Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15  (Leído 347 veces)

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15
« en: Enero 22, 2018, 10:01:42 pm »
CAPÍTULO 15
Sus secuestradores habían atado a Isana y le habían cubierto la cabeza con una capucha antes de sacarla de la habitación. Su estómago cayó en picado cuando volvieron a tomar el cielo, dos artífices de viento combinando sus habilidades para convocar una sola columna de viento que soportara el peso de tres personas. Isana no estaba vestida para semejante viaje. El viento estaba haciendo ondelar sus faldas y dejando al descubierto sus piernas.
No podía parar de reir. El enemigo más mortífero del reino acababa de secuestrarla del corazón de la ciudad más defendida del mundo de Carna, y ella se preocupaba por el pudor. Era risible... pero apenas divertido. Si dejaba que empezara la risa, no estaba segura de ser capaz de evitar que se convirtiera en un grito.
El miedo no era algo con lo que se hubiera sentido nunca cómoda. Había visto a otros que podían... y no solo artífices de metal, que podían engañarlo... apagar sus emociones tras una fría y acerada barrera de pensamiento racional. Había conocido a hombres y mujeres que sentían el miedo con igual de intensidad que ella, y simplemente aceptaban su presencia. A algunos de ellos, el miedo parecía atravesarlos, sin detenerse o encontrar un lugar. Otros se aferraban a él, canalizándolo en pensamiento furioso y acción. La Condesa Amara era un ejemplo de lo anterior...
Araris. Le había visto atravesar volando la habitación. Había visto a los hombres poner una capucha sobre su cabeza floja. Al parecer, se lo habían llevado con ella al marcharse. No le habrían puesto una capucha si estuviera muerto, ¿verdad? ¿Verdad?
Isana siguió fluyendo en su miedo, y ni le dio fuerzas ni se vertió a su alrededor dejándola ilesa. Se sentía como una barra de arena que estuviera siendo comida lenta y firmemente por las corrientes de terror que la rodeaban. Se sentía enferma. Ya basta, se regañó a sí misma. Si vomitaba en la capucha, tendría una situación consideramente humillante que añadir al peligro y la incomodidad. Si no podía utilizar el miedo ni coexistir con él, al menos podía obligarse a soportarlo... negándose a permitir que el medio le impidiera utilizar la cabeza para hacer todo lo que estuviera en su mano para resistirse a sus enemigos. Al menos podía hacer mucho más que en el pasado.
Antes había estado ciega, y se había visto forzada a confiar en otros sentidos que la guiaran. No podía ver a través de la capucha, ni oir sobre el rugido del viento, ni sentir con el frío entumecedor y las manos atadas, ni oler o saborear nada más que la ligera esencia enmohecida de la capucha que tenía en la cabeza. Pero eso no significaba que fuera incapaz de averiguar nada sobre sus captores. Isana se preparó y abrió los sentidos a sus furias de agua para sentir las emociones de los que la rodeaban.
Llegaron a ella con una ráfaga de ardiente intensidad. Las emociones eran altas entre el enemigo, y resultaba una experiencia intensamente incómoda. Isana luchó por sortear varias impresiones, pero era como intentar escuchar la voz de un individuo en particular dentro de un todo.
Las sensaciones más intensas llegaban de los dos hombres que le sujetaban los brazos... y la emoción primaria que sentía en ellos era... confusión. Procedían en un estado de desconcierto y sufrimiento tan intensao que durante unos segundos Isana no pudo distinguir entre sus propias emociones y las de ellos. Años de vivir con su don le habían proporcionado la capacidad de distinguir el sutil tejido y el flujo de emociones, como para hacer sugerencias razonablemente educadas de los pensamientos que las acompañaban.
Los hombres sabían que algo iba muy mal, pero no podían concentrarse en qué podía ser. Cada vez que lo intentaban, oleadas de una sensación impuesta y emoción superaban el pensamiento y lo eliminaban. La única vez que aguantó algo sólido fue cuando Isana oyó un chillido inhumano en alguna parte sobre ellos. Ambos hombres se concentraron de inmediato con una feroz intensidad, sus emociones perfectamente sincronizadas, e Isana sintió a uno de ellos alzarse ligeramente, al otro hundirse, y supuso que se les había ordenado realizar un giro largo, cambiando de curso en el aire.
Isana se estremeció. Muy probablemente eran esclavos con collar, entonces, obligados a la fuerza a servir al vord a través del uso del collar de los esclavos. Una vez hubo determinado eso, pudo sentir más proviniente de los dos hombres... sus corazones rezumaban tristeza. Aunque sus mentes eran incapaces de razonar, a cierto nivel debían saber lo que se les había hecho. Sabían que sus habilidades y poder se habían vuelto contra su gente por medio de un enemigo, aunque no podían unir conscientemente las piezas del concepto. Sabían que les estaban utilizando para algo más, pero no podían recordar qué era, y esa negación, la incapacidad de razonar, les provocaba un enorme dolor emocional.
Isana sintió que empezaba a llorar por ellos. Kalarus Brencis Minoris había puesto el collar a estos hombres. Sólo él podría librerarlos... y llevaba muerto desde hacía más de medio año. Nunca serían liberados, nunca restaurados, nunca enteros.
Les hizo la silenciosa promesa de que haría todo lo que estuviera en su mano para asegurar que ninguno vivía como un esclavo. Aunque tuviera que matarlos con sus propias manos.
Mientras introducía su consciencia en el interior de sus dos captores, sintió a otros hombres. Ninguno de ellos estaba tan desorientado como sus escoltas. Estos retenían gran capacidad de raciocinio abrigada por su propio terror crudo y egocéntrico. Un miedo tan intenso, tan salvaje, que era practicamente algo vivo que se había acomodado en sus mentes, y controlaba absolutamente sus decisiones, como un perro guardián colocado dentro de la mente de cada uno. Algunos sufrían grados menores de terror... y las emociones de esos hombres provocaron a Isana un estremecimiento de repulsión. En ellos, las partes más oscuras de la naturaleza humana, el ansia de violencia, sangre y poder, habían sido abonadas y habían invadido sus pensamientos como rastrojos devorando un jardín. Esos hombres no eran nada menos que monstruos mortales, terrores sujetos por una correa psíquica.
Y estaba...
Isana dudó ante esta última sensación, pero era muy débil, y llegó a ella como una vibración temblorosa que apenas podía asegurar que fuera real. Podía sentir la presencia de... un corazón inocente, que sentía emociones con la pureza, profundidad y pasión de un niño pequeño.
Luego otro chillido flotó hasta ella, la sensación del niño se agudizó de repente... y bajo la superficie simples corrientes extrañas de sentimiento, tan raras y variadas que Isana se descubrió del todo incapaz de distinguir unas de otras, mucho menos darles un nombre preciso o descripción. Eran cosas frías. Cosas secas. Cuando presionaron contra ella, a Isana le recordaron a patas cabrileantes de un ciempiés que una vez le habían reptado por la pantorrilla. Comprendió, con repulsión, que la sensarión provenía de la reina vord.
Sus dos escoltas comenzaron a descender, y sus oídos se cerraron varias veces por los cambios de presión.
Fuera a donde fuera que la llevara, no les había llevado mucho tiempo... y parecía que habían llegado.

