Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 22  (Leído 541 veces)

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 22
« en: Febrero 01, 2018, 10:47:17 pm »
CAPÍTULO 22
Los barcos de hielo volaban a lo largo de millas amargamente frías a una velocidad que, a veces, iba a la zaga sólo del viento que los empujaba. Marcus estaba bastante seguro de que tal proeza era matemáticamente imposible según cualquier razonamiento estandart. El capitán de la nave en la que iba había estado en la Academia, o eso decía. Contaba algo sobre la inercia en las cuestas ligeras que gradualmente cambiaban a inclinación vertical, y de que la presión de los patines de los barcos ya tendría que haber convertido el hielo que tenían inmediatamente debajo en una fina capa de agua.
A Marcus no le importaban las explicaciones. Todo eso le parecía terriblemente aburrido. La flota se detenía cada seis horas, para hacer reparaciones que resultaban inevitablemente necesarias en la madera maltratada de los cascos endurecidos y, dado que estaban obligados a parar para las reparaciones, eso les daba al resto una oportunidad de descansar. Marcus saboreaba los descansos. La flota entera había visto el desastre de los barcos que habían perdido el equilibrio y habían caído, y no había un solo ser pensante entre ellos que no se hubiera dado cuenta de en qué condiciones exactamente estaría su cadáver si fuera su propio barco el que hubiera tenido tan mala fortuna.
Pero el período de descanso más reciente había sido hacía solo una hora. El siguiente no llegaría hasta después del amanecer.
Marcus estaba de pie en la proa del barco mientras este seguía a sus compañeros hacia el este. El cielo nocturno aún no había empezado a clarear con la aproximación del amanecer, pero no podía faltar mucho. Observó a la flota sobrevolar la interminable carretera de hielo ante ellos durante un rato, sus pensamientos giraban en círculos hasta hacerse cada vez más silenciones y menos importantes. Un rato después, cuando las primeras luces azules habían empezado a formarse en el este, Marcus bostezó y comenzó a caminar cubierta abajo hacia la habitación tamaño armario que era su camarote, en busca de algo de sueño. No sabía si el traqueteo del barco le permitiría dormir algo, pero al menos, para variar, no serían sus propios pensamientos los que no le dejaran dormir.
Abrió la puerta del camarote, hizo una pausa ante un olor repentino, luego frunció el ceño y entró en la habitación a oscuras, cerrando la puerta tras él.
-Malditos cuervos. ¿Cuándo subiste al barco?
-En la última parada. -dijo Sha con la voz más baja que pudo arreglar. Marcus apoyó el hombro contra la puerta y cruzó los brazos sobre el pecho. En los confines restringidos del camarote, era difícil no tocar al cane delgado, y no tenía ninguna intención de disparar una respuesta potencialmente violenta por hacer contacto físico con el Cazador.
-¿Qué noticias traes?
-Ninguna -dijo Sha-. Porque no hay nada que traer. Nuestro problema sigue inalterable.
Marcus gruñó.
-Eso signfiica que tu líder y el mío se verán obligados a luchar en duelo.
-Eso parece -dijo Sha filosóficamente-. Aunque ambos han enfrentado tales cosas antes y han sobrevivido a ellas. El más fuerte prevalecerá sobre el otro.
Marcus hizo una mueca.
-Será una pérdida para nuestras dos naciones, sin importar quién gane.
-¿Se te ocurre una solución?
-Aún no -dijo Marcus-. pero eso no significa que no esté ahí.
Sha dejó escapar un gruñido pensativo.
-Aún puede ser posible acabar con el enemigo de mi señor, Khral.
-Creía que el título apropiado era Maestro Khral de los oradores de sangre.
-Khal -repitió Sha.
Marcus se permitió a sí mismo sonreír en la oscuridad.
-¿Qué se gana, eliminándole?
-Tiempo. Habrá un retraso mientras se establece un nuevo liderazgo entre los oradores de sangre.
