío!
Pensar que se dedicó toda la noche con su amanecer a conocerlo, recorrerlo con las manos, los labios, a degustarlo y conocer cada sabor de su piel y cuando por primera vez montó a horcajadas… el rostro lo tenía en llamas.
—Mejor una ducha —se bajó de la cama buscando el baño, al no ver otra puerta más que la del cuarto, supuso tenían baño compartido, lo que no recordaba era si vivía solo o compartía el Pit con alguien más.
Se envolvió el cuerpo con una camisa de Butch y se dirigió hacía la puerta. Cuando la abrió y descubrió el vestíbulo vacío, suspiró de alivio. Entonces se dedicó a buscar el baño, que resulto ser la primera puerta que abrió.
Se dio una ducha muy vigorizarte. Se estaba secando el cabello con una toalla cuando al salir se dio de bruces contra Rhage. Ambos quedaron mudos del asombro.
—Uf, disculpa, Kytara, no sabía que estabas en el baño —se dio la vuelta para marcharse y cayó en la cuenta de que la guerrera salía del baño después de pegarse un ducha. Cuando la volvió a mirar, ella le soltó:
—A ti no te importa y pobre de ti si abres la boca —y muy orgullosa, se marchó al cuarto de Butch.
¿Butch y Kytara? Pensó Rhage. Ver para creer…
—¡Joder! —Dijo Kytara, apoyándose en la puerta luego de escapar de la mirada del hermano—. Lo que me faltaba… Ahora seguro le va a contar a las hermanas.
—¿Quién va a contar a quién? —Se sobresaltó, Butch estaba despierto—. ¿Se puede saber dónde estabas?
—¡Epa! ¿Esa es un interrogatorio o solo me pareció? —Seguía en la cama, completamente destapado, pecaminosamente destapado—. ¿Te puedes cubrir un poco?
—No, gracias, y no sé de qué te avergüenzas si anoche estabas muy feliz de tenerme así —lo dijo muy sonriente, le encantaba ver como se ruborizaba su guerrera. Es más, le encantaban otras cosas. Por ejemplo, en este momento, su cabello mojado, sus ojos brillantes como si lo estuviera viendo a través de un cristal, sus labios gruesos, sonrientes. Inmediatamente tuvo una erección al recordar lo que le habían hecho esos labios… y ese cuerpo, todo curvas, líneas bien definidas, que en este momento se dejaban ver a través de la camisa que le llegaban a los muslos, esas piernas que lo envolvieron en plena pasión negándose a soltarlo.
—Anoche era otra cosa. Por favor, ¿te puedes cubrir? —Cada vez estaba más ruborizada—. ¡Butch!
—De acuerdo, mi señora pudorosa —se tapó con la sábana—. Conste que lo hago por ti.
—Lo sé, gracias.
—Ahora contestarás mi pregunta —dijo acercándose a ella.
—No.
—Kytara, ¿quién te vio? ¿Uno de los hermanos? —Se estaba enojando, no quería que nadie la viera, ella era de él… solo de él.
—Olvídalo, guerrero, no te lo diré —se acercó a él, moviendo seductoramente las caderas—. ¿Para qué quieres saberlo? —Ya estaban frente a frente. Estiró la mano y empezó a jugar con el borde de la sábana.
Butch la acercó a su cuerpo, para que sintiera su erección.
—Por nada, es solo que no me gusta que te miren otros machos —le dio un beso que demostraba su posesión hacia ella—. Eres mía, Kytara, y mataré a cualquiera que te toque —la volvió a besar y de un tirón le arrancó la camisa, la levantó en brazos, cayendo contra la puerta.
Ella le devolvía los besos de manera feroz, igualándolo en la pasión. ¡Virgen Escriba, lo que le hacía sentir! Estaban pecho contra pecho, vientre contra vientre, sus sexos se tocaban, pidiendo ser acariciados, saciados por el otro. La mano de Butch recorrió su sexo, elevando la temperatura de su cuerpo a niveles infernales. Con un dedo la penetró, imitando el acto de penetración.
—Butch… ¡Oh, Dios!
Kytara quería que sintiera la misma pasión que la consumía, entonces bajando una mano hasta su pene, lo tomó. Aunque anteriormente lo había tenido que hacer con ambas porque en con una no cabía, empezó un vaivén que hacían soltar gruñidos a Butch.
—Oh, pequeña… Sigue así… No pares…
Entonces cuando sintió que alcanzaba un orgasmo, la penetró. Sintió las piernas que lo envolvían y lo encerraban, como una prisión.
Con las manos la agarró del trasero, comenzando a entrar y salir de ella, en cada envestida, Kytara suspiraba y rogaba pidiendo más.
Con sus manos le recorría la espalda, los brazos, el pecho, esos músculos que tanto la fascinaban, su boca hacía un recorrido desde sus labios por su garganta hasta llegar a sus hombros, que parecían poder sostener a la humanidad entera.
Entonces sintió que un espiral iba recorriendo sus entrañas, con cada envestida de su guerrero iba creciendo, y llegó explotando en un tremendo orgasmo, clavándole las uñas en los hombros de Butch, soltó un grito, a la vez que él alcanzaba su propio clímax.
Ambos quedaron contra la puerta sudorosos, con las respiraciones agitadas, en sus cuerpos quedaban las marcas del amor compartido.
Cuando Kytara lo quiso soltar, Butch no se lo permitió. La abrazó más fuerte, llevándola a la cama, donde la depositó. Se acostó a su lado, atrayéndola hacia su cuerpo, acomodándola sobre su hombro y entrelazando sus piernas, la abrazó.
Kytara soltó un bostezo, esos ejercicios la cansaban de manera alarmante. Acomodándose un poco más, cruzó un brazo por la cintura de él, quería estar lo más cerca posible de Butch.
Él depositó un beso sobre su frente.
—Duerme, pequeña, que yo cuidaré tu sueño.
Ella sonrió adormilada.
—¿Lo harás? Entonces ten cuidado con mis fantasmas —bostezó.
—Por ti, me enfrentaré a todos.
Un escalofrío recorrió la espalda de Kytara ante sus palabras, un presagio de los tiempos malos que se avecinaban.
Antes de dormirse elevó un oración a los cielos: Por favor, que alguien escuche mi ruego, no permitan jamás que Butch se enfrente a la Virgen Escriba, ¡no lo quiero perder!
 Y se durmió envuelta en sus brazos.

Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Julio 11, 2009, 11:28:11 pm
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Mil gracias por el capítulo nuevo ainsss cada día estoy más enganchada

buffff no se si podré esperar para saber más  :emot015:

Pedazo escritoras  emot035

 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Julio 12, 2009, 12:12:10 am
Woooooooooooow me encanta emot027 emot027

Sois excepcionales  :emot008:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: alathea en Julio 12, 2009, 01:54:40 am
 emot035 emot035 emot035 emot035 emot035 emot035 emot035

Me encanta la historia, seguid asi 

emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 12, 2009, 05:17:28 am

por fin!!!!!!  emot040 emot040 emot040 emot040 emot040

Gracias chicas!1....estuvo genial.....

ahora ke pasa con las demas parejas?? emot033

Mi nessa y z?? emot022 emot022

esperare los demas capis!!!  emot025
besos emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: vichyta en Julio 12, 2009, 04:15:10 pm

Me alegro mucho que les guste...
Lamentablemente hay que esperar para las demás parejas... poco a poco van armando las historias o no :emot009: ya lo veremos.

 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: willow en Julio 12, 2009, 08:24:29 pm
 emot027 emot027 genial me encanta aunque me pereja favorita es la de Nessa y Z pero esta genial como todo lo que habeis publicado.
 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sonne en Julio 13, 2009, 09:32:02 am
 :emot020: genial el capitulo
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: macky37 en Julio 13, 2009, 08:39:26 pm
Yo ya estaba loca por los hermanos,pero estas nuevas versiones estan fabuloxax!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! emot037 emot037 emot037
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: pauny en Julio 14, 2009, 04:34:21 am
Son geniales, me faltaban capitulos por leer  xDDD
Amo la pareja de Nessa y Z
y con quien se queda Vishous y Phury??? xDDDD
aaa quiero seguir leyendo
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 18, 2009, 10:55:36 pm

emm....hola??...alguna nueva??....no??..nada???...ni un fragmento de capi???.... emot025 emot025 emot025

pliss...no nos abandonen a nuestra suerteeeee!!!......  :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:

Publiquen algoooooo......... emot030 emot030 emot030


Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 18/07)
Publicado por: vichyta en Julio 18, 2009, 11:30:43 pm
Lo siento...  emot025
Acá les dejo el otro capitulo...
Juro que estamos cortas de tiempo y por eso nos estamos atrasando.

Gracias por esperarnos y leernos siempre.
 emot024


Espero que les guste el capitulo.

 emo 039



CAPÍTULO 14

Las cuatro hembras se encontraban en la cocina charlando de una gran cantidad de cosas sin sentido alguno. Desde que las despertaron habían tenido muchos problemas para compartir algunos minutos juntas y eso las estaba poniendo de muy mal humor, a algunas más que otras.
—Definitivamente creo que tendríamos que escaparnos —dijo Leliel mientras destapaba otra botella de cerveza—. No puede ser que si no es con ellos, no se pueda salir. ¿Quién mierda se creen que son para venir a prohibirnos salir? —Dijo muy molesta.
—¿Los reyes de su universo? —Kytara estaba cansada, hacía mucho que se debían una salida las cuatro—. ¿Creerán que somos unas idiotas? ¿Qué no nos sabemos defender? ¿Cuándo vamos a dejar de depender de ellos? —Le tendió su vaso a Leliel para que lo volviera a llenar—. Joder, yo quiero salir.
—Yo también —dijo Nessa, quien se puso de pie—. Vamos a buscar un poco de diversión. Que se jodan todos ellos —dijo más que segura de sí misma y encarando hacia la salida, mientras hacía que su ropa cambiara por un pantalón de cuero negro bien ceñido a su cuerpo, una camiseta sin manga gris y las típicas guillerminas en sus pies.
Leliel sonrió ante la actitud de su hermana.
—Por alguna razón te quiero tanto. Me gusta como piensas —dijo Leliel mientras con su mente cambiaba su camisón por una minifalda gris, un strapless negro y en sus pies conjuraba un par de botas tipo militar—. Andando. ¿Ustedes vienen? —Preguntó a Kytara y a Raysa, que todavía estaban sentadas.
Raysa sacudió la cabeza mientras contestaba:
—Pues salgamos entonces. Noche de hembras en el ZeroSum —dijo mientras un minishort negro y un corset rojo acompañados por unas botas negras aparecían en lugar de su ropa de entrenamiento. Esto definitivamente va a traer cola, pensó para sus adentros.
Kytara vació su vaso y miró fijamente a su hermana antes de contestar.
—Déjamelo pensar… Sí, voy —se cambió su pantalón pijama por uno de cuero negro, con una línea roja en los costados y suplantando la parte de arriba del pijama por una camiseta ajustada, marcando su silueta, en los pies se puso una botas texanas negras, y el cabello se lo recogió en una cola—. Y conste que no le pienso dar parte a Butch. Él cuando sale no me da explicaciones de sus actos, ya que la confianza está ante todo —lo dijo con una convicción que despertó la risa en sus hermanas.
Leliel dejó escapar una sonora carcajada.
—Más te vale. Después de esto, nos van a poner un GPS en el culo —dijo riéndose—. Total, sólo ustedes deben rendir cuentas, ¿no, Ness?
Raysa la miraba mientras decía con fingido tono ofendido:
—Disculpa, pero no tengo que rendirle cuentas a nadie —le retrucó mientras alternaba la mirada entre Leliel y Nessa, quienes la miraban con expresión sardónica en el rostro.
—No sé —dijo Nessa arqueando una ceja—. Yo no estoy vinculada con nadie —habló como orgullosa de su libertad.
—Tal cual —dijo Leliel, sacándole la lengua—. Se puede decir que somos dos hembras libres —dijo mientras la miraba con sorna.
Nessa se paró en seco.
—Ah… —la miró incrédula—. Si eres tan libre, ¿por qué Rhage duerme contigo todas las noches?
—Bueno, no sé de qué te quejas, si andas persiguiendo a cierto macho —la encaró Raysa con una sonrisita, con lo que se ganó como respuesta el dedo anular de su hermana.
Leliel sintió que su cara se volvía de miles de colores. Sacudió su cabeza y carraspeó.
—Estem… ¿Vamos a salir o a sacar trapitos al sol? —Preguntó mientras se rascaba la nuca.
—Vamos, antes de que empecemos a cavar nuestras propias tumbas —dijo Kytara mientras se ponía una campera.
—Totalmente de acuerdo contigo, Kytara —contestó Raysa mientras se cubría con una chaqueta larga negra.
Las cuatro iban caminando sigilosamente, de puntillas para que nadie se diera cuenta de que estaban escapando.
—¿Y si en vez de hacer el ridículo con estos pasitos de mierda, nos trasladamos hasta allá? —Preguntó Leliel, que no podía dejar de reírse por como todas caminaban.
—Es que esto parece más de complot —soltó una risita Kytara—. Aunque, ¿alguien aprendió ya a conducir? —Las cuatro se miraron entre sí, y comenzaron a reírse—. Mejor nos desmaterializamos.
En un parpadeo, las cuatro se encontraban en la puerta del ZeroSum.
—Bueno, esto realmente comienza a gustarme. ¿Entramos? —Les dijo Raysa mientras sonreía con picardía.
Cuando entraron las golpeó el sonido estridente de la música, aunque enseguida se acostumbraron sus sensibles oídos y se encaminaron a la mesa de la Hermandad, en el sector VIP.
Cada una tomó un lugar, llamaron a un camarero y pidieron las bebidas.
—Bueno es hora de ponernos al corrientes de las cosas que nos pasaron, ¿no? —Dijo Raysa, mientras miraba a sus hermanas.
—Bueno, es verdad, en este tiempo han pasado muchas cosas —dijo Kytara—. Te cedo el honor, Raysa. ¿Qué tal la relación con Wrath? —Tomó un trago, todas estaban pendientes de lo que iba a contestar su hermana.
Raysa las miró con los ojos entrecerrados prometiéndose vengarse por la jugarreta de Kytara.
—¿Por dónde quieren que empiece? —Preguntó mientras bebía de golpe su cerveza y sus mejillas se sonrojaban.
—No, no, por favor, ni se te ocurra contar detalles —dijo Leliel que simulaba taparse los oídos—. Con un “Todo bien” soy feliz —dijo para luego tomar de un trago su tequila.
—Todo bien —contestó Raysa, riendo.
—Obvio que los detalles del lecho quedan aparte —comentó Nessa, tomando su bebida—. No quiero tener pesadillas.
—Ya en serio, las cosas van bastante en serio, hermanas —dijo Raysa mientras las miraba por encima de su bebida.
—¿Qué tan bastante en serio? —Tiró su hermana tomando otro trago, mientras tiraba hacia atrás sus rebeldes rizos…
—¿De verdad lo preguntas? —Dijo incrédula Leliel—. Se vinculó en la primera noche, ¿qué tan en serio puede ir la cosa? —Exclamó aun sorprendida por el suceso. Dos de sus hermanas ya estaban vinculadas y se veían muy felices. Era una verdadera lástima que ella no corriera con esa suerte, pensó mientras le daba un sorbo a su cerveza.
Raysa miró atentamente a Leliel y a Nessa.
—Leliel, tú también lo harás, Nessa y tú realmente encontrarán la paz. No me preguntes como lo sé. Simplemente lo siento
—Muy bellas tus palabras, pero conmigo no van —dijo Leliel sin hacerle caso a Raysa. Ella más que nadie sabía de su imposible—. Ya vuelvo, voy al baño —dijo dejando a sus hermanas en la mesa.
—Ojala se cumpla, Raysa, pero sólo es un deseo, solo queda esperar —apurando su trago Kytara se levantó como un resorte del asiento—. Tengo ganas de menear el trasero, ¿alguna se une? —Y se encaminó hacia el centro del bar, donde una multitud de gente aclamaba a una banda local.
Raysa miró a Nessa, que no se había movido del lugar y tampoco había dicho una sola palabra.
—¿Quieres unirte, Nessa? —le preguntó, escudriñándola con la mirada.
Nessa negó.
—Vayan ustedes, yo paso —dijo, y volvió a su bebida, que sólo era un simple refresco. No le gustaba consumir cosas que atontaran sus sentidos. Aunque para eso, tenía a su hermana. Las palabras de Raysa habían calado muy profundo en ella. Podía sentir el frío en su interior, que era como el mar ártico. Oh, sí, ella era un estanque helado, que además estaba sumamente contaminado. Lo más parecido a la paz que podría llegar a tener jamás, era la felicidad de sus hermanas—. Anda, ve —le insistió.
Raysa miró la pista con añoranza. Hacía tanto tiempo que no bailaba… Con una risita, se unió a Kytara.
Ambas en la pista sobresalían, tanto por su belleza como por sus movimientos, que iban al compás de la banda, aunque a su vez eran un contraste de seducción, una rubia, alta, glamurosa pero a la vez irradiaba un aire de peligro. La otra castaña, más baja, sus movimientos seducían al espectador, pero a la vez manteniéndolos lejos de su mundo.
Leliel volvió del baño y se sentó junto a Nessa.
—¿Ya las perdimos? —preguntó, viendo como Kytara y Raysa bailaban muy entusiasmadas, mientras bebía de un solo trago su vodka.
—Sip, estaban muy entusiasmadas por bailar —dijo Nessa encogiéndose de hombros. Jamás había entendido la idea de bailar, cuerpos sudados, pegajosos… Sacudió su cabeza, alejando todo pensamiento—. ¿Te molestó el comentario?
Leliel negó.
—Nop. Supongo que después de tantos siglos ya me hice la idea, Ness.
Kytara y Raysa estuvieron un rato bailando en la pista y disfrutando. Volvieron a la mesa, las dos sedientas y muy sonrientes, hicieron señas para que les trajeran de beber.
—Hey, ¿van a quedarse aquí toda la noche? —Preguntó sonrojada por el baile Raysa.
Leliel la miró sin entender.
—¿Preguntas aquí por sentadas aquí o aquí por el lugar?
—Ambas cosas, Lel —le retrucó Raysa.
Leliel sonrió divertida.
—Oka, Ray —dijo siguiéndole el juego y dejando escapar una carcajada—Sip… A menos que quieran salir a divertirse un rato —comentó mirando a sus hermanas con ilusión de poder pelear.
—Cualquier cosa que no sea volver a la mansión, es bienvenida por mí, Leliel. Kytara, ¿qué dices? —Dijo mirando a su hermana—. ¿Y tú, Nessa?
Nessa sonrió.
—Todo sea por ustedes, saben que matar es mi pasatiempo favorito —dijo sonriente.
—Lo que sea —dijo Kytara tomando el último sorbo de su bebida y dejándolo con un sonoro ruido sobre la mesa—. Las sigo a donde vayan.
Leliel entrecerró los ojos.
—Ah, no. No, no. Señorita, volvemos a la mansión, dejamos el paquete —dijo señalando a Kytara—, y volvemos a salir.
—¿Qué paquete? ¿Tienes algún regalo para tu Rhage? —Dijo Kytara, encaminándose hacia la puerta del bar—. De acuerdo, vamos, pero yo no entro, no tengo ganas de que nos atrapen por tu regalo —le sacó la lengua a su hermana—. Además, la noche es joven y de seguro hay lessers que cazar.
Raysa sacudió la cabeza mientras todas iban empujando a Kytara.
—¿Cómo puede subirte tan rápido la bebida? —Le preguntó a su hermana.
Leliel le sacó la lengua también.
—Ningún paquete para Rhage. Tenía uno para el poli, pero supongo que él se lo pierde, ¿no? —Dijo siguiéndola hacia la calle.
—Primero y principal, nada de entrega para mi poli de ninguna de ustedes. Segundo, la que me empuja… ¿Qué? ¿No tiene estabilidad? Y tercero… ¿En verdad creen que ya me empedé? Joder de la santa Vieja Escriba, ¿no me conocen? —Dijo, provocando las risas de sus hermanas.
Se encaminaron las cuatro derecho hacia la calle, tan absortas estaban en su discusión que no vieron que un grupo de lessers que se bajaban de una camioneta GM negra, totalmente polarizada. En total eran unos ocho individuos.
Nessa fue la primera en reaccionar. Tomando su daga, dio la voz de alerta, y fue contra el primero del grupo. Por su constitución física y apariencia, se notaba que era un avanzado. La tomó contra ella en una pelea brutal, en la que se valía todo.
En un momento, el poder de Nessa cobró vida: Partículas de agua cargadas en la atmósfera tomaron vida en forma de pequeñas dagas de hielo y fueron por el lesser, hiriendo sus ojos y dejándolo ciego. Era el momento de atravesarle el pecho con su daga. Dio en un tiro certero en el hueco en el que había estado el corazón, desintegrándolo en el aire. Sonrió ante el placer de la aniquilación.
Nessa miró a sus hermanas. Kytara la había tomado contra dos de ellos, uno era alto y su cabello estaba en plena transición y el otro era más blanco que marrón. Los dos a la vez estaban recibiendo una paliza. En un momento, Kytara fue sujeta de unos de los brazos y le insertaron un puñetazo en pleno estómago, haciendo que se doblara en dos, cuando el que estaba libre la quiso rematar con una daga, un viento fuerte empezó a soplar y fue alzada por los aires terminando a la espalda del primer atacante.
—Hey, bebé, ¿me perdiste? —Le dijo de forma sarcástica, clavándole por la espalda la daga y traspasándolo, se desintegró. El otro le fue con odio. La quiso matar, pero ella le propinó un puñetazo en plena cara que le hizo saltar los dientes de adelante, y con el otro brazo le insertó una trompada en el estómago y cuando por fin quedó acabado, le clavó la daga en pleno pecho, una nube de polvo quedó en su lugar.
Leliel fue a por dos lessers que iban a atracar a Kytara. Dudó unos momentos sobre sacar o no sus dagas, pero se decidió por hacerlo. Hace mucho que no tienes una buena pelea, Lel, se dijo a sí misma.
Se batió a duelo con ambos hombres. Le gustaba la idea de pelear, pero si hablábamos de una pelea justa y no de un tres contra uno.
—¿Acaso sus madres no les enseñaron que debían batir duelos justos? —Gruñó ella cuando el tercero se unió a la pelea.
Las dagas desaparecieron de sus manos y fueron reemplazadas por una especie de espada de fuego.
—Mmm… me olvide de presentarles a mi mejor amiga —dijo clavándola en el medio del pecho de uno.
Uno de ellos estaba escapando, pero de su mano libre salió una especie de látigo.
—Ops, esta otra amiga, también me olvidé de mencionarla —dijo liquidándolo con una descarga de fuego.
Ella hizo contacto visual con el otro lessers que estaba espantado por la escena que había visto. Casi pudo sentir lástima por su destino, pero bien… Siempre decía lo mismo: Cosecharás tu siembra. Sin piedad alguna, le clavó la daga en el pecho, entonces se convirtió en cenizas.
Raysa se acercó con paso felino a dos de los lessers mientras desenfundaba sus dagas, dejó que se acercaran lo suficiente a ella, para luego desaparecer en una nube de tierra, reapareciendo tras ellos, mientras hacía perder el equilibrio a uno con una patada en la espalda, dando la vuelta para clavarle en el pecho la daga al otro lesser que recibió el golpe con sorpresa total, bajó la mirada a la daga clavada en su pecho y cayó de rodillas. Aprovechando esta situación lo empujó y terminó de hundir su daga haciéndolo desaparecer. Cuando quiso voltear, el lesser al que había atacado primero, le propinó un golpe en el rostro que la hizo enfurecer.
Arremetió contra el lesser dándole una patada en el pálido rostro haciendo manar líquido negro.
—Esto es por pegarle a una hembra, bastardo —le dijo mientras giraba y le daba un codazo en la espalda haciéndolo caer nuevamente. Con una sonrisa de triunfo se acercó al pálido lesser que la miraba sorprendido por la rapidez de sus movimientos.
—¿Quienes son ustedes, malditas? —Susurró el lesser.
Se arrodilló sobre el cuerpo, clavando profundamente la daga de la Hermandad en el blando torso, hablándole antes de hacerlo desaparecer.
—Somos tu peor pesadilla, idiota —le dijo mientras guardaba sus dagas.
Ninguna se percató de que uno de los lessers había dado la voz de alerta, antes de salir por ellas.
Después de terminar con ellos y empezar con la limpieza del lugar, sintieron una corriente eléctrica extraña, un poder que nunca antes habían sentido. Era algo indescriptible, en todos sus siglos de vida, jamás habían sentido algo como eso. Era una mezcla de un civil que había pasado por la transición, pero algo oscuro lo rodeaba.
Lentamente, las cuatro empezaron a buscar la fuente de ese poder. Cuando lo vieron venir, ninguna estaba preparada para conocer tremenda monstruosidad.
Era un macho de más de dos metros quince de altura, musculoso. Su tono de piel iba de un morado a un verde, sus ojos eran totalmente blancos y su dentadura era una hilera de dientes en formas de colmillos. Sus brazos eran como garrotes dispuestos a aplastar, y venía directamente hacia ellas.
A la primera que alcanzó fue a Raysa. Cuando se puso en posición de defensa, fue alzada desde el cuello y lanzada por los aires.
Al ver esto Nessa y Kytara fueron por él. Utilizando cada una sus poderes, quisieron inmovilizarlo, pero fallaron en el intento. Algo lo protegía.
Con una patada, dobló en dos a Nessa, y con una trompada en pleno rostro, tiró a Kytara contra una pared, dejándola mareada.
Entonces fue el turno de Leliel. Ella lo estaba aguardando. En una mano estaba su látigo, con un chasquido trató de lastimarlo, pero el fácilmente lo enroscó en su brazo. El fuego le quemaba la piel, pero era como si este no existiera. Enroscándolo más, la atrajo hacia él. Cuando la guerrera se quiso librar, la tomó de los cabellos y la hizo rebotar contra el suelo.
Nadie podía creer que esto estuviera pasando. No era posible.
Entonces las cuatro, recuperándose, la emprendieron contra él a un tiempo. Cada golpe, cada patada, cada descarga de poder fue rechazada.
—¿Qué demonios es esto? —Gritó en medio de la pelea Leliel. Esto no es posible, se dijo mentalmente.
—¿Cómo infiernos lo destruimos? —dijo Kytara, atajando un cabezazo del individuo y girando hacia un costado.
—Una llave de prendido y apagado no tiene —dijo Raysa, luego de insertarle una patada en pleno rostro, consiguiendo solo una pequeña sacudida.
Nessa entonces sacó su pistola y la descargó contra él, pero sólo logró hacerle cosquillas.
—Valía la pena intentarlo —dijo encogiéndose de hombros, al tiempo que arrojaba el arma y volvía a unirse a la lucha cuerpo a cuerpo.
Así estuvieron por lo menos quince eternos minutos, hasta que Raysa sintió el olor del civil que los lessers habían raptado.
—No —la protesta salió de sus labios, no podía ser posible—. Hermanas, creo saber lo que es, o mejor dicho, lo que era.
—¡Habla ya! ¿Cómo lo exterminamos? —Dijo Kytara tratando de clavarle la daga.
—Es el civil que raptaron la otra vez, pero no sé qué le pasó para que terminara así.
—¿Qué? ¿Es una broma?
Solo fue un segundo el que Kytara se detuvo. Entonces fue el momento de dar un golpe certero. De una de las botas del civil transformado salió una pequeña daga, y quitándose a las demás de encima, la emprendió contra la guerrera que manipulaba el aire. Con una voltereta en el aire, le clavó la daga en el hombro. Sólo gracias a los reflejos de la guerrera, que se movió a último momento, no término en su corazón. Contento con su pequeña victoria, desapareció.
—¡Maldición! ¿Kytara estás bien? —Leliel se acercó corriendo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, vio la herida—. ¡Diablos!
—Estoy bien, no fue nada… —se cubrió la herida con la mano, tratando de detener el sangrado.
—¿Qué diablos era eso? —Gruñó una cansada e indignada Nessa—. ¿De dónde demonios salió? —Miró el hombro de su hermana. Un centímetro más y la habrían perdido. Solo de pensarlo, se enfurecía más.
—Era el civil, no tengo ninguna duda —dijo Raysa, poniéndose al lado de Kytara y tratando de examinar la herida—. Pero no entiendo como termino así.

Mientras tanto en la mansión…

Butch estaba como loco buscando por todos lados.
—¡Maldición! —Dijo, después de buscar por quinta vez en el cuarto de Kytara—. Le dije que no saliera sola —se quejó dando un golpe con su puño contra la pared.
Vishous lo miraba extrañado.
—¿Y cuál es el problema de que salga, poli? —Preguntó distendido.
Butch le devolvió una mirada letal. Por Dios, si las miradas mataran, seguramente Vishous estaría agonizando.
—Porque está herida, V —dijo caminando de un lado a otro.
Vishous se paró en medio del camino de su hermano, que estaba desorientado. Colocó sus manos sobre los hombros del macho.
—Poli, así no vas a lograr nada. Cálmate, concéntrate en su sangre y la vamos a buscar —dijo de manera suave y mirándolo a los ojos.
Por primera vez, Butch se detuvo e hizo caso a alguien. Cerró los ojos y se concentró, buscando a Kytara
—La encontré, está a unas cuadras del ZeroSum.
Sin pérdida de tiempo, se dirigieron hacia el auto V.
Iban como alma que lleva el diablo, pero para Butch no era suficiente.
—¿Le preguntaste a sus hermanas que hacía ella afuera? —Inquirió de repente Vishous.
—Ninguna estaba en la casa.
—¿Cómo que ninguna estaba en la casa?
—¿Qué crees que hice cuando no encontré a Kytara? Busqué a las otras, pero según parece, salieron juntas.
Vishous maldijo por lo bajo.
—Llama a Wrath y avísale. Esto nos concierne a todos.
Butch hizo la llamada, y Wrath le aseguró, blasfemias aparte, que se encontrarían allí.
No lo suficiente pronto, localizó a las hembras. Tres de ellas estaban inclinadas sobre otra, que estaba en el suelo, una morena no demasiado alta. Saltó del coche, antes de que se detuviera.
—¡Maldición, Kytara! ¿Por qué demonios saliste sola? —Apartó a las hermanas de su lado y la abrazó.
—Butch… me… ahogo —dijo con dificultad.
—Eso es lo de menos, ¿sabes el grado de desesperación en el que me tuviste? —Entonces la miró detenidamente. En su labio inferior se le estaba formando un cardenal—. ¡Lo voy a matar!
—Maldición, guerrero, ¡detente! Estoy bien… —tomó su rostro entre las manos—. Butch, mírame. Estoy bien, de verdad.
—Pero te hirieron, lo sentí. No sabes lo que fue, por un segundo creí que te perdía… ¡Mierda, Kytara! Parezco un idiota enamorado.
—Mi idiota —alzándose, le dio un beso en los labios—. Te amo, Butch.
—Puaj. Váyanse a un hotel —dijo asqueada Nessa. Ninguno se había dado cuenta del espectáculo que daban a las hermanas—. Oh, perfecto, más fuegos artificiales.
Todo miraron hacia el lugar que miraba la guerrera y vieron que se acercaba con poderosas zancadas un muy furioso e intimidante Wrath.
No desviaba la mirada de Raysa, su expresión no develaba nada. Sólo la miraba a ella. Todos fueron abriéndole paso hasta que estuvo frente a ella.
—¿Qué tal la salida, Raysa? ¿Se divirtieron? —Preguntó con voz dura.
Raysa tragó en seco mientras sentía una ola de rubor subir a su rostro.
—Estem… Sí, fue lindo —esa actitud de Wrath la desconcertaba, la ponía nerviosa.
—Oh, no sabes cuánto me alegro por ti. Es más, disculpa que te interrumpa con mis estúpidas preocupaciones, pero si la estaban pasando tan bien, ¿me puedes decir por qué diablos hace unos minutos sentí que tu vida corría peligro por segunda vez? Más aún cuando te ordené que no salieras sola —gruñó acercando su rostro al de la hembra.
Raysa quería mantenerse impasible, pero el enfado del macho era palpable.
Observando sobre el hombro de Wrath a sus hermanas y al resto de los machos, que por un segundo contuvieron el aliento, se mantuvo firme. Tenía ganas de besarlo hasta borrar esa expresión de enfado de su rostro, pero esta actitud no le gustaba nada, pensó frunciendo el ceño.
—Tú no me ordenas nada, Wrath —le dijo mientras clavaba un dedo en forma acusadora en el duro torso masculino—. Olvida la idea de que voy a hacer todo lo que quieras yo no…
No pudo continuar porque el macho la tomó posesivamente por la cintura, deslizando una de las enormes manos por el trasero de la hembra atrayéndola más a su cuerpo, mientras la besaba en forma posesiva haciendo que su cuerpo se convirtiera en fuego, haciéndola olvidar todo.
Con un gemido entrelazó los brazos en el cuello masculino mientras ahondaba el beso, hundiendo su lengua en la boca del macho que le respondió con el mismo deseo.
Alguien carraspeó incómodo.
Contra su voluntad, la pareja se separó sin dejar de mirarse.
—No quiero que nada te suceda, leelan —murmuró ronco contra su oído—. No vuelvas a irte sin avisar, por favor —casi gruñó las últimas palabras provocando una sonrisa en la hembra.
De un SUV bajaron Phury y Zsadist, éste último, en clara señal de no soportar nada de lo que veía.
—Bueno, ya estamos todos. ¡Ups! Lo siento, falta el grandulón —dijo con sarcasmo Nessa, y por reflejo miró a Leliel, pero la cara de ella no reflejaba nada más que tristeza—. Bien, ¿nos podemos ir o esperamos a alguien más?
—Deja el sarcasmo para otra ocasión, Nessa —la reprendió Phury.
—Muérdeme ¬—le respondió. Sintió un picor en la nuca y miró sobre el hombro. Zsadist la estaba observando fijamente, con los ojos más fríos y hondos que nunca. Por alguna razón, esa mirada logró lo que el reto de su gemelo, no.
Phury miró a cada una ellas, se notaba que habían tenido una pelea reñida por las condiciones en que se encontraban, muy ruda.
—¿Que fue lo que pasó?
—No lo sabemos, solo sentimos una presencia extraña y fuimos atacadas —le respondió Leliel—. Raysa sintió en el individuo la presencia de un civil que habían raptado, pero con la diferencia que ya había pasado por la transición.
—Pero no era solo eso, estaba genéticamente alterado, no sabemos con qué, pero se notaba —comentó Kytara, todavía tomada de la mano de Butch, que se negaba a soltarla.
—Bien, entonces esta noche habrá patrullaje. Phury, Z, Nessa y Leliel se encargaran de eso —dispuso Wrath, pero esta última no estaba, la buscó entre los hermanos, pero no la encontró.
—Se fue sola —se limitó a decir Vishous, observando a Leliel caminar calle abajo.
Wrath asintió.
—Butch, llévate a Kytara a la mansión y dile a Havers que la revise y por el amor de Dios, contrólate.
El grupo se dividió.


Desde lejos, Leliel observó a dos de sus hermanas siendo contenidas por sus machos.
Una punzada de dolor, y hasta de envidia, la invadió. Le hubiera encantado que Rhage hubiese acudido porque ella estaba en peligro. No porque ella necesitara ayuda, sino porque necesitaba sentirse querida. Por más que diera la apariencia de ser fuerte, ella deseaba poder sentirse como sus hermanas.
En un momento quiso buscarlo y echarle en cara el hecho de no haber ido con sus hermanos a verla, pero luego se dio cuenta de que no podía saber lo que le ocurría a ella si no había vinculación, si no había alimentación. Dios, amaba a ese macho y quería estar con él. Iba a hacer lo que fuera por estar con Rhage… pero ella no se lo iba a permitir. No porque tuviera algún poder sobre su vida como lo tenía sobre Kytara, sino más bien por una maldita promesa que hace mucho, demasiado tiempo sus padres le hicieron hacer.
—¿Estás bien? —Preguntó Vishous, que apareció de la nada a cierta distancia. No por miedo. Más bien por prudencia, sabía que quizás fuera mala idea tocarla ahora mismo.
Ella asintió con la mirada perdida, aun seguían divagando cantidad de pensamientos en la cabeza de Leliel.
—Sí, estoy bien —dijo casi susurrando—. Yo… Diles que tenía cosas que hacer —dijo dando media vuelta.
—¿Leliel? —Llamó Vishous. Ella solo lo miró. Él medito las palabras que iba a decir—. Suerte —le dijo, a lo que Leliel sonrió y siguió caminando.


Continuará...

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: greta en Julio 18, 2009, 11:54:26 pm
porfavor  emot026 emot026 emot026 no me podeis dejar asi , es cruel  :emot017:


YA SE QUE ESTAIS HACIENO LO MAXIMO muchas gracias por el capitulo :emot018: :emot018:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 19, 2009, 01:14:11 am


GENIAL!!!!...............

Pero estoy es un maldito circulo vicioso!!!......osea ya me dieron lo que pedi....un super capi....y ahora quiero masssssssssssssssssssssssssssssssssssssss  emot030 emot030 emot030 emot030 emot030.....

chicas por favor!!!!...no nos dejen asi!!!......

que pasa kon Nessa y z???...apuesto a que la nalguea por desobediente jajajjajaja....y que ondas kon Rhage??...apuesto a que presencio lo de la pelea y fue a investigar...o a  hablar con la SV acerca de Leliel.....

hay nose....pero quiero saber que mas pasa porfitassssss

besos emot024


Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: vichyta en Julio 21, 2009, 06:40:49 pm

 :emot014: otro capitulo más...
Espero que les guste.

 emot024



CAPÍTULO 15

Después de haber meditado las palabras durante un buen tiempo, Leliel fue al encuentro de la Virgen Escriba, que se encontraba donde siempre, en su fuente con sus aves.
—¿Para qué acudes con preguntas de las que ya sabes las respuestas? —Inquirió la Virgen Escriba.
Leliel apretó los puños fuerte, debía contenerse si quería sacar algo bueno de esta conversación.
—Mi señora —dijo casi en un susurro—. Yo quisiera que usted reconsiderara la situación…
La Virgen Escriba la interrumpió.
—No entiendo.
—Por favor, déjeme continuar —pidió Leliel mordiendo cada palabra—. Entiendo que fue un pedido explícito de mis padres. Pero creo que le he brindado todo mi apoyo a la raza, creo merecer un poco de paz.
—Guerrera, no estás en condiciones de pedir nada. Has matado a mucha gente con tu poder, y desde que te desperté, lo único que has hecho fue herir a los que se encuentran a tu alrededor —dijo furiosa pero manteniendo esa postura de señora de la alta sociedad.
Leliel estalló en furia.
—¿Y usted cree que lo hice conscientemente? ¿Cree que a cada persona inocente que maté lo hice por placer? —Preguntó gritando, haciendo que de sus manos brotaran chispas de fuego—. Tanto usted como mis padres deberían cargar con ese peso, pero no, la única idiota que lo hace soy yo.
La Virgen Escriba elevó su mano, e instantáneamente, Leliel pasó a estar estrangulada por una fuerza superior.
—No me faltes el respeto, guerrera, porque te puede ir mal.
—¿Acaso piensa matarme? —Preguntó con dificultad—. Porque si es así, me estaría haciendo un favor enorme —dijo sincera, mirándola a los ojos.
La Virgen Escriba se sorprendió de la sinceridad y la crudeza de las palabras de Leliel, pero no mostró compasión.
—Tus padres te sentenciaron con estas palabras: “Estas maldita y maldita vas a morir… eres una deshonra para nosotros. Ningún macho se vinculara contigo, no permitiremos que un monstruo como tú tenga descendencia”.
Leliel cerró los ojos, todavía calaban hondo esas palabras. Tenía tan solo dieciséis años cuando buscó a sus padres para pedirles que levantaran la maldición. Ella se forzó para no llorar, pero al fin y al cabo todo su dolor, su odio, su ira debían salir por algún lado.
—Entonces vuélvame a dormir —pidió casi en forma de súplica.
—Fuiste despertada para luchar, no para hacer relaciones sociales, guerrera —dijo de forma rígida y firme.
Leliel iba a hablar cuando de repente apareció en su habitación.
—¡Maldición! —Gritó enfurecida, su cuerpo comenzó a elevar su temperatura. Pronto haría combustión y era malditamente seguro que no debía estar en la mansión al hacerlo, o quedarían todos expuestos a las llamas. Entonces recordó el refugio que tantas veces había usado con sus hermanas, sólo le bastó imaginarlo para materializarse dentro de él. Un grito ensordecedor invadió todo el lugar para dar paso a una gran bola de fuego. Luego, la paz dejando lugar a las cenizas. Pronto ella estaba acostada, adolorida y con el cuerpo sucio.
Odiaba tener que pasar por eso. Odiaba su vida y su maldición, pero mucho más odiaba a sus padres y a la misma Virgen Escriba.
No quería llorar, no quería ser débil… Pero no podría soportarlo mucho más y rompió en llanto. Estaba sola, nadie la vería en ese estado deplorable. Podría esperar las recuperar fuerzas y luego volver a la mansión.
Necesitaba un poco de soledad, se dijo a sí misma intentando auto convencerse que así estaba bien. Además ya pasaste tantas veces por esto que una vez más, lamentablemente, no te va a matar… se dijo divertida.
Poco a poco el sueño comenzó a vencerla…
Cuando de repente, Nessa se materializó en la cueva para encontrarse con el cuerpo acurrucado de Leliel. Sin decir palabra se arrodilló a su lado.
Le acarició el cabello mientras la llamaba:
—Leliel, déjame ayudarte e iremos a la mansión, ¿sí? Allí podrás reponerte más rápido —le dijo mientras trataba de ayudarla a incorporarse.
Se quitó el abrigo y se lo colocó a su hermana.
—Vamos Leliel, todos estábamos preocupados por ti, las demás están esperando que volvamos pronto a la mansión. Ya tendrás tiempo para reponer energía, solo haz un último esfuerzo —le susurró.
Leliel suspiró profundamente.
—Iremos directo a mi cuarto, Nessa —dijo casi murmurando—. Quiero estar sola.
Nessa se limitó a asentir.
—De acuerdo, haz este último esfuerzo y podrás estar en esa cama tan deliciosa que tienes.
Una vez en la habitación de Leliel, la ayudó a acostarse en su cama y la arropó.
—De verdad, ¿no quieres que me quede contigo a pasar la noche? —Preguntó preocupada.
Leliel negó.
—No, necesito estar sola y descansar —dijo dándose media vuelta para darle la espalda—. Sólo necesito estar sola, Nessa. Gracias por traerme —y no dijo nada más. Se limitó a cerrar los ojos, esperando quedarse dormida.


