Autor Tema: Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 3  (Leído 98 veces)

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Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 3
« en: Diciembre 29, 2018, 11:35:28 pm »
CAPÍTULO 3
La posada estaba construida cómodamente para mantener a raya el amargo frío de los inviernos del norte. Cuando la nieve yacía espesa en el suelo la posada resultaba pintoresca, anidada cómodamente en un pequeño valle entre las impresionantes montañas del norte de Reth. Sin la nieve que la enmascarara, el edificio mostraba principios de negligencia. Yacía a medio camino entre el pequeño pueblo de Kestral y el ligeramente mayor de Torin.
La posada había sido próspera cuando los tramperos de las tierras del norte se hacían con las gruesas pieles de los diversos animales que habitaban las salvajes montañas del norte. Durante muchos años los mercaderes de todo el mundo acudían a Kestral cada verano porque era lo más al sur que los cazadores solitarios estaban dispuestos a viajar. Pero con el paso de los años el número de tramperos había menguado progresivamente, y las pieles que ahora traían apenas valían la pena.
El norte siempre había sido misterioso; el tipo de lugar del que se mantenía alejada una persona sensible. Los tramperos intercambiaban historias de los Howlass que gritaban invisibles en los vientos de invierno y volvían locos a los hombres. Contaban que el Viejo de la Montaña podía hacer rico a un hombre, o convertirle en una bestia con nada más que un susurro. Ahora había nuevas historias, aunque los narradores eran menos. El compañero de un hombre había desaparecido una noche, dejando sus mantas y ropas atrás, aunque la nieve era espesa en el suelo. Un pájaro gigante moribundo había sido encontrado en un campamento en el que había cuatro cuerpos sentados delante del fuego ardiente. Uno de los tramperos juraba haber visto un dragón, aunque todo el mundo sabía que los dragones habían desaparecido tras la última Guerra Mágica.
Sin las pieles, venían cada vez menos y menos comerciantes. La posada se hizo menos próspera, dependiendo cada vez más y más de los granjeros locales. El patio una vez pulcro estaba ahora cubierto de maleza y estiércol de caballos y otras bestias, algunas de ellas de dos patas.
Dentro, las grasientas velas de sebo se esparcían de forma irregular sobre las paredes toscas y habría dado un aire aceitoso a una multitud más presentable que la que ocupaba actualmente la posada. Las jarras de madera astillada que adornaban las mesas estaban llenas de algún brebaje inidentificable pero innegablemente alcohólico. Los propios tableros de las mesas estaban negros por la grasa y otras sustancias menos sabrosas.
Corriendo de acá para allá en medio de los pocos clientes, una mujer trotaba alegremente entre las mesas rellenando jarras y obviamente disfrutando de las caricias que eran parte del trabajo de cualquier tabernera. No estaba tan limpia como podría, pero tampoco lo estaban sus clientes. Tampoco era tan joven como afirmaba, pero la luz tenue era amable con sus arrugas y se le perdonaba debido a su sincera aprobación hacia el género masculino.
La única otra mujer de la habitación esgrimía una fregona a través del suelo accidentado. Podría haberle ido mejor si el agua que utilizaba no estuviera más sucia que el suelo. El borde húmedo de su falda hacía tanto por eliminar la mugre acumulada como la fregona. Cuando pasaba cerca de las mesas se las arreglaba para esquivar las manos que le salían al paso. No es que fueran muchas. La mayoría de los clientes eran habituales y eran conscientes de que si alguno se ponía demasiado agresivo terminaría con el cubo sobre la cabeza por sus esfuerzos.
Se recogía el pelo rubio sucio en un moño irregular en la nuca. Su cara sencilla no mejoraba por el descontento que dominaba sus labios finos mientras balanceaba la fregona.
Aralorn no estaba contenta. Un mes después de terminar en el castillo del archimago, Ren la había llamado a su oficina y le había dicho que la iba a enviar a en medio de ninguna parte para vigilar este local. La única razón que se le había ocurrido para su degradación a este tipo de asignación era que Ren ya no confiaba en ella; algo que tenía en común con la mayoría del resto de Sianim. La historia de lo que le había dicho a Talor de algún modo había llegado a ser de conocimiento público y ahora incluso sus amigos más cercanos la evitaban como si tuviera un caso grave de viruela. Había aceptado este destino sólo porque había pensado que cualquier cosa sería mejor que ser una paria.