-Yo pensaba que eso crearía problemas adicionales por sí mismo.
-Sí.
-¿Cuál sería el precio de comprar ese tiempo?
-Mi vida -dijo Sha simplemente-, ofrecida como disculpa a mi señor después de efectuada la acción.
Marcus frunció el ceño. Estaba a punto de preguntar si el cane estaba dispuesto a hacer tal sacrificio, pero la pregunta era estúpida. Si Sha pensara que podía hacerse una cosa así, desde luego que lo haría.
-¿Tu vida es tuya al final?
-¿Si, en mi mejor juicio, eso está al servicio del honor de mi señor? Sí.
-¿La pérdida de tu servicio no sería un revés para tu señor a largo plazo?
Hubo un breve e intenso silencio.
-Podría ser -dijo Sha, con un tono gruñón de frustración en la voz-. En cualquier caso, faltaría a mi deber hacia él siguiendo ese camino. Es difícil saber cual es el curso de acción honorable.
-Y aún así no sirves a sus intereses permitiendo que Kharl acumule poder. -Marcus entrecerró los ojos mientras pensaba-. Lo que tienes que hacer...
Sha esperó en un silencio paciente.
-No puedes asesinar a este cane por miedo a convertirle en un mártir entre los tuyos. ¿Cierto?
-Así es.
Marcus se rascó la barbilla.
-Un accidente, ¿tal vez? Estos barcos son peligrosos después de todo.
-Mi señor nunca perdonaría las pérdidas colaterales de vidas que harían falta para eso. Ni se perdonaría a sí mismo por ello. No.
Marcus asintió.
-Difícil empujarle bajo los patines de su barco sin ser visto.
-Imposible -dijo Sha-. He pasado los dos últimos días buscando la oportunidad. Se oculta en su camarote, rodeado de aduladores. Cobardemente. -Hizo una pausa de un latido, y se permitió-: Aunque resulta práctico.
Marcus tamborileó con los dedos sobre el acero frío de su armadura.
-¿Y qué pasa si no muere? Si simplemente... desaparece. Ni sangre. Ni evidencia de lucha. Nadie vuelve a verle nunca.
Sha dejó escapar otro gruñido retumbante, uno que erizó el pelo de la nuca de Marcus a pesar de que estaba empezando a entenderlo como un sonido que acompañaba los momentos pensativos del cane.
-Desaparecer. No es... común en nuestro servicio.
-¿No?
-Nunca. Servimos a nuestros señores, pero al final somos sus armas, sus herramientas. Él acepta nuestro trabajo como si lo hubiera hecho con sus propias manos. Si mi señor pudiera resolver su problema matando a otro cane, lo haría con su propia espada. Cuando no puede, por cuestión de tradición o a causa del código, y envía a sus Cazadores, se entiende que ellos siguen siendo sus armas.
-¿Y eso le protege de las consecuencia de sus acciones?
-Mientras sus Cazadores no sean capturados -dijo Sha-. Es la forma apropiada de que un gran señor defienda su honor cuando el enemigo se oculta tras la ley. Khral cuenta mentiras a nuestra gente, les dice que la intención de mi señor es destruir a los oradores de sangre. Les advierte de que empezará a hacerlo cuando él esté muerto.
-Eso le da el estatus de mártir sin pagar el precio -pensó Marcus-, al igual que hace imposible que Varg actúe sin dañarse a sí mismo.
-Sí. Y la lista de lacayos de Khral incluye a muchos oradores de sangre, y hay que decir que retirarían su apoyo a mi señor si ocurriera tal cosa. Perder el apoyo de los oradores de sangre ahora sería inconveniente y embarazoso.
Por lo que Marcus había visto del poder de los ritualistas en batalla, su súbita ausencia podría resultar categóricamente fatal.
-No has respondido a mi pregunta -dijo-. ¿Y si Khral se desvaneciera?
Se oyó un arañazo, la cola peluda del cane rozaba contra las paredes del diminuto camarote.
