Autor Tema: Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 4  (Leído 165 veces)

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Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 4
« en: Enero 13, 2019, 08:08:12 pm »
CAPÍTULO CUATRO
Cuando Aralorn despertó todavía estaba oscuro. Se deslizó a través de la abertura de la tienda, moviéndose en silencio para evitar perturbar a las dos mujeres que habían compartido su tienda con ella.
Volvió a colocar el faldón áspero para que el aire frío de la mañana permaneciera fuera.
La mayor parte de las tiendas del campamento eran improvisadas. Varias consistían en poco más que una alfombra tendida sobre un palo o una cuerda al auténtico estilo soldado. La única tienda que valía tal nombre pertenecía a Myr, que la compartía sin quejas con cierto número de los niños más pequeños.
Cuando pasó junto a la tienda de Myr, cerca del fuego, hizo un respetuoso asentimiento hacia el dragón bordado en el costado, pero él la fulminó con la mirada de todos modos. La luz parpadeante del fuego proporcionó una ilusión de vida a los ojos verdes y dorados.
Casi junto al fuego había unas cuantas estructuras de madera. La cocina era poco más que un cobertizo de tres lados, pero mantenía la comida seca. El cocinero ya estaba levantado, cortando algo a la luz de una linterna, pero se detuvo lo suficiente para dedicar a Aralorn una mirada no más amigable de la que antes le había dedicado el dragón.
Aralorn le sonrió alegremente y siguió su camino.
El campamento estaba ubicado en un pequeño valle, no más grande que la mayor de las arenas de equitación de Sianim, localizado a medio día a caballo de la frontera norte de Reth. Era largo y estrecho, con un arroyo en medio que sospechaba que cubría mucho más la zona en primavera, cuando la capa superior de nieve se fundía en los picos de las montañas. Tal como estaban ahora, la tierra cerca del arroyo era pantanosa y emitió sonidos suaves de succión cuando caminó sobre ella para coger agua para beber y lavarse la cara.
Las tiendas estaban todas en el costado este del valle, cerca del único sendero que resultaba obvio a causa de la pendiente, casi en el costado del acantilado. Esas laderas, pesadamente cubiertas de arbustos en lo alto, eran las defensas más fuertes que el campamento podía tener, lo hacían casi invisible a cualquiera que no estuviera ya en el valle.
Por el simple hecho de haber puesto una cerca a lo ancho del valle en la parte más estrecha, el extremo oeste se había convertido en un prado para que pastara la mayor parte del ganado… dos cabras, cuatro burros, varios caballos y una vaca escuálida. Era hacia esa parte del valle adonde Aralorn se dirigía.
Sabiendo cuanto le gustaba a Lobo la gente, pensó que estaría lo más lejos posible de las tiendas… aunque no podía verle en ningún lugar del valle. Cuando se acercó al prado un suave relincho le dio la bienvenida. Sheen, sólo ligeramente molesto por la suave cuerda de cuero que le ataba las patas delanteras, saltó hacia ella para conseguir que le frotara la nariz. Le había atado mientras estuviera en el prado para que los propietarios de las dos yeguas no terminaran con potros no deseados. Él la siguió un rato antes de deambular hacia el forraje.
Le llevó algo de tiempo encontrar el débil sendero que corría hacia arriba por la cuesta pronunciada cerca de la valla. El terreno era áspero y traicionero debido a las piedras sueltas, y pensó con pesar que una persona tendría que ser en parte cabra montesa para intentar esto con mucha frecuencia… o parte lobo.
Aferrando un trozo de arbusto, se impulsó hacia arriba en una zona particularmente empinada y se encontró de forma inesperada en un hueco que no había sido visible desde abajo. Un pequeño fuego sin humo ardía cerca de unas mantas.
El Gran Lobo Malo giró sus ojos ámbar hacia ella y balanceó la cola en señal de bienvenida.
Dado que él no las estaba usando, se sentó sobre las mantas y descansó la barbilla sobre las rodillas alzadas.
Lanzó unas cuantas ramas al suelo de forma casual, dejando que fuera él quien rompiera le silencio. Como era típico en Lobo no explicó nada, sino que la interrogó a su vez.
-Háblame del campamento. -Su voz era medianamente curiosa.
-¿Por qué? Tú llevas aquí mucho más tiempo que yo.
Él sacudió la cabeza.
-Sólo quiero saber lo que ves… cuanto tengo que explicarte.
-Bueno -empezó-, el campamento lleva aquí varios meses, probablemente desde principios de esta primavera. Originalmente la persona o personas que lo empezaron no sabían mucho sobre acampar en los bosques, así que supongo que no eran de por aquí. Parece como si alguien estuviera en proceso de reorganizar el campamento. Si fuera jugadora, apostaría mi oro a que es Myr el que lo está reorganizando. -Miró al Lobo en busca de confirmación.
Lobo asintió y Aralorn continuó hablando.
-Por lo que puedo ver, la mayor parte de esta gente vino sin mucho más que la ropa que llevaba a la espalda. Hay… ¿tal vez cincuenta personas aquí?
-Cincuenta y cuatro contándote a ti -replicó Lobo.
-Alrededor de una tercera parte de ellos son niños. No son de ninguna clase social en concreto. He visto campesinos, gente de ciudad, y varios aristócratas. Los niños están aquí, por lo que he visto, sin sus familias. Casi todos son de Reth. -Aralorn se recostó hacia atrás y se puso cómoda-. Todos tienen pinta de refugiados, y me jugaría hasta mi última moneda a que están huyendo del ae’Magi.
Lobo gruñó de forma afirmativa.
-¿Pero cómo han llegado todos aquí? Puedo imaginar a los norteños encontrando este valle, pero también he oído acentos del sur de Reth.
