Autor Tema: Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 1  (Leído 104 veces)

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Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 1
« en: Diciembre 22, 2018, 08:16:54 pm »
CAPÍTULO 1
El gran salón del castillo era la habitación que él prefería.
Al principio había creído que era la grandeza lo que le atraía... una debilidad que él admitía con total libertad. Ahora concluyó que era otra cosa, algo más. Desde luego el placer de profanar con sus artes oscuras la única habitación del castillo de ea'Magi que había permanecido libre de magia durante mil años no se le habría pasado por alto. Incluso ahora podía ver que los invitados miraban nerviosamente hacia las sombras de las esquinas de la habitación. La gente que no podía utilizar la magia tendía a ponerse nerviosa en una habitación donde se realizaba magia con frecuencia.
Más que nada, pensó, la razón de que le encantara la habitación era el placer que le daba observar a la crema de la aristocracia de una docena de naciones danzando alegremente donde sólo unas cuantas horas antes un niño había gritado suplicando por su vida.
Aralorn se estremeció y se paseó tras los barrotes negros ornamentados de su jaula.
El gran salón estaba resplandeciente; lujosamente decorado para complacer a la gente que se deslizaba con ligereza por su suelo. Los techos altos estaban grabados con claraboyas en forma de lágrima. Pilares pálidos goteaban hasta un suelo de marfil bien pulido que reflejaba el colorido de los bailarines.
La jaula de Aralorn estaba posada sobre una plataforma alta en la única pared de la habitación en la que faltaba una puerta. Desde esa posición podía ver toda la habitación y ser observada a cambio. O más bien podían ver la ilusión que el ae'Magi había impuesto a la jaula. La esclavitud estaba mal vista en los reinos cercanos. En vez de ver a una mujer exóticamente rubia que el ae'Magi había comprado a un esclavista itinerante, los observadores veían un exótico halcón de las nieves.
Sonó un repique, anunciando nuevos visitantes. Aralorn se abrazó a sí misma cuando el ae'Magi saludó a sus invitados con una cálida sonrisa. Había sonreído igual la noche anterior cuando sostenía el corazón palpitante del chico en sus manos.
Mordiéndose el labio, Aralorn observó a la realeza danzante en un esfuerzo por distraerse. Emparejó nombres y países con las caras de los bailarines con la facilidad de la espía profesional que era. Finalmente reemplazó los ojos del chico muerto con fechas y políticos, pero siguió paseándose inquieta por su jaula.
Había una cualidad hipnótica en los colores caleidoscópicos y brillantes de los bailarines: dando vueltas y vueltas para parar, reacomodarse, y volver otra vez a girar. Seguramente lo sentían. Sus caras sonrientes estaban extrañamente en blanco, sin un indicio de ninguna otra emoción aparte de la diversión. Vio a la Duquesa de Ti y al Enviado de la Alianza Anthran bailando cordialmente el uno con el otro. Hacía cuatro años el Enviado había asesinado al hijo menor de la Duquesa, provocando una sangrienta reyerta que había sembrado cuerpos por toda la Alianza como si fuera una plaga.
El Enviado dijo algo y palmeó el hombro de la Duquesa. Ella se rio alegremente en respuesta como si no hubiera hecho que asesinaran a la tercera esposa del Enviado de una forma particularmente desagradable hacía sólo un mes.
Cuando los músicos hicieron una pausa para descansar, la gente se reunió alrededor del Archimago, Geoffrey ae'Magi, atraídos por sus chispeantes ojos y su sonrisa traviesa, como las mariposas se reunían alrededor del árbol coralis en flor. Como los coralis, él era de una extraordinaria belleza, con el pelo azul recogido hacia atrás, pómulos altos y la sonrisa de un niño al que hubieran pillado con las manos en el tarro de las galletas. Pero la auténtica atracción yacía en su gentil calidez y su extraña habilidad para burlarse de sí mismo y de los demás sin causar ningún daño. Antes de venir aquí, la propia Aralorn había estaba medio enamorada de él.
Cuando un insecto aterriza sobre la flor escarlata y dulzona del coralis, los pétalos se cierran y la flor digiere a la desafortunada presa durante un período que se extiende durante semanas.
Dio la espalda al ae'Magi y volvió a la habitación. Apoyándose perezosamente contra uno de los pilares, un hombre joven bajito y de constitución robusta que llevaba los colores de la casa real de Reth también observaba a la multitud: Myr, Príncipe... no, ahora Rey, de Reth. Su cara era ilegible excepto por la inclinación testaruda que había heredado de su abuelo paterno, un rey y guerrero formidable. Lo que captó la atención de Aralorn fue la expresión de disgusto que cruzó brevemente su cara al mirar a la multitud, notablemente diferente a las sonrisas vacuas que mostraban todos los demás.
Él se movió inesperadamente y le sostuvo la mirada. A continuación, bajó la vista con rapidez, pero luego empezó a abrirse paso a través del gentío hasta su jaula. Cuando alcanzó la plataforma, inclinó la cabeza para que nadie pudiera leerle los labios y dijo en tono bajo:
-¿Necesita ayuda, señora?