Después de haber pasado el primer día en la posada había decidido que incluso el castillo del ae’Magi sería mejor opción. Al menos allí no había estado tan aburrida.
A pesar de que el negocio de la posada era enérgico debido a la alta tasa de alcoholismo e infidelidad entre la gente de ambos pueblos, no pasaba gran cosa.
Si la taberna hubiera estado localizada en medio de una ciudad atareada podría haberse resignado a quedarse allí con la esperanza de recabar alguna información, aunque sus habilidades hubieran estado mejor utilizadas en un entorno más peligroso. Sin embargo, la posada era frecuentada principalmente por buhoneros, “hombres de familia” borrachos, y ocasionalmente por un bandolero venido a menos… los más hábiles y despiadados de su clase habían emigrado a pastos más verdes.
Lo más interesante que le había ocurrido de lejos fue cuando oyó que la hija del Jefe de Kestral había huido con alguien llamado Harold el Rata. Cuando el bandolero había entrado la siguiente vez parecía más miserable de lo habitual e iba acompañado por una mujer más alta que él por unos seis centímetros. Aralorn concluyó que era el misterioso Harol y le ofreció sus silenciosas condolencias.
La peor parte de esta monotonía era que tenía más tiempo del que quería para pensar en el ae’Magi. Sabía que debía hacer algo, pero por su vida que no se le ocurría qué.
Esta noche era peor de lo habitual; la mujer del posadero estaba enferma y el posadero estaba ocupándose de la comida… lo que hacía esta incluso menos comestible de lo acostumbrado. Eso conducía a que un mayor número de clientes vomitaran sobre el suelo… porque lo único que quedaba por hacer en la posada era beber, y el alcohol que servían no era el mejor y muy probablemente fue un poco venenoso, a juzgar por el estado de la pobre gente que lo bebía.
Siendo la tabernera más reciente, la tarea de limpiar recaía en Aralorn. Había averiguado que esto consistía principalmente en mover la basura por ahí hasta que se fundía con el resto de la mugre del suelo. La lejía del ofendía la piel de sus manos casi tanto como el olor de la posada ofendía su nariz.
Mojó la fregona apestosa en el agua apestosa y se entretuvo con el pensamiento de lo que le haría a Ren la próxima vez que le viera. Mientras estaba fregando, tatareando un alegre acompañamiento a sus pensamientos, un repentino silencio cayó sobre la habitación.
Sorprendida en su ensoñación, Aralorn levantó la vista para ver la causa de tan inusual quietud.
Contra la mugre y la oscuridad de la posada, la ropa brillante de dos hombres con atuendo para la corte resultaba algo más que incongruente.
Seguramente no eran nobles, sino pajes o mensajeros de la corte real. Normalmente solían llevar mensajes de la corte a la finca de algún noble. Lo que estaban haciendo en esta pequeña posada de paso no había quien lo adivinara.
De forma discreta, Aralorn se abrió paso hasta un mejor puesto de observación y observó los procedimientos muy cuidadosamente.
Uno de los pajes se quedó junto a la puerta. El otro caminó hasta el centro de la habitación. Habló lentamente para que su extraño acento de la corte no evitara que los norteños entendieran su mensaje. A Aralorn le resultó obvio por el estilo forzado de su discurso que lo había memorizado.
-Saludos, gentes. Traemos trágicas noticias. Hace dos semanas, Myr, nuestro joven rey, alterado por la muerte de sus padres, atacó y mató a varios de sus propios guardias de palacio. Abrumado por lo que había hecho, su majestad cogió un caballo y abandonó el castillo real. Geoffrey ae’Magi ha consentido en la solicitud de aceptar la regencia de Reth hasta que el rey Myr sea encontrado y su cordura sea restaurada. El ae’Magi ha pedido que la gente de Reth busque a su rey para que se pueda llevar a cabo una cura. Lamentablemente, como no está bien de la cabeza podría ser necesario retener al rey por la fuerza. Como eso es un crimen castigado con la muerte, el Regente ha emitido un perdón. Si el rey puede ser llevado ante el ae’Magi, hay posibilidades de que se le pueda curar. Como súbditos leales, es vuestro deber encontrar a Myr. Por supuesto el viaje hasta el castillo real supondrá una dificultad financiera, así que se os recompensará el servicio a vuestro rey. Se pagarán mil marcos a la partida que traiga al rey Myr a la capital. He sido autorizado para repetir este mensaje a los ciudadanos de Reth por orden del Regente Geoffrey ae’Magi.
