Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7  (Leído 536 veces)

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7
« en: Enero 11, 2018, 10:52:25 pm »
CAPÍTULO 7
Valiar Marcus entró en la tienda de mando y saludó. Octavian se giró y asintió hacia él, indicando a Marcus que entrara. El capitán parecía cansado y devastado tras el esfuerzo empleado en llevar a cabo la comunicación que había dirigido a toda Alera, pero no se había dormido aún. Había pasado la noche en la tienda de mando, leyendo informes y enfrascado en mapas y mesas de arena. Una pequeña charca, elaborada por los ingenieros de la legión, ocupaba una esquina de la tienda.
El Princeps estaba de pie ante la pequeña charca, mirando a una imagen encogida del Tribuno Antillus Crassus, de pie sobre la superficie del agua.
-¿Cuántos aldeanos conseguisteis sacar de ahí?
-Ochenta y tres -replicó Crassus. Su voz era muy distante y hueca, como si llegara através de un largo túnel-. Todos ellos, señor... y sus bestias y el ganado también.
El capitán soltó una carcajada corta.
-¿Tenías voladores sufientes para eso?
-Parecía una buena declaración para el enemigo, señor -contestó Crassus, con una esquina de la boca alzada en una pequeña sonrisa burlona-. Tuvimos que dejarlos tras unas cuantas horas, pero al menos no alimentarán al croach pronto.
Tavi asintió.
-¿Bajas?
La expresión de Crassus se puso seria.
-Dos por ahora.
Marcus vio como una tensión acerada tensaba los hombros de Octavian.
-¿Por ahora?
-Tenía usted razón. El vord tenía medidas defensivas... esa especie de avispones. Salieron volando del croach como pernos de ballestas cuando su imagen apareció en la charca. -La expresión de Crassus permaneció tranquila, pero su voz sonaba furiosa-. Tenía aguijones que podían atravesar el cuello y la cota de malla. pudiemos endurecer las placas de la lórica con artificios, suficiente para evitar que los pequeños bastardos la atravesaran. Si no hubieramos sido capaces de prepararnos... cuervos, señor, no quiero pensar en ello. Nos fue bastante bien, pero sus aguijones estaban envenenados, y donde quiera que golpeaban la carne en vez del acero, nuestra gente resultaba herida. Perdimos dos hombres anoche, y otra docena que fueron alcanzados están enfermando.
-¿Has intentado con artificios de agua?
Crassus negó con la cabeza.
-No ha habido tiempo. Tenemos un cielo lleno de caballeros vord de los que preocuparnos. Estoy bastante seguro de que alguno de los artífices de viento convertidos por el vord están buscando nuestro rastro. Tenemos que mantener la delantera.
Octavian frunció el ceño.
-¿Estáis fuera de territorio ocupado?
-Por ahora.
-¿Tienes tiempo de hacer un intento de sanación?
Crassus negó con la cabeza.
-Lo dudo. El vord todavía está intentando encontrarnos. Creo que la mejor oportunidad para los heridos es llevarlos hasta los sanadores de la legión.
Marcus vio al capitán debatir consigo mismo. Un comandante siempre se sentía tentado a involucrarse demasiado en cualquier misión que estuviera en proceso. Pero para liderar, uno tenía que mantener una perspectiva racional. Octavian no podía evaluar la condición de los hombres por sí mismo o la disposición o habilidades del enemigo. Aunque no quería que más de sus hombres perdieran la vida innecesariamente. La tentación de pasar por alto el juicio de un comandante de campo tenía que ser muy fuerte.
El capitán suspiró.
-Tendré a los sanadores listos para ti en cuanto aterrices.
La imagen de Crassus asintió.
-Gracias, señor.
-Con tanta persecución -masculló el capitán-. ¿La reina vord estaba molesta?
Crassus se estremeció.
-Señor... estábamos al menos a diez millas de su colmena, y la oímos gritar. Créame, no tuve ningún problema para convencer a los hombres de que volaran toda la noche sin descansar.
-Entonces lo ha entendido -pensó en voz alta el capitán-. Podemos hacer que eso juegue a nuestro favor. Estoy seguro. -Frunció el ceño hacia el Tribuno-. ¿Cuál es tu plan?
-Voy a dar a los hombres un par de horas de descanso, luego volveremos a empezar. Cruzaremos dos bandas de croach antes de volver. Espero más caballeros vord en posición para interceptarnos.
-No les permitas hacerlo.
-No, señor -dijo Crassus.
El capitán asintió.
-Buen trabajo, Tribuno.
Los ojos de Crassus centellearon ante el cumplido, y se golpeó el puño contra el corazón en un saludo agudo. El capitán se lo devolvió, luego pasó la mano sobre la imagen. En segundos, el agua que la había formado volvió silenciosa y fácilmente a la charca.
