Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 23  (Leído 413 veces)

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 23
« en: Febrero 03, 2018, 04:54:14 pm »
CAPÍTULO 23
Marcus no había recorrido ni quince metros cuando Antillus Crassus surgió del cielo en una rugiente corriente de aire frío, aterrizando junto a él e igualando su paso.
-¡Primera Lanza! ¡El capitán le reclama!
-¿Dónde? -respondió Marcus gritando. Los tambores y cuernos seguían sonando, y por todas partes canim y aleranos por igual corrían hacia sus naves. Se estaban izando banderas en los mástiles... los pendones verdes eran la señal de continuar el viaje a toda velocidad.
En vez de responder, Crassus se pasó uno de los brazos de Marcus sobre el hombro, le aferró con una garra de acero, y los dos se alzaron con una súbita galera de viento. El hielo de abajo cedió cuando trazaron un arco agudo en el aire, y Marcus se encontró luchando por no aferrarse al joven Tribuno como si le fuera la vida en ello. Odiaba volar, odiaba estar a merced del talento y juicio de otro. Pasaron sobre dos docenas de barcos de mástiles altos que bullían de actividad, y todo el rato, las formas distantes de los vord voladores se acercaban más.
El vuelo fue breve... más parecido a un salto excesivamente largo que a las experiencias previas de Marcus con el vuelo. Bajaron directamente sobre la cubierta del Slive, haciendo agitarse un par de cuerdas que reptaron sobre la cubierta y ganándose una mirada de reprimenda del capitán Demos. Crassus palmeó a Marcus en el hombro y volvió a saltar al aire, para unirse a las hojas de los caballeros Piscis que ya poblaban el cielo. Se estaban dispersando en una formación que cubriría el Slive.
Marcus divisó al capitán cerca de la proa, hablando intensamente con el Maestro Magnus. La embajadora estaba de pie junto a él, vistiendo una cota de malla, la única armadura que la había visto nunca llevar. Maximus y dos de los caballeros Ferrous de la Primera Alerana revoloteaban cerca, y Marcus reparó en que la mayoría de los hombres de armas del Slive, algunos de ellos capacitados para ser caballeros Ferros, estaban llevando a cabo sus tareas cerca del capitán.
Marcus caminó hacia la parte delantera del barco, pasando sobre un par de palos pesados de camino... mástiles de reemplazo para las jarcias.... y se llevó un puño al corazón a modo de saludo.
-Capitán.
-Marcus -replicó el capitán. Frunció el ceño y asintió hacia la armadura de Marcus-. ¿Qué ha pasado?
Marcus bajó la mirada. No había visto la sangre que salpicaba su armadura tras abordar el barco de Khral. Debía haber ocurrido en el tunel, cuando Sha había destripado al ritualista confabulador. Las manchas de sangre se habían extendido a causa del viento de su corto vuelo, pero afortunadamente eso había ayudado a diluirlas, disfrazando su auténtico color. La sangre canim era más oscura que la alerana, pero tan extendida sobre la superficie de su armadura, se parecían.
-Sólo una maldita cosa tras otra, señor -respondió.
-Cuéntame -dijo el capitán. Miró de reojo al cielo gris y asintió hacia la aproximación del enemigo-. Dime lo que ves, Primera Lanza.
Marcus gruñó y se giró para mirar bien. Sus ojos no era los que solían ser, pero podía distinguir lo bastante bien para entender lo que quería decir el capitán.
-No es una fuerza de ataque, señor -dijo tras un momento-. No son suficientes, y están demasiado dispersos.
El capitán sonrió cuando el viento comenzó a soplar más fuerte que en toda la mañana.
-Eso es lo que yo pienso también.
-Exploradores -dijo Marcus.
El capitán asintió.
-Tal vez extendidos por todo el Escudo.
Con un sonido chirriante, la nave más cercana al Slive comenzó a moverse, sus velas se hincharon ante el viento frío. Arriba y abajo por la línea, otros barcos pasaban de largo, pero las velas del Slive todavía estaban recogidas.
-¿Por qué? -preguntó Marcus.
-Buscándonos, naturalmente -contestó el capitán-. Creo que hay buenas probabilidades de que los vord sepan que abandonamos Antillus marchando hacia el norte. Y aunque la idea tiene que trabajarse, no hay que ser un genio para deducir que sólo la mayor estructura al norte de Antillus podría jugar un papel en lo que sea que hayamos estado planeando.
