Autor Tema: Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 2  (Leído 89 veces)

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Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 2
« en: Diciembre 26, 2018, 11:04:21 pm »
CAPÍTULO 2
Aralorn respiraba entre jadeos y se frotó una mano temblorosa por las mejillas húmedas. Sudando, y todavía medio atrapada en su pesadilla, se cubrió los oídos con las manos para acallar la voz suave y seductora del ae'Magi.
Observó el cielo todavía oscuro, deseando no tener que volver a intentar dormirse otra vez. Cada vez que cerraba los ojos, todo que podía ver era la mano de huesos finos del mago sujetando la daga de plata ornamentada que utilizaba para realizar sus sacrificios. Los hechizos que utilizaba incrementaban su magnetismo evitando que sus víctimas, normalmente niños, protestaran, manteniéndose de pie tranquilamente entre sus manos. Un chico de ojos marrones estaba tan atrapado en el hechizo que sonreía mientras el ae'Magi utilizaba el cuchillo.
El ae'Magi les mataba sin pasión o placer. Para Aralorn, la vida y la muerte eran cosas apasionadas, y robarles la emoción las hacían parecer un sinsentido.
Se sentó bruscamente y se volvió a limpiar las mejillas húmedas. El caballo estaba cerca, dormitando con una pata recogida y su nariz romana casi al nivel de la rodilla. Cerca de Sheen, Lobo yacía inmóvil. Sólo el brillo de sus ojos en la oscuridad mostraba que estaba despierto como había prometido. Su mirada estaba concentrada en la oscuridad de los árboles. Sabía que debía haberla oído, así que su falta de atención era deliberada; su falta de confianza le había herido malamente la noche pasada.
Habló con suavidad, sabiendo que él la escucharía, lo pareciera o no.
-En realidad no creía que tú fueras el ae'Magi -dijo. Cuando él no replicó, alzó las rodillas y se las rodeó con los brazos. Aralorn pensó con fuerza un momento, intentando poner en palabras los sentimientos que la habían hecho desconfiar de él.
Cuando habló, su voz estaba amortiguada tras las rodillas.
-Es que ese lugar... lo retuerce todo. Había tanta magia en el castillo que casi podía verla. Casi todo lo que pensaba estaba distorsionado de una forma u otra. A él le encanta, ya sabes... el engaño. -Se estremeció ligeramente y continuó-. Le vi beber la sangre de un bebé recién nacido y me encontré pensando en lo bellamente que la luz de la pira del sacrificio coloreaba su pelo. Es bastante espeluznante no saber si lo que sientes son tus sentimientos o el resultado de un hechizo. -Sus manos se apretaron contra sus piernas hasta que los nudillos se le quedaron blancos.
-Nunca había estado tan asustada en toda mi vida. Siempre pensé que tenía una voluntad fuerte, pero incluso con la sangre de mi madre ayudándome a resistir a los hechizos, no pude bloquear la sensación de que quería complacerle, hacer que me deseara. -Su voz se convirtió en un susurro al final. Se apoyo en una mejilla, girando la cabeza para mirarle-. Podría haberlo bloqueado hacia el final... cuando averigüé qué hechizos eran y cómo los hacía trabajar... pero no podía porque tenía que actuar como si el hechizo estuviera haciendo efecto en mí. Algunas veces creo... que tal vez no quería bloquear el hechizo porque me hacía sentir muy bien. -Sabía que tendría moratones por la mañana por aferrarse los brazos con tanta fuerza.
Tomó un aliento estremecido y ocultó la cara una vez más contra las rodillas antes de continuar con un susurro.
-Pensé que una vez me marchara todo volvería a la normalidad, pero no es así. No puedo sacármelo de la cabeza. Veo su cara cada vez que cierro los ojos.
Lobo se levantó lentamente y abandonó su lugar. Se sentó y se apoyó contra ella.
Ella se soltó las piernas y le pasó una mano por el espeso pelaje. Aunque generalmente era distante, Lobo decidía ocasionalmente actuar como lo haría un perro. Una nariz fría se abrió paso bajo su brazo y su lengua caliente y húmeda le lamió la barbilla hasta que ella chilló y se apartó con una risa temblorosa, limpiándose la cara con la manga.
Lobo sonrió, como hacen los lobos, y frotó el lomo contra ella. Le rascó la barriga (algo que él no permitiría jamás en público) y una pata trasera se sacudió rápidamente cuando ella captó el punto preciso.
Cuando sintió que la había alegrado, dijo:
-No te preocupes por eso, señora. Sé que vivir en ese lugar durante bastante tiempo te retuerce los pensamientos y sentimientos hasta que sientes y quieres lo que él quiere que sientas, enredado en un nudo que desconcertaría al más sabio. -Su voz era más amable de lo que le había oído nunca, sonaba a terciopelo sobre grava-. El tiempo ayuda.
