Autor Tema: Los siete reinoS 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 2  (Leído 120 veces)

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Los siete reinoS 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 2
« en: Mayo 09, 2018, 09:27:32 pm »

CAPÍTULO 2
UNA DANZA EN LA OSCURIDAD
¿Por qué hace esto?
Raisa deseó haberse ido a la cama una hora antes. Deseó que algún otro dijera no.
-Sabéis, ha sido un largo día -dijo-. Dejémoslo por esta noche.
-Por favor, Su Majestad -insistió Han-. Me encanta hacer el papel de villano. Soy bueno en ello. -Sus palabras eran ligeras, desmentidas por su voz afilada y su postura agresiva. Hubo un puñado de aplausos entre los amigos de Han de los Pinos de Marisa.
-Bueno -dijo Raisa, su cabeza giraba por el exceso de vino y baile-. Supongo que te pareces más al Rey Demonio que yo a Hanalea.
Esto fue recibido por una aguda exclamación. Raisa miró alrededor, intentando averiguar qué había dicho mal. Averill y Elena fulminaban a Han con la mirada.
¿Qué?, pensó Raisa. Estoy harta de la enemistad magos-demonai. Estoy harta de que Han Alister me haga la vida más complicada de lo que ya es.
- Claro. Si insistes, bailemos. -Raisa agarró las manos de Han, conduciéndole al centro del claro-. Yo dirijo -dijo, recordando sus lecciones de baile en el Vado de Oden.
Tras un instante de vacilación, los tambores comenzaron a sonar, seguidos por las flautas. La primera parte del baile correspondía a Hanalea y el Rey Demonio. Raisa, como Hanalea, bailaba sola mientras soñaba con su boda. (Los clanes siempre olvidaban convenientemente que su prometido era un mago). Han entraba en el claro como el Rey Demonio, colocándose de puntillas detrás de Hanalea, burlándose de la audiencia mientras estos gritaban una advertencia. Colocó ambas manos sobre los hombros de Raisa, y ella se giró, alzando las manos con un miedo fingido.
A esto seguía un largo pas de deux, La Tentación de Hanalea, en el cual el Rey Demonio intentaba convencer a la reina de que huyera con él. Hanalea, con la mente omnubilada por la persuación mágica, se unía a la danza tras un rato.
Raisa se puso de puntillas, intentando acercar los labios a la oreja de Han. Él correspondió inclinándose hacia ella.
-¿Qué crees que estás haciendo? -exigió Raisa-. ¿Tienes deseos de morir?
-Probablemente -susurró Han, acariciándole la oreja con su aliento cálido-. Pero este es el único papel que se me permite interpretar. -Y luego, en voz alta-. Ven a mi lujoso palacio, donde te seduciré con encantamientos.
Y a continuación rodearon el claro en una danza sensual, entrelazando sus cuerpos mientras el Rey Demonio le imponía su voluntad.
Las manos de Han se cerraron alrededor de la cintura de Raisa, casi tocándose los dedos, y la levantó, girando, sus faldas se acampanaron, el fuego del campamento y la gente del clan quedaron reducidos a un borrón de color y sonido amortiguado. Su cara estaba a solo unos centímetros de la de ella, el sudor le perlaba el labio superior, una débil barba coloreaba sus mejillas y barbilla.
Había estado bebiendo... podía oler el vino del clan en su aliento; sus mejillas estaban ruborizadas y sus ojos brillantes.
Aún así, parecía conocer los pasos muy bien. También se sabía el diálogo.
-Te llevaré a mi cama encantada, donde te poseeré como me de la gana -gritó Han, su aliento era rápido, sus ojos azules relucían-. Te construiré un palacio en el aire... tan brillante que el sol se negará a alzarse.
Raisa, como Hanalea, se dejó caer contra él, temporalmente superada por sus encantos mágicos. Los brazos de él la apretaron, y pudo sentir su duro contorno através de la tela y el cuero que había entre ellos. Sus labios le rozaron la mejilla... una vez, dos veces, tres veces, encendiendo pequeños fuegos cada vez.
Esto NO estaba en el guión. Alrededor de ellos, los demonai se removían y mascullaban.
-¡Han! -siseó Raisa, luchando por liberarse, pero su garra era de hierro-. Ten cuidado. Los demonai...
