Autor Tema: Los siete reino 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 1  (Leído 107 veces)

Desconectado crislibros

  • Administrator
  • ¡Que alguien le haga callar!
  • *****
  • Mensajes: 10581
  • Karma: +277/-32
  • Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo
    • www.libroslibroslibros.org
Los siete reino 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 1
« en: Mayo 08, 2018, 09:38:43 pm »
Antes de empezar, mis disculpas, se tardó demasiado y no pude evitar acabar leyendo este, que me tenía intrigada.
Es el libro 4 de una saga bastante buena (para mí muy buena), así que el que no haya leído los 3 anteriores no se va a enterar de nada, a no ser que se ponga rápidamente a leer.

La lectura me tiene muy intrigada y espero que disfrutéis de ella tanto como yo, leyendo otra vez trozo a trozo, hasta que las editoriales se decidan a editar las sagas completas y no dejarlas a medias.

CAPÍTULO 1
La Princesa del Clan

Era la mayor reunión de clanes de las Espíritus que Raisa había visto jamás. Habían venido de todas partes de las Fells... del campamento Demonai hacia el oeste, desde el campamento de Cazadores al este,  y de la agreste vastedad del norte y los valles del río cerca de la Muralla Occidental. Algunos habían viajado todo el camino desde los campamentos pesqueros a lo largo de la Bahía de los Invasores. Los guerreros demonai habían cabalgado desde el desierto, pintados orgullosamente con plumas y trenzas. Ahí estaban los comerciantes marcados por el sol que habían vuelto a casa desde todos los puntos de los Siete Reinos, llevando mercancías exóticas y noticias de los reinos por los que pasaban.
Incluso los ancianos decían que la única celebración semejante en su vida había sido la que marcara la boda de la madre de Raisa, Marianna con Averill Demonai, el primer matrimonio de una reina Lobo Gris con la realeza del clan desde que comenzara el Gran Cautiverio.
Esta vez festejaban juntos en las laderas más bajas de Hanalea para celebrar la coronación de una de los suyos, Raisa ana’Marianna, llamada Rosa Silvestre en las tierras altas, como Reina de las Fells. El campamento había sido engalanado con guirnaldas de rosas espinosas de las tierras altas, el tótem del clan de Raisa, que siempre florecía en algún momento cercano a su cumpleaños.
Cada campamento había llegado con regalos, comprometiéndose a honrar y celebrar a la nueva Reina. Raisa había acumulado suficientes joyas para los años venideros. Los artesanos de metal del clan le habían regalado un anillo de rosas y espinas de oro puro, y proporcionaron hebillas plateadas para su silla y bridas elaboradas por curtidores.
El Campamento Demonai le había ofrecido un arco hecho a medida y una aljaba de flechas negras emplumadas para remplazar las armas que había perdido cuando Micah Bayar se la había llevado del Vado de Oden. El Campamento de los Pinos de Marisa le había regalado lociones, remedios y perfumes que le recordaran las tierras altas cuando estuviera en su palacio de los llanos.
El Campamento de Cazadores contribuyó con patas de venado, pescado del Dyrnne, patas de conejo y jabalíes, que llevaban todo el día siendo asados en espitas.
Los narradores y músicos colmaron a Raisa con canciones y cuentos, y la predicción de un reinado largo y glorioso. Esta alabanza prematura la hizo estremecer. Era lo bastante supersticiosa como para no tentar al destino.
No quiero ser conocida como la reina que heredó problemas y los transformó en desastre, pensó. Y esa era una clara posibilidad.
Esta celebración se veía empañada... algunos dirían arruinada... por la presencia de los hechiceros. La presencia de hechiceros habían estado prohibida en las Montaña Espíritu desde hacía más de mil años. Bailarín de Fuego, por supuesto, había nacido en el Campamento de los Pinos de Marisa, hijo mestizo de la matriarca del clan, Willo Watersong. Y Han Alister había insistido en acudir a la celebración como guardaespaldas de Raisa.
Su presencia convertía una situación tensa en algo aún peor.
No es justo, pensó Raisa. Después de todo, habían sido los demonai quienes habían reclamado a Han desde el Vado de Oden para que les ayudara a luchar contra el Consejo de Magos.
Raisa era plenamente consciente de la presencia de Han, incapaz de alejar los recuerdos de los feroces y desesperados besos y abrazos compartidos. Durante todo el día había sentido la presión de la mirada de sus ojos azules. Quemaba como un meteoro en su visión periférica.