-Lo sé -contestó Aralorn con suavidad, todavía frotándole el estómago, y luego continuó con un tono más ligero-, pero no ansío la próxima década más o menos.
Lobo se dio la vuelta con su improbable rapidez y le mordisqueó ligeramente la mano en respuesta a su sofismo. Tácitamente de acuerdo con su decisión silenciosa de que la discusión se estaba volviendo demasiado seria.
Aralorn inclinó la cabeza de lado, una sonrisa lenta le retorció los labios.
-Así que quieres pelea, ¿eh? -Le asaltó y lucharon hasta quedar ambos en el suelo jadeando.
-¿Podrás dormir ahora? -preguntó Lobo, con la voz ronca incluso para él.
Ella asintió y rodó hasta quedar sobre las mantas, no estando dispuesta a utilizar suficiente energía para levantarse y caminar. Masculló un "buenas noches" que perdió la mayoría de las consonantes. Él le tocó la mejilla con la nariz y resopló suavemente antes de acurrucarse contra ella.

*****

Al final, fue el semental el que los despertó a ambos. Su relincho agudo saludó a las luces del alba.
Aralorn se levantó de un salto y tenía las mantas enrolladas antes de abrir los ojos. Poner la brida y la silla al caballo le llevó algo más, ya que la bestia obstinada no se estaba quieta. Mientras trabajaba mantenía un ojo en Lobo mientras él a su vez observaba la oscuridad. A su señal dejó lo que no estaba ya cogido a la silla y montó el semental, que ya estaba trotando. Aunque no estaba constituido para ser veloz, Sheen se las arregló para alcanzar un galope muy creíble mientras seguía el liderazgo de Lobo. Los Uriahs estaban tan cerca que pudieron oír los aullidos que produjeron las bestias cuando encontraron su campamento.
Aralorn había luchado antes con los Uriah, y sabía que eran más rápidos que cualquier caballo que hubiera visto. Estaban bastante cerca y ganaban terrero con rapidez. Sacó la inusualmente esbelta espada de su vaina en la silla y frenó al semental en preparación para enfrentarse a las criaturas.
Al notar que Sheen frenaba, Lobo volvió atrás y mordisqueó los talones del semental, esquivando con habilidad las patadas del caballo entrenado para la guerra.
-No -exclamó él-. No tienes posibilidades contra el número que tenemos detrás. Si sigues yo puedo despistarlos.
Con eso, Lobo comenzó a alejarse, pero Aralorn guio a Sheen para bloquearle el paso. Sacudió la cabeza y gritó por encima del sonido de los Uriahs.
-Es a mí a quien quieren. No te seguirán, y aunque lo hicieran eso no quiere decir que tuvieras que enfrentarte a ellos solo. Juntos tenemos más posibilidades.
-Eres más lista que eso, señora. -Su tono estaba cargado de impaciencia-. Contra dos o tres tal vez, pero hay muchos más que eso. No tienes que preocuparte por mí; puedo ir más rápido que ellos si voy solo. -Ahí hizo una pausa, como si estuviera escogiendo las palabras con cuidado-. Me seguirán a mí si tienen que elegir entre nosotros dos.
-¿Qué quieres decir con eso? -Pero antes de que pudiera responder dijo-: Maldito Lobo misterioso. No importa. No tenemos tiempo para discutir. -Se estaba volviendo difícil hablar y evitar que Sheen saltara a medida que se acercaban los aullidos.
Él mostró los colmillos blancos en una sonrisa burlona como sólo un lobo podía hacer.
-Señora, esta no es la primera vez que trato con ellos, ni será la última.
No quería dejarle. Si no hubiera sabido que no era un lobo ordinario ni siquiera lo habría considerado. Pero, contra tantos Uriahs ella sería más un estorbo que una ayuda. Oyó los aullidos de los Uriahs, que se incrementaron exponencialmente cuando avistaron a su presa.
-Vale -dijo bruscamente-. Te veré en Sianim. Pero, maldita sea, Lobo, ten cuidado de no dejar que arruinen tu abrigo de piel.
Con eso hizo girar a Sheen en su dirección original y lo instó a avanzar.
Lobo permaneció en el camino de los Uriah y observó con ojos amarillos mientras se acercaban. Cuando el tono de sus llamadas cambió y se volvió incluso más frenético, supo que le habían reconocido, y echó a correr, conduciéndolos lejos del camino que había tomado su compañera.
Aralorn miró hacia atrás, y vio que Lobo había tenido razón; todas las formas grotescas y humanoides siguieron el rastro del Lobo.

