Capitulo 5
(casi todo de la inspiración de Hipholita)
Después de unos buenos veinte minutos bajo el agua con una extraña crema que hacia espuma y luego de estar seguro de estar completamente limpio, Bloodletter saco su macizo y fuerte cuerpo de la ducha sin importarle dejar un asco a su alrededor. Definitivamente las cosas habían cambiado en este tiempo. Algunas no le agradaban en absoluto pero otras definitivamente eran para mejor, ya no tenias que ir a un gelido río a lavar tus partes si querías estar libre del olor a putas y sangre seca de lesser, sólo bastaba con abrir una llave y listo... el agua más limpia que hubiese visto en su vida a tu servicio.
Otra de las mejoras era que los humanos habían inventado una suerte de letrina, en forma de extrañas y lujosas tazas que no tenían mal olor en absoluto, y que arrojaban agua llevándose los desperdicios de tu cuerpo si tirabas una manilla.
Completamente desnudo y estilando agua fue hasta una habitación que suponía era la cocina, que estaba llena de extraños artefactos. Uno de los cuales era aquella gran caja blanca de metal que tenia la capacidad de guardar el frío en su interior, al abrirla la encontró llena de alimentos de los más variados tipos, texturas y sabores… que tardo aproximadamente 20 minutos en devorar.
La verdad es que el lugar estaba bastante bien, lo proveía de un refugio, -claro una vez que bloqueó las ventanas- un excelente sitio para dormir con suficiente agua a su disposición, además de fácil de defender ya que se encontraba a considerable distancia del camino y muy alejado de otras casas. Estaba listo para aprender y disfrutar todo lo que esta época tenia que ofrecerle.
Pero antes necesitaba hacer algo importante... Caminó de regreso al baño y observó su rostro en el espejo, con aire ausente se frotó la espesa y descuidada barba que le daba un aspecto un tanto siniestro. Había llegado la hora de un cambio. Sin dudar tomó una extraña cuchilla, una que había visto usar en una de esas extrañas pinturas de la calle y que servía para quitarse el pelo del rostro. Poco a poco su propia cara comenzó a emerger de entre los cortes. Era como mirar las facciones de un extraño aunque…no era de todo desconocido, tras un momento lo que vio en el reflejo de la pared lo dejo helado.
Suponía que Vishous por ser el hijo de su cuerpo seria parecido a él, pero esto era como revivir el último día juntos, el día que lo expulso del campamento de guerreros. La misma dureza en sus ojos, la misma arrogancia, casi la misma crueldad.
Su hijo, su mayor orgullo, su más grande decepción.
Con un fuerte golpe que rompió en pedazos el pasado y parte de la pared intento infructuosamente pensar en otra cosa, pero era demasiado tarde. Estaba sumergido en los recuerdos.
Desde el momento en que lo pusieron en sus brazos, Bloodletter sintió un remolino de cosas ocurriendo en su pecho, algunas de lo más extrañas, aunque una distinguió perfectamente bien.
Era orgullo. A los tres años su Vishous era perfecto, inteligente, fuerte y duro. ¡Hasta tenia mal humor!
Durante varios meses se dijo que era por el bien del chico que lo mantuvo durmiendo cerca de él…en sus brazos. Se dijo que lo hacía solamente para evitar que los otros pretrans y las putas lo asesinaran en un arrebato de furia para desquitarse de él. La verdad era diferente, tremendamente diferente aunque ni aun ahora deseaba admitir que sentía alguna clase de apego por su hijo.
Hasta que descubrió la maldición en él. Pese a esto y aunque la raza no aceptaba deficiencias no lo mató como era su derecho. En vez de ello lo marco con la expulsión, no muerte.
¡Ese maldito ojo, esa maldita mano!
Ese había sido el único momento de debilidad y traición a su honor en su vida adulta.