Repitió su mensaje dos veces, palabra a palabra cada vez, luego se inclinó y abandonó la posada con su acompañante.
Bueno, pensó Aralorn, el día no ha sido una pérdida de tiempo después de todo.
Vagando entre las mesas, captó retazos y trozos de conversación y descubrió que todo el mundo pensaba que el ae’Magi les estaba prestando un gran servicio al tomar el trono. No todos estaban de acuerdo en lo que debía hacerse con el rey. Un hombre dijo que todo lo que debían hacer era ocuparse de que Myr fuera capturado y se le administrara la cura. Fue respondido por un murmullo aprobador de su mesa.
Olin, el curtidor de Torin, se levantó más que ligeramente borracho y habló en voz alta.
-Cualquier al que le importe Reth debería matar a Myr y pedir a Geoffrey ae’Magi que tome la corona. ¿Quién necesita un rey que ataca a su propia gente llevado por la pena? Pensad en lo que sería tener a un hechicero como rey. No tendríamos que preocuparnos por esos darranianos que reclaman nuestras minas en el este. -Hizo una pausa para eructar-. No, con el mago más poderoso del mundo incluso podríamos expulsar a todos esos espeluznantes Uriahs. Entonces podríamos volver a ser ricos.
Eso sin mencionar los mil marcos que son más de lo que ningún hombre podría ganar en toda una vida de cultivar o trabajar en la mina, pensó Aralorn.
El discurso del curtidor no era raro, pero a Aralorn le sorprendió cómo fue recibido. Los parroquianos de la posada se removieron incómodos, y eligieron otro tema de conversación; pero no se mostraron en desacuerdo con lo que había dicho. Toda la nación adoraba a su joven rey, que era a la vez prometedor como guerrero y hombre de estado. Dos años atrás las palabras de Torin le habrían ganado una áspera discusión o incluso una paliza.
Moviéndose discretamente, Aralorn sacó el balde fuera para vaciarlo. Hecho esto, caminó hasta los establos donde estaba Sheen.
Había recibido mucho hostigamiento por parte de Ren por llevarse el caballo de guerra con ella a su misión, porque era demasiado valioso para pasar desapercibido. Talor llevaba una vieja moneda para que le diera suerte cuando iba a la batalla; eso debía ser mucho más conveniente que un caballo.
Hizo lo que pudo por disimular su valor. Él había aprendido hacía mucho a cojear a su orden, lo que ayudaba en gran medida. También le había dejado sin adornos, pero cualquiera con buen ojo para los caballos podría ver que no era el caballo de un granjero.
Aquí en la posada, había hecho saber que era el único legado que le había dejado un anciano protector a su muerte. El posadero no le había hecho muchas preguntas… sólo le retenía la mayor parte del salario semanal en pago por el alojamiento del caballo.
Aralorn arañó con el pie ligeramente la tierra mientras se apoyaba contra la puerta del cajón. Sheen se movió hasta ella y empujó la cabeza contra su hombro. Obedientemente, le frotó la mandíbula.
-Tiene que ser cosa del ae’Magi, Sheen. La última vez que vi a Myr no parecía ni de lejos tan perturbado como para volverse loco. Creo que es demasiado conveniente que la Asamblea decida colocar al ae’Magi como regente, ¿no? -El semental resopló con suavidad, como si respondiera. Aralorn se rio por lo oportuno de la respuesta y le dio la zanahoria que había cogido antes de que encontrara su muerte en el puchero grasiento del estofado. Enredó la mano en la melena negra y gris y escuchó cómo el caballo masticaba mientras ella continuaba con entusiasmo-. Podría acudir a Ren con esto, pero dada su reciente actitud hacia el ae’Magi, no sé lo que haría. Myr necesita protección contra el ae’Magi. Dado que Myr es el rey y es inmune a la magia, es el héroe ideal para enfrentarse al ae’Magi. Alguien tiene que oponerse a él, y la gente difícilmente seguirá a una mercenaria de Sianim.