Marcus gruñó. Tenía sentido. El vord podía malgastar unos cuantos miles de voladores en tareas de exploración, y exceptuando a los artífices de viento esclavizados por el enemigo, los caballeros vord eran las tropas más veloces que posesían. Más barcos pasaron al inmóvil slive.
-¿Cuál es el plan, capitán?
-Oh, correr -dijo el capitán como quien no quiere la cosa-. Estan volando contra el viento y no con él. No pueden mantener el paso con tanta facilidad como nosotros. Se cansarán, y los perderemos en unas cuantas horas.
Marcus asintió.
-Sí, señor. -Se aclaró la garganta-. No soy marinero, señor, pero ¿no tenemos que usar las velas si vamos a dejar al vord a nuestra estela?
Tras el capitán, la embajadora Kitai sonrió lobunamente.
-No quiero pérdidas innecesarias en una escaramuza general -dijo el capitán-. Vamos a dejarlos atrás. Si ven un barco solo, potencialmente incapaz de correr, creo que los caballeros vord lo verán como una oportunidad de atacar.
-Quiere evitar que corran a hablar a su reina de nosotros -dijo Marcus, asintiendo.
El capitán extendió las manos.
-Eso, y necesito explorar unas cuantas teorías. Puede que sea mejor comprobarlas ahora que cuando estemos al alcance del cuerpo principal del ejército enemigo. Me gustaría que coordinaras esfuerzos con el capitán Demos y que te aseguraras de que tiene a alguien que puede aconsejarle sobre cómo él y su tripulación pueden trabajar mejor en coordinación con nuestros caballeros.
Marcus saludó.
-Por supuesto, señor.
-Gracias -dijo el capitán-. Demos está en la cubierta de popa, creo.
Marcus comprobó su arma y su armadura mientras recorría el barco de Demos, un hábito de viejo soldado que ya se había convertido casi en un acto reflejo. Mientras caminaba, observó los barcos de la flota deslizarse con gracia alrededor del Slive y proceder hacia el este. Subió varias escaleras cortas y empinadas para ascender desde la cubierta a la cubierta superior, y notó que las piernas le temblaban por la fatiga. Hacer el túnel había requerido más esfuerzo, físicamente hablando, del que había espepado. La comprensión pareció iniciar una revolución general en sus extremidades, con músculos y articulaciones vociferando quejas distintas y únicas.
Marcus apretó los dientes e intercambió un saludo con Demos y el contramaestre.
-Primera Lanza -dijo Demos con su hablar arrastrado. Como era acostumbrado, el delgado capitán del Slive estaba vestido con ropa sencilla de buena calidad, toda ella negra. Llevaba una espada de duelista al costado, con el mango sencillo y gastado-. ¿Estás bien?
Marcus gruñó.
-Empezando a pensar que tal vez me estoy volvieron demasiado viejo para esto de ir corriendo por ahí.
-Tal vez debieras retirarte -dijo Demos.
-En cuanto el trabajo esté acabado.
-El trabajo nunca acaba -dijo Demos.
-Hmm. Tal vez tenga suerte y atrape una flecha con el ojo.
La cara en blanco de Demos apenas mostró la sombra de una sonrisa.
-Ese es el espíritu. -Volvió la mirada al cielo y apretó los labios-. Octavian tenía razón.
Marcus entrecerró los ojos para ver la línea dispersa de caballeros vord reuniéndose en un enjambre más cohesionado.
-¿Cuántos?
-Noventa, tal vez cien -dijo Demos.
Marcus tamborileó con los dedos en la empuñadura de su espada.
-¿Y cuántos en nuestra tripulación?
-Veintisiete -contestó Demos con calma-. Y yo. Y tú. Y el Princeps. Y Antillar. Además del joven Antillus y sus chicos de arriba. Suficientes.
-Asumiendo que el enemigo no añada algo nuevo a la lucha.
Demos mostró los dientes.
-A mí no te me empieces a poner positivo.
-Si el mundo fuera un lugar positivo, no harían falta hombres como yo -dijo Marcus.
Demos asintió.
-Yo tampoco. -Entrecerró los ojos especulativamente-. Me pregunto si Octavian va a estirar los músculos.
-Por lo que yo sé, sus talentos todavía son bastante limitados.
Demos lanzó a Marcus una mirada impasible.
