Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 17  (Leído 611 veces)

Desconectado crislibros

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 17
« en: Enero 24, 2018, 09:00:30 pm »
CAPÍTULO 17
Tavi estaba de pie en la proa del Slive y miraba adelante, hacia la flota que cruzaba volando la larga tira de hielo que yacían en el lado norte del Escudo. La marcha no estaba siendo gentil. Se habían lanzado cuerdas y agarres adicionales por todo el barco, y Tavi solo se podía mantenía en pie agarrándose a una cuerda con cada mano.
Se había acostumbrado al sonido estridente de las cuchillas mientras se deslizaban sobre el hielo, una especie de siseo interminable que seguía sin parar. El barco vibraba y se sacudía mientras corría con el antinatural y firme viento norteño, navegando tras atraparlo a su mejor velocidad. El Slive crujía y gemía con cada estremecimiento y golpe. Los miembros de su tripulación que no estaban aterrados de muerte, corrían frenéticos por el barco, haciendo esfuerzos constantes de artificios de madera para evitar que las cuadernas cedieran a la presión.
-Ahí está -gritó Tavi, señalando a donde una jabalina de la legión con una tela verde atada en la parte de atrás estaba incrustada en el hielo. Crassus y sus artífices de viento se habían adelantado a la flota, para asegurarse de que la senda helada que los hombres de hielo habían creado para ellos permanecía despejada y segura.
Bueno. Relativamente segura. El paso de los barcos era más rápido que cualquier viaje del que Tavi hubiera oído hablar nunca, más corto que ningún vuelo. Habían cubierto la distancia completa de un día de marca de una legión sobre una calzada en las primeras tres horas. A esa velocidad, un parche de tierra desnuda sin hielo podía atrapar el patín de un barco, y la fuerza de la inercia haría que este atravesara el barco de un extremo al otro. El Tiberius ya había golpeado un punto desnudo, donde el hielo no había tenido tiempo de endurecerse del todo.
Tavi había visto con horror impotente y desde cien yardas de distancia como la nave se tambaleaba, las alas con los patines se rompían, y empezaba a volcarse, los mástiles se astillaban como ramitas, sus tablas se rompían en nubes de madera destrozada... su tripulación quedó aplastaa entre la masa juggermaut del barco condenado.
Otros tres barcos habían naufragado también, perdiendo el equilibrio por el viento, por mal manejo de sus velas, o por simple mala suerte. Como el Tiberius, se habían hecho pedazos. Tavi se consideraba un poco cobarde por sentir alivio de al menos no haber tenido que verlo con sus propios ojos: Cuando un barco que navegaba sobre el hielo iba a toda velocidad, nadie sobrevivía al naufragio. Los canim y hombres simplemente quedaban aplastados y rotos como muñecas húmedas y rotas. Ahora los voladores marcaban cualquier punto que pudiera causar otro accidente semejante. Era una precaución simple que ya les había permitido esquivar dos parches más potencialmente letales. Cualquier idiota podía haberlo pensado antes, pero Tavi no lo había hecho... y las muertes de las tripulaciones de cuatro barcos, canim y aleranos por igual, ahora pesaban sobre él.
-¡El camino está despejado! -gritó Tavi, reparando en la siguiente jabalina verde más allá de la siguiente-. ¡Mantened el paso!
-Dando órdenes de seguir haciendo lo que ya están haciendo! -dijo Maximus unos cuantos metros más abajo en la borda-. Bueno, dicen que nunca debes emitir órdener que sabes que no se van a odedecer, supongo.
Tavi le lanzó una mirada irritada y se giró otra vez hacia delante.
-¿Querías algo?
-¿Qué tal tu estómago? -preguntó Max.
Tavi apretó los dientes y miró hacia el paisaje que tenían delante.
-Bien. Está bien. Es ese ondear lento el que acaba conmigo, creo. -El barco golpeó una depresión en el hielo, y toda la nave se hundió, luego se alzó agudamente en el aire, las cuchillas abandonaron el hielo durante una fracción de segundo. Los talones de Tavi volaron, y sólo su agarre sobre las cuerdas de seguridad evitó que fuera lanzado con violencia hacia la cubierta o completamente fuera del barco.
Su estómago se revolvió y tensó en nudos. Lo bueno de estar en la proa era que las velas del barco le ocultaban de la vista de la popa. Ya había echado por la borda el poco desayuno que había tomado. Y, con el Slive corriendo por delante de las dos columnas de barcos que navegaban en pulcras filas tras ellos, la reputación de invencivilidad de la Casa de Gaius estaba siendo pulcramente preservada.
-¿Ves? -dijo sin aliento un momento después-. Los saltitos como ese no son un problema.
Max sonrió con facilidad.
-Demos me envía a decirte que sugiere que paremos para una comida en la siguiente hora o así. Sus artífices de madera se están cansando.
-No tenemos tiempo -dijo Tavi.
-Todavía habrá bastante tiempo para reducir nuestros barcos a astillas antes de que lleguemos a Phrygia -dijo Max-. No tiene sentido hacerlo todo el primer día.
Tavi le miró con sequedad. Tomó una inspiración profunda, pensando, y asintió.