Sorprendida, Aralorn miró rápidamente al espejo que cubría la parte de atrás de la jaula. El halcón de las nieves le devolvió la mirada con indiferencia. Un viejo espía le había dicho una vez que la familia gobernante de Reth producía ocasionalmente vástagos que eran inmunes a la magia. Mirando a Myr decidió que era más probable que fuera consciente de la ilusión que la cubría que de que normalmente preguntara a pájaros enjaulados si necesitaban ayuda. Los rethenianos odiaban la práctica de la esclavitud, pero era un movimiento audaz ofrecer ayuda para escapar a una de las esclavas del ae'Magi'.
Intrigada, respondió como ella misma, en vez de como la esclava que se suponía que era.
-No, Su Alteza, estoy aquí para observar al ae'Magi.
-¿Una espía? -No era una pregunta-. Debe ser o de Sianim o de Jetaine. Son los únicos que enviarían espías femeninos a una posición tan delicada como esta. -Parecía estar pensando en voz alta, porque cuando terminó de hablar un rubor invadió su cara al comprender lo insultante que había sonado ese último comentario.
Aralorn pensó que era divertido en vez de ofensivo. Con una media sonrisa aclaró:
-Me pagan con mi trabajo.
-Una mercenaria de Sianim entonces. -La estudió especulativamente-. Me sorprende que pensaran que había necesidad de un espía aquí.
-A decir verdad, yo también -se permitió Aralorn, proporcionándole más información. Habiendo satisfecho la curiosidad del rey hasta donde iba a permitirse, le hizo una pregunta propia-. ¿Cómo es que ve a través de la ilusión del halcón de las nieves que el ae'Magi colocó sobre la jaula?
-¿Es de eso de lo que estás disfrazada? -Su sonrisa le hizo parecer todavía más joven de lo que realmente era-. Me preguntaba por qué nadie estaba comentanod nada sobre la mujer que tiene en la jaula. Puede que la esclavitud sea legal aquí, pero la mayor parte de la gente no la condona.
Podría haber dicho más, pero algo en la expresión de Aralorn le detuvo. Inmediatamente se enderezó y la miró tan fijamente como si le tuviera fascinado.
-Ah, veo que admira a mi halcón, señor. -La voz resonante sólo podía pertenecer al ae'Magi-. Es hermosa, ¿verdad? La compré hace varios meses en un viaje mercantil... en algún lugar del norte, creo... pensé que quedaría bien en esta habitación-. Ondeó una mano en un gesto casual que se las arregló para abarcar el resto del salón.
Aralorn había llegado a ser una experta en la interpretación de la voz del ae'Magi y esta vez era un poco demasiado casual. Estaba provocando a Myr, y no sabía por qué... a menos que él también hubiera oído los rumores sobre el inusual talento que algunas veces surgía en la familia real de Reth.
Reth era un país pequeño, pero rico en minerales y agricultura. Tenía un ejército bien entrenado, legado del abuelo de Myr. Myr era un rey muy reciente y ciertas facciones políticas conservadoras se habrían alegrado de que fuera el mismo rey marioneta que su padre. Myr parecía tener apaciguados a los políticos, pero no sería difícil para el ae'Magi cambiar eso. La creciente aprensión de Aralorn era más que profesional; Reth era su tierra natal.
Myr se giró hacia el mago con una sonrisa y con más confianza de la que un chico de su edad tendría que haber tenido.
-Sí, el tono marfil es del mismo color que el mármol de aquí. Es inusual ver un halcón de las nieves tan al sur, debe haber pagado mucho por ella.
Aralorn esperaba desesperadamente que la diversión que sentía no se mostrara en su cara, ya que el ae'Magi tenía poca dificultad para ver más allá de su propia ilusión. Myr era rápido.
Hablaron un rato sobre el halcón; algo que Aralorn sabía que no interesaba a ninguno de los dos. Cuando se cansaron del tema, el ae'Magi cambió bruscamente el curso de la conversación.
-Myr -dijo el ae'Magi-, deseo expresar mis condolencias por la muerte de tus padres. Me siento responsable de sus muertes, dado que volvían a casa de una de mis fiestas cuando el carruaje volcó. Ojalá hubieran decidido quedarse a pasar la noche... como les pedí. La tragedia podría haberse evitado. -La simpatía en los ojos azules del mago prometían sanación. Con interés profesional, Aralorn oyó el filo de culpa en su voz, el mago habría sido un maravilloso espía, con su capacidad de actuación.
Posó una mano de huesos finos sobre el hombro de Myr, cortando efectivamente lo que el joven podría haber dicho a continuación.
-Por favor, escúchame. Si necesitas cualquier cosa siéntete libre de acudir a mí. Tengo conexiones, un poder sustancial como ae'Magi, y puede que necesites la ayuda que yo puedo ofrecer. Nunca es fácil ascender al trono, especialmente ahora con los rumores de Uriahs en los bosques del este. Eso sin mencionar que siempre hay facciones opositoras u... -dudó, ondeando una mano expresivamente-, otros enemigos.