Recordó el momento exacto en el que comprendió que había sido defraudado, cuando comprendió que su hijo no sería lo que esperaba. Cuando la Virgen escriba vino a él por su semilla, Bloodletter imagino al mejor de todos los guerreros, uno al que le enseñaría a luchar con ferocidad sirviendo a la raza como lo hace un macho. El orgullo de saber que su cuerpo había contribuido a formar aquel ser especial y perfecto fue uno de sus más dulces secretos.
En vez de ello le entrego un niño maldito.
Regresando al presente terminó su tarea sintiendo el pecho oprimido, como si una pesada y caliente bola apretara sus pulmones. ¿Pero qué ganaba nada sumergiéndose en recuerdos? Lo hecho, hecho estaba. Ya tendría bastante tiempo soñando lo mismo como todas las noches.
Se enfundo en un buen par de pantalones y colocó otras prendas sobre su cuerpo sintiéndose algo mejor. Esta noche saldría y buscaría más alimento.
Esta noche comenzaría una nueva vida.
* * * *
A pesar de ser medio día la mansión se encontraba en total penumbra e Hipholita se deslizó como una sombra aprovechando que la mayoría de los hermanos descansaban en sus habitaciones.
El corazón la latía con fuerza, pero el deseo de hacer algo era más fuerte que su miedo, se le había metido en la cabeza que tenía que ayudar a Thor, ese macho movía algo en su interior que la impulsaba a hacerlo.
Rezando a la Virgen por ayuda, se detuvo frente a la puerta de la habitación. Levantó la mano pero antes de tocar tuvo un momento de duda ¿Realmente debía hacer eso?
Se dio la vuelta para alejarse pero se detuvo y regresó de nuevo permaneciendo de pie mientra apoyaba la frente en la dura madera. Le dieron ganas de golpearse a si misma. ¿Qué le sucedía? ella nunca había sido cobarde y no iba a comenzar ahora, colocó en su rostro una brillante sonrisa y con agilidad le dio un golpecillo a la puerta.
No obtuvo respuesta.
A lo mejor el hermano no estaba ahí, bueno lo intentó se dijo, sólo que en lugar de escapar volvió a golpear la puerta, esta vez con mas fuerza.
Escuchó un barboteó que bien podía ser un “entre” o un “vete” pero por lo menos era una respuesta así que lo tomó como una invitación.
Al entrar al lugar se topo con una temperatura de refrigerador y una completa oscuridad.
-Pero que oscuro esta este lugar- dijo usando su mejor tono despreocupado a pesar del temor, por lo que encendió a su voluntad algunas velas para calmarse un poco y de paso ver donde pisaba. Buscó con la mirada hasta encontrar al macho sentado en el centro de un enorme lecho tan desarreglado como el mismo hermano.
-¿a que has venido?- le gruñó una voz que raras veces había escuchado.
-Nada importante- Hipholita le sonrío beatíficamente –simplemente pensé que querrías esto- dijo al tiempo que sacaba una manzana escondida tras su cuerpo.
El macho se le quedó mirando de una extraña manera, sus fosas nasales se ensancharon como si buscara algo en el aire.-¿Por qué haces esto?- le gruñó.
Hipholita respondió con inocencia –Prácticamente eres piel y huesos- se acercó a la cama con pasos delicados, moviéndose como si fuera una bailarina y sacó una pequeña daga también escondida. – Me dije- continuó parloteando y como quien no quiera la cosa se sentó en una esquina de la cama cruzando las piernas de una manera casi inocente –que seguramente después de comer tan poco tendrías algo de hambre, así que se me ocurrió traerte esto- mientras hablaba extendió la fruta.
-ya cené- la voz rasposa del macho parecía extrañamente oxidada, como si no la usara mucho.
-Lamento incomodar- dijo aunque por el tono que usó no parecía sentirlo de verdad – pero es una pena que esto se desperdicie - sin decir nada más, la hembra comenzó a cortar porciones de la fruta y llevárselas a la boca.
La mirada azul marino del hermano se deslizó entre la mano y la boca que tomaba pequeños trozos con elegancia. Casi sin darse cuenta el macho se concentro en la manera en la cual mordía cada porción y se lamía los dedos con deleite.