*****

Aralorn viajó de noche y durmió o al menos intentó dormir durante el día… no porque fuera más seguro hacerlo así, sino porque no podía soportar despertar de sus pesadillas a solas en la oscuridad. Algunas veces viajaba durante millas sin ver nada.
En la tarde del tercer día abandonó las montañas boscosas hacia la gentiles colinas y valles de las tierras bajas. Viajando más rápido allí, solo hizo falta otro día para captar un vistazo de Sianim.
La ciudad fortificada se alzaba en lo alto de una meseta artificial en medio de un gran valle. No se permitía que creciera nada más que hierba en un radio de media milla alrededor de la colina, e incluso esta se mantenía corta. La propia meseta tenía una ladera empinada, y la carretera que conducía a la única puerta de la ciudad era estrecha y amurallada de forma que sólo tres personas pudieran montar en fila al atravesarla. Aunque suponía una buena defensa, el estrecho camino hacía que fuera una pesadilla que grandes grupos de soldados entraran y salieran de Sianim.
Los orígenes de la ciudad estaban envueltos en el polvo de épocas pasadas; incluso los manuscritos más antiguos conocidos la mencionaban como una ciudad próspera. Originalmente la ciudad había sido un centro de comercio, pero los pequeños ejércitos contratados por los comerciantes para acompañar sus caravanas atraían a mercenarios de todas partes. La gente que buscaba grupos de mercenarios a los que contratar iba a Sianim. Gradualmente los propios mercenarios se convirtieron en el centro de la economía de Sianim. Se fundó una escuela de entrenamiento en las artes de la guerra, y una cosa llevó a otra y Sianim se convirtió en una ciudad de guerreros profesionales.
Los mercenarios de Sianim eran algunos de los más finos luchadores del mundo. Con sólo otra escuela militar en Jetaine, que tenía el pequeño inconveniente de no permitir la entrada de ningún hombre extranjero al interior de sus murallas. Sianim tenía poca competencia. Además de entrenar a sus propias tropas mercenarias, Sianim también entrenaba luchadores para varios reinos y principados a cambio de una tarifa saludable. La guardia de élite de la mayoría de los gobernantes estaba entrenada en Sianim.
Como los políticos y la guerra iban de la mano, Sianim también tenía una red de espías que habría asombrado a un forastero. Estaba controlada por un académico delgado y bajito… que había pasado su primera juventud hacía varias décadas, pero eso no significaba que fuera anciano.
Fue a su pequeña oficina escondida en la madriguera de conejos que era el edificio gubernamental a la que fue Aralorn, después de dejar a Sheen en el establo.
Se deslizó a través de la puerta desgastada sin llamar, pero si el Maestro de Espías hubiera querido privacidad, la puerta habría estado cerrada. Cerró la puerta, se sentó en una silla de aspecto decrépito y esperó pacientemente a que Ren reconociera su presencia.
Estaba leyendo en voz alta una colección de poemas de Thyre. Thyre no era uno de los favoritos de Aralorn; sus rimas eran demasiado duras. Normalmente pescaba un libro de la impresionante biblioteca de Ren y leía hasta que él decidía interrogarla, pero hoy sólo se quedó en silencio escuchando. Dado que Thyre era notablemente extenso, tuvo bastante tiempo para descansar.
Cuando Ren terminó ella estaba dormitando pacíficamente, pero estaba lo bastante nerviosa para que el sonido suave que hizo el libro cuando Ren lo dejó en una de las muchas estanterías la hiciera saltar. Él le ofreció un vaso que llenó de la botella de su escritorio. Aralorn lo aceptó, pero sorbió cautelosamente. Las botellas del escritorio de Ren podían contener desde agua a Wyth, un licor más cariñosamente conocido como Matadragones. Esta vez era zumo de fehlta, una bebida sólo medianamente alcohólica, pero de todos modos la dejó en una mesa destartalada. Tenía la triste sensación de que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera tomar algo que pudiera nublar sus pensamientos.
Cuando Ren habló al fin sonó casi nervioso a sus oídos.
-Confío en que todo haya ido tan bien como siempre, ¿hmm? Entrar, salir, venir aquí.
-Sí. Yo… -Se cortó antes de poder hablar.
-¿Hablaste con él sobre el intento de asesinato? -Ren se sentó sobre el taburete de tres patas que había detrás de su escritorio.
-No, él…
-Bien -dijo suspirando una vez más antes de que ella pudiera continuar-. Odiaría que se molestara con nosotros, o que pensara que le estábamos espiando… aunque dudo que le importara. Estoy seguro de que habría entendido que recogemos información siempre que podemos. Confío en que hayas podido detener a los asesinos o descubrir que el rumor que te enviamos a investigar era sólo un rumor.
