Autor Tema: Los siete reinos 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 5  (Leído 155 veces)

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Los siete reinos 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 5
« en: Mayo 15, 2018, 08:52:10 pm »
Capítulo 05
UNA REUNIÓN DE ALTO NIVEL

Tras hablar con Cuervo, Han pasó la mayor parte del día con los ojos y oídos abiertos, haciendo movimientos aquí y allá, trazando planes para la protección de Raisa mientras él estuviera en Dama Gris. Permitió que Amon Byrne conociera sus planes, y dio órdenes a Gata para que se mantuviera cerca de la reina, dado que Lord Bayar sabría que Han no estaría con ella.
Esa noche estaba de servicio en las habitaciones de Raisa. Esperaba tener oportunidad de hablar con ella... no habían hablado desde aquella desesperada danza en los Pinos de Marisa. Pero ella estuvo liada en una reunión interminable con oficiales de Delphi sobre la seguridad en la frontera. Delphi estaba en una situación precaria, entre las Fells y Arden, pero el reino no podía permitiese las carretas de dinero que los delphinianos exigían.
Raisa parecía cansada, con los ojos ojerosos y los hombros hundidos por el peso de las múltiples exigencias. Sus manos se deslizaban sin descanso sobre la mesa, Han notó que todavía llevaba el anillo de los lobos corriendo.
Los delphinianos bramaban y se quejaban, pero Raisa mantuvo el tipo. La reunión se prolongó. Han, de pie contra la pared, deseó poder lanzarlos a todos por la ventana. Al final, tuvo que marcharse al Mercado de Harapos, donde se encontraría con Bailarín para viajar a los Pinos de Marisa.
A la mañana siguiente, Han y Bailarín salieron de la ciudad horas antes de que el sol coronara la cima de los acantilados. Sentaba bien montar con Bailarín otra vez.
Han casi podía fingir que todas las tragedias y triunfos del año pasado nunca habían ocurrido, que eran cazadores en un juego mucho más pequeño y menos peligroso.
Se estrategia era viajar a Dama Gris vía los Pinos de Marisa, partiendo un día antes para evitar cualquier posible emboscada. Además, Willo quería verles antes de la reunión del consejo.
Escalaron con firmeza a través de la oscuridad, con la respiración vaporosa, y sus caballos nadando a través de un océano de niebla gris. Llevaban viajando dos horas cuando el sol coronó Eastgate, deslizándose hacia el interior del Valle de abajo.
Cuando la niebla se disipó, pasaron a través de la brillante luz del sol, a la sombra fresca entre bancos que relucían con besos de doncella y flores estrella. Diminutas verónicas florecían en las grietas, con acónito y espuelas de caballero en los lechos de los arrojos. Espireas y aguileñas moteaban las lomas en las zonas soleadas. Una vez Bailarín señaló un joven cervatillo de las Fells.
Hicieron una pausa a mediodía para dar descanso a los caballos y comer un almuerzo compuesto de galletas y jamón. Cuando pasaron el desvío hacia la casa de Lucius Frowsley, Han deseó poder detenerse y contarle al viejo que su amigo Alger Aguabaja todavía vivía, en el Aediion. Si a eso se le podía llamar vivir. Pero tenían asuntos pendientes en los Pinos de Marisa, así que aceleraron.
A caer la tarde, cuando todavía estaban a unas cuantas millas de su destino, Han oyó cascos de caballos aproximándose a la carrera. Han y Bailarín intercambiaron miradas, luego salieron del camino a esperar.
Cuatro jinetes galopaban hacia ellos sobre altos caballos de las llanuras. Goteaba espuma de las bocas de los caballos, pero los jinetes espoleaban a sus monturas como si estuvieran siendo perseguidos por demonios.
Tres de ellos eran jóvenes... más jóvenes que Han... uno de mediana edad. Mientras Han y Bailarín observaban, uno de los jinetes miró atrás, se giró, y lanzó una ráfaga de llamas por encima del hombro.
-¿Magos? ¿Aquí? -Han se inclinó hacia delante en su silla para ver mejor.
Dos de los jinetes tenían pasajeros cruzados sobre la silla delante de ellos. Niños, con vestimenta del clan, flojos como muñecos de trapo.
Cinco guerreros demonai salieron galopando de los árboles, montando con dureza en persecución. Estaban de pie sobre los estribos, apuntando sus arcos, pero parecían dudar si disparar con los niños en medio.
Bailarín adelantó su caballo, interponiéndose directamente en el camino de los magos. Han le siguió, bloqueando el camino.
Los magos frenaron, con sus caballos retrocediendo al encontrarse con este obstáculo inesperado.
Ahora los arcos demonai sonaron, y los magos desencumbrados cayeron de sus sillas. Los guerreros del clan formaron en un círculo poco amistoso alrededor de los dos magos que todavía iban a caballo.