El capitán se hundió en un taburete de campo y se presionó los talones de ambas manos contra la frente.
-Señor -dijo Marcus-. Debería descansar.
-Ahora -replicó el capitán cansado-. Ahora.
-Señor -empezó Marcus-, con el debido respeto se parece usted... -Apenas pudo contenerse a tiempo de evitar traicionarse. A su abuelo. Valiar Marcus no había tenido contacto personal con Gaius Sextus. No podía saber el aspecto que tenía el Primer Señor en privado- a un recluta novato intentando decirme que es perfectamente capaz de terminar la marcha, aunque las suelas de sus pies sean una enorme ampolla, y tenga un tobillo roto.
Una débil sonrisa tocó la boca del capitán.
-Entonces, después de que terminemos.
-Muy bien, señor. ¿En qué puedo ayudarle?
El capitán bajó las manos y miró a Marcus.
-¿Qué sabes sobre las costumbres de cortejo marat?
Marcus parpadeó lentamente.
-¿Perdón?
-El cortejo entre los marat -dijo Octavian cansado-. ¿Qué sabes al respecto?
-Estoy seguro de que Magnus sabrá más que yo, señor.
El capitán ondeó una mano irritada.
-Ya le he preguntado. Dice que una vez hubo averiguado que ocasionamente devoraban a sus enemigos, decidió que ya sabía todo lo que necesitaba o quería saber sobre ellos.
Marcus resopló.
-Hay cierto sentido común en ello, señor. Los marat pueden ser peligrosos.
El capitán frunció el ceño.
-Ya me lo contarás. Después de contarme lo que sepas sobre su cortejo.
-¿Está pensando en quedarse con la embajadora, entonces?
-No es tan simple -replicó el capitán.
-Yo diría que no. A un montón de ciudadanos no va a gustarles esa idea.
-Que se los lleven los cuervos -replicó el capitán-. Los únicos que vamos a tomar esta decisión somos Kitai y yo.
Marcus gruñó.
-He oído historias.
-¿Cómo qué?
Marcus se encogió de hombros.
-Lo normal. Que se emparejan con sus bestias. Que participan en rituales de sangre y orgías antes de la batalla. -Suprimió un estremecimiento. Había visto eso último con sus propios ojos, y era material de pesadillas, no de fantasías-. Que sus mujeres son golpeadas hasta que se someten a la voluntad de un marido.
El capitán dejó escapar un resoplido ruidoso ante esto último.
Marcus asintió serio.
-Sí. Si la embajadora es un indicativo, eso último es pelusa de diente de león.
-¿Algo más?
Marcus apretó los labios y debatió consigo mismo. No se podía esperar que Valiar Marcus supiera mucho de los marat o sus costumbres. Por otro lado, un soldado norteño bien conectado y respetado conocería a mucha gente. Algunos de ellos viajarían. Algunos volverían con historias. Y...
Y, comprendió Marcus, quería ayudar al capitán.
-Serví con un tipo que se convirtió en jefe de la guardia personal para una familia bastante grande de mercaderes -dijo al fin-. Me contó algo sobre una prueba.
El capitán frunció el ceño y se inclinó hacia delante interesado.
-¿Prueba?
Marcus gruñó afirmativamente.
-Al parecer una mujer marat tiene derecho a exigir un prueba de valor a su futuro marido. O tal fuera una prueba por combate. El tipo no tenía muy claro ese punto.
Octavian arqueó una ceja negra como un cuervo.
-Estás bromeando.
El Primera Lanza se encogió de hombros.
-Es todo lo que sé. -Eso era verdad. Hasta los cursores sabían poco de los bárbaros, excepto de sus capacidades militares. La información sobre la sociedad marat era bastante escasa. La mayor parte del tiempo, los dos pueblos practicaban el evitarse mutuamente. Había sido suficiente saber la amenaza que representaban, para que las Legiones pudieran contrarrestarlos con efectividad.
Desde luego, nadie había ordenado nunca a a un cursor averiguar cómo proponer matrimonio a una mujer marat.
-Prueba de combate -masculló Octavian por lo bajo. Marcus pensó que podría haber añadido "Perfecto".
Marcus mantuvo la cara seria.
-El amor es algo maravilloso, señor.
Octavian le lanzó una mirada agria.
-¿Tienes los informes de Vanorius?
Marcus abrió una bolsa de cuero que llevaba al cinto y pasó unos rollos de papel al capitán.
-Gracias a Magnus, sí, señor.
El capitán cogió los papeles, apoyó la cadera contra una mesa de arena, y empezó a leer.
-¿Los has leído?
-Sí.
-¿Que piensas?
Marcus frunció los labios.
-El vord existe en un número abrimador, pero no parecen ser mucho sin una reina que los guíe. Siempre hay algo de lucha en las ciudades sitiadas, pero los problemas de los Altos Señores sitiados y las soluciones que precisan se parecen más a los de estar atrapados por una mala ventisca que a los de una guerra abierta.
Octavian pasó una página, sus ojos verdes escanearon rápidamente el texto.
-Sigue.