-Tú, entre todos, deberías saber la reputación que tienen las montañas del norte -contestó Lobo.
Aralorn pensó en lo que había oído sobre las tierras del norte.
-¿Quieres decir las historias sobre que la magia humana no funciona aquí? Creía que era una tontería. Te vi transportar al mercader, y por lo que tengo entendido esa teletransportación es un hechizo de alto nivel.
Lobo sacudió la cabeza.
-No lo habría intentado tan al norte si no nos hubiera preocupado que el ae’Magi encontrara este valle. Los hechizos pequeños parecen no tener impedimentos, pero los más delicados son más difíciles de ejecutar. Algunas personas se ven más afectadas que otras… el ae’Magi no viaja al norte de Reth. En cuanto a mí, no parece que tenga muchos problemas con mi magia. -Asintió hacia el fuego, que titilaba, danzando salvajemente con llamas púrpura y doradas-. Pero no quería apostar a ello la vida del mercader; así que viajamos hacia el sur. El efecto parece estar altamente localizado, así que no tuvimos que viajar muy lejos.
-Las historias sobre ese aspecto de las tierras del norte son bastante comunes, incluso al sur de Reth. Supongo que esta zona sería un buen lugar para huir si estás intentando ocultarte de un mago humano -comentó Aralorn.
-Yo… -Él dudó un minuto y Aralorn tuvo el presentimiento de que en el último momento había cambiado lo que iba a decir-. Localicé este valle como posible refugio, aunque nunca tuve intención de establecer un campamento de este tamaño aquí.
Observó el campamento con aire desconcertado.
-No sé cómo esta gente encontró este valle en particular. Puedes preguntar, pero todo el mundo tiene una historia diferente. Es irrazonable que cincuenta personas, la mayoría de las cuales nunca habían estado ni a un kilómetro de distancia de la puerta de su casa, vaguen alegremente hasta tropezar con un valle que sería difícil de encontrar para un trampero.
Después de una ligera pausa, continuó.
-Como has adivinado, todos están huyendo del ae’Magi, por así decirlo… de la misma forma en que tú habrías estado huyendo de Sianim si hubieras hecho unos cuantos comentarios negativos más sobre el ae’Magi. La mayoría de ellos fueron expulsados de sus pueblos por la gente.
«Excepto Myr, todo el campamento puede hacer magia. Los adultos no tienen la suficiente habilidad para haber sido entrenados como magos y escaparon al control de ae’Magi de algún modo. Los niños son lo bastante jóvenes para que aún no hayan sido enviados al entrenamiento.
-¿El ae’Magi controla el entrenamiento de los magos? -Aralorn se había incorporado sobresaltada-. Sé que es el ae’Magi, pero creía que era más bien como un maestro de hermandad. Haces que suene como si fuera algo más que eso.
-Lo es -replicó Lobo, su voz ronca se suavizó para evitar que alguien la oyera-. Después de las Guerras Mágicas, se decidió que no se podía dejar que los magos fueran por ahí sin control. No sé qué tipo de control es exactamente, pero sé que es real. El ae’Magi puede evitar que un mago entrenado utilice su magia, dejándolo tan vulnerable a los hechizos del ae’Magi como la gente sin magia.
Aralorn se giró hasta que le tuvo de frente.
-¿Por qué tú no estás bajo su control?
Lobo se movió con una versión lupina de un encogimiento de hombros.
-O rompí los lazos del vínculo, o no fui entrenado lo suficiente. No estoy seguro de cuál de las dos cosas.
Aralorn y Lobo se sentaron en silencio, observando como despertaba el campamento en el valle por debajo ellos.
Aralorn estiró los pies hacia el fuego, que todavía ardía inquieto, como si esperara otra orden. Observando el juego rojo de la llama reflejado en sus pies en la penumbra, aventuró una pregunta.
-¿Cuánto hace que estás ayudando a Myr? -Notó con diversión hacia sí misma que su tono era desinteresado, sin revelar los celos que sentía. Le había sorprendido sentir resentimiento contra Myr, pero se había acostumbrado a ser la única persona ante la que Lobo se rebelaba a sí mismo. Cuando averiguo que no era la única persona cercana a él, que Myr sabía cosas de Lobo que ella no, eso le molestó.
Lobo habló lentamente, como quien está dando vueltas a las palabras en su mente por primera vez.
-Llevaba algún tiempo buscando una forma de actuar contra el ae’Magi. Me llamó la atención que Myr no tenía al ae’Magi en la misma estima que la mayoría de la gente; al parecer Myr no es susceptible a la magia. Todavía no estoy seguro de qué utilidad tendrá Myr contra el ae’Magi, pero me pareció prudente vigilarle. Al principio hice poco más que observar, pero después de que los padres de Myr murieran, me presenté y ofrecí mi ayuda. Lo que hice fue más que nada ofrecer consejo y bloquear unos cuantos hechizos que podían causar accidentes permanentes.
-Accidentes como un carruaje volcado inesperadamente -ofreció Aralorn.
Lobo asintió.
-O la flecha perdida de un arquero, cosas contra las que no protege la inmunidad a la magia. No estoy seguro de si ayudé mucho al final. El último ataque que el ae’Magi preparó contra Myr fue más sutil. ¿Has oído lo que ocurrió?
Aralorn negó con la cabeza.
-El primer día que oí hablar de ello fue en la posada, cuando unos mensajeros de la capital entraron y escupieron una sarta de tonterías. Se suponía que Myr se había vuelto loco de pena y había atacado a sus propios hombres.
Lobo resopló con disgusto.