Llevaba calzas del clan que mostraban sus largas piernas, un abrigo de gala que Willo Watersong le había proporcionado, y sus amuletos discretamente escondidos bajo la ropa. Han sabía como moverse por el campamento de los Pinos de Marisa. Había vivido allí cada verano, antes de convertirse en mago.
Se habían creado nuevas barreras entre Raisa y Han desde su coronación. Los dos sabían que no podría haber matrimonio entre un mago ladrón y la reina, pero no estaban de acuerdo sobre qué se debería hacer al respecto.
La idea de Han había sido que ella abandonara el trono, y huyera con él, y ella se había negado. Raisa había propuesto que fueran amantes clandestinos, y él había dicho que no.
Ahora no parecía ser capaz de recuperar pie con él. Y la multitud que rodeaba constante a Raisa impedía que hablaran con sinceridad.
Aun llevaba el anillo que Han le había regalado por su coronación. Las piedras de luna y las perlas relucían junto al oro bruñido por el tiempo en el anillo del lobo de Hanalea.
El día había comenzado con carreras a pie y a caballo en la fresca mañana de la montaña. Seguido de juegos, que incluían un peligroso juego de pelota que se jugaba montados a caballo. Después de eso, simulacros de batallas y competiciones de tiro con arco.
Pájaro Nocturno había ganado la competición de tiro con arco, y Nightwalker quedó en segundo lugar. Raisa había participado en una de las carreras de caballos más cortas.
-Montas como una demonai -le había dicho su padre con orgullo. Él y Elena estaban constantemente a su lado, presentando a todos los patriarcas y matriarcas de las Espíritus. Elena Cennestre disfrutaba especialmente de la gloria que reflejaba Raisa, saludando a viejos amigos y rivales, echando la cabeza hacia atrás para soltar carcajadas.
El placer de Averill era más moderado. Al igual que Raisa, todavía lloraba a la reina Marianna.
El festín comenzó en serio al atardecer, con todos los invitados sentados en largas mesas bajo el cielo oscuro. Su padre se sentó junto a Raisa, su abuela, al otro lado, Willo, junto a Averill, y Nightwalker junto a Elena, en una posición de honor.
A excepción de Willo, todos son Demonai, pensó Raisa. Ese clan de guerreros parecía ascender. Se habían casado en el linaje Lobo Gris, y ahora incluso la reina llevaba sangre demonai.
Era una noche cálida, y Nightwalker llevaba un chaleco de piel de ciervo que dejaba al descubierto sus brazos musculosos. Su amuleto demonai brillaba a la luz de las antorchas, dejando sus oscuros ojos ensombrecidos por el relieve de su rostro cincelado.
Aparte de los Demonai, la mesa de Raisa consistía en su mayoría en matriarcas y patriarcas de otros campamentos. Buscando por el claro, divisó a Han, exiliado con Bailarín en una mesa lejana, al borde de los árboles.
Las hogueras llameaban en las cumbres a su alrededor, cada una marcando el lugar de descanso de una de las antepasadas de Raisa, las reinas del Lobo Gris. Las espirales ascendentes de chispas parecían mezclarse con las estrellas... un tributo a los ocupantes de las tierras altas que no habían podido asistir al festín.
Cuando se llevaron los platos, Willo se levantó de su asiento. Las conversaciones alrededor de las mesas se apagaron.
—Una vez más, bienvenidos a nuestro hogar —dijo—. Esta noche honramos a Rosa Salvaje ana’Marianna, trigésimo tercera en el nuevo linaje de reinas Lobo Gris. La primera en la nueva línea que también es princesa del clan.
Eso fue recibido con un rugido de aprobación.
—En Rosa Salvaje se mezcla la sangre de todos los pueblos de las Fells —dijo Willo—. Esperemos que su coronación marque el comienzo de una nueva era de paz y cooperación entre los clanes de las Espíritus, los dotados y las gentes del valle.
La reacción a esto fue una mezcla... aplausos dispersos entre murmullos de desaprobación. Willo apretó los labios, ondeó los hombros con desaprobación.
—Lord Demonai hablara ahora —dijo, y se sentó.
Averill se levantó en medio de vítores a todo pulmón, y se quedó esperando hasta que el rugido se apagó.
—Gracias, Willo Watersong. Debo admitir que el dolor y la alegría guerrean dentro de mí... el dolor por la pérdida de mí amada Mariana, y la alegría porque mi hija Rosa Salvaje es ahora reina. La pena atempera el júbilo, haciéndolo más fuerte por contraste, como los valles entre las montañas hacen a estas más altas.
Descansó una mano sobre el hombro de Raisa.
—Estos son tiempos difíciles. Los oradores predicen un descenso hacia el valle de la guerra. Pero en este día, desde estas alturas, podemos ver a través de nuestros problemas la victoria en el otro lado. Nunca nos conformaremos con menos.
Los aplausos retumbaron entre los arboles.