-Estamos navegando sobre una lisa y plana superficie de hielo, que permanece fría en medio de la primavera, impulsados por un viento que llega desde buen ángulo para movernos y que no ha vacilado o descendido en dos días. -Volvió a mirar al vord-. Eso no es suerte. No hay tanta en el mundo entero.
Hacía mucho que Marcus sospechaba que los talentos del capitán habían comenzado a florecer, y Demos tenía razón. Si no estuviera seguro de sus capacidades, el capitan bien podría haber decidido ponerlas a prueba contra un enemigo real en algún entorno controlado... en algún lugar fuera de la vista del resto de la flota, por si las cosas no salían bien.
El último de los barcos de la flota pasó de largo, y Demos observó su popa pensativo.
-Allá van.
-Puede que quieras sacar a tus hombres de las jarcias -dijo Marcus-. El vord podría estar aquí pronto. Los voladores estarán demasiado ocupados para bajar hasta nosotros al instante.
Demos asintió lacónico y gesticuló hacia el contramaestre. Él comenzó a gritar a los marineros que bajaran de las jarcias. Aunque con frecuencia iban armados con cuchillos, hoy la tripulación de Demos llevaba toda chalecos blindados, espadas y otros instrumentos para el caos marcial. Demos ordenó guardar las velas, bajarlas y asegurarlas, para no pudieran ser víctimas del combate. También había ordenado mojar las cubiertas, y la tripulación había estado salpicando laboriosamente agua derretida por el barco entero durante el último cuarto de hora. Apesar del viento y el aire frío del norte, la temperatura no era suficiente para volver a congelar el agua sobre la cubierta, y las cuadernas del Slive la absorbían como si la propia nave estuviera sedienta por volver al mar. Marcus no podía culpar a Demos por la precaución. Los artificios de fuego podían ser peligrosamente impredecibles en batalla, incluso utilizados por expertos. Si el capitán había decidido ocuparse de esto en persona, la precaución de Demos eran del muy comprensible. Acababan de terminar cuando uno de los marineros gritó:
-¡Aquí vienen!
Marcus giró la cabeza para ver al grupo de caballeros vord alterar el curso y lanzarse en picado hacia la nave inmóvil. Mientras bajaban , tal vez una fracción de ellos se separó del cuerpo principal, adelantándose al resto para comprometerse con Antillus Crassus y sus caballeros Aeris.
El tribuno Crassus trazó un amplio círculo sobre su cabeza con el brazo izquierda para captar la atención de sus caballeros, y lanzó una series rápidas de señales de manos. Media docena de voladores aleranos se movieron a gran velocidad para enfrentarse al contingente de caballeros vord, colocándose en una formación en v mientras lo hacían. Los demás, incluyendo a Crassus, permanecieron detrás para proteger el barco.
Marcus no tuvo tiempo de ver a la vanguardia enemiga enfrentarse a los caballeros. Los seis hombres de la Primera Alerana simplemente pasaron entre sus oponentes más numerosos, con el volador de cabeza separando su corriente, virando en un arco que esparció a los caballeros vord como si fueran pelusas de dientes de león. Los dos hombres a cada lado del líder se acercaron para cogerse del brazo y evitar que este cayera, mientras los otros tres golpeaban a los caballeros vord cuyos esfuerzos por recuperar el control de su vuelo los había llevado al alcance de sus armas. Una de las hojas aleranas dio en el blanco, y un caballero vord cayó en espiral en un ángulo raro, dejando una salpicadura de sangre verdinegra, con un ala seccionada planeando más lentamente por encima de él.
Entonces el cuerpo principal de los vord se precipitó a través de las líneas aleranas para caer sobre el barco.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 23
« Respuesta #1 en: Febrero 03, 2018, 04:54:35 pm »

A otra señal de Crassus, vientos de tempestad aullaron, y los caballeros vord comenzaron a salirse del curso, obligados a alejarse del barco por la violencia del vendaval. Los primeros treinta o cuarenta enemigos fueron desviados, pero simplemente había demasiados para que los caballeros Aeris los alcanzaran a todos. Unos cuantos se las arreglaron para atravesar los vientos, y mientras el ataque proseguía, el vord empezó a girar y caer sobre el barco desde todas direcciónes. Las armas destellearon contra la luz, y alguien gritó. Un vord aterrizó sobre la cubierta a metro y medio de Marcus, y este sentió un relámpago de energía aterradora que le atravesó el cuerpo.