Myr inclinó la cabeza rápidamente con gratitud; Aralorn esperaba haber sido la única en reconocer su falta de sinceridad.
-Tendré en cuenta su oferta, mi señor mago. Sé que mis padres contaban con su amistad. -Hizo una pausa y luego dijo-. Disculpe, señor, he disfrutado de su conversación, pero debo retirarme tarde. Ya ve. -Se acercó con el aire de un muchacho confesando un secreto-, acabo de comprar un nuevo semental y no estoy seguro de confiar en él por el camino y en la oscuridad. -Su cara perdió la ansiedad por un momento-. Después de lo que les pasó a mis padres, señor, siento la necesidad de ser cauteloso.
El mago sonrió comprensivamente.
-Llamaré a tus sirvientes.
Myr negó con la cabeza.
-Les dejé fuera con órdenes de encontrarse conmigo una hora después de oscurecer.
-Los dioses te sigan entonces. Con tu coraje y tu fuerza das crédito a tu linaje. Desearía que mi propio hijo se pareciera más a ti. -A los oídos sensibles de Aralorn, la voz del mago contenía la cantidad justa de dolor. Se preguntó por qué no había notado antes de ser asignada aquí que sus emociones eran siempre las exactamente adecuadas. No tendría que haber necesitado la oportunidad, si esos eran los términos correctos, de observar su comportamiento desabrido para determinar que había algo más bajo la superficie.
-No podría denominarse cobarde a Lord Cain, señor. -La voz de Myr contenía una cantidad igual de simpatía, tan falsa como la del ae'Magi.
-No -dijo el ae'Magi-, creo que habría sido mejor para todos nosotros que fuera un cobarde. Habría hecho menos daño. Ahora le tengo bajo control, pero no sé cuánto tiempo podré mantenerle tranquilo.
Aralorn había olvidado al hijo del ae'Magi. El ae'Magi mantenía su magia oscura en secreto, pero su hijo la había utilizado a plena luz del día. Durante un tiempo había sido una vergüenza para el ae'Magi, las historias de las atrocidades que cometía volaban rampantes. Ella nunca había conocido a Cain; había desaparecido de escena antes de que ella se hubiera involucrado en su actual ocupación. Sin embargo, había oído rumores... se volvían peores cada vez que se contaban. Las historias ponían al ae'Magi en el papel de padre apenado que se había visto obligado a exiliar a su hijo. Aralorn sospechaba que la ausencia de Cain podría ser debida a la muerte y no al exilio. Había resultado inconveniente que alguien se hubiera preguntado dónde había aprendido el hijo del ae'Magi tanto de magia prohibida.
-Sea como sea -Con aparente esfuerzo el mago hizo a un lado el recuerdo de su hijo-, tus sirvientes probablemente estén esperándote ya.
-Sí, debería irme. Puedo asegurarle que recordaré su cortés oferta de ayuda si alguna vez la necesito. -Con eso Myr se inclinó una vez más y se fue.
Observando marchar a Myr, el mago sonrió... la ligera imperfección de uno de sus dientes prestaba encanto a la perfecta curva de sus labios.
-Que astuto, astuto niño has llegado a ser Myr. -Su voz supuraba aprobación-. Qué pena que te veas obligado a jugar con un adulto.
Aralorn sintió que su aprensión se convertía en auténtica preocupación por el bienestar del rey de Reth.

*****

Ya era tarde cuando la multitud empezó a menguar y más aún antes de que todos se fueran. Aralorn se sentía más nerviosa con cada persona que se marchaba, sabiendo que la magra protección que le ofrecían pronto desaparecería. Después de ver salir a la última pareja, el ae'Magi se acercó lentamente a la jaula.
-Entonces -dijo, balanceándose ligeramente hacia atrás sobre los talones- el rethiano no ve a mi precioso pájaro del norte. Cuando te miraba, mirada hacia donde están tus ojos, no donde habrían estado los ojos de un halcón.
Maldita sea, pensó, este hombre es demasiado observador. El ae'Magi pasó una mano a través de los barrotes y le acarició el cuello. Ella se apoyó contra él y frotó la mejilla contra su mano, obligándose a sí misma a obedecer la vaga compulsión del carismático hechizo que él sostenía.
El ae'Magi le inclinó la cara para sostenerle la mirada y dijo con un tono exigente.
-Me pregunto cómo atravesó mi ilusión.
Ella había tenido algún tiempo para pensar en sus acciones después de que se marchara Myr. Si el archimago sabía con seguridad que Myr era inmune a la magia, sería la sentencia de muerte del rey. Soltó un suspiro interno y se preparó para lo que veía a continuación.
-Pero no atravesó tu hechizo, Maestro -respondió, aparentemente sin pensarlo.
Él la miró expresivamente y ella dejó de luchar contra la urgencia de acurrucarse en una bola sobre el suelo de la jaula. Hizo un pequeño movimiento con un dedo y ella gritó mientras su cuerpo se retorcía indefenso.