*****

Aterrizaron rudamente, e Isana se hubiera caído sin el apoyo de ambos guardias. Fue empujada hacia delante, arrastrada unos cuantos pasos, y tropezó subiendo una ligera cuesta en el terreno, como si su camino les hubiera llevado sobre una piedra plana de varios centímetros de altura.
En vez de ser suelo de piedra, la superficie bajo sus pies cedía ligeramente como una especie de caucho. Isana siguió respirando lento y con firmeza.
Estaba caminando sobre el croach del vord.
Ninguno de sus captores hablaba, y la superficie por la que caminaban amortiguaba los pasos. Extraños sonidos flotaban en el aire a su alrededor, ahogados por la capucha. Chasquidos. Gorgojeos. Una vez, hubo una ululante llamada que le erizó el pelo de la nuca. Muy débilmente, podía oir respuestas sonoras, como un trueno distante. Tragó saliva. En algún lugar ahí fuera, los artífices de fuego de Alera habían comenzado su trabajo, llenando los cielos con sus furias.
De repente el suelo se inclinó hacia abajo, y una mano ruda le empujó la cabeza hacia delante, con la barbilla hacia el pecho. Se golpeó la cabeza contra lo que parecía un afloramiento rocoso de algún tipo, y le dolió momentáneamente. Luego los sonidos desaparecieron en el silencio, y el ruido de la respiración de sus captores cambió sutilmente. Debían haberla llevado dentro o bajo tierra.
Uno de sus guardias la puso de rodillas con brusquedad. Un momento después, le quitó la capucha, e Isana parpadeó ante la súbita invasión de la suave luz verde.
Estaban en una caverna, una grande, sus paredes eran demasiado lisas para haber sido formadas por la naturaleza. Las paredes, el suelo, y un par de pilares de apoyo estaban cubiertos de croach. La sustancia verde cerosa pulsaba y fluía con una luz inquieta. Fluían líquidos bajo su superficie.
Isana estiró el cuello, intentando encontrar a Araris, de repente el corazón le martilleró contra las costillas.
Un segundo par de guardias le arrastró hasta la línea de visión de isana. Le quitaron la capucha también y le dejaron caer en un montón sobre el suelo de la caverna. Isana podía ver que había sufrido un buen número de abrasiones y contusiones, y sintió un estallido de dolor físico en el corazón al ver las magulladoras, la sangre... pero no tenía ningún trauma crítico obvio. Estaba respirando, pero no había ninguna garantía de su seguridad. Podía estar sangrando internamente incluso mientras le miraba.
Nunca tomó una decisión consciente, pero se encontró luchando contra sus captores, intentando llegar hasta Araris. Ellos la empujaron con brutalidad contra el suelo. Su pómulo se hundió en el croach.
Fue humillante, lo casualmente, lo fácilmente que la habían dejado sin elección. Sintió un fogonazo de rabia, sufrió una repentina urgencia de responder con ansia a través de Rill. Luchó por controlar el impulso. No estaba en posición de resistirse a su fuerza. Hasta que tuviera una oportunidad mejor... hasta que ella y Araris tuvieran una oportunidad mejor... para escapar con éxito, lo más sabio era no resistirse.
-¡Por favor! -dijo-. ¡Por favor, dejadme verle!
Pasos, suavizados por el croach, se aproximaron a ella. Isana alzó los ojos lo suficiente para ver los pies desnudos de una joven. Su piel era pálida, casi luminosa. Sus uñas eran cortas, y de la reluciente quitina verdinegra del vord.
-Dejad que se levante -murmuró la reina.
Los hombes que sujetaban a Isana se retiraron al momento.
Isana no quería levantar la vista... pero de algún modo parecía infantil no hacerlo, como si tuviera demasiado miedo de levantar la cara de la almohada. Así que se levantó del suelo hasta que estuvo de rodillas, todavía sentada sobre los talones, recomponiéndose el vestido desarreglado por el viento junto con sus propios nervios igual de deshechos, y levantó la mirada.