Uno de los magos más jóvenes, que llevaban a un cautivo, obligó a su caballo a detenerse. Iba vestido con ropa de montar fina. Alzó las manos lejos de su amuleto.
-¡No disparéis! Yo...
Una flecha demonai le atravesó la garganta. Uno de los guerrero saltó con ligereza al suelo y aferró la brida del caballo mientras otro bajaba al niño al suelo.
El mago que quedaba... el de mediana edad... viendo lo que había ocurrido a su compañero, giró la cabeza de su caballo, intentando salir de la senda y pasar junto a Han y Bailarín. Desafortunadamente para él, había una bajada por ese lado. Caballo, jinete, y niño se desplomaron por un barranco pronunciado.
Han desmontó y saltó por la cuestra tras ellos.
El niño se había resbalado del caballo y aterrizado en el lecho rocoso del arroyo. El mago estaba intentando desesperadamente salir de debajo de su montura, que había caído sobre él en el agua poco profunda. Por encima de Han, en el camino, sonó un arco. Y otro. Dos flechas atravesaron el pecho del mago, y este se deslizó bajo la superficie.
La niña no se movía. Han colocó ambas manos debajo de ella, y la levantó con cuidado del arroyo. Una niña de tal vez seis años, estaba sangrando por la cabeza, y el brazo le colgaba en un ángulo imposible. Yacía perfectamente inmóvil, con los ojos abiertos, y lágrimas corriendo bajo ellos.
Han se giró hacia la cuesta, sujetándole la cabeza y los hombros para evitar más heridas.
-Me vendría bien algo de ayuda por aquí -gritó Han.
Uno de los demonai se deslizó por la cuesta hasta llegar a él, aterrizando a pocos pies de distancia. Era una guerrera robusta, con la cara veteada con símbolos demonai. A Han le pareció familiar, pero no pudo ubicarla.
La guerrera alzó su arco largo, apuntando a Han.
-Déjala en el suelo, lanzamaldiciones.
-¡Senda Resplandeciente! -gritó Bailarín, desde el camino de arriba-. Baja el arco. Es Caza Solo. Está intentando ayudar.
El nombre de la guerrera disparó la memoria de Han. Era Shilo Senda Resplandeciente Demonai. Han la había visto recientemente en la fiesta de coronación de Raisa en los Pinos de Marisa.
Senda Resplandeciente miró fijamente a Han, luego deslizó su arco en la bandolera. Entre los dos se las arreglaron para llevar a la niñita a donde esperaban los caballos.
Los demás guerreros tenían a un niño pequeño tendido en el suelo. Parecía no tener más de cuatro años.
-No se mueve, pero no puedo verle ninguna marca -dijo uno de ellos.
-Han sido inmovilizados -dijo Bailarín-. Veámos, déjame. -Colocando la mano sobre el pecho del niño, aferró su amuleto con la otra y deshizo el hechizo.
El niño levantó la mano y aferró las trenzas de Bailarín.
-Los lanzamaldiciones me cogieron -dijo.
-Lo sé -dijo Bailarín-. Pero ahora estás a salvo.
Ya conozco esa palabra, pensó Han. Lanzamaldiciones. ¿Siempre vamos a tener que pasar por esto?
-Dejemos a la niña inmovilizada hasta que podamos llevársela a Willo -dijo Han, traspasando un poco de poder a la niña para aliviar el dolor-. ¿Qué ha pasado?
Senda Resplandeciente escupió en el suelo.
-Estos cuatro lanzamaldiciones raptaron a dos de nuestros lytlings... Lanza Piedras y Pescador. Querían intercambiarlos por amuletos. -Sonrió sin humor-. Ahora tendrán que explicárselo al Hacedor.
-¿Quiénes eran? -preguntó Han.
-No se presentaron -dijo Senda Resplandeciente, encogiéndose de hombros como si todos los magos fueran iguales.
Los más jóvenes podrían ser estudiantes de Mystwerk, desesperados por el embargo de amuletos. Los amuletos poderosos eran cada vez más y más difíciles de encontrar... hasta los de tipo temporal. Cuando se podían encontrar, eran increíblemente caros.
-Devolvamos a los lytlings a los Pinos de Marisa -dijo Bailarín. Han montó, y Bailarín le ofreció a la niña herida mientras los demonai observaban intranquilos.
-Os escoltaremos al campamento -dijo Senda Resplandeciente-. Para asegurarnos de que no os ocurre nada. La gente está nerviosa.
-Entonces vamos -dijo Han, preocupado por la niña que tenía entre los brazos y ansioso de oír lo que Willo tenía que decir sobre este nuevo asunto. Animó a Ragger a avanzar, dispersando a los guerreros a su paso.