Bien, pensó Raisa, un discurso de guerra en contraste con el discurso conciliador de Willo. Mi padre es un auténtico Demonai.
—Tengo algo más que decir —dijo Averill, silenciando a la multitud. Esperó hasta que estuvo seguro de tener la atención de todos, y luego continuó—. No voy a casarme de nuevo —dijo— Ya no soy joven, y la muerte de nuestros seres queridos nos recuerda nuestra propia mortalidad. —Hizo una pausa, mirando por debajo de sus espesas cejas—. No es que tenga intención de hacer una salida pronto. La vida todavía ofrece muchos placeres en mi camino. Me proporciona gran alegría hacer la vida miserable a Lord Bayar.
La risa recorrió el claro.
Averill apretó el hombro de Raisa.
—Normalmente, Rosa Salvaje me remplazaría como Matriarca del Campamento Demonai cuando yo me reúna con el Hacedor —dijo Averill—. Pero al parecer ha encontrado otra vocación —Le sonrió.
Raisa devolvió el guiño a su padre. No había esperado una discusión sobre la sucesión demonai en su fiesta de coronación.
—Tengo otra hija, Lirio del día, también llamada Mellony, pero ella no siente la llamada de la sangre del clan. No tiene ningún deseo de aprender las viejas costumbres. No vendrá a las Tierras Altas.
Mellony siempre se había resistido a salir de la corte para acudir a los campamentos. La Reina Marianna se lo había permitido, argumentando que no había necesidad, ya que Mellony no era la heredera al trono.
Pero podría serlo si algo me sucediera a mí, pensó Raisa. Ese error sería difícil de remediar ahora. Cualquier insinuación de que Mellony fuera a los campamentos probablemente sería mal recibida.
Las siguientes palabras de Averil trajeron de vuelta al presente la atención de Raisa.
—Parece aconsejable, en estos tiempos peligrosos, dejar las líneas de sucesión claras. Y por eso he escogido a un hijo para que me suceda como Patriarca del Campamento Demonai.
Esto no era inusual. Las adopciones dentro del clan eran una cuestión informal. Podían ocurrir a cualquier edad, para servir a las necesidades de la familia, o el campamento en general.
Raisa contuvo la respiración cuando se le ocurrió quién debía ser el sucesor de Averil. Miró a Nightwalker, que estaba sentado con los brazos y piernas relajados, y los ojos fijos en Raisa como midiendo su reacción.
—Nombro a Reid Nightwalker Demonai mi hijo y sucesor como Patriarca del Campamento Demonai —dijo Averill.
Eso arrancó una oleada de aplausos y vítores. Raisa observó de cara en cara. Parecía ser una buena noticia para la mayoría.
Con tres excepciones: Han y Bailarín mostraron caras pétreas, luego juntaron las cabezas, susurrando.
También estaba Pájaro Nocturno. La joven guerrera demonai miró a Averil, con los ojos desorbitados. Sacudió la cabeza aunque muy ligeramente, se levantó, abandonó la mesa, y desapareció en la oscuridad.
Raisa la observó, confusa. Luego comprendió que Pájaro Nocturno entendía que Averill ya estaba apuntando a... un emparejamiento entre Raisa y Nightwalker. Un emparejamiento que quizás Pájaro Nocturno deseaba para sí misma. Y Averill Demonai era un excelente negociador.
Cuando Averill se sentó, Raisa luchó por mantener su cara de comerciante. ¿Por qué no me lo dijo?, pensó. Me parece que yo debería haber participado en esta decisión, o al menos debería habérseme notificado con antelación.
Averill le sonrió, palmeándole la mano.
Tú también tienes una cara de comerciante, pensó Raisa. Demasiado bueno guardando secretos.
La danza comenzó con los niños más pequeños, cuyo entusiasmo compensó cualquier falta de habilidad mientras mostraban sus pasos ante la reina Lobo Gris. Siguieron las danzas de verano, y algunas danzas de días tradicionales para honrar a los que se celebrarían al día siguiente.
De repente, el padre de Raisa se alzó ante ella, con las manos extendidas.
-Baila conmigo, hija -dijo, sonriendo- Hace ya mucho tiempo.
Y Raisa así lo hizo, rodeando el fuego con su robusto padre demonai. Aunque Raisa era pequeña, su padre sólo era unos centímetros más alto que ella, así que hacían buena pareja de baile. Su cuerpo recordó los movimiento de la familiar Banza de las Muchas Trenzas. El paso se aceleró, y Raisa se permitió dejarse llevar por la música, sus pies volaban dentro de sus nuevos mocasines. Los bailarines seguían patrones intrincados, uniéndose y luego separándose.
A medida que se acercaba la noche, los bailarines más viejos se rendían, pero los jóvenes continuaban, gritando peticiones, alimentados por el vino del clan, extrayendo energía unos de otros. Los murciélagos revoloteaban borrachos en los árboles de arriba, cantando sus silenciosas canciones de apareamiento.