-No temo a los demonai -gruñó Han de forma que sólo ella pudiera oírlo-. Estoy cansado de escabullirme como un abad asustado. -Ham miró hacia Nightwalker y sonrió. El guerrero estaba de pie, cruzado de brazos, como si estuviera ansioso por matar al Rey Demonio.
-Creía que no querías que nadie pensara que había algo entre nosotros -insistió Raisa.
-No te preoucpes. Nightwalker cree que estoy haciendo esto para tirar de su sensible cola demonai.
-¿No crees que ya hay bastantes problemas entre vosotros dos? ¿De verdad tienes que...?
-En realidad no me importa lo que piense Nightwalker -masculló Han-. Así que difícilmente hago esto para molestarle.
-¿Entonces por qué...?
-Tal vez sólo me guste besarte -dijo Han a su oído.
Los tambores comenzaron a sonar otra vez, con urgencia, como para romper su abrazo prohibido. Han giró a Raisa de cara a él, y la danza continuó, sus cuerpos presionados, haciendo difícil a Raisa recordar su parte.
Cuando los tambores se detuvieron, Han la cogió por los codos, apartándola a la longitud de un brazo.
-Dulce reina -dijo con una voz gruesa y extraña. Levantó la mano, le colocó el pelo tras las orejas, le acunó la cara con las manas-. Raisa. Te amo. Cásate conmigo. Por favor. Prometo que encontraré una forma de hacerte feliz. -Estaba fuera de guión, pero no había rastro de humor en su expresión.
Raisa se le quedó mirando, sin palabras.
-Tu línea -dijo él, dejando caer las manos hasta sus hombros desnudos.
Raisa abrió la boca, la cerró, distraída por el hormigueo y el ardor de su tacto.
-No -ayudó Han, susurrando-. No me engañas. Eres el malvado Rey Demonio disfrazado.
Mecánicamente, Raisa se lanzó a la Danza de la Negativa. Han la persiguió por el claro, algunas veces consiguiendo adelantarla y conduciéndola hacia atrás, interceptándola cuando ella intentaba huir hacia los árboles.
Finalmente, convencido de que Hanalea no cedería a su persuación, Han gruñó de frustración y arrastró a Raisa hasta la mazmorra del Rey Demonio bajo la Montaña Dama Gris. Rodeó a la reina cautiva, lanzando largas cintas a su alrededor que representaban las legendarias cadenas que la ataban. La audiencia aulló consternada.
Una vez Hanalea estuvo apropiadamente atada, Han, como el Rey Demonio, volvió a pasearse a su alrededor, golpeándola con las maracas emplumadas que representaban rayos de fuego. Raisa se arrodilló, echando la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados, todavía resistiéndose. Las plumas rozaron su barbilla, su nuca, la parte de atrás de las rodillas y detrás de las orejas, dejándole la carne de gallina y haciendo que su corazón tamborileaba.
Exhausto tras una larga sesión de tortura, el Rey Demonio yació dormido, descansando la cabeza sobre los brazos.
Raisa se levantó, desgarrando dramáticamente las cadenas y dejándolas caer al suelo. Silenció a la audiencia con un dedo en los ladios, se acercó y se irguió sobre el Rey Demonio dormido. Mientras miraba a Han, él abrió los ojos azules y la miró con una súplica muda. Ella sólo quería arrodillarse a su lado y rodearle con los brazos. En vez de eso, agarró la Espada ceremonial de Hanalea, Raisa la alzó delante de ella, luego la hundió en el pecho del Rey Demonio. Han sujetó la hoja con ambas manos, sosteniéndola en su lugar, mirando a Raisa sin rastro de humor.
-Su Majestad -dijo en un susurro escénico-. Me has atravesado el corazón.
Siguió un largo baile en el cual el Rey Demonio herido perseguía a Hanalea alrededor del círculo. Al final, se dejó caer de rodillas, sacudió los puños, y prometió destruir el mundo.
Han cayó de cara y yació inmóvil.
Los demás bailarines rodearon a Raisa, golpeando tambores y ondeando tiras de telas brillantes para representar los terremotos y erupciones del Rompimiento. Ahora Nightwalker se acercó al fuego, emisario de los clanes. Él y Hanalea entraron en una elaborada danza, rodeando el claro mientras el Rey Demonio yacía muerto en el suelo, olvidado.
Juntos, Nightwalker como el Guerrero Demonai y Hanalea, alejaron las telas en llamas y acallaron los tambores. Un grito de alegría brotó de la audiciencia cuando se abrazaron. La danza terminó por fin, la victoria de Hanalea estaba completa.