Que estuviera balbuceando no la molestaba; siempre hablaba así. Una vez le había dicho que eso distraía a la gente, y decían cosas que normalmente no habrían dicho… sólo para conseguir que se callara. Ella misma había utilizado esa técnica y la encontraba efectiva.
Lo que le molestaba era que no estaba escuchando. Normalmente escuchaba con cuidado todo lo que ella decía y luego la interrogaba durante horas sobre lo que había oído o visto. No era propio de él pasar nada por alto o evitar que alguien hablara. Y nunca, jamás, interrumpía. Sus ojos negros y brillantes como cuentas se movían inquietos… como si estuviera avergonzado. Nunca antes le había visto avergonzado, así que le llevó un rato identificar la emoción que daba un tinto rojo a su cara. Ren estaba avergonzado por haberla enviado a espiar al ae’Magi… ¡El mismo Ren que la había enviado a espiar a su propio hermano!
Nada de su inquietud se mostró en su rostro; había sido espía demasiado tiempo para mostrar sus emociones a menos que lo quisiera. No quería escuchar a la intuición que le decía que algo iba mal. Quería dar si informe con sólo las mentiras habituales. (Ni siquiera Ren sabía que podía alterar su forma. No se aprobaba del todo a los cambiaformas, incluso si encontrabas a alguien que realmente creía en ellos). Quiso ignorar la insistente inquietud, pero no pudo. Mientras él hablaba ella editó cuidadosamente lo que iba a decirle, esperando con aparente buen humor mientras el saltaba de tema en tema hasta que, tras dar varios rodeos, le preguntó por su misión.
Aralorn le proporcionó una breve descripción de su método de entrada; incorrecta, por supuesto. Algún día Ren averiguaría lo mala que era con las cerraduras y quedaría profundamente decepcionado. Se explayó sobre las reuniones que el ae’Magi había celebrado con varios gobernantes… dando tantos detalles como pudo complacientemente cuando Ren los solicitó. Evidentemente, sólo estaba molesto por que hubiera espiado al ae’Magi. Fue esquiva cuando habló de Myr, diciendo sólo que le había visto hablar con el archimago, pero que no había estado lo bastante cerca para oír lo que decían. Tiempo suficiente para informar a Ren del interesante talento del joven rey, después de descubrir lo que estaba haciendo que le Maestro de Espías actuara de forma tan ajena a su carácter.
Para distraerle de Myr, Aralorn continuó con la razón principal de su misión y dijo con algo de precaución:
-No pude recabar información sobre el intento de asesinato. Si hubiera uno, el ae’Magi sería perfectamente capaz de ocuparse de ello sin necesidad de nuestra ayuda. -Hizo una pausa, para darse tiempo a elegir las palabras correctas-. Me marché pronto, ya sabes. Me sentía incómoda. –¡Menudo eufemismo!- Consideré que era mejor salir de allí antes de que averiguara quién era yo y se ofendiera. Es muy poderoso, al igual que popular. Si se supiera que Sianim espía al ae’Magi, la mitad del mundo se enfadaría con nosotros.
-Ah, sí. Lo entiendo muy bien. -Ren asintió y cogió otro libro… su método habitual de despedir a alguien.
Si necesitaba confirmación de que algo iba mal, ahí la tenía. Ren nunca, jamás aceptaría la incomodidad como razón para dejar un encargo antes de tiempo. Tendría que haber permanecido en el castillo del ae’Magi al menos otra noche más. Con la cara impasible, salió de la habitación.

*****

Ya solo, Ren se relajó y se frotó las manos con gran satisfacción. Si esta actuación no hacía que Aralorn empezara a pensar, nada lo haría. La necesitaba suspicaz y desconfiada, pero también cautelosa. No podía permitirse descubrirse y advertirla; el ae’Magi tenía sus propias formas de averiguar las cosas… y si alguien estaba bajo el ojo vigilante del Archimago, ese era el Maestro de Espías de Sianim.

*****


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Re:Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 2
« Respuesta #1 en: Diciembre 26, 2018, 11:04:33 pm »
Los pies de Aralorn eran silenciosos sobre la piedra amarilla del empedrado; estaba inmersa en sus pensamientos mientras vagaba calle abajo. Saludó ausentemente a sus conocidos, aunque no se detuvo a charlar. Se estremeció un poco, aunque había bastante calor. ¿Por qué actuaba él como si nunca hubiera sospechado nada sobre el ae’Magi? Ren sospechaba de todo el mundo.
Encontró el dormitorio donde guardaba sus pocas posesiones más por azar que por designio y se retiró entre las paredes de su habitación.
Estaba mohosa tras su prolongada ausencia y con una desesperada necesidad de que le limpiaran el polvo. Sólo había unas cuantas piezas de mobiliario desgastado colocado aquí y allí, pero la habitación era lo bastante pequeña para parecer atestada.
