Autor Tema: LOS AERONAUTAS DE LAS TIERRAS DEL VIENTO, Capítulo 1  (Leído 128 veces)

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LOS AERONAUTAS DE LAS TIERRAS DEL VIENTO, Capítulo 1
« en: Junio 09, 2019, 03:48:04 pm »
CAPÍTULO 1
Barco mercante de Albion, Depredador.

El capitán Grimm apartó el telescopio del ocular derecho de sus pesadas gafas. La aeronave auronana era un punto distante contra las pesadas nubes de abajo, mientras el Depredador quedaba oculto sobre la aeroesfera por el resplandor de la luz. Una tormenta se arremolinaba en la mesosfera, la capa de nubes pesadas y niebla que yacía por debajo de ellos, pero aún había tiempo de llegar a la nave enemiga antes de que la tormenta empezara a interferir con los sistemas de la nave.
Grimm asintió una vez, con decisión.
-Vamos a entrar en las corrientes. Cuartel general. Sacad las armas. Extended la red, arriba, abajo y en los flancos. Máxima potencia hasta el sudario. Estableced rumbo a la nave aurorana.
-¡Toca cuartel general! -ladró el comandante Creedy, y la campana de la nave dio tres toques rápidos, repetidos con un sorprendente clamor-. ¡A las armas! -La orden recorrió todo el Depredador mientras los artilleros corrían hacia sus torretas.
-¡Extended la red por todo el reloj! –Los hombres cubiertos de cuero, gafas y restos de uniformes de la Flota saltaron a los mástiles y el aparejo de la aeronave, gritando en señal de conformidad. Creedy agarró el extremo del tubo comunicador y gritó: ¡Ingeniería!
-Ingeniería, sí -llegó la respuesta en una vocecilla.
-A toda máquina hacia el sudario, si le place, Señor Journeyman.
-A toda máquina hacia el sudario, afirmativo. Y dígale al capitán que acabe con ellos antes de que puedan tocar nuestro sudario. Esa tormenta está demasiado cerca. Si calcula mal el acercamiento quedaremos desnudos.
-Mantenga la disciplina, Señor Journeyman -dijo Creedy con severidad.
-Yo me ocupo del mantenimiento, idiota -exclamó el ingeniero-. No me digas como hacer mi trabajo, niñato imbécil.
-Dejémoslo estar, segundo -dijo Grimm muy bajito a Creedy. Estaba sonriendo, aunque apenas, ante la respuesta de Journeyman. El ingeniero etérico era simplemente demasiado valioso para ser reemplazado y el hombre lo sabía.
El hombre más alto y más joven frunció el ceño tras sus propias gafas y se cruzó de brazos.
-Debería dar ejemplo a los demás hombres de su departamento, capitán.
Grimm se encogió de hombros.
-No va a ceder, comandante. No puedes sacar sangre a una piedra. -Cruzó las manos con tranquilidad tras la espalda-. Además. Puede que tenga razón.
Creedy lanzó al capitán una mirada afilada.
-¿Señor?
-Va a ir muy por los pelos -replicó Grimm.
Creedy miró con dureza a la nave aurorana y tragó saliva. Era una de las naves de la Aguja rival clase Cortez… un gran crucero mercante mucho mayor que el Depredador, con más potencia de fuego y una cobertura más gruesa. Aunque las naves tipo Cortez eran oficialmente barcos comerciales y no de guerra, estaban bien armadas y se sabía que llevaban una compañía entera de marines auroranos. Esta nave, Grimm estaba seguro, era el barco responsable de las más recientes pérdidas de la flota mercantil de Albion.
-¿Preparamos el abordaje, señor? -preguntó Creedy.
Grimm arqueó una ceja.
-Somos audaces y atrevidos, comandante, pero no maníacos. Eso se lo dejaré al comodoro Rook y sus amigos de la Flota. El Depredador es una nave privada.
-Sí, señor -contestó Creedy-. Probablemente sea mejor que no nos demoremos mucho. Atacaremos su red con fuerza obligándolos a bajar, dejaremos una boya, y que Rook se ocupe de ellos -confirmó Grimm-. Si nos quedamos para un intercambio de golpes, esa tormenta podría hervir e interferir con nuestro sudario.
-Y el suyo -señaló Creedy. Los buenos segundos hacían eso en la Flota, hacer de abogado del diablo ante los planes del capitán. Grimm encontraba la práctica bastante irritante. Si no le hubiera debido un favor a la hermana de Creedy…