-No es nuestra costumbre. Mi señor no se consideraría responsable. Pero los seguidores de Khral clamarían que lo han hecho los demonios... y hay demonios en todos los barcos de la flota, utilizando sus poderes para mantenerlos de una pieza.
-Así que debe ocurrir donde sea imposible que lo haya hecho ningún artífice de la madera -dijo Marcus-. ¿Y entonces?
Una risita retumbante surgió del pecho de Sha.
-Hay una larga tradición entre los oradores de sangre, llevar a cabo peregrinaciones para meditar, solo y sin avisar, para establecer la piedad y la devoción hacia los canim y buscar la iluminación mental.
-Podría funcionar -dijo Marcus.
-Si fuera posible -dijo Sha.
-¿Y no lo es?
Marcus sonrió.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 22
« Respuesta #1 en: Febrero 01, 2018, 10:47:56 pm »
La parte más difícil del plan era llegar al barco de Khral sin ser detectado. Las diversas naves de la flota se habían visto expuestas a gran variedad de tensiones. Algunas habían sufrido la pérdida de sus velas o vergas, le que ralentizaba su progreso. Otras habían sufrido fracturas en las quillas y timones, lo que requería reparaciones de parada larga. La formación original que la flota había asumido se veía continuamente alterada por la impredecible naturaleza del viaje, y ahora barcos aleranos y canim por igual estaban entremezclados.
Cada barco había adquirido una rutina similar tras dos días de viaje rápido. En las paradas, virtualmente todos los que estaban a bordo, tripulación y pasajeros por igual, se apiñaban en tierra firme. Incluso las manos más saladas abordo de los barcos de hielo habían comenzado a tener la cara verde (o lo que fuera que se les volviera verde a los canim, suponía Marcus) y se alegraban de la oportunidad de estar de pie en un lugar que no saltaba bajo sus pies o te lanzaba contra un compañero.
Los artífices aleranos que luchaban por mantener de una pieza los barcos no eran ninguna excepción. Marcus observó como los cuatro hombres que viajaban a bordo del barco de Khral bajaban la pasarela a tierra tambaleándose como borrachos. Luego se alejaron para sentarse sobre el tronco de un árbol caído y pasarse una botella de algún vil brebaje que los destiladores amateurs de las legiones habían creado. Legionarios atontados y canim de orejas caídas por igual aceptaban la oportunidad de estirar las piernas, unidos por el tortuoso enemigo común... o al menos por la tortura común.
La cautela de Khral permanecía vigente. Su barco se había detenido a más de ochenta yardas de los demás, y se habían apostado centinelas en proa y popa, babor y estribor. Contra el telón de fondo del hielo blanco, cualquiera que se aproximara sería divisado inmediatamente.
Marcus y Sha recorrieron con suavidad la longitud de un barco alerano aparcado en paralelo a la nave canim más grande, y Marcus esperó hasta una ráfaga de viento inoportunamente frío que produjo una nube de nieve y ventisca en medio del aire, girando alrededor de ellos como un velo gélido. Entonces Marcus sacó la espada, gruñendo por el esfuerzo, y abrió un agujero en el hielo hasta alcanzar la tierra desnuda de abajo, llamó a su furia de tierra, Vamma, y el suelo tembló, el hielo se agrietó, y la tierra fría se los tragó a los dos, a él y a Sha, sin emitir ni un sonido.
El cane aferró el hombro acorazado de Marcus con una pata-mano, y las placas de acero crujieron en protesta ante la fuerza de esa agarra. Marcus apretó los dientes e intentó mantener el daño de la capa de hielo al mínimo mientras separaba la tierra aldedor de ellos como si fuera agua. Sostuvo una esfera compacta de espacio abierto alrededor de los dos, lo bastante pequeña para obligar a Sha a acurrucarse casi a la mitad. Marcus era bien consciente de los alientos calientes y jadeantes del cane, deslizándose sobre su nuca.
