Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 19  (Leído 303 veces)

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 19
« en: Enero 26, 2018, 09:28:32 pm »
CAPÍTULO 19
En las horas que siguieron, Isana escuchó el asalto de la reina vord y el poder salvaje de la colección de fuerzas militares del Reino.
Nunca abandonó la brillante cámara verde bajo tierra. En lugar de eso, simplemente miró hacia arriba, a la brillante luz del croach, y le proporconaron una visión comentada de la batalla. En tonos neutrales y pausados, la reina informaba de los resultados de sus maniobras y ataques.
Isana había visto suficientes guerras con el vord para traducir las palabras en imágenes de horror puro en sus pensamientos. Se quedó de pie junto a Araris, comprobando de vez en cuando para asegurarse de que su nariz y boca todavía estaban al descubierto. Su piel, bajo la superficie del croach, no parecía irritada ni quemada... aún. Pero era difícil de decir. Era como mirarle a través de un cristal tintado y coloreado de calidad particularmente pobre.
-He descubierto... creo que es una forma de rabia, aunque no un ejemplo particularmente potente -dijo la reina vord, tras varios momentos de silencio-. Hay una palabra para ello. Encuentro la defensa alerana... irritante.
-¿Irritante? -preguntó Isana.
-Sí -dijo la reina, mirando hacia arriba. Señaló con un dedo afilado-. Ahí. Los trabajadores y no combatientes están abandonando la ciudad. Y aún así no puedo alcanzarlos, aún. Su destrucción aseguraría el final de esta guerra.
-Están indefensos -dijo Isana en voz baja.
La reina vord suspiró.
-Ojalá fuera cierto. Asignar a casi la mitad de la población como protectores prescindibles es un derroche innecesario. La mayoría de las veces. Al final no habrá diferencia, pero por ahora... -Alzó una mano y la dejó caer otra vez, un gesto que de algún modo contenía su irritación, su molestia pasajera, y el destino de Alera, todo en uno.
-Este mundo ha sido ferozmente competitivo desde mucho antes de mi despertar.
-Son mujeres -dijo Isana-. Los ancianos, los enfermos. Niños. No suponen una amenaza para ti.
Los ojos de la reina vord centellearon de forma extraña.
-Las mujeres pueden producir más de vosotros, y eso no se puede tolerar. Los ancianos y enfermos... podría haber algún mérito en permitirles drenar los recursos de vuestra gente, pero su experiencia y conocimiento podrían inclinar la balanza, lo que resultaría costoso.
-¿Y los niños? -dijo Isana, su voz se hizo más fría apesar de sí misma-. ¿Qué daño podrían hacerte?
Los labios de la reina vord se extendieron en una sonrisa lenta y amarga.
-Vuestros niños desde luego no son una amenaza. Hoy. -Apartó los ojos del techo y miró a Isana un momento-. Crees que soy cruel.
Isana miró de la cara inconsciente y relajada de Ararris a la cara de la reina vord.
-Sí -siseó.
-Y aún así, he ofrecido a tu gente una elección -dijo la reina-. Una oportunidad de rendirse, aceptar la derrota sin perder sus propias vidas... que es más de lo que tu gente ha ofrecido nunca a la mía. Me consideras cruel por dar caza a vuestros niños, abuela, pero tu gente ha dado caza a los míos, y los ha matado a decenas de miles. Tu gente y la mía son iguales, al final. Sobrevivimos y lo hacemos a expensas de otros que no buscan nada más que hacer lo mismo.
Isana se quedó en silencio un largo rato. Luego preguntó, con voz muy baja:
-¿Por qué me llamas así?
La reina vord se quedó también un rato callada. Luego respondió:
-Parece encajar, tal como yo entiendo las cosas.
-¿Por qué? -presionó Isana-. ¿Por qué ibas a considerar a Tavi tu padre? ¿Realmente te consideras su hija?
La reina vord movió los hombros en un encogimiento que no pareció llegar a ella de forma natural.
-No en el sentido en que tú lo entiendes. Sin embargo, como tú, yo no escogí a aquellos cuya sangre se mezcló para crear la mía.
