Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 5  (Leído 112 veces)

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 5
« en: Enero 09, 2018, 11:02:04 pm »
CAPÍTULO 5
Unas botas a la carrera martillearon el suelo fuera de la tienda de mando, y Antillar Maximus gritó la contraseña a los centinelas situados allí como si tuviera intención de tumbarlos para sacarlos de su camino por pura fuerza del volumen. Tavi levantó la vista de sus informes inmediatamente, alzando una mano, y el Maestro Magnus dejó de hablar. El viejo cursor reunió las páginas sueltas que había sobre la mesa, sujetando las últimas con una mano. Un instante después, Maximus hizo a un lado los faldones de la tienda, dejando entrar una ráfaga de viento que olía a lluvia de primavera.
Tavi sonrió ante la previsión de Magnus. Ninguna página salió volando. El viejo cursor había resultado herido dos días antes... pero sólo había hecho falta una noche de descanso después de la cual el Tribuno Foss le había dado permiso para volver al servicio, y aunque maltratado y obviamente rígido, había vuelto a la tienda de mando a la mañana siguiente.
-Tavi -dijo Max, jadeando-, tienes que ver esto. He hecho que te traigan un caballo.
Tavi arqueó una ceja ante el uso que hacía Max de su nombre y se levantó.
-¿Qué pasa?
-Tienes que verlo -dijo Max.m
Tavi comprobó que las fijaciones de su armadura estaban bien apretadas, se lanzó el tahalí de sus gladius sobre el hombro, y siguió a Max hacia los caballos. Se subió, esperó a Max y a que los dos legionarios que actualmente estaban de guardia montaran también, y luego gesticuló hacia el antillano para que abriera camino.
En los días que habían pasado desde su llegada, el Canim y los aleranos se habían asentado en sus campamentos en buen orden. Sólo un punto espinoso era causa de preocupación... el pequeño arroyo que alimentaba el pozo del valle entre los dos campamentos aleranos corría tan profundamente que no había forma de redirigirlo hacia los demás campamentos. Como resultado, los tres grupos tenían que utilizar los pozos que los ingenieros de Tavi habían labrado en la tierra rocosa del valle, y cuyo resultado habían sido una serie de charcas poco profundas aproximadamente en el centro del campamento.
Por ahora, habían compartido el agua sin incidentes serios... lo que significaba que no había muerto nadie, aunque un canim y dos aleranos habían resultado heridos. Tavi siguió a Maximus hacia las puertas más al sur del campamento canim. Dos guerreros de la casta estaba de guardia allí, uno con el acero escarlata y negro de Narash, el otro con el azul medianoche y negro de Shuaran. El narashan alzó una mano-pata en señal de saludo, y gritó:
-Abrid las puertas para el gadara del Maestro de Guerra.
La puerta, hecha de cuero estirado de leviatán sobre un marco de los enormes huesos del mismo ser, se abrió, y entraron en las fortificaciones canim.
-Empezó hace diez minutos -dijo Max-. Ordené a un legionario que se quedara allí y escribiera todo lo que oyera.
Tavi frunció al ceño dejando que su caballo se sacudiera de lado cuando entraron en el campamento canim y el olor de los guerreros lobo llenó las fosas nasales de la bestia. Había una multitud congregada delante de ellos, y más estaban de camino. Incluso montado sobre un caballo alto, Tavi apenas podía ver nada sobre las cabezas alzadas de los canim que tenía delante, la mayor parte erguidos en toda su estatura para ver algo.
La presión del tráfico se volvió demasiado, y Tavi y sus hombres se detuvieron, el aire a su alrededor estaba lleno de las vocales enredadas y consonantes gruñidas de la lengua canim. Max intentó hacer que se movieran otra vez através de la multitud, pero ni siquiera sus bramidos de legionario pudieron contra el zumbido feroz de la multitud canim.
Un cuerno canim profundo y metálico sonó, y una pequeña falange de guerreros canim de armadura roja llevó marchando impasible a través de la multitud, como hombres caminando contra la corriente de un arroyo rápido. Tavi reconoció a Gradash, el maestro de caza de piel plateada... un grado de guerrero similar al de centurión... guiando a los guerreros. Los dirigió a desplegarse alrededor de los aleranos, luego inclinó la cabeza ligeramente a un lado, un gesto de respeto. Tavi lo devolvió.