Dos días después de la pelea, Leliel volvió a dar signos de vida por la mansión. Se encontraba débil, había pasado gran parte de la mañana con amenazas de vomitar.
—¡Mierda! —Se quejó por lo bajo cuando tuvo que sostenerse del pasamanos de la escalera para no caerse.
Cosa que pudo observar Vishous, que venía entrando a la mansión. Entonces la sostuvo por detrás.
—¿Estás bien? —Preguntó, ayudándola a sentarse a los pies de la escalera.
Ella asintió.
—Supongo —dijo un poco apenada.
—Tendrías que hablar con Rhage para alimentarte —dijo mucho antes de darse cuenta de que estaba hablando de más.
Leliel negó.
—No, yo sola puedo… Él debe tener sus cosas que hacer —dijo dolida. Desde hacía tres días que no lo veía, ella había estado recuperándose y Rhage ni siquiera había sido capaz de acercarse a ver como estaba.
Vishous negó en forma de desaprobación.
—No te adelantes a sacar conclusiones, hembra —dijo parándose—. No me corresponde meterme entre vosotros, pero él también estuvo tan complicado como tú. Quizás sería bueno que uno de los dos dé el brazo a torcer —le extendió una mano para ayudarla a levantarse—. Hay veces en las que hay que sentir que perdemos para darnos cuenta de lo que sentimos.
Ella bajó la mirada.
—Yo… No sé… Es todo… —pero Vishous la interrumpió.
—Sí, lo sé y apesta como un demonio. Pero es lo que nos tocó —dijo, sabiendo por propia experiencia lo que le pasaba a Leliel. Todavía seguía sujetando a la hembra, de los hombros, porque no se podía mantener en pie—. Creo que tendrías que alimentarte…
Un gruñido lo interrumpió.
Vishous levantó las manos.
—¡Hey! No malentiendas las cosas. Está mareada y no puede mantenerse en pie —dijo mirando a Rhage, que estaba casi preparado para saltar al cuello de su hermano—. Mejor os dejo solos.
Leliel tuvo que apoyarse contra la pared, ni sus piernas ni su cuerpo estaban funcionando como correspondía.
Rhage se acercó a ella, como un depredador acecha a su presa. La tomó de los hombros atrayéndola contra él. Cuando sus cuerpos chocaron, se podía sentir en el cuerpo de Leliel que el fuego estaba comenzando a ganar terreno. Sin perder más tiempo la besó. No fue nada tierno. No había amor en ese beso solo había celos.
Él se estaba quemando de la furia que sentía, quería que ella nunca mirara a otro. En su vida solo tenía que tener ojos solo para él, ser él. Ningún otro macho podría tocarla… y mucho menos besarla.
Su lengua se abrió paso entre los labios apretados de la guerrera, quería someterla a su pasión.
Leliel se resistía… Comenzaba a sentir miedo del macho. Nunca en todo este tiempo Rhage había actuado de esa manera. Ella tomó fuerza y lo alejó de un empujón lo que le valió terminar sentada en el suelo.
—¿Qué demonios te pasa, Rhage? —Preguntó sin entender nada.
—¿Quién besa mejor? —Preguntó levantándola del brazo. Leliel lo miró sin entender. Frunció el ceño—. Dime —dijo gritando y sacudiéndola—. Dejas de jugar conmigo y entonces vas y juegas con Vishous. ¿Después quién sigue? ¿Phury? —Preguntó con ironía.
Ella abrió mucho los ojos. Empujó a Rhage para que la soltara y sacó fuerzas de algún lado para darle una cachetada que resonó en toda la sala.
—¿Sabes lo que eres? Un maldito idiota, un estúpido… Eso es que lo eres.
Rhage no cabía dentro de su asombro por el golpe y toda la escena que acababa de hacer.
—¿Te preguntaste dónde mierda estuve estos casi tres días? —Preguntó histérica—. No, claro. Yo, señor macho, no pregunto, solo saco conclusiones y listo —dijo caminando de un lado a otro y sosteniéndose un poco en el pasamanos—. Estaba en mi cuarto. Sola porque había tenido uno de mis episodios —dijo bajando la voz, y sentándose a los pies de la escalera—. Tú también, ¿no es así? —Preguntó ella apoyando la cabeza entre las manos. No tenía ganas de pelear, estaba cansada de discutir… solo deseaba un poco de paz, tan solo un poco.
Rhage se sentó a su lado, se sentía terrible… Era un idiota. Todo por culpa de esa maldita cosa de macho vinculado. Pero él no la había marcado. Lo quería hacer, le deseaba con todo su ser.
—Lel… yo… —dijo intentado abrazarla.
Ella rechazó todo contacto con él.
—No, Rhage, no me toques. Ahora mismo quiero estacarte contra la pared —Leliel lo observó con los ojos llenos de lágrimas—. No entiendo el por qué de tu desconfianza. Jamás hice nada para que desconfíes de mí. Simplemente me estaba ayudando a estar en pie. Desde que desperté que no me alimento y quería pedirte que tú lo hicieras —susurró ella, con mucha vergüenza.
Rhage se sorprendió ante el pedido. Por un momento, creyó que eran las palabras más dulces que podría escuchar en toda su vida.
—Yo… no sé qué decirte.
Leliel sonrió.
—No hace falta que digas nada, solo quiero que sepas que no tenía planeado enamorarme. Jamás ningún macho me vio como tú me ves —Rhage seguía sin entrar en razón—. ¿Por qué te cuesta tanto creerme? —Preguntó acariciando su rostro—. Rhage, yo te amo. No hay otro macho que me haga sentir todo lo que me haces sentir. No quiero que dudes de mí, eres hermoso… Todavía no entiendo cómo es que estás interesado en mi, te lastimé muchas veces —ella bajó la vista. Era una de las primeras veces que decía de verdad lo que sentía y él no había emitido palabra alguna.
Rhage se armó de valor. Entonces hizo que ella lo mirara.
—Sería un placer alimentarte —susurró con su voz áspera—. Yo… no sé qué es lo que me hiciste —dijo un tanto abochornado—. Pero también te amo. Quiero hacerte mía y solo mía —dijo con los dientes apretados.
Ella suavizó esa expresión con una caricia.
Rozaron sus labios suavemente.
Se deseaban mutuamente, pero ninguno tenía prisa.
Leliel mordisqueó los labios de él. Rhage respondió tomándola de la cintura y colocándola en sus rodillas. Ella enredó sus dedos en su cabello, entonces profundizó el beso.
Rhage abrió la boca para aceptar con gusto aquel beso, que no era un simple beso. Había muchas más cosas escondidas dentro de ese acto. Él acaricio su espalda desnuda, tiene la piel más suave que jamás había tocado. Sintió que la bestia dentro de él quería tomarla, se presionó para que no saliera y así fue.
—Rhage… —llamó ella con la voz cargada de placer.
Él beso sus labios.
—Vamos, estás muy débil —dijo cargándola en brazos hasta el cuarto de ella.
Una vez dentro de la habitación la recostó sobre la cama suavemente.
Rhage dejó libre una de sus muñecas y se la acercó a ella para que pudiera alimentarse, pero Leliel negó con la cabeza. No dijo palabra. Se acerco a él, se sentó en sus rodillas y rodeó con sus piernas su cadera.
—Quiero que esto sea algo más que una alimentación, Rhage —susurró sobre sus labios.
Él gruñó ante la petición de ella. Capturó sus labios. Mordisqueó y alternó con suaves lamidas. Leliel se sentía morir con cada roce, sentía presionando la erección de Rhage. Deseaba con todo su ser que él la tomara, entregarle a Rhage lo más preciado que poseía.
Leliel apresuró el beso, introdujo su lengua y recorrió completamente la cavidad su boca. Dios… sabían tan rico sus besos. Eran dulces y fuertes.
Abandonó sus labios, para marcar un camino húmedo con su lengua hasta su cuello. Sentía su vena palpitar, tenía sed de él… de su sangre.
Rhage acomodó su cuello invitándola a beber de él, por lo que Leliel no dudó ni un segundo y así lo hizo. Hacía siglos que no se alimentaba, y las veces que lo hizo, jamás había probado un manjar tan exquisito como la sangre de aquel guerrero. Sentía como la sangre de él quemaba su garganta al beberla, todo su cuerpo estaba reaccionando a tal situación.
Nunca había sentido la necesidad de ir mucho más lejos de una alimentación, pero ahora mismo quería que él la hiciera suya. Poder sentirlo en lo más profundo de su ser.
Rhage sentía como Leliel tironeaba de su piel. También podía oler la excitación, y también la necesitaba. Poder marcarla, que todos los machos pudieran oler su aroma en ella.
Su excitación creció mucho más.
Ninguno de los dos pudo contenerse, entonces ella dejó de beber y lamió suavemente la herida. Rhage gruño ante la suavidad de su lengua sobre su piel.
Con prisa ambos se despojaron de sus ropas. Se deseaban, cada uno ansiaba las caricias del otro.
Rhage, la recostó sobre la cama, con sus labios fue acariciando el borde de los labios de Leliel con su lengua, consiguió que ésta entreabriera la boca y poder así profundizar el beso. Sin dejar de besarla, bajó uno de sus brazos hasta la cintura y la atrajo hacia su cuerpo, manteniéndola ahí. La otra mano pasó a acariciar suavemente su cuello, mientras su lengua recorría su cálida boca rozando y buscando la pequeña lengua de la hembra. La falta de aire les hizo separarse.
—Rhage —susurró.
Pudo ver el miedo en los ojos de ella. Entonces acarició suavemente sus labios, ahora un poco hinchados por sus besos y manteniéndola enlazada por la cintura se explicó.
—Leliel, fuiste sincera conmigo, por lo que voy a ser sincero contigo —dijo muy suavemente mientras acariciaba su hombro desnudo—. Eres la hembra más hermosa que jamás conocí en mi vida. Eres fuerte, muy fuerte y sabes defenderte sola. No te da miedo alguno enfrentarte a lo que sea y eso me encanta —dijo besando sus labios—. Pero lo que me enamoró de ti, fue ese miedo a mostrarte tal cual eres, esa inseguridad y esa necesidad urgente de protegerte. De amarte… Esa fue la causa de estar hoy aquí, contigo. Esperándote con mucho gusto… Te amo —dijo en un suave susurro.
Ella sintió como sus ojos se humedecían. Por más esfuerzo que hiciera las lágrimas brotaban sin control alguno.
—Te amo… Te amo, Rhage —dijo llenando su rostro de besos.
Leliel lo observó a los ojos y vio que había deseo en ellos. Estaba un poco asustada, pero amaba con todo su ser a ese macho.
Quería honrarlo entregándole lo más preciado de ella. Sonrió tímidamente y volvió a besarlo. Sus lenguas se encontraron esta vez y comenzaron a juguetear la una con la otra.
Rhage la hizo girar para dejarla sobre su cuerpo. Las manos de ella se perdieron en su pelo, mientras las de él recorrían una y otra vez la espalda de Leliel, dibujando cada vértebra que se le marcaba y pellizcando de vez en cuando sus nalgas.
La volvió a girar para dejarla sobre la cama y empezar a devorar su cuello, hacía mucho que no se alimentaba y la vena de ella lo llamaba por instinto.
Leliel comenzó a gemir suavemente al sentir la lengua de él sobre su piel, sintió su hambre, su sed. Entonces corrió la cabeza hacia un lado para dejarle el cuello a su merced.
Rhage ni lo pensó y clavó los dientes. Ambos sintieron como una ola de placer y lujuria los invadía. Sintió la sangre espesa bajar por su garganta y gruño ante el sabor. El fuego de ella recorría ahora por sus venas, se sentía invencible. Ahora más que nunca quería y deseaba emparejarse con esa hembra.
Leliel dejó escapar un gemido y se aferró a la espalda de él. Sentía cada tirón en su piel.
Su humedad pedía a gritos ser calmada, necesitaba tenerlo dentro de ella. Podía sentir como Rhage comenzaba a desprender el olor a vinculación, lo que hizo que se le formara un nudo en la garganta.
Con algo de timidez, empezó a rozar sus dedos sobre la espalda de él.
Rhage dejó de alimentarse y después de lamer la herida, la miró a los ojos. Ella observó el firme pecho de él, y no pudo evitar recorrer con sus dedos, el contorno de los marcados músculos de su pecho, de su abdomen. Rhage respondió con un gemido ronco ante las torpes caricias de ella, envalentonándola a recorrerlo de nuevo, pero esta vez con su lengua pintando húmedos dibujos en su pecho.
—Eres hermosa, Leliel —dijo delineando cada curva de su cuerpo, dejándola mucho mas ruborizada. Rhage volvió a besarla, sus besos cada vez eran más fogosos, se notaba las ansias y la pasión que había entre ellos. Él comenzó dejando un camino de besos desde su boca hasta terminar en el sensitivo pezón derecho, mientras cubría con su otra mano el otro seno.
Los gemidos de ella seguían siendo leves susurros, pero ya eran incontrolables, consiguiendo que Rhage se excitara aún más al escucharla. Sin dejar su preciosa labor en sus pechos, consiguió con su mano libre bajar trazando surcos en el vientre plano hasta la unión de sus muslos, para empezar a presionar con uno de sus dedos.
Ella soltó un respingo al notar el dedo casi en su interior.
—Shhh… tranquila nena —la tranquilizó, pero dejando la mano donde se encontraba. La volvió a besar en la boca, atrayéndola con su otra mano por la cintura, entrelazando el pequeño cuerpo contra el suyo.
Ninguno notó cuando el cuerpo de ella comenzó a elevar su temperatura. Ambos estaban muy concentrados en ese acto tan puro…
Rhage siseó ante el dolor en su piel.
Entonces Leliel observó la quemadura que le había provocado en el todo el brazo y en el pecho. Ambos quedaron estáticos. Ninguno supo qué hacer.
Entonces las palabras de la Virgen Escriba la hicieron volver: “Estas maldita y maldita vas a morir… eres una deshonra para nosotros. Ningún macho se vinculara contigo, no permitiremos que un monstruo como vos tenga descendencia”.
Él pudo sentir la confusión, el miedo. Intentó tocarla, pero ella esquivó todo contacto con él.
Leliel se paró. Materializo sobre su cuerpo una túnica negra.
—Yo… Lo siento —dijo intentando ser fuerte y no llorar, pero de lo que no se había dado cuenta era que sus ojos eran un mar de lágrimas—. Porque te amo me voy. No puedo hacerte más daño. Lo siento. Ella tenía razón, no merezco estar con nadie —dijo para luego desaparecer.
Rhage no entendía nada… Pero si había alguien que podía ayudarlo era la Virgen Escriba. Se vistió y estaba a punto de salir cuando entró Vishous.
—Hollywood —dijo respirando profundamente—. ¿Qué… demonios?
—No estoy de humor —gruñó—. ¿Qué quieres V? —Preguntó molesto. Tenía una gran confusión en su mente. Podría darle una gran cantidad de patadas en el culo a la guerrera. Estaba harto de la situación de mierda, pero la amaba y la iba a buscar para traerla devuelta a esta habitación
—Hollywood —llamó por cuarta vez—. Vamos, Rhage —dijo tomándolo del brazo. Rhage siseó al sentir la quemadura. No se había dando cuenta de la gravedad de la herida—. ¿Qué…?
Rhage se puso una camiseta.
—No jodas, V. ¿Qué pasó? —Preguntó evadiendo la gran cantidad de cuestionamientos que tenía su hermano en la cabeza.
—Hay reunión —dijo saliendo de la habitación.


Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 22, 2009, 02:00:20 am

AINSSSS!!!!....

no me dejen asi........ pliz pliz plizz emot025....no me dejen con este pesar mucho tiempo.......

 emot040 emot040 emot040 emot040 Chistoso que V la este haciendo de cupido  emot039 emot039 emot039 emot039


Nessa y Z.!!!...ya siguen??.....ke paso kon ellos?
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: willow en Julio 22, 2009, 11:27:26 pm
 emot037 me encanta sigan asi chicas.
 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sonne en Julio 23, 2009, 09:55:40 am
 emot030 no podeis dejarlo así, y ahora que va a pasar
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Julio 23, 2009, 07:59:12 pm
hola chcas:

realmente estoy enamorada de esta serie  emot022me facinaron sus personajes de la hermandad emot024 pero esta historia paralela con dialogo chispiante, humor, escenas flikitis  :emot013:flikitys me ennnncccaaannntaronnnnnn  emot027y ahora me quedo con las ganas de seguir leyendo mas capitulos. :emot017:.... me como las uñas ja ja ja
realmente hay que agradecerte vichyta Y a las demas por esta emocionante historia felicitaciones y adelant e:emot018:e!!!! :emot018:
beso
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: vichyta en Julio 24, 2009, 05:17:24 am

 :emot015: gracias chicas... fue creado todo en conjunto y en un momento de aburrimiento.
Ya pronto subiremos otro capitulo.

 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 24, 2009, 06:30:34 am

 :emot015: gracias chicas... fue creado todo en conjunto y en un momento de aburrimiento.
Ya pronto subiremos otro capitulo.

 emot024

Porfitas que sea prontoooooooooooo!!!...que me muero de la curiosidad!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 25/07 )
Publicado por: Roz en Julio 25, 2009, 11:30:11 pm
Hey, gente! Gracias por sus palabras, chicas, nos alegra mucho que les guste el fic  emot040
Acá les dejamos un nuevo capítulo, uno de mis favoritos, por cierto.
Espero que les guste.



CAPÍTULO 16

    Kytara no cabía en sí de gozo. Desde que había estado con Butch, se sentía otra.
     Lo peor había sido cuando sus hermanas se dieron cuenta. Mejor dicho, cuando sintieron el olor de la vinculación.
     Tarde o temprano se iban a enterar, otra vez ese escalofrío, lo sentía cada vez que pensaba en la reacción de la Virgen Escriba, sabía que estaba condenada, se merecía un castigo. Lo que la extrañaba era que todavía no la hubiera mandado a llamar. Y era mejor no tentar a al destino.
     Iba al gimnasio donde se había olvidado el mp5. Sin su música no podía estar un segundo, la ayudaba a despejarse, pero con Butch alrededor se olvidaba hasta de si era de noche o de día.
     El primer entrenamiento, si se lo podía llamar así, después de estar juntos, fue una lucha entre, dejar de besarse, y pedirle por favor que dejara las manos quietas y que se concentrara en la clase,  a lo que él respondió llevándola a los vestuarios. Era incorregible… Pero no cambiaria nada de su manera de ser.
     ¡Joder! Y desde esa vez, llegaron a un acuerdo: Los juegos para las habitaciones, y en los horarios de cacería y entrenamientos nada de besos, para no terminar cocinados por los lessers.
     Empezó a sonar su móvil… llamada de Butch.
     —¡Hola, pequeña! —su voz era música para sus oídos.
     —Hola, guerrero, ¿qué necesitas?
     —A ti, desnuda y en mi cama o en la tuya. En la que te quede más cerca.
     —Butch, dijimos que nada de juegos, tenemos que salir de caza.
     —Pero nos vendría bien para despejarnos —dijo imitando a un chico al que han dejado sin su juguete preferido.
     —No, Butch. Por favor, compórtate —dijo regañándolo—. ¿Dónde estás?
     —En el despacho Wrath, me mandó a llamar junto con los demás, ¿y tú?
     —En el gimnasio, olvidé algo. ¿Dentro de dos horas nos vemos?
     —Dalo por hecho, pequeña.
     —Bye.
     Sin darse cuenta, ya estaba en el gimnasio. Lo empezó a recorrer con la vista, tratando de encontrar el aparato. Al verlo fue hacia el, pero en el momento en que lo iba recoger sintió un escalofrió, su sexto sentido la puso alerta. Lessers. Era imposible, el sistema de seguridad de Vishous era infranqueable. Pero entonces, ¿qué era?
     —Kytara.
     Se dio la vuelta, pero acompañando el movimiento sacó su  daga y  la apuntó al intruso. En cuestión de segundos se la había apoyado en la garganta, solo necesitaba un movimiento en falso para degollarla.
     —¿Quién eres? Y no me mientas.
     —Soy Sheila, una elegida. Me envía la Virgen Escriba, con un recado para su señora.
     Oh dios… no.
     La soltó, mirándola. Sí, era una elegida, no cabía duda, su vestimenta y su forma de dirigirse la proclamaban como tal.
     —¿Y cuál es? —Todavía no había guardado la daga, clara señal de defensa contra ella, o más, bien el mensaje.
     —La espera a usted y a sus hermanas en La Tumba. Dijo que usted lo estaba esperando.
     Si lo esperaba, sabía que tarde o temprano llegaría. La había desafiado y ahora tenía que pagar las consecuencias de sus actos. ¡Maldición!


     Las cuatro se encaminaron juntas con sus túnicas blancas, las mismas con las que habían despertado, hacia la piedra negra. Ninguna de ellas quería estar allí, sabían de qué se trataba.
     Cuando fueron acercándose la vieron. Con su tradicional manto negro cubriéndola completamente, se alzaba la Virgen Escriba, aguardando. Fue la primera que habló.
     —Guerreras —lo dijo en forma de saludo.
     Se fueron alineando una al lado de la otra, completamente cubiertas y en una perfecta sincronización hicieron una reverencia.
     —Su santidad —dijeron al tiempo.
     Las miró una a una, así cubiertas y en esa posición eran iguales pero ella sabía quien era quien.
     Mirando a la última, la llamó.
     —Kytara, acércate.
     Esta se levantó y avanzó hacia ella, en ningún momento levantó la cabeza. [i[¿Ahora quieres clemencia?[/i], pensó.
     —Kytara, antes conocida por el nombre de Aire, hija de Kasim con la elegida Shanna, fuiste convocada para sufrir el castigo por tu falta hacia mí y hacia la causa por la que tu madre se sacrificó.
     Se escucho un no. Una de las hermanas había protestado, pero al ver que Kytara no se defendía, se calló.
     —Sí, Su Santidad —tarde o temprano tenía que pasar.
     —Por tu osadía, serás castigada con sesenta latigazos dados por las hermanas.
     Tenía que reconocer que tenía miedo. Era la primera vez que iba a ser castigada. Jamás le habían pegado, ella era la que daba los golpes. Se juró en ese momento resistir y la maldita perra sagrada no la iba a escuchar gritar, se quedaría con las ganas.
     Kytara ya se encaminaba hacia la gran piedra negra donde estaban escritos los nombres de los guerreros, entre los que se encontraba el de su padre, con el del hombre que amaba. Sangraría por amor como lo hizo su madre.
     Cuando se estaba quitando la túnica, la Virgen Escriba la detuvo.
     —Espera, bájatela sólo hasta las caderas, los hermanos no tienen que ser testigos de tu deshonra.
     ¿Los hermanos? No podían estar aquí.  Dios, que Butch no esté, rogó en silencio.
     —Disculpe, Su Santidad, pero no entendemos por qué ellos tienen que presenciar esto —Leliel habló con total autoridad, ella nunca se iba por las ramas y tenía que darle crédito, todavía no se había consumido en llamas. Conociéndola, ya debería haber incendiado casi toda La Tumba—. Ya es suficiente que tengamos que ser partícipes de esto, para tener más testigos —no disimulaba nada la rabia que sentía hacia esta injusticia.
     Se escucharon unos pasos y todas se dieron vueltas para verlos acercarse. Venían en fila, vestidos en túnicas negras, cubiertos desde la cabeza a los pies. Eran un espectáculo intimidante. No se podía distinguir los rostros, pero estaban los cincos. Butch.
     Cuando llegaron hasta ellas, se colocaron detrás de las tres guerreras que quedaban, e iguales que ellas saludaron a la Virgen Escriba.
     —Hermanos. Están aquí para ser testigos del castigo que recibirá la guerrera Kytara.
     Ahora fue el turno de ellos de quedar atónitos, pero el primero en soltar una queja fue Butch, al quitarse la capucha que le cubría una parte de la cabeza.
     —¡No! —Soltó en medio de un rugido. Nadie la iba a tocar.
     Wrath puso una mano sobre su brazo, para que se quedara quieto y no saltara hacia la plataforma. Con una mirada le pidió paciencia.
     —Mi señora, quisiéramos saber cual fue la falta cometida por la hermana —pidió humildemente Phury, ya que estaba totalmente en contra de ese castigo.
     —¿Por qué no se lo preguntas al bastardo de tu amigo? Él lo debe saber —le escupió Nessa. No sabía con quien estaba más enojada, si con el poli o con Aire. ¿Por qué fue tan estúpida de entregarse a él?, pensó con dolor. Entonces, sintió la mirada de Zsadist sobre ella. Su rostro no demostraba nada, como siempre.
     —Kytara ha cometido una falta contra un juramento sagrado, al que fue concedida, y por ello recibirá sesenta latigazos —dijo la Virgen Escriba y con eso puso silencio a la discusión que estaba a punto de empezar en su presencia.
     Todos se quedaron callados.
     —Raysa, antes conocida por el nombre de Tierra, toma el látigo y aplícale veinte latigazos a tu hermana.
     Raysa tenía los ojos llenos de lágrimas, no lo quería hacer, tenía el cuerpo paralizado.
     —No voy a ser participe de esto, Su Santidad. Mi hermana se entregó por amor.
     —¿Te atreves a desobedecerme guerrera? Tómalo o recibirás el doble que Kytara —la Virgen Escriba estaba ya alterada, no entendía que pasaba con todos ellos, ni desde cuando se habían vueltos tan irrespetuosos hacia ella. Con tan solo un movimiento de su mano la empezó a asfixiar. ¿Quién se creía que era?—. No volveré a dar la orden, ¡toma el látigo, Raysa!
     Un no estrangulado salió de sus labios. Wrath ya no soportaba el maltrato hacia la guerrera. Como todo macho vinculado saltó en su defensa.
     —Yo tomaré su lugar, Su Santidad.
     A su lado, estaba Butch insultándolo, siendo sostenido por Vishous y Rhage, que a duras penas lo estaban logrando.
     De repente, Raysa volvió a respirar normalmente. Sus ojos no podían creer lo que veían. Wrath tomó el látigo colocándose detrás de Kytara, si llegaba a golpearla jamás se lo podría perdonar. Una lágrima rodó por su mejilla.
     Cuando le iba a dar el primer latigazo, Butch se soltó del agarre de sus hermanos, saltando hacia Wrath. De un manotazo, le quitó el látigo de la mano. Estaba ciego de furia. Fue hacia Kytara, pero una fuerza invisible lo detuvo.
     —¿Qué crees que estas haciendo, Dhestroyer? —Habló la Virgen Escriba.
     —Deteniendo esta locura. Kytara no es culpable de nada. Si alguien tiene que ser castigado, seré yo —trató de luchar contra ese agarre, pero no podía.
     —¡No! —Grito Kytara dándose vuelta, tratando de caminar hacia él pero le pasó lo mismo, algo la detuvo. Sus ojos cambiaron a violeta, estaba luchando contra eso—. No voy a permitirlo, yo cometí la falta, no tú.
     —Me importa un demonio, Kytara, y grábate en la cabeza que no permitiré que la pequeña figura vestida de negro te haga ningún daño.
     —Por favor, Butch. No lo hagas más difícil —trataba por todos los medios de acercarse, pero no podía contra el agarre de la Virgen Escriba. Ni sus poderes podían ayudarla.
     Todos eran mudos testigos de esa escena. Nadie decía nada, pero contemplaban el amor que se tenían, la una dispuesta a dar la vida por el otro y el otro dispuesto a recibir el castigo. La vida nunca iba a ser justa y todos lo sabían.
     —Butch, ¿tomarías el lugar de Kytara, y recibirías el castigo por ella? —El que habló fue Vishous, odiaba verlo así, pero era una alternativa para que todo terminara en un grado de paz.
     —Sí —lo dijo con total convicción. Daría su vida por ella, por su shellan.
     —Entonces que así sea —dijo la Virgen.
     Y en un segundo Butch tomó su lugar y Kytara fue trasladada a los brazos de sus hermanas que la rodeaban, protectoras.
     No podía creer este giro del destino. ¿Por que la Virgen Escriba lo hizo tan simple? Parecía como si fuera lo que esperaba desde el principio, ¿pero por qué?
     Uno a uno, fueron dando los latigazos a Butch, hasta las hermanas.
     Raysa parecía que pedía perdón por ese acto, Leliel trataba de disimular y Nessa directamente le azotaba la espalda a Butch. Para ella el culpable era él y tenía que pagar.
     El último turno era de Kytara. Fue como si el tiempo se detuviera. Tomó el látigo y miró la espalda ya totalmente marcada de su guerrero. No podía hacerlo, no podía lastimarlo, porque al hacerlo, sería como golpearse ella misma. Cada uno de esos latigazos que recibió, ella los había sentido en el alma. Jamás se lo podría perdonar, por querer ser libre de una sentencia, condenó a un ser amado por ella.
     —No puedo, Butch —susurró su nombre pidiéndole perdón.
     —Hazlo, pequeña, no es nada.
     Una lágrima corrió por la mejilla de ella.
     —Deja el látigo, guerrera, ya fue suficiente —dijo la Virgen, por primera vez hablaba desde que el castigo comenzó—. Hermanos, tomen al hermano y márchense con las hermanas. Tú, Kytara, cuidarás de él —dicho esto, desapareció.
     Kytara no entendía nada. ¿Qué había dicho? Pero no importaba, corrió hacia Butch antes que este se desplomara contra el suelo, colocó su cabeza sobre su regazo, boca abajo, haciéndole soltar un suspiro.
     —Mi pequeña, ¿estás llorando? —Preguntó entre susurros.
     —No, es una basurita, tonto —en verdad estaba sollozando. Pero no quería que supiera cuanto había sufrido por él, sintiéndose culpable de todo eso.
     —Mentirosa —le dijo, y se desmayó.
     Los hermanos se acercaron para tomarlo en brazos. Rhage iba a seguir a Leliel, pero Vishous se interpuso con su brazo e hizo señas. Al ser el más fuerte, se encargó de la tarea de llevarlo hasta el coche. No hizo falta decir que Kytara iría con ellos.
     Nessa y Raysa habían decidido desmaterializarse directamente a la mansión. Ya tendrían tiempo de preguntarle a Leliel sus razones para haber huido.
     En el asiento trasero del auto, Kytara iba acariciando el cabello de Butch. Lo habían colocado boca a bajo, para que las heridas no le molestaran.
     —Te amo, Butch —murmuró dándole un suave beso en sus cabellos.
     —Díselo cuando despierte —comentó Vishous.
     Todos iban callados, ya que había sido una experiencia muy fuerte lo que habían vivido en el templo.
     —Lo haré —dijo muy segura de ella misma. Habían desafiado juntos a la Virgen Escriba y habían salido vencedores.
     Vishous miro por última vez a los amantes. En el fondo siempre había sabido que ella lo protegería, tenia que ser así.


     Cuando llegaron a la mansión, Kytara los guió hacia su habitación. Ninguno de los hermanos protestó o dijo algo, ya que sabían de sobra que el poli lo querría así.
     Pero antes de retirarse, Vishous se dirigió hacia ella y le dijo:
     —Cualquier cosa que necesites...
     No lo dejó terminar la frase.
     —Lo sé, V, y gracias.
     —Quiero que sepas, guerrera, que no estoy de acuerdo con lo que se hizo a Butch. Pero lo comprendo.
     —No esperaba menos de ti, y por eso te respeto.
     Vishous le hizo un gesto con la cabeza y se retiró cerrando la puerta.
     Kytara no perdió el tiempo y fue hacia Butch, su espalda estaba cortada en jirones, y tenia una buena cantidad de sangre seca. El proceso de curación iba a ser doloroso, pero ella se encargaría de que fuera soportable.
     Fue hacia el baño y tomó unas toallas a las que humedeció, sacando aparte medicamento y gasas para las curaciones.
     Cuando volvió, se colocó detrás de él, con la toalla le fue limpiando muy suavemente las heridas, por cada toque, el cuerpo del guerrero daba un salto y soltaba un gruñido. Todavía no había abierto los ojos. Después de terminar de limpiar la espalda, le puso los medicamentos que le harían bien a las heridas, cubriéndolas con gasas.
     Su guerrero, ella lo cuidaría. Le acarició los cabellos tan suaves, recorriendo su mejilla, luego su mandíbula que tantas veces había besado, y por último su brazo, que estaba doblado debajo de su cuerpo.
     Todavía tenía la túnica puesta. Con un movimiento de la mano convocó al aire y con su ayuda se la quitó, dejándolo desnudo sobre la cama.
     Viéndolo bien arropado se dirigió hacia el baño, para darse una ducha. Cuando se quitó la túnica y se metió bajo la ducha, recordó cada momento vivido, cada latigazo que recibió en su lugar, sin darse cuenta que las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas. Él no se merecía eso, había sido tan bueno con ella, tan considerado. Dios, ¡cuanto lo amaba!
     Y ya no quedaron dudas, Butch la amaba. No le alcanzaría la vida para agradecerle lo que había hecho por ella. Y se juró jamás volver a dudar de él.
     Lloró durante mucho tiempo, hasta que ya no le quedaron más lágrimas. Entonces, envuelta en una toalla, volvió junto a Butch. Se acostó a su lado, tomando su cabeza, la apoyó sobre su pecho, comprobando su comodidad y la de ella. Apagó con ayuda de su mente las luces y corrió las cortinas. Con la quietud del amanecer se durmió.