-El enemigo tiene una gran fuerza en movimiento, hacia Riva. Debería haber estado ya allí, pero Aquitaine ha quemado todo el terrreno entre Riva y la vieja capital hasta la maldita tierra. Parece que eso les ha ralentizado.
El capitán hizo una mueca y sacudió la cabeza.
-¿Cuánto antes de que establezcan contacto con Aquitaine?
-Es difícil decirlo. Asumiendo que su paso siga tan lento como hasta ahora, otros doce  o catorce días. -Marcus frunció el ceño, y dijo-: Incluso si asaltan a las legiones y pierden, podrían asestarnos un golpe mortal a menos que tomemos a la reina. Si ella lo ordena, lucharán hasta la última araña de cera. Se llevarán con ellos la parte del león de nuestra fuerza.
-Y ella simplemente fabricará más -dijo Octavian.
-Sí, señor.
-Entonces yo diría que nuestra mejor opción es estar allí en doce o catorce días. ¿No?
Marcus sintió que sus cejas intentaban escalar hasta la línea del pelo.
-Eso no puede ser. No tenemos calzadas. Nunca cubriremos esa distancia a tiempo para unirnos a la batalla. No tenemos suficientes voladores para transportar a un número viable de tropas terrestres.
Los ojos de Octavian relucieron, y sonrió. La expresión transformó los rasgos del joven normalmente serio. Era la sonrisa de un chico que con una buena broma en mente.
-¿Sabías -dijo-, que Alera ha alcanzado un acuerdo de paz con los Hombres de Hielo?
-¿Señor? Oí algo al respecto, pero oigo un montón de cosas entre los rumores de la legión.
Tavi asintió.
-¿Conoces a lord Vanorius?
-Sí, algo. Hablábamos regularmente cuando serví en Antillus. Siempre de asuntos de la legión.
-Ve a verle -dijo Tavi-. Necesitamos artífices de madera. Quiero que cualquier Caballero Flora, cada ciudadano con alguna habilidad para la madera, y cada carpintero profesional de Antillus se presente en este campamento al amanecer.
-¿Señor? -dijo Marcus-. No estoy seguro de entender.
-¿De verdad? -dijo Octavian con una sonrisa que volvió a revolotear en su cara, si bien con brevedad-. Porque yo estoy seguro de que no lo entiendes.
-Artífices de madera.
-Sí -dijo el capitán.
Marcus alzó una ceja con cautela mientras se llevaba el puño al corazón en un saludo.
-¿Qué quiere que le diga a Vanorius cuando me pregunte por qué los necesita?
-Seguridad operacional -dijo el capitán-. Y si eso no funciona, infórmale de que desobedecer una orden legítima de la Corona en tiempos de guerra se considera traición. -Sus ojos se endurecieron-. No estoy haciendo una petición.
-Sí, señor -dijo Marcus.
Fuera de la tienda, un centinela dio el alto, y una retumbante voz de contrabajo contestó en gruñidos. Un segundo después, uno de los centinela se agachó para entrar en la tienda, y dijo:
-Un par de mensajeros del Canim, capitán.
Octavian asintió e indicó que entraran con una mano.
-Házles pasar, por favor.
Marcus no estaba familiarizado con los dos canim que entraron en la tienda un momento después, ligeramente encorvados para que sus orejas no rozaran el techo. Uno era un bruto de piel oscura, vestido con una armadura maltratada de la viega casta guerrera que había perdido una o dos piezas. El otro, un individuo delgado y de piel dorada con ojos como abalorios, llevaba la chaqueta ribeteada de acero que se habían convertido en la principal armadura de la ahora veterana milicia canim.
Marcus sintió que le atravesaba una comprensión ligeramente sorprendida. Varg nunca enviaría a un guerrero como correo, mucho menos a dos con una apariencia tan descuidada como estos. Y el cane de pelaje dorado era, probablemente, shuaran, los únicos a los que cualquier alerano había visto con ese tono de pelo. Los canim shuaran no habían venido a Alera con la fuerza de invasión de Sarl. Nunca habían abandonado Canea. Por consiguiente nunca habían sido miembros de la milicia entrenada de Nasaug... y habría estado bien preguntar por qué un no miliciano cane reclamaba falsamente ser miembro de tal rango. El orgullo canim era feroz, celoso, y sangrientamente decisivo.
Tal vez un guerrero armado burdamente podría haber sido enviado con un mensaje. Tal vez el cane dorado habría estado en las filas todo el tiempo, y los aleranos simplemente no habían reparado nunca en su presencia. Cualquiera de las dos cosas era remotamente posible. ¿Pero las dos?
Marcus se rascó la nariz con un dedo, y cuando volvió a bajar la mano, la dejó a un centímetro de la empuñadura de la espada. Lanzó una mirada a Octavian, esperando advertirle.
No había ninguna necesidad. Estaba claro que el capitán había llegado a la misma conclusión que Marcus, y aunque seguía absolutamente tranquilo, enganchó un pulgar en su cinturón, que estaba colocado en las proximidades de la empuñadura de la daga que llevaba a la espalda.