-Myr estaba en su patio personal en el palacio cuando fue atacado por un elemental. Hicieron suficiente ruido para que yo fuera a investigar. Creo que Myr hubiera vencido tarde o temprano, aunque yo no hubiera estado allí. -Lobo se encogió de hombros y continuó-. Después de muerto, el demonio se transformó en una criatura más mundana… uno de los guardias personales de Myr. Todavía estábamos de pie junto al cuerpo cuando la mayor parte de la guardia del castillo entró corriendo en el patio. Atacaron y nos las arreglamos para huir. Aquí hemos estado desde entonces.
-¿Y ahora qué? -preguntó Aralorn, dibujando en la tierra cerca de las mantas.
Lobo soltó un sonido que podía pasar por una risa.
-Ahora, Myr está intentando desesperadamente preparar este campamento para el invierno y yo estoy intentando encontrar una forma de actuar contra el ae’Magi. -Hizo una pausa y luego dijo con un tono que destilaba frustración-. No es que no tenga el poder. Es el entrenamiento lo que me falta. La mayor parte de lo poco que sé lo he aprendido por mi cuenta, y no es suficiente. Si pudiera encontrar tan sólo a uno de los viejos magos que no estuviera bajo su hechizo podría descubrir algo que utilizar contra él… en lugar de eso tengo que vadear entre pilas de libros que podrían ser completamente inútiles.
-Ayudaré con los libros -se ofreció Aralorn-, si están en un idioma que conozca.
-Tenía intención de que lo hicieras. Si yo tengo que leer polvorientas reliquias antiguas, bien podrías sufrir tú también. -Se estaba burlando de ella, sabiendo que devoraría cada tomo maltratado por el tiempo con fanática pasión-. ¿Cuántos idiomas puedes leer? Te he oído hablar tres o cuatro.
Aralorn lo pensó un minuto.
-¿Incluyendo dialectos? Diez, tal vez doce. Algunas veces puedo captar lo esencial en un lenguaje relacionado. -Le sonrió-. Padre era un fanático de los idiomas. Una vez estuvo en una batalla intentando negociar la rendición… de algún otro… y a la única persona que hablaba ambos idiomas la habían matado. Cuando empecé a recoger historias populares me tropecé con muchas otras. Sin embargo, las más viejas estaban en lenguas antiguas. Puedo leer esas, pero no de forma fluida.
Él le dedicó su sonrisa más lobuna.
-Y dicen que recoger cuentos de viejos es un pasatiempo inútil. -Continuó más serio-. Me estoy quedando sin tiempo, y juntos podemos revisar más material del que puedo yo solo. Si al menos tuviera el nombre de un mago con un hechizo que pudiera detenerle, podría ahorrar tiempo. Tengo una biblioteca cerca de aquí, y si puedes revisar los libros seculares, yo podría trabajar con los grimorios.
Aralorn hizo una pausa para mirar alrededor de la montaña salvaje que los rodeaba.
-¿Tienes una biblioteca cerca de aquí? -preguntó con voz falsamente alegre.
-Sí -contestó él sucinto.
-Sí -repitió ella-. ¿Eres consciente de que si cualquier otro que no fueras tú me estuviera contando esto, puede que no le creyera?
Unos ojos graves le sostuvieron la mirada. Si no le hubiera conocido tan bien, puede que no hubiera visto el débil humor en las profundidades color ámbar.
Desde el valle se alzó débilmente el sonido de una cuchara de metal golpeando una cacerola… la llamada a comer.
Lobo se levantó con agilidad, cambiando casi mientras se movía a la figura alta y enmascarada que era su forma humana. Cortésmente, le tendió la mano para ayudarla a ponerse en pie.
Aralorn aceptó la mano con algo de cautela, pensando que esta forma humana de Lobo era de algún modo más intimidante que el lobo. Como humano mantenía la gracia que tenía como lobo.
Observó envidiosa la forma fácil en la que recorría la cuesta por la que ella resbalaba y se caía.
Un pensamiento perdido la asaltó mientras luchaba con la pendiente. Ya en el fondo le cogió el brazo para detenerle cuando iba a dirigirse al campamento.
-Lobo, creo que puedo haberte causado un problema. -Se mordió ansiosamente el labio.
-¿Cómo es eso? -preguntó él.
-Durante el baile en el castillo de Archimago la noche en que me fui, Myr me vio en la jaula donde sólo tendría que haber visto un pájaro. El ae’Magi le vio hablando conmigo y me interrogó al respecto. Le dije que había visto a un mago ayudar a Myr a romper la ilusión, esperando mantener en secreto la inmunidad de Myr a su magia. -Mantuvo los ojos sobre el contraste de su mano contra la seda negra de la camisa de él; era difícil recordar que esta figura enmascarada era Lobo-. No sabía que Myr tenía un mago ayudándole. ¿Te he causado muchos problemas?
Él se quedó de pie en silencio durante un minuto antes de decir:
-No creo. Probablemente fue por eso que pasó de las flechas perdidas a los elementales… el momento fue más o menos ese. Pero dado que sobrevivimos, no ha habido ningún daño.

*****


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Re:Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 4
« Respuesta #1 en: Enero 13, 2019, 08:09:23 pm »
Myr estaba levantado y estaba preparando el desayuno con una destreza que Aralorn encontraba fascinante de observar. Ella por su parte había acabado con un cuenco de grano cocinado que compuso en un montón al que le faltaba sabor. Después de la comida que había disfrutado en la posada, no sentía ninguna inclinación por quejarse. Lobo ni comió ni se quitó la máscara, una situación que parecía un patrón establecido, dado que nadie comentó nada al respecto.
Mientras comía, Aralorn se tomó su tiempo para observar a la gente. Las presentaciones que había recibido la noche antes habían sido necesariamente breves, y muchos habían estado dormidos. Sólo podía poner nombres a algunas caras.