Cada vez que le hacía esto era peor que la anterior. Observó como los tendones tiraban y se estiraban, protestando contra las sensaciones que soportaban. Cuando finalmente paró no luchó contra los temblores que la sacudieron, diciéndose a sí misma que estaba interpretando un papel... pero en su interior se preguntaba si podría haberlo evitado si lo hubiera intentado. Después de que yaciera inmóvil, él dijo con suavidad:
-No me gusta que me contradigan, niña. Él sabía que no eras un halcón.
-Sí -dijo ella con voz ronca, desde su posición en el suelo de la jaula-. Lo sabía. Creo que su mago rompió el hechizo por él.
-¿Qué mago? -La voz del ae'Magi era afilada, casi preocupada.
-Estaba sentado detrás de ese pilar. -Señaló vagamente hacia algún lugar en el extremo más alejado de la habitación.
-¿Qué te hace pensar que era un mago?
-Hizo gestos como haces tú algunas veces. Se marchó con el rey. -Aralorn mantuvo la voz en un susurro, como haría una chica asustada.
-¿Qué aspecto tenía?
-No sé, permaneció entra las sombras.
-¿Qué te dijo el chico? -Sostuvo la palabra “chico” sólo un poco más de lo necesario, al parecer le gustaba más que "rey".
-No recuerdo... -Esta vez fue peor porque sintió que su mente perdía el control. Como mercenaria había aprendido a no prestar mucha atención al dolor; pero fuera lo que fuera lo que le hacía él con este hechizo no afectaba sólo a su cuerpo... aunque sus músculos se estiraron lo bastante fuerte para que pudiera oír sus huesos empezando a romperse. La asaltó una sensación, ahora familiar, de vergüenza. Tendría que haber intentado complacer al Maestro con más empeño, ¿por qué no se había comportado mejor? La culpa se abrió paso con una sensación de indignidad. Cuando de repente se detuvo tal y como había empezado, dejándola estremecida y llorando indefensa.
-Cuando te pido algo espero una respuesta. -La voz del ae'Magi fue amable.
-Preguntó si quería ser liberada y yo le dije que deseaba estar aquí. Vivo sólo para servirte, Amo. Es un honor servir al ae'Magi... -Dejó que su voz se apagara. Eso es, se animó a sí misma en silencio, aplácale, mantente en el personaje; los jadeos con los que luchaba contra el llanto y el gemido final fueron un bonito toque; realmente artístico... era una pena que no se le hubiera ocurrido antes.
Él estiró la mano y ella se acurrucó contra ella acercándose tanto como pudo, casi deseando que el hechizo que utilizaba para incrementar su carisma fuera más efectivo con ella. En estos momentos estaba experimentando el abrumador deseo de morder esos dedos con manicura... o vomitar. El frío bronce pintado de la jaula se hundió en su costado.
-¿Qué más te dijo, pequeña? -Su voz mostraba su mejor musicalidad.
Se apartó de él y le dirigió una mirada desorbitada y confusa mientras se sentía recuperar algo de cordura.
-¿Querías que le dijera lago más? No lo hice porque no estaba segura de que quisieras que lo hiciera. -Abrió deliberadamente los ojos, como si estuvieran suplicándole que estuviera complacido con ella, intentando evitar tensarse mientras esperaba el salvaje dolor.
-No. Lo hiciste bien. -Le palmeó ausentemente la mejilla-. Estás aprendiendo más rápidamente de lo que pensé que podías. He estado trabajando mucho últimamente y no he tenido tiempo de hacer más contigo. Mañana, cuando haya completado este hechizo, veré lo que podemos hacer para remediar eso. -Si hubiera tenido alguna duda sobre de qué estaba hablando, la mano que le bajó ligeramente por el pecho se lo habría aclarado. El ae'Magi pareció satisfecho al pensar que el estremecimiento que la recorrió antes su toque era una respuesta de deseo. Le sonrió cálidamente y ronroneó una dulce tonada mientras atravesaba el arco de entrada.
Aralorn se observó en el espejo, el ae'Magi debía haber deshecho su ilusión del pájaro. El ondeo de luz de las antorchas daba una apariencia danzarina a su pelo fino y rubio. La cara frágil que le devolvía la mirada inexpresiva era extraordinariamente hermosa. Una pátina fina de sudor brillaba en su frente, sus ojos brumosos color verde mar parecían aturdidos y vulnerables.
Irritada de repente por esa vulnerabilidad, Aralorn le sacó la lengua a su reflejo. Eso no la hizo sentir mucho mejor. Envolvió ambos brazos firmemente alrededor de sus piernas. Inclinó la cabeza sobre sus rodillas mientras escuchaba los sonidos que hacían los sirvientes abriendo las chimeneas y apagando las antorchas, intentando pensar en el pánico incontrolable que le producía la idea de ese toque íntimo.
-Lógica, Aralorn, lógica -se advirtió silenciosamente-, si te marchas ahora... suponiendo que puedas marcharte... va a dudar de lo que le contaste sobre Myr, lo cual puede que a la larga no tenga importancia.
Inclinó la cabeza hacia atrás y susurró con humor desolado.
-Si no salgo de aquí voy a terminar contándoselo todo, desde el hecho de que Audreas el Vanidoso es calvo hasta el nombre de mi primer poni. -La decisión la hizo esperar hasta que los ruidos del castillo se apagaron y la luna colgó alta en el cielo, revelada por lo paneles transparentes del techo.