-Ellos tienen más armas y más grandes que las nuevas -contestó Grimm-. Y mucho más barco que nosotros. Si nos cogen desnudos frente a una Cortez, el peor capitán de su flota podría enviarnos a todos gritando hacia la superficie.
Creed se estremeció.
-Sí, señor.
Grimm palmeó el hombro del joven y le dedicó una breve sonrisa.
-Relájate. Cuando la Flota disciplina a los jóvenes oficiales de forma tan decisiva, lo hace para causar impresión… así cuando vuelven a sus obligaciones en la Flota, no repiten su error. Tienen intención de volver a ponerte en faena, o se habría limitado a una simple degradación. No te van a dejar suelto mucho tiempo. Entonces te librarás de la Depredador y estarás de nuevo en un casco debidamente blindado.
-La Depredador es un buen barco, capitán -dijo Creedy con firmeza-. Sólo… un poco más frágil de lo que me gustaría.
Y, pensó Grimm, considerablemente menos frágil de lo que sabía.
-Anímate, segundo. Aunque no nos llevemos un barco como premio, la recompensa por dañarlo y dejárselo a Rook nos reportará una buena bonificación. Cien coronas por cabeza, al menos.
Creedy hizo una mueca.
-Mientras Rook se hace con cien mil coronas. Y podrá comprar a su Casa unos cuantos consejeros más.
Grimm cerró los ojos y alzó ligeramente la barbilla mientras los hombres extendían la red de seda etérica casi transparente. No necesitaba observar para saber como la red etérica cambiaría a medida que se introducía en ella electricidad, haciendo que se agitara y creciera, aparentemente sin peso. Captaba las corrientes invisibles de energía etérica que recorrían la aeroesfera, y las hebras de seda traslúcida, extendida como grandes telarañas durante unos buenos seis metros alrededor de la propia nave, captarían la fuerza de las corrientes etéricas invisibles que atravesaban los cielos y empezarían a empujar hacia delante a la Deprededor. La esbelta nave aceleró rápidamente. El viento se alzó, frío y seco. El trueno distante de la tormenta que se avecinaba atravesó el aire fino.
La idea del comodoro Hamilton Rook ganando incluso más influencia en la Aguja no preocupaba particularmente a Grimm. La mayoría de los asuntos de la Aguja Albion no le preocupaban. Que los trogs de la Aguja se mordieran unos los labios de otros, si eso era lo que querían. Mientras él tuviera el Depredador, tenía todo lo que necesitaba.
Kettle, el marinero que controlaba los controles de la nave a un par de metros de ellos y por encima de Grimm y Creedy, soltó un silbido corto. Grimm se giró y alzó una ceja.
-¿Señor Kettle?
El marinero canoso asintió hacia la tormenta que se aproximaba con la barbilla.
-Skipper, podrías considerar utilizar un descenso más pronunciado de lo normal. La gravedad nos proporcionaría mayor velocidad, y si el intercambio no va bien, podemos pasarles de largo e internarnos entre las nubes.
-Cuidado con lo que dices, aeronauta -exclamó Creedy-. Si tiene una sugerencia, puede pasarla al capitán a través de mí. Esas son las regulaciones en una nave de la Flota.
-Segundo, esta no es una nave de la Flota -dijo Grimm tranquilamente-. Es mi nave. Dejadme pensar.
La sugerencia del señor Kettle tenía mérito. La velocidad extra del descenso haría que apuntar fuera difícil, pero su nave era sólida,y no tendrían que necesitar disparos milagrosos para inutilizar la nave enemiga en un ataque por sorpresa... y acomentarían la estratagema unos momentos antes, adelantándose a la tormenta. Prefería mucho más sus posibilidades si el sudario del Depredador continuaba intacto a su alrededor.
Creedy, que podía soportar una tormenta sin palidecer, comenzó a parecer un poco verde ante las opiniones que tenía su capitán de las regulaciones de la Flota. Pero miró sobre el hombro a Kettle e intentó valientemente continuar con su deber mientras lo hacía.
