Autor Tema: Los siete reinos 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 6  (Leído 35 veces)

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Los siete reinos 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 6
« en: Mayo 16, 2018, 10:08:36 pm »
Capítulo 6
LO QUE OCURRIÓ EN HANALEA

La chica conocida como Watersong se demoró junto al Arroyo del Sanador mucho después de que sus amigas hubieran vuelto al campamento, con sus cestas llenas de bayas. Durante un rato trabajo en sus bocetos, intentando capturar el destello de la luz sobre el agua antes de que el sol descendiera tras el hombro oeste de Hanalea. Adormecida, dejó su libro de bocetos a un lado y apoyó la espalda contra un árbol, arrullada por la música del Dyrnnewater, tomando el sol. Ocasionalmente, se metía una frambuesa en la boca, y el cálido jugo explotaba en su lengua.
Una voz interrumpió sus ensoñaciones, hablado en la lengua común.
-¿Quién eres?
Levantó la vista y se escudó los ojos. Era un chico, algo mayor que ella. Parecía muy alto, especialmente a alguien que estaba en el suelo, y su silueta estaba curiosamente emborronada. Un llanero, obviamente, pero había algo... extraño... en él.
Se levantó, sacudiéndose las calzas.
-Mi nombre es Watersong -dijo, también en la lengua común.
-Eres una cabezacobriza -dijo el chico, que parecía algo aturdido-. Pero... eres hermosa.
-No parezcas tan sorprendido -dijo Watersong, poniendo los ojos en blanco-. Y no utilices esa palabra si quieres llegar a algo conmigo.
-¿Qué clase de magia es esta? -gruñó el chico, como si no la hubiera oído-. Estas realizando un hechizo.
Watersong se estaba cansando de esta torpe conversación.
-¿Quién eres tú, y qué estás haciendo en Hanalea?
-Soy... ah... un comerciante -dijo-. Mi nombre es Gavan. -Se hizo a un lado, saliendo de la línea directa del sol, de forma que ahora podía verle la cara. Era pálido, como si no pasara mucho tiempo en el exterior, y sus ojos eran de un azul glaciar bajo pesadas cejas oscuras. Guapo, dirían algunos.
La mayoría de los comerciantes a los que Watersong había conocido estaban tostados por el sol y atemperados por el viento.
-¿De verdad? -dijo excéptica-. No lo pareces. ¿Dónde está tu equipo?
Él se sonrojó.
-Soy nuevo -dijo-. Me temo que me he perdido. Dejé mi manada de caballos a una milla de aquí más o menos.
Es el comerciante más inepto que haya conocido, pensó Watersong. Tal vez haya habido algún error en su Elección.
-Estoy buscando el mercado de los Pinos de Marisa -dijo Gavan-. ¿Estoy cerca?
Watersong asintió.
-Muy cerca. -Se giró para señalar-. Está justo en esa...
-Tengo entendido que compran trabajos de metal -interrumpió él, aferrándola del brazo.
-Principalmente venden -dijo Watersong, liberándose y dando un paso atrás. De repente fue consciente de estar a solas en los bosques con un chico. Eso nunca antes la había molestado-. Trabajo demonai, especialmente. Aunque comprarán si el precio es bueno.
-Tú... ¿le echarías un vistazo algo y me dirías si crees que se vendería? -El chico parecía irritado, nervioso incluso.
Bueno, había dicho que era nuevo. Relajándose un poco, Watersong asintió.
El comerciante sacó una pequeña bolsa y la vació en la palma de Watersong. Cayó un enorme anillo de oro, con dos halcones tallados, espalda contra espalda, y las garras extendidas. Sintió el cosquilleo de la magia en el metal.
-¿Es un amuleto? -preguntó Watersong.
El chico asintió.
-Así es. Fabricado por cabe... por el clan.
-Probablemente consigas un buen precio por él, entonces -dijo Watersong, e intentó devolvérselo-. Puedo mostrarte el camino a...
-Pruébatelo -urgió el comerciante-. Me preguntaba si sería demasiado pesado para una mujer.
-Muy bien -dijo Watersong, deslizándoselo en el dedo anular-. Pero en realidad tienes que hablar con... con... -Su voz se interrumpió mientras su mente se nublaba, y su cuerpo se negaba a obeceder sus órdenes.
-Bien -dijo el comerciante, agarrándole los brazos y obligándola a echarse en el suelo-. Veamos que hay debajo de toda esa piel de ciervo. -Su voz había cambiado, recorriéndole los oídos como hielo fundido. Incluso su forma cambió, se afiló, de manera que ahora podía ver los planos arrogantes de su cara, la expresión cruel de su boca.
Lanzamaldiciones, quiso decir, pero no pudo.
Lanza Piedras se estremeció en su cama. Willo le acarició la frente, consolándola, y así volvió a dormirse.