Estornudó una vez; luego, ignorando la muy abusada silla, se sentó en el áspero suelo de piedra que no estaba aliviado por alfombras de piel.
Nunca antes Ren había parecido preocupado por dónde la enviaba a espiar. Le importaba poco la política, dejaba eso en manos de los estadistas a los que entregaba la información seleccionada. En cambio, anhelaba conocimientos del mismo modo en que algunos anhelaban comida o sexo. Era de él de quién había recogido muchas de las historias populares que coleccionaba.
No sentía ningún respeto por las personas, ni por nada. Cuando ella había protestado por su misión con el hechicero, se había reído de ella y le había soltado su cita favorita: “El que no hace nada malo no debe temer investigación”.
La utilizaba tan a menudo y la decía con tal orgullo que sospechaba que la había inventado él mismo. Cuando la envió al castillo había dejado claro que, aunque oficialmente estaba investigando el “intento de asesinato”, su principal objetivo sería reunir información sobre Geoffrey ae’Magi. ¿Por qué sino enviaría a su mejor agente a espiar al castillo cuando una simple nota de advertencia habría servido igual?
Todo lo cual la llevaba de vuelta a su pregunta original: ¿por qué estaba Ren preocupado por eso ahora?
Se sentó un rato y no llegó a ninguna conclusión brillante; pero eso era mejor que preocupase por Lobo… aunque hubo un poco de eso también. Preocuparse por uno era tan útil como preocuparse por el otro… así que ella, siendo justa de corazón, dedicó igual cantidad de tiempo a cada uno.
Al final, cansada en mente y cuerpo, se arrancó la ropa y la tiró al suelo. Se estiró cuidadosamente, trabajando lentamente cada músculo hasta que estuvo relativamente flexible. Quitó la cubierta superior de su catre, cuidado de llevarse la mayor parte del polvo con ella. Luego se desplomó sobre la cama y durmió.
La pesadilla volvió. No fue tan mala como los primeros días, pero si lo bastante. Estaba solo medio despierta cuando tocó la pared contra la que se apoyaba el catre y pensó por un momento que estaba de vuelta en la jaula. Reaccionó como si hubiera tocado algo caliente, rodando rápidamente para alejarse de ella y aterrizando con un golpe sobre el suelo, completamente despierta y rodeada de una nube de polvo de la manta.
Estornudó varias veces, maldijo, y se limpió los ojos llorosos. Riendo, pensó que tendría que alegrarse de que Lobo no estuviera aquí para verla hacer el ridículo. Estaba claro que no iba a dormir más por un tiempo, así que encendió una lamparita y se vistió, poniéndose sus prendas más prácticas: botas de cuero hasta la rodilla, calzas sueltas y túnica.

*****
 
Lo bueno de vivir en Sianim era que las ajetreadas tardes de verano siempre había gente en la arena de práctica dispuesta a unas cuantas rondas; los mercenarios tendían a estar despiertos a extrañas horas. Se armó con espada y dagas y salió por la ventana a la estrecha cornisa que había justo debajo de ella.
Atravesó alegremente el estrecho camino hasta que fue posible dejarse caer sobre el tejado del edificio de al lado. Desde ahí sólo había un salto corto hasta el suelo. Habría sido más fácil salir por el método habitual, pero practicaba cuando podía.
Fuera, las antorchas de la calle ya estaban encendidas para la noche, pero la gente todavía vagaba por los alrededores. Había una riña amigable en uno de los bares, con espectadores apostando por el resultado. Tomó un profundo aliento. El olor de Sianim era una fusión de sudor, caballo, polvo y… libertad.
Aralorn había crecido sofocada por las restricciones impuestas a las mujeres de la alta aristocracia, incluso a las marginadas.
Puede que Reth hubiera prohibido la esclavitud, pero las mujeres de alta cuna seguían subyugadas por un collar de reglas lo bastante fuerte para confinar a cualquier esclava. Si no hubiera sido por su padre podría haberse visto forzada al tradicional papel de inútil.
El León del feudo de los Corderos era un hombre inusual. Cuando su hija ilegítima había acudido a él y establecido sus objeciones a las constantes lecciones de bordado y etiqueta que su esposa imponía al resto de sus hijas, le había enseñado a montar como un hombre. También le enseñó a luchar con espada y bastón. Cuando se marchó de casa, le entregó su caballo de guerra favorito.
Lo había intentado en Jetaine, pero descubrió que las mujeres allí estaban esclavizadas por su odio hacia los hombres incluso más de lo que las mujeres de fuera estaban esclavizadas por su posición social. Aralorn nunca había odiado a los hombres, solo que no quería sentarse y sonreír como una boba toda su vida. Con frecuencia se preguntaba qué habría pasado si hubiera nacido hija de un comerciante, o de alguien que tuviera que trabajar para vivir en vez de ser una aristócrata de la que se esperaba que fuera un objeto artístico.