-Una inmersión pronunciada parece innecesaria, señor. Con toda probabilidad ni siquiera sabrán lo que se les viene encima hasta que las armas abran fuego.
-Estamos muy lejos de casa, segundo. Preferiría no tratar con probabilidades. -Grimm asintió hacia el viejo marinero-. Lo haremos a su modo, señor Kettle. Informe a los artilleros para que ajusten sus ángulos de tiro.
-Sí, señor.
Grimm inclinó la cabeza y consideró la fuerte brisa que soplaba sobre la cubierta.
-Señor Creedy -dijo- que los hombres preparen las velas, si no le importa.
Creedy hizo una pausa y parpadeó sorprendido.
-¿Capitán?
Grimm no culpó al joven por su reacción. Pocas aeronaves utilizaban velas de viento en estos días. Se preferían las hélices propulsadas por vapor y las nuevas turbinas de tornillo para la locomoción , si una nave caía fuera de la aerosfera o quedara varada en alguna parte del cielo sin corrientes etéricas lo bastante fuertes para impulsar a un barco. Pero las velas tenían sus propias ventajas: No requerían robustas y pesadas máquinas para funcionar, y comparadas con las máquinas de vapor, al menos, eran casi silenciosas.
Era curioso, pensó Grimm, con qué frecuencia en la vida un retazo de juicioso silencio podía resultar útil.
-Manténgalas recogidas por ahora -dijo Grimm-. Pero las quiero listas.
-Sí, señor -dijo Creedy, con incluso menos entusiasmo que unos momentos antes... pero pasó las órdenes con firmeza.
Después de eso, hubo poco que hacer excepto esperar mientras la Depredador tomaba posiciones para su caída. El equipo de batalla estándar incluía un arnés con varios puntos de anclaje. Una cuerda de salvamento consistía en una línea trenzada de cuero de dos o tres metros con un largo clip en cada extremo, y a cada hombre se le exigía tener tres de ellas cuando sonaba toque general. Grimm y Creedy estaban los dos conectados por un par de cuerdas a varios railes y anillas colocadas alrededor de la nave para ese mismo propósito, sujetándolos con fuerza.
Una vez atado, Grimm se detuvo para enderezarse el uniforme. Como capitán de una nave mercante de Albion, no se le requería estrictamente que se pusiera uno, pero la tripulación le había encargado uno tras su primera incursión como corsarios. Era idéntico al uniforme de la Flota, pero en vez de color azul marino con adornos dorados, era de color negro azabache con adornos rojo sangre. Las dos franjas anchas de un capitán de aeronave adornaban el extremo de cada manga de su abrigo largo. Los botones plateados con forma de calavera le habían parecido un poco excesivos, pero tenía que admitir que prestaban al atuendo un aire de pirata bastante creíble.
Por último, como siempre, apretó la correa de su tricornio, asegurándoselo con firmeza a la cabeza. Los aeronautas consideraban que daba mala suerte que el capitán perdiera su gorro cuando el barco se lanzaba a la batalla, y Grimm había visto demasiadas cosas raras en sus días para liberarse por completo de la superstición.
Hicieron falta varios momentos para cubrir las millas de distancia entre la nave auronana y el Depredador, y la tensión aumentaba todo el tiempo, esperando el aire frío, su rigidez visible en las espaldas de los artilleros y aeronautas. El combate barco a barco era la forma de violencia más destructiva conocida por el hombre, y todo el mundo a bordo del Depredador lo sabía.
Grimm interpretaba su papel como siempre. A los hombres se les permitía estar nerviosos o asustados... era la única respuesta sana a su situación, después de todo. Pero el miedo era una enfermedad que podía hincharse y diseminarse, incapacitando a tripulaciones y provocando la destrucción que se había estado temiendo en primer lugar. Al capitán no se le permitía el lujo de sentir miedo. Los hombres tenían que estar seguros... no solo sospecharlo, sino estar absolutamente seguros... de que su capitán sabía precisamente lo que estaba haciendo. Tenían que saber que su capitán era invencible, infalibre, inmune al miedo. Esa seguridad y conocimiento era crítico para la tripulación... les permitía ignorar su miedo y concentrar sus mentes en sus tareas, como les habían entrenado para hacer.