«Ojalá tuviera forma de contactar con Lobo. Conociéndole, probablemente podría decirnos adonde ha ido exactamente Myr. A mí podría llevarme un tiempo encontrarle; no soy tan buena con la magia como para localizar a alguien, mucho menos a alguien inmune a la magia. -Hizo una pausa y luego sonrió-. Pero estaré mucho mejor ocupada buscando a Myr que luchando la fútil batalla de limpiar el suelo de la posada.
Terminada la zanahoria, Sheen la empujó con impaciencia; buscando más caricias.
-Bueno, Sheen, ¿qué dices? ¿Abandonamos nuestro puesto y vamos a la caza del monarca desaparecido?
La cabeza gris se movió entusiasta contra su mano cuando ella captó un punto particularmente sensible. Aralorn se rio con suavidad; parecía que estuviera asintiendo con la cabeza en señal de acuerdo.
Cuando Aralorn decidía ponerse en movimiento, lo hacía rápido. Entró en la cocina y bendijo su suerte porque no había nadie allí. Localizó una tela grande que estaba casi limpia y la dobló llenándola de provisiones que aguantarían un viaje: pan, queso, carne salada seca.
Subió las escaleras con cautela sin encontrarse con nadie y se arrastró hasta la habitación que pertenecía al único hijo del posadero. Había muerto el invierno anterior de alguna enfermedad y nadie había tenido ánimos aún para limpiar su cuarto. Masculló alguna explicación suave sobre qué estaba haciendo y por qué por si acaso su espíritu inquieto rondaba por ahí.
Encontró un par de pantalones de cuero y una túnica, ninguno de los cuales eran notable en ningún sentido. También dio con un par de botas de montar robustas y un juego de guantes. Buscando en un baúl a los pies de la cama, descubrió una capa gastada, en la que envolvió su botín.
En su habitación del ático recuperó su espada que estaba oculta dentro del colchón de paja (generalmente dormía en el suelo, siendo menos probable que este estuviera infectado de alimañas diversas). Antes de deslizar la vaina en su cinto, sacó la espada y pasó un dedo sobre su superficie lisa y curiosamente coloreada. Era una espada que había encontrado oculta en uno de los muchos cubículos del castillo de su padre… el lustre rosa dorado del metal la había intrigado. Además de Sheen, era lo único que se había llevado con ella de su hogar al marcharse. Sin embargo, no era ese su único valor, ya que había descubierto que era de lo más útil contra bestias como los Uriahs, criaturas demasiado grandes para morir rápidamente por medio de una daga y no tan fáciles de derribar con un bastón. Sólo la había traído porque no sabía si iba a volver a Sianim.
Agradeció librarse del vestido de sirvienta y lo dejó caer al suelo. Sacó los cuchillos de su posición en los muslos y recolocó las vainas en su cinturón prestado. Se puso las prensas robadas y descubrió que, como esperaba, le quedaban muy ajustadas en los muslos y el pecho y ridículamente grandes en todas las demás partes.
La mayoría de los cambiaformas podían cambiar de sexo con tanta facilidad como la mayor parte de la gente cambiaba de zapatos, pero ella nunca había sido capaz de tomar la forma de un hombre, tal vez a causa de su sangre humana. Afortunadamente, el chico cuya ropa se había apropiado había sido delgado, así que fue fácil crear un cuerpo femenino alto, anguloso y andrógino que pasaría por el de un hombre.
Una vez vestida parecía un joven ni rico ni pobre, que no parecería fuera de lugar sobre un robusto caballo de tiro. La mayoría de los artículos de la habitación los dejó atrás, aunque tuvo cuidado de coger las piezas de cobre que se había ganado, al igual que la pequeña cantidad de monedas que siempre llevaba con ella como fondo de emergencia.
Cerró la puerta de su habitación en silencio y se aseguró de que el bulto con el que cargaba no resultara incómodo. Mientras bajaba las escaleras se encontró con la otra tabernera. Aralorn lanzó a la mujer una sonrisa saludable y pasó a su lado sin que la molestara.
En el establo ensilló con rapidez a Sheen. La capa y la comida las colocó en sus copiosas alfombras. Llenó un saco vació que yacía cerca con grano y lo ató a la silla. De una de las alforjas tomó una pequeña jarra de pasta blanca. Con cuidado, pintó los hombros del caballo con parches blancos como los que dejaría un collar de trabajo pesado con el tiempo. No era la montura de un granjero, pero pasaría bien por el preciado caballo de tiro de un escudero.