-Tavar -gritó Gradash-. Con tu consentimiento, yo iré delante.
-Gracias, maestro de caza -replicó Tavi.
Gradash desnudó la garganta otra vez y comenzó a gritar más órdenes. En breve, los curiosos descarados se encontraron bruscamente empujados a un lado, y los caballos aleranos comenzaron a avanzar una vez más.
Estuvieron cerca de la charca central en un momento, y encontraron allí a dos docenas de aleranos, mezclados entre los canim reunidos alrededor. Tavi vio por qué, y contuvo el aliento.
No le sorprendía que todos hubieran venido a mirar.
Una forma encapotada se alzaba sobre la superficie del agua. La capa estaba hecha de rica tela gris con una profunda capucha. Tavi no podía ver ningún rasgo de quienquiera que estuviera bajo la capa, excepto los labios negros y una barbilla pálida y delicada. Aún así el corazón le saltó en el pecho.
Era la reina vord.
La tropa de soldados canim condujo a Tavi y a su partida al lado más alejado de la charca, donde Varg y Nasaug estaban de pie, junto a un viejo canim de pelo gris que llevaba secciones de quitina vord que habían sido convertidas en una armadura. Vestía un manto rojo y una capucha encima del mismo, cuyo corte era idéntico a las vestiduras de los ritualistas canim... pero esta era la primera vez que Tavi había visto tal vestidura hecha de algo que no fuera pálida y flexible piel humana.
La reina vord no se movía. Tavi miró la línea de charcas y vio que aparecían imágenes idénticas de pie en cada una de ellas. La multitud seguía reuniéndose.
-Malditos cuervos -maldijo Max-. Es un mensaje.
Tavi sintió que su mandíbula se tensaba. Proyectar una imagen a través de un artificio de agua era un uso relativamente difícil de las furias. Proyectar varias era impo.... Bueno, imposible no, estaba claro... pero muy, muy improbable. Tavi no estaba seguro de que el propio Gaius Sextus hubiera podido hacerlo.
-Está sólo ahí de pie -dijo Max, frunciendo el ceño-. ¿Por qué se queda ahí de pie?
-Ferus -dijo Tavi a uno de sus guardias-. Vuelve al campamento. Dile a Crassus que quiero a todos los Caballeros Aeris inmediatamente en un vuelo de reconocimiento de cincuenta millas a la redonda. Quiero a nuestros Caballeros Terra patrullando diez millas a la redonda y asegurándose de que nada está haciendo un túnel hacia nosotros. La caballería les escoltará, grupos de no menos de veinte hombres, que vuelvan antes de que caiga la noche.
Ferus se golpeó el pecho con el puño y giró su montura para comenzar a abrirse paso fuera del campamento canim.
Max gruñó.
-¿Crees que puede ser una distracción?
Tavi gesticuló hacia la multitud.
-Si lo es, está funcionando malditamente bien. No hay razón para arriesgarse. Vamos. -Tavi animó a su caballo a avanzar hasta que estuvo junto a Varg y Nasaug.
-Buenos días -dijo Varg, estudiando la imagen de agua.
-Buenos días -contestó Tavi.
-Ordené a mis barcos más rápidos salir ya al mar -replicó Varg-, coger prestados algunos de tus brujos y mantener vigilado el océano.
Muchos de los artífices de agua que utilizaban sus talentos profesionalmente para ocultar barcos de los leviatanes se habían acostumbrado a los canim durante el par de viajes de los últimos seis meses. Generalmente los canim no dispensaban admiración al uso de las furias, pero las tripulaciones de los barcos habían quedado bastante impresionadas por la habilidad de los brujos.
-¿Crees que vendrán por mar?
Las orejas de Varg se agitaron en un movimiento ambivalente, un gesto cane que significaba más que un encogimiento de hombros pero menos que "no".
-Creo que esa reina ha vuelto aquí después de ir a Canea. Creo que no utilizó uno de nuestros barcos. Llevan a cabo operaciones en todo tipo de terrenos. No hay razón para arriesgarse.