Que los hombres funcionaran tal como se les había entrenado, incluso en medio de la furia infernal de una batalla aérea, era absolutamente vital para la victoria. Tales tripulaciones tendían a sufrir muchas menos heridas y perdida de vidas... y Grimm prefería precipitarse a los mástiles ventrales del Depredador que arriesgarse a la perdida innecesaria de sangre de su tripulacion. Asi que hacía lo que podía para que lucharan con tanta eficiencia y ferocidad como era posible.
No hacía nada.
Grimm permaneció de pie tranquilo sobre la cubierta, con sus líneas de vida tensas y despejadas, las manos cruzadas a la espalda. Miró adelante y no se permitió a sí mismo mostrar ninguna emoción en absoluto. Podía sentir los ojos que se posaban en él de cuando en cuando, y permaneció firme, una presencia tranquilizadora y confiada.
Creedy intentaba emular a su capitán, con un éxito limitado. Aferraba una barandilla con tanta firmeza que sus nudillos se habían quedado blancos, y su aliento entraba agitado a través de las fosas nasables.
-Segundo -dijo Grimm con tranquilidad, sonriendo-. ¿Tal vez guantes?
Creedy se miró la mano y se apresuró a quitarla de la barandilla. Pasó un momento buscando los guantes en sus bolsillos y se lo spuso.
Grimm no podía culpar al joven. Esta sería su primera batalla a bordo del Depredador, una nave civil. Construida con poco más que madera, no estaba revestida con láminas de bronce y una armadura recubierta de acero y cobre, como tendría una nave militar. Si el fuego enemigo penetrase su sudario, cada explosión infringiría un daño horroroso en la nave y su tripulación por igual... y un disparo afortunado podría destruir su cristal central, desatando una explosion de energía que se esparciría la nave y a su tripulación a través de millas y millas de cielo.
Los miedos de Creedy estaban fundados en años de experiencia en las naves de guerra de la Flota de la Aguja Albion. Todo lo que sabía le decía que estaba a punto de participar en una batalla que bien podría terminar en una aniquilación mutua, que Grimm estaba asumiendo un horrible riesgo.
No era culpa del segundo que nunca antes hubiera luchado en el Depredador.
Era el momento. Su barco estaba en posición, tal vez a una milla o poco más sobre la nave auronana.
-¡Indique maniobras! -gritó Grimm.
La campana del barco comenzó a sonar con un staccato rápido. una última advertencia a la compañía del barco para que aseguraran las líneas de vida antes de que el Depredador entrara en batalla.
Grimm sintió una sonrisa lobuna tocarle la boca. Alzó la mano para apretar la banda de su tricornio en preparación para la inmersión, y asintió ligeramente a un lado.
-Señor Kettle -dijo-, puede empezar su inmersión.

Desconectado Sacro

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Re:LOS AERONAUTAS DE LAS TIERRAS DEL VIENTO, Capítulo 1
« Respuesta #1 en: Junio 11, 2019, 07:26:38 am »
 23a
Algun dia saldra, Harry dresden 13, 14, 15. (T.T)/

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Re:LOS AERONAUTAS DE LAS TIERRAS DEL VIENTO, Capítulo 1
« Respuesta #2 en: Junio 12, 2019, 08:12:23 am »
Está costando.
Traducir batallas aero-náuticas es más difícil que las luchas de espadas.

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Re:LOS AERONAUTAS DE LAS TIERRAS DEL VIENTO, Capítulo 1
« Respuesta #3 en: Junio 12, 2019, 05:33:22 pm »
 06a

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Re:LOS AERONAUTAS DE LAS TIERRAS DEL VIENTO, Capítulo 1
« Respuesta #4 en: Junio 13, 2019, 05:23:22 pm »
 06a 06a

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Re:LOS AERONAUTAS DE LAS TIERRAS DEL VIENTO, Capítulo 1
« Respuesta #5 en: Junio 18, 2019, 08:58:41 pm »
 06a
Mi destino es no dejarme someter