En la carretera dudó antes de girar al norte hacia Kestral. Esa era la dirección que habían tomado los mensajeros. Con el disfraz de joven granjero podría interrogarles, como sirvienta no podía. Una razón mejor para buscar en el norte era que las montañas del norte eran el mejor lugar para alguien que buscara ocultarse de un mago humano. Por alguna razón, la magia de los humanos no funcionaba tan bien en las montañas del norte como en otros lugares. Había historias de lugares donde la magia humana no funcionaba en absoluto. Los usuarios de la magia verde, por otro lado, descubrían que la magia era más fácil en el norte… la mayor parte de los cambiaformas que quedaban vivían en el norte de Reth y las tierras de más al norte.
Como Myr era de Reth, Aralorn sentía que era seguro asumir que era consciente de la protección parcial que ofrecían las tierras del norte. Había muy pocos lugares más tan fácilmente accesibles y que ofrecieran alguna protección contra el ae’Magi. Desafortunadamente, el ae’Magi también sería consciente de que era el lugar más probable al que iría Myr; de ahí los mensajeros.
Aunque todavía era final de verano el aire era fresco por los vientos fríos del norte. Los vientos conservaban su mordisco norteño durante todo el año, lo que hizo que Aralorn se sintiera agradecida por los suaves guantes de cuero y la cálida capa.
Varias millas carretera abajo giró para seguir un rastro que un viajero le había descrito una vez. El atajo atravesaba las montañas en vez de rodear su base. Con suerte y el poderoso animal que montaba, acortaría en más de una hora su tiempo de viaje. Sheen resopló y se lanzó dispuesto a la escalada, sus poderosos cuartos traseros empujaban su masa hacia arriba por la traicioneramente pronunciada cuesta.
Su peso y sus grandes cascos iban en su contra en este terreno angular y rocoso; y Aralorn le contuvo hasta un trote lento que dejó a Sheen resoplando y tirando de la cabeza con impaciencia.
-Tranquilo, corazón. ¿Qué prisa tienes? Aún podemos tener un largo camino por delante esta tarde. Resérvate para luego.
Una oreja se retorció hacia atrás y el caballo acomodó la zancada, rompiendo sólo ocasionalmente a galopar para saltar sobre un obstáculo que encontraba en su camino.

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Re:Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 3
« Respuesta #1 en: Diciembre 29, 2018, 11:35:38 pm »

A medida que avanzaba la tarde, la luz comenzó a desvanecerse; y Aralorn frenó aún más al paso cuando Sheen empezó a tropezar con rocas y arbustos invisibles debido al juego de luces y sombras. Ser incapaz de ver con claridad a su alrededor ponía nervioso al experimentado caballo, y empezó a resoplar y danzar ante cada sonido. Una rama crujió ruidosamente a su izquierda, y antes de que Aralorn pudiera detenerle, Sheen se salió de la senda y se internó entre los árboles.
-Pórtate bien, viejo ansioso. No pasa nada. Nada nos persigue excepto fantasmas y vampiros y otras cosas agradables que se alimentan de gente estúpida que monta en los bosques después de oscurecer. -Le palmeó tranquilizadoramente, inclinándose hacia atrás para que redujera la velocidad. La oscura ladera de la montaña era demasiado traicionera para permitirle tirar de las riendas al paso al que iba el caballo.
Sheen se calmó un poco al oír su voz suave, así que siguió hablando. Él frenó gradualmente y se detuvo, bajando la cabeza para mordisquear un trozo de hierba como si no hubiera estado resoplando y cargando un minuto antes.
Aralorn se estiró y miró alrededor para examinar los alrededores. Cuando lo hizo oyó algo, un murmullo que apenas captó. Las orejas de Sheen se retorcieron hacia el sonido también, si él no lo hubiera oído se habría sentido tentada a atribuirlo a su imaginación. Siguiendo la dirección de las orejas del semental, le animó a avanzar hacia el sonido. Cuando recogió la dirección por sí misma, desmontó y susurró una orden que mantendría al caballo en su lugar hasta que le llamara.
Se arrastró más cerca, moviéndose tan despacio como podía para no hacer ningún ruido.