-¿Por qué te importa? -preguntó Isana-. ¿Por qué iba a importarte si referirte a mí de ese modo resulta apropiado a los aleranos?
La reina inclinó otra vez la cabeza, con expresión abstraída.
-No debería importar. -Sus ojos parpadearon varias veces en rápida sucesión-. No debería. Y aún así importa.
Isana tomó un profundo aliento, sintiendo algo viral removerse bajo la superficie fría y lisa de la reina. No estaba segura de si estaba hablando a la reina cuando murmuró.
-¿Por qué?
La reina vord cruzó los brazos sobre el pecho con brusquedad y se dio la vuelta, un movimiento que pareció bastante humano. Levantó la vista al techo brillante sobre ella, a las demás paredes de la habitación... a cualquier parte menos a Isana.
-¿Por qué? -volvió a preguntar Isana. Se acercó un paso-. ¿Responder a la pregunta te importa?
Frustracion y necesidad desesperada e insatisfecha atravesaron la cámara, brillante y sólida contra los sentidos realzados de Isana.
-Sí. Importa.
-Y encontrar la respuesta es importante para ti.
-Sí. Lo es.
Isana sacudió la cabeza.
-Pero si nos destruyes, puede que nunca conozcas la respuesta.
-¿No crees que lo sé? -escupió la reina vord. Sus ojos iracundos se abrieron de par en par y desnudó los dientes en una mueca feroz-. ¿Crees que no lo entiendo? Siento como tú, abuela. Lo siento todo, todo lo que sienten mis hijos. Siento su dolor y su miedo. Y a través de ellos, siento también a tu gente. Los siento gritar y morir. Estoy tan llena que casi podría partirme por la mitad.
Una voz tranquila y dura habló en la cámara, haciendo que Isana diera un salto de sorpresa en reacción.
-Cuidado -dijo Invidia Aquitaine-. Estás siendo manipulada. -La antigua Alta Señora entró en la cámara, ataviada con la armadura de quitina negra que parecía la misma que llevaban todos los caballeros aleranos que servían al vord.
La reina vord giró la cabeza ligeramente, su único reconocimiento a las palabras de Invidia. Frunció el ceño, y giró sus inquietantes ojos otra vez hacia Isana. El silencio se estiró un rato antes de que preguntara:
-¿Es eso cierto?
Isana miró fijamente a Invidia. Había oído las descripciones de Amara de la criatura aferrada al torso de Ia mujer, su cuerpo bulboso pulsaba a un ritmo parecido a un latido lento. Pero ver lo que ocurría, ver la sangre que rezumaba débilmente donde la cabeza de la criatura se introducía en el pecho de la mujer, era algo muy distinto. Invida había sido muchas cosas para Isana... aliada y manipuladora, mentora y asesina. Isana tenía amplias razones para odiar a la antigua Alta Señora, suponía. Pero viéndola ahora, no podía reunir nada más que pena.
Y repulsión.
-Es cuestión de puntos de vista -contestó Isana a la reina vord, sin apartar la mirada de Invidia-. Estoy intentando entenderte. Estoy intentando que nos entiendas con más claridad.
-El conocimiento puede hacerte más capaz de prevalecer contra mí -dijo la reina-. Es un curso de acción sensato a seguir. Pero el reverso también es cierto. ¿Por qué ibas a querer hacerme entender mejor a tu raza?
Invidia se adelantó.
-¿No es obvio? -preguntó, con voz tranquila. Miraba a cualquier parte excepto a Isana-. Siente las emociones en ti, igual que yo. Espera aprovecharlas, utilizarlas para influenciar tus acciones.
La boca de la reina se retorció en una sonrisa fría.
-Ah. ¿Es eso cierto, Isana?
-Desde cierto punto de vista -contestó Isana-. Espero llegar hasta ti. Convencerte de que ceses las hostilidades.
-Invidia -dijo la reina-, ¿cómo evaluarías sus habilidades con los artificios de agua?
-Iguales a las mías -replicó Invidia llanamente-. Ten cuidado, yo driría que como mínimo es mi igual.
La reina vord absorbió eso un momento. Luego asintió.