El cocinero de cara agria era un herrero de una provincia del sur de Reth. El tatuaje de una larga serpiente se envolvía a través de unos de sus enormes antebrazos., desapareciendo en su manga. Notó que, a pesar de sus gruñidos, su voz se suavizaba cuando hablaba con los niños. Su nombre era Haris.
Edom se sentaba un poco aparte del resto. Tenía el pelo listo y oscuro y la piel pálida típica de las partes más al oeste de Reth, legado de su cruzamiento con los oscuros darranianos. Sus manos eran las manos suaves y bien cuidadas de un aristócrata. Era una rareza en el campamento. Demasiado mayor para ser un niño, aunque bastante más joven que el resto de los adultos. Había llegado recientemente y todavía parecía que se sentía fuera de lugar.
Todos excepto dos de los niños habían estado durmiendo cuando ella llegó al valle. Esos dos estaban ahora sentados tan cerca de Myr como podían. Stanis tenía el pelo rojo y las pecas de los Viajantes del Sur y la extravagante personalidad que iba con ellas. El segundo chico, Tobin, era una sombra callada de su amigo.
Stanis tiró impaciente de la espinilla de Myr hasta que tuvo la atención del joven rey. Luego se echó hacia atrás sobre las rodillas y comenzó a hablar con grandes gestos de brazos que parecían un poco raros en un chico de diez u once veranos.
Aralorn estaba a punto de apartar la vista cuando vio que la expresión de Myr se afilaba con alerta. Miró alrededor en busca de Lobo y ondeó la mano hacia él.
Aralorn le siguió.
-Stanis, cuéntale a Lobo lo que acabas de contarme.
Stanis dudó un momento, pero la idea de ser el centro de atención está claro que ganó sobre cualquier timidez que pudiera sentir en presencia del intimidante mago.
-Bueno, ayer por la tarde a la hora de comer nadie podía encontrar a Astrid. Tobin y yo pensamos que podría estar jugando cerca de las viejas cuevas. Así que subimos hasta allí para ver si la encontrábamos. Edom fue demasiado miedoso para entrar, pero yo no. Buscamos durante horas y horas. Luego, cuando volvimos atrás la encontramos esperando con Edom.
«Dijo que había conocido a un hombre muy amable que sabía su nombre y la sacó de las cuevas. Edom dijo que él no había visto a nadie con ella cuando salió. Y Haris dice que cree que se perdió en una de las cuevas, se quedó dormida y soñó con el hombre. Pero yo creo que conoció a un cambiaformas y Tobin también, solo que él cree que podría ser un fantasma también.
Aralorn reprimió una sonrisa ante el desparpajo del chico… había conseguido decir la mayor parte sin coger aire.
-¿Tú que crees, Lobo? Astrid no es de las que inventan cuentos, por más que sea una niña. ¿A quién crees que vio? -El tono de Myr era tranquilo, pero resultaba evidente que la idea de que alguien viviera en las cuevas (fuera quien fuera) le molestaba.
Lobo pensó un momento.
-Es del todo posible que haya conocido a alguien. Esas cuevas están interconectadas con los sistemas de cavernas que recorren la cadena montañosa. He visto muchas cosas extrañas en estas montañas y oído historias de más. Sé de cierto que hay cambiaformas en la zona. -Ni siquiera miró a Aralorn al decir eso-. Nunca he visto a nadie allí, pero si un cambiaformas no quiere ser visto, normalmente no le ves. Yo no me preocuparía mucho. Por sus acciones parece que no pretende hacernos ningún daño.
Myr se relajó un poco, confiando en el juicio del hombre mayor.
Stanis pareció complacido consigo mismo…. Lobo se había mostrado de acuerdo con él.

*****

Después del desayuno Aralorn se encontró arrinconada por Myr, y antes de saber cómo había accedido a dar lecciones de espada. Myr dividió a los adultos en cuatro grupos, para ser instruidos por Aralorn, Myr, Lobo, y un exguardia manco con una sonrisa malvada y el poco probable nombre de Saucellorón.
Los otros tres eran mucho mejores con una espada que Aralorn, pero por suerte ninguno de sus estudiantes era bastante bueno para comprender lo falta de instrucción que estaba ella.
La primera parte de cualquier lección de bajo nivel era una serie de movimientos básicos. Haris Herrero-Convertido-En-Cocinero se las arreglaba con la espada con la misma fuerza y seguridad que un buen herrero empleaba para balancear un martillo. Aprendía con facilidad de una palabra o un toque. Edom tenía los defectos normales de un adolescente… todo codos y torpeza. Los demás estaban en el rango medio. Con tres o cuatro años de duro entrenamiento serían pasables, tal vez.
Luchó en su primer combate con Haris, decidida a enfrentarse primero a los mejores luchadores… cuando estaba fresca.
Era una buena idea. Puede que Haris no tuviera mucha experiencia con una espada, pero tenía más que suficiente en pelear sucio. Si hubiera tenido que confiar sólo en su espada para luchar con él, puede que hubiera perdido, pero ella también había estado en unas cuantas peleas sucias.
Cuando finalmente lo inmovilizó, Haris le dedicó la primera sonrisa genuina que le había visto en la cara.
-Por muy poco, peleas muy bien.
-Para ser un bruto inmenso tú tampoco eres demasiado malo -dijo, dejando que se levantara. Se giró hacia los observadores-. Y así es como se lucha en un campo de batalla. Pero no en las sesiones de entrenamiento con espada. La espada se interpuso en su camino más que ayudarle. Si hoy hubiera estado luchado en una batalla, le habría ido mejor sin su espada. Eso no será cierto en un mes, para todos vosotros… espero.