Han se puso en pie y se alejó del claro sin una palabra, fundiéndose con las sombras.
Entretanto, Nightwalker llevó a Raisa de vuelta hacia la Logia de la Matriarca. Luz y voces se derramaban por la entrada.
Willo hospedaba invitados de otros campamentos, junto con Han y Bailarín.
A corta distancia de la logia, Nightwalker llevó a Raisa a un lado.
-Por favor. No volvamos aún -dijo-. Ven a sentarte junto al río conmigo.
-Muy bien -dijo Raisa, cautelosa al instante-. Pero sólo un rato. Ha sido un largo día.
Mientras navegaban por el estrecho y rocoso sendero hasta el río, Raisa creyó ir un sonido débil a su espalda, como pisadas. ¿Lobos otra vez? Se giró pero no vio nada. Nightwalker también lo había oído. Se detuvo frunciendo el ceño, escuchando. Todo lo que Raisa podía oir era el suspiro del viento a través de las copas de los árboles.
-Probablemente un rezagado de la danza -dijo él, y la animó a seguir adelante.
Se sentaron sobre una roca plana junto al agua. El Dyrnewater reía sobre las piedras, una oscura cinta salpicada de trozos de espuma.
Nightwalker deslizó un brazo alrededor de Raisa, acercándola.
-Rosa Silvestre -susurró-. Eres una excelente bailarina.
-Y tú también -dijo Raisa, todavía distraída por el último baile y preguntándose por su significado. Preguntándose adónde había huído Han.
-Eres una hermosa Hanalea -dijo Nightwalker-. Dejas en vergüenza a la original.
-Hmm -dijo Raisa, intentando concentrarse en la conversación-. No mucha gente estaría deacuerdo contigo.
-Entonces se equivocan. Eres más fuerte. Más... atractiva. ¿Quién elegiría a una pálida llanera por encima de una princesa del clan? -Girándole la cara hacia él, la atrajo hacia un beso.
-¡Nightwalker! -Raisa le empujó con ambas manos-. No.
Nightwalker tomó un profundo aliento, luego lo soltó lentamente. Se echó hacia atrás, sentándose sobre los talones, dejando caer las manos sobre las rodillas.
-Has cambiado desde que estás con los llaneros -dijo-. Sigo olvidándolo. -Sonrió pesaroso-. Te pareces a la chica que recuerdo. Es fácil caer en viejos hábitos, especialmente aquí. -Tomó un profundo aliento-. ¿No recuerdas cómo solíamos escaparnos a los bosques y...?
-Ambos hemos cambiado -interrumpió Raisa-. Han pasado muchas cosas.
Nightwalker le puso los dedos bajo la barbilla, inclinándole la cara hacia arriba.
-¿Tienes que ser la reina esta noche? -preguntó, estudiando su cara.
-Tengo que ser la reina todas las noches, de ahora en adelante -dijo Raisa con agudeza. Después de un silencio incómodo, dijo-: ¿Desde cuando sabías que mi padre te había escogido como su sucesor?
-No mucho -dijo Nightwalker-. Me habló de sus intenciones hace unas cuantas semanas. Espero que eso te complazca. -Estudió su cara, como buscando una señal.
Raisa no estaba segura de qué decir.
-Tiene sentido -dijo-. Eres un líder natural, y sé que tienes bastante apoyo... especialmente entre los guerreros demonai. -Hizo una pausa, preguntándose si debía seguir-. Espero que tu nuevo rol no haga más probable que vayamos a la guerra.
-¿Por qué iba a ser así? -dijo Nightwalker, con la mirada fija en sus labios.
-No podemos continuar como estamos, divididos y peleando entre nosotros -dijo Raisa, intentando leerle la cara entre las sombras de los árboles-. Pero tú nunca has sido bueno con los compromisos.
-Ya nos hemos comprometido -dijo Nightwalker-. Hace mil años, tuvimos que permitir que los invasores lanzamaldiciones ocuparan tierras que una vez nos pertenecieron.
-Esa es la cuestión -dijo Raisa-. Nadie parece dispuesto a olvidar la historia que nos divide. ¿Cuánto tiempo tienen que estar aquí los magos para que aceptéis que están aquí para quedarse?