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Re:Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 1
« Respuesta #1 en: Diciembre 22, 2018, 08:17:07 pm »
Cuando estuvo más o menos segura de que la gente que se había ido a dormir esa noche estaría adormilada, se arrodilló ante la puerta de la jaula. Agarrando los barrotes empezó a mascullar en voz baja, algunas veces rompiendo a cantar o canturrear, agradeciendo que la jaula no estuviera hecha de hierro, que su magia no podía manipular. Las frases que mascullaba eran casi ininteligibles, como si una persona no estuviera escuchando con suficiente atención.
Primero sus dedos y luego sus manos empezaron a brillar con un verde fosforescente. La luz se extendió gradualmente hacia el metal que tenía entre las manos. Cuando todo el metal de la jaula relució con el suave brillo parpadeante, se retiró, y la puerta se abrió dejando la cerradura intacta. Cuando dejó de cantar la luz palideció de repente... dejando el gran salón incluso más oscuro que antes. Se levantó y se quedó absolutamente inmóvil, dejando que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad.
La única luz de la habitación provenía de las claraboyas de arriba, sólo un débil reflejo de la luna que hacía difícil encontrar la salida adecuada. Salió por la primera que encontró, esperando que fuera una de las dos que daban al patio exterior del castillo.
Antes de entrar en el pasillo se dejó caer a cuatro patas. Generalmente los guardias miraban al nivel de los ojos, así que desde su punto aventajado podría verles antes de que ellos la vieran a ella... una circunstancia que podía volver las penosas probabilidades a su favor. Su posición también tenía el beneficio secundario de hacer de ella un blanco más pequeño si la veían.
El pasillo estaba más iluminado, aunque no mucho. El suelo de piedra estaba seco y frio y pasó una mano ligeramente sobre las paredes. Le llevó más de lo que pensaba encontrar la pequeña abertura que estaba buscando. El pánico la asaltó y la tentación de correr a ciegas pasillo abajo la hizo luchar con mantener la cordura. Esto debe ser, pensó con humor seco, lo que siente un faisán justo antes de salir de su escondite e interponerse en el camino de una flecha.
Casi había decidido buscar otra forma de salir cuando encontró lo que estaba buscando. Justo encima de la fila inferior de bloques, el extremo de un viejo tubo de cobre todavía hueco, cortado al ras de la pared. En silencio, Aralorn bendijo su aficion de coleccionar cuentos populares y al anciano de un bar sombrío cerca de Sianim que le contó la historia.
Hace mucho tiempo el aprendiz de uno de los ae'Magi descubrió un viejo hechizo de lluvia en un libro que estaba leyendo mientras el maestro estaba fuera. Tres semanas después cuando el mago volvió el castillo estaba inundado y el aprendiz estaba acampado fuera. El mago drenó el castillo expeditivamente por la técnica simple de colocar una tubería cada dieciséis piedras en los pasillos exteriores.
Una de tales tuberías de drenaje estaba bajo sus dedos. Era más grande de lo que esperaba; de alrededor de cuadro dedos de diámetros. Cortaba directamente a través de la piedra gruesa de la pared del castillo hasta el exterior. El aire que pasaba a través de ella olía a foso.
-Ah, el dulce perfume de libertad -murmuró Aralorn con una sonrisa cansada.
Tomó un profundo aliento y se concentró. El cosquilleo familiar atravesó su cuerpo hasta que fue toda la sensación que pudo absorber, sin dejar espacio para ninguna otra. Incapaz de ver o sentir, Aralorn se concentró en una parte del ratón a la vez; nariz primero luego bigotes. Le llevó solo el tiempo que lleva respirar profundamente tres veces convertirse en un pequeñísimo ratón acurrucado donde antes estaba ella de pie.
Se encogió contra la pared bajo la tubería durante un minuto y esperó a ver si el mago venía a investigar la magia que había utilizado... pero no vino. Los magos humanos normalmente no eran lo bastante sensibles para detectar cuando algún otro estaba utilizado magia, peor el ae'Magi era una ley en sí mismo. Había dicho que estaba cansado, o tal vez (esperaba) estuviera dormido. El ratón se sacudió enérgicamente, retorciendo los bigotes, y se rascó donde el cosquilleo aún no había desaparecido del todo; luego escaló hasta el oscuro túnel de la tubería.
Varios siglos de lodo se habían acumulado en la abertura, y si otros roedores audaces no se hubieran aventurado antes por él (tal vez para escapar de un felino del castillo) no lo habría conseguido... como había sido así, Aralorn se vio sumergida hasta la barriga en una pequeña cantidad de material lodoso de origen desconocido.
Que fuera oscuro no la molestaba mucho, lo que la molestaba era el olor. Mientras estaba ocupada en no pensar en la composición del estiércol que tenía bajos sus pies casi se cayó de la tubería hasta el foso de algo más abajo... sólo se salvó con un movimiento poco elegante pero altamente atlético. Cogió aliento y pensó, vale, ¿y ahora qué? Tengo que ser algo que pueda nadar, una bocanada del sutil aroma del foro cortó el hedor de la tubería, o mejor aún, volar. Hmm...