Los demás fueron más fáciles, así que sermoneó mientras luchaba. Para cuando se enfrentó al último estudiante, Edom, estaba sin aliento. Limpiar la posada había sido bueno para mantenerse en forma, pero un entrenamiento de dos horas con espada fue suficiente para poner a prueba su poder de resistencia.
Abrió con el mismo movimiento que había utilizado en los otros enfrentamientos… un deslizamiento lateral simple que todos los demás habían sido capaces de seguir. Edom cayó, lo que tendría que haber demostrado que era un idiota total con la espada.
Oyó unas cuantas risas reprimidas de la audiencia. Pero algo en su forma de caer la puso sobre aviso, si hubiera caído por la fuerza del golpe no tendría que haberlo hecho tan lejos. Ella no era lo bastante grande para lanzarle a esa distancia sin más impulso que permitiría un barrido lateral.
Le ayudó a levantarse y lo ofreció la espada. Agarrándole de la muñeca, le mostró el bloqueo apropiado y volvió a repetir. Lo cogió en ese momento, con torpeza.
Trabajó lentamente con él al principio, acelerando gradualmente.
El chico progresaba lentamente, sin mostrar nada más de esa extraña ineptitud en su lucha.
Trabajó con él en tres bloques, apuntando tres ataques diferentes hacia él y mostrando cómo podía ser utilizado cada bloque. Se estaba cansando, y cometió un error que un espadachín mejor nunca habría cometido.
Utilizó un barrido complejo, dificil de ejecutar al igual que de contrarrestar, y calculó mal. Horrorizada espero a que su espada cortara la pierna del muchacho.
Él lo bloqueó.
De tendría que haber podido hacerlo, no en este nivel. No estaba segura de que ella misma hubiera podido bloquearlo. Desde luego no podría haber ejecutado la combinación que él había utilizado. Retrocedió y le sostuvo la mirada.
Suavemente, para que nadie más que ella pudiera oírlo, él dijo:
-¿Puedo explicarlo en privado?
Ella lo consideró un minuto y asintió. Girándose hacia los demás, los despidió, enviándoles a observar a Myr, que todavía luchaba cerca.
A solas, Edom la miró a los ojos. Arrastró un pie por la tierra.
-Tú… -Su voz se rompió y se aclaró la garganta para intentarlo otra vez-. Tú sabes que no soy del todo lo que aparento ser. No siquiera soy rethiano, soy de Darran. No sé si lo sabes, pero Darran también está bajo la influencia del ae’Magi, no sabía qué hacer. Aguanté todo lo que pude y luego me largué. -Se encogió de hombros-. No sé por qué vine aquí; algo me atrajo hasta aquí, supongo. Me pareció un lugar tan bueno como cualquier otro. Encontré el valle lleno de gente como yo, todos ocultándose del ae’Magi. Pero todos ellos rethianos. Dado los actuales sentimientos entre Darran y Reth, no podía decirles que era un noble darraniano. Así que les dije que era el hijo de un mercader rethiano. Creí que era buena idea. Hablo rethiano con un ligero acento que podría pasar por un buen número de provincias de oeste, y eso explicaría la riqueza de mi ropa.
«Entonces llegó Myr y empezó este entrenamiento de esgrima. ¿Dónde iba a haberse entrenado el hijo de un mercenario en el estilo de esgrima darraniano? Así que fingí.
Aralorn se encontró sonriendo a pesar de sí misma.
-Todo un problema, estoy de acuerdo. ¿Por qué no le cuentas la verdad a Myr?, él no tiene tantos perjuicios como la mayoría de los rethianos. Encontrará una forma de explicar tu repentina habilidad. -Ondeó una mano en un vago gesto en dirección al resto del campamento-. Con la falta de luchadores entrenados que hay aquí, Myr no puede permitirse desperdiciar tus habilidades.
Edom sonrió entonces, pareciendo ligeramente aliviado.
-Eso voy a hacer ahora mismo. Sería agradable ser útil, en vez de quedarme sentado a un lado todo el rato. -Le dedicó un breve asentimiento y corrió hasta donde Myr estaba luchando.
Aralorn sonrió y se estiró cansada. Aunque estaba agotada, sentaba bien trabajar con una espada en vez de una fregona… era casi tan bueno como hacerlo con el bastón.
El ejercicio que había hecho la había dejado sudorosa, así que se acercó al arroyo. Le llevó un rato, pero encontró un lugar lo bastante profundo para lavarse con una roca larga y plana en la que podría arrodillarse y evitar lo peor del barro. Agachó la cabeza bajo el agua, dando la bienvenida a su helada temperatura en la piel ardiente.
Cuando salió en busca de aire oyó una voz que ya estaba empezando a serle familiar decir:
-Ves, te dije que tenía una espada graciosa. Mira, la empuñadura está hecha de metal.
Aralorn se tomó su tiempo para limpiarse la cara con la manga y apartarse el cabello mojado de la cara.
Stanis y su silencioso pero sonriente compañero, Tobin, estaban observándola. Ocultó una sonrisa cuando reconoció la cara solemne de Stanis, y la pose con los pies separados y las manos detrás de la espalda. Myr hacía eso cuando estaba pensando.
-¿Has matado a alguien? -La voz de Stanis estaba llena de interés morboso.
Ella asintió, enrollándose las mangas largas de la túnica del hijo del posadero.
-Se supone que no se debe luchar con espadas que no tengan empuñaduras de madera. -El silencioso Tobin había hablado al fin.
-Sí -dijo Stanis-. Si matas a un mago, su magia te matará.
Ella asintió otra vez.
-Sólo hiero a los magos con mi espada. Cuando mato magos, siempre utilizo el cuchillo.