     Era una noche un poco fresca para esa época del año en que se encontraban. Aún así, Zsadist se encontraba en los jardines de la mansión. Faltaban sólo un par de horas para el amanecer y se dirigía hacia uno de sus lugares favoritos.
     Se trataba de una pequeña cascada que caía a un estanque, perdida en alguna parte de esos inmensos jardines. Era un lugar lleno de calma, una especie de santuario para él. Pero nunca lograba calmarlo del todo.
     De todos modos, esa noche había sentido una gran necesidad de dirigirse hacia allí.
     Había sido una noche terrible. Los sucesos vividos en La Tumba lo habían inquietado demasiado, apenas si había contado con la fuerza necesaria para sujetar el látigo con el que tenía que golpear a su hermano.
     Se sentía inquieto, con mucha energía contenida que no había podido liberar, pero no tanto como otras veces. Pero solo había querido dirigirse allí. Nada más.
     Una suave brisa sopló, trayéndole el aroma del agua y el sonido de esta cayendo por la cascada.
     Atravesó los últimos árboles del bosquecillo, hasta llegar al fin al claro. Todo allí brillaba bajo la luz de la luna.
     Se acercó al pequeño estanque y se acuclilló en sus orillas. Estuvo un largo rato observando el reflejo de la luna en la superficie del agua. Su color plateado como el acero le recordaba unos ojos. Un par de ojos que observaban a su gemelo, aunque también lo observaban a él, le había dicho, cosa que lo sorprendía. Pero lo que más sorpresa le causaba, era darse cuenta de cuanto había estado observando esos ojos. Los había visto llenos de alegría y diversión, en especial cuando estaba con sus hermanas; había visto preocupación en ellos, también en sus hermanas; llenos de precaución, cautela y desafío, como en la primera reunión; los había visto brillar de expectación durante las luchas en las calles y crudos de dolor y rabia en La Tumba. Y muchas veces fijos en él. Eso no era bueno, lo último que necesitaba era llamar la atención de una hembra.
     Suprimió un escalofrío al recordar brevemente al ama.
     Pero lo que menos le gustaba de esos ojos era que le gustaba tenerlos sobre sí.
     Ése, era un pensamiento de mierda, en más de un sentido. Era malo porque significaba anhelar algo sumamente lejano y a lo que no tenía ningún derecho; y también porque significaba que algo andaba mal en él.
     Bien, en realidad, todo andaba mal en él, pero ese deseo en particular se colocaba a la cabeza de la lista.
     Una hoja cayó al agua, distorsionando el reflejo de la luna y sacándolo de sus cavilaciones. Lentamente, estiró una mano y tocó la superficie del agua.
     Un ruido como algo emergiendo del agua se escuchó. En un ágil movimiento, Zsadist se puso de pie, en posición de ataque y desenfundó una de sus dagas. Se quedó de piedra al ver el torso que asomaba a la superficie del estanque.
     —¿Zsadist? —Preguntó con una suave voz.
     Nessa estaba allí, flotando, con su suave piel brillando por las gotas de agua que aún rodaban por ella, al igual que su cabello, que a pesar de estar empapado, seguía perfectamente rizado.
     —¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Le preguntó ácidamente.
     —Tomo un baño —le respondió tranquilamente—. Ya puedes guardar eso —señaló su daga.
     Sin hacerle caso, volvió a acuclillarse, mientras lanzaba su daga y la volvía a atrapar.
     —Para eso están las duchas de la casa.
     —Oh, vamos, necesitaba un baño con agua de verdad, no con eso que cae de esas regaderas de metal.
     Formó una cuenca con sus pequeñas manos y tomó un poco de agua en ella. La acercó a su rostro, la olió y sonrió, como si fuera altamente satisfactorio. Luego, dejó caer el agua de poco, escuchando atentamente el sonido que hacía, como si fuese la melodía más hermosa del mundo.
     —Este lugar es casi mágico —dijo, mientras acariciaba la superficie del agua, como si de un amante se tratara.
     Fue en ese momento que Zsadist recordó que ese estanque no tendría más de un metro de profundidad, y eso sólo en su centro. Ella estaba a centímetros de la orilla.
     —¿Dónde está el resto de tu cuerpo? —Le preguntó extrañado.
     Eso fue, realmente, una mala cosa. Al hacer esa pregunta, no pudo evitar fijarse en la parte del cuerpo de ella que sí era visible. Su rostro ovalado, el fino cuello, los hombros como de marfil, el nacimiento de sus senos. Al llegar a ese punto pudo sentir como un extraño calor se extendía por todo su cuerpo, para concentrarse finalmente en su entrepierna. Desvió la mirada hacia la cascada,  que se encontraba a su izquierda.
     La hembra, al darse cuenta del escrutinio, se sumergió aún más, dejando visible solo su rostro, mientras el resto desaparecía. Un suave rubor cubrió sus mejillas.
     —Esto… —tuvo que aclararse la garganta—. Olvídalo —le dijo por fin.
     —Fundido —le respondió con voz suave a causa del bochorno.
     —¿Fundido? —La confusión hizo que volviera a mirarla, y al hacerlo, deseó que ella volviera a emerger. Supuso que la siguiente cosa que debería hacer era meter la cabeza en el agua durante una hora.
     —Sí, fundido. Ya sabes, con el agua. Es parte de mí —dijo con voz vacilante mientras lo miraba a los ojos con decisión.
     Aunque pareciera increíble, esa expresión hizo que su miembro se pusiera aún más duro. Gracias al cielo, la posición en la que estaba ocultaba la evidencia de su deseo.
     Asintió brevemente y continuaron observándose un largo rato, ella perdida en su propias cavilaciones, él maldiciéndose por no largarse de allí en ese mismo instante. No podía negar que algo en él reaccionaba cada vez que estaba con ella y no entendía el por qué. Cada vez que salían a patrullar las calles, no podía evitar quedarse observándola embelesado, tal era su gracia asesina. Y así mismo, no podía impedir que una furia negra se alzara en él cada vez que la golpeaban. Pero había algo que sabía con certeza, y era que nada bueno podía salir de todo eso.
     Fue ella quien rompió el silencio.
     —Hoy a sido una noche difícil.
     —Lo sé —le escupió.
     —Y sin embargo la luna brilla tan pura y brillante...
     Zsadist levantó la mirada unos momentos, dirigiéndola a la delgada luna y luego volvió a encontrar los ojos de la hembra.
     —Si tú lo dices.
     —Puede que se trate de un buen augurio, habernos encontrado bajo esta luz.
     Le sostuvo la mirada, mientras apretaba fuertemente el mango de su daga. Corre, le decía su cabeza, sabedora del peligro que encerraban esas palabras, pero se sentía incapaz de romper el contacto visual. Mientras tanto, esa sensación de calidez volvía a expandirse a través de su cuerpo, tocando esta vez partes que ignoraba que aún poseyera, como su corazón, su alma.
     Y como si esa mala idea no fuera suficiente, tenía a la cosa entre sus piernas gritándole qué sería exactamente un buen augurio. Inmediatamente, una imagen de Nessa levantándose y poniéndose de pie, dejando al descubierto todo su cuerpo, le vino a la mente. El impacto que le causó fue tal que podía jurar que había sentido el golpe en la parte posterior de su cabeza.
     Rompiendo por fin el contacto con sus ojos, se puso de pie rápidamente y envainó su daga. Sacudiendo levemente la cabeza para alejar todo pensamiento de ella, levantó la vista al cielo, donde la luna ya estaba descendiendo.
     —El amanecer está cerca, ¿te quedarás a freírte?
     —No, gracias. Me gusta mi piel clara como es.
     A él también le gustaba, le encantaba, y eso estaba mal.
     —Bien, eh…
     —Dejé mi ropa junto a ese arbusto —señaló a la orilla contraria—. Ya vengo.
     Se levantó, dejando a la vista otra vez sus pequeños hombros y un poco más. Por más que intentó, no pudo apartar la vista ni evitar sentir calor. Ella pareció darse cuenta de eso. Se detuvo, se ruborizó y se giró.
     —Por favor, no mires cuando salga —dijo suavemente, mientras comenzaba a avanzar.
     Lo cual era una excelente idea. Se dio la vuelta y volvió a mirar a la luna, que estaba menguando, y no tenía más grosor que el de una uña.
     Oyó el ruido del agua cuando ella salió completamente y después oro más suave, como el de hojas siendo movidas. Cinco minutos después, Nessa se aclaró la garganta. Miró sobre su hombro y la encontró a su espalda. Tenía puesta una camiseta sin mangas blanca que parecía sucia ante la pureza de su piel, y una amplia falda negra y roja que le llegaba a los tobillos. Sus pies estaban descalzos.
     —Vamos —le dijo comenzando a avanzar.
     Como siempre, ella se mantuvo a su altura. Se suponía que no debiera hacerlo, pero podía oír el suave sonido de sus pies rozando el césped y su respiración, un poco más rápida de lo normal, ya que debía andar algo ligero. Pensó que si pudiera escuchar esos sonidos durante el día, tal vez por fin consiguiera dormir en paz. Maldito fuera.
     —¿Por qué…? —Comenzó a preguntar, pero se detuvo, suponiendo que la cura era peor que la enfermedad.
     Nessa levantó la mirada como esperando que terminara de formular la pregunta, pero no lo hizo. Esperaba que no se lastimara los pies por ir descalza.
     —Anda, Zsadist, pregúntame. No me molesta.
     Y él que creía que era una hembra inteligente.
     —¿Por qué te molestan tanto los callejones?
     No había podido dejar de notarlo. Se estremecía cada vez que pisaba alguno, y una muesca de asco deformaba sus labios. Sabía que prefería perseguir a los lessers no solo porque disfrutaba el juego, sino porque no soportaba estar más tiempo del necesario en esos rincones oscuros de Caldwell, y se escabullía de ellos apenas terminaba su trabajo.
     Nessa dudó al dar el siguiente paso, pero luego continuó con su andar firme. Su expresión se volvió completamente neutra.
     —Dijiste que no te molestaba —ahora le urgía saber.
     Ella le lanzó una mirada fulminante antes de volver a mirar al frente y borrar toda expresión de su cara.
     —Antes… Antes estuve mucho tiempo en lugarejos como esos y… no era bueno. No lo era.
     —¿Antes?
     —Antes de mi transición.
     —¿Por qué no era bueno?
     Un olor sucio comenzó a emanar de ella. Tardó dos segundos en darse cuenta de que se trataba de vergüenza. Y dos segundos más en encadenar lo poco que ella le había dicho.
     Se detuvo, asqueado e impresionado. No podía ser…
     —¿Eras una pros…?
     —¡Callate! —Le gritó interrumpiéndolo.
     Su largo cabello caía hacia delante, ya que tenía la cabeza gacha, ocultándola de su vista. Se había detenido también y apretaba fuertemente sus puños.
     —Nessa… —quizo decir.
     —Por favor —levantó una mano con el dedo índice alzado—. Por favor. No lo digas. Sólo no lo digas.
     ¿Cómo podía explicarle? ¿Cómo podía decirle que no la juzgaba? ¿Cómo explicarle que, al contrario de lo que creía, la entendía?
     —Yo… —intentó otra vez.
     —¡Sólo no lo digas! —Volvió a gritar—. Yo… yo… ¡Tenía hambre! Tenía hambre, tenía frío, me lo ofrecieron y… Sólo quería comer. Yo, yo… Soy fuerte, soy muy fuerte, soy una gran guerrera. Sí puedo estar junto a mis hermanas, si puedo luchar junto a ellas. Me he limpiado, me he purificado, de veras, ¡de veras! No soy indigna, solo quería comer. Estaba sola y tenía hambre… Por favor…
     Había comenzado a temblar violentamente, tanto que le sorprendía que aún pudiera mantenerse en pie. Un hilo de sangre caía de sus manos, que se había lastimado debido a la fuerte presión que ejercía con sus dedos.
     Su dolor le dolía. No entendía por qué, ni que tenía esta guerrera, pero no podía negarlo. Le dolía terriblemente verla así. Pero no quería, no quería que ella le importara. Estaba mal, muy mal y él sabía el por qué mejor que nadie. Y ahora que sabía parte de su pasado, sabía que lo que menos merecía Nessa era algo como él.
     Aún así, elevó su mano y con su dedo, colocándolo bajo su barbilla, elevó su mirada hacia la de él.  Su estómago dio una sacudida cuando por fin la tocó. Silenciosas légrimas trazaban un surco por sus mejillas.
     —Nessa, no te juzgo.
     —Por favor, no me compadezcas, no puedo…
     —No lo hago —la interrumpió—. Debes entender que entiendo tu necesidad y no podría juzgarte.
     Rompiendo el contacto, ella miró hacia otro lado.
     —Mientes —dijo con un gruñido. Había dejado de temblar.
     —No podría. Mírame a lo ojos y dime si te estoy mintiendo.
     Soltando una risa amarga le respondió sin mirarlo.
     —Tus ojos están vacíos, Zsadist. No hay nada en ellos.
     Bien eso era verdad y no tenía por qué dolerle, pero lo hacía. Maldita hembra.
     —Mírame —esta era una orden en una voz baja y peligrosa.
     Ella aún se resistía, pero cuando alargó de nuevo para tomarle el rostro, lo miró directamente a los ojos. La tristeza que dibujó su rasgo le llegó al corazón. Su cuerpo comenzó a temblar otra vez y esta vez, cuando comenzó a sollozar, se tapó la cara con las manos. Había visto la verdad en él.
     —Nessa, no llores.
     —¿Por qué? ¿Por qué no me juzgas? Todos lo hacen —dijo entre sollozos—. Y si no lo hacen se compadecen de mí, ¡y odio eso! Prefiero que me odien por lo que fui. Mis hermanas me compadecen. No soy digna de ser una guerrera, lo sé, pero no puedo aceptar que me admitan por lástima.
     —Si tus hermanas te aceptan, estoy seguro que lo hacen por tu valía y porque te aman, no porque te tengan lástima.
     —¿Y tú que sabes de amor? —Le espetó sin descubrirse el rostro.
     Podía entender que estuviera mal, con miedo y atravesando una crisis, pero de ninguna manera podía seguir admitiendo que siguiera atacándolo sin razón, en especial, porque lo hacía con la verdad que él ya sabía y a pesar de todo, por salir de sus labios, le dolía como nunca le había dolido.
     Se acercó a su pequeña figura y se irguió amenazador sobre ella.
     —Puedo consentir lo que quieras, pero no permitiré que me ataques sólo por que tú te sientes desgraciada.
     Nessa sólo siguió llorando un largo rato. Quería acercarse y calmarla, consolarla pero, ¿qué sabía de eso? Sus palabras le dolieron aún más y reprimió un gruñido de furia.
     De a poco, ella comenzó a calmarse. Cuando su llanto casi había cesado, se limpió el rostro y lo miró.
     —Lo siento —le dijo con voz forzada—. Yo… Tienes razón.
     —Ya, da igual.
     Se quedaron en silencio un minuto, sin mirarse y luego, sin consultarlo, ambos comenzaron a andar otra vez hacia la mansión.
     Ambos tenían un caminar lento, suave. Miraban al frente, hacia los lados, el cielo, pero nunca cruzaban la mirada entre ellos.
     Se detuvieron a cien metros de la mansión, aún protegidos por las sombras que cada vez eran más tenues.
     —Créeme, no te juzgo ni te considero indigna. Eres una gran guerrera. Te repusiste de todo lo que te sucedió y probaste tu fuerza ante el mundo. Eres valiente —sentía que era necesario que ella lo supiera.
     —Gracias. Yo… No quería hacerlo, Zsadist, no me gustaba. Pero… El hambre duele.
     —Lo sé, Nessa. Buscaste sobrevivir y triunfaste en donde muchos no lo hicieron. Eres una guerrera, en todo sentido.
     —Mis hermanas me lo han dicho también.
     —Pero no les crees —así como él no le creía a Phury.
     —No. Pero a ti sí.
     No respondió a eso. No tenía una respuesta y aunque la tuviera, igual no lo habría hecho. No sería prudente. Simplemente, volvió a mirar hacia el cielo, otra vez.
     —Ya es tarde. Vámonos.
     Avanzaron unos cincuenta metros cuando ella le habló.
     —Zsadist, yo… —ambos se detuvieron—. Quería agradecerte.
     —No lo hagas, no hice nada.
     —Bueno, yo creo que sí. Por eso te lo agradezco.
     —Ya, bueno.
     Nessa se acercó lentamente, con la mirada clavada en su pecho y alzó una mano. Lenta, muy lentamente, fue acercándola hasta posarla suavemente en su brazo.
     La calidez de su mano se extendió desde allí hacia el resto de su cuerpo, haciéndole sentirse de una manera que jamás lo había hecho, haciéndole desearla más que nunca, pero no queriendo follarla, sino… sentirla cerca, para que lo aliviara, para aliviarla.
Agobiado por todos esos sentimientos, suavemente, se alejó un paso, separando su brazo de su mano.
     Ella lo miró a los ojos y luego le regaló una débil sonrisa. Sabía que no la había despreciado, que sólo necesitaba un poco de espacio.
     —Volvamos a la casa —le dijo con la voz ronca.
     Siguieron caminando hasta que entraron, con el sol ya amenazándolos con sus primeros rayos. Después, sin una palabra más, pero con la cabeza llena de cosas, cada uno se dirigió hacia su habitación, no sin antes compartir una última mirada antes de tomar caminos contrarios.
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Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Julio 26, 2009, 02:09:19 am
HAY CHICAS ESPECTACULAAAARRRRR :emot014:.... ME PUSIERON LA PIEL DE GALLINA...... :emot017: QUE DOLOR  :emot003:QUE EMOCIONNNNNN.
 ME ENCANTO. :emot020:
 SIGAN ASI QUE NO ME QUEDAN MAS DEDOS DE TANO COMERME LA UÑAS JA JA .
 ADELANTE CHIKYS.
 QUE LA HISTORIA ESTA BUENISIMA!!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 26, 2009, 09:40:09 am


NO nos pueden dejar asi!!!!.........

TMI sin concluir...osea......nose ni que decir.........solo se que necesito  ++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Julio 27, 2009, 12:18:55 am
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Esté capítulo es IMPRESIONANTE, para mí el mejor hasta ahora  emot035 emot035 emot035

Mil gracias chicas por este fic  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 27, 2009, 12:59:16 am
No es justo que me tengan es anscuassss!!!!!.......

publiquen algo  emot030 emot030 emot030 .... lo que sea ...plissss emot025 emot025 emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: macky37 en Julio 27, 2009, 11:44:47 am
 emot022 emot022 emot022 :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Roz en Julio 31, 2009, 03:53:34 am
¡Buenas noches a todas! Como siempre, muchísimas gracias por sus palabras  :emot008:
Acá les dejo un nuevo capítulos de Las Protectoras...
¡Que lo disfruten!  emot024



CAPÍTULO 17



     Después del castigo que Butch recibió por Kytara en la mansión las cosas estaban bastantes tranquilas. Nessa avanzaba a paso lento, muy lento con su entrenador. Raysa estaba como en una luna de miel con Wrath. Kytara seguía pidiéndole perdón a Butch por lo que tuvo que pasar, pero ninguna de ellas se olvidaba que su hermana, la más temperamental de las cuatro estaba en el otro lado.
     Ninguna de las tres sabían con exactitud que es lo que había ocurrido, Rhage no hablaba del tema... es más casi que no se lo veía por la mansión.
     Una mañana, por casualidad las tres coincidieron en la cocina.
     Raysa estaba sentada en el taburete con una taza de café, pensativa, miró a sus hermanas y dijo con tono suave:
     —Esto no puede seguir así, no sé qué pasó exactamente pero tenemos que hablar con Leliel —dijo mirando a Nessa y Kytara.
     —Si no quiere explicarnos bien, pero igualmente, opto por traerla a patadas en el culo— dijo Nessa mientras comía una porción de torta.
     —Y luego la atamos a una silla, y hasta que no nos cuente que pasó no la soltamos —comentó señalando con la cuchara a sus hermanas.
     —Estoy contigo —Kytara estaba haciendo una bandeja para llevarle a Butch que ya pronto iba a despertar—. Es más si quieren nos ponemos en marcha.
     Raysa asintió mientras terminaba su café:
     —Sería buena idea, Rhage tampoco está comunicativo.
     Nessa le señaló la bandeja.
     —¿Le vas a llevar eso? —Preguntó extrañada.
     —Era la idea, pero no, se la haré llegar por Fritz con un mensaje, Butch entenderá.
     Terminó de armar la bandeja, y llamó al mayordomo dándole las indicaciones y el mensaje para Butch.
     —Próxima parada, el Otro Lado —dijo Raysa desapareciendo.
     Las tres aparecieron en la fuente. Después de buscar por algunos minutos y no dar con el paradero de Leliel, le preguntaron a una Elegida que estaba caminando por uno de los pasillos.
     —Disculpa, no viste a... —pero la joven mujer no la dejó terminar la oración.
     —Sí, desde que llegó que está en la sala de meditación —dijo para luego seguir su camino.
     —Bueno, si mal  no recuerdo, queda por este pasillo. Vamos.
     Después de caminar unos minutos llegaron frente a una puerta alta y maciza. levantando la mano Kytara la abrió, no tardaron mucho en encontrar a su hermana que se encontraba sentada contra un ventanal con la mirada pérdida.
     Las guerreras se frenaron un momento al ver a su hermana, la tristeza que emanaba las golpeó fuertemente.
     Leliel había sentido la presencia de sus hermanas desde que pisaron el lugar, sabía que tarde o temprano iban a venir a buscarla, pero eso no significaba que ella fuera a volver.
     Dejó escapar un suspiro cargado de tristeza y melancolía. Lo extrañaba más que a nada en el mundo. Cuando lo vio días atras, se había muerto por besarlo o siquiera tocarlo, pero no, se dijo mentalmente.
     No iba a volver a tocarlo, ya le había lastimado una vez y no iba a volver a hacerlo nunca más, sentenció firmemente.
     La voz de Raysa le obligó a interrumpir sus pensamientos.
     —Leliel —la llamó Raysa que fue la primera en reaccionar mientras se acercaba a ella. Se arrodilló frente a ella mientras buscaba su mirada.
     Leliel negó.
     —No, no pienso volver —dijo levantándose y saliendo al pequeño balcón que había—. Y no, Nessa, no me lastimó —dijo habiendo roto el pacto que había entre ellas de no leer la mente de la otra—. Pueden contar con mi ayuda, siempre voy a pelear a su lado, pero no voy a volver a la mansión, no me despertaron para eso.
     Nessa gruñó fuerte.
     —¡Oh, por todos los cielos, Leliel! Déjame de joder —quiso ir hasta su hermana pero Kytara la retuvo de un brazo—. Sabes donde puedes meterte toda esa mierda, ¿no? —Dijo casi gritando.
     Raysa le envió una mirada penetrante, los gritos de Nessa no ayudaban.
     —¿Porque te marchaste Lel? Por favor, confía en nosotras —le dijo mientras apoyaba su mano sobre su hombro.
     —Nessa, por favor, contrólate, no es el momento ni el lugar —Kytara soltó el brazo de su hermana, ella la entendía, pero de esta manera no iban a llegar a nada—. Lel, sólo quiero que sepas que estamos, hermana, recuerda el pacto que hicimos. “Siempre juntas, siempre unidas, tu dolor es el nuestro” y no nos pensamos marchar de aquí hasta no tener una respuesta.
     Leliel se revolvió el corto cabello en muestra de frustración.
     —No puedo volver, entiendan que no puedo —cómo hacerles entender algo que jamás iban a sufrir en carne propia, debía controlarse, no podía volver a combustionar otra vez. Respiro profundamente y las observó en detalle—. Kytara desafiaste a la Virgen Escriba por Butch y él termino recibiendo un castigo por ti. Sufriste con cada latigazo que él recibió por ti.
     Kytara bajó la vista, todavía le dolía el alma de solo pensarlo.
     Entonces Leliel observó a Raysa.
     —Y tú, tú te vinculaste mucho antes de comenzar la verdadera pelea, estás todo el maldito día detrás de él y él esta todo el madito día detrás de ti. Ya casi ni sales a patrullar.
     La hembra sintió vergüenza por el reclamo de su hermana.
     —Y Nessa no quieres admitir todo lo que te está pasando con Zsadist, toda esa mierda de seguirlo o no seguirlo. Que él te huye, que lo acosas.
     Nessa abrió la boca para comenzar a discutir con su hermana, pero Leliel levantó un dedo de su mano haciéndola callar.
     —Entonces, ¿Por qué demonios me jode? ¿Por qué no puedo yo estar con alguien? —Preguntó entre lágrimas—. Quiero estar con él, lo amo, no quiero estar más sola. No quiero que ustedes me cuiden cuando me convierta en cenizas y vuelva a la vida —rompió en llanto, no estaba enojada, no estaba molesta con sus hermanas simplemente estaba dolida, dolida por la maldición que tenía que cargar, todo era difícil para ella—. Sí, la respuesta es sí a todas las preguntas. No puedo estar con él sin lastimarlo. Ella... —le dolía tener que decirlo—. Ella no quiere levantar mi maldición —dijo casi en un susurro.
     —Lo siento, Lel, en verdad lo siento —dijo Raysa. No quería ver sufrir a su hermana, Leliel era la fuerte, no esto—. Es verdad cada palabra que dijiste, pero recuerda que son dos los que sufren, y los sentimientos de Raghe, ¿no cuentan?
     La mirada de ella se suavizó al escuchar el nombre de él.
     —¿Y para que voy a volver? ¿Para vivir un imposible? —Leliel negó con la cabeza—. Así no se puede, va a sufrir un tiempo, y luego se va a olvidar de mí. Merece algo mucho mejor que esto —dijo señalándose a ella misma.
     —Leliel ¿cómo puedes decir eso? ¡Maldita sea! No hay nadie mejor para Rhage que tú. Él no va a dejar de sufrir por más que el tiempo pase, él te ama —le dijo Raysa con enojo al escuchar las palabras de su hermana.
     Nessa por primera vez en siglos no tenía nada para decir, podía entender la frustración de su hermana, porque la frustración de Leliel también era la suya. En esos momentos quería ir y decirle unas cuantas cosas a esa maldita Virgen, pero no podía, si quería ayudar a su hermana debía pensar algo para poder ayudarla.
     —Me decepcionas, siempre fuiste de ir al frente —habló con enojo.
     —A ver, y ¿qué mierda quieren que haga? —Preguntó exasperada—. ¿Qué parte de No puedo estar con él, no están entendiendo? —Cerró los ojos y respiró hondo—. Véanlo ustedes mismas si quieren, tiene todo el pecho y los brazos quemados —dijo bajando la mirada por la vergüenza—. Además, ella lo dejó todo muy claro, “Estas maldita y maldita vas a morir, eres una deshonra para nosotros. Ningún macho se vinculará contigo, no permitiremos que un monstruo como tú tenga descendencia” —dijo citando las palabras de la Virgen Escriba.
     Kytara dio un paso y con un movimiento hizo volar a Leliel.
     —Nessa, inmovilízala. Raysa, estate atenta.
     Leliel estaba sorprendida. nunca esperó un ataque de sus hermanas. Trató de combustionarse usando su poder pero Nessa la tenía en jaque.
     —Ahora escúchame, Fuego —dijo enfadada Kytara—. Vas a volver. Vas a hablar con Raghe, que está como alma en pena.
     Leliel abrió los ojos sorprendiéndose de la confesión.
     —Sí, lo que escuchaste, y si necesitas ayuda para tirar todo este lugar abajo con gusto lo hacemos, pero por lo que más quieras vuelve.
     La puerta se abrió de golpe, dejando ver a la Virgen Escriba furiosa.
     —¿Quiénes se creen que son para irrumpir la paz de mi lugar? —Dijo resaltando cada una de las palabras.
     Todas las guerreras quedaron paralizadas, contra la pared.
     —No quiero escucharlas hablar. No quiero saber nada de ustedes hasta que no las mande a llamar —dijo con furia haciendo desaparecer a Kytara, Nessa y Raysa.
     Entonces se volvió contra Leliel.
     —En cuanto a ti —dijo mordiendo cada una de las palabras—. Espero que comiences a controlarte, porque si vuelves a combustionar en el lago, el fuego va a ser el menor de tus problemas —dijo para luego desaparecer del lugar.
     Leliel quedó tirada en el suelo del cuarto llorando. Todo iba de mal en peor. ¿Por qué simplemente no la volvía a dormir o, mejor aun, la hacía desaparecer? Estaba cansada de todo esto. Si tan solo pudiera borrarle todos los recuerdos de ella a Rhage... Pero no, eso era tan posible como que pudiera vincularse con él.


     Kytara no podía creer lo que había pasado, habían ido con la convicción de traer a Leliel y habían vuelto con las manos vacías.
     Y cada minuto que pasaba le preocupaba el destino de ella. Lel, espero que pronto entres en razón, fue su pensamiento.
     Cuando llegó a su cuarto, desde el exterior se escuchaba unas voces, todas de hombres.
     —¿Por qué no me muerdes, vampiro? —Butch estaba de buen humor lo que provocó una sonrisa en su rostro,  la primera desde que habían vuelto.
     —No, gracias, poli, no creo que a Kytara le guste.
     Risas.
     —Por tu cara se nota que quieres que sea ella, ¿puedes creerlo, Hollywood? otro macho que se pierde por el encanto de estas guerreras.
     Más risas.
     —Raghe está con ellos.
     Pegó más el oído a la puerta para saber qué contestaba.
     —Sí, ¿no?, pero bueno, ya nos vamos.
     Se escucharon unos pasos, al segundo la puerta fue abierta.
     —Nos vemos, poli.
     Y casi se llevó por delante a la guerrera.
     —Raghe, ¡quítale las manos de encima! —Gritó Butch desde la cama.
     —¡Oh! ¡Ya basta guerrero! solo me sujetó.
     Kytara se acomodó para que viera que Rhage ya no la tenía agarrada de los brazos.
     —¿Ya estás feliz? Entonces ahora voy a hablar a solas con él y por favor, Vishous, si Butch se llega a mover, duérmelo de un derechazo.
     Dicho esto cerró la puerta quedando a solas con Raghe en el pasillo del ala de la mansión.
     Raghe la miraba raro, no entendía qué pasaba, pero por la expresión en la cara de Kytara se trataba de algo de suma importancia.
     —Te voy a ser clara y precisa. ¿Qué vas a hacer por Leliel? —Se cruzó de brazos y levantó una ceja—. Y por lo que más quieras piensa bien la respuesta, porque de no ser así, llamaré a mis hermanas, y dudo mucho que alguien te extrañe.
     —Wow, guerrera, ¿qué es esto? —¿Quién se creía que era para interrogarlo y amenazarlo? No se lo podía creer—. Casi me haces pelear con mi hermano por tu acción, y ¿ahora me interrogas?
     —Dejemos mis acciones de lado por favor, y contesta mi pregunta. Raghe, estoy desesperada por Leliel.
     —Es que no se qué decirte, Kytara, hace días que no la veo, creo que me huye, no sé.
     —¿No lo sabes? —Al ver la incertidumbre en él, no dudo un segundo y le soltó—. Raghe, Leliel hace días que está en el Otro Lado con la Virgen Escriba, es más fue a hablar con ella para que le levantara la maldición —sus ojos se llenaron de lagrimar al recordar la pena de su hermana—. Ella se lo negó.
     —Tengo que ir por ella —dijo y se desmaterializó a su habitación, volviendo a aparecer al segundo—. ¿Dónde está específicamente?
     —En la sala de meditación.
     —Gracias —contestó y se volvió a ir.
     —Espero que Leliel no te mate por eso.
     Era Vishous que había escuchado lo último.
     —No lo creo —lo pensó mejor—. Las quemaduras que deja son curables.
     Haciéndolo a un lado entró en el cuarto.
     Vishous miró hacia el cielo y dijo.
    —Gracias, Madre, por despertarlas.
    Y se marchó hacia la cocina.


     —Butch tienes que comer, ¿me puedes decir que hay de malo en que yo sea la que te dé el alimento?
     Desde hacia horas que estaban despiertos y hacía una que Kytara trataba de alimentarlo.
     Ambos estaban en la cama, Butch recostado contra la cabecera de la cama  y Kytara sentada en canasta frene a él con una bandeja de comida, gentileza de Fizt.
     —¿Quieres que te recuerde la deshonra que es para nosotros? ¡Kytara por favor! —Sabía que se estaba comportando como un niño y en el fondo le encantaba que su pequeña lo alimentara pero para los machos de la raza esto era una deshonra, él era el que la tenía que alimentar, no al revés.
     —Otro macho en tu lugar estaría feliz —ya no soportaba ese orgullo tonto que demostraba. Al ver que esa comparación lo había ofendido, trató de arreglarlo—. Sabes muy bien que jamás va a ser mi intención probarlo, es solo un comentario —se adelantó y le dio un beso en los labios—. Te amo.
     Se quiso apartar y Butch la retuvo envolviéndola con sus brazos y volviéndola  a besar.
     —Si no fuera que estoy todavía débil te tumbaría en la cama —le dijo besándola en el cuello. Su perfume era cautivante y envolvente, el latido de su vena lo atraía como una fruta prohibida. Hacía tiempo que no se alimentaba. Desde que en su camino se cruzó esta guerrera, su vida había dado un giro.
     La primera vez que se alimentó fue de Marissa, luego cuando esta lo dejó para irse a Europa, conoció a una civil con la que de tanto en tanto se veía. Pero desde la primera vez que probó los labios de Kytara ya nadie existió para él. Siguió alimentándose de la civil pero nunca más fue lejos de esa función.
     Dios, tenía todos los síntomas de falta de alimento y tarde o temprano lo tendría que hacer, además esto no ayudaban mucho a la pronta recuperación de su cuerpo.
     —Butch siento tu dilema, te tienes que alimentar —Kytara se apartó de sus labios.
     —Pero me dejarás que lo haga solo, amor —trató de convencerla.
     —Está bien, tú ganas, pero sólo por ahora —dijo con una sonrisa pícara y frotándose contra él.
     —Eso es jugar sucio —le dijo tratando de controlarse.
     —Lo sé —saltó de la cama al ver que estiraba el brazo para atraerla contra él. Se alejó riendo.
     Giró para dirigirse al baño y dio de lleno con la última persona que esperaba encontrarse.
     —Kytara —miro hacia la cama y vio al hermano—. Dhestroyer.
     Quedó de piedra, tenía ganas de correr hasta la cama y ponerse delante de Butch para protegerlo.
     —Su santidad —dijo a la vez que hacia una reverencia. Butch desde la cama, trató de levantarse pero un movimiento de la mano de la Virgen Escriba se lo impidió.
     —Su santidad —sólo logró decir.
     —Por lo que veo, Kytara, has seguido mis órdenes —miraba las bandejas, las gasas, las cintas y medicamentos que recetó Havers para la rápida cicatrización. Ya que sabía del pequeño problema que tenia Butch con su alimentación.
     —Bien por ti, hermana.
     —Gracias, Mi Señora —todavía le costaba respirar y calmarse
     —Ella me cuida como una gran enfermera, Su Santidad —dijo Butch desde la cama.
     —Lo sé, guerrero, no tienes que defenderla. Kytara, aunque ella no lo quiera reconocer tiene mucho de su madre.
     Tiró de la capucha de la túnica que la cubría hacia atrás y una luz resplandeciente iluminó la estancia.
     —Fue mi mejor elegida, delicada, eficiente y entregada a la causa. Cuando la perdí, fue como si una parte de mí me hubiera dejado, pero nunca me arrepentí de habérsela entregado a tu padre, ya que él la protegió y amó más que a nada en este mundo —suspiró alejando esos recuerdos—. Fue muy injusta el destino con el final de sus vidas y al dejarte sola en este mundo —se acercó a Kytara—. No te voy a mentir diciéndote que no me hizo muy feliz tenerte a mi cargo. ¿Qué iba a hacer con una criatura a mi cargo? Pero cuando te vi, fue verla a Shanna y te tomé bajo mi ala —con su mano toco una mejilla de la guerrera—. Y cuando me di cuenta de tu poder, del destino que ibas a tener, no me pareció justo que la historia se repitiera en ti, por eso la consagración hacia mi persona. Te tenía que proteger —volviendo su rostro a Butch volvió a hablar—. Ella sabía desde un principio que iba ser castigada si alguien profanaba su cuerpo, entregando algo que me fue dado. Al tomar su lugar, guerrero, demostraste hasta que punto la amas y que al lado tuyo va a estar amada y protegida.
     Tomando la mano de Kytara, fue hacia el lecho y con su otra mano tomó la de Butch, uniendo las dos delante de su persona, en una clara señal de que les daba su bendición.
     Unas lágrimas rodaron por el rostro de la guerrera, no sabía qué decir, era todo muy fuerte.
     —Ahora alimenta a tu hellen, que te necesita.
     Se subió  la capucha, pero antes de irse se acercó a la cama.
     —Dhestroyer, dejo a tu cuidado la joya de unos amigos, era su bien más preciado —dicho esto,  desapareció con un destello.
     Ambos quedaron mirando el hueco donde antes había estado la Virgen Escriba y sus manos que seguían unidas. Kytara giró para mirar  Butch, su cara lo decía todo, y era tan graciosa que le provocó una risa. Más que nada por la felicidad del momento.
     Butch tiró de ella hacia él, provocando que cayera sobre sus rodillas.
     —¿Se puede saber cuál es la gracia?
     Esta era la primera vez que su pequeña estaba tan feliz. Y se notaba en cada uno de sus rasgos.
     —Tú.
     Butch la miró sin entender.
     —Tú me causas gracias, tú me haces feliz, tú me haces llorar y tú me haces amarte —cerró estas palabras con un beso, que gracias a todo lo vivido se fue haciendo muy íntimo. Llevándolos a quedar abrazados sobre la cama, las manos de Butch recorriendo el cuerpo de Kytara, que era tan conocido por él. Cada centímetro había sido explorado y catado por su paladar.
     Kytara tampoco había perdido tiempo, sus manos recorrían suavemente los surcos dejados por el látigo, con cada una de ellas se tomó su tiempo, dándose cuenta que eso no era suficiente se levantó de la cama poniéndose de rodillas y dijo:
     —Date la vuelta.
     Él viéndola así, y tan deseoso de saber qué quería, le hizo caso.
     Boca abajo sintió que ella se sentaba a horcadas a  la altura de sus muslos sin apoyarse sobre él, sintió sus manos recorrer cada una de las marcas.
     —Me sentí morir cuanto tomaste mi lugar.
     Él quiso hablar pero no lo dejó.
     —Tu piel fue marcada por mi causa y es mi deber curarla —entonces sus labios tomaron el lugar de las manos.
     Recorrieron la primera cicatriz suavemente, logrando que los ojos de Butch se llenaran de lágrimas, nunca creyó que ella fuera capaz de semejante ternura y que él fuera el destinatario.
     Cada una de sus heridas tuvo el mismo tratamiento y cuando estaba por la última a la altura de la cadera, Kytara fue más allá y le dio un mordisco en el trasero, haciendo que diera un respingo sobre la cama y que soltara una risita. Logrando que en un rápido movimiento Butch se diera vuelta cambiando de posiciones.
     —Que te puedo decir, siempre quise hacerlo —soltó otra risita al ver la cara de circunstancia de Butch y el estado en que lo había dejado.
     —Así, entonces no te sorprenderás cuando yo te haga lo mismo —contestó él, y la besó muy fuerte, su lengua la recorrió como siempre le gustaba hacerlo, logrando que ella se excitara. Su miembro la penetró sin consideración, pero no se preocupó, ya que ella estaba más que lista, esperándolo. Lo recibió con un jadeo, envolviendo sus caderas con las piernas para retenerlo.
     —Te tienes que alimentar —logró decir entre las embestidas que iba recibiendo—. ¡Oh Dios! —Tomó su rostro entre sus manos y se miraron a los ojos—. Lo tienes que hacer.
     Viendo la resolución en los ojos de ella, Butch buscó su cuello, que tantas veces había besado deseando poder beber de él.
     Con sus labios recorrió la vena principal, luego con la punta de la lengua, la recorrió anticipando lo que ambos deseaban, entonces sintió crecer sus incisivos el triple de su tamaño habitual.
     Con un movimiento de cadera se hundió más en ella, logrando que Kytara arqueara más su cuello, ofreciéndoselo como una dulce copa de vino. Entonces bebió de ella, primero con desesperación, ya que su sangre al ser tan antigua y pura era un néctar de los dioses. Cuando sintió en su cuello la suave mano de Kytara, aflojó su agarre, haciendo de esta experiencia lo más erótico que había vivido en su vida. En ningún momento había dejado de moverse haciendo de cada penetración una nueva experiencia para ella. Cuando ella estaba por el tercer orgasmo, terminó de beber pasando su lengua para que cortara el flujo. La miró viendo en sus ojos la felicidad de su pequeña.
     —Te amo, Kytara —y con una fuerte embestida, ambos alcanzaron el clímax.
     Butch cayó con todo su peso sobre Kytara. Después de unos minutos se quiso retirar, pero ella no se lo permitió.
     —Quiero dormir así, como estamos, contigo dentro de mí y sentir que no te apartas de mi lado.
     Butch sonrió y le dio un tierno beso sobre los ojos que ya estaban medios cerrados por el sueño.
     —Tus deseos son órdenes, pequeña —y con una mano tomo la sábana que estaba sobre los pies tapándolos a ambos, se acomodó mejor para que ella estuviera cómoda.
     Y ambos se durmieron.


Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Julio 31, 2009, 06:36:31 am
hay chicas que pena me da leliel....  :emot017:que injusticia!!!! :emot001:
para cuando nessa????
me encanto este capitulo quiero otro!!!!.
si continuan deleitandonos con estos capitulos les haremos un monumento!!!!
sigan asi!!!! :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Julio 31, 2009, 06:47:58 am
Esto es adictivo!!!....necesito mas por el amor de la VS  emot026 emot026 emot026 emot026

nos dejan en el olvidooooo.......y nos alimentan con migajas  :emot003: :emot003: :emot003:

pero las quiero!!!  emot024


Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Julio 31, 2009, 10:52:25 pm
Pero como me gusta  :emot018:

Cada vez estoy más enganchada, chicas sois las mejores  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 05, 2009, 05:58:27 am
ESTOY IMPACIENTE :emot013: POR OTRO CAPITULO MAS... NO NOS emot023 emot023 DEJEN EN ASCUAS  :emot015: :emot015: HASTA EL PROXIMO PLEASE PLEASE emot026 emot026 emot026 emot026
CARIÑOS emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Agosto 06, 2009, 02:08:33 am
A que no sabeis que...???? HOY es Jueves!!!!!!!!  :emot004:

Vais a poner otro super-capítulo ????  emot026 emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 07, 2009, 06:45:02 am
 emot031 hay chicas no me digan que son los jueves cuando levantan los capitulos para que nos deleitemos con ellos???
 emot026 emot026 emot026 quiero otro!!!!!
si hubiera sabido no me desespera tanto :emot015: :emot015:
 sigan asi!!! :emot020: :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 08/08 )
Publicado por: Roz en Agosto 09, 2009, 12:25:22 am
Hey, gente. Queríamos decirles que últimamente estamos cortísimas de tiempo, así que no vamos a poder subir más de un capítulo por semana, y eso vendría a ser el sábado o domingo. Disculpen el incoveniente  emot026
Pero, por esta semana, les puedo prometer uno hoy y otro mañana.

Y como siempre, muchas gracias por seguir la historia  emot024

Acá les dejo el 18... ¡Que los disfruten!



CAPÍTULO 18

    Rhage apareció en el lugar que Kytara le había indicado, solo tenía que dejarse llevar por su instinto, hacía algunos días atrás había bebido de él por lo que llevaba su sangre.
     Cuando entró a la habitación, se encontró con una guerrera total y completamente ajena a la guerrera que había conocido.
     Se encontraba en el balcón, apoyada sobre la baranda, observando la nada. Tuvo un primer plano de su culo redondeado. Sintió como su erección crecía por debajo de sus pantalones.
     Rhage reprimió un gruñido, pero ella lo escuchó.
     —¿Vas a quedarte mucho tiempo más ahí parado? —Preguntó sin moverse de donde estaba.
     Él sonrió, como extrañaba ese fantástico sentido de humor de su hembra. Sí, era suya y de nadie más.
      —Vine a buscarte, Leliel —dijo de modo prepotente, reprimiendo las ganas que tenía de cargarla en su hombro y llevarla a la mansión.
     Leliel negó divertida ante el pensamiento arcaico del macho. Recuperó su postura fría y se giró sobre su eje, para encontrarse con el rostro de él.
     —No puedes negar lo que sientes por mí —susurró en sus labios, aferrando sus manos a las nalgas de ella y atrayéndola contra su cuerpo, para mostrarle lo duro que estaba por ella.
     Ella cerró los ojos, por todos los cielos, necesitaba esto. Necesitaba sentirlo cerca siempre, pero entonces recordó la noche que lo hirió y todo el fuego que había encendido Rhage en ella se apagó al instante.
     —No es correcto que estes aquí —dijo separándose de él.
     Rhage sintió que volvía a cero nuevamente.
     —¿Qué es lo que pasó? —Preguntó tomándola de la mano, increíblemente no quemaba, pero sus ojos apenas si mostraban que estaba viva. Sintió una opresión en el pecho, quería a su guerrera de vuelta y lo iba a hacer a costa de lo que fuera.
     —Guerrero, ¿qué se te ofrece? —Preguntó la Virgen Escriba.
     Leliel empalideció, esto iba a traerle demasiados problemas a ella y a él.
     —Disculpe su Santidad, pero me tomé el atrevimiento de mandarlo a llamar —dijo Leliel bajando la mirada.
     —Eso… —empezó a decir Rhage, pero Leliel lo interrumpió.
     —Eso es todo guerrero —dijo con un nudo en su garganta.
     Él iba a reprochar algo pero ella levantó un dedo para callarlo.
     —No seas terco, Rhage, se terminó, no hay nada y no va a haber nada. Mi misión no es hacer de novia, es salvar a la raza —dijo mirándolo fríamente.
     Rhage la tomó del brazo, pero esta vez sí lo quemó. Toda ella estaba envuelta en una llama viviente. Entonces la Virgen Escriba la estrelló contra la pared, haciendo que Rhage dejara escapar un gruñido ensordecedor.
     —Guárdate lo macho para otro, Guerrero, que no se te olvide que sigues maldito —dijo ella con furia en sus palabras.
     —Rhage, no —dijo Leliel desde el suelo.
     Él quiso acercarse pero ella se lo impidió.
     —No, Rhage, soy un peligro para ti, para todos —ella miró a la Virgen Escriba—. Por favor —suplicó, algo que jamás había hecho, la mujer debajo de la túnica negra se asombró ante la actitud de la Guerrera. Al final ella en verdad lo amaba.
     —¿Estás segura? —Preguntó, desconcertándola. Con un movimiento de su mano dejó paralizado al guerrero, aun así, este escuchaba todo lo que las mujeres hablaban—. Porque de ser así entonces ésta sería la última vez en tu vida que lo verías.
     Leliel cerró los ojos.
     —Sí, lo sé —con pesadez en cada letra, añadió—: Lo amo más que a mi propia vida, y por eso lo quiero lejos de mí. Soy un peligro para él, no quiero dañarlo nunca más —dijo con lágrimas en los ojos—. Usted misma lo dijo. Estoy maldita y maldita debo morir.
     —Pero entonces sufrirías el resto de tu vida —dijo la Virgen Escriba tentándola a cambiar de opinión—. Así y todo prefieres que le borre la memoria a él.
     Entonces la mirada de Leliel se suavizó.
     —Por él entregaría mi vida, si usted lo pidiera —dijo muy segura de sí misma.
     —Que así sea —dijo desapareciendo de la habitación con Rhage.
     Leliel se acurrucó en el suelo frío de la habitación. Ya no había vuelta atrás, nunca más volvería a sentir sus besos, ni sus caricias. Moriría en vida, pero él sería feliz, se dijo así misma intentando buscar el lado positivo a todo esto. Ya no pudo pensar en nada más, solo se quedó ahí sola, llorando.