-Tranquilo -dijo él-. Estamos bien.
Ella gruñó.
-¿Cuánto llevará alcanzar a Khral?
Marcus negó con la cabeza.
-Depende del terrerno entre aquí y allí. La tierra sólo llevará un momento. Si hay mucha piedra, será más difícil.
-Entonces empieza.
-Ya he empezado.
Sha dejó escapar un rugido pensativo en la oscuridad.
-Pero no nos movemos.
-No -dijo Marcus-. Pero la tierra a nuestro alrededor sí, y nos lleva con ella. -Tomó una inspiración temblorosa. No había utilizado artificios para hacer túneles en quince años. Había dejado de apreciar lo tremendamente extenuante que eran. O tal vez sólo se estaba volviendo viejo-. Tengo que concentrarme.
En vez de expresar cualquier respuesta afirmativa, Sha simplemente se quedó en silencio.
Cuervos, que bueno era trabajar con un profesional.
La tierra hasta su punto de entrada a la nave de Khral estaba bastante llena de piedras megalíticas, los restos de algún glaciar desvanecido hacía mucho, liberadas del hielo y hundidas en el deshielo subsiguiente, lo más probable.  Se desvió alrededor de ellas. Pasar directamente a través habría sido posible, pero eso estaba en un nivel de artificio mucho mayor que el artificio de tierra. Aunque así se duplicaba la distancia que tenían que viajar, Marcus juzgaba que a pesar de ello saldría ganando en términos de enegía empleada... aunque había que tener en cuenta el tiempo. Les llevó casi veinte minutos alcanzar su destino, lo que estaba dentro del margen de seguridad que habían estimado dentro el plan, por poco.
Era imposible sentir el barco a través de la desconcertante capa de hielo que cubría la superficie, pero era fácil sentir la presión del peso del barco, transferida a través del hielo y que aplastaba la tierra. Guió el tunel hasta la popa del barco y comenzó empujar hacia arriba. La temperatura en el interior de la pequeña burbuja de aire cayó de repente, y la tierra que se veía en lo alto fue reemplazada por hielo frío y sucio.
No podían permitirse desgarrar sin más el hielo. El hielo roto provocaría crujidos tan altos como latigazos. Sha se puso a trabajar. Sacó una herramienta de una vaina que llevaba al costado, y una espada curva con forma de luna creciente, pero con la empuñadura entre los puntos de la luna, de forma que la curva exterior quedaba cubierta por los nudillos. La hoja estaba dentada como una sierra, y el cane se puso a trabajar con movimientos de brazos y hombros. Le llevó menos de un minuto abrir un agujero en el hielo lo bastante grande para pasar através, y cuando el bloque de hielo cayó, el casco pintado de negro del barco se reveló.
Mientras el cane sacaba con cuidado un extraño cuchillo, Marcus se alzó, posó una mano en el casco de madera, y llamó a su furia de madera, Etan. Cuando su furia empujó contra el casco del barco, sintió que sus sentidos se extendían por la superestructura. Las cuadernas estaban bajo tensión, por supuesto, y había pruebas de artificios recientes y pesados por todas partes. Excelente. Entre todas esas señales de actividad, unos cuantos toques gentiles más nunca se notarían.
Marcus murmuró a Etan por lo bajo, haciendo un esfuerzo de voluntad, y observó como las cuadernas del casco se recogían y arrugaban como una boca abriéndose. Sha observó esto con los ojos entrecerrados, luego asintió una vez y se deslizó a través de la abertura. Marcus esperó durante unos cuantos alientos, de forma que Sha tuviera tiempo de advertirle si había algún problema. Cuando no llegó ninguna advertencia, se aupó al interior del barco y se encontró de pie en las sombras profundas de la bodega de carga.