Había oscurecido en el interior de la logia, como si la sombra del mal hubiera caído sobre ellos, aunque Han sabía que sólo era que se acercaba la noche. Bailarín encendió las lámparas colocadas junto a la cama de la paciente, y volvieron a colocarse para el final de la historia.
-Intentó matarme, después -dijo Willo-. Pero llegaron los demonai, y tuvo que huir. Cuando me estaba arrancando el anillo del dedo, saqué la daga de mi cinto y le corté la mano. -Para demostrarlo, pasó los dedos por su palma-. Dejó caer el anillo y huyó.
-¿Los demonai nunca le encontraron? -dijo Han.
Willo negó con la cabeza.
-Apesar de sus famosas habilidades como rastreadores, le perdieron casi inmediatamente, como si se lo hubiera tragado la tierra. Asumí que había utilizado hechicería para escapar. Nunca conté a los demonai que mi atacante era un mago. Nunca les mostré el anillo. Esperaba dejarlo atrás, encontrar una forma de olvidar.
>Cuando averigüé que esperaba un hijo suyo, consideré el suicidarme, pero me negaba a terminar el trabajo que esa serpiente de mago había comenzado. -Sonrió a Bailarín-. Y entonces, después de que nacieras, comprendí lo afortunada que era de tenerte. Sin embargo recé, para que no estuvieras dotado, porque sabía que no tendrías un lugar en el mundo.
-¿Sabías quién era Bayar? -preguntó Han, con voz baja y ronca-. ¿Que era el Alto Mago?
Willo negó con la cabeza.
-No lo era por aquel entonces. Yo no sabía nada de magos, de todos modos. Varios años después, tras convertirme en matriarca, asistí a una boda en la ciudad. Cuando divisé a Bayar al otro lado del salón, el corazón casi se me paró. Acababa de ser elegido Algo Mago. Sabía que él también podría reconocerme, y hacer preguntas y unir las piezas.
Willo extendió las piernas, los mocasines le sobresalían bajo la falda.
-Así que me marché. Era eso o apuñalarle allí mismo. -Levantó la vista-. Ahora desearía haberlo hecho. Porque, desde ese día, he cuestionado mi propio juicio. Había creído estar a salvo en Hanalea. Pensaba que podía caminar sola y no tener que mirar sobre mi hombro.
>Después de aquello, me sentí vulnerable. Me sentía como si de algún modo hubiera sido culpa mía. Y como le evitaba, se hizo más y más poderoso en mi mente. -Se apretó los puños contra el pecho-. En mi interior, sentía que si le exponía en público, él encontraría una forma de hacerme pagar por ello... a través de Bailarín de Fuego.
-Por eso no fuiste al servicio en memoria de la reina -dijo Han.
Willo asintió, luego inclinó la cabeza, estudiando su cara.
-Pareces molesto, Caza Solo. Estás pensando que tendría que haberme enfrentado a él. Crees que tendría que haberle matado.
-No. Eso no. -Han luchó por expresar sus pensamientos con palabras-. Sólo... me parece que Bayar tendría que haber rendido cuentas hace mucho tiempo. Nunca hay ninguna consecuencia por lo que hace. Mató a mi madre y a Mari, ¿y qué he hecho yo? -Dudó, pero tuvo que hacer la pregunta-. ¿Por qué estás tan convencida de que Bayar mataría a Bailarín si le conociera? Muchos sangreazul tienen hijos bastardos.
-No es porque Bailarín de Fuego sea hijo del azar. Entre los clanes de las Espíritu, todo niño es una bendición. Incluso en el valle, no se hace distinción legal entre hijos del azar y los nacidos dentro del matrimonio. -Como si fuera incapaz de tener las manos ociosas, Willow volvió a colocarse la labor sobre el regazo-. Los Bayar siempre han insistido en la importancia de la limpieza de los linajes. Trazan su linaje hasta las familias de invasores de las Islas del Norte. Siempre han tenido mucho cuidado de no manchar su linaje con matrimonios mixtos... ni siquiera con gente de los reinos bajos. Reinas, gente del valle, y otros magos... esos son los únicos adecuados, según su opinión.
>Más importante aún, las reuniones entre los magos y clanes de las Espíritu han estado estrictamente prohibidas por el Consejo de Magos y la asamblea desde la invasión. La idea de manchar la sangre con la de los dotados con alta magia resulta aterradora para ellos. Eso haría que se tambaleara el tenue castillo de naipes que llamamos las Fells y lo pondría todo en peligro. Lord Bayar ha sido uno de los más rigorosos con la prohibición. Como Alto Mago, ha disciplinado severamente a varios magos por romper esa regla.
-Y aún así está ansioso por casar a su único higo con una mestiza -dijo Han, pensando en Raisa.