-Recordamos por una buena razón -dijo Nightwalker-. Para eso son las canciones, las historias y las danzas... para asegurarnos de que nunca olvidamos.
-¿Entonces no hay esperanza? ¿Eso es lo que dices?
Nightwalker negó la cabeza.
-Que haya guerra o no está en manos del Consejo de Magos. Y en las tuyas.
-¿Qué quieres decir? -preguntó Raisa.
-Ahora tú eres la reina -dijo Nightwalker-. Puedes elegir con quién casarte.
-Quieres decir que puedo elegir no casarme con un mago -dijo Raisa.
-Quiero decir que puedes elegir casarte conmigo -dijo Nightwalker, cogiéndole las manos.
Las palabras cayeron con dureza, como una piedra entre ellos.
Era un argumento extrañamente similar al que había utilizado Micah Bayar, el día en que había pedido permiso para cortejarla.
Durante mil años, hemos sido prisioneros del pasado. Tú tienes el poder de cambiar las cosas. El futuro está en tus manos, si te atreves a aferrarlo.
-¿Me estás diciendo que habrá una guerra si no me caso contigo? -Raisa liberó sus manos de un tirón.
-Eso no es lo que quería decir -dijo Nightwalker, alzando las manos-. Por favor, Escucha.
-Estoy escuchando -dijo Raisa, cruzándose de brazos.
Nightwalker miró alrededor, como si pudiera surgir ayuda de entre los árboles.
-No soy tan bueno con las palabras como algunos.
-Te doy la razón en eso -dijo Raisa con aspereza.
-Piensa en ello -dijo Nightwalker-. Los clanes fueron los primeros pobladores de las Fells. Hemos vivido aquí desde siempre, más tiempo aún que la gente del valle. Y aún así siempre hemos sido gobernados por otros. Primero por la gente del valle, que construyeron su riqueza con sus tierras de cultivo. Y después por los magos, que conquistaron a la gente del valle.
Hizo una pausa, como si esperara una respuesta, y Raisa dijo-: Sigue.
-Los magos y los clanes estamos divididos por nuestra naturaleza. Incluso nuestras tradiciones mágicas nos enfrentan. Los magos destruyen la tierra con su magia. Nosotros celebramos el mundo natural. -Nightwalker se encogió de hombros-. Nunca nos rendiremos, Rosa Silvestre. Pero eso no significa que tenga que haber derramamiento de sangre.
Tocó la mano de Raisa con cautela, como si fuera consciente de que ella podía retirarla bruscamente.
-Es hora de que los clanes de las Espíritu controlen las Fells, como debe ser. Todo empieza contigo.
-¿Y cómo es eso?
-Eres del linaje Lobo Gris, pero también perteneces a la realeza del clan, a través de Lord Demonai. Cásate comigo, y nuestros hijos serán tres cuartos de clan. Nuestros hijos podrán casarse con los de otros campamentos, fortaleciendo aún más el linaje. Juntos, llaneros y clanes superarán en número a los magos.
-Por ese razonamiento, lord Bayar diría que ya que soy ya mestiza, debería casarme con un mago, para unir a los magos al trono.
-Los magos han tenido quinientos años desde el Cautiverio para mezclar su semilla con el linaje Lobo Gris -dijo Nightwalker con voz baja y amarga-. Es suficiente.
-Que te cases conmigo no va a gustar a la mayoría del Valle -dijo Raisa, pensando en la actitud de los llaneros hacia los clanes de las Espíritu-. ¿Qué te hace pensar que se aliarán contigo?
-Sólo te necesito a ti, Rosa Silvestre -dijo Nightwalker. Rebuscando en la mochila que llevaba, sacó un pequeño paquete envuelto en piel de venado y se lo tendió.
Raisa lo acunó entre sus brazos, con el corazón oprimido, sabiendo qué era antes de desenvolverlo.
Nightwalker debía haber visto la duda en sus ojos.
-Míralo, al menos -urgió-. Es de los Pinos de Marisa... y cuenta con la bendición de Averill, dado que soy su hijo adoptivo.
Raisa desenvolvió la piel, revelando una manta de lana tejida a mano y lino, ligera y cálida. Estaba decorada con símbolos bordados y pintados: Lobos Grises, el símbolo del clan para Hanalea la Guerrera; el ojo demonai; el mortero y majado de los Pinos de Marisa. Era una manta ligera, señal de compromiso entre los clanes de las Espíritu, la unión de dos campamentos y dos camas.