Raisa se encontraba bailando con más y más asiduidad delante de Nightwalker, y su pulso se aceleraba con la cadencia de los tambores. Su sangre del clan le retumbaba en las venas mientras el sudor corría entre sus pechos, y las faldas se le arremolinaban alrededor de las piernas.
Bailaron la Danza de la Baya de Luna y la Danza de la Flor de Luna. durante la Danza del Lobo Gris, las sombras más allá del resplandor de las antorchas buyeron de ojos amarillos y cuerpos ágiles y peludos.
Shilo Senda Resplandeciente gritó: ¡Mujer Demonai!, una danza de guerra tradicional que se bailaba en parejas y que databa de las Guerras de los Hechiceros.
Varias voces apoyaron la idea. A los demonai les encantaban las danzas de batalla... representaciones estilizadas de batallas entre magos y demonai, que culminaban con la muerte simbólica del dotado.
Un destello de movimiento captó la atención de Raisa. Willo Watersong se levantó y abandonó el círculo de espectadores, dejando a Han y Bailarín solos. Han observaba a Raisa, sus ojos estaban entre sombras, la cabeza inclinada a un lado como si esperara ver qué hacía ella. Una cosa era que los demonai bailaran las danzas de batalla entre ellos mismos. Otra hacerlo delante de dos magos con sus historiales de enfrentamientos.
Raisa se limpió la cara con una manga.
-Yo me siento -dijo, girándose hacia los laterales.
Pero Elena se interpuso en su camino.
-Por favor -dijo, mirando a Raisa a los ojos-. Baila con nosotros, nieta. Nosotros bailamos ayer las danzas de los llanos. Esta celebración es nuestra.
-Por favor -dijo Nightwalker, tomando la mano de Raisa- Baila conmigo, Rosa Silvestre.
Y cuando Raisa volvió la mirada hacia Han, este había desaparecido.
-Muy bien -dijo-. Sólo un poco más.
Cuando empezó la ronda, hombres y mujeres danzaban unos frente a otros, sacudiendo sus armas, lanzándose gritos y desafíos de acá para allá, competiendo por el honor de enfrentarse a los ejércitos de magos que habían invadido las Fells.
Raisa y Nightwalker se unieron en una burla de combate, fulminándose con la mirada.
Los hombres corearon.
-Espera junto al fuego, mujer, y ten bebés. Tus hijos crecerán para luchar con los lanzamaldiciones.
Nightwalker tomó una pose, frunciendo el ceño a Raisa, retorciendo los labios mientras luchaba por contener una sonrisa.
-Espera junto al fuego, esposo -respondió Raisa- Y venda mis heridas cuando vuelva. Yo lucharé con los lanzamaldiciones para que mis hijos no tengan que hacerlo.
Se separaron y danzaron algo más.
-Espera junto al fuego, esposa, y prepara la comida para restaurarme cuando vuelva de las guerras -dijeron los hombres.
-Espera junto al fuego, marido -gritó Raisa junto a las otras-. Calienta el agua para lavar la sangre de los lanzamaldiciones de mi ropa.
Y, finalmente, el último coro.
-Monta a mi lado, esposa, y mata a los lanzamaldiciones que se me escapen -dijeron los hombres.
-Monta a mi lado, marido, y conduciremos a los lanzamaldiciones al mar -cantaron las mujeres.
Para cuando terminó la danza, Raisa estaba temblando y sentía débiles las rodillas. Buscó de nuevo a Han, pero todavía estaba desaparecido.
Cuando ya no se pudieron ignorar más las demandas de El Triunfo de Hanalea, Raisa accedió a bailar la parte de Hanalea, y Nightwalker, por supuesto, eligió el rol demonai. Se pusieron los amuletos que caracterizaban sus papeles y recogieron sus armas ceremoniales. Otros bailarines eligieron papeles de demonios, guerreros, y soldados. Pero nadie se ofreció para el impopular papel del Rey Demonio. Hasta que Han Allister se adelantó, surgiendo de la oscuridad.
-Yo bailaré la parte del Rey Demonio -dijo en la lengua del clan-. Es apropiado, ¿no creéis? -Hizo una pausa durante un latido de corazón, y luego añadió en medio del silencio cargado-. Dado que soy uno de los dos magos que hay aquí.
Estaba descalzo, todavía con los pantalones del clan pero ahora llevaba una chaqueta de baile adornada con plumas. Su piel se veía pálida contra la piel de ciervo oscurecida por el tiempo, su pelo rubio relucía bajo la luz de las antorchas. Ya llevaba las muñequeras de plumas y el amuleto de serpiente estilizado que le identificaba como el Rey Demonio.
-¡Caza Solo! -Averill parecía enormemente infeliz- ¿Conoces siquiera el papel?
-Tengo algo de práctica en las danzas de los clanes -dijo Han-. Pero no soy un experto. Así que cogeré el papel que nadie quiere. -Sonrió, pero la sonrisa en ningún momento alcanzó sus ojos-. Intentaré no pisar a nadie.
Pero algo en su expresión daba el mensaje opuesto.