Pensar en sí misma como un objeto artístico la hizo sonreír. Incluso antes de tener cicatrices de guerra había sido bajita, sencilla, y demasiado deslenguada.
Los dos hombres que había estado siguiéndola se estaban acercando lo suficiente para resultar molestos. Por el rabillo del ojo notó que se deslizaban detrás de un carro que acababa de pasar. Su mano izquierda fue automáticamente a su espada. La derecha ya sostenía una daga.
Uno de los matones dijo al otro en un susurro de escenario destinado a llegar hasta ella.
-¡Maldición! Nos ha vuelto a ver. Te dije que te cambiaras esos zapatos. Hacen demasiado ruido.
Ella se rio y se dio la vuelta para enfrentarse a ellos.
-¡Cierto! Sin embargo, vais mejorando. Esta vez de veras pensé que sólo erais un par de ladrones.
El segundo empujó al primero de lado con un golpe juguetón.
-¿Ves, Kai? Te dije que haríamos mejor fundiéndonos en el ambiente. ¿Quién iba a prestar atención a un par de amantes en este lugar?
Kai arqueó una ceja, arreglándoselas a pesar de la suciedad para parecer aristocrático.
-Sin embargo, si hubieras gastado los zapatos como te dije… -dejó que su voz se desvaneciera y mostró una sonrisa que le hizo parecerse más a su gemelo, Talor. Con ademán practicado se salió de su personaje fingido y pasó un brazo alrededor del cuello de Aralorn.
-Bueno, querida, perece que te tengo a mi merced. -O al menos fue lo que quiso decir. En realidad, pensó Aralorn, la última palabra sonó más como “puagg” que como merced.
Se giró hacia Talor y con la cara seria remarcó:
-Tengo que bañarte en barro con más frecuencia. Parece funcionar mejor que tirarle al suelo y hacerle quedar como un tonto como hice la última vez que intentó besarme, ¿no crees?
Talor asumió una actitud seria, pero antes de que pudiera decir lo que pretendía, Kai interrumpió.
-Dime, señora, ¿qué villano os proporcionó ese perfume? A fe mía hay que maldecirle. Permitidme matarlo en vuestro nombre para que una vez más podáis recuperar vuestra dulce fragancia.
Ella rio.
-Lo curioso es que casi me había acostumbrado a oler así. Iba de camino al anillo de práctica, pero creo que me dirigiré a los baños primero. ¿Interesados en un poco de diversión? -Kai se animó cómicamente, hasta que ella añadió-: en el anillo, por supuesto.
Kai hizo una reverencia baja.
-Muy a mi pesar, tengo un compromiso previo. -Le lanzó una sonrisa-. ¿Recuerdas a esa pelirroja de la treinta y dos?
-Ummm. -Ella alzó una ceja, sacudió con la cabeza y luego con un tono exageradamente triste comentó-: Pobre chica, condenada a un corazón roto. -Luego sonrió y dijo-: Que pases un buen rato, Kai.
Él saludó con la mano y se alejó.
Aralorn miró a Talor y preguntó:
-¿De verdad tiene una cita con Sera?
Él se rio.
-Probablemente no, pero la tendrá. Especialmente si recuerda lavarse primero. Pero no le gusta ser apaleado por una mujer. Toda la escuadra se burló de él durante dos semanas la última vez que le venciste. Yo, por otro lado, no tengo ningún orgullo y, después de que te libres de la injusta ventaja que ahora esgrimes. -Se pinzó la nariz con una mano para mostrarle lo que quería decir-. Te esperaré en el “Halcón y el Sabueso” cuando vuelas de los baños.
-Hecho. -Le dirigió un saludo burlón y se dirigió a los baños, sonriendo.

*****

En uno de los anillos de entrenamiento que proporcionaba la taberna “El Halcón y el Sabueso”, se enfrentaron cautelosamente con bastones de un cuerpo de longitud sostenidos ligeramente entre sus manos. Normalmente estaban bastante igualados, siendo Talor más ligero que su hermano, pero Aralorn todavía estaba rígida. Luchaban juntos con frecuencia, porque ningún otro quería enfrentase con pentagramas. Como estaban entrenando, jugaban con variaciones de danzas de entrenamiento, y en vez de golpear al cuerpo, intentaban golpear una pequeña placa de metal que les colgaba de un cinturón. Normalmente habría un tercero que declararía los golpes justos o no y anotaría los puntos ante el sonido de la madera golpeando el metal, pero ella y Talor eran veteranos y les preocupaba más el deporte que ganar o perder. El anillo que habían escogido estaba en el sótano de la taberna, así que no tenían ningún espectador. Por mutuo consentimiento pararon un rato para descansar antes de proceder a salir de los patrones estándar.