-Buenos días -dijo Octavian con cortesía, inclinando la cabeza ligeramente de lado en un saludo de superior a subordinado-. ¿Tienen algo para mí, caballeros?
El cane de la armadura se adelantó varios pasos, buscando en una bolsita de su costado.
Su pata-mano emergió aferrando un cuchillo de piedra. El cane rugió, en canim:
-¡Un pueblo!
Y dio una estocada hacia la garganta del capitán.
Marcus sintió que el corazón le saltaba a la boca. El capitán era un adversario capaz cuando empleaba su artificio de metal, pero esa habilidad no serviría de nada contra un arma de piedra. Sin el metal que le advirtiera de cuando se acercaba el arma, se vería forzado a enfretar su pura habilidad física contra la del cane... y sin furias, ningún alerano igualaría el poder de un cane, y sólo el más rápido podía igualar su rapidez.
Octavian echó la cabeza hacia atrás y la cuchillada falló por un pelo. Se dejó caer hacia atrás, dando un par de giros mientras sacaba la daga de su cinto y la lanzaba. El arma giró una vez y media y se hundió en una porción desarmada del muslo del cane. El cane aulló de dolor, tambaleándose.
-¡Señor! -gritó Marcus, sacando y lanzando un gladius en un solo movimiento. No se detuvo a ver si Octavian lo cogía. Cargó contra el segundo cane, que había sacado un esbelto tubo de madera. Mientras Marcus se aproximaba, el cane se llevó el tubo a la boca y exhaló, y un ligero destello de color y acero salió volando del extremo. Marcus agachó la cabeza y sintió el misil estrellarse contra el buen acero alerano de su yelmo. Luego llamó a su furia de tierra mientras cargaba contra el presunto asesino.
El cane era muy fuerte, pero inexperto. Los dos golpearon el suelo con fuerza, y en vez de intentar escapar de inmediato, el cane comenzó a sacudir las extremidades en un vano intento por hundir las garras o colmillos en Marcus. No había tiempo para capturar al oponente. Tenía que despachar al cane de pelo dorado e ir en ayuda de Octavian. Marcus agarró una de las muñecas del cane en una garra capaz de pulverizar huesos, luego estrelló el otro puño en la cabeza del cane, destrozando el cráneo de su enemigo con el poder realzado de la furia.
Marcus se volvió para ver como el capitán rompía la cruda hora de piedra del cane con un movimiento veloz del gladius y lanzaba cuatro estocada relámpago. Cualquiera de ellas probablemente habría sido fatal, pero el capitan no iba a arriesgarse. Golpeó hasta que estuvo seguro de que el atacante estaba completamene incapacitado, y se giró hacia Marcus y el segundo cane, con la espada en la mano lista para golpear.
Los dos se enfrentaron el uno al otro mientras el cane de la armadura se sacudía lenta y torpemente a espaldas del capitán, y Marcus tuvo una sorprendente revelación: el razonamiento de Octavian había sido idéntico al suyo. Había golpeado para despachar a su oponente con rapidez e inmediatamente, para así poder ir en ayuda del otro hombre.
Los ojos de Octavian examinaron a Marcus y al cane con la cabeza rota. Luego se volvió hacia su propio oponente muerto, frunciendo el ceño.
-Cuervos -gruñó-. Malditos cuervos.
Los centinelas entraron de golpe. Sin dudar, ambos enterraron las espadas en el cane que Marcus había derribado. Como capitán, como legionario, supuso Marcus. Cuando se aproximaban al segundo cane caído, el capitán ondeó una mano hacia ellos.
-Basta. -Levantó la mano-. Marcus. ¿Estás herido?
-Me las arreglo -dijo Marcus, jadeando. Estaba en forma para mantener el paso a la Legión, pero llevaba meses en un barco, no había manera de que permaneciera en las condiciones apropiadas.
Y afróntalo. Te estás volviendo viejo.
Octavian limpió la sangre del gladius en el oscuro pelaje del cane muerto, luego le volvió a ofrecer el arma, con la empuñadura por delante. Marcus asintió dando las gracias, inspeccionó el arma buscando manchas o daños, la encontró servible, y la volvió a meter en su funda.
Octavian miró fijamente a Marcus, y dijo, con simpleza.
-Gracias. -Luego salió de la tienda, rígido por la rabia, o tal vez en reacción simple al intento de acabar con su vida.
Los tres legionarios le observaron marchar.
-¿Qué ha pasado? -preguntó uno de los centinelas-. Yo suponía que eran aliados.
Marcus gruñó y les mandó a seguir al capitán con un golpe en el hombro de la armadura.
-Y yo, soldado. Y yo.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7
« Respuesta #1 en: Enero 12, 2018, 01:14:00 am »
Esto se pone cada vez mejor  06a