     Rhage no cabía dentro de sí por su asombro, no sabía si debía estar feliz por saber que su guerrera daría todo por él o si debía volver a esa habitación y hacerla entrar en razón a la fuerza.
     —Ya escuchaste todo, Guerrero —dijo la Virgen Escriba caminando por su fuente y viendo algunos de sus pájaros—. Queda todo en tus manos, ¿quito de tu memoria a la guerrera del fuego o hacemos un pacto? —Dijo con un brillo en los ojos que Rhage jamás iba a ver.
     Rhage la miró sin entender, ¿por qué de repente todo era tan simple?
     —¿De verdad me lo está preguntando?
     —Respuesta equivocada —dijo comenzando a alejarse—. Quizás cuando aprendas modales puedas volver a hablar.
     Rhage la alcanzó.
     —Por favor, Su Santidad, disculpe mi atrevimiento —dijo con la cabeza baja.Ella sonrió por lo bajo—. Sí, acepto cualquier pacto que me ofrezca.
     Ella asintió con la cabeza muy lentamente.
     —Perfecto, yo revocaría la maldición de ella para contigo y solo para contigo.
     Él mostró una enorme sonrisa.
     —No tan rápido, Guerrero —dijo disfrutando de la situación—. A cambio, ambos deberán vivir con la maldición de por vida. Sus hijos nacerán con una de las maldiciones pero solo lo sufrirán a partir del día de la transición —pudo notar por un instante la confusión en el guerrero—. ¿Qué decides?
     —Acepto —dijo sin vacilar, quería correr a buscar a su Guerrera. Pero también quería saber por qué era todo tan simple; aunque ninguna de esas preguntas tendría respuestas. Estaba a punto de realizar un trato con ella y no iba arruinarlo todo por una simple pregunta.
     —Yo no creo que sea una simple pregunta —dijo sacándolo de sus pensamientos—. Ella tiene un carácter muy fuerte, jamás ha podido mantener su calma —la Virgen Escriba se quedó observando un punto en el infinito—. Creo que después de todo nunca es tarde para remediar un error, ¿no? —dijo comenzando a caminar hacia un puente, dejándolo pensativo—. Sería prudente que la fueras a buscar, no sea que termine por arrepentirme —dijo en el aire la Virgen Escriba.
     Rhage asintió.
     —Grac… —pero sus palabras fueron cortadas al volver a parecer en la habitación donde había estado Leliel.
     Ahí seguía estando, acurrucada en el frío piso de mármol. Con mucho cuidado se acercó a ella y acarició su mejilla quitando un mechón que le estorbaba para poder observar la belleza de su Guerrera.
     —Nena —llamó en un susurro—. Vamos, amor, te llevaré a casa —habló casi en un susurro porque las emociones comenzaban a ganar terreno.
     Ella lo miró sin entender nada.
     —Rhage, no… —pero él silenció cualquier palabra con un beso.
     —Luego te explico —dijo tomándola en brazos, para desmaterializarse a la mansión—. Primero vamos a la reunión que citó Wrath y luego…
     Ella lo paró.
     —Rhage, ¿por qué no te lastimo? ¿Qué pasó con mi maldición? ¿Qué trato hiciste? —Preguntó casi desesperada.
     Él se acercó a ella y la besó como un poseso.
     —Solo para mí, levantó tu maldición… pero hay otros detalles, de los que me gustaría hablar luego —dijo tomándola de la mano.


     Wrath se encontraba sentado detrás de su escritorio, a su derecha estaba Raysa. A pesar de que ella no era su shellan, la debían respetar porque en un futuro la tomaría como tal. A través de sus débiles ojos podía observar a todos los Hermanos. En sus caras se podía ver lo ansiosos que estaban por la reunión. También se encontraban en su oficina las guerreras.
     Hacía un momento los había mandado a llamar, debido al ataque del híbrido transformado, que hacía algunos días atrás había atacado a las hembras.
     Debían organizarse para que en el próximo ataque nadie saliera herido.
     La reunión estaba en suspenso, solo faltaba Rhage, que había salido en último momento hacía algunas horas atrás y todavía no daba signos de vida.
     La puerta se abrió dejando ver a Rhage muy sonriente y nadie entendió nada hasta que detrás de él pareció Leliel.
     Ella sintió mucha vergüenza porque todos la observaban expectantes, sintió como su cuerpo comenzaba a elevar su temperatura, pero increíblemente cuando sintió la mano de Rhage apretar la suya sintió una calma increíble y su temperatura bajó.
     Raysa le dio un pequeño codazo a Wrath, quien entendió perfectamente la señal, con lo que carraspeó.
     —Bien, estando todos presentes damos comienzo a la reunión —dijo en voz alta llamando la atención de los presentes.
     —¿Todos están al tanto del ataque que sufrieron las guerreras la otra noche? —Preguntó con voz profunda recorriendo la sala con la mirada.
Zsadist gruñó por lo bajo.
     —Al grano Wrath, estamos perdiendo tiempo en una reunión de mierda, cuando podríamos estar matando lessers o al mismo bicho ese que atacó —dijo impaciente.
     —Pues me gustaría mucho que me dijeras cómo hacerlo, Z, porque estuve frente a cuatro guerreras antiguas con poderes que pueden destruir todo y no consiguieron doblegarlo —le reprochó con enfado y altivez—. No sabemos cómo demonios el Omega pudo crear algo así, no sabemos qué parte es más fuerte, no sabemos qué debilidades tiene. Por lo que cualquier propuesta es bienvenida, en este momento la raza se encuentra aún más expuesta al peligro que nunca.
     —Cálmate, Wrath, primero creo que tendremos que buscar información sobre esta creación, ya que de momento, no tenemos nada —remarcó Vishous, y mirando a las guerreras le preguntó—. ¿Alguna vez se han enfrentado a algo por el estilo?
     —Nunca, es la primera vez que peleamos frente a algo como esto —Kytara se encontraba al lado de Butch y le costaba mucho tratar de no desviar la mirada hacia Leliel y Rhage.
     —Sí —dijo Leliel saliendo de sus pensamientos y captando la atención de los presentes—. No era algo así, tal cual esto, pero nos enfrentamos a algo imposible —dijo mirando a sus hermanas—. ¡Oh! Vamos, ¿soy la única que recuerda el por qué nos pusieron a dormir? —Preguntó sorprendida.
     Raysa miró a sus hermanas con incertidumbre en los ojos antes de contestar:
     —No recuerdo nada, Leliel, mi mente está en blanco —gimió mientras se frotaba las sienes tratando de recordar.
     Wrath estiró el brazo y la tomó de la mano, apretándosela con suavidad mientras murmuraba.
     —Tranquila, leelan —luego girándose de nuevo hacia Leliel le preguntó—. ¿A qué se enfrentaron, Guerrera?
     —¡Oh, vamos! No me lo creo —dijo Nessa exasperada—. Al señor maldad en persona, Raysa —se giró para mirar a Kytara—. Tú lo recuerdas, ¿no?
     —No te voy a mentir, pero no mucho, salimos muy lastimadas.
     Esa había sido la más sanguinaria de las peleas que tuvieron que luchar. Hizo una pausan intentando recordar algo.
     —¿Ustedes creen que esto tiene alguna conexión? —Les preguntó Kytara.
     Leliel dejó escapar un suspiro cansado.
     —No salimos muy lastimadas, salimos medio muertas, Ky —comentó la guerrera con pesar en sus palabras—. No hay conexión alguna, lo de aquel entonces fue una extraña prueba junto con una gran cantidad de maldiciones —apretó fuerte la mano de Rhage, cuando los recuerdos de sus hermanas caídas volvían a su mente—. Lo bueno es que este no es tan fuerte, solo necesitamos canalizar nuestros verdaderos poderes.
     Raysa sonrió levemente al ver la muestra de cariño de su hermana hacia Rhage, sonrisa que se borró cuando las imágenes volvieron a su mente.
     —¿Crees que seremos capaces de controlarnos esta vez, Leliel? —Preguntó con cierto resquemor—. Podríamos destruir todo si no logramos controlar nuestros poderes, aquella vez casi borramos todo lo que había sobre la tierra, si la Virgen Escriba no nos hubiera controlado y puesto a dormir.
     Leliel se quedó observando la nada.
     —O lo que es peor, podríamos terminar muertas —dijo con pesadez.
     Los Hermanos quedaron sorprendidos ante esta afirmación. Cada uno de ellos trataba de asimilarla.
     —No —casi gritó Butch—. Eso no, Kytara. Escúchame, no te lo voy a permitir —dijo tomándola de los hombros y sacudiéndola con desesperación.
     Wrath observó a Raysa, no sabía que decir.
     —¿Leelan? —Preguntó con miedo.
     Raysa lo miró con tristeza, tampoco sabía que decir.
     Zsadist, desde que oyó las palabras de Leliel, no había dejado de mirar a Nessa. Se sintió muy incómodo, no estaba bien esto que estaba sintiendo. Pero por alguna razón, sus lágrimas le venían a la memoria.
     Phury miraba a su hermano y a la pequeña guerrera, no entendía por qué tenía que pasar esto ahora.
     Kytara no sabía cómo detener la desesperación de Butch.
     —Nullum, es mi destino, como lo es estar a tu lado y por eso lucharé. Ahora que nos hemos encontramos no voy a permitir que una rata de laboratorio súper desarrollada nos separe —le acarició una mejilla, calmándolo.
     Rhage apretó la mano de Leliel, desde que entraron que no se habían soltado, habían mantenido el enlace de sus manos.
     —Nena... —pero ella bajo la mirada.
     Leliel juntó fuerza y volvió a mirarlo, acarició la mejilla de él.
     —Rhage, no me va a pasar nada —dijo mostrándole una gran sonrisa—. Además, no fue en vano todo esto —dijo solo para él. A lo que Rhage respondió besando su frente.  
     Nessa miraba a sus hermanas, era feliz por ellas, pero no podía evitar sentir un ramalazo de envidia.
     —¿Te cuidarás, Nessa? —El que habló fue Phury, no el que ella esperaba que hablara.
     —Seguro, Guerrero —y miró hacia donde se encontraba Zsadist—. Todavía no pienso dejarte en paz —el vampiro se limitó a mirar hacia otro lado.
     Wrath se acercó a su hembra, la abrazó mientras susurraba en su oído:
     —No quiero que pelees, Raysa, ahora que te encontré no quiero perderte. No podría respirar si no te tengo a mi lado —le dijo con un dejo de temor y mostrando posesión en su voz mientras hundía el rostro en su cabello.
     Raysa lo abrazó.
     —Eso no va a suceder, Wrath, siempre estaré contigo. Pero tampoco voy a mentirte, llega un punto en que nuestros poderes se descontrolan y si los fusionamos como estoy casi segura que tendremos que hacer para poder derrotar a ese híbrido, podemos perder el control por completo —dijo suspirando.
     Z se revolvió incómodo ante la vista de las parejas y su mirada voló nuevamente hacia Nessa, quien lo miró a los ojos sin apartar la vista. Se aclaró la garganta mientras trataba de volver su atención hacia el líder de la Hermandad.
     —¿Entonces como serán los patrullajes desde ahora, Wrath?
     —Bueno seguirán siendo en parejas como hasta ahora con la diferencia que van a ver dos grupos de tres —Wrath miró hacia otro lado de la habitación con concentración—. Butch y Kytara con Vishous por un lado.
     —Ok, jefe —dijo un sonriente Butch. Todavía tenía recelos por la herida que recibió Kytara, se había quedado intranquilo después de hablar con Havers,  y que este le dijera que ella se tenía que cuidar. Con su hermano se sentía más seguro de la seguridad de Kytara.
     Wrath observó a Phury.
     —Tú saldrás con Leliel y Rhage, es necesario por si alguno de ustedes sufre algún cambio —esto último lo dijo mirando a ambos guerreros.
     —Perfecto —dijo Rhage.
     Leliel asintió con la cabeza.
     —No hay problema —miró a Phury y le sonrió—. Vas a trabajar de chofer muy seguido —comentó divertida.
     —No se preocupen, me han dicho que soy muy buen chaperón —dijo mirando a Zsadist y Nessa. Se alzó de hombros—. Además me gusta ayudar en las causas nobles.
     —Bueno, Z y Nessa siguen igual y Raysa conmigo —hizo una pausa y luego volvió a hablar—. Lo que va a cambiar es que vamos a ir rotando, un grupo descansará por noche, ¿estamos?
     Se escucharon voces afirmando a esta última pregunta, algunas asistieron con un pequeño movimiento de cabeza, pero algunas otras estaban pendientes de sus parejas. Esa noche había sido de grandes revelaciónes, que ponían en jaque la tranquilidad de la Hermandad.
     Ahora más que nunca tenían que permanecer unidos.


Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Agosto 09, 2009, 12:54:05 am
Como siempre ...  :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Ains como me gusta  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 09, 2009, 04:55:09 am
sigan sigan sigan asi :emot020: :emot020: :emot020:
solamente ya me quedan las cuticulas  :emot015:
a la espera de la proxima entrega. emot033 emot026 :emot004:
 besos
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Agosto 10, 2009, 02:54:49 am
Son perversas...siempre le cortan en la parte mas interesanteee....

que pasara con Z Y Nessa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

 emot030 emot030 emot030 emot030 emot030

sigan sigan sigan asi :emot020: :emot020: :emot020:
solamente ya me quedan las cuticulas  :emot015:
a la espera de la proxima entrega. emot033 emot026 :emot004:
 besos
... :emot015: :emot015: :emot015: como me rei con tu comentario....

eres una suertuda tu apenas vas en las cuticulas hemana..yo ya voy llegando al codo  :emot003: :emot003: ... lo que nos hacen es crueldad deliverada!!!!  emot025 emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ale_itati en Agosto 10, 2009, 05:09:24 am
Paciencia chicas que cada vez se pone mejor :emot016:
 emot024 Muchas gracias por los comentarios :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Agosto 11, 2009, 01:26:09 am
Son perversas... lo que nos hacen es crueldad deliverada!!!!  emot025 emot025

Las conosco y os digo de primera mano que estan bien entrenadas  emot033
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Agosto 11, 2009, 01:37:40 am

estan entrenadas???.....ahora si me dio miedo...ya temo por mi salud mental.....

NO NOS DEJEN ASI....PUBLIQUEN LA CONTINUACION  emot030 emot030 emot030 emot030 emot030
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: willow en Agosto 11, 2009, 01:56:42 am
 :emot018: :emot018: me encanta
 emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Roz en Agosto 11, 2009, 02:55:23 am
Son perversas... lo que nos hacen es crueldad deliverada!!!!  emot025 emot025

Las conosco y os digo de primera mano que estan bien entrenadas  emot033

Ni tan poco somos taaaan malas  :emot002:
Y para probralo, les dejo el capítulo 19 y les digo solo una cosa: Disfrútenlo  emot037



CAPÍTULO 19


Después de la reunión Leliel y Rhage volvieron a la habitación de él. Tenían cosas de que hablar, en realidad Leliel tenía muchas preguntas y Rhage la mayoría de las respuestas.
Una vez dentro del cuarto él se quedo apoyado sobre la puerta mientras la observaba caminar de un lado a otro. Le resultó muy gracioso, escucharla murmurar sola. Entonces se acercó a ella parándose en medio de su camino, obligándola a levantar la cabeza para mirarlo.
—¿Qué es lo que quieres saber? —Preguntó suavemente, mientras acariciaba su mejilla.
Ella negó, no podía arruinar este momento, no se lo perdonaría nunca. Entonces terminó de acortar la distancia que los mantenía lejos uno del otro.
Ambos se fundieron en un beso, lleno de ternura que la hizo sentirse más segura. Los dos sabían que era lo que estaba a punto de pasar, ella lo deseaba más que a nada en el mundo y él quería marcarla definitivamente como suya, llenarla toda de él y dejar su aroma en cada recoveco de su cuerpo.
—Rhage, yo… —Leliel se mordió los labios y lo miró embelesada—. Te amo —dijo y luego bajó su cabeza, al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban aún mas.
Él sin poder detener sus impulsos la tomó del mentón, y la besó de nuevo, pero esta vez el beso se tornó más apasionado. Leliel abrió su boca en forma de bienvenida. Sus instintos animales estaban dominándolo por completo, ya inconforme con explorar su boca, sus labios se apoderaron de su cuello por completo, dejando pequeños rastros de saliva a su paso, él la saboreo, mordió y al escuchar los pequeños gemidos que escapaban de la boca de su hembra, gruñó sintiendo que poco a poco perdía la cordura y enloquecía por ella.
Ella sintió como sus ropas quemaban, entonces lo incitó a que la desvistiera, la hizo girar para quedar de espaldas a él, lentamente fue desprendiendo los botones de la camiseta sin tirantes que llevaba puesta. Leliel sentía como su cuerpo reaccionaba al sentir las caricias de Rhage.
Mientras él besaba sus hombros desnudos, la hizo girarse para poder mirarla a los ojos, ella le sonrió y sus labios atacaron rápidamente el cuello de su amante haciéndolo suspirar, Rhage sintió como los labios de ella quemaban cuando tenían contacto con su piel, pero en lugar ser lastimado estaba sintiéndose extasiado.
Sus manos comenzaron a viajar por el torso, aún cubierto, de Rhage, Leliel buscó el final de la camiseta y adentró sus manos para tener contacto con su piel, molesta ya por la ropa, se la quitó pudiendo observar cada centímetro de su torso trabajado.
Dejó escapar un suspiro cargado de excitación observando como si de una obra de arte se tratara. Ella se encargó de besar, lamer y mordisquear cada centímetro de su piel.
Rhage, loco de placer, intentó quitarle el pantalón, ella terminó ayudándolo para después deshacerse del suyo.
Él la tomó de sus nalgas y ella entendió el mensaje por lo que se sujetó con sus piernas a la cintura de él.
Ambos terminaron contra una de las paredes de la habitación, mientras se besaban con pasión, sedientos el uno del otro. Las caricias que se proporcionaban ya no saciaban el calor de sus cuerpos.
Siguieron disfrutando por un rato más de los besos y las caricias mutuas, él no tenía prisa, quería que todo fuera perfecto para su guerrera. Quería disfrutar completamente la que sería la primera vez de muchas más.
Ahora era más consciente de todo lo que Leliel le hacía sentir, de lo mucho que la amaba, jamás se arrepentiría de haber sacrificado tanto. Quería hacerla suya, de la manera más sublime como sólo ella merecía.
Mientras tanto Leliel no cabía en sí de gozo, sentía como las caricias de Raghe ardían en su piel. Estaba feliz por estar ahora mismo con él, no le importaba el después. Quería sentir ese aroma tan característico de él en su piel, tomarlo como su hellren y que él la tomase como su shellan. Estaba perdida entre sus besos y caricias.
Rhage la llevó a la cama y la recostó con delicadeza, Leliel aún llevaba su ropa interior, entonces él comenzó un camino de besos húmedos desde su cuello pasando por sus pechos. Torturó a un pezón entre besos y mordiscos, mientras no descuidaba al otro y lo pellizcaba, luego cambió de pezón e hizo el mismo trabajo que anteriormente.
Ella no dejaba de gemir y suspirar, acariciaba la espalda de él y le arañaba con mucho cuidado provocándole escalofríos y excitándolo aun más.
Rhage siguió su camino y se deshizo de su ropa interior, la observó con deseo. Quería grabarse a fuego cada uno de los rasgos de su cuerpo, era perfecta así tal y como era, se dijo a sí mismo.
Mordisqueó su cadera, Leliel se dejó llevar por sus instintos y abrió sus piernas dándole la bienvenida, él le sonrió diciendo gracias y bajó su rostro hasta encontrarse con la entrada al placer de ambos, primero la besó y después le lamió con arrebato, introdujo su lengua lo profundo más que pudo en aquel lugar, tomando el néctar que con tanta ansiedad necesitaba probar. Rhage gruñó al sentir el sabor agrio de su hembra.
La amaría hasta el cansancio, y ella también lo haría con él.
Rhage sintió como se estremecía, observó como arqueaba su espalda y gritaba su nombre, gruñó de felicidad al saber la satisfacción que le estaba provocando. Rhage no se detuvo en su labor, de hecho incremento más el ritmo, entonces Leliel volvió a seguir sus instintos e hizo lo que su cuerpo pedía, apretó la cabeza de él en aquel lugar para que el gozo continuara; terminó allí.
—Eres hermosa, realmente perfecta para mí —se acercó a su oído mientras le susurraba estas palabras.
Ella aprovecho su acercamiento para quitarle lo que aún le quedaba de ropa, quitó los boxers.
Al sentir el miembro erecto de su macho y notar la calidez que este poseía, no dudó y lo acarició con devoción. Él simplemente se limitó a ahogar un fuerte gemido en el beso que se daban.
—Lel —dijo entre gemidos.
Leliel se separó de él, entonces lo miró con infinita ternura.
Ella estaba herida y necesitaba alguien que la amara. Que comprendiera y aceptara su origen. Alguien que fuera capaz pelear contra su fuego. Era su salvación.
Él buscaba un poco de paz, alguien que calmara la bestia en su interior, y ella era perfecta, fuerte como un macho, sexy como solo ella sabía serlo. Era su gloria.
Leliel sonrío al ver su cabello revuelto. Rhage la besó con dulzura.
—¿Estás lista? —Preguntó con vergüenza. Leliel solo pudo asentir, entonces abrió un poco sus piernas para que él pudiera acomodar su cuerpo. Rhage le abrió un poco más las piernas y comenzó a penetrarla lentamente.
Leliel apretó fuerte los dientes al sentir un pequeño ardor, Rhage se detuvo asustado de lastimarla. Ella encerró entre sus manos el rostro de él.
—Sé que no me vas a lastimar, quiero que me hagas completamente tuya, Rhage —dijo y luego lo besó.
Con aquellas palabras ingresó completamente, haciendo que ella dejara escapar un gemido por el placer y el dolor.
Rhage vio las lágrimas de la hembra y enseguida supo que eran de placer, no de dolor. Entonces la besó y acarició como antes lo había hecho y que dio resultado porque en segundos clamaba ardientemente por él.
Al principio la penetró suave y despacio pero conforme iban avanzando aumentaba el ritmo y la velocidad, los gemidos de ambos se escuchaban en todo el lugar, giraron en la cama quedando ella encima, él entonces se impulsó, se sentó y lamió sus pechos mientras que Leliel se alzaba sobre él para ser penetrada con mas fuerza y rapidez que antes, incluso se podía oír la separación entre sus cuerpos.
Él siguió empujándose contra ella, sintiendo la rigidez del interior de Leliel, y los labios humedeciendo su hombro, los jadeos constantes y cada vez más fuertes, que le indicaban lo que ella iba sintiendo, de un modo tan íntimo que se mezclaba su deseo de culminación, con sus ansias de no dejarlo jamás.
La sangre le latía en la cabeza, y el aire le faltaba.
Los gemidos de ella se adentraban en su ser como el combustible para sus movimientos, cada vez más certeros e inquietantes, escuchando como Leliel comenzaba a musitar su nombre cada vez con más fuerza, desesperada y asfixiada.
La rigidez de su miembro le indicaba que no le faltaba demasiado, sentía como se le electrizaba la piel, notando como los pezones de ella se endurecían más contra su pecho.
—¡Oh! Rhage, te amo —gritó, con su nombre en los labios, mientras sus uñas se enterraban en sus hombros.
Rhage gruñó con fuerza controlando apenas su culminación, sintiendo el calor asfixiante de la intimidad de ella en su carne, endureciéndose más ante el tacto del líquido hirviente que emanaba de ella, mientras que las convulsiones la obligaban a gemir de forma incontrolada, desordenada y loca.
 —¡Siénteme, Leliel, eres mía y de nadie más, te amo, solo mía —gruño.
Con esa última embestida toda la habitación se impregnó con su aroma, se estaba vinculando y ambos eran felices por hacerlo, toda ella olía a él, ahora Leliel era suya. Los aromas de ambos se fusionaron, impregnando el aire de ellos, liberándose y comprometiéndolos en un acto innegable de entrega.
Los dos cayeron en la cama, ella encima de él. Empezando a respirar más tranquilos, mientras ella lo abrazaba y besaba en el pecho.
Rhage enredaba sus brazos en su cintura. Vio como ella levantaba su cabeza y sonreía, aun con sus mejillas rosas.
 —¡Rhage, te amo! Te amo más que a mi vida, no te mentí cuando te dije que no entraba en mis planes enamorarme, pero a través de nuestras peleas me fuiste conquistando. Aunque lo más importante fue todo lo que hiciste por mí, tu insistencia y perseverancia.
Él acaricio su mejilla.
—Y podría hacerlo muchas veces más, solo espero que no se te vuelva costumbre —comentó divertido—. Ahora nadie podrá apartarte de mi lado, y él que se atreva a intentarlo tendrá que matarme primero.
Leliel suspiró  feliz. Besó su pecho.
—Descasa, tahlly —susurró él acariciando su cabello.
Leliel se sonrió.
—Tú también, gràdh —dijo besándolo nuevamente con deseo—. Quizás, podríamos dejar el descanso para luego, ¿no te parece? —Preguntó juguetona.
Entonces Rhage la hizo girar para quedar él arriba de ella.
—Me encanta ese plan, tahlly —dijo mientras ambos volvían a realizar ese camino de caricias y besos infinitos.

A la mañana siguiente, después de que Fritz dejara el desayuno, Rhage se encargó de despertar a Leliel. Comenzó peinando su cabello corto, no eran muchas las hembras que lo usaban así, aunque en realidad a ninguna hembra le quedaba tan sexy como a la suya. Sonrió ante el pensamiento.
Con uno de sus dedos delineó su espalda, a lo que Leliel respondió sacudiéndose suavemente.
—Mmmm… ¿no es muy temprano para estar molestando? —Preguntó medio dormida.
Rhage besó uno de sus hombros desnudos.
—Tendrías que haber dormido más anoche —comentó mientras hacía un camino de besos húmedos sobre su piel desde lo alto de su columna hasta el nacimiento de su culo.
Ella se giró y tomó el rostro de él entre sus manos y lo atrajo hasta sus labios, y así poder mirarlo a la cara.
—¿Quién habrá sido el que molestaba, no? —Preguntó rodeándolo con sus brazos por el cuello y besándolo. Ella sonrío cuando él le hizo cosquillas y aspiró profundamente.
—Le dije a Fritz que nos trajera el desayuno, no te molesta ¿no? —Preguntó trayendo una bandeja a la cama.
—Mmmm, ¿escuchar las preguntas de mis hermanas o pasar el día en la cama contigo? —Leliel frunció los labios como si estuviera pensando—. Que difícil situación, supongo que ellas pueden esperar —dijo agarrando una porción de pastel, pero antes que llegara a comerlo Rhage se lo quitó—. ¡Hey! Es mío —dijo enojada.
Él sonrió.
—Sí, pero yo quiero alimentarte, tahlly.
Ella sintió una opresión en el pecho por la actitud de Rhage, en estos momentos no podía ser más perfecto. Pasaron un buen rato alimentándose mutuamente. Leliel logró alimentar a Rhage después de estar discutiendo durante un largo tiempo.
Horas más tarde…
—Es una mierda esta película, Rhage —dijo molesta—. Hace una hora que están dando vueltas en la misma parte, dame el mando —demandó intentado quitárselo.
—Nop, lo tengo yo. Tú ya viste televisión —dijo como si fuera un niño.
Leliel se levantó.
—Bueno, entonces me voy a bañar.
Iba a bajar de la cama, cuando Rhage la tomó de la cintura para colocarla sobre su falda. Se apodero de su boca, hurgó en su interior con su lengua y ella le siguió el juego. Leliel sintió como su erección apretaba en su sexo. Dejó escapar un gemido al recordar lo que habían hecho anoche. Abandonó su boca, para poder mirarlo a los ojos, no quería seguir con esto si no sabía lo que le deparaba el resto.
— Gràdh —dijo con un poco de miedo—. ¿Qué fue lo que hablaste con ella? ¿Qué perdiste?
Rhage la quitó de encima y se levantó.
N—Escuché todo lo que hablaste con ella —dijo mirando la nada—. no estaba, ni estoy dispuesto a olvidarte, Lel —dijo mirándola, ella pudo ver que no había mentira alguna en sus palabras—. Me ofreció un trato —casi murmuró.
—Rhage, me estás asustando —dijo ahora sentada a los pies de la cama—. Dime cual fue el trato, ¿sí?
Él se arrodilló a sus pies.
—Perdóname —dijo apoyando la cabeza en sus piernas.
—Basta, Rhage —dijo ya molesta por tanto suspense—. ¿Me puedes contar de qué hablaron? ¿Qué pidió a cambio? —Preguntó.
—Tanto tú como yo tendremos que vivir con nuestras maldiciones —dijo apenado, ella iba a abrazarlo, pero él lo evitó—. Eso no es todo —podía sentir su miedo, no podía estirarlo mucho más, así que respiró hondo y habló—.  Además, nuestros futuros hijos heredarán la maldición de algunos de los dos —Rhage pudo ver como se transformaba la cara de ella.
Esperaba que lo maldijera, que le tirara con cantidad de bolas de fuego, que lo echara, que hiciera algo, pero en cambio ella subió sus piernas a la cama y se hizo un bollo. Fueron eternos los minutos o segundos que estuvo en silencio.
—No tienes idea lo que acabas de hacer —dijo en un susurro—. No sabes lo difícil que es tener que vivir con esto. ¿Qué va a pasar cuando alguno de ellos se enamore? ¿Cómo van a hacer para jugar con otros niños? —Preguntó angustiada.
Él estiró su mano para tener algún contacto con ella, pero Leliel se retiró hacia atrás.
—¿Cuándo mierda pensabas decírmelo Rhage? —Preguntó enfurecida.
—Tahlly, no es lo que crees. Ellos tendrán una vida normal, hasta que pasen por la transición —dijo intentando darle esperanza.
Leliel arqueó una ceja.
—¡Oh! Perfecto, me quedo muchas tranquila, sino se mueren en medio de la transición quizás se mueran porque la maldición de mamá los mató.
Comenzó a buscar la ropa, necesitaba salir de ahí e ir a patearle el culo a la Virgen Escriba. Lo que pasara luego no le importaba, pero no se iba a quedar tranquila. Ya le había cagado la vida a ella por una estupidez de sus padres. Le había cagado la vida a Rhage por un búho de mierda, no iba a permitir que le cagara la vida a nadie más.
—Lel… —llamó muy suave Rhage—. Leliel —volvió a llamar cuando no tuvo respuesta. Pero ella seguía hablando sola y caminando de un lado a otro.
Leliel tenía todas las ideas revueltas, no sabía a quien matar si a la Virgen Escriba por el trato de mierda que le ofreció, o a él por aceptarlo, ahora mismo no importaba, iba a ir para allá y le iba a patear el culo, por ella, por Rhage, por Kytara.
De repente golpeó contra el pecho de Rhage, quien la obligó a mirarlo.
—Tahlly —dijo muy suavemente—. Lo hice porque te amo, no creo que haya sido una estupidez. Ibas a vivir toda tu vida llorando por mí y yo sin saber que existías, ¿eso era mejor que esto? —Preguntó de manera muy suave—. No lo creo. Ya veremos, podremos enseñarles o encontraremos la forma de que ellos no corran peligro durante la transición. Y si llegáramos a perder un solo hijo por alguna de las dos maldiciones, entonces yo personalmente te acompañaré a matarla, ¿sí?
Ella lo miró emocionada.
—¿Qué es lo que tienes que siempre me estás calmando? —Preguntó mientras se fundían en un abrazo—. ¿Sabías que te amo? —Preguntó besando su pecho.
Rhage suspiró cansado, y ella pudo sentir la cantidad de emociones encontradas que estaba sintiendo. Lo tomó de la mano y lo llevó hasta la cama.
Leliel se sentó y entonces lo hizo sentarse entre sus piernas, para así quedar de espalda a ella.
—Gràdh, estamos bien —dijo mientras delineaba el tatuaje de su espalda, haciendo que todo el cuerpo de Rhage se tensara—. ¿Sabes? —Habló susurrando sobre su espalda, mientras lamía su piel—. Me encanta el diseño.
—¿Qué significa? —Preguntó distraído.
—¿Eh? ¿Qué cosa? —Preguntó Leliel perdida.
—Gràdh, ¿Qué significa? —Preguntó mirándola.
Leliel le sonrió, mientras se levantaba de la cama y se dirigía al baño.
—Amor, en la lengua celta. Pasé parte de mi niñez en una de las últimas tribus que quedaba, para ellos mi maldición era una bendición —dijo encogiéndose de hombros—. Voy por un rico baño —le guiñó el ojo antes de entrar al baño.
Rhage se quedó sentando, escuchó como el agua comenzaba a correr. También sintió cuando ella entró a la ducha, la imaginó desnuda enjabonándose y su erección lo obligó a levantarse e ir al baño con ella.
Leliel lo vio correr la cortina, entonces arqueó una ceja.
—Perdón, ¿qué vas a hacer?
Él sonrió.
—Lo mismo que tú, darme una ducha —entró a la ducha y se acercó a ella.
Leliel negó divertida, mientras enroscaba sus brazos alrededor del cuello de Rhage, mordisqueó el labio de él, profundizando un beso que comenzó siendo dulce para luego convertirse en pasión pura.
Rhage poco a poco la fue arrinconando contra la pared, donde ahondó mucho más el beso, mientras sus manos descendían por la espalda de ella acariciando sus piernas.
Leliel emitía sonidos incoherentes como respuesta a las caricias, abandonó los labios de su amado para poder besar su cuello y su torso.
Rhage hizo lo mismo mientas que su excitación comenzaba a ser más visible. Tomó la pierna que estaba acariciando de su hembra y la llevó a la altura de su cintura, para así facilitar la unión, ella abandonó su cuello para ayudarle a completarla.
Leliel dirigió su mano a la entrepierna de Rhage y tomó el miembro en su mano, obteniendo un ronco gemido, a lo que ella sonrió con satisfacción. Comenzó a acariciarlo, haciendo un movimiento de sube y baja, mientras lo miraba a los ojos él no le quitaba la vista de encima.
Así estuvieron un largo rato, hasta que él sintió que pronto llegaría a su orgasmo, por lo que la ayudó a colocarlo en la entrada de su vagina, volvió a tomar su pierna para permitir un mejor acceso y de ese modo entró en ella de un golpe.
Leliel arqueó su espalda hacia él, ella enterró sus uñas en sus hombros, a lo que Rhage respondió con un gemido por el dolor, pero esto lo incitó a acelerar el ritmo de sus embestidas.
Él buscó la mirada de Leliel para después besarse con una infinita ternura, ella capturó el labio inferior de Rhage para morderlo y por haber hecho eso, ganó que él la embistiera más fuerte y la acorralara contra pared quedándose inmóvil por un momento, ella sonrió desafiante mientras lo miraba a los ojos.
Rhage continuó de una manera más efusiva, mientras ella lo acariciaba recorriendo con la yema de sus dedos su espalda, tocando cada rincón de su tatuaje. La bestia rugía dentro de él, por más esfuerzo que hiciera ahora estaban ambos poseyendo a la hembra que tanta paz le había traído a sus vidas.
Leliel observó sus ojos, había algo distinto en su mirada, sabia que él se estaba debatiendo por controlar a la bestia.
—Te amo —susurró entre jadeos.
La mirada de Rhage se suavizó al escuchar su voz.
—Y yo a ti, tahlly —dijo para luego acelerar aun más el ritmo.
Ella gemía y gritaba su nombre, él sonreía satisfecho por proporcionarle tal placer a su hembra. Con una última embestida ambos llegaron a su momento cumbre. Él se mantuvo dentro de ella, mientras Leliel llenaba sus hombros y cuello de besos.
Poco a poco salió de ella y la abrazó a un más fuerte.
—Te amo, tahlly, gracias por aparecer en mi vida —dijo sonriendo y besándola.
Ella no pudo evitar que su corazón se estrujara, apenas ayer había pensado que su vida se acababa y moriría sin estar con él y ahora mismo estaba ahí con el macho que se coló en su corazón y en sus pensamientos sin que ella pudiera evitarlo.
—Yo también te amo, Gràdh —dijo con los ojos llenos de lágrimas.
Estuvieron abrazados por unos cuantos minutos, sintiéndose juntos. Luego se bañaron mutuamente, haciendo del acto un ritual.
Cuando terminaron, él busco dos toallas, la ayudó a ella a secarse, cuando salieron de la habitación las persianas comenzaban a levantarse, dando aviso a que ya había oscurecido.
Leliel conjuró sus ropas, un pantalón de cuero negro haciendo juego con una camiseta sin tirantes negra con detalles en rojo. En sus pies se calzó sus botas . Secó su pelo y lo dejó despeinado.
Rhage sonrío embelesado al verla prepararse, mientras terminaba de calzarse sus dagas.
Fue hasta donde estaba ella y la abrazó por detrás, aspiró el aroma y sintió como su erección daba un fuerte tirón. Leliel negó divertida, mientras conjuraba sus dagas y las calzaba en la parte de atrás de su cinto.
—Creo que esto de salir juntos nos va a traer problemas —besó sus labios.
—Mmmm… te puedo asegurar que puedo acostumbrarme a hacerte el amor cada vez que volvamos —dijo jugando con un pequeño mechón del cabello de ella.
Leliel hizo un puchero.
—¿Solo cuando volvamos? —Dijo mientras besaba y lamía el cuello de Rhage.
Él dejo escapar un suspiro, y la agarró de sus nalgas para besarla de manera desenfrenada. Un golpe en la puerta los distrajo, Rhage gruñó.
 —¿Quién? —Preguntó de mala manera, por lo que recibió un golpe de ella en el brazo.
—Ya terminó la luna miel —dijo del otro lado Nessa—. Hora de salir a cazar —dijo divertida.



Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Agosto 11, 2009, 03:28:19 am
Lo confirmo maldad...... pura y vil maldad!!!

cuanto esperaremos para el proximo capi??  emot025 emot025 emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 11, 2009, 08:38:40 am
listo ...  :emot007: ya me queme las pestañas........!!!!  :emot015: despues de las cuticulas!!!!!  :emot015: :emot015:
 no puede ser que nos dejen con el suspenso.... :emot003:
 me encanto esta entrega!!!!  emot024 :emot018:
 sigan asi...  :emot020: :emot020: que en mi tienen a una seguidora!!!!
besos

pd: para cuando Nessa???  :emot009: :emot009: :emot004:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Agosto 14, 2009, 04:53:25 am
emot025 emot025 emot025...es demaciada espera...plis ya publiquen algooo!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Agosto 16, 2009, 02:47:15 pm
Hace tiempo que no os acoso  emot033

Roz se que te gusta hacerme sufrir  emot028 pero podrías poner otro capi  emot025

Yo no tengo la culpa de que me guste tanto y esté enganchada, la culpa es vuestra  :emot003:

 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Roz en Agosto 16, 2009, 10:26:41 pm
KenYa, querida, es cierto que me gusta hacerte sufrir, pero más me gusta dejarles los capítulos para que puedan disfrutarlos. Creeme  emot025
Y la verdad es que me estoy muriendo de la impaciencia por dejarles el capítulo 20, pero estamos cortísimas de tiempo. Pero apenas podamos, subimos el siguiente.

¡Gracias por su paciencia!  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Agosto 16, 2009, 11:06:56 pm
Gracias guapa  emot024

Esperaré impaciente  emot027
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 18, 2009, 07:17:00 am
 :emot015: :emot015: si seguimos asi seremos unas locas de atar  :emot002: :emot002:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Agosto 18, 2009, 09:42:42 pm
:emot015: :emot015: si seguimos asi seremos unas locas de atar  :emot002: :emot002:

No no no  emot023 locas de atar no  emot023 lectoras impacientes  emot028
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 20, 2009, 05:37:47 am
 :emot015: :emot015: OK. entonces LECTORAS IMPACIENTES  :emot020: :emot020:
PERO  emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Agosto 20, 2009, 11:22:39 pm
 :emot016:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ROSS en Agosto 21, 2009, 05:26:52 pm
 :emot014: otrooo otroo capitulo!!!  emot036


felicidades chicas les esta quedando muy bien  emot035
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 23, 2009, 05:34:31 am
 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
 emot030 emot030 emot030
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Agosto 23, 2009, 07:11:18 pm
Necesito mi ración  :emot003:

Tengo mono, quiero MÁSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!  emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Agosto 26, 2009, 06:59:18 am
AYUDAAAAAAAAAAAAAAAAA.......... mi cordura no da para massssss  :emot019: :emot019: :emot019: :emot019:

publiquen algoooooooo  emot030 emot030 emot030 emot030

Besos  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Agosto 27, 2009, 05:22:15 pm
 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Agosto 29, 2009, 02:08:02 am
 emot026 emot026 emot026 otra otra otra queremos otraaaaa  :emot015: :emot015:  :emot004: :emot004: :emot018:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Septiembre 03, 2009, 12:35:25 am
Sois muy malas personas por hacernos esto  emot023
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Septiembre 03, 2009, 12:59:15 am
 emot025 emot025 emot025 emot025 emot025 emot025 emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Septiembre 04, 2009, 08:08:51 pm
 :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:
 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025 emot026 emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Septiembre 04, 2009, 08:50:42 pm
DEMACIADO.....YA ES MUCHA LA ESPERA .... emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 06/09 )
Publicado por: Roz en Septiembre 06, 2009, 05:15:36 pm
Antes que nada, perdón por la espera...  emot024
No me entretengo y les dejo un nuevo capítulo.
Uno de mis favoritos, por cierto  emot037
Disfrútenlo.