-Oh -dijo Tobin, al parecer satisfecho con su respuesta.
Se quedaron en silencio durante un rato; entonces Stanis dijo:
-Tobin quiere saber si nos contarías cómo es matar a alguien.
Aralorn asintió y se sentó con las piernas cruzadas sobre la hierba, lo bastante lejos del arroyo para que el suelo estuviera relativamente seco. Lejos de su intención el renunciar a contar una historia.

*****



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Re:Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 4
« Respuesta #2 en: Enero 13, 2019, 08:10:06 pm »
Allí fue donde Lobo la encontró. Su audiencia había crecido para incluir a la mayoría del campamento. Se acercó en silencio hasta que pudo oír lo que estaba diciendo.
-… así que nos escabullimos hasta la nariz del dragón por segunda vez. Teníamos que tener cuidado de evitar los charcos de veneno que goteaban de los colmillos de la vieja bestia mientras dormía.
«Los oídos de los dragones son muy agudos… tanto que todos contuvimos el aliento mientras nos acercábamos. Lo habríamos logrado si Wikker no hubiera dejado caer una de las copas de oro enjoyadas. La dejó caer justo sobre el morro del reluciente demonio…
-¿Qué pasó? -preguntó una voz ronca desde la multitud.
Aralorn sonrió misteriosamente y dijo:
-Nos comió, por supuesto.
Hubo un corto silencio, luego una risa tímida cuando comprendieron que ella les había estado contando un cuento desde el principio.
Lobo estaba lo bastante cerca como para escuchar el descontento de Stanis.
-No es así como tendría que haber terminado. Se supone que teníais que matar al dragón.
Aralorn se rio y alborotó el pelo del chico.
-Hay otro final para la historia. Te lo contaré luego. Sin embargo, ahora creo que oigo a alguien llamándonos para almorzar.

*****

Después de almorzar el lobo tocó a Aralorn en el hombro y le indicó que le siguiera. Se deslizaron en silencio fuera del campamento y escalaron un costado del valle. Una vez en la cima siguieron un débil rastro a través de los árboles que conducía a un acantilado lleno de cuevas.
Lobo eligió una de las entradas oscuras e iluminó el camino a través de los túneles con su bastón. Aralorn no había notado que llevara el bastón mientras andaban, pero suponía que eso era simplemente parte de ser un misterioso mago.
-Lobo, estas cuevas serían mucho mejor refugio en invierno que las tiendas. ¿Por qué no las usáis?
Lobo le señaló un pequeño ramal del camino y la detuvo poniéndole una mano en el brazo. Inclinó el bastón ligeramente, hasta que ella comprendió que la dirección que estaba justo delante de ellos era un agujero oscuro.
-No sé cuán lejos lleva, pero hay algunos agujeros que parecen casi sin fondo. Si no hubiera niños, podíamos arriesgarnos, pero es demasiado difícil evitar que vaguen por allí. Guardamos un montón de suministros en unas cuantas cuevas cerca de la superficie, y he dibujado un mapa para Myr de una sección que está bastante aislada del sistema de cavernas principal. Si acaba siendo necesario mover el campamento a las cuevas, podemos hacerlo. Pero el valle es más seguro.
Aralorn miró hacia la negrura que había delante de ellos y asintió. También permaneció cerca de Lobo durante el resto del viaje a través de las cuevas.
Llegaron a una gran cámara que él iluminó con un ondeo de una mano. La cámara era con facilidad tan espaciosa como el gran salón del castillo del ae’Magi. Tallados en las paredes había estantes cubiertos de libros.
Había estanterías de madera repletas de más libros y colocadas en filas con solo pasillos estrechos entre ellas para pasar. Aquí y allí había pilas de volúmenes esperando a encontrar un lugar en los estantes atestados.
Aralorn silbó suavemente.
-Y yo que creía que la biblioteca de Ren era impresionante. ¿Vamos a leer todos estos?
Lobo se encogió de hombros.
-A menos que encontremos algo antes de que los hayamos leído todos. -Mientras hablaba la condujo a través de uno de los estrechos pasillos entre estanterías hasta un área abierta ocupada por una mesa plana que contenía una amplia variedad de plumas, tinta y papel. En ambos lados de la mesa había pequeños bancos acolchados.
Aralorn miró alrededor y preguntó.
-¿Por dónde quieres que empiece?
-Por cualquier lado. Normalmente, ya sabes, puedo decir si algo es mágico, pero por tu seguridad déjame examinar los libros antes de abrirlos. Hay hechizos que disfrazan la presencia de la magia; y algunos de los grimorios tienen… trampas para los incautos. Preferiría no pasar un tiempo valioso intentando resucitarte -dijo.
-¿Puedes resucitar a la gente? -Mantuvo la voz ligeramente curiosa, aunque nunca había oído que tales cosas ocurrieran realmente.
-Mejor no lo averiguamos -fue su respuesta.
-Entonces, ¿qué buscas?, quiero decir aparte de un libro titulado “Veinticinco Formas Infalibles de Destruir al Malvado Mago Todopoderoso”.
Él soltó una risa corta antes de responder.
-Busca el nombre de un mago que luchara con otro mago. Si tuviera un nombre podría encontrar su grimorio. También podrías anotar cualquier objeto que pudiera ser de utilidad. Aunque los artículos mágicos son notoriamente difíciles de encontrar… aun si no acaban siendo una invención de la imaginación hiperactiva de algún bardo… y no tenemos el tiempo libre para emprender una búsqueda.