Desconectado Araghan

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7
« Respuesta #2 en: Enero 12, 2018, 05:42:53 am »
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“Por los amigos ausentes, los amores perdidos, los viejos dioses y la estación de las nieblas.Y ...

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7
« Respuesta #3 en: Enero 12, 2018, 09:27:23 am »
Me voy fuera el fin de semana, así que hasta el martes no habrá continuación.
Si me da tiempo antes de irme os subo el de hoy, pero no prometo nada.

Desconectado katedan

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7
« Respuesta #4 en: Enero 12, 2018, 11:11:55 am »
Esto está cada vez más interesante!
Respecto a Kitai, lo q tendría q hacer Tavi es regalarle el potro más bonito q pueda encontrar, así comenzaría con buen pie el cortejo.
Y por cierto, alguien me podría explicar de qué va la reina vord? Hasta ahora podría alcanzar a entenderla: resuelta, decidida, paciente, sin sentimientos excepto la propagación del vord y la primacía de su especie hasta q ésta fuera la única en todo el mundo. Vaaale, hasta ahí llego. Pero desde el final del quinto libro ha cambiado su actitud y sus motivaciones radicalmente, se ha humanizado pero con lo peor del ser humano: ahora es insegura, vengativa, rencorosa. ¿Qué es eso de "me ha quitado lo mío, ahora yo le quitaré algo suyo a él"?? Eso no es vord! Ha pasado de una calculadora y fría reina estratega a una adolescente vengativa de uno de esos institutos de peli americana. No es nada lógico! O está infectada con sentimientos humanos como si fuera una gripe q le nubla el juicio o no lo entiendo, porque esta evolución tan drástica y radical no responde a nada. En fin, menudo rollo os he largado... Vosotros q pensáis?
Cris, de nuevo muchas gracias por la traducción :-)

Desconectado Sacro523

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7
« Respuesta #5 en: Enero 12, 2018, 01:12:28 pm »
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Desconectado tronmedieval

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 7
« Respuesta #6 en: Enero 12, 2018, 09:38:37 pm »
Buen finde Cris disfruta que te lo mereces.
Y gracias.
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