Desconectado tronmedieval

  • Tímido
  • **
  • Mensajes: 57
  • Karma: +0/-0
Re:Los siete reino 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 1
« Respuesta #1 en: Mayo 08, 2018, 10:14:28 pm »
  06a 06a

Conectado Sacro523

  • Se le comió la lengua el gato
  • *
  • Mensajes: 35
  • Karma: +0/-0
Re:Los siete reino 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 1
« Respuesta #2 en: Mayo 09, 2018, 12:20:26 am »
 06a 08a

Desconectado crislibros

  • Administrator
  • ¡Que alguien le haga callar!
  • *****
  • Mensajes: 10581
  • Karma: +277/-32
  • Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo
    • www.libroslibroslibros.org
Re:Los siete reino 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 1
« Respuesta #3 en: Mayo 09, 2018, 08:04:15 am »
Este libro tiene bastante más acción.
Anhelo el momento en que todos se enteren de que Han es un Aguabaja.
La que parece algo cambiada (aunque esto es un semispoiler porque vosotros aún no habéis leído) es Raisa, que ya no parece dispuesta a tirarse a los brazos de cualquier tío bueno con el que se cruce.

Desconectado javiss

  • Se le comió la lengua el gato
  • *
  • Mensajes: 5
  • Karma: +0/-0
Re:Los siete reino 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 1
« Respuesta #4 en: Mayo 14, 2018, 12:56:09 pm »
Che, de esta saga no me he leido los anteriores

Desconectado crislibros

  • Administrator
  • ¡Que alguien le haga callar!
  • *****
  • Mensajes: 10581
  • Karma: +277/-32
  • Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo
    • www.libroslibroslibros.org
Re:Los siete reino 4: La corona carmesí, CAPÍTULO 1
« Respuesta #5 en: Mayo 14, 2018, 01:00:41 pm »
Pues date prisa porque esta muy bien, y este último es le mejor. No puedo esperar para volver a casa del tranajo y ponerme a leer.