El enemigo era unos cuantos centímetros más bajo que él, y con la forma aproximada de un hombre. Su cuerpo estaba cubierto de una armadura de quitina, con estratos de bandas que casi parecían imitar la lógica de un legionario. Su cabeza tenía la forma de un yelmo alerano, aunque no había ninguna abertura donde tendría que haber estado la boca... sólo piel lisa. Sus ojos tenían muchas facetas y que lanzaban reflejos ávidos, como los de una libélula, una impresión reforzada por las cuatro alas amplias y traslúcidas de su espalda, ahora frenadas en vez del borrón que habían sido al estar volando y plegadas sobre la espalda del caballero vord.
Esos ojos alienígenas se giraron hacia Marcus, y el vord se lanzó hacia él. Sus dos brazos terminaban en aspas de guadaña en vez de manos, y sus extremidades estaban alzadas y listas para golpear.
Marcus desvió el primer golpe doble de los apéndices mortales, sacando su arma mientras lo hacía. Su primera estocada partió la quitina del hombro del vord, y casi quedó atrapada allí cuando la inercia del vord se la llevó con él. Marcus se las arregló para soltar el arma a tiempo, dejando una fea herida en la carne del vord. El arma salió manchada de sangre verdinegra.
El vord se giró para volver al ataque... pero se produjo un destello de acero y furiosas chispas escarlata, y la cabeza del vord se separó de sus hombros como propulsada por la sangre que surgía de una fuente a su espalda.
El vord sin cabeza se dio la vuelta como si el golpe no hubiera sido más que un inconveniente, sacudiendo sus armas. El capitán Demos, espada en mano, se vio forzado a saltar hacia atrás para alejarse del enemigo, aunque su espada escupió furiosas chispas escarlata otra vez cuando se encontró con una de las guadañas del enemigo, y la cortó limpiamente del cuerpo del vord. Demos recuperó el equilibrio, cortando la otra guadaña del vord con una eficiencia casual, luego se adelantó y hundió el talón en el estómago de la criatura que se sacudía. La patada lo envió tambaleante al otro costado del barco. Dos caballeros vord más aterrizaron en la cubierta alta, seguidos con rapidez por un tercero. Demos levantó la mano y la contorsionó, y la barandilla que rodeaba el costado de estribor de la cubierta se inclinó de repente, como si estuviera hecha de sauce flexible, y agarró a uno de los caballeros vord por el tobillo.
Marcus cargó contra el otro par antes de que pudieran orientarse y atacar. Introdujo su hoja en un ojo brillante, la sacó, y empujó al vord herido lejos con todas sus fuerzas. Se agachó bajo el golpe del segundo vord y atacó por debajo, golpeando a la cosa cerca de la cintura y consiguiendo que su propio cuerpo estuviera demasiado cerca del caballero vord para permitir que la criatura utilizara sus guadañas contra él. Era más pesado que el vord por bastante margen. El vord no pesaba más que un costal grande de comida, y su  cuerpo blindado empujó al caballero vord contra la cubierta, aplastándolo audiblemente.
Oyó los pasos ligeros de Demos cuando el capitán del barco pasó junto a él, y haciendo que destellearan chipas varias veces más en algún lugar al borde de su campo de visión. Marcus se concentró en el vord que tenía debajo... la criatura era tremendamente poderosa, con facilidad algo más que un igual de su propia fuerza física, y Marcus no podía realzarla con las furias que había bajo el barco, aunque no hubiera estado cubierta adicionalmente por seis centímetros de hielo.
Marcus se quedó sobre el vord, confiando en su peso en vez de en su fuerza, manteniéndose tan cerca del cuerpo del vord como era posible, negándole cualquier equilibrio que pudiera utilizar para ganar poder. Marcus comenzó a golpear su cabeza cubierta por el yelmo contra la del vord, un golpe tras otro. Tras varios golpes, a él mismo le resonaban los oídos, pero las luchas de vord tenían menos cohesión.
Un segundo después, la hoja de Demos siseó cerca de la espalda de Marcus, y cayeron chispas rojas sobre su cabeza, que saltaron sobre la cara del caballero vord. Marcus rodó a un lado tan rápido como pudo y levantó la vista para ver a Demos cortar la cabeza del vord sin brazos. Llevaba el gladius de Marcus en la mano izquierda y cambió su agarre para volver a ofrecérselo. Marcus tomó la espada con un asentimiento y miró alrededor, con el corazón palpitante.