-Tengo una pregunta para ti -dijo Raisa, acariciando la tela-. ¿Quién ofrece esta manta... el chico con el que solía cazar, o el heredero demonai?
Nightwalker se encogió de hombros.
-Tú no puedes evitar ser la reina, y yo no puedo evitar ser demonai.
-Lo siento -dijo Raisa, volviendo a colocar el cuero en su lugar-. No puedo aceptar esto.
-¿Te preocupa mi reputación entre las mantas? -dijo Nightwalker, acariciándole la mejilla con los dedos-. No soy perfecto, pero no hay nadie más en las tierras altas que me caliente la sangre como tú.
-¿Asumo entonces que si sucumbes a la tentación, también yo seré libre de tomar otros amantes? -exclamó Raisa en respuesta.
-Por favor, no te enfades. -Nightwalker se inclinó hacia delante-. No soy un poeta que susurre mentiras en tu oído y hacer lo que me plazca después. Serás tan libre como quieras ser. Nada de eso importa. Lo que importa es lo que ocurra entre nosotros.
-No es así -dijo Raisa, lamentanto que la conversación hubiera tomado este rumbo-. No estoy buscando que accedas a un compromiso que no puedes mantener. Pero es incluso más importante ahora, tras la muerte de mi madre, y dada la amenaza que supone Arden, que escoja un matrimonio estratégico. Será cuestión de política, no de pasión. -Devolvió la manta a Nightwalker-. Puede que aún ocurra, pero no puedo comprometerme en este momento. Tengo que tomar la mejor dicisión para todas las Fells.
-Tienes un corazón feroz -dijo Nightwalker-. No puedo creer que sólo la política dirija tu elección.
Si me casara contigo, pensó Raisa, sería política, no pasión.
Tanto Micah Bayar como Nightwalker parecían pensar que tenía una elección real. ¿Entonces por qué se sentía tan atrapada? ¿Era porque no podía escoger la pareja que realmente quería?
Nightwalker deslizó el bulto de vuelta a su mochila.
-Esta manta fue hecha para ti, Rosa Silvestre. Sin embargo, la guardaré. La política debería discutirse durante el día. Las horas nocturnas están hechas para otros menesteres. -Presionó los dedos otra vez contra su espalda, acercándola-. Me hospedo en la Logia de los Visitantes -murmuró-. Está menos atestada que la Logia de la Matriarca. Vayamos allí y hablemos un poco más.
-No -dijo Raisa, sabiendo que Nightwalker haría lo que pudiera por hacerla cambiar de opinión-. Ha sido un largo día, y estoy cansada. -Se liberó de sus manos y se levantó-. Buenas noches, Nightwalker.
Se giró y se alejó, sintiendo su mirada en la espalda hasta que el bosque se alzó entre ellos.
Ahora mismo, no podría permanecer despierta ni por la propia Hanalea, ni siquiera si me ofreciera respuestas a todas mis preguntas, pensó Raisa. Sólo quiero dormir.
Atravesó la sala común, donde su padre estaba sentado hablando con Elena y Willo. Averill levantó la mirada, sobresaltado, como si no la hubiera esperado tan pronto. Luego miró tras ella, como si esperara ver a Nightwalker justo detrás.
-Ha sido un día maravilloso -dijo Raisa-. Estoy agotada. Me voy a la cama. No os preocupéis por si me despertais. Ahora mismo dormiría en medio de un terremoto.
Se agachó para atravesar las cortinas de su habitación. Deseaba caer de bruces  sobre la cama, pero se tomó su tiempo para librarse de las ropas de danza. Cuando se deslizó bajo las sábanas, algo crujió debajo ella. Buscando entre las sábanas de lana, sacó una nota.
La desdobló, y la sostuvo ante la lámpara.
Mantente lejos de Nightwalker, decía la nota, con una letra afilada y feroz. Estaba escrita en la lengua del clan, e iba sin firmar.
Raisa recordó las pisadas del bosque, la sensación de ser observada en la rivera del río. ¿Les había seguido alguien?
¿Había sido Han Alister? ¿Pájaro Nocturno? ¿O algún otro?
Mordiéndose el labio inferior, tocó el borde de la página con la llama de la lámpara, observándola hasta que quedó reducida a cenizas.

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Re:Los siete reinoS 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 2
« Respuesta #1 en: Mayo 10, 2018, 08:34:19 pm »
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