Aralorn inspeccionó un estante, sacó un libro al azar y se lo llevó a la mesa. Pasó los dedos ligeramente sobre la encuadernación metálica del libro. Originalmente había sido de plata, pero se había empañado hasta quedar de un negro apagado. Podía leer el título sólo porque una vez había convencido a Ren para que le enseñara las palabras inscritas en los viejos mosaicos de la pared en algunos de los lugares más antiguos de Sianim. A regañadientes lo apartó sin abrirlo, sabiendo que no habría en él nada útil. A la gente que utilizaba ese lenguaje le disgustaba la magia hasta tal punto que quemaban a los practicantes de la misma. Habían sido un pueblo comercial, y los mercaderes en general no eran muy aficionados a los magos. Pensó en el comerciante gordito al que había visto en otra cueva y sonrió; tal vez los mercaderes tenían razones para que no les gustaran los magos.
Hicieron falta varias historias más antes de encontrar un libro que se ajustara a ella y que pasó a Lobo para su inspección.
Este tenía unos trescientos años y contaba la historia de una tribu de buhoneros que solían vagar por la tierra en grandes números. Ahora eran más escasos y tendían a mantenerse aislados. Quien había escrito el libro que estaba leyendo creía en los poderes de los antiguos dioses, y mezclaba historia y mito con un cinismo que ella disfrutó a fondo. Cogiendo un trozo de papel en blanco, tomó nota cuidadosamente de todo lo que pudiera ser potencialmente útil.
Su historia favorita fue la del cacique celoso cuya esposa le era infiel. Frustrado, visitó al mago local, que le dio una gran estatua de bronce del semidios Kinez, el fiel. Cuando si esposa besara a un hombre en su presencia, volvería a la vida y mataría al desafortunado pretendiente. El cacique hizo que colocaran la estatua en la carreta de su esposa y después de que varios de sus amantes favoritos murieran, ella no volvió a pecar, o al menos encontró otro lugar donde hacerlo.
Sin embargo, la esposa se tomó su venganza. Al fin satisfecho de que su esposa le fuera fiel, el cacique entró en la carreta de su esposa y empezó a hacer el amor con ella. Desafortunadamente olvidó quitar la estatua primero.
Ella se convirtió en cacique y gobernó durante muchos prósperos años.

*****

Con frecuencia Lobo se preguntaba por qué los magos tenían tan mala caligrafía. La habilidad en la motricidad fina, que era un prerrequisito para lanzar hechizos, tendría que verse reflejada en una letra decente; la suya propia era casi perfecta. Analizó minuciosamente la palabra que estaba intentando descifrar con varias otras, para comparar las letras. Cuando estaba escribiendo la auténtica palabra pulcramente en el espacio sobre la original, oyó a Aralorn reír suavemente.
A salvo tras la máscara, sonrió ante la imagen que ella presentaba, con su pluma garabateando frenéticamente a lo largo del papel. Su letra no era mucho mejor que la que él estaba intentando leer. La mano que movía la pluma era callosa y estaba manchada de tinta. La tinta también residía en patrones de manchas a lo largo de su cara, donde se había echado el pelo hacia atrás.
Volvió a regañadientes a su lectura.

*****

Aralorn terminó su libro y volvía a colocar el delgado volumen en su estante cuando encontró otro posible candidato. Lobo estaba profundamente absorto en su grimorio, así que se sentó a esperar.
-Lobo -dijo de repente, sobresaltada por un extraño pensamiento.
Él alzó una mano para pedirle que esperara mientras terminaba, lo que hizo con algo de impaciencia. Finalmente él levantó la vista.
-¿Cuál es la diferencia entre la magia humana y la magia verde? Siempre había pensado que era que los magos humanos extraían la magia de sí mismos, mientras que los que utilizan la magia verde extraen poder del mundo exterior, ¿pero no dijiste que el ae’Magi ha encontrado una forma de vincularse con el poder del exterior?
Con esa forma tan típica de Lobo, él comenzó su respuesta con una pregunta.
-¿Cuánto entrenamiento tienes en magia?
Le sonrió.
-No mucho. Vosotros los magos humanos no estáis precisamente dispuestos a compartir conocimientos ni entre vosotros, y los cambiaformas no están lo que se dice fascinados por las actividades intelectuales. Lo único que sé sobre magia es como utilizarla, y tampoco en eso soy una experta. Pasé suficiente tiempo con la gente de mi madre para aprender a cambiar de forma y un poco de magia menor.
Él gruñó en reconocimiento y luego hizo una pausa para elegir sus palabras.
-La diferencia entre la magia humana y la magia verde se explica generalmente de la forma en que tú me la has explicado, pero como diría Ren, las generalizaciones tiene el hábito de ignorar gran parte de la verdad.
«Los ancianos dicen que la magia existe en un estanque secreto en el castillo de la diosa de la naturaleza y que ella la utiliza para hacer que las estaciones cambien y la hierba crezca. Un día un hombre astuto encontró una forma de robar un poco de agua del estanque sin que la diosa lo supiera. Fue el primer mago humano.
«Basándonos en esa historia, se podría visualizar la magia como un estanque de poder puro e informe que se filtra gradualmente al mundo natural y que el mago verde puede utilizar. Él altera, en vez de crear; la magia puede hacer que la hierba crezca más rápido o más lento, hace que el viento sople más fuerte o nada en absoluto. La magia que utiliza el mago verde es magia de la naturaleza a la que ya se ha dado forma. Es más segura y tal vez más fácil de utilizar, pero no es tan flexible como la pura.
«La magia humana funciona de esta manera, al menos para la mayoría de los magos. Primero, el mago humano debe introducirse en nuestro estanque mágico. Es como beber por una pajita… cuando uno se queda sin aliento, el líquido deja de fluir. Entonces el mago coge este poder crudo que ha reunido y lo utiliza para dar forma a un hechizo o patrón que se forma a sí mismo. Cuanta más magia puede absorber el mago, más fuerte es, pero tiene que conocer los patrones para dar forma a esa magia.