La tripulación luchaba contra el enemigo. Evidentemente, Demos los había escogido primero y por encima de todo por sus habilidades náuticas. A pesar de ello, luchaban en bandas de dos, tres y cuatro, cooperaban contra el enemigo con la disciplicna táctica de legionarios de élite. Varios caballeros vord ya yacían muertos sobre la cubierta del Slive, la mayoría desmembrados, por añadidura. Mientras Marcus observaba, un marinero canoso cogió una red de pesca y la lanzó sobre un vord que acababa de aterrizar, envolviendo sus alas en las cuerdas de la red. Luego le hizo perder pie, mientras otros dos miembros de la tripulación acudían a trabajar sobre la criatura con hachas.
En algún otro lugar, el corpulento contramaestre resistía desesperado contra tres vord, con la espalda contra el mástil, manteniéndolos a raya con su arma corta pero sin hacerle ningún daño. Marcus dio un codazo a Demos, que estaba a su espalda, y asintió hacia el contramaestre.
Demos gruño por lo bajo y alzó otra vez la mano izquierda. El propio mástil gimió y se inclinó, y sus dos mástiles más bajos bajaron como el puño de un gigante, aplastando a dos de los tres caballeros vord hasta convertirlos en una salpicadura de fluidos asquerosos. El tercer caballero vord saltó hacia atrás alarmado, comenzando a desplegar sus alas, pero el contramaestre lo partió por la mitad con un simple tajo. El contramaestre empujó de una patada al atónito vord moribundo por el costado del barco, miró a Demos, y se tocó el borde de un sombrero imaginario.
-Que pena que se le acabara el whisky en el camino a casa -comentó Demos juiciosamente-. Lucha mejor cuando está borracho.
El vendaval había levantado una cortina de cristales de hielo, y Marcus no podía ver la parte delantera del barco. Más vord continuaban aterrizando, individualmente o en parejas, y todo el que podía ver se apresuraba a derribarlos tan rápido como era posible, ansiosos por mantener el número de aleranos a favor. Otro vord aterrizó en el costado de babor, y Demos se deslizó hacia allí para despacharle antes de que pudiera unirse a los demás.
Marcus se encontró enfrentado a un enemigo en la banda de estribor, pero reaccionó demasiado tarde para sacarlo a la fuerza del barco y se encontró luchando simplemente para seguir vivo. Su espada se encontró con las guadañas del vord, girando en un golpe tras otro. Su experiencia contrarrestaba el poder de la criatura y su agresividad sin miedo, permitiéndole mantenerse justo a la distancia crítica que no le permitía acercarse y cortarle en rodajas.
Pero sabía que no podía sostener la situación mucho tiempo. Su enemigo era la vez más fuerte y más rápido que él, y sería cuestión de segundos que se encontrara incapaz de negar al vord la oportunidad de una acometida letal. El terror le daba suficientes fuerzas por el momento, pero si la lucha no cambiaba en unos cuantos segundos, era hombre muerto.
La mano de Marcus encontró la borda del barco tras él, y se retiró unos cuantos pasos a lo largo de ella, con el vord a la zaga. Su mano abierta golpeó una forma lisa, y sacó un pesado perno de su barandilla y se lo lanzó al vord a la cabeza.
Las guadañas del vord se alzaron para bloquear el misil un instante demasiado tarde, y este golpeó a la criatura entre los ojos. El vord se tambaleó, y antes de que pudiera recobrarse, Marcus cargó contra el enemigo, sacándolo de la cubierta superior y cayendo dos metros hasta la cubierta principal, con todo el peso de su armadura aterrizando sobre el vord. Se oyó un sonido sordo, y el vord explotó con una ráfaga nauseabunda. El vord se deshinfló bajo Marcus como un odre vacío.
Marcus se quedó en un silencio, sorprendido durante un instante por el dolor de la caída... y después aulló de triunfo al comprender que seguía vivo. Se puso de pie dolorosamente, parpadeando para despegar la sangre coagulada de los ojos, y justo cuando levantaba la mano hacia ellas, una voz le advirtió:
-¡Fidelias, detrás de ti!
Fidelias se giró, medio cegado por la sangre vord, levantando la espada en un gesto defensivo para encontrarse enfrentado con...
El Maestro Magnus.
No había ningún vord a la vista.
Fidelias miró a Magnus durante un segundo que pareció una eternidad. Observó como los ojos de los demás hombres se endurecían y entrecerraban. Observó mientras veía el reconocimiento de la verdad reflejado en los ojos del viejo cursor.