A varios metros de Sheen captó el olor de un fuego de campamento. Si no hubiera sido por eso, incluso con los sonidos para guiarla, habría pasado de largo.
Contra la ladera de la montaña, casi invisible a causa de una gigantesca roca que había rodado por la colina, había una cueva. Cuando Aralorn se asomó con cuidado alrededor de la roca pudo ver el reflejo del fuego contra las paredes de roca, pero nada más.
Hora del ratón otra vez, pensó. Lo maravilloso de los ratones era que estaban en todas partes y nunca parecían fuera de lugar. Hacía mucho había perfeccionado muchas clases diferentes de ratones por lo útiles que resultaban, así que el ratón norteño de tamaño medio pareció perfectamente en casa cuando correteó hasta la entrada de la cueva.
El olor a miedo y adrenalina la golpeó cuando entró en la cueva. Había dos hombres de pie junto a una gran pila de mercancías que iban desde espadas a harina, pero que consistía principalmente en lonas y pieles. El olor a miedo llegaba a su aguda nariz ratonil desde el gran (al menos en masa) hombre que estaba acobardado lejos de los otros dos.
Portaba el tatuaje facial ornamental del gremio de mercaderes de Hernal, una gran ciudad del país de Ynstrah que estaba a varias semanas de viaje hacia el sur. Era improbable que el comerciante hubiera vagado hasta tan lejos, al menos no en pijama.
El segundo hombre era alto y esbelto, pero algo en la forma en que se movía le dijo que este hombre o era bailarín o luchador, y estaba en buena forma. Vestía una capa con capucha que parpadeaba en rojo y oro a la luz. Bajo la capucha de la capa llevaba una máscara de plata con la forma de un rostro estilizado.
Los artistas itinerantes utilizaban tales máscaras cuando representaban parodias… lo que permitía a un actor interpretar varios papeles en una sola obra sin confundir a la audiencia. Sin embargo, normalmente estas máscaras estaban hechas de materiales baratos como tiza o madera.
Cada máscara vestía una expresión diferente denotando emociones explícitas. Como noble rethiana, Aralorn había pasado muchas horas tristes memorizando las sutiles diferencias entre la preocupación y la simpatía, el cansancio y el sufrimiento, y otras tonterías por el estilo. Encontró interesante que la cara de la máscara mostrara los labios curvados y un ceño fruncido de rabia.
En una mano el hombre esbelto sostenía un bastón hecho de algún tipo de madera muy oscura. En el extremo inferior estaba adornado con la garra de un ave de presa modelada en latón; sus garras extendidas brillaban con un naranja suave en la oscuridad de la cueva, como si hubiera sido retenida entre brasas. El extremo superior del bastón estaba incrustado con cristales que iluminaban la cueva con su luz blanco-azulada.
El bastón dejaba claro que este hombre era un mago. Si había invocado al mercader y sus bienes desde el sur como ella sospechaba, entonces era un hechicero con no poco poder.
Hmm, pensó, tal vez este ratón no fuera una idea tan buena. Los magos tenían sus extrañas formas de descubrir si los ratones eran verdaderamente ratones y no eran muy amables con los que no. Incluso mientras pensaba en esto, el mago se giró a una velocidad increíble. Ni siquiera tuvo tiempo de chillar antes de estar metida en una bolsa de cuero que olía fuertemente a magia.
Intentó cambiar de vuelta a su forma humana, pero como esperaba, fue incapaz de hacerlo.
En vez de ceder al pánico se relajó y pensó con sequedad que al menos ya no se aburría.
-¿Cuánto, mercader? -preguntó el mago en rethiano. Su voz estaba distorsionada por un extraño acento... o tal vez sólo fuera la bolsa de cuero.
-Catorce kiben. -El comerciante hablaba el rethiano bastante bien pero su voz era ronca y temblorosa. Aun así, Aralorn notó que el precio que había dado era al menos dos veces el que valían los artículos, a menos que hubiera algo extremadamente valioso entre ellos.
-Seis, comerciante. -La voz del mago puede que contuviera un toque extraño, pero aun así fue efectiva al infundir terror en el corazón del mercader.
-Seis, acepto -chilló. Hubo un sonido de dinero cambiando de manos, luego un chasquido distintivo que Aralorn pensó que indicaba que o el comerciante o el mago y ella misma habían abandonado el lugar.