-A tu juicio, ¿hay algo que pueda conseguir directamente por ese método?
-Sólo averiguar lo inútil que es intentarlo -contestó Invidia, con voz cansada-. Sin duda hay emociones como las nuestras en tu interior. Pero no las sientes del mismo modo que nosotros. No influencian tus decisiones o tu juicio. -Miró a Isana sin emoción en la cara o en la postura, y dijo-: Créeme. Lo he intentado. Se acabó, Isana. Si quieres reducir el dolor y el sufrimiento que experimenta nuestra gente, deberías aconsejarles que se rindan.
-No escucharían -dijo la reina despectiva-. Y además, no voy a dejarla marchar.
Invidia frunció el ceño.
-Entonces no veo el valor de mantenerla... o a su amante... vivos.
-Digamos que es por el bien de los aleranos -dijo la reina. Isana pasó la mirada de la traicionera Alta Señora a la reina.
-¿Qué?
La reina encogió un hombro, un gesto que Isana encontró de algún modo familiar e intensamente incómodo.
-Los aleranos sufren porque luchan. Nunca se rendirán mientras Gaius Octavian esté vivo. Puede que Gaius Attis les de la posibilidad de resistir, por ahora... pero es un farsante, y vuestra gente lo sabe. Mientras el auténtico heredero de la Casa de Gaius camine sobre la tierra, siempre habrá alguien dispuesto a luchar. Debemos acabar con él.
La reina señaló a Isana con la uña de una mano.
-La madre de Octavian está bajo mi control. Se verá obligado a acudir a mí en un intento por preservar su vida. Sin embargo, hasta ahora ella se ha mostrado irracionalmente resuelta en el pasado. Podría destruirse a sí misma para evitar que Octavian venga a por ella... razón por la que necesito al hombre vivo e ileso. Mientras permanezca así, ella mantendrá la esperanza de que ambos puedan escapar de este lugar juntos.
Isana intentó evitar temblar de escalofrío, ante el cálculo frío y abstraído de la voz de la reina, ante la tranquila precisión de su lógica. No pudo.
-La tengo a ella -dijo la reina-. Ella me entregará a Octavian. Cuando él esté muerto, el resto de Alera se desmoronará y rendirá. Mejor para mí y mis hijos. Mejor para ellos.
-Mátalos a ambos -sugirió Invidia-. La venganza puede atraerle hasta ti con tanta seguridad como la preocupación.
La reina vord desnudó los dientes verdinegros en una sonrisa.
-Ah. El progenitor de su progenitor esperó casi veinticinco años para tomar su venganza cuando llegó el momento apropiado. Este linaje no busca desagraviarse desequilibradamente en... ¿cuál es la frase? ¿fuego?
-En caliente -dijo Isana.
-Exactamente -dijo la reina vord. Se giró hacia Invidia-. ¿Por qué no estás en el campo de batalla?
-Por dos razones -dijo Invidia-. Primero, nuestros espías en Antillus informan de que Octavian y sus legiones abandonaron el norte hace casi dos días.
-¿Qué? -dijo la reina-. ¿Dónde están ahora?
La boca de Invidia se curvó en una sonrisita fría.
-No sabemos nada más. Tu horda llegó a Antillus hace varios días. Han rodeado la ciudad y sus pérdidas son de más del tripe que en cualquier otra ciudad sitiada.
Los ojos negros de la reina se entrecerraron.
-La milicia canim por sí sola no puede ser responsable de tanta resistencia.
-La milicia de Nasaug tiene un grado inusual de entrenamiento y experiencia. Son considerablemente más formidables que la milicia de Canea -dijo Invidia. Después de una ligera pausa, añadió-. Como te advertí.
Los ojos de la reina vord brillaron de rabia silenciosa.
-Octavian debe tener algún plan para el Escudo. Es la única estructura importante al norte de Antillus. Enviaré guerreros voladores a patrullar la Muralla y localizarle.