Sha fue al borde de la escotilla, se centró con ella, y dio siete pasos rápidos y silenciosos hacia la popa. Se giró directamente a su derecha, dio dos pasos más, luego estiró la mano hacia arriba y puso los dedos en techo. Miró a Marcus, para asegurarse de que el alerano había visto el punto. Marcus asintió y se deslizó hasta la posición indicada. Sha volvió a entrelazar los dedos, creando un estribo con sus manos. Marcus se subió a las manos del cane y se encontró levantado ligeramente hacia arriba hasta que pudo tocar el techo escala canim. Se concentró en planchas, entrecerró los ojos, y con un súbito movimiento de manos, obligó a los tablones más delgados de la cubierta que se separaran como acababa de hacer con el casco. Incluso mientras la abertura se abría, Sha empujó, y Marcus se encontró impulsado hacia arriba a través del agujero. El hedor a sangre podrida y el olor almizcleño a cane impregnó sus fosas nasales. Aterrizó sobre una rodilla, se orientó rápidamente, y encontró a un cane delgado de pelo rojizo sentado sobre las ancas ante una mesa baja, una docena de rollos de pergamino de piel estaban extendidos ante él sobre la superficie de la misma. Khral.
Marcus dio dos pasos veloces y se estrelló contra Khral, superando al cane por pura sorpresa e inercia. Unos colmillos arañaron hacia su cara, hasta que hundió el puño con fuerza hacia arriba, golpeando el morro del cane justo cuando Khral empezaba a gritar.
Rodeado de madera y lejos de la tierra de abajo, Marcus no tenía forma de volver a llamar a Vamma, para tomar prestado el poder de la furia, y como resultado estaba en letal desventaja en combate cerrado con un adulto cane. Entregó un golpe rápido y duro a la garganta de Khral. El golpe no fue ni de cerca lo bastante fuerte para resultar letal, pero convirtió un segundo intento de gritar en un croar, luego el cane agarró la armadura de Marcus y le lanzó al otro lado del camarote.
Khral buscó con la mirada hasta que sus ojos se posaron sobre una de las bolsas de piel pálida que todos los ritualistas llevaba, colgando de un gancho en la pared. El cane se lanzó hacia ella.
Marcus levantó una mano y hizo un gesto agudo de llamada, poniendo a Ethan en movimiento, y el gancho se movió y dejó caer la bolsa justo cuando Khral alcanzaba su correa. Golpeó la cubierta con un ruido sordo y gotas de sangre salpicaron la pared.
Sha subió reptando por el pequeño agujero del suelo como una anguila corriendo hacia su madriguera. El Cazador cruzó el camarote de un solo bote y aterrizó sobre un Khral que se retorcía y luchaba. Los brazos de Sha se movieron en un latigazo, y los ojos de Khral se desorbitaron aún más cuando un cordón de cuero se apretó con fuerza alrededor de su garganta. Sha arrastró a Khral por el suelo, tirando del cordón mientras lo hacia.
Marcus atravesó la habitación y volvió a colocar la bolsa en el gancho de la pared. Tocó la pared y animó a Etan a absorber las gotas de sangre gelatinosa hasta el interior de la madera, absorbiendo la humedad en el grano, donde no se vería en la superficie. Se giró hacia Sha, que estaba sujetando con fuerza el cordón estrangulador, tirando con la fuerza justa aunque Khral había dejado de moverse varios segundos antes.
Cuando Sha vio que Marcus había terminado, miró hacia la madera, dirigió a Marcus un asentimiento respetuoso, luego retorció el cordón estrangulador de forma que pudiera mantenerlo alrededor de la garganta de Khral cogiéndolo con una mano. Lo usó como bichero, arrastrando al ritualista inconsciente por el agujero en los tablones, y volvió en silencio a la bodega.
Marcus volvió a colocar varias piezas de fino y pálido cuero sobre la mesa, examinando sus recuerdos para asegurarse de que estaban en el mismo lugar en el que habían estado antes de que entrara. Luego comprobó la puerta del camarote, encontrándola cerrada desde dentro, y finalmente volvió al punto de entrada.