-Entonces, ¿a qué venía ese olor? Me pareció familiar pero no pude ubicarlo. Algún cruce entre una letrina y una porqueriza. -La voz de Talor era inestable porque estaba estirando mientras hablaba.
Aralorn se inclinó, jadeando sin vergüenza, apoyándose contra uno de los altos muros hasta la cintura que rodeaban el anillo; había recuperado la mayor parte de su fuerza acostumbrada de camino a casa, pero no toda. Comenzó a pensar en una razón para el olor a foso, pero decidió que no había ningún daño en dejarle saber lo que había estado haciendo. No se lo contaría a nadie más que a su hermano, y los dos, Kai y Talor, sabían mantener la boca cerrada.
-Bueno -dijo-, a menos que hayas visitado el castillo del Archimago últimamente no es probable que estés familiarizado con él. Desearía que el ae’Magi oliera tan bien como su foso… -Los reflejos condicionados fueron lo único que hicieron que alzara el bastón para interceptar el golpe dirigido a su cara. La pura fuerza del golpe le entumeció las manos, ya que no había estado sujetándolo bien.
Se agachó bajo el brazo de él para llegar al centro de la arena y concederse algo de espacio para maniobrar. El movimiento también le dio oportunidad de hablar.
-¿Qué estás haciendo?
La cara de Talor estaba retorcida por la ira mientras la seguía.
-¡Cómo te atreves! ¿Cómo puedes ser tan irrespetuosa con el ae’Magi? ¡Bruja desagradecida!
Incluso mientras atacaba procedió a llamarla metódicamente por cada insulto que conocía. Fue su rabia lo que la salvó, interfiriendo con la sincronización y la precisión de sus ataques. Una y otra vez fue capaz de bloquear o esquivar los golpes furiosos. Esta furia desproporcionaba era impropia de él; un buen guerrero se esforzaba sobre todo por mantener el control. Esto era demasiado repentino. ¿Desde cuándo se había convertido Talor en un devoto del Archimago? Sabía que algo iba terriblemente mal, pero su despiadada andanada no dejaba tiempo para la especulación o el análisis. Despejó la mente y se concentró en seguir con vida.
Finalmente, uno de sus golpes la alcanzó con fuerza detrás de las rodillas y cayó hacia atrás, al permitir que el bastón se llevara con él sus piernas. Tan pronto como sus pies tocaron el suelo, levantó automáticamente el bastón en una posición de guardia, intentando proteger su cara y su torso.
El movimiento la había obligado a apartar los ojos de su oponente, y apenas vio el ondeo de movimiento cuando el bastón pasó bajo sus defensas. En vez de la pasada estándar, Talor había decidido empujar.
El extremo del bastón la golpeó bajo en el pecho y la dejó sin aliento. Sin la almohadilla protectora que llevaba, le habría roto las costillas. Si el bastón hubiera golpeado sólo un dedo más arriba habría sido fatal, con o sin acolchado.
Se retorció frenéticamente de lado, intentando salir de su rango de alcance. Fue una maniobra desesperada, dejando la espalda vulnerable a su oponente, y después del golpe que acababa de recibir supo que se estaba moviendo demasiado despacio. Incluso mientras se movía, esperaba el golpe… sabiendo que no había forma de que evitara el impacto del bastón que destrozaría el hueso sin esfuerzo.
El golpe no llegó.
Terminó de rodar y se puso en pie de golpe, con el bastón posicionado y los pulmones buscando desesperadamente aire.
Talor estaba de pie en medio del anillo, apoyado contra el bastón. Sacudió la cabeza como un perro mojado y luego la miró algo aturdido.
-¿Estás bien, Aralorn?
-Bien. -Jadeó la palabra, su diafragma no funcionaba del todo bien aún-. No… te preocupes. No hay daño, y yo… necesitaba un repaso. Tu técnica con el bastón ha mejorado, pero todavía eres un poco lento en los retornos… Vigila tus manos. Agarras demasiado fuerte cuando pierdes el control, y eso hace más fácil que tu oponente te obligue a dejar caer el bastón. -Mientras recobraba el aliento hizo que su tono fuera más seductor, intentando que olvidara lo que había ocurrido. Si tenía razón sobre la causa, no le haría ningún bien preocuparse por ello.
Él aceptó el refugio que ella le ofrecía.
-Tienes que prestar más atención a los ojos de tu oponente. Vigilas demasiado el cuerpo, y eso no te da mucha advertencia previa. Si hubieras estado observando más atenta podrías haber evitado ese último golpe.