El pequeño ratón cubierto de limo saltó. El aire se emborronó y un ganso doméstico blanco aleteó torpemente sobre el agua, una de las alas tocó el foso. Entorpecida por el ala mojada, Aralorn fue incapaz de ganar altitud y acabó deteniéndose delante de los arbustos que señalaban el principio del terreno boscoso que rodeaba el castillo, varios cientos de metros más allá del foso. Enderezó las plumas y comenzó a internarse en el bosque, cuidando de dejar el ala cubierta de lodo estirada lejos del resto de su cuerpo.
De las sombras emergió una forma oscura gruñendo, sus colmillos de marfil captaban la luz de la luna cuando aterrizó directamente en el camino de Aralorn. El ganso graznó y retrocedió para esquivarlo mientras volvía a asumir forma humana justo a tiempo para caer de culo en vez de sobre la cola. En vez de la alta y esbelta belleza que había sido en la jaula, era un poco más bajita que la media, con el pelo castaño y la cara sencilla... sólo los ojos de color tormentoso permanecían iguales. En este momento relucían con furia sin reprimir.
-¡Maldita sea! Lobo, ¿qué estás intentando hacerme? -Consciente de la proximidad del castillo bajó la voz a un tono suave que no se oyera mucho, pero que tampoco estuviera carente de fuerza-. Podría haber muerto del susto. -Se puso una mano teatralmente sobre el corazón palpitante-, todavía podría suceder. ¿Por qué no me advertiste que estabas aquí?
El Lobo se irguió sobre ella, feroz e implacable, con la inmovilidad de las cosas salvajes. La voz profunda y macabra se mostró tranquila y desapasionada cuando habló sin responder a su pregunta.
-Deberías haberme dicho que tenías intención de espiar al ae'Magi... si hubiera sabido que estabas contemplando el suicidio te habría matado yo mismo. Al menos sería una muerte más limpia que cualquier cosa que él te otorgara. -Los ojos dorados insondables la miraron sin emoción.
Ella le miró a su vez durante un momento, concediéndole la posición dominante al permanecer en el suelo.
-¿Sabes -dijo con suavidad-, que eres la única persona que con la que he hablado que tenía algo desagradable que decir sobre él? Por lo que podía decir era el caballero perfecto. Incluso me pregunté por qué me enviaban a espiarle.
Asintió con la cabeza hacia la forma oscura del castillo, donde este se alzaba en lo alto de la montaña; su silueta era casi negra contra el cielo del este.
-Me dijeron que había rumores de un complot de asesinato y fui enviada a investigarlo y advertir al Archimago si era necesario. -Su sonrisa habitual se restauró-. Si hay semejante complot les deseo suerte en su empresa.
-Siempre me ha asombrado lo bien que puede cegar a la gente, incluso sin utilizar magia -contestó Lobo. Miró hacia el castillo con la inmovilidad que era tan parte de él. Sus ojos amarillos brillaban, reluciendo con una luz que podría no ser del todo un reflejo de la luna. Un gruñido bajo se elevó de su garganta lobuna y el pelo de la nuca y la espalda se le erizó de rabia.
Aralorn colocó cautelosamente una mano en su lomo. En todo el tiempo que hacía que le conocía siempre había sido lento en abandonar su acostumbrada falta de pasión, y aunque le había visto matar varias veces, nunca le había visto tan molesto.
-¿Qué pasa?
El Lobo se cayó y bajó la cabeza un momento. Luego se sacudió como hacen los perros y dijo con suavidad:
-Nada. Debe ser la luna. He descubierto que a veces tiene ese efecto en mí.
-Sí, claro, ummm, la luna. -Asintió solemnemente, luego le sostuvo la mirada y alzó una ceja, y Lobo la miró en silencio. Abandonó el concurso sin pelear, sabiendo que él era muy capaz de continuar con el duelo de miradas toda la noche-. ¿Nos vamos, o quieres esperar al mago para que podamos destruirle y recuperar el mundo para la bondad y la luz?
El lobo sonrió con ferocidad y resopló.
-Si matamos al mago el mundo más probablemente nos perseguirá y descuartizará en vez de alabarnos como sus salvadores. Por lo tanto, démonos prisa para no vernos forzados a destruir al ae'Magi. -Se giró y se abrió paso de vuelta a través de los arbustos con Aralorn a la zaga.
A varios cientos de yardas del límite del bosque un semental de guerra gris estaba atado a los árboles y cuando se aproximaron relinchó a modo de saludo. Aralorn se rio cuando el animal le lamió la túnica sencilla que llevaba y luego se retiró con obvio disgusto ante el sabor.
-¿De dónde has salido, Sheen? -Miró de reojo al lobo y le dijo-: Gracias, no tenía ganas de volver caminando.
Con el paso de los años había aprendido a no preguntar demasiado. Si él quería ser un lobo ¿quién era ella para cuestionarlo? Pero... el nudo que unía las coloridas riendas al árbol habría sido difícil para alguien sin dedos.