-Un sacrificio -dijo Willo-. Pero vale la pena si así pueden acceder al trono. Los Bayar se escandalizaron cuando la reina Marianna se casó con Lightfoot. Fue el primero de tales matrimonios mixtos desde la invasión. La idea de que el linaje Lobo Gris haya quedado contaminado le pone la piel de gallina.
Han nunca en su vida había pasado tanto tiempo hablando de linajes. Los linajes nunca habían sido importantes en el Mercado de Harapos.
-Por tanto, los Bayar quieren evitar cualquier otra adulteración de un linaje con el que pretenden casarse -siguió Willo-. Creo que eso podría alimentar su actual obsesión por casarse entre ellos. Es eso o acabar del todo con el lineaje Lobo Gris.
Que es lo que prefiere Fiona, pensó Han.
-Así que si se sabe que Lord Bayar engendró un hijo con una cabezacobriza, como poco quedaría como un hipócrita.
Willo asintió.
-Como poco. En el peor de los casos, sería visto como un traidor a su raza. Pude que vea como todos sus aliados le abandonan. Podría convencer a sus rivales de que es vulnerable a un ataque.
La mente de Han corría mientras consideraba las implicaciones de esto. Tantos riesgos y oportunidades.
-También hay que tener en cuenta a los demonai -dijo Willo-. Ya fue bastante malo que mi hijo fuera el vástago de algun mago desconocido. Pero hijo de Bayar... no lo habrían tolerado.
-¿Qué ha hecho que te decidas a contárnoslo ahora? -preguntó Han.
Brotaron lágrimas de los ojos de Willo.
-Lo que les ocurrió a tu madre y tu hermana... no puedo dejar de pensar que si me hubiera enfrentado a Gavan Bayar hace años, tal vez eso no habría ocurrido. Al mismo tiempo, hace más patente que él es intocable.
-¿Así son las cosas -dijo Bailarín-,  nosotros somos miserables y culpables, y Bayar se sale con la suya?
-Eso va a cambiar -dijo han. Su pulso se aceleró. Una vez más, imaginó a su enemigo caído sobre los ladrillos, su sangre negra encharcándose a su alrededor. Anhelaba ver la arrogancia abandonar la cara de Bayar, reemplazada por el miedo y la sorpresa, y luego una vacía nada. ¿Podía una victoria política ser tan satisfactoria como enfrentarse a Bayar cara a cara, hoja a hoja, amuleto a amuleto?
La voz de Bailarín interrumpió los pensamientos de Han.
-Antes me dijiste que todavía tenías el anillo de Bayar -le dijo a Willo-. ¿Podemos verlo?
Willo asintió. ella se levantó y se acercó hasta el hogar. Levantó una piedra suelta donde la chimenea se encontraba con la pared de la logia y metió la mano detrás, recuperando una pequeña bolsa de lino. Volvió a la silla, desanudó el cordón y dejó caer el contenido en su palma.
Era un pesado anillo de oro, tallado con dos halcones, espalda con espalda, con las garras extendidas, con esmeraldas en los ojos. Justo como Willo había dicho. Las entrañas de Han se retorcieron al reconocerlo.
-He visto esa insignia antes. Es igual que el amuleto de Bayar. Es uno de los emblemas de la Casa Aerie.
-He me preguntado a mí misma por qué lo conservo -dijo Willo, sopesando el anillo en su mano-. Desde luego no deseaba un recuerdo de él. Pero en cierto modo, sentía que me daba poder sobre él. Proque tenía una prueba de lo que había hecho por si decidía utilizarlo.
-No parece preocupado por verse expuesto -dijo Han-, ya que lleva el amuleto a juego con el anillo.
-Hay piezas heredadas -dijo Willo-. No querría renunciar a un amuleto tan poderoso como eso. Probablemente se considera a salvo por ahora.
Willo devolvió el anillo a su bolsa, acunándolo entre las manos.
-He estado pensando que sería mejor tomar la ofensiva en esto, y no esperar a que Bayar venga a por nosotros. -Se pasó los dedos por el pelo, mirando a Han-. Soy una artista. No una estratega. Por eso te pedí que vinieras. Tal vez, entre los tres, podamos trazar un plan.
La carga de la responsabilidas se asentó sobre los hombros de Han. No quería tener que responder por ninguna otra vida inocente.
-Ya conocemos los riesgos -dijo-. Creo que tenemos que pensar en lo que esperas ganar exponiendo a Bayar. Eso podría ayudarte a decidir si quieres seguir adelante.
-Seguiré adelante -dijo Willo directamente-. Lo he decidido.
Bailarín alzó la barbilla.
-No voy a huir de él, y no voy a abandonar las Fells. Este es nuestro hogar. Eso también está decidido. Lo que tenemos que decidir es cómo hacerlo, quién debería hacerlo, y cuando.