Isana había leído las cartas de Tavi describiendo a la reina vord que había encontrado bajo la ahora perdida ciudad de Alera Imperia, y había hablado con Amara de su propia experiencia con la criatura. Había esperado la piel pálida, los ojos oscuros y polifacéticos. Había esperado la inquietante mezcla de incongruencia alienígena con la familiaridad de todos los días. Había esperado que tuviera un inquietante parecido con la chica marat, Kitai.
Lo que no había esperado en absoluto era el otro doloroso parecido en su cara, contenido dentro de los ojos biselados y la belleza exótica de la faz de Kitai. Aunque la reina se parecía a Kitai, no era idéntica. Había una sutil mezcla en los rasgos de su cara, como se combinarían las caras de los padres en sus hijos. La otra cara dentro de la de la reina era una cara que Tavi nunca había visto... la de su tía, la hermana de Isana, que había muerto la noche en que él nació. Alia.
Isana vio la cara de su hermana pequeña en la cara de la reina vord, amortiguada pero no suprimida, como una piedra yaciendo tranquila bajo una manta de nieve. Le dolió el corazón. Tras todo ese tiempo, todavía sentía la pérdida de Alia, todavía recordaba el momento de horrible comprensión mientras miraba un manojo flojo de extremidades enlodadas y ropa harapienta en el suelo frío de piedra de una caverna de techo bajo.
La expresión distante de la reina vord de repente cambió y echó la cabeza hacia atrás alejándose de Isana como si hubiera olido algo horrible. Luego, un instante después, pareció que sin cruzar el espacio entre ellas, los ojos de la reina vord estaban directamente delante de los suyos, su nariz a punto de rozar la de Isana. Tomó un aliento lento y burbujeante, luego siseó:
-¿Qué es? ¿Qué es eso?
Isana se recostó hacia atrás, lejos de la reina.
-Yo... no entiendo.
La reina soltó un siseo bajo, un sonido hirviente y reptiliano.
-Tu cara. Tus ojos. ¿Qué viste?
Isana luchó un momento por frenar su corazón galopante, controlar su respiración.
-Tú... te pareces a alguien de mi familia.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15
« Respuesta #1 en: Enero 22, 2018, 10:02:06 pm »
La reina la miró, e Isana sintió una terrible e invasiva sensación, como si mil gusanos se retorcieran contra su cuero cabelludo.
-¿Qué -siseó la reina vord- es Alia?
La rabia golpeó a Isana sin advertencia, fría y mordaz, y arrojó el recuerdo de ese frío suelo de piedra contra la sensación de su cabeza mientras pensaba que podría aplastar la caricia de los gusanos con la misma imagen.
-No -se oyó decir a sí misma, con voz plana y fría-. Basta.
La reina vord se retorció, un movimiento que movió su cuerpo entero, como un árbol bamboleándose ante un viento súbito. Retorció la cabeza a un lado y miró a Isana, con la boca abierta.
-¿Q..qué?
Isana sintió de repente a la criatura, su presencia serpenteando hacia sus sentidos realzados como una niebla que se alzaba de repente. Había una sensación de completa y sobresaltada sorpresa en ella, emparejada con un sobresalto de dolor infantil ante el rechazo. La reina vord miró a Isana con admiración durante un instante... una emoción que dio paso rápidamente a algo parecido al....
¿Miedo?
-No tenías permiso para coger eso -dijo Isana con tono firme y dura-. No vuelvas a intentarlo otra vez.
La reina vord la miró durante un momento interminable. Luego se levantó con otro extraño siseo y se alejó.
-¿Sabes quién soy?
isanba frunció el ceno a la espalda del vord. ¿De verdad?, se preguntó. ¿Quién ibas a ser?
En voz alta, sólo dijo:
-Eres la primera reina. La original, del Bosque de Cera.