Tavi asintió.
-Yo he enviado exploradores por tierra y aire.
-Esperaba que lo hicieras -dijo Varg, mostrando los dientes en un gesto que podría significar en un alerano una sonrisa de aprobación... o un gesto canim de amenaza. Dada la personalidad de Varg, Tavi decidió que probablemente fuera ambas cosas. Varg conocía lo bastante bien a Tavi como para anticipar su reacción y quería que lo supiera. Tal habilidad era un activo de valor incalculable en un aliado. En un enemigo, resultaba aterradora.
Max resopló, y observó a Nasaug.
-Tus colegas lanzan las amenazas más halagadoras cada vez que me los encuentro.
-Gracias -dijo Nasaug con gravedad-. Será un honor matar a alguien tan cortés como tú, Tribuno Antillar.
Max ladró una carcajada profunda e inclinó la cabeza ligeramente a un lado, mostrando la garganta a Nasaug. La boca del cane más joven se abrió en una pequeña sonrisa canim.
Esperaron en silencio varios minutos más mientras la multitud seguía creciendo.
-Ah -dijo Tavi.
Varg le miró.
-Por eso no ha hablado -explicó Tavi-. Hace que su imagen aparezca. Y espera a que se corra la voz, así da tiempo para que se reuna una audiencia. -Frunció el ceño-. Lo que significa...
-Significa que no puede ver -gruñó Varg-. No está reuniendo información de este modo.
Tavi asintió. Eso explicaría cómo estaba haciendo la reina que aparecieran múltiples imágenes. Enviar una proyección no era la parte dificil de la comunicación. Traer luz y sonido del otro lado era la parte complicada.
-Quiere hablarnos -dijo Tavi-. A todos, quiero decir. Cuervos, debe estar haciendo que su imagen aparezca en cada cuerpo de agua lo bastante grande para soportarla. -Tavi sacudió la cabeza-. Ojalá se me hubiera ocurrido a mí.
Varg gruñó.
-Conveniente, en tiempos de guerra. Emitir órdenes al populacho. Alertarlos de los movimientos del enemigo. Evitar que tus hacedores sean tomados por sorpresa. Decirles lo que necesitas que produzcan, ahorra el tiempo de esperar a los mensajeros. -Varg entrecerró la mirada-. Aunque la reina no necesita nada de eso.
-No -dijo Tavi-. No lo necesita.
-El vord es ordenado. Lógico. Debe haber un objetivo en esto.
-Lo hay -dijo Tavi. Sintió que su boca se endurecía en una línea-. Es un ataque.
La imagen tembló, y el silencio cayó sobre los reunidos.
La reina vord alzó una mano en un gesto de saludo. Hubo algo antinatural en el gesto que hizo que pareciera un movimiento formal, como si estuviera forzando conscientemente a sus articulaciones a formar los movimientos para adherirse a unas constricciones a las que no estaba acostumbrada.
-Aleranos -dijo, y su voz sonó alta, amplificada para ser oída a cientos de yardas en todas direcciones. Los canim más cercanos a la charca plegaron las orejas hacia atrás contra el cráneo e irrumpieron en un coro de gruñidos en reacción a la explosión de sonido.
-Yo soy el vord. He invadido el corazón de vuestras tierras. He sitiado vuestras plazas fuertes. He matado a vuestro Primer Señor. No podéis destruirme. No podéis resistiros a mí.
El silencio se extendió durante varios largos latidos. La reina vord dejó que las palabras calaran.
-El vord es eterno. El vord está en todas partes. Entre las estrellas, entre los mundos, conquistamos. Crecemos. Contra nosotros, no hay victoria posible. Podéis resistiros por un tiempo, pero en diez años, en cien años, en mil años, volveremos, más fuertes y más sabios que antes. Somos inevitables. Vuestra raza está condenada.
Otro silencio. Tavi observó a la multitud. Cada cara estaba fija en la imagen de la reina vord. Los aleranos parecían pálidos, enfermos, o simplemente fascinados. El lenguaje corporal canim era más difícil de leer, pero incluso los guerreros lobo parecían sojuzgados. Esta era la cara de la criatura que había barrido a toda su civilización... millones y millones de canim, naciones enteras, la menor de las cuales era casi la mitad de grande que la propia Alera.