-La segunda razón por la que estoy aquí -continuó Invidia-, es porque mientras estabas charlando con la mujer que no puede hacerte daño directamente, tu atención se ha apartado de la batalla. El Alto Señor y la Alta Señora Placida y mi antiguo marido han quedado libres para presionar la lucha por redirigir a las furias feroces que lanzamos sobre ellos. No tienen el control total, pero han conducido a la mayor parte lejos de Riva y de los civiles que huyen. Nuestras propias tropas están ahora sufriendo al menos tanta de atención de esas furias como las legiones.
Los ojos de la reina vord se abrieron de par en par, y se dio la vuelta para mirar a Isana.
-También esperaba -dijo Isana con suavidad, cruzando las manos ante ella- distraer tu atención de la lucha. Creí que eso podría debilitar la coordinación de tus criaturas, si no la estabas supervisando constantemente.
Los ojos de la reina llamearon un momento, titilando con extrañas motas de brillante luz verde. Luego se dio la vuelta de golpe y volvió a zancadas a la zona desde la cual había estado observando la batalla antes.
-Vuelve ahí fuera. Llévate a mis singulares. Encuentra y destruye a cualquier Alto Señor o Señora que puedas aislar. Yo me ocuparé de que su atención se dirija a otra parte.
Invidia alzó la barbilla.
-Puede que sea mejor aceptar nuestras pérdidas y planear la siguiente...
La reina se giró, con la cara impregnada de rabia, y chilló con una voz que desgarraba el metal.
-¡ENCUÉNTRALOS!
El puro volumen del grito golpeó a Isana como un puño, y se tambaleó contra la pared. Se quedó allí combada un momento, con los oídos zumbando, y sintió un chorro caliente bajar por su labio superior; la nariz le había empezado a sangrar.
En los atónitos segundos de silencio posteriores, se encontró parpadedando atontada, mirando al inmóvil Araris, su cara con cicatrices, sus ojos abiertos y concentrados...
Isana se quedó congelada.
Araris le sostuvo la mirada un instante, através del lodoso medio centímetro de croach. Entonces sus ojos bajaron y volvieron a subir hasta los de ella. Isana bajó la vista.
Antes no había notado que Araris estaba de pie con una mano a la espalda... donde estaba, comprendió de repente, aferrando el acero sólido de la empuñadura de la daga que llevaba oculta bajo el amplio cinturón. Acero, que podría proteger su mente contra el entumecimiento, contra el dolor, contra la desorientación de cualquier toxina que contuviera la sustancia alienígena, al igual que había ocultado del todo su presencia emocional de los sentidos de la propia Isana... y presumiblemente a los de la reina vord e Invidia Aquitaine.
Araris Valerian, indiscutiblemente el mejor espadachín de su generación, aún no estaba fuera de combate.
Le sostuvo la mirada durante un aliento, le guió un ojo, y luego los volvió a cerrar. Isana endezó la espalda lentamente y se aseguró de que sus emociones y expresión estuvieran bajo control mientras volvía a enfrentarse a Invidia y la reina vord.
Invidia estaba sonriendo a la reina, su expresión, bajo el frío barníz, estaba entre el terror y el regocijo. Luego inclinó la cabeza y salió de la cámara.
La reina vord dijo a Isana:
-Esto sólo provocará más dolor. -Luego alzó la cara una vez más, y las paredes y el techo de la cámara empezaron a brillar de nuevo-. Al final no cambiará nada. Mataré a Octavian. Os mataré a todos.
En el silencio que siguió, Isana suprimiró una oleada de furia. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo se atrevía a amenazar a su hijo?
No, pensó Isana para sí misma, sombríamente. No lo harás.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 19
« Respuesta #1 en: Enero 27, 2018, 07:03:30 am »
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Desconectado Araghan

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 19
« Respuesta #2 en: Enero 27, 2018, 01:44:11 pm »
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“Por los amigos ausentes, los amores perdidos, los viejos dioses y la estación de las nieblas.Y ...

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 19
« Respuesta #3 en: Enero 27, 2018, 02:16:17 pm »
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Desconectado joaquinm

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 19
« Respuesta #4 en: Enero 27, 2018, 04:49:13 pm »
Esto mejora por momentos, muchas gracias

Desconectado Sacro523

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 19
« Respuesta #5 en: Enero 27, 2018, 06:36:49 pm »
 08a