Hubo una pausa y luego habló una tercera persona.
-Gracias, amigo mío. Salió como dijiste que ocurriría. -La voz era reservada y de acento cortés.
También era joven y pertenecía a Myr, en algún momento rey de Reth.
-Con suerte nuestro amigo no pensará en interrogar a todos los comerciantes de Hernal. -Había algo en el tono de voz del mago que le resultaba familiar, pero el acento la despistaba.
-No averiguará mucho, aunque lo haga. El mercader no sabe adónde le trajiste.
El mago gruñó.
-Sabe que estaba en el norte, por el frío. Sabe que estaba en las montañas, a causa de la cueva. Eso es más de lo que podemos permitirnos que sepa el ae’Magi.
Myr no vocalizó una respuesta, pero debía haber asentido, porque cuando volvió a hablar fue de un tema diferente.
-¿Qué fue eso que cogiste del suelo?
-Ah, sí, eso. Sólo una… espía. Pequeña pero efectiva. -¿Era diversión lo que contenía su tono?
La bolsa se abrió y se encontró colgando por la cola para ser examinada por dos hombres. Se retorció y mordió la mano que la sostenía, con fuerza. El mago se rio, pero movió la mano para que pudiera sentarse cómodamente en su palma.
-Mi señor, ¿puedo presentarte a Lady Aralorn, algunas veces espía de Sianim?
Se retorció para mirarle; ¿cómo sabía su nombre? No era como si ella fuera uno de los famosos generales a los que todo el mundo conocía. De hecho, como espía había trabajado bastante duro para mantener su nombre fuera del foco de atención. Su forma de ratón de no debería facilitar las cosas mucho más.
Entonces, sin la amortiguación adicional de la bolsa, reconoció la voz. Estaba alterada por la máscara y una garganta humana, pero la reconoció de todos modos.
Nadie más podía tener ese timbre particularmente macabro. Era Lobo.
-Entonces. -La voz de Myr era tranquila-. Ahora Sianim me espía.
Aralorn volvió su atención hacia Myr.
En el corto espacio de tiempo desde que le había visto por última vez había envejecido años. Estaba más delgado, su boca estaba tensa y sus ojos pertenecían al duro y viejo guerrero que había sido su abuelo. En vez de túnicas de estado vestía la ropa que podría llevar un rudo trampero o un comerciante de viaje, parcheada aquí y allá con pulcras puntadas.
Araron saltó ágilmente de su posición y volvió a su forma normal, que no era la que él reconocería. Utilizaba magia para cambiar su forma, pero al contrario que la magia humana, los cambiaformas no necesitaban magia para mantener la forma, así que incluso los inmunes a la magia sólo verían la forma que el cambiaformas mostraba.
Cuando la había visto en el castillo de mago, ella había sido una guapa rubia diseñada para captar la atención de ae’Magi.
-No, mi señor -respondió-. O al menos no por medio de mí. Sianim tiene espías por todas partes. De hecho, esta es una reunión bastante afortunada; estaba buscándole para decirle que los mensajeros del ae’Magi han informado de su locura a todos los pueblos cercanos. -Habló lenta y formalmente para darle la oportunidad de ajustar su estado alterado.
Los rethenianos no tenían menos perjuicios contra los cambiaformas, pero era más probable que admitieran su existencia. Dado que las tribus de cambiaformas vivían en las montañas más al norte de Reth y pagaban tributo anualmente al rey de Reth en forma de tapetes finamente tejidos y herramientas cuidadosamente elaboradas entregadas en medio de la noche por personas invisibles, los rethianos tenían más difícil el descartarlos como rumores.
Las historias advertían a los aldeanos que permanecieran lejos de los bosques de noche, o serían pasto de los cambiaformas. Dado el antagonismo que los cambiaformas sentían hacia los humanos invasores, Aralorn se temía que no todas las historias estuvieran del todo equivocadas.
La familia real tendía a no ser tan cautelosa, probablemente como resultado del tributo anual.
Myr miró al mago, que asintió con la cabeza y habló.