Pero a pesar de la reacción individual, todo el mundo estaba observando.
Escuchando.
-No siento contra vosotros ningún odio u animosidad personal. No tengo ningún deseo de infringir dolor o sufrimiento a ningún individuo. Hago lo que hago para proteger a mis hijos y permitirles prosperar. Este mundo es su legado. Ellos lo poseerán.
La imagen se movió, alzando deliberadamente las manos pálidas y esbeltas. Se retiró la capucha lentamente, para revelar la exótica belleza de la cara de una joven... una que se parecía, de hecho, mucho a Kitai. Tenía los mismos pómulos altos, el mismo pelo largo, fino y blanco, la misma limpieza de rasgos suavizados por labios llenos y amplios ojos almendrados, con facetas como las de un insecto que reflejaban la luz con un destello hipnótico, alienígena de colores.
-Pero estoy dispuesta a ofreceros una oportunidad, aleranos. No hay necesidad de guerra entre nuestros pueblos. Tomaré vuestras ciudades. Pero a los que tengan la sabiduría de arrodillarse ante la ola de la historia, les proporcionaré lugares seguros que se os permitirá gobernar por vosotros mismos, para sustentar a vuestras familias, y vivir el curso natural de nuestras vidas en completa autonomía, salvo por esto: No se os permitirá tener hijos. Esto está dentro de mi poder.
-La guerra puede terminar. La lucha puede terminar. La muerte, la carestía, el sufrimiento puede terminar. Abriré el Valle de Amarath para reasentar a vuestra gente. Y mientras estéis allí, tendréis mi protección. No se permitirá a nadie haceros daños. Todo el vord estará empeñado en protegeros. Mi poder os permitirá vivir largas vidas, libres de cualquier pestilencia o plaga que conozca vuestra raza.
-Os ruego que os atengáis a razones, aleranos. Os ofrezco paz. Os ofrezco salud. Os ofrezco seguridad. Que la contienda entre nosotros llegue a su fin. Vuestros líderes no os han protegido. Vuestras legiones han sido asoladas. Millones de vidas se han perdido sin ningún propósito. Dejemos que acabe.
-Os hago esta oferta. Cualquier alerano que dese mi protección sólo debe hacer esto: Venir, desarmado, a cualquier parte del mundo dentro de la esfera de nuestro control. Atad una banda de tela verde alrededor de vuestro brazo. Esa será la señal para que mis hijos reconozcan que os habéis inclinado ante el orden natural. Seréis alimentados, cuidados, y transportados a lugares seguros, libres, y en paz.
No hubo nada excepto silencio.
Malditos cuervos, pensó Tavi. Era brillante.
-Dejad de lado vuestra irracional necesidad de continuar este conflicto, o no me dejaréis otra elección. -Sus manos se alzaron para volver a colocarse la capucha, velando otra vez su belleza extraña. Su voz cayó a un murmullo callado y sin inflexiones-. Iré a por vosotros.
Tavi se contuvo para no estremecerse, pero por poco. Max no se molestó en intentarlo.
-Contádselo a vuestros vecinos. A vuestros amigos. Contádselo a cualquiera que no esté aquí para ver que el vord os ofrece paz y protección.
Reinaba el silencio. Nadie se movía.
Max dijo, muy bajito.
-Paz y protección. ¿Habla en serio?
-Sin niños -murmuró Tavi en respuesta-. Una llave estranguladora tarda más en matar que una estocada limpia... pero te deja igualmente muerto.
-Tampoco ves llegar la muerte -dijo Max.
-Al menos ahora sé por qué -dijo Tavi.
-¿Por qué que?
-La reina vord mantiene una explotación de aleranos cautivos, cerca de Alera Imperia. Como animales en un zoo. Era un experimento, para ver si podía funcionar.
Max parpadeó hacia él.
-¿Cómo sabes eso?
-Secreto de la corona.
Max hizo una mueca.
-Si todos han oído esto, en toda Alera... Tavi sabes que hay gente lo bastante asustada para hacer cualquier cosa.
-Lo sé.