CAPÍTULO 20

Volvía a encontrarse con Zsadist después de ese encuentro que había comenzado en la cascada. No podía evitarlo, a pesar de lo que él le había dicho, sentía vergüenza de enfrentarlo. Sólo sus hermanas sabían lo que había sido en su pasado y nadie más. Pero se lo había dicho, se lo había confiado. Nunca se lo había dicho a nadie, pero sí a él. E investigar el por qué de su acción ya le parecía demasiado.
Bueno, en realidad, se habían vuelto a ver en la reunión, pero las miradas que habían compartido la ponían tan nerviosa como el recuerdo de su conversación.
Esa noche iba vestida toda de negro. No quería que nada en ella resaltara, quería confundirse con la oscuridad de la noche.
Descendió la escalera, donde ya todos se encontraban. Incluyéndolo. Estaba sentado en suelo, con la espalda apoyada en una pared. Un fiero rubor se extendió por su rostro, pero lo disimuló colocándose la capucha que tenía su saco. Se paró a su lado y sólo se miraron una vez. Aún así, la cercanía de él hizo que un calor nuevo se extendiera, haciéndole ansiarlo.
Clavó su mirada en el reloj y no la alejó de allí hasta que el sol por fin se puso. Zsadist se puso de pie y todos salieron juntos. Una vez fuera, cada grupo se fue desmaterializando hacia la zona que le correspondía patrullar esa noche. Ellos dos eran los anteúltimos, antes de Wrath y Raysa. Se desmaterializaron en un callejón oscuro junto a Screamer’s. La zona aledaña al club era la que les correspondía esa vez.
Al obtener forma sólida de nuevo, Nessa sintió un tirón en su estómago. Más que acostumbrada a la sensación, no le hizo caso y siguió a Zsadist fuera de aquel horrendo lugar.
Por un breve momento, él la miró. Fue una mirada corta, que no duró lo que una chispa, pero la vio y supo lo que había en ella. Levantó la barbilla y caminó con tranquilidad y decisión. No iba a permitir que sus miedos la acosaran. O al menos, no iba a demostrárselo al macho.
Caminaron durante horas, sin encontrar absolutamente nada. No entendía qué era lo que pasaba, pero después del maldito ataque de esa cosa con sobredosis de esteroides, las calles habían estado casi tranquilas, salvo algún esporádico ataque.
La situación no sería tan mala sino fuera porque sabían que solo era la calma que anticipaba la tormenta. Algo se estaba cociendo para desencadenarse con todo su poder sobre ellos.
—Esto es condenadamente aburrido —se quejó.
Zsadist solo asintió y siguió. Se notaba que estaba tan molesto como ella. Aunque más que molesto, se lo notaba ansioso, inquieto, como si todo el cuerpo le picara.
Le picaba todo el maldito cuerpo. Y sabía exactamente por qué. Era por tener a esa hembra cerca. Quería algo, lo quería profundamente, pero no estaba bien ni dispuesto a ello. Era esa lucha interna la que hacía que la piel le hormigueara.
Continuó caminando, tratando de no prestarle atención. Nunca más.
Malditos asesinos sin alma. Cuando más los necesitaba, los bastardos parecían haberse desvanecido. Quería distraerse, y la sangre de sus enemigos corriendo por sus manos le parecía la mejor manera de hacerlo.
Estaba entrando en un estado de perpetuo mal humor. No es que tuviera otro, pero ahora se había incrementado y sentía la necesidad de atacar a cualquiera que solo lo mirara. Oh, sí, el sabía que las hembras nunca traían nada bueno.
De repente, lo que tanto ansiaba, apareció. El olor dulzón de talco para bebés les llegó desde atrás. Dos lessers se les habían aproximado desde atrás, pero la calle estaba demasiado iluminada y había algunas personas en ella.
Sonriendo diabólicamente, Zsadist caminó unas calles más, hasta encontrar un callejón especialmente oscuro. Si evitaban usar las pistolas, no llamarían la atención de ninguna forma. Se adentró en el callejón, intentando ignorar el pequeño temblar de Nessa al ingresar en él, lo que se le suponía más difícil, ahora que sabía el motivo de su reacción.
Se confundieron con las sombras del lugar, desenfundaron sus dagas y aguardaron. Un minuto después, los bastardos hicieron su aparición con sendas cuchillas en las manos. El pálido color de sus cabellos y su piel los delataban como asesinos experimentados. Las sonrisas de anticipación y seguridad, tan parecidas a la suya propia, dejaban en claro que eran realmente antiguos en el negocio.
Sin esperar un segundo más, se lanzaron hacia ellos. Zsadist trabó su daga con la cuchilla del lesser, como si de espadas se tratasen. Se alejó un paso y luego le lanzó una estocada mortal al pecho, pero el lesser reaccionó a tiempo y solo logró hacerle un pequeño corte. En respuesta, el bastardo se lanzó hacia delante tratando de cortarle el cuello, pero Zsadist se agachó y estirando una pierna, lo hizo caer. Cuando el tipo cayó al suelo, saltó sobre el para clavarle la daga en el pecho, pero logró tomarle la mano, al tiempo que con su mano libre, detenía el golpe que el tipo le lanzaba.
De pronto, sus sentidos le advirtieron que algo pesado volaba hacia ellos. Al mirar hacia su derecha, vio que Nessa había lanzado al otro lesser hacia donde se encontraban. Soltándose del agarre, giró hacia un lado justo a tiempo. El lesser de Nessa cayó sobre el suyo y ambos lanzaron un gemido de dolor por el impacto.
El tipo con el que había estado luchando, tomó a su compañero y lo empujón contra la pared, haciéndose que se golpeara la cabeza y cayera inconsciente.
Nessa se dirigió al sujeto inconsciente con cara de fastidio y lo eliminó, mientras que el otro se dirigía de nuevo hacia él.
Zsadist se lanzó contra él, dispuesto a atravesarle el pecho de una vez por todas, pero el sujeto lo esquivó y se puso a sus espaldas. Giró, al tiempo que trataba de alejarse, pero el lesser alcanzó a Zsadist en un brazo. El corte empezó a sangrar profusamente.
De repente, Nessa se detuvo, como alcanzada por un rayo. Fijó su vista en la sangre que manaba de la herida, caliente y espesa, deslizándose por su brazo, goteando hacia el suelo.
La hembra descubrió los colmillos, ahora sumamente largos y siseó, sus pupilas dilatadas.
Z se dio cuenta de lo que sucedía con ella, así que se apresuró, pues parecía que Nessa no se daba cuenta de que otro lesser, también con un cuchillo, se acercaba por detrás.
Ciegamente y con furia, se lanzó sobre su lesser, quien se sorprendió ante el repentino ataque. Lo tomó del cuello y golpeó su cabeza contra la pared del callejón, rompiéndole totalmente el cráneo. Detrás de él escuchó otra vez un siseo, pero esta vez de dolor. El asesino aún no había caído al suelo, cuando Zsadist le atravesó el pecho con la daga.
Al voltearse, vio que Nessa había sido herida en un brazo también, pero que esto le había devuelto la conciencia otra vez, ya que había vuelto a luchar contra lo que ahora eran dos lessers.
Sintiendo la presencia de otro asesino a sus espaldas, dejó que Nessa se encargara de sus oponentes. Él ya se encargaría más tarde de ella.
Tonta, tonta, tonta, ¡tonta!, pensaba mientras esquivaba los ataques de ambos lessers, ¿cómo puedes distraerte tan fácilmente por un poco de sangre?
Claro que sabía perfectamente la respuesta a eso. No  era sólo sangre, era la sangre de Zsadist. Y tenía sed. O sea, vamos, ella no habría reaccionado así ni aunque hubiera un enorme chocolate tirado en medio de ese apestoso callejón, que no cesaba de traerle espantosos recuerdos.
Pues claro, le dijo la molestita voz dentro de la cabeza, porque al chocolate no lo necesitas para vivir. En cambio la sangre de ese guerrero… Mmmm…
Muy bien, ¿y su subconsciente se seguía manifestando cuando estaba despierta? ¿No se daba cuenta que ahora mismo ella estaba luchando por su vida? ¿Y por la de toda su raza?
Oh, vamos, por favor, otra vez la voz, no te hagas la altruista ahora, hermana.
Maldito su subconsciente por ser tan inoportuno.
Maldito Zsadist por ser tan condenadamente irresistible.
Maldita ella por no haberle pateado el trasero cuando debió, ya que así sus relaciones ahora se limitarían meramente al hecho de querer matarse el uno al otro. Pero no, tuvo que mostrarle su parte más débil, tuvo que otorgarle su confianza.
—¡Nessa, deja de bailotear y mata a esos desgraciados de una maldita vez!
Hablando de Roma…
Tomando su otra daga de oro blanco en la mano izquierda, esquivó otro ataque y luego se lanzó hacia delante. Pasó entre medio de ambos lessers y se paró frente a sus espaldas. Era lo bueno de ser tan pequeña, todos subestimaban su fuerza y su velocidad.
Antes de que ninguno de esos malditos comenzara siquiera a pensar en voltearse, los degolló desde atrás.
Cayeron al piso sacudiéndose apenas. Dio vuelta a uno de ellos y comenzó a buscar en sus bolsillos hasta encontrar su billetera. Luego se dirigió al otro.
Cuando terminó, Zsadist ya se encontraba a su lado, con otras dos billeteras en la mano.
—Bien, podríamos empezar yendo a la casa de este que solo queda a unas pocas calles…
—De ninguna manera —la cortó.
—¿Disculpa? —Dijo ella, levantando una ceja.
—Volveremos a casa. Ahora.
Bien, de nuevo con el mismo cuento. Alzó la mirada del registro de conducir que tenía entre las manos hacia Zsadist. Sus ojos negros estaban más fríos que nunca.
Si se lo pedía de ese modo, ¿cómo podía resistirse?

Volvían a la mansión en su auto. Ella sabía por qué estaba tan enfadado, así que un pesado silencio se extendía entre ellos, hasta que finalmente le habló.
—No entiendo como pudiste permitir que te sucediera eso —le espetó con furia.
—Es sólo un maldito corte en el brazo. No sé de qué te quejas si tú también tienes uno. Son gajes del oficio.
Vale. Ella sí que sabía ser inoportuna.
—Sabes que no me refiero a la herida, sino al hecho de que quedaras anulada sólo por ver un poco de sangre.
Hizo un mohín con la boca que le sentaba sumamente bien a sus labios rosados y con sus rizos tan negros.
—Vale, vale. Estoy hambrienta, ¿ok?
—No me digas —masculló.
El resto del viaje transcurrió en completo silencio. A medida que avanzaban, Zsadist iba notando un cambio en Nessa. Se había abrazado a ella misma y se había encorvado un poco hacia delante, como queriendo encogerse para protegerse de algo. Su mirada estaba perdida en un punto indefinido.
Al llegar, Zsadist salió inmediatamente del auto y se dirigió rápidamente hacia la mansión, cuando se dio cuenta de que se encontraba solo.
Al darse la vuelta, vio a Nessa que aún seguía en el auto, encogida.
Se dirigió hacia su lado del coche y abrió la puerta de un tirón. Ella ni siquiera se inmutó.
—Nessa, vamos.
—Déjame, por favor —dijo con la voz muy suave, tanto que tuvo que esforzarse para oírla. Se encogió aún más, abrazando sus rodillas.
—Hay que curarte esa herida, acompáñame.
—Déjame… —en ese punto, la voz se le quebró.
Zsadist no supo por qué lo hizo. Tendría que haberla dejado allí en el auto y que resolviera sola sus propios conflictos. A él no le importaba nadie, ni siquiera él mismo. Así que simplemente debía dejarla allí con su pena y si quería esperar al sol para que la achicharrara, pues allá ella. Pero no lo hizo. No pudo hacerlo.
Pasó su brazo bajo sus rodillas y la levantó. Ella no se resistió, solo se encogió un poco más, dificultándole la tarea de cargarla. Pero algo en la hembra lo sorprendió.
Sentía el miedo proviniendo de ella. Podía olerlo. Ese olor acre era muy tenue, casi podía decir que se lo estaba imaginando. Pero no era así, era real y provenía de Nessa.
Entendiendo su reacción y odiándose por ello, la llevó hacia su propia habitación, la más alejada de todas, en el pasillo de las estatuas.
No sabía porque la había llevado allí, nadie había entrado antes, ni siquiera su hermano Phury. Pero lo cierto es que sentía que debía protegerla, cuidarla, consolarla y allí nadie los molestaría.
Seguramente había alguna clase de veneno alucinante en el cuchillo con el que ese maldito lesser lo había herido. Eso o se había vuelto totalmente loco.
La colocó suavemente sobre la cama, pero seguía sin moverse. Simplemente se quedó allí, encogida en donde la dejó. Sus ojos eran turbios, sus pupilas dilatadas como en el callejón, pero esta vez era diferente, pues tenía la mirada perdida, como quién recuerda algo que preferiría olvidar. Veía su propia mirada en las profundidades gris plata de los ojos de Nessa. Y no quería eso.
Siguiendo un raro (y sumamente estúpido) impulso, se sentó en el borde de la cama, junto a ella. Alzó la mano y la pasó suavemente por esos rizos largos y oscuros. No estaba seguro de cómo era una caricia, pero suponía que la suavidad era necesaria. Su cabello, siempre tan rebelde, estaba totalmente desordenado, sus rizos enredados y erizados por la lucha. Le parecieron preciosos.
Siguió acariciando su cabello, hasta que sintió que ella comenzaba a aflojarse, a serenarse. Vaya, quien diría que él fuera capaz de calmar a alguien. Que alguien quisiera que él lo calmara.
Maldita hembra, lo estaba embrujando. Debía irse. Por su bien, debía irse ahora.
Pero sólo siguió acariciándola  y comenzó a tararear una canción.
Después de un rato, Nessa dejó de tener la vista perdida y su respiración de acompasó. Parecía estar saliendo de su ensueño.

Estaba ahogándose bajo el peso de los recuerdos. Por dios, nunca la abandonarían, siempre estarían con ella, atormentándola, agobiándola. De nuevo estaba cayendo por ese largo agujero negro, la oscuridad la envolvía, la engullía, la hacía parte de ella. Otra vez se volvía simple escoria. De nuevo, una y otra vez.
Por favor, por favor, ya no quería, ya no quería.
Otra vez la estaban tomando, la arrastraban hacia donde querían, la dejaban donde querían, le harían lo que querían. Lo sabía. Y tendría que someterse, pues sino, no sobreviviría.
Era su destino. Era una perdida en el mundo. Una olvidada. No era nada.
Por favor, por favor, despacio. Otra vez no.
Otra vez no.
Allí estaba la mano, la veía, se alzaba, se dirigía a ella, allí estaba, podía verla, iba a doler, iba a doler…
Pero no dolía. No dolía en absoluto. Era suave e indecisa. Era amable.
Y no cesaba, y no cambiaba.
Pero sí, sí cambiaba, se hacía más decidida, pero no menos suave. Quizá incluso más. Y la suavidad le transmitía… Tranquilidad. Confianza. Seguridad.
Cariño.
Eran caricias. Caricias de verdad.
Y un ángel cantaba.
A duras penas, Nessa emergió a la superficie.


Nessa parpadeó, su mirada otra vez clara. Cerró los ojos un momento, disfrutando de sus caricias. Luego los abrió de nuevo y lo miró. Dejó de cantar y de acariciarla, pero dejó su mano sobre su cabello.
—¿Zsadist?
—¿Ya estás bien?
—Yo… yo, sí, estoy bien. Estem… Gracias.
—Creo que lo mejor será que no te levantes, duerme aquí. Lo del brazo no parece de gravedad, así que podrás esperar hasta mañana para ir a ver a Havers. Descansa.
—Pero tú…
—Yo no uso la cama.
Vio como dirigía una rápida mirada al delgado jergón que había en una esquina.
—Yo… Está bien, puedo levantarme. Iré a mi habitación.
Por alguna razón, le molestó que ella no quisiera quedarse. Por Dios, estaba acostumbrado a que todos huyeran despavoridos de él como si fuera a saltarles al cuello de un momento a otro. Pero simplemente le enfadó muchísimo que ella también quisiera huir. Creyó que habían llegado a un entendimiento, a una cierta confianza.
Se levantó de la cama y le dio la espalda.
—Haz lo que quieras, no me importa —le espetó con acritud.
Comenzó a quitarse las armas, mientras seguía dándole la espalda. Sentía su mirada que lo seguía mientras se movía, pero no se la devolvió.
Finalmente, ella comenzó a levantarse. Se sentó en la cama y sacó sus pies afuera. Pero cuando quiso pararse, se tambaleó.
Fue rápidamente hacia ella y evitó que cayera de cara al suelo. Era un idiota, no tenía que importarle si se hacía daño o no. Pero, maldito fuera, le importaba. La volvió a colocar sobre la cama y ella se volvió encoger, pero esta vez abrazando su estómago, como si le doliera.
Conocía ese dolor, convivía con él. La sangre humana de la que se alimentaba no era suficiente para mitigarlo, apenas si era un leve atenuante.
—Estás hambrienta —no era una pregunta.
—Sep, ¿no tienes un chocolate por ahí? —Lanzó una breve risita.
—No entiendo de qué te ríes.
—Yo tampoco —y volvió a reír.
—Creo que deberías ir a hablar con Wrath para que pueda conseguir un macho del que puedas alimentarte. Y debes hacerlo rápido, creo que lo has dejado llegar muy lejos.
—Estoy acostumbrada al hambre, nunca me había pasado esto. Aún puedo aguantar más si quiero —se detuvo y lo miró—. ¿Conseguir un macho?
—Sí.
—Claro, por supuesto, un macho. ¿Cualquier macho? —Preguntó, como repentinamente iluminada. Se sentó de nuevo, pero esta vez lentamente.
Por alguna razón, volvió a sentarse a su lado. Su olor era delicioso. Lo había sentido antes, pero hasta ahora no le había prestado atención. Era dulce y… fresco. Como una brisa marina. Y lo puso instantáneamente duro.
Ah, maldición, ahí estaba otra vez. Odiaba como reaccionaba su cuerpo. Disimuladamente, trato de taparse con el abrigo que aún sostenía en las manos.
—Cualquier macho que Wrath y la Virgen Escriba aprueben, sí.
—Supongo que en tal caso, debe ser un macho de valía, no cualquier mequetrefe.
—Eh, sí —respondió con cautela. No sabía a donde quería llegar ella.
—¿Y cómo sabrán que es un buen macho?
—Me aseguraré de que así sea —dijo con fiereza.
Ella extendió la mano y la posó sobre la suya. Esta vez no la alejó. La sonrisa que le dedicó literalmente resplandecía. Su erección dio un doloroso tirón.
—Gracias, Zsadist.
De repente, en su mente vio la imagen de los dos juntos, sobre su cama. Él encima de ella, tocándose, acariciándose, sintiéndose, se vio llenándola…
Eso estaba mal. Eso estaba malditamente mal. Se levantó y volvió a darle la espalda, tratando de ignorar el maldito montón de brasas que había entre sus piernas.
Lo sabía, tendría que haberla dejado en el auto.
—Pero, ¿sabes? Yo sé como podrías hacer para procurarme un macho adecuado ahora mismo.
¿Cómo podía ella ignorar lo que le estaba pasando en su cuerpo? ¿Es que no se daba cuenta de que quería…? Dios, no podía ni siquiera pensar esa palabra. Tal vez se estuviera haciendo la que no sabía.
—¿Cómo podría hacerlo, Nessa? —Preguntó, ignorante.
—Aliméntame tú.
Nunca podría haber predicho una reacción tan exagerada.
Zsadist se dio la vuelta y la fulminó con la mirada, mientras una furia helada exhalaba de él como una ola.
Se acercó rápidamente a la cama, apoyó las manos a cada lado de su cabeza y acercó su cara, obligándola a recostarse otra vez.
No entendía la razón por la que reaccionaba de esa forma. Era totalmente innecesario y… los malditos tatuajes en su cuello y muñecas significaban algo.
—Oh.
Que grandísima falta de tacto la de ella.
—Zsadist, lo siento…
—¿Crees que estoy obligado a darte de mi vena?
—No, no… No quise…
—Maldita seas si lo crees, hembra.
—¡No creo eso, Zsadist!
—No me digas, pequeña embustera.
Ahora, eso logró enojarla de veras. Puso las manos sobre el pecho de Zsadist y lo empujó. Él retrocedió unos pasos y ella aprovechó para levantarse y enfrentarlo. Gracias al cielo, no se cayó. Eso habría arruinado el efecto.
Le clavó el dedo índice en el pecho y le habló con dureza, tratando de ignorar las lágrimas que se estaban juntando debajo de sus párpados.
—Tú, pedazo de… No estaba tratando de aprovecharme de ti, no quiero aprovecharme de ti, sólo…
Él solo la fulminaba con la mirada, y aunque no fuera literal, ella sentía los dardos que sus ojos lanzaban clavándose en su piel. Un segundo de estupidez y había echado a perder la confianza que había logrado conseguir. No sabía con quien estaba más enojada, si con él o con ella misma.
—No lo dije para molestarte, sé que esos —señaló los tatuajes—, no son precisamente un souvenir de un lugar feliz… Lo dije por… Yo, yo…
—¿Por qué, Nessa? ¿Por qué lo dijiste? —Preguntó filosamente.
—Porque… ¡Porque para mí sería un honor alimentarme de ti! —Gritó cerrando los ojos y apretando los puños.
Zsadist refrenó su furia un momento, debido a la imagen que Nessa presentaba en ese momento. Parecía una niña pequeña pidiendo algo que, sabía, estaba muy por encima de ella, y aún así, quería.
Su erección llegó a un punto realmente doloroso mientras un extraño sentimiento lo invadió. No le encontraba sentido, era cálido… Sentía una enorme ternura hacia esa hembra.
Se quedó allí, quieto, mirándola, sin saber qué decir o qué hacer a continuación.
Nessa suspiró, aflojó los puños y dijo con apenas un hilo de voz:
—Lo siento.
Comenzó a caminar hacia la puerta, pero cuando pasó por su lado, la tomó del brazo, deteniéndola. La hizo girar hasta quedar frente a él, pero seguía con la mirada baja. Con su otra mano, le tomó el mentón e inclinó su rostro hacia arriba. Grandes lágrimas surcaban sus mejillas y veía en sus ojos grises que se encontraba horrorizada por estar llorando, por haber expuesto otra vez tan abiertamente lo que sentía.
Sin darse cuenta de lo que hacía, le limpió el llanto con sus dedos.
—No llores —fue casi un ruego.
—Oh, no, si no estoy llorando. Es la cebolla. Fritz debe estar cocinando algo con cebolla. Tal vez debería decirle que no la use tanto, porque detesto la cebolla, no me gusta, tampoco me gusta el tomate y el…
Apoyó el dedo índice sobre sus labios para interrumpir ese discurso tan absurdo. Se arrepintió al instante. La suavidad de esa boca envió una descarga por toda su espina dorsal. No entendía porqué lo hacía, pero debería admitirlo ante sí mismo: La deseaba. Profundamente.
Pero sabía que nunca la tendría, ella no querría y aunque quisiera… no podría mancillarla de esa forma.
Mía, pensó sobresaltándose. Quería, ansiaba, necesitaba estar dentro de ella. Y si no podía hacerlo de una forma, por Dios que lo haría de otra.
—Está bien, de acuerdo. Te daré de mi vena.
Ella se alejó un paso, negando con la cabeza. Los dedos le dolieron ante la lejanía de aquellos labios.
—Está bien, Z, no lo hagas. Fue muy desconsiderado de mi parte pedírtelo, sé que hay marcas que son imposibles de borrar, marcas que nos se ven y que son más perpetuas que esos tatuajes.
Lo miró a los ojos otra vez, y vio en ellos vejez y dolor. Otra vez, vio su mirada en los ojos de ella y detestó eso.
—Ven aquí —le dijo suavemente.
Quería borrar esa mirada de ella, quería su risa y su desfachatez, quería que se enojara y peleara con él. Pero no quería ver en ella a un igual.
La tomó del brazo otra vez y la arrastró, mientras caminaba hacia atrás, hacia una silla abandonada en una esquina. Se sentó en ella y luego atrajo a Nessa hacia su regazo. Su excitación no había remitido, pero no le importó. Quería sentirla cerca.
Ella se puso rígida e intentó levantarse, pero la retuvo con un apretón suave.
—Bebe de mí.
—Z, no seas idiota, no tienes porqué hacerlo, tienes tazón, hablaré con la Virgen Escriba y ella me conseguirá a otro macho…
—¡No! —Gritó.
Nessa se sobresaltó e intentó alejarse otra vez, pero de nuevo la retuvo, aunque no tan suavemente. La imagen de ella alimentándose de otro macho le repugnó, lo enfureció.
Mía.
Gruñó.
—Sólo aliméntate, ¿sí? —Le dijo sin demasiada cortesía.
Lo miró un momento, todavía dudando. Entonces tomó su muñeca.
Suspiró. Interiormente, le agradeció el gesto, ya que a pesar de que quería alimentarla, aún no estaba preparado para tener a una hembra alimentándose de su cuello.
Nessa le dio vuelta el brazo, dejando hacia arriba la cara posterior de la muñeca. Luego, con los ojos cerrados, comenzó a pasar dos dedos por el área del tatuaje.
—¿Qué estás haciendo? —Le preguntó cuando sintió un cosquilleo en la zona y como si se… mojara.
Abrió los ojos, pero no lo miró.
—Mi elemento es el agua, y los cuerpos están compuestos en un setenta por ciento por ella. Sólo estoy acumulando una mayor cantidad en esta zona para hacer la piel más suave, más frágil. Así no te dolerá cuando te muerda.
Quedó sorprendido y aterrado por sus actos. Quiso abrazarla. Quiso quitarla de un empujón y salir corriendo de allí. Quiso agradecerle, quiso protegerla. Pero por sobre todo quiso gritarle que se fuera de allí y lo dejará en paz, que no volviera a molestarlo, que se alejara de él para siempre. Esa hembra estaba salteando las barreras que había impuesto entre él y el mundo hacía mucho, barreras que ni siquiera a su gemelo le había permitido franquear.
Pero no pudo hacer nada, porque en ese momento ella lo mordió.
Era cierto, no sintió dolor. Pero sentía el tirón cada vez que ella chupaba y la deseó más que nunca.
Mía, mía, mía.
Y ella que creía que el chocolate era lo más delicioso que había probado en la vida.
Claro que eso fue hasta que probó su sangre.
La sangre de Zsadist tenía un sabor intenso, que le quemaba la boca con su calor y la llenaba de un poder inconmensurable. Era la sangre de un guerrero. De su guerrero.
El dolor que la sed le provocaba se iba borrando poco a poco y una alegría inmensa lo sustituía. Era así de simple. Bebiendo de la vena de Zsadist, ella se sentía feliz y dichosa como nunca se había sentido. Le había permitido alimentarse de él, la había acercado a su cuerpo, la estaba sosteniendo. Quería reír, pero ahora mismo tenía algo más importante que hacer: Llenarse de él.
Chupó con fruición, degustando el exquisito manjar que era su vena, queriendo que ese momento no acabase nunca y mantenerse ahí de por vida, bebiendo de él.
Sabiendo cuán escasa era la dicha en su vida, se dedicó a disfrutar del momento.
Diez minutos después, ella terminó. Separó la boca y le lamió la herida. Sabía que lo hacía para que cicatrizara más rápido, ¿pero cómo explicárselo a la cosa que tenía dentro de los pantalones?
Finalmente, Nessa se separó de él y se quedó parada en medio de la habitación, mirando hacia el suelo, balanceando un poco hacia atrás y hacia delante sobre sus pies. Tenía las mejillas sonrosadas. De nuevo le parecía solo una niña.
—Yo… Te lo agradezco, Zsadist, hijo de Ahgony. Agradezco el regalo de tu vena —dijo en  el idioma antiguo.
Sólo atinó a hacerle un gesto con la cabeza, y a continuación comenzó a ordenar las cosas que habían quedado esparcidas por ahí. Necesitaba un poco de distancia para calmarse, para centrarse de nuevo. Había estado demasiado cerca de ella, había cedido demasiado.
Cuando terminó de guardar sus armas, se volteó hacia ella, que seguía allí.
—¿Ya te sientes bien?
—Sep.
—¿Necesitas algo más?
—Nop.
—Bien.
—Bien.
Seguía allí, balanceándose y  sin mirarlo. El olor de ella le llegó de nuevo, más fuerte que antes. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ronronear. Ya la había alimentado, ¿no? Tenía que sacarla de allí ahora.
—¿Sucede algo? —No quería sonar grosero, pero lo estaba poniendo nervioso.
—Nop.
—¿Y por qué sigues aquí?
—Yo, estem…
—¿Quieres que te acompañe a tu habitación?
—No, no. Está bien, tienes razón, ya me voy.
Se dirigió hacia la puerta y la acompañó hacia allí, para abrírsela.
Cuando cruzó el umbral, se volteó y lo miró directamente a los ojos. Antes de que pudiera darse cuenta de sus intenciones, ella se puso en puntas de pie, estiró su cuello y le plantó un suave y casto beso en lo labios.
—Adiós —susurró, y luego se alejó corriendo sin mirar atrás.


Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: willow en Septiembre 06, 2009, 09:48:11 pm
 emot037 emot037
me encanta sigan asi
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Septiembre 06, 2009, 10:20:20 pm
(http://img193.imageshack.us/img193/1470/enlasnubes.gif)  Como me gusta  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: pauny en Septiembre 06, 2009, 10:36:02 pm
Ha valido la espera, esta muy bueno
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Septiembre 07, 2009, 08:43:35 am
emot021 emot021 emot021 emot021....sigan asi  emot040 emot040 emot040

me encanto!!...

no tarden mucho para le siguiente  emot025 emot025 emot025 emot025

Besos  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sonne en Septiembre 07, 2009, 10:41:01 am
me ha encantado, ha merecido la pena la espera  emot040
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Septiembre 07, 2009, 08:50:01 pm
me encantoooooooooooooooooooooooooo  :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: :emot014: emot031 emot031 emot031 emot031 emot031 emot031 emot031
lo habia esperado tanto a este capitulo... no se tarden tanto con el proximo que la paciencia ya deje de cultivarla  :emot015: :emot015: :emot015: :emot015: :emot015: :emot015:
besos  emot024
yyyyyy muchisimas gracias!!  :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:
continuen asi!!1  :emot020: :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Septiembre 16, 2009, 12:38:18 am
Necesito más  emot026 emot026 emot026 emot026

Me ha dicho el médico que es necesario para mi bien funcionamiento neuronal  emot025 emot025

Ayudarme en mi dolor y poner más  :emot003:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Septiembre 16, 2009, 06:29:46 am
ohhhh si ...chicas... necesitamos medicación permanente  :emot015: :emot015: :emot015:
 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
como dijo kenya el doctor es muy estricto sin medicacion no hay cura  :emot015: :emot015: :emot015: :emot019: :emot019: :emot019:
queremos otra otra otra  emot026 emot026 emot026 emot027 emot027
desde ya muchas gracias por deleitarnos con sus relatos  :emot018: :emot018:
besos  emot024 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Septiembre 21, 2009, 06:43:58 am
gente linda necesitamos  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
nuestra dosis diaria  :emot011: :emot011: :emot011: :emot011: :emot011: :emot011:
 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot008: :emot008:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Septiembre 23, 2009, 07:34:51 pm
Son malas personas  :emot003:

Hay que cuidar más a los fans  emot023

Un capi  emot026  emot025
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Septiembre 27, 2009, 08:15:57 am
vamos chicas no nos hagan desear tanto  :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:
estoy que no doy mas  :emot017: emot033 emot033 emot033
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Octubre 11, 2009, 08:30:58 pm
Necesito más  :emot003: :emot003:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: greta en Octubre 12, 2009, 06:34:17 pm
pero qe ha pasado, porque tardan tanto, esto no puede seguir asi, nos estamos muriendo hace ya tiempo que lo esperamos, lo dogo con todo el buen rrollo del mundo :emot019:
pero que de verdad estoy impaciente :emot015:


podriamos hacer munekitos con protesta :emot020:


gracias emot037
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Octubre 16, 2009, 07:26:57 am
pero qe ha pasado, porque tardan tanto, esto no puede seguir asi, nos estamos muriendo hace ya tiempo que lo esperamos, lo dogo con todo el buen rrollo del mundo :emot019:
pero que de verdad estoy impaciente :emot015:


podriamos hacer munekitos con protesta :emot020:


gracias emot037
Necesito más  :emot003: :emot003:

chicas estamos desessssspppeeerrraaaaaaadasssss  :emot007: :emot001: emot030
quiero otro capi  emot026 emot026 emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Octubre 16, 2009, 10:38:58 am
NECESITAMOS MAS CAPISSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!  :emot007: :emot007: :emot007:

 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 18/10)
Publicado por: Roz en Octubre 19, 2009, 12:54:17 am
Sólo queremos disculparnos por no haber colgado un capítulos en tanto tiempo  emot025 Así que sin más, acá se los dejo  emot024



CAPÍTULO 21


Wrath se estaba preparando para salir. Estaba completamente armado, su cuerpo cubierto de cuero negro, sus armas protegidas de la vista por el largo sobretodo negro. Cuando terminó de revisar sus armas, las Beretta con sus respectivas balas, las dagas negras de la Hermandad y sus infaltables estrellas arrojadizas. Suspirando, molesto, se dirigió en busca de su hembra.
Sus hermanos hacía rato que se habían marchado en grupos como se había designado en la reunión, con la diferencia de que ellos se habían demorado a causa de la discusión que tuvieron.
Diablos, toda esta situación lo ponía de mal humor. No quería que ella saliera a patrullar con la amenaza del híbrido al que no sabían como eliminar pesando sobre sus cabezas. Pero claro, la hembra era tan malditamente terca y el que no saliera a patrullar estaba fuera de discusión para ella. Había probado todas las maneras posibles de convencerla: enfadándose, prohibiéndole, hasta casi se lo había rogado tratando de hacerle entender su miedo a perderla, pero no había logrado nada, solamente que lo mirara altiva y el ácido comentario que le lanzó antes de marcharse contoneando las caderas: Cuando tú ni siquiera estabas en la mente de tus padres, yo ya asesinaba lessers y protegía a la raza, Wrath. No me subestimes.
Y ahora allí estaba él, esperándola en  el vestíbulo, como el maldito macho emparejado que era, temeroso de que le sucediera algo a su hembra, y salir con ella esa noche era la única forma que tenía de asegurarse de que nada le sucediera. Confiaba en las habilidades de Raysa, pero el temor a perderla era tan grande que su corazón dolía y no quería ni siquiera pensarlo.

Arriba en su habitación, Raysa guardaba sus dagas y el celular. Recorrió con la mirada la hermosa habitación mientras sonreía. Ya no era su habitación, debido a que últimamente pasaba más tiempo en la habitación de Wrath. Sólo iba allí a cambiarse de ropa o prepararse como ahora para salir a luchar.
Estaba vestida de negro como la noche, pantalones de cuero que se adherían a sus piernas y a su redondeado trasero, una camiseta ajustada sin mangas, botas estilo motorista y un sobretodo que escondía las dagas de la mirada de los extraños. Su largo cabello rubio estaba sujeto en una trenza que acariciaba su espalda.
Miró la hora y maldijo mientras recorría la casa con paso presuroso hasta llegar a lo alto de la escalera. Allí pudo verlo. Se detuvo para mirarlo y el amor que sintió por él la golpeó de lleno en el pecho.
Sintiendo su presencia, Wrath se volvió a mirarla y se acercó al final de la escalera para esperarla, mientras la observaba bajar con gracia felina.
—¿Lista, leelan? —Preguntó con voz ronca, mientras su entrepierna latía de deseos de tumbarla allí mismo y poseerla.
Ella sintió su deseo y la necesidad de tenerlo dentro suyo casi la hace olvidar todo, pero la imagen del híbrido lastimando a sus hermanas pasó por su mente. Cuadró los hombros y pasó al lado del macho mientras le decía:
—Más que lista. Nos vemos en el ZeroSum —agregó mientras desaparecía.
Wrath apareció a su lado en un parpadeo.
En silencio fueron caminando por las calles vacías donde sólo se escuchaban sirenas de vez en cuando.
Estaban recorriendo un parque cercano cuando ambos giraron con brusquedad ante el inequívoco aroma de talco para bebés.
En seguida, entre las sombras de los árboles, pudieron divisar a cuatro lessers acercándose a ellos.
Wrath pudo sentir como su cuerpo se tensaba preparándose para la lucha y giró un momento para contemplar a Raysa.
La hembra estaba en posición de lucha. Una mano se encontraba perdida en su espalda, tanteando ya sus dagas, mientras no despegaba la mirada de los lessers. La observó con admiración y en ese momento comprendió su necesidad de luchar.
Los lesser se dividieron, dos de ellos se desviaron hacia Wrath y dos hacia la hembra.
En ese mismo instante uno de los que se acercaban al macho cayó con un gemido mientras se tomaba la garganta, tratando de detener la hemorragia que había causado la estrella arrojadiza al cercenar la vena. Quedó tendido en el asfalto, debilitado por la pérdida de sangre, pero sin duda aún con vida.
Con uno fuera de combate, embistió con fuerza contra el otro, pateándolo con fuerza, haciendo que se doblara, pero no notó que el lesser sacaba un cuchillo y se reponía rápidamente buscando lastimarlo. Wrath saltó hacia atrás evitando apenas que el cuchillo cortara su estómago. Hizo una barrida con sus largas piernas tomando desprevenido al lesser que no pudo apartarse a tiempo, tampoco demoró en agazaparse contra el débil cuerpo y enterrar la daga con saña, justo en donde alguna vez estuvo el corazón, haciendo brotar la negra sangre, acabando con su vida. Se acercó al primer lesser que había atacado y terminó con su trabajo.
Luego giró rápidamente para ayudar a su hembra pero se detuvo abruptamente ante lo que vieron sus débiles ojos. Era como si estuviera contemplando una danza antigua, Raysa se movía con tal rapidez que con cada movimiento sorprendía con un golpe a los lessers antes que pudieran atacarla.
Raysa se sentía viva, la adrenalina que corría por su cuerpo era increíble. Golpeó en el estómago a uno de los lessers, haciéndolo caer de rodillas mientras giraba y descargaba una fuerte bofetada sobre el otro, haciéndolo retroceder. Con furia, vio como sacaba un arma de fuego y le apuntaba. Sin dudar un segundo sintió su poder recorrer su cuerpo. La tierra tembló unos segundos.
Lo último que pudo ver el lesser armado fue como cambiaban los ojos de la guerrera, oscureciéndose antes de que la raíz saliente de uno de los árboles cercano lo perforara justo en el lugar donde debería estar el corazón, dejándolo caer sin vida mientras el arma chocaba contra el suelo emitiendo un seco sonido.

Sin darle tiempo al lesser que había golpeado primero, descargó una patada en su barbilla haciéndolo caer hacia atrás varios metros y en un parpadeo desenfundó una de sus dagas hundiéndola en el blando, abriéndolo, antes de que estallara en una voluta de humo.
Se irguió lentamente mientras limpiaba su daga, la enfundó mientras giraba lentamente.
Wrath se acercó a la hembra con el corazón latiendo furiosamente. Había dejado de respirar por un momento cuando había visto que la apuntaban con un arma… Estuvo a punto de actuar cuando el movimiento en la tierra lo frenó y pudo ver como terminaba con la vida del lesser con la ayuda de su poder.
Diablos, ahora comprendía cómo las hembras salieron victoriosas en tantas batallas. Si el poder de Raysa lo sorprendió, aún sin utilizarlo demasiado, el poder de las cuatro guerreras combinado debía ser algo impresionante y sumamente peligroso.
Raysa lo miró a los ojos mientras Wrath cerraba distancias y se acercaba a ella con grandes zancadas.
Antes de que pudiera hacer algún movimiento o articular palabra, el macho la tomó entre sus enormes brazos aplastándola contra su cuerpo, haciéndola consciente de lo mucho que la deseaba, aún más luego de verla luchar contra sus enemigos.
Gimió mientras entrelazaba los brazos por el grueso cuello masculino, abrió la boca para dejar entrar la lengua del macho que se hundió en ella, explorándola con pasión y a conciencia, mientras ella lo tentaba succionándola, llenándolo de promesas de largas horas de sexo.
Wrath se sacudió cuando sintió la respuesta de su hembra. Mía, la palabra llenó su mente mientras se separaba brevemente de su boca para mirarla, se quitó las gafas y la observó nuevamente. Mientras acariciaba su boca le daba breves besos, la lamía y daba mordiscos suaves, tentativos.
—Te amo, leelan. Demonios, ¡como te amo! —Dijo antes de tomar nuevamente su boca, pero con un beso distinto, penetrándola lentamente, retirándose y avanzando con ese ritmo tan familiar para sus cuerpos.
Estuvieron unos largos minutos besándose, disfrutando de la cercanía y la pasión.
Con renuencia se apartaron. Con una camaradería recién descubierta, los guerreros limpiaron la zona, juntaron los frascos. Borrando toda evidencia de lucha, dieron un último vistazo y destellaron a la mansión.