Aralorn dejó caer su bastón, ondeó las manos en la tradicional señal de rendición y dijo:
-Vale, me has superado. Mi reputación está hecha jirones. Solo hazme un favor y no se lo cuentes a tu hermano. La última vez que me ganaste, me desafió, y luego tuve que aguantar sus enojos durante una semana.
-Yo tuve que salir de maniobras con él y refunfuñó durante casi un mes. Vale, no se lo contaré. Además. -aquí adoptó una postura obviamente falsa y la miró por encima de la nariz- que bien le hace a un hombre presumir de golpear a una mujer.
A pesar de su humor Aralorn podía ver que se sentía incómodo, y ella no se sentía mucho mejor. La alocada idea con la que había estado jugando era una explicación que cada vez parecía más y más razonable. Talor había reaccionado a su poco halagadora observación sobre el ae’Magi como habría hecho ella cuando estaba en el castillo de mago si no hubiera tenido el beneficio de una herencia poco ortodoxa. De algún modo, el ae’Magi había incrementado de forma increíble la zona de efectividad de su hechizo de carisma.
Talor se excusó tan pronto como pudo, antes de que la incomodidad creciera.
Cuando se giró para observar cómo se marchaba, notó que Lobo estaba yaciendo justo dentro del umbral, con la cabeza sobre las patas delanteras.
Talor se detuvo y le palmeó en la espalda, a lo que Lobo respondió con un pequeño movimiento de la cola, pero sus claros ojos amarillos nunca se apartaron de la cara de Aralorn.
Aralorn esperó hasta que Talor su hubo marchado antes de caer exhausta en el suelo y palmeó el espacio a su lado a modo de invitación. Lobo se levantó obediente, se acercó trotando y volvió a asumir su pose relajada, sustituyendo las espinillas de Aralorn como cojín.
Se quedaron sentados un rato, con Aralorn pasándole la mano por el espeso pelaje… separando el pelo grueso del más suave y de color más ligero de abajo. Cuando su respiración casi había vuelto a la normalidad, rompió el silencio.
-Es bueno tenerte de vuelta -comentó-. Me lo tomo como que no te mataron.
-Creo que es una buena suposición, sí. -Su voz era más reservada de lo habitual.
Ella le dedicó una sonrisa a medias.
-¿Cuánto haces que estás aquí? -preguntó.
-Lo suficiente para ver como perdías pie y casi dejabas que ese torpe jovencito acabara con tu vida.
Ella le siguió el juego obediente.
-¡Torpe! Sabrás que es el segundo mejor de Sianim con el bastón.
-¿Y tú serías la primera? -La diversión tocó su voz.
Ella le empujó ligeramente.
-¡Y bien lo sabes!
-A mí me parece que te han dado una paliza. Puede que tengas que retroceder al segundo lugar. -Hizo una pausa y dijo con voz más baja-. Al fin notas que la gente está un poco sensible en lo concerniente al ae’Magi, ¿eh?
Ella le miró, sobresaltada.
-¿Hace mucho que pasa? No había notado nada.
Él gruñó en señal de afirmación.
-Noté que empezaba hace más o menos un año, pero parece que se está intensificando más.
-Debe ser algún tipo de variante de los hechizos que tenía en su castillo, pero no creí que nadie pudiera crear un hechizo de esta magnitud solo. -El tono de Aralorn era interrogativo.
-No lo está haciendo solo -replicó Lobo-. Empezó en pequeño. Los pueblos cerca del castillo del Archimago tienen alguna gente fuerte en la magia. El efecto secundario de tener grupos de magos jóvenes y viriles como aprendices en el castillo durante varios cientos de generaciones. -Su tono era irónico-. A los adultos que no pudo subyugar los mató, porque no servían a sus propósitos. Pero los niños…
Aralorn se estremeció, y su frotó los brazos como si tuviera frío.
-Percibo que has visto lo que hace con los niños. -El tono de Lobo fue amable-. Al parecer ha encontrado alguna forma de incrementar sus habilidades. Hace quince años, en el pueblo, si hacías un comentario negativo sobre el ae’Magi, la reacción se parecía bastante a la de Talor. Ahora las calles están vacías excepto por mujeres y hombres. Aun así, necesita más presas. Sianim, creo, simplemente está recibiendo los efectos de foco principal.
-¿Cuál es el foco principal? -preguntó ella.
-¿Dónde es más fuerte la magia? ¿Dónde tienen la mayoría de los plebeyos capacidad para llevar a cabo hechizos? ¿Dónde se ha alimentado la magia, protegida por gobernantes fuertes de la persecución a la que han sido sometidos los que la utilizan desde de las grandes guerras?
-Reth -respondió Aralorn.
-Reth -coincidió él.
-Mierda.