-Si perdemos aunque sea una parte de nuestra gente por desersión o rendición, eso podría matarnos. Estamos en un aprieto.
-Por eso lo ha hecho. Como he dicho, era un ataque, Max.
Varg miró a Tavi con los ojos entrecerrados, y las orejas tiesas. El cane estaba lo bastante cerca para haber oído incluso de haber mantenido las voces bajas.
-¿Qué vamos a hacer al respecto? -suspiró Max-. Cuervos, míralos.
Todo el mundo, canim y aleranos por igual, miraban fijamente a la imagen de la reina vord. Su miedo e incertidumbre llenaban el aire como si fuera humo.
-Tavar -gruñó Varg de repente-. Tu casco.
Tavi miró al cane. Luego se quitó el casco y se lo pasó a Varg.
El Maestro de Guerra canim saltó sobre el muro bajo de piedra que servía de borde a la charca, con el casco en la mano. Atravesó el agua poco profunda hasta que estuvo de pie ante la imagen de la reina vord.
Entonces pasó el casco en un arco horizontal, cogiendo el agua que formaba la cabeza encapuchada de la reina vord, decapitando la imagen acuosa.
Luego echó hacia atrás la cabeza y bebió del casco hasta vaciarlo de una tacada.
Varg alzó sus dos metros de altura antes de rugir, con su voz de contrabajo, un desafío hacia el volumen del propio mensaje.
-¡TODAVÍA ESTOY SEDIENTO!
Su espada raspó al salir de la vaina mientras la levantaba y se enfrentaba a los soldados canim.
-¿QUIÉN BEBERÁ CONMIGO?
Miles de ojos se concentraron en el Maestro de Guerra. El silencio se convirtió en algo quebradizo y cristalino, algo que estaba al borde de hacerse pedazos, de cambiar. El miedo, la rabia y la desesperación inundaron el aire, como los vientos confusos y cambiantes que precedían a una tormenta o a las corrientes que podían sacudir en todas direcciones a los nadadores cuando las olas empezaban a cambiar.
Tavi desmontó y avanzó a zancadas hasta colocarse junto a Varg. Sus botas claveteadas resonaron contra la piedra del muro y salpicaron através del agua. Recuperó el casco de la garra de Varg, lo pasó a través del corazón acuático de la imagen de la reina vord, y bebió con fruicción.
El acero resonó contra el acero cuando diez mil espadas brotaron de sus fundas. De repente un rugido furioso del canim sacudió el aire con tal fuerza que el agua de las charcas danzó y saltó como bajo una lluvia pesada. Los mensajes no pudieron mantener su integridad ante semejante disrrupción, y se colapsaron, volviendo con una salpicadura a las charcas, hechas pedazos por los aullidos rabiosos de canims y aleranos por igual.
Tavi se unió a ellos, gritando su furia sin palabras, y sacó su espada, alzándola alto.
La tormenta de aprobación del canim se redobló, haciendo que las placas de la lórica de Tavi vibraran y traquetearan unas contra otras, concretándose en un canto de: ¡VARG! ¡TAVAR! ¡VARG! ¡TAVAR!
Tavi intercambió un saludo canim con Varg, luego se giró y volvió a su caballo. Montó sobre el danzante y nervioso animal e hizo señas a Max y a su segundo guardia. Mientras salían a caballo del campamento canim, la multitud, todavía aullando su nombre canim, se separó y los rodeó como un mar armado de espadas, colmillos y furia.
Tavi azuzó a su montura a una carrera y volvió al campamento de la Primera Alerana.
-¿Qué vamos a hacer? -gritó Max mientras montaban.
-Lo que siempre hacemos cuando el enemigo nos ataca -dijo Tavi. Desnudó los dientes en una sonrisa lobuna-. Contraatacar.

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 5
« Respuesta #1 en: Enero 10, 2018, 01:07:12 am »
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Desconectado Araghan

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 5
« Respuesta #2 en: Enero 10, 2018, 03:37:08 am »
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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 5
« Respuesta #3 en: Enero 11, 2018, 09:38:22 am »
Como fan de Star Trek tras leer este capítulo ya estoy convencido de que Jim Butcher se inspiró en los Borg para sus Vord,además de en los zerg del Starcraft.