La reina vord se giró para dirigirle una mirada de reojo. Luego dijo:
-Sí. ¿Sabes por qué estoy aquí?
-Para destruirnos -dijo Isana.
La reina vord sonrió. No fue una expresión humana. No había nada placentero en ella, ni emoción asociada... solo un movimiento de músculos, algo efectuado en imitación en vez de entenerlo de veras.
-Tengo preguntas. Tú las responderás.
Isana devolvió la sonrisa con una expresión tan en blanco y tranquila como pudo.
-No veo por qué iba a hacerlo.
-Si no lo haces -dijo la reina vord-, te causaré dolor.
Isana alzó la barbilla. Se encontró sonriendo, muy ligeramente.
-No sería la primera vez que siento dolor.
-No -dijo la reina-. No lo sería.
Luego se volvió, dio dos largas zancadas, agarró a Araris por la pechera de la cota de malla, y le levantó en el aire. Con un movimiento de velocidad y violencia sin filtro, giró y le estampó la espalda contra la pared cubierta de croach. El corazón le subió a Isana a la garganta, y esperó a que la reina le golpeara, o le arañara con sus brillantes uñas verdinegras.
Pero en vez de eso, simplemente se apoyó en el hombre inconsciente.
El hombro de Araris comenzó a hundirse en el brillante croach.
La garganta de Isana se tensó. Había leído informes, hablaban de aldeanos que habían visto a sus familiares o amados atrapados bajo el croach del mismo modo. Sepultados pero no muertos. Simplemente yacían pasivos, como si hubieran caído en un sueño ligero en medio de un baño caliente. Y, mientras estaban adormecidos, el croach se los comía lenta e indoloramente hasta los huesos.
-No -dijo Isana-, moviéndose hacia delante, extendiendo una mano-. ¡Araris!
-Haré preguntas -dijo la reina vord despacio, como si masticara las palabras para probar su sabor, mientras Araris se hundía en la sustancia gelatinosa. Le soltó después de unos momentos, aunque continuó siendo arrastrado lentamente a su interior, hasta que sólo sus labios y su nariz permanecieron libres del croach. Se giró, y sus ojos alienígenas relucían con algo que Isana pudo sentir como una especie furia cruda y despreocupada-. Hablarás conmigo. O le causaré un dolor que no puedes ni imaginar. Le apartaré de ti, poco a poco. Alimentaré a mis hijos con su carne ante tus ojos.
Isana miró a la reina vord y se estremeció, antes de bajar la mirada.
-Eres una curiosidad momentánea -continuó la reina vord-. Tengo otras preocupaciones. Pero entiende que tu destino es mío si así lo decido. Te destruiré. O te permitiré vivir tus días en paz con aquellos otros aleranos que ya han entrado en razón. Vivir con tu pareja elegida... o sin él. A mí poco me importa.
Isana se quedó en silencio largo rato. Luego dijo:
-Si lo que dices es cierto, jovencita, no puedo evitar preguntarme por qué estás tan enfadada.
Vio moverse a la reina vord... un borrón que no registró a tiempo de permirse poco más que un sobresalto antes de que el golpe le cayera sobre la cara. Isana cayó sobre el suelo, con la frente ardiente, y la sangre caliente y húmeda corriendo por su cara, entrando en un ojo, y medio cegándola. No lloró... al principio proque simplemente estaba demasiado sobresaltada para responder ante la velocidad del asalto, luego porque se obligó a permanecer en silencio, a no mostrar ninguna señal de dolor o debilidad ante el ser alienígena que tenía ante ella. Apretó los dientes mientras el fuego se extendía por su frente y su cara, y no pronunció ningún sonido.
-Yo haré las preguntas -dijo la reina vord-. No tú. Mientras las respondas, tu pareja seguirá entera. Si te niegas, sufrirá. Es así de simple.
Se apartó de Isana, y un radiante brillo verde llenó la cámara. Isana acurrucó su cuerpo inútilmente contra la agonía mientras se llevaba una mano a la frente. Un solo corte, tal vez de cuatro centímetros de largo en la frente, en una línea casi precisamente recta. El corte estaba abierto casi hacia el cráneo y sangraba profusamente.