Aralorn desató las riendas y montó solo para desmontar y acortar los estribos. Suspiró ruidosamente mientras desataba las tiras de cuero tejidas a la silla para colocar los estribos a la altura apropiada. Alguien con las piernas mucho más largas que las suyas había montado el caballo por última vez. Hacía tiempo que sabía que Lobo no era un auténtico lobo. La primera vez que le habló se borraron las últimas dudas que tenía. Puede que no le interrogara en voz alta, pero le gustaba dejar claro que era por cuestión de cooperación y no de estupidez.
-Sheen, ¿cuántas veces te he dicho que no des paseos a desconocidos? Nunca sabes adónde podrían llevarte.
El lobo inclinó la cabeza a un lado, y había un destello de diversión en sus ojos. Resopló con suavidad en reconocimiento a su moderación. Ella se rio y continuó desatando las riendas.
Lobo era un enigma, aunque llevaba entrando y saliendo de su vida casi cuatro años, no estaba segura de si realmente sabía algo de él. Cada vez que decidía que le había desentrañado, la volvía a desconcertar. Se había sentido aliviada tras decidir que no era en realidad un lobo. Sus sentimientos hacia él, aunque todavía confusos, habían sido bastante preocupantes cuando los sentía hacia un animal.
Algunas veces pensaba que podía ser un cambiaformas renegado, uno del pueblo de su madre... aunque le faltaban los ojos verde grisáceos característicos de la raza. Pero él podía hacer muchas cosas que no eran posibles para alguien que esgrimiera magia verde. Además, aunque ella no estaba bien entrenada en la magia verde, habiendo sido criada por su padre humano... la conocía lo bastante bien para decir cuando un hechizo se había hecho con magia verde o magia humana. Cuando Lobo lanzaba un hechizo, este tenía una sensación de humano, al igual que un toque de algo más que no podía definir del todo.
Era más probable que fuera un mago humano, pero la magia humana... del tipo que utilizaba el ae'Magi... no se prestaba bien al cambio de forma porque en lugar de mezclarse con las fuerzas de la naturaleza buscaba controlarlas y requería una inmensa concentración que era imposible de sostener durante largos períodos de tiempo. La mayoría de los magos se sentaban inmóviles en aislamiento para realizar cualquier magia. Convertirse en un animal durante un período prolongado requeriría la fuerza del ae'Magi... Sus manos normalmente hábiles vacilaron es la tarea familiar de forma que se detuvo y las observó casi de forma impersonal, temblaban sin su consentimiento. El miedo tembloroso y sin sentido la traicionó mientras se abría paso a través de su sospecha. No era posible que él fuera el ae'Magi. ¿Verdad?

*****

El lobo la observó y vio el desgaste que habían causado las tres semanas con el ae'Magi. Vio el temblor de sus manos y olió el sudor de su miedo. Vio que el comportamiento alegre que le era habitual estaba siendo utilizado como máscara y perdió la esperanza de que por algún milagro hubiera escapado ilesa. El deseo de matar al archimago se alzó en su garganta y lo dejó a un lado para su futuro uso. Vio el terror en los ojos de ella, pero hasta que se acercó para consolarla no comprendió que tenía miedo de él.
Instantáneamente se detuvo. Esto era algo que no había esperado. Cuatro años, y nunca había visto en ella el miedo que inspiraba en todos los demás que había conocido. Ni siquiera cuando había tenido razones para temerle.
El viejo dolor de la amarga soledad, casi olvidado tras años de conocerla, volvió con fuerza y con él un fuerte deseo de huir. Si hubiera estado en cualquier otro sitio se habría marchado sin mirar atrás, pero tan cerca del castillo ella estaba todavía en desesperado peligro, ya podía oler la excitación de las "mascotas" del mago. No podría despistarlos sola; y a pesar de sus formidables habilidades de combate, incluso en su mejor forma no podía manejar a más de dos o tres de ellos. Después de tres semanas en confinamiento difícilmente estaba en su mejor forma, así que se quedó y esperó.

*****

Cuando ella le miró los ojos dorados no era más legibles de lo acostumbrado. Recordó la agonía febril que había habido en ellos cuando conoció al lobo por primera vez. Estaba atrapado en las mandíbulas de una vieja trampa y llevaba allí algún tiempo, incapaz de liberarse porque el dolor era tan grande que bloqueaba cualquier intento de concentración. Sus ojos habían relucido con desafió hacia ella, con una extraña inteligencia. Por esa razón en vez de matarle por piedad como había sido su primer pensamiento... le cantó en la lengua de su madre y liberó el amasijo que era su pata trasera.
Había hecho falta sólo una semana para curar la pata, pero había luchado contra la fiebre durante casi un mes. Se hacia marchado en cuanto pudo ponerse en pie, al menos por un tiempo. Un día levantó la vista para encontrarle observándola con sus incómodos ojos brillantes. Después de eso iba a y venía, algunas veces se marchaba durante meses, luego aparecía sin una palabra de explicación.