Simplemente se había delatado.
Se quedó allí de pie, mirando a Magnus, mientras el vendaval comenzaba a ceder. Las nubes de hielo se desvanecían ante el sonido de los vivas desafiantes de la tripulación del Slive. El vord se estaba retirando, pero él y Marcus estaban congelados.
-Yo te admiraba -dijo Magnus-. Todos te admirábamos. Y tú nos traicionaste.
Fidelias bajó la espada, lentamente. La miró.
-¿Cómo lo supiste?
-El peso de la prueba -contestó Magnus-. Hay un número limitado de individuos que por talento, entrenamiento y naturaleza puedan conseguir las cosas que has hecho tú. Dado lo que has hecho, cómo has operado, supe que tenías que ser un curso4. Hice una lista. Pero no quedan muchos viejos cursores Callidus vivos, después de que los Cuervos de Kalarus se emplearan con nosotros. Fue una lista muy corta.
Fidelias asintió. Había sido sólo cuestión de tiempo que fuera descubierto. Lo había sabido desde hacía tiempo.
-Eres un traidor -dijo Magnus con calma.
Fidelias asintió.
-Mataste al cursor Serai. Uno de los nuestros.
-Sí.
-¿A cuántos? -preguntó Magnus, su voz temblaba de rabia-. ¿A cuántos has asesinado? ¿Cuántas muertes pueden ser tendidas a tus pies?
Fidelias tomó un profundo aliento, y dijo sin más:
-Dejé de contar cuando todavía trabajaba para Sextus.
Fidelias no estaba seguro de cuando llegaron Octavian y los demás, pero cuando levantó la vista, el Princeps estaba de pie detrás de Magnus, con su séquito detrás. Sus ojos eran piedras duras y verdes.
-Te vi matar a hombres a no más de dos metros de mí sobre la muralla de Garrison -dijo Octavian en voz baja-. Te vi intentar colgar a Araris. Te vi apuñalar a mi tío y tirarle de la muralla. Mataste a gente a la que conocía de toda la vida en el Valle de Calderon. Vecinos. Amigos.
Fidelis oyó el tono estrangulado de su voz como algo distante y desconectado de sus pensamientos.
-Hice esas cosas -dijo-. Las hice todas.
La mano derecha del Princeps se cerró en un puño. El crujido de sus nudillos fue como el crujir del hielo.
Fidelias asintió lentamente.
-Sabíais que podría mentir a un buscador de verdad. Necesitabais provocar una respuesta bajo presión. Esto era una trampa.
-Te dije que quería probar una teoría -dijo el Princeps, escupiendo las palabras-. Y cuando Magnus me informó de sus sospechas, incluyendo noticias de tus actividades encubiertas con Sha, me vi obligado a entrar en acción.
El Princeps apartó la vista, mirando a lo lejos.
Fidelias no dijo nada. El silencio era profundo.
Cuando el Princeps habló, fue un susurro cercano, cargado de rabia y pena.
-Creía que probaría tu inocencia.
Las palabras perforaron con gran dolor las entrañas de Fidelias tan afiladas y reales como la estocada de cualquier espada.
-¿Tienes algo que decir en tu defensa? -preguntó el Princeps.
Fidelias cerró los ojos un momento, luego los abrió e inspiró lentamente.
-Hice mis elecciones. Conocía las consecuencias.
Octavian le miró en medio de un frío silencio, y de repente Fidelias comprendió que el poste que había visto en la cubierta del Slive no era para reemplazar ningún mástil roto.
Gaius Octavian le dio la espalda y comenzó a alejarse, rígido de rabia y dolor. Cada golpe de sus botas sobre la cubierta era claro, definitivo. No miró atrás cuando dijo:
-Crucificadle.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 23
« Respuesta #2 en: Febrero 03, 2018, 07:02:07 pm »
Oooooohh. Que pena... me caia bien el viejo...

Desconectado Aquivoy67

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 23
« Respuesta #3 en: Febrero 03, 2018, 07:05:29 pm »
Las cosas se ponen serias 22a

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 23
« Respuesta #4 en: Febrero 03, 2018, 08:24:03 pm »
 18a 06a Dios que tensión... hay que seguir leyendo hasta el final 01a
 

Desconectado Sacro523

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 23
« Respuesta #5 en: Febrero 04, 2018, 04:03:27 pm »
 08a