-No puedo decir si te está espiando o no. Pero no te desea ningún daño, respondo por ello. -La cualidad ronroneante no fue producto de la bolsa, después de todo, tal vez fuera la máscara-. Es una especie de erudita, y necesito alguien que me ayude en mi investigación. Si no está ocupada en otras cosas, no haría ningún daño llevarla al campamento con nosotros. Puede luchar, y Temris sabe que necesitamos luchadores. Además, está en peligro si el ae’Magi ha descubierto quién ha estado espiándole.
-¿Espiaste al Archimago? -Myr arqueó una ceja hacia ella.
Aralorn asintió.
-No fue mi misión favorita, pero fue definitivamente una de las más interesantes. -Dejó que su cara cambiara rápidamente a la que él había visto en el castillo del ae’Magi y luego volvió a la normalidad.
Myr sonrió.
-Si, ya veo. Bienvenida entonces, señora. La invito a unirse a nuestro pequeño campamento.
Myr hizo una corta inclinación de cabeza que ella apreció como el gesto exactamente correcto de un soberano varón al hacer una invitación o aceptar a una mujer que no era ni su súbdita ni una compañera en la realeza.
Ella a cambio, vestida con la ropa del hijo muerto del posadero, le dedicó la reverencia exacta que le habría ofrecido la hija de su padre. La nobleza rethiana exageraba sus modales, así que él captaría la sutil diferencia.
Lo hizo.
-¿Quién eres?
Le dedicó una sonrisa de disculpa mientras tiraba de un punto incómodo en la parte delantera de la túnica.
-Lady Aralorn del Feudo del Cordero.
-Una de las hijas de Henrick. -La voz de Myr contenía un toque de incredulidad.
Aralorn asintió, sonriendo a modo de disculpa.
-Lo sé, no me parezco mucho a él, ¿verdad? Él tampoco lo cree. Fui una gran decepción para él. -Se subió las mangas hasta que pudo volver a verse las manos.
-No, no es eso lo que quise decir -dijo Myr-. Te he visto en la corte… hace mucho tiempo. ¿Eres la primogénita?
Ella rio.
-No, la hija mayor, pero tengo un hermano un año mayor que yo. Los dos somos el producto ilegítimo de una locura juvenil. La madre de mi hermano mayor era una doncella de la casa y mi madre una cambiaformas que sedujo a mi pobre padre en los bosques cercanos. Siendo catorce hijos puedo entender que tengas problemas para seguirnos la pista. Mis hermanos son todos copias de su padre, por desgracia para mis hermanas, pero a todos mis hermanos se les considera guapos.
Arrancó una carcajada a Myr con su descripción de su familia. Él había conocido a varias de sus hermanas también. Todas eran bastante guapas, doradas como su padre; como su padre superaban a la mayoría de los hombres por una buena cabeza.
-¿Cómo terminaste en Sianim?
Ella inclinó la cabeza, pensando en cómo encuadrar mejor la respuesta.
-Soy demasiado hija de mi padre para contentarme con coser un vestido o conversar. Él me enseñó a utilizar la espada con mis hermanos porque se lo pedí. Cuando llegó el momento de que fuera a la corte nos resultó obvio a ambos que como dama era un desastre. Me entregó su propio caballo, me armó, y me dejó ir por mi cuenta. -Mientras hablaba, trabajó en subirse el vuelto de la pernera de los pantalones. Finalmente cortó la parte sobrante con su daga.
-Suena propio del León del Feudo del Cordero. Es el único hombre que conozco lo bastante poco convencional para hacer eso. -Myr sacudió la cabeza.
Enderezándose en toda su poca impresionante altura, Aralorn continuó con una sonrisa.
-Dijo, si la memoria no me falla, que si nadie tenía el valor de reírse en su cara cuando se dirigían a él como el León del Feudo de los Corderos, tampoco dirían nada sobre una hija ausente.
-Si habéis terminado de charlar, podría ser mejor que partiéramos hacia el campamento. -La voz áspera estaba distraída, y los ojos de Lobo estaban enfocados en algún punto distante.
-¿Viene alguien? -Myr cambió al instante de cortesano a guerrero.
Lobo gruñó y luego dijo:
-Aquí no, pero lo bastante cerca para que debamos movernos.
Aralorn les dejó con sus bultos y pasó agachada bajo los árboles para coger su caballo. Mientras comprobaba las riendas masculló a Sheen:
-Me pregunto qué travesura anda tramando nuestro amigo Lobo, y con qué propósito.