Recordó cuánto le había llevado ganar su confianza. Había llevado tiempo conseguir que la dejara tocarle, más tiempo aún hasta que comió lo que le daba, y casi un año antes de que confiara en ella lo suficiente para revelar que hablaba. Comparó su retraimiento con la sonrisa fácil del archimago y su hermosa voz. Si hubiera conocido alguna vez a un cadáver que hablara se imaginaba que su voz sonaría similar a la del lobo. Lobo no era el ae'Magi.
Se agachó para mirarle a los ojos, no tuvo que agacharse mucho... era un animal grande.
-Lo siento. Yo.. estoy un poco alterada -Soltó una media risa y alzó una mano inestable- como puedes ver. Me hizo dudar de todo lo que sé. -Movió la mano para tocarle y él se movió tranquilamente justo fuera de su alcance.
Sabía que le había hecho daño, pero antes de que pudiera hablar el semental resopló con suavidad. Se giró hacia el caballo y vio que retorcía las orejas de acá para allá y se movía inquieto.
-Uriahs -comentó el lobo-. Si se acercan lo suficiente incluso Sheen puede olerlos. Será mejor que nos pongamos en camino. Hay ropa de montar en las alforjas. Póntela, tenemos una larga cabalgada por delante.
Se limpió lo mejor que pudo con la sencilla túnica de algodón. Diez años de ser mercenaria había destruido cualquier vestigio de la modestia femenina que pudo haber sentido una vez, pero se apresuró a ponerse la ropa limpia de todos modos, ya que les vendría bien cada segundo para evitar una confrontación con los Uriahs.
Se subió a la silla y dejó que el lobo abriera el camino con el trote enérgico que dictaba el paisaje áspero y la oscuridad. Si los Uriahs hubieran estado más cerca se abría arriesgado a caerse por un paso más rápido, pero aún no había necesidad de pánico. Al rebuscar en las alforjas, Aralorn había descubierto que también contenían tortas de avena. Sacó un par y se comió una mientras montaba, alimentando con la otra al caballo. Cuando ofreció una al lobo él se negó. Le dejó elegir el camino, confiando en que haría lo posible por librarlos de los Uriahs.
El Uriah eran una criatura de aspecto vagamente humano que parecía más muerto que vivo, aunque eran casi imposible de matar. El hambre insaciable que los conducía les proporcionaba la ferocidad de un berserker. Normalmente se encontraban sólo en las regiones más al este que bordeaban los pantanos infranqueables, pero en la última década o así habían empezado a aparecer en lugares inesperados más al oeste. Pero encontrarlos tan al oeste era casi inusitado.
-¡Maldición! -Maldijo por su propia estupidez-. Son suyos, ¿no? -El caballo de guerra se sobresaltó ligeramente por el olor desagradable que los seguía y molesto por el paso lento que llevaban; afectado por el súbito sonido, se resistió. No se cayó, pero estuvo cerca y le llevó un momento volver a recuperar la posición.
El lobo esperó hasta que se acabó el espectáculo y luego dijo:
-Sí, le pertenecen. -Sin esperar más comentarios continuó adelante, dejando que Aralorn le siguiera como pudiera.
El sol comenzó a alzarse sobre los viajeros silenciosos. Aralorn se calló, primero porque no sabía qué decir a Lobo y después la fatiga la mantuvo en silencio. Tres semanas sin ningún ejercicio la habían dejado como si se estuviera recuperando de una prolongada enfermedad. A pesar de su cansancio, cuando Lobo se detuvo y le dijo que iban a parar a pasar la noche protestó.
-Si no paramos y dejamos que el caballo paste y descanse, mañana estarás caminando. -Habló lentamente y con claridad, y su voz se las arregló para atravesar el agotamiento de Aralorn.
Asintió, sabiendo que tenía razón, pero la urgencia de huir del castillo era más fuerte que su sentido común así que no desmontó. El caballo arqueó el cuello y sopló, danzando de repente sobre los cuartos traseros como si se preparara para la batalla, respondiendo a las señales invisibles de su jinete.
Lobo permaneció en silencio hasta que la vio balancearse en la silla de puro cansancio.
-Yo me quedaré de guardia esta noche, señora. Sé cuándo el ae'Magi o sus juguetes están cerca y no dejaré que te lleven de vuelta -su voz era más suave, no tan áspera como había sido ese día.
Ella asintió de nuevo pero esta vez desmontó y más por instinto que por fuerza de voluntad, empezó a desensillar el caballo. La silla ligera parecía pesar más de lo que recordaba y fue un esfuerzo levantar el brazo lo bastante alto para quitar la brida... pero se las arregló. Sheen era un caballo de guerra entrenado y no necesita restricciones para quedarse cerca. Desató el saco de dormir y se metió dentro sin siquiera sacudirse la ropa. El lobo se estiró a su lado y lo último que noto fue el reconfortante sonido del semental masticando hierba.

Desconectado silviabe

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Re:Sianim 01- MÁSCARAS- Capítulo 1
« Respuesta #2 en: Diciembre 23, 2018, 09:17:21 pm »
¡Guau! Superinteresante.

Por mí sigue con este.  23a 23a 23a