Cuando se acercaron al campamento, se veían señales de tiempos turbulentos. El grupo de recepción habitual, formado por lytlings y perros, no se veía por ninguna parte. Centinelas de caras serias estaban de guardia a lo largo de la carretera que Han había recorrido cientos de veces en su niñez. A algunos los conocía... de vista, al menos. Los demonai desmontaron para explicar el resultado de la persecución.
Los centinelas asintieron hacia Han y Bailarín mientras pasaban, pero  mantuvieron las armas listas.
Han y Bailarín desmontaron delante de la Logia de la Matriarca. La aprendiz de Willo, Mano Brillante, se encontró con ellos en la puerta. Han le pasó a Lanza Piedras, deshaciendo el hechizo inmovilizante.
Willo emergió de la habitación de atrás.
-Tráela aquí, Mano Brillante. Tengo una capa preparada. -Miró a Han y Bailarín-. Por favor, compartid nuestro fuego y todo lo que tenemos. Hay té preparándose. -Luego desapareció en la parte de atrás.
La mezcla de humo de las tierras altas trajo a Han recuerdos mientras lo sorbía. ¿Volvería a sentirse como en casa aquí alguna vez? Pasó más de una hora antes de que Willo se agachara bajo las cortinas de piel de ciervo que ocultaban la habitación de atrás.
-Lanza Piedras está durmiendo ahora. He colocado los huesos rotos, y pudo tomar algo de corteza de sauce. Está despierta y hablando. Creo que se recuperará del todo. He enviado a Mano Brillante a buscar más suministros. Vamos, nos sentaremos con ella.
Siguieron a Willo a la parte de atrás, donde Willo había sanado una vez a Han de una flecha envenenada que había aceptado en luga de Raisa.
Lanza Piedras yacía dormida sobre un catre junto al fuego, su diminuto pecho se alzaba y caía en una cadencia somnolienta.
-¿Madre, cómo es que ha pasado esto? -preguntó Bailarín, mirando a la niña.
Willo se frotó la nuca.
-Lanza Piedras y Pesacador estaban pescando en el Dyrnnewater cuando los cogieron. Han habido magos rondando por los límites de los pueblos, buscando amuletos, pero esta es la primera vez que han atacado a los lytlings. Las relaciones ya eran tensas y envenenadas. Ahora... me preocupa que algunos guerreros puedan vengarse contra objetivos magos.
Se sentó en una silla junto a la cama y colocó su cesta de punto sobre el regazo. Enhebró una aguja, anudando los extremos.
-Espero que tengáis cuidado, los dos -dijo-. Son tiempos peligrosos para que los dotados viajen por las Espíritu.
Estuvieron deacuerdo entre murmullos, y un torpe silencio se alzó entorno a ellos.
Willo tomó un profundo aliento, y lo soltó lentamente.
-¿Caza Solo, podrías protegernos contra oídos indiscretos, por favor?
Han recorrió el perímetro de la habitación, posando encantamientos de privacidad que evitaran que fuera oídos a escondidas, alegrándose de que los demonai de fuera no pudieran ver lo que estaba haciendo.
Willo posó sus manos en el regazo, sus ojos oscuros seguían a Han por la habitación. Bailarín se sentó con las piernas cruzadas sobre la alfombra del hogar, de cara a ella. Cuando Han terminó, volvió y se sentó junto a Bailarín.
Willo inclinó la cabeza sobre su labor.
-Bailarín de Fuego me dice que tienes intención de viajar a Dama Gris mañana, para asistir a tu primera reunión del Consejo de Magos.
-Sí -dijo Han.
-Quería tener esta conversación contigo antes de que fueras. -Hizo una pausa y levantó la vista hacia él-. Bailarín te ha hablado de su padre.
Han asintió.
-Al principio me molestó -dijo ella-. Cuanta más gente conozca el secreto, menos probable que siga oculto. -Sonrió sabiamente hacia Bailarín-. Tenía la esperanza de que no te parecieras a él. Tenía la esperanza de que no estuvieras dotado. Tenía la esperanza de que encontraras una vocación que te retuviera en las montañas. -Hizo una pausa, y luego añadió en voz baja y amarga-. Tenía la esperanza de que los magos se quedaran en los llanos, donde pertenecen.
-No habría sido un secreto para siempre -dijo Bailarín-. El parecido es demasiado fuerte. Cualquiera que tuviera la más mínima sospecha lo supondría por su cuenta.
-Ahora lo comprendo. Fue un error ocultar lo que él hizo, todos estos años. Heridas como esta se infectan si no se abren y se drenan.  Si hubiera hablado, tal vez la muerte de Marianna podría haberse evitado.
Willo terminó una fila de puntos y rompió la hecha. Luego levantó la vista hacia ellos.
-Dejad que os hable del día en que conocí a Bayar en Hanalea.

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Re:Los siete reinos 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 5
« Respuesta #1 en: Mayo 16, 2018, 01:10:26 am »
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