Wrath se encontraba sentado en su oficina muy pensativo.
Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo.
Maldición, se dijo a sí mismo. No podía seguir dando largas al asunto, tenían una nueva amenaza muy grande frente a ellos, debía asumir su responsabilidad, ocupar el lugar que le correspondía por nacimiento, aunque eso significara dejar de luchar junto a sus hermanos.
No había vuelta atrás… la decisión estaba tomada.
Con un hondo suspiro se puso de pie y desapareció de la habitación.
Destelló en el otro lado, se volvió y la vio, parada junto a la fuente.
Se acercó lentamente, pero con paso firme y se arrodilló ante la figura femenina, inclinando la cabeza.
La dulce voz sonó clara:
—Guerrero, es todo un honor tu visita. Sé a que has venido, pero aún así quisiera escucharlo de tu boca —le dijo en tono majestuoso.
Wrath cuadró los hombros, inspirando con fuerza. Tenía la decisión tomada y aún así le costaba que las palabras salieran.
—Virgen Escriba… —aspiró hondo nuevamente—. He decidido que ante las circunstancias adversas por las que está atravesando la raza, necesitan un líder…. Yo… He decidido hacer honor de mi linaje y asumir como rey para guiarlos —las últimas palabras salieron con un gruñido.
La pequeña figura se acercó un poco más, echó atrás la capucha descubriendo su cabeza, antes de soltar una risilla que hizo que el cuerpo del macho se tensara.
—¿Este cambio en tu actitud, guerrero, es sólo por eso? Hace siglos que no me buscas, ni tú ni tus hermanos. Haz roto tu compromiso con la shellan que eligieron tus padres para ti, te vinculas con otra hembra que no es adecuada ¿y piensas que tomando esta actitud no voy a decir nada con respecto a todo lo que hiciste o hagas de aquí en más? Estás equivocándote, guerrero —soltó enfadada.
El macho irguió la cabeza de un tirón cuando la Virgen Escriba mencionó a su hembra. Había acudido al Otro Lado para informarla de la decisión, no para que juzgara sus actos y menos aún a la hembra que había elegido como compañera.
—Por favor no malentienda mi visita, Su Santidad —gruñó Wrath mientras escuchaba el grito ahogado de la Virgen Escriba—. Vine hasta aquí para darle lo que pensé que sería una noticia que le alegraría. Quería contarle de mi decisión porque me gustaría que trabajemos juntos. En cuanto a Raysa, es la hembra que elegí como mi shellan, no hay ninguna otra para mí —le contestó mirándola fijamente. Su tono de voz, no dejaba nada a discusión sobre sus sentimientos, pero tampoco faltaba el respeto a la Virgen Escriba.
Con sus débiles ojos pudo notar como se esforzaba tratando de calmarse ante la notable falta de respeto del macho.
—No voy a hacer alarde de mis poderes ni voy a castigarte por esta actitud, pero eso no significa que esté de acuerdo con lo que haz hecho. No te acostumbres a esta faceta mía, porque no la volverás a ver —le reprochó con tono suave pero a la vez firme—. Sin embargo, si esas elecciones y esos cambios te trajeron hasta aquí ahora y te llevan a hacerte cargo de tu pueblo después de tantos siglos, que así sea —le dijo mientras retrocedía dejando en el aire un aroma a lilas.
Wrath no se incorporaba aún cuando soltó la última noticia:
—Voy a tomar a Raysa como mi shellan, Su Santidad. Será mi reina, si ella me acepta.
La figura se detuvo en seco ante sus palabras y giró lentamente volviendo su atención a él.
El macho pudo sentir su enojo, su furia, pero no iba a desdecirse. Amaba a Raysa, amaba a esa terca guerrera, se había apropiado de su corazón antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Si estaba allí en ese momento, aceptando sus responsabilidades, era por ella. Por el macho que quería ser para ella. Para vivir esta nueva etapa con ella a su lado para apoyarlo. No podía esperar para pedírselo como debía.
La Virgen Escriba soltó una irónica risita.
—Siempre y cuando acepte compartir la enorme responsabilidad que implica reinar a tu lado. ¿Estás totalmente seguro de que te ama bastante como para abandonar todo lo que conoce por emprender contigo este camino, guerrero? ¿Realmente, en lo profundo de tu corazón, crees que te ama lo suficiente? Yo que tú, se lo hubiera preguntado antes de presentarte ante mí en forma tan irrespetuosa. Pero ve, guerrero, habla con ella. Si te acepta, yo misma presidiré la ceremonia de unión —le respondió ahora seria y pensativa, antes de acercarse—. Levanta tu mano, quiero que ella lleve esto —dijo colocando en su mano un anillo de oro con un rubí engarzado del tamaño de una nuez.
El macho cerró su mano sobre la joya. El Rubí Saturnino.   
—Voy a tratar de ser un buen rey para nuestra raza, Analisse —le dijo suavemente—. Deseo que trabajemos juntos, que devolvamos a nuestra gente la esperanza. Me gustaría contar con tu ayuda —finalizó casi con un susurro.
La Virgen Escriba suspiró y la tensión la fue abandonando.
—Tienes mi ayuda, guerrero. Devolvamos la gloria a nuestra raza. Ahora márchate, hay mucho trabajo por hacer —le dijo mientras se dirigía nuevamente hacia la fuente dando por finalizada la charla.
Wrath se incorporó con agilidad y destelló hacia la mansión.


Raysa aporreaba con energía el saco, descargó una serie de patadas mientras se movía con facilidad alrededor, girando y descargando patadas y puñetazos.
Hacía rato que estaba en el gimnasio. Había pasado por la oficina de Wrath para pedirle que se uniera a ella en el entrenamiento, pero no lo había encontrado. Nadie sabía donde estaba. Se sentía ansiosa, no sabía por qué. Además, ¿qué decir sobre la felicidad que estaba experimentando, nada normal en su vida? pensó, mientras fruncía levemente el ceño.
Sintió ese particular hormigueo en el cuerpo y giró con una sonrisa para encontrar a Wrath que la estaba observando.
El macho observó la silueta de la hembra, vestida sólo con un top de color oscuro y unos shorts del mismo color que apenas le cubrían el redondeado trasero, dejando las largas piernas al descubierto.
Su deseo se disparó aún más cuando sintió su aroma a jazmines. No tuvo tiempo de acercarse, ya que ella lo hizo corriendo frenando a último momento frente a él, insegura.
Estiró los brazos y la rodeó, acercándola a su cuerpo.
—¿Qué sucede, leelan? ¿No me echaste de menos? —Le preguntó mientras mordisqueaba sus labios, instándola a abrirlos para él.
Gimiendo, la hembra entrelazó un brazo por su cuello, mientras con la mano libre le acariciaba los sedosos cabellos, apretando su cuerpo contra el del macho, sintiendo como su erección presionaba contra su estómago.
Con un gruñido tomó su trasero y la levantó mientras sentía como la hembra le rodeaba las caderas con las piernas, se encaminó hacia una de las camillas de ejercicios que había en el lugar.
—Te extrañé, Wrath —gimió entre beso y beso. Sentía como las manos del macho recorrían su cuerpo, deteniéndose en sus pechos, masajeándolos.
 Wrath estaba totalmente fuera de control. Se quitó la chaqueta y al tirarla al suelo, el anillo que se encontraba en el bolsillo salió rodando, recordándole el motivo por el que estaba allí. ¡Demonios! Había ido con el propósito de hacer las cosas bien con la hembra y no pudo contener su deseo. Esta vez haría las cosas como debía.
Con un gemido, se apartó de Raysa, sorprendiéndola.
—¿Sucede algo malo, Wrath? —Le preguntó al sentir que se apartaba de ella.
Acarició su rostro mientras le sonreía de forma tranquilizadora. Se inclinó y tomó el anillo.
—Hay algo de lo que tenemos que hablar, Raysa. No te preocupes, no sucedió nada malo, te busqué porque hay algo que quiero pedirte… o más bien, preguntarte —le dijo con voz profunda.
Raysa se incorporó mientras lo miraba extrañada, ya que no lo había visto así nunca.
—Vine aquí a buscarte con una sola intención —le dijo mientras entrelazaba su mano libre con la de ella y la miraba fijamente, deseando con todo su ser poder verla con claridad—. Raysa, quería pedirte que fueras mi shellan —le dijo con un susurro.
Raysa boqueó por la sorpresa que le causaron las palabras del macho. Sintió un calor en el pecho y las lágrimas se agolparon en sus ojos, al mismo tiempo que una sonrisa amorosa se dibujaba en sus labios. Iba a contestarle cuando se dio cuenta que no había terminado de hablar.
—Hay más, leelan, hay más cosas que debes saber antes de darme una respuesta —le dijo mientras la preocupación surcaba su rostro—. Si me aceptas como tu hellren, hay obligaciones que vendrán junto con eso, obligaciones que cambiarían nuestras vidas para siempre. Debes saber que acepté liderar nuestra raza. No voy a pelear más junto a la Hermandad, ya mi deber será otro. Desde hoy y hasta el fin de mis días haré honor a mi herencia y seré el rey que debí ser desde hace tiempo —escuchó como contenía el aliento ante su noticia y se forzó a continuar con una calma que estaba lejos de sentir—. Y si tú aceptas, si aceptas acompañarme y compartir tu vida conmigo, estarás aceptando éstas condiciones, Raysa. Al ser el pilar de la raza deberemos desempeñar otras actividades y ser más cuidadosos con nuestra seguridad, mantenernos a salvo y eso implica que ya no podrás salir a pelear, leelan. Tendremos otras peleas, pero ya no más como las de ahora —le dijo mientras sentía que el aire desaparecía de su cuerpo, dejándolo exhausto. Nunca se había sentido tan expuesto o vulnerable como ahora, de pie frente a la hembra que amaba.
Raysa trataba de asimilar todo lo que había dicho Wrath. Le había pedido que fuera su shellan, pero las cosas no serían como antes. Su cuerpo se tensó al recordar su última frase, la que había frenado su rápida respuesta: Ya no podrás salir a pelear, leelan. Tendremos otras peleas, pero ya no más como las de ahora. Sacudió la cabeza tratando de aclarar su mente. Levantó la mirada y vio su cabeza baja. Incluso en esa postura, su porte era orgulloso. Su guerrero. No, no más su guerrero… Su Rey. Su corazón se detuvo mientras caía realmente en cuenta de toda la situación.
No podía hacerlo, pensó con pánico, no podía decirle que sí. Amaba a ese macho con toda su alma, pero… dejar de luchar… Era todo lo que sabía hacer, era todo lo que conocía, era en lo que realmente se destacaba. Dejarlo… y para siempre…
Inspiró nuevamente, tratando de hablar. Miró a Wrath nuevamente mientras sentía las lágrimas correr por sus mejillas, la garganta se le cerró ante el dolor que estaba experimentando. Cuando sintió que el macho levantaba la cabeza y clavaba la mirada en ella, su cuerpo se tensó aún más.
Wrath sintió el cuerpo de la hembra tan tieso que supo que la respuesta no era la que esperaba. Deseó no haberse apresurado, por un instante quiso volver el tiempo atrás y borrar todas las decisiones tomadas, anheló ser sólo el guerrero que ella conocía, el que no tomaba en cuenta su linaje ni sus obligaciones, al que solo le interesaba la lucha. Pero era en vano, se había convertido en otro debido a su amor y ver que ella no se sentía de la misma forma, que su amor no era tan profundo como el suyo, rompió su corazón en mil pedazos.
Se aclaró la garganta, sonrió tristemente y con voz ronca por la emoción murmuró mientras acariciaba sus labios suavemente con los dedos:
—Debí esperar algo así. la Virgen Escriba me lo anticipó y no quise tenerlo en cuenta. No debí asumir que todo saldría como quería, que tomarías las mismas decisiones que yo y aceptarías todo sin decir palabra. En parte, el hecho que discutas conmigo y que no aceptes todo lo que ordeno es una de las cosas que hizo que te amara como lo hago. Es tan irónica la situación — dijo mientras se iba alejando, con los hombros hundidos, arrastrando los pies como si el peso del mundo descansara sobre sus hombros.
Raysa gimió de dolor ante sus palabras y mientras lo veía marcharse ahogó un sollozo.
—Wrath, espera, por favor —dijo mientras corría y lo tomaba del brazo. Su corazón se negaba a dejarlo ir sin explicarle todo lo que sentía—. No entiendes, yo…
—No te preocupes, Raysa, esto pasará. No debí apresurarme.
La hembra tomó su rostro entre las manos y lo obligó a mirarla.
—No entiendes, Wrath. Necesito pensar. Por favor, no creas que no te amo. Todo esto me tomó por sorpresa, jamás imaginé que al despertar y venir aquí me sucederían tantas cosas, ni siquiera en sueños creí que alguien podría amarme como tú lo haces. Necesito poner en orden mi cabeza, todo es tan confuso… Lo único que tengo claro es que te amo, pero no puedo abandonar a mis hermanas, no puedo abandonar la lucha. Es todo lo que conozco, es lo que soy. Y sin embargo, la sola idea de renunciar a uno u otro hace añicos mi corazón.
Wrath gruñó con fiereza, sobresaltándola, mientras tomaba su rostro con sus enormes manos:
—No eres solo eso, Raysa. Eres una hembra íntegra, una hembra de valía, dulce y fuerte a la vez, terca, sincera, amorosa, tierna y podría seguir enumerando tus cualidades por un buen tiempo. Podría decirte cada detalle que hizo que te amara como lo hago, pero necesitas descubrir eso por ti misma. No voy a presionarte. Sabes lo que siento, sabes que quiero compartir mi vida contigo. Hice mi elección y ahora debes pensar que quieres para tu vida. Yo  te estaré esperando —le dijo antes de besarla posesivamente en los labios.
Raysa apoyó su frente contra la del macho unos segundos antes de que él se marchara con paso enérgico.
—Dame tiempo, Wrath —gimió antes de caer de rodillas mientras los suaves sollozos sacudían su cuerpo. Sentía su corazón totalmente dividido. Quería correr para alcanzar al macho y por otro lado no quería abandonar la vida que siempre conoció, dejar de ser la guerrera que siempre fue. Sacudió la cabeza nuevamente mientras pedía con desesperación a la habitación vacía—.  Por favor, dame tiempo, no quiero elegir —finalizó sabiendo que era imposible. Había llegado el momento de optar por una vida al lado del macho que amaba u otra vida llena de batallas al lado de sus hermanas…



Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 18/10)
Publicado por: Roz en Octubre 19, 2009, 12:54:45 am
CAPÍTULO 22



Sabía que estaba desobedeciendo a Wrath, pero esto lo tenía que hacer solo.
No quería poner en riesgo las vidas de sus compañeros, sobretodo la de Kytara, ya que si algo le pasaba... iban a perder al Poli, como había pasado con Thor.
Desde hacia unos días que no le perdía el paso a un grupo de cuatro lessers que trabajaban en conjunto en un edifico de oficinas abandonadas a unas cuadras de la autopista.
Se encontraba agazapado a un costado de un Chevi del ‘69 abandonado, totalmente destrozado por las pandillas de las zonas.
De la nada, apareció una camioneta 4x4 negra, que estacionó frente al edificio, de ella salieron los lessers e ingresaron en él.
Entonces llegó la hora de actuar. Mirando a los costados y viendo que no había ningún humano a la vista, se materializó frente la puerta del edificio, se fue adentrando en total silencio y recorriendo pasillos hasta que dio con unas voces.
Al final, había resultado ser un centro de información. Tres de los lessers se encontraban en frente de unas máquinas y el cuarto pasaba información por el teléfono móvil, que estaba leyendo de unos informes.
—Sí, señor K, los informes revelaron que la sangre administrada lo está alimentando perfectamente. Déjeme ver mejor… —pasó algunas hojas hasta dar con lo que quería—. Sí, la que mejor tolera es la de aquellos que han pasado por la transición. Parece que tiene un compuesto de total vitalidad. No, no quedan con vida ya que son drenados por él.
—¡Malditos desgraciados! —Vishous intentaba controlarse, quería lanzarse al ataque y exterminarlos en ese momento… pero todavía no.
Y de la nada se escucho una explosión, seguida de una picazón en la espalda.
—¡Uno de ellos está aquí!—Gritó un lesser detrás de él.
Y se desató el infierno.
Ruido de detonaciones se comenzaron a oír desde distintas direcciones. Si éste iba a ser su final, no lo encontraría escondido como una rata. Con un rugido de guerra, los enfrentó en una pelea cuerpo a cuerpo.
Para cuando terminó, sabía que estaba mal y que no faltaba mucho para que llegaran más enemigos. Tomó su celular y marcó el número de la última persona que quería molestar.
—Poli… estoy en problemas.


Dos horas hacían que estaban en la clínica de Havers,  esperando saber cómo se encontraba Vishous.
Fue trasladado de urgencia luego de una pelea con unos lessers, que lo descubrieron cuando se encontraba tratando de averiguar el paradero del híbrido.
Butch se paseaba por el pasillo frente a la habitación.
Kytara entendía su preocupación.
En este corto tiempo que los conocía, se había admirado de la relación entre Butch y Vishous, eran muy buenos compañeros, unos grandes camaradas.
No se asombró cuando Butch le contó que una vez V lo engañó dándole de tomar  una copa con su sangre y gracias a esto lo pudieron encontrar luego de  ser tomado como prisionero por lessers bajo la orden del Omega.
Estuvo apunto de perder la vida, pero el Omega tenía otros planes para él.
Durante el cautiverio, éste había experimentado con Butch, suplicio del cual salió con vida.
Cuando lo descubrieron, estaba muy mal herido y fue llevado de urgencia al sanatorio y puesto en cuarentena. Sobrevivió a este percance, pero más tarde descubrieron que el Omega había puesto un trozo de su cuerpo dentro de Butch.
Haciendo una especie de conexión que a la vez le trajo como consecuencia que cada vez que pelearan y exterminaran a uno de ellos, los absorbiera como si  fuera una aspiradora y de ese modo, no volvieran a su creador al ser eliminados.
Cumpliendo de este modo la profecía escrita en  los libros sagrados, donde decía que un enviado vendría trayendo la llave para destruir al Omega. El Destructor.
Aunque en este momento el enviado estaba por traspasar la puerta, muerto de preocupación.
—Butch…  —se tuvo que levantar del asiento—. Nullum, irrumpiendo en la habitación como un loco no vas a ayudar a V —se acercó abrazándolo por detrás.
—Lo sé, pero le dije que no fuera solo, ¿y él qué hizo? —Se sentía muy reconfortado por tener a Kytara a su lado, ella lo calmaba.
—Irse solo sin decirle nada a nadie, sobre todo sin avisarte, ¿no? —Butch giró para abrazarla mejor—. Te entiendo, pero recuerda que a V le gusta trabajar solo. Lo sé, a ti no te gusta, pero él creyó que hacía lo mejor.
—¡Joder! Lo sé, lo sé, pero te juro que si el bastardo llega a morirse… lo mato —soltó un gruñido—.  ¿Qué demonios hacen que no dicen nada? ¡Esto me exaspera! ¡Maldición!
 —Nullum, tranquilo, no grites porq… —sus palabras fueron cortadas cuando se abrió la puerta de la habitación, de donde salieron un médico con tres enfermeras. Una de ellas llevaba toda clase de instrumentos ensangrentados. Otra guiaba un carrito con gasa y tubos de suero.
Havers se acercó a ellos quitándose el estetoscopio del cuello y llevándolo al bolsillo del delantal.
—Bueno, el paciente presenta cuatro orificios de bala en su espalda que le produjeron una importante pérdida de sangre. Gracias a que ustedes lo trasladaron rápidamente, no hubo nada que lamentar. Las balas pudieron ser sustraídas —se llevó una mano a las gafas y se las quitó para limpiarlas, su rostro reflejaba cansancio—. Tuvimos que sedarlo para que se recuperara. Llamaré a Wrath para decirle que se quedará internado por unos días para chequear su mejoría.
—De acuerdo, no se preocupe, esta noche me quedaré para que cumpla las ordenes —conociéndolo a V, eso iba a ser lo ultimo que haría—. Gracias, Havers —cuando quiso darle la mano, el doctor lo miró con cara de pocos amigos. Lo mismo había pasado la vez que revisó a Kytara luego del ataque.
— Cualquier cosa, busque a la enfermera. Con permiso —y pasó a su lado, mirándola a Kytara y al hacerlo, su mirada se suavizó. La guerrera era tan hermosa como habían dicho. Se quedo viéndola, era la primera vez que le pasaba desde que había muerto su compañera. Carraspeó para disimular, e inclinó la cabeza a modo de saludo—. Señorita.
—Doctor —se hizo a un lado para que pasara. Se giró hacia su nullum—. Que dulce, ¿no? —Y soltó una risita, al descubrir que Butch, no opinaba lo mismo—. Bueno, me dijo señorita.
—Sip, un ejemplo de buen comportamiento y modales —no le gustó nada la forma en que miró a su guerrera. Y encima a ella le causaba gracia—. Un buen ejemplo, ¿no?
—Sí, podría decirse que sí —tenia ganas de soltar una carcajada que a duras penas se estaba reprimiendo. Si sus hermanas pudieran ver la cara del guerrero, ya estarían en el piso destornillándose de la risa—. Pero por suerte esa clase de personas me agradó demasiado. Son demasiado… copetudos.
La tomó de la cintura acercándola nuevamente hacia él.
—Que suerte la mía —Inclinó la cabeza para darle un beso.
Kytara le devolvió en beso, envolviéndole el cuello con los brazos. Luego de unos minutos le dijo:
—En verdad, sí la tienes  —le dio un breve beso—. Voy por café.
Se marchó hacia la cafetería. No le pasó desapercibida una mujer que venía caminando por el pasillo y que, al verlos, se giró y volvió sobre sus pasos.
Cuando llegó al mostrador, pidió los cafés con unas rosquillas. Cuando les fueron entregados, volvió al pasillo cónde estaba la habitación de V. Iba muy tranquila, pero antes de doblar en la esquina escuchó unas voces y se detuvo al comprender que pertenecían a Butch y a otra persona que no conocía.
—No sé qué quieres, Marissa, pero entendí muy bien el mensaje cuando te fuiste —su voz sonaba enfadada, pero a la vez era como si tratara de hacer entender a una criatura su mala acción.
—Lo sé, Butch, y no te imaginas como lo lamento. Cada segundo que pasé alejada de ti me hizo comprender que te amaba y que no me importa lo que piense mi hermano —la voz de la mujer estaba cargada de lágrimas de un llanto nada reprimido.
Al escuchar esta declaración, Kytara quiso arrancarle la cabeza del cuello a la mujer. ¿Quién se creía que era para hablarle de esa manera a Butch? Su Butch. Pero antes de hacer nada, quería saber más acerca de ella.
—¿Amor, Marissa? ¿Tú qué sabes del amor? No me hagas reír —estaba realmente enfadado—. De veras, no sé para qué volviste. Y para que te quede claro, no me interesa.
—Lo sé, te vi... —la voz de la mujer reflejaba un profundo lamento—. Es una de las guerreras, ¿no?
—¿Qué sabes de ellas?
—Todos sabes que las despertaron de un largo sueño, aunque nunca se había oído hablar de ellas. Dicen que son una leyenda, que son las primeras guerreras de la raza y que fueron sumidas en un sueño cuando por fin una camada de machos nació para protegernos en los primeros tiempos. Que son grandiosas. ¿Es verdad?
—Sí, es verdad. Son únicas. Valientes, decididas y no dudan ni un segundo cuando tienen que dar la vida por la Hermandad —Su voz estaba cargada de orgullo. Lo que provocó una sonrisa en Kytara.
—Todo lo que no fui... Ella... ¿Es igual? —Se notaba que lo que preguntaba la mujer no era por malicia o resentimiento al haber perdido a su hombre por otra contrincante que supo jugar mejor sus cartas.
—No tengo por qué hablar de Kytara contigo. Y ahora, si me disculpas, tengo que cuidar de Vishous.
—Butch, por favor, necesito saberlo.
—No, Marissa. No lo necesitas.
—Sí, necesito saberlo. Quiero saber…
Se escuchó un suspiro de Butch, lo estaba meditando.
—Ella... es mi otra mitad. La amo —en su voz se notaba la seguridad que una persona siente cuando sabe que sus sentimientos son compartidos.
—Era lo que necesitaba saber. Sólo… espero que te cuide como yo no supe hacerlo. Adiós, Butch.
—Adiós, Marissa —se escuchó que una puerta se abría y se cerraba.
Unos tacos anunciaban que la hembra se estaba acercando. Cuando dobló, se encontró con Kytara.
Se miraron, analizándose la una a la otra. En otros tiempos podrían haber sido rivales, pero por la decisión de una, nunca llegaron a hacerlo.
La mujer era rubia, delicada, elegante, aristocrática. No podía negarse que era hermosa, fácilmente se la podía imaginar al lado de Butch. Es más, podía entender por qué se había fijado en ella.
Marissa miraba a la guerrera. Era media cabeza más baja que ella. Do pudo dejar de admirar el color antinatural de sus ojos, eran de un azul profundo, tirando a violetas. El contraste que formaban con su piel tan blanca era maravilloso. De ella emanaba un aire de seguridad que electrizaba el ambiente. En su rostro no se podía leer nada y no podía asegurar que hubiera oído la conversación con Butch.
—Disculpe, no la vi —toda ella la ponía nerviosa.
—Está bien, estaba en medio del paso —era increíble que estuviera hablando como si nada con esta hembra, cuando hacía unos segundos la quería lejos de Butch. Y si era posible, con un mar de por medio. Es más, gustosa la habría acompañado hasta el aeropuerto más cercano.
Marissa se hizo a un lado para que siguiera su camino. Ambas entendieron la señal: le dejaba el camino libre y no se iba a meter en medio de ellos.
Aunque no era necesario, ya que con gran placer le haría ver su posición a la civil, pero antes tenía que saber más de esta relación que habían compartido.
Como Kytara no avanzó, Marissa le tocó brevemente el brazo.
—No sé si escuchaste, pero quiero que sepas que no me voy a meter entre ustedes. Él es especial.
—Lo sé y por eso lo amo. Pero aclárame un punto. Si es especial, ¿por qué no lo quieres recuperar? —Kytara la miró a los ojos para que supiera que era sincera y que no se andaba con medias tintas—. Que te quede claro, por lo mío lucho a muerte y no voy a permitir que nada ni nadie lo separe de mí. No lo digo para que me temas, es sólo mi postura.
Marissa retiró la mano.
—Lo sé y les deseo lo mejor. Sé que no me ama y al verlos juntos… —la voz de Marissa se distorsionó, conteniendo un sollozo—. Quiero que sepas que me alegra que sea feliz. Te sonará raro, pero él se lo merece. Fui una tonta y no luché por lo que tuvimos, me dejé dominar por el temor y lo perdí. Ya no seré parte de su vida, pero me conformo con saber que es feliz —sus ojos estaban brillaban por las lágrimas contenidas—. Adiós, y que la felicidad siempre los acompañe.
Kytara supo que Marissa era sincera, se notaba que era un ser noble sin maldad, que por miedo perdió a su amado. Si sólo hubiera sido valiente, tal vez ahora estaría con Butch… Pero, ¿qué estaba diciendo? ¡Gracias al cielo que había sido una cobarde! Si no, ahora la que no estaría con Butch seria ella. ¡Cielo Santo! ¿Qué le estaba pasando?
Desde hacía días que estaba distinta, hasta su cuerpo estaba cambiando. Sabía que era por el entrenamiento intensivo que tenía con sus hermanas.
Sacando el pensamiento de su cabeza, emprendió la marcha hacia el cuarto de V. Cuando abrió la puerta, encontró a Butch en los pies de  la cama mirando a su amigo, que estaba dormido debido a los sedantes.
Cuando Butch sintió a Kytara se dio la vuelta. Debió advertir algo en su  rostro ya que enarcó una ceja, un hábito que había tomado de ella.
—¿Pasó algo? —Vio que dejaba los cafés con las rosquillas en una mesa y se acercó a él.
—Nada importante —se quedó mirándolo, y sonriendo le dijo—: ¿Te dije que te amo?
—Mmm... Creo que hoy no —trató de leer sus ojos—. ¿Por?
—Por nada —apoyó las manos en el pecho del guerrero y poniéndose en puntas de pie, le dio un beso—. Te amo, Nullum.
Sí, algo había pasado. Lo sintió en Kytara. Era muy mala tratando de engañarlo, ya que era ir contra ella misma. Una vez se lo había confesado luego de una fogosa tarde que pasaron cumpliendo cada uno la fantasía del otro.
Sintió que su cuerpo cobraba vida. Quería volver a repetir la experiencia. Se obligó a controlarse y recordando la visita de Marissa, sintió la necesidad de contarle esa parte de su pasado para que no hubiera secretos entre ambos.
—Ky, tengo algo que decirte…
—Luego, Butch. Tenemos que cuidar a V.
Y ambos se acomodaron en un sillón que había en la habitación.



Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Octubre 19, 2009, 01:45:20 am
 emot024 emot024 emot024 emot024 emot024

Gracias por poner mas  emot035
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Octubre 19, 2009, 06:00:36 am
hay chicas me dejaron  emot036 emot031 :emot003: queriendo massssss  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot038 emot038 emot038
para cuando otra??? y con nessa que paso??? pensaba que el capi 21 era otro mas de ella???
bue es que me encanta esta historia.
 sigan asi. las felicito. :emot020: :emot020:
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: macky37 en Octubre 19, 2009, 11:32:31 am
   ¡¡¡ AL FIN!!!! emot035 emot035 emot035 emot035
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Roz en Octubre 26, 2009, 01:14:51 am
Chicas, muchas gracias por seguirnos  emot024 Acá les dejo otro capítulo.
¡Disfrútenlo!



CAPÍTULO 23


Nessa miraba hacia el techo, recostada en su cama. Ya eran las cinco de la tarde y en unas horas anochecería. Había dormido profundamente toda la noche y la herida del brazo se había curado casi por completo, gracias a que se había alimentado.
Se había alimentado.
De Zsadist.
De repente, se sintió como si estuviera volando y algo en su estómago cosquilleaba sin cesar, causándole un curioso placer.
Frunció el ceño y la sensación se acabó.
Las palabras que Leliel le había dicho en el otro lado, las palabras que había logrado erradicar de su mente porque no tenían sentido, habían vuelto con fuerza a atosigarla en este manso despertar: “No puedes negar lo que te pasa con Zsadist”.
La verdad, era que le gustaría poder hacerlo, pero a las pruebas debía remitirse. Esa encuentro en los jardines, las miradas durante la reunión, cuando se alimentó.
Jamás había sentido esa necesidad por la sangre de un macho. Se había acostumbrado desde siempre a soportar la sed por largos periodos y solo se alimentaba cuando la Virgen Escriba la llevaba hasta el Primale de turno o al macho que hubiera seleccionado para la ocasión y la obligaba a ello. No es que no le gustara alimentarse, era solo que… no quería hacerlo. Pero había pasado mucho, mucho tiempo desde la última vez que hizo y estaba tan acostumbrada a ese tirón en su estómago, a la extraña sensación en la cabeza, que no se había dado cuenta de cuán al límite estaba, hasta que vio la sangre de su guerrero derramándose en ese callejón oscuro.
Su guerrero.
¿Qué maldita locura se había apoderado de ella?
No podía negarlo, ya no podía negarlo más. Debía aceptar lo que su hermana había dicho, pero de sólo pensarlo una angustiosa desesperación se apoderaba de ella.
¿Por qué él? ¿Por qué Zsadist?
No podía negar que Zsadist le gustaba.
Siempre había sabido que era una maldita loca irracional, pero esto ya era el colmo. ¿Cómo podía gustarle Zsadist?
Le gustaba enfrentarse con los otros y él se le había enfrentado.
Le fascinaba afrontar nuevos retos, y él se lo había brindado.
La persecución era su juego favorito, y eso era lo que había hecho con él.
Necesitaba confiar en alguien, y él la había escuchado.
Tenía hambre, y él la había alimentado.
La pregunta era: ¿Cómo podía no gustarle?
Se dio la vuelta, escondió la cabeza bajo la almohada y suspiró. Era una idiota.
En realidad, me gusta todo esto, le dijo la voz en su cabeza.
—Eso es porque eres mi torturador auto—incorporado —le respondió molesta.
Se puso boca arriba de nuevo, volviendo a suspirar. Le lanzó una mirada envenenada al techo, ya que era lo único que tenía para mirar.
Si lo reconocieras… comenzó la voz en su cabeza.
—¡Cállate! —Le espetó.
No era tan fácil, de ninguna manera era soplar y hacer botellas. ¿Por qué Zsadist? Phury hubiera sido mejor, con toda su caballerosidad y su buena presencia y esos preciosos ojos amarillos. Incluso Vishous con su problemita de la mano soy—más—efectiva—que—el—sol—del—mediodía hubiera sido una opción más apropiada. Pero no, de todos los hermanos, a ella tenía que gustarle el único loco, traumado, misógino, psicótico, asesino sin lealtades, oscuro y sin alma.
Sobre gustos no hay nada escrito, sentenció la voz con aire de superioridad
Genial, ni siquiera ella misma apoyaba su propio razonamiento. Zsadist era peligroso, era un gran riesgo que le gustara porque… ¿qué hacer para convencerlo de que…?
Cortó el hilo de sus pensamientos abruptamente mientras se sentaba de golpe con una mirada horrorizada dibujada en el rostro. ¿Estaba haciendo planes? ¿Acaso estaba… enamorada?
¡Tin, tin, tin! ¡Te has ganado la licuadora!
—Si fueras un ente sólido, juro que te metería el sarcasmo por el…
El sarcasmo tampoco es sólido.
—Buscaría un buen sustituto.
Supéralo, niña.
Se dejó caer contra el colchón. ¿Cómo no iba a estarlo? Todo ese tiempo en el gimnasio… Para ser un vampiro que odiaba la compañía de cualquiera, no había ni chistado por la suya. La había aceptado. ¿Y en las calles, luchando? Por favor, la protegía. Y ella a él. No la había juzgado cuando supo su pasado, sólo la había exaltado. Y le había dado de su vena cuando lo necesitó, a pesar de que debía resultarle una tortura.
Y como para no dejar lugar a dudas, estaba ese estúpido impulso que había tenido la última vez antes de despedirse. Y es que el contacto entre con sus labios le había sabido a gloria…
Tal vez estuviera equivocada, no sabía nada acerca de esos sentimientos. Tal vez debiera consultar con sus hermanas…
He dicho: SU—PÉ—RA—LO.
Estaba tan jodidamente enamorada de Zsadist.
Y entonces, por un momento, por un dichoso y breve momento, la felicidad de sentir algo nuevo, algo bueno, lo mismo que sus hermanas, embargó cada rincón de su cuerpo y su alma, abrumándola. Pero luego, todo se volvió negro, frío, vacío. ¿Qué clase de futuro le esperaba a ella?
Nessa se dio la vuelta, enterró la cara entre las almohadas y lloró.


Habían vuelto de patrullar más temprano de lo esperado. Leliel había tenido que auto—combustionarse cuando se vio rodeada por un grupo de ocho lessers.
Rhage estaba a unos metros de ella, junto con Phury revisando a los lessers que ya habían matado.
Leliel estaba comenzado a rastrillar la zona, cuando de la nada apareció un grupo importante de ellos, no tuvo tiempo de darles aviso a los machos. De repente se vio envuelta en una batalla donde llevaba todas las de perder, por lo que cuando una seguidilla de fuertes calambres la desestabilizó, no tuvo más remedio que llevar a cabo su brillante—show—muy—caliente, provocándole la muerte instantáneamente al grupo que la rodeaba.
 Esta explosión no pasó desapercibida para Rhage, quien en seguida sintió una opresión en el pecho y luego el grito de su hembra.
Intentó correr hasta donde estaba ella, pero Phury lo detuvo. “No es conveniente que se acerquen hasta que no vuelva”, le había dicho Leliel una de las primeras noches que salieron.
Rhage no tardó mucho en zafarse del agarre de su hermano y comenzó a correr, para llegar junto a ella.
Donde antes había estado Leliel, ahora había un montículo de cenizas.
La hembra no tardó demasiado en volver a surgir.
Pero tanto como para Phury, como para un extremadamente preocupado Rhage, fue una eternidad.
Por un momento tuvo mucho miedo de perderla. De no volver a sentir más sus besos, el calor de su cuerpo. No tendría con quien pelear, ni mucho menos quien lo peleara.
Tanto les había costado estar juntos, poder pelear contra la maldición había sido todo un logro para ellos. Rhage no podía sobrevivir a la idea de perderla, de tan sólo pensarlo… se le cerraba el pecho y no podía respirar.
Cuando Leliel volvió, la estrujo contra su cuerpo, haciendo que ella soltara varios jadeos. Luego de haberla arropado con su abrigo, la cargó en brazos hasta el auto.
Entonces habían vuelto a la mansión y ahora, luego de haberle proporcionado un baño, la veía descansar.
No cabía en sí de felicidad por la hembra que el destino le había enviado. A pesar de estar furioso con la Virgen Escriba por la maldición que sufría ella… le agradecía el haberle dado la vida que le dio, ya que de otra manera  jamás se hubieran conocido.
Leliel había pasado gran parte de la madrugada quejándose por algunos dolores y la temperatura de su cuerpo se había elevado notablemente por la noche, algo que Rhage atribuyó a la combustión. Siempre quedaba muy débil y sensible.
 No supo cuando se quedo dormido… pero se despertó sintiendo los besos de ella en su espalda.
—Mmm… ¿vas a tardar mucho más en despertarte, gràdh? —Preguntó mientras lamía suavemente su espalda, recorriendo el contorno del tatuaje.
En seguida, Rhage estuvo duro y listo para adentrarse en ella. Se giró para quedar acostado de espaldas, la tomó de la cintura y la colocó sobre su prominente erección. Acto al que Leliel respondió gustosa.
Estuvieron todo el día y la noche encerrados en la habitación.
Por suerte, ese día les tocaba descansar.
Leliel parecía nunca saciarse de él y Rhage estaba más que dispuesto a complacer a su hembra. A la guerrera que tanto amaba, con quien ya estaba vinculado… pero ahora quería mas.
Ella ya llevaba su aroma impregnado en todo su ser, ahora él debía llevar marcado su nombre en la piel.
Leliel estaba degustando una porción de pastel que le había traído Rhage, después de que lo dejara escapar unos minutos de entre sus brazos mientras se daba un baño.
Había sido un día muy activo para ambos.
Leliel supo el terror que sintió Rhage cuando ella se consumió en cenizas y debido a eso sufría por él, tenía miedo a nunca más surgir, de nunca más…
Pero Rhage interrumpió sus pensamientos.
—No pienses en eso, tahlly —susurró mientras se colocaba detrás de ella rodeando sus piernas con las de él. Besó su nuca y ella instintivamente reaccionó dejando escapar un sensual gruñido.
—Gràdh, ¿qué ocurre? —Preguntó. No era necesario verlo a los ojos para saber que algo tramaba. No hacía siglos o meses que estaban juntos, pero ambos sabían perfectamente leer lo que sentía el otro.
Era una conexión extraordinaria la que había entre ellos. No la comprendía, simplemente la aceptaba gustosa.
—¿A qué viene la pregunta? —Susurró en su oído mientras torturaba el lóbulo de su oreja.
Leliel negó divertida y se giró para quedar frente a él enredando también sus piernas en su cintura.
—Mmm… porque te conozco —besó sus parpados—, y sé cuándo tramas algo a mis espaldas —dijo mientras continuaba besando su rostro.
Rhage tomó una de las manos de ella y la besó suavemente.
—¿Sabes? Anoche sufrí mucho cuando… —ella lo silenció con un beso—. Sí, lo sé —dijo, entendiendo el mensaje—. Pero eso no quita que sufra cada vez que estás en peligro —Rhage besó su frente—. Leliel…  — dijo muy nervioso.
Ella entrecerró los ojos, divertida.
—Vamos, guerrero, suéltalo de una vez por todas —comentó impaciente, mientras le proporcionaba besos en su cuello, hombros y pecho.
Entonces él respiro profundo.
—Sabes… te prometo que tendremos épocas difíciles. Pero también te prometo que en algún momento uno de los dos o quizás los dos querremos dejarlo todo y huir lejos —besó nuevamente su mano y volvió a tomar valor—. Pero te puedo asegurar que si no te pido que seas mi shellan, me arrepentiré durante el resto de mi vida, porque sé en lo más profundo de mi ser que estás hecha para mí, y sólo para mí —dijo besando con recelo sus labios.
Leliel estaba sorprendida por las palabras del guerrero. De su guerrero, se dijo a sí misma sintiendo como el orgullo y la necesidad de reclamarlo como suyo completamente la invadía.
—¿Qué dices, tahlly? ¿Me aceptas como tu hellren? —Preguntó esperando con ansias la respuesta
Leliel sonrió y lo besó profundamente, esta vez con un sentimiento de posesión y necesidad. Dios, lo necesitaba dentro de ella. Quería estar llena de él.
Rompió el beso entre gruñidos.
—Sí, sí que acepto, Gràdh. Quiero que seas mi hellren, sólo mío —volvió a besarlo profundamente.
Rhage se separó de ella un momento.
—En seguida regreso, tahlly —dijo, sonriendo al ver su expresión de desolación cuando rompió el abrazo y comenzó a caminar hacia su cómoda. Volvió rápidamente con una pequeña cajita de terciopelo negro. Se acomodó delante de ella—. Sabes… hace algunos años atrás, cuando lo integrantes de la Hermandad ni siquiera teníamos la idea de unirnos, ni mucho menos el vivir juntos, le salvé la vida a un civil —habló con la mirada medio perdida y ella supo que estaba reviviendo ese momento una vez más.
Leliel se limitó a observarlo de manera dulce. Eso era lo que amaba de él, la pasión con la que hacía las cosas. Sonrió, feliz, al saber cuánto lo amaba.
—Como te decía, ésta era una hembra ya bastante mayor, iba caminando por la calle con sus dos nietos. Unos lessers quisieron atacarlos. Después del ataque, ella había quedado muy perturbada así que los acompañe a su casa y en agradecimiento por haberlos salvado, me hizo un regalo —se sonrió al recordar la situación—. No quería ningún regalo, pero ella insistió. Sus nietos eran lo más preciado que tenía porque su único hijo había muerto junto con su nuera por un ataque. Entonces me regaló este anillo —dijo, sacando una alianza de oro blanco. En el centro llevaba una piedra azabache y a su alrededor llevaba seis pequeñas piedras Alejandrita que parecían tener un extraño color, todo el conjunto formaba una hermosa flor—. Me dijo que algún día iba a encontrar a mi hembra, quien me ayudaría a estar en paz con mi bestia interior —Rhage tomó el anillo y se lo colocó en el dedo anular de su mano izquierda—. Sé que esa hembra eres tú, tahlly. Te amo —susurró.
Leliel no cabía en sí de felicidad, no sabía si llorar o abrazarlo o saltar… comenzó a reírse como tonta y se lanzó a sus brazos, llenándole la cara de besos.
—Te amo, te amo, Rhage. Eres quien calma mi maldición, pero no te amo por eso, lo hago porque eres un macho excepcional, de quien me enamoré aquel día en el gimnasio —dijo, adueñándose de su boca, mientras que con su mano tomaba su miembro y lo guiaba a su humedad.
Él sonrió gustoso, sabía lo que vendría luego…
El resto de la noche, siguieron amándose de mil formas distintas. Ambos se necesitaban más que nunca. Querían sentirse. Querían poder amarse y complacerse mutuamente.
Ya nada ni nadie los iba a separar…



Continuará...


Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Octubre 26, 2009, 05:59:24 am
 :emot017: :emot017: NO NO NO SE VALE... COMIENZAN CON NESSA Y TERMINAN CON LELIEL.. OJO NO ME QUEJO PERO ME DEJAN CON LA ESPINA .... POBRE...  :emot015: :emot015: :emot015: :emot015: :emot015:
 ME ENCANTOOOOO
 SIGAN ASI..  :emot020: :emot020: :emot014:
 BESOTES
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sonne en Octubre 26, 2009, 09:54:50 am
Lo echaba de menos  :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: alathea en Octubre 26, 2009, 09:16:53 pm
 emot036 Gracias pero  :emot017: se me ha hecho corto y quiero maaaaaaaas  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
 emot024  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Noviembre 01, 2009, 03:46:33 am
 :emot007: :emot007: :emot007: :emot007:. quiero mas de nessa!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Noviembre 01, 2009, 07:52:36 am
me sumo  a´la peticion  emot026 emot026 emot026 emot026
 queremos a nessa  emot026 emot026 emot030 emot030
 emot040 emot040 emot040
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 01/11)
Publicado por: Roz en Noviembre 01, 2009, 10:48:27 pm
Bueno, he aquí el nuevo capítulo de esta semana.
Las que piden por Nessa, van a tener que esperar un poco más. Tarde o temprano tiene  que volver xD



CAPÍTULO 24


Raysa hacía días que se encontraba en su habitación. No quería bajar a comer. Cuando sus hermanas entraron, la encontraron hecha un ovillo, en un rincón del cuarto con las piernas pegadas a su cuerpo mientras los suaves sollozos la sacudían y las lágrimas humedecían sus mejillas. En su mente repasaba la charla que había tenido con Wrath constantemente.
Unos golpes en la puerta la sacaron del estado en que se encontraba
—¿Raysa? ¿Estás? —Era Kytara, quien desde hacía unos momentos sentía una profunda angustia que provenía de una de sus hermanas. En el camino, cuando se dirigía al cuarto de Raysa, se había cruzado con Nessa y Leliel, ya que ellas también lo habían sentido—. ¿Podemos pasar?
Raysa se incorporó lentamente mientras trataba de recomponerse y les contestó con voz ronca:
—Sí, por supuesto —dijo mientras se limpiaba el rostro con las manos tratando de borrar inútilmente el rastro de las lágrimas.
—Sí, sí, supongo que ni un kilo de maquillaje puede tapar ese desastre — dijo Leliel en broma mientras sobre una mesita dejaba un té de tilo—. Te va a hacer muy bien. Siéntate, tómalo y mientras nos cuentas por qué hace días que desapareciste de la mansión —dijo sentándola a la fuerza en el sillón.
Sonrió levemente sin poder evitarlo ante las palabras de Leliel.
—Hace algunos días cuando entrenaba, Wrath apareció allí —dijo mientras todas la miraban con cierta ironía ante sus palabras.
—Nai, nai —dijo Leliel levantándose—. Me niego a escuchar alguna de tus chanchadas y mucho menos si son en el gimnasio. Con las ideas de Ky me alcanza —dijo observando a Kytara, quien se sonrojó profundamente.
—¿Estamos aquí por Raysa, ok? —Miró a Nessa que se mordía los labios tratando de no reírse de las palabras de Leliel—. ¿Ray, qué sucede?
Raysa se mordió los labios antes de continuar:
—Wrath me dijo que me amaba y me preguntó si quería ser su shellan, todo formalmente —anunció mientras miraba a sus hermanas con tristeza.
—Oh. Disculpa que no me ponga a berrear yo también —dijo Nessa sin entender—. ¿Por qué estás llorando? ¿Acaso no lo quieres? —Preguntó haciendo caras.
—Lo amo de una forma que jamás imaginé posible, pero ése no es el problema —continuó—. Wrath va a asumir como Rey, dejará de liderar la Hermandad y ya no peleará.
—Ajá... ¿Y? —Preguntó Leliel, impaciente, mientras jugaba con dos bolas pequeñas de fuego.
—¿Y por eso estás llorando? —Dijo Nessa tratando, con unas gotas de agua, de apagar las llamitas de Leliel.
Raysa las miró mientras de su boca escapaban las palabras que no quería ni pensar.
—Si acepto ser la shellan de Wrath, debo dejar, como él, de pelear. Él no puede ponerse en riesgo de muerte y su shellan tampoco. Debo tomar la decisión más difícil, seguir peleando al lado de mis hermanas como lo hice toda mi vida, o aceptar a Wrath y este nuevo estilo de vida.
Leliel la miró, ahora seria.
—¿Cuántas veces en tu vida tuviste la oportunidad de ser feliz junto a alguien? Nunca. ¿Cuántas veces un macho te pidió que seas su shellan? Nunca. ¿Cuántas veces en tu vida te enamoraste? Nunca —hizo una pausa meditando las palabras, entonces habló nuevamente—. Creo que no te pide nada anormal. Sabías quién era y sabías que en algún momento iba a asumir. Si lo amas, lo amas con defectos y virtudes, con la profesión, puesto o linaje que sea.
Raysa sintió las lágrimas escapar de sus ojos nuevamente.
—Dios, como odio estar tan malditamente sensible desde que llegué —murmuró para sí misma antes de mirar a Leliel y responderle—. No comprendes, Leliel, ser una guerrera y defender a la raza es lo único que siempre hice. Sólo sé pelear. ¿Cómo podría estar a su lado siendo de ésta manera? Cuando vea como soy realmente y que no conozco otras cosas va a arrepentirse y no quiero ser testigo de eso, no quiero que se avergüence de mí.
—Rhage aceptó que todo su linaje fuera maldito por estar conmigo. Ayer me pidió que sea su shellan —las tres hembras la miraron sorprendidas y Leliel sintió como una punzada de vergüenza la invadía—. Sí, yo… no quería decirles todavía, pero Raysa me obliga a hablar antes de tiempo. Queremos hacer la unión lo más pronto posible —observó a Nessa—. No, Ness, no estoy embarazada. Sabes que no puedo tener hijos. Pero eso no viene al caso. Raysa, Wrath sabe que eres una guerrera y va a saber tenerte paciencia para cuando dejes de patrullar, por lo que tú también tienes que tenerle paciencia a él. Esto es un constante dar y recibir —respondió Leliel
—¿Tú también te vas a unir? —Kytara se acercó a su hermana y  la abrazó—. Soy en verdad muy feliz por ti, Leliel.
—Nada de “también”. Raysa no le dio una respuesta a Wrath, ¿no es así? —Dijo Nessa.
Raysa sacudió la cabeza mientras miraba a Leliel.
—Estoy feliz por ti, hermana, de verdad que sí. Es sólo que no sé qué hacer... Quiero gritarle que acepto,  pero a la vez tiemblo de miedo ante la vida que me espera si acepto ser su sellan
—¿Sabes? No te entiendo —dijo Nessa—. Tienes todo servido en bandeja y lo vas a desperdiciar. Lo vas a dejar pasar por una estupidez como la lucha. ¿Que mejor manera de pelear que teniendo poder? Podrías hacer muchas cosas —habló molesta.
Leliel la observó y sonrió.
—Coincido con ella. Creo que te estás quejando de llena, Raysa —dijo levantándose de su lugar—. Cualquier otra hembra mataría por estar en tu lugar. Y tú estas quíá llorando porque nunca más vas a volver con un brazo roto o cubierta de sangre negra, jamás vas a tener que volver a convivir con la incertidumbre de saber si vas a volver esa noche a casa, o lo que es peor, el no saber si tu macho va a regresar. No te entiendo, definitivamente no te entiendo.
Raysa las contempló con cierto asombro al comprender realmente la nueva vida que se le presentaba con la propuesta de Wrath. Sus hermanas, como siempre, con las palabras adecuadas habían logrado hacerle ver lo que su mente se había empeñado en anular. Realmente no perdía nada, al contrario, ganaba en todos los aspectos. Por fin su vida estaría completa,  con sus hermanas a su lado, como siempre junto a ella y ahora también un macho que la amaba y al que ella le correspondía.
Un murmullo escapó de sus labios mientras miraba a sus hermanas:
—Dios, ¿cómo pude estar tan ciega? —Les preguntó, sentándose en la cama.
Nessa dejó escapar un suspiro cansado, pero Kytara le tapó la boca.
—No lo sé. Pero me alegro de que hayamos logrado ayudarte —dijo Leliel, divertida—. Ahora, ¿les puedo pedir algo? —Dijo un tanto apenada.
Kytara dejó libre a su hermana.
—Lo que quieras, Lel.
—¿Me ayudarían a arreglarme? —Dijo haciendo círculos pequeños con el pie—. Es que no sé cómo debo estar vestida para la ceremonia de emparejamiento.
Raysa se incorporó riendo por primera vez con alegría mientras se acercaba a su hermana.
—Serás la novia más bonita que se haya visto hermana —le dijo mientras la abrazaba.
Leliel entrecerró los ojos.
—Nai, nai. Simplemente pido que me ayuden —dijo con agitando un dedo acusador—. Nada de usar todas esas cosas que siempre usan ustedes, ¿estamos? —Dijo amenazadora.
—Usarás lo que se necesite usar —Kytara ya saboreaba la ocasión—. Vas a ser la primera en unirte y serás lo mejor de lo mejor.
—Ya te veo… Con una corona de flores, velo, vestido largo como el de una princesa y blanco virginal —Nessa lo describía perfectamente—. Un acontecimiento sin igual en la Hermandad.
—No, no. Nada de eso —Dijo Leliel levantando las manos—. Además, odio el blanco. ¿Aún no te has dado cuenta?
Raysa la miré escudriñándola.
—Pues elige el color, pero nada de negro —se adelantó.
Leliel simuló llorar.
—¿Por qué? Yo y mi maldita bocota —dijo melodramática—. Está bien, púrpura, el mas oscuro que exista —se encaminó hacia la puerta—. Y ahora, si me permiten, me voy. Tengo un macho esperándome en el gimnasio. Dijo algo de que Butch le dio una idea acerca de no sé qué —dijo divertida mirando a Kytara.
Ésta se puso toda colorada.
—Mi nullum y su bocota. Yo también me retiro. Le tengo que enseñar a mi compañero cuándo se tiene que callar —y se encaminó detrás de Leliel—. Y Ray, toda la suerte del mundo. Sorprende a tu guerrero —le tiró un beso y se marchó.
Nessa se encogió de hombros.
—Supongo que me iré a torturar un poco a mi entrenador —dijo, sabiendo por demás que se moría por verlo. Aún más después de lo acontecido la última vez y de lo que se había dado cuenta respecto de sus sentimientos. Mientras salía pensativa de la habitación de Raysa haciéndole un vago gesto de despedida con la mano, se preguntó si no debió haber hecho su propia confesión.
Raysa quedó pensativa luego de ver marchar a sus hermanas… Sorprender a su guerrero. Era una muy buena idea, se dijo mientras en su mente empezaba a elaborar un plan de seducción para su futuro hellren.


Raysa  se abrazaba mientras recorría la habitación, sus pies descalzos no sentían el frío del suelo. Estiró nuevamente la camisa de Wrath que llevaba puesta, no llevaba nada debajo de ella. Había escogido esa camisa negra por su suave material y porque aún podía sentir en ella levemente el aroma de su futuro hellren.  
Dios, esperaba que pudiera perdonarla por dudar ante su propuesta. Quería compensarlo por todo el tiempo de espera, y aunque no fue mucho, supo por comentarios que le hizo Fritz esa tarde que no estaba del mejor de los humores. Bueno, esperaba poder suavizar las cosas, ya había hablado con sus hermanas y con los guerreros pidiéndoles que los cubrieran porque esa noche no saldrían a patrullar, tenía otros planes para esa noche.
Un ruido en la puerta la hizo salir de sus pensamientos, ahí estaba su hellren, el macho al que amaba con todo su ser. Salió de las sombras y se dejó ver.
Wrath se frenó en seco cuando captó el suave aroma a jazmines de su hembra, al instante se puso duro. Cuando la vio surgir de la oscuridad, su pene se tensó aún más en sus pantalones, incomodándolo. Ella llevaba puesta su camisa, solo los últimos botones estaban prendidos y aunque le quedaba grande, dejaba al descubierto el inicio de sus senos, cubría sus piernas solo lo necesario, dejando ver los cremosos y firmes muslos. Se sintió complacido en extremo al verla con su ropa, y más le agradó la idea de quitársela, pero luego se tensó al recordar su último encuentro… Ella no había aceptado ser su shellan, al menos no en el momento en que se lo había propuesto. Le pidió tiempo para pensar y aunque sabía que era normal que lo necesitara para asimilar las cosas, le había herido que no lo aceptara al instante. Al verla ahí y de esa forma quería olvidar todo y hacerla suya hasta que lo aceptara como su hellren. Sin embargo enfrió su expresión y le preguntó con expresión taciturna:
—Raysa, ¿qué haces aquí? Deberías estar preparándote para salir a patrullar. Le pedí a Fritz que te avisara que esta noche saldrías con Kytara y Butch, ya que yo debo hacer otras cosas —le dijo mientras se quitaba los anteojos y la chaqueta para luego tirarla con descuido sobre la silla, dejando al descubierto su magnífico torso, los musculosos brazos con los tatuajes de su linaje.
Raysa se acercó un paso hacia él. Ella sabía que de cierta forma merecía que fuera reservado,  pero también tenía un poco de miedo de que se hubiera arrepentido de su propuesta.
—Esta noche no voy a salir Wrath, porque si tu propuesta sigue en pie… me gustaría quedarme con mi futuro hellren y demostrarle cuanto lo amo—murmuró sin dejar de acercarse.
Pudo sentir el momento exacto en que el macho asimiló sus palabras, el momento justo en que contuvo la respiración. Aún así, no hizo ningún movimiento para acercarse a ella.
El macho sintió la excitación de ambos en el ambiente, quería tomarla, pero primero quería estar seguro de sus sentimientos, quería que estuviera segura. Ella era su corazón, él simplemente no quería que fuera infeliz, aún si eso implicaba que no estuvieran juntos.
—Mi propuesta siempre seguirá en pie, Raysa, ¿pero eres conciente de todo lo que implica ser mi shellan, de todo lo que debes dejar atrás? Porque puedo asegurarte que no será fácil, para ninguno de los dos —le preguntó con un murmullo ronco.
La hembra extendió la mano para acariciar su rostro y él pudo débilmente ver el Rubí Saturnino brillando en su mano. De todas maneras, se obligó con la poca fuerza de voluntad que le quedaba a no moverse.
—Me tomé el atrevimiento de colocármelo, pero si te molesta, lo colocaré nuevamente sobre la mesa de noche —mientras trataba de asimilar el comportamiento aparentemente desinteresado y tenso del macho, comenzó a girar su rostro para que no viera las lágrimas que amenazaban con salir.
Se sobresaltó ante el gruñido animal que escapó de los labios de Wrath, antes de sentir como la tomaba con fuerza por la cintura, acercándola a su cuerpo mientras apoyaba la frente contra la suya.
—Tanto ese anillo como mi corazón te pertenecen, leelan, y siempre debes llevarlos contigo. —hizo una pausa para tragar—. Entonces, ¿ésto quiere decir que me aceptas como tu hellren? —le dijo mientras la besaba con delicadeza.
Raysa tomó su rostro entre las manos y esta vez no contuvo las lágrimas.
—Claro que te acepto como mi hellren, Wrath. Sé que me demoré un poco en darte la respuesta, pero me costó entender que no estaba perdiendo nada. Verás no estoy abandonando nada, al contrario, gano al amor de mi vida y aún tendré a mis hermanas conmigo. Estoy segura de que tendremos batallas, mi hellren, sólo que éstas serán en otro campo —le dijo mientras le daba pequeños besos en la mandíbula—. Solo hay un pedido que quiero hacerte,quiero que la ceremonia sea después de que eliminemos al híbrido. Quiero pelear junto a mis hermanas esa última batalla —le rogó mirando los hermosos ojos claros.
—Mi leelan, esa será nuestra última batalla, ya que también es mi deseo pelear junto a mis hermanos. Cuando acabemos con él, tú y yo tendremos una bella ceremonia de unión. Ahora basta de de tanta conversación y déjame mostrarte con mi cuerpo y mis palabras cuanto te amo —le dijo.
Raysa se alejó un poco mientras sacudía la cabeza dejándolo sorprendido.
—No, mi hellren, deja que te muestre cuánto te ama tu shellan —le dijo mientras tomaba su boca son pasión.
Hundió su lengua en la boca masculina recorriéndolo por completo, no dejando lugar sin explorar, mordisqueó los labios, lamió su boca con sensualidad mientras lo escuchaba gemir y sentía como sus manos se deslizaban por su espalda hasta situarse con precisión sobre sus nalgas, abarcándolas con sus enormes manos. Sin esfuerzo la levantó y la depositó con suavidad sobre las sábanas negras, se alejó un momento disfrutando de la vista de la hembra en su cama  y con solo su camisa cubriéndola.
Raysa fue desprendiendo uno a uno los botones, hasta quedar totalmente expuesta a su ardiente mirada, sin el menor rastro de vergüenza, extendió su mano para atraerlo hacia su cuerpo.
Wrath gruñó ante la vista de la hembra desnuda y dispuesta para él. Fue recorriendo las delgadas piernas mientras depositaba suaves besos por donde antes habían pasado sus manos, lentamente fue subiendo y la tomó con la boca, lamió, succionó mientras escuchaba como su nombre escapaba de los labios de Raysa justo en el momento en que se corría en su boca, llenándolo con su sabor dulce. Sin darle tregua introdujo su lengua en ella, imitando lo que haría después con su pene, inició un lento ritmo de entrada y salida, cuando sintió que el orgasmo nuevamente iba a golpearla comenzó a dar suaves golpeteos con la lengua contra su clítoris, haciendo que la liberación llegara casi al instante.
Mientras los espasmos iban pasando fue subiendo, lamiendo y torturando su ombligo, luego llegó a sus senos y tomo uno con la boca, lamiéndolo con fruición, raspándolo con los colmillos, provocándole nuevos estremecimientos. Siguió subiendo hasta que llego a su cuello, donde inspiró con fuerza el olor a jazmines que desprendía su hembra, llenándolo de posesividad, lamió su cuello y comenzó a torturar con las manos su vagina, acariciándola con pereza, deleitado por la respuesta desinhibida de ella, que movía suavemente las caderas y se frotaba contra su mano.
Raysa gemía mientras su sangre se convertía en fuego líquido que recorría su cuerpo, si Wrath continuaba haciendo eso, ella no podría hacer lo que se había propuesto, él continuaba vestido completamente y quería ser ella esta vez la que le proporcionara placer a su hellren. Haciendo acopio de lo que le quedaba de voluntad lo apartó suavemente.
Wrath la miró sorprendido al sentir que se apartaba de él. Lo hizo girar hasta hacerlo quedar de espaldas contra el mullido colchón. Se incorporó en la cama, se deshizo de la camisa y expuso su cuerpo a la ávida mirada masculina, lo montó a horcajadas, sin prisa le quitó la camiseta, depositando suaves y húmedos besos por su cuello y el torso, torturándolo como lo había hecho él. Con una sonrisa llevó sus manos a la cintura del pantalón, tocándolo a través de la tela, ahuecándolo en su mano, sintiendo la gruesa erección presionando, buscando liberarse. Sin prisa le quitó las botas de motorista, sus manos volvieron al pantalón y se lo quitó con lentamente mientras recorría los gruesos muslos con las manos, dejándolo desnudo ante su ávida mirada.
Cubrió el cuerpo con el suyo, apretándose a el, haciéndole sentir como encajaban perfectamente cada parte de su cuerpo, se frotó contra él con descaro, sonriendo cuando sintió las manos en su trasero, apretándolo con firmeza, rozando con su miembro la delicada entrada, acercándola a esa parte de su cuerpo que necesitaba hundirse en ella, tenerla, hacerla suya completamente.
Se acercó a su boca y le lamió la comisura de los labios, provocando un gutural gemido, sin echarse atrás y satisfecha por su respuesta, ahondó el beso, recorriendo por completo su boca, sin dejar un lugar sin examinar, tocó la punta de sus colmillos con la lengua, haciendo que la apretara mas contra él, sus lenguas se encontraron e iniciaron una lenta y sensual caricia. Con un suspiro abandonó la boca del macho mientras se deslizaba hacia abajo, notando como su cuerpo se tensaba levemente con anticipación, besó su estómago, sus caderas, deslizó las manos por el ancho pecho.
Wrath sentía que iba a estallar, la hembra lo estaba volviendo loco de placer, sentir su cuerpo desnudo contra él, su boca, su humedad, simplemente era demasiado, quería tomarla.
Raysa levantó la cabeza mientras descendía sin dejar de mirarlo y con una pícara sonrisa tomó su miembro entre las manos, provocando que el macho se arqueara en la cama ante el placer de su caricia. Sus manos lo acariciaron con firmeza, estableciendo un ritmo que lo volvió loco.
—Dios, Wrath, eres tan suave —le dijo sin dejar de mirarlo.
Quiso incorporarse para tocarla, pero ella apoyó una mano sobre su pecho, arañándolo suavemente mientras sacudía la cabeza y lamía suavemente su mentón y se demoraba en sus labios.
—Déjame mostrarte cuanto te amo, ¿sí? —Le dijo acelerando las caricias en su pene.
—Quiero tenerte, Raysa, necesito entrar ahora en tu cuerpo —dijo con los dientes apretados.
La hembra lo miró y nuevamente fue bajando la cabeza, cuando el macho sintió la boca de ella cerrarse sobre su miembro palpitante pensó que iba a correrse allí mismo, sus manos aferraron con fuerza la seda de las sábanas mientras de su boca escapaba un sonido animal.
Nunca una hembra le había dado tanto placer ni se había esmerado tanto en complacerlo. En forma inconciente tomo la cabeza de la hembra entre sus manos y la apretó contra su miembro. Sus cuerpos estaban perlados de sudor. Iba a acabar en cualquier momento, pero quería tenerla, sentir su cuerpo aferrarse al suyo.
Raysa sonrió al ver la cara de su hellren llena de placer, placer del que ella era causante, se retiró un momento mientras él se calmaba, así lo tuvo durante unos minutos, llevándolo al borde, combinando caricias, primero lo cubría con la mano y  luego lo tomaba con la boca, hasta que le suplicó que lo aceptara dentro de su cuerpo.
Raysa se detuvo con una mirada llena de satisfacción, como si estuviera esperando esas palabras de rendición se montó horcajadas sobre el cuerpo de Wrath y de un solo golpe sus cuerpos se fundieron en uno.
Soltó un grito cuando lo sintió por fin dentro de su cuerpo, llenándola. Sentía como la piel de su sexo cedía, se estiraba ante la gruesa longitud que la invadía.
Comenzó a moverse con un ritmo constante, dulce, lento, que arrancaba gemidos de placer en ambos. Sintió como el calor iba creciendo en su vientre mientras aceleraba los movimientos.
¡Dios! Ella estaba tan apretada, tan caliente, que lo llevó al límite en poco tiempo, inconcientemente empezó a acariciar su centro haciendo que la hembra arqueara su cuerpo mientras se deleitaba con su olor, con su humedad, solo dos embates más y el clímax los golpeó con tanta fuerza que ambos gritaron. Wrath echó la cabeza hacia atrás apretando con fuerza la cintura de su shellan evitando que se separara de él.
Raysa sentía los chorros de el líquido caliente dispararse en su interior mientras el aire se llenaba de un aroma especiado tan propio de él, marcándola, inundando el cuerpo femenino de su olor.
La tierra tembló unos segundos mientras su cuerpo caía exhausto sobre el cuerpo del macho.
Con lentitud se incorporó unos momentos mientras sentía la enorme mano acariciar su espalda, lo miró fijamente mientras tocaba sus labios con suavidad.
Wrath acunó su cara con las manos mientras frotaba sus labios contra los de ella.
Con un suave movimiento dejó a la vista su grueso cuello mientras la conducía hacia él.
—Aliméntate, mi leelan, déjame entrar en tu cuerpo nuevamente, deja que mi sangre te llene de vida y de luz, como tú lo haz hecho con mi vida —dijo con un ronco susurro—. Déjame estar contigo para siempre.
Raysa sintió las lágrimas agolparse en sus ojos, frotó la nariz contra su mandíbula, lamió su cuello con delicadeza, mientras sentía como los colmillos crecían en su boca. Amaba tanto a ese guerrero que se ofrecía a ella como nadie nunca antes lo hizo, era su mundo, y ella era el suyo, sus almas y sus corazones estarían unidos por siempre.
—Te amo, mi hellren —le dijo mientras hundía los dientes en su vena, llenándose de su fuerza, haciéndolo parte de ella nuevamente. …



Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Noviembre 02, 2009, 08:57:59 am
 emot038 :emot013: emot038 :emot013:
uyyyyy quemo este capi  emot040 emot040
estuvo buenisimo!!!!
adelante  :emot020: :emot020: :emot020:
 :emot018: :emot018: :emot018:
 emot024
pd: y bue.... si hay que esperar para nessa esperaremos nomas  :emot017: :emot017:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sonne en Noviembre 02, 2009, 09:23:06 am
Sin palabras  :emot013:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 14/11)
Publicado por: Roz en Noviembre 14, 2009, 11:33:06 pm
Chicas, disculpen por no haber subido capítulo la semana que viene. Acá les dejo el nuevo, y es un muy, muy, muy hermoso capítulo.
Disfrútenlo.



CAPÍTULO 25


Leliel estaba en el cuarto de Rhage. Las chicas habían insistido en ayudarla, pero ella no quería. Ya bastante tenía con tener que usar un vestido. Todavía se preguntaba por qué no podía simplemente usar un pantalón.
Se acercó a la cama, aún vestía la bata negra de Rhage,  que ahora era suya. Observó la caja sobre la cama como si fuera su peor enemigo.
Entonces, le quitó la tapa y entrecerró los ojos con miedo a ver lo que había dentro…
—Oh, vamos, no te va a morder —dijo Nessa, entrando en la habitación.
—Ciertamente, no —la apoyó Kytara, que venía detrás—. Eso se lo debe reservar Rhage.
Ambas rieron fuertemente mientras Leliel las fulminaba con la mirada.
—Hermanas, estamos aquí para ayudarla —las reprendió Raysa—, no para burlarnos de ella.
—Por la cara que tiene, yo creo que lo que más necesita es un poco de humor —acotó Kytara, quien había tomado un cepillo y observaba su cabello como un científico analiza una nueva cepa nunca antes vista.
—No puedo creer que sigas en bata. Incluso yo me he arreglado —la reprendió Nessa, para luego finalizar dando una vuelta, haciendo que su amplio vestido rojo se enroscara a su alrededor—. ¿Ves? No es tan malo.
Viniendo de Nessa, suponía que era una opinión válida. Igualmente, no se adornaría con esos inútiles trapos.
Raysa se dirigió hacia la cama y abrió la temible caja. Emitió un suave jadeo al ver lo que había dentro, luego lo tomó y lo levantó suavemente, como si se tratara de un finísimo cristal y no de simple tela.
—Por la Virgen del Fade, Lel, es precioso —dijo con los ojos brillándole por el entusiasmo—. El color es magnífico —agregó acariciando reverentemente la seda de un profundo púrpura.
—Te sentará realmente bien —agregó Kytara con lágrimas.
—Y realzará el color de tus ojos. Definitivamente, Rhage querrá morderte —le dijo Nessa con una pícara sonrisa.
—Por su entusiasmo, diría que ustedes están a punto de unirse, no yo —les dijo, molesta.
—Este será un maravilloso momento en tu vida, Lel, pero como todo, hay que pagar un precio por ello —le dijo Kytara esbozando una pícara sonrisa que no pegaba con sus lágrimas de felicidad—. El tuyo, será verte como una auténtica dama.
No, ese no sería su precio. Había pagado mucho más para poder unirse a Rhage, ambos lo habían hecho. Y no sólo ellos, sino que también sus hijos. Sintiendo que la desesperación crecía dentro de ella, sonrió a su hermana y decidió enfrascarse en su problema más inmediato. El jodido vestido.
—Ustedes no entienden, ¿han visto esa falda? ¡Es amplísima! ¿Y la enagua? Creí que estábamos en el siglo XXI.
—Oh, vamos, no querrás decepcionar a tu hellren —la amonestó Raysa.
—Él me quiere tal y como soy —se enfurruñó, cruzándose firmemente de brazos.
—Pues precisamente hoy he estado hablado con él —habló Nessa, captando toda su atención—. Ya sabes, después de la comida. Me comentó que no podría unirse a una pordiosera, que él iba a desposar a una reina.
Sabía que la intención de su hermana era buena, pero hacérselo entender al manojo de nervios que era su estómago.
—Si no le gusta como veo me veo, pues puede irse al...
—Sí, sí, muy lindo —la interrumpió Kytara—. Lo que Ness quiso decir es que Hollywood se va a casar con la reina de su corazón...
—Yo no digo cosas tan cursis.
—...Así que haremos que te veas como tal —finalizó.
Raysa se acercó e hizo le tomó las enguantadas manos en las suyas.
—Te verás preciosa, créeme. Además, luego podrás desquitarte con el resto de nosotras.
Kytara rió mientras asentía, pero Nessa solo desvió la mirada.
—Ahora —continuó Raysa, tomando el vestido—, quítate esa bata.
—Al menos podré ir descalza —masculló Leliel, pasándose una mano por el cabello.
—Sí, sí… Que pena… —murmuró Kytara sin prestarle atención al tiempo que le golpeaba cabeza mientras intentaba arrancarle el cuero cabelludo con ese maldito artilugio del demonio.
Nessa ya estaba ocupada en colocarle las enaguas del vestido que habían insistido que debía llevar y se las abrochaba. Raysa desdoblada con cuidado el vestido.
Una vez vestida, y luego de haber peleado con cada prenda que le habían puesto, exclamó:
—No, no me vas a peinar. Por lo menos me pueden dejar algo que me caracterice, ¿no? —dijo casi en forma de súplica.
—No, Leliel —dijo Raysa, molesta—. No puedes estar así, toda despeinada —criticó, a lo que su hermana respondió con una mirada fatal.
—No me ofendas. Me gusta así —dijo mientras terminaba de levantarse el cabello corto de la parte de atrás de la cabeza.— ¿Ves? No queda mal, ¿o sí? —Preguntó buscando la aprobación de alguna de sus hermanas.
Cada una de ellas la miro como creyéndola loca.
—Por lo menos ponte un gel o algo —Kytara tomo el spray y se lo vació en la cabeza—. Ya está, ahora queda bien.
—Sí. También acabo de intoxicarme con eso. ¿No pensaron que quizás podría ser mortífero para los lessers? —Dijo mientras sacudía las manos en forma de abanico.
—Lo que será mortífero para ti es que nos obligues a atarte si sigues resistiéndote. Arruinarías el vestido —le dijo Nessa apuntándola con un índice amenazador.
Las miró asombrada.
—¿Qué? ¿Hay más? —Dijo mientras retrocedía—. No, ya basta de estas cosas. Ya bastante nerviosa estoy.
— Tampoco es para tanto, sólo trata de no crear ninguna chispa —Raysa leía la etiqueta de instrucciones.
Leliel la miró con odio.
—Bueno, hubieran comprado uno de tela ignífuga —dijo bastante nerviosa—. Ya, esto es una estupidez. Voy a arruinar todo —dijo caminando de un lado a otro.
—Sí… si no te quedas quieta —Raysa iba detrás tratando de acomodarle el vestido.
Leliel se paró en seco, provocando que Raysa golpeara contra su espalda.
—Basta... ya está. Estoy peinada... —se forzó a mirarse al espejo y sonrío ante la visión que veía. Después de todo, no estaba tan mal—. Estoy vestida. Sólo me falta ir a mi habitación y listo —finalizó, haciendo pucheritos a sus hermanas.
Ninguna de las tres guerreras pudieron evitar reírse, por más que lo intentaron. Leliel iba a seguir siendo espontánea y descuidada con su aspecto. Siempre prefería verse letal a sexy o elegante.
Quien la viera ahora mismo no creería que esa hembra era capaz de incendiar una villa entera en cuestión de segundos… Pero así y todo no dejaba de ser dulce. Y mucho más si hablábamos de Rhage, tan solo escuchar el nombre de su pronto hellren toda ella se suavizaba y volvía a estar en calma.
El golpe en la puerta las hizo saltar a todas.
—Leelan —se escuchó la voz de Butch del otro lado de la puerta
—¿Butch? ¿Qué quieres? —Kytara se acercó a la puerta sin abrirla.
—Rhage me mandó a preguntar si Leliel ya estaba lista. Digamos que está un poco impaciente —Butch carraspeó un poco.
—Dile a Rhage que Leliel estará lista cuando lo esté. ¡Hombres! No entienden… —agregó por lo bajo.
—Ya estoy lista —gritó Leliel, que huía de Nessa, quien intentaba ponerle un poco de rimel en las pestañas.
—Mientras más lo hagas esperar, mejor —le explicó la hembra mientras enarbolaba el pequeño utensilio—. Disfrutará mucho más el hecho de tenerte allí —agregó casi arrancándole un ojo a su hermana.
—Y tú no ayudarás afeándola —dijo Raysa quitándole el rimel de las manos a Nessa, quien puso la expresión de un niño al que le han sacado su  juguete favorito.
Kytara rió y se volvió de nuevo hacia Butch.
—Bajaremos en un momento, bebé. Sólo diles que los resultados harán que la espera valga la pena —le dio un beso antes de cerrar la puerta. Se dio la vuelta y miró a Leliel.
—¿Qué otra tortura falta? —Le espetó enfurruñada y se sentó sin gracia en la cama. Quería bajar de una maldita vez.
—Ninguna, Lel, es solo que... —se acercó y se arrodilló frente a ella y le acarició las manos, mirándola a los ojos—. ¿Cómo te sientes?
Aquello la desconcertó.
—¿Qué cómo me siento?
—Sí, cómo te sientes —repitió Raysa sentándose a su diestra.
Nessa le sonrió vacilante, mientras se sentaba a su izquierda.
Leliel se planchó el vestido mientras intentaba explicarles.
——Es extraño —dijo casi susurrando—. No pensé que me iba pasar nada de esto. No es que no sea feliz, soy más que feliz. Lo amo y no puedo imaginarme estar sin él. Es algo adictivo —dijo entre risas. Se levantó y respiró profundo—. Estoy muy bien. Soy feliz. Las tengo a ustedes. Mi maldición sigue conmigo —dijo formando un pequeño corazón, que en seguida Nessa congeló por lo que se gano la mirada desaprobatoria de su hermana—. Y lo tengo a él. Lo único que me falta es que si alguna vez en algún momento de mi vida llegara a tener la suerte de entrar en celo, quizás podría darle un hijo a Rhage —frunció sus labios—. Pero lo veo un tanto complicado —dijo guiñando un ojo y sonriendo, intentando ocultar su tristeza
—Sabes que a pesar de todo, seguiremos allí para ti, ¿no? —Le dijo Raysa acercándose.
—Aunque no podamos ayudarte, siempre te apoyaremos en todo —insistió Kytara acariciándole una mejilla.
—Después de todo, ¿quién querría pasar la mañana en vela con la cabeza agobiada por todo lo que estás sintiendo? —Agregó Nessa displicente mientras golpeaba su hombro con un levísimo toque.
Leliel sintió las lágrimas y luchó por que no se derramaran. No quería volver a pasar por lo del maquillaje. Juntó tanto aire como cupo en sus pulmones y lo dejo salir lentamente.
—Entonces… ya está. No más tortura. ¿Podemos ir? —Preguntó casi suplicando por una respuesta afirmativa.
—Si tú estás lista, nosotras también —cada una de ellas se arregló sus propios vestidos y peinados.
—Ya estoy lista —dijo Leliel, y se dirigió hacia la puerta. Sus hermanas las siguieron. Ya había llegado la hora.