-Muy bien. A su discreción, Demos dará la señal para que la flota pare para un descanso-. Entrecerró la mirada contra el brillo de la luz diurna sobre el hielo y la nieve-. ¿Cuánto llevamos ya?
Max levantó las manos y elaboró un catalejo ante sus ojos, estudiando el Escudo que se erguía a su paso. Había un número tallado en sus piedras, sobre las puertas de entrada para las tropas estacionadas allí.
-Quinientas treinta y seis millas. En siete horas. -Sacudió la cabeza, y dijo, con voz triste-. Es lo mejor que hay después de volar.
Tavi le volvió a mirar, pensativo.
-En realidad, es mejor. Estamos moviendo más tropas de las que ningún volador de Alera podría llevar. Piensa en lo que podría significar eso.
-¿Qué? -dijo Max-. ¿Mover tropas más rápido?
-O comida -dijo Tavi-. O suministros. O mercancías.
Max alzó ambas cejas, luego las bajó, frunciendo el ceño.
-Podrías mover cargas de un extremo a otro de la Muralla en unos cuantos días. Incluso con las calzadas, es un viaje de seis semanas de Phrygia a Antillus. Tienes que recorrer todo el camino hasta Alera Imperia, luego... -Se interrumpió, y tosió-. Um. Lo siento.
Tavi sacudió la cabeza, forzando una pequeña sonrisa en la boca.
-Está bien. No vamos a fingir que no ocurrió. Mi abuelo sabía lo que estaba haciendo. Probablemente yo hubiera hecho lo mismo.
-Y una mierda de taurg -dijo Max desdeñoso-. No. Tu abuelo mató a cientos de miles de los suyos, Tavi.
Tavi sintió una ardiente oleada de rabia en el pecho, y fulminó a Max con la mirada.
Max le miró, con una ceja alzada.
-¿Qué? -preguntó con tono razonable-. ¿Vas a pelearte conmigo cada vez que te diga la verdad? No te tengo miedo, Calderon.
Tavi apretó los dientes y apartó la vista.
-Murió por el Reino, Max.
-Se llevó a un buen montón de gente con él, de paso -replicó Max-. No estoy diciendo que no hiciera lo que había que hacer. No estoy diciendo que fuera un mal Primer Señor. Sólo digo que tú no te pareces mucho a él. -Se encogió de hombros-. Creo que tus soluciones no se parecerían mucho a las suyas.
Tavi frunció el ceño.
-¿Qué quieres decir?
Max gesticuló hacia la parte delantera del barco.
-El viejo Sextus nunca habría puesto su barco al frente, donde podría ocurrir un desastre si nuestros voladores resultar ser torpes o desafortunados. Habría... -Max alzó los ojos pensativos-. Había colocados a dos o tres de sus peores o mejores capitanes aquí. Los peores para librarse del peso muerto si otro barco caía, los mejores porque serían los que con más probabilidad desafiarían su autoridad.
Tavi gruñó.
-Que pena. Yo necesito a todos mis capitanes. Y Demos es el mejor capitán de mi flota.
-No dejes que Varg te oiga decir eso -dijo Max-. Y hablando de aceptar riesgos innecesarios...
Tavi puso los ojos en blanco.
-Tenía que hacerlo. Si los ritualistas hubieran tenido tiempo de lanzar a los canim a un frenesí por dos hacedores muertos, Varg no se habría atrevido a dejarlos en Antillus por miedo a perder el control. Convirtiendo el tema en una cuestión de honor personal entre Varg y yo, todo se detuvo todo en seco. Varg es ahora el campeón de los hacedores muertos, no los ritualistas. Todavía mantiene el control.
-Así que cuando te mate, será siguiendo las normas -dijo Max.
-No se llegará a un duelo real -dijo Tavi confiado-. Ninguno de nosotros quiere eso. Sólo lo hacemos para obligar a los ritualistas a dar un paso atrás, en vez de urgir a los demás canim a tomar acciones y tal vez arrebatar el poder a Varg. Pero si Varg arranca los colmillos a los ritualistas, no será necesario un duelo. Lo resolveremos antes de que se llegue a un derramamiento de sangre. -Después de una duda, añadió-: Probablemente.
Max resopló.
-¿Y sino? Trajo con él a los ritualistas, ya sabes.
Tavi se encogió de hombros.
-Dudo que todos ellos me quieran muerto, Max. Y tienen experiencia luchando con el vord. Sería un tonto si los dejara atrás. Se ocupará de ellos.
-Muy bien. Pero ¿y si no?
Tavi estudió la senda que tenían detrás durante un momento de silencio, y dijo:
-Entonces... tendré que matarle. Si puedo.
Colgaron de las cuerdas de seguridad mientras el Slive saltaba y se deslizaba sobre el hielo. Tras un momento, Max puso una mano sobre el hombro de Tavi, luego se abrió paso cuidadosamente hacia popa, para transmitir las órdenes al Capitán Demos.

Desconectado unai

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 17
« Respuesta #1 en: Enero 24, 2018, 09:48:00 pm »
Gracias gracias gracias

Increíble la velocidad de traducción y posteo de capítulos,llevo leyendo aquí desde la traducción del 4 libro y este esta siendo increíble.

Desconectado Sacro523

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 17
« Respuesta #2 en: Enero 25, 2018, 01:55:01 am »
 08a

Desconectado Araghan

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 17
« Respuesta #3 en: Enero 25, 2018, 11:09:00 am »
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“Por los amigos ausentes, los amores perdidos, los viejos dioses y la estación de las nieblas.Y ...