Al momento de tomar otro trozo, la daga que llevaba la hembra se deslizo furtivamente cortando la palma de su mano. El olor estuvo a punto de enloquecer al hermano… la vida y fuerza de Hipholita llegó hasta el centro de su pecho, de inmediato sus colmillos se alargaron y un siseo brotó de su garganta exigiendo lo que por tanto tiempo le había sido negado. Apenas y alcanzo a controlar sus más primarios instintos y volvió la cabeza intentando alejarse del delicioso aroma.
-¿Quieres? Thorment hizo acopio de todo su valor y dirigió la mirada… ella estaba justo frente a él con la mano extendida y un buen trozo de manzana casi cubierta con su sangre.
Sin poder evitarlo cogió la muñeca de Hipholita con fuerza y la acerco hasta su boca tomando lo ofrecido, al momento que su lengua hizo contacto sus sentidos estallaron desenfrenados por la mezcla de la fruta y sangre mezcladas. Una vez que acabo con la manzana continuó lamiendo la palma de la mano de la hembra, disfrutando cada gota con deliciosa codicia.
Hipholita observó como la herida de su mano se cerraba debido a la saliva del macho y pensó que no debía hostigarlo más, había dado un gran paso y lo poco que bebió le seria suficiente por un tiempo.
Ya pensaría como volver a ayudarlo a recuperar. Comenzó a retirar la mano para alejarse, pero un fuerte tirón la mando de vuelta a la cama y con un siseo un par de afilados colmillos se clavaron profundamente en su vena.
Demasiado estupefacta para reaccionar solo pudo mirar como el macho bebía de ella con hambrientos tirones...
A pesar del dolor de la mordida decidió alentarlo a seguir acariciando su cabello con la mano libre, apenas hizo contacto el macho soltó su muñeca pero lejos de apartarla se dirigió a su cuello y con un rápido movimiento la inmovilizo cubriéndola con su cuerpo.
Thorment apenas y podía pensar. Todo lo que llegaba a él era el sabor de la fuerza deslizándose por su lengua y el olor de la hembra que inundaba sus sentidos, si el aroma de su muñeca era bueno el de su cuello era simplemente enloquecedor.
Su cuerpo de guerrero cobro viva después de meses de inanición, la fuerza fluyó por su cuerpo despertándolo. Su corazón comenzó a palpitar con fuerza, sus pulmones a respirar como si hubiese estado por semanas llenos de polvo… y su sangre se calentó. Cada músculo, cada vena se llenó de vida.
Cuando por fin tuvo suficiente de ella lamió la marca dejada por sus colmillos como si se tratase de un manjar e hizo lo mismo con la muñeca herida.
Esta vez a voluntad del macho las velas dejaron de llamear y la habitación quedo nuevamente sumergida en tinieblas.
Hipholita sintió la oscuridad y luego el cuerpo del macho descender del suyo, intento deslizarse para salir de la gran cama pero una mano la sujeto casi con rudeza y la apretó contra su cuerpo con mucha suavidad.
Permaneció en silencio escuchando en la oscuridad hasta que sintió el preciso momento que el macho al fin se durmió con un gran brazo sujetándola por la cintura.
-Wrath me va a matar... ¿Como iba a regresar a su habitación ahora? ¿Cómo iba a explicar todo esto? pensó mortificada. Aunque por el bien del hermano volvería a hacerlo… claro si el rey la dejaba volver a asomarse fuera de su cuarto.
HIPOOOOOOOOOO ¿CÓMO NO ME HAS AVISADO QUÉ HABÍAIS SUBIDO CAPÍTULO NUEVO? :emot001:
Sabiendo lo mucho que me gusta y te has olvidado de decírmelo :emot003:
Esto puede influir en mi decisión de elegir el mejor banner, que lo sepas
Ahora no puedo leerlo, pero de hoy no pasa, estoy deseando hincarle el diente.