En la habitación, los machos ya estaban todos preparados, esperando que las hembras bajaran. Cada uno de ellos era una imagen de seducción y elegancia.
Pero como era de esperarse, el que más sobresaltaba de entre todos era Rhage. Llevaba una túnica negra atada con un fajín, bordada con un hilo oscu¬ro. Una larga daga con mango de oro colgaba a su costado.
Parecía como si la vestimenta tuviera vida propia y se ajustaba perfectamente a cada uno de sus músculos.
Por primera vez en siglos, su pelo estaba arreglado. Se había peinado hacía atrás su melena rubia, aunque unos rizos comenzaban a revelarse.
Desde hacía más de media hora que caminaba por toda la habitación, de pared a pared, en distintos ángulos. Los Hermanos lo miraban muy divertidos, pero ninguno estaba dispuesto a interponerse en su camino.
La puerta de la habitación se abrió, dejando ver a las hembras. Kytara traía puesto un vestido con corsé color bordo, adornado con pequeñas tiras.
Detrás de ella se dejó ver a Raysa, que llevaba un vestido negro, que tenía un importante tajo a un lado.
Ambas les hicieron un gesto en forma de saludo a sus machos y se ubicaron junto a Fritz.
Después, la pequeña Nessa hizo aparición dejando a Zsadist muy impresionado por el cambio. Llevaba puesto un vestido color rojo con una amplia falda. De repente, se dio cuenta de algo sorprendente… la echaba de menos. La había estado evitando luego de que le diera de su vena. Incluso había convencido a Phury de que saliera con ella a cazar. Ahora que la veía, parecía totalmente diferente a como la recordaba, aunque igual. Su sonrisa contagiaba felicidad, pero ésta no llegaba del todo a sus ojos.
Rhage, expectante, fijó la vista en la puerta… hasta que ella apareció.
Todo su cuerpo se tensó.
Si antes amaba a su guerrera, hoy definitivamente quería morir al lado de ella. Estaba hermosa… y podría jurar que esa palabra no podía describir del todo como la veía.
Tenía puesto un vestido con corsé color púrpura. La falda caía libremente en distintos pliegues apenas visibles y terminaba con una pequeña cola en un tono más claro que el resto del vestido.
Lo que más le llamó la atención fue su peinado. Tenía el cabello medio revuelto y algunas mechas caían de forma espontánea. Nadie más que ella podía estar peinada así para semejante acontecimiento. Así y todo le quedaba hermoso.
Sonrió para sí mismo.
Leliel sentía la mirada penetrante de Rhage. La hacía sentir importante, hermosa. Podía sentir la necesidad de él y entonces su cuerpo reaccionó de la misma forma. Tensó fuerte su mandíbula ante la ola del aroma a vinculación de él. Jamás se saciaba de ella y ella jamás se saciaba de él.
Caminó con paso firme y elegante hasta donde estaba él. Se sorprendió cuando la figura de la Virgen Escriba apareció delante de ellos.
Leliel apretó fuerte la mano de Rhage, había creado ese idioma exclusivo para que ella mantuviera la calma.
—No tengo la necesidad de presentaciones —habló de forma firme, al leer el pensamiento de Wrath, que precedería la ceremonia. Ella extendió su mano a Leliel—. Tú, guerrera que eres regida por el fuego, a quien en esta vida hemos designado el nombre de Leliel. Este macho te pide que lo aceptes como su hellren. ¿Lo crees digno de serlo?
Leliel asintió.
—Claro que lo acepto —volvió su mirada a Rhage que no quitaba la vista de ella—. Sí, lo acepto.
Entonces la pequeña figura centró su vista en el guerrero.
—Guerrero, esta guerrera te respetará. ¿Darás la prueba de valor por ella?
Él levanto el rostro con orgullo.
—Claro que lo haré —dijo muy seguro de sí mismo.
—¿Te sacrificarás por ella y la defenderás de cada uno que quiera hacerle daño?
—Siempre lo haré —respondió con voz profunda.
—Guerrera dame tu mano.
Leliel extendió su mano con la palma hacia arriba.
La Virgen Escriba giró la muñeca. Los pliegues se movieron y le cubrie¬ron la mano. Sintió un extraño cosquilleo, como una pequeña descarga eléctrica.
—Guerrero —Rhage extendió su mano, que también se vio oscurecida por la túnica negra.
De repente, una ola de calor rodeó a ambos, envolviéndolos. Ellos se miraron sonrientes.
—¡Oh! —Dijo la pequeña mujer debajo de la tunica—. Ésta sí que es una buena unión. Una ex¬celente unión —dijo observando a los guerreros frente a ella—. Después de todo, valió la pena todo sufrimiento. Pronto tendrán su recompensa —finalizó mientras se desvanecía en el aire.
Ninguno de los presentes le prestó atención a las palabras de la Virgen Escriba, pues pronto ambos estaban abrazados besándose.
Rhage se separó de ella entre gruñidos.
—Ya pronto terminaremos, tahlly —dijo besando la palma de su mano.
Rhage deshizo el nudo del fajín y dejó al descubierto su torso.
Leliel sintió una punzada de dolor, sabía muy bien qué era lo que sucedería a continuación, pero no había modo de evitarlo. Sería una deshonra para él como macho. Como su, ahora, hellren.
Sus hermanas, por instinto, por aquella empatía que siempre las unió, en silencio y sin decir nada, la rodearon.
Rhage se arrodilló ante sus hermanos, dándoles la espalda, y bajó la cabeza.
Fritz acercó una pequeña mesa, donde había un cuenco de cristal lleno de sal, una jarra con agua y una caja negra.
Wrath se acercó a él.
—Guerrero, ¿cuál es el nombre de tu shellan?
Rhage, tenso, respondió:
—Leliel.
En seguida se escuchó un sonido metálico, y entonces Wrath desenfundó su daga negra y se inclinó sobre la espalda desnuda.
Todos quedaron atónitos cuando el dragón que llevaba en su espalda se movió hacia abajo dejando un espacio libre, para lo que venía.
Leliel reprimió un grito, y se aferró a Nessa, la única de sus hermanas que no podría lastimar teniendo tan alta temperatura en su cuerpo.
Nessa no supo de donde, pero increíblemente salieron palabras de consuelo. No es que ella no quisiera a sus hermanas, pero siempre optaba por otros métodos de demostración de afecto.
—Shhh… tranquila, Lel. Debes estar orgullosa por el acto que estás presenciando. Él de verdad te ama —dijo casi en un susurro. Después de todo, todos merecían tener a alguien a quien amar y alguien que en verdad los ame
   Los Hermanos continuaron pasando, haciéndole la misma pregunta. Sentía dolor en cada marca, agradecida a la Virgen Escriba que solo la nombró Leliel.
Cuando terminaron, Wrath tomó la jarra con agua y la volcó en el cuenco de sal, para luego derramar la mezcla sobre la espalda de Rhage.
Pudo notar el dolor que le provocó a Rhage cuando el agua salada tocó su piel. Pero él solo se limitó a tensar sus músculos y cerrar fuerte los puños.
Luego, quien precedía la ceremonia, tomó la caja negra y sacó un paño blanco con el que secó la herida y lo volvió a colocar dentro de la caja.
—Levántate, Guerrero.
Rhage hizo lo pedido.
Cuando se levantó se pudo ver, cruzando sus hombros, el nombre de ella tatuado, formando un ar¬co con letras inglesas antiguas.
Wrath le entrego la caja.
—Lleva esto a tu shellan como símbolo de tu fuerza. Así sabrá que eres digno de ella. Que tu cuerpo, tu corazón y tu al¬ma están ahora a sus órdenes.
Rhage se dirigió hacia donde estaba Leliel, ahora sola. Sus miradas se encontraron… él le sonrío, diciéndole una cantidad de cosas que solos ellos entendían. Leliel respondió con otra sonrisa, se moría por correr a abrazarlo y besarlo, pero se contuvo.
Se arrodilló frente a ella y bajó su cabeza.
—¿Me tomarás como tuyo? —Preguntó casi en un susurro.
Leliel tomó la caja de sus manos.
—Sí, sí te acepto —dijo conteniendo el mar de lágrimas que pronto se desataría en sus ojos.
Él se levanto y Leliel le entregó la caja a Kytara que estaba cerca, para luego lanzarse a los brazos de Rhage. Besó su cuello, luego su mejilla, sus labios y volvió a abrazarlo.
—Te amo, mi Gràhd —dijo apretando fuerte su agarre, mientras las lágrimas traicioneras escapaban sin control alguno.
—Y yo a ti, tahlly —dijo él, acariciando su espalda.
Mientras, los Hermanos iniciaban un cántico, en forma de rezo. Ellos se quedaron ahí, juntos… abrazados. Ahora ya nada los separaría.
Eran uno solo.
Al final todo lo que habían pasado había valido la pena.
Nunca más estarían solos, ahora ambos tenían a alguien con quien compartir sus vidas y, lo más importante de todo, era que estarían juntos.
Rhage la hizo girar y la abrazó por la espalda, aferrándola a su cuerpo. Ahora era su hembra y nadie se la quitaría.

El cántico fue aumentando de forma gradual, pero una voz fuerte comenzó a sobresalir entre las demás, entonando las notas cada vez más altas. El sonido del te¬nor resultaba tan claro, tan puro, que erizaba la piel.
Era Zsadist.
Nessa levantó la cabeza sorprendida al darse cuenta de quien era el dueño de esa voz. Los ojos le picaron por las lágrimas no derramadas. Tenía una voz preciosa. Entonces… No había sido un sueño. Él le había cantado para consolarla aquella noche.
Cerró los ojos y se dejó inundar por el precioso sonido, tratando así de alejar, de sacar de dentro de sí cualquier otro sentimiento que no fuera la dicha por su hermana, por Leliel, el orgullo por ella y el deseo de que lo mismo le llegara pronto a Kytara y a Raysa.
Cuando sintió la humedad en sus mejillas, se dijo que no era otra cosa más que emoción por el feliz acontecimiento.



Continuará...
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sonne en Noviembre 15, 2009, 01:20:57 am
Que bonito, ha sido una escena preciosa  emot037
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Noviembre 15, 2009, 07:16:58 am
que emoción  :emot017: :emot017: la ansiedad, el miedo, la esperanza renovada  emot033 emot033
me encanto este capi-.
felicidades chicas... sigan asi!!!  :emot020: :emot020: :emot020:
solo espero tener otro capi  :emot020:dentro de poco..  emot026 emot026
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Noviembre 15, 2009, 10:00:35 pm
 :emot018: :emot018: :emot018: :emot018:

Como me gusta   emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: macky37 en Noviembre 16, 2009, 10:53:36 am


                  ¡¡¡ PRECIOSO CAPITULO !!! emot037 emot037 emot037

                      emot035 emot035 emot035
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Noviembre 17, 2009, 02:11:32 am
Next!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!  :emot013: :emot013: :emot013: :emot013:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 22/11)
Publicado por: Roz en Noviembre 23, 2009, 12:44:32 am
Bueno, gente, antes que nada, gracias por sus comentarios. Muchísimas gracias  emot024

Y ahora, he aquí el siguiente capítulo. Disfrútenlo  emot037



CAPÍTULO 26


Nessa abrió la puerta de su habitación y mientras la cerraba de una patada luego de entrar, con unos pocos y efectivos movimientos, logró deshacerse del largo vestido rojo con el que Kytara la había empaquetado. Alzó las manos y se desarmó el complicado peinado que Raysa le había hecho. Sacudió la larga cabellera rizada y se estiró con sumo placer. Ah, la sensación de libertad.
Se dirigió hacia el baño y encendió la ducha. Cuando el agua estuvo a la temperatura adecuada, se metió bajo ella. La fiesta de su hermana aún no había menguado del todo, pero sencillamente ya no podía permanecer allí, y eso hacía que se sintiera envidiosa y egoísta. Refregó su cuerpo con más fuerza de la necesaria. No era que no se sintiera feliz por su hermana, al contrario. Pero saber ahora cuáles eran sus sentimientos…
Salió de la ducha reprimiendo un grito de frustración. Se secó y se vistió con una falda amplia azul y una musculosa celeste que dejaba al descubierto parte de su vientre.
Tendría que sentirse dichosa, pensó mientras enroscaba un rizo en su dedo. Ahora tenía un nuevo hermano. Pronto, estaba segura, tendría dos más. Y mientras las cosas siguieran así, antes de que se diera cuenta, ya sería tía. Inconscientemente, se llevó una mano al vientre plano y la posó allí. Dándose cuenta de su acción, la quitó bruscamente.
Ahora de vuelta estaba pensando en él. Se apoyó contra una pared. Si cerraba los ojos, podía sentir de nuevo su sangre bajando por su garganta, alimentándola. Podía sentir su sabor especiado y el poder que contenía. Suspiró. No lo había visto mucho desde entonces. El muy desgraciado le había contado de su herida a Wrath y eso le había valido estar un tiempo sin salir. Cuando por fin había podido hacerlo, lo había hecho acompañada de Phury. En la ocasión en que por fin salió con él, Vishous los había acompañado.
Esa noche había sido la ocasión que más cerca había estado de él y durante más tiempo. Le había parecido hermoso con sus ropas ceremoniales. Y cuando lo oyó cantar, su corazón había latido al compás de su voz abrumadora. El que le hubiera cantado para tranquilizarla cuando estuvo sumida en horribles recuerdos era un magro consuelo.
Durante la fiesta, ya vestido con su acostumbrado pantalón negro holgado y una camisa también negra, fiel a su costumbre, se mantuvo siempre apartado en las sombras, con una manzana en las manos. Casi había tirado a Raysa al suelo al llevársela por delante por ir distraída observándolo, y considerando que su hermana era bastante más alta que ella, significaba algo. Al verla, Rhage le había dicho que si quería bailar con el novio, sólo tenía que decirlo, que no hacía falta llamar la atención de ese modo. Acto seguido, la había tomado y había comenzado a zarandearla por toda la maldita sala como si fuera una muñeca de trapo. Sólo había conseguido que la liberase cuando amenazó a Leliel de que si no intervenía, se quedaría sin noche de bodas. Cuando por fin estuvo sobre suelo firme y luego de lanzarle un puñetazo a Rhage, que el vampiro esquivó con habilidad, riendo mientras volvía a tomar a Leliel en brazos, se giró para poder echarle otro vistazo, pero Zsadist ya no se encontraba en la habitación. Phury miraba atentamente una de las puertas, que estaba entreabierta. Poco después, Nessa había optado por su propia desaparición.
Se separó de la pared. Lo amaba. La certeza de eso le parecía ahora tan obvia que no entendía como es que le había costado tanto entenderlo. Se subió a la cama y se quedó arrodillada allí. Lo amaba, por supuesto, y no había nada que pudiera hacer. Lo había besado y él ni siquiera se había inmutado. Sintió como la envidia comenzaba a invadirla de nuevo. Saltó rápidamente de la cama y comenzó a deambular por la habitación. Mientras estuviera en movimiento, ningún sentimiento o pensamiento idiota vendría a ella. Sólo debía sentir la felicidad de sus hermanas y sentirse feliz por ellas.
Pero, ¿la convertía en una criatura mezquina el desear un poco de esa felicidad para ella misma?
Suspiró dirigiéndose hacia una de las ventanas y la abrió de par en par para dejar entrar la brisa nocturna, que la envolvió rápidamente. Se frotó los brazos cuando se le erizó la piel. Una gota le cayó sobre el hombro desde su cabello aún mojado mientras un profundo trueno resonaba en la lejanía. Se le erizó aún más la piel. No le gustaba el agua de las tuberías, era demasiado… metálica. Pero no era por eso que tenía esa sensación en la piel. La razón era la tormenta que se estaba acercando.
Un nuevo trueno se escuchó, más fuerte que el anterior. Nessa sonrió. Era justo lo que necesitaba. No quería ir hasta abajo para poder salir, por si llegaba a toparse con alguien. Se asomó a la ventana. Si se descolgaba con cuidado y aprovechaba sus manos y sus pies pequeños para poder aferrarse a la grietas de la pared, estaría en el patio en menos de un minuto.
¿Sabes? Por ser vampiro, tienes una habilidad llamada desmaterialización. Suele ser muy útil en casos como estos.
—Tal vez. Pero así es más divertido —le respondió a la voz.
Sonriendo aún más, se arremangó la falda y colocó un pie desnudo sobre el alfeizar.


Zsadist deambulaba por el piso de abajo de la mansión. Se encontraba sumamente inquieto y necesitaba salir a cazar, pero esa noche estaba prohibido debido a la ceremonia de emparejamiento de Rhage. Había ido al gimnasio para calmar las ansias, pero cuando llegó allí, simplemente se había quedado sentado sobre uno de los aparatos sin hacer nada.
Debería irse a dormir, pero esa era la razón de su inquietud. Cada vez que dormía, soñaba. No esas pesadillas sobre el ama a las que estaba acostumbrado. Se trataban de sueños confusos, aunque muy vívidos, y siempre despertaba de ellos con el sexo duro. Se trataba de ella, maldita sea. Nessa. Todo había comenzado después de que la alimentara. Era por eso que trataba de evitarla. ¿Cómo podía mirarla a la cara sabiendo que la mancillaba en sus sueños? La hembra no se merecía eso.
Se giró hacia la dirección de la que venían los ruidos y las voces y se le vino a la mente el momento en que Rhage la había tomado en brazos. Un gruñido brotó de lo profundo de su pecho. Apretó los puños fuertemente, conteniéndose para no ir en busca de su hermano. Lo mismo le había sucedido en aquella habitación, pero había logrado irse a tiempo, con la mirada de Phury clavada en la espalda.
Se tocó los labios con la mano que sostenía la manzana. Si su gemelo supiera lo que le había hecho, no seguiría empujándolo hacia ella. ¿Por qué la había alimentado? Su sangre la recorría, estaba dentro de ella como su cuerpo nunca podría estarlo.
Maldijo por lo bajo, reprimiendo sus pensamientos. Necesitaba irse de la mansión y estar solo, alejarse lo más posible, hasta que su cordura, si así podía llamársele, regresara. O al menos hasta que ella se fuera, cosa que dudaba. Si sus hermanas estaban aquí, no se iría a ningún otro lugar. Saltaba claramente a la vista que siempre habían permanecido juntas. Que gran mierda. Ella era un problema que debía evitar.
Aún así, cerró los ojos y, como todas las noches, la buscó mediante la sangre que le había dado.
Frunció el ceño, extrañado. Se encontraba fuera, en el patio. Se dirigió hacia una ventana y miró hacia fuera. Llovía a cántaros. Fue hacia la parte posterior de la casa, donde estaban las puertas que conducían al patio trasero, donde ella se encontraba. Dejó lo que le quedaba de manzana sobre una mesa al pasar y al llegar a las puertas de vidrio se detuvo y observó en profundidad la noche, tratando de ver a través de las capas de lluvia.
Y la vio. Vestida de azul claro, con la cabellera resplandeciendo, giraba como si danzara para atraer la lluvia, con los brazos abiertos como si quiera abrazar la noche. De alguna forma, sabía que estaba sonriendo.
Y era hermosa.
El deseo lo embargó tan de repente que fue como si le hubieran dado con una barra de hierro en medio de la espalda. Tuvo que apoyar ambas manos sobre el vidrio para sostenerse.
Parecía aún más pequeña a la distancia, como un hada blanca salida de algún cuento, llena de luz, de vitalidad. Una vitalidad, no pudo evitar pensar, que él, con su sangre, le había otorgado.
Su miembro se endureció y la palabra “Mía” resonó fuertemente en su cabeza.
Antes de registrar siquiera la orden que había dado su cerebro, abrió la puerta y salió, pero se detuvo cuando sintió la lluvia cayendo sobre su cuerpo, como saliendo de una ensoñación. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Debía irse de allí, alejarse, ahora. Y sin embargo, dio un paso hacia delante y luego otro. Comenzó a avanzar, pero muy lentamente, como midiendo cada centímetro que recorría.
Nessa se había quedado quieta, con los brazos aún extendidos y el rostro hacia el cielo. Estaba de espaldas a él, por eso no lo veía acercarse.
Mientras se aproximaba lentamente, le sorprendió nuevamente lo pequeña que era para ser una hembra de su raza. Una hembra guerrera. Pensó con enfado que no tendría que estar luchando para proteger a la raza. Así mismo, él tampoco debería estar acercándose a ella.
Estaba completamente empapado, pero no lo notaba. Sí notaba como la ropa mojada de Nessa se ajustaba a sus curvas, mostrando todo aquello que el vestido rojo que llevaba más temprano había ocultado. Se le ocurrió que tal vez alguno de sus hermanos podría estar observando desde una de las ventanas de la mansión el espectáculo que la hembra representaba.
Mía, volvió a pensar con enfado.
Siguió acercándose y notó como a pesar de la lluvia, su aroma era más fuerte de lo que recordaba. Aspiró profundamente para llenar los pulmones de él. Se detuvo por fin, a poco más de un metro de ella. No sabía como podía parecerle hermosa de espaldas, pero lo hacía.
Nessa bajó los brazos y suspiró con placer. Agitó la cabeza de un lado a otro y las gotas que salieron disparadas de su cabello lo alcanzaron. Las puedo distinguir claramente de las gotas de lluvia. Se giró hacia él con una expresión calma en el rostro. Cuando abrió los ojos y lo vio al frente suyo, se sorprendió. Mas luego sonrió.
—Zsadist —dijo.
Cuando vio su sonrisa, sintió una ganas tremendas de salir corriendo, aunque no sabía si para dejarla atrás o para arrastrarla con él. No le respondió, divido entre esos dos deseos, y la sonrisa de ella desapareció. Fue como si una luz se apagara. Le hizo una seña con la cabeza como respuesta.
—¿Qué haces aquí fuera? —Le preguntó, dudosa.
—¿Qué haces tú aquí? —Era mejor que no supiera sus motivos.
—Sentí el agua y tuve que salir. Me llamaba.
Asintió ante sus palabras y ella rió, como si estuviera feliz, y su risa sonó como si una fina llovizna cayera sobre una gran campana de cristal. Cerró los ojos para deleitarse con su sonido.
—Zsadist, ¿qué haces aquí…?
—¿Cómo te sientes? —La cortó.
Lo miró confusa un momento.
—¿Cómo… me siento?
—Sí, ya sabes. Por la sangre.
—Oh. Muy bien —volvió a sonreírle—. Hacía mucho que no me sentía tan bien… —su voz se fue apagando y su sonrisa vaciló. Volvió a levantar el rostro hacia el cielo. Aún así, pudo notar como un suave rubor teñía sus mejillas.
Sabía en qué estaba pensando, pues él también lo estaba haciendo. Aquel fugaz beso que le había dado antes de marcharse luego de alimentarla. Había estado mal, no debía sentirse de esa forma hacia él. Pero lo peor de todo era que a él le había gustado ese breve contacto entre sus labios.
Esperó hasta que sus ojos grises volvieron a posarse sobre él para preguntarle. El rubor ya se había ido.
—¿Por qué?
Lo miró, confundida otra vez.
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué lo hiciste?
—¿Por qué hice…?
—Sabes perfectamente de lo que estoy hablando —la cortó de nuevo, esta vez con voz filosa.
Sus mejillas volvieron a teñirse de rojo y se mordió el labio inferior, dejando al descubierto uno de sus colmillos. El recuerdo de esos colmillos traspasándole la piel lo embriagó. Ella miraba hacia cualquier parte menos a él, como buscando una respuesta en la noche. Cuando al fin lo miró a los ojos, sólo se encogió de hombros. Alzó una ceja interrogante como respuesta a su gesto mientras avanzaba un paso hacia ella.
—Yo… —comenzó a balancearse hacia delante y hacia atrás sobre sus pies y puso las manos tras la espalda—. No lo sabía. En ese momento sólo tuve el impulso y me dejé llevar.
—¿No lo sabías? —Le preguntó.
—Estaba muy agradecida contigo —dijo ignorando su pregunta, mirando de nuevo hacia cualquier parte.
¿No lo sabías? —Repitió, acercándose más.
—Aún estoy muy agradecida —seguía con la vista perdida.
—¿No-lo-sabías? —Su voz era dura y estaba más cerca aún.
De repente, clavó la mirada en la suya. Sus ojos brillaban como plata bajo la lluvia.
—Lo hice y ya, ¿de acuerdo? Deja de fastidiarme —dejó de balancearse y se cruzó de brazos en un ademán enfadado.
—Creo haberte pedido lo mismo muchas veces —seguía acercándose. Tenía el cuerpo algo inclinado hacia delante, como en posición de ataque, y la cabeza algo baja, la miraba directamente.
—Pues podrías enseñarme como llevar a cabo esa petición. Tal vez me sirva con otros machos intolerantes —a medida que iba acortando la distancia entre ambos, iba alzando un poco más la barbilla, desafiante.
—Te creía una hembra inteligente —se detuvo al fin, su pecho a escasos centímetros del de ella.
—¿Me estás llamando idiota? —Sus ojos se entrecerraron con enojo.
—Tal vez. Si fueras inteligente, no habrías hecho eso.
Sus ojos se agrandaron, brevemente sorprendida. Luego frunció el entrecejo.
—¿Acaso se me contagiará la rabia? —Se burló.
—Eres realmente idiota —le dijo en un siseo.
Su espalda se tensó ante el insulto y se irguió en toda su estatura. Era pequeña, pero emanaba poder. Sonrió de una forma muy poco cálida.
—¿Hubieras preferido que me alimentara de Phury? ¿Qué lo besara a él? —Eso era un golpe bajo, pero no le importó.
Ahora fue su turno de tensarse y erguirse ante su ataque. Sus palabras calaron hondo dentro suyo y le dolieron, pero no por la malicia con la que fueron dichas, sino por la verdad que encerraban y que, sabía, ella ignoraba.
—Sí —le respondió con honestidad.
Nessa bufó y colocó las manos sobre las caderas.
—Por favor, no seas hipócrita —le dijo—. Ensucias mi agua.
Zsadist cerró los ojos y gruñó. Lo exasperaba que no entendiera.
—Debes alejarte de mí, no soy bueno.
—No te besé porque fueras todo rositas —dijo lacónicamente.
—Nessa, no debes acercarte a mí. Por tu bien, sólo aléjate, ¿de acuerdo? —Dijo firmemente y vio como sus ojos se apagaban. Otra vez aquella mirada, odiaba verla en sus ojos—. No es por ti. Maldita sea, no es por ti, es por tu bien, compréndelo —quería tomarla de los hombros y sacudirla para que entendiera, pero sospechaba que tocarla no sería bueno.
—Ya. Pues si no es por mí, no será por ti tampoco.
—No estoy bien.
—No lo creo.
Maldita fuera su obstinación.
—Soy peligroso. Te arruinaré. Corre. Huye.
—Hasta ahora has sido y hecho todo lo contrario.
—Aléjate de mí.
—No.
Hubo algo en el tono de su voz que lo perdió totalmente, No sabía qué, pero había algo más que simple obstinación en esa palabra que alejó gran parte del frío en su interior. Por alguna razón, ahora sentía a la lluvia tibia. ¿Cómo podía salvarla de perderse si él mismo estaba perdido?
—Te lo advertí.
—Te desoí.
—No quiero reclamos luego.
—No veo por que habría de reclamar algo.
—Estás aquí bajo tu propio riesgo.
—Nunca pretendí lo contrario.
Aunque aún caía, ya no sintió la lluvia. Ambos estaban perdidos desde hacía mucho.
Nessa vio como las manos de Zsadist se alzaban para tomar su rostro entre ellas y como su boca descendía hacia la suya. Había esperado un beso arrebatador, poderoso, devorador. Contrariamente, el contacto entre sus labios era tan suave que temía estárselo imaginando, pero no quería abrir los ojos para comprobarlo. Si era una ilusión, era demasiado hermosa para romperla.
Cuando un levísimo aumento en la presión sobre sus labios se lo confirmó como real, sintió como su corazón moría un instante, para volver luego a la vida con un inusitado vigor. Quería alzar los brazos y rodear con ellos sus hombros para abrazarlo, pero intuía que si lo tocaba con algo más que su boca, él pondría fin a todo aquello. Y no quería que terminara jamás, así que simplemente apretó fuertemente los puños para aguantar la tentación y dejó los brazos caídos a los costados del cuerpo.
Estaban totalmente inmóviles bajo la lluvia, como si fueran una estatua que representaba a dos antiguos amantes ya olvidados.
Pero no, estaban vivos y no del todo inmóviles, puesto que la presión que Zsadist ejercía sobre sus labios era cada vez mayor, como si poco a poco se fuera convenciendo de su acción.
Luego de una eternidad y con una lentitud que la hizo suspirar sutilmente, el macho fue abriendo poco a poco sus labios, hasta terminar capturando, con una firmeza suave que le decía que eso era exactamente lo que quería, su labio superior entre los suyos propios y así permanecieron otra vez largamente.
Llegado un momento, Nessa supo que él no avanzaría más allá y que dependería de ella el guiarlo hasta el final.
Para que no se apartara, lo imitó y, sutilmente, de a poco, fue tomando ella su labio inferior entre los suyos, hasta que sus bocas quedaron totalmente entrelazadas. Lo dejó acostumbrarse a la sensación y cuando lo sintió seguro, aumentó la presión de sus labios, mientras cercaba un poco más su rostro alentándolo a hacer lo mismo.
Y cuando él le respondió, su corazón saltó hasta llegar a la luna que los observaba destrás de las nubes, para luego lanzarse en caída libre de nuevo hacia su pecho. Comenzaron así una lenta pero dulce danza entre sus labios nada más, acariciándose con infinita ternura.
El sonido de la lluvia cayendo a su alrededor los arrullaba, y Nessa sintió como Zsadist movía uno de sus pulgares, acariciando su mejilla. Animada, levantó suavemente la mano derecha y la apoyó con delicadeza sobre su abultado bíceps. El vampiro continuó acariciando su mejilla y ella fue quien sintió ahora la seguridad suficiente como para posar las manos sobre sus hombros tan anchos. El amor que sentía por él la inundó completamente, y si alguna vez había pensado que con el tiempo quizá todo pasaría, ahora supo que sería para siempre, que Zsadist sería el único vampiro al que amaría. Abrió la boca y tocó sus labios con la lengua.
Zsadist se quedó completamente quieto al sentir el contacto y ella se detuvo también, esperando ya que separara sus bocas definitivamente. Pero él volvió a acariciar sus mejillas, y tocó también sus labios con su lengua.
Con el alivio recorriéndola, Nessa se quedó quieta aún, esperando que él continuara. Pero de nuevo Zsadist no siguió avanzando y tuvo que tomar el mando otra vez. El vampiro había cerrado la boca, entonces lo instó con la lengua, acariciando sus labios, a que la abriera de nuevo, a lo que él accedió. Lentamente, introdujo la lengua en su boca y tocó la suya. Cuando no le respondió, Nessa comenzó a darle pequeño golpecitos con ella, invitándolo a que se uniera a su juego, hasta que la lengua de Zsadist se movió. Dándole tiempo y espacio, se quedó quieta otra vez.
Fue el turno de Zsadist de saborear sus labios, que habían vuelto a moverse junto a los suyos, captando así el sabor de la lluvia. Penetró finalmente su boca, y la recorrió por completo, hasta el último recoveco, saboreándola totalmente. Finalmente, ella se unió a él.
Las lenguas de ambos se unieron a la danza que habían comenzado sus labios, para sentirse finalmente el uno al otro, probando sus sabores, descubriendo los secretos de sus cavidades, chupando, lamiendo, provocándose el uno al otro.
Y así, de a poco, fueron aumentando el ritmo, tan lento al principio que parecía que iban en cámara lenta, hasta llegar por fin a concretar ese beso poderoso, arrebatador y devorador que Nessa había esperado, que demostraba la necesidad que tenían el uno del otro.
Zsadist había llevado las manos desde su rostro hasta su nuca y había tomado en ellas mechones de su cabello que apretaba con fuerza en sendos puños.
Nessa se embriagó con la agradable sensación de besar y ser besada por el simple hecho de querer hacerlo, ambos, por el placer de hacerlo. Amándolo aún más, finalmente lo abrazó.
Zsadist apretaba la boca de Nessa fuertemente contra la suya. Sentía que ella quería devorarlo, lo que estaba más que bien para él, pues quería exactamente lo mismo. Su boca era sumamente dulce y cálida, y él tomaba absolutamente todo de ella. Era su primer beso y era algo sumamente superior a lo que pudiera haber imaginado o soñado.
Las manos de Nessa estaban sobre sus hombros. En un momento, le dieron un breve apretón y luego pasó los brazos tras su cuello, aferrándose a él, abrazándolo.
Esa acción de la hembra le devolvió un poco de cordura. Volvió a sentir la lluvia cayendo sobre ellos. Aflojó los puños, que sujetaban su cabello, y volvió a sujetarle el rostro con las manos. Poco a poco, comenzó a reducir el ritmo y la intensidad del beso. Había ido demasiado lejos, pero no iba a separarse así como así, ella no merecía un desprecio semejante. Ignoró esa parte de su cabeza que le decía que no lo hacía porque él tampoco quería separarse.
De a poco, se fueron calmando, hasta detenerse. Dejó un último y casto beso sobre sus labios, como el que ella le había dado luego de alimentarla, y la soltó.
Se irguió poco a poco y la observó. Nessa aún tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta. Tenía los labios rojos e hinchados, brillantes. Respiró hondamente y luego se lamió los labios con la lengua, como queriendo capturar el último vestigio de su sabor.
Ese gesto hizo que su pene se endureciera hasta un punto imposible y quiso gemir. Mía. Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños. Era todo lo que podía hacer para no cargarla sobre su hombro y llevarla adentro a un lugar más cómodo y seco, para explorarla más profundamente.
Abrió los ojos y la miró. Aún tenía los ojos cerrados. La exploró en detalle con la mirada, de abajo hacia arriba. La falda mojada se la pegaba a las esbeltas piernas. Desde las caderas hasta el ombligo tenía la piel desnuda, el vientre plano y la piel cremosa. Luego comenzaba la pequeña blusa celeste, empapada. Sus senos redondos y los pezones, duros por el agua fría y la excitación que podía oler en ella, se destacaban claramente.
Cerró de nuevo los ojos y expulsó el aire bruscamente. Debido al beso, ya estaba demasiado estimulado y el observarla así… Era demasiado. Tenía que irse.
La miró otra vez. Nessa lo observaba ahora y sus ojos brillaban como la plata. Gotas de lluvia descansaban cómodamente en sus labios. Le sostuvo la mirada firmemente, como retándolo a que dijera algo. Pero ella sólo se la devolvió sin reproche alguno en sus grises profundidades, tal como le había dicho.
Asintió una única vez, como cerrando algún acuerdo tácito. Lentamente se volteó y volvió a la mansión. Una vez dentro, al llegar al segundo piso, se acercó a una ventana y observó hacia fuera. Nessa estaba dando vueltas bajo la lluvia, con los brazos extendidos, el rostro vuelto hacia el cielo y en el rostro, aún a la distancia, se podía distinguir una luminosa sonrisa.
Se quedó observándola largo rato, luchando contra los instintos que reclamaban lo que estaba viendo como propio. Antes de rendirse a ellos, se dirigió a su habitación, tratando de ignorar el aroma a oscuras especias que emanaba de su cuerpo.



Continuará...

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Deppie en Noviembre 23, 2009, 01:58:59 am
 emot021 emot021 emot021 Genial  :emot018: :emot018:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Noviembre 23, 2009, 07:30:06 am
POR FIN NESSA  :emot014: :emot014: :emot014:
ME ENCANTO ..... QUE EMOCIONES A FLOR DE PIEL..
 QUIERO MAS  :emot015: :emot015:  emot026 emot026
 emot024
GRACIAS CHICAS!!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: macky37 en Noviembre 25, 2009, 09:34:31 pm
 emot037 emot037 emot037  ¡ QUE BESO !...

 Me encanto el Z de la Ward, pero el de ustedes es el que me mata... :emot019: :emot015:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Diciembre 03, 2009, 05:31:41 am
emot037 emot037 emot037  ¡ QUE BESO !...

 Me encanto el Z de la Ward, pero el de ustedes es el que me mata... :emot019: :emot015:

tal cual, macky, pienso igual que vos... desde un comienzo mi debiliad fue z y nessa...
 para cuando otro capi???  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot030 emot030 emot030
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Diciembre 09, 2009, 03:15:48 pm
 emot035 emot035 emot035 emot035

Simplemente PERFECTO, ains tengo mariposillas en el estómago de lo que me ha gustado este capítulo  :emot018: :emot018:

Chicas son las mejores  emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Diciembre 11, 2009, 04:34:41 am
si a mi me paso lo mismo!!!! estuve esperando el acercamiento entre nessa y z... y me sorprendi y muchooo.
estoy esperando por el resto  emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Diciembre 21, 2009, 12:04:00 am
Chicas, dejarnos un regalin para noche buena y poner otro capi porfis  emot025 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Diciembre 21, 2009, 02:21:11 am
 emot026 :emot017: emot026 :emot017: emot026 :emot017: emot026 emot026 emot026
 quiero mi regalito de navidad... yaaaaa
 emot026 emot026 emot026 emot026
ya me siento mal...
 :emot015: :emot015:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Enero 03, 2010, 12:54:23 am
Valeeeeeeeeeeee que tal un regalito re Reyes????  emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Enero 03, 2010, 06:59:06 am
sip. miren que les dejo aguita y yuyito para los camellos!!!  :emot002:
 con tal de que me dejen nos dejen el regalito
 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Enero 10, 2010, 05:47:57 pm
Chicas  :emot003: porner algo porfis!!!!!!!!!!!!  emot025 emot026 emot025 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Nela en Enero 12, 2010, 01:16:43 am
me uno a la súplica...

 :emot018: oh, grandes musas, inspirad a la mente creadora para que nos traiga otro pellizquito de esta maravilla...

U^_^ me pasé? es que me encanta!!
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Enero 14, 2010, 09:04:14 pm
Sois malas. muy malas  emot023
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Enero 15, 2010, 05:09:48 am
no se vale chicas!!! nos tienen abandonadas  :emot003: :emot003: :emot003:
nos hacen picar con un capi tremendo  :emot004: emot038 para luego dejarnos con la espina  :emot009: :emot007: :emot001:
 no no no  emot023 emot023 emot023 emot023
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Febrero 23, 2010, 07:18:15 am
BUENO CHICAS ... PARECE QUE SE OLVIDARON DE NOSOTRAS  :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:
 YO QUERIA VER TERMINADA ESTA HISTOria  emot038 emot038 emot038 emot038 PERO BUE..
 HABRA QUE ESPERAR MAS???
no se pieradnnnn  emot026 emot026  :emot017: :emot017:
 emot026 emot026
 :emot007:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ^KenYa^ en Abril 12, 2010, 03:11:52 pm
 :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: :emot003: emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026 emot026
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Abril 13, 2010, 06:14:46 pm
Lo siento chicas, han dejado de postear la historia en todos los foros :emot003: :emot003: además que sé, que andan las 4 muy ocupadas sin hablar que algunas no pueden ni conectarse :emot017:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Abril 16, 2010, 07:19:21 am
 :emot003: :emot003: :emot003: :emot003:
 QUE LASTIMA.
 CON LO QUE ME GUSTABA LA HISTORIA..
 :emot017: :emot017:
 PERO BUENO...
OTRA VEZ SERÁ..
 GRACIAS CORAZON.

 BESOS
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Abril 16, 2010, 10:48:29 am
De nada, intentaré conseguir un permiso para que pueda postearla yo asi para que leais la historia :emot008:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Abril 17, 2010, 08:42:10 am
SI SERIA BUENISIMO..
YA QUE ME QUEDE CON LA ESPINA PARA VER COMO TERMINA..
 SERIA VERDADERAMENTE GENIAL ..
 QUE PUDIERAS CONSEGUIR EL PERMISO...
GRACIAS!!!
 :emot018:
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: NádiaEirenye en Abril 17, 2010, 05:00:09 pm
Ya he hecho el pedido solo espero una respuesta :emot020:
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Abril 19, 2010, 08:44:09 pm
gracias nuevamente corazon!!!!!!  :emot018: :emot018:
 estoy al pendiente   :emot018: :emot018:
 emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: Nela en Abril 20, 2010, 12:30:52 am
algo es algo, pero sé por experiencia propia lo que es tener que abandonar la mayoría de las aficiones por falta de tiempo...

Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: ale_itati en Febrero 16, 2011, 05:30:26 pm
Hola chicas se que ha pasado tiempo y en realidad todas agradecemos su interes por el fic, en realidad se hace una correccion antes de postearlo y todas pasamos por un 2010 bastante movido. voy a haclar con las chicas a ver cuando podemos colgar el resto de la historia. Nuevamente gracias por seguirnos y de verdad espero que puedan conocer la historia completa de las Protectoras emot024
Título: Re: Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: sahory en Febrero 19, 2011, 05:56:24 am
ale que alegria me da recibir esta noticia  :emot014: :emot014:
llego de mis vacaciones y me ecuentro con esto----
seria genial..-- me quede con intriga cuando no pudieron
 continuar con la historia.
 me parece genial.. bien por uds.. :emot018: :emot018:
 esperare con muchas  :emot004: :emot004: el resto de los capis.
gracias nena
Título: Re:Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: AMAZONAS30 en Septiembre 25, 2014, 08:07:50 am
Se que hace 3 años ya de esto, pero alguna de ustedes chicas, sabe que paso con esta hermosa historia?? Me quede colgada y  no me deja buen sabor de boca iniciar una historia y dejarla a medias, me desespera. Me perdi un buen tiempo, pero ahora que regreso veo que quedo inconclusa y me deja triste y anciosa. Si alguna la tiene, me la podrá pasar a mi correo el resto de la historia? POR FAVOR!!! lilyamladineo@hotmail.com
Título: Re:Las Protectoras de la Noche (actualizado 29/06 )
Publicado por: AMAZONAS30 en Septiembre 25, 2014, 06:28:58 pm
Chicas bellas donde se metieron que ya no le siguieron con la historia?? Gise, Roz, Vichyta y ale_itati dónde estan, diganme que si terminaron la historia, cuantos capitulos nos faltan por leer para completarla?? Pasenmelos si, por favor!!! Miren que ya hasta sueño con ellas jajaja.
Se han de preguntar por qué despues de tres años ando aqui de rogona, bueno pues cuando reciend escubrio esta historia leí el prologo y me gusto, guarde los capitulos que ya estaban en ese entonces hasta el 19, y lo puse en mi memoria de libros dentro de la carpeta de la hermandad junto con otros 2 fic's, el caso que había extraviado tremendo tesoro y hace poco la he recuparado y cual es mi sorpresa que me topo con su fic y veo que no lo he leido; se los juro que no he tardado nadita en leerme los 19 y pues que veo que no esta completa y me meto a buscar su post y cuando busco encuentro 7 capitulos más(que si 19 me los leí veloz, no se digan los ultimos 7) pero veo que siguen faltando y quiero más. :-(