Respiró profundamente varias veces, concentrando su esfuerzo a través del dolor, y llamó a Rill. El trabajo fue más duro, mucho más de lo que habría sido con una modesta palangana de agua, pero fue capaz de cerrar la herida. Un rato después, pudo reducir algo el dolor, y entre eso y el cese del sangrado, se sintió mareada, casi eufórica, sus pensamientos atascados en embrollos. Debía tener un aspecto horroroso, con media cara manchada de rojo. Su vestido estaba arruinado. No había ninguna razón para no utilizar la tela para intentar limpiarse algo de sangre, aunque su piel estaba tierna, y pensó que probablemente no conseguiría nada más que ensuciarse un poco más.
Isana tragó saliva. Le ardía la garganta de sed. Tenía que concentrarse, encontrar un modo de sobrevivir, de que Araris sobreviviera. Pero ¿qué podía hacer, aquí, con esta criatura que tenía ante ella?
Levantó la vista para encontrar la caverna transformada.
La luz verde se arremolinaba y danzaba a través del croach cubriendo el techo de la caverna. Brillantes puntitos de luz, muchos de ellos, en lentas filas que se balanceaban. otras luces fluían y saltaban. Otras pulsaban a varios ritmos. Olas de color, sutiles variaciones de tonos, recorriendo el techo, mientras la reina vord las miraba, completamente inmóvil, con sus ojos alienígenas reflejando puntitos verdes como joyas negras.
Isana se sintió algo asqueada por el movimiento hirviente y orgánico del despliegue luminoso, pero tenía la impresión de que había algo en esto, una especie de vínculo entre la luminosidad y la reina vord que no podía sondar.
Tal vez, pensó, sus ojos simplemente no eran lo bastante complejos para ver lo que veía la reina vord.
-El ataque progresa bien -dijo la reina vord, con tono distraído-. Gaius Attis, si es que es así como se llama ahora, es un comandante convencional. Capaz, pero no me muestra nada que no haya visto antes.
-Entonces está matando a tus fuerzas -dijo Isana en voz baja.
La reina vord sonrió.
-Sí. Ha incrementado la eficacia de las legiones notablemente. Los soldados que se me escaparon el año pasado están ahora sangrando. Malgasta bien sus vidas. -La reina vord observó durante un momento más antes de preguntar, con calma-. ¿Darías tu vida por él?
El estómago de Isana se retorció al pensar que Aquitaine llevaba la corona del Primer Señor. Recordó a los amigos a los que había enterrado en toda su vida adulta por culpa de las maquinaciones de ese hombre.
-Si es necesario -dijo.
La reina vord la miró, y dijo:
-¿Por qué?
-Nuestra gente le necesita -dijo Isana.
La reina vord inclinó la cabeza a un lado. Luego dijo:
-No lo harías por su bien.
-Yo... -Isana negó con la cabeza-. No creo. No.
-Pero lo harías por ellos. Por los que le necesitan.
-Sí.
-Pero tú estarías muerta. ¿Cómo serviría eso a la consecución de tus metas?
-Hay cosas más importantes que mi metas -dijo Isana.
-Como la supervivencia de tu gente.
-Sí.
-Y de tu hijo.
Isana tragó saliva. Dijo:
-Sí.
La reina vord lo consideró por un momento. Luego volvió sus ojos hacia el techo, y dijo:
-Respóndeme pronto y con claridad. Como recompensa, puedes acudir con tu hombre. Asegurar su salud. Ya ves que no he tomado su vida aún. Si intentas escapar o me atacas, lo advertiré. Y le arrancaré los labios como castigo. ¿Entiendes?
Isana apretó los dientes, mirando a la reina. Luego se levantó y camino hacia Araris.
-Lo entiendo.
Los ojos de la reina saltaron hacia ella una vez más, luego volvieron al techo.
-Excelente -dijo-. Me alegro de que empecemos a entendernos la una a la otra. Abuela.