Se quedaron en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos.
-Bueno -dijo Willo al fin-. Y contamos lo que ocurrió, en un lugar público, con una gran audiencia, Bayar no tendrá posibilidad de mantenerlo en silencio matándonos.
-Tiene que ser una audiencia de sangreazul -dijo Han.
-Especialmente magos. Gente a la que Bayar no pueda eliminar ni ignorar.
Y tenemos que proporcionar pruebas suficientes para que no pueda negarlo o explicarlas de algún modo -dijo Bailarín.
-¿Qué tal el castillo de Fellsmarch? -dijo Willo-. ¿Una audiencia conjunto con la reina y su concejo?
-Pero el único mago del consejo es Lord Bayar -dijo Han-. La reina no tiene ningún problema con los matrimonios entre clanes y magos. Los que podrán en aprietos a Bayar son sus colegas... los demás magos. Tenemos que hablarles directamente, o Bayar contarles lo que quiera cuando vuelva de Dama Gris. -Una idea tomó forma en la mente de Han... un peligroso plan de señor de la calle.
-Yo dijo que lo hagamos en su terreno, justo como hizo Bayar en Hanalea. tenemos que dar la cara... una estocada en el corazón de su poder. Tenemos que demostrar que no le tenemos miedo.
Bailarín se inclinó hacia delante.
-¿Qué estás diciendo?
-Llevaré esta historia al Consejo de Magos en Dama Gris -dijo Han.
-Tienes razón, Caza Solo... el Consejo de Magos tiene que oir esto -dijo Willo-. Pero yo debería ser quien la contara.
-No -Han negó con la cabeza-. Tú no puedes ir a Dama Gris. Es demasiado arriesgado.
Willo apretó los labios.
-Acabas de decir que quieres reducir el poder de Bayar desafiándole, dando la cara, como lo has llamado. quieres probar que no siempre va a ganar. ¿Quién mejor para hacerlo que yo... la persona a la que ofendió en primer lugar?
Han visualizó la reacción del Consejo ante una cabezacobriza en su santo santorum.
-No quieres pasar por eso -dijo.
-Estoy deacuerdo -dijo Bailarín-. Si te enfrentas a Bayar, debería ser en el castillo de Fellsmarch, no en Dama Gris.
Willo se giró hacia Han.
-Pero acabas de decir que Dama Gris sería el mejor lugar.
-Así es -admitió Han-. Sería el mejor lugar para que yo lo hiciera.
Bailarín se puso en pie.
-¿Tú? Tú ni siquiera estás metido en esto. Lo haré yo.
Han también se levantó.
-Estoy metido. Eres mi mejor amigo. Tengo que ir a Dama Gris de todos modos, estando en el consejo. Al menos si consigo entrar.
-¿Y qué hay de salir? -dijo Willo-. Ya nos has dicho que es probable que Bayar te tienda una trampa.
-Soy yo quien debería aceptar el riesgo -dijo Han-. Soy el que podría ganar algo con ello.
-¿Y eso por qué? -Bailarín afianzó su postura y se cruzó de brazos-. Pensaba que estábamos haciendo esto para protegernos y mantener a raya a Bayar.
-Bueno. Sí -dijo Han-. pero cualquier cosa que dañe a los Bayar me beneficia.
Ahora fue Willo la que se levantó, convirtiendo esto en una discusión a tres bandas.
-Bayar me ha estado persiguiendo durante años. ¿No creéis que merezca un cara a cara con él? Esto no es cuestión de poítica. Y no pude ser algo entre tú y Bayar. Considera esto: si Bayar te mata, aumenta su reputación. Si me mata a mí, la daña.
-Es un precio demasiado alto a pagar -susurró Bailarín, tocando el hombro de su madre-. Para nosotros, al menos.
-Mira -dijo Han-. Creo que sé una forma de entrar y salir de la Casa del Consejo en Dama Gris. Mañana, llevaré conmigo a Bailarín hasta la entrada, así él conocerá el camino. Si todo va bien, todo iremos juntos para enfrentarnos a Bayar.
Después un poco de rifirafe más, se separaron con un plan rudimentario, dependiendo de lo que Han investigaría en la reunión del Consejo.
Esa noche, Han dio mil vueltas en su estrecho catre, consumido por la preocupación. No puedo creer que estemos discutiendo sobre quién arriesga la piel enfrentándose a Bayar, pensó. De una cosa no tenía duda... si Bailarín o Willo iban a Dama Gris y terminaba muerto, nunca se lo perdonaría a sí mismo.
Tenía que encontrar una forma de minimizar el daño.

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Re:Los siete reinos 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 6
« Respuesta #1 en: Mayo 17, 2018, 12:54:30 am »
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