«Si no puede hacerlo, debe soltar el poder crudo. La magia cruda que se suelta en el mundo tomará la forma de fuego y arderá por sí misma: por suerte pocos magos pueden extraer suficiente poder para que la magia incontrolada haga mucho más que encender una fogata.
«Para la mayor parte de los magos reunir la magia es lo más difícil. Contenerla y hacer que cumpla con la voluntad de uno es generalmente cuestión de memorizar un hechizo o dos, aunque es más difícil dar forma a una gran cantidad de magia cruda que a una pequeña.
«El ae’Magi ha desarrollado una forma de filtrar energía para poder utilizarla para mantener abiertos los canales mágicos más tiempo del que de otra manera podría haber conseguido. Ha incrementado enormemente la cantidad de poder que puede capturar de una vez, lo que le convierte en el mago vivo más fuerte.
-Dices que funciona así para la mayoría de los magos, ¿no para ti? -preguntó Aralorn.
-Rápida, señora, muy rápida. -Sus ojos amarillos atraparon los de ella como un pájaro de presa. Ahora le parecía un extraño, casi hostil.
Aralorn tensó la barbilla y se negó testarudamente a sentirse amenazada.
-¿Cómo funciona para ti? -Reformuló la pregunta.
De repente él se relajó y Aralorn tuvo el presentimiento de que si pudiera ver detrás de esa máscara vería que estaba sonriendo.
-A veces olvido lo difícil que es intimidarte. Muy bien entonces, sí, es diferente para mí. Cuando empecé a trabajar con magia, al principio no fue obvio que yo era diferente. No fue hasta que empecé a trabajar con hechizos de más poder que la diferencia se hizo evidente. La mayoría de los magos están limitados por la magia que pueden extraer por sí mismos; yo estoy limitado más bien por la cantidad de magia a la que puedo dar forma en un hechizo. Sospecho que el ae’Magi, que fue mi maestro, lo supo mucho antes que yo, ya que yo no tenía a nadie con quién compararme. El ae’Magi no toma muchos aprendices. Cuando tenía diez u once años, el ae’Magi decidió intentar utilizarme para reunir más poder. Hizo que recogiera toda la magia que pudiera para poder utilizarla él.
Lobo se quedó en silencio. Aralorn esperó un minuto y luego preguntó.
-¿Pasó algo?
Lobo emitió un sonido que podría haber sido una risa.
-Sí, paso algo. O el método que estaba intentando utilizar no tuvo éxito o no estaba listo para la cantidad de poder que extraje, porque antes de que él pudiera hacer nada destruí la mayor parte de la torre en la que estábamos. Las piedras se fundieron. No sé cómo se las arregló para mantenernos con vida, pero lo hizo.
«Pasaron tres meses antes de que pudiera reunir suficiente magia para encender una vela.
Hizo una pausa durante un minuto, reuniendo sus pensamientos. Aralorn esperó con paciencia a que continuara o no, como le viniera bien. Le había contado mucho más de sí mismo de lo que le había dicho en los cuatro años que hacía que se conocían. Si decidía parar, no iba a empujarle.
Con el tiempo volvió a empezar.
-Empezó a experimentar extrayendo poder de otros. No conmigo, porque el primer experimento había resultado un desastre. Fue durante esos experimentos que averiguó que con la ayuda de ciertos rituales… rituales prohibidos incluso antes de las Guerras Mágicas… podía utilizar el poder de magos no entrenados, especialmente de niños. No tienen las defensas que tienen los otros. -Se detuvo de nuevo, con los ojos dorados sombríos.
-Durante mucho tiempo le ayudé -continuó al final, con su voz sepulcral y sin emoción haciendo que sonara como si estuviera contando una historia sobre algún otro- aunque sabía lo que era él. Utilicé magia oscura. Cumplí con su voluntad y glorifiqué el poder y la locura de ello. Sabía lo que él era y le odiaba, a él y a mí mismo, pero eso no importaba. Él tenía un magnetismo que me unía a él de forma tan sólida como el hierro. -Sus manos aferraron la mesa hasta que los nudillos se le quedaron blandos, dando vida a su voz desapasionada-. No sé cuándo empecé exactamente a cuestionar lo que estábamos haciendo.
Soltó su garra sobre la mesa bruscamente, y cuando volvió a hablar Aralorn pensó que estaba cambiando de tema.
-Cuando era joven, los pasadizos del castillo del Archimago me fascinaban. Vagaba por ellos durante horas a veces. Había lugares en los pasillos que llevaban generaciones sin ver manos humanas.
«Más o menos un año antes de que abandonara el castillo, encontré una biblioteca abandonada. Los libros de la pequeña habitación eran de un tipo totalmente distinto. Alguien había coleccionado libros sobre gente… historias, biografías, mitos y leyendas. Aprendí de lo que leía. -Dudó-. Lo que aprendí hizo que mi ocupación de aquel momento me resultara… desagradable. Así que me marché. Alejarme del castillo fue bastante fácil; pero cambiar lo que soy ha resultado ser mucho más difícil.
Podía decir por la tensión de su cuerpo que le estaba doliendo y decidió aligerar la tensión.
-Si te conviertes en uno de esos fanáticos que dan todo lo que tienen a los pobres y vagan por ahí todo el rato diciendo a todos los demás que hagan lo mismo, alimentaré a los Uriahs contigo yo misma.
La sobresaltó su risa reticente y vio que sacudía la cabeza en señal de reproche.
-Deberías vigilar lo que dices a mi alrededor. Podría olvidar que me he arrepentido de mi mal camino y convertirte en algo realmente desagradable.