Desconectado Araghan

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15
« Respuesta #2 en: Enero 23, 2018, 07:06:34 am »
 06a
“Por los amigos ausentes, los amores perdidos, los viejos dioses y la estación de las nieblas.Y ...

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15
« Respuesta #3 en: Enero 23, 2018, 10:11:30 am »
Abuela??????
Mi destino es no dejarme someter

Desconectado crislibros

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15
« Respuesta #4 en: Enero 23, 2018, 10:58:35 am »
Que sepáis que me está costando la vida no dejaros tirados para terminar de leerme el libro.
Estoy en el capítulo 40 y si no fuera empleada autónoma igual llamaba a la oficina para declararme enferma.  36a
« Última modificación: Enero 25, 2018, 09:19:13 pm por crislibros »

Desconectado diarmuid

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15
« Respuesta #5 en: Enero 23, 2018, 09:13:17 pm »
Abuela!!! Porunavez me he quedado  05a

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 15
« Respuesta #6 en: Enero 24, 2018, 10:41:33 pm »
Lo mismo soy muy pesado. Pero a mí no me extraña, os recuerdo que la reina se despertó con la sangre de Tavi. Si eso se considera un nacimiento, en cierto modo , si es su abuela.
Pero bueno , no deja de ser inquietante. La verdad es que la cosa está cada vez más interesante, ya no me quedan uñas.

Muchísimas gracias Cris. No te culpar si dejas de traducir para terminar de leerte el libro la verdad. Y te perdonaría siempre que luego volvieses.

Gracias de nuevo