Marcus sonrió. Nadie en el campamento ritualista iba a saber qué hacer con esto.
Cuando estaba a punto de descender, vio el baúl de Khral y se detuvo para mirarlo con horror fascinado.
El baúl estaba cubierto por una pesada manta de piel, todavía tenía pelo. Por un momento, a Marcus no se le ocurrió que tipo de bestia dejaría tras ella un abrigo moteado, mal emparejado, desigual. Luego entendió lo que estaba mirando.
Tal vez había cien cabelleras humanas en la grotesca manta. Muchas de ellas tenían un pelo tan fino que no era posible que provinieran de un adulto. Algunas de las cabelleras era,n de hecho, bastante pequeñas.
Marcus luchó por encontrar su camino y se abrió paso casi a ciegas por el agujero. Arriba en la cubierta, oyó una trompeta, la llamada que marcaba generalmente, el aviso de quince minutos. La flota se preparaba para volver a moverse.
Marcus y Sha volvieron a la abertura del casco y saltaron al agujero que había bajo ella, arrastrando a Khral con ellos. Marcus llamó a Vamma con un gruñido, y un momento después estaban una vez más encerrados bajo tierra.
-¿Está vivo? -exigió Marcus un momento después.
-En el más estricto sentido de la palabra -replicó Sha.
-Despiértale.
Sha permanecio en silencio en la oscuridad. Luego gruñó algo por lo bajo. Se oyeron varios golpes agudos. Khral comenzó a emitir sonidos ahogados.
-¿Habla alerano?
-No -dijo Sha.
-Traduce para mí, por favor.
-Sí.
Marcus estiró una mano y tanteó a ciegas hasta que encontró el pellejo de Khral. Luego su mano salió disparada, agarró al cane por la oreja, y le arrastró hacia delante con toda la fuerza que Vamma podía darle.
-Estoy a punto de matarte -dijo con calma, y Sha lo repitió en canim-. En un momento, nos marcharemos. Y voy a dejarte aquí. A tres metros bajo la tierra y el hielo. La tierra va a presionar contra ti, meterse en tu boca, en tu nariz, en tus ojos. -Le retorció salvajemente la oreja-. Vas a ser aplastado hasta morir, lentamente, Khral. Y nadie sabrá nunca si estás vivo o muerto.
Marcus esperó a que Sha dejara de hablar, luego empujó lejos a Khral con rudeza, soltándole la oreja. Khral balbuceó incoherencias en canim, y sonó como si estuviera intentando aferrarse a Sha.
Marcus oyó la herramienta serrada de Sha abandonar su vaina, la oyó propinar un golpe carnoso. Khral saltó un grito. Un instante después, Marcus olió bilis y mierda. Sha había destripado al ritualista.
Marcus puso la mano otra vez en la pared de tierra y dispuso que el tunel volviera a moverse. Khral empezó a balbucear cada vez con más pánico mientras la esfera de aire se movía alejándose de él, dejándole atrás. Siguió gritando y balbuceando hasta que unos segundos después su voz se desvaneció de repente.
Sha soltó un gruñido satisfecho pero ningún otro comentario.
Emergieron donde habían entrado en el túnel, con Marcus comprobando cautelosamente antes de salir... pero descubrieron que nadie estaba prestando ninguna atención. Los cuernos seguían soplando. Marcus recorrió los alrededores con la mirada lo mejor que pudo y divisó formas aladas en lo alto, volando desde el sur, caballeros vord.
-¡Vamos! -gruñó Marcus a Sha mientras volvían a subir hasta la capa de hielo.
Sha salió a la zaga de Marcus y soltó un gruñido.
-Sí -dijo Marcus en respuesta-. Nos están atacando.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 22
« Respuesta #2 en: Febrero 02, 2018, 06:37:21 am »
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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 22
« Respuesta #3 en: Febrero 02, 2018, 12:37:17 pm »
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